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Principales entidades musicales del Viejo Pamplona (1865-1946): El Orfeón, la Coral de Cámara, la Orquesta Santa Cecilia, Los Amigos del Arte, La Filarmónica y La Pamplonesa

Esta entrada viene a completar otras entradas del blog que han ido tratando el arte y la cultura en nuestra ciudad, centrándome, en esta ocasión,  sobre todo,  en las entidades musicales más destacadas de nuestra ciudad para terminar haciendo referencia a otro tipo de entidades públicas y privadas relacionadas, en este período, con la cultura. Y repasaré su historia empezando por las entidades más antiguas para acabar con las más recientes. A principios de siglo la sociedad artística más importante de la ciudad  era el Orfeón Pamplonés. El actual Orfeón nacido en 1892 tiene varios antecedentes. En 1865 se creó un primer orfeón por parte de once personas entre las que se encontraba D. Conrado García que tenía una tienda de pianos en el Paseo de Valencia, con el objetivo de “enseñar música gratuitamente a los artesanos que lo solicitasen y fuesen admitidos”. De este primer orfeón fue director D. Joaquín Maya y subdirector D. Mariano García y en él  llegó a participar un joven Julián Gayarre. Fueron nombrados socios honorarios de este primer orfeón personajes tan célebres en el ámbito musical como Joaquín Gaztambide, Emilio Arrieta, Hilarión Eslava, Juan Guelbenzu o Dámaso Zabalza. Este primer orfeón desapareció en 1873 por causas fundamentalmente económicas. El pequeño número de socios que tenía no permitía hacer frente a los gastos de una gran masa coral. El segundo orfeón nació el 6 de noviembre de 1881, bajo los auspicios de la élite cultural pamplonesa, -en él participaron personalidades como Julio Altadill, Juan Iturralde y Suit, Antonio Irazoqui, Serafín Mata y Oneca, Florencio Ansoleaga…-,   y seguía el modelo ateneista de otras ciudades. De hecho se llamaba  Ateneo Orfeón Pamplonés y combinaba las actividades musicales con las literarias y de otro tipo. Su director musical fue Fidel Maya y el literario Serafín Mata. En 1885 se suspendió por  falta de asistencia de los coralistas a los ensayos disolviéndose en 1887. Aun hubo un tercer intento más de crear un orfeón en 1890 que no llegó a fructificar. El actual Orfeón nació en 1892, si bien sus primeros pasos se habían dado en 1891. Fue su primer director Don Remigio Múgica que lo sería durante 56 años, desde 1891 hasta 1947. De su brillantez, como director, da la medida el hecho de que en los primeros 28 años del Orfeón, bajo su dirección,  conquistó nada menos que 24 primeros premios en concursos nacionales e internacionales.

Inicialmente el coro lo componían solo voces masculinas. En 1903  se creó el coro femenino, convirtiendo al Orfeón Pamplonés en uno de los primeros en incorporar a la mujer a las masas corales en España, de hecho en 1906 el coro se abrió a mujeres y niños, pudiendo acometer, de este modo, y con todos los timbres y voces unos repertorios musicales mucho más amplios y variados. El Orfeón participaba asiduamente en los conciertos matinales de San Fermín en los que se contaba con la presencia  de Pablo Sarasate. Ese año el Orfeón se iba a encargar de la parte musical en la boda del rey Alfonso XIII que se vio deslucida por el atentado que se produjo al término de la ceremonia. En 1908 presidía la sociedad, D. Antonio Millor. Hasta esa fecha habían presidido la entidad Miguel Echarri, Joaquín Zubiría, Jorge Fernández, Santiago Benito, Feliciano Ariz, Teodoro Navaz y Arturo Saravilla.   Tras Millor ocuparían la presidencia Nemesio Aramburu que lo había sido también en el momento de la fundación, Baldomero Zulategui, Javier Arraiza,  Mariano Arteaga, Jesús de Aranzadi, Hilario Etayo, Mariano Carlón, Joaquín del Olmo, Felix Huarte, Jesús Huarte, Javier Donezar, José Luis Zufia, Luis Morales, Fernando Benito, José Juan Noguera, Juan José Pérez Alfaro, Mercedes Irujo, Javier Orella, Joaquín Jabat  y Daniel Sánchez. En los años 20, se dice en el anuario de Saiz Calderón, que “el Orfeón fomentaba la cultura, sosteniendo clases de solfeo y de canto gratuitas y poseía una buena biblioteca para la instrucción y recreo de sus socios”. Tenía su sede en el nº 33 de la calle Ansoleaga, en el antiguo Palacio de Aguerre donde hoy está la trasera del Hotel Maisonnave. Tanto tiempo estuvo en esta ubicación el coro que al edificio se le conocía  por el nombre de La Casa del Orfeón. Posteriormente se trasladaría a su actual sede de Pozoblanco. Dirigía el coro D. Remigio Múgica, siendo subdirector Mariano Beunza. En 1920 el Orfeón contaba con 150 orfeonistas, más de 70 voces masculinas, 40 femeninas y una treintena de niños así como 200 socios protectores. En 1925, el número ascendía a 180 orfeonistas, 100 masculinas, 45 femeninas y 35 de niños. Fueron memorables sus éxitos en 1927 en Madrid con  el Orfeón y la Orquesta Sinfónica de Madrid de Arbós en el Monumental Cinema de Madrid,  participando en el Centenario de la Muerte de Beethoven o en 1928, en Pamplona, dirigidos por Maurice Ravel.

En 1942, con motivo de su 50º aniversario, el Orfeón recibió la Cruz de Alfonso X el Sabio. A Remigio Múgica, con un impresionante legado artístico a sus espaldas, le seguirían en la dirección  el sacerdote Martín Lipúzcoa (1948-1956), Juan Eraso (1956-1960) con el que el Orfeón se abrió a los auditorios franceses, llegando hasta París. Pedro Pírfano dirigió al Orfeón en el período 1960-1967. Durante su dirección el Orfeón acudió a los grandes festivales musicales, nacionales e internacionales: Portugal, Francia, Granada, Holanda, etc. Con él,  el coro se abrió a la vanguardia, sin olvidarse tampoco  el folklore popular. A Pirfano le siguieron Carmelo Llorente (1968-1973) y José Antonio Huarte (1973-1992), con el que el  Orfeón participó en multitud de  festivales de verano europeos y en los más importantes auditorios de la península. Con motivo de su centenario en 1992 el Orfeón recibió  la Medalla de Plata al mérito en las Bellas Artes y  el Premio Príncipe de Viana de la Cultura. Tras José Antonio Huarte el Orfeón entró en un   proceso de redefinición, con varios directores musicales, algunos de ellos, con escasa duración en el cargo, como Juan Carlos Múgica (1992-1996), Koldo Pastor (1996-1997) o  Pascual Aldave (1997-1998). Alfonso Huarte,  director entre 1998 y 2005, fue el primer director en contar  con un equipo profesional de gerencia. Se produjo una renovación total de la entidad, tanto en su estructura como en el coro. El coro volvió  a los escenarios nacionales y europeos más importantes. Igor Ijurra es su  director desde el año 2005. Con él continua su excelente trayectoria histórica cantando junto a  orquestas sinfónicas tanto nacionales  como  extranjeras. Destacan entre  sus actuaciones la del Carnegie Hall en el año 2010, año en que recibe, además,  la Medalla de Oro de Navarra o la del Lincoln Center en el año 2012. Actualmente la Sociedad tiene 400 socios.

Junto al Orfeón estaba, a principios de siglo, la Sociedad Musical  y Orquesta Santa Cecilia, presidida por Alberto Huarte,   de hecho la sociedad tenía su sede en el colegio Huarte de la calle Mayor, con Santos Laspiur en la vicepresidencia, y con una cuarentena de afamados profesores en la plantilla  que acompañaban siempre a Sarasate en sus conciertos de San Fermín. No en vano, la iniciativa de fundar la orquesta se había llevado a cabo gracias al impulso de Sarasate y con la colaboración del mencionado Huarte y del director de la Academia Municipal de Música D. Baldomero Navascués. La Sociedad y la Orquesta habían sido promovidas en 1878  por el insigne violinista pamplonés con el fin, y cito textualmente,  “de elevar el nivel musical de la sociedad navarra”.  La orquesta se convierte así en la más antigua de las orquestas españolas.  Su primer concierto lo dio  en los primeros meses de 1879. La Orquesta acompañó  a  Sarasate en el concierto que dio en Pamplona en los Sanfermines de 1879. Tenía inicialmente  70 miembros si bien en 1882 se fijó su número en 65, cifra que permaneció estable hasta 1933. La Sociedad y el Orfeón Pamplonés dieron conciertos juntos en la década de los ochenta del siglo XIX, bajo la dirección de Joaquín Maya, director, entonces,  de ambas instituciones. Sarasate seguiría siendo su principal impulsor  asesorándoles, financiando la compra de las partituras e interviniendo, junto a ella, en sus  conciertos anuales sanfermineros hasta su muerte en 1908.  La Orquesta participaba en los principales actos festivos e institucionales de la ciudad. Gracias a Sarasate vinieron  a Pamplona figuras  de la música tan importantes  como Maurice Ravel, Camilo Saint Saéns (que la dirigió en alguna ocasión), Berta Marx o  Otto Neitzel. Maya fue sustituido en sus ausencias  por   Ricardo Villa, director de la Banda Municipal de Madrid. En esta primera época  dirigieron la orquesta también ocasionalmente Larregla y Saco del Valle.

A la muerte de Sarasate  la orquesta Santa Cecilia entró en una profunda crisis hasta prácticamente  casi desaparecer. En 1932 volvió  a resurgir con motivo del homenaje que se le tributó al profesor de la Academia Municipal de Música Felipe Aramendia.  Ese año se reunieron buena parte de los músicos de la ciudad para formar un conjunto que actuase en el  citado homenaje. Dirigió la orquesta Ricardo Villa.  A la vista del resultado algunos músicos como Alfredo Lumbreras, José María Ruiz, Julio Masset o Cristiano Medina proyectaron relanzar la orquesta “Santa Cecilia”. Se pensó como director estable en Joaquín Gasca, joven director músico militar que residía en Logroño. La plantilla  de la orquesta  incluía profesores como el mencionado Lumbreras, del Hoyo, Robustiano Setuáin, César Zaro, Arizcuren. El primer concierto lo dieron el 2 de febrero de 1933, posteriormente  darían otros  16 conciertos. La orquesta ofrecía un concierto mensual para “socios protectores”, a 2,50 pesetas la butaca de sala, y 1,50 pesetas el palco. La guerra interrumpió la vida de la orquesta, ya que Gasca quedó retenido en Madrid. Se hizo cargo del puesto el pamplonés Fermín Muruzábal, que pertenecía a la plantilla del Conservatorio de Vitoria. En 1942 asumió la dirección de la Orquesta, Luis Morondo, pero pese a sus esfuerzos no logró que la Orquesta remontase el vuelo.  La causa: el carácter no profesionalizado de los músicos que se veían obligados a dedicarse a otras tareas para sobrevivir. Al cesar Morondo, se inició otro período difícil,  con Bruno Muñoz en la dirección, que había sido también subdirector de la Orquesta Municipal de Bilbao, y que permaneció en su puesto hasta 1962.

En enero de 1962 se hizo cargo de la dirección Javier Bello Portu, que se mantendría en su puesto  hasta 1983. No fue una época fácil. A diferencia de los años 40 y 50 en los que los pamploneses acudían asiduamente a los conciertos, incluso se contaba  con  la presencia, de vez en cuando, de algún artista extranjero, la recepción, en los años 60, de los pamploneses a la orquesta y  a los conciertos fue bastante fría, en general,  hasta el punto de que en 1969, estuvieron a punto de autodisolverse. Fueron, en última instancia,  el  Ayuntamiento de Pamplona, la Diputación y las Cajas de Ahorros de Navarra y Municipal de Pamplona, quienes se encargaron de salvarla, subvencionándola. La orquesta volvió a su actividad, tanto de conciertos mensuales como participando en los actos más importantes de la Ciudad (festividad de Santa Cecilia, misas de San Saturnino y San Francisco Javier, vísperas de San fermín, responso a Sarasate el día de Todos los Santos en San Nicolás, etc.). En 1983 cesó Bello Portu y se hizo cargo de la dirección, Miguel Roa. Su primer concierto fue el del día 28 de octubre de 1983. Las autoridades navarras, en 1984, otorgaron  a la orquesta una subvención de 25 millones anuales. Roa se marchó  en enero de 1985. Este año el Parlamento de Navarra  aprobó la profesionalización de la Orquesta  y a la junta directiva se  incorporó un delegado de la Institución Príncipe de Viana. También ese año fue contratado como director Jacques Bodmer que profesionalizó la orquesta,  compuesta por 67 músicos, y que accederían al puesto  por concurso oposición. En 1993 cesó Bodmer y se contrató a Miquel Ortega. En 1995 la Orquesta Santa Cecilia cambió su nombre para convertirse  en  la Orquesta Pablo Sarasate, Orquesta Sinfónica de Navarra. Ese mismo año, Ortega cesó a petición propia y fue sustituido por Luis Aguirre. Dos años más tarde, en diciembre de 1997,  la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia y el Gobierno de Navarra constituyeron la Fundación Pablo Sarasate. Ese año se hizo  cargo de la dirección Ernest Martínez Izquierdo y se contrato una gerencia. Martínez Izquierdo estuvo en la dirección hasta el año 2103 que le sustituyó Antoni Wit. En 2016, la Orquesta Sinfónica de Navarra pasó  a depender de la Fundación Baluarte, contando con 52 músicos en plantilla. A Wit le sustituirá en la titularidad de la Orquesta  Manuel Hernández Silva, a partir de este mes de septiembre.

La primera Sociedad Filarmónica de Pamplona se constituyó el 20 de febrero de 1906, con el objeto de “cultivar y fomentar la música clásica mediante la celebración de conciertos instrumentales y vocales”. Al constituirse tenía 146 socios que eligieron una junta directiva compuesta por Arturo Campión, presidente; Florencio de Ansoleaga, vicepresidente; tesorero, Alberto Huarte; contador, Antonio Ochoa de Retana; vocales, Eugenio Lizarraga, Remigio Múgica y Santiago Bengoechea; vicesecretario-archivero, Ángel Lazcano; secretario, Luis García-Landa. Pablo Sarasate figuró como socio honorario. Tras un primer momento de cierta actividad decayó. En los años 20 la Sociedad Filarmónica renació de nuevo y organizó numerosos conciertos a cargo de figuras de primer orden a nivel mundial y que se extinguió, según algunas fuentes, por la abundancia de cuartetos excelentes en la programación.  Estaba presidida en esos años por D. Joaquín Canalejo y tenía  su sede también, como la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia,  en el Colegio Huarte. Contaba con más de medio millar de socios que celebraban sus conciertos en el Teatro Gayarre. Tenía una cuota de ingreso de 5 pesetas y una cuota mensual de 3 pesetas, “pagaderas por mensualidades adelantadas”.  La actual Sociedad Filarmónica se fundó en el otoño de 1960, siendo su primer presidente desde su fundación y hasta 1989, Jesús Aizpún  año en que le sustituyó José María de Andrés Soraluce, vicepresidente y fundador. Ofreció su primer concierto el 6 de diciembre con  la Orquesta del Palazzo Pitti de Florencia, el  violinista Aldo Ferreressi y el director Aldo Faldi. En octubre de 1989 tenía 1.346 socios. Hoy tiene apenas 700. Entre sus conciertos destacan los de Andrés Segovia (17.6.1961), el recital de Montserrat Caballé (23.5.1964), la presentación de la Orquesta Sinfónica de RTVE (1966), la de Robert Casadesus (15.3.1967) que estrenó el primer piano propiedad de la Filarmónica, un “Stenway”, destruido en el incendio del teatro Gayarre (noviembre 1968), local de los conciertos de la Sociedad, el de Arthur Rubinstein (7.12.1971) y Yehudi Menuhin (18.1.1975);  la de la Orquesta Nacional de la URSS (18.10.1973); la de Jesús López Cobos con la Royal Philarmonic londinense (12.5.1980). En 1989 la cuota anual que se pagaba era de 20.000 pesetas.

La Agrupación “Los amigos del Arte”,  asociación musical dirigida en los años 20 por Paulino Otamendi estaba domiciliada  en el nº 15 de la plaza del Castillo, luego lo estuvo en el nº 3, 2º de la citada plaza y posteriormente, desde los años 30  y durante muchísimos  años,  hasta finales de siglo, por lo menos, en el nº 14 (que luego sería el nº 2) de la calle Mayor, (Palacio del Condestable). Estaba  constituida por una veintena de  jóvenes entusiastas  aficionados a la música. Contaba con más de 100 socios músicos y protectores que  llegaría posteriormente a los dos centenares. En 1927  presidía la Agrupación el impresor Ramón Bengaray. La Agrupación había sido fundada  el 1 de junio de 1918, por los hermanos Paulino y Santiago Otamendi. Con sus rondallas y pasacalles y su participación en diferentes actividades y eventos se convirtieron en una de las agrupaciones musicales más castizas y populares de la ciudad. El local del Condestable era un local grande, con bar, donde los músicos no solo ensayaban sino donde se reunían  como si fuese una sociedad.  Además de salir de  ronda por las calles de Pamplona y organizar fiestas y bailes, también nutrió de instrumentistas a la primera Pamplonesa. En los años 50 la Agrupación se componía de 80 músicos. Entre su actividad, además de las mencionadas rondallas y de participar en diferentes festivales y actos culturales, estaban las San Pedradas,  antesala de los Sanfermines, que surgieron en la década de los 20. Las San Pedradas eran largas noches de música. Salían a las 12 de la noche a tocar y a menudo terminaban  a las 7 de la mañana… Y  cantaban jotas y pasacalles alusivos incluso al momento político y social.  En 1983  la Agrupación  “Los Amigos del Arte” dio un gran giro y, bajo la dirección de Koldo Pastor, se creó la Orquesta de Cámara Paulino Otamendi. Actualmente, forman parte de la Orquesta de Cámara Paulino Otamendi una veintena de personas. La Agrupación reúne a bandurrias, laudes, bajo, contrabajo, guitarras, fagot, flautas y teclado… Desde entonces y hasta hoy día, la principal actividad de la sociedad es la difusión de los instrumentos de púa a través de la mencionada orquesta de cámara. Entre los nombres propios de la agrupación a lo largo de su historia están los de Juanjo Sarasibar,  Joaquín Rodríguez, Javier Carricas, Zapatero ‘El Zapa’, Julián Pérez Oliva, Patxi Antunez, Saturnino Sorbet y otros.

A finales de la segunda década del siglo XX nacía en nuestra ciudad  la banda de música La Pamplonesa.  Fue fundada por Vicente Sádaba,  junto a Silvano Cervantes y Manuel Zugarrondo, en septiembre  de  1919, con sede, -tras un intento de que estuviese en la escuela de música de la plaza del Vinculo-,  en las escuelas municipales de Compañía. Fue su primer director Silvano Cervantes. Hasta entonces habían existido tres bandas de música militares, la de los regimientos Almansa, América y Constitución que animaban las fiestas. El director de la banda del regimiento América Silvanio Cervantes había formado unos años una banda de música: la  Banda de Música de los Exploradores, formada por músicos muy jóvenes. Esta banda desapareció en torno a 1917. La Pamplonesa estuvo  formada inicialmente por 37 músicos aunque poco después llegarían a los 40. La primera actuación se produjo el 11 de octubre de 1919. La banda recorrió las calles de la ciudad tocando un pasodoble y una jota. Los socios de la Asociación  promotora de la banda pagaban 25 céntimos mensuales para fondos de la Sociedad. La nueva Junta de la Asociación  la constituyeron, aparte del presidente Vicente Sádaba, otros miembros de la banda como Zugarrondo, Marín, Mendaza, etc. En cuanto se puso en marcha la banda, Vicente Sádaba, presentó la dimisión. A partir de entonces el nuevo presidente de la Asociación  sería D. Manuel Zugarrondo y lo sería hasta 1942, año en que el Ayuntamiento se hizo cargo de “La Pamplonesa” entrando a formar parte de un patronato del que dependerían también los dantzaris del Ayuntamiento y la banda de  gaiteros y txistularis. En sus primeros sanfermines (1920) la banda participó en todos los actos organizados en la calle:  el cohete, el riau riau, las dianas que eran a las 5 de la madrugada, la procesión… incluso se ofrecieron algunos conciertos en el bosquecillo de La Taconera.  La banda estaba subvencionada por el Ayuntamiento (10.000 pts en 1927; en 1920 habían sido tan solo mil) al que acompañaba  en todos los actos y  solemnidades oficiales y contaba con numerosos socios protectores, siendo su presidente honorario el maestro Joaquín Maya que fallecería en 1926.  Fueron directores de la banda Silvano Cervantes, su hermano José Cervantes en dos ocasiones, Juan Berruezo, Saturnino Sorbet, José Luis Gómez, Manuel Gómez (1968-1979), Ricardo García Cerdá y Josep Vicent Egea.   En 1987  “La Pamplonesa” se convirtió en Asociación Cultural, pues en origen era  una Asociación Civil. Como Asociación Cultural la banda firmó un convenio con el Ayuntamiento de Pamplona con una duración de 30 años que regulaba las relaciones entre ambas partes. Por  ese convenio el Ayuntamiento se comprometía  a convocar, con carácter exclusivo, a “La Pamplonesa” para acompañar musicalmente a la corporación en cuantos actos solemnes y  oficiales de carácter corporativo se celebrasen:  procesiones, acompañamientos a la Corporación Municipal en todas sus salidas, conciertos dominicales tanto en la Taconera en verano como en la Ciudadela en invierno y con una actividad prácticamente ininterrumpida en las Fiestas de Julio, habiendo ampliado su ámbito con salidas a la Provincia en la promoción de cultura de la Institución Príncipe de Viana.  En 1988, la banda contaba con 48 componentes.

En 1946 se fundaba otra de las instituciones musicales más importantes de nuestra ciudad que hace unos meses, este año 2018,  fue reconocida con el Premio Príncipe de Viana de la Cultura: la Coral de Cámara de Pamplona. Hace más de 20 años tuve el honor  de poder colaborar, como profesional de la comunicación y  organización de eventos,  en las actividades de conmemoración de su 50º aniversario. Rescato algunas pinceladas de las notas de mi archivo que me sirvieron entonces, en aquel verano del 96, para publicar un pequeño libro sobre la historia de la Coral de Cámara de Pamplona que editó el Ayuntamiento de Pamplona, el único libro que recoge, hasta el momento,  la historia íntegra de esta entidad. El debut de la Coral, así lo recogió la prensa local, tuvo lugar el 11 de diciembre de 1946 en el Coliseo Olimpia, dentro de un concierto organizado por la Sociedad Santa Cecilia. La Coral había sido fundada por el puentesino Luis Morondo Urra, en el mes de noviembre. Morondo había sido subdirector del Orfeón antes de fundar la Coral  y sería director de la Orquesta Santa Cecilia entre 1942 y 1961. Siendo Morondo subdirector del Orfeón había comenzado a ensayar con un grupo de solistas canciones y madrigales de los siglos XV, XVI y XVII. De hecho el objetivo inicial al formar la Coral era estudiar, trabajar y cultivar precisamente la música de esos siglos, aunque conforme pasaron los años la Coral amplió su repertorio a todo el género de música vocal. Morondo habría querido que el Orfeón tuviera su propio Coro de Cámara sin embargo aquel proyecto de Morondo no prosperó. Este deseo y algunas diferencias personales hicieron que Morondo se fuese del Orfeón así como  algunos de los mejores solistas que tenía el Orfeón en ese momento.  Entre ellos estaba María Angeles Senosian, Tere Corcuera, Conchita Goñi, Dionisio Inza, Cecilio Resano. Animado por alguno de esos ex-orfeonistas y junto con  otros siete integrantes: Dolores Senosiain, Josefina Greño, María Ester Oses, Francisco Javier Casas, Pedro Turullols, Francisco Sorozabal y Valeriano Zabalza, constituyeron, como he dicho en noviembre de 1946 el grupo inicial a los que se sumarían luego, en los años siguientes,  otros grandes nombres como María Eva Zabalza, las hermanas Carmen y María Asunción Asurmendi, Conchita Artaiz, Julián Olaz, José Luis Ochoa de Olza y un largo etcétera.  Ensayaban en casa de Morondo, que vivía  en el nº 43 de la calle Zapatería todos los días de la semana.

El ambiente previo a su primer concierto fue especial. Había temor a la reacción del público dadas las circunstancias en que se había producido la salida del Orfeón y el peso de esta institución musical en la ciudad, sin embargo ninguno de esos negros augurios que revoloteaban por las cabezas de aquellos coralistas se cumplieron  y el concierto resultó todo un éxito de crítica y público. Los ensayos además de en la casa de Morondo donde se realizaron durante 37 largos años se realizaron alguna vez en casa de Pedro Turullols en la plaza de Castillo y en el local de “La conciliación” en la calle Zapatería donde ensayaba habitualmente la Orquesta Santa Cecilia.  Tras su concierto inaugural, la Coral cantó en 1947 en el cine Diana de Logroño, en San Sebastian (dentro de la Quincena Musical), nuevamente en Pamplona y en enero de 1948 hicieron su primera salida al extranjero,  una gira por Portugal que se saldó con un clamoroso éxito hasta el punto de que a su vuelta de la gira fueron recibidos en el Ayuntamiento. Posteriormente la Coral participó en el Certamen Internacional coral de Llangollen (Gales), en junio de 1948,  ante 18.000 espectadores donde obtuvo el 2º premio y luego en Amiens, y en la sala Pleyel de París. Cada regreso de la Coral se convertía en un acontecimiento social de la mayor importancia, como décadas más tarde lo podrían ser los éxitos de Osasuna: recibimientos multitudinarios, recepción en el Ayuntamiento, etc. A este mismo concurso de Llangollen se presentaron un año después (1949) y ganaron el Tercer Premio.  En 1950 llegaba la consolidación definitiva de la Agrupación, con la consecución del Gran Premio en el Concurso Internacional de Coros de Lille. Además, recibía  también  la Medalla de Oro de la Ciudad. A su vuelta el recibimiento por la ciudad fue apoteósico. Ese mismo año realizó su primera aparición en las Semanas Musicales Internacionales de la Abadía de Royaumont, festival al que regresarían sucesivamente en años posteriores.

Tras el triunfo en Lille, la Coral arrasó también en Alemania: (Solingen, Viersen y Rheydt) y Bélgica (Tirlemon y Amberes). Posteriormente realizarían una gira por Argentina (cantaron en el Teatro Colón y en otras 16 ciudades), Chile, Brasil y Uruguay (Teatro Sodre de Montevideo), que volverían a repetir dos años después. En total dieron más de 50 conciertos. Recibieron  el Diploma del Colegio de Críticos Musicales de Argentina al mejor conjunto que había visitado dicho país así como la Medalla de Oro de la ciudad argentina de San Nicolás (Argentina).  En 1953 recibieron  la Encomienda de Alfonso X el sabio (Morondo) y en 1955  la Coral, la Encomienda del Mérito Civil. Tras Sudamérica actuaron en Burdeos, Royaumont y Estrasburgo entre otros lugares. La Coral fue invitada, además,  a visitar  Marruecos y Argelia, donde en 1957 fue  premiada con la Gran Copa de Plata del Festival de Música de Argel. Luego hicieron una larga gira de más de 40 conciertos por Estados Unidos y Canada actuando, entre otros lugares, en el Metropolitan House y el Town Hall de Nueva York y grabando dos discos para la discográfica Columbia. Uno de sus conciertos fue retransmitido por la NBC. Volverían a Norteamérica dos años más tarde pero antes acudirían a Holanda e Italia. En la segundad mitad de los 50 se comenzaría a renovar el coro con la entrada de nuevos cantantes que sustituirían a algunos de los históricos. Presidieron la entidad a lo largo de su historia, primero Valeriano Zabalza (hasta principios de los 50) y luego Estanislao de Aranzadi,  Antonio Aznarez (durante los años 60 y primera mitad de los 70), Alberto Munárriz (desde mediados de los 70) y finalmente Luis Felipe Sarasa (desde 1983 y hasta 2008),   Jesús Hernández Aristu, Elisabet Azkarate (2014) y Anne Miren Troyas (2016). A finales de 1955 la Agrupación tenía 300 socios que pagaban entre 3 y 5 pesetas. En sus primeros 7 años de existencia habían dado más de 300 conciertos, la mitad de ellos en el extranjero, y si nos referimos a sus primeros 13 años, serían más de 1.500 conciertos.  En  ese mismo período habían grabado más de 20 discos con los mejores sellos musicales del mundo Lumen, Telefunken,  Philips, Wernminster, Movieplay, ARSIS o RTVE. En total, a lo largo de su historia ha grabado más de 100.

Inicialmente el coro estaba compuesto por 13 voces. En 1954 llegaría a las 18. La Coral  frecuentaba, como ningún otro coro hasta entonces,  los principales escenarios europeos actuando  en las principales salas de conciertos de Francia (Abadía de Royaumont, Sainte Chapelle, Sala Gaveau), Italia (Sala  Pérgola de Florencia), Portugal, Inglaterra, Alemania (Sala Volksbühne de Hannover), Bélgica, Suiza, Holanda (Konzertgebow de Amsterdan), Austria (Kontzerhaus de Viena),  y relevantes escenarios españoles como el Palau de la Música Catalana o el Teatro Real de Madrid. Durante esos años, la Coral fue  invitada a participar en festivales como el  de Nantes, o los Festivales Internacionales de Segovia,  Alsacia,  Divonne, el Festival de Música de Gijón,  Mayo Musical de Burdeos, Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Festival Internacional de Estrasburgo, Festival Internacional de Vincennes (1955) donde recibieron la medalla de oro de la ciudad, Festival de las Noches de Borgoña, Festival Internacional de la Aubernia, Festival Internacional de Viena, Festival Internacional de Bruselas, Festival Internacional de Graz o Festival Internacional de Santander. En 1965 Austria y Alemania serían los destinos de sus giras. Durante los años siguientes  la Coral no emprendió ninguna gran gira. En 1967 se produjo una pequeña crisis por falta de voces que afortunadamente se solventó. Francia fue el único lugar fuera de España en esos años donde cantó regularmente la Coral. En 1976 la Coral hacía su tercera gira por Sudamérica.  En 1977 actuaba en Suecia y Finlandia. En 1979 participaba en la Semana Internacional de Masas Corales de Jerusalén, siendo la encargada del concierto de clausura.  Las posibilidades de crecimiento artístico de la Coral se veían condicionadas esos años por circunstancias económicas. De hecho tuvieron que renunciar a multitud de invitaciones y ofrecimientos por razones estrictamente presupuestarias.

En enero de 1983, fallecía su fundador Luis Morondo y le sucedía en la dirección José Luis Eslava. Bajo su batuta, la Coral actuó en el Musikaste, en el Festival de Granada, inauguró la Quincena Musical Donostiarra y clausuró el Festival de Música Española del siglo XX de León.  En 1986 hacía una gira por las universidades norteamericanas. A finales de ese año, la Agrupación tenía cerca de 300 socios que pagaban una cuota de 1000 pts al año que en 1992 se incrementaría a 3.000. En 1987 la Coral regresaba a Finlandia. En 1989 participaba en el IV Ciclo de Música Coral Hispanoamericano celebrado en el Gran Teatro de La Habana (Cuba) y en 1990 en el Festival de Música Coral de Georgia y en el Palacio del Cine y la Televisión Soviéticos en Moscú (URSS).  En marzo de 1991  realizaba una nueva gira, la cuarta,  por Estados Unidos y en 1992 regresaban al Festival Internacional de Coros de Israel. En 1993 volverían a Estados Unidos por quinta vez. En 1994 asumió la dirección Máximo Olóriz, que había sido director adjunto de la Orquesta Santa Cecilia y dirigido el Conservatorio Pablo Sarasate. Realizó una profunda renovación incorporando al grupo jóvenes voces, lo que supuso un cambio en el estilo interpretativo del coro, tan propio de Morondo. Cabe destacar, en el período de Olóriz,  la participación  en diversos Festivales Internacionales como Biarritz, Nantua, Primavera Musical de Venecia, Festival de Arte Sacro de Madrid, además de una nueva gira, en 1995, por Argentina, la quinta de la historia de la Coral.

En 1998, bajo la dirección  de Koldo Pastor, la Coral convertía  la interpretación de la música más vanguardista en el eje fundamental de su repertorio y participaba en el 14º Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante y en el 13º  Encuentro Coral “Ciudad de Torrevieja”. Actuó en el Auditorio de Zaragoza con motivo de la IV Semana de Música Contemporánea, en la Capilla del Palacio Real de Aranjuez y realizó una gira por Marruecos. En septiembre de 2001, fue nombrado director de la Coral Pello Ruiz que permaneció en su puesto hasta  2004 en que  la dirección recae en  David Guindano, quien profundizó en el repertorio de la música antigua, creando un coro profesional especializado dentro de la Coral, el Nova Lux Ensemble, que ofrecía  su primer concierto en 2006, si bien posteriormente en 2008 Guindano protagonizó la mayor crisis de la institución en toda su historia al ser cesado por la junta directiva y abandonar el coro 12 de sus 16 componentes, formando luego la Coral de Cámara de Navarra. Posteriormente le sucedieron en la dirección artística de la Coral Jesús María Echeverría (apenas cinco meses), Sergi Moreno-Lasalle o Josep Cabré. Desde 2012 su director es David Gálvez Pintado.  Más de 200 socios y cerca de una veintena de patrocinadores constituyen la base social de la entidad.

En aquellas primeras décadas del siglo cabría, además citar, la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra, un antecedente de lo que vendría a ser luego, en los años 40, la Institución Príncipe de Viana, con sede en la Cámara de Comptos Reales de la Calle Ansoleaga.  Estaban en la Comisión personalidades tan destacadas como los académicos Arturo Campión, Julio Altadill, el conde Guendulain, Eduardo Carceller, Carlos de Marichalar, Joaquín Maya, etc. Eran vocales natos el alcalde de Pamplona, el vicepresidente de la diputación foral, el director del Instituto y el arquitecto municipal, Serapio Esparza, entre otros. La Comisión se fundó en 1844 y desapareció con la guerra civil. El Instituto de Estudios Históricos de Navarra era hija de la Sociedad de Estudios Vascos y la presidía el mencionado Arturo Campión, con Ignacio Baleztena en la vicepresidencia, contando como miembros de la junta con personas como Joaquín San Julián, secretario, Fernando Arvizu, contador, Leoncio Urabayen, tesorero, y los vocales Joaquín Beunza, Padre Gorrostarazu, Julio Altadill, Jesús Etayo, etc.

La Sociedad de Estudios Vascos, Eusko Ikaskuntza, fue creada en 1918 por las Diputaciones forales de Alava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra en el transcurso del I Congreso de Estudios Vascos celebrado en Oñate. Desarrolló sus actividades hasta el estallido de la guerra civil, reanudandolas en septiembre de 1978. Se definía  como “una entidad constituida por todos los amantes de la tierra vasca que buscaba el renacer de su cultura”. El presidente de honor era el rey de España. En la subcomisión navarra estaban, en 1931, personas como Rafael Aizpún, Joaquin Beunza, Santiago Cunchillos, Luis Oroz o Miguel Gortari, este último en representación de  la Diputación como la había estado Ignacio Baleztena unos años antes. A mediados de los años 20 (en 1925) nacía la Asociación Euskeraren Adiskideak (Los amigos del euskera), subvencionada por la Diputación Foral, el Ayuntamiento y la Caja de Ahorros de Navarra.  Agrupó a  navarros sin distinción de tendencias políticas pero amantes de sus tradiciones. Su objetivo, según su Reglamento, era el de “enseñar, sostener, fomentar y extender el euskara” y también el resurgimiento de las costumbres, diversiones y deportes tradicionales, especialmente la música, canto, bailes y juego de pelota. Debía estar exenta de todo matiz político. El Reglamento lo firmaron Jenaro Larrache, el padre Dámaso de Inza, Gerardo Valcarlos, Miguel Inchaurrondo, Miguel Esparza, José M.ª de Huarte y Domingo Beunza. Tenía su sede en el nº 18 de la avenida de San Ignacio. Los certámenes literarios convocados solían tener dos partes, una para estudios o disertaciones sobre un tema vasco y la otra un concurso para los niños de los pueblos. En el año 1927 la Junta Directiva estaba integrada por las  siguientes personas: presidente, Jenaro Larrache; vicepresidente, Miguel Inchaurrondo; Tesorero: Bernardino Tirapu; vocales: Pablo Roch, Joaquín Ezquieta,  Remigio Mújica, los padres Dámaso de Inza y  Buenaventura Recalde, José María Huarte, Joaquín Garjón, su secretario era Pablo Archanco. En 1931 salieron de su junta algunos vocales y entran otros como Ignacio Baleztena, Wenceslao Goizueta y Leandro Olivier.

Fotos por orden de aparición: Nº1: Primera fotografía que se conserva del Orfeón. 1894. Publicación especial con motivo del centenario del Orfeón, Nº 2: Remigio Múgica Múgica. Director fundador del Orfeón Pamplonés (1891-1948). Publicación especial con motivo del centenario del Orfeón, Nº 3: Voces femeninas en el Orfeón. 1906-1910. Publicación especial con motivo del centenario del Orfeón, Nº 4: Concierto del Orfeón en el Monumental Cinema. 1927, Nº 5: Martín Lipúzcoa con el Orfeón en Valladolid. 1953, Nº 6: Pedro Pírfano con Lorin Maazel. 1962 , Nº 7: El orfeón en el Festival de Villancicos de 1974, (Las fotos 5, 6 y 7 están extraidas de la página web del Orfeón www.orfeonpamplones.com) Nº 8: Pablo Sarasate con la Orquesta Santa Cecilia. 1906. Victor Pliego www.navarra.es, Nº9: Concierto de la Orquesta Santa Cecilia. Octubre 1968,  Nº10: Programa de mano de la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia, sin datar. Nº11: Carnet socio profesional Sociedad Filarmónica de Pamplona. Años 10 , Nº 12: Los Amigos del arte. 1922, Nº 13: Los Amigos del arte. Años 60, Nº 14 : Los Amigos del arte. 1971, Nº 15: Los Amigos del arte. Años 70, Nº 16, Nº 17 y Nº 18: Fotos históricas de la banda La Pamplonesa, www.bandapamplonesa.com, Nº19: Luis Morondo Urra, fundador de la Coral de Cámara de Pamplona (1909-1983).  Nº 20: Una de las primeras fotos de la Coral tras su fundación,1947.  Nº21: La Coral de Cámara en El Certamen Internacional de Llangollen. Junio 1948. Nº 22: La Coral de Cámara en el Concurso Internacional de canto de Lille. Mayo 1950.  Nº 23, La Coral. Años 50 Nº 24: La Coral de Cámara junto al compositor Salvador Bacarisse en la abadía de Royaumont,  Nº25: La Coral de Cámara junto al compositor francés Henry Sauguet en el Festival de Dos Mundos en Spoletto (Italia). Julio 1963, Nº26: La Coral de Camara en Estados Unidos (1957) (fotos 19 a 26. Archivo fotográfico Familia Morondo para el libro “Historia de la Coral de Cámara de Pamplona”. Ayuntamiento de Pamplona. Colección Breve Temas Pamploneses. Nº 34). Nº 27: La Coral junto a su nuevo director, José Luis Eslava, tras el fallecimiento de Morondo. Archivo Chonin Asurmendi. Nº 28. Portada del Pensamiento Navarro con motivo de la celebración del 2º Congreso de Estudios Vascos en Pamplona (1920), Nº 29: 2º Congreso de Estudios Vascos en Pamplona (1920). De izquierda a derecha: Mateo Múgica Urrestarazu, obispo de Osma; José López Mendoza, obispo de Pamplona; Leopoldo Ejio y Garay, obispo de Vitoria; Julio Altadill; el Rey Alfonso XIII; Francisco Javier Arraiza y  Lorenzo Oroz y Umiza, presidente de la Diputación, Colección Bernardo Estornes Lasa. Auñamendi Eusko Entziklopedia. Nº 30. Cartel 2º Congreso de Estudios Vascos en Pamplona (1920), Nº 31: Boletín de la Comisión de monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. (1896)

Inicios de la radio en el Viejo Pamplona: 1932-1942

Hace cinco años publiqué en este blog una primera entrada sobre la radio en Pamplona con el título “La radio que oíamos entonces (1950-1990)”. Fue una entrada un tanto genérica que no agotaba ni muchísimo menos el tema. De hecho, hace más de 20 años escribí un libro sobre la “Historia de la radio en Navarra” que contaba la historia de las emisoras de radio en Navarra desde sus inicios hasta 1995. De aquella publicación y de algunas correcciones e informaciones que he recabado posteriormente surge esta primera entrega sobre el origen y primeros pasos de la radio en nuestra ciudad,  que ocupó un espacio preferencial  en nuestras vidas y hogares durante muchas décadas del siglo XX, hasta la aparición y extensión de la televisión y que aún ahora, pese a la gran revolución tecnológica experimentada en los últimos años,  sigue vivita y coleando, adaptándose a los nuevos tiempos que nos ha tocado vivir.

Los primeros intentos de instalar una emisora en Pamplona parece ser que se remontan al año 1925. Ese año, Unión Radio,  que acababa de inaugurar su emisora en Madrid proyectaba instalar, entre otras, una estación en Pamplona, con una potencia de 0,5 a 2 Kw. aunque sus proyectos no pudieron cumplirse.  Hubo que esperar algunos años más para contar con una emisora de radio. La iniciativa de montar la pionera Radio Navarra partió de un fotógrafo alicantino afincado en Zaragoza, llamado Ismael Palacio Bolufer, que al parecer había solicitado, además,  autorización a las autoridades nacionales del ramo para la instalación de otras emisoras en La Rioja, Huesca, Santander, y parece que también Castellón y Baleares. La primera noticia sobre la instalación de una emisora en Pamplona data de septiembre de 1932. Decían sus promotores, entre los que aparecía un tal Jesús Rotellar, que se podría escuchar en un radio de 30 kilómetros a la redonda con un aparato de galena y con un aparato de lamparas en toda Navarra, incluso en parte de Aragón y La Rioja. Su principal objetivo, decían, era el de difundir la cultura a través de todas sus manifestaciones: conciertos, conferencias, etc.  Acompañaban a Rotellar como director artístico de la emisora, Giordano Pérez, copropietario y director técnico y Jose Les en la parte comercial y administrativa.

En estos años  ya  había en la ciudad algunos aficionados a la llamada telegrafía sin hilos. Se contaba con algún aparato receptor en los casinos, Eslava y Principal o en el Centro Vasco de Pamplona, desde mediados de los años 20. La noticia de creación de la nueva emisora en Pamplona fue recibida con cierta prevención dada la mala calidad de las transmisiones radiofónicas en aquel entonces y se aseguraba también que no perturbaría la recepción de otras emisoras que se captaban en ese momento. El 30 de diciembre la emisora recibía los plácemes del Ayuntamiento para su instalación. Se situaría en el primer piso del n.° 43 de la Calle Mayor, en un edificio propiedad de D. Enrique Sanz, abuelo del actual ferretero, Javier Sanz,  y que ahora correspondería al nº 35 de la calle, en un local que han ocupado sucesivamente en el tiempo y desde 1953 la Sociedad Anaitasuna, la Sociedad Gastronómica Napardi y la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo. La emisora contaría, para su sostenimiento, con los ingresos de los anuncios radiados que pretendían promocionar el comercio y la industria de la ciudad y con la aportación del centenar de socios protectores con que contaba en mayo de 1933 la emisora. Posteriormente el número se situaría entre 300 y 400, quienes  pagaban entre dos y cinco pesetas al mes.

Con la autorización estatal concedida en febrero y la instalación técnica finalizada en abril se comenzó a emitir en pruebas siendo inaugurada la emisora el 27 de mayo de 1933, a las 7 de la tarde, con el indicativo Radio Navarra EAJ 6, heredera de la desaparecida Radio Ibérica, emitiendo en una frecuencia de 1.456 kilociclos y con una potencia de 200 watios. Los postes de las antenas estaban colocados en el tejado del nº 43 de la calle Mayor y en el cuartel de la guardia civil de la calle Ansoleaga. Asistieron a la inauguración el director general de telecomunicaciones del gobierno de la nación, Miguel Sastre, el gobernador civil y el concesionario de la emisora, además de un representante municipal. Actuaron la Orquesta Santa Cecilia, un coro vasco dirigido por Juan Lizarazu, Los Amigos del Arte, La Pamplonesa y el Orfeón Pamplonés en cuyos locales de la calle Ansoleaga se desarrollaron estos actos inaugurales. Inicialmente la programación fue corta, apenas de 2 horas, de una a dos de la tarde y de diez a once de la noche. Los espacios casi siempre en directo consistían en retransmisiones deportivas y religiosas, música con interpretes en el estudio, charlas divulgativas y culturales, audiciones musicales, información servicio y noticias. Las noticias nacionales se hacían en conexión con un estudio de Madrid propiedad de la Federación Nacional de Emisoras Locales y las locales se extraían de los servicios de El Pensamiento Navarro que las cedía a la emisora.

Además de los nombres citados anteriormente, Pérez, Rotellar y Les, colaboraron con Palacios otras personas como   Miguel Frías, Comas, Víctor Nuin y  diversos colaboradores literarios como Ignacio Baleztena o Ramiro Aramburu, entre otros. El primer locutor fue el polifacético periodista  José María Pérez Salazar, al que vemos en la primera fotografía que encabeza esta entrada,  y que realizó  la primeras retransmisiones fuera de los estudios: un acto político en el frontón Euskal-Jai, el 16 de noviembre,  y posteriormente la primera retransmisión deportiva: un  partido de Osasuna contra el Sevilla. La programación de “Radio Navarra”  se divulgaba a través de la revista “Micrófono” editada inicialmente por la propia emisora y  que pretendía responder  a la necesidad de incrementar  los ingresos para la radio con la publicidad que se insertaba en sus páginas. Posteriormente en 1935  la editaría Elso Publicidad con carácter quincenal. Al no permitirse entonces más que una emisora en cada capital de provincia, no se crearon otras todavía, aunque sí surgió en 1933 una “Estación Microfónica” que estuvo funcionando en la plaza del Castillo durante unos meses,  con un altavoz en el quiosco de la música para difundir noticias y algunos discos, Funcionaba poco más de una hora al día, media hora al mediodía y media hora a la noche. Duró muy poco tiempo porque carecían de la licencia técnica y en realidad tenía muy poco que hacer al lado de iniciativa de Radio Navarra.

Había en estos primeros años treinta  en Pamplona 690 aparatos de radio que costaban entre 500 y 1.000 pesetas, toda una fortuna para aquellos años. La posesión de un receptor de radio se consideraba todo un lujo. Pagaban un canon de 5 pesetas los aparatos instalados en los domicilios particulares y de 50 pesetas los ubicados en lugares públicos. Había dos tipos de aparatos de radio, los de galena, de fabricación más bien artesanal que funcionaba con acumuladores y cuyo radio de recepción no superaban los 10 kilómetros y los de válvulas o lamparas, más potentes y con mayor radio de captación que pagaban diferente canon en función del número de válvulas o lamparas que tuvieran. De ambos tipos de radios podemos ver diversas fotografías junto a este párrafo y párrafos anteriores.

Radio Navarra contó con un trío musical propio y posteriormente  con un cuarteto, “Los cuatro” . Ante sus micrófonos se pronunciaron numerosas  charlas y conferencias por personas relevantes del mundo cultural y artístico de la ciudad. Personas como Victoriano Juaristi, José María Huarte, Ignacio Baleztena, etc., le prestaron su apoyo con sus intervenciones. Es un hecho cierto, a tenor del número y amplitud de los artistas invitados, el buen entendimiento que existió siempre entre Radio Navarra y los grupos culturales y artísticos de la ciudad. La primera emisión de teatro radiofónico  se produjo  el 15 de julio de 1933, la segunda fue el 3 de octubre, ambas realizadas en los propios estudios.   Poco a poco se fue ampliando el número de  horas de emisión y haciéndose la programación mucho más variada si bien seguía predominando  la música, sobre todo la ópera, zarzuela, música clásica, bailables… Se procuró, como he dicho,  que pasaran ante sus micrófonos  todos los conjuntos, orquestas y artistas locales. Entre los artistas que pasaron estos primeros meses de andadura por la radio estuvieron: los tenores Julián Olaz, Egaña o Esteban Garcia, la soprano Rita Aguinaga o la profesora de la Escuela Municipal de música Petra Carrasquilla entre otros.

Eran, asimismo, componente  diario de su programación los servicios meteorológicos, los boletines de bolsa y los boletines de noticias. También la emisora se ocupó de lo literario y/o  poético, de los programas infantiles, las crónicas deportivas y las clases de francés, sin olvidar el clásico programa del oyente, con los típicos discos dedicados, o los espacios patrocinados por alguna firma comercial local. La emisora estaba presente en los momentos culminantes del calendario festivo pamplonés: en la Navidad, Semana Santa y los Sanfermines. Igualmente programó  emisiones extraordinarias con motivo del 25º aniversario de la muerte de Pablo Sarasate y se sumó, a través de emisiones especiales,  al homenaje tributado a Arturo Campión, así como el que se dedicó a la memoria del insigne médico Huarte de San Juan. Ofreció incluso una emisión extraordinaria organizada por la Agrupación de Estudiantes Vascos en 1935. Progresivamente se fue hacia una menor comparecencia de orquestas y grupos en directo, siendo sustituidos por música grabada en discos. Estos iban alcanzando ya una mayor calidad de reproducción. A finales de 1934 la emisora contaba ya con una discoteca de 350 horas de radiación y se proponían alcanzar en aquel año las 500. Durante este período de 1933-1936 no tuvo una adscripción política definida. Por ella y a semejanza del Ateneo Navarro de aquellos años fueron desfilando e interviniendo personas de la más variada o diversa ideología.

Sin embargo esta situación cambió radicalmente con el estallido de la Guerra Civil. El pronunciamiento militar llevó aparejado el inmediato control de la emisora. El día 19 de julio, un grupo de militares sublevados ocupaban la emisora y a las 10 de la mañana de ese día el general Mola, al que vemos en una foto junto al párrafo anterior,  leía su bando militar declarando el estado de guerra y prohibiendo cualquier actividad política. La radio se convertía  así en un órgano de guerra y propaganda de los golpistas.  El día 24 de julio, Radio Navarra aumentaba su potencia para que sus mensajes llegasen mucho más lejos. Serán una constante a lo largo de toda la guerra las conexiones especiales con otras emisoras, con el fin de retransmitir las alocuciones de Queipo de Llano, desde Sevilla,  o de Franco, desde Radio Castilla de Burgos primero y luego desde Radio Salamanca, más tarde Radio Nacional. Nada había al margen de la guerra: noticias, música, conferencias, alocuciones y proclamas. Con la guerra se estableció   una dura lucha  por el control de la emisora. Falangistas y carlistas quisieron orientar sus programaciones. Giordano Pérez, director y arrendatario, no estaba cómodo con la situación y decidió vender la emisora. La emisora le había sido arrendada a Giordano Pérez, por Ismael Palacio como contrapartida a las deudas que con él tenía  por haberle ayudado a montar varias emisoras de las que había sido declarado concesionario. Mediante un documento de arrendamiento firmado el 29 de junio de 1935 le había cedido la emisora de Pamplona por 350 pts. mensuales, dándole una opción de compra.

Falange creyó que el precio propuesto por Giordano Pérez para la venta de la emisora era demasiado  alto y desistió, fracasando en su intento de montar su propia emisora. El intento de poner en marcha Radio Falange duró apenas cinco o seis meses. Los carlistas aceptaron la tasación establecida por Giordano Perez y se hicieron con su propiedad, cambiando su nombre por el de “Radio Requeté de Navarra”. La Junta Carlista de Guerra de Vizcaya compró la emisora, como un obsequio en agradecimiento a la de Navarra, por 100.000 pesetas. Este hecho se produjo el 8 de marzo de 1937. El día 10, en la emisión de mediodía se dio publicidad al cambio de titularidad a través de Luis Arellano, en nombre de la Junta Central  de Guerra, carlista,  de Navarra. Con este nombre de Radio Requeté y el distintivo EAJ-6, que había recibido al inaugurarse en 1933 de la desaparecida Radio Ibérica, continuaría hasta el 1 de mayo de 1984 en que cambiaría su nombre por Radio Pamplona. En su nueva etapa, bajo la Junta de Guerra Carlista, la mayor parte de los programas informativos se limitaban a difundir información relativa a la situación del frente de guerra. Himnos, recitados, conciertos, diarios hablados desde Radio Nacional de Salamanca, más conocidos por el nombre de “parte”, y periódicas conexiones con el cuartel general y con otras emisoras nacionales llenaban la mayor parte de la programación. Los recitales en directo fueron sustituidos mayoritariamente por grabaciones. Fueron años de emisiones muy ideologizadas.

Al terminar la Guerra Civil, Radio Requeté pasó de nuevo a manos particulares. Concretamente, desde el 16 de enero de 1940, será Ramón Urrizalqui, hasta entonces director de la emisora, -había sido nombrado director en 1937-,   su nuevo titular o propietario. Ramón Urrizalqui nació en Betelu en 1910. Fue jugador de Osasuna entre 1928 y 1934 y entrenó al equipo entre 1940 y 1946 con algunos paréntesis. Colaboró en el semanario deportivo “Hoy” que se editaba los lunes en Pamplona. Su sobrenombre de “tio Ramón” cuya autoría parece se debe al obispo Olaechea,  le viene de la popularidad que tuvieron en la emisora los programas infantiles y su participación en ellos. Fue promotor de numerosas ideas y programas de naturaleza benéfica o dirigidos a los enfermos como “La hora blanca”, “Con el teléfono en la mano”, “Continúe usted”, “Para ellas”. En 1941 se trasladaban los estudios de la emisora del nº 43 de la  calle Mayor  al nº 4 (piso 1º) de  la Avda.  Franco. Su  antena estuvo, inicialmente, parte en el tejado  del inmueble de la emisora y el otro extremo en el Instituto Provincial de Sanidad. Más tarde ambos soportes se ubicarían en el Instituto. La programación recuperó su estilo habitual, de antes de la guerra: actuaciones en directo, charlas, programas religiosos, emisiones-homenaje, etc. Entre los grupos que actuaron, esos años,  destacan algunas formaciones musicales tan conocidas y afamadas como el Orfeón Pamplonés y Los Amigos del Arte. Es en los años 40 cuando nacen los primeros seriales radiofónicos, seriales que sin embargo alcanzarían su máximo auge y audiencia en las décadas siguientes. Cabría además señalar en este período, como notas singulares, las siguientes: la formación de un cuadro artístico de la emisora que ofrecía durante las noches de los sábados, seleccionadas obras teatrales de los mejores autores españoles, el predominio de programas musicales grabados sobre las actuaciones en directo, a pesar de que la emisora contaba con un guitarrista y un pianista propios, la obligación de conectar, desde 1937, con Radio Nacional de España para ofrecer el  “parte” o “Diario hablado” (a las 14,00 y 22,00 horas) y el inicio, al comenzar los años 50, del rosario radiado que posteriormente, en 1959, daría lugar a la emisora Radio Popular de Pamplona.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: José Mari Pérez Salazar. Primer locutor de Radio Navarra. Archivo Familia Pérez Salazar. Nº 2: Radio de galena. Años 20. Nº 3: Equipos de la emisora EAJ-22. Años 30. Nº 4: Exterior de una radio de lámparas o válvulas. Años 30-40 Nº 5: Interior de una radio de lámparas o válvulas. Años 30-40. Nº 6. Emilio Mola. Fotoseimagenes.net. Nº 7: Foto de tropas sublevadas en la plaza del Castillo. 28 de agosto de 1936. Central Press/Getty Images. Nº 8: Rincón de La Perla en la plaza del Castillo. 1938. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Nº 9: Publicación. Emisiones de Radio Requeté de Navarra durante la Novena de Gracia de 1945 N º10: Foto de Ramón Urrizalqui Soravilla. Director de Radio Requeté de Navarra. Años 40. Nº 11: Banderín publicitario de Radio Requeté de Navarra. (Sin datar).

Como se vestía en el Viejo Pamplona a lo largo de la 1ª mitad del siglo XX (1900-1950)

En una entrada anterior del blog hablaba de los cambios en la moda y en el vestir entre los años 60 y 80, una época de profundos cambios que penetraron en la sociedad a través de sus elementos más jóvenes. En esta entrada, daré unas pinceladas de como vestían los pamploneses y pamplonesas entre 1900 y 1960. Dejaré a un lado la indumentaria tradicional de valles o comarcas y también las propias de oficios,  señalando las prendas más comunes que utilizaba tanto la gente común como la burguesía de la ciudad. Es obvio decirlo pero vaya por delante que durante la mayor parte del período analizado, la moda en el vestir solo la podrán seguir las clases más pudientes. El resto de la población vestía con austeridad, incluso con pobreza, la mayor parte de los días de la semana, y solo el domingo y fiestas de guardar se permitían utilizar una prenda un poco más nueva o lucida. Aun recuerdo en mi niñez, muchos años después, aquella expresión hecha de “ir mudado” o “de domingo”.

Los pamploneses vestían, a principios de siglo, los días de labor, y en invierno, pantalones de paño, pana  o lanilla, generalmente de colores oscuros, y en verano pantalones de “Vergara” de color azul. Los pantalones más viejos, frecuentemente remendados, se utilizaban entre semana, mientras se dejaba para el domingo el más nuevo. Lo mismo sucedía con la camisa. La camisa blanca de lino, con cuellos vueltos o de tirilla se dejaba para los domingos mientras entre semana la camisa era, generalmente, de color. En el campo se acostumbraba a llevar para sujetar el pantalón una faja de tela negra  con la que deban varias vueltas a la cintura; en la ciudad en cambio se fue impusiendo el cinturón de cuero. Otra prenda bastante habitual era el chaleco, de paño, con varios bolsillos y sobre él, especialmente en invierno,  la blusa bastante extendida  durante las primeras décadas del siglo y hasta los años 40. Era una prenda holgada con aberturas laterales, manga larga y cerradas por delante, con cuello de tirilla, abierto hasta el pecho y canesú. El complemento más extendido solía ser la boina, generalmente negra, ¿Cuántas habrá fabricado la empresa Elosegui de Tolosa a lo largo del pasado siglo?. Evidentemente había diferencias en el vestir por edades, sexo y clases sociales, como veremos, por lo que podrían variar la cantidad y calidad de prendas utilizadas tanto interiores como exteriores. Una prenda antigua que  tuvo bastante predicamento a principios de siglo, especialmente entre las clases más pudientes y algunos cargos y profesiones,  fue la capa. Las capas eran generalmente de paño negro con esclavinas y guardas de terciopelo negro, azul o rojo. En el invierno se utilizaba, con frecuencia, el rebocillo o tapabocas y en el campo se llevaba a menudo una manta.

Una mujer a finales del siglo XIX llevaba, entre semana, falda larga y ancha, generalmente de colores oscuros, toquilla de lana, pañuelo  para la cabeza, un cuerpo de algodón y alpargatas para calzarse. Para los días festivos, además de lo dicho, en vez de alpargatas se llevaban zapatos y  mantilla  o mantón (de Manila) de colores con bordados. Se usaba como ropa interior una camisa larga o jubón de algodón o lino que al igual que la blusa, blanca, de lino o algodón, a veces con puntilla,  podía servir de camisón. Para la parte inferior del cuerpo se utilizaba una falda interior, encima el refajo y una saya atada a la cintura con trencilla. Con el tiempo sería sustituida por las enaguas. Sobre la camisa se colocaba el justillo o corsé que llegaba hasta la cintura con sus cuerdecillas o perezosas para ajustarlo al talle de cada mujer. El corsé se utilizó hasta el final de  la primera década del siglo. Otros complementos en el vestido de la mujer eran la faltriquera, (bolsillo de tela que se ataba a la cintura con una trencilla bajo la falda), pequeñas toquillas, pañuelos, etc. Como ropa de abrigo se utilizaba en casa la toquilla o el chal de ganchillo y para la calle el manto o medio manto de lanilla, aunque estos eran más propios de personas pudientes y su papel era muy similar al de las capas masculinas. Con el tiempo los colores oscuros se irán quedando para las personas de más edad, incluso cuando la moda imponía otras normas, gustos y estilos. Entre las mujeres más pudientes, especialmente en el siglo XIX, se utilizaba el miriñaque y posteriormente el polisón mientras  los hombres más ricos utilizaban la levita y pantalón con complementos como guantes, sombreros y bastones, esto en el caso de los caballeros y la sombrilla, guantes, mitones, manguitos, estolas, en el caso de las damas, casi siempre tocadas con espectaculares sombreros.

Los niños más pequeños llevaban peleles con gateras, más crecidos pantalón hasta la rodilla o aun más corto, hasta media pierna, aunque también podían llevarlos largo y pasar del pantalón corto al largo, a partir de los 12 años. Yo, que nací, en el 63 llevaba pantalón corto de tergal hasta media pierna, a las 8 o 9 años como se puede comprobar en una foto familiar que aparece en la entrada de recuerdos de “Las Navidades del viejo Pamplona (1965-1972)”. También los niños podían llevar bata de percal con canesú  que se ataba por detrás, o blusa, como los mayores, con alpargatas o abarcas en los pies,  y tocados  con  boina en la cabeza. Las niñas llevaban falda larga o hasta media pierna y en ocasiones un delantal sobre la camisa. La ropa interior que conocemos, tanto en hombres como en mujeres y que se ha ido modernizando con los años,  se empezó  a introducir a mediados de la segunda década del siglo aunque se popularizó  a partir de la década de los 30.

Había determinados acontecimientos vitales que tenían reflejo en la ropa. Por ejemplo, en la primera comunión, los niños se vestían de marinero o almirante y las niñas de pequeñas novias, con su  traje blanco. Aunque tanto en la comunión como en las bodas no siempre las niñas y mujeres iban de blanco. Hasta bien entrado el siglo XX también  se solían casar de negro muchas mujeres:  con mantilla de blonda y vestido o traje de chaqueta y también era frecuente que muchas niñas que hacían la primera comunión fuesen de negro. Con el tiempo el blanco desplazó casi por completo al negro tanto en bodas como en comuniones. Durante muchas décadas el negro estuvo asociado al luto por la muerte de un ser querido, práctica, la de mantener el luto en el vestir, que prácticamente ha desaparecido hoy en día. La duración e intensidad del luto variaba en función del parentesco. Como norma general por la muerte del esposo-a o padres se guardaba luto de de dos a tres años y por abuelos medio año, aunque esta norma fue variando con el tiempo y acortándose los plazos. Yo recuerdo que mi madre en los años70 y 80 guardó luto por sus padres un año. Pasado ese período se suavizaba el “luto riguroso” con “medio luto” o “alivio luto”, en que se podían usar con  el negro y el blanco los colores morado o lila. En los hombres el luto no era tan largo ni tan visible. Llevaba un brazalete negro cosido a la manga o  una tirilla de tela negra en la blusa o en la solapa de la chaqueta del traje, o un botón negro en la misma solapa.

Pero volvamos atrás en el tiempo para revisar brevemente la evolución de la moda masculina y femenina en nuestro país, entre  1900 y 1950. Esto no quiere decir, y no me cansaré de repetirlo,  que la mayoría de la población siguiese los dictados de la moda que describo. Bastante hacían los pamploneses y españoles de aquellos años con sobrevivir como podían pero aquí pretendo, al margen de las generalidades sobre el vestir que he comentado, ofrecer otro tipo de pinceladas sobre el vestir y la moda en esos años. Muchos  hombres usaban, en las primeras décadas del siglo, sombreros de paja redondos como los que vemos en la foto adjunta de la calle Estafeta, pajarita y vestían pantalones amplios  estilo  oxford. También se estilaban trajes de tweed y esmoquin o frac, pero estos solo y exclusivamente para los grandes eventos sociales. Las chaquetas de noche se combinaban con pajarita y fajín sustituyendo a los ajustados chalecos. Los trajes eran predominantemente de color azul marino o gris, sin olvidar los de la tradicional raya diplomática. Las chaquetas, de hombros cuadrados y estrechas en la cintura y las caderas. Las solapas estrechas, más puntiagudas y los pantalones más estrechos y no demasiado holgados.  De todos modos para la población en general, el traje se reservaba casi en exclusiva para los grandes eventos: bautizos, bodas y funerales. En la década de los 30 los trajes masculinos estaban compuestos de tres piezas: chaqueta, chaleco y pantalón. Con el paso del tiempo se combinarán pantalón y americana de tejidos diferentes ya que esta combinación permitirá múltiples variantes. Los pantalones serán anchos de piernas y tiro alto. A partir de 1930 también se imponen la trinchera y los gabanes.

Al filo de los 40 el hombre vestía traje con camisa blanca y corbata estrecha, tocado con sombrero, si bien esta vez de fieltro, como los que vemos en la foto adjunta de la calle Mayor. Junto al algodón hace acto de presencia el nylon en otro tipo de prendas, una fibra sintética que hasta entonces parecía estar solo asociado a las medias. Los trajes se llevan anchos, con camisas blancas y corbatas sencillas. El hombre elegante debía vestir siempre con chaqueta. Con el paso de los años los tonos y estilos se vuelven más frívolos y desenfadados tanto en la moda como en la estética de hombres y mujeres. Con los años 50 y el desarrollo económico la moda se democratiza y se extiende entre  todas las clases sociales. Se impone la venta de ropa confeccionadas en serie, estandarizándose y popularizándose la moda entre la población en general. Como ya he dicho hasta entonces la moda era mayormente seguida por  la gente acomodada.  Con los años 50, llegarán los colores y las prendas funcionales.  Los jóvenes vestían en los años 50 chalecos abotonados de colores con bolsillos, lazos brillantes, pajaritas y pantalones ligeros. Los jóvenes más avanzados seguían el estilo de James Dean o Marlon Brando con cazadoras de cuero, vaqueros y camisetas blancas de algodón y gomina en el pelo, además de zapatos con nuevas formas. Los jóvenes ya no solían usar sombreros, manteniendo un  estilo sencillo, con pocos o ningún accesorio, salvo, en todo caso, un reloj de pulsera.  Llegarán las camisas estampadas  y  nuevos tejidos artificiales que se suman al nylon y al rayon, como el tergal, la terlenka, etc para desembocar en la explosión vital tanto en la moda como en la estética de los 60 que ya traté en otra entrada similar de este blog.

Por su parte la evolución en la moda femenina va unida indisolublemente a su proceso de liberación y conquista de espacios en la sociedad y en la vida, a todos los niveles: cines, teatro, clubes sociales y deportivos a lo largo de estas primeras décadas del siglo. La mujer se libera del corsé en torno a 1908-1910, lo que le da una mayor libertad de movimiento al cuerpo femenino. Se recorta el largo de la falda, exponiendo parte de las piernas. Se comienza a llevar el cabello más corto y se introduce el maquillaje (colorete, rimel, etc) , pero en una sociedad conservadora como la nuestra, estos procesos se producen con cierto retraso respecto al ámbito europeo. A principios de siglo no estaba bien visto lucir la piel morena. Se imponían las pieles blancas y si no lo estaban se blanqueaban artificialmente. Y es que eran los trabajadores y trabajadoras del campo o que laboraban al aire libre las que lucían precisamente ese color dorado.  El blanco en la piel era signo, entonces,  de elegancia y distinción. Se comenzaron a introducir los cabellos ondulados, como los que vemos en la foto adjunta. Posteriormente el blanco de la piel deja paso a un tipo de maquillaje de color rosáceo que daba un aspecto más saludable a la piel. El cabello que hasta entonces lucía ondulado comienza a peinarse con raya al estilo Lillian Gish. Se utiliza con profusión el lápiz labial, rojo intenso y se destacan también con lápiz los ojos. Los tocados y sombreros son elegantes.

En los felices años 20, comienza a imponerse un  corte más a lo chico, adornado a veces con una cinta en la frente, los vestidos se aligeran y se acortan. Es la época del charleston. El maquillaje se usaba recargado, sin embargo ya no se llevaba la palidez extrema de principios de siglo que se consideraba ahora signo de salud quebradiza. En los años 30 y 40 imperaba el modelo  delgado y femenino, de piel morena, con aspecto atlético y cuidado. Sin embargo el maquillaje tan recargado que veíamos anteriormente se consideraba vulgar. Cada vez más se considera que hay que destacar la individualidad de cada mujer  a lo que contribuyen los crecientes productos de cosmética y belleza de la época. El cabello se llevaba con una media melena, peinada con ondas desde la frente. El rubio era el color de moda como lo lucían, entonces,  las actrices de Hollywood. Las estrellas de cine y las revistas de moda y de sociedad tendrán una gran influencia sobre las mujeres de la época y su forma de vestir. La 2ª República Española, supone una gran oportunidad para conseguir la igualdad de género, si bien, con la victoria  de Franco en la guerra civil  la mujer   retrocederá en la conquista de sus derechos y libertades, imponiéndose una moral pacata y castrante que reduce la misión de  la mujer española al cuidado del  hogar y  de los hijos. El  modelo femenino que encajaba con esta misión será presentado por la iglesia de la siguiente forma: la mujer deberá ir convenientemente vestida, es decir, con mangas largas o al codo, si escotes, con faldas holgadas, para no concentrar atenciones indebidas. La ropa no podía ser corta ni tampoco se debía transparentar. El cabello ya no se usaba corto. Por el contrario se recogían las melenas con moños altos o se usaban pañuelos a modo de turbante

Hacia mediados de la década de los 50, debido al creciente desarrollo económico y tras la ruptura del aislamiento y la autarquía en que estaba sumido el país se crea un marco  más favorable a la entrada de las modas internacionales (francesas y norteamericanas), gracias sobre todo al cine, la incipiente  llegada del turismo, las revistas femeninas y la televisión, que aparece en España en 1956. Gracias a las fotografías de las modelos y actrices de esos años así  como de los patrones que aparecen en  las revistas, la españolas de clase media podrán vestirse peinarse y maquillarse como ellas y  según las últimas tendencias del momento. El pelo se llevaba liso, ondulado, largo o corto. Se cambiaba el color del pelo aunque las jóvenes también utilizaban el look de la cola de caballo. Y como complementos los pendientes, (las orejas a la vista), combinados con collares de perlas de una a dos vueltas,   pañuelos para el pelo,  guantes y cinturones anchos en la cintura.

Fotos por orden de aparición: Nº1: Muchedumbre a la entrada de la Catedral. Principios de siglo. Roldan e Hijo, Nº 2: Mujeres en la plaza del Castillo (1900-1908), Nº 3: aldeanos de la cuenca acudiendo a los sanfermines. Plaza del Castillo. (1900-1910), Nº 4: Muchedumbre en la calle Mayor. 1926, Nº 5: Público presenciado una prueba deportiva en las instalaciones del Club de Tenis. Años 30. Foto Galle, Nº 6: Fotopostal. Calzados Lorente. 1922, Nº 7: Moda escolar. Años 50, Nº 8: Jardines de la Taconera. 1915, Nº 9: Grupo Primera Comunión. Hermanos Maristas. Años 40. Foto Galle.  Nº 10: Niña vestida con el traje de Primera Comunión. Principios de siglo. Foto Roldan y Mena, Nº 11: Paseo de la calle Estafeta. Foto Luis Lorda. 1917, Nº 12: Hombres delante del Monumento a los Fueros. 1930. Foto Vell i Vell, Nº13: Hombres paseando por la calle Mayor. Años 50. Foto Galle, Nº 14: James Dean y Marlon Brando, estrellas de los años 50 que tuvieron una gran influencia sobre los jóvenes de entonces, Nº 15: Foto de estudio. Foto Ruperez. Años 20, Nº 16: mujer vistiendo mantón de manila. Principios del siglo XX, Nº 17: Foto de mi madre. 1948-49. Archivo familiar, Nº18: Mujeres. Años 30-40, Nº19: Modelo. Tendencias años 40, Nº20: Niños años 60, Nº21: estilo Mujeres años 50-60. Archivo de RTVE, Nº22: Boda Años 50-60, Nº23, Nº24 y  Nº 25: Pascual Marin. 1927-1933. CC BY-NC 4.0 2015. Kutxateca.Fondo Marin.