La Avenida de Marcelo Celayeta (1976-1996)

Después de un tiempo sin atender al blog, por circunstancias familiares, vuelvo a este pequeño diario personal de apuntes y recuerdos sobre la Rochapea y la Pamplona que he conocido desde mi infancia. Y vuelvo a esa calle que fue eje principal del barrio de la Rochapea durante la mayor parte de su reciente historia, la avenida de Marcelo Celayeta. La primera de las fotografías es de la zona más cercana a la iglesia del Salvador y a la Travesía del Ave María y data de la segunda mitad de los años setenta. De los establecimientos situados entre esta zona y el cruce del Porrón hemos hablado parcialmente en la entrada referida a la avenida en el año 1967 y en la entrada de los derribos de 1996. También ha habido referencias a los bares de la avenida en la entrada referida  a Cuatro Vientos. Ahora empezaré el recorrido de la avenida, donde lo dejamos, aproximadamente en el desaparecido cine  Amaya y continuaremos por esta acera hasta la zona del Porrón. Luego en función del interés pasaremos indistintamente a un lado o a otro de la avenida.
Junto al fenecido cine Amaya había una calderería, la calderería Aranguren,  hoy situada en la carretera Artica, más adelante estuvo durante buena parte de los años 80 y siguientes,  en esta misma acera la cafetería de la Coro. Donde ahora está la Cafetería la Rocha hubo en los años 70  uno de aquellos  primeros “night clubs” o barras americanas que proliferaron en los barrios de la vieja Pamplona en los albores de esa década, el Bar Caribe. Tras la ronda de los pisos que había en este tramo estaba la oficina de correos de la Rocha, un almacén  de Echeveste y Compañía, un poco más adelante la Bodega donde se fabricaba el pacharan Baines  y los pisos de la 1ª fase del Salvador inaugurados en noviembre de 1960, con alguno de los establecimientos más representativos del barrio, como Casa Feliciano (abierto  desde 1961 y de los pocos que aun permanecen en activo desde entonces), la mercería Isabel,  la droguería Redín, el bar la Senda,  la pescadería Sesma que regentaban los padres de Javier Sadaba y luego él mismo, la carnicería San Miguel que estuvo anteriormente al otro lado de la avenida, una  peluquería de caballeros, regentada por Pedro María Ganuza y la tienda de la Angelines que cerraba este tramo repleto  de comercios. 

Nos detendremos un momento para hablar de Baines. Casa Baines se instaló en la Rochapea en 1844, de la mano de unos emprendores suizo-italianos, los Matossi, dueños también del conocido “Cafe Suizo” de la plaza del Castillo dedicandose inicialmente a la fabricación de aguardientes y licores. Era famoso su “Licor de Chardon” a base de frambuesa. En 1959, tres personas vinculadas familiarmente, Daniel Baines,  José Ibañez y Severino García compraron la nave de los Matossi en Marcelo Celayeta  y comenzaron a fabricar sus licores, entre ellos,  su famoso pacharan. En el año 1998, al quedar la nave fuera de ordenación, Pacharan Baines se traslada de su sede de Marcelo Celayeta  al poligono de Agustinos.

Justo en el cruce de Celayeta y Tirapu  donde existe hoy una pequeña placita con dos arboles y una fuente que vemos en la fotografía teníamos el Bar Rodriguez, una nave de hierros, Asan (que hoy ocupa el Caprabo), y justo al lado donde hoy hay una frutería había una sucursal de la Caja de Ahorros de Navarra. Siguiendo desde el cruce por Bernardino Tirapu, a la vuelta del bar Rodriguez, en un pasaje entre los pisos, hubo durante algunos años un pequeño kiosko de chucherías y  cerca, en Tirapu recuerdo un pequeño dispensario médico donde, ¡oh, terror! nos ponían las inyecciones, de pequeños.

En el otro lado de la avenida y tal como dije en la entrada de los derribos de 1996, tras el caserón de IFA, que en sus últimos años fue objeto de los okupas, estaba la que llamábamos la casa de la Maritxu, un pequeño descampado  al lado, cercado por una valla,  y las casas del Salvador, con el Bar Carcar y la ferretería La Oriental, la carnicería San Miguel, y cerrando este tramo la todavía existente farmacia de Oficialdegui, entre los establecimientos más destacables. A la vuelta, bajo un soportal una cabina telefónica y en la esquina de este rincón hubo primero un estanco y luego y durante los últimos años un pequeño kiosko de prensa y revistas que acaba de cerrar. En este rincón había un par de bancos  que venían muy bien para esperar al autobús cuando llovía.
Atravesamos Bernardino Tirapu y nos situamos justo en el Bar Porrón, en las casas de la Carbonilla, lugar emblemático como pocos de este barrio y que como Cuatro Vientos está lleno de resonancias de todo tipo en la historia de esta ciudad. Al lado de las Casas del Porrón teníamos la escuela de la Carbonilla ( en la foto de J. Cia) que conoció diversos usos a lo largo de su historia: escuela, dispensario médico, nuevamente escuela, sin uso  hasta su actual destino como centro municipal vecinal y de atención a la mujer. Según J.J. Arazuri, a partir de los años 30 se conocía como barrio de la “Carbonilla” a un grupo de casas situadas en el cruce de la entonces carretera de Villava y la vía del Plazaola. Su origen parece estar en que las viviendas fueron construidas con bloques elaborados con carbonilla recogida de los desechos de las calderas de las máquinas de vapor de la Estación del Norte. Durante años se podía comprobar la existencia de dichos bloques en los desconchones de la fachada de las citadas casas, tanto en la del Bar Porron, hasta su rehabilitación, como en la casa que flanqueaba las escuelas de la Carbonilla por su derecha.
Las Escuelas de la Carbonilla se construyeron igualmente durante los años 30, en plena República, en los terrenos ocupados anteriormente por la carpintería Artola. Pretendían ser unas escuelas laicas frente a las religiosas del Ave María. Recuerdo, tras haber terminado el 4º curso de la EGB, antes Enseñanza Primaria, en la escuelas del Ave María haber hecho el 5º curso en la Carbonilla, concretamente en el año 1973-74, antes de pasar a hacer los 3 últimos de la EGB en el Cardenal Ilundain, en las inmediaciones de las Casas de San Pedro. Las Escuelas de la Carbonilla en los tiempos que las conocí estaban practicamente como en la fotografía de J. Cia que data de los años 50: tenía un par de aulas, una en cada planta, en el patio había una especie de cobertizo donde jugamos a la pelota y había varios arboles, los que vemos en la foto y otros dos grandes cerca de la puerta del patio  que tenían un tipo de semilla volatil que llamabamos “pica pica”. De la Carbonilla que dependía del colegio Cardenal Ilundain recuerdo un aula muy amplia en la planta baja, a don  Gabino, a las primeras y jovenes maestras en prácticas, a la portera, una mujer mayor, rubia y sonriente, las primeras actividades extraescolares como las partidas de ajedrez, etc.

Siguiendo por la avenida, tras las escuelas de la Carbonilla había un pequeño descampado, luego un bloque de viviendas muy deterioradas, también de ese primer barrio de la  carbonilla, a continuación la vaquería de Larrayoz, donde yo he visto pastar  las vacas hasta los años 70 y primeros 80, la fabrica de hierros Aldaz Echarri, luego un camino que se introducía por uno de los extremos de las Casas de la 2ª fase del Salvador, un chalet, otro camino que bordeaba las citadas casas,  entre estas y la tapia de la gran fabrica de Matesa, que, por cierto,  pasaría a la historia de este país como uno de los grandes escándalos político económicos de la última etapa del franquismo.
Matesa (Maquinaria Textil del Norte S.A) fue fundada en 1957 por el industrial catalán Juan Vila Reyes. Algunos años antes, la familia Vila había abierto en nuestra ciudad un taller escuela que en 1946 se convertiría en Manufacturas Arga-Sedas.  La empresa, radicada en la Rochapea, se convirtió en una de las más prósperas de los años sesenta, al dedicarse a la exportación de una maquinaria textil sin lanzadera, un sistema revolucionario en la época y con patente francesa rebautizado por la empresa como Iwer. No obstante el escandalo estalló  el 23 de julio de 1969 cuando la Dirección de Aduanas denunció a Matesa por fraude contra el estado. Concretamente la empresa debía al Banco de Crédito Industrial, en el momento de descubrirse el fraude, 10.000 millones de las antiguas pesetas. Matesa había realizado operaciones de autocompra a través de empresas filiales con el fin de cobrar los créditos a la exportación a través del citado banco. Osea que en vez de vender por ejemplo 1.500 telares a la Argentina había vendido 120 quedandose con el crédito correspondiente a la venta de los 1.500 telares. En el escandalo aparecieron salpicados varios ministros del régimen y en aquellos años se habló de una dura pugna entre diferentes corrientes del régimen franquista. 

Matesa fue embargada si bien  la empresa continuó sus actividades industriales, bajo el control de un administrador judicial, hasta marzo de 1983, en que fue subastada por 66.000 pesetas y adjudicada a una sociedad laboral formado por antiguos empleados de la misma, siendo nombrado director general de esta nueva empresa su antiguo propietario Vílá Reyes. Dos años antes 21 de septiembre de 1981 un pavoroso incendio destruyó 900 de los 2.000 telares Iwer que Matesa tenía en sus almacenes, en parte al aire libre y en las traseras de sus edificios. Las pérdidas fueron estimadas en unos 300 millones de las antiguas pesetas. La empresa contaba en 1981 con 143 trabajadores.
  

Pasada Matesa, cruzamos la carretera Artica y nos encontramos con un bloque de naves industriales, entre las que estaba las de Industrias Chalmeta que fueron conocidas por un conflicto laboral que tuvo lugar en las postrimerías del franquismo. En estas naves ha habido diferentes usos:además de Chalmeta talleres textiles como los de Lopez Vicente, almacenes de chucherías como el de Dulce Guay, algún concesionario de automoviles, etc. Posteriormente y tras otro descampado llegamos a las Casas de Gurbindo y entre los hitos más conocidos de esta zona se encuentra otro bar, el conocido  Bar Karpy. Algunos  de los bares que he citado en este blog son como  como faros imperturbables  frente  a las mareas de los a veces profundos cambios urbanísticos, balizas a las que nos podemos asir de vez en cuando  en el neblinoso discurrir del tiempo. En aquella zona teníamos el centro de salud del barrio hasta 1991 en que se abriría el actual de Cruz de Barcacio, antes teníamos que acudir al de  San Jorge y anteriormente al Solchaga.  También en esta zona había un club de jubilados y la famosa biblioteca de San Pedro, abierta en 1970. Tras estas casas de Gurbindo llegamos a la carretera que iba  hacia el pueblo de Ansoain, un gran descampado, el colegio Cardenal Ilundain, otro descampado y por último llegabamos hasta el fin de la avenida con la famosa Casa Nuin que supuso el cese del alcalde Erice en octubre de 1976 por el  gobernador civil de Navarra.

En el colegio Cardenal Ilundain de cuyo primitivo edificio, construido en 1964, hoy no queda ni rastro (se derribó y remodeló por completo en el año 2002), cursé los tres últimos años de la EGB, 6º, 7º y 8º. Recuerdo especialmente a algunos profesores como Jose María   Gracia en 6º o  Javier Donezar en 7º, o una profesora, de la “vieja escuela”,  llamada Doña Socorro. Las escuelas que se ampliaron en su parte posterior precisamente en aquellos años (1974-1977) contaban con un campo de balonmano y futbito, un campo de baloncesto y en su parte trasera un campo de tierra. En 1981 contaba con 1.200 alumnos.
Retrocedemos hasta el cruce del Porrón, para recorrer la avenida por su lado derecho, (en dirección a Capuchinos). Mucho ha cambiado el cruce de Tirapu y Celayeta a tenor de lo que veíamos en la primera fotografía. A finales de los años 90 y primeros de la nueva década  se derribarían algunos viejos bloques de la histórica Rochapea, encajando entre los bloques de viviendas consolidadas las nuevas edificaciones. Partiendo de este punto y así, a vuela pluma en ese primer tramo de la derecha, desde el Porrón recuerdo una pequeña industria relacionada con materiales de construcción, una fabrica de palomitas, diferentes  talleres y negocios relacionados con el automovil, una tienda de piensos, etc.
Posteriormente nos encontramos con una de las primeras nuevas guarderías del barrio, en el cruce que permitía bajar hacia Juslarrocha o Cruz de Barcacio, y más adelante hubo durante muchos años un viejo transformador, como se ve en la foto de Manolo Hernández,  luego en la zona de Matesa las bajeras de Muebles Jakar, Julian Echeverría, los bares Otamendi y Olimpia, Confecciones Molinero, las nuevas edificaciones de los años 70, en cuyas amplias bajeras había entonces grandes tiendas de muebles, algunas oficinas bancarias,  las casas de San Pedro, luego remozadas con ladrillo, negocios de toda la vida como Ciclos Lasa, la tienda Alekine y otros negocios y tiendas, muy pocos de los cuales sobreviven hoy en día hasta llegar al colegio de Capuchinos ( más apropiadamente el Colegio San Antonio que empezaría dando EGB y luego ampliaría a grados superiores), abierto en el año 1964 y cerrado en el verano de 1992, en cuyo interior a finales de los 70 se abrió el cine Ekhiñe que junto al Donibane de San Juan y sus programaciones alternativas serían el germen de los cines Golem. La iglesia de Capuchinos, reformada en el año 1955, pone punto final a este rápido repaso de la Avenida de Marcelo Celayeta.

Fotos de la Carbonilla (1950) de J. Cia y Foto de Marcelo Celayeta (1993) de Manolo Hernández

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