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Algunas pinceladas sobre la Pamplona de los años 20 (1922-1926)

En 1926, cuando se estaba empezando a construir el Ensanche, Pamplona contaba con unos 40.000 habitantes. En aquel año la Cámara de Comercio estaba ubicada en la calle Zapatería, el Gobierno Civil en la casa Doria, en el nº1 de Paulino Caballero y el Gobierno Militar en la Cuesta del Palacio, en lo que conoceríamos luego como Palacio de Capitanía. Había una casa de baños pública en la calle Calderería inaugurada el 9 de noviembre de 1925, que había sustituido a la histórica casa de baños de Sarasate abierta desde 1854, y la Casa de Socorro se encontraba en el Boulevard de Sarasate, antes de que se trasladase a la calle Alhondiga en 1930. En estos años se construiría construido (en octubre de 1923) el edificio de Correos, pomposamente llamado Palacio de Comunicaciones en el Paseo de Sarasate. Cerca de la plaza del Vinculo y casi hasta San Ignacio había unos cuantos edificios de cuarteles: concretamente el de Caballería y la Comandancia de Ingenieros,  que se derribarían en 1934, (con el famoso “aska” en la citada plaza del Vinculo). Y se empezaba, en 1925, a construir el edificio de la Telefónica en la esquina de Amaya y Cortes de Navarra, que vemos en una foto posterior de la entrada. Había un teléfono urbano en la plaza de San Francisco y uno interurbano en la plaza del Castillo, llamada entonces, plaza de la Constitución. La sede central de la Caja de Ahorros de Navarra se encontraba en el Palacio de Diputación. En la foto aérea de la izquierda, que encabeza la entrada, del Ejército del Aire, datada entre 1922 y 1925, podemos ver una panorámica completa de la Pamplona de estos años. En la foto de la derecha, tenemos una bonita instantánea de la plaza de la Constitución, tomada desde Casa Baleztena, con el Teatro Principal cerrando la plaza por lo que sería luego la avenida de Carlos III.

La ciudad contaba con tres ferrocarriles, dos de vía estrecha, el Plazaola que hacía el recorrido de Pamplona a San Sebastian y cuya estación central estaba en el Nuevo Ensanche, en  la Avenida de Zaragoza, que vemos en la foto de la izquierda; el ferrocarril del Irati que hacía el recorrido Pamplona-Aoiz-Sanguesa, cuya estación principal se hallaba en el Boulevard de Sarasate y tenía las cocheras en la avenida de Francia (desde 1927, Avenida de Alfonso XIII) además de uno de vía normal, el Ferrocarril del Norte con estación en el barrio de la Rochapea (entonces San Jorge, el barrio de la Estación se consideraba parte de La Rochapea). El Irati hacía servicio de tranvía a su paso por la ciudad: a la Estación del Norte, uno de cuyos servicios observamos en la foto de la derecha, subiendo por la Cuesta de la Estación y también a Burlada, Villava y Huarte. Había paradas de coches de punto (tirados por caballos) en la plaza de la Constitución (del Castillo) y de San Francisco y autos de punto (los primitivos taxis) en la plaza de la Constitución (del Castillo).


Entre los edificios religiosos destacaba la Catedral, la iglesia de San Saturnino, la Real Basílica de San Ignacio, la capilla de San Fermín, el templo parroquial de San Nicolás, la iglesia de Jesús y María, la iglesia de San Agustín, la de San Lorenzo,  los conventos de los Descalzos, Dominicos, Recoletas y Salesas (ojo, no eran los únicos conventos), las ruinas del enorme, antiguo e histórico convento de la Merced en la plaza Episcopal  y fuera puertas la nueva iglesia de El Salvador en el barrio de la Rochapea, dependiente de la de San Lorenzo. Entre los edificios públicos civiles destacaban el palacio de la  Diputación Foral, terminado de construir en 1847 y la Casa Consistorial, que vemos en la foto de la izquierda, en cuya segunda planta estaba el Museo de Sarasate. Tanto uno como otro contaban con su correspondiente Archivo Histórico, nutridísimos y de gran valor, junto a ellos otros igualmente importantes como el Catedralicio, el de Hacienda o el de la Audiencia. 
Pamplona contaba, entre sus dotaciones culturales, con el Museo Arqueológico y el Museo Histórico y Artístico, inaugurado en 1910, ubicados en el antiguo edificio de la Cámara de Comptos Reales, que vemos en la foto de la derecha (en el espacio del actual Museo de Navarra estaba el Hospital Civil que vemos en la fotografía de la izquierda y que luego se trasladaría a la zona lindante con Barañain, su ubicación actual) así como un museo privado, el Museo de Huarte Hermanos, en el colegio de Huarte de la calle Mayor y el Museo de Historia Natural instalado en el Instituto General de Navarra, en la plazuela de San José (actual edificio del INAP). Las bibliotecas más notables eran las del Archivo de Navarra y la de los Institutos de Navarra (que eran públicas) y las de la Catedral y la del Nuevo Casino. 

En 1926, la ciudad contaba con el Teatro Gayarre, (hasta 1903 llamado Teatro Principal), situado en la plaza de la Constitución, y que estaba próximo a ser derribado, (lo sería en 1932), para abrir la avenida Carlos III;  el Olimpia, inaugurado en 1923, en la avenida de San Ignacio, con sesiones de cine y teatro; el Euskal Jai, en la calle San Agustín, donde además de jugar profesionalmente a la pelota se celebraban sesiones cinematográficas, el salón-teatro de la Casa del Orfeón en la calle Ansoleaga, cuyo edificio vemos en la foto de la izquierda, la nueva plaza de toros, inaugurada en 1922 y la sede de la Sociedad Filarmónica donde se celebraban conciertos de postín. Como un pueblo grande, Pamplona contaba con sus casinos, en este caso con dos casinos: el Nuevo Casino, denominado también Casino Príncipal, centro de la buena sociedad pamplonesa, con amplios salones, biblioteca, peluquería, baños, restaurante y grandes fiestas de sociedad y el Casino Eslava con biblioteca, baños y frecuentes festejos mundanos, así lo anunciaban , ambos en la plaza de la Constitución.
Se jugaba a grandes partidos de remonte y pala  en el Euskal, a pelota mano en el Frontón Moderno de la Mañueta; a fútbol (foot-ball se decía entonces) en el campo de San Juan, propiedad del Club Atlético Osasuna, en el Stadium Militar del Ensanche (imagino que seria el que conoceríamos luego como Estadio General Mola), y en el campo del Hipódromo, de propiedad municipal, destinado a entrenamientos, a tenis en el Campo del Pamplona Lawn Tennis, sita en la avenida de los Pirineos. Diversas sociedades de la ciudad organizaban actos deportivos: ciclismo, pedestrismo, recorrido de montañas (lo que hoy llamaríamos senderismo) y pelota amateur. Las pruebas deportivas clásicas más importantes eran el campeonato de pelota amateur que se celebraba de noviembre a febrero, el Gran Premio Pascuas de pedestrismo en abril, las pruebas  ciclistas del Circuito de Pamplona (abril), la Travesía de los Pirineos (julio) y la Vuelta al País Vasco (agosto) organizada, esta última,  por el diario Excelsior de Bilbao y el campeonato regional de fútbol (que se celebraba de octubre a marzo). 
Los pamploneses de aquel entonces podían realizar  tranquilos paseos o excursiones  a los alrededores de Pamplona, (Pamplona era lo que había dentro de las murallas, el Nuevo Ensanche y poco más): y así se bajaba a la Rochapea, al barrio de la Estación, al puente de Miluce, al convento de los Capuchinos, al barrio de la Magdalena, al camino de Villava y Huarte, al Hospital de Barañain, a la vuelta del Castillo, a Gazolaz  y Cizur Menor, o al “río al revés”, que es como se llamaba al rio Sadar, y como no se paseaban arriba y abajo por la calle Estafeta, tal y como vemos en la foto del párrafo anterior de unos pocos años antes. Las escasas guías turísticas existentes  promovían la llegada de turistas a las fiestas de San Fermín, (Hemingway ya había visitado Pamplona en 1923 y lo haría de 1924 a 1927, vemos junto a este párrafo una foto de la procesión de San Fermín de estos años) así como la llamada Semana Santa del Norte de España, con procesiones (a destacar la del Santo Entierro) y otros actos: funciones religiosas, exposiciones de arte y agricultura del País, festejos mundanos taurinos y deportivos, teatros, ferias, músicas y diversiones populares. Entre los hoteles de la ciudad destacaban el Grand Hotel de la plaza de San Francisco, los  hoteles Quintana (que vemos en la fotopostal de la derecha), San Martín y La Perla de la plaza de la Constitución, el Maisonnave de Espoz y Mina, Los  Pirineos de la avenida de San Ignacio y el Hotel del Comercio de la calle Zapatería. Entre los restaurantes, Marcela en San Nicolás y Casa Marceliano en la calle del Mercado, (que vemos tras un grupo de civiles y militares en la foto de la izquierda del siguiente párrafo, de 1925),  con una buena cocina del País, el Maisonnave de Espoz y Mina, y en la plaza de la Constitución el Quintana, el Dena Ona y el Torino.
Los garajes  existentes eran los de Hidalgo en Navas de Tolosa, Fiat y Doria en el Nuevo Ensanche, Labiano en Puerta de la Taconera, Unsain (Labrit) y de los Hermanos Carbonell (en el boulevard de Sarasate, nº38, antes Ciudadela 19, que podemos observar en la fotografía de la derecha). Entre los negocios de interés para el turista estaban, como no,  las casas de fotografía de Roldan en la plaza de la constitución, Goñi en Blanca de Navarra y Ruperez en Calceteros así como las librerías de Bescansa (en Blanca de Navarra), Aramburu y Aramendia (en San Saturnino), Garcia (en Estafeta) y Osteriz (en San Nicolás) que contaban con fotos, postales y otros recuerdos de la ciudad.

Fotografías, por orden de aparición: Foto aérea de Pamplona (1922-25): Archivo Ejército del Aire; Estación del Plazaola (Fondo Euskotren), Foto del Ayuntamiento (años 20): Roldán; Foto de la Diputación (Años 20): Vda de Rubio; Foto Casa Escudero o del Orfeón (1932), J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”; Foto de la Estafeta (1917), J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”; Foto procesión de San Fermín (1924), Roldán; Foto del Hotel Quintana (1920-30), Foto Hendaya, Foto del garaje Carbonell (1919),  J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”. Resto de fotos, sin filiar, si bien todas son del período analizado.

Comercios del Viejo Pamplona: la calle Mercaderes: 1908-1958

Sigo repasando como eran nuestras calles en la primera mitad del pasado siglo XX, y como quiera que nuestras calles estaban llenas de tiendas revisaré los establecimientos comerciales que había en esta calle, que se llamó Blanca de Navarra durante un largo período, entre los años 1916 y 1972, pues antes, al menos desde el siglo XVIII, y después, y hasta ahora, se llama Mercaderes. Esta calle sufrió un importante cambio en el año 1914 pues, delante de la manzana donde estaba hasta hace poco el Banesto había otra construcción que se extendía hasta el principio de la calle Estafeta, como podéis comprobar en sendas fotografías de los años 1913 (con la construcción en pie) y de 1916 (ya derribada), más adelante en la entrada. Antes había mas tiendas por portales que en las décadas siguientes y desde luego que en la actualidad. Eran locales más chiquitos constituyendo la calle un abigarrado mosaico de tiendas. La calle, como veréis, estaba surtidísima de ellas. Esta calle es una de las más fotografiadas a causa  del encierro, de hecho buena parte de las imagenes de esta entrada reflejan este acto sanferminero, pero es que además nos sirven para retratar y ubicar algunas de las tiendas a que hago alusión. Encabeza la entrada una foto de la calle, de J.Cía de 1933. Comencemos nuestro itinerario comercial, en ese imaginario viaje por el tiempo, en la primera mitad del pasado siglo XX, por los números impares de la calle.
En la esquina de la plaza Consistorial con Mercaderes estaba en 1908 la tienda de tejidos de Pascasio Labiano, tienda que aparecería en los años 20 como Carnicerías, 2 y la tienda y fábrica de chocolate de Prudencia Unciti. Así se puede comprobar en la foto de Baltasar Soteras de los años 50. A continuación, y siguiendo el lado izquierdo de la calle, nos encontrábamos con la firma Mestre y Unzu, posteriormente Unzu Hermanos  y cuyo titular final sería José María Unzu Got que aparecía en los epígrafes económicos de aquellos años como fabricante de géneros de punto, camisería y ropa blanca y confecciones en general. Unzu amplió sus bajos, a costa de las pequeñas tiendas de la calle, en el inicio de los 60 pues inicialmente ocupaba solo el nº 3, extendiéndose a partir de esa fecha desde el nº3 hasta el nº 9 de la calle.  Luego venía la tienda de tejidos al por mayor Sanciñena y Labiano, conocida como Casa Labiano, tal y como vemos en la postal del siguiente párrafo (de los años veinte), y que continuó en las décadas siguientes si bien, posteriormente, en los años 40 bajo la dirección de Rufino Labiano, compartiendo número con Tejidos Mercaderes de Fernando Artal. En este mismo número 5 estaba  Sucesores de Juan Perez (luego Hijos de J. Pérez y Sucesores de Juan Perez) que era una sastrería.
Esta calle, ciertamente estaba muy surtida de tiendas de tejidos y ropa, pues a continuación había otra tienda de tejidos, Cilveti que luego ocupó la droguería y tienda de aparatos fotográficos de Pedro Goñi e Hijo, (más tarde Hijos de Goñi), y desde los años 40 el conocido fotógrafo  Jose Galle Gallego con la misma  ocupación que el anterior: droguería y perfumería además de que situó allí su estudio de fotografía y vendía igualmente material fotográfico. Yo he llegado a conocer esa tienda, al menos la recuerdo en los años 60. Tras la tienda de B. Cilveti, (luego Viuda de Cilveti, que se trasladó  en los años 30 al nº 9) estaban las tiendas  de Francisco Larraza (mercería), y Robustiano Asurmendi (tejidos), que tenía por aquel entonces otra tienda en la calle Eslava y más tarde abriría alguna en el Nuevo Ensanche. A continuación, en los años 20, encontraríamos la tienda de tejidos de Miguel Azcarate (luego Almacenes Azcarate) que permaneció abierta durante algunas décadas, al menos hasta los años 50 y que vemos en la foto del encierro de la década de los 30 adjunta. Más tarde y antes de instalarse la oficina de Caja Municipal hubo, en su lugar, otra tienda de tejidos, la de Pedro San José Chicharro.
Posteriormente, donde hoy se encuentra El Mentidero estaba la pastelería de Jesusa Udobro, negocio que sería traspasado a Eusebio Garicano con la misma actividad (confitería, pastelería y fabricación de chocolate) al que sucedería hasta bien entrados los años 50 su hijo Roman Garicano. Fue la famosa Casa Garicano. De una y otra pastelería tenemos muestra gráfica en el párrafo anterior y en éste, a través de sendas fotos del encierro, la de este párrafo de los años 40. Luego aquí estuvo la cafetería Bardi, antes de El Mentidero. En el nº 15 de la calle, donde hoy está el Iruñazarra, en 1908 estaba la tienda  de José María Iturralde (en los años 20, Hijos de Iturralde) que vendía productos de mercería, quincalla y paquetería, En los años 40, me cuenta Nacho Armendariz, que su abuelo Manuel  junto con su hermano abrieron un economato que convertirían luego, en 1944, en una tienda de ultramarinos conocida como La Cívico (aunque se llamaba la Civico-militar), donde llegaron a trabajar nueve personas. En Enero de 1969 falleció su abuelo Manuel y poco tiempo después se traspasó el local para abrir en junio de 1969, el restaurante Iruñazarra. Tras el actual Iruñazarra, y donde hoy está el Burger (y antes estuvo Cuadrado Urban y Almacenes Tudela) en 1908 estaba la tienda de tejidos de Juan San Julián que yo he recuerdo haber visto abierta hasta finales de los 80 y que vemos en la foto del encierro que acompaña este párrafo, del año 1958). Una curiosidad, en esta dirección tenía su sede social en los años 30 una fábrica de azulejos y baldosas dirigida por la firma San Julian y Cenzano, luego Hijos de San Julián por lo que cabe deducir que la familia San Julian se dedicaba  además de a la tienda de ropa a otros negocios diversos.
Dos imprentas tenían su sede en este lado de la calle, la de los Hermanos Lizaso, que además de ser imprenta vendía productos de papelería y objetos de escritorio y la de T. Bescansa que vemos en el ángulo inferior derecho de la foto de la izquierda, de 1913, de Aquilino García Dean. La de los hermanos Lizaso sería durante muchas décadas, desde finales de los años 10 hasta final de siglo, la papelería de Castiella, de Hilario Castiella Banegas. Tras Castiella venían, y he aquí una curiosidad, la farmacia de los hermanos Ondarra que en los años 30 ya regentaba Joaquín Blasco y la tienda de Cleto Iriarte que vendía muebles y camas de hierro. En el local de Cleto Iriarte estuvieron más tarde, en los años 30,  el bazar de Sucesores de J. Gortari (vendían un montón de productos diferentes: juguetes, mercería, etc) y en los años 50 la joyería de Pio Bajo Ortiz, que tenía otra tienda en la avenida de San Ignacio. En su lugar estuvo luego Tejidos Condearena y la tienda de discos Liverpool. Tras el local de Cleto Iriarte estaba la citada imprenta de T. Bescansa (luego Vda de Bescansa, Hijos de Bescansa y Regino Bescansa Santacruz) que vendía libros y productos de papelería. El negocio estuvo abierto hasta finales del pasado siglo. A continuación donde durante muchos años estuvo la tienda de calzado de Pedro Garamendi y luego de su hijo, Carlos y hoy la tienda Xaboiak hubo a primeros de siglo una tienda de ultramarinos cuyo titular se apellidaba Carracedo y a continuación una tienda de chorizos, tocinos, jamones y embutidos cuyo propietario se llamaba Eustaquio Martinez. Esta tienda pasaría a ser una tienda de comestibles después de la guerra (Martinez de Morentin)  y posteriormente hasta finales de siglo una de las carnicerías Itarte.
Donde hoy está el Gastrobar La Juana, estuvo durante muchos años La Dulce Venecia, pues bien, rebobinemos un poco esa imaginaria máquina del tiempo y transportémonos a 1908. En ese año y en ese lugar estaba la tienda y fabrica de chocolate, otra más en esta misma calle, de Julian Arbizu (¿sería el mismo Arbizu que fundó las cafeterías Delicias en Pamplona?) que luego pasaría en los años 30 al local contiguo mientras el suyo lo ocupaba Constancio Jarauta con la misma actividad y en los años 40 Carmen Torrente Azparren, igualmente manteniendo la actividad de confitería y pastelería, ya bajo el nombre de La Dulce Venecia. En los años 20, donde durante muchos años estuvo Chile, el último local de la calle, antes de doblar hacia Mañueta estaba la sastrería de Luciano Muru.
Volvamos al principio de la calle y repasemos los números pares. Al principio de la calle encontrábamos, a principios de siglo, la tienda de Hijos de R.Goñi (antecedente familiar del actual Gutierrez) y a continuación la famosa confitería, chocolatería y cerería de Ulpiano Iraizoz (vendían chocolates, azucares, ceras y velas) que luego continuaría Joaquina Iraizoz hasta los años 60, (la foto de la izquierda de este párrafo, del Archivo Municipal muestra la fachada de la Cerería-Chocolatería Iraizoz en el año 1966), la tienda de ultramarinos de Trinidad Nieva que cogería en traspaso, en los años 20, Santiago López, la tienda de tejidos Hijos de Javier Olaso (luego Sucesores de Olaso) que vivían en el piso de arriba (algo muy común en aquellos años)y que  traspasarían su local a María Luisa Espelosin y Valeriano Zabalza (que vemos en la foto de la derecha, a la entrada de su tienda)  en el año 1941 para abrir Casa Vale con productos de mercería y géneros de punto. Enfrente, por cierto estaba el estanco de Genoveva Espelosin. Llamo la atención sobre el hecho de que este lado de la calle sufrió a lo largo del siglo cambios en la numeración de los portales de forma que por ejemplo, Vale estaba en 1953 en el nº 6, cuando ahora su local ocupado hasta poco por Viandas de Salamanca está en el nº 4 y el 6 lo ocupa la sucursal de la Caja Rural. En la época analizada pasábamos del nº 6 al 14. Imagino que el edificio derribado en 1914 tuvo algo que ver en este cambio. No es posible comparar pues  la numeración antigua con la actual ya que luego se renumeraron los locales que en un inicio debieron ser parte de la calle Calceteros.
En el nº 14  estaba la relojería de Santiago Marfagón que en los años 30 se trasladó al local que años más tarde ocuparía Pio Bajo, en el nº 23 de la calle y que podemos ver en la postal que encabeza la entrada. En el 16, en los años 50, estaba la mercería Gortari. En el nº 18 (que ahora es el 12), la fábrica de corte y calzado, de curtidos de Vicenta Senosiain (Vda. de Huarte), sustituida en los años 20 por Casa Hevia (regentada por Enrique Hevia, que se definía como “sastrería con surtido de géneros” que también vemos en la citada foto del principio de la entrada) y más tarde por las hermanas Fernández, con productos de mercería (luego Manuel Fernández), si bien yo lo recuerdo durante muchos años por ser una tienda de calzado barato, la de Calzados Fernández. También en el nº 18 estaba Cia y compañía con productos de mercería. A continuación estaba el hojalatero y vendedor de estufas y chimeneas Elias Mutiloa, tras el que en décadas posteriores estarían el estanco de Gonzalez de Regueiro y, durante un breve periodo de tiempo, una de las tiendas de La Madrileña a la que siguió una de quincalla y mercería: Herederos de Domingo Saez. Acompañan esta entrada sendas fotos del encierro, de los años 30 y de navidad de 1958, esta última de Galle.
Donde durante mucho tiempo estuvo la carnicería Blanca de Navarra en tiempos estuvo la tienda de tocinos, jamones y embutidos de Goñi, luego ocupada por Juan Mari Argal, a partir de los años 30, Vda de Argal y una fábrica de paraguas (de Alfonso Jimenez). A continuación estaban (en 1908) la ebanistería y tapicería de Eustaquio Urra y en los años 50 las tiendas de Fermín San Martín (comestibles) y la Droguería Ardanaz. En los números 26 y 28 estaban el taller de curtidos de Jose Ayestarán y la Droguería de Santiago Maquirriain que pervivió hasta los años 30. En los años 50, en el lugar de taller había una tienda de confección propiedad de Concepción Falcón. Desde los años 40 al menos había en la calle dos restaurantes en primer piso, uno regentado por Ana Maria Echechipia Goñí, en el nº 7, el Restaurante Iruña, y otro en el nº 24, dirigido por Baulia Villanueva Sainz, el Restaurante Blanca de Navarra, en el que mi hermano Luis Angel celebró su primera comunión. Sendas fotos, la de la derecha, de Galle, del inicio de la calle Mercaderes, en una procesión de junio de 1947 y una foto de los años 30 del encierro, en la curva de la Estafeta, con los almacenes de Tiburcio Guerendiain (de materiales de construcción), a la izquierda y de Rufino Ayestarán (de curtidos de calzado) a la derecha de la foto cierran esta entrada.Fotos, por orden de aparición: Nº 1: Mercaderes (1933) de J. Cía, Nº 2: Mercaderes (años 30), postal de Eusebio Rubio, Nº3: Mercaderes tomada desde la calle Nueva (años 50) de Baltasar Soteras Elia, Nº 4: encierro de los años 30 (sin filiar), Nº 5: Postal de Casa Labiano (años 20), sin filiar, Nº6: Encierro de 1958 (sin filiar), Nº7: Encierro de los años 40 (sin filiar), Nº 8: Mercaderes (1913) de Aquilino García Dean, Nº 9: Mercaderes (1916), de Pamplona, calles y barrios de J.J Arazuri, Nº 10: Casa Iraizoz (AMP), Nº 11: Valeriano Zabalza Moral (foto familia Zabalza-Espelosin), Nº 12: foto del encierro de los años 30 (sin filiar), Nº 13. Mercaderes (diciembre 1958) de Galle, Nº 14: Plaza Consistorial en el inicio de Mercaderes (1947) de Galle (AMP), Nº 15: foto del encierro de los años 30 (sin filiar).

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Chapitela: 1908-1958

Si queremos conocer a fondo una ciudad, no basta con recorrer sus calles, conocer sus monumentos, hay que visitar sus tiendas. La pequeña historia cotidiana de muchos pamploneses de los últimos 50 años, y aun antes, es una historia de recuerdos, de vivencias, de experiencias ligadas a nuestras tiendas. Ellas han formado parte del cambiante paisaje urbano. La serie que sobre los comercios del Casco Antiguo inicié hace un par de años en este blog es buena muestra de ello, si bien se centraba sobre todo y fundamentalmente en los 25 o 30 últimos años (1985-2015), aunque en algunos casos me remonté hasta los años 60-70. En esta nueva serie que inicio hoy voy a intentar recuperar, siquiera parcialmente, la memoria de los comercios que les precedieron, en el Casco Viejo, a lo largo de los 70 u 80 años anteriores. Este es un trabajo abierto, difícil, complejo por el período de tiempo a analizar, no hay excesivo material gráfico y  desgraciadamente,  van desapareciendo, por la edad, personas que pudieran testimonio vital de su existencia. No obstante, y tras un pequeño trabajo de investigación, me voy a atrever a citar, por lo menos,  algunos comercios que existieron en las diferentes calles del Casco, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, y comenzaré este periplo por la calle Chapitela, llamada Heroes de Estella a finales del XIX (1873-1900), y entre 1903 y 1936, para seguir recorriendo como ya hice en la primera serie de entradas otras calles de lo Viejo.
En la Pamplona de finales del siglo XIX, el horario del comercio era libre los días laborales.  Todavía no habían llegado las conquistas sociales del nuevo siglo. El descanso dominical hacía poco tiempo que se había instaurado. Las tiendas abrían a las 7 de la mañana y aun antes y cerraban pasadas las nueve de la noche. Los domingos, solo abrían los comercios de alimentación y hasta las 12 del mediodía. En Sanfermines se abrían las tiendas todos los días. Fue en la década de los 30 cuando se acordó cerrar un par de horas al mediodía, no sin dudas sobre el efecto que esta medida podía tener sobre sus negocios. Aquello, todo hay que decirlo, fue un avance en la conciliación laboral y familiar de comerciantes y trabajadores porque, hasta entonces,  dueños y dependientes tenían que irse a comer rigurosamente por turnos para no dejar desatendido el negocio. Hasta principios del siglo XX los precios eran variables y se modificaban con el regateo, de hecho muchos comercios durante muchos años indicaban en sus anuncios aquello de “precios fijos”. 

A menudo la vivienda del comerciante estaba en el mismo edificio que el comercio, y los dependientes solteros vivían de patrona en casa del jefe. Eran otros tiempos, con un comercio  en el que predominaban los géneros baratos y solo unos pocos vendían novedades y artículos caros para la incipiente burguesía que comenzaba a nacer en la ciudad. Y es que el comercio evolucionaba al mismo tiempo que lo hacía el pulso de la ciudad.  En aquellos años 20 que recogen la mayor parte de las fotografías de esta entrada, reinaba en España el rey Alfonso XIII, se producía en 1921 el desastre de Annual (guerra en Marruecos) y tenía lugar en 1923 el golpe de Primo de Rivera, cuyo régimen  se extendería hasta el final de la década desembocando en el advenimiento de la segunda república. Luego vendría la guerra civil y la época de la postguerra. En Pamplona tras el derribo de las murallas iniciado oficialmente algunos años antes, se acometía la construcción del nuevo ensanche, se demolía la vieja plaza de Toros inaugurándose la actual, y la plaza del Castillo permanecía todavía cerrada, en su parte sur, por el Teatro Principal.

Tal y como hice cuando hablé de la calle Chapitela de 1977 a 2013, intentaré reconstruir que podría encontrar un imaginario viajero en el tiempo que se plantase en el principio de la calle allá por esas primeras décadas del siglo XX. Ese viajero dejaría a sus espaldas la imprenta, librería-papelería y tienda de objetos de escritorio Aramburu y Onsalo, que en estos años sería sustituida por la sucursal del Banco Español de Crédito que hemos conocido hasta hace escasas fechas en ese lugar. En el lado derecho de la calle, donde hoy está la Farmacia Castellot, hubo anteriormente diversos comercios, una tienda de material eléctrico a comienzos de siglo, Guibert y Murillo, y posteriormente una de  tejidos: Orradre y Cía (1921-22) que años más tarde ocuparía  una tienda de venta de vinos a decalitros, a continuación venía la joyería de Filomena Jorge, la tienda de tejidos de Filomeno Aizcorbe, la tienda de camisas, ropa blanca y género de punto “La Madrileña” del afamado comerciante de la plaza Jose Turullols cuya fachada se muestra en una de las fotos, la sastrería de Bernardino Alvarez, la tienda de paraguas, bastones y abanicos de Eugenia Orbaiz (antigua Casa Fluiters) que luego ocuparía desde finales de los 20 y hasta los años 60, la heladería-turronería “El Buen Gusto”. 

Luego la Pastelería de Julián Pomares que más adelante en el tiempo ocuparía la Pastelería Alfaro, a continuación la sombrerería de Miguel Azpiroz (hace un año precisamente me contactó su biznieta, María Eugenia Bergera, desde Buenos Aires y le remití la foto del principio donde aparece la sombrerería de su bisabuelo, junto a buena parte de los comercios mencionados anteriormente). Tras la sombrerería de Miguel Azpiroz venían la ferretería de Teófilo Lázaro (anteriormente regentada por Felipe Irure y posteriormente por Lucia Goñi Abinzano), la Farmacia de Manuel Gonzalez Boza y a continuación en este lugar, en el nº 24, hubo diversos comercios, la tienda de ropa de Odón Rouzaut que vemos en la foto adjunta de la izquierda, una zapatería,  la perfumería de Antonio Archanco,  pero sobre todo  este local es conocido por la presencia del comercio “Los Zamoranos”, tras la cual se encontraba hasta no hace demasiados años la tienda de paraguas de Archanco.


En el lado izquierdo de la calle, ese imaginario viajero del tiempo descubriría una miríada de pequeñas tiendecillas, en la esquina, la tienda de Justo Gortari que vendía productos de mercería y bisutería, luego la tienda de calzado de Salvador Pérez, la sastrería y mercería de José Santesteban,  ocupada luego desde finales de los 20 por el grabador de rótulos José Elizburu, la sastrería de José Fraile, la perfumería de María Villar y la sastrería de Viuda de Archanco, donde se ubicaría, luego,  la camisería Cassy, la bisutería, -entonces se llamaba a este tipo de género, quincalla fina-, de Onsalo Hermanos que años más tarde daría  paso a Sucesores de Onsalo  en el nº 13 de la calle y años después a la joyería-relojería de Federico Rosas Vidaurre. 

También en el nº 11 de la calle estaba el comercio de Inés Eulalia, una especie de bazar con bisutería, juguetes y objetos de regalo. En el nº 15 de la calle estuvieron a lo largo del tiempo la tienda de tejidos de Alonso Formaris, la sastrería de Alberto Marqués, la tienda de guantes Viuda de Leache y décadas más tarde la perfumería de Ignacio Pérez.  Aquí, en este lado de la calle se instalaron, después de la guerra,  también,  el estanco de Mari Carmen Urdaniz y la Lotería de Gertrudis Navarlaz. En el nº 17 estaba y sigue estando la Joyería de Pilar Idoate, inicialmente Sucesores de Ferreira. A continuación hubo a primeros de siglo una tienda de Esteban Rouzaut, también de quincalla fina y más adelante estuvieron en ese lugar sendas sucursales, primero del Banco Vasco, de cuya existencia les dejo el presento testimonio que quebró en los años 20 y luego del Banco de Bilbao. Algunos solo conocimos ahí la sucursal del Banco Exterior de España. Por último para acabar este tramo de la calle, cabe señalar que en el nº 21 estuvieron en la primera década del siglo una zapatería (de Javiera Beortegui), un bazar (de Manuel Rubiella) así como  la corsetería de Marcelino Jimenez y la tienda de Dimas Ibañez que tras vender quincalla, productos de mercería y otros géneros de confección acabaría convirtiéndose en una peletería. También en el 21 de la calle estaba y está Óptica Rouzaut. Hoy la calle acaba en el 21 pero en aquellos años aun podíamos encontrar algún comercio más, más allá de la Óptica, la tienda de guantes de piel de José Sádaba y en los años 20 la sastrería y camisería Lozano.

Fotos, por orden de aparición: Nº 1: Chapitela (1901-1905) de José Ayala, Nº 2: Chapitela (Años 20), Archivo Municipal de Pamplona, Foto nº 3: Chapitela en Sanfermines (Años 20) de Luis Rouzaut. en “Luis Rouzaut, Optico de profesión…y cronista de la vida navarra a principios del siglo XX. Foto nº 4: Chapitela (1923) de Miguel Azpiroz en Pamplona, calles y barrios de J.J. Arazuri, Fotos nº 5 y nº 6: La Madrileña. (Años 20) y Chapitela (Años 20) Postales de Eusebio Rubio y Viuda de Rubio. Fotos nº 7, 8 y 9: Chapitela (Años 20) de Luis Rouzaut. en “Luis Rouzaut, Optico de profesión…Foto nº 10. Chapitela: (Años 20) Postales de Viuda de Rubio. Foto nº 11: Banco Vasco (1921) Pamplona, calles y barrios de J.J. Arazuri.