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El teatro en el Viejo Pamplona (1930-1985)

El teatro nunca ha sido, en las últimas décadas, un espectáculo de masas en Pamplona sino más bien todo lo contrario, fue por lo general, salvo géneros menores,  un espectáculo  de élites o  minorías cultivadas,  acomodadas y más bien conservadoras en el último tramo del XIX  o de jóvenes inquietos culturalmente y progresistas, en el último tercio del siglo XX. Y es que la cultura, en su más amplia acepción,  y sus diferentes manifestaciones: cine,   literatura,  teatro…, han sido, con frecuencia, medios no solo de entretenimiento o diversión sino herramientas para remover las conciencias y cambiar el mundo o al menos para intentarlo. Desgraciadamente el mundo  no ha cambiado demasiado, en muchos aspectos, en los últimos tiempos, y  no lo ha hecho necesariamente siempre a mejor. De ahí que no sea casualidad que  la edad dorada y más fructífera del teatro en Pamplona se inicie precisamente en una época de falta de libertades: a caballo entre las postrimerías del franquismo y de nuestra agitada transición. Pero bueno, vayamos hacia atrás en el tiempo, hablando, siquiera brevemente, del origen del teatro en nuestra ciudad, representaciones que, en sus orígenes, se confundían, como lo hacían en el resto de España, con el teatro religioso, los conocidos autos sacramentales, que se celebraban en fechas como las del Corpus o en las festividades locales, con autores vinculados a las iglesias y actores aficionados procedentes del pueblo llano o de los Estudios de Gramática de la época. A partir del siglo XVI el teatro adquiere un carácter más comercial, con compañías profesionales que empiezan a hacer giras por pueblos y ciudades. Las representaciones comienzan a celebrarse en espacios destinados especialmente para ello, relevando parcialmente a las iglesias. En Pamplona, tenemos que referirnos necesariamente a la Casa y Patio de las Comedias de la que tenemos referencia al menos desde 1608, ubicada en la confluencia de las calles Lindachiquia y Comedias, en los actuales números, 12, 14 y 16 de la calle Comedias, y propiedad de la Institución de los Niños de la Doctrina Cristiana precedente, en su actividad benéfica, de la Casa de Misericordia. (La citada casa estaría situada aproximadamente donde el viejo caserón que aparece en la foto de la calle Comedias del año 1925).

En este teatro, como en todos los patios y corrales de comedias de la época, había una clara segregación social, incluso por sexos, cada clase ocupaba un espacio diferente y separado del resto, en función de su ubicación en el escalafón social. Había, además, rigurosas ordenanzas o directrices para mantener la moral y las buenas costumbres. Durante 9 años, los que van de 1720 a 1729 no se hicieron representaciones teatrales en Pamplona por un voto que hizo la ciudad para librarse de una epidemia de cólera, del cual el tuvo que eximir el mismo Papa. A lo largo del tiempo se fueron representando comedias, entremeses, sainetes, títeres y espectáculos de danza y desde finales del XVIII opera italiana y otros espectáculos musicales. Cada espectáculo solía atraer un determinado tipo de público. Este teatro seguiría en funcionamiento hasta 1840 fecha en la que se construye, en la plaza del Castillo, en uno de los solares de las Carmelitas Descalzas, el antiguo Teatro Principal, luego Gayarre (desde 1903), cuya imponente  fachada vemos en una de las fotos, de 1860,  que encabeza esta entrada. Se inauguró el teatro en 1841 con la comedia “Un vaso de agua” y permaneció en pie en su ubicación hasta el año 1931 en  que se trasladó a la naciente avenida Carlos III aunque manteniendo su fachada. Se inauguró con la misma función que lo cerró. El teatro sufrió una reforma importante en 1949 y una segunda en 1969 tras un pavoroso incendio que empeoró, dicen los expertos, su acústica. En las fotos que aparecen junto a este párrafo vemos el escenario y el patio de butacas original del Gayarre antes de la reforma del 49. Actualmente y tras 50 años de ser explotado por la SAIDE es un teatro totalmente municipalizado.

Ha habido otros espacios, al margen del Teatro Gayarre, que han servido para albergar representaciones teatrales. A finales del siglo XIX se instaló cerca de la antigua Audiencia el Teatro Circo Labarta, luego en 1891, el teatro se trasladó detrás de la plaza de toros vieja y más tarde se ubicó en el solar donde se construyó posteriormente  el edificio de Telefónica en Cortes de Navarra. Ofrecía funciones de teatro, circo y zarzuela. Contaba con 500 localidades y varios palcos. Fue alquilado, posteriormente, a un valenciano de apellido Belloch y desapareció en 1915 a causa de un incendio. El segundo gran teatro pamplonés fue el Coliseo Olimpia, situado en la esquina de San Ignacio con Cortes de Navarra. Como ya señalé en la entrada dedicada a los cines, el Coliseo Olimpia se inauguró el 6 de julio de 1923   por la compañía lírica “Zuffoli-Peña”, con la opereta vienesa “La noche azul”. En su escenario actuó la cantante de varietés Josefina Baker que protagonizó un sonoro escándalo para la época. El hecho se produjo, concretamente, el 8 de abril de 1930. Los periódicos conservadores de Pamplona calificaron el espectáculo de pornográfico con frases como las que siguen “ejecuta danzas lúbricas de salvajismo primitivo que excita los groseros instintos…haciendo ostentación de impudor cínico y desvergonzado…”.Hubo una misa de desagravio en la vecina iglesia de San Ignacio y el teatro recibió diversas amenazas. El Olimpia albergó espectáculos de revista, variedades y actuaciones folklóricas (como vemos en el programa de mano, a la izquierda del párrafo), ya que las cláusulas del contrato de arrendamiento del Gayarre, no permitían este tipo de espectáculos. El grupo de teatro “El Lebrel Blanco”, del que hablaré más adelante también tuvo un local teatral, fue el Pequeño Teatro de la calle Amaya, con capacidad para unos 300 espectadores, construido en 1976. La cesión del propietario, el constructor Huesa, terminó tras la colocación de una bomba en 1978 durante las representaciones de “Navarra sola o con leche” que destrozó la entrada y parte de la sala de butacas.

Otros locales pamploneses donde se representaron obras de teatro fueron los salones de Salesianos, Maristas, -cuya sala de butacas vemos en la foto de la izquierda-, Sagrado Corazón y por lo general muchos cines y locales parroquiales o de centros educativos. El cine Chantrea, desde 1982, y el Guelbenzu, reconvertido en una fallida aventura empresarial en el Teatro Mira albergaron actos teatrales. Me referiré brevemente a este último intento de crear un nuevo teatro en Pamplona. En julio del 2000, el antiguo Guelbenzu se reconvirtió en una sala de teatro de gestión privada con capacidad para 435 espectadores, aunque su actividad duró un mes. En noviembre de 2001 sus gestores realizaron un segundo intento que duró dos años. La falta de subvenciones públicas puso fin a la aventura, pese a que su director, como forma de protesta, hiciera una huelga de hambre durante 26 días. Actualmente el Zentral, aunque especializado sobre todo en música, ofrece de vez en cuando espectáculos de café teatro. Anteriormente tan solo se hicieron estos espectáculos de café teatro, de forma esporádica, en algunos bares o salas de fiestas,  con una clara vocación de contacto directo con el público. Hasta los años 20 y 30 del pasado siglo no podemos hablar propiamente de grupos de teatro navarros. Al margen de la comercial, había representaciones privadas en gente con alto poder económico o en colegios y entidades culturales. El Ateneo de 1932 formó el grupo teatral SALDO que en 1934 representó “El coloquio de las edades”. El Ateneo trajo este mismo año al teatro universitario “La barraca” con obras de los clásicos. En 1933 se formó en Pamplona un grupo de teatro, dentro de la Asociación de Estudiantes de Magisterio. El Circulo Carlista  montó su grupo de teatro de la mano de Ignacio Baleztena con obras de Benavente y otras  suyas propias, labor que seguiría impulsando el citado Baleztena dentro de la peña Muthiko Alaiak. Baleztena trabajó también mucho el teatro de títeres o “curriños de guiñol” con obras suyas, también de contenido político pro-carlista y representaciones por los pueblos. También hizo sus pinitos teatrales el sindicato UGT en los años anteriores a la guerra, los nacionalistas y diferentes instituciones católicas: Centro Mariano, Hijas de María, Servicio Doméstico, Salesianos, etc. Respecto a estos últimos, se trataba en la mayoría de los casos de dramas religiosos o clásicos, interpretados  por cuadros de actores formados por integrantes de un solo sexo.

Tras la guerra las actividades teatrales se extendieron a algunas parroquias y otros colegios religiosos como los Maristas con temas religiosos, clásicos, zarzuelas  o autores del régimen  como Pemán y Vallejos. Estos cuadros de actores ya mixtos comenzaron a menguar y desaparecer mediados los años 50 con la explosión del cine y la irrupción de la televisión, los últimos en hacerlo fueron los del Servicio Doméstico y Salesianos. En esta época merece destacarse la obra del padre Carmelo, (cuya foto vemos junto al anterior párrafo), fundador de la Institución Cunas,  que en 1949 creó la agrupación teatral “Tirso de Molina”. El grupo duró hasta la muerte de su fundador en 1959, habiendo representado, en este período ,más de una treintena de obras. El padre Carmelo solía hacer durante las navidades representaciones teatrales basadas en cuentos de Andersen o de los hermanos Grimm a beneficio de la institución Cunas. En las funciones, celebradas en el Teatro Gayarre y en el Coliseo Olimpia, se realizaba el reparto de las cunas que la Institución daba a los niños de familias necesitadas. En 1959 se constituyó el “Teatro Universitario” de Navarra perteneciente al SEU.  Más tarde, a principios de los años sesenta, se constituyó el “Club de Teatro del Estudio General de Navarra”. Con este grupo y otros  que fueron surgiendo posteriormente, se fundó en 1970 el “Grupo de Teatro” de la Universidad de Navarra.

En 1964 nacía el primer cuadro teatral independiente, al amparo de los Salesianos. Provenían muchos de sus integrantes de la agrupación “Tirso de Molina” y comenzaron llamándose “Amadís de Gaula”, para finalmente llamarse simplemente “Amadís”, tras su fusión con el grupo de teatro de Salesianos. Obtuvieron diversos premios. En 1976 parte del grupo se unió al naciente Lebrel Blanco. Representaron más de una treintena de obras entre ellas “El bardo de Izalzu”, con adaptación de Patxi Larrainzar. Vinculados a este grupo estaban Manuel Monje, Javier Escribano, Javier y José Garín entre otros. En 1967 nace el grupo “Valle Inclán” vinculado a Salesianos que empieza a estrenar obras de vanguardia, de autores como Camus, Becket, Bretch, Arrabal. Desapareció en 1969. Durante el franquismo, al margen de estas experiencias locales,  de vez en cuando arribaba a la ciudad alguna compañía nacional de repertorio, en el mejor de los casos, alguna obra seria, por ejemplo de Buero Vallejo,  en el peor zarzuelas, revistas o la clásica representación sanferminera de Pedro Osinaga o  Paco Martínez Soria, estas las recuerdo yo al menos en los años 70.

En 1971 nacía un grupo que hará historia en la ciudad. Me refiero a “El Lebrel Blanco”. En el había actores procedentes del grupo “Amadís”. Inicialmente hicieron obras infantiles y sus actuaciones se celebraban en el Gayarre los domingos por la mañana. Posteriormente se enfrentaron a obras más complejas como “Yerma”, “1789”, de la que ofrezco una foto junto a este párrafo  y otras representaciones recibiendo diferentes premios nacionales. Entre 1976 y 1978 El Lebrel Blanco acometió varias obras polémicas vinculadas a cuestiones políticas de candente actualidad, me refiero a “Carlismo y Música Celestial”, “Navarra sola o con leche” y “Utrimque Roditur”, todas ellas escritas por Patxi Larrainzar (el conocido sacerdote de la Iglesia del Salvador que vemos junto a este párrafo), con numerosas representaciones, abundante  público (nunca el teatro atrajo a tanta gente como entonces) y algunos premios en festivales nacionales. Dirigió el cuadro de actores de El Lebrel Blanco  en este período Valentín Redin,  realizando más de 40 montajes a lo largo de su historia. Del Lebrel Blanco, a finales de los 70 surgió la iniciativa de crear un Teatro Estable de Navarra, con tres partes, una escuela de teatro, cuya génesis inicial se remonta a 1979,  el grupo de teatro El Lebrel y una asociación de espectadores que nunca llegó a funcionar. La escuela se instalaría finalmente en el antiguo cine Arrieta de la calle San Agustín y  nació como tal en el curso académico 1985-86 a instancias de la Institución Príncipe de Viana y a partir de la demanda de los grupos de teatro y diversas personas vinculadas al ámbito teatral de Pamplona. Durante esta década y la siguiente se celebraron Semanas de Teatro a las que acudieron grupos como “Akelarre”, “Els Joglars” o “Dagoll Dagom”. Fue importante aunque no exenta de polémica la muestra teatral de 1984 en la Ciudadela, dentro de los Festivales de Navarra, con 14 grupos de teatro entre los que cabe citar “La fura dels baus”. En 1980  el TEN (Teatro Estable de Navarra) se escinde, El lebrel blanco siguió un camino y la Escuela de Teatro, transformada en grupo teatral, otro.

En los años 80, comenzaron a nacer grupos de teatro en los institutos. De Navarro Villoslada saldría “Esperpento”, nutrido por actores salidos de las experiencias teatrales de Ignacio Aranguren. De su teatro escolar, surgido en 1978,  surgirán en el futuro numerosos actores y gente del teatro. A la derecha vemos una foto de una representación del teatro del Instituto Navarro Villoslada, con la actriz Amaia Lasa en escena. Aranguren, recientemente galardonado con el premio Príncipe de Viana,  se atrevió con grandes textos y autores como Moliere, Bretch, Alarcón, Valle-Inclán o Buero Vallejo. La experiencia se reproduciría en los Institutos de la Plaza de la Cruz, de la mano de Mª Jose Goyache y en Irubide de la mano de Germán González. También ha habido grupos de teatro escolar en Salesianos, Maristas, Sagrado Corazón, Santo Angel y Jesuitas. Algunos grupos de esos años fueron Acuario, Xauli, Joko,  Pinpilipauxa y su teatro de calle, Txingurritegui, etc,  la mayoría de ellos especializados en montajes infantiles. En 1984 había 30 grupos teatrales en Navarra, la mayoría de corta e incierta andadura debido a la dependencia casi absoluta de subvenciones y contrataciones públicas. El teatro local de Pamplona no puede entenderse sin nombres como los de Valentín Redín, Ignacio Aranaz, Miguel Munarriz, Marta Juaniz, Jose Mari Asín, Ignacio Aranguren, Ana Goya, Aurora Moneo, Kollins, Grego Navarro, Angel Sagües   y tantos otros de los que aunque no los cite no me quisiera olvidar.

Mención aparte merece el teatro de títeres o guiñol, que solían formar parte de los espectáculos festivos de las fiestas de San Fermin, desde épocas tempranas y que atraía a gran cantidad de público y no solo infantil.  Además de Ignacio Baleztena,  en el cultivo o promoción de los títeres cabe señalar a Alejandro Martínez Erro que tenía una tienda de objetos religiosos en la bajada de Javier, el madrileño Maese Villarejo que colocaba su teatrillo en la plaza de San José o el Retablo de Figurillas de Juan Faro y Ana Bueno, el alemán Kurt Rahier o el grupo La Buena Estrella, etc. Teatro popular y representaciones religiosas aparecen diseminadas por la geografía foral, “El Misterio de Reyes” en Sangüesa o “El Misterio de Obanos” son buen ejemplo de ello. La radio ha servido también de vehículo para el teatro, Radio Pamplona, anteriormente Radio Requeté emitió desde 1945 a 1957 semanalmente obras de teatro, todos los sábados, a partir de las 22.30 con obras de Pemán, Benavente, Muñoz Seca, Quintero, etc. El cuadro de actores procedía del grupo de teatro de los Salesianos. Las emisiones acabarían cuando se impuso la programación en cadena en la radio.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Calle Comedias (1925) con el lugar aproximado donde se ubicó el primer teatro de la ciudad. Pamplona, calles y barrios. José Joaquín Arazuri. Nº 2: Plaza del Castillo, con el Teatro Principal cerrando la plaza por su actual salida hacia Carlos III (1860). AMP. Nº 3 y Nº 4: Sala de Butacas (1927) y escenario del Teatro Gayarre. Archivo SAIDE y Navarra.es. Nº 5: Programa de mano de una revista musical  en el Coliseo Olimpia (1944). Nº 6: Josephine Baker. Nº 7: Postal del Salón de actos de Maristas. Nº: 8: José Uranga Iraola conocido popularmente como el  Padre Carmelo. Nº9: Representación del Teatro Estable de Navarra. Nº 10. Representación de la obra “Utrimque Roditur”. Nº 11. representación de “1789” en el Pequeño teatro de la calle Amaya por el grupo Amadís. Nº 12: Francisco Javier Larrainzar. Escritor y dramaturgo. Nº 13. Cartel del Teatro Estable de Navarra. Nº 14. Ignacio Aranguren. Nº 15: Representación del teatro del Instituto Navarro Villoslada. Nº 16. Escuela Navarra de Teatro. (Años 90). Archivo Escuela Navarra de Teatro. Cartel de una representación de la Escuela Navarra de Teatro (1990).

Los Sanfermines de principios del siglo XX (1900-1930)

Comienzo cronológicamente esta serie de los sanfermines del siglo XX, con la apertura del nuevo siglo. Hemingway no la había dado a conocer internacionalmente pero la fama de sus fiestas y encierros se extendía a las provincias limítrofes, incluso al sudoeste francés. Ya entonces acudía al calor de la muchedumbre festiva una buena hornada de rateros y carteristas así como de mendigos procedentes de otros lares. También formaban parte de la fauna local de esos días charlatanes, vendedores ambulantes, organilleros, limpiabotas y un sinfín de curiosos personajes, Se acababa de inaugurar la nueva Audiencia Provincial y ese primer año del siglo se ponía la primera piedra de la nueva cárcel de Pamplona. La anterior prisión estaba situada en la actual plaza de San Francisco. Se iniciaban las fiestas de San Fermín con disparos de cohetes y repique de campanas. Los encierros se corrían a la temprana hora de las 6 de la mañana y las corridas se celebraban a la no menos temprana hora de las cuatro y media de la tarde. Recordemos que los encierros se corrían hasta 1843 por la Calle Chapitela y que desde 1856 comenzaron  a recorrer la Estafeta.

Los actos más destacados de las festividades eran la Procesión y el acto de las Vísperas, recordemos que aun no se había instaurado el famoso Riau Riau, sin olvidarnos de  los tradicionales fuegos artificiales, con todo tipo de aparataje pirotécnico en la plaza del Castillo, entonces de la Constitución, donde destacaban las bombas japonesas que lanzaban caramelos a los crios. También en la plaza se celebraban cucañas, el baile popular al son y acordes de los famosos chunchuneros. Las barracas se colocaban entonces en el primer ensanche con atracciones, todo hay que decirlo, bastante rudimentarias, detrás de la Calle Navas de Tolosa aunque también se colocaban casetas de feria en el lado izquierdo del Paseo de Sarasate, según se mira la Audiencia, mientras el ferial de Ganado se ubicaba junto al Portal de San Nicolás, en los glacis del lado izquierdo, saliendo de la ciudad. También solían organizarse kermeses o tómbolas benéficas, alguna de ellas en la zona de los jardines de la Taconera. Y lo que mayormente se bebía estos días era vino y cerveza. Las corridas de toros no se celebraban durante nueve días, como ahora, sino cinco, el programa oficial de las fiestas llegaba como mucho  hasta el día 11, luego se amplió al 12, si bien era tradicional que se prolongasen buena parte de actividades hasta el día 14, por ejemplo las barracas o el Ferial de Ganado y otras. No hacía demasiados años, concretamente en 1888, había llegado la luz eléctrica a la ciudad y en este primer año de siglo se colocaron unos focos eléctricos en la entonces llamada plaza de la Constitución, actual plaza del Castillo, que estaba engalanada, a la sazón, con abundancia de banderas y gallardetes.

Visitaba durante estos primeros años del siglo, la ciudad,  el insigne violinista pamplonés Pablo Sarasate que se solía hospedar, desde 1888, en el Hotel La Perla, ofreciendo sus célebres conciertos matinales.   En 1900 fue declarado  hijo predilecto de la villa. Don Pablo no faltaría a su tradicional cita festiva durante muchos años, concretamente hasta 1909. Y es que en septiembre de 1908 fallecía en su residencia de Biarritz. En aquellos primeros años del siglo el gentío acostumbraba a pasear por la calle Mayor y sobre todo por la calle Estafeta, verdadero escaparate social de la ciudad, en estos primeros años del siglo. En 1901, el encierro del día 7 se retrasaba media hora por la lluvia. Fueron alcaldes de Pamplona en esta primera década los señores Agustín Lazcano (1900), Javier Arvizu y Górriz (1901), Joaquín Viñas (1902-1903-1905-1906), Salvador Ferrer y Galbete (1904), Daniel Irujo (1904-1907-1908) y Juan Pedro Arraiza (1909). El 7 de julio de 1902 se tiene constancia de los dos primeros heridos por asta de toro. Los caballos en las corridas no tenían protección por lo que morían a mansalva. En 1903 se erigía el Monumento a los Fueros. El Teatro Principal pasaba a llamarse Gayarre y el Paseo de Valencia, Paseo de Sarasate. La iglesia de San Lorenzo estrenaba una nueva fachada muy diferente a la pétrea y con apariencia amurallada de la anterior. Tres años más tarde tapiaban la puerta de acceso al templo existente en la fachada de la calle Mayor, si bien en 1908 el párroco D. Marcelo Celayeta abría otra puerta por la calle San Francisco. En 1903 se colocaba en la plaza del Castillo, cerca del Iruña, un túnel luminoso que estuvo muy animado durante todas las fiestas. A mediados de la década de los 20 se comenzó a colocar una iluminación a base de bombillas perfilando el edificio de la Casa Consistorial, y se seguía iluminando con bombillas la plaza del Castillo.

El 10 de julio de 1904 se formó el primer montón a la entrada del coso, al parecer el último tramo estaba muy masificado por el entendible deseo de los mozos de entrar en la plaza de toros delante de los toros ante el gentío. Ese año, el día 8, hubo que hacer un segundo encierro con un solo toro que se había quedado rezagado en Santo Domingo. Recordemos que antes de la construcción de la actual plaza de toros, en el último tramo de la Estafeta se giraba hacia la derecha en vez de hacia la izquierda, por lo que hoy sería la calle Duque de Ahumada hasta la antigua plaza situada al comienzo de Carlos III, en las traseras del antiguo Gayarre. Dos notas extraordinarias de ese año fueron el terremoto que se sintió el día 13, de cierta  intensidad (hubo otro también en los sanfermines de 1923) y la calorina reinante que supero los 40 grados aunque en 1909 pasó todo lo contrario. Tuvimos unos de los sanfermines más desapacibles que se recuerdan. En 1905 se tiene noticia del primer paseo de autoridades previo al encierro. En 1906, la calle Pellejerías pasaba  a llamarse de Jarauta. La fama de las fiestas iba traspasando fronteras siendo cada vez más frecuente la presencia de extranjeros en nuestras fiestas, sobre todo franceses aunque también ingleses y de otras latitudes. Nuestras fiestas comenzaban a tener fama nacional. El 9 de julio de 1908 hubo dos encierros de tres toros cada uno. El motivo,  el de siempre, los toros se habían quedado en el corral. En la plaza del Castillo se habilitaba una caseta para la venta de billetes de las corridas que hasta entonces se dispensaban en diferentes lugares aunque no será hasta 1914 cuando realmente se centralice la venta de los diferentes tipos de billetes. Entre los diestros de esta primera década del siglo destacan nombres como los de Mazzantini, Lagartijillo, Machaquito, Lagartijo, Fuentes, Bombita, Quinito, etc.

Comenzamos la segunda década con otro montón en el encierro, justo en la puerta del plaza, el 7 de julio. Fueron  alcaldes de Pamplona, esta década, Joaquín Viñas (1910-1913), Alfonso Gaztelu (1914-1915), Manuel Negrillos (1916), Demetrio Martínez de Azagra (1917) y Francisco Javier Arraiza (1918-1919). Los actos festivos venían a ser prácticamente los mismos que durante la primera década: chupinazos y repique de campanas, vísperas, procesión, paseos, bailes, barracas con sus churrerías cercanas, cohetes artificiales (a cargo de Oroquieta y más tarde también de Caballer, entre otras pirotécnicas), bandas de música, teatro, toro de fuego, feria del ganado que luego se trasladaría a la zona de la Media Luna y desde 1922 a las cercanías del antiguo hipódromo y campo de deportes (donde hoy esta el Larrabide), teatro en el Gayarre, cine al aire libre en la plaza de la Constitución, conciertos matinales con el Orfeón y la Sociedad Santa Cecilia  en el Gayarre o los conciertos al aire libre en la Taconera, eventos deportivos (fútbol en el campo del hipódromo, pelota en el Euskal Jai, ciclismo, tenis en el Law Tennis Club, tiro al pichón, etc), paseo social por la Estafeta que luego se trasladaría al Bosquecillo, la comparsa de gigantes y cabezudos, en 1910 acompañadas por el celebre gargantúa vizcaino,  “varietés” criticadas por la moral bienpensante de la pacata y provinciana Pamplona de aquellos años y las casetas de venta de ajos en la plaza de Recoletas. También había cine en el Salón Novedades (también he oído hablar del Cinema Actualidades, Belloch (situado junto a la plaza de toros) y del cine de Rocamora y Montero)  así como el circo Feijoo.

En 1911 fallecía el célebre chunchunero Javier Echeverría, gitano para más señas,  que acompañó a la comparsa durante más de 60 años, prácticamente desde mediados del siglo XIX. Este año el encierro del día 8 duró más de una hora, al negarse un toro a entrar en el corral. Hago un inciso para referirme al Riau Riau. Es tradicional referirse a este año como el primero en el que Ignacio Baleztena junto a unos amigos  instauró el famoso riau-riau acompañando al vals de Astrain. El Vals que tiene por título “La alegria de San Fermin”  parece que ya se interpretaba en 1909 y según dicen las crónicas de la época probablemente tuviese bastantes años de antigüedad. De hecho Miguel Astrain lo compuso a finales del siglo XIX y con toda seguridad se interpretó al menos desde 1883. La letra es posterior, de 1928, y había sido escrita por María Isabel Hualde Redín. Y como muchas costumbres empezó de la manera más espontanea posible. Un grito festivo de aprobación por parte de Baleztena por lo bien que había tocado el vals el maestro Cervantes, (era costumbre en la montaña navarra acabar las canciones festivas con este grito),  tuvo su continuación en la repetición del grito al término de cada estrofa. Este comportamiento no fue bien visto por buena parte de la sociedad respetable pamplonesa y el propio ayuntamiento, durante unos cuantos años, como veremos.

Leon Salvador fue unos de los personajes más conocidos de aquellas primeras décadas, no solo en Pamplona sino en buena parte del norte de España. Su presencia en la ciudad se hacía notar. Era el rey de los charlatanes, capaz de vender lo que se propusiese. No había otro como él con tanta elocuencia y perseverancia. Formaría parte del paisaje festivo de nuestra ciudad hasta los años 50. En estas primeras décadas además puede considerársele un generoso benefactor pues  se prodigaba en regalos para la ciudad: música, cohetes  y otros actos festivos que pagaba de su bolsillo, y que posteriormente reemplazaría por generosos donativos a entidades benéficas locales. No obstante era un personaje que provocaba la ira de los comerciantes locales pues en sus deslenguados discursos de venta se metía con frecuencia con los comerciantes de la ciudad, hecho que llegó a provocar la advertencia municipal de retirarle su permiso de venta. En 1912 coincidieron en julio diferentes eventos junto a las fiestas: una semana social, otra relacionada con la aviación, el congreso de viticultura y el 7º centenario de la batalla de las Navas de Tolosa, con la presencia el 16 de julio del rey Alfonso XIII. Se incorporaron a la comparsa los kilikis Napoleón y Patata así como dos nuevos zaldikos. Se inauguraba la plaza de San Francisco, presidida por la Mari Blanca, hoy semiescondida en los jardines de la Taconera. En 1913 hubo que celebrar, otra vez,  dos encierros por un toro que se negó a salir de los corrales. A partir de 1911 y de 1914 llegaron a la ciudad, respectivamente los ferrocarriles Irati y Plazaola.

Con la masificación de las fiestas se incrementaron los hurtos hasta el punto de que en 1914 se enviaron refuerzos policiales desde Madrid, deteniendo a más de una treintena de carteristas procedentes de toda la geografía española. La 1ª guerra mundial se dejó sentir con la ausencia casi total de extranjeros. Pero busquemos notas de color y sabor de aquellos sanfermines de antaño. Ya hemos dicho que el recinto ferial estaba ubicado en el 1º ensanche: en 1915 encontrábamos un cine, dos circos (Feijoo y el Reina Victoria), columpios, toboganes, tiovivos y otros carruseles (las olas), barcas colgantes, fieras y animales domesticados, casetas de tiro, varias churrerías, photocalls, puestos de dulces  y casetas de bebidas. Chunchuneros en la plaza del Castillo, orquestas callejeras, vendedores ambulantes y un ejército de limpiabotas en alegre algarabía. Algún periódico local se quejaba del creciente gamberrismo y el cada vez mayor consumo del alcohol en las fiestas lo que provocaba la huida durante estos días  de algunos vecinos, ¿les suena? El 9 de julio de 1915 un toro caía a la orilla del río en el acto del encierrillo aunque sin mayores consecuencias. De vez en cuando se celebraba algún espectáculo diferente como la lucha grecorromana en el Euskal Jai,   con el conocido luchador navarro Javier Ochoa o funambulistas en la plaza del Castillo, eso sucedía en los sanfermines de 1916. Ese año nacían “Los amigos del Arte”.

Con Martínez de Azagra (1917) en la alcaldía comenzaron los bandos restrictivos de las conductas incívicas  lo que provocó cierto malestar fundamentalmente entre la gente joven. De esta oleada represiva no se libró ni el Riau Riau de este año ni del siguiente. Por su interés reproduzco algunos párrafos de dicho bando que se aplicó durante los años 1917 y 1918: 1º.- Que cuando el Excmo. Ayuntamiento se dirija a la iglesia de San Lorenzo la víspera de San Fermín, deberá el público, tanto a la ida como a la vuelta de la comitiva, dejar desembarazadas las calles del tránsito, absteniéndose de formar grupos que vayan tumultuosamente delante de la comitiva, así como corear la música. 2º.- Queda prohibido interrumpir los paseos públicos molestando a los paseantes con gritos, canciones y ademanes impropios de personas bien educadas. 3º.- Se prohíbe circular por las calles, sea aisladamente o en grupos, profiriendo gritos o tocando instrumentos que produzcan ruidos estrepitosos, llevando objetos sucios o extraños, o vestidos de un modo extravagante y carnavalesco. 4º.- Queda prohibido, desde las doce de la noche hasta las cinco de la mañana, cantar, gritar, tocar instrumentos músicos, y producir por las calles todo ruido de cualquier clase que sea, que pueda molestar al vecindario turbando su reposo. 5º.- Se prohíbe implorar la caridad pública en cualquier forma que sea. De la cordura, sensatez e ilustración de este vecindario espero que no dará lugar ni motivo de represión, pues de lo contrario me veré obligado, bien a mi pesar, a imponer el correctivo que corresponda, sin contemplaciones ni miramientos, quedando los agentes de mi autoridad encargados de que se cumplan puntualmente las disposiciones contenidas en este bando. En 1919 dejó de publicarse dicho bando.

En 1918, Pamplona homenajeaba a Sarasate con la colocación de la primera piedra de su monumento en los jardines de la Taconera. El encierro se retrasaba este año y el siguiente una hora, pasando a celebrarse a las 7 de la mañana y la corrida a las cinco y media, aunque en 1920 se volvería al horario habitual de las 6 y de las 4.30 las corridas y luego en 1924 se volverían retrasar a las 7 y cinco y media, para volver a adelantarlas en 1925 y retrasarlas en 1926 manteniéndose así durante los años siguientes. Ese año, 1918 hubo un montón en el encierro del día 10. En 1919 se hablaba de unos 7.000 turistas en fiestas, una cifra respetable si tenemos en cuenta que la ciudad tenía poco más de 30.000 habitantes. Seguramente la finalización de la 1ª guerra mundial que había sacudido a toda Europa había contribuido a ello. Entre los diestros que destacaron en esta segunda década se encontraban alguno de los años anteriores como Bombita y Machaquito y otros como Cocherito de Bilbao, Pepete, Vicente Pastor,  Rafael Gómez Gallo, Gallito, Chiquito de Begoña, Bienvenida, Vazquez, Rodolfo Gaona, Salieri,  Posada, Ballesteros,  Fuentes, Belmonte, Joselito y  Fortuna.

Llegaban los felices años 20 y con ellos quedaban atrás las prohibiciones municipales. El riau riau volvia a celebrarse sin cortapisas. En 1920 actuaba por primera vez, por encargo del Ayuntamiento  la banda de música “La Pamplonesa”, fundada el año anterior. Hasta entonces había tres bandas de música militares, la de lo regimientos Almansa, América y Constitución que animaban las fiestas. El director de la banda del regimiento América Silvanio Cervantes había formado en la década anterior una banda de música: la  Banda de Música de los Exploradores. Esta banda desapareció en torno a 1917 porque los ciudadanos de Pamplona no querían una banda dirigida por militares. En 1919 Silvanio  Cervantes junto a D. Manuel Zugarrondo y D. Vicente Sádaba creaban “La Pamplonesa”  formada inicialmente por 37 músicos. La primera actuación se produjo el once de octubre. La banda recorrió Pamplona con un pasodoble y una jota. Puesta en marcha la banda, el primer presidente de la Asociación promotora  D. Vicente Sádaba, presentó la dimisión. A partir de entonces el nuevo presidente de la Asociación  hasta 1942, año en que el Ayuntamiento se hizo cargo de “La Pamplonesa”, fue D. Manuel Zugarrondo. En sus primeros sanfermines de 1920 la banda participó en todos los actos organizados en la calle; el cohete, el Riau Riau, las dianas que eran a las 5 de la madrugada, la procesión… incluso se ofrecieron algunos conciertos en el bosquecillo de La Taconera. En 1987  “La Pamplonesa” se convirtió en Asociación Cultural, pues en origen fue  una Asociación Civil. Como Asociación Cultural la banda firmó un convenio con el Ayuntamiento de Pamplona con una duración de 30 años que regulaba las relaciones entre ambas partes. Por  ese convenio el Ayuntamiento se comprometía  a convocar, con carácter exclusivo, a “La Pamplonesa” para acompañar musicalmente a la corporación en cuantos actos oficiales de carácter corporativo se celebrasen. En esta tercera década del siglo fueron alcaldes de Pamplona, José María Landa (1920-1921), Tomas Mata (1922), Joaquín Iñarra (1923), Leandro Nagore (1924-1926), Joaquín Canalejo (1927), Jenaro Larache (1928), José Sagardia (1929) y Francisco Javier Arvizu (1930).

Como ya he señalado en otra entrada en estos años se plantea la construcción de una nueva plaza de toros, la construida en 1852 detrás del Teatro Principal, luego Gayarre, se había quedado pequeña. Se comenzó a construir la nueva a principios de 1921 quedando terminada para junio de 1922. El 10 de agosto de 1921 un incendio arrasaba el viejo coso taurino, incendio que todo el mundo entonces consideró que fue intencionado. En 1920, al término de los sanfermines se celebró el II Congreso de Estudios Vascos, cuya clausura corrió a cargo del propio rey Alfonso XIII. La nueva plaza se estrenó el día 7 de julio de 1922 con un montón  sin mayores consecuencias. En el encierrillo del día 10 se volvió a escapar un toro que fue localizado horas más tarde en el barrio de la Magdalena. Este año volvieron los bandos prohibitivos, orientados al Riau Riau, se prohibía corear la música y obstruir el paso de la corporación así como “circular abrazados por calles y paseos”. Incluso el alcalde Tomas Mata estuvo a punto de prohibir a la Pamplonesa que tocase en 1922 el vals de Astrain si bien en este toma y daca el consistorio cedió un poco en los años siguientes. Eso si, se prohibía enmascararse o disfrazarse  en fiestas y se intentó poner coto a la invasión de mendigos y limpiabotas. Las fiestas oficiales  recordemos acababan en la media noche del día 11, luego del 12 aunque muchas actividades se prolongaban hasta el día 14, incluso hasta el día 18.

Sería en 1922 cuando Ignacio Baleztena publicaría en el Pensamiento Navarro la famosa canción sanferminera de “Levantate Pamplonica” que hacía referencia al encierro y al horario de su celebración y que se  convertiría en un clásico de nuestras fiestas. En 1923 se inauguraba el Teatro Olimpia y el periodista americano Ernest Hemingway visitaba por primera vez nuestras fiestas. Se quedó prendado de nuestras fiestas  y se convertiría en su mayor divulgador mundial. Lo volvería a hacer en otras ocho  ocasiones: de 1924  a 1927, en 1929, 1931, 1953 y 1959. La lluvia suspendió la mayor parte de los actos del día 11 de julio. El 13 de julio de 1924 se producía la primera cogida mortal del encierro, la víctima el joven de Sanguesa, Estebán Domeño, lo que provocó un encendido debate sobre la celebración del encierro. También este año se quedó algún toro en los corrales que obligó a realizar un segundo encierro. La segunda cogida mortal se producía el 8 de julio de 1927, la víctima, el mozo pamplonés Santiago Martínez; este año hubo también algún pequeño montón y algún otro herido por asta de toro.   Desde este año se lanzan cuatro cohetes en el encierro para señalar la apertura de los corrales, la presencia de los toros en la calle, la llegada a la plaza de toros y la entrada en los corrales de la plaza. En 1924 las barracas se trasladaron junto a la plaza de toros, en los terrenos que ocupan hoy las calles Amaya, Roncesvalles y principios de Carlos III, aunque al año siguiente volvieron a su ubicación tradicional en Padre Moret y en 1928 el ferial del ganado a los glacis de la cuesta de la Reina. Las autoridades reconvenían a los hosteleros sobre los precios en estas fechas. La llegada de turistas iba en aumento. En 1925 a la corporación le costó 45 minutos llegar a San Lorenzo. Aun quedaban lejos las más de tres y  cuatro horas de los años 70 y 80.

En 1929 se inauguraban los actuales retretes subterráneos de la plaza del Castillo y se inauguraba el Monumento al general Sanjurjo. Al margen de las peñas que señalé en la entrada correspondiente (La Unica, La Veleta, etc), en estas primeras décadas del siglo había otras peñas y cuadrillas menos conocidas que conviene destacar como La Cuatrena, La Olada, La Marea, La Navarra, La Polar, La Ochena, La Cometa, Unión Pamplonés, Gente del Bronce (desde 1902), Los de ahora, Los de siempre; Peña Indarra, Peña San Fermin (nada que ver con la actual), La peña “La Benéfica”, Peña Aurrera, etc. Entre los diestros que destacaron en esta tercera década se encontraban Ignacio Sánchez Mejias, Manuel Varé Varelito, Rafael Gómez, Gallo, Domingo Gonzalez “Dominguin”, Diego Mazquiaran Fortuna, Juan Belmonte, Granero, Saleri, La Rosa, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Joselito Martin, Francisco Vega “Gitanillo de Triana”, Olmos, Antonio Marquez; José García “Algabeño”, Chicuelo, Manuel García, “El Maera”, Luis Fuentes Bejarano, Nacional, Cayetano Ordoñez “El niño de la Palma”, Martín Aguero, Rayito, Vicente Barrera, Armillita chico, Francisco Tamarit, Joaquín Rodríguez “Cagancho”,  Manolo Mejias Bienvenida, Victoriano Roger Valencia, Antonio Posada, Felix Rodríguez, Antonio de la Haba Zurito y el navarro Saturio Torón, que tomó la alternativa de manos de Marcial Lalanda.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 (1927),6 (1923),11 (1921),15,16 (Años 20) y 26 (1924). Luis Rouzaut. Nº 2 (1920. Ricardo Martin), 8 (años 20),17 (1925. Pascual Marin),23 (1930),24 (años 20) y 25 (1927. Pascual Marin). CC BY-NC 4.0 2015 / KUTXATEKA. Fondo Marín. Nº 10 y 12 (1ª década del siglo XX), 18  y 20 (1918). Fotos extraídas de “Eternos Sanfermines” de José María Baroga. Nº 13 (13-7-1913), 22 (1930) y 28 (9-7-1923). Fotos extraídas de “Sanfermines” de José María Iribarren. Nº 3, 4, 9 y 14. Postales de primeros de siglo (1900-1930). Foto nº 5: Foto extraída de “Pamplona estrena siglo” de José Joaquín Arazuri (1900-1908). Foto nº 7. (1909-1920) Cesareo Castillo Moleda. Foto nº 19. Encierro de San Fermin de 1927. Foto nº 21. Revista “Blanco y Negro” (1923).