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Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Beruete (1924)

A este crimen me referí brevemente cuando estaba repasando la pequeña historia local de la Pamplona de 1924 y también, por alusiones, cuando hice la entrada del crimen de Miranda de Arga. Con esta entrada que engrosa la serie “Crónica Negra del Viejo Pamplona” doy cumplida información de otro célebre crimen que suscitó un gran interés en aquellas primeras décadas del siglo XX. Utilizó para la reconstrucción del crimen y posterior proceso las actas del juicio sumarísimo así como diversas reseñas periodísticas recogidas por la prensa de la época. La presente crónica relata el asesinato en el monte de Santa Engracia, próxima a Huici del leñador Martín Aizcorbe a hachazos y robado por los hermanos y compañeros de trabajo Bernardo, Juan Martín y José Goñi. El cadáver tardó varios días en aparecer. Las actas describen con detalle los hechos: “El día 10 de septiembre de 1924, Bernardo Goñi que era capataz del tajo en que trabajaban sus hermanos Juan Martín y José y otro leñador llamado Martín Aizcorbe Fía, hizo con este liquidación del producto del trabajo, en virtud del cual debía pagarle a Martín 1.260 pesetas de las que solamente le entregó 600. Bernardo indujo, luego, a sus hermanos a que acompañaran a Martín y le dieran muerte para robarle las 600 pesetas entregadas, ofreciéndoles entregarles 100 pesetas más a cada uno de las que les correspondían por los beneficios del trabajo, haciéndole entrega a José de un hacha. Al día siguiente, 11, a las 4.30 de la mañana, salieron al monte, marchando en primer lugar, Juan, luego Martín y finalmente José, provisto del hacha y a una seña de su hermano, José descargo varios hachazos en la cabeza de Martín, provocándole la muerte. Tras robarle las 600 pesetas, ambos hermanos cargaron con el cadáver de Martín, arrojándolo a una sima situada a dos kilómetros de distancia del lugar del suceso”.

El día 21 de septiembre una bandada de cuervos se arremolinaba en torno a una profunda sima, lo que alertó a un pastor que pasaba por el lugar y que fue quien descubrió el cadáver de Martín. Como quiera que este había salido en compañía de Juan Martín y José Goñi, estos fueron inmediatamente detenidos. Sometidos los procesados al fuero de Guerra se constituyó el Consejo de Guerra en Pamplona el día 27 de septiembre, pidiendo el fiscal la pena de muerte para los tres procesados, para Bernardo como inductor y para Juan Martín  y José Goñi como autores materiales de los hechos. Los reos declararon por medio de un interprete, ya que no conocían el castellano, utilizando solo el euskera. El tribunal condenó en primera instancia a los encausados a cadena perpetua, no obstante, de este fallo disintieron el capitán general de la región y el auditor general, derivando, por ello la causa en el Supremo de Guerra y Marina, que celebró la vista el día 19 de enero de 1925, donde se volvió a pedir la pena de muerte para los tres encausados que se confirmaría al día siguiente. El día 31 de enero se recibían las correspondientes ordenes para levantar el patíbulo y ejecutar a los reos del crimen de Beruete en la cárcel de Pamplona. A la una de la tarde del día 1 de febrero entraron los reos en capilla, después de leérseles la sentencia. A tenor de lo que decían las crónicas, los tres reos se mostraron muy abatidos tras la lectura de la sentencia, dando pruebas de arrepentimiento por los hechos cometidos. El mayor, Bernardo, se confesó con el canónigo D. Alejo Fleta, el mediano, Juan Martín, con el párroco de San Lorenzo, D. Marcelo Celayeta y el menor, José, con el capellán de la cárcel, D. Alejandro Maistarrena. Como montañeses que eran se les facilitó un sacerdote vasco carmelita, el Padre Juan Tomás, que en  euskera les reconcilió y animó a confiar en la misericordia divina. En las primeras horas de la noche se acercó a la prisión el obispo de Pamplona, Mateo Múgica y Urrestarazu que les prodigó en euskera frases de cristiano consuelo. También les visitó el Alcalde de Pamplona, D. Leandro Nagore.

Los reos pasaron la noche llorando y rezando. A las cuatro de la madrugada oyeron misa y comulgaron, acompañándoles las monjas y hermanos de la Paz y la Caridad. Después oyeron otra misa, siendo este el único momento en que los reos estuvieron juntos. A las siete menos dos minutos fueron sacados al patio por orden de edades y a las siete comenzó la ejecución. Se habían levantado varios patíbulos pero no se utilizó más que uno, actuando solamente el verdugo de Burgos pues el de Madrid se limitó a ayudar a subir y colocar a los reos. Fueron ejecutados por orden de edad, primero Bernardo, segundo Juan Martín y tercero José. Al terminar la ejecución del primero se izó la bandera negra. A las ocho de la mañana se presentó en la cárcel el cabildo parroquial de San Lorenzo con cruz alzada el cual rezó un responso. Luego los cadáveres fueron trasladados al cementerio de San José. Ese día se suspendieron los espectáculos en la ciudad.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Iglesia y pueblo de Beruete. Xavier Cañas. CC BY-SA 4.0. Nº 2: Caserio en Beruete. Santi Usabiaga  Nº 3:Casas de Beruete. Pampluno.

Anuncios comerciales en el Pamplona de los años 60 (1961-1967). El valor de la marca local

En estos tiempos de la omnímoda globalización miro hacía atrás en el tiempo y descubro aquella ciudad, hoy desaparecida, en la que los pamploneses consumíamos mayoritariamente en nuestras tiendas de toda la vida y comprábamos muchos productos alimenticios que sabíamos se estaban elaborando en el obrador de al lado o, a lo sumo, en la moderna fábrica que se había construido, recientemente, en los barrios o pueblos periféricos cercanos, vamos que era, como se dice hoy en día, muy fácil fijar su trazabilidad. Hoy han desaparecido el 97% de las pequeñas tiendas de alimentación y se compra, mayoritariamente, en cuatro o cinco grandes grupos de distribución nacionales o multinacionales y las producciones no son ya no locales, ni siquiera a veces nacionales, sino internacionales. Por supuesto que seguimos teniendo productos y productores locales pero entonces el producto local era el rey y al citar aquí estos nombres, no lo hago porque fueran los únicos, -había muchísimos más-, o los mejores, solo lo hago porque la mayoría de ellos están vinculados a mis recuerdos personales y les recuerdo que este blog, en el fondo, sigue teniendo una importante faceta autobiográfica. Para empezar una jornada cualquiera desayunábamos con leche de la Copeleche-Kaiku,  -la tomábamos tanto en casa como en la escuela-, ¿quien no recuerda aquellas botellas y bolsas de leche de la Copeleche o aquellas botellitas de Kaiku que salían de la factoría del barrio de San Pedro?; almorzábamos y merendábamos pan, de Taberna, con chocolate Orbea, -estaba ahí al lado, junto a la avenida Guipúzcoa-,  o el chorizo Pamplonica, que tenía su fabrica en La Milagrosa. Había una gran variedad de chorizos, como el Argal y otros chorizos locales, pero el Pamplonica era el más extendido, el  fuagrás o foie gras más conocido era el de Mina, con fábrica en Huarte y la mejor mortadela de Larrasoaña, que había nacido en la calle Mayor; los domingos, degustábamos un chocolate a la taza Pedro Mayo o Subiza, con pan del día anterior cortado en rebanadas longitudinales, no todos los domingos se podían comer churros, ese exquisito manjar se dejaba para días señalados, o cuando a la madre en un magnánimo gesto se le ocurría. Las frutas y verduras procedían de las huertas de la Rochapea o la Magdalena y las carnes y pescados los comprábamos en la plaza, en el Mercado Viejo, el Mercado de Santo Domingo, que  bullía de actividad con la algarabía  de gentes que venía de los pueblos tanto a vender como a comprar.

En mi barrio, en el camino de los Enamorados, tenía su sede la factoría de Industrias Grasas de Navarra (Ingranasa) que producía el aceite Aitor y la margarina Natacha, y más adelante  la margarina Artua. Teníamos, además, la cerveza Cruz Azul, en la calle General Chinchilla,  y de gaseosas: Lusarreta, en la Estafeta, y sobre todo Odériz, que tras su primer local en la calle Estafeta se trasladaría al Ensanche para abrir en los años 60 la moderna planta de  la avenida de Guipuzcoa, vinos de Taberna Hermanos, o licores como el Anís Las Cadenas o el pacharán Baines, con sede en la Rochapea. Limpiábamos las manchas más rebeldes con lejía El Tigre, de la Droguería Ardanaz, sito en la calle Mayor. Nuestros electrodomésticos eran Superser, fundada por Ignacio Orbaiceta, las estufas  Agni de Estella y los frenos o servofenos de los coches, Urra, con fábrica en la Rocha, en la calle  Joaquín Beunza y luego en la avenida de Guipuzcoa, guardábamos nuestros dineros en la Caja, la Municipal, pero sobre todo en la de Navarra, y teníamos un par de bancos: el Crédito Navarro y la Vasconia, por citar algunos ejemplos de muestra, y aunque la cultura aseguradora no estaba muy extendida, si había que asegurar algo las opciones eran la Vasco Navarra o la Mutúa. En el ámbito comercial y hablaré mayormente de los desaparecidos, comprábamos la cubertería de casa en Sagarra o Bidasoa, el traje de primera comunión en el Comercio San Fermín, las zapatillas en la Mañueta o en la Zapatillera; en verano, los helados en el centro, en la Italiana o en Nalia y en el barrio, en Eliseo, los churros en la Mañueta o en la churrería de la Rocha, -la de la avenida de Guipúzcoa-, las pastas en Layana o en Marisol (en el Mercado), los libros y demás artículos de educación en la Casa del Maestro, las fotos en Ruíz y Mena, los relojes y joyas en Rubio o Alforja, los zapatos en Jauja y Gembero, los muebles en Rubio o Amat, las máquinas de escribir en Julián Echeverría, la radio en Radio Frías y la ropa en Ortega, las tres BBB, Viana, Casa Félix, El Barato, Las Madrileñas, Marpa, Unzu, Chile o Nuevas Galerías.

Al margen de esos recuerdos y reminiscencias más o menos autobiográficas, con las que he salpicado esta entrada, continuo, en este artículo, con el análisis de la publicidad local que inicié hace año y medio, allá por febrero de 2016, con los anuncios de principios del siglo. En esta entrada ofrezco nada menos que una cuarentena de anuncios, de marcas locales la mayoría, solo he metido algún anuncio de alguna marca nacional para mostrar cual era el estilo de la publicidad  que aparecía en aquellos años en la prensa y publicaciones locales. A pesar de los avances tipográficos, la calidad de las fotografías seguía siendo bastante deficiente y lo seguiría siendo hasta finales de los años 70. De ahí que aún  era mayoritaria en la prensa local  la presencia  de  anuncios basados únicamente  en ilustraciones o dibujos, otra cosa eran las revistas ilustradas nacionales, donde ahí sí, desde los años 40-50,  era mayoritaria la presencia de fotografías. La publicidad ya no se limitaba solamente a informar, como a comienzos del siglo; el eslogan se convertía en un elemento de casi obligada presencia en cualquier anuncio. He comenzado la entrada con dos anuncios, el primero de Gaseosas Odériz, con su botella inconfundible y su cierre mecánico de porcelana, cierre que, aunque se inventó a finales del XIX, se generalizó a partir de los años 50, para las botellas de gaseosa de un litro, cuando se implantó el consumo de esta bebida en el ámbito familiar. El eslogan es sencillo y, como he dicho, se pretendía que fuera una bebida de uso para toda la familia, “para el hogar gaseosas Odériz, la mejor”.

Junto al anterior párrafo vemos un anuncio de Kyns, marca de refrescos de Odériz y que tendría una feroz competencia en los años 60 y 70 con la vitoriana Kas, -yo tenía el depósito de esta marca en mi calle, muy cerca de casa-. La verdad, no es que sobrase imaginación en  estos anuncios, pues el lema o eslogan se parecía mucho al anterior: “Para nosotros es lo mejor…y los mismo para ustedes”. En esta ocasión, la ilustración sigue poniendo de manifiesto ese marcado carácter familiar, con la imagen de ese matrimonio y el niño, vamos que pretendían transmitir que el refresco Kyns era una bebida para todos. Lo que ya nos choca un poco más, con la perspectiva actual sobre la bebidas alcohólicas de alta graduación, es esa idílica imagen familiar, combinada con el segundo lema del anuncio que dice “Beba Kyns con ginebra”. Y es que por aquella época comenzaba la moda de los combinados a gran escala que popularizarían los establecimientos de hostelería. Odériz se fusionaría en 1968 con La Casera. De esta marca acompaño un anuncio, escueto, sin ilustraciones, tan solo la marca perfectamente reconocible y el lema “Sola o con vino, es única”. Por cierto, al redactar esta entrada me he acordado de otra marca de gaseosas nacional que no sé si les sonará, la gaseosa “Konga”, probablemente porque era de otras latitudes. Eran estos años 60, años pródigos en coñacs, desde el famosísimo “Soberano” conocido por aquel lema un tanto machista de “…es cosa de hombres” y del que  adjunto un anuncio al comienzo de esta entrada, un verdadero prodigio de dibujo a plumilla, donde no podía faltar, junto a la copa,  el cigarro o purito, a otros como Decano, Veterano, Fundador, etc.

En los párrafos anteriores he incluido también dos anuncios, uno de Ingranasa que dice que “servía a los hogares españoles” con sus marcas de aceite, Aitor y de margarina Natacha así como de los batidos Kaiku, a los que me he referido anteriormente que, refiriéndose a sus batidos, recuerda que se vendían en toda España pero se fabricaban en Pamplona. Queda pues de manifiesto ese prurito de orgullo de estas empresas netamente locales que eran capaces de vender también sus productos fuera de nuestra tierra, por todo el país. Kaiku fue una marca, primero de Industrial Lechera Navarra S.A (INLENA) y luego de Copeleche, aunque hoy es la marca de un gran grupo alimentario multinacional. Kaiku, además, fue la marca del grupo formado por la fusión de las diferentes cooperativas del País Vasco y Navarra, Copeleche, Gurelesa y Beyena, a finales de los años 80.  Hace poco Maite Ilundáin me recordaba que otra marca de productos lácteos, Goshua, tuvo su origen en la lechería-mantequería Baserri, en el nº 21 de la calle San Antón. Junto a este párrafo adjunto sendos anuncios de cervezas, a la izquierda, un  escueto y austero anuncio de la cerveza pamplonica Cruz Azul, de Luis Ros, que tuvo su última sede en la calle General Chinchilla, donde hoy está la comisaria del Cuerpo Nacional de Policía y que cerró sus puertas en el año 1973. A la derecha, un anuncio también sencillo, sin ningún tipo de florituras,  de Cervezas El León que,  aunque era guipuzcoana, tenía un depósito en el nº 29 de la calle Estafeta, donde actualmente se encuentra el comercio Tejidos Rodrigo. En ese mismo lugar, su titular, Mariano Soto, tenía una fabrica de hielo. El lema del anuncio  se refiere a  las bondades del rubio elemento líquido: “La mejor bebida, la cerveza, la mejor cerveza, El león”.

A continuación analizo una serie de anuncios de diferentes establecimientos comerciales de la ciudad. En primer lugar, a la izquierda, un anuncio de Sagarra, con unas ilustraciones y tipografía perfectamente identificables, que aparecerían en buena parte de su publicidad, a lo largo del tiempo. Se resalta la fecha de su nacimiento,  el origen de Sagarra se remonta nada menos que a 1878, destacando el valor de la experiencia. El anuncio definía muy bien el tipo de productos que ofrecía: regalos, vajilla, lamparas, antigüedades, bisutería y por último  incorpora el obligado lema o eslogan: “Vende mucho, ganando poco”, un lema que resulta llamativo pues supone toda una declaración de política comercial contenida en apenas una sola frase:  el reducido margen comercial como política de la empresa que repercute en el precio y por lo tanto en el incremento de las ventas. El segundo anuncio, el de la derecha, soporta su mensaje fundamentalmente sobre la marca “cafés costa fría” y  el nombre el fundador, Carlos Moreno, probablemente como garantía de una sólida marca, un nombre que, según el propósito del anunciante, ofrecería al público garantía y credibilidad, la ilustración refleja una escena en la que una señorita degusta un exquisito café, como recuerda el lema que ocupa un espacio menor en la composición del anuncio, mientras el camarero aparece erguido con la bandeja, lo que denota la tradicional  imagen de servicio. No obstante la estética del anuncio parece un tanto anticuada incluso para la época. Entre los anuncios inferiores, el primer  anuncio se basa única y exclusivamente en los textos, con dos tipos de lemas, el que hace referencia a la marca: “El Barato, la casa de confianza” y al producto: “mantas mejores a precios mucho mejores”, vamos, calidad, confianza y precio. El segundo anuncia la próxima apertura de un nuevo establecimiento de Comercial Escudero, “El palacio del niño”, con ropa infantil y sección especial de señora. Los monigotes, de apariencia infantil, refuerzan el mensaje y centran el público objetivo al que va dirigido  este nuevo establecimiento comercial. El tercer anuncio, de  Caja Municipal,  utiliza una garita o cuerpo de guardia de la muralla pamplonesa como refuerzo gráfico a su lema central “El ahorro, vigila, defiende tu porvenir”. El cuarto anuncio, de Bodegas Ibañez,  es estrictamente informativo, destacando algunas marcas propias que yo desconocía: sidra Mirentxu, champán Valdizarbe, Kina San Fermín y su servicio a domicilio, lo mismo que el de Hotel Maisonnave que nos informa sobre las características de las nuevas dotaciones hoteleras inauguradas, hacía poco, en el nº 20 de la calle Nueva: 164 habitaciones, todas con baño o ducha y servicios y grandes salones para banquetes.

Los siguientes anuncios se refieren tanto a establecimientos, en el caso de Radio Frias, verdadero referente comercial  en el campo de los electrodomésticos de aquellos años, como de producto, en el caso de Lejía El Tigre. En el tercer caso lo destacable es la marca Superser, con una escueta enumeración de los productos que ofrecía (estufas, lavadoras, frigoríficos, cocinas), el primer frigorífico que hubo en mi casa era Superser y duró varias décadas. Y es que todavía no había llegado la era de la obsolescencia programada. Respecto a la lejía El Tigre yo  la recuerdo haber visto en mi casa, bajo la fregadera, junto al jabón Lagarto, envasada en unas botellas de plástico duro de color rosaceo y/o amarillo, con el tigre saltando grabado en el cuerpo de la botella. El anuncio respondía al viejo estilo informativo de los anuncios, aunque también incorpora un escueto eslogan: “Lo mejor para la ropa blanca”. La fabrica de lejías El Tigre creo que estuvo primero en la calle Mayor y luego se trasladó a la carretera de Esquiroz.

 

A continuación adjunto una serie de anuncios meramente informativos, aunque en algunos pocos casos   también incorporen lemas o esloganes de los siguientes establecimientos comerciales locales: Viajes Vincit, Muebles Elósegui, Restaurante Basaburua, Leder, Muebles Doel, Victor Bregaña, Casa Les, Tejidos Górriz, Teofilo Iriarte, Muebles Sagaseta, Sastrería Artazcoz y Bar Bilbao, muchos de los cuales nos recuerdan la clásica tarjeta de visita.

No eran marcas locales pero tuvieron una importante presencia en aquellos años, la Coca Cola, que basaba su mensaje en su reconocible logotipo y un lema bien claro “Refresca mejor”  o el Colchón Sema, con su inolvidable eslogan de “Dijo Sema y se durmió y como nuevo despertó” que algunos recordarán. Si no recuerdo mal,  la tienda de referencia de Colchones Sema, en aquellos años, en Pamplona, estaba en la calle Amaya. El anuncio de Almacenes Aldapa es el arquetipo de la austeridad gráfica, con un sentido estrictamente informativo, recordando la ubicación de  sus diferentes establecimientos y citando,  de un modo absolutamente detallado,  todos los productos que ofrecía.

Por último les ofrezco una última  tanda de anuncios de establecimientos locales donde se mezclan ilustraciones, -es el elemento fundamental del anuncio del Mesón del Caballo Blanco-,  que logra transmitir, con ese detallado dibujo,  el  aspecto medieval que ha  caracterizado este edificio a lo largo de su historia, aspecto medieval que ha confundido  a muchos, propios y extraños, pues la gente cree que el edificio es mucho más antiguo de lo que en realidad es (es del año 1961)-, logotipos  más o menos reconocibles, como en los casos de Thomas, Rocamador o Apesteguía  e información servicio útil: información sobre marcas, productos, servicios, si bien con escasez de recursos gráficos en algunos casos, como los de bar Montón y Agustín Beunza, que nos recuerdan, igualmente, en su economía de medios o recursos gráficos,  a la típica tarjeta de visita.

 

Sobre las fiestas de San Fermín Chiquito y otros eventos festivos (1947-1967)

Si en una entrada anterior hablaba de las fiestas de San Fermín en los años de la postguerra, me voy a detener en esta ocasión en la celebración de las fiestas de San Fermín Chiquito, el 25 de septiembre. Para empezar conviene aclarar que San Fermín es el patrón de la diócesis de Pamplona y copatrón de Navarra junto a San Francisco Javier pero no lo es de la ciudad, patronato que recae en San Saturnino. La del 25 de septiembre es una de las tres fechas dedicadas en el calendario litúrgico local  a San Fermín, junto al 7 de julio y un domingo variable de enero en que se celebra la función de las Reliquias del Santo.  Por aclarar más aspectos relacionados con San Fermín: hasta el año 1590, las fiestas grandes de San Fermín tenían lugar el 10 de octubre, fecha en que se conmemoraba  la entrada del Santo en su sede de Amiens, hasta que un buen día el obispo de la Diócesis, Bernardo Rojas Sandoval, a instancia del Ayuntamiento, acordó trasladar las celebraciones a unas fechas climatológicamente más propicias aprovechando la coincidencia con la feria franca que se celebraba a finales de junio en Pamplona desde 1381,   y desde entonces, desde 1591, las fiestas vienen celebrándose en torno al día 7 de julio. El 25 de septiembre es, en cambio,  la fecha en la que se conmemora el Martirio, por decapitación,  de San Fermín, en Amiens, en el año 303, sin embargo la celebración de las fiestas de San Fermín Chiquito se trasladan normalmente al  fin de semana más próximo a esa fecha para facilitar la participación de la gente.

Se tienen noticias de que, ya en el siglo XVI, existía una basílica dedicada a San Fermín en la calle Aldapa, donde se cree, según la tradición, que estaba la casa de Firmus, padre de San Fermín. El templo que es el más antiguo y el único erigido en su honor, en Navarra, tiene no obstante reminiscencias románicas con sus tres puertas, sus serie de ventanales y sus modillones. En cierto tiempo lo ocuparon tres monjas mercedarias y en ese edificio se alojaron también los Trinitarios, cuando en 1608, vinieron a Pamplona para hacer una fundación. En el año 1883 se entregó este histórico templo, con el edificio contiguo, a los Padres Misioneros del Corazón de María para que atendieran su culto. Lo restauraron pues estaba casi en ruinas y emplearon en las obras casi 50.000 pesetas. En 1941 llegaron a Pamplona las últimas reliquias del santo mártir y dichas reliquias se guardan en una arqueta gótica dentro de la citada basílica.

Como quiera que a finales del siglo XVIII abundaba la celebración de las fiestas de los barrios, -eran considerados barrios muchas calles del Casco Antiguo y algún núcleo de población  extramuros-,  que  llegaban  a más de 20, el Ayuntamiento tuvo a bien regular su celebración mediante una  autorización previa. Ya en el siglo XVI  se habían publicado  las Ordenanzas de la ciudad y sus diferentes oficios en el que se hacían las siguientes consideraciones sobre los bailes y danzas: “teniendo en cuenta que en los bailes y danzas de los mozos y mozas de servicio se hacen con mucha descompostura y señales deshonestas como son abrazarse las manos con las mozas con ademanes de besarse y otras cosas de atrevimiento se ordenaba que los bailes debían de terminar cuatro horas antes de la cena y que de ninguna manera se practicasen en los zaguanes y entradas de casas aunque lloviera y advertían al juglar que apenas observase alguna deshonestidad dejase de tañer la música”. Las más animadas  mecetas o fiestas de los barrios eran las que celebraban los mozos de la Rochapea y San Juan.

Durante siglos la conmemoración del Martirio tuvo un gran seguimiento en la ciudad, de hecho es la más castiza y antigua festividad dedicada al santo moreno, y se celebró al menos hasta 1836, año en que los concejales dejaron oficialmente de participar en el acto (bueno volvieron a hacerlo en 1839, pero solo ese año). Poco a poco se fue olvidando la fecha del 25 de septiembre, de modo que  a principios del siglo XX las celebraciones tenían fundamentalmente un carácter religioso y consistían básicamente en funciones solemnes que se celebraban  en la basílica de San Fermín de Aldapa,   complementadas con algún festejo organizado por el Ayuntamiento, al estilo de las fiestas chiquitas que organizaban otros barrios del Casco y de la ciudad, que fueron creciendo en variedad con música, danza, toros, cohetes y comidas populares. En los años 20 las fiestas volvieron a decaer y se suspendieron durante 24 años, desde 1923 a 1947. En 1944, dice José María Pérez Salazar que se organizaron en la ciudad, con motivo de la conmemoración de San Fermín de Aldapa, tres corridas con sus correspondientes encierros, de las cuales tuvieron que suspenderse dos de ellas por intensas lluvias. Pero es en 1947 cuando de verdad se volvieron a recuperar las fiestas, tuvieron mucho que ver en ese propósito personajes del barrio como Castejón, Aristu o Pio Jimenez.  Resumo el programa de fiestas de los sanfermines chiquitos de 1948 que supusieron una nueva etapa en la recuperación de las fiestas de San Fermín Chiquito.

En 1948, las fiestas comenzaron el día 24, a las 12 del mediodía, con volteo de campanas y cohetes, y salida de Gigantes y Cabezudos. A las 7 de la tarde se celebraron las solemnes vísperas en la capilla de San Fermín de los Padres Corazonistas, que se vestían de gala, y a continuación se realizó la Novena (el novenario comenzaba una semana antes), mientras que  una charanga recorría las calles del barrio con alegres pasacalles. A las  10 de la noche, en la plazoleta de la Cuesta del Palacio, hubo música de baile y verbena. Al día siguiente a las 10 de la mañana salieron unos originales Gigantes y Cabezudos de su Palacio de la calle del Carmen, como aquellos antiguos Gigantes del Churrero, con sus originales collares de huevos  cocidos colgando, amen de otras extraordinarias delicias gastronómicas, (posteriormente saldrían los de Tafalla), por la tarde la charanga, en el local del Bullicio Pamplonés se entregaron los premios del Campeonato Navarro de Natación y terminó la jornada nuevamente con música de baile y verbena. El día 26, domingo, a las 10.30 se celebró por primera vez la procesión con la efigie del Santo que recorrió las calles Mañueta, Curia, Navarrería, Carmen y Dos de Mayo hasta la Basílica de San Fermín de Aldapa. La procesión  no tuvo demasiado éxito ya que en 1949 ya no salió. A continuación se ofició una misa solemne con la participación de una masa coral en la que destacó, este año, el tenor Julián Olaz y a las 13.30 se celebró una carrera pedestre infantil. Por la tarde  se anunciaba una gira a la arboleda del Portal de Francia actuando la charanga de 4 a 7, tocando luego pasacalles por el barrio hasta la Cuesta del Palacio donde seguiría hasta las 9 de la noche con música de baile. A las 10 se quemó un toro de fuego que salió de la plaza de San José por Navarrería, Carmen para terminar en Mercaderes, frente al Restaurante Blanca de Navarra. Luego, de nuevo música de baile. Durante estos tres días y hasta el día 30 de septiembre se instaló en la plazuela de la Cuesta del Palacio un carrusel infantil. También y además de la charanga amenizaban los festejos por la calle gaiteros y txistularis. Hablando del Bullicio, en 1948, esta sociedad anunció con motivo de las fiestas de San Fermín de Aldapa la celebración de sesiones de baile, de 11 a 2,30 de la madrugada, el día 25, de 6 a 10 y de 11 a 2,30 el día 26 y de 8 a 11.30 el día 27 de septiembre.

Damos un salto de una docena de años y revisamos el programa de fiestas del año 1961. Este año las fiestas se extendieron desde el sábado 23 al martes, 26 de septiembre. El chupinazo, desde la plazuela de los Padres Corazonistas, abrió la fiestas junto a un repique general de campanas. A las 7 de la tarde se celebraron las solemnes vísperas en la basílica de San Fermín de Aldapa. A las 8.30 recorrió las calles del barrio la comparsa de Gigantes y Cabezudos y la agrupación vasco-navarra de txistularis y de 10.30 a 1,30 hubo una gran verbena popular en la plaza de Santa Cecilia así como una actuación de la Rondalla de los Amigos del Arte. El día 24 hubo dianas a las 8 de la mañana, misa solemne a las 10, luego salió la comparsa de gigantes y cabezudos, se celebró la gran prueba atlética que organizaba  el C.D Aldapa desde el año 1950 y reparto de premios, juegos infantiles con premios (de carreras de sacos, rotura de pucheros, carreras de cintas en bicicleta, etc), festival folklórico organizado por la Real Sociedad de Amigos del País, txistularis, bailes regionales y verbena popular, como el día anterior, en la plazuela de Santa Cecilia. El C.D Aldapa se había encargado de organizar las fiestas desde el año 1956 en colaboración con algunos vecinos del barrio, como los antes mencionados. El día 25 se celebró la Fiesta de la Poesía 1961 y hubo comparsa de gigantes y cabezudos, toro de fuego y verbena para acabar el 26 con una misa y responso en sufragio de los difuntos del barrio. En 1962 hubo pregón el día 23 a las 11 de la noche por las emisoras locales y a las actividades anteriores se añadió un concurso de chocolatada y la participación del cuadro de danzaris del Muthiko. En  1963 las fiestas se extendieron del 27 al 29 de septiembre, con misa cantada el 25 y pregón anunciado por las emisoras locales el 26. A las actividades típicas de años anteriores (dianas, comparsa, verbenas, misa, prueba atlética, juegos infantiles, chocolatada, danzas,  toro de fuego, etc.)  habría que añadir una  competición de carreras sobre patines. En 1964  tuvo especial importancia en el programa un destacado espectáculo pirotécnico con bombas y cohetes en la explanada del Redín, el día 27 y estuvo presente el gargantúa de Bilbao. En los años siguientes se continuó con un programa de actividades similar.

En 1967 se anunciaba, en el programa de fiestas, que el día 16 de septiembre recorrerían las calles del barrio los componentes de la sociedad Euzko Basterra con los txistularis y vestidos a la usanza del País para hacer una colecta, hubo también novenario, del 17 al 25 de septiembre, y pregón por las radios locales el día 22. El día 23, a las 12, se lanzó el tradicional chupinazo y hubo repique de campanas y a la misma hora recorrido por las calles de una banda militar así como de un grupo de txistularis. A las 8 de la tarde desfile de cabalgata con txistularis, grupo de danzas, gigantes y cabezudos, acordeonistas por las calles del barrio hasta la basílica de San Fermín de Aldapa donde se celebró una para-liturgia. Tras el acto religioso los danzaris y un doble cuarteto vocal actuaron en la plaza de San José, para acabar la jornada con la tradicional verbena en la plaza de Santa Cecilia. En el día grande hubo dianas, misa cantada por el doble cuarteto vocal con ofrenda al santo a cargo de  la sociedad Euzko Basterra, gigantes y cabezudos, campeonato de sokatira y juegos populares en la plazuela de San José, por la tarde, a las 5, juegos infantiles y bailables regionales y de 7 a 10, música popular por una banda militar en la plaza de los Corazonistas, además de la tradicional verbena. Euzko Basterra era una asociación nacida del seno de la Real Sociedad de Amigos del País y se fundó a principios de esta década, como veremos, próximamente, en alguna  entrada de este blog.

En el año 1976 se hizo cargó de la organización de las fiestas de San Fermín de Aldapa   la comisión de fiestas de la Navarrería que recuperó nuevamente los festejos y paseó de nuevo al santo por las calles del barrio. Hubo además un gran alarde de txistularis txikis. Actualmente el comienzo de las fiestas tiene lugar el viernes con el lanzamiento del txupinazo. Previamente se ha  elegido al alcalde txiki que preside los actos festivos. Se mantienen actos tradicionales como el chupinazo, la procesión, el toro de fuego, las dianas, las verbenas,  charangas, danzas, etc. El Cross de los Carrozas es una de las actividades más veteranas:  va a cumplir 37 años. Su 1ª edición se celebró en 1980. También se hacen concursos de calderetes, chistorradas y chocolatadas, cenas y comidas populares, actuaciones de dantzaris,  desfile de los gigantes y kilikis del barrio, exhibiciones de deporte rural, campeonatos de mus y de pelota, encierros txikis y otras actividades infantiles, feria de artesanía y numerosos conciertos, etc. Entre todo este montón de actos la procesión que se celebra el domingo en honor de San Fermín de Aldapa es uno de los actos centrales de las fiestas y uno de los más multitudinarios. La comitiva suele estar acompañada por la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de la ciudad, la banda municipal (La Pamplonesa) y el grupo de danzas municipal Duguna. Entre el año 2008 y el año 2014 existió un programa de actos festivos que organizaba la Comisión de Fiestas del Casco Viejo y, otro, que promovía el Ayuntamiento de Pamplona. Ya no se celebran ni encierros en septiembre ni corridas, pero sí hubo un intento con cinco encierros en 1991 (día 22 de septiembre), 1992 (19 y 20 de septiembre) y 1993 (25 y 26 de septiembre).

Las fiestas de San Fermin Txikito más recordadas fueron, no obstante, las de 1978, cuando se trasladaron a septiembre los encierros y corridas que habían quedado en Pamplona, tras la suspensión de la fiesta en julio. Ese año, después de varias reuniones de las peñas con el Ayuntamiento y la Casa de Misericordia, Pamplona recuperó parte de los sanfermines perdidos en julio los días 23, 24 y 25 de este mes, fechas que fueron declaradas por el Ayuntamiento de Pamplona, ese año, como fiestas menores. La Casa de Misericordia se comprometió a organizar las tres corridas, con sus correspondientes encierros, a pesar de que no se cumplieron las condiciones económicas que había impuesto en un principio. La Casa de Misericordia había pedido que le entregarán 13 millones de pesetas, con los que se comprometía a organizar el apartado taurino de las fiestas. A pesar de que con la venta de abonos sólo se obtuvieron poco más de  de 6 millones de pesetas el Ayuntamiento de Pamplona se comprometió  a avalar otros cuatro millones para que las fiestas se celebrasen con encierros. Por su parte las peñas llevaron a cabo una intensa campaña de venta de abonos para las corridas, apoyada por un cartel con el siguiente lema: San Fermín txikito, si tú quieres. Igualmente, el Ayuntamiento de Pamplona recuperó parte de los espectáculos populares que estaban previstos para los sanfermines de julio y que se tuvieron que suspender como consecuencia de los sucesos acaecidos el día 8. Se  confeccionó  un programa de fiestas para los días 23, 24 y 25 de este mes, similar al de los sanfermines de otros años, con un montón de actividades: verbenas, encierros, corridas, barracas, etc. Muchos recordamos aquellas fiestas como unos sanfermines grandes pero para los de casa, sin el agobio y los problemas derivados de la masificación que sigue atenazando nuestras fiestas mayores.

En 1966 y a semejanza del barrio de la Navarrería, en el burgo de San Cernin celebraron unos festejos en honor a San Saturnino, promovidos por la Sociedad Cultural Deportivo Recreativa Anaitasuna que a la sazón tenía su sede en el 1º piso del nº 35 de la calle Mayor. Lo hicieron con la colaboración de todas las sociedades y grupos deportivos del barrio: Napardi, Los Amigos del arte, Auroros, peñas como los Irunshemes, La Saeta, clubs deportivos como Aldapa, Venecia,  C.D Iruña, Judo Club de Pamplona, Federación Navarra de Pelota, el Centro Mariano, etc. Se celebraron entre el 26 y el 29 de noviembre. El cohete anunciador de las fiestas se disparó desde el balcón de la emisora Radio Popular situada en el convento de los Dominicos, seguido de repique de campanas de la Iglesia de San Saturnino y los conventos del barrio. Luego txistularis y acordeonistas recorrieron las calles. Por la tarde hubo visita a la guarderia infantil del barrio, música regional en la plaza de Santa Ana, el primer trofeo de Judo en el pabellón deportivo (¿Anaitasuna?) y de 22.30 a 1 horas, música bailable en la plaza de Santa Ana. Al día siguiente dianas con txistularis, visitas a los enfermos del barrio y Hospital Militar, exhibición motorista y exhibición de danzas en la plaza del Mercado, juegos infantiles en la plaza de Santa Ana, festival deportivo-folklórico en la plaza del Mercado y música bailable de 19 a 21.30 y de 23 a 1.00 horas, el lunes, 28 primer trofeo de Natación, música regional y bailable así como rondalla, por las calles, a cargo de Los Amigos del Arte. Y por último el día grande, el día 29, auroras, dianas, misa, partidos de pelota en el Labrit, procesión y misa solemne con la asistencia de las autoridades, exhibición del aizkolari Patxi Astibia y cuadro de danzas, almuerzo, festival deportivo-folklórico, música bailable y a las 22.00 retreta floreada por la banda militar del Regimiento de Infanterial en la plaza Consistorial, toro de fuego y música bailable. Además hubo baile de sociedad en la Asociación Los Amigos del Arte, los días 27 y 29  a las 7.30 y funciones cinematográficas en el Salón del Centro Mariano. Al año siguiente, en el programa de fiestas de 1967, el párroco de San Cernin criticaba la escasa participación de la juventud en los actos religiosos y la  excesiva prolongación de los bailables, concretamente hasta la una de la madrugada. El programa fue similar al del año anterior. El día grande tuvo como novedad una exhibición de lucha por los famosos carneros de Leiza. El resto de actividades fueron muy parecidas.

Fotos por orden de aparición (sin contar los programas festivos): Foto nº 1: Procesión de San Fermín Chiquito a su paso por la calle Mañueta (1948), Julio Cia. AMP;  Foto nº 2: Mercado de Santo Domingo. (1924). Foto postal de A. de León. Foto nº 3: Panorámica de la Cuesta del Palacio, Plazuela de los Padres Corazonistas, Capitanía General. Foto postal Vda de Rubio (Años 20-30). Foto nº 4: Portal de Francia. Años 20-30. Postal de Librería Aramburu.  Foto nº 5: Calle Navarrería. (1945). L. Roisin.  Foto nº 6: Plazuela de Santa Cecilia. Años 60-70. Ediciones Iruña. Foto nº 7: Ronda Obispo Barbazan. Finales de los años 50. Ediciones Garcia Garrabella. Foto nº 8: calle Blanca de Navarra, en su tramo final. Años 20-30. L. Roisin.  Foto nº 9: Casa de la Maternidad, tras su traslado al Hospital Provincial. (1935). Julio Cia. Foto nº 10: Fuente de Santa Cecilia antes de su traslado a la actual plaza (1903). Aquilino García Dean. Foto nº 11: Entrada principal del Palacio de Capitanía. (1933). Foto nº 12: Abside de la Catedral y Ronda del Obispo Barbazan. Años 30. L. Roisin

     

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Segunda parte.

Retomo la serie de los “comercios del Viejo Pamplona” con  la segunda parte de la calle Estafeta, recordando todos  los establecimientos que podíamos encontrar, en la primera mitad del siglo XX, en este segundo tramo de la calle, que comienza en el cruce con  la bajada de Javier y termina  en su cruce con las calles Juan de Labrit, a su izquierda, y Duque de Ahumada, a su derecha. Empezando por su lado izquierdo, donde sigue estando Casa Lange, había en torno a 1905 una tienda de chocolate que también  fabricaba, como era habitual en este tipo de establecimientos, pailas para velas de cera, y que figuraba a nombre de Herederos de Estanislao Larrosa. Más tarde en el nº 45 aparecía la firma Hidalgo y Ayestarán, con exposición y venta de automoviles, aunque ya pronto aparece por ahí Casa Lange. Tengo datada la ubicación de Casa Lange en este lugar al menos desde 1925.

Casa Lange fue fundada por Federico o Fritz Lange e inicialmente formó sociedad con Federico Standfuss al que ya nos hemos referido cuando hemos repasado los comercios de la calle Mayor (Y es que Standfuss, tras su separación de Lange, pondría un negocio  similar (de loza, porcelana y cristal y otros productos similares) en el nº 37 de la calle Mayor bajo el nombre de La Alemana. Casa Lange que ha vendido siempre un poco de todo (objetos de regalo, juguetería, bisutería, quincallería, etc), como si fuese una especie de bazar,  mantiene actualmente  buena parte de su fisonomía inicial de comercio de principios del pasado siglo, siendo regentado a partir de los años 40 por Margarita Zabala Uribe. Tanto Lange como Standfuss pertenecían al grupo de alemanes (de mas de 200) que llegó a Pamplona, procedente del Camerún en mayo de 1916. En los años 30, no obstante, en ese mismo número 45, aparece, también, una tienda de confección de señora,  la de Encarnación Alonso.

En el nº 47, donde  ha estado siempre  el centro de jubilados de la CAN estaba la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal. Esta fue su primera sede antes de que se trasladara a la esquina de Mercaderes con Chapitela en los años 20. En los años 50, en ese primer tramo, junto a Casa Lange, estaban la tienda de máquinas de coser de Ruperto Andueza, también era zapatero y la mercería de María Urriza que   vendía también géneros de punto. En los números 49 y 51 donde hoy está  el bar-restaurante-sidrería Chez Belagua estaba en los años 20, el bar y la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Fernando Lusarreta, socio en aquellos años de Serafín Oderiz, si bien en los años 30 se traslada al nº 61 de la calle donde hoy está la tienda de ropa Motufashion, ya bajo la dirección de su viuda y luego de sus hijos. El negocio perviviría hasta bien entrados los años 60. En ese lugar encontraremos a partir de esos años (años 30)  la casa de comida de Julián Indabere y desde los 40-50 la panadería-pastelería-confitería de D. Francisco Irujo Gonzalez Tablas, luego Irujo y Gascon, vamos, la Cafetería Belagua de toda la vida, aunque la propiedad de esa cafetería pastelería cambió en el año 1984, convirtiéndose en un establecimiento de hostelería. En el nº 51 estaba, en  los años 30, el pintor Sinforiano Goñi  y en los años 40 más adelante, donde está el asador Erretegia, nº 53,  estaba la churrería de Miguel Fernández Jimenez y la lechería de Pedro Ancizu Eguaras,  donde hoy está la tienda Globe Trotter (nº 55)  estaba en los años 20 la carpintería de madera para construcción de Remigio Zalba y en los 30,  en este mismo número se encontraba la cubería de  Hijos de Pezonaga y  la casa de huéspedes de Francisco Marquínez, mientras que  en los años 50 hacía lo propio el restaurante de Carlos Pascualena Gembero, regentado luego por los hermanos Elizalde.

En el nº 59 donde hoy esta la sala de juegos Estafeta teníamos en 1905 al vendedor de cal, yeso y ladrillo, Pedro Fernández, que sería relevado en los años 30 por el tonelero Isidro Pezonaga. En el nº 61, pero en un primer piso, hallábamos el celebre colegio de Gabina Ezquerro, luego de las hermanas Ezquerro, que permanecería en el lugar durante cerca de 50 años. Posteriormente, en el nº 63, donde se encuentra la carnicería Arbi  había en los años 30 una carpintería mecánica, posteriormente donde hoy hay una de las tiendas de Atanasio Echarri, estaba el tonelero Pedro Garbayo y décadas después la fontanería, hojalatería  y cristalería de Maria Cruz Archanco Udobro que vendía e instalaba además material sanitario y de calefacción.

En el nº 67, donde durante muchas décadas, al menos desde los años 60 y hasta bien entrado el siglo XXI, estuvo la tienda de Orbaiceta luego Millar Estafeta, estuvo en la primera década de siglo, la fábrica de electricidad Hidroeléctrica Franco-Española, sustituida en los años 30 por la fábrica de cupriol o sulfato básico de cobre, Sociedad Anonima de Cupriol. Desaparecida ésta, en este número encontramos, después de la guerra, la sede de Fuerzas Electricas de Navarra que producía electricidad, alquilaba los contadores de luz e instalaba, vendía y reparaba maquinaria y material eléctrico. En el nº 69, donde hoy está Chez Evaristo hallábamos, a primeros de siglo,  el bar El Moderno, regentado por Venancio Sánchez. Posteriormente aquí encontraríamos un café público con mesas de billar regentado por Macario Arguiñano Echeverría, “Los billares” hasta que el bueno de Evaristo Salinas abrió su bar Casa Evaristo a primeros de los años 60, que hace ya unos cuantos años compró José Luis Biurrun Olave cambiándole el nombre por Chez Evaristo.

En los años 20, donde se encuentra hoy el bar La Granja estaba la tienda de José Les, “La Oficina Americana” que vendía máquinas de escribir, aparatos multicopistas y accesorios; en el primer piso tenía una agencia o gestoría que se dedicaba a diversos negocios. También en este número, en los años 20,  tenía la razón social Alfredo Urra, industrial local, herrero, cerrajero, dueño de garajes, taller mecánico,  autobuses y taxis conocido porque uno de sus coches, un Clement  Bayard, es considerado como el primer coche que ejerció de taxi, como tal, en Pamplona. Fundó junto a Manuel Ros, en los años 50,  la fábrica de frenos Urra en la Rochapea. Posteriormente desde los años 30 lo podíamos encontrar en el nº 73. En los años 50 en este local del nº 71 encontrábamos ya un negocio hostelero, un café público, con mesas de billar, su dueño, Luis Desojo Sanz que lo regentó hasta finales de siglo.

En el nº 73 donde se encuentra la tienda de camisetas “Eh toro, eh” y en tiempos estuvo una de las dos tiendas del Supermercado del Cassette había en 1905 una herrería,  la de Joaquín Urricelqui, en los años 40, sin embargo encontramos aquí una tienda de alimentación, también vendía café al por mayor regentada por Joaquín Goicoechea Ichaso que permanece al menos hasta los años 60. En 1958, en el primer piso Alejando Elizari y Felisa Garcia fundaban el restaurante Josetxo que en 1985 se trasladaría a la plaza Principe de Viana. A continuación, donde hoy esta un Totos, en 1908 estaba la posada de Matilde Lazaro que en los años 20 regentó Librada Lopez. En los años 30 había una tienda de coloniales, con especialidad en jamones y chorizos dirigida por Julian Muniain que en los años 50 estaba a nombre de Eloy Ciganda Goñi, negocio familiar que continuaría años más tarde con Esteban Ciganda. En este mismo nº tuvo su razón social también en los años 30 el negocio de venta y alquiler de bicicletas de Vicente Gracia que vemos en la foto que acompaña al siguiente párrafo.

En el nº 77 donde estuvo durante los últimos años Moda Hogar Casal hubo, a primeros de siglo, una tienda que vendía aceite, vinagre y jabón al por menor, además de cereales y pupilages para caballerías, a nombre de Josefa Uriz. Posteriormente en este local ha habido un negocio de blanqueamiento de cera, en el primer piso, el taller de sastrería de Demetrio Baztán, y antes de Casal creo recordar que hubo una tienda de moda que se llamaba London. Luego venía la carbonería de Abdon Maestu Alustiza y la carnicería de Gregorio López. Yo en ese lugar he conocido la Pastelería Salcedo, en la última fase Pastelería Andueza. Para acabar este lado, antes de llegar al cruce con Tejería,  encontramos donde estuvo Casa Sixto, en el nº 81,  a lo largo de la historia, diferentes usos: a comienzos del siglo había lo que se llamaba un  bodegón, también era fábrica de gaseosa y vino, se vendía vino por decalitros, lo dirigía Miguel Goñi, luego en los años 30, Leocadio Urtasun montó un bar y casa de comidas. Recordemos que este hombre también tenía una tienda de alimentación al final del primer tramo de la calle. En los años 40-50 será Juan Artazcoz quien regente el negocio hostelero así  como  Apolonio Aquerreta lo hará en los 60.

A continuación, en el nº 83, encontramos  el reformado Casa Juanito, que en tiempos dirigía Juan Barberena y luego otro local que tanto la planta baja como la primera casi siempre tuvieron uso hostelero: y es que en el nº 85 hallamos en 1908, la posada de Cesareo Lezaun, que luego en los años 20 aparecía como La Roncalesa (Sucesor de Lezaun) con fonda y casa de huespedes. Felix Tirapu dirigíría posteriormente la fonda restaurante San Fermin en los años 40 y en los 50 lo haría Pablo Berastegui. En la primera planta en los años 60 y 70  estaba aquí el restaurante Ibarra regentado por Antonio Ibarra. Será en esos años cuando se hagan cargo del bar de la planta baja Miguel Flores y Joaquín Corral  que lo convertirán en el conocido Casa Flores, hoy El chupinazo. Posteriormente, a primeros de siglo, en el nº 87, estaban los constructores de carros y coches: Hijos de Bonifacio Labarta y Jose Bon, algunas décadas más tarde aquí aparecía Juan Sagües con venta de abonos minerales, harinas y cereales, para acabar este lado de la calle con la farmacia (también era óptica, droguería y perfumería) de Javier Navascués, en el lugar al menos desde los años 30 y posteriormente la peluquería y barbería de David Zoco.

Regresamos al cruce con la bajada de Javier, esta vez recorriendo la calle por su lado derecho. Hasta bien avanzado este lado del segundo tramo, no encontramos locales comerciales. En primer lugar se hallaba y se halla el Palacio de Goyeneche y más tarde una serie de locales desocupados, muchos de ellos almacenes de locales que daban a la plaza del Castillo y que se encontraban bajo la cota de la calle. En el nº 42, donde hoy se encuentra Regalos Olentzero, tenía su razón social, en 1905 Francisco Lorente, almacenista de carbón vegetal, en los años 50 y 60 en ese lugar estaba la carbonería de Abdón Echauri;  a continuación en un local hoy sin uso comercial encontrábamos a Rafael Zugarrondo, constructor de baules, si bien a partir de los años 20 se traslada al nº 38, donde durante mucho tiempo estuvo el Bar Las Vegas, hoy un kebab. En los  años 30, en el nº 46 estaba la sede del Pensamiento Navarro. En esos mismos años, en el nº 48, donde hoy está el Zanpa estaba la tienda de coloniales, tocinos y jamones de Jacinto Chocarro. Había que llegar hasta el nº 52, en los años 30, donde hoy está el Bodegón Sarria para encontrar otra carbonería, la de Manuel Eraso al que sucedió Eusebio Echarri. En el año 1959 se instalaría allí el bar Señorio de Sarria. En la actual Cervecería La Estafeta había en los años 50 y 60  otra carbonería, la de Vicente Goldaraz;  Donde hoy está el Hilarión  encontramos a  comienzos del siglo otro almacen de carbón, este de  Vda de Astrain si bien en los años 30 hallamos en este lugar la carpintería de Aurelio Biurrun, constructor de baúles. El actual Fitero, sito en el nº 58, ha tenido un uso hostelero desde por lo menos comienzos del siglo sino antes. En la primera década del siglo XX se encontraba allí la taberna de Felipe Oderiz, regentada posteriormente por Jacinto Chocarro, citado anteriormente, la misma taberna que años más tarde, al menos desde los años 40, regentaría Candido Ardanaz Imizcoz, bajo el nombre de Bar Prados hasta que en el año 1956 lo coge el matrimonio formado por Cesareo de Luis Diaz y Elvira Beorlegui Lacunza y lo convierten en el Bar Fitero

Acabamos este tramo y nos encontramos con la travesía Espoz y Mina. Donde hoy hay una tienda de Deportes Atanasio, en un edificio renovado de los años 60, estaba a primeros de siglo, la fonda de Carlos Maisonnave, ya Vda de Maisonnave que, posteriormente, desde los años 20 se convertiría en hotel, el Hotel Maisonnave, con entrada también por Espoz y Mina 1. Más adelante en los números 62 y 64, donde hoy está el hotel Europa hallábamos las fondas de Candido Múgica y Javier Esparza, respectivamente, si bien en los años 30 en el 64 había una tienda de alimentación, la de Francisco Alvarez que en los años 50 y 60 aparece a nombre de Carmen Saenz y más tarde la tienda de maquinas de escribir de A. Torio;  en el 66, donde hoy hay una pizzería, estaba la abacería de Silveria Larman, sustituida en los años 30 por la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Sixto San Román, que también vemos en una foto del encierro de aquellos primeros años del siglo, junto al siguiente párrafo.  De Sixto San Román  ya hablé en la entrada dedicada a los bares y tabernas de antaño. En el nº 68, donde hoy está Tecnogalery, desde finales de los 40 estaba Victor Irisarri con su tienda de confección que yo llegué a conocer hasta al menos los años 80. En el nº 70, donde hoy está LG complementos estaba desde los años 50 al menos la pescadería de Fermina Villanueva, también un establecimiento bastante longevo.

En el nº 72, donde hoy esta Friking y durante muchos años la tienda de venta de  máquinas de coser de Casimiro Santiago, estaba, desde los años 20,  la tienda de alpargatas de Juan Pérez, luego desde mediados o finales de los años 60 aparece en este lugar la tocinería de Carmelo Moreno. En el nº 74, donde  desde hace décadas se encuentra un Taberna había un barbero, Avelino se llamaba, para acabar con el último local de la calle, que hace esquina con Duque de Ahumada, el nº 76, donde desde hace ya bastantes años se encuentra la primera tienda que abrió Kukuxumusu. A primeros de siglo aquí estaba la ferretería de Angel Artola, luego Artola y Cía, con almacén de lana en los años 20, aros para cedazos y venta de herramientas, almacenista de madera y materiales para la construcción, desde los años 30. Y desde los años 40 se instaló aquí la Mercería Feli, de Felicisimo Echeverría Gomez que también recuerdo hasta finales de siglo. Un poco antes, también en el 76 aparecía la droguería-perfumería de Maura Sola.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Segundo tramo de la calle Estafeta (1927). Luis Rouzaut; Foto nº 2. Encierro del 12 de julio de 1941. Diario de Navarra;  Foto nº 3: Encierro en el segundo tramo de Estafeta. (años 30). Foto Ruperez; Foto nº 4:  Fotopostal del encierro por el 2º tramo de la Estafeta (1965). Ediciones Vaquero;  Foto nº 5:  Foto último tramo de la calle Estafeta (sin filiar);  Foto nº 6: Alpargatería de Juan Pérez, en el nº 72 de la calle Estafeta. (1954). J. Cia. AMP;  Foto nº 7: Foto postal del encierro del 8 de julio de 1914;   Foto nº 8: Foto de la peluquería Garralda. (Años 30). L. Roisin

Recuerdos sanfermineros: “Los Gigantes de Pamplona” de Fiacro Iraizoz

Hace ya algunos años, cuando hablaba de los gigantes, cité aquel poema popular que recordaba yo de mi niñez y que recordarán seguramente  los más viejos del lugar, “Los Gigantes de Pamplona”, un poema que era enfáticamente recitado año tras año, por  Don Goyo, desde los microfonos de Radio Requeté, en los programas especiales que se radiaban antes y durante las fiestas. Vista la letra hoy en día, cuarenta años después, en la época de lo politícamente correcto, algunas estrofas nos chocarían pues responden a prejuicios y visiones anticuadas  solo entendibles en su propio contexto y época, no en vano su autor, Fiacro Iraizoz Espinal, nació en Pamplona a mediados del siglo XIX, concretamente el 20 de marzo de 1860 y falleció en Madrid el 30 de enero de 1929. También choca, aunque en la dirección opuesta,  la precoz crítica política y social que se desprende de algunas de  sus estrofas, en relación a la monarquía u otros perfiles sociales y que ha ayudado en parte a que se mantenga, en cierto sentido,  a través de la tradición oral. El poemilla no tiene  gran valor literario y sólo por su raigambre en el imaginario colectivo y personal de muchos de mis convecinos, lo saco aquí a colación, en estas fechas presanfermineras.

Iraizoz vivió pocos años en su ciudad natal pasando la mayor parte de su vida en Madrid, donde destacó como autor teatral, si bien del llamado género chico pues escribió más de 40 libretos de zarzuela. De sus obras cabe recordar Cuestión de cuartos, Diente por diente (1886); Las propinas, Los molineros y La tertulia de Mateo (1887); Los callejeros y La beneficiada (1888); La corista, Madrid-Club y Los langostinos (1889); Selilla (1890); La boda del cojo (1891); La madre del cordero, El cascabel al gato, Los impresionistas y Pobres forasteros, estas dos en colaboración con Navarro Gonzalvo (1892); La mujer del molinero y Los voluntarios (1893); Viento en popa (1894); El señor corregidor, Los de Ubeda y La vuelta del vivero (1895); El barbero de Sevilla (1896); El mantón de Manila (1898); José Martín el tamborillero, La noche de la tempestad y Polvorilla (1900); Chispita o el barrio de Maravillas (1901); Patria nueva y El ramo de azahar (1903). Como libretista de zarzuela, destacan Luz verde (1899) y Lola Montes (1902), Patria nueva (1903) y Al cantar de la jota (1912), con música de Amadeo Vives, y La roncalesa, que firmó con el maestro Larregla* (1897). En 1885 fue premiado en el Certamen científico, literario y artístico de Pamplona por su poesía Un recuerdo para mi tierra. Sin embargo, su composición poética más conocida es la mencionado Los gigantes de Pamplona, dedicada a su hijo,  que publicó en Pamplona La Avalancha, en su nº 224, el 8 de julio de 1904, si bien fue firmada por primera vez el 6 de julio de 1896 y publicada en Madrid por la revista semanal de Artes y Letras “Instantaneas” en 1898. Fiacro Iraizoz fue también promotor del Monumento a los Fueros levantado en Pamplona (1903) como consecuencia de la Gamazada. De aquellos primeros años del siglo XX reproduzco, junto a este párrafo,  una bonita foto de Roldán e Hijo que data de 1912, donde vemos a nuestros veteranos gigantes bailando, como dice el poema, al son que les tocan,  acompañados del gentío.

Fotos: Nº 1: Fiacro Iraizoz Espinal. Fundación Juan March. Archivo de Carlos Fernández Shaw; Fotografía personal dedicada a Carlos Fernández Shaw. Fotos Nº 2 y 3: Reproducción del poema “Los gigantes de Pamplona” en el suplemento especial de la revista “Instantaneas”.  Revista Semanal de Artes y Letras (1898-1900). Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid. Foto nº 4. Los gigantes a su paso por la calle San Saturnino (1912). Roldán e Hijo.