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Plazas y calles de ayer y hoy: La Cuesta de La Estación (1879-2016)

Ahora que la llamada Cuesta de la Estación está sufriendo importantes cambios, con la ampliación de la acera y la habilitación de un carril bici que comunicará la zona de San Lorenzo con el parque de Trinitarios, parece un buen momento para recordar como ha ido evolucionando esta emblemática entrada de Pamplona a lo largo de la historia. Y es que a veces, por diferentes razones, la historia de los lugares va y viene, cambia y evoluciona para volver a parecerse, sorprendentemente, a tiempos pasados. Así, a finales del siglo XIX, concretamente en 1879-80, podíamos ver el  inicio de esta Cuesta, en su confluencia con la iglesia de San Lorenzo, mucho más estrecha que la que hemos conocido durante el mayor tiempo de nuestras vidas, con la plaza de Recoletas invadiendo la actual calzada y su famosa fuente ubicada en el extremo surooccidental de la plaza, tal y como se observa en la fotografía de la derecha, de Roldán (padre), que encabeza la entrada. Ahora esta estampa se nos antoja bastante extraña, sobre todo porque la Iglesia de San Lorenzo presentaba una enorme fachada pétrea de aspecto medieval con una bonita portada obra de Juan Miguel de Goyeneta. La fuente se trasladaría al centro de la plaza en 1884 y la fachada medieval de San Lorenzo se derribaría en Febrero de 1901. La nueva fachada, obra de Florencio de Ansoleaga, que  vemos en la foto de la izquierda, de Bozano, que encabeza también la entrada, se inauguraría, como no podía ser de otro modo,  el 6 de julio de 1903. Sin embargo, esta torre no ha llegado completa a nuestros días ya que en la primera mitad del pasado siglo perdió el pináculo, de forma piramidal, con la que culminaba la torre.


En 1932, imagino que por las necesidades derivadas de la creciente automoción, todavía muy incipiente, sumadas, además, a la ocupación de parte del vial  por el ferrocarril del Irati se decidió  ampliar  la anchura de la Cuesta de la Estación. Esta ampliación se hizo  a costa de la plaza y del Convento de Recoletas. Junto a estas líneas podemos ver, en varias fotografías de Bozano, de 1932, la estrechez de la calzada, sobre todo a partir de su mitad, antes del derribo del imponente muro conventual y de una buena franja de su huerta. El de la Cuesta de la Estación no es, de todos modos,  el título oficial de la vía. La empezaron a llamar así los pamploneses con motivo de la inauguración de la estación del tren, la estación del Norte, en 1860. Hasta entonces, y desde el siglo XVI,  se llamaba Cuesta del Portal Nuevo. En el pasado siglo se llamaba Avenida de Guipúzcoa al tramo de vía comprendido entre el cruce con la Cuesta de la Reina y el límite municipal, donde estaba la caseta de arbitrios, muy cerca de Berriozar. Hoy la Cuesta de la Estación, en su tramo urbano, aparece como Calle Taconera. Por aquí, cerca del Portal Nuevo, en el lado izquierdo de la Cuesta, en el muro de contención de los jardines de la Taconera, estaba la llamada Fuente del León, que fue tapiada en 1911 por presión de la Sociedad del Irati. La fuente se nutría, como la de la Taconera, de aguas de Iturrama.

Tras el Portal Nuevo, la Cuesta de la Estación también ha sufrido modificaciones, si atendemos a las fotografías de que dispongo. A principios de siglo, antes de  1905, había un alto muro de piedra bordeando la cuesta con troneras o aspilleras, como se puede comprobar en la fotografía de la izquierda, de Fidel Veramendi, publicada en el libro de J.J Arazuri, Pamplona, calles y barrios. Posteriormente el muro fue rebajado, como vemos en la pequeña foto de la derecha, de Luis Roisin, de 1913. Tras la inauguración del nuevo portal, obra de Victor Eusa, en los años 50, se modificó también  la apariencia de la bajada, sustituyendo el viejo murete de piedra por una barandilla de hierro engarzada mediante machones o pilares de piedra que son los que podemos ver todavía y que se observan en la foto postal de la derecha de Ruperez. Resulta curioso comprobar como,  a lo largo de los últimos decenios, el nivel de la acera en este tramo ha ido quedando muy por debajo del nivel de la calzada, cuando durante buena parte del siglo XX no fue así. Cuantas veces habré subido o bajado por esta Cuesta, desde que tengo uso de razón, bien andando o bien en villavesa. Para los que vivimos en la Rochapea ésta era junto a la de Joaquín Beunza una de las dos vías más importantes de conexión con el centro. En noviembre de 2014, el Ayuntamiento decidió ampliar la acera y habilitar un carril de bici con doble sentido, de subida y bajada, reduciendo los carriles para los vehículos a la mitad, de cuatro (dos de subida y dos de bajada) a dos (uno de subida y uno de bajada), si bien lo hizo con carácter provisional, sin obra, hasta que hace unas semanas se iniciaron las obras de acondicionamiento de las aceras y carriles, tal y como se observa en el reportaje fotográfico adjunto de hoy mismo.

Fotos referenciadas en la entrada, por orden de aparición: Iglesia de San Lorenzo (1903), Bozano. Iglesia de San Lorenzo (1879-80), Roldán padre. Cuesta de la estación antes de las obras de ampliación (1932), Bozano. Cuesta de la Estación (1900-1904),  Fidel Veramendi. Cuesta de la Estación (1913), Luis Roisin. Cuesta de la Estación. (Años 50),  Ruperez para Ediciones Vaquero. 

Comercios del Viejo Pamplona: las calles Pozoblanco y Comedias (1904-1954)




Y después de haber repasado la historia comercial de la calle Zapatería no me alejo demasiado. Continuo por la zona más próxima y más concretamente por las calles Pozoblanco y Comedias, llamadas hasta 1937 General Moriones y Dos de Febrero respectivamente, aunque me referiré siempre a las calles con sus denominaciones actuales. Comenzaré  por los impares, indicando siempre que pueda a algún comercio destacado que  sirva de referencia. En 1908, en el nº 1 de la calle Pozoblanco estaba la tienda de tejidos del comerciante catalán Agustín Trias Comabida, el conocido Comercio San Fermín, fundado en 1891 por este. En la trasera, en el nº 42 de la plaza del Castillo estaba su taller de sastrería con venta de género, al menos desde los años 20. De hecho yo recuerdo haber visto una tienda con el nombre de Trias hasta finales del siglo XX, en esa esquina de la plaza del Castillo, junto al Secretariado Navarro, donde hoy se encuentra la peluquería de Ainara Arbiol. En 1951, adquirió en traspaso el Comercio San Fermín el comerciante local Bernardo Eraso Soto, cuyos herederos lo mantendrían abierto hasta el año 2011. Dicen sus descendientes que tuvieron que pagar más por la marca, que estaba registrada por el señor Trias,  que por el traspaso. Hoy en su lugar esta Foto Ikatz. A continuación, donde hallamos hoy el único Taberna de la calle, encontrábamos entonces la pastelería y confitería Arrasate que también fabricaba, en su obrador, como todas las de su gremio, chocolate. Fundada en 1888 por Esteban Arrasate y Francisca Ciganda, pasó a llamarse Viuda de Arrasate al fallecer Esteban, en 1924 y quedar al frente del negocio su viuda. En los años 20, ocupaba los números 3 y 5 de la calle. Luego venía la droguería de Cayetano Pinzolas. Cayetano se trasladaría en los años 20 al nº 14 de la calle con el mismo negocio, vendía pinturas (de hecho también aparece como pintor), y aparatos fotográficos, algo bastante común entonces en  el ramo de las droguerías. En su lugar, en los años 20,  se instalaría Epifanio Artaiz, con una tienda de venta de alpargatas y jergas. En los años 50 encontramos al mismo Epifanio Artaiz pero con una tienda de droguería y perfumería en la calle Comedias, mientras que en su local encontramos en estos años ya, junto a Vda de Arrasate, la pastelería y confitería de Lázaro Taberna (hoy Inmobiliaria Fisterra) y junto a ella la heladería, pastelería y confitería de Mercedes Orquin, más tarde Relojería Moreno y hoy Equivalenza.



Posteriormente estaba en el nº 9 de la calle Pozoblanco Manuel Lafaja, vendiendo vino por decalitros, a continuación, en el nº 11 el afilador Bertrand Puntos, que vendía también además de cuchillos, armas y artículos de caza, bicicletas y motocicletas  y el guarnicionero Martin Ciganda, sustituido en los años 20 por la pastelería de Feliciano Goñi,  (luego Vda de Goñi  y más tarde Vda de Goñi e Hijos, conocida con el nombre de La Madrileña),  que se mantendría en el lugar al menos hasta los años 60. A continuación estaba en el nº 13 la óptica y relojería de Joaquín Roldan, que vendía también bisutería fina y que se mantuvo con este nombre hasta hace unos pocos años (hoy está en su lugar la cafetería Behiala) y en los números posteriores (13-15) el Café Suizo de Mattossi y Fanconi, con venta de licores, fábrica de gaseosa y sifón, pastelería y confitería, venta de chocolate y otros productos, abierto desde 1844 y hasta 1952, (hoy está en su lugar Código). Para ser más exactos, al Café Suizo se entraba por el nº 37 de la plaza del Castillo, mientras que la entrada a la pastelería estaba en la calle Pozoblanco. En este tramo se han producido algunos cambios en la numeración de los portales, no en vano, esta calle no fue ajena a la construcción de los nuevos edificios de la plaza del Castillo, la trasera del banco de la Vasconia y del Banco de Bilbao, luego Banco de Comercio. Hoy a diferencia de aquella época no hay locales comerciales en la trasera del Banco de la Vasconia, trasera que corresponde a los números 9 y 11.  A continuación de la Pastelería del Café Suizo teníamos en los años 20 la alpargatería de José María Zabaleta que continuó al menos hasta la guerra civil, la camisería y venta de ropa blanca 19.000 de Mariano Lamana,  de la que tengo constancia desde principios de siglo a los años 30 y que vendía además guantes y perfumes y la modista de sombreros Ramona Benedicto. En este tramo final Rafael Conte y Felisa Labairu disponían de máquinas para coger puntos a las medias. En ese tramo estuvieron Kata, hoy La chica de las lanas y el edificio de la antigua Armería Arana.
En la esquina de Pozoblanco y San Nicolás estaba al menos  desde  principios de siglo la citada armería de Saturnino Arana (luego Vda de Arana) y en la esquina de Comedias y San Nicolás, ya en los primeros 50 la tienda de confección de los Hermanos Palomeque, que vemos en la foto de Ingeth Morah de 1954. Siguiendo por los impares, pero esta vez de la calle Comedias, hallábamos, a continuación, a principios de siglo, la tienda de coloniales, fabrica de chocolate y velas de cera de Mariano Labairu, de la que tengo constancia desde 1903 hasta al menos  la guerra civil. Junto a ella estaba la fábrica de vino de Antonio Erice. Posteriormente, se ubicaría aquí la joyería-platería de Manuel Esparza, que llegó hasta finales del siglo XX, (hoy esta vacío el local), y donde estuvo Coloniales Labairu estuvo desde los años 40 la carnicería de Patricio Reparaz y  a finales del siglo la carnicería Julian. A continuación venía, desde los años 20, la tienda de venta de vinos al por mayor de Vda de Yarnoz e Hijos y desde los años 30 el bar Gau Txori (donde hoy está el Burgalés) que en los años 50 regentaba Gerardo Arce. Posteriormente estaba la botería de Vda de Iglesias y Perez que vemos en una foto de Vicente Galbete de los años 60. Fue fundada en 1873 por Gregorio Perez que llegó desde Almudevar (Huesca) hasta Pamplona y se asoció con D. Eusebio Iglesias, afamado botero local. En 1902 Pérez compró su parte a Iglesias  y con el nacimiento el 1 de febrero de 1916 de sus trillizas, decidió cambiar el nombre de la empresa por el de Las 3 ZZZ, en honor a sus tres zagalas, siendo regentada desde los años 30 por su hijo Gregorio Perez Daroca. A continuación, donde hoy está el Bar Noe, estaban las guarnicionerías de Paula Garriz, en el nº 9 y donde hoy está la Joyería de Oscar Gracia, antes joyería Perez Alfaro, en el nº 11 la guarnicionería de Juan Yarnoz (en los años 30, esta última guarnicionería era también alpargatería y figuraba como Vda de J. Yarnoz, no sé si corresponde a la misma titular a la que he aludido líneas atrás al hablar del nº 5 de la calle). Luego estaba,  a primeros de siglo,  la Taberna de G. Fuentes, un negocio de venta de cereales regentado primero por Vicenta Iragui y luego por Fermin Irurita y que desde los años 20 ocupará un negocio de textil fundado por Miguel Unzu que llegó casi hasta nuestros días con el nombre de Unzu Got; hoy ocupa su lugar el Bar La Comedia.

Posteriormente, en el nº 15, donde hasta hace poco estuvo Cilveti había una tienda de venta de vinos y licores al por menor que en los años 30 sería sustituida por un bazar-juguetería, el de Cipriano Puertolas, llamado El 0,95 de Comedias, hasta que, efectivamente, en los años 40 Sandalio Cilveti se haga cargo del negocio del Bazar, bajo el nombre de Bazar Cilveti, incorporando también bisutería o quincallería. Luego, en el nº 17, había un tratante de lana en rama que vendía también pieles del país sin curtir. Se llamaba Jacinto Puig. En su local, desde los años 40 Rufino Torradelles  instalaría una tienda de venta de camisería fina. Hoy en ese local está El Armario de Judith. Posteriormente, en el nº 19, y desde los años 20  estaba el negocio de venta de cereales y harinas de Latasa y Bastida, desde 1930, Luis Bastida, y que revisando la anterior entrada dedicada a esta calle veo que llegó hasta los años 80 del pasado siglo, si bien bajo el nombre de Tejidos Bastida, donde hoy está Ruhna y durante mucho tiempo Perejil. Por último, acabando este tramo de calle, teníamos otros dos guarnicioneros, Miguel Inza, en los años 20, Hijos de Inza y posteriormente Sucesor de Inza y en el nº 23, Saturnino Astiz, luego Hijos de Astiz. Tras la guerra, donde estaba Inza se instalaría la tienda de ultramarinos de Francisca Lizoain, hoy está en ese local la cafetería Saint Witch, donde estuvo largo tiempo Sol y Luna y donde desde hace más de 30 años está la papelería Comedias 23 estuvo, desde los años 40, la joyería de Camino Martinicorena.
Volvamos al comienzo de la calle Pozoblanco, pero recorriendo, en esta ocasión su lado derecho, osea los números pares. Junto a la sombrerería Aznarez, sorprendentemente había otra sombrerería, la de Dorotea Beunza que en los años 30 dejó paso a la Droguería de Jauregui y Cía, droguería que a partir de los años 40 se trasladó justo al lado, al nº 4, bajo la gestión de Esteban Jauregui Villar. En este lugar hasta hace unos días y desde hace 40 años estaba la tienda de lanas Lanfil.   Posteriormente, a primeros de siglo, en el nº 6 teníamos la carnicería de Braulio Berrio que continuaría su hijo José y posteriormente la sociedad Oloriz y Cilveti. A finales de los años 40, Liceras y Gomez abrían  en este lugar la tienda de ropa para la lluvia (impermeables, gabardinas y trincheras) El Búfalo que se mantendría hasta el 2007, luego vendrían DC Shoes y Pele y Melé, su actual inquilino. Tras ésta, donde ahora hay una nueva tienda de ropa infantil y en tiempos estuvo la perfumería Miss, a principios del siglo XX estaba la alpargatería y cordelería de Graciosa Sarasate, (como en otros casos entonces vendían también costales y jergas), que en los años 30 regentaban los Hijos de Ezcurdia y en los años 40-50 ocupaba la fábrica de embutidos (tocinos, conservas de carne, etc) de Narciso Erice. Luego, en el nº 10,  donde yo recuerdo haber visto pasar a la carnicería Itarte, la tienda de discos Tipo, One Man e Ideas, hoy una tienda de venta de quesos, estaba en 1908 la esterería de Josefa Gilabert, si bien esta actividad es de fecha bien temprana, ya que en los años 30  comenzó a albergar una tienda de embutidos (chorizos, jamones y tocinos), primero a nombre de Pedro Huarte y luego de su viuda, Dionisia Cuesta. Donde hasta hace poco unos meses estuvo Calzados Monaco hubo  a comienzos de siglo dos comercios: la barbería de Ildefonso Palacios que   ocupó Martín Oscoz, desde los años 20,  con aceites, primero y cafés tostados y quesos  después, (en los años 30), para convertirse en una tienda de comestibles a partir de los 40 y la droguería Herederos de Alvaro López. Este último comercio dejó paso en los años 20 a la sastrería de José Guerra.
Ya hemos señalado que Cayetano Pinzolas pasó en los años 20 del nº 7 de Pozoblanco al 14; A finales de los años 40 se ubicaba aquí la droguería y perfumería de Maximino Muñoz Andia. En muchas ocasiones, la actividad casi llega hasta nuestros días. Lo digo porque durante muchos años estuvo aquí radicada la Perfumería Lyana, luego estuvo Adabaki y hoy es una tienda de la actriz Nerea Garmendia. A continuación, en el nº 16 de la calle  estaba, en los años 20, la tienda de confección, (de ropas hechas o confeccionadas, decían entonces), de Dominica Egozcue. En este local, en 1946 el padre del exlehendakari Carlos Garaicoechea fundaría la Ferretera Navarra junto a su socio M. Goldaracena. En 1990 se reformó la ferretería, eliminando los artículos de ferretería general y menaje, sustituyendolo por una amplia exposición de artículos de manillería, tiradores, herrajes y accesorios de baño, bajo el nombre de Krisketa. Desgraciadamente hace unos cuantos años se cerró este comercio para dar paso a otro nuevo establecimiento hostelero, el Quixote 42 y digo desgraciadamente porque la hostelería ha crecido en el Casco, en buena medida, en locales que antes eran comerciales. Tras Krisketa estaba, y sigue estando Cafés Bruno. Aquí en la primera década del siglo había otra tienda de sombreros, la de Teresa Otcet, si bien fue de corto recorrido ya que en 1920 se ubicó aquí la barbería de Candido Goñi y luego, desde los años 40, la peluquería de Eusebio Roses.

A continuación, en los números 20-22 estaba, a principios de siglo, la tienda de ultramarinos finos de Modesto Igoa, Los Vascos y posteriormente, en los años 30, la taberna de Gervasio Guerendiain y en el primer piso la fonda y casa de huéspedes de Victorina Amostegui. En los números 24-26, donde hoy está el bar La Escalerica de San Nicolás, estuvo durante más de 70 años, desde 1948, la tienda de electrodomésticos de Antonio Zapatería Amorena, hoy trasladada al nº 42 de la calle Zapatería. Pero retrocedamos algunos años en el tiempo;  en los albores del nuevo siglo aquí estuvo la papelería y venta de objetos de escritorio de Casildo Iriarte (también vendía quincalla fina). Más tarde, en la segunda década, (la foto es de 1918) se ubicó  el Bazar de Martin Ostiz y Cía. Vendía todo tipo de productos: juguetes, perfumes, objetos eléctricos, articulos de viaje, quincalla, etc. En  1948, como he comentado,   se instalaría en su lugar   Antonio Zapatería Amorena, procedente de la vecina calle Comedias (1943) y anteriormente (1938), de la calle García Ximenez.   Vendía, instalaba y reparaba maquinaria y material de electricidad, así como  aparatos de radio y otros productos, gama de productos que ampliaría  su hijo Miguel Bretos Alemán. Sobre este local, en el 2º piso, estaba en los años 40 y 50 el restaurante Yaben, de José Yaben Insausti que vemos en la foto de la derecha del párrafo anterior.
En el nº 4 de la calle  Comedias, donde hoy está la Joyería Xuan, estaba  la barbería de Canuto Ezcurra y lo estuvo, por lo menos,  hasta el final de la contienda bélica. Y es que Joyería Xuan, está en ese local, por lo menos desde 1940, hoy regentada por la segunda generación. Junto a él, probablemente donde hoy está la heladería Larramendi estuvo, en los años 40-50, el bazar de Manuel Esparza, que tenía tienda enfrente, con especial dedicación a la bisutería y quincallería. Aqui en este tramo y lado de la calle Comedias ha habido varios traslados que señalaré a continuación. Luego de la joyería Xuan, sobre la cual estaba la peluquería de Jesús Zamarbide,  venía el centenario Café Roch, del que ya hablé extensamente en la anterior entrada dedicada a la calle Comedias y que vemos en una bonita foto de los años 40-50, junto a este párrafo. En los años 30 teníamos a continuación, en el nº 8-10,  la tienda de coloniales de Félix López, y la sastrería de Fermín Muru, donde hoy está la tienda de ropa Komedias Bidean. Entre los años 50 y 80 estuvieron, en este local,  tiendas de zapatos como Calzados Jucal o Tacones y luego la tienda de ropa deportiva Cuatro Estaciones de Pedro Lizarraga, padre del actual titular de la tienda Komedias Bidean. En el 12, donde hoy se encuentra  El Patio de las Comedias  pasaron muchos y diferentes negocios a lo largo de la reciente historia local. Aquí en 1903 había una tienda de aceites regentada por Jose Goicoechea que luego se trasladaría al nº 16 de la calle. En los años 20 aquí se instaló la afamada ferretería de Pablo de la Fuente, inicialmente localizada en el nº 16 de la calle que vendía, además de los productos típicos de una ferretería maquinaria para trabajar la madera, calefacciones, puertas, baterías de cocina, máquinas de afeitar, herrajes, herramientas, heladoras, extractoras de incendios,  arcas para caudales, rótulos esmaltados y hasta películas cinematográficas, imagino que se referiría al material para el rodaje o la fotografía y desde finales de los 40, aquí estuvo  la fabrica de dulces, pastelería y confitería de Francisco Meoqui. Por último, durante varias décadas en este lugar estuvo la conocida zapatería Calzados Biarritz de la familia Erviti y más tarde la zapatería de Ramón Durán, poco tiempo, antes de su actual desino hostelero.

A continuación hay un edificio de reciente construcción, el nº 14-16, seguramente erigido en los años 60, donde hoy esta la librería Elkar. Allí a primeros de siglo, en el edificio que ocupaba entonces esos números estaba la botería de Pedro Echarri con una larga trayectoria en el lugar, probablemente hasta el derribo del inmueble existente, que vemos en la foto de la derecha, de 1925, y donde se observan, si se mirá con atención, algunos negocios de la calle. Pedro Echarri Balda procedía de Lecumberri y entró a trabajar en casa de Ramon Frauca que tenía cuadras, graneros, una fonda y también hacía botas de vino. Echarri adquirió posteriormente todo el edificio y todo los  negocios: la tienda, la fonda, etc. La fonda se la traspasarían en los años 50 a las hermanas Rosario y Teofila Irure. Más tarde el negocio pasó a manos de su hijo Víctor y de un sobrino,  continuando con la misma marca,  Botería Echarri hasta que en 1945 cambiaron el nombre por Botería San Fermín mientras la razón social era  la de Echarri Hermanos S.L.  Y a continuación de la Botería Echarri estaba en los años 20, Calzados German Anaut, y  en los años 30 la zapatería de María Luisa Iribas, un local que mantendría su uso a lo largo del tiempo ya que en los años 40-50 en este sitio estaba la zapatería de calzado fino de Faustino Errea. En el último tramo de la calle estaban, en los años 30, un negocio de alquiler de automoviles, regentado por Pascual Martín y desde los años 40-50 la tienda de ropa de punto Tarpuy y el restaurante de Pablo Arce.Fotos por orden de aparición: Café Suizo (1924-1925). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Cruce de San Nicolás (1953-54). Inge Morath. San fermín. Años 50. Botería las 3 ZZZ (1965). Vicente Galbete. Bazar Martín Ostiz (1918). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Cafe Roch (años 50) del Café Roch. Calle Comedias (1925). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. 

Enseñanza media y superior en el Viejo Pamplona (1842-1989)

Después de hablar, hace seis meses, sobre las escuelas de primaria del Viejo Pamplona, me faltaba referirme a los grados medios y superior de la enseñanza general y hablar de otro tipo de enseñanzas especializadas para completar este capítulo de la Educación. En aquella entrada señalaba algunos colegios privados que impartían segunda enseñanza pero no hablé del centro de referencia de enseñanza media de carácter público que había en la ciudad, me refiero al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, situado en la calle Navarrería y cuya postal de Eusebio Rubio, de 1905, encabeza esta entrada. Erigido en 1842, inicialmente como centro privado y posteriormente como público, dependía de la Universidad de Zaragoza, y ostentaba el nombre de Instituto General y Técnico. El edificio del Instituto fue construido por encargo de la Diputación, en 1865, bajo la dirección del arquitecto Maximino Hijón y su coste fue de unas 625.000 pesetas. Tenía una gran entrada de cuyo fondo se elevaba una elegante cristalera encristalada que llegaba hasta el piso principal. En la planta baja tenía dos patios interiores y tres laterales pequeños y un jardín muy cuidado. El patio principal, convertido en jardín, estaba rodeado por dos galerías o claustros, uno bajo y otro alto, elegantemente decorados y sostenidos por columnas de hierro. El bajo daba paso a varias cátedras y a los gabinetes de Física, Química e Historia Natural. El alto, encristalado servía de paso al Salón de Grados, Secretaría, Biblioteca y habitaciones del director.

El segundo patio del edificio formaba el principal de esta escuela y tenía comunicación con el primero y entrada independiente por la plazuela de San José. En un principio esta parte de edificio estuvo destinada a colegio de internos del Instituto, quedando después para la Escuela Normal de Maestros. En la foto de la izquierda, publicada por José Joaquín Arazuri en su libro “Pamplona, calles y barrios” aparece el edificio de la Escuela Normal en 1935. En la postal  de la derecha, de algunos años antes aparece la parte del edificio que se seguiría dedicando a Instituto Provincial. El patio contaba con dobles arcadas, sobre las cuales había dos galerías que daban paso, con escaleras independientes a las distintas clases de maestros y maestras, habitaciones del director y directora, porteros y otras dependencias. La Biblioteca estaba surtida de obras antiguas y raras, procedentes de los  antiguos conventos de Pamplona. En 1924 la Biblioteca del Instituto contenía más de 30.000 volúmenes. A comienzos de los años 20  el Instituto contaba con 300 alumnos matriculados, duplicando esta cifra a finales de la década. En 1939, tras la guerra civil, la separación de sexos conllevó la división del Instituto Provincial de Segunda Enseñanza en dos centros: el masculino “Ximenez de Rada” y el femenino “Príncipe de Viana” que se trasladaron, a partir de  1944, a su actual ubicación en la plaza de la Cruz, bajo el rótulo de “Institutos de Navarra”. 

En este mismo edificio, como he dicho, en el colegio de internos del Instituto, estaría también, desde 1885, la Escuela Normal de Maestros y Maestras cuya directora, en los primeros años de siglo, fue  doña Mariana Sanz. La Escuela había comenzado a funcionar el 1 de mayo de 1840 en el antiguo convento de San Francisco. En 1843 se había creado la Escuela de Prácticas Aneja a la Normal que tenía su sede, igualmente,  en las Escuelas del Convento de San Francisco y que, después, estaría en las nuevas Escuelas de San Francisco. En la Normal dieron clase personalidades de la cultura de aquellos años como Leoncio Urabayen, Joaquín Maya, Ramón Bajo Ulibarri, Alberto Huarte, etc. En el curso 1922-23 había matriculados en la Normal 236 alumnas en la de Maestras, (300 en 1928), y 46 alumnos en la de Maestros, triplicando esta cifra a finales de la década. En los años 30 los estudios de Magisterio duraban tres años y en el período de prácticas se percibía un sueldo. En los años 40,  con el traslado de los institutos de enseñanza media a la plaza de la Cruz, en el edificio de la plaza de San José quedaron las dos escuelas, la de   maestros, “Huarte de San Juan” y la de maestras “Blanca de Navarra” que en 1967 se integrarían en una única Escuela Normal y, posteriormente, desde 1972, en la Universidad como Escuela Universitaria de Profesorado de Educación General Básica. En el curso 1987-88 cursaron sus estudios en la Escuela de Magisterio 870 alumnos.

El primer intento serio de montar una escuela de artes data de 1828, fecha en la que el Ayuntamiento de Pamplona pone en marcha una Escuela de Dibujo en el nº 80 de la calle Mayor que más tarde se traslada  al antiguo convento de San Francisco y la Diputación promueve, por su parte, la creación del Instituto General y Técnico de Pamplona donde se imparte también dibujo natural y lineal, pero no es hasta el año 1873 cuando, por acuerdo de la Diputación y Ayuntamiento, se refunden los estudios existentes en la Escuela de Dibujo y en el Instituto y se inaugura la Escuela de Artes y Oficios. Su primera sede estuvo en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza si bien en 1890 se trasladó al edificio de la Alhóndiga, situada inicialmente, desde 1850,  en el Paseo de Sarasate y que luego vendería, el solar,  al Banco de España para trasladarse a un gran caserón en la confluencia de las actuales calles Estella, Yanguas y Miranda y Alhóndiga. este viejo caserón se derribaría en 1965. En la foto de 1963, de J.J. Arazuri, podemos ver el edificio de la Alhóndiga poco tiempo antes de su desaparición. En 1908  dirigía la Escuela  Florencio Ansoleaga y contaba con 350 alumnos. En 1917 la Diputación dejó de tutelar la Escuela y pasó a ser enteramente municipal, creciendo el alumnado y obligando a ampliar el edificio existente. En la década de los 60 se trasladó la Escuela nuevamente a San Francisco, al derribarse el edificio de la calle Estella, si bien algunas clases se impartían también en la escuelas de Compañía.  En 1967 pasó a llamarse Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. En 1969 se empezó a construir el nuevo edificio que se inauguraría en 1972, en el nº 27 de la calle Amaya, ampliando a lo largo de los años sus disciplinas artísticas. Este centro quedaría como un centro de enseñanza reglada de formación profesional. Hoy en día depende del Gobierno de Navarra. En 2003 los llamados cursos monográficos, (enseñanzas no regladas pertenecientes a la antigua escuela municipal), se trasladaron a la Escuelas de José Vila, redenominando dicha escuela, en 2008, como Escuela de Artes y Oficios “Catalina de Oscariz”. Entre los profesores de la Escuela de Artes y Oficios  estuvieron, a lo largo de su larga historia, nombres como  Miguel Sanz y Benito, Eduardo Carceller y García, Millán Mendía Azpilicueta, Miguel Pérez Torres, Leocadio Muro Urriza, Enrique Zubiri Manezaundi, Gerardo Sacristán, José María Ascunce, Fernando Redón y Juan José Aquerreta.

La Academia de Música fue fundada en 1858  por Mariano García Zalba, exalumno de la Capilla de la Catedral. A principios del siglo XX contaba con 550 alumnos. En ella enseñaron, entre otros, José Luna, Avelina Izco, Emiliana Zubeldia, Gurmensindo Bravo, Felipe Aramendia, etc. Dirigieron la Academia tras su fundador y hasta los años 50, su hijo Mauricio, Joaquín Maya, Santos Laspiur  y Miguel Echeveste. La Academia desapareció al fundarse el Conservatorio de Música Pablo Sarasate. El Conservatorio fue, en cierto sentido, heredero de la Escuela. Y es que en 1956 la Diputación había creado oficialmente el Conservatorio Navarro de Música Pablo Sarasate. El decreto de la creación fue una ampliación del decreto de 1951 que había convalidado la validez, con grado de conservatorio, de la Academia Municipal de Musica de Pamplona.   De hecho, el Conservatorio comenzó su primera etapa en la sede de la Escuela de Música que dirigía entonces Miguel Echeveste. Dirigió el Conservatorio entre 1957 y 1973 Fernando Remacha y tras él Pascual Aldave, Santiago Garay, Miguel Roa, Miguel Angel Navascues, Armida Luengo, Aurelio Sagaseta, Jose Ignacio Martínez Zabaleta, Máximo Oloriz, Fernando Sesma, Salud Bueno y Julio Escauriaza (hasta 2011).  En 1963 se inauguró su nueva sede de la calle Aoiz. 

Junto a la Escuela de Magisterio, en el edificio de la plaza de San José, se ubicaría en el curso 1944-45 la Escuela de Comercio que podía impartir todas las enseñanzas de Profesorado Mercantil. Desde 1972 se transformó, igualmente,  en Escuela Universitaria de Estudios Empresariales, con carácter de diplomatura, pudiendo accederse directamente a la Facultad de Económicas y a la de Empresariales. En el curso 1987-88 había 1.297 alumnos matriculados en la Escuela de Empesariales. A comienzos del siglo XX había algún otro centro de enseñanza especializada:  por ejemplo, la Escuela de Peritos Agrícolas de Navarra con origen en la granja escuela de Práctica de Agricultura de Villava, creada a iniciativa de la Diputación Foral de Navarra en 1914, si bien la Escuela nació como tal en septiembre de 1924 en las dependencias de la citada granja escuela. Junto a este párrafo podemos ver sendas fotos del edificio del Palacio del Congreso Nacional de Viticultura, obra del arquitecto José Yarnoz, inaugurado en julio de 1912 que serían la sede de la citada Escuela. En 1966 pasó a llamarse Escuela de Ingeniería Técnica Agrícola, transformándose en escuela universitaria en 1978, adscrita a la Universidad Politécnica de Madrid. En el curso 1987-88 contaba con 478 alumnos. La Escuela de Graduados Sociales se creó, por su parte, en el año 1959, en los locales de la antigua casa sindical, teniendo como origen los cursos que impartía el Servicio de Formación Sindical para formación laboral de trabajadores. En 1962 se trasladó a la calle Iturralde y Suit. En 1980 adquirió rango universitario, cursando sus estudios, a comienzos de los años 80, 560 alumnos.

También  habría que citar dentro de este apartado de la enseñanza media y superior la impartida en los seminarios: así el Seminario Conciliar, fundado en 1777, ubicado en la calle Dormitalería, tenía a finales del siglo XIX con 600 alumnos inscritos, 110 de ellos internos, el Seminario Episcopal de la calle Tejería, fundado como una sección del Conciliar,  con el nombre de Colegio de San Francisco Xavier,  contaba  60 alumnos (1881) (en la foto adjunta del Archivo Arazuri, publicada en “Pamplona, calles y barrios” podemos ver una foto de dicho seminario en 1936) y el Colegio de San Juan Bautista (1734), de la calle Santo Domingo, esquina cuesta del Palacio, contaba con 12 plazas internas. 

Un precedente histórico universitario en nuestra ciudad sería la Universidad de Santiago, dirigida por los Dominicos entre 1630 y 1771 que fue suprimida por el rey Carlos III. Otro intento de creación de un centro universitario, en este caso de medicina, fue  la creación en Pamplona del Real Colegio de Medicina, Cirugía y Farmacia del Reino de Navarra inaugurado en octubre de 1829, en el antiguo Hospital, hoy Museo de Navarra y que apenas tuvo 10 años de vida. Posteriormente hubo varios intentos desde la Diputación Foral todos ellos fracasados entre los que llama la atención la iniciativa de 1886 en la que la Diputación foral propuso a las de Guipúzcoa, Vizcaya y Alava formar un distrito universitario que tuvo buena acogida por varios ayuntamientos navarros pero que no tuvo finalmente aceptación por las provincias vecinas. Tuvo que pasar siglo y medio hasta que  Pamplona contase con otra Universidad, aunque como aquella o la de Irache,  de carácter privado y bajo el auspicio del Opus Dei.
En efecto, en  abril de 1952 nacía el Estudio General de Navarra, germen de la actual Universidad de Navarra, con la creación de una Escuela de Derecho. El curso con 48 alumnos y 8 profesores se inició en la Cámara de Comptos, como podemos ver en la foto adjunta de la izquierda. Dos años más tarde (1954) se crearon las escuelas de Medicina y Enfermería que tendrían su sede inicial en un pequeño edificio del Hospital de Navarra donde realizarían las prácticas; en 1955, nacía la Facultad de Filosofía y Letras, en la última planta del Museo de Navarra, en unas aulas cedidas por la Diputación foral. En 1958 se creaba el Instituto de Periodismo, convertido en Facultad de Ciencias de la Información en 1971. En 1960 el Estudio General se convirtió en Universidad y ese mismo año comenzó  a construirse, en el naciente campus, el primero de sus edificios universitarios, el Edificio Central (que vemos en una postal a color de Ediciones Vaquero de 1966, a la derecha de este párrafo),  a los que seguirían, en los años siguientes, otros que albergarían las diferentes escuelas y facultades universitarias.  En una foto de la izquierda de este párrafo, datada en 1960, vemos una foto bastante curiosa, el desfile de profesores con toga y birrete, por la cuesta del Museo.  En 1964 se creaban las Facultades de Ciencias (Biología), Farmacia y Arquitectura y en 1987 la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.  En 1987-88 la Universidad de Navarra contaba con 14.670 alumnos entre todos sus centros (tanto de Pamplona como de fuera).

En 1973 se producía la primera oferta universitaria de carácter público al crearse el centro regional de Navarra de la UNED, con las secciones de Derecho y Filosofía y Letras, si bien el centro asociado había sido creado en 1971 gracias al impulso de la Diputación que había formalizado, incluso un convenio con la Universidad de Navarra para desarrollar el citado centro y creado un Patronato para su gestión. En 1988-89  la UNED contaba con 2.649 alumnos matriculados en Derecho, Geografía e Historia, Filología, Psicología, Ciencias de la Educación, Filosofía, Económicas y Empresariales, Ingeniería Industrial, Sociología, Ciencias Políticas, etc. 

En 1987, el Parlamento Foral aprobaba la creación de la Universidad Pública de Navarra que inició sus actividades docentes en el curso 1989-90, con cuatro titulaciones superiores y dos medias: Ingenieros Industriales, Ingenieros Agrónomos, Licenciados en Económicas y Empresariales y diplomados en Ingeniería Técnica Industrial y Graduado Social, dando cauce a una vieja aspiración histórica de la comunidad. La Universidad contaría inicialmente con los siguientes centros: la  Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, que impartirá los títulos de diplomado en Profesorado de EGB, Trabajo Social y Ciencias Políticas, y las licenciaturas de Traducción e Interpretación, Sociología y Ciencias Políticas; la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales (con las diplomaturas de Estudios Empresariales, Graduado Social, Informática de Gestión y licenciatura en Ciencias Empresariales); la Escuela Universitaria de Estudios Sanitarios, con las diplomaturas de Enfermería, Fisioterapia, Logopedia, Podología y Dietética; la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicaciones, que impartirá primeros y segundos ciclos de ocho especialidades diferentes; la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos, con tres especialidades en los dos ciclos, y el Centro de Estudios de Planificación Territorial. El campus se construiría, finalmente en Arrosadía tras algún intento fallido de llevarla al centro histórico de la ciudad.


Fotos por orden de aparición: Instituto de Segunda Enseñanza (1905). Fotopostal de Eusebio Rubio; Escuela Normal de Maestros (1935). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Instituto de Segunda Enseñanza (1910). Fotopostal de Eusebio Rubio. Escuela de Artes y Oficios (1963). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Jóvenes en la plaza del Castillo (1955). Pachi Calleja. Escuela de Peritos Agricolas de Villava (1924). Archivo General de la Universidad de Navarra. Seminario Episcopal (1936). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Desfile inaugural del curso académico universitario (1960). Archivo General de la Universidad de Navarra.  Escuela de Derecho en la Cámara de Comptos. (1952). Archivo General de la Universidad de Navarra. Edificio Central de la Universidad de Navarra. (1966). Postal de Ediciones Vaquero. Archivo UNED (sin datar). Archivo Universidad Pública de Navarra (sin datar).

Imagenes del ayer: Las murallas. De la Media Luna a la Taconera (1911-1971)


Para los que nacimos y vivimos fuerapuertas de las murallas, allá abajo, en el barrio extramural de La Rochapea, las murallas tenían un encanto especial cuando eramos niños, soñábamos imaginarias aventuras al asalto de una fortaleza que podía esconder inimaginables secretos. Y es que  la ciudad amurallada aparecía rodeada, ante nuestros ojos infantiles,  de un increíble y maravilloso halo de misterio.  A ellas tengo asociados hermosos recuerdos, algunos de los cuales he dejado reflejados en las páginas de este blog; como aquellos, de mi infancia, narrados en la entrada dedicada al Baluarte del Redin y el Mesón del Caballo Blanco. Otros asociados a mi adolescencia y juventud, en entornos llenos de romanticismo como los parques de la Taconera y la Medialuna. Más tarde serían la curiosidad y el interés por la historia de mi ciudad los motivos por los que me ha seguido atrayendo   este tesoro de nuestra ciudad mantenido, con mayor o menor fortuna,  desde hace varias centurias como testigo mudo de nuestra historia. Si hay algo que creo,  que afortunadamente, ha concitado el apoyo de todos los grupos políticos municipales a lo largo de los últimos decenios ha sido la recuperación y restauración de nuestro recinto amurallado. Gracias a esa labor los pamploneses podemos disfrutar actualmente, y en su integridad, de un magnífico paseo desde la Taconera a la Medialuna, o desde la Medialuna a la Taconera, como se quiera, paseo que no siempre, como les contaré, estuvo abierto.

En mi niñez había zonas abiertas al público desde hacía muchísimo tiempo como los parques de la Taconera, -con su mirador, jardines, andenes y fosos- y la Medialuna, -con su mirador, fuentes y jardines así como el fortín de San Bartolome dominando, -con su recinto cerrado y oculto a los ojos curiosos-, el terreno, tal y como cuento en la entrada del blog dedicada a estos parques. Otras zonas acababan de ser restauradas unos pocos años antes de que yo naciera, como la ronda del Obispo Barbazán y la zona del Redín. La Ronda del Obispo Barbazán estuvo cerrada entre el Redín y la fachada lateral del Palacio Episcopal hasta 1959, abriéndose el paseo en 1961. Fue en esos años cuando se colocó, -en el rincón que hay junto al edificio capitular-, un altar de piedra con una imagen mariana. Sin embargo otras zonas permanecerían ocultas hasta fechas relativamente recientes como los tramos más cercanos al Palacio de Capitanía o el Paseo de Ronda, en la zona situada entre el Museo de Navarra y la plaza de la Virgen de la O. A lo largo de esta entrada, de contenido fundamentalmente fotográfico, podemos ver a través de  postales de Eusebio Rubio (luego Vda. de Rubio), L. Roisin, García Garrabella, A. de León, Arribas, Dominguez, Vaquero y Escudo de Oro y de fotos de Galle, Cía y Zubieta y Retegui, diferentes estampas de nuestro recinto amurallado, centradas sobre todo en el frente este y norte (Media Luna, Tejería, Redin y Portal de Francia), ya que del Portal Nuevo y Taconera ya ofrecí un extenso reportaje fotográfico en sus respectivas entradas. Al final de artículo, se repasan todas las fotos, la fecha aproximada en la que se tomaron y su autoría.

Ya hablé con cierta extensión del parque de la Media Luna en su entrada. En ésta recordaré tan solo las principales fechas de su reciente historia. Entre 1923 y 1933 se realizaron las obras de adecentamiento de la Media Luna, sobre una zona tradicionalmente de paseo, situado entre cultivos de secano. En 1935 se construyó el muro de contención que serviría de base para el largo paseo que comunicaría  la ripa de Beloso y la zona del fortín de San Bartolome. El  fortín se rehabilitó en 1943, año en que también se ejecutaron el grueso de las obras del parque, bajo idea y dirección de Víctor Eusa. Alguna construcción de este parque sería posterior como la del conocido bar (1949) o el monumento a Sarasate (1959). En 1962 se instalarían en los fosos contiguos al Baluarte de San Bartolome  un tobogán y unos columpios, que yo recuerdo perfectamente de  mi infancia, momento, el de la instalación,  que recoge la foto de Galle.



En 1952 se había construido junto al Jito Alai, el Frontón Labrit, que vemos en la foto del párrafo anterior, de Zubieta y Retegui, (1950) perteneciente al año de comienzo de las obras.  Algunos  años antes, en 1946,  se había demolido muy cerca de allí una joya monumental cuyo derribo hoy sería impensable que sucediese, el Convento de la Merced del siglo XVI. En El Redin se mantenía un ruinoso cuerpo de guardia como los que existieron  junto a otros portales del recinto amurallado:  el de Santa Engracia, el de de Santo Domingo (que es el único que se conserva) o el de San Nicolás. Entre 1960 y 1961 se construyó el Mesón del Caballo Blanco, con los restos del Palacio de Aguerre o Casa del Orfeón de la calle Ansoleaga, donde poco tiempo después se erigiría el Hotel Maisonnave. De él se aprovecharon la bóveda gótica, las ventanas de arco lobulado y algunos otros elementos. En el exterior se instalarían  bancos y mesas de piedra y farolas de forja artesanal como las que vemos en las postales turísticas de aquellos años. Se elevarían muretes y parapetos, se pavimentaría el Paseo y en general todo el entorno próximo al Mesón, se instalaron tres piezas de artillería,  incluso se llevaron algunos ciervos y algunos otros animales a los fosos, como se había hecho anteriormente en la Taconera, y que yo he llegado a conocer. Allí se dejarían ver los últimos cordeleros de la ciudad, concretamente a Juan Angel Elizari que realizaría sus tareas hasta 1968. Junto a este párrafo podemos ver, en la primera foto de la izquierda, el desarrollo de las obras de mejora en el Redin (J. Cia, 1959) y en diferentes postales de los años 60 y 70, pertenecientes a Ediciones Vaquero y Dominguez como quedó la zona tras las obras.

En 1915, el Portal del Francia, o Portal del Abrevador, que data del año 1753, dejaría de cerrarse por la noche y su puente levadizo cesó su diaria actividad. En 1939, tras la guerra,  cambiaría su nombre pasando a llamarse Portal de Zumalacarregui. En 1951 se realizaron obras de restauración del citado Portal y de su entorno, como podemos ver en la foto de la derecha de J.Cia. Como he comentado líneas atrás, la zona de la muralla cercana al Palacio de Capitanía seguiría cerrada durante varias décadas, hasta hace muy pocos años. Ya he hablado de este Palacio en la entrada dedicada a la presencia militar en la Pamplona, hace unas pocas semanas, por lo que no voy a incidir nuevamente en ello. Será después de su total restauración para convertirlo en el Archivo de Navarra, algunos años después, cuando se abra  el Paseo en esta zona de la muralla, recuperando el pasadizo y el nevero que había en el lugar desde hace siglos. 

También en torno a 1914-15 se derribó el Portal de la Rochapea, cuyo escudo estuvo, durante décadas,  junto al machón de piedra cercano al corralillo de los toros hasta que se trasladó, probablemente a principios de los 60, a la columna izquierda del Portal Nuevo. A la derecha, podemos ver el portal antes de su derribo, en una fotopostal de Eusebio Rubio (1910). Durante mucho tiempo, entre el espacio existente entre el viejo Palacio de Capitanía y la cuesta de Santo Domingo, hubo algunas huertas y casitas bastante modestas. Luego,  desde el tramo bajo de la Ronda de Descalzos, cerca de un cuerpo de guardia y hasta las inmediaciones del Portal Nuevo, la zona estuvo vallada, bueno más que vallada tapiada durante mucho tiempo, o al menos de manera recurrente e intermitente. 

Como ya comenté en la entrada dedicada al parque de la Taconera, en 1906 se derribó el viejo portal de Santa Engracia, siendo sustituida su modesta apertura del siglo XVII, por una anodina pasarela con barandilla de hierro sobre unas columnas de fundiciónm  a la que seguiría, en 1950, el actual Portal Nuevo, de Víctor Eusa, con su gran arco y sus torres almenadas. En la postal adjunta de Edición Escudo de Oro podemos contemplar a unos dantzaris del Muthiko Alaiak bailar junto a las torres almenadas del Portal. Entre 1925 y 1930 se rellenaron los fosos del antiguo baluarte de Gonzaga, tomando ese lado de la Muralla su aspecto actual. Cerca del Mirador había un bar que yo no llegué a conocer, pero que se derribó en 1960 para levantar poco después, en 1963, la cafetería Vista Bella, lugar en el que se realizarían, a lo largo de su dilatada historia de casi 40 años, no pocos banquetes y bodas. Cerca, en el año 1934, se había instalado la arquería gótica que podemos contemplar todavía hoy junto a los fosos, arquería que procedía del Monasterio Viejo de Marcilla y que contaba inicialmente con la estatua sedente de Teobaldo I de Champaña, obra de Victoriano Juaristi. Como quiera que la estatua fue objeto de diversos ataques vandálicos en aquel tiempo, se decidió retirarla y ya no se repuso luego. En 1949 hubo un proyecto para convertir los fosos en un lago, sin que afortunadamente el proyecto prosperase. Algunos más años tarde, en 1954, se acometería la ampliación del Portal de la Taconera, cerca de la actual calle Navas de Tolosa. Del parque de la Taconera me quedan muchos recuerdos pero recuerdo sobre todo la caseta de bicicletas y el minizoo, con aquel mono tan gracioso al que llamaban Charly. Tras la Taconera venía la vuelta del Castillo en la que, por aquellos años, en 1960, aun podía verse algún rebaño de ovejas pastando. Así pues, el Paseo, que va desde la Media Luna a la Taconera, constituye seguramente unos de los más hermosos paseos de la ciudad, que recomiendo vivamente a cualquier pamplonés que quiera a su ciudad o a cualquiera que nos visite.

Fotos por orden de aparición, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Baluarte de San Bartolomé (1911). Foto Moya. Retal Revista. Portal de Francia (Años 20-30). L.Roisin. Baluarte de San Bartolomé (1919). Ediciones Arribas, Murallas de Redin (Años 30). Ediciones García Garrabella. Detalles del Portal de Francia (años 20-30). L. Roisin. Inicio de las obras del Frontón Labrit. (1950) Zubieta y Retegui. Pamplona, calles y barrios de J.J. Arazuri. Instalación del parque infantil en los fosos de la Medialuna. (1962). Galle. Archivo Municipal de Pamplona (AMP). Obras en la zona del Redín (1959). Galle. AMP. Ronda del Obispo Barbazán. (1969). Ediciones Vaquero. Zona del Redin (años 60). Ediciones Dominguez. Inmediaciones del Portal de Francia. (Años 20-30). Ediciones Arribas. Restauración del Portal de Francia (1951). J. Cía. AMP. Cañones del Redin (Años 60-70). Ediciones Dominguez. Portal de la Rochapea (1910). Postal de Eusebio Rubio. Portal Nuevo (Años 60). Ediciones Escudo de Oro. Portal de Francia (1971). Escudo de Oro. Ronda del Obispo Barbazán. Finales de los años 50. Ediciones García Garrabella. Parque de la Media Luna. Finales de los años 50. Ediciones García Garrabella. Portal de Francia. Años 30. L. Roisin. Inmediaciones del Portal de Francia (años 20). A. de León.

Imagenes del ayer. Selección: La plaza del Castillo, de día y de noche (1928-1931)

Buscando nuevas fotografías con que poder obsequiarles, he encontrado este par de originales de los archivos digitales históricos (Fondo Ruiz Vernacci) que tienen una excelente calidad, especialmente la diurna, y que nos ofrecen una poco conocida panorámica de la Plaza del Castillo, tomada desde el Hotel La Perla, donde podemos ver el Teatro Gayarre, (anteriormente conocido como Teatro Principal), cerrando lo que desde 1932 sería el comienzo de la Avenida de Carlos III, flanqueado por el Credito Navarro a la izquierda y el Palacio de Diputación a la derecha, el kiosko de la música, de madera, en mitad de la plaza, rodeada por un parterre, mucho antes de que fuera sustituido por el actual kiosko de cemento (que data de 1943), y sin rastros de los bancos, mosaicos o plataneros que constituirían la imagen tradicional de la plaza durante más de medio siglo.
Como curiosidad, si se fijan en las farolas, se darán cuenta de que al menos se ha recuperado el estilo de las luminarias, pues dichas farolas tipo báculo son las que actualmente lucen en la plaza. Para datar la fecha de realización de las fotos, me he basado en dos hechos que nos pueden acotar algo la cronología. Vemos que ya está construido el nuevo edificio del Banco de España en el Paseo de Sarasate (se terminó en agosto de 1927) y aun no se ha derribado el edificio del Teatro para trasladarlo a su actual ubicación en la avenida de Carlos III (se derribó en 1932), por lo tanto la fotografía tiene que ser forzosamente de ese período.  

En esos años, Pamplona vivía el desarrollo de la primera fase de su nuevo ensanche, -que se había iniciado al comienzo de la década-; la dictadura de Primo de Rivera caminaba hacia su recta final y se aproximaba la II República que terminaría trágica y abruptamente con la guerra civil, si bien en nuestra ciudad, en nuestra comunidad, no hubo frente de guerra. Estos años, finales de los 20 y comienzos de los 30,  fueron años convulsos en nuestra ciudad, en los que ya se comenzaba a gestar, tanto en los periódicos como en las calles, el abierto enfrentamiento entre el bloque conservador, con mucho poder y raigambre en nuestra tierra, sobre todo el componente carlista, el nacionalismo y el emergente bloque de izquierdas (fundamentalmente republicano-socialistas), como veremos en los capítulos que dedicaré a la política en nuestra ciudad durante el primer tercio del siglo XX. La plaza del Castillo, verdadera sala de estar de los pamploneses sería mudo testigo de dichos enfrentamientos y de los principales acontecimientos históricos y sociales que viviría nuestra ciudad y nuestra comunidad a lo largo del siglo XX. 

Origen de las cajas navarras en los albores del siglo (1872-1921)

Hace poco más de seis meses hablé en este mismo blog de los primeros bancos navarros, de los cuales a estas alturas de la historia ya no queda ninguno. En esta ocasión hablaré del origen de nuestras cajas, de las cuales ya sólo nos queda una  verdaderamente navarra, la Caja Rural. Sin embargo, no hace tanto tiempo, parece que fue ayer, las tres cajas de la tierra custodiaban más del 50% de nuestros ahorros. Seguiré un orden cronológico y empezaré por la más antigua de todas, la Caja Municipal. La Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Pamplona  se fundó el 14 de febrero de 1872 por acuerdo del Ayuntamiento de Pamplona, aunque parece que hubo un intento, en 1861, que no llegó a prosperar, abriendo su primera oficina como tal  el 24 de noviembre de ese año. El Ayuntamiento se comprometía, decía textualmente en su acuerdo de constitución:  “a que cuantas cantidades se ingresasen en la Caja serían, en todo tiempo, un depósito sagrado, y que siempre, y en todas épocas, la Corporación Municipal sería responsable de los fondos ingresados”. El Ayuntamiento que la creó estaba presidido por Rafael Gaztelu y Murga, marqués de Echandía y eran concejales en aquella corporación entre otros Vessolla, Mata, Mena, Arraiza, Ripalda, Olaso, Bescansa, Seminario, San Julián, etc y la corporación que la puso en marcha estaba presidido por José Javier de Colmenares y Vidarte y entre los que figuraban en ella estaban  los Galbete, Campion, Iraizoz, Ferrer, Mosso, etc.  La Caja fue creada y abierta con el apoyo de todos, sin distinción de ideología política. Tuvo su primera sede en el nº 47 de la calle Estafeta, en un edificio de su propiedad.  Posteriormente se trasladaría a la esquina de Mercaderes y Chapitela y que vemos en la foto del siguiente párrafo, donde hoy hay una sucursal de Caja Rural. En aquellos primeros años los ingresos en las Cajas tenían aun unos topes fijos (cinco céntimos) por lo que los balances finales no presentan entonces grandes cifras.Presidía la Junta de Gobierno de Caja Municipal de Pamplona en 1923, Angel Mocoroa siendo su administrador jefe  Eugenio Polit, que vemos en la foto de la derecha. Eran vocales los concejales que formaban parte de la Comisión de Hacienda del Ayuntamiento.  El activo y pasivo de la entidad ese año 1923 fue de 4,6 millones de pts y las imposiciones de 2,2, un año más tarde eran de 5,9 y las imposiciones de 3,1 millones de pts. Sus clientes no eran muy numerosos, pasando en poco más de 20 años, de 2.522 impositores en 1907 a  5.358  en 1927, más del 50% de ellos eran mujeres, con presencia también de comerciantes, artesanos y trabajadores. Se realizaban sorteos con el fin de fomentar el ahorro,  en 1924 regalaron 4.000 pesetas en premios. En sus primeros 57 años  la Caja se desenvolvió con dependencia directa del Municipio. Su crecimiento fue muy lento a lo largo de los primeros años de su historia, moviéndose entre los 6,1 millones de pesetas de 1927 y los 12,9 de 1940. No obstante y pese a esta situación, con sus préstamos a bajo interés ayudó a resolver todos los problemas importantes de la ciudad de aquellos años: la construcción de grupos escolares (como el  de San Francisco en 1907), de las Casas Baratas, de la cárcel provincial,  de la central telefónica municipal o del Nuevo Ensanche, entre otras, teniendo la mayor parte de su activo invertido en estas operaciones. También sirvió para mejorar la pavimentación de las calles de la ciudad, iniciar obras de saneamiento urbano, higiene y sanidad, alumbrado público, lavaderos públicos, financiación de líneas férreas, etc.


El 12 de abril de 1929 inició, por fin,  la Caja su vida autónoma, con unos nuevos estatutos, empezando a construir en 1931, un magnífico inmueble en el nº 5 de  Paseo de Sarasate que se inauguraría en 1935 (Junto a esta entrada vemos, a la izquierda,  la foto del solar tapiado (aparece en el libro de J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”) y a la derecha el edificio en plena construcción). Según su reglamento la caja se ofrecía a los vecinos de dentro y fuera de Pamplona lo que hace pensar que ya desde un primer momento se planeaban su extensión por el territorio foral, algo que no se llevaría a la práctica hasta muchos años después.  La Caja Municipal tendría también una importante vertiente benéfico-social, a lo largo de su historia. En ella residía el Patronato de las Cantinas Escolares, institución que  en los años 50 atendía a 1.400 niños que acudían a las escuelas gratuitas de la ciudad. Presidía en los años 50 la Junta de Gobierno de la entidad, D.Joaquín Asurmendi y entre los vocales estaban concejales como Arellano, Arraiza, Cojeces, Enderiz, Ibañez, Jadraque y Lacabe y vecinos como Pedro Alfaro, Juan Larrambebere, Luis Lorda Aguirre, Valeriano Zabalza, y Candido Zufiaurre. Fue director de la Caja, desde 1929 y hasta 1953, D. Ataulfo Urmeneta y Cidrian, padre del que sería después alcalde de Pamplona (1958-1964) y director también de la Caja, Miguel Javier Urmeneta (1953-1982), que vemos en la foto de la izquierda del siguiente párrafo. Con Urmeneta la Caja inició su etapa de crecimiento financiero y de modernización organizativa.


Tras la guerra, el crecimiento de la Caja había sido pequeño pero sostenido pasando de los 12,9 millones de pesetas de 1940,  a los 27,5 de 1945 y  a los 61,4 de 1953. A partir de los años 50 se produjo un notable incremento en los saldos y en  los prestamos  como consecuencia del inicio del período desarrollista (se pasa de 150 millones en 1958 a 1.500 millones una década más tarde, en 1968). La Caja Municipal no sería ajena  a la construcción de nuevas viviendas y barrios en la capital. Se seguían impulsando campañas de ahorro incluso entre los más pequeños como lo atestiguan algunos calendarios de la época que aparecen a lo largo de esta entrada, tanto al principio como al final (y que aparecen en el blog “calendariodebolsollo.blogspot.com”). En este período también crecería en el nº de sucursales, de 13 sucursales en 1960 se pasaría a 34 en 1968, 26 de ellas fuera de Pamplona.


Me detendré un momento en ese concepto, un tanto arcaico de “Monte de Piedad”, que acompañó durante muchos años al nombre de la Caja. El Monte de Piedad de la Caja comenzó su actividad el 2 de diciembre de 1872. Los Montes surgieron a mediados del siglo XV para luchar contra la usura, impulsados desde la iglesia y tenían un fin fundamentalmente benéfico-social, si bien para sobrevivir tuvieron que introducir los prestamos prendarios y cobrar un interés que garantizasen su futuro. Al principio el Monte de Piedad de la Caja llegó a admitir como garantía productos alimenticios pero posteriormente se limitó a ropas, colchones y alhajas, aceptando en los últimos años solo joyas y objetos de arte. Los prestamos no fueron muy grandes a lo largo de su historia: 47.325 en 1927, 162.538 en 1950 con 2.700 prestamos, bajando considerablemente en 1960 con un montante de 99.547 pts lo que parecía mostrar  una situación económica muy diferente.

En 1960 ya había comenzado su labor cultural (salas de exposiciones, centros culturales, premios literarios) y a finales de esta década costeaba los comedores de 10 grupos escolares, varias guarderías, centros de formación de la mujer, atención de personas con minusvalías, piscina cubierta, ayudas a la educación por medio de créditos y bolsas de estudio. En 1970 se inauguraba una Biblioteca en el barrio de San Pedro. La obra social perdería poco a poco su carácter benéfico y se orientaría en las últimas décadas a la cultura, el deporte, siendo sustituido la vertiente benéfica por una vertiente más asistencial adaptada a los nuevos tiempos, siendo, en este sentido muy frecuente la construcción de clubs de jubilados así como los viajes y excursiones, orientados especialmente a la tercera edad.  En 1979, inauguraba su nueva sede central en la Avenida del Ejercito. Poco tiempo después, en la década de los 80 empezaría la implantación de los primeros cajeros automáticos y tarjetas. A Urmeneta le seguiría en el cargo Fermín Ezcurra, el que fue presidente de Osasuna durante un largo período de su historia y a este le sustituiría López Merino, último director de la Caja Municipal (1984-2000). En enero 2000 desaparecía, después de más 125 años de historia,  al fusionarse (fue una fusión por absorción) con la Caja de Ahorros de Navarra, creando Caja Navarra. En el momento de su desaparición contaba con 104 sucursales bancarias.

La Caja Rural tiene, por su parte, su origen en julio de 1910 al crearse, -por iniciativa del obispo-,  la Federación Social Católica de Navarra, que tenía como objetivo coordinar los esfuerzos de las diferentes cajas rurales locales; aunque, como la federación de cada caja tenía bastante autonomía le costó salir adelante, sobre todo porque algunas de las cajas locales más saneadas tardaron en unirse a las demás. El fracaso en la creación de un banco agrícola en la provincia a instancias de Diputación fue probablemente el germen para que naciesen las cajas rurales, inicialmente con un ámbito estrictamente municipal. La primera caja rural navarra fue la de Tafalla (1902) fundada por Atanasio Mutuberria. Dos años después el cura rural, Victoriano Flamarique, (en la foto izquierda del siguiente párrafo),  creo la de Olite. Flamarique fue junto al sacerdote Antonio Yoldi, por encargo del obispo López Mendoza, el principal impulsar de este tipo de entidades. Entre 1907 y 1912 se produjo una gran expansión de esta fórmula cooperativista. En 1907 había 63 cajas rurales, en 1908, 132 y en 1912, 155. Estas cajas tenían como misión conceder créditos a bajo interés a los agricultores para la compra de semillas, aperos o mejora de su explotación, con la sola garantía de su palabra, dejando para la recogida de la cosecha el pago de los préstamos.

La Federación Católico Social de Navarra tenía en 1922 su edificio social en la calle Mártires de Cirauqui, 69 y Ciudadela, 5, que vemos en la foto del párrafo anterior. Estaba integrada por 158 cajas rurales con sus cooperativas de producción y consumo, sus mutuales diversas y sus círculos de recreo. En el año 1922 tenía tres secciones: la de Fomento, destinada a gestionar las compras y ventas colectivas de productos agrícolas que importaban 1,3 millones de pts, la de crédito para las operaciones de imposiciones y anticipos de todas las clases, sumando 3 millones de pesetas (que fue el embrión de lo que más tarde sería Caja Rural, en la foto del párrafo anterior vemos una acción de dicha sección federativa) y la de Secretariado Social, encargada de la propaganda oral y escrita, organización, relaciones institucionales, etc. Publicaba además en su propia imprenta la revista semanal, “La Acción Social Navarra”. El movimiento general de la contabilidad ascendía en 1922 a 53 millones de pesetas. El director del Secretariado Social era un canónigo, Don Alejo Eleta y actuaban como auxiliares los presbíteros Alejandro Maisterrena y Gervasio Villanueva. Las cajas rurales católicas de ahorros y préstamos contaban con edificios sociales, graneros, fábricas de harinas, pan y hielo, molinos de oliva, cooperativas de consumo, círculos de recreo, centros instructivos y ganaderías. También tenían establecidas algunas cajas rurales de esta federación mutuas de seguros contra incendios, campos y huertos, sociedades de socorros para enfermos, grandes saltos de agua, bodegas cooperativas, almacenes y talleres para la elaboración de esparto, fabricas de conserva, eléctricas, mataderos, etc. Los beneficios de la Federación excedían en 1922 de 110.000 pesetas y tenían un fondo de reserva de 300.000 pts. Contaba en 1925 además de un capital social de 600.000 pts  con un capital propio que sumaba 323.445 pts. En 1931 subsistían 124 cajas rurales en Navarra.

En su forma actual Caja Rural inició sus actividades el 23 de enero de 1946. La Caja Rural de Navarra puede trabajar en cualquier punto de España aunque a principios del siglo XXI actuaba en Navarra, País Vasco y La Rioja. Forma parte del grupo financiero Caja Rural fundado en 1989 que a comienzos del siglo XXI contaba con 77 cajas asociadas, siendo uno de los escasos grupos financieros que tras la crisis bancaria no ha sido obligado a integrarse en otros grupos más grandes. El grupo integra servicios (financieros a través del Banco Cooperativo Español, informáticos y de seguros), participa en diferentes empresas, si bien las inversiones crediticias ya no tienen al agro como sector preferente, pese a su origen, sino  a otros sectores (industrial y servicios, un 54%; y particulares: un 45%).

La Caja de Ahorros de Navarra fue creada por la Diputación Foral el 19 de agosto de 1921. Impulsaron la creación de la entidad los diputados forales, de la Comisión de Hacienda, Francisco Usechi, Ignacio Baleztena y Manuel Irujo. En la foto de la izquierda vemos a los diputados forales, fundadores de la Caja. El domicilio social estuvo en el Palacio de la Diputación hasta el 1 de enero de 1933 en que inauguró su propia sede, obra de Javier Yarnoz, donde actualmente se encuentra el edificio de Hacienda Foral (y que vemos en el encabezamiento de la entrada). En 1978 inauguraría su segunda y actual sede central (que vemos junto al último párrafo). Su objeto era, y cito textualmente, “recibir y hacer productivas las economías que se le confiasen, fomentando el ahorro, facilitando el crédito agrícola y corporativo y auxiliando al desarrollo de instituciones sociales de beneficencia y utilidad pública que pudiesen influir en la cultura y riqueza de la región”. Además, como colaboradora del Instituto Nacional de Previsión se encargaba de recaudar el Retiro Obrero Obligatorio, instaurado con carácter obligatorio el 24 de junio de 1921,  que fue la única función que realizó inicialmente hasta que no inauguró sus oficinas. También pagaba el subsidio a la maternidad, de hecho lo pagó entre 1922 y 1931, siendo sustituido a partir de ese año por el seguro de maternidad que atendió en su primer año a más de 1.800 mujeres.En 1923 el nº de obreros afiliados en Navarra al  seguro obrero obligatorio era de 22.752 con un total de 397 millones de pesetas, 28.078 en 1924  y 34.129 en 1926, si bien la afiliación en el ámbito rural, sector predominante en aquellos años fue muy reducida. En el ámbito de los seguros y la previsión la Caja puso en marcha también el seguro de accidentes de trabajo, el pago de subsidios a familias numerosas y a obreros en paro. Con los fondos del seguro obligatorio dedicó una parte a construir casas baratas entre 1926 y 1930. En 1942, tras la puesta en marcha del Seguro Obligatorio de Enfermedad (14-12-1942), el Instituto Nacional de Previsión informó a la Caja que iba a abrir sus propias delegaciones provinciales, terminando el régimen de colaboración con la Caja en este campo.

La administración de la entidad estaba a  cargo de un consejo compuesto por cinco diputados forales que representaban  a las cinco merindades y cuatro vecinos nombrados, todos ellos, por la Diputación. Sus cargos eran honoríficos y gratuitos. En el Consejo de Administración estaban Lorenzo Oroz, diputado por Aoiz, como presidente, (luego le sustituiría Gabriel Erro, vicepresidente de la Diputación) como vicepresidente, D. Francisco Usechi, diputado por Pamplona (que fue su primer presidente), Martin Mª de Guelbenzu, diputado por Tudela, Wenceslao Goizueta, diputado por Tafalla, Francisco Errea, diputado por Estella,  y entre los vocales estaban el abogado D. Pedro Uranga (que sería secretario), el reputado industrial,   D. Martin Solano,  el distinguido ingeniero y hombre de negocios D. Serapio Huici y D. Alejo Eleta, director del Secretariado de la Federación Católico Social de Navarra. Entre el personal de la caja se encontraba primero como subdirector y luego como director, desde el inicio en 1921 D. Ramón Bajo Ulibarri que aparece en una foto de la época, líneas atrás y que en 1950 sería sustituido por Juan Luis Frauca, que permanecería en el cargo hasta 1967 en que le releva en la dirección Juan Luis Uranga Santesteban, director de la entidad durante más de 20 años. Junto a este párrafo vemos a los miembros de la Diputación de 1971, Amadeo Marco a la cabeza, en la colonia escolar de Fuenterrabia, cuando la Caja cumplia su 50º aniversario.
En 1923 había ya abiertas casi 8.000 libretas ordinarias de ahorro, una cifra verdaderamente importante, en apenas un año de existencia, con un saldo de de 1,3 millones de pts. cifra que se duplicó al acabar 1924, con un saldo de 2,8 millones de pts, para pasar más tarde a 5,4 en 1925  y 7 millones en 1926. El saldo de imposiciones a plazo pasó de 2,6 a 5 millones de pts y en los años siguientes a 11,9 y 16,4 millones de pesetas en 1926. El Consejo decidió abrir  sucursales también en Tudela, Tafalla, Estella, Aoiz, Sanguesa, Elizondo e Irurzun (que fue la tercera en abrirse) que extendería a otros tantos pueblos un año más tarde, siendo 15 las oficinas abiertas hasta   1927 y 27 hasta 1930. Funcionaba también con gran éxito en la plaza del Mercado de Santo Domingo (Casa de Yoldi) una sucursal de las oficinas centrales de la Caja en la que se realizaban numerosas operaciones, procedentes en su mayoría de aldeanos que acudían al Mercado. Dos veces al año, en enero y junio, y al objeto de estimular el ahorro, la Caja otorgaba premios en metálico mediante publico sorteo entre todos los titulares de las libretas ordinarias. Los premios oscilaban ente las 25 y 1.000 pts, sorteándose gran numero de los primeros además de otros de 50, 100, 250 y 500 pts. Líneas atrás podemos ver uno de aquellos sellos que se pegaban, en tiempos, en las cartillas de ahorro infantiles de la Caja.
En los años 50 entre los vocales del consejo estaban como vecinos D. Pablo Goñi, D. Raimundo García, D. José María Garcia Mina, D. Javier Escudero y el Marques de la Real Defensa. Dentro de la obra social de la Caja, en los años 50 destacaban los Homenajes a la Vejez, el 29 de junio en el Bosquecillo de la Taconera, con la entrega, en 1950, de 90 pensiones vitalicias por valor de 296.544 pts, (estos homenajes se iniciaron en 1923 y al principio estaban dentro de la sección de Previsión de la Caja), las colonias escolares de Fuenterrabía (Blanca de Navarra) y Zudaire (San Miguel Excelsis), de junio a octubre, que en 1950 dieron cobijo vacacional a 2.200 niños pobres (desde 1935 asistieron a más de 60.000 niños), las ayudas a las Cantinas y Roperos, al Reformatorio de Menores de Olaz Chipi o la creación y  sostenimiento del Retiro Sacerdotal del Buen Pastor, que vemos en la foto en color adjunta. Además la Caja otorgaba importantes y numerosos donativos y subvenciones  para fines de asistencia a desvalidos, de caridad, enseñanza, etc, costeando en 1942 un magnífico aparato de rayos ultravioleta para el recién creado Instituto Provincial de Higiene. Posteriormente la Caja impulsaría salas de cultura y de exposiciones en diferentes poblaciones (en Pamplona las salas de  Carlos III, García Castañón y de Castillo de Maya que vemos en una foto anterior), centros de formación especial (Isterria), clubs de jubilados, guarderías infantiles, centros de asistencia a la mujer etc, además de otros proyectos de investigación, enseñanza, editorial y deporte que, como en el caso de la Municipal, iría perdiendo buena parte de su vertiente benéfica en favor de otros objetivos y sectores (construcción del Planetario, convenios con las Universidades), sin perder de vista, por ello, la obra cultural, asistencial y docente.
La Caja contaba en 1958 con 33 oficinas y los depósitos de los clientes llegaban a los 1.000 millones de pesetas, depósitos que llegarían a 10.000 millones en 1972 (con 85 oficinas), a 100.000 millones en 1983 (con 133 oficinas) y a 200.000 en 1989 con 141 oficinas. La Caja no sería ajena al proceso de desarrollo de la Comunidad, colaborando en su desarrollo agrícola y, junto a la Diputación Foral, en el Plan de Promoción Industrial (1964) así como participando en empresas y en las numerosas promociones de viviendas que se realizaron en las diferentes zonas de Navarra y en la capital, durante este período.

La primitiva Caja de Ahorros de Navarra desaparecería como tal en enero del año 2000 al  absorber a Caja Municipal para crear Caja Navarra. Pero aun habría más fusiones: Caja Navarra a pesar de formar parte, como la Municipal, de la Federación Vasco Navarra de Cajas de Ahorro, (fundada en 1924), se fusionaría en 2010 con otras cajas españolas  tan distantes y tan diversas como Caja de Burgos, Caja Canarias y Caja Sol, siendo finalmente  absorbida, en el año 2012, por Caixabank. ¡Quien lo diría!, la primera entidad financiera de Navarra, con más de un 35% del mercado bancario navarro, la que fuese considerada la tercera mejor caja del país, incluso “caja del año” a finales de los años 80 acabaría desapareciendo 20 años después.Fotos: las fotografías están referenciadas en el texto.

Curiosidades: Pamplona planteaba instaurar la zona azul a comienzos de los años 60

Si bien fue en el año 1999 cuando se empezó a implantar, de verdad, la zona azul en el centro de la ciudad, casco antiguo y ensanches y algunos años más tarde, en el año 2013 se extendió a otros barrios de la ciudad: San Juan; Ermitagaña, Mendebaldea, Azpilagaña, Milagrosa y Echavacoiz Norte, pocos recordarán que treinta y tantos años atrás teníamos en algunas zonas de la ciudad y concretamente en su centro urbano unos rudimentarios parquímetros, a los que me referí sucintamente en la serie “Pamplona año a año:1977-1978”; Yo recuerdo haberlos visto, con seguridad,  en la plaza del Castillo y Paseo de Sarasate, pero seguro que algún lector me recordará que también se colocaron en alguna otra plaza o vía principal del Casco o el Ensanche. Tal vez. Pero lo que aun menos personas recordarán  es que en 1966, el pleno aprobaba implantar la zona azul nada menos que en la Plaza de los Burgos, Consistorial y plaza del Castillo. 

Afectaba a 263 plazas de aparcamiento, de las cuales 210 correspondían a la plaza del Castillo, 36 a la plaza de los Burgos (que vemos en una foto de Vicente Galbete de 1965) y 17 a la plaza consistorial, si, en la misma plaza del Ayuntamiento se podía aparcar como podemos ver en alguna fotografía de la plaza de aquellos años (1962). En ese mismo pleno de octubre de 1966 se acordaba trasladar el aparcamiento de motos que había junto al pasadizo de la Jacoba a la Avenida Carlos III, frente a Diputación. La razón utilizada para implantar la zona azul, si bien a título de prueba, era la que se ha utilizado siempre: dado el elevado y creciente número de vehículos que empezaba a ver en la ciudad era necesario limitar el tiempo de estacionamiento, se hablaba de un tiempo máximo de una hora u hora y media. La plaza del Castillo llegaría a tener una década más tarde la apariencia caótica de coches y aparcamiento en doble fila que vemos en la foto en color adjunta de los años 70. Por lo que puedo recordar esa experiencia de prueba tuvo un corto recorrido y lo más parecido a la zona azul de ahora  que conocimos entonces fueron aquellos parquímetros de los 70 (que vemos en la fotografía de 1978),  que tampoco tuvieron mucho éxito por lo que recuerdo y decían medios y ciudadanos en aquellos años.

Foto nº 2. Plaza de los Burgos (1965). Vicente Galbete. AMP

Imagenes del ayer. Selección: El Casco Antiguo (1954-1960)

Recupero una sección fotográfica con unos originales de altura. Nada menos que una cuidada selección de fotos de la fotógrafa de origen austriaco Inge Morath y del artista de la imagen fotográfica, Ramon Massats que nos acercan a las fiestas y las calles del Casco Antiguo en un período que podríamos acotar entre  1954 y 1960. Las primeras son de Inge Morath,  de los sanfermines del año 1954; las segundas, -el corte lo marca la preciosa fotografía en color de Morath-, son del fotógrafo Ramón Massats, datadas en los  sanfermines de 1957 a 1960. Las fotografías hablan por sí solas. Retratan una época, una Pamplona que los que tenemos cincuenta y pico años no conocimos, una ciudad dispuesta a sacudirse aquel carácter provinciano  que le había caracterizado durante buena parte de la primera mitad del siglo, una ciudad que empezaría estos años a ver crecer sus barrios y su población, que se industrializaría a marchas forzadas, con el Plan de Promoción Industrial, a fines de los 50 y principios de los 60 y que entraba, poco a poco, en los inicios de la modernidad y de una relativa mejora económica y un muy incipiente consumismo.
 

Aun quedaban en 1954 muchísimos retazos de aquella vieja ciudad en la que te cruzabas cada dos por tres con una monja o un militar, como en la primera foto de esta entrada y como ya hemos visto en este blog, con el paisano trasladando un ternero al hombro, en la esquina de Ortega, al principio de la calle Mayor, pero donde también te encontrabas con otro paisanaje lleno de autenticidad y sabor,  pues por ejemplo no era inusual ver a algún “aldeano” acarreando  su carrico, con su fresco producto cárnico, parado en mitad de la calle, como vemos en la segunda fotografía, concretamente en las escalerillas que bajan de la plaza del Castillo a San Nicolás, enfrente de la sastrería y camisería Palomeque (sí donde hoy está el Dom Lluis),  o  vendedores ambulantes como el que vemos en la tercera fotografía, -creo que es la calle San Saturnino-, con la Casa Hualde al fondo, que suscita la atención de un nutrido grupo de estudiantes de algún colegio religioso. En la última fotografía podemos disfrutar de una animada calle Mañueta, gente subiendo y bajando imaginamos que al Mercado de Santo Domingo con los comercios Droguería Ardanaz y El Triunfo, de la calle Mercaderes, al fondo.


Las dos primeras fotografías de esta segunda fila de fotos son, también,  de Inge Morath, la primera retrata el ambiente callejero nocturno sanferminero en el cruce de San Nicolás con Pozoblanco y Comedias. Volvemos a ver la sastrería Palomeque, de Martin Palomeque. De hecho la familia que abrió el Dom Lluis, fueron comerciantes antes que hosteleros y llegaron a tener también otra tienda textil en la calle Comedias, Marpa (abreviatura de Martin Palomeque). La segunda fotografía nos sitúa, en una luminosa mañana sanferminera, en la trasera del ayuntamiento, junto al Mercado, mirando hacia la antigua Bajada de Carnicerías, donde podemos ver como ya se han derribado algunos edificios, con el fin de construir poco tiempo después la nueva plaza de los Burgos. De nuevo el carrico, esta vez cargado de gallinas prestas a ser vendidas en la “Plaza”, como decía mi madre, plaza o mercado viejo, cuyo interior y ambiente, -así era el Mercado hasta 1986, sus columnas de hierro, aquellas luces colgando-, podemos ver en la foto de Ramón Massats. Acabamos esta pequeña selección fotográfica con dos fotos de ambiente sanferminero de este mismo autor catalán, la primera de la calle Chapitela, con la farmacia Boza y la ferretería Campion al fondo, la segunda de la chiquillería corriendo ante los cabezudos en plena calle Mayor, se divisa a la izquierda el letrero de la tintorería Coyné que descubrimos al hablar de los comercios de la calle Mayor. En los próximos meses abriré nuevas secciones en el blog e introduciré algunas mejoras. Espero que les guste.


Fotos: las cinco primeras fotografías son de Inge Morath y pertenecen a su libro  “Guerra a la tristeza” de 1955, nunca editado en nuestro país. En 1997, Lola Garrido editó con aquellas mismas fotografías de Inge, el libro “San Fermin. Años 50”, hoy agotado. El Ayuntamiento compró en esos años, entre 1997 y 1999, los 88 originales fotográficos de la fotógrafa estadounidense de aquellos sanfermines de 1954, un tesoro gráfico de incalculable valor que ha sido objeto de alguna exposición hace algunos años en el Palacio del Condestable. Las tres últimas fotos son de Ramon Massats y pertenecen a su libro Sanfermines. Pamplona 1957-1960.

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Zapatería (1908-1953)


Regreso a la serie de entradas del blog en las que reconstruyo la historia de las calles del Viejo Pamplona y de los comercios que la habitaron a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En esta ocasión nos vamos a la calle Zapatería, calle principal de la Población de San Nicolás y uno de los ejes comerciales más importantes de lo Viejo. Calle de claras resonancias comerciales con establecimientos emblemáticos.  A comienzos del siglo XX, allá por 1908, si nos situábamos al comienzo de la calle, muy cerca de la plaza del Ayuntamiento, nos encontraríamos, comenzando por la derecha con un número muy similar de establecimientos, apenas cuatro más que en la actualidad, y una estructura parcelaria muy similar a la actual, muchos pequeños establecimientos en el tramo estrecho de la calle, el más cercano a la plaza consistorial, y bastante más grandes en el siguiente tramo, el que va del pozo de la Salinería a la plaza del Consejo. En ocasiones citaré, como referencia, algún establecimiento actual u otro que haya sido muy conocido, a lo largo del tiempo, para situar a los lectores respecto de lo que sería su ubicación actual. A lo largo de esta entrada reproduzco algunas fotografías de esta calle, de diferentes épocas (datadas entre 1900 y 1958), como las que la encabezan, de primeros de siglo, así como un buen número de anuncios publicitarios de establecimientos de ella. Comienzo el repaso de sus establecimientos, sin más dilación.


Junto a Joaquín Ciga, en el nº 2 estaba la mercería, (también vendía bisutería), de Pío Espluga, (imagino que antes de trasladarse al nº 30 del Paseo de Sarasate). En estos primeros números sí que hay algún pequeño cambio respecto a la numeración actual. Donde hoy está la relojería Ancín y en tiempos la tienda de calzado Jauja había uno de los muchos cordeleros que poblaban la calle, Andrés Miquelez; Andrés Miquelez era cordelero y vendía también alpargatas, costales y jergas. El negocio se mantendría, al menos,  durante las primera décadas del siglo. Junto a él estaba la pequeña fábrica de tejidos, al por mayor,  de los Hermanos Goñi, de donde saldría posteriormente la conocida factoría textil de Goñi Mayo, que estuvo ubicada, durante décadas, en el barrio de San Juan. Con el traslado del taller en el local quedaría la pañería que regentaría al menos hasta la guerra Francisco Goñi y posteriormente, desde los años 40 Casa Félix, (por su propietario Félix González Albericio). A continuación teníamos otra cordelería, la de María Iturriza, donde, desde finales de los 40,  estuvo la tienda textil El Barato Echegoyen, (por su propietario Francisco Echegoyen García). 

Tras ésta, donde estuvo Marlen Jeans y hoy vive sus últimos días Life & Syle,  se encontraba  la tienda de coloniales, fábrica y tienda de chocolate, pailas para velas de cera de Pedro Mayo. Me detendré un momento para hablar de su origen. Fue en los años sesenta del siglo XIX cuando Pedro Mayo Etulain, que había aprendido el oficio con su pariente y amigo Pedro Seminario, inicia la aventura de montar una fábrica de chocolate. En los pisos superiores de la casa se producían dulces y velas de cera, en la planta baja tenía una tienda de coloniales y en el sótano la maquinaría para preparar el chocolate. En 1888 dió entrada en el negocio  a su hijo Ponciano, que falleció 11 años más tarde. Junto a la chocolatería de Viuda de Seminario era una de las más importantes fábricas de chocolate de la ciudad. Más tarde volvería a formar sociedad con su hijo Pedro Mayo Biaurdeau, hijo de su segundo matrimonio. En 1913 muere Pedro Mayo y durante un tiempo la empresa continua en manos de la familia, hasta que en 1923 la regenta  la sociedad colectiva Ruiz de Galarreta y Vidal, Sucesores de Mayo, encabezada por Luis Ruiz de Galarreta, marido de Martina Mayo, nieta del fundador. Al poco tiempo la empresa, que no la tienda se trasladaría al nº 4-6 de la calle Nueva y tras la guerra civil al Redín, ubicación a la que hice mención en otra entrada del blog.

A continuación venía en los años 20 la droguería y perfumería de Zoilo Perez, que llegó a ocupar el nº 12 y 14, si bien, anteriormente, en la primera década de siglo estuvo casi enfrente, en el nº 7. Como Ardanaz, llegó a vender aparatos fotográficos. Posteriormente el negocio lo regentaría su hija. Y junto a su local, en el nº 12, Juan Lafuente arreglaba y vendía joyas.  En este lugar, en los años cincuenta, aparecía como platero.  En el nº 16 estaba el cordonero Julián Erroz que vendía, además, productos de mercería, quincalla, -así se llamaba entonces a la bisutería-, y paquetería, que desde 1945 ocuparía Manuel Viana Santesteban, fundando Casa Viana, (el local se ampliaría con alguno de los números anteriores, dando paso al gran local que hoy ocupa Zergatik y anteriormente Roxy). Si bien en los años 20 parece que Manuel Viana, ¿sería su padre?,  regentaba una tienda de tejidos en el nº 51 de la calle, donde después estaría la alpargatería de Juan García;  luego estaba la droguería y farmacia de Froilan Landa, (ya hemos visto en la entrada de la calle Mayor como algunas de las droguerías actuales comienzan como boticas y como alguna farmacia actual, tuvo su apartado de droguería), y junto a ella la carnicería de Cruz Urrizola, si bien este negocio tuvo escaso recorrido ya que en los años 20 la cogió en traspaso Ruperto Iragui, que instaló posteriormente un negocio de maquinaría para la industria, que sería sustituido por la tienda de tejidos de Fidel Ribero, allá por los años 30. En los años 50 estaba abierta, en este local, la tienda de tejidos de Félix Genaro Artieda, que conoceríamos hasta hace unos 15 años como Artieda. 

Hace apenas dos meses que cerró Casa Manterola en la calle Zapatería. Lo hizo silenciosamente, después de más de dos siglos en el lugar. Vamos a  hablar un poco de su historia. A principios del siglo XIX Polonia Albar recibió en herencia la casa nº 20 de la calle. Es entonces cuando se inicia la actividad confitera y cerera en el local. Polonia se casa con Candido López, cerero y confitero sanguesino. Entonces no se llamaba aun Casa Manterola. Candido y Polonia tuvieron dos hijas: Tomasa y Trinidad. Tomasa se casó con Gregorio Manterola que pasó a vivir con su esposa y sus suegros donde comenzó a aprender el oficio de cerero y confitero. A comienzos del siglo XX, en 1907, tras la muerte de Tomasa el establecimiento pasó a  sus hijas Carmen y Victoria, aunque era Carmen la que regentaba el negocio. Vendían ceras y velas, pastas de almendra, dulce de membrillo, almendras y su famoso chocolate. Posteriormente será uno de sus sobrinos, Antonio Manterola, el principal responsable de la expansión de la empresa: en 1945 trasladó la fábrica de chocolate a la calle Tudela. Pero la competencia hizo que el negocio se viera obligado a perder su carácter industrial y a orientarse hacia la artesanía pastelera (ya desde los años 30 aparecía la tienda de Zapatería como confitería pastelería). Hoy el negocio lo regentan sus nietos, constituyéndose en uno de los escasos casos  del ramo en que no ha sido absorbido por una industria mayor.

En 1908, en el nº 24  estaba la guarnicionería de José Armendariz (hace años estuvo ahí una tienda de Ives Rocher),  y a continuación la ferretería de Antonio Irure, que desde los años 30 a los 80 ocuparía la mítica tienda de comestibles Casa Azagra y en los años 80-90 Don Manuel, Zanne y hoy Brijitte Bijoux.  En este tramo hay cierto lio con los números pues en los años 20 la guarnicionería de Armendariz figuraba en el 22 y en los años 30 en este mismo número (actual Poker Jeans) se dice que estaba la tienda de venta de material de electricidad de los hermanos Guibert (antes parece que estaba en el 26),  regentada en los años 50 por Emilio Guibert. Probablemente esto se deba a algún cambio en la numeración  de los locales iniciales de la calle. Sigamos. Posteriormente, en el nº  28 estaba la tienda y fabrica de chocolate de Tomás García (que hoy alberga “Los Secretos de Coco”) más tarde tienda de alimentación de Eustaquio Ardanaz (ultramarinos); en 1951, en este local se inauguraría la Optica Joaquín Alforja (también aparecía en el epígrafe de joyería), luego estaba la alpargatería y cordelería de Gabino Aramburu (más tarde Viuda de Aramburu, donde hoy está la tienda de Sfactor), allí desde los años 20 y hasta final de siglo estuvo la tienda de tejidos y pañería Mestre, de los hermanos Mestre, a continuación venía la fábrica de cervezas de Luis Ros (luego Vda de Hijos de Ros), que también fabricaba gaseosas, aunque pronto se trasladarían al nº 3 de General Chinchilla, donde hoy está la comisaría de la policía nacional; aquí en los años 50 estaba la tienda de tejidos de Juana Fernández Mihura que luego ocuparía Don-Azar y hoy ocupa la perfumería Garbi,  luego venía  la cordelería y fábrica de calzado de José Lampreabe (también vendía costales y jergas), que  desde los años 40 y hasta primeros del  siglo XXI ocuparía la zapatería de Felipe Cruz y hoy Ana Jeans (al principio Felipe Cruz era solo alpargatería), la tienda de vino por decalitros de Apesteguía, que en los años 30 ocuparía la ferretería de Eceiza, Murillo y Macazaga, (en los años 50 solo Eceiza y Murillo) que vendía estufas, herramientas etc (hoy está en su lugar la zapatería Candido) y la tienda de tejidos de Juan Tellechea que en los años 30 ocuparían el taller de relojería de Gregorio Ezquer y la tienda de fotografía de José Calle. Aquí se instalaría desde los años 40 la camisería fina de Juan Almazor Castiella que conoceríamos con el nombre de La Creación hasta el albor del nuevo siglo y luego ISSA.

Entre los números 40 y 42, en los bajos del antiguo Palacio de los Mutiloa, estuvo desde primeros de siglo la sastrería, camisería (también vendía ropa blanca) de Herederos de Antonio Cabases, posteriormente Viuda de Cabases aunque también aparecía como titular Pedro R. Cabases como sastre con surtido de géneros, en los años 20,  en el nº 40. En los años 30 la razón social respondía al nombre de Hijos de Cabases. En los años 20  tras Cabases aparecía la tienda de ultramarinos al detalle de Cipriano Barace y en los años 30,  la camisería de Casimiro Altube, que tras la guerra y hasta  los años 70 regentaría su hija Camino Altube Belascoain, si bien un poco antes, en el nº 40,  como vemos en la foto de los años 40 de la derecha. Hoy, en esta ubicación no hay comercios pues  es un edificio de oficinas del Ayuntamiento. Junto  a la Camisería Camino, desde los años 50, había una tienda de calzado ordinario, de los Hermanos Maximino y Juan Aramburu. En los años 20,  en el nº 44 estaba la tienda de ropas hechas y ropa de niños Vda de Biurrun, que en los años 50 sería la mercería de las hermanas Mendia. Ahí estuvo Bernardo Eraso, tras su traslado desde la calle Eslava y hoy Zapatería Amorena, si bien con el nº 42. Más adelante, en el 46, donde hasta hace un par de años estaba la tienda de calzado Gett, estaba, en los años 50 la tienda de muebles de Mauricio Guibert, que en las primeras décadas del siglo estuvo en el nº 52; A continuación, en el nº 48 y retrocediendo nuevamente en el tiempo, en los años 20,  estaban la colandería de Pascual Asirón y la tienda de coloniales de Martín Galán. En el nº 50 estaba el veterano comercio, pues se fundó en 1830, de óptica de Ignacio Arillaga, que vemos en la fotografía de la derecha, y que en los años 20 cogería Cecilio Ajarnaute, que además de vender objetos de óptica vendía y arreglaba relojes. Con este nombre, Relojería Ajarnaute  lo conocí yo hasta los primeros años 80. Como ya indiqué en la anterior entrada del blog referida a la calle Zapatería, en el nº 50 tuvo su sede el Centro Vasco y el rotativo nacionalista “La Voz de Navarra” hasta que al estallar la guerra fue incautado por los falangistas. A principios de los 90 fue recuperado por el nacionalismo vasco siendo actualmente la sede del PNV en Navarra.

En los bajos del palacio Navarro Tafalla estaba junto a Optica Arillaga, aunque, este más tarde, desde 1905, el taller de pintura y papel pintado de Francisco Ibañez que como tienda de enmarcación de cuadros resistiría hasta el año 2013; a continuación venía la tienda de Francisco Azparren, que era  mercería y paquetería, bueno aparecía como pasamanería (luego la cogió la sociedad Irañeta y Usubiaga aunque  en los años 30 sería tan solo la mercería de Jose Usubiaga Izco, que en los años 50 vendía, además, género de punto). En esta ubicación (nº 52) está hoy Calzados Basoco. Después venía, donde durante mucho tiempo estuvo Perfumería Val y hasta hace poco Pampling la relojería de Carlos Diaz,  que aun continuaría hasta los años 60 como Casa Diaz. Y durante las dos primeras décadas del siglo, en el nº 56, donde hoy existe  una tienda de tatuajes y anteriormente estuvo Timbalada estaba la alpargatería y cordelería de Juan Garcia, antes de trasladarse a finales de los años 20 al nº 51, en la otra acera de la calle, cerca del Palacio de Guendulain. Tras Juan García había otra alpargatería y cordelería, (está claro pues porque a esta calle le llaman  calle Zapatería), la de Medardo Castillo que en los años 20 sería la tienda de frutas y verduras de Epifanio Royo. Acababa la calle, por este lado, a primeros del siglo,  con la churrería de Viuda de Aguilar y la abacería de Goñi Gaztelu. En los años 30, los últimos números de la calle, del 58 al 62 ya los ocupaba la tienda de Arilla y Cia, Casa Arilla que vendía instrumentos y material musical además de radio, discos, gramófonos, etc. Hoy, uno de los locales, el de la derecha lo sigue ocupando Arilla mientras que el otro, el de la izquierda, sirve de sede a un moderno establecimiento de de cadena de tiendas de  Perfumería Redín.

Comenzando por el lado izquierdo de la calle, teníamos en 1908, la abacería de Ramón Borea, la tienda de ropas hechas con géneros ordinarios de Felipe Balduz que, algunos años más tarde, pasaría justo al local de al lado, al nº 5, y en los años 30 aparecía como Confecciones Balduz e Hijo, donde durante mucho tiempo hasta finales de la primera década del siglo XXI estuvo Corsetería Sarita, antes, desde los años 40, en ese local estuvo Corsetería La Sirena. En los años 30, en estos primeros números de la calle estuvieron la perfumería de Andrés Gorricho (que perviviría como Casa Gorricho y mercería hasta bien entrados los años 50) y el taller de relojería de Julio Ezpeleta. Posteriormente en su lugar, comenzando la calle, tendríamos Calzados Ayestarán. El Hotel del Comercio estaba en el nº 7, ya hablé de él cuando revisé la hostelería de primeros de siglo. Aquí, en sus bajos está hoy Blai y en tiempos estuvo Usoz. En los años 50  a está altura estaba la camisería de Segundo Ruiz. A continuación estaba la cordelería de Francisco Gorriti, que en los años 20 ocuparía la tienda de tejidos de Manuel Batllori y luego la ferretería de José Armisen (el negocio estuvo en la familia Armisen  durante varias décadas, desde los años 30 hasta los 60, por lo menos,  primero con José y luego con Lorenzo,  al principio vendían estufas, luego comenzaron a vender todo tipo de herramientas para convertirse en una ferretería al uso). En este lugar estuvo durante años Moda Pantalón, luego Company y desde hace tiempo Futbolmanías.


 Batllori se trasladaría a la calle San Miguel, en el local donde en el último tercio del siglo conocimos Nuevas Galerías y en los últimos años la gran tienda de Adolfo Domiguez.  Luego de Armisen venía la fábrica de pastillas de café y leche “Las 2 cafeteras” (fue en el año 1912 cuando Claudio Lozano,  que había montado el negocio en 1886, le puso este nombre de “Las 2 cafeteras”). Desde los años 30 sería demás confitería y pastelería, negocio que permanecería hasta finales del pasado siglo (hoy está allí La Milla Store) y a continuación estaba  la cordelería de Juana Oricain, que en los años 30 ocupó Valeriano Zabalza Ilundain, con una camisería que continuaba abierta bien entrada los años 50, donde hoy está la zapatería Vas, y que antes de ésta albergó a “La exclusiva” que vendía género de punto (y también durante bastantes años a Confecciones Gonzalez). 
En 1908 y en el nº 15 teníamos el café público, además de horchatería, chufería y alogeria de Mariano Perez (donde hoy está Calzados Goñi); Aun en los años 30 este negocio aparecía como fábrica de hielo. Luego, en 1941 se abrió la zapatería de Hijo de Pablo Goñi Reparaz (con venta de calzado fino). Junto a ella estaba, en los años 50, el estanco de Teresa Marzo y la librería y tienda de plumas estilográficas y objetos de escritorio de Mariano Sagaseta de Ilurdoz que estuvo abierta hasta finales del siglo XX, vendía también radios y máquinas de escribir, además de la mercería de Carlos Zubasti que también conoció otra ubicación en la calle. Posteriormente nos encontrábamos, en el nº 17, con la tienda de tejidos al por menor de Rufino Saralegui, más conocida como La Perla Vascongada, todavía sorprendentemente en activo. A continuación, junto al pasadizo de la Jacoba, la tienda de tejidos, Viuda de Machiñena e Hijo, en los años 30, Hijos de Machiñena apareciendo como pañería y novedades para señora y tras la guerra la tienda textil Casa Arrizabalaga, de Felix Arrizabalaga Acha, donde en los últimos años del siglo XX hubo una tienda de zapatos (Eurocalzados). Eran tiempos aquellos en los que había muchas sastrerías, con venta de género en planta baja y sin venta en pisos. Por citar solo algunas en esta calle estaban además de las citadas la sastrería de los hermanos Gomez, Nicolás Alvaro, Celestino Ezponda, Calixto Martínez, Juan Cruz Roldan y Francisco del Valle.
Pero continuemos, pasando el pozo de la Salinería, en la esquina con Pozoblanco, estaba Casa Aznarez, conocida por confeccionar y vender sombreros para caballero, además de otro tipo de género a lo largo de su dilatada historia, (cuando falleció Manuel, paso a regentarlo su viuda, Juana Sarasa); luego la farmacia de Justo Aguinaga, fundada en 1888 y que hoy regenta su bisnieto Roberto, la tienda de confección de Antonio Garrigosa conocida como La Gran Ciudad de Londres, donde hoy está Lencería Silvia y que vemos en la fotografía de los años 20 que acompaña al párrafo anterior; antes de Garrigosa estuvo en ese local Aroza y Gortari con mercería, paquetería y quincalla (bisutería), la carpintería de Juan Ortigosa que se traslada en los años 20 al local de al lado  para montar una agencia funeraria, (no sería el primer ni el último carpintero que tomaría medidas para nuestro último viaje), de hecho en esta calle había dos funerarias, la de Ortigosa y la de Ciga. Esta última conoció varios emplazamientos, a primeros de siglo en el nº 51 y posteriormente en el 62 y en el 56), la imprenta de Nicolás Marcelino (también vendía papeles pintados), la hojalatería de Santos Ortigosa que vendía también quinques y lámparas. El local de  Ortigosa lo cogería luego Pascual Castiella, cuya familia regentó el negocio desde los años 20 y por lo menos hasta los años 60, ubicándose en este período entre el 31 (en los años 20) y el 35 (en los años 50). Junto a él estuvo un tiempo la carnicería de Tomas Egaña que se trasladaría posteriormente a otro local de la calle. Del local de Castiella podemos ver una fotografía datada en 1919, junto al párrafo siguiente.
Inicialmente Pascual Castiella era hojalatería y lampistería, vendía aparatos de calefacción, cocinas económicas, cristales, material de electricidad, taller de fontanería, sanitarios, vendía y reparaba radios, etc. En el local contiguo, en el que ocupaba Santos Ortigosa se instaló desde finales de los años 20 Manuel Huici, que cerró su nieto hace un par de años. En el nº 35 estaba también y estuvo hasta hace unos pocos años Sagarra o más apropiadamente Herederos de José Sagarra, fundada en 1878 que vendía artículos de cristal, loza y porcelana, luego la imprenta de Goyeneche, (que vendía también libros nuevos) y la tienda de ultramarinos de Félix Marrodán. Tras Castiella y Sagarra, en los años 20, ocupaba los números 37 al 41 Mauricio Guibert (donde hoy está el local cerrado desde hace ya casi una década de Euskal Piel). Vendía de casi todo: era almacenista de hierros y aceros, taller de lampistería, fabricaba cajas de caudales, cristales, objetos eléctricos, estufas, quincalla, trenzas para alpargatas, muebles, etc, la familia vivía en el mismo edificio. En los años 50 aparecía registrado como bazar, bisutería y quincallería. A continuación de Mauricio Guibert había en los años 20 una hojalatería y lampistería, Arteaga y Erroz. El edificio que  alojaba este negocio y que vemos en la fotografía de los años 30, junto a este mismo párrafo,  sería derruido y con él se perdiría cualquier vestigio de la casa, que se dice habitó San Francisco Javier, construyéndose, tras la guerra, un nuevo edificio, el actual nº 43 en el que tienen su sede Tejidos San Andrés y Confecciones Madrileñas.
He utilizado en bastantes ocasiones el término lampistería. Voy a aclararlo al igual que otros que estoy utilizando habitualmente: costales y jergas, quincalla, paquetería y abacería. Fue a finales del siglo XIX cuando aparece el oficio de fontanero que instalaba desagües, grifos y tuberías de plomo. Para moldearlos usaba una lamparilla de aceite, petróleo o gas (¿quien no se acuerda de esas pequeñas bombonas azules de gas de los fontaneros?). Por eso al nuevo oficio se le llamó lampista o lamparista y al negocio lampistería. La palabra fontanero ha sustituido al término lampista en casi todas las comunidades excepto en Cataluña. En esta región se usa como sinónimo de dos oficios distintos que son electricista y fontanero, mientras que la RAE lampista lo asimila a hojalatero. Costales eran unos sacos gruesos y jergas podía ser una tela gruesa y áspera para hacer colchones o un colchón de paja. La quincalla era el conjunto de baratijas y objetos metálicos de escaso valor que podía estar compuesto por bisutería y otros objetos de bajo precio, se diferenciaba claramente de las platerías y joyerías. La paquetería aparecía casi siempre unida a mercería aunque está en desuso con este significado y lo asociamos hoy a la empresa que realiza envío de paquetes. Abacería era la tienda donde se vendían al por menor productos como el aceite, la vinagre, legumbres secas, bacalao, etc.
En efecto, como ya he adelantado, en 1941 se instalaron en  el nuevo  nº 43 de la calle Tejidos San Andrés, fundada por Primitivo Esquiroz Oricain y Confecciones Madrileñas; junto a ellos,  algunos años más tarde,  estaban en el nº 45 la Ferretería Purroy y la tienda de venta de máquinas de escribir de Francisco Barrachina y posteriormente, en el nº 47, donde sigue estando actualmente  la fabrica de chocolate y cerería de Justo Donezar, fundada en 1853, que posteriormente regentaría su viuda, Vicenta Sarasibar y que hoy dirige su bisnieto Joaquín. A continuación, a principios de siglo  estaba, como he dicho,  la carpintería de Javier Ciga, que pasaría primero al 62, en los años 20 y luego al 56, en los años 30, y la fábrica de corte y calzado de German Anaut. En 1921, el Diario de Navarra  trasladaba su sede social desde el nº 40 de la calle hasta este lugar, al nº 49. Acabamos nuestro repaso en el nº 51 con la alpargatería de Juan Garcia, luego Viuda de Juan García, presente en ese lugar, como ya he señalado anteriormente, desde finales de los años 20 hasta el año 2000. La última de las fotografías recoge una panorámica de la calle en las navidades de 1958, con las luces en altura y algunos comercios perfectamente distinguibles: a la izquierda, Huici, Pascual Castiella y Sagarra, a la derecha la tienda de muebles de Mauricio Guibert.
Fotografías de la calle y sus establecimientos por orden de aparición: Calle Zapatería (sin datar, aunque probablemente de la primera década del siglo), Fotopostal de Vda. de Rubio. Calle Zapatería (sin datar, aunque probablemente de la primera década del siglo). Fotopostal de Vda. de Rubio. Calle Zapatería (sin datar aunque probablemente sea de los años 40). AMP. Comercio Casa Arillaga Optico (1919), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Comercio La gran ciudad de Londres (1920), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Nº 43 de la calle Zapatería (Años 30), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Navidades de 1958 en la calle Zapatería. Galle. J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Comercio de Pascual Castiella (1919), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios.

La Vuelta Ciclista a España llega a Pamplona (1958) y el Circuito de Pascuas (1924-1983)

Debió ser el 1 de mayo de 1958 cuando la 13ª edición de la Vuelta Ciclista a España llegó a Pamplona. Había comenzado un día antes, el día 30 de abril en Bilbao.  La segunda etapa había partido de San Sebastián y después de recorrer 150 km llegó a Pamplona. Ganó la etapa Antonio Jimenez. En aquella edición participaron 100 corredores, repartidos entre  10 equipos, de los que sólo lograron terminar 55. En la escuadra española había hombres como Loroño, Bahamontes, Manzaneque, Botella, Company, Galdeano (corredor navarro de Iguzquiza, que recalaría en el Kas), Jimenez, Ruiz, Moreno y Pacheco. Junto al equipo nacional dirigido por Luis Puig había algunos equipos comerciales españoles como la Peña Solera-Ignis, el Lube, el Mobylette y sobre todo el poderoso Kas: Aspuru, Iza, Alberdi y San Emeterio, entre otros. Aun faltarían unos cuantos años, habría que esperar a los 70 para tener una escuadra con sede en Navarra, el Super Ser, luego llegaría el Reynolds y aunque las firmas, los patrocinadores  ya no eran de la tierra el equipo ciclista  seguía teniendo su sede aquí: el Banesto, Illes Balears, Caisse d’Epargne, hasta el actual Movistar, de la mano de Jose Miguel Echavarri primero y Eusebio Unzue, después. A la 13ª edición de la Vuelta Ciclista a España acudieron, también,  los equipos nacionales de Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Portugal. Tras 16 etapas ganó esta edición de la Vuelta el francés Stablinski; Los españoles Loroño y Bahamontes no anduvieron, ese año, muy finos, tuvieron que conformarse con premios menores: Salvador Botella ganó la clasificación por puntos y Federico Bahamontes la de la montaña. La Vuelta Ciclista  España había llegado a Pamplona hasta entonces, al menos hasta en cuatro ocasiones: en 1947, 1950, 1955 y 1956 y con posterioridad a 1958 lo haría en diez y nueve ocasiones más: de 1959 a 1969, de forma ininterrumpida, en 1971, 1976, 1979, 1990, 1992, 1994, 2012, (año en que la Vuelta salió de nuestra ciudad y hubo una contrarreloj por equipos) y 2014. En total la Vuelta ha salido o llegado de nuestra ciudad en 24 ocasiones.

Del paso de la Vuelta por Pamplona me han hecho llegar presuntamente estas fotos antiguas, aunque yo tengo grandes dudas de que correspondan a esta prueba, más bien me inclino porque puedan  ser instantáneas del Gran Premio de Pascuas, Circuito de Pascuas o Circuito de Pamplona, que de todas esas formas se le llamaba, una de las más importantes pruebas y con más solera del calendario ciclista nacional a la que acudían importantes ciclistas del momento.  La primera edición del Circuito de Pascuas se celebró el 21 de abril de 1924, organizada por el Lagun Artea, en colaboración con el Sporting Club Navarro, que dejó de ser una sociedad para convertirse luego en una tienda de bicicletas y estaba en el edificio de la Casa de Baños del paseo de Sarasate. En esa primer edición recorrió el centro de la ciudad y los alrededores, en un recorrido de 60 km, el más corto de su historia; el más largo fue, precisamente el de 1958 con 240 km. En 1925  se encargó de la prueba la Unión Ciclista Navarra, nacida al poco de finalizar la primera edición. La tercera la organizó el Club Atlético Osasuna y la cuarta de nuevo el Lagun Artea. La prueba dejó de celebrarse durante varios años hasta 1935, año en  que  la Unión Ciclista Navarra se encargó  definitivamente de la carrera, hasta el año 1983 en que tras 52 ediciones  desapareció. Txomin Perurena ganó la prueba en 6 ocasiones y el navarro  Ignacio Orbaiceta en 3. En las  dos primeras fotografías   vemos a un grupo de corredores por la Avenida de Carlos III viniendo de Sarasate y enfilando la Avenida hacia los Caidos y la segunda bajando por el otro lado de la avenida en dirección a la plaza del Castillo. En la tercera foto un grupo de ciclistas se esfuerza denodadamente por una subida flanqueada por una de nuestras típicas balaustradas. Adivinen en que parte de la ciudad  se encuentra esta cuesta, la balaustrada creo que da una pista. En la cuarta foto, de Cifra Gráfica, vemos al ganador del Circuito de Pascua, Juan Jose Sagarduy, en la edición de 1966.

Fotos: Sin filiar (1958), Cifra Gráfica (1966)