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Plazas y calles de ayer y de hoy: La Plaza de las Merindades (1928-2008)

Esta plaza del Segundo Ensanche está situada en el cruce de la Avenida de Carlos III y la de la Baja Navarra. Se empezó a construir en torno a 1928. Inicialmente fue llamada Plaza del General Primo de Rivera, militar que gobernó el país entre 1923 y 1930, bajo el reinado de Alfonso XIII. En 1931, con el advenimiento de la II República se acordó cambiar el nombre por el de Pablo Iglesias, denominación que se mantuvo hasta el 23 de octubre de 1936, fecha en la que el Ayuntamiento acordó darle el nombre del General Mola. La primera de las fotos de esta entrada, de 1927, de Galle, nos muestra el cruce de la entonces avenida de Alfonso XIII, hoy de la Baja Navarra, en su confluencia con la de Carlos III, donde en breve se perfilaría la futura plaza de Primo de Rivera. La siguiente foto, de la colección Arazuri, está datada entre los años 1932 y 1936 y se percibe mejor el lado noreste de la plaza, llamada entonces de Pablo Iglesias. En ambas fotos se puede ver, en un primer plano, la conocida como Casa de las Hiedras (aunque las hiedras estaban en la parte posterior del edificio, como pudimos ver en la entrada dedicada al Segundo Ensanche).
En algunas de las siguientes fotos veremos ya el inconfundible edificio del Gobierno Civil. El edificio del Gobierno Civil, de estilo neoclasicista (estilo “nacional herreriano”) se inauguró oficialmente en marzo de 1945. Tuvo un proceso de construcción muy accidentado. Las obras se habían iniciado una década antes, en enero de 1935, sobre un proyecto de edificio sobrio del arquitecto del ministerio de Gobernación, Fernández Golfin pero no se culminaron, por dificultades presupuestarias, hasta una década más tarde, con otro proyecto arquitectónico diferente  que firmó el proyecto  José Alzugaray. Las obras estuvieron paradas prácticamente desde el estallido de la guerra hasta 1941. Alzugaray alargó las ventanas,  le añadió un pórtico de tres arcos y una planta más y  recubrió todo el edificio de piedra. Alzugaray no vió terminar su obra al fallecer un poco antes. Colaboraron en el proyecto del edificio los arquitectos  Luis Felipe Gaztelu, Victor Eusa y Serapio Esparza. El Gobierno Civil estuvo, como hemos visto anteriormente, en el Rincón de la Aduana (a finales del siglo XIX), en el nº 38 del Paseo de Sarasate, hasta el año 1914 y en la Plaza de San Francisco (entre 1914 y 1924). Luego ocupó la llamada Casa de Doria, en el nº1 de la calle Paulino Caballero. En las fotos que acompañan y siguen a este párrafo, podemos ver el edificio rodeado de andamios todavía, en su última fase de construcción (a principios de 1945) y diferentes panorámicas de la plaza observadas en diferentes postales de aquel entonces,  pertenecientes a la década comprendida entre los años 1945 y 1955. En la mayoría de ellas se puede observar el centro de la plaza, aun sin la fuente iluminada que se instalaría más tarde. (En la última se ve la plaza ya remodelada con la fuente actual).
         En efecto, en 1955, se colocaría en el centro de la plaza la fuente luminosa que vimos en una fotografía de la entrada referida al Rincón de la Aduana. La plaza no había sufrido, desde los años 40, grandes transformaciones. Aquellos  edificios construidos en los años 30 y 40 por los arquitectos de la época apenas sufrieron variaciones. Fue en los años 70 cuando algunos edificios de la zona más cercana a la avenida, fueron sustituidos por modernas y anodinas construcciones. Ese fue el caso del edificio de las Hiedras, situado en la esquina derecha de Carlos III con la entonces Avenida de Franco y cuya voladura controlada en 1974 ya vimos en la entrada anteriormente citada sobre el Segundo Ensanche. En las siguientes fotografías, todas ellas de los años 60 y 70 vemos la plaza de General Mola, ya sea en blanco y negro o en color con algunos vehículos circulando por ella (compárense con las del párrafo anterior en que plaza y avenida aparecen prácticamente desiertas, pues la ciudad está muchísimo menos motorizada): algunos Seat 600, algún Gordini, algún Peugeot, coches de otra época que también vimos en otra de las entradas del blog.

 


Será a partir de los 80 y 90 cuando la plaza cambié un poco su fisonomía. En 1980, desaparece de una de las esquinas de la plaza, en su lado sureste, la gasolinera y concesionario Renault de Jesús Unsain, abierta en el lugar desde el año 1934. En su lugar se instalaría la oficina principal del Banco de Bilbao en Pamplona. El 12 de octubre de 1980 el Ayuntamiento acordaba darle el nombre de Plaza de las Merindades a la hasta entonces plaza del General Mola. A finales de los 80 y primeros años 90, el Ayuntamiento comenzó a restringir el aparcamiento de vehículos en la mediana de la avenida de Carlos III, como vimos en la sección “Pamplona año a año”. En 1998 se construía un gran parking subterráneo bajo  la plaza de las Merindades y el segundo tramo de Carlos III, el que iba desde la plaza  a Conde de Rodezno e inmediatamente después se peatonalizaba ese tramo de la avenida. En aquel entonces se rumoreaba entre los ciudadanos que la prisa por peatonalizar estaba en que el parking no soportaría el intenso tráfico rodado que circulaba por arriba. El caso es que aquellas actuaciones: parking y peatonalización, convirtieron la zona en el principal eje comercial de la ciudad. Hoy en día de los  comercios locales instalados antes, o en aquel entonces, incluso después, tanto en la plaza como en la avenida, sobre todo  en su primer tramo, ya nada o casi nada queda. La mayoría de los locales están ocupados por las grandes marcas y franquicias que colonizan cualquier ciudad española o europea, y que convierten a nuestras ciudades en clones unas de otras. Parece ser el signo de los tiempos.

 

Orígenes católicos del movimiento obrero en la Pamplona de los años 60 y 70

A pesar de que en los últimos tiempos ha habido historiadores locales que han empezado a estudiar este apasionante período de nuestra reciente historia, las nuevas generaciones probablemente desconozcan como Navarra y especialmente su capital, Pamplona, protagonistas fundamentales de la que los llamados “nacionales” llamaron “La Cruzada” se erigieron, en las  décadas de los años 60 y 70,  en vanguardia de la oposición política contra un régimen totalitario como fue el franquismo. Tanto en esta entrada como en próximas entradas repasaremos como se gestaron los principales movimientos sociales y políticos en nuestra ciudad, en los últimos años del franquismo. Esta entrada sigue la estela de otras como “Conflictividad social y política en la Rochapea de los años 70” y “Las primeras elecciones democráticas” que pretenden contribuir a la recuperación de nuestra reciente memoria histórica y es que han pasado entre 40 y 50 años desde entonces y mucha gente desconoce muchas cosas de nuestra  historia más cercana. En esta entrada hablaré del nacimiento  del movimiento obrero de Pamplona,   en los años 60 y 70, en pleno franquismo, movimiento que tendrá sus raíces iniciales en las organizaciones y grupos católicos, como veremos.

Navarra era, tras la guerra, una región fundamentalmente pobre y agrícola, con un escaso número de obreros y  en la que comenzaba a no serle  ajena al fenómeno de la inmigración que afectaba, de manera virulenta, a  muchas provincias españolas. En la foto de Zaragueta, que acompaña este párrafo, podemos ver una cola de la cartilla de racionamiento, en la calle Ciudadela, allá por los años 40. A partir del año 1952, sin embargo, la Diputación se lanzó  a una acción de promoción industrial apoyada desde los Ayuntamientos, facilitando la implantación de industrias, cediendo terrenos o bonificando impuestos y, desde comienzos de los años 60, procedió  a realizar una verdadera planificación industrial, con un plan de promoción,  que fue liderado por, el entonces vicepresidente de la Diputación, el industrial Félix Huarte. Fruto de esa planificación fueron la creación de un buen número de empresas, cerca de 300, en apenas una decena de años, que dieron  empleo a más de 20.000 trabajadores, en un acelerado proceso de industrialización que veremos con más detalle en otra entrada del blog. 

A más de uno tal vez le sorprenda, o tal vez no tanto (por la más que conocida influencia que  la Iglesia Católica ha tenido en  Navarra y en  Pamplona a lo largo del pasado siglo) que el origen de buena parte del sindicalismo navarro tuviera, desde mediados de siglo XX, profundas raíces católicas. Antes de la guerra había sindicatos católicos confesionales y libres y junto a ellos estaban algunos sindicatos históricos y   de clase:  la socialista UGT, la anarco-sindicalista CNT y la vasquista Solidaridad de Trabajadores Vascos (ELA-STV). Con el triunfo de Franco, y por la nueva Ley de Unidad Sindical (1940),  se prohibió cualquier organización sindical anterior o al margen del nuevo régimen y entre ellos, además de lo sindicatos de clase, también los sindicatos católicos libres.  En 1946 se creó en España la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC),  y poco después  las Juventudes Obreras  Católicas (JOC) sobre la base de la organización de Acción Católica (movimiento creado desde la Iglesia Católica pero formada por laicos para difundir o hacer apostolado del Evangelio y la doctrina cristiana). Uno de los principales promotores de la HOAC fue  el laico catalán Guillermo Rovirosa. No había solo razones apostólicas para esta creación sino también de oportunidad política. La Iglesia Católica era consciente de que, tras la segunda guerra mundial y la derrota de Hitler, el régimen de Franco podía correr peligro de caída por lo que a la Iglesia le interesaba tender puentes con los trabajadores y las clases más desfavorecidas y deseaba promover una acción social algo más crítica y autónoma, dentro de las escasas posibilidades de movimiento que le permitía el régimen. 


En Navarra la primera HOAC se formó en la parroquia de San Agustín, bajo la dirección de Isidro Campistegui y Alejandro Maisterrena. En 1950 la HOAC contaba en Navarra con un consiliario diocesano, Victor Manuel Elizondo, que desarrolló su actividad con los hoacistas hasta 1963. Se impartían cursillos de formación pero poco a poco aquellas reuniones se fueron convirtiendo en foros sindicales, y ya en 1951 era un movimiento de concienciación obrera con una faceta claramente reivindicativa, desde 1956. La HOAC sería testigo de las primeras huelgas generales que conoció Navarra, tras la guerra civil y sus militantes formaron parte decisiva en la creación de los primeros sindicatos socialistas y de clase de la época: USO, CCOO, etc. El protagonismo de la HOAC fue mayor, aquí. en Pamplona que en el resto de España. En 1960, se produjo un requerimiento desde el  Ministerio de la Gobernación al arzobispo de Pamplona, (entre 1946 y 1968), Enrique Delgado Gómez por reuniones de la HOAC en la que se les acusaba de realizar criticas al régimen. La USO (Unión Sindical Obrera)  se fundó en 1961 (aunque se gestó a finales de la década anterior) sobre la base de jocistas, hoacistas y disidentes de la UGT y se proclamaban socialistas, autogestionarios y aconfesionales. 


Nos hemos referido a las primeras huelgas que conoció Navarra y en efecto, en 1951, se produce en Pamplona la primera huelga general de la postguerra. Tuvo lugar entre el 7 y el 11 de mayo de 1951. El origen del conflicto estuvo en el alza de los precios de los huevos en el Mercado Nuevo, del Segundo Ensanche. Pretendían subir el precio de los huevos de 12  a 16 pesetas la docena, en un momento de grandes estrecheces para la mayoría de la población. Parece ser que se produjo una manifestación espontánea de mujeres que desfilaron hasta el Gobierno Civil así como enfrentamientos con la policía y la  guardia civil. Se sumaron a la huelga, los obreros, incluso se cerraron algunos comercios. El 10 de mayo, la huelga se extendió  a otros pueblos,  fuera de la capital. Finalmente y a instancias del gobernador civil de la provincia se aceptaron todas las reivindicaciones de los huelguistas. La siguiente huelga en importancia se produciría en abril de 1955, en solidaridad con los trabajadores de Calzados López y duró una semana.

Hacia  1960, y desde el entorno de los jesuitas, nacían la Vanguardia Obrera Social (VOS) y la Vanguardia Obrera Juvenil (VOJ), similares  a las HOAC y JOC, respectivamente.  Sin embargo hubo  discrepancias, desde el primer momento,   entre los miembros de ambos movimientos, HOAC y VOS, que rivalizaban por liderar el movimiento obrero, y que quedaron  de manifiesto en la preparación de los actos de aquellos Primeros de Mayo. Las Vanguardias Obreras, de inspiración jesuítica, crearon en 1962 la AST (Acción Sindical de Trabajadores) que se autodefinía como aconfesional, unitaria y revolucionaria. Intentaron entrar consecutivamente en la Internacional Cristiana, la Internacional Socialista, la Internacional Comunista pero no tuvieron suerte, porque en cada una de ellas ya había un sindicato afín y acabaron relacionándose con el comunismo chino. Proyectaron convertirse en un partido político y operar sindicalmente desde CCOO y así lo hicieron inicialmente  creando en 1970  la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT) de inspiración maoista y promoviendo luego, en 1977,  la formación del  SU (Sindicato Unitario). En mi barrio, en la Rochapea, había muchos jéovenes que pertenecían a la UJM (Unión de Juventudes Maoistas), las juventudes de la ORT, y que popularmente, por razones obvias, les llamábamos “los chinos”.


Los sindicatos obreros aprovecharon los escasos resquicios que permitía el régimen para infiltrarse en el sindicato vertical. Esto fue posible sólo desde finales de los años 50,  tras la aparición de la figura de los jurados de empresa (en 1947), del  reglamento que desarrolló dicha figura en 1953 y, especialmente, desde la  ley de convenios colectivos sindicales publicada en  1958. De hecho las primeras elecciones sindicales que tuvieron cierta importancia en Pamplona fueron las de 1963, en las que, por primera vez,  ocuparon cargos gentes, mayoritariamente procedentes de la HOAC, que no procedían o pertenecían al sindicato vertical. Hasta entonces nadie dudaba que las elecciones estaban más o menos amañadas. Los hoacistas se infiltraron en el sindicato vertical, sobre todo en el período 1960-1963, y desde el puesto de los jurados de empresa organizaron  verdaderas células sindicales con cobertura legal, desde donde se organizaban colectas, acciones de solidaridad, etc. A partir de 1966, a la acción sindical de la HOAC se le unió la oposición política municipal, a través de los llamados “concejales sociales”, que veremos,  también, con detalle, en una entrada posterior. 

No obstante, parece claro que,  desde mediados de los 60, la HOAC empezó a  ser desbordada  por la acción sindical y política   que había contribuido a iniciar, siendo además, por otro lado, objeto de  duras críticas, incluso de cierta persecución, por parte de la jerarquía eclesiástica. En las elecciones sindicales de 1966 se presentaron candidatos de CCOO (en el que había desde cristianos  a gente procedente del Partido Comunista), USO y  gente procedente de la AST y de otras organizaciones que se encontraban  a la izquierda del PCE. En 1965 se creó  el Consejo Sindical Provincial de Empresarios y Trabajadores, formado,  a su vez, por el Consejo de Empresarios y el Consejo de Trabajadores en el que había representantes de los  empresarios y de las llamadas “unidades de técnicos y trabajadores”.  En 1967 la mayoría de los vocales de los trabajadores eran independientes, salvo algunos, de USO, CCOO HOAC y algún carlista, y  eligieron   como presidente del Consejo de Trabajadores a Tomás Caballero, trabajador de FENSA (Fuerzas Eléctricas de Navarra) y cercano a la HOAC. Caballero intentó desde la estructuras del régimen mejorar las condiciones de los trabajadores. En 1969 se abrió  una sima cada vez más profunda entre los miembros del Consejo reformistas,  partidarios de utilizar los resortes del sindicato vertical para mejorar las condiciones de los trabajadores, y los rupturistas que buscaban un cambio radical del régimen político así como de las relaciones sociales y sindicales.


Se considera, habitualmente, que el movimiento obrero navarro de aquellos años comenzó,   con la huelga de Frenos Iruña, allá por el año 1966 (fue la más importante después de la última huelga general de 1955, (si bien hubo  otra huelga anterior  en Embutidos Mina, en 1965). Otras huelgas destacables en los años 60 y 70 fueron la huelga de 10 días en Imenasa, en el año 1968; la huelga de Super Ser, en mayo de 1969 y en Eaton; la huelga de Industrias Esteban, en 1970; la huelga de mes y medio en Eaton Ibérica, en 1971; la huelga, también de mes y medio, en Imenasa, en 1971; la huelga de Torfinasa, del 30 de noviembre de 1972 al 17 de enero de 1973, que fianlizó al producirse el secuestro por ETA , del director de la fábrica, Felipe Huarte; la huelga de un mes, en Potasas de Navarra, en 1973; la huelga general de junio de 1973 (de diez días), en solidaridad con los trabajadores de Motor-Ibérica, que llevaban un mes de paro; las dos semanas de huelga, en febrero de 1974, en Potasas de Navarra, con cuatro días de encierro en la mina, de 300 trabajadores; la huelga general de diciembre de 1974, preparada por los paros de varios miles de trabajadores que venían realizando huelgas, en sus propias empresas; y  la huelga general de seis días en enero de 1975, en solidaridad con los trabajadores de Potasas de Navarra (que llevaban casi dos meses de los tres y medio que duraría su huelga) y con el encierro de 47 mineros en el pozo de Esparza, en el que permanecieron durante tres semanas. En 1970, Navarra era la 8º provincia más conflictiva de España, seis años más tarde, en 1976 había ascendido al 2º o 3º puesto en el ranking de la conflictividad a nivel nacional. De ser un baluarte del Régimen, tras la Guerra Civil, en los últimos años del franquismo, Navarra y especialmente Pamplona se convirtieron en un aunténtico quebradero para el régimen.

En todas esas huelgas que he citado tuvo una intervención destacada el naciente y pujante movimiento de las Comisiones Obreras. Las primeras Comisiones Obreras aparecieron y desaparecieron en el Estado  como consecuencia de la huelga minera de Asturias del año 1962 y se organizaron definitivamente, y muy especialmente, en Vizcaya y Cataluña a partir de 1964, con gente de procedencia muy diversa; desde antiguos hoacistas a miembros del Partido Comunista o de militantes situados a  la izquierda del PCE, procedencia que se reproduciría también en Pamplona.  Las Comisiones Obreras de Navarra nacieron oficialmente en una reunión, celebrada el 31 de enero de 1966, en el Centro Mariano de Pamplona. En ella se aprobó y dio a conocer una declaración de principios titulada “Ante el futuro del Sindicalismo” que hablaba del pleno desarrollo y promoción de la clase obrera y de las libertades democráticas y sindicales. En los primeros momentos participaron de forma estable en las Comisiones Obreras la Acción Sindical de Trabajadores (AST) y la Unión Sindical Obrera (USO).  Quien no participó finalmente de forma estable fue el PCE, pese a que, como he dicho, fue uno de los grupos promotores de las Comisiones. Hay que señalar que USO participó en las CC.OO. de Navarra debido al carácter unitario que éstas tenían, mientras que en el conjunto estatal sólo estuvo dentro de ellas hasta 1967. Fueron conocidos dirigentes sindicales de CCOO: Beunza, Arbizu, Erice, Ibarrola, Sanchez Garro, Iturbe, Labayen, Larrea y otros en comités de empresa como los de Potasas, Eaton, Super Ser, Frenos Iruña, Perfil en Frio, etc. CCOO  tendría su primera asamblea nacional en junio de 1967 y aunque se definía  “movimiento obrero abierto, unitario, democrático, independiente y reivindicativo” acabaría más adelante como un sindicato muy vinculado al Partido Comunista mientras USO acabaría diluyéndose en la UGT en los años 80. En aquellos años tanto los partidos, que estaban todos prohibidos, como los movimientos sindicales echaban mano para su proselitismo y “agitación” de las  octavillas y panfletos  que eran editados en rudimentarias multicopistas, la llamada ciclostil conocida también como “la vietnamita” pues recuerdo que así también la llamaban entonces, con mensajes  absolutamente propagandísticos, triunfalistas y revolucionarios.

En 1976 se comenzó a hablar de crear un sindicato unitario de los trabajadores, de corte asambleario. El asamblearismo había marcado el modo de funcionamiento de los sindicatos en las empresas desde el principio. En el seno de CCOO surgieron diferencias entre los que querían ese sindicato unitario o consolidar Comisiones.  El 30 de marzo de 1975 las Cortes  aprobaron la Ley de Asociación Sindical, que desembocaría en el desmantelamiento del sindicato Vertical. En  abril de 1977 se creó el Registro de Entidades Sindicales y enseguida  los diversos sindicatos fueron legalizados, entre ellos CCOO que se constituirá como sindicato diferenciado  obteniendo en las elecciones de diciembre de 1977 el 2º puesto tras el SU (Sindicato Unitario nacido tras la escisión producida) y más tarde,  en las sucesivas elecciones, también el 2º puesto, tras la UGT. También recuerdo que estaba la CSUT (Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores), políticamente cercana al PTE (Partido de los Trabajadores de España), escisión a su vez de los sindicatos unitarios. Es curioso pero cabe señalar que ambos sindicatos  CSUT y SU se constituyeron en Pamplona, como tales, el mismo día, el 27 de marzo de 1977, el primero en un local situado en la calle Compañía, el segundo en una reunión en el Seminario de Pamplona. El Sindicato Unitario tenía detrás a la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT). Eran sus principales dirigentes Ibarrola, Urroz, San Martin, etc. Tanto la CSUT como el SU desaparecieron, la primera en los 80, el segundo a finales de los 90, ocupando ese espacio de sindicalismo revolucionario la CUI y/o CUIS, apoyado desde el EMK (Movimiento Comunista de Euskadi).

La histórica UGT comenzó  a reactivarse en Navarra tras la guerra, en 1974, de la mano de Julián Rezola, en otro tiempo militante del PCE. En la primera asamblea provincial, en 1977, salió elegido como secretario provincial José Antonio Carpintero. El sindicato  vivió hasta 1983 un período convulso de tensiones internas, convirtiéndose, posteriormente, en el primer sindicato de la Comunidad. En 1974 nació LAB,  vinculada a la llamada izquierda abertzale; por su parte el sindicato nacionalista moderado ELA se reactivaría a partir de 1976.  En 1978, tras cinco meses de elecciones se eligieron 2.837 delegados que correspondían a 867 empresas. El triunfo fue para los independientes o no afiliados, con 752 delegados; seguidos por las centrales sindicales de clase: CCOO, 488; SU, 432; UGT, 410; CSUT, 305; USO, 173; ELA, 120; LAB, 95; CGCM, 27; y otros sindicatos, 35.


Y como quiera que en esta entrada estamos analizando, sobre todo, la influencia de los movimientos católicos en la génesis del movimiento obrero, no podemos olvidar la figura de lo que se dio en llamar, en aquella época,  de los curas  obreros,  y que  eran sacerdotes que se acercaron, entonces, al movimiento obrero o fueron especialmente sensibles a las cuestiones sociales, en unos años en los que no había ningún tipo de libertad: ni sindical, ni política, etc. A finales de 1972, como decía en la entrada de la conflictividad social y política en la Rochapea de los 70, la iglesia de mi barrio, la Iglesia del Salvador  fue objeto de un encierro de los trabajadores de Torfinasa. Los trabajadores llevaban más de un mes de huelga y se encerraron en la iglesia. El día 16 de enero de 1973 ETA secuestraba a Felipe Huarte, hijo de Felix Huarte y dueño de la empresa.  Eran años de huelgas, como hemos visto anteriormente, y de incendiarias homilías donde los sacerdotes de las iglesias, de los barrios obreros de Pamplona, denunciaban la falta de libertades políticas y sindicales. Recuerdo, -yo apenas tenía 9 o 10 años-,  que a mi parroquia bajaban muchas personas de otros barrios de Pamplona a escuchar la homilía del domingo. La más celebre,  de todas ellas,  era la homilía del domingo a la una. “El cura de la una”, decían mis parroquianos. Con esta denominación se referían sobre todo a Jesús Lezaun, que venía de vez en cuando a dar misas a la parroquia. Junto a él estaban los curas de la Iglesia, Patxi Larrainzar, sobrino de D. Marcelo Larrainzar,  que aunque nacido en Riezu había venido  a vivir en el  barrio a los ocho años y José María Jimenez, natural de Olite que permanecería en la parroquia cerca de 30 años, hasta finales de la década de los 90. Jimenez pasaría tres meses en la cárcel de Carabanchel,  precisamente por una   homilía sobre el secuestro de Huarte. 
Algo más de suerte que Jimenez tuvo Jesús Lezaun que huyó tras la homilía del 26 de enero de 1973, tal y como atestigua la foto sobre aquel hecho y que fue publicada en el Diario de Noticias el 5 de abril de 1998. En la otro foto también publicada en el Diario de Noticias vemos a Patxi Larrainzar junto a otros sacerdotes en una reunión de sacerdotes de aquella época. El 4 de Febrero de aquel año tuvo lugar la lectura de una misma homilía en nueve parroquias de la periferia obrera de la ciudad, tras la que se le llamó a declarar a más de una veintena de sacerdotes. No fueron juzgados ni a parar a prisión gracias a la intermediación del arzobispo de Pamplona, José Mendez  pero muchos acabaron condenados  a pasar largas temporadas recluidos en los Monasterios (sobre todo el de la Oliva, donde recalaron más de 40 sacerdotes a lo largo de aquellos años  y más tarde el de Leyre). En aquellos años por acciones como la de estos curas podían ser condenados a 12 años de prisión. Junto al arzobispo José Mendez ejercía en estos años de obispo auxiliar José María Larrauri que se atrevió a denunciar en la semana santa de 1973 la práctica de malos tratos generalizados  a los detenidos por las llamadas fuerzas de orden público. La homilia de las nueve parroquias llevo aparejada una corriente de solidaridad entre el clero navarro, pues nada menos que 222 sacerdotes se solidarizaron con lo expuesto en aquella homilía. Hubo un precedente anterior digno de destacar como fue el manifiesto de los 336 sacerdotes vascos del 30 de mayo de 1960, en el que se criticaba la situación social y política por la que pasaba el País Vasco. El miedo a ser detenidos tras las homilías no desapareció hasta la muerte de Franco en noviembre de 1975. Se da la anécdota de que algún sacerdote se permitió el lujo de excomulgar al entonces gobernador civil de Navarra, Ruiz de Gordoa y siete parroquias de Pamplona decidieron no celebrar misa el 24 de enero de 1975, en protesta por la entrada de la policía en la Catedral, tres días antes, en una concentración informativa de trabajadores de Potasas y otras empresas.

Plazas y calles de ayer y hoy: la plaza Príncipe de Viana (1923-2003)

Esta plaza situada al final de la avenida de San Ignacio ostenta ese nombre desde 1926, aunque legal u oficialmente lo hace desde 1930. En efecto, a  mediados de los años 20 es cuando se comienza a urbanizar la que los pamploneses llamaban la Plaza Circular, tal y como podemos comprobar en la primera de las fotografías,  de Galle. En dicha foto se puede ver la avenida de San Ignacio que discurre entre la casa de Galarreta, a la izquierda, construida según proyecto de Mariano Arteaga y la casa de los Hermanos López (los de los calzados), levantada a partir de 1924 según proyecto de José Yarnoz. Seguimos describiendo por orden de aparición el resto de fotos que muestran la evolución de la plaza a lo largo de ocho décadas.

La siguiente fotografía de Roisin, de 1931, nos muestra la plaza ya urbanizada, con otros edificios de la plaza, situados enfrente de los anteriormente citados, el de la izquierda se construyó según proyecto de José Alzugaray a partir del año 1929, el de la derecha también es de 1929 y se hizo según proyecto de Victor Eusa que en su proyecto lo denominó con el sugerente nombre de “La jaula dorada”. Entre medias y al fondo la que sería años más tarde futura calle Sangüesa. En ese momento no había nada construido por esa zona, solo el campo de fútbol de “La Aurora”. En la foto de 1940 de Gerardo Zaragueta vemos la Casa de López, situada entre la avenida de San Ignacio y la de Arrieta y en el solar de la futura casa de los Periodistas una vieja caseta de arbitrios. En la foto de 1957, de Martín Sarobe, vemos la casa de los Periodistas, realizada bajo proyecto de Domingo Ariz, en plena construcción. La promoción de estas viviendas corrió a cargo de la Asociación de la Prensa de Pamplona. Algunas voces malintencionadas, dice Arazuri, que  calificaron esta promoción inmobiliaria llamándole “el tapabocas” porque probablemente pensasen que con esta cesión municipal de terrenos iban a comprar “voluntades” periodísticas y/o evitarse criticas de estos a las actuaciones municipales, nada más lejos de la realidad.

Entre 1961 y 1964 se recreció el edificio de José Alzugaray que hemos citado anteriormente con tres plantas más, como podemos comprobar en las siguientes fotografías en color. Puede observarse la diferencia entre las postales de 1961 y 1966. Desde 1964 y hasta  1984, tuvo su sede en este edificio el periódico decano de la prensa vasca “La Gaceta del Norte”, tal y como se puede comprobar, al ver el rótulo que lo anuncia en lo alto del edificio. La siguiente foto, que aparece a la izquierda del siguiente párrafo, es  de Galle y   muestra  las inmediaciones de la plaza Príncipe de Viana, concretamente el inicio de Conde Oliveto en el año 1971, con las casas del Plazaola todavía en pie.

En 1974 el alcalde, Viñes, propuso volver a denominar la plaza como plaza Circular aunque meses más tarde el pleno acordó volver a la denominación de Plaza de Príncipe de Viana. Quizás y a pesar de estos pequeños cambios, sea una de las plazas que menos modificaciones ha sufrido en los últimos cincuenta años, al menos por lo que respecta a sus emblemáticos edificios. Tan sólo los comercios han ido y viniendo, a lo largo del tiempo, tal y como sucede en el resto de la ciudad. Recuerdo comercios de otros tiempos no tan lejanos como el de Noain Electrodomésticos o la Pastelería Unzue. En los bajos de la Casa de los Periodistas aún continua la cafetería Jamaica. En el otro punto de la plaza se puede encontrar, actualmente, una moderna farmacia, una tienda de Movistar, la Joyería Muñoz, una tienda de colchones, alguna tienda de muebles, así como nuevas franquicias que aparecen y desaparecen, poblando el abigarrado paisaje comercial de la plaza. Y desde hace ya bastantes años, la plaza da cabida también a las paradas de fin de trayecto de un buen número de líneas de autobús urbano, nuestras queridas villavesas.

Fotos referenciadas en el texto de la entrada.

Plazas y calles de ayer y hoy: Plaza del Consejo: (1890-2011)

Esta pequeña plaza del casco viejo pamplonés, con su fuente de Neptuno, de Paret presidiéndola, tiene una rica y muy antigua historia. Formó parte del barrio de las Tiendas, allá por el siglo XII o XIII, llamándose Rua Mayor de las Tiendas. Era un barrio pequeño hasta el punto de que se le llamó incluso, el Barrio Chiquito. En el siglo XVI se construye en él el edificio del Consejo Real. Parece ser que los de la Navarrería querían que se construyese frente al Palacio de los Virreyes. Incluso parece que hay pruebas documentales de que pudo querer construirse en la plaza del Castillo. El hecho es que finalmente triunfaron las tesis de los representantes de San Cernin y San Nicolás que decidieron construir el edificio del Tribunal o Consejo Real y la cárcel anexa, a caballo de los dos barrios. Así fue como al barrio de las Tiendas se le empezó  a denominar como plaza del Consejo. En 1749 el barrio se continuaba llamando oficialmente como barrio de las Tiendas aunque popularmente ya era conocido como barrio o calle del Consejo. 
En 1790 se cambió la apariencia a la plaza. Se instaló la fuente de Neptuno niño, del pintor y escultor Luis Paret y Alcazar, que estaba previsto se colocase en la Taconera. Como es sabido, el Ayuntamiento encargó a Paret el diseño de cinco fuentes, con motivo de la traída de Aguas de Subiza. En 1803 desaparecía el barrio de las Tiendas, la casa del Conde de Guendulain pasaba a la Zapatería  y la Rua Mayor de las Tiendas se convertía en San Antón. Entre 1823 y 1855 a la plaza se le llamó Plaza de Neptuno para pasar a recuperar poco más tarde el nombre del Consejo. En 1898 se plantaron acacias en la plazuela que fueron eliminadas en 1909. En Junio de 1898, la Audiencia se trasladaba al nuevo Palacio de Justicia del Paseo de Sarasate. Algunos años más tarde, el 4 de octubre de 1909 se derribaba el viejo caserón de la cárcel y Consejo real, dando paso en 1910 a la Plaza de San Francisco.
En las fotos que se adjuntan a esta entrada podemos ver todo estos cambios urbanísticos, por orden de aparición, la plaza del Consejo en 1903, con las acacias plantadas, vista desde la calle Nueva (foto aparecida en el libro de Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”), a continuación una bonita  foto invernal con la plaza  nevada tomada desde el Palacio de Guendulain, con el pasadizo a la calle Tecenderías, actualmente calle Ansoleaga, bajo el edificio del antiguo Consejo Real.  En este edificio estuvo ubicada, en esa época, la Cruz Roja y el Orfeón Pamplonés. La foto está extraida del libro de José Joaquín Arazuri “Pamplona, antaño”. En la foto siguiente de 1909, vemos el edificio, actual nº 1 de la plaza que era sede de la división de seguros de La Vasconia. Posteriormente podemos contemplar en una foto  de 1910,  la recién creada plaza de San Francisco y el solar donde se erigiría el edificio de la Agrícola vallado pero todavía sin construir. Estas dos fotos proceden también del libro de José Joaquín Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”.  Las dos fotos en color que cierran la entrada son contemporáneas, de la primera década del nuevo siglo, antes y después de instalar los contendores de la recogida neumática. La plaza reune edificios de buen porte, empezando por el de los Condes de Guendulain, (aun recuerdo, desde niño, su elegante carroza, en el interior del amplio portal del Palacio)  reconvertido, desde hace unos pocos años en hotel de cuatro estrellas o los dos edificios que flanquean ambos lados de la plaza.  En los bajos, tanto de uno como de otro edificio,  tuvo su sede hasta los años 90 un comercio emblemático de la ciudad Almacenes Ferraz.

Fotos referenciadas en el texto de la entrada.

Pamplona, año a año: 1991-1992

El año comenzaba con la preocupación de los vecinos de algunos bloques de Monasterio de Irache por la posible situación en que podrían quedarse  sus viviendas ante la futura construcción del Palacio de Justicia, preocupación que desaparecerá con la consolidación de sus viviendas que se produce a finales de enero. Así como en 1986 se urbanizó la primera parte de la avenida de la Baja Navarra, se planteaba, este año, urbanizar  el tramo entre Merindades y el Seminario, con un coste de cerca de 300 millones de pesetas. El Museo Pablo Sarasate se instalaría en la antigua capilla del Seminario de San Juan, inaugurándose en mayo. Se criticaba por parte de algunos concejales de UPN, cada vez con más frecuencia, el subarea de Información que dirigía Valentín Redín, por su desmesurado protagonismo, según sus manifestaciones, en diversos asuntos municipales frente a las competencias de diversas áreas. De hecho hubo varios temas que fueron objeto de polémica: un espectáculo de cabaret que se organizó en el Labrit (del que ofecemos una instantanea), el traslado del Museo Sarasate, etc. Lo curioso es que el Alcalde, Javier Chourraut, ante quien respondía esa subárea era del mismo grupo político, UPN. Este año se celebraron  elecciones y Jaime relevó a Chourraut como candidato de su partido y como alcalde de la ciudad. En el Gobierno asumiría la Presidencia Juan Cruz Alli. Paradojicamente Chourraut se iría luego al nuevo partido que creó Juan Cruz Allí, Convergencia de Demócratas de Navarra. En aquel tiempo fueron famosos los choques y criticas de Maribel Beriain, concejala de UPN al alcalde  Chourraut. El 23 de marzo se inauguraba el nuevo centro de Salud de la Rochapea. El 28 de abril se inauguraba el anillo de rondas de Pamplona, las obras de las rondas este y norte se habían iniciado en octubre de 1989 y la oeste en diciembre de 1988. También ese día se inauguró el parque del Mundo, en terrenos anexos al antiguo hospital psiquiatrico. En abril, el día 19, comenzamos a sintonizar en Pamplona las emisoras privadas de televisión y en la radio Onda Cero y al año siguiente Top 40.
En Mayo se realizaron pequeñas obras de mejora en el parque de la Media Luna y se anunció que un nuevo parque de 20.000 m2 rodearía el nuevo centro de Salud de San Jorge en los terrenos de la antigua Tabacalera, tal y como vemos, junto a este párrafo, en una fotografía posterior. Los principales grupos semafóricos comenzaron a  controlarse desde la nueva sala de control de tráfico de policía municipal. Se inauguró el nuevo parking de Conde de Rodezno y se aprobó el proyecto para la construcción de lo que sería el centro comercial Carrefour de Barañáin en los terrenos de Ponsal (Porcelanas del Norte). Se aprobaron los proyectos de los nuevos puentes de la Rochapea: Vergel y Oblatas. Se terminaron las obras de rehabilitación de la fachada del Ayuntamiento aunque, tras los incidentes del Riau Riau, la fachada volvió a sufrir desperfectos. Este año se inauguraron, en un caso, o se plantearon recuperar, en otro fuentes, estanque y jardines  concretamente en Blanca  de Navarra y en Conde Rodezno. Se remodela el edificio de la estación de Renfe en Pamplona. Osasuna queda en cuarta posición en la liga de 1ª división e Indurain gana su primer Tour, de los cinco consecutivos que ganaría. En 1992, la Vuelta volvería a Pamplona. 

En San Jorge se proyectaban construir cerca de un millar de viviendas entre la avenida y el río, que finalmente se llevaron a cabo. Se plantearon obras en la zona del plan sur y la carretera Tajonar así como la construcción de unifamiliares en Beloso. Por otro lado, en septiembre, continuaron las obras de rehabilitación del antiguo Hospital Militar que será la sede del departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra, y cuyo resultado final vemos en las fotos que abren la entrada. En octubre, la Cámara de Comercio pedía la implantación de la ORA en el Ensanche, más zonas de carga y descarga y que desapareciera el carril bus de Carlos III, ante las protestas de los comerciantes, por la reordenación del tráfico y la prohibición de aparcar en la mediana de la avenida. Se aprobó construir un nuevo edificio en Jarauta que sustituiría a los números 39,40 y 41. Eroski era multado por el ayuntamiento (creo que la multa fue de 45 millones de pesetas) por comenzar las obras de su hiper sin licencia. El hiper se inauguró el 28 de octubre de 1991, en 1992 lo haría Leclerc. Se estrenan las nuevas cabinas de la ONCE, las actuales. Avanzan las obras del Planetario. El anden central de Carlos III se convertirá en zona verde. Se amplia el colegio Ave-María.

Se restauró la estatua de San Ignacio de Loyola que había sido dañada en mayo. Esta estatua ya sufrió otra agresión en el año 1986. En diciembre quien aparecería sin cabeza fue la estatua de la Mari Blanca en la Taconera, que vemos en la fotografía de la izquierda. En noviembre se aprobaba el plan parcial que permitiría el desarrollo de Echavacoiz Norte. El exalcalde Erice que salió elegido este año por Izquierda Unida dimitía y dejaba paso a su compañero de filas, José Javier Echeverría. El 26 de noviembre comenzaban las obras de urbanización de la segunda fase de la avenida de San Jorge, entre el instituto Cuatro Vientos y la calle de la Estación, la primera fase había acabado en junio.  Los presupuestos municipales de este año tuvieron un monto global de 12.523 millones de pesetas. Curioso, pero ya  en este año,  los grupos PSN, HB, IU y EA aprobaban el 13 de diciembre una ordenanza fiscal para gravar las viviendas vacías. En diciembre se produjeron graves altercados en el Casco Viejo, entre policías y manifestantes, con un herido de extrema gravedad, Mikel Iribarren. Se planteaba para 1992 que  se trasladase el rastro, del Plan Sur  a Landaben, su actual ubicación, como vemos en la fotografía de la derecha. El traslado se haría efectivo en septiembre de 1992, después de dos años en el Plan Sur. A finales de año se construye un muro de ampliación en Cuatro Vientos, la obra se extendió desde el 8 de noviembre hasta marzo del año siguiente.
En 1992, el Ayuntamiento compraba Casa Marceliano, que vemos en la foto de abajo, por 135 millones, con intención de derribarla. A pesar del tiempo transcurrido y la firma del correspondiente convenio con el Ministerio de Justicia, no se había avanzado nada en el tema de la construcción del nuevo Palacio de Justicia, hasta el punto de que ni siquiera se han firmado las escrituras de compraventa del terreno. El 12 de febrero comenzaban las obras del parking de la plaza de San Francisco, con incidentes, incluso agresiones contra las lunas del hotel Maisonnave (la foto de las obras es de algunos meses más tarde). Las obras de la futura estación de autobuses, con proyecto de Tabuenca y Blasco se estimaban a primeros de 1992 en unos 2.700 millones de pesetas que se elevarían en mayo a 3.308 y luego a 3.785. Se esperaban que comenzasen, primero en julio y luego en septiembre. El edificio de la delegación de Hacienda de la calle General Chinchilla se cedió  gratuitamente al Consistorio a cambio de un solar situado entre las calles Yanguas y Miranda y Plazaola para construir un edificio de oficinas destinado a albergar diferentes delegaciones ministeriales. 

El 20 de febrero comenzaron las obras del nuevo puente del Vergel. Costaría más de 500 millones y tendría 84 metros de largo (tal y como vemos en una fotografía posterior). Jose Joaquin Arazuri recibía el 29 de febrero la medalla de oro de la ciudad. La Casa de Baños de Eslava se usaba cada vez menos para el aseo personal y cada vez más como lavandería. Se ponía en marcha un plan contra la excesiva proliferación de palomas en la ciudad. El 6 de abril el Gobierno de Navarra aceptaba las razones municipales para el derribo de la vieja estación de Autobuses y construir nuevos bloques de viviendas allí y en el solar de Intendencia. Dos años más tarde, la propuesta de Jaime iría orientada hacia la instalación en esos lugares del Corte Inglés, frustrada por una dura campaña de oposición del pequeño comercio de la ciudad que lograría retrasar el desembarco de gran almacen una década. Pero esa es otra historia a la que también llegaremos. En Abril se estudiaban modos de compensar a la Meca por la perdida del parking en superficie y las barracas. Llega el gas natural a la ciudad, se termina el nuevo edificio de la esquina de la Mañueta. Se cierra al culto la Catedral hasta 1994, por obras de restauración. Se reforma el viejo kiosko del Bosquecillo. Se derruyen dos chalets de los años 30 en la calle Leyre. Desaparece después de 12 años el ballet Yauzkari

El 24 de abril de 1992 se producía una huelga de los trabajadores de la limpieza (FOCSA) que duraría cinco días, acumulandonada menos que 770.000 toneladas. La oposición municipal pedía se comprase el cine Chantrea para convertirlo en centro de salud del barrio. El 14 de mayo se aprobaba un convenio para la construcción de 3.500 viviendas en Rochapea, San Jorge y Echavacoiz. En el programa de fiestas de este año ya no figuraba el Riau Riau ante la previsión de que se produjesen nuevamente  incidentes tal y como habñia sucedido,  de manera reiterada, en los años anteriores. El Ayuntamiento se planteaba implantar la ORA. Sin embargo tardaría siete años en hacerse realidad. El 19 de julio fallecía el primer locutor de la radio navarra: Jose María Pérez Salazar. El 15 de septiembre se anunciaba la demolición el cine Amaya inaugurado en 1951. Se aprobaba en diciembre el parking vecinal de la plaza del Vinculo. El Ayuntamiento presentaba al Plan Trienal del Gobierno  nada menos que 27 obras por valor de más de 9.000 millones, entre ellas la nueva estación de autobuses. Fracasaba el intento municipal de implicar a la Meca en la gestión de un proyecto de apartamentos tutelados en la calle Leyre. El 13 de noviembre el pleno aprobaba la propuesta que permitía derribar Casa Marceliano y la caseta del Cuerpo de Guardia de Santo Domingo. Afortunadamente ni uno ni otro edificio se derribaron. Con el derribo de Casa Marceliano se pretendían descubrir los muros ocultos del Convento de Santo Domingo. El solar de Gil Hermanos en la Chantrea sería una plaza pública. Los vecinos de San Jorge protestaban por el estado del solar de la antigua fábrica Peniberica, derribada en 1989. Las inundaciones de octubre y diciembre dañaron los cimientos del nuevo puente de Oblatas, tal y como podemos comprobar en la última de las fotografías.

La hora del serial (1960-1975)

Conocieron su edad dorada en los años 50, 60 y primeros 70. Formaron parte de la banda sonora de nuestras vidas. Hablaban de  amores imposibles, hijos ilegítimos, venganzas, odios y traiciones, vamos, el mismo material del folletín decimonónico que apareció, por entregas, en los periódicos de finales del siglo XIX y que conocería con el nuevo medio radiofónico un reverdecimiento. El género del folletín radiofónico iría declinando poco a poco hasta desaparecer,  al tiempo que emergía otro medio como era la televisión, donde el folletín televisivo conocería su edad de oro tanto en los años 80, con los seriales de amor y lujo yanquis (“Dallas”, “Dinastía”, “Falcon Crest”, etc) como en los años 90 con los seriales latinoamericanos, conocidos popularmente como culebrones (“Cristal”, “La Dama de Rosa”, etc). Al fin y al cabo estamos hablando del “teatro de las emociones”. Habían pasado los años, habían cambiado las formas y las fórmulas pero por mucho que se les  criticase en un momento o en otro de la historia de nuestro país, seguían ahí. Tras los culebrones latinoamericanos vendrían, este siglo,  otros seriales larguísimos  de factura nacional, como “Amar en tiempos revueltos” o “El secreto de puente viejo” y todo ellos  congregaban  a millones de seguidores y seguidoras, durante semanas, meses, incluso años. Durante una larga época, los seriales, fueron la estrella de la programación de la radio. Cuando hablamos de seriales, nos referimos fundamentalmente a los seriales de la SER pues fueron los más conocidos y los que hicieron historia en el género. En los años 60 se emitían hasta media docena de ellos al día en Radio Requeté de Pamplona. La lista de seriales emitidos sería interminable. Por ello iré recordando, a modo de muestra, y siguiendo un orden cronológico, algunos de los más famosos, o al menos los que yo recuerdo, pues este blog no deja de ser eso,  un diario de recuerdos de todo cuanto he vivido a lo largo de este último medio siglo de vida.

Durante los años 50 se emitieron seriales o radionovelas con un fuerte contenido propagandístico del régimen franquista, cuyos títulos pueden sonarnos más por alusiones o referencias indirectas que por haberlas escuchado directamente en nuestras radios o transistores, entre esas novelas fuertemente ideologizadas había nombres tan celebres como los de   “Lo que no muere” y “La sangre es roja” (1953) o “Un arrabal junto al cielo” (1954) curiosa mezcla de folletín y novela social y  “La segunda esposa” (1956). Debemos recordar, tal y como adelanté cuando escribí la entrada de la publicidad que no es hasta 1958 cuando Radio Requeté se asocia a la SER. Hasta entonces, la emisora local emitía radionovelas o radioteatros, de producción local, de forma esporádica, y no emitía programación en cadena.  Las primeras radionovelas que emitió Radio Requete tras su asociación con la SER fueron “El derecho de hijos” (1958) repicada y actualizada, ocho años más tarde (en 1966) y  “Ama Rosa”  (1959) con la madre sufriente, sacrificada que se veía obligada a renunciar a su hijo pero que lograba emplearse como criada en la casa de los padres adoptivos, para cuidar de su retoño. Emoción y lágrimas a raudales en la más pura tradición del folletín melodramático. La hora del serial solía ser la de la tarde, a eso de las 4.30 o las 5.00. En 1964 solían emitirse en la SER una novela por la mañana y tres por la tarde. En 1966, el número de novelas ascendía ya a media docena, de ellas cinco por la tarde. Empezaron durando tan solo un cuarto de hora o a lo sumo veinte minutos para, en esta década de los 60, quedarse en la media hora de duración interrumpida por varias pausas publicitarias. Persil, Cola Cao, Monky, Palmolive, La Lechera, etc eran algunos de las marcas publicitarias que patrocinaban estos espacios. Posteriormente y con el declinar del serial fue disminuyendo el número de novelas hasta prácticamente desaparecer en la época de la transición democrática. Señalaré alguno de los seriales de los  que recuerdo oía mi madre, cuando yo era niño, en casa.

En 1961, emitieron “Las dos hermanas”, original de Guillermo Sautier Casaseca; en 1963, “María Celeste”; en 1964-65 “La dama vestida de blanco”, “El rencor”  y “La casa de la discordia”, y sobre todo “La Intrusa”, de Rafael Barón y Guillermo Sautier, hijo,  que también escribió algunos seriales, además del señalado, como “La impostora”, “El otro amor”, “La orquídea” y “La promesa rota”, intentando emular a su fecundo padre. “La intrusa” fue el serial más largo difundido hasta entonces con 175 capítulos que la SER comenzó a emitir el 5 de octubre de 1964 y que terminó el 11 de junio de 1965. En 1966, se volvió a emitir, como ya he dicho  “El derecho de los hijos”, y además “Natacha”, “Dueño y Señor”, “La última traición” y “Riada en la Tornaguera”; en 1967 “Playa de Gaviotas”, “La Mirada”, “María Magnolia” y  “Donde el viento Muere”; en 1968, “Mama” y “Siempre mama”  (de Antonio Losada), “La promesa rota”, “La revancha”,  “La canción de las brujas”,  “Un lejano esplendor”, “Santa Isabela”, “Los que morimos” y “El profesor particular”; en 1969 “El pecado de la mujer”, “Las abandonadas”,  “La hija del diablo” y “La paloma negra” (de Miguel Arazuri, seudónimo de la escritora Carmela Gutierrez). Recuerdo haber oido esta novela como todas en la cocina de casa, en aquel pequeño pero potente transistor que trajo un día mi padre a casa antes de la radio de tres bandas que nos trajo en el año 1976. Y recuerdo de este serial la frase repetida de una mujer que gritaba “la paloma negra no morirá, no morirá, no morirá”. Creo recordar que la novela tenía un ambiente un tanto gótico-romántico. Sigamos, en 1970, se emitían “La infame” y “Manuela”, en 1971-72, “La calle del amor prohibido”, “Yo soy aquel” (la música  de la novela era lógicamente la famosa canción del mismo nombre de Raphael), “La fugitiva”  y, por último, “La rival” (a caballo entre 1972 y 1973), con 223 capítulos. Todos o casi todos estos seriales se editaron al mismo tiempo, como novelas impresas en la colección Seriales Radiofónicos de Ediciones Cid, los de los años 50 incluso en varias entregas o cuadernillos. A lo largo de esta entrada podemos ver las portadas de algunas de esas novelas radiofónicas que se podrían encontrar entonces en los quioscos, prácticamente de manera simultanea a la emisión del serial.








En los años 70, los seriales más famosos no estarían ya en la SER  sino en la cadena REMCAR, a la que pertenecía La Voz de Navarra. En la década anterior, en la década de los 60 sus seriales ni fueron muchos, ni demasiado conocidos ni duraban más allá de los veinte minutos antes citados. Pero en los 70, el protagonismo de los seriales radiofónicos, ya en franco declive tendría un nombre y una emisora: “Simplemente María” y La voz de Navarra. Este serial marcó toda una época. Se mantuvo en antena desde el 3 de diciembre de 1971 hasta octubre de 1973. Dirigida por Teofilo Martínez y protagonizada por Marisol Martínez (o María Salerno) mantuvo en vilo a más de dos millones de oyentes, durante más de 400 capítulos de casi una hora de duración cada uno, el serial más largo de la historia de la radio y uno de los de mayor éxito.  Los primeros capítulos los adaptó Sautier antes de morir. Como “Ama Rosa” tuvo novela y película y además fotonovela. “Simplemente María” daría lugar a dos canciones, una de Eduardo Rodrigo y otra de Jairo. Tras este vendrían otros seriales como “Soledad”, con canción de Emilio Jose, en 1974, también en la REMCAR o “Lucecita”,  obra original de Delia Fiallo, autora de decenas de culebrones televisivos como “Cristal” que veríamos en España años más tarde, en 1989 y que fue interpretada por Mari Carmen Hernández y Manolo Otero y que fue emitida por la Cadena SER en el año 1975 (también se editó su correspondiente fotonovela por entregas o fascículos).  Otros seriales de la REMCAR, emitidos por La voz de Navarra fueron en esos años “Le llamaban Caridad” con Ricardo Merino y Beatriz Escudero también en 1975, “Patty Corazón” en 1976 y ya en plena transición, en 1977 y siguientes, “Eva nada más”, con Maria Kosty y Lorena de Corin Tellado que elevaban aun más el tono rosa de las tramas.
¿De que trataban estos seriales?. “El derecho de los hijos” hablaba de las vicisitudes de una familia, la familia García, con sus dos hijos, representantes de  una juventud inconformista, que empezaba  a despuntar en la época y  que la novela presentaba con un cariz de buen fondo, nobles de corazón, pero  equivocados en sus propósitos.  La novela,  como muchas de las escritas o adaptadas por  Sautier, tenían un mensaje  o moraleja  profundamente reaccionarios. “La última traición” profundizaba en los problemas y vicisitudes de una afamada actriz de Hollywood. “Riada en la Tornaguera” nos introducía  en el terrible drama de un hombre solo en la Andalucia rural, un hombre marcado por la muerte, por la tragedia. “Playa de gaviotas” transcurría en una isla imaginaria del litoral gallego, donde aparecía el cadáver de una mujer en la playa. La novela tenía mucho de intriga policíaca. “La mirada” tenía una trama claramente policíaca y comenzaba con el robo de unas joyas. “Mama” y “Siempre Mama”, de Antonio Losada, seguían el modelo del folletín americano “Peyton place” pero trasladándolo  a la sociedad española. Narraba las vicisitudes  de una familia española, la familia Aguilar, con los elementos típicos de los seriales españoles de estos años:  decisiones equivocadas, pasiones desenfrenadas, sufridas esposas, hijos rebeldes, etc. “María Magnolia” contaba el enfrentamiento entre la protagonista, María, y su suegra, una fría, rica y astuta mujer que no se detendrá ante  nada, en su propósito de acabar con quien considera un ser inferior, su nuera, un ser que no considera  digno de su clase social, llegando  incluso a ser  responsable del secuestro o desaparición del hijo de María, su propio  nieto. 
“Donde el viento muere” planteaba la lucha entre dos mujeres de distinto nivel social y se ambientaba en Extremadura. En “La Canción de las Brujas”, de Rafael Barón, asistimos a odios y venganzas, abandonos ante el altar,  muertes violentas y repentinas,  extrañas desapariciones y por supuesto un final feliz. “Un lejano esplendor” narraba la historia de Soledad que regresaba a su pueblo natal, dispuesta a llevar a cabo una venganza, osea otra nueva historia de amor y odio. En “Santa Isabela”, de la escritora cubana, Mercedes Antón, se trataba el tema de la lucha por la abolición de la esclavitud. “Los que morimos” acometía el tema de la postguerra española, con un Sautier menos radical en sus postulados ideológicos, más abierto a la reconciliación y el diálogo entre las dos Españas.  “El pecado de la mujer”,  serial nº 2.000 de Sautier, se centraba en el tema de la desunión o disolución familiar y en la independencia de la mujer. En “La hija del diablo”, la protagonista era Sabela de Leiras, más conocida como “la hija del diablo”, que enamorada de un hombre casado, el comandante Jesús Borja, sufrirá mil y una penalidades hasta lograr llegar al final feliz. En aquellos años, se consideraba un amor  prohibido  el amar a un hombre casado. El adulterio en la mujer estaba castigado con penas de cárcel.  La mujer quedaba relegada, en la mayoría de los casos, a su rol de madre, supeditada en cualquier caso, al varón, anclada al hogar y donde no se planteaba, ni de lejos,  su independencia económica, criticándose el trabajo femenino fuera del hogar.  “Las abandonadas” estaba plagada de mentiras, remordimientos, venganzas y soledad. “La rival” contaba la historia de una madre y su hija que se enamoraban del mismo hombre. Moría la hija y la madre era acusada de asesinato, con el juicio correspondiente. “Simplemente María” narraba la desventuras de una chica, María, que dejaba su pueblo de Santander para irse a servir a la capital, donde conocería al señorito, Alberto, todo un crápula. En “Lucecita” asistimos al romance entre Lucecita y  Gustavo, casado con una muchacha que se finge paralítica para reternerle.
Daban la voz a los personajes de los seriales hombres y mujeres de la radio como Pedro Pablo Ayuso, Maribel Alonso, Matilde Conesa, seguramente los más populares,  sin olvidar otros,  como Teofilo Martínez (con esa voz grave, lenta, monorrítmica, que tantas veces escuchamos también en el doblaje de las películas, doblando a Joseph Cotten, John Wayne o Gary Cooper) o Julio Varela, con frecuencia ambos dos en la voz de narrador, Matilde Vilariño, interpretando a menudo personajes infantiles, Luis Varela, Maribel Sánchez, Juana Ginzo, Rafael Fuster, Luis Durán, Manuel Dicenta, Alfonso Gallardo, Pablo Sanz, Maria Romero, Cristina Victoria, Carmen Martinez, Mari Carmen Aranda, Maribel Ramos, Eduardo La Cueva, Miguel Peñaranda, Julio Montijano. Nos los conocíamos de memoria, algunos, como Ayuso, Conesa y Vilariño llevaban 20 o 30 años en la radio. Formaban parte de la memoria de nuestras vidas. Tras la careta de entrada o sintonía venía la presentación del cuadro de actores y equipo técnico. Nos conocíamos no solo el nombre de los actores sino  hasta los cargos más técnicos de las novelas  como los de Montaje Musical:  Enrique Aroca, Pilar de la Peña o Angel Aymat; Efectos especiales: Esteban Cabadas; Control: Enrique Ortega o Eduardo Calderón; Autor y Director Guillermo Sautier Casaseca. Fueron prolíficos autores de seriales autores como Rafael Barón, Luisa Alberca y sobre todo el gran patriarca del serial, Sautier Casaseca. Para 1966, ya había escrito o adaptado más de 1.000 seriales para la radio. La mayoría de los actores pertenecía al llamado cuadro de actores de Radio Madrid, la emisora central de la SER. El 8 de  octubre de 1971, moría repentinamente Pedro Pablo Ayuso, el más grande actor radiofónico de todos los tiempos,  perdiendo la radio  una de su voces más emblemáticas. En esta entrada incluyo las fotos, por orden de aparición de Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Vilariño, Teofilo Martínez, Juana Ginzo y Guillermo Sautier Casaseca de los años 50, Vilariño y Ayuso en los años 70 y Sautier en los años 70.

En aquellos años aprendimos a estimular la imaginación. Era un arte sugerir, a través de la voz de los actores, de su tono e inflexiones,  un determinado estado de ánimo o un cambio en éste, describir a través de la voz del narrador un determinado paisaje o el interior de una casa. ¡Se transmitían tantas cosas con la voz y los sonidos, sin contar con el apoyo o ayuda de la imagen visual!. Los efectos especiales de las novelas nos permitían imaginarnos una tormenta, el ruido del viento, los pasos por un corredor, el cierre de una puerta o una ventana, el ruido de unos cascos de caballo  y otras muchas situaciones. Podemos criticar los seriales radiofónicos por sus rancios contenidos ideológicos y sus esquemas reduccionistas de folletín melodramático, rosa o lacrimógeno, pero formaron parte de nuestros recuerdos infantiles, al igual que la música,  la publicidad o la tele de aquellos años.   Quede esta entrada como pequeña muestra del paso por nuestras vidas.