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Pamplona año a año: La Pamplona de los 50. 2ª parte (1955-1959)

1955

Pamplona, a mediados de los años 50, continuaba su imparable proceso de crecimiento y modernización. Entre las obras de estos años cabe destacar la ampliación del puente de la Taconera que beneficiaría la comunicación del centro  con el barrio de San Juan y que vemos en la foto que encabeza esta entrada, -decían que el viejo puente sobre el foso  era un nido de ratas y de otro tipo de bichos  que correteaban por el cieno y las  aguas detenidas-, la construcción de  nuevas aceras y de una nueva red de alcantarillado; la pavimentación de la plaza Príncipe de Viana; el alumbrado de plaza del Castillo, Chapitela, Sarasate, hasta San Lorenzo, Carlos III, Avenida de Franco y otras calles;  la instalación de la nueva fuente luminosa en la plaza del General Mola;  las obras de ampliación del Matadero;  el adecentamiento del entorno de las murallas, eliminando los  reductos de marginalidad que se agrupaban al amparo de cualquier poterna (en una foto del siguiente párrafo vemos algunos trabajadores reurbanizando la zona en convivencia con los antiguos cordeleros); la creación de nuevos accesos al cementerio de San José;  la construcción de nuevos grupos educativos en el barrio la Chantrea; el proyecto de ampliación del abastecimiento de agua a la ciudad o la adopción de medidas para promover la instalación de industrias en el término municipal, etc. Las casetas de arbitrios marcaban el límite del término municipal.

El plan de industrialización promovido por ayuntamiento y gobierno durante estos años y el desarrollo urbanístico consiguiente protagonizaron la vida de la ciudad durante esta época, cambiando radicalmente su fisonomía. De hecho, en estos años, se instalan en Pamplona empresas como Perfrisa (1953),  Torfinasa (1955), Ingranasa (1956), Mapsa e Industrias Esteban (1958), entre otras. El 1 de enero de 1955, un periódico, el fin de semana costaba 1 peseta y entre semana 80 cts. El 4 de enero, el Irati chocaba contra un camión cerca de la fábrica de Mina, entre Burlada y Huarte, descarrilando tal y como recoge la instantánea anterior; esos días el Arga se desbordaba por enésima vez, e iban desapareciendo los antiguos abrevaderos del paisaje urbano. Fallecía el director de la Academia Municipal de Música Don Santos Laspiur. Aun se celebraba en nuestra ciudad, concretamente en las escuelas de San Francisco, la tradicional rifa del Cuto, a beneficio de las Cantinas Escolares. A pesar del cese del gobernador Valero no cesaba la tensión entre la Diputación Foral y la Jefatura Provincial del Movimiento, si bien triunfaron en las elecciones a diputados forales los candidatos más foralistas frente a los carlistas y falangistas. El Napardi organizaba un partido de fútbol entre gordos y flacos cuyos ingresos irían destinados al Asilo del Niño Jesús en la plaza de Recoletas. Y en aquellos años a Pamplona llegaba regularmente la caravana de la Vuelta Ciclista a España, con alguna etapa, como vemos en una ilustración posterior y  que suponía un gran acontecimiento y distracción tanto para pequeños como mayores. Durante las fiestas los precios en la hostelería se incrementaron un 50%.

En agosto de 1955 y bajo la dirección de Don Joaquín Mª de Navascues  se inauguraba el nuevo Museo de Navarra. Mientras tanto el Estudio General de Navarra ampliaba su oferta educativa con cuatro cursos de derecho, dos de medicina y uno de filosofía y letras (rama Historia). Aun tendrían que pasar algunos años antes de que en los terrenos del campus se construyesen los nuevos edificios de las Facultades. Allí, en los terrenos del futuro campus todavía crecían el trigo y la cebada y pastaban los rebaños de ovejas. A pesar de la estricta moral imperante y con el amparo de la ley, en el camino de Esquiroz, muy cerca de la futura universidad, en dos discretos chalecitos  se ejercía legalmente la prostitución, eufemísticamente les llamaban “casas de tolerancia”. Hacía años, las últimas se cerraron en 1947,  que habían desaparecido las susodichas casas de tolerancia en la calle de Descalzos y Santo Andía, casas que dicen “aparecían chapadas con un panel de hierro”. El traslado a las afueras permitió, por tratarse de un lugar más recogido y discreto,  incrementar el negocio, si bien, era por la noche cuando estos sitios funcionaban a pleno rendimiento. Trabajaban en estos chalecitos una docena de señoritas a los que acudían varios cientos de clientes semanales. ¿Muchos?. Pues parece que en  la antañona conservadora Pamplona se era muy dado  a practicar, por parte de algunos la doble moral; Ya saben aquel dicho que decía, aquello de “pamplonica, misica y putica”, pues en efecto más de algún beato participante en alguna de las múltiples manifestaciones religiosas y eventos procesionales que llenaban entonces las calles de Pamplona  era cliente  noctambulo, y a hurtadillas,  de estas instalaciones, hábilmente disimulado en su entorno familiar por una cena de amigos o un apresurado viaje de negocios. No obstante  y en cumplimiento del decreto ley 3/3/56 sobre el cierre de prostíbulos se cerraron dichos chalets un año más tarde. Se abolía oficialmente la prostitución pero desgraciadamente la práctica se mantendría en peores condiciones para las ejercientes quienes se veían obligadas a cerrar  los acuerdos, de manera discreta, en calles  o bares consumándolos  en los extramuros más alejados de la ciudad. No obstante Pamplona era, entonces, una sociedad  conservadora y pacata, en la que algunos  pamploneses se escandalizaban y eran capaz de organizar, por ejemplo, una campaña por un cartel publicitario de un anuncio de medias que ellos consideraban una ofensa a la moral y a las buenas costumbres.  Las autoridades eclesiásticas echaban pestes sobre el baile agarrado tal y como certifica la portada de la publicación que se adjunta y como veremos cuando les hable de la década anterior, la de los años 40.

Este año se intentaba, sin éxito, restablecer la costumbre del Día de la Vendimia en el Soto de Lezkairu, fiesta popular que dejó de celebrarse, por orden gubernativa antes de la guerra. También en octubre asistimos a  la visita a Pamplona de la Orquesta Sinfónica de Stuttgart que actuó con gran éxito en el Teatro Gayarre. El 22 de octubre se producía un luctuoso suceso que viene a engrosar nuestra crónica negra y que recoge la conocida revista de sucesos “El caso”. Los hechos se produjeron en el barrio de Abejeras. El hecho  tuvo su origen en el amor no correspondido de un chico por una chica que había conocido en el trabajo de la fábrica. El amor no correspondido se convirtió en resentimiento y posteriormente en acoso. El chico se fue al servicio militar en Burgos pero al parecer, al poco tiempo huyó a Francia y fue declarado prófugo. Pasaron varios meses y cuando nadie se acordaba de él, estalló la tragedia. El joven, armado con un rifle, merodeaba en la mañana del día 22, la iglesia de San Fermín, acechando a la chica. Intervino  una pareja de la guardia civil que confiados se acercaron al joven enajenado. El joven disparó contra los agentes repetidamente matándolos en el acto. Llegaron más guardias quienes acordonaron la zona. El joven viéndose acorralado se disparó un tiro en la cabeza. Resultado: tres muertos y más de una docena de huérfanos. El 31 de diciembre de 1955 el Irati, popularmente conocido como “el escachamatas”, hacía su último viaje desde Sangüesa. Tres años más tarde, en 1958, se autorizaba el levantamiento de las instalaciones ferroviarias de los trenes Plazaola e Irati, desapareciendo, de este modo, sus vestigios  a su paso por la ciudad. El parque automovilístico de la comunidad no llegaba este año a 5.000 vehículos, 1.400 de ellos vehículos particulares, el resto eran autobuses y camiones como los de la fotografía. El último día del año se despedía en elegantes fiestas de sociedad, bien en casinos, peñas o clubs de la ciudad. El turismo creciente, sobre todo en San Fermin,  se observaba con cierto recelo o desconfianza.

1956

En 1956 se aprobaba el Plan General de Ordenación Urbana que impulsaría el Tercer Ensanche, y se aprobaron la nuevas ordenanzas para la futura construcción en la ciudad. Ante la falta de suelo urbanizable de que adolecía la ciudad, el Ayuntamiento compró en la zona de San Juan 400.000 m2 con el fin de construir en ellos el mencionado ensanche. El 6 de enero de 1956, se producía un choque en cadena, en las inmediaciones de Campanas, donde fallecía la esposa del popular tío Ramón, Don Ramon Urrizalqui, (que vemos en la fotografías adjunta) y resultaban heridas cinco personas, entre ellos el conocido periodista pamplonés  Baldomero Barón. Abundaban en aquellos años las representaciones benéficas. Por ejemplo, los días 9 y 10 de enero se representaba el espectaculo  “Cantando bajo la lluvia” organizado por las Damas Catequistas a beneficio de los Centros Obreros de Instrucción. En 1956 se produjo la mayor ola de frío del siglo. El día 10 de febrero dimos la mínima de  España: nada menos que 15´2 grados bajo cero. Se derramó sobre la nieve helada que cubrió las calles, durante más de 15 días,  más de 45 toneladas de sal. Ese año, dicen las crónicas, que solo hubo 19 días de cielo completamente despejado y  184 días de lluvia persistente. Ascendía de nuevo a 1ª división el Club Atlético Osasuna. Lo hacía esta vez con Eusebio, Egaña, González, Nemes, Marañón, Glaría, Areta, Recalde, Sabino y Uncilla, algunos de los cuales vemos en los cromos de la época que reproduzco más adelante. El primer año en Primera quedaron en 6º lugar y en la siguiente fueron los quintos al final del campeonato.  Desapareció la fuente de San Ignacio. Se ampliaron  las aceras de la avenida de San Ignacio y se abrió una puerta de acceso a los jardines del Archivo del Palacio de Navarra. A finales de mayo de 1956 se celebraba la vista del Crimen de Miranda de Arga que ya he reseñado en otra entrada de este blog. Este año se inauguraba el segundo cine de barrio, el cine Chantrea.

Como ahora, antes de sanfermines,  el consistorio se afanaba  en acometer decenas de pequeñas obras para  dejar guapa la ciudad. A primeros de julio se inauguraba con gran éxito en la calle Estafeta,  “La Granja”, el primer establecimiento, estilo americano, de self service atendido por personal femenino, ataviadas con  cofias y delantales que ofrecían hamburguesas y platos combinados. Este año se rumoreaba iban a venir a las fiestas celebridades como Gregory Peck, Jennifer Jones o Hemingway pero no me consta que viniera este año ninguno de los tres a las fiestas, si lo haría Ernest Hemingway durante  unas horas en el mes de septiembre,  que comería  en las Pocholas, junto a unos amigos de la ciudad. También se rumoreaba que se iba rodar la novela “Fiesta” pero el hecho es que tan solo vino un equipo de la Fox que rodaron escenas en los Corrales del Gas, tomaron unas vistas de la plaza del Ayuntamiento y de sus alrededores y realizaron otros insertos con elementos locales tanto hombres como mujeres. Se dijo que se estaba rodando un documental porque el régimen no permitía rodar dicha película. Que temas aparecían en las pancartas de las peñas en este año: temas locales en su mayoría, como una disposición municipal sobre los cubos de basura que debían llevar, al parecer, escrito el piso del que procedían, o sobre el comportamiento poco honroso de alguna estrella del toreo,  (como vemos en una pancarta del año anterior) , tiempo atrás las pancartas habían aludido al controvertido  derribo del olmo de San Lorenzo, y años más tarde  aludirían a la polémica por la construcción del Hotel de los Tres Reyes. El día 2 de septiembre se producía un pequeño movimiento sísmico en la ciudad. En septiembre de 1956 se hablaba de la próxima construcción del nuevo puente de la Magdalena.  La matrícula de los automóviles llegaba a NA-10.000, no llegó a  NA-20.000 hasta abril de 1961. Triunfaba en América la soprano pamplonesa Lina Huarte Mendicoa que vemos en la foto que acompaña este párrafo. La fuente de Descalzos cumplía un siglo desde su construcción, si bien fue en 1877 cuando se trasladó al lugar que hoy ocupa. El Bearin era uno de los lugares típicos más frecuentados y también más curiosos  por su heterogénea clientela y sus tertulias y partidas.

Entre las actuaciones municipales destacables de  1956 cabe señalar la ampliación del abastecimiento de agua, la municipalización del servicio de incendios y la construcción del nuevo parque de bomberos en la calle Aralar junto a la Media Luna, la reforma del paseo de Sarasate (pavimento, estatuas, mobiliario, etc) y la nueva plaza en donde antes estuviese la Bajada de Carnicerías. Se proyectaba un nuevo conservatorio de música, partiendo de la Academia Municipal de Música que se plasmaría al año siguiente y se amplió con más nichos, con siete nuevos grupos, el cementerio de San José. Se terminó la ampliación del puente de la Taconera y se pavimentaron calles y caminos vecinales. Ya en 1956 se hablaba del centro parroquial de la Iglesia del Salvador, ese centro que me trae tantos recuerdos infantiles y del que he hablado en otras entradas.  Juan Vila Reyes creaba la fábrica de maquinaria textil MATESA en La Rochapea que trece años más tarde, en 1969,  se vería envuelta en  el más famoso escandalo económico del régimen franquista. Al nacimiento de la Chantrea, a comienzos de la década, se sumaba el crecimiento  un tanto anárquico, a lo largo de la década, de la Rochapea, y a finales de ésta  se construían en San Juan las Casas de Eguaras. En este barrio predominaban las casas o chalets de dos plantas con su  huerta y su jardín. En el barrio se encontraban además la cárcel, el matadero, el campo de Osasuna, el cementerio y unas cuantas empresas (Imenasa, la fábrica de tejidos de Goñi, etc). La hostelería conocía una época de esplendor inusitado,  permaneciendo sus locales  abiertos hasta las tres o cuatro de la madrugada, convirtiendo a las calles  San Nicolás y San Gregorio en un auténtico hervidero de noctámbulos. Las calles San Nicolás y San Gregorio estaba llena de andarines.  Aun funcionan el Euskalduna y el Irañeta, cafes-teatro o cafés-cabaret o music-hall. Destacan en San Gregorio El Caserío, el Kaiku, el Valero y en San Nicolás, el Ulzama, Casa Otano, etc.

1957

La Casa de Misericordia cumplía en 1957 sus bodas de plata en su actual ubicación. Constituían en estos años el grueso de los ingresos de la Meca el procedente de las corridas de toros y la subasta de solares para el Ferial. En 1957 su presupuesto alcanzaba los 3 millones de pesetas y atendía a medio millar de asilados, previendo albergar otros 250 en un plazo breve de tiempo, pues se pensaba ampliar en una planta el  edificio. Se proyectaba un ambicioso plan de ampliación de servicios y de reformas con un presupuesto de más de 7 millones de pesetas. Además el Ayuntamiento le donaba en el soto de Lezkairu un terreno para construir una granja agropecuaria con la que satisfacer las necesidades más básicas de la Residencia. A finales de marzo de 1957 se hablaba de construir el aeropuerto de Noáin, barajándose un presupuesto de unos  30 millones de pesetas.También se aumentaba el aval  municipal de 2.600.000 pts a 3.800.000 que se había  concedido a Osasuna para ampliar el campo de San Juan y se otorgaban 40.000 pesetas de subvención al Orfeón Pamplonés para su próximo viaje  a París que se saldaría con un clamoroso éxito, actuando en la Televisión Francesa y en el Palacio Chaillot, recibiendo la Medalla de Bronce de la Villa de París.

Y ¿cómo estaban los precios en el Mercado de Santo Domingo, del que ofrezco tres instantáneas?: el cordero estaba a 39 pesetas el kilo, las angulas a 145, las anchoas a 7, los cardos a 3 y las patatas a 1,80. El 25 de mayo tocaba la lotería en la calle San Nicolás, nada menos que  200.000 pesetas que se repartieron en pequeñas participaciones  entre los clientes de la zona. En el club de Tenis se celebraban, entonces, los campeonatos de tiro al pichón, con presencia de tiradores internacionales. También en este selecto club se celebraban algunas competiciones hípicas. El 7 de abril comenzaba sus emisiones la emisora “La Voz de Navarra” y se inauguraba el cine Rex. También nacía el Cine Club Lux. Comenzaban a introducirse ritmos más modernos  en los bailes de sociedad donde hasta entonces solo sonaba la canción española, el pasodoble, el vals, el bolero o las mejicanas. El grupo local del momento eran Los Iruñako (1956-1965) que vemos ilustrando el párrafo anterior. A primeros de agosto se producía un grave accidente de tráfico, cerca de Aibar. Un autobús de excursionistas que se dirigía a Javier se precipitaba por un barranco. Morían 8 personas: cinco religiosas Hijas del Buen Pastor y tres alumnas, además de una docena de heridos. A mediados de septiembre “Los Amigos del Arte” actuaban en la localidad francesa de Dax ante 4.000 personas. A mediados de otoño se celebró un concierto a beneficio de los damnificados por las inundaciones de Valencia. Continuaban las obras de la plaza del Castillo, renovándose por completo el pavimento de la plaza así como los bancos y  el alumbrado, creándose nuevas plazas de aparcamiento. La ciudad estrenaba, además, los primeros semáforos.  La plaza Conde de Rodezno todavía estaba sin terminar y había comenzado la construcción de la llamada Casa Periodistas. Salía, por primera vez el Olentzero a las calles de la ciudad, organizado por la Juventud de San Antonio. Aun había serenos en la ciudad. Baroga se refiere en sus libros a multitud de personajes de la ciudad: entre ellos cabe citar al popular Eliseo Sanchiz, el famoso heladero con su inolvidable carrico repleto de chucherías (chufas, regalices, pirulis), palomitas y helados en verano, alicantino de origen, que llegó a Pamplona en los años 20, y que tuvo un trágico final a mediados de los años 60 o el rey de los charlatanes, Leon Salvador, que falleció en esta década.

1958

Al comenzar 1958 se hablaba en la ciudad de la suerte corrida por el militar pamplonés destinado en Ifni, José Luis Gastearena Larrea, secuestrado primero y brutalmente asesinado después por miembros del llamado Frente de Liberación de Ifni. En febrero de 1958 fallecido en el ejercicio de su cargo Javier Pueyo fue nombrado alcalde Pamplona Don Miguel Javier Urmeneta que regirá el Ayuntamiento hasta febrero de 1964, dejando una profunda huella en la ciudad. Su nombramiento abriría una etapa diferente algo más aperturista y social a la que se sumó cierto  resurgimiento nuevamente  del carlismo así como  de las organizaciones católicas cuya presencia se haría patente en el ámbito sindical. Volvía  a tocar la lotería en San Nicolás, esta vez 500.000 pesetas. El premio había recaído en unos abonados fijos que no habían retirado todavía los décimos. El vendedor, Crescente Domeño, se apresuró a llevárselos, lo que habla de la intachable honradez del vendedor. Osasuna finalizaba, como ya he dicho,  la liga en la quinta posición. Solo le superaron en la clasificación el Real Madrid, el Atlético, el Barcelona y el Valencia. Todo un logro. Fallecía el 1 de mayo el principal impulsor del Orfeón, Don Remigio Múgica, a los 91 años de edad. A propósito del Orfeón, en junio se derribaba su  antigua casa, también llamada Casa Escudero, antiguo palacio de Eguía o de Aguerre, situado entre las calles Ansoleaga y Nueva. Databa del siglo XV y de él se aprovecharon algunos elementos arquitectónicos y ornamentales para la construcción del Mesón del Caballo Blanco.

En ciclismo este fue el año del navarro Jesús Galdeano (que vemos en la fotografía luciendo la camiseta del equipo Faema) y que participó en las tres grandes vueltas del circuito internacional. El Arga se desbordaba una vez más y anegaba las huertas de la Rochapea, asi como interrumpiendo el paso por  varias carreteras principales. Crecían las vocaciones sacerdotales y algo se empezaba a mover en el seno de la iglesia. En 1958 había en Pamplona 60.000 arboles cuyos esquejes procedían  casi en su totalidad del vivero del Sario. La ciudad contaba con 90 taxis. Casi veinte  años más tarde, en 1976,  serían 170. Hoy son más de 300. ¿A que dedicaba el pamplonica de los  años 50 su sueldo?: Destinaba a  alimentación el 55%, a vestirse el 13%, a la vivienda un 5%, al ocio (bares, futbol, etc), un 16% y un 10% a otras necesidades. Este año llegaba a la ciudad la leche embotellada de mano de la Copeleche, desapareciendo la estampa de los lecheros y lecheras con sus carros y motocarros por nuestras calles. En verano acabaron de montar en la plaza de san José, la fuente que se había quitado de Santo Domingo. Los pamploneses aprovechaban los días festivos para irse al río o la montaña. Y en las noches de septiembre cientos  de ciudadanos paseaban por la plaza del Castillo o el Bosquecillo de la Taconera, junto al kiosko del alemán, escuchando algún concierto nocturno de “Los Amigos del Arte”. A finales de 1958 se produjeron grandes nevadas como lo certifica la fotografía que acompaño y el nuevo año empezó con la misma climatología.

1959

Comenzó 1959 con un frío intenso,  lluvia y aguanieve. Se proyectaba restaurar el baluarte del Redin con una nueva construcción que  aprovecharía los restos medievales del antiguo Palacio de Aguerre. Decía la prensa que era posible le pusieran  como nombre Mesón del Caballo Blanco porque al parecer debió haber uno así llamado. También se debatía en el Ayuntamiento la construcción de un gran hotel, cuyo concurso quedó desierto  el día 2 de marzo por no haber candidatos. Se elaboró posteriormente un nuevo condicionado. Se invitó a las dos cajas para ver si querían intervenir en la promoción del mismo. Se imponía la obligación de que debía comenzar a funcionar a los dos años de concedida la licencia municipal. La sociedad constructora se obligaba a explotar el hotel durante 30 años desde la inauguración siendo a su cargo la apertura y la pavimentación de la calle de acceso al hotel. El hotel debería  tener abierto y a pleno funcionamiento un mínimo de 75 habitaciones de las 100 a instalar. Se le cedían, para ello,  gratuitamente 2.300 m2 entre la carretera Guipúzcoa y la calle Navas de Tolosa. Pasados 30 años podría adquirir en propiedad el hotel.  Como el derribo del viejo olmo de la avenida de Guipúzcoa la construcción del hotel también tuvo sus detractores, aunque triunfó el mal entendido progreso sobre otros valores urbanísticos, ambientales o sentimentales de la ciudad. Con la construcción del hotel desaparecerían el viejo palomar  y el estanque de los patos (que vemos en la foto siguiente) y  que le daban a la Taconera, entonces todo era parque incluído esta parte del Bosquecillo, un aire mucho más  y romántico que la actual.

Se celebró a finales de abril, el día 26, un homenaje a Sarasate en el 50º aniversario de su muerte. Presentó el acto en el Teatro Gayarre el periodista Jose Maria Perez Salazar. En los actos musicales  intervinieron Antonio Alvira, Petra Carrasquilla, la Coral de Cámara, la Orquesta Santa Cecilia y el Orfeón Pamplonés. Al día siguiente se inauguró  el monumento en el parque de la Taconera. Este monumento se trasladaría posteriormente, en 1963, al parque de la Media Luna, (que vemos en la foto adjunta) siendo ocupado el espacio de la Taconera por el monumento a otro músico: Hilarión Eslava.  Ernest Hemingway visitaba Pamplona, en los sanfermines, por última vez. Este año nacía  la Feria del Toro como tal (reproduzco el cartel de la Feria de este primer año) al tiempo que desaparecían algunas pruebas deportivas en las fiestas como las pruebas motoristas que habían tenido lugar a lo largo de la década o la llamada “Travesía del Arga” que se había celebrado entre 1942 y 1959  entre el puente de Curtidores y la presa de Santa Engracia. El día 9 de julio fallecía el Padre Carmelo, promotor de la Institución Cunas, como consecuencia de un desgraciado accidente, al ser arrollado por un autobús en las proximidades de la Iglesia de San Cernin, tres días antes del último festival benéfico que había organizado. En octubre Osasuna perdía 7-0 ante el Madrid. La Guardia Urbana se motorizaba y, como otros muchos acontecimientos locales, sería  objeto de burla humorística en las pancartas de las peñas, las pancartas de las peñas, podrían convertirse perfectamente en una verdadera crónica gráfica, en clave de humor  de la pequeña historia de la Pamplona de la postguerra. El 4 de agosto comenzaba a emitir Radio Popular de Pamplona de mano de los dominicos.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: obras en el puente de la Taconera (1954-55), Julio Cía, AMP. Nº 2: descarrilamiento del Irati entre Villava y Huarte (1955). Nº 3: Canteros y cordeleros en la zona del Redín (1955), Colección Arazuri. AMP. La vida íntima de Pamplona (1950-1955). Los latidos de una ciudad. José María Baroga. 1974. Gráficas Navasal. Nº 4: Publicación religiosa de la época, editada por Editorial Gómez en 1951. Autor: J. de las SS.Espinas. Nº 5: Portal Nuevo. 1957. Ediciones Arribas, Nº 6: Portada del semanario de sucesos “El Caso”. Octubre 1955, Nº 7: Foto de Ramón Urrizalqui, el popular “tio Ramón”, Nº 8: fotos de los jugadores de Osasuna en la temporada 1958-1959, Nº 9: Foto promocional de la soprano pamplonesa Lina Huarte Mendicoa, www.plateamagazine.com Nº 10: Imagen de la pancarta de la peña Anaitasuna en 1955, Nº 11: Procesión de San Fermín. 7 de julio de 1956, Nº 12: cartel promocional de Los Iruñako, Nº 13, Nº 14 y  Nº 15: Mercado de Santo Domingo. Años 50. www.mercadosantodomingo.com, Nº 16. publicación de la etapa de la Vuelta Ciclista a España: Barbastro-Pamplona, Nº 17: Jesús Galdeano, www.biciclismo.com Nº 18: Nevada en Diciembre de 1958. Archivo DN, Nº 19: Cartel Feria del Toro de 1959, Nº 20:Monumento a Sarasate en el parque de la Media Luna, Nº 21: Estanque de los patos del parque de la Taconera. Enero 1960. Colección Arazuri. AMP

Pamplona año a año: La Pamplona de los 50. 1ª parte (1951-1954)

Cuenta José María Baroga en el 2º volumen de “La vida íntima de Pamplona”, como en 1950 aún se cazaban cardelinas en Larrabide, los trigales crecían en Abejeras y se trillaba en la Vuelta del Castillo. A finales de mayo de 1950 se colocaba la primera piedra del Colegio de San Ignacio (Jesuitas). También ese año comenzarían a ponerse las primeras piedras de la nueva Parroquia de San Miguel. Aún funcionaba el Plazaola que, con más frecuencia de lo deseable, soltaba chispas y producía incendios en campos y sembrados en San Juan y pueblos de la Comarca, como lo atestiguan las frecuencias noticias en la prensa al respecto. La ciudad iba creciendo, construyéndose edificios en campos hasta entonces de labranza. Al pamplonés de toda la vida, amante de sus tradiciones,  solo le quedaba para el recuerdo y la añoranza el casco antiguo. Triunfaba la Coral de Cámara en Lille, entre más de 180 coros de todo el mundo. Osasuna se encontraba en el 1º grupo de la 2ª división. Sonaban los nombres de Fandós, Armendariz, Gallo, Lorente, Goñi, León, Ríos y Areta. Continuaba el racionamiento y el estraperlismo. Se bebía achicoria en vez de café y escaseaba el azúcar que se suplía con miel o sacarina. El olmo de la Taconera conocía sus últimos días, a finales de marzo de 1951, concretamente el día 29, después de más de 200 años de servicio a la ciudad y sus habitantes. Fue bastante polémico su derribo, pero el progreso mandaba y la necesidad de ampliar la calzada hizo que su enorme tronco fuese pasto de las hachas de los operarios municipales, tal y como vemos en la foto adjunta. El 1 de abril se abría el cine Amaya con la proyección de la película “Agustina de Aragón” y este año se inauguraba el estadio Ruiz de Alda por la Delegación Nacional del Frente de Juventudes. En mayo tomaba posesión como Alcalde, Miguel Gortari,  que permanecerá en su puesto hasta abril de 1952.

1951

A primeros de mayo de 1951 se produjo en Pamplona la primera huelga, desde la guerra civil. Poco se puede conocer de este hecho a través de la prensa pues imperaba la censura y el ocultamiento. Pese a todo se  escaparon datos como la asistencia en la casa de socorro a cientos de heridos, tres de ellos heridos de bala, consecuencia de unos fuertes enfrentamientos con la fuerza pública en las cercanías de Calzados López. La plaza de toros se utilizó como  improvisada prisión, con más de 600 detenidos. Extraigo la información de este hecho del mencionado libro de Baroga, como posteriormente haré de otros hechos. La huelga se inició el  lunes, día 7 de mayo,  produciéndose inéditas manifestaciones. Pararon las industrias, cerraron los comercios y la ciudad quedó paralizada durante cuatro días. El origen, al parecer, estuvo en la subida injustificada del precio de los huevos y lo protagonizaron las mujeres. Se produjeron incidentes en el Mercado Nuevo y posteriormente medio centenar de mujeres  se dirigieron al Gobierno Civil en manifestación.  El gobernador era Luis Valero Bermejo. Del Gobierno Civil las mujeres se trasladaron a la fábrica de López en la calle Amaya donde persuadieron a los trabajadores a parar y abandonar la fábrica. Secundaron la huelga otras industrias. La huelga se fue extendiendo a otros sectores a  lo largo del martes, día 8. Hago una crónica de lo acontecido. Se protestaba ya por la subida general del precio de todo tipo de productos, no solo huevos sino también del aceite, las patatas, las alubias, etc.

Las manifestaciones  del martes, 8, se engrosaron  con varios miles de personas. Lo nunca visto en plena dictadura. Cerraron los institutos, el Niza, el Crédito Navarro, el Iruña, -donde se rompió un ventanal-, y todos los establecimientos de la plaza del Castillo. Se produjeron las primeras escaramuzas entre los manifestantes y la policía en la bajada de Javier. Los manifestantes cerraron el Euskal Jai que, en ese momento, albergaba un partido entre Arano y Bengoechea contra Sainz y Areso. Asaltaron las oficinas del Servicio de Trigo y se dirigieron al Gobierno Civil. En ese momento eran más de 5.000 personas.  Llegaron al lugar varios camiones con fuertes destacamentos de la Guardia Civil. Comenzaron las cargas. Sonaron disparos de fuego real. Algunos manifestantes ingenuamente pensaban que eran de fogueo. Los incidentes, con gritos por un lado y cargas por otro,  duraron desde las seis de la tarde hasta pasadas las nueve y media de la noche. Más de tres horas  le costó a la fuerza pública despejar la avenida de Carlos III. A las nueve y media las cargas se producían en las escalerillas de San Nicolás. Al día siguiente miércoles, día 9,  comenzaron las detenciones masivas. Habían llegado refuerzos de la Policía Armada que detenían a la gente a diestro y siniestro. En la calle San Miguel cerraron sus dos salidas con sendos camiones. Corrieron rumores de que había muerto un niño. El sábado, día 12, una nota en la prensa hablaba de que se había restablecido la normalidad laboral.

Pasan los años y cambian las costumbres. En Sanfermines desaparecen las cucañas y el cine al aire libre, sin embargo la procesión comienza a concitar mucha más atención y seguimiento entre la ciudadanía. Ese año el Riau Riau duró cincuenta minutos. El día 9 de corrió el Primer Gran Premio de Motorismo ganando un tal De Pedro en 125 cc y Javier Ortueta en 500 cc y en sidecars Reduello. En esos años, (ya existía desde la década anterior), teníamos la llamada “ronda volante” de servicio nocturno compuesta por cinco policías locales o “jas” que así les llamaban entonces muchos pamploneses,  que utilizaban bicicletas en sus rondas, (los vemos en una foto líneas atrás), y que se acompañaban por una camioneta, “la camioneta de los borrachos”, que recibió diferentes motes a lo largo de su historia, la llamaron “el piojo verde” cuando ostentaba ese color, el color de la bandera de la ciudad o la “Purísima” cuando su color se tornó azul cielo.  En el Bosquecillo se encontraba el viejo kiosko blanco y verde que anteriormente había estado, hasta 1918, en un extremo de la plaza del Castillo (instalado por la Sociedad Lechera Anaitasuna), el kiosko de madera que vemos líneas atrás, junto al texto de esta entrada, era regentado por el alemán José Wagner. El kiosko aguantaría en pie hasta 1992, fecha en que el Ayuntamiento lo sustituyó por otro más grande y  moderno que es el actual que conocemos. El 7 de agosto de 1951 se rendía un sentido homenaje al sacerdote Marcelo Celayeta, fundador de la iglesia y escuelas del Ave María, dándole su nombre al primer tramo de la antigua carretera a Villava, luego avenida de Villava, por acuerdo del pleno del 27 de julio. El día 4 de noviembre de 1951 el alcalde, Miguel Gortari, cerraba la puerta del viejo edificio consistorial  y una comitiva municipal se encaminaba a sus instalaciones provisionales en la Escuela de Artes y Oficios. En los años 1952  y 1953 el Chupinazo de las fiestas de San Fermín se lanzaría desde esta sede provisional. En las fotos adjuntas a este párrafo vemos, a la derecha, el edificio de la vieja casa consistorial, tan solo con al fachada en pie y a la izquierda el ayuntamiento provisional, en la Escuela de Artes y Oficios de la plaza de la Argentina, luego del Vinculo, en el momento de lanzarse el chupinazo del 52.  Se incorporaron nuevos elementos ornamentales en la fachada de la Diputación Foral: un escudo, dos figuras de bronce en hornacinas, etc.  La gente bailaba en sociedades privadas  y en los locales de las Peñas. Al Hospital Provincial y la Clínica San Miguel se unían otros  centros sanitarios como la Clínica de la Cruz Roja (1951), la psiquiátrica del Dr. Caso (1951) o la clínica gineco-obstétrica del doctor Gortari (1953).

1952

En Abril tomó posesión como alcalde, Javier Pueyo que permaneció en el cargo hasta enero de 1958. En 1952 se derribaba la vieja plazuela de Compañía. Allí, en 1953 se erigirán las nuevas escuelas de Compañía que permanecerían en el lugar hasta 1994. El 12 de junio se inauguraba el Retiro Sacerdotal del Buen Pastor. En 1952, el cartel anunciador de las fiestas vino con polémica, pues lo consideraban inadecuado ya que el autor, Antonio Castro Atucha, había representado una papeleta de churros dentro de un pañuelo rojo anudado. La solución que se encontró fue  encargarle un nuevo cartel más acorde a los gustos o criterios estéticos de la época. El 15 de junio se inauguraba el frontón Labrit. A falta de otra diversiones había curiosos desafíos, como batir el record de beber cerveza o coñac o lo que se terciase. En 1952 el Riau Riau enfiló desde la casa consistorial provisional por las calles San Miguel, Eslava y Mayor hasta la iglesia de San Lorenzo.  El día 26 de julio, en el cuarto centenario de su muerte,  llegaba a Pamplona una reliquia, el brazo incorrupto  de de San Francisco Javier. En Septiembre de 1952 se inauguraban en la Milagrosa las escuelas de Víctor Pradera y en diciembre  la parroquia de San Francisco Javier a cuya inauguración acudió Franco que también aprovechó el viaje para inaugurar unas viviendas protegidas en el barrio de la Chantrea del Patronato que llevaba su nombre y el Monumento a los Caidos; de su visita dan cumplida cuenta el reportaje del ABC con Franco pasando bajo las makilas de los dantzaris municipales y la foto de la inauguración del Monumento a los Caídos; las obras del Monumento se habían iniciado nueve años antes, en 1943 y se habían terminado en 1950. La Estación del Norte conocería una profunda renovación. Entre 1951 y 1952 se reconstruyó el edificio principal donde estaban las taquillas y el bar, se derribó la cubierta de las vías que había sido imagen de la estación desde su fundación, en 1860, así como el edificio que había enfrente del principal y que albergaba almacenes de mercancías y diferentes servicios de vía. Solo permaneció el depósito de locomotoras. En los siguientes años, concretamente a partir de 1954, por la nueva estación se dejaría ver la nueva y modernísima imagen de los TAFs (Tren Automotor Fiat), de color plateado, con una línea verde bajo las ventanillas y una línea aerodinámica que llegaba a alcanzar una velocidad de 120 km/h, mejorando los tiempos de los antiguos automotores que    hacían, hasta entonces  el viaje entre Madrid y Pamplona,  en algo más  más de 8 horas.

El 1 de septiembre cerraba sus locales el Café Suizo, después de 108 años de vida. Inaugurado en 1844 habían sido cinco generaciones de Matossi los que habían atendido a los clientes pamploneses. De ellos quedaban muchos recuerdos y algunos productos exclusivos como los bollos o el ron del Suizo. Procedían  de Poschiavo, un pueblecito suizo-italiano del Cantón de los Grisones. Llegaron a tener 53 establecimientos por toda España. Matossi y Franconi llegaron a España en 1811, recalando primero en Bilbao. Posteriormente la segunda generación liderada por D. Santiago Matossi  abriría establecimientos en Vitoria, Santander, Burgos y Madrid. En 1844 procedente de Bilbao llegaba a Pamplona Santiago Matossi para fundar el Café Suizo de Pamplona. Habló con el Ayuntamiento y arrendó a éste la conocida “casa de los toriles”, por ser donde se albergaban los toros, antes de la construcción de la plaza vieja ese mismo año. En 1852 y dado el éxito cosechado por el café se hizo con la propiedad del local. La foto de la izquierda es de un par de décadas más tarde, concretamente de 1872. La foto de la derecha es de los años 20. El Suizo constaba de tres plantas para el público. Entrando por la plaza del Castillo estaba el Café. Por la izquierda y luego de atravesar las cocinas se bajaba a la pastelería que abría sus puertas a la calle Pozoblanco. Además el establecimiento tenía dos plantas inferiores: una para el obrador y otra para la bodega y también un pozo-nevera que prestó su servicio hasta que comenzaron las técnicas modernas de fabricación de hielo. El Suizo producía y vendía bebidas, pan, pasteles, gaseosas, sifones, licores, helados, etc. Durante muchos años el Café Suizo fue espacio emblemático de la ciudad como lo fuera el Kutz o el Iruña. Su final fue también el final de una parte entrañable de nuestra pequeña historia. ¡Que pena que semejante hito se convirtiese luego en sede de una entidad bancaria, el Banco de Bilbao!. El 17 de octubre se inauguraban los estudios de derecho en el Estudio General de Navarra ubicado en la Cámara de Comptos y Museo de Navarra, con 42 matriculados y 8 profesores, precedente de la Universidad de Navarra. Vendrían luego, a partir de octubre de 1954, los cursos de Medicina y ATS en el Pabellón del Hospital y a partir de octubre de 1955 los de Filosofía y Letras en el Museo de Navarra. En 1958 se iniciarían los estudios de Periodismo y Ciencias. En 1952 se suprimían las cartillas de racionamiento y comenzaba a  crecer la calidad de los productos. Desaparecía el estraperlo pero se consolidaba el contrabando que viviría sus años de esplendor.

1953

El día 5 de enero de 1953 se producía una pavoroso incendio en la fábrica Industrias del Caucho de la Rochapea. Hubo cinco heridos con quemaduras gravísimas, entre ellos el popular Agustín Celaya, muy vinculado a los sanfermines. Cito alguna costumbre local como  la colecta de los “matacherris” que recorría las carnicerías y demás tiendas del gremio para acabar en un ovíparo banquete. La fiesta de San José era conmemorada en las Hermanitas de los Pobres, día en el que las comidas eran servidas a los ancianos por ilustres autoridades. A finales de mayo un incendio devoraba las tribunas del campo de  Osasuna en San Juan, que vemos en la foto adjunta, al parecer intencionado. Quince días antes de San Fermín, terminadas las reformas, se reinauguraba el Teatro Gayarre con la actuación del ballet de Antonio. El Ayuntamiento acordaba donar 250.000 pesetas y avalar al Club Atlético Osasuna para reformar el Campo de San Juan. Osasuna había ascendido a Primera División en abril de 1953. Eran los tiempos de Fandós, Madariaga, Barragán, Goyo, Salvatierra, Goñi, Gallo, Rios, Zubeldia, Pahuet y Fustero. Y ganaron ese año sorpresivamente y por la mínima al Bilbao y al Barcelona,  pero acabarían volviendo de nuevo  a la 2ª división. Se inauguraba el bar y los salones del Casino Eslava con el pianista Valentín Larrea y el violinista Antonio Alvira. Antes de los sanfermines se produjeron importantes redadas de rateros y carteristas. Nos visitó después de muchos años, concretamente 23 años,  el premio nobel Ernest Hemingway. El Riau Riau tardaba hora y cuarto en completar su recorrido.  En Julio de 1953 se celebraba la primera feria de muestras de Navarra, en terrenos del Fuerte Príncipe y en plenos sanfermines se celebraba el Congreso Internacional de Folklore y Festival de Cantos y Danzas con numerosos grupos nacionales y extranjeros, además de otra edición del campeonato de motorismo, este año internacional. El 8 de septiembre de 1953 el Ayuntamiento regresaba a la Casa Consistorial reformada. Se retiraron las famosas farolas decimonónicas que había a la entrada. En octubre de 1953 dejaba de funcionar después de unas tremendas inundaciones el entrañable ferrocarril del Plazaola. El viaje a San Sebastián duraba más de tres horas y media. Los autobuses de línea que se habían beneficiado de la mejora de las carreteras habían ganado la partida a los ferrocarriles de cercanías. Por su parte la compañía Autobuses Pamplona, renovaba su flota de villavesas, tras la nueva ordenación del transporte colectivo urbano emprendida en 1950. En septiembre, el concejo de Echavacoiz, antiguo barrio de Cizur Mayor se convertía en parte de Pamplona.

Pamplona proyectaba comenzar pronto su III Ensanche. En 30 años se había pasado, en la ciudad, de 38 a 80.000 habitantes. Nacía con fuerza la industria, el comercio se multiplicaba, comenzaba a llegar la inmigración, en esta primera fase fundamentalmente interior, esto es, de los pueblos  de Navarra. La gente acudía a bañarse  al río en Arre o en Oricain (la playa de oricain). En la Taconera se celebraban conciertos nocturnos a cargo de “Los Amigos del Arte”. Se había convertido en tradicional la rondalla que realizaban en la noche de San Pedro. Los bares, con sus asiduos,  se cerraban a las tres y media de la madrugada aunque la churrería de San Gregorio aun permanecía abierta a las cuatro. Baroga habla en su libros de los noctámbulos, pamploneses castizos, borrachines y andarines y demás fauna de la ciudad, personajes singulares donde las haya, también de animadoras y artistas de  locales como  la Agustinita, la Marujita, la Mayber o Paquita Gallizo que actuaba en el Irañeta, en la calle San Nicolás, donde años más tarde, en los  60 abriría el Baserri. El Irañeta constaba de bar y salón café con divanes para observar tranquilamente el espectáculo. Al fondo del local había un tablado para la artista y la orquestina que por esta época era la Agrupación  (del clarinetista y saxofonista)  “Jose Moreno” y su ritmo. Le acompañaban Mariano Beraza al piano, Paulino Vacas que tocaba todo tipo de instrumentos (trompeta, bandoneón), Alfredo Lumbreras al violín y en la batería su hermano Amadeo. Se inauguraba el bar Noe de la calle Comedias.

1954

Comenzó 1954 con una impresionante nevada. La temperatura llegó a bajar en enero hasta los 14 grados bajo cero. El 3 de febrero aparecía en los fosos de la Taconera un hombre muerto de frio, natural de Olague que se dedicaba a la carga y descarga en Autobuses. Este año volvería a nevar…pero en Mayo. Se inauguraba la parroquia de San Miguel. Unos días antes de San Fermín  se escapó un toro del Matadero que acabó rematado a tiros. Llegaron a San Fermín este año actores como Anthony Quinn, Orson Welles o el hijo menor de Aga Khan, Sadruddin. Reproduzco una portada de “El pensamiento” de los sanfermines de ese año. Desde 1940 se llevaba celebrando la popular Travesía del Arga, desde el puente de Rochapea hasta el de Cuatro Vientos. El ferial de Ganado se celebraba este año en la arboleda de Tejería hasta las cercanías del Portal de Francia. Mediado el año se incrementaron las desavenencias entre el gobernador civil D. Luis Valero Bermejo,  que vemos en la fotografía del siguiente párrafo junto a su esposa y una de sus hijas,  y la Diputación Foral de Navarra, pues ésta consideraba que determinadas resoluciones del gobernador civil habían constituido flagrantes contrafueros. En julio, el ayuntamiento apoyó una moción presentada por una docena de concejales en apoyo de la Diputación, concretamente Ibarra, Asirón, Arraiza, Arellano, Mur, Madoz, Ibañez, Jadraque, Cojeces, Lacabe y Pueyo si bien algunos se rajaron, imagino que por no enemistarse con el régimen. El día 7 de septiembre la Diputación Foral acudía de forma corporativa a la Catedral  para rendir homenaje a Santa María La Real. La formaban entonces Gortari (Vicepresidente), Marco, Adrián, Echandi y Larrainzar, jaleados por la multitud que les animaron a hacer el itinerario de vuelta a Diputación a pie, si bien el paseo a pie solo lo hizo Amadeo Marco mientras la muchedumbre  lanzaba gritos contra el gobernador civil.

El día 8  de septiembre se inauguraba el Monumento a la Inmaculada Concepción en el Rincón de la Aduana, momento que recoge la foto de la derecha. Había sido erigido por suscripción popular y costó más de 250.000 pts. Salió  la Comparsa, hubo concierto en la Taconera, retreta militar y fuegos artificiales en la plaza de Recoletas. A las 10 de la noche la plaza del Ayuntamiento se encontraba llena de gente  que llamaba traidores a los concejales  que  se habían negado  a apoyar a la Diputación y aplaudieron a los concejalistas más foralistas, algunos de los cuales salieron al balcón siendo vitoreados por la multitud, mientras los disidentes salían del edificio por la puerta de atrás. El día 9 y  a consecuencia de estos sucesos se produjeron  en Pamplona más de una docena de detenciones, calificando la policía  de separatistas o carlo-separatistas a los detenidos que ingresaron en prisión un par de días, entraron   el día 10 siendo liberados el día 12. Gobierno Civil y Diputación Foral se volvieron a cruzar notas públicas, la Diputación acusando de contrafuero al Gobernador y éste  defendiéndose. A los pocos días  el Franco  cesaba a  Valero siendo sustituido por Carlos Arias Navarro. Que nadie piense aquí estas desavenencias ocultaban un enfrentamiento real entre el régimen franquista y las autoridades locales. Fueron otros los motivos y las circunstancias. La Ley de Régimen Local de 1950 fue la que provocó estos desencuentros. El gobernador Valero mantuvo una actitud rígidamente centralista que provocó la reacción de la Diputación. Valero consideraba a Navarra una provincia más y como tal le debían ser aplicadas todas las medidas estatales. Las autoridades locales aludían sin embargo a ciertos aspectos del régimen foral que el franquismo había respetado en atención a su participación preeminente en la guerra civil. En 1954, el gobernador incluso destituyó a Amadeo Marco como alcalde de Navascués perdiendo su condición de diputado que recuperó en 1955.

Este año  el Ayuntamiento aprobaba un programa de promoción y protección a determinadas industrias, concediendo exenciones contributivas y terrenos en condiciones económicas muy ventajosas. Fruto de este programa surgieron multitud de fábricas y talleres ubicados fundamentalmente en los barrios periféricos de la ciudad. La industrialización trajo consigo un importante aluvión inmigratorio, sobre todo de gente procedente del campo navarro, además de otras personas originarias de diversas comunidades españolas que poblaron los barrios de la Chantrea y La Rochapea. Este barrio, tradicional barrio de hortelanos vería crecer a lo largo de su principales ejes nuevos núcleos de viviendas e industrias. En estos años, en San Nicolás-San Gregorio había no menos de 16 bares y restaurantes, vamos un poco menos que ahora. Por estas fechas  se derruía el frontón de la Mañueta también llamado Frontón Moderno y las casas de la Bajada de Carnicerías para abrir la plaza de los burgos. El Manicomio cumplía 50 años de vida. Se cerraba la tasca conocida como “El Vaticano” en la calle Mayor y se  celebraban fiestas de fin de año en las diferentes  sociedades recreativas y deportivas de la ciudad. Patrullaban por los barrios y el centro de la ciudad respectivamente los guardas de campo y la guardia urbana que en 1965 se fusionarían formando la Policía Municipal. A finales de 1954 se construía en el Ensanche el nuevo edificio de Seguros Aurora y en el Casco Antiguo el nuevo edificio de la Hermandad de la Pasión. La antigua perrera, el parque de desinfección y la cochera municipal ubicados en la calle Aralar se derribaban para ubicar en su lugar el nuevo parque de bomberos. También, este año, las reivindicaciones salariales de los obreros del calzado adoptaron forma huelguística que acabó en una contundente actuación gubernamental. Las calles seguían albergando infinidad procesiones y de celebraciones religiosas algunas de las cuales tenían un seguimiento masivo:  la llegada del Angel de Aralar, la procesión de San Blas, del Domingo de Ramos, del Corpus, de San Saturnino, o de  la Virgen del Camino (que se celebró por última vez en 1979), también había otros actos que  desaparecieron pronto a pesar de su antiguedad como el pregón de la Bula (que desapareció algunos años más tarde, en 1966).

Fotografías por orden de aparición: Nº 2 (Derribo del Olmo de Taconera, Marzo 1951), 3 (Kiosko de Bosquecillo. 1951), 6 (Calle Redín todavía sin nombre oficial: 1951, se le pondría en 1953), 8 (Obras de la Casa Consistorial: 1951-52), 11 (café Suizo. 1872) y 22 (antiguo Frontón de la Mañueta. 1954): Colección Arazuri. AMP. La vida íntima de Pamplona (1950-1955). Los latidos de una ciudad. José María Baroga. 1974. Gráficas Navasal. Nº 1: Plaza del Ayuntamiento. 1951. Ed. Soberanas. Nº 4: Iglesia de San Lorenzo. Años 50. Ed. García Garrabella. Nº 5: Ronda Volante. Años 50. Archivo Policía Municipal Nº 7: Plaza de la Argentina.  Lanzamiento del chupinazo de 1952. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Nº 9, Inauguración del Monumento a los Caidos. 1952. Colección Arazuri. AMP. Nº 10, Portada del ABC. 4 de Diciembre de 1952. Nº 12: Café Suizo. 1920. Sin filiar. Nº 13: Paseo sarasate. 1950. Ed. Darvi. Nº 14. Partido de Osasuna en el viejo campo de San Juan. Años 50. Kutxateka. Fondo Marín. Creative Commons. Nº 15. Estudio General de Navarra. Años 50. Archivo Universidad de Navarra; Nº 16: Estación del Norte. 1951. J. Galle. AMP. Nº 17. Espectáculo en la plaza de toros. Octubre 1954.  Nº 18: Portada de “El Pensamiento Navarro”.  7 de Julio 1954 Nº 19: Luis Valero Bermejo. Años 50. myheritage.es Nº 20. Inauguración del Monumento a la Inmaculada. 1954. José Galle. AMP. Nº 21. Panorámica de la Rochapea. 1950. Ed. Manipel.

Llegamos al millón. Avance de las próximas entradas

Hace un rato hemos superado una cifra que se puede considerar mágica: un millón de visitas, un millón de páginas visitadas, medio millón de ellas en los últimos doce meses, con una media de 40.000 páginas al mes. Aquel proyecto personal que comencé hace 5 años ha ido creciendo y consolidándose poco a poco, solo condicionada a veces en su periodicidad y regularidad por mi tiempo disponible. Es el momento, pues, de celebrar entre todos el haber llegado a ese millón de visitas. Todos los cronistas, escritores o periodistas aspiramos a que nuestras crónicas, textos o  artículos sean leídos por el mayor número de personas. Por ello solo me queda dar las gracias a esas personas, a esas 9 o 10.000  personas que  leen habitualmente cada mes mis artículos y a esas 3.000 personas que son seguidoras asiduas de la página de facebook y que siguen con curiosidad cada nueva publicación. Porque sin su existencia, seguimiento e interés no tendría mucho sentido mi labor. A todos ellos muchas gracias. Un millón de visitas, un millón de gracias.

Aunque mi mayor agradecimiento será el de seguir obsequiandoles con nuevas entregas en las que se vertirán datos, nombres,  imagenes, historias, crónicas, sucesos,  etc, muchos de ellos recordados y compartidos  para que  ustedes  los sigan leyendo y disfrutando. En las próximas entradas ofreceré un repaso  bastante pormenorizado de como era “la Pamplona de los años 40 y 50”; coincidiendo con el aniversario de los sanfermines del 78, reviviremos “los sanfermines de la transición”;  en Barrios de Pamplona, observaremos con detalle, al igual que hice con la Rochapea “la evolución del Ensanche”; seguiré con el resto de entregas por calles de “Comercios del Viejo Pamplona entre 1908 y 1963”; revisaremos las principales entidades culturales del viejo Pamplona; en gremios al igual que hice con los libreros repasaré “el comercio del bebercio” y el de “las chocolaterías”, les contaré algunas “Historias de la radio” y habrá  muchas entregas más: “Curiosidades”, “Pamplona año a año”, etc.

Curiosidades: Cuando Pamplona se planteó trasladar la estación del tren (1943)

Ahora que, desde hace algunos años, se plantea la eliminación del bucle ferroviario así como el traslado de la Estación de San Jorge a Echavacoiz, me viene a la memoria esta noticia que apareció en la prensa local en mayo de 1943. El 8 de mayo  de ese año el alcalde de Pamplona, Antonio Archanco, exponía a la prensa los planos de los dos proyectos que Ferrocarriles del Norte había enviado al Consistorio sobre la nueva ubicación de la estación dentro del casco urbano. El primer proyecto que se planteaba al Ayuntamiento era el menos caro: desviaba la línea que llegaba desde la zona sur de Navarra hasta la zona de Fuerte Príncipe, donde se construiría un apeadero para los viajeros de la ciudad. El tren pasaría por detrás del cementerio y del hospital y marcaría una paralela con la línea del Plazaola. El segundo proyecto que supondría el traslado total de la estación, se desviaría en las inmediaciones de la residencia de ancianos de las Hermanitas de los Pobres, iría por la falda de San Cristobal, por debajo de Artica, cruzaría la Magdalena, atravesaría el río por un puente y un túnel, desembocando cerca de las Monjas Blancas (Lezkairu). De aquel proyecto nunca más se supo. Otro proyecto que quedó en los planos como aquel otro que en los años 20 planteaba un ferrocarril por los Alduides que hubiera atravesado la carretera a Villava, luego Avenida Marcelo Celayeta.

Crónica negra del Viejo Pamplona: El crimen de Rocaforte (1911)

Recupero otro luctuoso suceso que conmocionó por la gravedad de los hechos, las circunstancias del caso y el número de personas encausadas a este pueblo de la merindad de Sangüesa. Se trata del asesinato del joven de 19 años, Nicolás Ochagavía, acaecido en la noche del 8 al 9 de febrero de 1911. Utilizo, como en las otras entradas de la Crónica Negra,  reseñas aparecidas en la prensa, las actas del juicio y otras informaciones dispersas que permiten reconstruir fielmente los hechos. Al parecer, el joven Nicolás, zapatero de profesión, había salido de su pueblo, Tabar, en la tarde del día 6 de Febrero, camino de Sangüesa, a la que llegó, después de haber echado un trago en la Venta de Lumbier, pasadas las seis de la tarde. Allí se encontró con un mozo de Rocaforte que le invitó a subir al pueblo a cenar, bailar y jugar a las cartas. Permaneció en el pueblo la noche del día 6 y los días 7 y 8, donde disfrutó de esos días de fiesta con otros mozos del pueblo y los alrededores. En la noche del día 8, tras la cena y el baile jugó a cartas con algunos paisanos del pueblo, comenzando a ganar,  (alguno de los encausados en el proceso dijeron en el juicio que Nicolás empezó a perder algunas partidas y que debía dinero a un joven del pueblo), y el ambiente se empezó a enrarecer, según todas las fuentes.

Eran  las tres de la mañana. El joven Nicolás comenzó a escuchar preocupantes amenazas a sus espaldas y decide huir del pueblo. Un compañero le insta a tranquilizarse y a quedarse  pero Nicolás muy nervioso aprovecha un descuido para echar a correr por el portillo que baja desde Rocaforte   a Sangüesa. Al llegar a un olivar es alcanzado por una pedrada lanzada  por uno de sus perseguidores. Cae al suelo y se le echan encima dos jóvenes del pueblo (V.A y E.P)  que le asestan, (concretamente V.A), por la espalda tres puñaladas, dos de ellas mortales de necesidad arrojando luego su cadáver a un barranco. A partir de este momento un manto de silencio se extiende por el pueblo. Hasta 22 personas aparecen implicadas en los hechos. Pero aquí no acaba lo peor. Tenían que hacer desaparecer el cuerpo, así es que lo desfiguraron, le partieron y doblaron las piernas y escaldaron el cuerpo en agua hirviendo.

El padre de Nicolás, Agapito Ochagavía denunciaba la desaparición de su hijo el día 9 de febrero y se  inician las pesquisas. La Guardia Civil tomó cartas en el asunto. Los implicados, conjurados, dieron pistas falsas para despistar a los guardias. Como quiera que el cadáver se descomponía lo trasladaron a la presa de Cáseda. El 3 de abril, el padre de Nicolás recibía un anónimo en el que le decían que el alcalde y mozos de Rocaforte sabían donde estaban el cadáver de su hijo, y que este se hallaba en el río. El día 25 de abril aparecía el cadáver en la Electra de Cáseda, completamente irreconocible.

El juicio que se celebró en la Audiencia de Pamplona fue concurridisimo y duró cinco días. El expediente judicial contenía más de 2.000 folios. Como he dicho anteriormente 22 personas fueron encausadas, bien como participantes en los hechos, bien como encubridores de los mismos, de los cuales  12 eran mozos de Rocaforte, cinco de Lumbier y uno de Gallipienzo además de algunos cargos públicos  de Rocaforte y  Liédena. Comenzó la vista  el 13 de noviembre de 1912 en sesiones de 10,15 a 13 y de 16 a 20 horas. Los testimonios de los encausados estuvieron repletos de contradicciones. Los de Rocaforte acusaban a los de Lumbier y   viceversa. En las conclusiones del juicio la lista de implicados se redujo de 22 a 8.  El 18 de diciembre de 1912 se dictó sentencia y al que se consideraba autor material de los hechos,  V.A,  se le condenó a cadena perpetua y a E.P a 2 meses de prisión correccional por tratarse de un menor. Tres encubridores directos de los hechos  fueron condenados a 2 años y uno a 4,  y dos encausados, absueltos por considerarlos autores tan solo de un delito de falso testimonio. Penas demasiado leves para tan execrable crimen. Se rumoreó que el que había ido a la cárcel no era el verdadero asesino sino  que por dinero se había hecho pasar por tal y que el verdadero asesino había huido a América y había confesado su crimen poco antes de morir, aunque no hay ninguna prueba de ello. El padre del asesinado,  Agapito Ochagavía recurrió la sentencia ante el Tribunal Supremo el 9 de enero de 1913. El proceso acabó en 1919, sin una sentencia justa, por falta de solvencia económica de D. Agapito para afrontar las costas del proceso,  acabando solo, sin un hijo de 19 años y  arruinado por el proceso judicial.

El crimen de Rocaforte ocupó las primeras páginas de los periódicos locales de aquellos años  y constituye una de las páginas más negras y vergonzosas de nuestra crónica negra provincial. Por implicar en mayor o menor medida a todo un pueblo, y a pesar de que han pasado 107 años desde entonces, y como quiera que sus descendientes no tienen culpa de nada de lo que hayan podido hacer o dejar de hacer sus ancestros,  he creído conveniente no citar los nombres de los implicados, aunque su filiación apareció de forma profusa en la prensa de la  época. Como era frecuente en muchos de los crímenes cometidos a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se llegó a  componer de este truculento suceso  un inolvidable romance de ciego que  apareció en el nº 14 de la revista Pregón (diciembre de 1947),  compuesto por Felipe Florez y  recogido por José María Iribarren.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Impresión de origen desconocido. Panorámica de Rocaforte. Años 30 o 40. Nº 2 y Nº 3: Fotos de Rocaforte. Panorámica general y Oratorio de San Bartolomé. Página web del Concejo de Rocaforte. rocaforte.es  Nº 4: El Eco de Navarra. 19 de noviembre de 1912.

La Banda de Música del Ave-María (1932)

Me ha llegado esta antigua foto, un poquitín deteriorada por el paso del tiempo, pero de un valor incalculable para los que valoramos la pequeña y entrañable historia íntima de nuestra ciudad y de nuestros barrios a la sección de “Participa en el blog” . Se trata de una foto de la banda de música de la Escuelas del Ave María fechada aproximadamente entre los años 1931 y 1933. Según su propietario, Casimiro Sendra Martí, es seguramente  del año 1932.  Por el apellido pienso y quiero creer que nuestro querido  colaborador es descendiente, nieto tal vez, de uno de aquellos tres  primeros profesores de la Banda, de apellido Sendra, quien  junto a los inolvidables Gregorio Alegría y Gurmensindo Bravo, músico  del Regimiento de la Constitución convirtieron a unos niños y adolescentes en un esforzados músicos, en una de las más interesantes experiencias educativo-musicales que hubo en aquella época en la ciudad. Parece ser que Marcelo Celayeta compró los instrumentos de la banda a una banda militar de Milán en el año 1922 si bien  los instrumentos  llegaron  a la Estación del Norte a comienzos del año 1923. La banda de pequeños músicos, de mano de sus profesores,  tocó en diferentes actos de la ciudad (procesiones, comuniones, funerales y otros eventos e invitaciones),  demostrando su oficio y sus bien asimiladas enseñanzas musicales. En 1925 la banda se desplazó a Lourdes con D. Marcelo Celayeta. En la ciudad, insisto,  acudía  a  diferentes  tipos de actos. En los años 30, Gregorio Alegría abandonaba la banda quedando al mando D. Gurmensindo Bravo, el popular maestro Bravo. Tras el fallecimiento de D. Marcelo Celayeta en 1931 se hizo cargo de la dirección de las escuelas y la parroquia  D. Marcelo Larrainzar. Entre los ex-alumnos de la banda figuraban algunos nombres como Elías Arizcuren, Jesús Ollaquíndia, Ricardo y Pedro María Tejedor, Serafín Argaiz, y otros muchos. Desde aquí animo a mis convecinos nos hagan llegar aquellas fotos que consideren oportuno compartir con todos y que  como ésta nos ayudan a recuperar nuestra memoria ciudadana.

Foto: Banda de la escuelas del Ave-María (1932). Foto cedida por Casimiro Sendra Martín

Compañías de seguros en el Viejo Pamplona (1900-2000)

En una entrada anterior del blog hablé de las primeros bancos navarros y en otra me referí a las cajas. En esta ocasión y dentro de ese repaso exhaustivo de lo que fue Pamplona el pasado siglo  me detendré en el origen de las primeras y principales compañías de seguros de nuestra ciudad. Hoy en día la cultura aseguradora está ampliamente extendida entre todos los sectores de la población, pero no siempre fue así. Veremos en esta entrada como surgieron las primeras compañías y en que contexto lo hicieron. A comienzos de siglo, Pamplona estaba constreñida entre sus murallas que le impedían su crecimiento y desarrollo. La Plaza del Castillo tenía la apariencia, a finales del XIX,  que vemos en la  fotografía adjunta, con una desconocida avenida de San Ignacio desembocando en el Portal de San Nicolás. España acababa de perder sus últimas colonias: Cuba y Filipinas. Lejos estaba aquella Navarra y Pamplona de ser destino de la emigración industrial, al contrario, en muchas zonas, especialmente rurales y del norte, el único futuro, la única esperanza  que existía en aquellos se hallaba en la emigración a las Américas. Muchos “segundones” de las casas solariegas acababan bien en el seminario, bien en un barco camino de los antiguos territorios de ultramar. En nuestra ciudad subsistían aún buena parte de los viejos gremios de tradición medieval: cordeleros, basteros, zapateros, canteros, lampistas, tejedores y un largo etcétera. En 1900 se promulgaba la Ley sobre Accidentes Laborales de Eduardo Dato y se creaba el Instituto de Reformas Sociales. Eduardo Dato era, en esa época,  ministro de la Gobernación y había promulgado una ley sobre protección al trabajador que aunque no obligaba al patrono a contratar seguros para sus empleados si le hacía responsable de los accidentes que se produjesen en su centro de trabajo.
Esa ley animó en Pamplona a un grupo de personas de diferentes sectores a crear la primera compañía de seguros de accidentes de trabajo. Los navarros invitaron a otros grupos y personas de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya a participar en la nueva empresa, incluso desde un inicio su proyección pretendía ser nacional. Se creaba así la compañía de seguros a prima fija “La Vasco Navarra”. La primera junta de accionistas se celebró en marzo de 1900 y fue presidida por Vicente Galbete, con Miguel Ciganda en la vicepresidencia y Miguel Ochoa en la secretaría. Partían con 2 millones de pesetas de capital inicial, de los cuales millón y medio de ese capital correspondía a Navarra. Junto a este párrafo y en el anterior vemos sendas fotografías del edificio central de la compañía, obra de Víctor Eusa,  en la avenida de San Ignacio de Pamplona, la primera de  los años 20-30, la segunda de los años 50, tras la transformación de su cúspide en 1943, con la supresión de la escultura de Palas Atenea y la erección de una planta más. Inicialmente su primer domicilio estuvo en el nº 25 de la calle Navas de Tolosa. La compañía  expandiría posteriormente, a partir de los años 60, sus actividades inmobiliarias y de seguros  por otras comunidades españolas, como se puede comprobar en la bonita fotografía  de 1963, localizada en la esquina de la calle Atarazanas con Puerta del Mar, en Malaga. Posteriormente,  años más tarde entraría en su capital una entidad financiera: el Banco Central y en el año 1998 el grupo asegurador suizo Helvetia adquiría el 92% de su capital social. Un año más tarde se fusionaban las compañías Cervantes (fundada en 1930) y “La Vasco Navarra” dando origen a Helvetia CVN. En el 2000 abandonaba su histórica sede central y más tarde en 2004 nacía Helvetia Previsión tras la adquisición de La Previsión Española (fundada en 1883) por Helvetia. Hoy “La Vasco Navarra” es Helvetia Seguros.
En 1905 se acababa de derribar el portal de la Taconera. Ese año, el 29 de Enero,  nacía la “Mutua de Accidentes de Pamplona”, presidida por D. Martin Loydi Unsain. Nacía, tras unas conversaciones preparatorias en el Circulo Mercantil de Pamplona, situado en la plaza del Castillo, como un tímido ensayo de un grupo de industriales pamploneses, pertenecientes la mayoría de ellos al ámbito de la construcción que estimaban muy gravosas las primas exigidas por las compañías mercantiles para cubrir las responsabilidades patronales derivadas de la mencionada Ley Dato. Por esa razón decidieron crear “La Mutua”. Nacía como una Sociedad de Seguros Mutuos contra los Accidentes de trabajo de Industriales de Pamplona. Aportaban cuotas proporcionales al número de trabajadores de cada empresa para cubrir posibles accidentes laborables. Constituyó el capital inicial 2.350 pesetas. “La Mutua” tuvo su primer domicilio social en el nº 65 de la calle Estafeta (ver foto de la derecha). Luego pasó temporalmente al Crédito Navarro y desde 1907 hasta 1919 compartió con la Asociación de Patronos de Pamplona las casas nº 78, 80 y 82 de la calle Mayor, que vemos en la primera foto de la izquierda.  En 1919, “La Mutua” se instalaba en una buhardilla del nº 3 de la calle San Francisco (véase la segunda foto de la izquierda). Pagaban 42 pesetas de alquiler al mes por el local. En 1944, la junta presidida por Antonio Ayestarán, no sin algún recelo por parte de algunos mutualistas, tomó la decisión de trasladar la compañía a una nueva sede,  unas modernas instalaciones, en el cruce de Carlos III con Arrieta, traslado que se haría efectivo tras la construcción del nuevo edificio que se inauguró el 28 de noviembre de 1949. La entidad  entraba de lleno en el campo de los seguros libres y pasaba a denominarse “Mutua de Seguros de Pamplona”, ampliando su actividad aseguradora a los ramos de incendios y accidentes en general.
En 1954 “La Mutua” absorbía la Sociedad Mutua de Defensa de los Escaparates ampliando sus coberturas a los seguros por rotura de cristales. En 1955 conmemoraba su cincuentenario con diversos actos: concierto en el Labrit, misa en la Catedral, becerrada en la plaza de toros y la asistencia de nada menos que 1.500 mutualistas. En 1966, la nueva ley de bases de la Seguridad Social obligaba a separar el ramo de accidentes de trabajo (osea la Mutua Patronal de Accidentes de Trabajo)  del resto (osea de la Mutualidad de Seguros Libres), centrando su actividad en accidentes, incendios y cristales. Se desgajaba así lo que había sido el objeto principal de su actividad desde su fundación, quedando la primera como “Mutua Navarra Patronal de Accidentes de Trabajo y Enfermedad Profesional nº 21” conocida más coloquialmente como “Mutua Navarra” y la segunda como “Mutua de Seguros de Pamplona”. Junto a “Mutua Navarra” también tendremos a ASEPEYO (Asistencia Sanitario Económica para Empleados y Obreros, Mutualidad de Previsión Social) fundada en 1915 como mutualidad de previsión social que pasó a denominarse así  con el objetivo de gestionar el seguro obligatorio de enfermedad en todo el estado. En 1965 dejó de ser una entidad de previsión social para convertirse en Mutua Patronal de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales, de la Seguridad Social. Así aparece en su denominación, desde 1990. En 1996, comenzó a cubrir la prestación económica por incapacidad temporal. Hoy es considerada Mutua colaboradora con la Seguridad Social.
En los años 70, “La Mutua de Seguros de Pamplona” ampliaba sus coberturas de seguros: robo, responsabilidad civil, vida, etc cubriendo un total de 14 ramos. En 1975, la entidad estaba presidida por Ezequiel Lorca y entre los miembros de la Junta aparecían nombres, algunos de ellos tan conocidos como Javier Orbaiceta, Luis Felipe Sarasa, José León Taberna, Jose María Oscoz, Francisco Ripa o Juan José Gorriz. En los años 80 “La Mutua” inició su expansión geográfica con oficinas en Navarra, Logroño, Vitoria, Bilbao y San Sebastián y en 1994 se instaló en Madrid. Ese mismo año 1994 la aseguradora catalana “Mutua de Propietarios” y la aseguradora “Grupo Mutua de Pamplona” se asociaban  para constituir una nueva marca, “Mutuavenir”, con el fin de ampliar sus primas y  su  gama de sus productos, marca que se incorporó en 2008 a su denominación social que pasó a llamarse “Mutuavenir Mutua de Seguros y Reaseguros a Prima Fija de Pamplona”, con domicilio en el primer piso del nº 8 de la calle Arrieta. Hoy en día cuenta con 35.000 mutualistas y unos 60.000 clientes con especial implantación en nuestra comunidad, País Vasco, Rioja y Madrid. Por su parte Mutua Navarra crea en 2006 “Prevención Navarra” a causa de la legislación que obligaba a segregar las actividades de las Mutuas y de los Servicios de Prevención que venderá en 2014 al grupo Preving por la ley de Mutuas, como también le tocó hacer a ASEPEYO.
En 1908, además de “La Vasco Navarra” y “La Mutua” encontrábamos otras Compañías de Seguros como “La Agrícola” fundada en 1896 como aseguradora, de la que no me ocuparé ahora porque ya me referí a ella cuando analicé “Los primeros bancos navarros”; “La Actividad” domiciliada en Pamplona, concretamente en la calle José Alonso, de la que vemos un anuncio en color y una vieja postal con la imagen de su sede, ambas junto al párrafo anterior,   y delegaciones de compañías de seguros como  “La Urbana”, (con una delegación en el nº 20 de Navarrería, hoy en día hay un bar con el mismo nombre en la citada calle si bien en el nº 13, aunque más tarde esta compañía tendrá delegaciones en el Paseo de Sarasate y plaza de la Constitución),  delegaciones o representantes también de “La Catalana” y “La Unión y el Fénix”, ambas con domicilio en la plaza de la Constitución y de “La Unión Francesa”. Muchas de las grandes aseguradoras actuales veremos que tienen su origen en aquellas compañías que ya operaban en Pamplona.  Los orígenes de la actual “Catalana Occidente” se remontan a la citada sociedad “La Catalana” impulsada por Fernando de Delás y de Gelpi en 1864 y que en 1959 sería absorbida por la Sociedad “Occidente”. “Catalana Occidente” es hoy en día una de las mayores aseguradoras españolas y del mundo, habiendo adquirido a lo largo de los últimos años otras firmas como “Crédito y Caución”, “Seguros Bilbao”, “Lepanto”, “Plus Ultra”.
Por su parte “La Unión y el Fénix” fue una histórica firma aseguradora española. Fundada en 1879 por la unión de las aseguradoras “La Unión” (1856) y “El Fénix Español” (1864). Fue adquirida por el Banesto en 1988 quien la controló hasta diciembre de 1993 cuando ambas empresas fueron intervenidas. Un mes más tarde la adquirió la francesa AGF, desapareciendo en 1998 cuando Allianz compró AGF y las fusionó bajo la marca alemana si bien mantuvo la marca Fenix Directo como compañía de seguros para vehículos especializada en la venta directa y gestión a través de internet. “La Urbana” empezó a operar en 1848 en el País Vasco extendiéndose rápidamente por todo el país. En 1900 el mismo año en que nacía “La Vasco Navarra” comenzaba a operar también, esta vez  en Bilbao la compañía “Aurora”, como entidad bancaria y como sociedad aseguradora si bien en 1902 se separarían ambas líneas de negocio. Algunos años más tarde, en 1929,  el Banco de Bilbao entraría como accionista en “Aurora” y crearía “La Unión Española”. En los primeros años 70 se fusionaron “La Unión” y “La Urbana”, dando origen a UAP y en 1977 hicieron lo propio “Aurora” y “La Polar” creando “Aurora Polar”. Ambos grupos se integrarían en los años 80 en el grupo asegurador del BBVA para pasar a estar integrados a finales de los 90 bajo la marca AXA seguros, compañía de origen francés. AXA compraría en 2006 la compañía suiza  Winterthur, aunque la marca actual seguiría siendo AXA.
En los años 20, a las anteriores compañías de seguros se sumaba la presencia en Pamplona de nombres como “La Aurora”, a la que ya nos hemos referido al hablar de “La Urbana”, “La Estrella” (1901) integrada actualmente en el grupo Generali,  “La Equitativa” (1882), filial de la americana “The Equitable” (1762) que en 1995 será absorbida por Winterthur, y otras muchas como  las francesas “Le Nord”  y “Le Compagnie de  Assurances Generales”, “La Adriática”, “Numancia”, “La Victoria de Berlín”, “La Gresham”, “La Royal”,  “La Abeille”, “L´Union”, “La Baloise”, “Sun Insurance Office”, “Cantabria”, “La Assicuratrice Italiana”,  “El Día”, etc. A finales de la década y principios de los 30 encontramos, además,  otros nombres como “Hispania”,  “Covadonga”, “El Norte”, “El Sol”, “La Ibérica”, “Plus Ultra”, “El Porvenir de los Hijos”, “Caja de Previsión y Socorro”, “La Anónima de accidentes” y “Los Previsores del Porvenir”. Que yo recuerde, presencia destacada en Pamplona, además de “La Mutua” y “La Vasco Navarra” tuvo “La Aurora” con su edificio en el chaflán a caballo entre Bergamín y San Ignacio, “La Unión y el Fénix” y “Plus Ultra”, esta última en el Paseo de Sarasate. Al margen de estas compañías de seguros, no habría que olvidar la actual presencia  en Pamplona, de otras compañías como “MAPFRE”, fundada en 1933 como Mutualidad de Seguros de la Agrupación de Fincas Rusticas de España, -de ahí le viene el acrónimo-, que se especializará sobre todo en los seguros de automóvil hasta el punto de que hoy uno de cada cinco vehículos en España está asegurado con esta compañía y que cuenta con la mayor red de sucursales en España, siendo hoy por hoy la primera aseguradora española, (también “Pelayo” (1933) estaba muy vinculada al mundo del automóvil);  la zaragozana “Mutua General de Seguros” (1907) y otras compañías  internacionales aunque con presencia en España como la suiza “Zurich” fundada en 1872 que aterrizó en España en 1884 y que absorbería a la mencionada “Hispania” entre otras compañías; la compañía de seguros “Santa Lucia”, nacida en La Coruña (1922) en la calle del mismo nombre, ha estado asociada durante muchos años a los seguros de fallecimientos. Fue su único producto hasta los años 50, abriéndose después al de incendios y vida. Además de las compañías de seguros analizadas habría que citar en el ámbito de la salud los seguros médicos como el del Igualatorio Médico Quirúrgico, vinculado a la Clínica San Miguel; ACUNSA, vinculado a la Clínica Universidad de Navarra, Aegon, etc.
Fotos por orden de aparición: Nº 1: Plaza del Castillo (1882). Nº 2. Postal. Edificio de “La Vasco navarra”. Años 20-30. Nº 4: Postal. Edificio de “La Vasco navarra”. Años 50. Nº 5: Edificio propiedad de “La Vasco Navarra” en Málaga, en la esquina de la calle Atarazanas con Puerta del Mar. (1963). Archivo CTI-UMA. Nº6:  Domicilio social de “La Mutua” en la calle Mayor (1907)  Nº 7:  Domicilio social de “La Mutua” en la calle San Francisco (1909)  Nº8: Primer domicilio social de “La Mutua” en la calle Estafeta (1905). Nº 9: Domicilio Social “La Mutua” en la calle Carlos III, esquina Arrieta (1949-79). Nº 10: Interior de las oficinas de “La Mutua” (Años 70). Las fotos 6, 7, 8, 9 y 10 están extraídas de la Memoria de “La Mutua” elaborada con motivo de su 25º aniversario en el año 1975. Nº 12: Postal de la calle Padre Moret. (1900-1915). Vda de Rubio. Nº 17. Postal. Edificio de “La Aurora”. Años 50-60

Del Cine Rochapea al Cine Amaya: Así nació el mítico cine de la Rocha: 1949-1951

Gracias al reciente proyecto de recuperación documental y puesta al servicio de los ciudadanos de los documentos de Archivo Abierto del Gobierno de Navarra, podemos acceder a las memorias de la puesta en marcha de algunos cines. En esta entrada recupero el proyecto de construcción del Cine Amaya, inicialmente llamado en el proyecto Cine Rochapea, tal y como vemos en el primero  de los alzados.  La memoria está datada  el 3 de junio de 1949 y fue presentada por el gerente de la SAIDE, Félix Zozaya. En ella se ofrecen muchos datos interesantes. La SAIDE pretendía ubicar el cine en la avenida de Villava, entre el almacén de carbón Aza  y el de vinos Oscoz, pero no llegó a inaugurarse.  Proyectaban invertir en este cine unas 600.000 pesetas. Se recordaba que la sociedad era propietaria de cinco de los seis cines que existían en la ciudad, creo que todos menos el Alcazar,  y que deseaba ampliar sus actividades instalando un nuevo cine en la populosa barriada de la Rochapea, que contaba en ese momento con más de 12.000 habitantes, procurando así un rato de esparcimiento a los vecinos de la misma sin necesidad de que tuvieran que desplazarse a la capital, distante unos 2 kilómetros.

Se pretendía instalar un equipo doble de proyección así como diferentes elementos y accesorios valorados en 125.000 pesetas. Las primeras materias valoradas en unas 119.000 pts incluían el alquiler de un centenar de películas al año (100.000 pesetas, osea 1000 pesetas por película), 8.000 kilos de leña para la calefacción (1.600 pts), 500 parejas carbones proyectos (15.000 pts) (si tal como les digo) y billetajes y programas (2.400 pts). La energía eléctrica sería facilitada por las sociedades “El Irati” y “Electra Pamplona”. El cine contaría con una plantilla de 8 personas (un jefe de cabina, un operador, un portero, dos acomodadores, una taquillera, una extremadora y un conserje). Se proyectarían, como he dicho,  unas 100 películas al año, durante los días festivos principalmente con un metraje aproximado de 200.000 metros, calculándose una recaudación bruta  de 500.000 pts al año. Se calculaba su puesta en marcha en el plazo de 2 años desde el momento en que se recibiese la oportuna autorización.

El Cine Amaya, proyectado como Cine Rochapea por Victor Eusa sería en 1951 el primer cine de barrio de la ciudad en manos de la SAIDE. El proyecto inicial sirvió de modelo para levantar más tarde el Cine Amaya en el nº 16 de la ya entonces Avenida de Marcelo Celayeta, inaugurado el 1 de abril de 1951 con la película “Agustina de Aragón”. El cine Amaya era una gran nave a dos aguas con un gran patio de butacas, unas 400 plazas, sin anfiteatro, con un cuerpo lateral anexo  que alojaba el vestíbulo y los aseos. El interior era pobre en su mobiliario, como recordé en la primera de las entradas dedicadas  a este cine, tenía unas butacas chapeadas de madera que metían un incomodo ruido cada vez que uno se movía o se levantaba. El techo consistía en una retícula de paneles en relieve. La fachada era de estilo regionalista neovasco aunque  se modificó posteriormente añadiendo varios elementos clasicistas: un frontis e impostas molduradas. Estaba situado, desde que yo recuerdo entre la calderería Aranguren, una larga nave industrial   y un  edificio de viviendas, erigido a finales de los 50 o principios de los 60,  en cuyos bajos estuvo durante décadas una sucursal del Banco Central, asaltado en la década de los 70 por una célula de los GAC (Grupos de Acción Carlista). Las películas emitidas en el Cine Amaya  inicialmente fueron mayoritariamente en blanco y negro y posteriormente, avanzados  los años 60, lo fueron mayoritariamente  en color. En aquel  cine de barrio se proyectarón películas españolas como “Locura de Amor”, “Pedro I, el Cruel”, “Marcelino, Pan y Vino” o  las películas de Joselito y Marisol, y luego más tarde películas americanas de aventuras, de Tarzan o las típicas italianas peplum, de romanos, u otras de serie B, largas tardes de sesión continua, con sesiones desde las cuatro de la tarde hasta las  10 de la noche. El cine cerraría sus puertas el 19 de julio de 1970. No obstante el edificio aguantaría en pié 22 años más derribándose en septiembre de 1992.

Fotos: Jose Galle (1963). AMP. Planos (1949): Archivo Abierto. Salon Cinema. Gobierno de Navarra. Estos planos están bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España.

Barrios de Pamplona: La Rochapea a lo largo del siglo XX. 2ª parte. (1950-2000)

Como  señalaba al final de la entrada anterior  sobre la historia de la Rochapea, el barrio que conocí desde mi infancia era un barrio compuesto por muchos barrios: El Salvador, formado por las casas de las dos fases de la cooperativa, en ambos lados de la avenida de Marcelo Celayeta, la Rochapea Vieja que era como llamábamos a la zona del barrio más cercana al río, las casas de San Pedro, -terminadas de construir en 1949-, las Casas de Oscoz, las Casas de Lainez, Cuatro Vientos-Santa Engracia y el Ave María, entre otros. Los ejes principales alrededor de los que se agrupaban la población y las industrias seguían siendo, Joaquín Beunza, Cuatro Vientos y el barrio de la Estación, el Camino de los Enamorados, la calle Errotazar perdía en su primer tramo la pujanza de otros tiempos y, en cambio, la cogía con mucha más fuerza, hasta eclipsar prácticamente a todas las demás zonas, la avenida de Marcelo Celayeta, en 1950 todavía avenida de Villava. El barrio crecía extraordinariamente y cambiaba su configuración hasta hacerse poco reconocible si mirábamos 50 años atrás. A lo largo de la segunda parte de los años 50 se construyeron  las diferentes fases de  la cooperativa de viviendas El Salvador. Se construyeron entre 1957 y 1960. La cooperativa se creó en 1957 y la 1ª fase se inauguró el 27 de septiembre de 1960. Antes de esta fecha, en torno a 1956, se habían construido las casas del Porrón y a comienzos de la  década de los 60 el edificio cercano a la calle Provincias que albergó durante décadas  en sus bajos una sucursal del Banco Popular. El barracón de los camineros de Diputación se construyó también en esa década de los 50. También a lo largo de los años 50 y especialmente a finales de esta década se construyeron buena parte de las casas situadas, a partir del cruce de la antigua vía del Plazaola con Joaquín Beunza, en su  lado izquierdo, según se viene del Casco Viejo.

También de los años 50, concretamente de 1955, son las Casas de Ozcoz, tal y como adelanté en la 1ª parte de esta entrada; de finales de los 50 (1957-59) las nuevas casas del Ave María (los números 7, 9, 10 y 13, en el paraje conocido como playa de Santa Engracia, alineados con el viejo ramal del Irati que venía de la Estación del Empalme; el nº 8 de dicha calle era de 1940, el 14 y el 15 de entre 1930 y 1940 y el resto de principios de siglo, 1910-1920), también de esa década eran diversos bloques situados a lo largo de Marcelo Celayeta, sobre todo en su lado derecho yendo hacia Capuchinos (frente a la Carbonilla, Aldaz Echarri, Matesa, etc), algunos bloques dispersos situados, por ejemplo,  de finales de la década como el nº 3 de la calle Errotazar (derribado en 2003 para erigir la nueva calle Rio Arga), o  en el nº 6 del  Camino de los Enamorados, y de comienzos de los 60 el bloque semicircular del inicio de la calle Abaurrea, muy cerca de este bloque quedaba todavía en pie el viejo edificio que albergaba la conocida  farmacia de Javier  Azqueta.

En 1951 se inauguraba en la avenida de Villava, que ese año pasaría a llamarse de Marcelo Celayeta, el cine Amaya; un año antes, en 1950 se había terminado de construir la clínica del Padre Menni. En 1959 se fundaba el colegio de la Compasión. Inicialmente comenzaron en un chalet situado en el nº 21 del Paseo de los Enamorados hasta que años más tarde pudieron erigir el primero de sus edificios. En 2003 fue adquirido por los Escolapios. Para 1957 ya se habían ampliado las escuelas del Ave María, con  nuevas aulas a continuación de las iniciales.   En 1964 se construía el nuevo colegio Cardenal Ilundain frente a las casas municipales de San Pedro, fruto del desarrollo urbanístico y poblacional del barrio, colegio que se ampliaría en los años 1974-75 y se derribaría por completo en el año 2002 para erigir uno de nueva planta. En 1970, se inauguraba la biblioteca de San Pedro.

Muy cerca de allí encontramos también el colegio de Capuchinos, (o más apropiadamente el Colegio de San Antonio que empezaría dando EGB y luego se ampliaría a grados superiores), abierto en el año 1964 y cerrado en el verano de 1992, en cuyo interior a finales de los 70 se abrió el cine Ekhiñe que junto al Donibane de San Juan y sus programaciones alternativas serían el germen de los cines Golem. Sería, pues,  a finales de los 50 y principios de los años 60 cuando el barrio empezó a dejar de ser un núcleo eminentemente rural, con una población y edificación dispersa a convertirse en el abigarrado barrio obrero-industrial que conocimos los que nacimos en el lugar. Pese al enorme crecimiento urbanístico de los años 50, serían los años 60 y 70  los de mayor boom. De mediados y  finales de los 60 serían buena parte de los pisos situados al final de la calle Errotazar y  del Camino de los Enamorados, las Casas de San Antonio, las de Gurbindo y las de Ibañez, y de finales de los 60 y primeros 70  el margen derecho de la Rochapea Vieja, esto es el más cercano al arco que formaba la vía del Plazaola y que agrupa hoy a un puñado de calles con nombres de pueblos de Roncal-Salazar y algunas construcciones de Marcelo Celayeta, desde la carretera Artica en adelante,  completando la nueva  trama urbana iniciada en los años 50 y continuada en los 60.

La construcción de viviendas se aceleraba a medida que se iban instalando nuevas industrias en el barrio  en una caótica, todo hay que decirlo planificación, de forma que se mezclaban usos industriales y residenciales que hoy serían incomprensibles. Quien haya tenido que soportar la presencia de industrias como Caceco o Ingranasa, cerca de sus viviendas,  lo entenderá. Pero es que además en un mismo bloque convivían usos industriales y residenciales. En mi bloque tenía debajo una fábrica de recauchutados y una de colamina. Pero repasemos al igual que he hecho con los grupos de viviendas las principales industrias que recuerdo. En Joaquín Beunza, además de Sancena encontrábamos la fábrica de frenos Urra, donde trabajó mi padre durante más de 30 años,  fundada en la década de los 50 por Manuel Ros y Alfredo Urra que se trasladaría en los años 60 a la Avenida de Guipúzcoa y se convertiría en 1966 en Bendibérica (cerró en 2009 bajo el nombre de Robert Bosch)  o  la de Icer, (materiales de fricción) ubicada cerca de la anterior en  1961. Cerca de Bendibérica en la avenida de Guipúzcoa estaba La Casera, de la que hablaré más extensamente cuando me refiera “a la industria y al comercio del bebercio”. En Santa Engracia se instaló, en 1953, la fábrica de Perfil en Frío, como podemos ver en la ortofoto de 1956, que contaba, en su accionariado, con Félix Huarte. Inicialmente y de la mano de Javier Vidal y José María Goyena había comenzado su actividad dentro de Imenasa hasta que se trasladó con apenas medio centenar de trabajadores a la Rochapea. La fábrica se derribó en el año  2003. Cerca de ella, estaba Talleres Iruña y a este lado de la vía, en los terrenos del antiguo campo del Gure Txokoa,  se instalaba en 1966 la fábrica de Piensos Caceco, que permaneció en el lugar hasta 1996. En el Camino de los Enamorados encontrábamos la serrería de Villegas, que  cerró en 1976 y volvió a abrir a primeros de los 80, no sin grandes problemas con el vecindario.

A continuación de la serrería se hallaba la  fábrica de curtidos de Calzados López, que se construyó en 1947, para suministrar de material a la fábrica de la calle Amaya (1926-1962). Cuando cesó la actividad de la factoría del Ensanche, la actividad se trasladó a las instalaciones del  Camino de los Enamorados hasta el año 1972 en que cerró definitivamente por suspensión de pagos. A partir de 1974, sus instalaciones fueron ocupadas por Frenelsa.

 Y tras Calzados López estaba la fábrica de Ingranasa, fundada, en 1956 por José Luis Sarasa Musquíz  quien logró implicar en su proyecto empresarial a almacenistas de aceite de las provincias limítrofes y aun grupo de empresarios de la ciudad entre los que estaban Felix Huarte, Alberto Munarriz o Toribio López (el de Calzados López). En 1976, se fusionaba con Koipe. Ahí se fabricaban margarinas como Natacha, Artua, etc. Posteriormente diversas multinacionales se hicieron con el control del grupo. En junio de 1999, después de 43 años se derribaba la factoría. Enfrente estaba Industrias Gomariz que en los años 90 se fusionó con otra empresa del sector, Onena. Cerca de las casas de San Pedro, entre las calles Garde y Ansoain,  encontrábamos entre 1958 y 1993 la fábrica de Copeleche. De 1959 a 1989 entre la calle Cruz de Barcacio y la carretera Artica, la fábrica de pretensados Aedium en cuyos terrenos se inauguraría en 1991 el nuevo centro de salud.

Muy cerca de aquí, pero a caballo entre la avenida de Marcelo Celayeta y la carretera Artica estaba Matesa (Maquinaria Textil del Norte S.A). Fundada en 1957 por el industrial catalán Juan Vila Reyes. Algunos años antes, la familia Vila había abierto en nuestra ciudad un taller escuela que en 1946 se convertiría en Manufacturas Arga-Sedas.  Matesa fue conocida por el monumental fraude contra el estado en 1969, más de 10.000 millones de las antiguas pesetas. Fueron construidas sus instalaciones entre 1945 y 1956 y cesó sus actividades en el año 1981,  tras un espectacular incendio. En Marcelo Celayeta e inmediaciones estaban Chalmeta, Aldaz Echarri y otros negocios similares relacionados con la metalurgia: Aranguren, Asan, etc.  En 1959, Daniel Baines,  José Ibañez y Severino García habían comprado la nave de los Matossi en Marcelo Celayeta  y comenzaron a fabricar allí su famoso pacharán Baines. En el año 1998, al quedar la nave fuera de ordenación, Pacharan Baines se trasladó de su sede de Marcelo Celayeta  al polígono de Agustinos. En la Avenida de San Jorge se había abierto en 1956, la fábrica de penicilina, Penibérica. En la avenida de Guipúzcoa, pero cerca de la gasolinera de Discosa se hallaba la fábrica de chocolates Orbea fundada en 1952 por el empresario guipuzcoano Santiago Otegui, que cerró  en 1992.

En los años 50 se acomete una gran reforma en la Estación del Norte que le dió un nuevo aspecto mucho más moderno al que nos tenía acostumbrados. Aun se mantendría en pie hasta la década de los 80 aquella singular construcción semicircular que servia de almacén de las locomotoras. En esta década de los 50 desaparecen de nuestro barrio los viejos ferrocarriles del Irati y el Plazaola (Diciembre 1953 y 1955). Pese  a su desaparición en 1956 todavía era perfectamente visible el ramal del Irati que viniendo del Manicomio atravesaba el camino que iba junto al polígono industrial de Ansoain e iba a conectar con la vía del Plazaola a la altura de lo que después sería el depósito de la Compañía General de Carbones. De hecho las vías no se levantaron hasta 1959.  Aun quedaban buena parte de sus instalaciones: parachoques, andenes, almacenes, etc. La ciudad decía adiós a sus trenes de vía estrecha y abrazaba la creciente circulación de vehículos por sus calles escasamente urbanizadas. En las ortofotos de los años 60 se hace patente esa creciente presencia automovilística frente a décadas anteriores. Hubo riadas importantes en estos años que marcaron la historia del barrio, fundamentalmente  en los años 1952 y finales del 59 y principios de 1960 mayores en intensidad a las sufridas a  finales de 1980 y principios del 1981 y similar a una de las más importante, la  sufrida hace 5 años, el 9 de junio de 2013.

Pero ¿y que pasó con las fiestas de la Rochapea en estos años de industrialización y crecimiento demográfico de finales de los 50 y 60?. Pronto, con las nuevas construcciones, los actos festivos, especialmente los musicales, los bailables  se trasladaron, a finales de los 50,  a la plaza del Salvador, junto al antiguo Bar Rodríguez (luego Rápido y hoy Basajaun), y cerca del Bar Porrón. Se retomaron las pruebas ciclistas, como antaño, de manos del Rochapeano que tenía su sede ahora en las escuelas de la Carbonilla, así como otras pruebas deportivas: boxeo y pelota, en el frontón de Aldaz, como después de la guerra, actividades que seguirían programándose al año siguiente con algunas novedades: juegos infantiles, txistu en el frontón Aldaz y bailables en la plaza del Salvador y en la de la Estación, a  diferentes horas, aunque pronto se dejarían de programar actividades en esta ubicación. Pero lo que valía para un año no valía para el siguiente. Todo dependía del voluntarismo vecinal y de la implicación de bares y sociedades, dispar de un año a otro. Así es que pronto desaparecían la mayor parte de las pruebas deportivas pero,  eso sí,  se mantenía la verbena de tarde  y noche costeada por los bares de la zona del Salvador que se prolongaba hasta la una y media de la madrugada. Y así, con cierta escasez de actividades (cohetes, misa, dianas  y verbena) se prolongaría durante buena parte de los años 60. A veces alguna prueba deportiva enriquecía el programa, estas se harían más presentes con la implicación de las principales sociedades deportivas del barrio. Y es que años atrás había desaparecido el C.D Rochapeano si bien habían surgido otras sociedades deportivas como el Gure Txokoa o el Gaztedi que con el tiempo acabarían fusionándose creando la UDC Rochapea en 1971. Apenas un par de años antes,  1969, el barrio contaba nada menos que con 14.500 vecinos.

El antiguo campo del Gure Txokoa que aparece  en la fotografía  de la izquierda, ocupó hasta el año 1966 parte de los terrenos que después ocuparía la desaparecida fábrica de piensos compuestos Caceco y se extendía desde la vía del ferrocarril por el norte hasta la actual calle Carriquiri por el sur con el límite por su lado derecho en la tapia del campo o recinto de los camineros de Diputación. De hecho, en más de una ocasión, algún balón quedó incalado en nuestra terraza. El Gure Txokoa fue un destacado equipo de fútbol del barrio que cosechó grandes éxitos dentro del Trofeo Boscos. En él jugaron jóvenes promesas como Sanchez, Zabalza, Santamaría, algunas de las cuales recalarían posteriormente  en Osasuna. En 1971 el Gure se fusionó con otro equipo de fútbol del barrio, el Gaztedi, dando lugar a la UDC Rochapea. Como adelanté en la entrada de la travesía del Ave María, en esta calle, en un bajo del nº 10,  tuvo su sede la sociedad deportiva Gure Txokoa. Cabe señalar que tras la desaparición de su campo en 1966 y durante cerca de 30 años, hasta 1996, para la gente del barrio, tanto jóvenes como mayores  el pequeño campo que quedó entre la fábrica de Caceco y la tapia del campo de la Diputación y que se ve en una ortofoto de estos años  siguió siendo para nosotros el campo del Gure, así abreviado como lo cito. ¿Cuantos juegos infantiles, partidos de fútbol, paseos, y labores al sol habrá conocido ese pequeño trozo de campo a lo largo de aquellas décadas?. Por ser un barrio cercano a los campos, los chicos del barrio solíamos correr y jugar entre fincas y regachos, ir hasta el río o al prado  de Artica, -algunos cazaban cardelinas con liga y otros pájaros-, se bañaban en el río o en las cercanas piscinas de San Pedro, abiertas en 1944 y ampliadas en 1972, hasta la apertura de las de Aranzadi en el año 1978. A la pelota se jugaba en un pequeño frontón situado junto a las escuelas del Ave María, que pese a mis esfuerzos por recordar no acabo de localizar en esos años, en el frontón Aldaz de la calle Ferrocarril o en el de los Capuchinos de San Pedro. Había más frontones pero de ellos me ocuparé en otra entrada. Al fútbol se jugaba en el Gure Txokoa, en el pequeño Gure, en el campo del Ave María y luego en el de la UDC Rochapea, detrás del 2º grupo del Salvador.

Los años 70 son años de conflictividad social y política como he narrado en alguna de mis entradas, con huelgas obreras sonadas como la general de junio de 1973, encierros en la iglesia del Salvador (Torfinasa, Motor Ibérica, etc) y cargas policiales. El cruce de Cuatro Vientos, Marcelo Celayeta y la zona del Bar Porrón se convirtieron en lugares de referencia en la lucha antifranquista ya fuese por motivos laborales (Chalmeta, Industrias Esteban, Motor Ibérica), o  políticos, así como en nuestra convulsa transición como vimos en la entrada correspondiente del blog (Semana Pro-Amnistia de mayo de 1977, muerte de Gladys del Estal, en Junio 1979 o de Joseba Arregui en febrero de 1981). No todo fueron aperturas de industrias, en esos años que van de los 50 a los 70. En los primeros 70  desaparecieron algunas históricas factorías. Cerca de la Estación se cerraba en 1974 la fabrica  de material agricola de Múgica y Arellano. Apenas tres años antes, en 1971, había cerrado la azucarera de Eugui, que se desmantelaría en los años siguientes. Un año antes, en 1970,  había cerrado el cine Amaya, inaugurado apenas 19 años antes.

Antes de 1975 cambiaría la fisonomía del popular Cruce de Cuatro Vientos, como  pocos años antes (finales de los 60 y primeros 70) lo había hecho la parte inicial de Marcelo Celayeta, allá donde estuviesen una especie de construcciones de planta baja que vemos en la última  foto  de J.J Arazuri, del año 1967. Enfrente de la casa de Domingo Chiqui había y ya lo recordé en la entrada correspondiente,  una pequeña oficina del Banco Hispano Americano, la tienda de electrodomésticos de Ricardo Sora que se trasladaría en 1973 al nº 4 de Marcelo Celayeta, posteriormente la tienda de dulces, palomitas y chucherías de Eliseo,  y más adelante, desde junio de 1953, en el nº 6, la churrería de Clara Elizalde y Valentín San Juan. La tienda de Eliseo se había abierto   en el lugar después de la guerra y desaparecería de su tradicional emplazamiento con los derribos de   finales de los años 90. En efecto, algunos de estos negocios se trasladarían con los derribos de fin de siglo a  lugares cercanos en Marcelo Celayeta. En la zona de Cuatro Vientos había otros dos negocios más: una carnicería y una peluquería, de los que no recuerdo los nombres. En los años 70 se construyó un moderno edificio a la entrada de Santa Engracia pasado el puente del ferrocarril.

Volvamos con las fiestas, esta vez con los años 70. En 1971, la UDC Rochapea se erigía en uno de los principales agentes dinamizadores de las fiestas y organizaba el 1º Concurso de paellas que  se celebró en la arboleda existente en la trasera de al iglesia de El Salvador o como nosotros lo llamábamos entonces el patio de las chicas. Pero este año hubo muchas más novedades: se celebraron un buen número de actividades infantiles en el salón de actos de las Escuelas del Ave María (festivales, juegos, etc) y por supuesto no podían faltar los bailables que a partir de este año se celebraron  en el campo de fútbol del Ave María.  En 1972 el concurso de paellas se celebraría igualmente en la arboleda. También se organizó un concurso de poesía, pintura y fotografía, con exposición posterior en la Academia Cuatro Vientos y al igual que el año anterior diversas actividades infantiles. Guardo el programa de actos de aquel año. Me detendré en las fiestas de este año a las que ya he aludido en otra entrada del blog. Tendía yo, entonces, 9 años. Buena parte de los festejos y actividades se celebraban muy cerca de mi casa, en el Ave María. Ese año, tocaban en el campo de fútbol los Jaguars. Lo hicieron de 19.30 a 22 horas y de 23 a 1 de la madrugada. Las orquestas, que no orquestinas,  ya no actuaban encima de un carro, como una década atrás, lo hacían en un pequeño  escenario montado para la ocasión. El escenario recuerdo estaba situado en la trasera de las viejas escuelas, cerca de donde poco tiempo atrás, a finales de los 60, se había construido una larga columna de baños para la escuela que sustituiría al infecto servicio o excusado que compartía edificio con la leñera. Yo iba a empezar ese año  4º de primaria,  con D. Germán Tabar. Recuerdo la enorme polvareda que se levantaba en la verbena especialmente con las últimas jotas vascas de rigor. Y no se si entonces o algún año más tarde recuerdo que en el mismo campo se instalaban un par de atracciones de feria, tipo carrusel, caballitos o similar para la plebe infantil. Después de la cena tengo el recuerdo de mis padres bajando de casa en la cercana Travesía a oir la musica y bailar. El campo estaba a reventar de gente y no solo acudían vecinos de toda la Rochapea sino que bajaban incluso desde Pamplona.

En 1973 nacía la Asociación de Vecinos de la Rochapea Auzolan  que tomaba la iniciativa de organizar las fiestas del barrio. Una de sus primeras  sedes creo recordar estuvo en una parte de las que llamábamos las escuelas de las chicas, mientras que el grupo juvenil Auzoko ocupaba el antiguo Centro Parroquial.   Las paellas se trasladaron a las  terrenos  colindantes con las instalaciones de la UDC Rochapea que había terminado de construir sus instalaciones en julio de ese año. Por lo demás y al margen de las paellas se seguían celebrando una gran cantidad de actividades infantiles y las tradicionales verbenas, en los lugares de costumbre, osea en el campo de fútbol del Ave María, además de dianas, danzas, teatro, títeres. También recuerdo con nitidez las fiestas de este año: en el campo de fútbol del Ave María tocaba la orquesta Bahía, y dentro del festival musical de aquel 2 de agosto de 1974 escuché por primera vez al cantautor Fermín Valencia. Estábamos en los tiempos del agonizante tardofranquismo. Creo que las verbenas en el campo de fútbol del Ave María se prolongaron hasta 1975 o 1976. Se derribaron las viejas escuelas en 1977 y se construyó un nuevo edificio. En 1977 el grupo juvenil se trasladó al Barracón (un edificio alargado, junto a la antigua vía del Plazaola,  donde se almacenaba el material de los “camineros” de la Diputación).  La mayor parte de las actividades festivas se trasladaron ese año a la zona del Barracón y  la verbena se celebró en la campa anexa (la campa de la Diputación decíamos) con la Iruña Band. Ese año volvió a cantar Fermin Valencia en un festival musical celebrado en el nuevo recinto festivo. El programa se completaba con otras muchas actividades: dianas, pasacalles, danzas, pruebas deportivas, etc.

Esta tónica es la que tienen las fiestas de 1978, con actividades tanto en las proximidades del Barracón como de las escuelas del Ave María. Este año se celebró en el patio de las escuelas un festival musical de pago, había que apoquinar 20 duros, para escuchar a Urko, con su inolvidable “Maite, Maite, Maitia”. Es otro de esos recuerdos que como el de Fermin Valencia y sus canciones protesta y algunas de las  verbenas citadas se quedaron impresas en mi retina. La verbena se siguió celebrando este año  junto al Barracón. El chupinazo de las fiestas se lanzaba en la plazuela del Salvador aunque posteriormente se haría en el patio de las escuelas del Ave María. En 1979, las verbenas vuelven al patio de las escuelas del Ave María, donde también se celebran en 1980, fiestas de las que guardo  algún anecdotario en lo personal que no ha lugar a comentar en este momento. Se multiplicaron los días y  actividades festivas. La misma tónica continuó en 1981 y 1982 con un gran cantidad de actos tanto culturales, infantiles (incluyendo un toro de fuego) como deportivos y musicales, la inmensa mayoría de ellos en el patio de las Escuelas del Ave María, la verbena corrió a cargo de la orquesta Noche y Día en 1981 y de Elurra en 1982. Los bailables se prolongaron estos dos años, una hora más hasta las 3 de la madrugada. También seguía habiendo algunas  atracciones de feria. Algunos vecinos se quejaban de que la fiestas se concentraban siempre en Marcelo Celayeta y la Travesía del Ave María. Así es que en 1983  buena parte de los actos se trasladaron al Barracón como seis años atrás, pero en 1984 volvieron de nuevo al Ave María, donde se concentraron prácticamente todas las actividades festivas. En 1985 la Asociación de Vecinos dejaba de organizar la fiestas ante el poco apoyo o colaboración vecinal.

En 1981, se habían instalado cuatro barracones prefabricados junto al antiguo barracón de los Camineros porque el edificio de las escuelas del Ave María se había quedado pequeño para absorber la demanda, especialmente de los más txikis. En 1986, después de algunos años de parón inmobiliario y escasas obras, algo se empezó a mover en la Rochapea. Se urbanizaron algunas calles como Carriquiri, introduciendo canalizaciones y saneamientos que recogerían las aguas que antiguamente circulaban libremente por campos y calles del barrio. Se construía el primer polideportivo del barrio junto a la citada calle Carriquiri en los terrenos del antiguo campo de la Diputación asi como un nuevo   campo de fútbol (el del Irati) y algunas viviendas de precio económico.  Parte de las instalaciones de los antiguos Corrales del Gas fueron derribados en los años 80 para ser sustituidos por un edificio multiusos primero y hostelero después, de escaso uso, quedando arrinconadas el resto de las instalaciones en la zona cercana al llamado Callejón de los Toros,  sufriendo la calle  durante década y media en este punto  una muy pronunciada  curva frente  a su histórico diseño más o menos rectilíneo. Toda esa histórica zona sería derribada entre finales del pasado siglo y los inicios del presente.

En 1989, se derribaban buena parte de las casas del lado derecho de la calle Provincias, popularmente conocida como “calleja de los cutos”, y se construían unas nuevas. Con su derribo desaparecerían algunas viejas corralizas y las antiguas cochiqueras que le daba al barrio un toque un tanto rural, como se lo daban los caballos de Goñi o las vacas de Larrayoz. En 1991, el barrio inauguraba su propio centro de salud en la calle Cruz de Barcacio, tras peregrinar sus vecinos primero a San Jorge y luego  a un bajo en la Travesía de San Blas. En 1992 se derribaba el antiguo Cine Amaya para dar paso a los nuevos viales de la Rochapea. Había estado cerrado desde 1971, pese a que hubo algún intento municipal por hacerse con él (junto al Chantrea y al Gayarre) al comenzar los años 80 para su uso público. En el año 1993 y 1994 se construirían los nuevos puentes de Vergel y Oblatas, dejando el viejo puente de San Pedro como peatonal, y en torno a 1996 y  siguientes años se derribaría buena parte del lado izquierdo de la Avenida Marcelo Celayeta, desde Cuatro Vientos hasta Capuchinos. Posteriormente, al final del siglo,  le llegaría la hora al cruce de Cuatro Vientos, con más derribos y un nuevo diseño del peligroso cruce. A lo largo de los 90 se irían construyendo buena parte de los bloques que cerrarían el futuro parque de los Enamorados. Aun quedaba lejos la crisis del ladrillo que estallaría con crudeza en torno a 2007-2008.

En 1986 la fiestas del barrio se trasladaban por primera vez de agosto a Septiembre y los actos se diseminaban por todo el barrio, más allá de los tradicionales puntos en los que se había concentrado los últimos años, de forma que los principales actos, como la verbena, se concentraron, esta vez,  en la zona de la Virgen del Rio,  (Monasterio Viejo de San Pedro), con actividades  en La Compasión, San Pedro o Gomariz (futuro centro socio cultural del barrio “Juslarrocha”) que adquiriría cada vez mayor importancia en las fiestas, siendo durante varios años el lugar desde donde se tiraba el chupinazo de fiestas. Las paellas  se trasladaron por su parte al mes de julio, en plenos sanfermines. Se rompía una tradición que había vinculado las fiestas a cierto patronazgo, ya fuese de San Lorenzo (en torno al 10 de agosto) o a El Salvador (en torno al 6). En 1987, hubo verbenas y/o actividades musicales en dos sitios, en la  Virgen del Rio y en la plaza del Porrón. En 1988 la verbena se ubicó en el cruce entre las calles Cruz de Barcacio y Jus La Rotxa, al igual que en el año siguiente. De 1990 a 1996 la verbena se celebraría en la calle Urzainqui.

En 1992, las fiestas cambiaron nuevamente de fecha, esta vez a Junio, aunque los escenarios festivos seguían siendo casi los mismos, aunque pivotando sobre todo en la zona de la Virgen del Río. En 1994 se derribaba el Barracón.  En 1995 se ocupaba la nave de IFA junto a las tiendas de las Amezqueta en Marcelo Celayeta, en cuyos locales se organizaron  algunas actividades festivas. En 1997, el chupinazo se tiró en la Carbonilla, al igual que  en los años siguientes, la verbena se celebró en Bernardino Tirapu, frente a la Compasión y los actos se distribuían  por los antiguos y nuevos espacios urbanos del barrio: San Blas, Virgen del Río, San Pedro, Corralillos, Santa Engracia, plaza de José Miguel de Barandiaran, parque de los Enamorados, etc.  Las relaciones con el Ayuntamiento eran cada vez más tensas, con recortes progresivos de las subvenciones y suspensión oficial de las fiestas en el año 2000, clima que se mantendría a lo largo de los años siguientes. El programa de actos era cada vez más nutrido, casi medio centenar de actos en casi una veintena de ubicaciones diferentes.  Las verbenas que yo recuerde estaban en la zona cercana a la Compasión y en  el parque de los Enamorados. Y solían tocar  grupos como  Trikidantz  o  Tximeleta.

Fotografías por orden de aparición: Nº 1. Ortofoto 1956 de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta Nº 2: Ortofoto 1966 de Joaquín Beunza. Nº 3: Ortofoto 1966 de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 4: Ortofoto 1966 de Marcelo Celayeta y San Pedro. Nº 5. Cine Amaya. (1965). Nº 6. Postal de la Rochapea (1966). Nº 7: Ortofoto 1966 del  último tramo del Camino de los Enamorados y fábricas existentes: Ingranasa y Calzados López. Nº 8: Ortofoto 1966 de Joaquín Beunza y Avenida de Guipúzcoa. Nº 9: Casa Sancena. Foto de José Castells. Sin datar. Nº 10: Fábrica de Icer en Joaquín Beunza (principio de los años 70). Nº 11: Calendario promocional de Frenos Urra. Sin datar pero probablemente de los años 60. Nº 12: Fábrica de Calzados López en el Camino de los Enamorados. 1970. Nº 13: Fábrica de Copeleche en el barrio de San Pedro. Mikel Goñi. Años 80. Nº 14. Fábrica de Pretensados Aedium, situada entre Cruz de Barcacio y la carretera de Artica. 1984. Revista Ezkaba 2004. Nº 15. Fábrica de Ingranasa. 1990. Nº 16. Postal de Rochapea. Años 50. Nº 17. Inundaciones en la Rochapea. Diciembre 1959-Enero 1960. Nº 18. Estación del Norte. 1970. AMP Autor. Nº 19: Cruce de Bernardino de Tirapu con Marcelo Celayeta, con la plaza del Salvador a la derecha de la foto. Años 80. Nº 20. Campo del Gure Txokoa. 1958-1963. Nº 21: Piscinas de San Pedro. Años 80. Nº 22: Edificio de Múgica y Arellano. Años 80. Nº 23: Avenida de Marcelo Celayeta. 1967. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 24: Barrios de Santa Engracia, Rochapea y San Jorge. 1972. Paisajes Españoles. Nº 25: Vista general de la Rochapea con la calle Bernardino Tirapu y el  Camino de los Enamorados.1976. Paisajes Españoles. Nº 26. Ortofoto 1982. Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 27. Calle Joaquin Beunza. Años 80-90. Nº 28. Avenida de Marcelo Celayeta. 1976. Nº 29: Avenida de Guipúzcoa. Manolo Hernández. Años 90. Nº 30: Vista de las casas de la calle Provincias desde las Escuelas del Ave María. Años 80. Imagenes Rochapea. Revista Ezkaba. Nº 31. Perfil en Frio. Obras de canalización en la zona. 1985-86. Archivo propio. Nº 32. CACECO en pleno desmantelamiento. 1996. Archivo propio. Nº 33: Ortofoto 1982. Vista general de la Rochapea. Nº 34. Carriquiri. 1984. Imagenes Rochapea. Revista Ezkaba. Nº 35. Casas en las inmediaciones del Bar Porrón. Años 90. Manolo Hernández. Nº 36: Vista aérea de la Calle Joaquín Beunza. Años 80. Archivo de Oscar Beorlegui. Nº 37: Casa Parroquial en Marcelo Celayeta. Años 1992-94. Nº 38. Cuatro Vientos. Años 90. Manolo Hernández.. Nº 39: Derribos en Marcelo Celayeta. 1996. Archivo propio. Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra.

Barrios de Pamplona: La Rochapea a lo largo del siglo XX. 1ª parte. (1900-1950)

Vuelvo al barrio que me vió nacer y aunque he hablado de mi barrio en infinidad de entradas, no he hecho una que haga una breve pero completa síntesis de su reciente historia, de sus cambios urbanísticos y de sus fiestas.  Sobre estas últimas hice alusión   en alguna de las primeras entradas de este blog, en aquellas de contenido más personal o autobiográfico, pero aquí las retomo con un criterio y orientación más historicista. Creo recordar que también hice alusión a estas fiestas, de pasada, cuando hablando de las fiestas de San Fermin Txikito me referí a las fiestas de algunos de los barrios extramuros. En esta entrada me centraré, además de citar algunos hitos urbanísticos destacados, en enumerar industrias, fechas y lugares destacables y por lo que se refiere a las fiestas, sobre todo en qué lugares del barrio se concentraban sus actos y cuales eran las principales actividades de estas a lo largo de la historia. Para ello he hecho un seguimiento de sus actividades a través de la prensa local. Este tema de las fiestas me es especialmente querido, no en vano, durante muchos años,  el corazón de las fiestas del barrio se ubicaba a escasos metros de mi casa, junto a las escuelas, en la Travesía del Ave María. Intentaré incorporar material gráfico nuevo aunque no es fácil, y   reconstruiré el paisaje urbano del barrio desde los años 20 hasta finales de siglo, como si de una máquina del tiempo se tratase. Me serviré especialmente  para ello de las ortofotos existentes de los años 1929, 1945-46, 1956-57, 1966-71 y 1982. Dada la extensión de la entrada la dividiré en dos partes. Intentaré seguir este mismo procedimiento de investigación y análisis con el resto de barrios de Pamplona, aunque no les puedo asegurar cuando.

Empecemos con unas notas historiográficas sobre el barrio. Entre los siglos XIII al XV se llamó al barrio Ius o Jus La Rocha que en occitano, hablado por los francos del burgo de San Cernin venía a significar “debajo de la rocha”. La Rocha era una de las  torres de defensa de este burgo que  debía estar  en la esquina de las murallas situadas cerca del actual Museo de Navarra y que probablemente tomaría su nombre por estar situada esta torre de defensa sobre alguna roca o promontorio. Posteriormente  el nombre se vasconizó y la zona de abajo pasó a conocerse como Rochapea (en euskera, bajo la Roca o Rocha). Hasta mediados del siglo XX, la Rochapea se extendía desde el Puente de Miluce a la zona del Convento de Capuchinos, incluyendo al barrio de San Jorge. Como ya he señalado en otras entradas hasta primeros de este siglo había una taxativa prohibición de construir más allá de las murallas y, de hacerse,  tenía que hacerse con determinados elementos y sin sobrepasar determinada altura. El Camino Viejo de la Rochapea, luego Joaquín Beunza, y la calle Errotazar eran sus principales vías. Como veremos más adelante en una fotografía, con indicaciones de lugares, de Julio Altadill, de 1895, al fondo de la foto podíamos descubrir dos caminos sembrados de arboles, el Camino, luego Carretera a Villava y el Camino de los Enamorados. Entre la ciudad  amurallada y estos caminos había  una vasta extensión de campos y huertas. La estructura y vertebración del  barrio ha estado condicionada por el paso del río y las diferentes vías de comunicación, tanto de carreteras como ferroviarias. De ambas vías y calles y de algunas otras hablé extensamente a lo largo de las más de 20 entradas que dediqué al barrio de la Rochapea por lo que me referiré más sucintamente a ellas en ésta.

Si entrasemos al barrio por la Avenida de Guipúzcoa, pasada la mitad del siglo XIX, allá por finales de la década de los 60, y al lado derecho de un puente de madera que permaneció hasta 1970 descubriríamos la solitaria y recién inaugurada Estación del Norte (14-9-1860); La instalación de la estación del Norte provocó que junto a la tradicional actividad fabril de la histórica calle Errotazar surgiera posteriormente un núcleo de actividad potente en torno a la Estación, sobre todo, al norte con la Gran Tejería Mecánica e Inabonos y al sur con la azucarera de  Eugui (1926-1971) que fabricaba azucar y licores y la fábrica de Calzados López (1910-1926) que luego ocuparía el taller de fabricación de material agrícola Mugica y Arellano (1926-1974). Pasado el puente sobre el ferrocarril y también a la derecha, justo antes de llegar al cruce de Cuatro Vientos descubrimos, en torno a 1865, la casa de Domingo Chiqui, o sea la casa de D. Domingo Eugui, padre del  industrial  Carlos Eugui y Barriola.  Al otro lado de las vías del tren, en lo que sería la actual zona de Euntzetxiki (calle Ferrocarril),  se ubicaba, como he dicho, a finales de siglo Abonos Químicos de Navarra (1893),   la mencionada Tejería Mecánica, la serrería de Isturiz y la de sacos y telas de textiles Maser, entre otras empresas. Detrás de la calle Ferrocarril, tras la postguerra, se construyeron las escuelas de Unzutxiki que yo recuerdo haber visto hasta finales del pasado siglo.

En el lado izquierdo de la avenida de Guipúzcoa  no hacía mucho tiempo,  -al filo del siglo XIX-,   que había desaparecido el Viejo Monasterio de Santa Engracia. Ocupaba el principio  de la actual calle Carriquiri, la Calle Provincias, la zona de Marcelo Celayeta más cercana a Cuatro Vientos  y el principio de Joaquín Beunza; Había permanecido en el lugar durante más de 500 años, hasta que las monjas clarisas se tuvieron que trasladar  a Olite, tras  la guerra de la convención de 1794. Y es que el monasterio que había sobrevivido a tantos siglos no pudo con la orden de derribo de todas aquellas construcciones fuerapuertas que estuviesen situadas a determinada distancia de la ciudad  y con determinadas condiciones constructivas, distancias y condiciones que evidentemente el Monasterio no cumplía.  En la esquina de Cuatro Vientos había una casa con bajo más dos alturas que permaneció, apenas sin cambios, prácticamente durante todo el siglo XX. En esa casa cuentan que estaba la famosa taberna, “La Gloria Navarra” regentada por Doña Eulogia, conocida por sus famosos callos. Pasando el puente de Cuatro Vientos  llamado entonces Nuevo de Santa Engracia, para diferenciarlo del Viejo, y que era bastante más estrecho que el actual, -se ensanchó en 1932-, al lado izquierdo hallábamos el molino municipal  que surtía de harina a los hornos del Vinculo. En 1888, el molino se transformó en una central eléctrica también municipal, -la Electra Municipal- que funcionó hasta 1939 en que fue subastada y comprada por Bernardo Echamendi que la transformaría posteriormente  en Industrias del Caucho. La primitiva fábrica de cueros y charoles de Echamendi estaba en el camino de los Enamorados y sufrió un pavoroso incendio en el año 1930. Casi enfrente, en la parte derecha de la avenida, estaba Villamiranda.

Si entrasemos al barrio por el puente de la Rochapea, dejaríamos a la izquierda las Casas de Curtidores. Allí estaban las fábricas de curtidos de Yoldi y Zarranz.  A principios del siglo hubo también en este lugar una sociedad llamada “La Veneciana” que alquilaba barcas para pasear;  Enseguida llegaríamos a la plaza del Arriasko, que en euskera significa “muchas piedras”, dejando a la izquierda al Matadero de Carnes, (en el lugar desde el siglo XVI hasta finales del XIX), el nuevo se construiría en San Juan, junto a la cárcel, al despuntar el siglo; a la derecha y junto al río se encontraba el mayor lavadero de la ciudad, donde las lavanderas bajaban a lavar la ropa a la orilla del Arga y colgaban las prendas en largos tendederos;  En ese lugar,  el Ayuntamiento, en 1899,  plantaría un montón de arboles plataneros para dar sombra a las sufridas lavanderas. El antiguo matadero de la ciudad, el más antiguo, estuvo situado hasta el siglo XVI pasado el puente Viejo de Santa Engracia, a mano derecha, en una casa que se derribó parcialmente poco después. En los años 80 del pasado siglo, no obstante, una parte de la vieja construcción original todavía estaba en pié.  En la plaza del Arriasko destacaba el edificio de la Casa de los Pastores. Hasta 1813 la mayoría de las casas de la plaza eran propiedad de las Agustinas Recoletas, luego fueron compradas por el Ramo de las Carnicerías  que construyó en el lugar unas corralizas para encerrar el ganado destinado al Matadero. En 1920 se instaló en la plaza la Guardia Civil, ubicación que no abandonaría hasta 1975. En esa parte del edificio del viejo matadero que se mantuvo en pie yo recuerdo de niño que estaba habitado por familias  gitanas, y creo que aun queda hoy en día algún resto edificatorio que sirve de sede al Club de Remo.

Saliendo de la plaza  hacia Errotazar,  pasada  la  fundición  de Gamarra, podríamos meternos por el Camino Viejo de la Rochapea hasta desembocar en  los caminos de Enamorados y Villava.  Los núcleos más densos de población de la Rochapea se instalaron a principios del siglo XX, al igual que las industrias,  junto al puente de la Rochapea, Errotazar, Joaquín Beunza (llamada así desde 1937 pues antes se llamó  de García Castañón (1931), Ramón y Cajal (1935) y Camino de la Rochapea de nuevo (en 1936)); Camino de los Enamorados, Avenida de Guipúzcoa y Marcelo Celayeta, avenida que,  a la postre y desde mediados del siglo XX se convertiría en la arteria principal del barrio. Al lado izquierdo del Camino de la Rochapea, luego calle de Joaquín Beunza,  nos toparíamos, desde 1936, con la fundición de Sancena, el vivero municipal  y  los restos de la fábrica de gas  inaugurada en 1861, con su alta chimenea, que había producido  gas para el alumbrado de la ciudad y en donde se ubicarían durante más de un siglo, desde finales del XIX hasta principios del XXI,  los corralillos de los toros.

La fábrica subía el gas por tuberías a la ciudad y  vendía también alquitrán, carbón de cok y agua amoniacal. La fábrica dejó de funcionar durante algunos años por el encarecimiento del carbón de hulla, debido al bloqueo de la ciudad por los carlistas (1872-76) y pocos años después (1888), con la instalación de la luz eléctrica en la ciudad, dejó de tener sentido su existencia. En 1898 la compró el Ayuntamiento dedicándola primero en albergue para pobres y más tarde, desde 1899,  para desencajonar los toros para San Fermín. En 1918 se adecentaron definitivamente para este fin. En 1943 se derribaron las viejas construcciones, habilitando los corrales tal y como los conocimos hasta el año 2004, año en que se derribaron por completo y se ubicaron en un lugar cercano. Yo creo recordar que por esta zona también había una perrera municipal. En esta calle encontrábamos, además, un  lugar de referencia como Casa Placido, con su taberna y su patio, tan frecuentados durante los sanfermines, al comienzo de la calle y Casa Típula en su tramo final. Otras industrias que estuvieron asentadas en esta calle, a lo largo del siglo XX,  fueron la fábrica de botones de Castells (donde  se ubicó luego el colegio de las Mercedarias, la fábrica de hielo y espumosos Arancha, la de palillos de Antuñano, la de cohetes “El Cohetero”, la de palos de escoba de Seminario, herramientas de corte de Isturiz, frenos de Alfredo Urra y Manuel Ros (en los años 50), la trapería de Estremera ya al final de la calle cerca de la confluencia con el Camino de los Enamorados. Aquí, en el camino de los Enamorados estuvo además de la fábrica de Bernardo Echamendi y también  la de órganos Roques que funcionó durante 10 años y se quemó en 1923, tal y como recoge la prensa de la época y en el término de Santa Engracia, enfrente de la Iglesia del Salvador,  la fundición de Apolinar Arrieta.

En la calle Errotazar se agrupaban, también a finales del siglo XIX y principios del XX, muchas casas e hitos urbanísticos  e industrias  del barrio, y las cito por orden de aparición, la lavandería o colandería de Tabar (donde se cocía la ropa con ceniza), la casa y fábrica de curtidos de Baldomero Navascués, que daría lugar al nombre del lugar, conocido como patio de Navascués, y que, además, era primo carnal de Pablo Sarasate);  En esta zona había también fábricas de cerveza, curtidos, de velas y sebo y una herrería, más adelante estaba la fábrica de fideos del señor Armendariz que se llamaba “La Navarra” y que poseía una tienda en la calle Mayor, enfrente una serrería y la casa de la Cenona, más adelante la Casa de la Parra (luego de la familia Lorda), la Casa de Vergara, la casa del Obispo y las casas de Mina y trás estas el Prado de la Lana (1736), donde se lavaba la lana, y el Molino de Alzugaray y muy cerca de allí, aprovechando el agua de la presa de San Pedro, el huertano Redin  organizó los primeros baños públicos de la ciudad,  a principios del siglo XX, por 0,10 pts el servicio, a Redin le llamaban “el mochorro”, de ahí que se conociese el paraje como “la huerta del Mochorro”.

Y al otro lado de la calle y hasta la esquina de Errotazar con el camino de Enamorados estaba  el Prado de la Cera donde se blanqueaba la cera y se extendía al sol cuya existencia parece que data del siglo XIV. Entre las huertas más conocidas que suministraban sus frescos productos al Mercado de Santo Domingo estaban las de Udobro, Beunza (el diputado), (luego Turrillas), Huici, Caparroso, Chancharrana, Zabalza, Elizalde, Berasain, el mencionado Vergara, Gervasio, etc. La zona de huertas llegaba desde Errotazar al puente de Santa Engracia y fueron eliminadas al filo del siglo XXI, por la construcción del nuevo parque fluvial.

En tiempos llegó a haber en la Rochapea viñedos al igual que los hubo en la falda del San Cristobal, para hacer txakolí y también cinco fuentes, tres de las cuales las tengo localizadas,   una de ellas pasado el viejo puente de Santa Engracia, a mano izquierda, que fue tapada en los años 60,  la otra estaba al final del camino de los Enamorados junto a las Escuelas de Lavaderos y la tercera en el margen izquierdo de la calle Errotazar, después de pasar el puente y la presa de San Pedro.  Siguiendo la calle Errotazar,  más allá de este primer y  denso tramo, nos topábamos con el viejo puentecillo de Errotazar, la presa de San Pedro y bordeando el rio, a mano izquierda dejábamos el Monasterio Viejo de San Pedro antiguamente Convento de San Pedro, el primer y más antiguo convento medieval de la ciudad, construido en el siglo XIII, habitado primero por los padres franciscanos y luego por  las Petras, religiosas que estuvieron en él hasta 1969, año  en que el edificio quedó abandonado. El edificio en rápido proceso de deterioro  sirvió de albergue durante algunos años a  algunas familias gitanas, hasta que fue recuperado y rehabilitado por el Ayuntamiento. Luego llegábamos hasta la iglesia de San Pedro, junto al convento de los Capuchinos. El convento data del siglo XVII y la iglesia del convento rehabilitada,  se abrió al culto de los feligreses en el año 1952.

Pero cambiemos de tercio y recordemos como vivían los rochapeanos sus fiestas a mediados del XIX, incluso antes. Se tienen noticias de que las fiestas de la Rochapea se celebraban en la plaza del Arriasko o de los Pastores, junto al Matadero Nuevo, al menos desde el siglo  XVI. En aquellos lejanos siglos y posteriores preocupaba a los poderes políticos y religiosos sobre todo  la llamada moral pública, siempre ha habido la natural tendencia de los poderes públicos por controlar a la población en sus comportamientos; los bailes  posibilitaban el contacto siquiera fugaz entre hombres y mujeres y  el alcohol desinhibía al personal. Lo demás se lo pueden imaginar. Según dichos poderes públicos este tipo de acontecimientos festivos  incitaba a las peleas o riñas  y al desenfreno carnal. Así que era relativamente frecuente la publicación de edictos decretando la contención o incluso la prohibición de determinados actos festivos. En cualquier caso era preceptiva la previa autorización para su celebración. Y esto sucede al menos en los siglos XVI, XVII y XVIII, incluso en el siglo XIX. Las primeras fiestas debieron estar bajo la advocación de Santa Engracia. A partir del XIX las fiestas estarían bajo el patronazgo de San Lorenzo, de cuya parroquia dependía el barrio, celebrándose los días 10 y 11 de agosto. En aquellas fiestas las actividades se reducían a comer, beber y danzar, al son de los  juglares y sus antiguos instrumentos. Entre las danzas de las que se tiene conocimiento se encuentra la llamada  karrikadantza o correcalles y más tarde el baile de la Era y entre los instrumentos musicales más frecuentes la txirula o la gaita, flauta y el tamboril; más adelante llegarían las charangas. La figura de los mayordomos se hace presente sobre todo desde el siglo XIX. También había cohetes, hogueras y se degustaba el tradicional relleno y los piperropiles.

Es desde mediados del siglo XIX hasta la época de la guerra civil cuando experimentaron mayor auge las fiestas para ir posteriormente decayendo y resurgir más tarde, siendo muy habitual que los habitantes de intramuros acudiesen también a las fiestas extrabarriales como las de la Rochapea. Además de en la plaza del Arriasko,  a finales de siglo,  comienzan también a celebrarse algunos actos festivos en la explanada existente frente a la recientemente construida estación del ferrocarril del Norte, al hilo de la pujanza industrial y poblacional de este segundo enclave, si bien el grueso de los actos se seguiría celebrando en la plaza del Arriasko o en el Gas hasta décadas más tarde. El baile solía durar,  al filo del nuevo siglo,  hasta las 12 de la noche. Durante los primeros años del siglo XX y hasta 1918, las fiestas de San Lorenzo se celebraron por duplicado, o mejor dicho en dos escenarios diferentes, abajo, en la Rocha, en la plaza del Arriasko y arriba, en la ciudad, en la plaza de Recoletas, si bien el baile se solía celebrar en los jardines de la Taconera o en el Rincón de la Aduana.

En los primeros años de la segunda década del siglo XX el  baile se celebró en el patio y salas de la antigua fabrica del Gas. Al final de la segunda década del siglo se empiezan  a producir grandes cambios, los actos religiosos se celebran en la vecina parroquia del Salvador, inaugurada el 2 de abril de 1916, la 1ª piedra de la iglesia se había puesto  el 12 de abril de 1914.  En esta segunda década del siglo  comienzan a coger más auge las actividades festivas en el barrio de la Estación, perdiendo fuerza las del barrio hortelano, sin embargo durante un par de años hubo  dos bailes, uno frente a la Estación y otros en la zona del Gas, desapareciendo  durante una década  las actividades festivas de San Lorenzo en el Casco que se retomaron con fuerza mediados los años 20, con verbena en la Taconera y becerrada incluida. El motivo de la suspensión estuvo, al parecer, originada en las tasas que el ayuntamiento quería cobrarles por organizar las fiestas, Aunque dicha recuperación duraría poco tiempo ya que no hay actividades festivas en el Casco a  partir de 1927.

A finales de los años 20 se pensó en enlazar Madrid con Paris por Alduides y hubo un proyecto de  tirar una vía por Marcelo Celayeta. Se trajeron  materiales y vinieron ferroviarios de otras comunidades pero la idea se desechó y nuestra vieja estación se quedó en lo que es actualmente, en una estación de segunda categoría con escasas comunicaciones y servicios. En 1911 se había inaugurado el Irati, un ramal bajaba por el Portal Nuevo y la Cuesta de la Estación hasta la Estación del Norte, otro ramal iría desde 1914 por la actual calle Carriquiri, justo donde sigo viviendo desde mi infancia, para conectar con la Estación del Empalme del Plazaola. Y es que a partir de 1914 por el barrio comenzó a atravesar  otro ferrocarril de vía estrecha, el Plazaola, que tenía la estación del Empalme en la confluencia de las actuales calles  Carriquiri y de Bernardino Tirapu. Pero la relación del barrio con el tren no acaba aquí. Con la carbonilla del tren del Norte se hicieron en 1920 las casas 55 y 55 bis de Marcelo Celayeta, junto a las escuelas del mismo nombre, que fueron derruidas a partir del año 1996.  Las escuelas de la Carbonilla fueron impulsadas por el régimen republicano en los años 30  para hacer frente a la oferta educativa confesional de las escuelas del Ave María.

Las antiguas escuelas del Ave-Maria son una parte importante de la memoria personal de varias generaciones de pamploneses del barrio de la Rochapea. Se empezaron a construir el 21 de marzo de 1915, terminándose, junto a la  iglesia del Salvador,  el 2 de abril de 1916. Su fundador fue D. Marcelo Celayeta, párroco de San Lorenzo, que se inspiró en las escuelas del mismo nombre que impulsó en Granada el pedagogo Andrés Manjón. Fue dirigida por D. Marcelo Celayeta hasta su muerte el primero de mayo de 1931. Fueron sus primeros maestros, formados en el método manjoniano, Don Gervasio Villanueva y Doña Maria Marillarena. Los niños aprendían jugando con piedras, cintas de colores, piezas metálicas, etc. También se cuidaba la formación musical llegando a formarse una banda de 28 músicos. De dicha escuela y sus métodos hablé con más detenimiento en la entrada dedicada a las “escuelas, cantinas y colonias”, por lo que no me extenderé más aquí.

En las fiestas del barrio de la Estación se incorporaron dianas al programa, además de los clásicos bailables, con banda de música incluida y conciertos en la arboleda junto al río, también enfrente de la Estación, cerca de las antiguas escuelas, junto a la finca de Eugui. La banda del Ave María y Gurmensindo Bravo se convertirían en protagonistas fijos de algunas de las actividades durante algunos años. Las fiestas se celebraban inicialmente por cuestación popular entre los jóvenes del barrio, implicándose más tarde al tejido económico y comercial. Las actividades festivas en la zona del Gas desaparecerían  a finales de los años 20 al tiempo que cogían auge las de la zona de la estación. Atrás quedaba el chunchunero con la gaita y el tamboril, los piperropiles, los mayordomos y los bailes en el Gas. Bandas de música, charangas, guitarras, violines y bandurrias amenizaban las veladas musicales. En los años 30 se comenzó a organizar alguna prueba deportiva, como el Circuito de la Estación (1934), una carrera ciclista de aficionados. La guerra civil provocó la suspensión de las fiestas entre 1936 y 1938.  No fueron pocos los vecinos de este barrio represaliados por el movimiento golpista que acabó con el régimen republicano.

Pero ¿cómo era la Avenida de Marcelo Celayeta, entonces carretera de Villava en estas primeras décadas del siglo XX y en general el barrio?. Intentaré trazar una descripción lo más completa posible como si hubiera estado alli. La carretera a Villava estaba semiescondida entre arboles  y postes de luz que irían desapareciendo a medida que el camino se convertía en avenida y se fue urbanizando con nuevas construcciones y equipamientos.  Hasta 1916 no veremos la referencial silueta de la torre de la iglesia del Salvador.  En los años 29-30, además de la iglesia del Salvador y de las cercanas escuelas del Ave María, todavía sin la ampliación que conocí de niño, podemos contemplar en las fotos aéreas de la que se dispone un abigarrado núcleo de casas e industrias en torno al cruce de Cuatro Vientos que se haría más denso cuanto más avanzase el siglo; junto a él, la vieja calle de las Provincias, todavía no se había construido nada en su lado derecho, al margen de alguna construcción  a su izquierda. Como dice Ricardo Ollaquindía,  al fondo de la Calleja, en el centro, había una casa colorada, y dos salidas a los lados,- por las que se iba a la vía del Irati,  y al puente sobre la vía del tren, al que sería luego el campo de fútbol del Rochapeano (a la derecha) y al campo con hierba de Úriz (a la izquierda). Lo pueden observar en la ortofoto correspondiente.

En cuanto a las escuelas que estaban tal y como se inauguraron 14 años antes, una tapia cerraba la trasera dejando un campo de fútbol más reducido en su interior que el conociese 40 años más tarde y lo que parecía un frontón. La iglesia era más pequeña, no llegaba como luego hasta el  camino o carretera a Villava. Había, como he dicho arboles flanqueando ambos lados del camino y junto a la iglesia y escuelas había otras construcciones, situadas igualmente cerca de la carretera, me refiero a las casas que luego serían el nº 1, 2, 3, 4 y 5 del Ave María, estas casas construidas con piedra y  sin demasiado artificio, probablemente fueran de la primera o segunda década del siglo;   Enfrente, al otro lado había algunas viejas construcciones bajas de una o a lo sumo dos plantas, en muchas ocasiones con corraliza, un viejo bloque de viviendas de 1917 que aun se conserva, (es actualmente el edificio de viviendas más antiguo del barrio,  aunque está fuera de ordenación y se prevé su inminente derribo, encajonado entre las casas de Oscoz que se construirían por Severino Oscoz Barbería en 1955), y algunos caserones sueltos tanto a un lado como a otro de la carretera (probablemente de aquella época fuese la que llamábamos casa de la Marichu o  las Bodegas de los Matossi, que  fabricaba los licores del Café Suizo,  los Matossi, unos emprendedores suizo-italianos se habían instalado en la Rochapea en 1844 y eran   dueños del conocido “Café Suizo” de la plaza del Castillo dedicándose inicialmente a la fabricación de aguardientes y licores. Era famoso su “Licor de Chardon” a base de frambuesa.

Por cercanía a mi hogar recordaré que por la actual calle Carriquiri discurría el ramal que conectaba la Estación del Norte, el Irati y el Plazaola. Este ramal marcaba un pequeño arco en la zona más cercana a la actual calle Bernardino Tirapu, cerca de las Casas del Salvador, y conectaba con el Plazaola a través de ese arco. Atrás se podían ver la Estación del empalme y otras construcciones y muelles de descarga. La Rochapea era un inmenso paraje lleno de campos de labranza allí donde posteriormente 25 o 30 años se erigirían cientos de pisos y pisos. Pasado el cruce del Plazaola con la carretera a Villava encontrábamos el mencionado barrio de la Carbonilla. En esta época ya eran perceptibles los diferentes senderos y caminos del barrio que se convertirían años más tarde en carreteras y ejes principales: Cruz de Barcacio, camino  a Artica, camino a  Ansoain. Hasta los años 50, las calles Joaquín Beunza y Errotazar se componían de las casas y lugares mencionados anteriormente y algunos pocos más. Si revisáramos la entrada dedicada a la calle Joaquín Beunza veríamos que la mayor parte de los edificios señalados en ella, salvo  los bloques construidos en los años 50 a 70  ya aparecían a primeros de siglo, más cuanto más avanzase la centuria. Casas aisladas, campos y huertas que pueden verse en multitud de postales de la época. Resulta chocante ver, en cambio en la ortofoto, algunas construcciones en el tramo final de la calle Errotazar muy cerca de Capuchinos, que desaparecieron hace muchos años, Alli había un lavadero, una fuente y un abrevadero. El camino de los Enamorados estaba repleto de árboles a ambos lados. En la zona de Trinitarios no estaba construido el convento de las Oblatas pero si había una nave que yo recuerdo sobrevivió hasta hace pocos años, creo que fue en el 2009 si mal no recuerdo.

Finalizada la guerra, la Rochapea contaba con 4.300 vecinos. La Iglesia del Salvador se había independizado  de la de San Lorenzo.  Y comenzaron  a instalarse de forma progresiva más talleres e industrias.  En cuanto  a las fiestas se recuperarían las fiestas, adelantándolas algunos días, del 10 de agosto pasaron al 6 y de depender de la parroquia de San Lorenzo pasaron a hacerlo de la Iglesia del Salvador y a celebrarlas bajo su patronazgo. Se organizaron nuevamente competiciones deportivas; ciclistas y de partidos de pelota fundamentalmente, en el frontón de Ayerra, además que va teniendo un creciente peso  en el barrio el C.D Rochapeano fundado en tiempos de la República, si bien pasa por enormes dificultades hasta que se hace con un campo propio en 1955, en lo que yo conocí como el campo del Gure. Pero la recuperación sería fugaz. Las estrecheces económicas y la axfisiante rigidez moral harían que las fiestas, a excepción de los actos religiosos desapareciesen durante la mayor parte de la década de los 40. En cuanto al barrio, las escuelas del Ave María habían duplicado desde 1935 su oferta con 11 aulas,  5 de niños y 5 de niñas y una mixta, la del párvulos. En la ortofoto de 1945 se puede observar la existencia en la parte más cercana a Carriquiri de las que llamábamos escuelas de las chicas, aunque aun no se había ampliado la parte de los chicos que yo conocí de niño, las aulas que luego se dedicarían a párvulos, 1º y 2º.

En la ortofoto de 1946 aparecen nuevos edificios en el lado izquierdo de la carretera a Villava, en el tramo existente entre Cuatro Vientos y la Carbonilla, así como en la parte derecha de la calle de las Provincias. En el Ave María se habían construido los números 8 (1940), 14 y 15 y el chalet de las higueras que quedaría luego encajonado entre los números 9 y 13 de la calle. En 1945 se ampliaría la iglesia en un tercio de su volumen tal y como señalé en la entrada correspondiente del blog. En Joaquín Beunza a los tradicionales enclaves se había sumado alguna construcción más. Por lo demás y pese al incremento en el nº de construcciones, estas seguían estando un tanto dispersas y el parcelario mantenía unas características similares a las de décadas anteriores, casas de 2 o a lo sumo 3 alturas, fincas de ocio, como la de Elizari en el cruce de Enamorados y el Plazaola o casas de labranza con sus huertas, jardines o corralizas.  Ya no se blanqueaban las ceras en el Prado del mismo nombre, aunque seguían existiendo el lavadero, la fuente y el abrevadero de Errotazar y cerca del cruce de Enamorados y Errotazar se habían construido las escuelas de Lavaderos.

Será en 1949, año en que se acaban de terminar las casas municipales de Pedro cuando las fiestas conozcan un resurgimiento con multitud de pruebas deportivas: ciclismo, pelota, boxeo, baseball, aunque será  flor de un día, más bien de un año. Ese año hubo música, orquestina de baile,  en la llamada Rochapea Vieja (Errotazar) y música de orquestina y txistu en el barrio de la Estación. A mediados de los 50, la Rochapea contaba con 7.500 vecinos,  las actividades festivas vuelven a resurgir de mano fundamentalmente del C.D Rochapeano que promueve un pequeño campeonato de fútbol con los diferentes equipos de las diferentes zonas del barrio: Arsenal, Beunza, Celayeta, San Jorge, Salvador, etc. No olvidemos que la Rocha era y lo fue durante mucho tiempo un barrio de barrios, pero las fiestas vuelven a decaer, aparte de los actos religiosos, alguna diana, cohetes y una orquestina en el horario de tarde-noche.

Fotografías por orden de aparición: Nº1: Postal de la Rochapea. Años 20. Nº 2: Puente de Santa Engracia y molino municipal antes de convertirse en central eléctrica. Anterior a 1888. Roldán. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº3: Postal Vista General Pamplona desde la Rochapea. Posterior a 1914. Nº 4. Gran Tejería Mecánica. 1909. Aquilino García Dean.  Nº 5. Etiqueta de anisado de la fábrica de Carlos Eugui. Nº 6: Foto de Carlos Eugui Barriola. Nº 7: Puente de la estación. Anterior a 1950. AMP. Nº 8: Foto cruce de Cuatro Vientos. Principios de siglo. José Ayala. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 9: Anuncio de la fábrica de Bernardo Echamendi. Nº 10: Molino de Santa Engracia. 1903. José Ayala. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 11: Puente y Camino  de la Rochapea. 1895. Julio Altadill. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 12. Ortofoto 1929 de las calles Joaquin Beunza y Errotazar. Nº 13. Anuncio Casa Sancena. Nº 14: Casa Placido.  Nº 15: Factura Espumosos Arancha. Nº 16. Foto de la calle Errotazar anterior a 1870. Mauro Ibañez. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 17: Panorámica completa de la Rochapea. 1895. Julio Altadill. Pamplona, calles y barrios. J.J Arazuri. Nº 18: Ortofoto 1929 de la calle Errotazar. Nº 19. Prado de la Cera. 1935. Bozano. Nº 20. Fiestas de la Rochapea a principios del siglo XX. Plaza del Arriasko. Miguel Goicoechea. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 21. Fábrica de Gas. Año 1870. AMP. Nº 21: Ortofoto 1929 del barrio de la Estación. Nº 23: Factura de Calzados López. Nº 24: El Irati bajando por la Cuesta de la Estación. Años 20. Nº 25. Escuela de la Carbonilla. J. Cia. 1950. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 26. Iglesia del Salvador. 1917. Aquilino Garcia Dean. Nº 27. Ortofoto 1929 de la zona de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 28: Postal de la Rochapea. Zona de Joaquin Beunza. Años 20-30. Nº 29: Foto del Camino Viejo de la Rochapea. Años 20. Luis Rouzaut. Nº 30. Postal del Plazaola a punto de introducirse bajo el túnel. Años 20. Nº 31: Postal de la Rochapea. Años 20-30. Nº 32: Ortofoto 1945 de la zona de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 33. Ortofoto 1945 de Joaquín Beunza.  Nº 34: Ortofoto 1945 de la calle Errotazar. Nº 35. Casas de San Pedro recién construidas. 1950. J. Cía. Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra.