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Algunas pinceladas sobre la Pamplona de los años 20 (1922-1926)

En 1926, cuando se estaba empezando a construir el Ensanche, Pamplona contaba con unos 40.000 habitantes. En aquel año la Cámara de Comercio estaba ubicada en la calle Zapatería, el Gobierno Civil en la casa Doria, en el nº1 de Paulino Caballero y el Gobierno Militar en la Cuesta del Palacio, en lo que conoceríamos luego como Palacio de Capitanía. Había una casa de baños pública en la calle Calderería inaugurada el 9 de noviembre de 1925, que había sustituido a la histórica casa de baños de Sarasate abierta desde 1854, y la Casa de Socorro se encontraba en el Boulevard de Sarasate, antes de que se trasladase a la calle Alhondiga en 1930. En estos años se construiría construido (en octubre de 1923) el edificio de Correos, pomposamente llamado Palacio de Comunicaciones en el Paseo de Sarasate. Cerca de la plaza del Vinculo y casi hasta San Ignacio había unos cuantos edificios de cuarteles: concretamente el de Caballería y la Comandancia de Ingenieros,  que se derribarían en 1934, (con el famoso “aska” en la citada plaza del Vinculo). Y se empezaba, en 1925, a construir el edificio de la Telefónica en la esquina de Amaya y Cortes de Navarra, que vemos en una foto posterior de la entrada. Había un teléfono urbano en la plaza de San Francisco y uno interurbano en la plaza del Castillo, llamada entonces, plaza de la Constitución. La sede central de la Caja de Ahorros de Navarra se encontraba en el Palacio de Diputación. En la foto aérea de la izquierda, que encabeza la entrada, del Ejército del Aire, datada entre 1922 y 1925, podemos ver una panorámica completa de la Pamplona de estos años. En la foto de la derecha, tenemos una bonita instantánea de la plaza de la Constitución, tomada desde Casa Baleztena, con el Teatro Principal cerrando la plaza por lo que sería luego la avenida de Carlos III.

La ciudad contaba con tres ferrocarriles, dos de vía estrecha, el Plazaola que hacía el recorrido de Pamplona a San Sebastian y cuya estación central estaba en el Nuevo Ensanche, en  la Avenida de Zaragoza, que vemos en la foto de la izquierda; el ferrocarril del Irati que hacía el recorrido Pamplona-Aoiz-Sanguesa, cuya estación principal se hallaba en el Boulevard de Sarasate y tenía las cocheras en la avenida de Francia (desde 1927, Avenida de Alfonso XIII) además de uno de vía normal, el Ferrocarril del Norte con estación en el barrio de la Rochapea (entonces San Jorge, el barrio de la Estación se consideraba parte de La Rochapea). El Irati hacía servicio de tranvía a su paso por la ciudad: a la Estación del Norte, uno de cuyos servicios observamos en la foto de la derecha, subiendo por la Cuesta de la Estación y también a Burlada, Villava y Huarte. Había paradas de coches de punto (tirados por caballos) en la plaza de la Constitución (del Castillo) y de San Francisco y autos de punto (los primitivos taxis) en la plaza de la Constitución (del Castillo).


Entre los edificios religiosos destacaba la Catedral, la iglesia de San Saturnino, la Real Basílica de San Ignacio, la capilla de San Fermín, el templo parroquial de San Nicolás, la iglesia de Jesús y María, la iglesia de San Agustín, la de San Lorenzo,  los conventos de los Descalzos, Dominicos, Recoletas y Salesas (ojo, no eran los únicos conventos), las ruinas del enorme, antiguo e histórico convento de la Merced en la plaza Episcopal  y fuera puertas la nueva iglesia de El Salvador en el barrio de la Rochapea, dependiente de la de San Lorenzo. Entre los edificios públicos civiles destacaban el palacio de la  Diputación Foral, terminado de construir en 1847 y la Casa Consistorial, que vemos en la foto de la izquierda, en cuya segunda planta estaba el Museo de Sarasate. Tanto uno como otro contaban con su correspondiente Archivo Histórico, nutridísimos y de gran valor, junto a ellos otros igualmente importantes como el Catedralicio, el de Hacienda o el de la Audiencia. 
Pamplona contaba, entre sus dotaciones culturales, con el Museo Arqueológico y el Museo Histórico y Artístico, inaugurado en 1910, ubicados en el antiguo edificio de la Cámara de Comptos Reales, que vemos en la foto de la derecha (en el espacio del actual Museo de Navarra estaba el Hospital Civil que vemos en la fotografía de la izquierda y que luego se trasladaría a la zona lindante con Barañain, su ubicación actual) así como un museo privado, el Museo de Huarte Hermanos, en el colegio de Huarte de la calle Mayor y el Museo de Historia Natural instalado en el Instituto General de Navarra, en la plazuela de San José (actual edificio del INAP). Las bibliotecas más notables eran las del Archivo de Navarra y la de los Institutos de Navarra (que eran públicas) y las de la Catedral y la del Nuevo Casino. 

En 1926, la ciudad contaba con el Teatro Gayarre, (hasta 1903 llamado Teatro Principal), situado en la plaza de la Constitución, y que estaba próximo a ser derribado, (lo sería en 1932), para abrir la avenida Carlos III;  el Olimpia, inaugurado en 1923, en la avenida de San Ignacio, con sesiones de cine y teatro; el Euskal Jai, en la calle San Agustín, donde además de jugar profesionalmente a la pelota se celebraban sesiones cinematográficas, el salón-teatro de la Casa del Orfeón en la calle Ansoleaga, cuyo edificio vemos en la foto de la izquierda, la nueva plaza de toros, inaugurada en 1922 y la sede de la Sociedad Filarmónica donde se celebraban conciertos de postín. Como un pueblo grande, Pamplona contaba con sus casinos, en este caso con dos casinos: el Nuevo Casino, denominado también Casino Príncipal, centro de la buena sociedad pamplonesa, con amplios salones, biblioteca, peluquería, baños, restaurante y grandes fiestas de sociedad y el Casino Eslava con biblioteca, baños y frecuentes festejos mundanos, así lo anunciaban , ambos en la plaza de la Constitución.
Se jugaba a grandes partidos de remonte y pala  en el Euskal, a pelota mano en el Frontón Moderno de la Mañueta; a fútbol (foot-ball se decía entonces) en el campo de San Juan, propiedad del Club Atlético Osasuna, en el Stadium Militar del Ensanche (imagino que seria el que conoceríamos luego como Estadio General Mola), y en el campo del Hipódromo, de propiedad municipal, destinado a entrenamientos, a tenis en el Campo del Pamplona Lawn Tennis, sita en la avenida de los Pirineos. Diversas sociedades de la ciudad organizaban actos deportivos: ciclismo, pedestrismo, recorrido de montañas (lo que hoy llamaríamos senderismo) y pelota amateur. Las pruebas deportivas clásicas más importantes eran el campeonato de pelota amateur que se celebraba de noviembre a febrero, el Gran Premio Pascuas de pedestrismo en abril, las pruebas  ciclistas del Circuito de Pamplona (abril), la Travesía de los Pirineos (julio) y la Vuelta al País Vasco (agosto) organizada, esta última,  por el diario Excelsior de Bilbao y el campeonato regional de fútbol (que se celebraba de octubre a marzo). 
Los pamploneses de aquel entonces podían realizar  tranquilos paseos o excursiones  a los alrededores de Pamplona, (Pamplona era lo que había dentro de las murallas, el Nuevo Ensanche y poco más): y así se bajaba a la Rochapea, al barrio de la Estación, al puente de Miluce, al convento de los Capuchinos, al barrio de la Magdalena, al camino de Villava y Huarte, al Hospital de Barañain, a la vuelta del Castillo, a Gazolaz  y Cizur Menor, o al “río al revés”, que es como se llamaba al rio Sadar, y como no se paseaban arriba y abajo por la calle Estafeta, tal y como vemos en la foto del párrafo anterior de unos pocos años antes. Las escasas guías turísticas existentes  promovían la llegada de turistas a las fiestas de San Fermín, (Hemingway ya había visitado Pamplona en 1923 y lo haría de 1924 a 1927, vemos junto a este párrafo una foto de la procesión de San Fermín de estos años) así como la llamada Semana Santa del Norte de España, con procesiones (a destacar la del Santo Entierro) y otros actos: funciones religiosas, exposiciones de arte y agricultura del País, festejos mundanos taurinos y deportivos, teatros, ferias, músicas y diversiones populares. Entre los hoteles de la ciudad destacaban el Grand Hotel de la plaza de San Francisco, los  hoteles Quintana (que vemos en la fotopostal de la derecha), San Martín y La Perla de la plaza de la Constitución, el Maisonnave de Espoz y Mina, Los  Pirineos de la avenida de San Ignacio y el Hotel del Comercio de la calle Zapatería. Entre los restaurantes, Marcela en San Nicolás y Casa Marceliano en la calle del Mercado, (que vemos tras un grupo de civiles y militares en la foto de la izquierda del siguiente párrafo, de 1925),  con una buena cocina del País, el Maisonnave de Espoz y Mina, y en la plaza de la Constitución el Quintana, el Dena Ona y el Torino.
Los garajes  existentes eran los de Hidalgo en Navas de Tolosa, Fiat y Doria en el Nuevo Ensanche, Labiano en Puerta de la Taconera, Unsain (Labrit) y de los Hermanos Carbonell (en el boulevard de Sarasate, nº38, antes Ciudadela 19, que podemos observar en la fotografía de la derecha). Entre los negocios de interés para el turista estaban, como no,  las casas de fotografía de Roldan en la plaza de la constitución, Goñi en Blanca de Navarra y Ruperez en Calceteros así como las librerías de Bescansa (en Blanca de Navarra), Aramburu y Aramendia (en San Saturnino), Garcia (en Estafeta) y Osteriz (en San Nicolás) que contaban con fotos, postales y otros recuerdos de la ciudad.

Fotografías, por orden de aparición: Foto aérea de Pamplona (1922-25): Archivo Ejército del Aire; Estación del Plazaola (Fondo Euskotren), Foto del Ayuntamiento (años 20): Roldán; Foto de la Diputación (Años 20): Vda de Rubio; Foto Casa Escudero o del Orfeón (1932), J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”; Foto de la Estafeta (1917), J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”; Foto procesión de San Fermín (1924), Roldán; Foto del Hotel Quintana (1920-30), Foto Hendaya, Foto del garaje Carbonell (1919),  J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”. Resto de fotos, sin filiar, si bien todas son del período analizado.

Comercios del Viejo Pamplona: la calle Mercaderes: 1908-1958

Sigo repasando como eran nuestras calles en la primera mitad del pasado siglo XX, y como quiera que nuestras calles estaban llenas de tiendas revisaré los establecimientos comerciales que había en esta calle, que se llamó Blanca de Navarra durante un largo período, entre los años 1916 y 1972, pues antes, al menos desde el siglo XVIII, y después, y hasta ahora, se llama Mercaderes. Esta calle sufrió un importante cambio en el año 1914 pues, delante de la manzana donde estaba hasta hace poco el Banesto había otra construcción que se extendía hasta el principio de la calle Estafeta, como podéis comprobar en sendas fotografías de los años 1913 (con la construcción en pie) y de 1916 (ya derribada), más adelante en la entrada. Antes había mas tiendas por portales que en las décadas siguientes y desde luego que en la actualidad. Eran locales más chiquitos constituyendo la calle un abigarrado mosaico de tiendas. La calle, como veréis, estaba surtidísima de ellas. Esta calle es una de las más fotografiadas a causa  del encierro, de hecho buena parte de las imagenes de esta entrada reflejan este acto sanferminero, pero es que además nos sirven para retratar y ubicar algunas de las tiendas a que hago alusión. Encabeza la entrada una foto de la calle, de J.Cía de 1933. Comencemos nuestro itinerario comercial, en ese imaginario viaje por el tiempo, en la primera mitad del pasado siglo XX, por los números impares de la calle.
En la esquina de la plaza Consistorial con Mercaderes estaba en 1908 la tienda de tejidos de Pascasio Labiano, tienda que aparecería en los años 20 como Carnicerías, 2 y la tienda y fábrica de chocolate de Prudencia Unciti. Así se puede comprobar en la foto de Baltasar Soteras de los años 50. A continuación, y siguiendo el lado izquierdo de la calle, nos encontrábamos con la firma Mestre y Unzu, posteriormente Unzu Hermanos  y cuyo titular final sería José María Unzu Got que aparecía en los epígrafes económicos de aquellos años como fabricante de géneros de punto, camisería y ropa blanca y confecciones en general. Unzu amplió sus bajos, a costa de las pequeñas tiendas de la calle, en el inicio de los 60 pues inicialmente ocupaba solo el nº 3, extendiéndose a partir de esa fecha desde el nº3 hasta el nº 9 de la calle.  Luego venía la tienda de tejidos al por mayor Sanciñena y Labiano, conocida como Casa Labiano, tal y como vemos en la postal del siguiente párrafo (de los años veinte), y que continuó en las décadas siguientes si bien, posteriormente, en los años 40 bajo la dirección de Rufino Labiano, compartiendo número con Tejidos Mercaderes de Fernando Artal. En este mismo número 5 estaba  Sucesores de Juan Perez (luego Hijos de J. Pérez y Sucesores de Juan Perez) que era una sastrería.
Esta calle, ciertamente estaba muy surtida de tiendas de tejidos y ropa, pues a continuación había otra tienda de tejidos, Cilveti que luego ocupó la droguería y tienda de aparatos fotográficos de Pedro Goñi e Hijo, (más tarde Hijos de Goñi), y desde los años 40 el conocido fotógrafo  Jose Galle Gallego con la misma  ocupación que el anterior: droguería y perfumería además de que situó allí su estudio de fotografía y vendía igualmente material fotográfico. Yo he llegado a conocer esa tienda, al menos la recuerdo en los años 60. Tras la tienda de B. Cilveti, (luego Viuda de Cilveti, que se trasladó  en los años 30 al nº 9) estaban las tiendas  de Francisco Larraza (mercería), y Robustiano Asurmendi (tejidos), que tenía por aquel entonces otra tienda en la calle Eslava y más tarde abriría alguna en el Nuevo Ensanche. A continuación, en los años 20, encontraríamos la tienda de tejidos de Miguel Azcarate (luego Almacenes Azcarate) que permaneció abierta durante algunas décadas, al menos hasta los años 50 y que vemos en la foto del encierro de la década de los 30 adjunta. Más tarde y antes de instalarse la oficina de Caja Municipal hubo, en su lugar, otra tienda de tejidos, la de Pedro San José Chicharro.
Posteriormente, donde hoy se encuentra El Mentidero estaba la pastelería de Jesusa Udobro, negocio que sería traspasado a Eusebio Garicano con la misma actividad (confitería, pastelería y fabricación de chocolate) al que sucedería hasta bien entrados los años 50 su hijo Roman Garicano. Fue la famosa Casa Garicano. De una y otra pastelería tenemos muestra gráfica en el párrafo anterior y en éste, a través de sendas fotos del encierro, la de este párrafo de los años 40. Luego aquí estuvo la cafetería Bardi, antes de El Mentidero. En el nº 15 de la calle, donde hoy está el Iruñazarra, en 1908 estaba la tienda  de José María Iturralde (en los años 20, Hijos de Iturralde) que vendía productos de mercería, quincalla y paquetería, En los años 40, me cuenta Nacho Armendariz, que su abuelo Manuel  junto con su hermano abrieron un economato que convertirían luego, en 1944, en una tienda de ultramarinos conocida como La Cívico (aunque se llamaba la Civico-militar), donde llegaron a trabajar nueve personas. En Enero de 1969 falleció su abuelo Manuel y poco tiempo después se traspasó el local para abrir en junio de 1969, el restaurante Iruñazarra. Tras el actual Iruñazarra, y donde hoy está el Burger (y antes estuvo Cuadrado Urban y Almacenes Tudela) en 1908 estaba la tienda de tejidos de Juan San Julián que yo he recuerdo haber visto abierta hasta finales de los 80 y que vemos en la foto del encierro que acompaña este párrafo, del año 1958). Una curiosidad, en esta dirección tenía su sede social en los años 30 una fábrica de azulejos y baldosas dirigida por la firma San Julian y Cenzano, luego Hijos de San Julián por lo que cabe deducir que la familia San Julian se dedicaba  además de a la tienda de ropa a otros negocios diversos.
Dos imprentas tenían su sede en este lado de la calle, la de los Hermanos Lizaso, que además de ser imprenta vendía productos de papelería y objetos de escritorio y la de T. Bescansa que vemos en el ángulo inferior derecho de la foto de la izquierda, de 1913, de Aquilino García Dean. La de los hermanos Lizaso sería durante muchas décadas, desde finales de los años 10 hasta final de siglo, la papelería de Castiella, de Hilario Castiella Banegas. Tras Castiella venían, y he aquí una curiosidad, la farmacia de los hermanos Ondarra que en los años 30 ya regentaba Joaquín Blasco y la tienda de Cleto Iriarte que vendía muebles y camas de hierro. En el local de Cleto Iriarte estuvieron más tarde, en los años 30,  el bazar de Sucesores de J. Gortari (vendían un montón de productos diferentes: juguetes, mercería, etc) y en los años 50 la joyería de Pio Bajo Ortiz, que tenía otra tienda en la avenida de San Ignacio. En su lugar estuvo luego Tejidos Condearena y la tienda de discos Liverpool. Tras el local de Cleto Iriarte estaba la citada imprenta de T. Bescansa (luego Vda de Bescansa, Hijos de Bescansa y Regino Bescansa Santacruz) que vendía libros y productos de papelería. El negocio estuvo abierto hasta finales del pasado siglo. A continuación donde durante muchos años estuvo la tienda de calzado de Pedro Garamendi y luego de su hijo, Carlos y hoy la tienda Xaboiak hubo a primeros de siglo una tienda de ultramarinos cuyo titular se apellidaba Carracedo y a continuación una tienda de chorizos, tocinos, jamones y embutidos cuyo propietario se llamaba Eustaquio Martinez. Esta tienda pasaría a ser una tienda de comestibles después de la guerra (Martinez de Morentin)  y posteriormente hasta finales de siglo una de las carnicerías Itarte.
Donde hoy está el Gastrobar La Juana, estuvo durante muchos años La Dulce Venecia, pues bien, rebobinemos un poco esa imaginaria máquina del tiempo y transportémonos a 1908. En ese año y en ese lugar estaba la tienda y fabrica de chocolate, otra más en esta misma calle, de Julian Arbizu (¿sería el mismo Arbizu que fundó las cafeterías Delicias en Pamplona?) que luego pasaría en los años 30 al local contiguo mientras el suyo lo ocupaba Constancio Jarauta con la misma actividad y en los años 40 Carmen Torrente Azparren, igualmente manteniendo la actividad de confitería y pastelería, ya bajo el nombre de La Dulce Venecia. En los años 20, donde durante muchos años estuvo Chile, el último local de la calle, antes de doblar hacia Mañueta estaba la sastrería de Luciano Muru.
Volvamos al principio de la calle y repasemos los números pares. Al principio de la calle encontrábamos, a principios de siglo, la tienda de Hijos de R.Goñi (antecedente familiar del actual Gutierrez) y a continuación la famosa confitería, chocolatería y cerería de Ulpiano Iraizoz (vendían chocolates, azucares, ceras y velas) que luego continuaría Joaquina Iraizoz hasta los años 60, (la foto de la izquierda de este párrafo, del Archivo Municipal muestra la fachada de la Cerería-Chocolatería Iraizoz en el año 1966), la tienda de ultramarinos de Trinidad Nieva que cogería en traspaso, en los años 20, Santiago López, la tienda de tejidos Hijos de Javier Olaso (luego Sucesores de Olaso) que vivían en el piso de arriba (algo muy común en aquellos años)y que  traspasarían su local a María Luisa Espelosin y Valeriano Zabalza (que vemos en la foto de la derecha, a la entrada de su tienda)  en el año 1941 para abrir Casa Vale con productos de mercería y géneros de punto. Enfrente, por cierto estaba el estanco de Genoveva Espelosin. Llamo la atención sobre el hecho de que este lado de la calle sufrió a lo largo del siglo cambios en la numeración de los portales de forma que por ejemplo, Vale estaba en 1953 en el nº 6, cuando ahora su local ocupado hasta poco por Viandas de Salamanca está en el nº 4 y el 6 lo ocupa la sucursal de la Caja Rural. En la época analizada pasábamos del nº 6 al 14. Imagino que el edificio derribado en 1914 tuvo algo que ver en este cambio. No es posible comparar pues  la numeración antigua con la actual ya que luego se renumeraron los locales que en un inicio debieron ser parte de la calle Calceteros.
En el nº 14  estaba la relojería de Santiago Marfagón que en los años 30 se trasladó al local que años más tarde ocuparía Pio Bajo, en el nº 23 de la calle y que podemos ver en la postal que encabeza la entrada. En el 16, en los años 50, estaba la mercería Gortari. En el nº 18 (que ahora es el 12), la fábrica de corte y calzado, de curtidos de Vicenta Senosiain (Vda. de Huarte), sustituida en los años 20 por Casa Hevia (regentada por Enrique Hevia, que se definía como “sastrería con surtido de géneros” que también vemos en la citada foto del principio de la entrada) y más tarde por las hermanas Fernández, con productos de mercería (luego Manuel Fernández), si bien yo lo recuerdo durante muchos años por ser una tienda de calzado barato, la de Calzados Fernández. También en el nº 18 estaba Cia y compañía con productos de mercería. A continuación estaba el hojalatero y vendedor de estufas y chimeneas Elias Mutiloa, tras el que en décadas posteriores estarían el estanco de Gonzalez de Regueiro y, durante un breve periodo de tiempo, una de las tiendas de La Madrileña a la que siguió una de quincalla y mercería: Herederos de Domingo Saez. Acompañan esta entrada sendas fotos del encierro, de los años 30 y de navidad de 1958, esta última de Galle.
Donde durante mucho tiempo estuvo la carnicería Blanca de Navarra en tiempos estuvo la tienda de tocinos, jamones y embutidos de Goñi, luego ocupada por Juan Mari Argal, a partir de los años 30, Vda de Argal y una fábrica de paraguas (de Alfonso Jimenez). A continuación estaban (en 1908) la ebanistería y tapicería de Eustaquio Urra y en los años 50 las tiendas de Fermín San Martín (comestibles) y la Droguería Ardanaz. En los números 26 y 28 estaban el taller de curtidos de Jose Ayestarán y la Droguería de Santiago Maquirriain que pervivió hasta los años 30. En los años 50, en el lugar de taller había una tienda de confección propiedad de Concepción Falcón. Desde los años 40 al menos había en la calle dos restaurantes en primer piso, uno regentado por Ana Maria Echechipia Goñí, en el nº 7, el Restaurante Iruña, y otro en el nº 24, dirigido por Baulia Villanueva Sainz, el Restaurante Blanca de Navarra, en el que mi hermano Luis Angel celebró su primera comunión. Sendas fotos, la de la derecha, de Galle, del inicio de la calle Mercaderes, en una procesión de junio de 1947 y una foto de los años 30 del encierro, en la curva de la Estafeta, con los almacenes de Tiburcio Guerendiain (de materiales de construcción), a la izquierda y de Rufino Ayestarán (de curtidos de calzado) a la derecha de la foto cierran esta entrada.Fotos, por orden de aparición: Nº 1: Mercaderes (1933) de J. Cía, Nº 2: Mercaderes (años 30), postal de Eusebio Rubio, Nº3: Mercaderes tomada desde la calle Nueva (años 50) de Baltasar Soteras Elia, Nº 4: encierro de los años 30 (sin filiar), Nº 5: Postal de Casa Labiano (años 20), sin filiar, Nº6: Encierro de 1958 (sin filiar), Nº7: Encierro de los años 40 (sin filiar), Nº 8: Mercaderes (1913) de Aquilino García Dean, Nº 9: Mercaderes (1916), de Pamplona, calles y barrios de J.J Arazuri, Nº 10: Casa Iraizoz (AMP), Nº 11: Valeriano Zabalza Moral (foto familia Zabalza-Espelosin), Nº 12: foto del encierro de los años 30 (sin filiar), Nº 13. Mercaderes (diciembre 1958) de Galle, Nº 14: Plaza Consistorial en el inicio de Mercaderes (1947) de Galle (AMP), Nº 15: foto del encierro de los años 30 (sin filiar).

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Chapitela: 1908-1958

Si queremos conocer a fondo una ciudad, no basta con recorrer sus calles, conocer sus monumentos, hay que visitar sus tiendas. La pequeña historia cotidiana de muchos pamploneses de los últimos 50 años, y aun antes, es una historia de recuerdos, de vivencias, de experiencias ligadas a nuestras tiendas. Ellas han formado parte del cambiante paisaje urbano. La serie que sobre los comercios del Casco Antiguo inicié hace un par de años en este blog es buena muestra de ello, si bien se centraba sobre todo y fundamentalmente en los 25 o 30 últimos años (1985-2015), aunque en algunos casos me remonté hasta los años 60-70. En esta nueva serie que inicio hoy voy a intentar recuperar, siquiera parcialmente, la memoria de los comercios que les precedieron, en el Casco Viejo, a lo largo de los 70 u 80 años anteriores. Este es un trabajo abierto, difícil, complejo por el período de tiempo a analizar, no hay excesivo material gráfico y  desgraciadamente,  van desapareciendo, por la edad, personas que pudieran testimonio vital de su existencia. No obstante, y tras un pequeño trabajo de investigación, me voy a atrever a citar, por lo menos,  algunos comercios que existieron en las diferentes calles del Casco, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, y comenzaré este periplo por la calle Chapitela, llamada Heroes de Estella a finales del XIX (1873-1900), y entre 1903 y 1936, para seguir recorriendo como ya hice en la primera serie de entradas otras calles de lo Viejo.
En la Pamplona de finales del siglo XIX, el horario del comercio era libre los días laborales.  Todavía no habían llegado las conquistas sociales del nuevo siglo. El descanso dominical hacía poco tiempo que se había instaurado. Las tiendas abrían a las 7 de la mañana y aun antes y cerraban pasadas las nueve de la noche. Los domingos, solo abrían los comercios de alimentación y hasta las 12 del mediodía. En Sanfermines se abrían las tiendas todos los días. Fue en la década de los 30 cuando se acordó cerrar un par de horas al mediodía, no sin dudas sobre el efecto que esta medida podía tener sobre sus negocios. Aquello, todo hay que decirlo, fue un avance en la conciliación laboral y familiar de comerciantes y trabajadores porque, hasta entonces,  dueños y dependientes tenían que irse a comer rigurosamente por turnos para no dejar desatendido el negocio. Hasta principios del siglo XX los precios eran variables y se modificaban con el regateo, de hecho muchos comercios durante muchos años indicaban en sus anuncios aquello de “precios fijos”. 

A menudo la vivienda del comerciante estaba en el mismo edificio que el comercio, y los dependientes solteros vivían de patrona en casa del jefe. Eran otros tiempos, con un comercio  en el que predominaban los géneros baratos y solo unos pocos vendían novedades y artículos caros para la incipiente burguesía que comenzaba a nacer en la ciudad. Y es que el comercio evolucionaba al mismo tiempo que lo hacía el pulso de la ciudad.  En aquellos años 20 que recogen la mayor parte de las fotografías de esta entrada, reinaba en España el rey Alfonso XIII, se producía en 1921 el desastre de Annual (guerra en Marruecos) y tenía lugar en 1923 el golpe de Primo de Rivera, cuyo régimen  se extendería hasta el final de la década desembocando en el advenimiento de la segunda república. Luego vendría la guerra civil y la época de la postguerra. En Pamplona tras el derribo de las murallas iniciado oficialmente algunos años antes, se acometía la construcción del nuevo ensanche, se demolía la vieja plaza de Toros inaugurándose la actual, y la plaza del Castillo permanecía todavía cerrada, en su parte sur, por el Teatro Principal.

Tal y como hice cuando hablé de la calle Chapitela de 1977 a 2013, intentaré reconstruir que podría encontrar un imaginario viajero en el tiempo que se plantase en el principio de la calle allá por esas primeras décadas del siglo XX. Ese viajero dejaría a sus espaldas la imprenta, librería-papelería y tienda de objetos de escritorio Aramburu y Onsalo, que en estos años sería sustituida por la sucursal del Banco Español de Crédito que hemos conocido hasta hace escasas fechas en ese lugar. En el lado derecho de la calle, donde hoy está la Farmacia Castellot, hubo anteriormente diversos comercios, una tienda de material eléctrico a comienzos de siglo, Guibert y Murillo, y posteriormente una de  tejidos: Orradre y Cía (1921-22) que años más tarde ocuparía  una tienda de venta de vinos a decalitros, a continuación venía la joyería de Filomena Jorge, la tienda de tejidos de Filomeno Aizcorbe, la tienda de camisas, ropa blanca y género de punto “La Madrileña” del afamado comerciante de la plaza Jose Turullols cuya fachada se muestra en una de las fotos, la sastrería de Bernardino Alvarez, la tienda de paraguas, bastones y abanicos de Eugenia Orbaiz (antigua Casa Fluiters) que luego ocuparía desde finales de los 20 y hasta los años 60, la heladería-turronería “El Buen Gusto”. 

Luego la Pastelería de Julián Pomares que más adelante en el tiempo ocuparía la Pastelería Alfaro, a continuación la sombrerería de Miguel Azpiroz (hace un año precisamente me contactó su biznieta, María Eugenia Bergera, desde Buenos Aires y le remití la foto del principio donde aparece la sombrerería de su bisabuelo, junto a buena parte de los comercios mencionados anteriormente). Tras la sombrerería de Miguel Azpiroz venían la ferretería de Teófilo Lázaro (anteriormente regentada por Felipe Irure y posteriormente por Lucia Goñi Abinzano), la Farmacia de Manuel Gonzalez Boza y a continuación en este lugar, en el nº 24, hubo diversos comercios, la tienda de ropa de Odón Rouzaut que vemos en la foto adjunta de la izquierda, una zapatería,  la perfumería de Antonio Archanco,  pero sobre todo  este local es conocido por la presencia del comercio “Los Zamoranos”, tras la cual se encontraba hasta no hace demasiados años la tienda de paraguas de Archanco.


En el lado izquierdo de la calle, ese imaginario viajero del tiempo descubriría una miríada de pequeñas tiendecillas, en la esquina, la tienda de Justo Gortari que vendía productos de mercería y bisutería, luego la tienda de calzado de Salvador Pérez, la sastrería y mercería de José Santesteban,  ocupada luego desde finales de los 20 por el grabador de rótulos José Elizburu, la sastrería de José Fraile, la perfumería de María Villar y la sastrería de Viuda de Archanco, donde se ubicaría, luego,  la camisería Cassy, la bisutería, -entonces se llamaba a este tipo de género, quincalla fina-, de Onsalo Hermanos que años más tarde daría  paso a Sucesores de Onsalo  en el nº 13 de la calle y años después a la joyería-relojería de Federico Rosas Vidaurre. 

También en el nº 11 de la calle estaba el comercio de Inés Eulalia, una especie de bazar con bisutería, juguetes y objetos de regalo. En el nº 15 de la calle estuvieron a lo largo del tiempo la tienda de tejidos de Alonso Formaris, la sastrería de Alberto Marqués, la tienda de guantes Viuda de Leache y décadas más tarde la perfumería de Ignacio Pérez.  Aquí, en este lado de la calle se instalaron, después de la guerra,  también,  el estanco de Mari Carmen Urdaniz y la Lotería de Gertrudis Navarlaz. En el nº 17 estaba y sigue estando la Joyería de Pilar Idoate, inicialmente Sucesores de Ferreira. A continuación hubo a primeros de siglo una tienda de Esteban Rouzaut, también de quincalla fina y más adelante estuvieron en ese lugar sendas sucursales, primero del Banco Vasco, de cuya existencia les dejo el presento testimonio que quebró en los años 20 y luego del Banco de Bilbao. Algunos solo conocimos ahí la sucursal del Banco Exterior de España. Por último para acabar este tramo de la calle, cabe señalar que en el nº 21 estuvieron en la primera década del siglo una zapatería (de Javiera Beortegui), un bazar (de Manuel Rubiella) así como  la corsetería de Marcelino Jimenez y la tienda de Dimas Ibañez que tras vender quincalla, productos de mercería y otros géneros de confección acabaría convirtiéndose en una peletería. También en el 21 de la calle estaba y está Óptica Rouzaut. Hoy la calle acaba en el 21 pero en aquellos años aun podíamos encontrar algún comercio más, más allá de la Óptica, la tienda de guantes de piel de José Sádaba y en los años 20 la sastrería y camisería Lozano.

Fotos, por orden de aparición: Nº 1: Chapitela (1901-1905) de José Ayala, Nº 2: Chapitela (Años 20), Archivo Municipal de Pamplona, Foto nº 3: Chapitela en Sanfermines (Años 20) de Luis Rouzaut. en “Luis Rouzaut, Optico de profesión…y cronista de la vida navarra a principios del siglo XX. Foto nº 4: Chapitela (1923) de Miguel Azpiroz en Pamplona, calles y barrios de J.J. Arazuri, Fotos nº 5 y nº 6: La Madrileña. (Años 20) y Chapitela (Años 20) Postales de Eusebio Rubio y Viuda de Rubio. Fotos nº 7, 8 y 9: Chapitela (Años 20) de Luis Rouzaut. en “Luis Rouzaut, Optico de profesión…Foto nº 10. Chapitela: (Años 20) Postales de Viuda de Rubio. Foto nº 11: Banco Vasco (1921) Pamplona, calles y barrios de J.J. Arazuri.

Aquellas series de televisión de los años 80 (1983-1989)


Recupero una vieja serie de artículos del blog que hablaban de los espacios de televisión que veíamos en aquellos años de nuestra infancia y primera juventud. Finalicé la última entrada de la serie en el año 1982, año en que, con la subida del PSOE al poder, puede darse por terminada la llamada transición democrática. En el año 1983 se emitía, los domingos, después de comer, “Fama”, basada en la película del mismo nombre, serie en la que se narraban las peripecias de un grupo de jóvenes aspirantes a artistas. Aun recuerdo aquella frase de la profesora de baile que les decía a los chicos: “Buscáis la fama pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar, con sudor”. También recuerdo de aquel año una serie sobre unos médicos militares, “MASH” y en el  verano de aquel año,  en la sobremesa, una serie de sabor añejo, un tanto kitch, inspirada también en una película que seguía la estela del éxito de “La Guerra de las Galaxias” y que se llamaba “Galáctica, estrella de combate”, con el capitán Adama, al frente. Entre las series españolas me acuerdo de “Anillos de Oro”, con la recientemente fallecida Ana Diosdado e Imanol Arias en los papeles protagonistas, “La plaza del diamante”, con Silvia Munt en el papel de Colometa y algunas otras series  menos conocidas como “Las Picaras” o “El Mayorazgo de Labraz”. 
En 1984, son dos series españolas de fuerte contenido historicista las que recuerdo, “Mariana Pineda”, con una Pepa Flores, Marisol, muy alejada de los papeles de su infancia y primera juventud y “Crónica del Alba” que mas que una serie televisiva fue, en realidad, una trilogía de  películas basadas en la obra de Ramon J. Sender y que fueron emitidas por Televisión Española de forma consecutiva. Ese año emitieron una serie inglesa, “Retorno a Bridshead” con el estilo y calidad propios de aquellas series británicas de entonces. En la tarde del sábado, 2 de febrero de 1985,  se estrenó una serie que marcó toda una época. ¿Quien no recuerda a nuestra querida Diana, la capitana de la nave de los Visitantes, tragándose aquel enorme roedor?. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la serie “V”, de la que hace unos pocos años hicieron un remake que pasó sin pena ni gloria. Este año fue prolijo en series tanto españolas como extranjeras, fundamentalmente americanas. Entre las primeras, “La Huella del Crimen”, que se basaba en los espantosos crímenes de la crónica negra de nuestro país: el crimen del Jarabo, el crimen de Velate, el de la calle Fuencarral, etc, y también “Los pazos de Ulloa” basada en la novela del mismo título, de Emilia Pardo Bazán. En este país, de escasa lectura, muchos conocieron, en la época de la transición, la literatura española moderna y contemporánea gracias a las magníficas adaptaciones televisivas de algunas de sus grandes obras (como no acordarnos de títulos como “La barraca”, “Cañas y barros” o Los gozos y las sombras”), de igual manera que en el franquismo se habían difundido muchas de las grandes obras clásicas españolas y universales a través de espacios como “Estudio 1” y “Novela”. 





En Abril de 1985 comenzaron a emitirse las primeras películas de la madrugada, generalmente con un contenido no apto para otras franjas horarias. Por la mañana, y aunque nos parezca mentira ahora,  no había programación televisiva. Esta empezó en enero de 1986, con aquellas primeras telenovelas mexicanas de las que hablaré más tarde. Este año 1985, entre las series extranjeras destacaban la policíaca “Mike Hammer”(protagonizada por aquel bigotudo y machista detective interpretado por Stacy Keach y su famosa y chulesca frase de “Tomaré nota”); la mini serie “El pajaro espino” que narraba el amor prohibido de un sacerdote católico interpretado por Richard Chamberlain; las series de acción “El equipo A” y “El coche fantástico” con David Hasselhoff en el papel de Michael Knight que conducía un coche inteligente llamado KITT, la interesante “Crónicas de gánsteres”, que contaba la historia de Lucy Luciano y otros conocidos mafiosos como Joe Masseria, Vito Genovese, Salvatore Maranzano o Al Capone), la inquietante “El misterio de Salems Lot” basada en la obra homónima de Stephen King y una miniserie australiana llamada “Retorno a Eden” que narraba la venganza de una millonaria llamada Stephanie Powers, víctima de un complot a manos de su novio y su mejor amiga, que era arrojada a los cocodrilos y que reconstruía su vida y su cara desfigurada, bajo otra identidad. “Autopista hacia el cielo” con el Michael Landon de “La Casa de la Pradera” y “Hotel” completan las series de aquel año 1985. El domingo por la tarde, después de comer, emitían la serie de dibujos animados, de fantasía heroica, “Dragones y Mazmorras” con aquel doblaje latino que hoy nos sonaría  raro pero que entonces era norma común en muchas de las series que se emitían por la pequeña pantalla. Aun me acuerdo de su pegadiza sintonía: “Dragones y mazmorras, un mundo infernal, se oculta entre las sombras la fuerza del mal…”.

Tal y como he comentado anteriormente, el 14 de enero de 1986 se iniciaba la programación matinal de Televisión Española, con el serial mejicano “Los ricos también lloran”, protagonizado por Verónica Castro, luego vendrían otros seriales también mejicanos y alguno brasileño: “La fuente de piedra”, “Gabriela”, “Lo imperdonable”, etc. Entre las series españolas destacaban otra creación de Ana Diosdado, “Segunda Enseñanza”, “Las aventuras de Pepe Carvalho”, con Eusebio Poncela interpretando al detective creado por Vazquez Montalbán, “Turno de oficio”, “Tristeza de Amor”, etc. Entre las extranjeras y al calor del éxito de “Dinastía” surgieron otras como  “Los Colby”, spin-off de la anterior y sobre todo “Falcon Crest”, con la inefable Angela Channing en el papel protagonista; en este año, pródigo en títulos, se emitieron la serie bélica británica “La fuga de Colditz”, las policíacas “Corrupción en Miami”, “Canción Triste de Hill Street”, “Hart y Hart”, “Luz de Luna” (con una curiosa y antitética pareja de detectives interpretados por Bruce Willis y Cybill Shepherd, “Se ha escrito un crimen” (su protagonista era la escritora Jessica Fletcher que protagonizaba Angela Landsbury), y la telecomedia “Las chicas de Oro”. Aquel año vimos a una joven Ana Obregón interpretar un papel en la serie italiana “La Vendetta” sobre la camorra napolitana. 

En 1987, Jesús Hermida conducía el programa matinal, y emitían la serie fantástica “Starman” en la sobremesa y el sábado por la tarde, “MacGiver” con sus mil y un trucos que le sacaban de las situaciones más desesperadas; Se emitieron series como la australiana “Parada de Postas”, “Muñecas de papel” (ambientada en el mundo de la moda y las modelos), “Capitolio” (ambientada en el mundo de la política americana), la comedia británica “Como el perro y el gato”,  y entre las españolas, “El Olivar de Atocha” y  la mini serie de Bardem, “Lorca, muerte de un poeta”. A las reemisiones y nuevas temporadas de series, algunas ya mencionadas anteriormente, habría que añadir, en 1988, otros productos: entre los seriales “Cuna de Lobos”, entre las miniseries  “La Hija del Mistral” o “Ana de las tejas verdes”, policíacas como “Spenser, detective privado”, de abogados extranjeras como “La ley de los Angeles” o españolas como “Juzgado de Guardia” e históricas como “Garibaldi”. Los seriales dramáticos americanos iban siendo sustituidos, cada vez, con más frecuencia, por un nuevo género: el de las telecomedias.






Por último, 1989 fue un año bastante memorable por las series que se emitieron o estrenaron. El subgénero mafioso conoció una interesantísima aportación con la italiana “La Piovra” interpretada por Michel Placido; entre las series españolas destacaban este año “Juncal” protagonizada por un insuperable Paco Rabal en el papel de una vieja gloria del toreo en declive, que interpretaba de forma magistral, hasta el punto de confundirse actor y personaje, la policíaca y entretenida “Brigada Central”, de la que recuerdo que sus personajes, mayoritariamente policías, chillaban mucho en la que Imanol Arias interpretaba a un poli de etnia gitana, (un impagable Rafael Alvarez el Brujo le recriminaba el abandono de los suyos desde que se había vuelto “baranda de la pestañí”) y al que veíamos también en esta época interpretando al conocido personaje de  “El Lute”. Los seriales tendrían en la americana “Santa Barbara”, la brasileña “Doña Beija” y desde el 4 de diciembre, en la venezolana “Cristal” que constituiría todo un hito en la historia de la televisión, sus máximos exponentes. ¿Quien no se acuerda de aquella sintonía de “Cristal” que comenzaba diciendo “Mi vida eres tu y solamente tu…” interpretada por Rudy La Scala?. También recuerdo, en las tardes del sábado el programa “El cuentacuentos”, adaptación de famosos cuentos de la literatura universal e introducido por el actor británico John Hurt. Este año hubo de todo: policíacas como “Philip Marlowe”, telecomedias como “La Hora de Bill Cosby”, “Alf”, la sitcom o comedia de situación “Cheers”, el retrato generacional de “Treinta y tantos” o  fantásticas como “Misterios sin resolver” o “El Autoestopista”.

Imagenes del ayer. Selección: La Rochapea en los años 20

Inauguro dentro de esta sección de Imagenes del ayer, un apartado de fotografías seleccionadas por su interés, valor histórico-urbanístico-gráfico, y escaso conocimiento por parte de la ciudadanía. En esta magnífica fotografía de Luis Rouzaut, recogida en el magnífico libro de Saga Editorial, cuya búsqueda y compra recomiendo vivamente, se puede contemplar una panorámica de la Rochapea de los años 20, en primer plano el camino viejo de Santa Engracia antes de que se convirtiese en 1937, en la calle Joaquín Beunza. En la foto de una calidad excepcional para la época, tomada, probablemente, desde la muralla del Paseo de Ronda, en el tramo situado entre el Portal Nuevo y el puente de Curtidores aunque tampoco pudiera descartarse su toma desde un punto elevado más cercano, en la misma Rochapea (¿La Fábrica del Gas?) vemos un paisaje urbano irreconocible, en algunos tramos, si lo comparamos con su apariencia actual.
En esta foto podemos descubrir, a la izquierda, el puente de Santa Engracia, y sobre él, algunas casas cercanas a la actual rotonda de Cuatro Vientos y más hacia arriba, en la parte superior izquierda de la foto, el enorme caserón del Asilo de las Hermanitas de los Pobres. En el centro de la foto se puede observar el viejo camino de Santa Engracia, sin la mayoría de los referentes urbanísticos que muchos conocimos y que describí en la entrada dedicada a la calle Joaquín Beunza. Destaca sobre todo el núcleo de construcciones más cercano al puente de Santa Engracia y un grupo de casas en la parte inferior. Sobre este camino, en la parte superior, sobresale la recién construida Iglesia del Salvador (puesta la primera piedra en abril de 1914 y terminada de construir en abril de 1916) y la entonces llamada carretera a Villava, posteriormente llamada de Marcelo Celayeta. A lo largo de esta carretera se descubren algunas construcciones, que serían derribadas hace tan solo 20 años, en el año 1996. En paralelo a la carretera a Villava discurre el viejo Camino de los Enamorados, en cuyas inmediaciones se encontraba la casa y fabrica de curtidos y charoles de Bernardo Echamendi. Huertas en la vega del rio y campos de cultivo a lo largo y ancho de esta zona de la Rochapea completan esta bella fotografía de la Rochapea de hace un siglo.

Foto: Luis Rouzaut. Del Libro “Luis Rouzaut, Optico de profesión…y cronista de la vida navarra a principios del siglo XX. Saga Editorial. 2010. Pág. 14.

Canciones infantiles de antaño (1933-1973)

Imagino que todos los niños, también los de ahora, tendrán sus canciones pero en esta entrada del blog voy a intentar recordar algunas de aquellas canciones infantiles de antaño, algunas las cantaban las chicas en sus juegos, otras están incrustados en mi memoria más lejana sin tener vinculado un recuerdo  en concreto, algunas  proceden de la tradición oral pues hay alguna que incluso se la oí a mis padres que las escucharon o cantaron, a su vez, de niños.
Vinculado, no sé por qué,  a la escuela, seguramente esperando algún gran chaparrón, cantábamos aquello de “Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que caigan un chaparrón, con azucar y turrón, (a partir de esta estrofa la canción aceptaba diferentes variantes)”. Recuerdo  a las chicas cantar “El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás, agachate y vuélvete a agachar que las agachaditas no saben bailar, h, i, j, k, l, m, n, a”. Esta era una canción de corro en la que las chicas giraban agarradas de la mano y se agachaban cuando la canción lo decía. También de corro era “El corro de la patata”. “El cocherito leré” era una canción que yo escuchaba  a las chicas de mi barrio cuando saltaban a la comba: “el cocherito leré, me dijo anoche leré que si quería leré montar en coche leré y yo le dije con gran salero leré, no quiero coche leré que me mareo leré”. Otra era  la del burro enfermo “A mi burro,  a mi burro le duele la cabeza, el médico le ha puesto una corbata negra” . Había canciones que se cantaban en las excursiones, como “Un elefante se balanceaba en la tela de una araña”  o “Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará, vamos a contar mentiras, por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas…”; otras que popularizaron los payasos de la tele, en el comienzo de los 70 eran “Hola Don Pepito, hola Don José, pasó usted por mi casa, por su casa yo pasé…”  el barquito chiquitito: “Había una vez un barquito chiquitito, que no sabía, que no podía navegar”, “En el auto de papa” o la del señor Don Gato “Estaba el señor Don Gato sentadito en su tejado marramiau, miau, miau”. Las niñas cantaban (era una canción de corro), también aquello de “Tengo una muñeca vestida de azul.” Por cierto alguna de estas canciones infantiles como la de “la muñeca vestida de azul” y la de “la vaca lechera” iban cambiando su letra a medida que nos hacíamos mayores con letras más procaces. Cosas de la edad.
Bastante más antiguas, pues creo que se las oí recitar a mi madre era la de “Al pasar la barca” (canción para saltar a la comba) y que seguía “me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero” y otra con resonancias de romance como la de la viudita del conde Laurel, también de corro, “Yo soy la viudita del conde Laurel que quiero casarme y no sé con quien..” o “Me casó mi madre chiquita y bonita…” canciones infantiles que hoy, como se puede ver, no saldrían muy bien paradas por el rol que se reservaba en aquel entonces a la mujer y que contraviene todos los principios actuales en pro de la igualdad de género. Por cierto me contaba mi madre que, en su infancia, en el pueblo, jugando a la comba cantaban una cancioncilla que comenzaba así “Puente de la Taconera, arboles junto al Castillo…”, Quien la diría que pasaría más de 50 años, hasta su fallecimiento, hace más de dos años, en esa ciudad de sus juegos infantiles. También y con mucha frecuencia cantaba aquella canción de “Quisiera ser tal alta como la luna” y me cantaba de pequeño sobre todo aquello de “Tengo, tengo, tengo tu no tienes nada, tengo tres ovejas en una cabaña…” . Aun más antigua era aquella canción de “Mambrú se fue a la guerra” que se deriva de una canción burlesca francesa del siglo XVIII dedicada al duque de Marlborough (nombre que acabó transformándose en Mambrú). Había una canción que se cantaba para jugar a las prendas que se llamaba “Antón Pirulero” y decía así: “Antón, Antón pirulero, cada cual que atienda su juego y el que no lo atienda pagará una prenda, Antón…”, estaba también la de la gallinita ciega. Y como olvidarse de “donde están las llaves, matarile, rile, rile”.

Cuentos, dichos, rimas y retahílas como “Pinto, pinto gorgorito”, “Caracol, col, col”, “Cinco lobitos tiene la loba”, “Cu cu cantaba la rana”, “Este puso un huevo, en referencia a los dedos de la mano”, “El que se fue a Sevilla, perdió su silla”, “La flauta de Bartolo”,  o una muy larga que comenzaba diciendo “En la ciudad de Pamplona hay una plaza, en la plaza hay una esquina, en la esquina una casa….”. No son todas las canciones que había en aquel entonces, ni muchísimo menos, pero son algunas de las que recuerdo de aquella lejana época.

Imagenes del Ayer: Por el Casco Antiguo en la década de los 60 y 70

Continuo con mi afán por documentar gráficamente las calles del viejo Pamplona y para ello las antiguas postales turísticas de Ediciones Vaquero, Dominguez, Arribas constituyen  una fuente de gran valor testimonial. Buena parte de las 20 fotos de esta entrada pertenecen a  postales de estas editoriales, sobre todo de Ediciones Dominguez y su colección Escudo de Oro. El resto son fotos de colecciones particulares. En esta entrada veremos algunas instantáneas del Casco Viejo en los años 60 y 70, sobre todo de los 60, aunque también hay alguna foto o postal de sus inmediaciones. Como siempre comentaré cada foto aquellos aspectos destacables que nos ayuden a transportarnos, como si de un túnel del tiempo se tratase,  a aquella época reciente, bueno, no tan reciente ya, (han pasado 50 años), de nuestra ciudad. La primera foto postal que encabeza esta entrada corresponde a la calle Curia y está datada a principios de los 60, probablementre entre 1961 y 1963. En la parte izquierda de la fotografía se observa el rótulo del Bar Goñi, en el lugar donde  poco tiempo después, se instalaría la Hostería del Temple. Sobre ella, parece ser había una peluquería de señoras y enfrente, en el lado derecho de la calle la Sastrería Galar. Aparcados, un carrito de los que utilizaban los “makas” para llevar cosas a las tiendas, y una camioneta (¿podría ser un motocarro?) y más adelante un Seat 600. La catedral, al fondo, preside esta bonita estampa que debió ser tomada por la tarde, a tenor de las luces y sombras de los edificios. Junto a este párrafo una foto que remitió hace algún tiempo José Castells a la página de Facebook de este blog, las majorettes de Nimes desfilando por la calle Chapitela, una de las atracciones de los sanfermines de entonces.
Junto a este párrafo les traigo dos fotografías de la plaza de San Francisco, la primera es del año 1965 o 66, con el solar propiedad del marques de la Real Defensa, situado a la izquierda de la foto todavía sin construir y donde en 1968 se erigirá un moderno edificio de viviendas, en cuyo 1º piso estuvo la sede de la Asociación de la Prensa de Pamplona. La foto está tomada desde los soportales de las escuelas de San Francisco. En la foto postal  siguiente, de los años 70, observamos el moderno edificio de viviendas ya construido para esta época y algunos pequeños cambios en la base del jardín del monumento a San Francisco de Asis. Cerrando el jardincillo circular se construyó en esos años un asiento de cemento que circundaba todo su perímetro y que sirvió para el descanso, durante casi 20 años, de muchos pamploneses de entonces: vecinas del barrio, chicos de las escuelas de San Francisco,   estudiantes que salían a descansar y echar un pitillo desde la cercana Biblioteca General. Cuantas recuerdos me traen estas viejas fotografías y que  raro se me hace ver la plaza rodeada de coches por sus cuatro lados.

Y de una plaza grande, como la de San Francisco a una plaza mayor, la plaza del Castillo, el cuarto de estar de los pamploneses. Hemos visto en las páginas de este blog, algunas fotos de esta plaza a lo largo de su dilatada historia, pero estas son quizás algunas de las más representativas que he encontrado de los años 60 y 70. A la derecha del párrafo, podemos contemplar una fotografía de los años 60,  con los rótulos luminosos publicitarios en los tejados de los edificios. En la entrada dedicada a los bares vimos una foto de la zona este de la plaza de estos mismos años. En esta vemos parte de su lado norte y oeste, con los rótulos del Banco de Bilbao, Vasconia en los edificios donde tenían su asiento estos establecimientos bancarios y un folclórico rótulo del coñac González Byass, tan popular entonces como el toro de Osborne. Todavía en los 70 se conservaban esos reclamos luminosos como se puede comprobar en la postal de la izquierda con Philips y Hotel La Perla. 


Junto a la plaza del Castillo, la plaza del Ayuntamiento ocupa un lugar destacado en la geografía urbana y festiva  de nuestra ciudad. En la postal de 1962, vemos delante del edificio de la Casa Consistorial un guardia urbano, antecedente de la actual policía municipal. Nos trasladamos en las siguientes imagenes  al cercano paseo de Sarasate, frontera y unión del Casco Antiguo y el Ensanche. La primera postal de esta zona es de finales de los 60, muestra uno de los monumentos más representativos de nuestra ciudad, el dedicado a nuestros Fueros y del que ya hablé en la entrada correspondiente al Paseo de Sarasate. Hay ciertos edificios, algunos monumentos que son como faros en el devenir del tiempo de nuestra ciudad y el Monumento a los Fueros es uno de ellos. Nos sirven de referencia en una ciudad que se transforma y evoluciona con el paso de las décadas. Cambian los vehículos que circulan por sus calles (bastaría ver los modelos de los coches para datar con escaso margen de error la fotografías de cada época), la vestimenta de los paisanos, algunos pequeños detalles, especialmente del mobiliario urbano: farolas, vallas, bancos, etc, pero, a pesar de los múltiples cambios,  el alma de nuestra ciudad sigue ahí, en algunas de estas imagenes inmutables y en las historias y en los recuerdos de sus habitantes. En la foto postal  superior derecha, de los años 70, podemos contemplar parte de la cara norte del Paseo, la más cercana al Casco, con, de izquierda a derecha, el moderno y desproporcionado edificio que sustituyó a la Casa Navasal, derribada a finales de los 60,  la  entrada principal de la Iglesia de San Nicolás, a continuación la Casa Parroquial y casi cerrando la fotografía el kiosko de chucherías que estuvo situado durante muchos años a la entrada del callejón que desemboca en el Rincón de San Nicolás. La postal inferior derecha, de los años 60, de Ediciones Vaquero, nos muestra una muy retocada y popular instantánea nocturna de la iglesia de San Nicolás, con algunos coches aparcados junto al atrio. En la parte inferior de la foto se puede vislumbrar parte del kiosco que hubo durante algunos años en esta zona de la plaza. 
Las dos fotos siguientes nos trasladan a dos calles diferentes del Casco Antiguo con un denominador común, en las dos aparece, al fondo, la iglesia de San Saturnino: a la izquierda del párrafo, foto de  la calle Jarauta, con el Palacio del Condestable, a la derecha de la fotografía y unos rótulos, a la izquierda que anuncian Plátanos Zabalza y un bar  restaurante, no puede ser La Viña porque que yo sepa creo que este fue siempre restaurante y se fundó en 1970 (la foto es anterior, de la década de los 60). A la derecha, postal de  la calle Campana, también de los años 60, con la fachada oeste de la iglesia de San Saturnino al fondo de la calle y dos establecimientos más o menos reconocibles por sus rótulos: un comedor, a la altura del bar Javier, y la fontanería Eguiluz. Cuelgan de lado  a lado de la calle aquellas bombillas bamboleantes  de aquellos tiempos, -yo los llegué a ver en mi calle-, que alumbraban buena parte de las calles de la ciudad, -salvo las zonas más céntricas-,  antes de que fuesen sustituidos por los farolillos que hemos visto en lo  Viejo y que desaparecieron con la urbanización de las calles a finales del pasado siglo y comienzos de éste.
Tres de las cuatro fotos siguientes fueron tomadas por un turista americano en unos sanfermines de finales de los años 60. Las instantáneas corresponden a las calles Curia (a la izquierda), y de San Antón y san Nicolás (a la derecha). Las calles aparecen engalanadas con banderas. Al parecer dicho engalanamiento fue frecuente durante los sanfermines hasta los años de la transición: recordamos  en la serie “Pamplona, año a año” como, en 1976,  la efervescencia política de aquellos años derivó en una suerte de guerra de banderas con quema de algunas de las banderas españolas que ondeaban hasta entonces en las calles de lo Viejo. Llama poderosamente la atención las pocas personas, fijémonos sobre todo en la nutrida  calle San Nicolás, que llevaba puesta entonces la indumentaria sanferminera. Y es que parece que algunas tradiciones tienen 100 años y no es así. Los nombres de los establecimientos que aparecen en alguna de estas calles nos hablan de otros tiempos. En la calle Curia, casi al final, cerca de la desembocadura hacia la Catedral descolla el famoso Don Lancelot, y en la calle San Nicolás el Bar San Miguel. Ni uno, ni otro existen actualmente. El edificio del Bar San Miguel se derribó hace ya tiempo para erigir el actual Hotel Castillo de Javier. La cuarta fotografía es una bonita postal de la zona del Caballo Blanco y del Pasaje del Redín, datada en 1968. El Mesón del Caballo Blanco se construyó en 1961, tal y como recordaba en la entrada dedicada a este enclave, con los restos del palacio de Aguerre o casa del Orfeón de la calle Nueva, derribado en 1958, y en cuyo lugar se construiría luego el hotel Maisonnave. Al parecer en el lugar donde se construyó el Mesón hubo en siglos anteriores una hospedería de peregrinos. Su nombre, probablemente se tomó de un posada o mesón existente con el mismo nombre en la calle Mayor en el siglo XIV. El proyecto del edificio fue obra como otros tantos de la ciudad del arquitecto José Yarnoz. Desde 1968, la explanada del Redín tomó el nombre de Rincón del Caballo Blanco.
En las inmediaciones del Casco Antiguo tenemos el parque de la Taconera, al que le he dedicado no hace mucho una entrada completa. En estos años, concretamente en 1962 se erigió en terrenos del Bosquecillo, el Hotel Tres Reyes, un desacierto desde el punto de vista urbanístico que amputó gravemente parte del parque. En la foto aérea de la izquierda vemos el recién inaugurado Hotel en medio de la masa arbórea del parque con el monumento a Navarro Villoslada en su extremo más cercano al centro urbano. En el extremo superior izquierdo de la foto alcanzamos a ver el inicio de lo que luego sería el parque de Antoniutti, entonces, simplemente inicio de la Avenida de Bayona. A la derecha vemos el ya desaparecido Vistabella abierto por el empresario hostelero Ricardo Aparicio, en 1963, en el corazón del mismo parque, muy cerca del mirador del mismo nombre y lo hizo algunos años antes de abrir el Iruñazarra, pues este establecimiento del Casco Viejo lo inauguró seis años más tarde,  en junio de 1969. El Ayuntamiento sacó a concurso el derribo de estas instalaciones hosteleras, que llevaban ya algún tiempo sin uso, a finales del año 2002.
Las dos últimas postales de esta entrada nos muestran dos zonas colindantes al Casco, el Rincón de la Aduana en la década de los 60 y la avenida de Guipúzcoa, junto al Portal Nuevo en 1972. Ya para esta década se habían hecho algunas modificaciones frente a la iglesia de San Lorenzo, con la incorporación de las bancadas de piedra que hemos visto durante tantos años junto a la parada de las villavesas de San Lorenzo. A la izquierda de la fotografía se puede ver el paso de un autobús de línea y más al fondo una de aquellas viejas villavesas de color blanco y verde oscuro. La foto de la avenida de Guipúzcoa habla por si sola, los coches que circulan en ese momento nos conducen, nunca mejor dicho,  a esa época:  alcanzo a distinguir, entre otros,  un Dyane 6, un Seat 850 y un Renault Gordini con un voluminoso equipaje atado a su techo. 

Imagenes del Ayer. Estampas sanfermineras. Imagenes del encierro: 1914-1949

Tal y como prometí en la anterior publicación, en las siguientes entradas traigo una serie de fotos y postales del encierro, alguna de ellas poco conocida,  que con la ayuda de mi buen amigo Javier Manero, experto conocedor del encierro y los sanfermines he podido datar. Además de su valor como  reflejo de los sanfermines de antaño, esta selección de fotografías  me servirá además para hacer comentarios sobre algunos cambios en las calles, en los comercios, en las indumentarias de los corredores, en definitiva para captar el cambio de nuestra ciudad en las últimas décadas que es el constante y principal objetivo de este blog. En las siguientes fotos veremos instantáneas de los diferentes tramos de la carrera, desde los corrales de Santo Domingo a la plaza de Toros. Como aspectos interesantes a destacar cabe señalar que desde finales del siglo XIX se tira un cohete para indicar que los toros ya están en la calle, que, según afirman Javier Manero y Fermín Erbiti, en su libro “Encierros en blanco y negro”, el 10 de julio de 1958, un mozo de la Peña “Los del Bronce” cantó, por primera vez, el “A San Fermín Pedimos” y que años más tarde, como señalo en la entrada dedicada a la calle Santo Domingo,  concretamente desde 1962 se canta esa estrofa ante una imagen del santo, en un ventanal del Hospital Militar, imagen que casi veinte años más tarde, en 1981,  tendría su acomodo en una hornacina construida en el muro situado frente al Hospital Militar.

La postal más antigua que les presento y que encabeza la entrada es del último tramo de la Estafeta, concretamente del 8 de julio de 1914, en vísperas de la primera guerra mundial. Incluso lleva, como se puede ver,  un franqueo de 10 céntimos, con un sello del rey Alfonso XIII. Se ve al fondo a la izquierda la casa de la Estafeta que sobresale, donde luego, en los años 50, se abriría el Bar Fitero. Los toros giran, en esta época, en vez de hacia la derecha, hacia la izquierda, para enfilar por la entonces calle de Espoz y Mina, que desde 1936 se llamaría Duque de Ahumada. Llama la atención los escasos corredores, la manada bien compacta y agrupada y el hombre, situado a la derecha de la foto, que mira  con cierta prevención a los toros, junto a un portal. También bastante antigua, de finales de la década de los 10 (1918 o 1919), es la foto del tramo final hacia la plaza de toros antigua que se derribó en 1922, con las casas de Espoz y Mina, a la derecha y que es la segunda foto que encabeza la entrada. De 1920 o 1921 es la primera foto de la calle Mercaderes que les presento junto a este párrafo, todavía no se había instalado el Banesto que ha permanecido en el lugar hasta hace pocos meses. En su lugar parece que había una Imprenta-Librería-Papelería con el nombre de José Aramburu (imagino que se trataría de la Editorial Aramburu), vendía material escolar y en el rótulo aparecía también el nombre de A.Gorricho. Bajo esta fotografía, en el siguiente párrafo, descubrimos otra foto bastante conocida de un encierro en el que corrían los toros de Miura, era el 10 de julio de 1922. A la derecha de la foto, en un primer piso, reza el rótulo Agencia de negocios “Euskaria”. 

Posteriormente, para 1925, fecha de la postal que vemos a la derecha del párrafo anterior,  ya estaba la oficina del Banesto en el lugar de la imprenta-librería Aramburu. Los escasos corredores que aparecen en estas fotografías llevaban una indumentaria un tanto heterogénea: txapelas, alguna blusa de carnicero,  traje y  corbata, nada que ver con lo que ocurriría muchas décadas más tarde, con los corredores mayoritariamente vestidos de pamplonica. Las siguientes fotos que completan estos primeros años 20 corresponden, en primer lugar, al tramo medio de la Cuesta de Santo Domingo, cerca de la plaza de Santiago, con mucha gente viendo el encierro desde los balcones y también, al fondo, en la subida al Museo y escasos corredores en la calle y a una enorme distancia de la manada; la zona cercana a la plaza de toros entre los años 1922 y 1925, -nótese el hueco dejado por la antigua plaza de toros en cuyo solar se construiría, luego,  el futuro Teatro Gayarre-, los corredores que vemos en esta foto tienen una  apariencia bastante rural y parecen bastante “talluditos”; la curva de la Estafeta, tomada desde la propia calle, con la  farmacia  de estilo modernista de los hermanos Ondarra, luego Blasco, al fondo, y el corredor trajeado que no  sabe donde meterse ante la cercanía de los toros y por último los corrales de Santo Domingo, con el cuerpo de guardia al lado, que se salvó del derribo, tras la demolición del Portal de la Rochapea y que es el único que se conserva todavía, al fondo se observan algunas viejos caserones junto a la calle Errotazar, en la Rochapea.


Las siguientes fotografías son todas de los años 30. En primer lugar, a derecha e izquierda de este párrafo, podemos ver sendas fotografías de Galle de la plaza consistorial, con todos los edificios que cerraban la plaza por el lado de la calle Nueva intactos, como se puede comprobar en la foto de la izquierda, y en la que un grupo de corredores, algunos perfectamente trajeados (una indumentaria nada aconsejable para correr el encierro) enfilan, hacia la calle Mercaderes; En la segunda foto (la de la derecha) de 1930-36, aparece un corredor caído en el suelo, tras el paso de un morlaco mientras otro aparece desde la cuesta de Santo Domingo.

A la derecha del párrafo tenemos una foto de Ruperez de antes de la guerra del último tramo de Estafeta, donde descubrimos un cafetín que anunciaba desayunos en lo que luego sería el Bar Fitero. Seguimos viendo escasos corredores, vestidos mayoritariamente de calle. Unos días antes de estallar la guerra civil, el día 12 de julio, se corrían en Pamplona toros de Antonio Pérez de San Fernando. A este encierro corresponde la hermosa fotografía de los toros  apareciendo desde la cuesta Santo Domingo a la plaza Consistorial, con dos toros resbalando y cayéndose y uno de ellos haciendo amago de empitonar a un mozo, mientras otros intentan subir,  como pueden,  por las fachadas de los edificios de ese lado de la plaza, para huir de los astados. Esta foto de Ruperez  dió la vuelta al mundo al aparecer en la revista americana “Life”. Los toros entraban hasta 1931  en la plaza consistorial y se perdían un tanto ante la amplitud del lugar, tras la estrechez del último tramo, de ahí que a partir de ese año  se empieza a colocar otro vallado transversal para cortar la plaza y encaminar a toros y corredores hacia la calle Mercaderes.

El 8 de julio de 1939 corrían toros de Sánchez Cobaleda, cuando al final del callejón un toro de nombre “Liebrero” fue citado por un espectador, a la altura del callejón, de forma que el toro arremetió contra el vallado, rompiéndolo y salió fuera del recorrido, tras lo cual persiguió y empitonó al público, entre el que se encontraba una señora con sus tres hijos, Doña Clara Herrera que fue corneada, pasando más de un mes en el hospital. Las fotos que adjunto reflejan el momento en que la res supera el vallado y la segunda bastante conocida, por otra parte, refleja el terror, el pánico que debieron pasar aquellos conciudadanos y conciudadanas nuestras que huían despavoridos cerca de las taquillas de la plaza, ante la embestida del animal. El toro acabó, finalmente, abatido por disparos de la guardia civil. A partir de ese año se decidió colocar un doble vallado a lo largo del Recorrido. 
Acompaña a este párrafo, en la foto de la derecha una toma de un encierro de la década de los 30 a su paso por la calle Mercaderes. En ese lado de la calle vemos un establecimiento que por otras fotos que veremos en próximas entregas durará  décadas: “Almacenes Azcarate” y junto a él una confitería, sin ningún otro dato que permita identificarla. En la siguiente foto, de la década de los 40, vemos una calle Mercaderes, mucho más llena de corredores que en décadas anteriores. Contrastan especialmente estas imagenes de los años 40 con la escasez de corredores de los años 20. Comienzan, además, a verse cada vez más corredores vestidos de blanco y rojo tal y como lo hicieran, por primera vez, los integrantes de la Peña La Veleta, a comienzos de la década de los 30, aunque por lo que se puede ver también continúan corriendo corredores con americana. La calle bulle, por otra parte, de renovada actividad comercial, como se puede comprobar al comparar las instantáneas de esta calle en diferentes épocas.


El 7 de julio de 1945 se producía un montón en la plaza de toros que refleja la foto adjunta de la derecha, no fue ni el primero, ni el último montón, el último importante fue tan solo hace dos años, afortunadamente sin consecuencias mortales. De finales de los 40 es la foto de toros y mozos por la plaza del Ayuntamiento con la fachada de la casa consistorial engalanada con unos reposteros de gala. Para esta época ya se habían derribado, como se puede ver, los dos edificios que estrechaban la salida de la plaza hacia la calle Nueva, uno se tiró en 1941 y el otro en 1946. Tan sólo quedaría en pie la Casa Seminario que se derribaría 30 años más tarde. Por último la foto que cierra esta entrada esta datada entre los años 1945 y 1949 y nos ofrece una bonita panorámica de los toros subiendo el último y estrecho tramo de la Cuesta de Santo Domingo, entre la fachada del viejo edificio del Ayuntamiento y la citada Casa Seminario. La Casa Consistorial se renovaría por completo, salvo su fachada principal, en 1952-53.

Imagenes del Ayer: Estampas sanfermineras de los años 60



Inicio una serie de artículos sobre los sanfermines de otros tiempos. En esta primera entrada ofrezco unas pocas instantáneas de diversos momentos de la fiesta: chupinazo, riau-riau, procesión, peñas, fuegos, etc. En las siguientes entradas ofreceré un breve repaso, a través de las diferentes décadas, del acto más importante de las fiestas, que, para mí, actos religiosos aparte, es el encierro de los toros, el hecho, por otra parte, por el que esta ciudad se hizo, un día, internacionalmente famosa. Empiezo este reportaje fotográfico con  la foto del chupinazo que vemos en la postal que encabeza la entrada, (de Ediciones Dominguez), y que corresponde  al 6 de julio de 1966. Llama la atención la presencia de militares y policía armada en la plaza, con la banda de música municipal presta, tras el chupinazo, a interpretar una pieza. 
También, de ese mismo año, es la foto de una peña en la plaza del castillo. En la pancarta aparece perfectamente claro el año: 1963 y lo que parece que pudiera ser una suave critica municipal (los tiempos no estaban para demasiadas licencias ni reivindicaciones políticas) por lo que se puede entrever del dibujo de la pancarta. He incluido también, sirva como imagen comparativa, una foto de una peña en la misma plaza del Castillo, una década antes (la foto es probablemente de los años 50). También de ese mismo año, 1963,  es la postal de los fuegos artificiales en la plaza del Castillo. Como ya dije en la entrada correspondiente, hasta 1967, los fuegos se disparaban desde la plaza del Castillo, a las diez y media de la noche en vez de las once como ahora, como atestigua esta fotografía. En la foto podemos ver que se disparaban en el cuadrante situado entre el kiosko de la música, la avenida Carlos III y el palacio de Diputación.


Las siguientes fotografías, del Riau-Riau y la procesión no son de 1963 sino de seis años más tarde, concretamente de 1969. En la primera de ellas, en la foto de la derecha, vemos el Riau-Riau a su paso por una calle San Saturnino atestada de gente, con la Pamplonesa en medio de la muchedumbre. Parece y es una simple anécdota sobre el original que ha llegado a mis manos que una mano infantil se hubiese entretenido pintando algunas de las cabezas que aparecen en primer termino pero la foto sigue siendo tremendamente útil pues nos da abundante información sobre la época. En la parte izquierda de la foto podemos ver la antigua Casa Seminario sin derribar. Se demolería en 1976. Al fondo de la foto se divisa una tienda de géneros de punto que debe ser la de las Hermanas Oronoz y junto a ella otro local y la antigua farmacia Alcalde. En la parte derecha de la foto se divisa parte de la relojería Zaragueta, que estuvo abierta hasta los primeros años de este siglo. De una sirga en la calle cuelgan las banderas que colgaban tradicionalmente en esos años del franquismo, en las calles, en San Fermín, la de Navarra, España y Pamplona.

Las otras fotografías, las fotos de la izquierda (de Ediciones Dominguez) nos ofrecen sendas instantáneas de la procesión: la foto superior izquierda muestra al Santo llevado a andas desde la iglesia de San Lorenzo para encaminarse por el Rincón de la Aduana hasta la calle Taconera y San Antón e iniciar el recorrido de la procesión. La foto inferior izquierda es concretamente del día 7 de julio de 1969, con el Santo a su paso por la calle Mayor, superado el Palacio de Ezpeleta, y encaminándose de regreso hacia su capilla en la iglesia de San Lorenzo. Desde luego parece por ambas fotografías, en principio, un acto menos multitudinario y más despejado que la procesión de nuestros días. Compárese, sin embargo, con una foto de la procesión de San Fermín, por ese mismo punto, la calle Mayor,  de muchas décadas atrás, exactamente de las primeras décadas del pasado siglo XX. Las diferencias entre ambas fotografías son notables, como se puede comprobar.

Fotos: en los casos que ha sido posible referenciada en la entrada.

Plazas y calles de ayer y hoy: la plaza de Santa Ana (1953-2013)

Este rincón, arranca  de la calle Jarauta, aproximadamente en la mitad de su recorrido y,  tras una zona estrecha,  se ensancha en un espacio abierto que, más que una plaza al uso, es un espacio interior situado entre las traseras de la calle Mayor y de la Jarauta. Hasta 1908 la plaza se llamaba Plazuela del Mercado de Cerdos porque en ella, todos los sábados de la época de matanza, se celebraba el mercado porcino. Desde 1909 hasta 1923, antes de su traslado a la zona de la Media Luna, la Perrera o Prevención municipal estuvo ubicada en la esquina de la plazuela con Jarauta. Por eso en esa época se le llamó Plazuela o Rincón de la Corrección. La foto que encabeza la entrada, de J.J Arazuri, nos ofrece una bella y melancolica instantánea invernal de este rincón allá por enero del año 1953. En 1957 el padre Carmelo proponía en la prensa local  llamar a este rincón, plaza de Santa Ana. En 1959, el pleno municipal acordaba darle el nombre de Plaza de Santa Ana, en memoria de la patrona del antiguo barrio de las Pellejerías. Y es que uno de los elementos más destacados de la plaza lo constituye la basílica o capilla de Santa Ana. La capilla de Santa Ana estuvo durante mucho tiempo, al menos desde 1682, en el nº 42 de las Pellejerías, hasta su derrumbe en 1879. Se comenta que, posteriormente, la imagen de la santa estuvo durante muchos años en una casa del barrio. En 1963 se instaló una hornacina en una de las construcciones de la plaza con la imagen de la santa, una figura de madera policromada en la que aparece Santa Ana, la Virgen María y el Niño Jesús, protegida por un cristal, tal y como vemos en la segunda foto, ésta en color, que encabeza la entrada.

 La imagen fue retirada tras una serie de actos vandálicos en el año 1997 quedando almacenada en un edificio municipal hasta su restauración y regreso a su hornacina, una hornacina de gran tamaño,  en julio de 2013, tras la obras de repavimentación de  Jarauta y el acondicionamiento de la plaza. Junto a este párrafo vemos una foto de la plaza, con su aspecto actual. Hay noticias de fiestas en honor a Santa Ana desde el siglo pasado, si bien luego decayeron y desaparecieron, siendo recuperadas, de nuevo, en el año 1971. Este rincón tiene vocación de ser una gran  plaza pública, abierta durante el día y cerrada por la noche, así lo ha sido durante buena parte de su historia reciente, pero además se pretende que sea una gran plaza con acceso desde Eslava y el Rincón de la Pellejería, con un parking subterráneo y una zona de esparcimiento en su superficie. Desde hace muchos años, más de tres décadas (desde los tiempos del alcalde Julián Balduz), existen proyectos, (la famosa manzana piloto Mayor-Jarauta-Eslava), que pretenden eliminar las naves comerciales e industriales existentes que dividen este gran espacio interior. De hecho, en 1989 se derribaba la nave de la antigua fábrica de lejías El Tigre
Fotos referenciadas en el texto