La Pamplona actual: Paseo de los Enamorados y la calle del Vergel (2015)

Prosigo con esta entrada la sección “Imagenes, paseos y rincones de la Pamplona actual”. Hace unos días, tras estos pasados sanfermines, y aprovechando unas minivacaciones, cogí mi cámara de fotos, salí de casa temprano y, durante varios días, me dediqué a pasear por algunos rincones del Viejo Pamplona, para ver y documentar gráficamente que queda de aquellas imagenes del pasado  y como ha cambiado nuestra ciudad en estos últimos años. En este blog aunque me centre, de forma preeminente, en el pasado, también quiero hablar del Pamplona de hoy, porque el presente de nuestra ciudad es heredero del pasado y,  como en nuestras propias vidas, conviene saber quienes somos,  de donde venimos y adonde vamos. Pues bien hoy voy a recorrer con ustedes el Paseo de los Enamorados y la Calle Vergel, lugares que ya visité en las entradas del blog El Paseo de los Enamorados (1971-1999) y La antigua calle El Vergel (1968-78). En próximas entradas recorreré otros paseos e itinerarios de los barrios, parques y murallas de Pamplona.
Comienzo mi paseo en el cruce del antiguo Camino de los Enamorados con la actual calle  Río Arga. Desde aquí y hasta la nueva calle Joaquin Beunza, compruebo como se ha mantenido practicamente intacto el tramo de calle que existía antiguamente. Tan solo las nuevas construcciones de mi derecha, entre las que sobrevive un bloque de finales de los 50 debidamente rehabilitado, me advierten del cambio.  A la izquierda, y tras el semicirculo de viviendas de la antigua calle Abaurrea descubro las antiguas  y nuevas ampliaciones de la Clínica Padre Menni, regentada por las Hermanas Hospitalarias. A partir de  Joaquín Beunza, el Paseo de los Enamorados deja de ser una calle con tráfico y se adentra a través de un camino peatonal en el Parque del mismo nombre, cruzándolo en diagonal, por su parte norte (durante un tiempo fue llamado Parque del Conde de Gages, pero ante las protestas vecinales, al Ayuntamiento no le quedó otro remedió que dar su brazo a torcer y recuperar  el viejo y entrañable topónimo de la zona y llamarle Parque de los Enamorados). A mi izquierda un enorme bloque de viviendas cierra el parque por el norte,  detrás del cual atraviesa, ahora, la entonces inconclusa calle Abaurrea.  El parque de los Enamorados se terminó de construir por completo, a finales de 1999, si bien desde el 1996 ya se apuntaba su diseño, con la construcción de todos los bloques de viviendas que le irían delimitando después. El parque se construyó sobre lo que llamábamos la campa de la Compasión, de la que ya hablé, con detalle, en El Paseo de los Enamorados (1971-1999)

Atravieso la calle Bernardino Tirapu, hoy avenida central de la nueva Rochapea que, en aquellos años 70 y 80, era  un camino pedregoso y estrecho, de una gravilla blanca, sin urbanizar durante buena parte de su recorrido,  que empezaba  en  la Estación del Empalme y haciendo un arco desembocaba en las casas de la Rochapea Vieja, más cercanas al  rio y al puente del Plazaola. Durante 40 años surcó el Plazaola la vieja Rochapea campestre y ese arco, entre campos y huertas, bufando como solo aquellas viejas locomotoras de vapor podían hacer. Hoy el punto de encuentro  más reconocible entre  ese ayer y este hoy está en el cruce del Paseo de los Enamorados y la calle Bernardino Tirapu:  es el colegio de la Compasión, fundado en 1959, que hoy aparece ampliado con un polideportivo cubierto, donde antes estuviese el taller garaje de Doria, y con unas pistas polideportivas de fútbol y baloncesto, en la antigua campa anexa existente. Su desnivel  respecto del Camino de los Enamorados se ha sorteado mediante una especie de gradas de cemento tal y como se puede ver en la fotografía. Posteriormente,  diviso la calle Juslarocha,  que tras la construcción de las nuevas urbanizaciones se prolonga hasta la calle Río Arga; las casas de San Antonio, con sus inconfundibles escaleras de sube y baja, la calle Santa Alodia, el centro cívico Juslarrocha, un grupo de viviendas de los años 60-70, la calle Santa Nunila y el edificio de las antiguas escuelas de Lavaderos, ocupadas actualmente por el área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Pamplona. Ya he comentado que el Paseo de los Enamorados alterna tramos de calle con tráfico con otros peatonales. A la altura de la calle Santa Alodia  el Paseo vuelve a convertirse en una calle con tráfico y justo en este punto arranca  otro de los viales más importantes,  actualmente, del barrio, la calle Ochagavía. 


Miro hacia la   derecha del Paseo, hoy ocupado por altos y modernos bloques de pisos -aunque existe todavía alguna parcela sin construir-, que llegan, practicamente, hasta la nueva calle Rio Arga, junto al parque de la Runa, y que antiguamente estaba ocupado por diversas fincas con huertos y arboles frutales, la serrería de Villegas, algún viejo bloque de casas de los años 40 y 50, grandes descampados  y las antiguas fábricas de Calzados López e Ingranasa.  En este lado descubro, por este orden, y desde Bernardino Tirapu, el Paseo Anelier, la prolongación de la calle Juslarrocha y  las calles Carmen Baroja Nessi,  Isaba, Errotazar y Parque de la Runa. En terrenos donde antes había una campa y parte de la fábrica de Ingranasa se erige hoy el nuevo Colegio Público Rochapea, a donde se trasladaron los alumnos de las antiguas escuelas del Ave María en el año 2010, momento en que el viejo centro y su nombre dejaron de existir, tras 94 años de historia.  (No tenía demasiado sentido trasladar un colegio con su nombre que estaba irremisiblemente vinculado a un origen, una historia y una localización muy concretas, junto a la iglesia del Salvador o del Ave María, como la llamaban muchos rochapeanos). Junto a estas nuevas escuelas hay un paseo, que sorprendentemente le han denominado, también, de los Enamorados aunque el itinerario tradicional del Paseo prosiga su curso hasta el inicio del parque de la Runa.

Llego hasta el inicio de este parque. Ya no existe el viejo camino entre los arboles hasta el puente de San Pedro, ni el viejo puentecillo de Errotazar, ni el viejo canal junto a las viviendas (el antiguo “cauce molinar” que diera lugar siglos atrás a molinos históricos en la antigua Rochapea como  el molino del papel o de la pólvora). No hay rastro de las viejas piscinas de San Pedro, tan solo unos bancos de piedra y unos juegos infantiles ocupan su lugar. En su parte más cercana al vial del parque de la Runa unos feos, pero probablemente necesarios muros de contención, construidos después de las catastróficas inundaciones de junio de 2013,  intentarán frenar al río en sus próximas crecidas. Sólo dos hitos me recuerdan vagamente el lugar que conociera décadas atrás, la presa  y el viejo puente románico de San Pedro. El río, en este lugar, aparece casi oculto por abundante vegetación; en su lecho, sobre unas isletas,  crecen numerosos arbustos de gran porte. A partir de este punto, y durante unos metros y momentos, el camino se me hace irreconocible. Allá donde estaba la finca y la casa Lore Etxea está ahora la entrada al complejo deportivo municipal Aranzadi, el viejo camino que bajaba desde el puente de San Pedro se pierde bajo el nuevo puente del Vergel para desde allí ascender por una pequeña senda escalonada al antiguo camino del Portal de Francia. También, si se quiere,   puede uno subir una pequeña cuesta y girar hacia la calle del Vergel, que es lo que hago yo en este paseo.

Esta calle, pese al tiempo transcurrido, y a excepción del  carácter de vía rápida que adquirió, con la apertura del puente del Vergel, es probablemente una de las zonas que menos transformaciones ha experimentado. Continua sigue siendo una vía, relativamente estrecha, de dos carriles, encajonada entre las murallas del Redin y Aranzadi. Tal y como viéramos en otro tiempo, en esta calle descubrimos el antiguo Instituto Pedagógico para Discapacitados Psíquicos, hoy un edificio cerrado y abandonado, el colegio del Redin con algunas modificaciones estéticas y pequeñas ampliaciones, las casas, las mismas casas que había hace más de 30 años, la Residencia El Vergel, el “aska” que ya veíamos en una foto de Arazuri de 1955, las instalaciones cerradas por una larga valla del Colegio de Educación Especial El Molino y en el lado derecho los lienzos de la Muralla de los frentes de la Magdalena y Francia, restaurados a comienzos del siglo actual. No soy una persona que no sepa aceptar o asumir los cambios. No soy de los que piensan que  cualquier tiempo pasado  fue mejor. La ciudad evoluciona y cambia y casi siempre a mejor. Sin embargo a veces los cambios son tan profundos y radicales,  como los que sufrió mi barrio en las últimas décadas,  que te dejan sin referencias visuales a los que asirte, a los que enganchar tus recuerdos. Por eso, de vez en cuando, se agradece que exista algún rincón en tu ciudad que permanezca casi inmutable, como éste, como recuerdo de lo que fuimos y vivimos. Al fin y al cabo es el escenario de nuestra propia vida.

Salgo de la calle del Vergel y me encamino hacia el puente de la Chantrea. Si algo me llama poderosamente la atención es lo afortunados que somos en esta ciudad por las increíbles zonas verdes y arbolados que tenemos. Es un orgullo y una gozada de la que no todas las ciudades pueden presumir. Desde el puente de la Chantrea observo, a mano izquierda,  el viejo puente románico de la Magdalena y a mi derecha el antiguo molino de Ciganda, que hoy forma parte del Colegio de Educación Especial el Molino. A mi izquierda la antigua campa de Irubide aparece llena de arboles. El instituto en el que pase cuatro años de mi vida permanece igual que entonces, sin apenas cambios más allá de las dotaciones anexas que fue incorporando en las últimas décadas. Allí donde estaba el Bar Irubide parte el nuevo camino de Alemanes. Atravieso el Arga por la pasarela de Alemanes, cruzo el meandro de Aranzadi, sin apenas detenerme (otro día le dedicaré un capítulo completo) y finalizo mi paseo enfrente del Monasterio Viejo de San Pedro, estrenando la recientemente colocada pasarela de Errotazar, de todo lo que descrito da buena muestra este amplio reportaje fotográfico.

 

Una respuesta a “La Pamplona actual: Paseo de los Enamorados y la calle del Vergel (2015)”

  1. ¡Qué bonito paseo! Hace años que no paso por esas zonas. La Rochapea actual casi no la reconozco. Recuerdo ir de cría con mis amigas a las piscinas de Aranzadi y lo bien que lo pasábamos. Gracias por el recorrido (aunque los ojos me acaban haciendo chiribitas con la letra blanca sobre fondo negro). Saludos.

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