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Recuerdos de aquellas viejas escuelas (1968-1977)

Decía el poeta Rilke que la infancia es la verdadera patria del hombre (y la mujer).  Los recuerdos de la  infancia no sólo forman parte intrínseca de nuestras vidas, sino que articulan, en buena medida, nuestra personalidad. Los recuerdos infantiles son, además,  recuerdos recurrentes, vuelven una y otra vez, son lejanos, envueltos en la gasa del pasado y de la nostalgia, y a la vez cercanos e íntimos, casi siempre edulcorados por el paso del tiempo. Y entre los recuerdos infantiles la escuela ocupa un lugar importante, no en vano entre sus paredes pasamos buena parte de nuestros primeros años de vida. En este blog he hablado en repetidas ocasiones de la escuela y de otros centros educativos. Creo que lo he hecho en no menos de cuatro o cinco entradas. En  la presente entrada hablaré sobre recuerdos de  la escuela que no se reflejaron en las otras  entradas aunque seguro que volveré a repetir algunas fechas y nombres. En esta entrada incorporo, además, abundante material gráfico (libros, cuadernos, fotografías de las escuelas, dibujos de mi temprana infancia, libros de calificaciones, títulos y reconocimientos varios, entre otros) que ayudará a recordar aquellos lejanos tiempos de nuestro pasado.

En alguna otra entrada ya conté como fue mi primer día de clase en las escuelas del Ave María, allá por septiembre de 1968, aquella escapada al hogar que tenía muy cerca de las escuelas y que había sido el cálido refugio de mis primeros y tiernos tres o cuatro años de vida. Fue una fuga muy rápida con obligado viaje de vuelta, de la mano de la autoridad «maternal». En aquella clase de párvulos, recuerdo que la maestra se llamaba Ramonita, nos enseñaron las  primeras letras, con el viejo método de repetir las vocales y demás letras del abecedario. Las escribían en el encerado o pizarra y los infantes teníamos que repetir las vocales y consonantes. Luego había que escribirlas en el cuaderno. Así aprendimos a leer y a escribir nuestras primeras palabras y frases.  Del mismo modo, cantarín y repetitivo,  nos enseñaban las tablas de sumar y de restar.

En el siguiente curso, en el primer curso de Primaria con la maestra Conchita Zaldo aprendimos las tablas de multiplicar y dividir y nos enseñaron nuestras primeras nociones de Geografía, con un mapa de España que desplegaban en el lado izquierdo del encerado y que nos hablaba de montañas y del origen y recorrido de los ríos. De estas dos primeras maestras, Ramonita y Conchita,  tengo un buen recuerdo, pero  es un recuerdo un tanto vago y difuso. Creo recordar que la primera tenía el pelo muy negro mientras que la segunda tenía el pelo más largo, vestía maxifalda  y creo recordar que murió a los pocos años, a consecuencia de un cáncer. Me acordó de una anécdota que no he contado en este blog: Estando yo en los primeros cursos de Primaria, (tal vez en 1º) me recuerdo leyendo en casa algún libro de cuentos o fábulas de la Editorial Doncel, que nos había dejado la Escuela, -ese día no fuimos por la tarde a clase-, pues anunciaron por la radio la llegada de un huracán y el consejo de que cerrasen los ciudadanos ventanas y puertas. Posteriormente descubriríamos que en realidad Franco había expulsado a la familia Borbón-Parma de España y  que se temía que Carlos Hugo retornase al país. Se hablaba de que su avión había sobrevolado esos días la nación.

De los dos siguientes maestros, del primero  don Emilio Loitegui, con su bata negra, casi gris, de tantas lavadas,   guardo un recuerdo menos positivo, por su excesivo apego a las técnicas punitivas de la vieja escuela, tortazo en la cara, estirón de orejas y demás castigos físicos típicos de aquellos años:  de rodillas contra la pared, reglazo en las yemas de los dedos, o la prohibición de  salir al recreo copiando 100 veces «no volveré a hablar en clase». Para entrar en su clase  de segundo de Primaria  lo hacíamos por una puerta más chiquita que el resto,  que estaba muy cerca a lo que llamábamos las «puertas rojas», junto  a la Travesía del Ave María. De la segunda, Doña Isabel Ancil, que nos dió tercero de Primaria,  recuerdo que era ya muy viejecita, bastante enjuta y arrugada cuando nos daba clase o así al menos nos parecía. No aprendimos  mucho, ese año,  la verdad. Lo único que recuerdo destacable fue el hecho de ser el primer año en que la clase era mixta, eso sí, las chicas separadas de nosotros (así sería hasta el bachillerato), y que alguna tarde sacamos los pupitres y las sillas al patio, emulando el viejo método «manjoniano»  del  origen de las escuelas.

El aula de Doña Isabel estaba en el bloque de las escuelas de las chicas que aparecen en la fotografía adjunta de Julio Cía. Cuarto de Primaria nos dió Germán Tabar que fue posteriormente director de la Escuela, era alto, iba siempre muy erguido, casi echado para atrás, y era un impenitente fumador. Entonces los maestros fumaban en clase. Su clase estaba situada cerca de la Iglesia y el salón de actos y se entraba por la puerta que aparece en la foto del principio de la entrada, fotografía también de Julio Cía perteneciente como la mayoría de las fotos de esta entrada al Archivo Municipal de Pamplona. En la época en que estuve en las Escuelas el director era Daniel Pascual pero no me dió nunca clase ni tampoco Don Joaquín que creo que era hermano de Don Gabino que fue  maestro en 5º de Primaria, cuando estaba en la Carbonilla. El portero de las escuelas era el señor Francisco y  tenía muy malas pulgas. Todos los niños le teníamos bastante miedo. Por lo que me han dicho debió  ser antes de portero, guardia civil pero estaba retirado del servicio. Se encargaba de abrir las puertas exteriores de las aulas y de otros asuntos de intendencia, como traer el carbón y  leña que estaba apilada en una leñera junto a unos baños «infectos» (había que contener la respiración cuando entrabas)  cerca de las «puertas rojas» de entrada al recinto escolar. Estando todavía estudiando en las escuelas construyeron una columna de baños adosada al pasillo de comunicación entre las diferentes aulas, justo en la parte posterior de las aulas, en la zona que daba al viejo campo de fútbol.

Hasta hace muy pocos años  creo recordar que estaba por  casa aquella primera cartera escolar de párvulos, lo que daría por sacarle ahora una fotografía. Como ya he comentado en alguna otra ocasión dentro de la cartera escolar en aquellos primeros años de la escuela llevábamos los  cuadernos de Rubio, creo recordar que el de caligrafía era verde y los de matemáticas amarillos. Además llevábamos más de un cuaderno, uno para sucio, es decir podía estar lleno de tachones o borraduras  y otro para pasar  a limpio la tarea ya fuesen dictados, dibujos  o problemas matemáticos que de todo había. No podía faltar la Enciclopedia Alvarez, un compendio de materias en las que se daban nociones de la historia de España, la Historia Sagrada, Lengua Española, Matemáticas. Geometría, Geografía, Ciencias de la Naturaleza, etc. Se editó entre 1954 y 1966 aunque yo recuerdo que se utilizó algunos años más, pues seguíamos utilizando al filo de los  70, que es cuando empecé a  ir a la escuela. Mi hermano, cinco años mayor que yo  sí   la utilizó con profusión en buena parte  de su  época de  enseñanza primaria. Había enciclopedias Alvarez de primer, segundo y tercer grado. Editada por la editorial vallisoletana Miñon llegó a copar el 80% del mercado del libro de texto en aquellos años, vendiendo más de 22 millones de ejemplares en toda España, 34 millones si contamos otro material educativo (había un libro del maestro con sugerencias y ejercicios). Reproduzco a lo largo de esta entrada algunas páginas de aquella enciclopedia. Al ver algunos de sus dibujos se activan algunos de mis recuerdos más remotos:  dibujos que ilustraban diversos pasajes de  la historia sagrada o textos literarios, generalmente poesía. Más adelante, tanto en la primaria como en la EGB  tuvimos los primeros libros por materias que venían con sus fichas de trabajo, luego editaron los libros de  materias, por un lado, y por otro  los  libros delas  fichas de trabajo. Completaba nuestro equipamiento un plumier, el lapicero del 2, de marca Cedro, la goma Milán de nata, las pinturas Alpino y el catecismo escolar  (que había, como en la enciclopedia Alvarez,   de varios grados). Sin olvidar los rotuladores Carioca, las pinturas de cera Mancey, los bolis Bic, etc.

A partir de tercero de Primaria  la estructura de las clases era la siguiente. Por las mañanas Calculo y Dictado, más tarde se incorporarían otras asignaturas. El maestro copiaba en la pizarra los ejercicios o problemas. En  el dictado, el maestro entonaba con voz cansina la lectura,  (recuerdo una de libro » Platero y yo» de Juan Ramón Jimenez que empezaba así:  «Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos…»). El dictado lo copiábamos en el cuaderno y más tarde nos tocaba leerlo en voz alta. La lectura de los más torpes a veces era objeto de mofa o burla. Y es que la escuela y la infancia puede ser muy cruel. La educación era fundamentalmente memorística. Por la tarde se programaban la gimnasia y los trabajos manuales, la gimnasia muy básica, no había polideportivo ni gimnasio, la hacíamos en el campo de fútbol, de tierra,  de las escuelas: alineamientos, estiramientos, ejercicios gimnásticos, carreras, etc. De los trabajos manuales recuerdo sobre todo los de marquetería que ya he comentado en otra entrada hace no hace  mucho. En las escuelas del Ave María, un único maestro en cada curso daba todas o casi todas  las asignaturas. La religión en las Escuelas si que en ocasiones nos la daban a veces  los curas de la cercana iglesia del Ave María  y  por supuesto, ellos se encargaban de  prepararnos para la primera comunión que celebré  a los 7 u 8 años.  En el EGB, en Cardenal Ilundain, y creo que también en la Carbonilla aunque menos, pasaríamos del maestro para todo a profesores para  cada materia, si bien en cada curso de la EGB teníamos un tutor, el de 6º  se llamaba Javier Gracia, el de 7º Javier Donezar y el de 8º Javier Navallas Rebolé, el que fuera posteriormente un alto cargo de Educación hasta hace unos años. La primera maestra en prácticas la vimos en 5º de Primaria en las Escuelas de la Carbonilla. Se llamaba Mari Carmen. Era muy guapa y estaba como un flan, de nerviosa, en su primer día. Tanto en la escuelas del Ave María como en las del Cardenal Ilundain  pasaba, al menos una vez al año por la clase el Inspector, un funcionario de Educación  que controlaba o revisaba la forma en que nos daban clases nuestros maestros.

La jornada lectiva comenzaba a las 9 de la mañana, los chicos nos arremolinábamos a  la entrada antes de esa hora, el recreo era a las once y por la tarde las clases eran de 3 a 5.  En los primeros cursos, (Párvulos, 1º y 2º)  llevábamos batas, una bata a rayas  como la que llevo en la foto de la entrada «Recuerdo de mi Colegio» de este mismo blog. Entrabamos a la clase, dejábamos nuestros abrigos colgados en el perchero y la metíamos la cartera escolar en el cajón o la dejabamos pegada junto al pupitre, pupitres que en el Ave María eran de material pizarroso ligeramente inclinados, con un agujero, imagino que para dejar, en otro tiempo, el tintero, y de color verde oscuro.  Había un registro de alumnos que llevaba el profesor cuya mesa y silla estaba ubicada sobre una tarima por encima del nivel del resto de la clase. Detrás de la tarima, estaba el encerado,  una larga pizarra negra que ocupaba casi toda la pared frontal. Sobre el encerado un crucifijo en el medio y a ambos lados las fotos de Franco y José Antonio, sin embargo y a pesar de este imagino que obligado elemento no recuerdo que, a diferencia de otras escuelas o colegios públicos y privados,  nos diesen lo que se llamaba entonces  formación patriótica o formación del espíritu nacional. Tampoco a diferencia de otras escuelas, al menos en los años en que estuve allí,   nunca se cantó el «cara al sol» ni  ningún otro himno o  acto parecido. El maestro pasaba lista. Algunas veces, se colocaba a los alumnos por orden alfabético, pero creo que en el Ave María no. Eso sí, era frecuente que te cambiasen de puesto, te separasen de tu compañero de pupitre si veían que hablabas mucho con él. A primera hora de la mañana se encendía la estufa, una estufa de carbón y leña de forma circular con un tubo que sacaba el humo, la combustión al tejado. Las escuelas del Ave María eran escuelas de una sola planta, con unos enormes ventanales, como se puede ver en las primeras fotografías de esta entrada. A lo largo del año recuerdo con bastante nitidez que había una serie de acontecimientos, los más notorios en el mes de Mayo, el «mes de María» y de las flores y  la fiesta del Domund (Domingo Mundial de las Misiones) con   sus huchas  para los «chinitos» en octubre. Visto ahora con más de 50 años de distancia y China como segunda casi primera potencial mundial parece increíble. A veces nos llevaban al cine a Pamplona, concretamente al Salón Mikael, donde vimos un documental de las Olimpiadas de Invierno de Sapporo o el documental «Navarra, cuatro estaciones».

Los sábados por la mañana también teníamos que ir a la escuela pero creo que eran actividades extraescolares. En 5º de primaria, en las escuelas de la Carbonilla por ejemplo, empezamos a jugar al ajedrez. Estas escuelas se habían construido en los años 30 por parte de la República con el fin de hacer frente, con una oferta laica, a la educación religiosa del Ave María. Se inauguraron sin embargo oficialmente el 22 de febrero de 1944 y en los años 70 acogía alumnado del Cardenal Ilundáin como fue mi caso. Si, porque acabado cuarto de Primaria, se nos trasladó del Ave María al colegio Cardenal Ilundáin. Lo he dicho en alguna entrada, en el tiempo que estuve en las escuelas de mi calle, entre 1968 y 1973, por la tarde, después de comer,  nos daban unos botellines de leche de 1/4 de Kaiku-Copeleche. El servicio, vinculado a la mejora de la alimentación de la infancia,  comenzó aplicarse en Pamplona en el año 1963. También he mencionado en otras entradas la existencia del Servicio de Medicina e Higiene Escolar, que entre los años 50 y 70 estuvo centralizado en las escuelas de San Francisco. El Servicio pesaba y tallaba a los niños, nos revisaba los dientes, controlaba nuestras  vacunaciones. Creo recordar que alguno de estas inspecciones se realizaban en el Instituto de Higiene de la calle Leyre. Adjunto alguno de aquellos certificados de vacunación.

Al término de la Primaria te daban  la cartilla de escolaridad, luego se llamaría libro de escolaridad de enseñanza primaria, con las notas de cada uno de los cursos y el certificado de estudios primarios. Antes de que apareciese la EGB, en el plan antiguo,  con motivo de la ley general de educación de 1970 tras los cursos de Primaria, eran 4 o 5,  además de párvulos venía el Bachiller Elemental (cuatro cursos que correspondería luego a algunos de la EGB), luego la Reválida y el Bachiller Superior (5º y 6º) y otra Reválida, además del PREU que luego se llamaría COU. Con la Ley de Educación de 1975, los colegios de Primaria pasaron a denominarse de EGB. Al acabar la EGB te daban el Graduado  Escolar. A mi me tocó estudiar Primaria y EGB, a mi hermano Primaria y el antiguo  plan de Bachillerato. En mi libro de escolaridad de enseñanza primaria aparecían tanto mis primeros cursos de Primaria como los de la EGB, Terminada ésta, a diferencia de mi hermano yo cursé el BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) que equivalía a algún curso final del bachiller elemental y a todos los del Superior más el COU y la Selectividad. Adjunto ejemplares de aquellas cartillas y libros de calificaciones. En la escuela, si sacabas buenas notas, el Ayuntamiento te hacía un reconocimiento público con la entrega de diplomas y matrículas de honor. Además del oportuno diploma, adjunto tan solo un par de ejemplos de las escuelas del Ave María y del Cardenal Ilundáin, te entregaban algún libro, caramelos y otros obsequios. El acto se celebraba un sábado del final del curso, a finales de junio, generalmente en el salón de actos, con la presencia de los responsables del colegio, algún representante municipal y por supuesto los padres de los alumnos reconocidos.

De mi estancia en el Cardenal Ilundáin, al margen de lo dicho, puedo destacar que evidentemente esta escuela o colegio nacional tenía muchas más dotaciones y equipamientos que la escuela de Primaria de mi calle. Disponía de un amplio campo de fútbol de tierra en la parte trasera, sendos campos de baloncesto y balonmano en la parte delantera y en un lateral, unas entradas a cubierto que utilizamos como improvisados frontones, laboratorio, proyectores de  diapositivas o filminas, -que decíamos entonces-, y un montón de aulas. Creo que en la época de más auge del baby boom, el colegio llegó a tener más de 1.000 alumnos. Estando yo en él (entre 1974 y 1977) se construyeron  más aulas en la parte trasera, imagino que por esa  demanda incesante de plazas.   A pesar de que en noviembre de 1975 moría Franco, estaba yo en 7º de EGB, aun continuaban, en ocasiones, los métodos de la vieja escuela, con algún que otro castigo corporal.  Durante el tiempo en que estuve en el colegio el  director del Cardenal Ilundáin, fue Luciano Lazaro Calvo.

Fotos por orden de aparición: Fotos 1, 13 y 19: Escuelas del Ave María y de la Carbonilla: J. Cia (1950), AMP. Fotos 3 y  4: Escuelas del Ave María (años 20). Foto Roldán e Hijo. AMP.  Fotos 2, 9, 10, 11, 15, 16, 17, 18, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 33, 34 y 35: Archivo Familiar

   

   

Pamplona año a año: 2012

El año 2012 empezó con dos agresiones por botellas tras la nochevieja del 2011. La exconcejal Carmen Alba fue designada como nueva delegada del Gobierno en Navarra. Las arcas forales andaban con bastantes problemas, no en vano estábamos en plena crisis económica. Buena muestra de ello es que el gobierno foral, buscaba liquidez como fuese y ponía a la venta 21 inmuebles con el fin de obtener 16 millones de euros. Se suspendían el Festival de Olite y el concurso internacional de canto Julián Gayarre que pasarían a celebrarse cada 2 años. Las villavesas incorporaron de nuevo revisores para evitar fraudes de los viajeros. Navarra se enfrentaba a primeros de febrero a una ola de frío siberiano con máximas de cero grados y mínimas de entre 6 y 8º bajo cero, las más frías en los últimos tres años, se helaron ríos y en la carretera se produjeron muchos accidentes por el hielo, algunos de ellos mortales. Los parados superaban por primera vez en Navarra, los 50.000. Se hablaba sin tapujos de crisis en Banca Cívica, con posible cierre de oficinas y despido de empleados y todo la encaminaba hacia la fusión. Se hablaba ya a comienzos de año de la Caixa. Y en efecto en marzo, el 23 de marzo se llegaba a un principio de acuerdo para la fusión. Los ciudadanos cambiaban sus modelos de consumo mirando mucho más el gasto. Osasuna pedía al Gobierno un plan de rescate financiero con aplazamiento de sus deudas a Hacienda. Aumentaban los robos de materiales: cobre, hierro, etc. Crecían los  desahucios entre los ciudadanos que no podían pagar sus hipotecas. El Gobierno Foral recortaba gastos a diestro y siniestro con el fin de cuadrar sus cuentas. Canal 4 dejaba de emitir tras 18 años de existencia.

Las multas por dejar mal la basura podían llegar hasta los 3.000 euros, si bien todavía la Mancomunidad no había tramitado ninguna sanción. Los ERES ya afectaban en los dos meses y medio de 2012 a más 9.000 trabajadores en Navarra, casi la misma cantidad de trabajadores que durante el año anterior. La ventas del comercio habían caído un 24% en Navarra desde 2008. Se agudizaba la crisis en Nafarroa Bai. EA y Aralar se unían a Batasuna en el Aberri Eguna celebrado en Pamplona. La huelga general el 29 de marzo que paró a buena parte de  la industria degeneró en violencia con piquetes que destrozaron mobiliario y los escaparates de algunos comercios del centro. Se fusionaban Canal 6 y Popular TV. Se dió a conocer que más de 300 comercios habían sufrido daños por la actuación de grupos violentos en la huelga general del día 29. En abril se cortaba la avenida de Zaragoza durante un mes por las obras de urbanización de Arrosadía-Lezkairu. Con 24 días seguidos de lluvia se igualaba el registro habido  en 1922. El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba avalaba en Pamplona el gobierno de UPN-PSN formado tras las elecciones de 2011. El Casco Antiguo renacía a pesar de la crisis con la apertura de 44 nuevos comercios.

Se plantearon nuevos ajustes presupuestarios en abril, más de 50 millones de euros, y se estudiaba subir algunos impuestos, recortar servicios incluso  cobrarlos. Los jubilados pagarían el 10% del coste de las recetas. Pamplona vivía el mes de abril más lluvioso desde 1989. Prosiguieron las tensiones en el seno del gobierno entre UPN y el PSN. Navarra evitaba un desplome de ingresos de IVA a consecuencia de un cambio contable en VW Navarra que le habría costado 260 millones de euros al año. En la primera mitad de 2012 comenzaban a construirse los parques de Aranzadi y Trinitarios, ambos subvencionados por la UE al 80%. Las obras de Arrosadia-Lezkairu obligaron a mantener cerrada la avenida de Zaragoza durante casi todo el año. El nuevo barrio acogía a sus primeros vecinos este año. El colegio de las jesuitinas cumplía 50 años en el barrio de la Chantrea. Con la exposición «Occidens», la Catedral enseñaba sus increíbles tesoros artísticos de una forma nunca vista. Osasuna acababa la liga 2011-2012, en séptima posición.

Pamplona diseñaba un plan financiero con 25 millones de euros de inversión en un año que no podría llevarse a cabo ante la falta de apoyo del resto de grupos. Navarra asumía no pasar del limite de gasto hasta 2014 pero se endeudaba en 1.275 millones más entre 2011 y 2014. Tromba de agua el 19 de mayo, con 40 litros por m2 en Pamplona, 18 en 20 minutos. Se iniciaba la campaña institucional seguida por las empresas «Queremos darle la vuelta». El 22 de mayo por 22 votos a favor y 2 en contra se aprobaba la integración de CAN en Caixabank. Se producía un incendio en la factoría de Kybe en Ororbia. Pamplona limitaba a 30 km/hora casi todas las calles de una dirección. La exigencia de nuevos recortes abría  una nueva crisis entre PSN y UPN a primeros de junio. Miranda anunciaba un recorte de otros 132 millones por la caída de ingresos. Se intentaba llegar a un acuerdo  pero el día 14 Barcina destituía fulminantemente por «presunta» deslealtad al vicepresidente, Roberto Jimenez. Se la comunicó con un motorista pasadas las 12.30 de la madrugada. La gota que desbordó la crisis fue la denuncia de Jimenez de otro agujero en las cuentas forales. UPN intentaría gobernar en solitario. El parlamento instaba a Barcina a una cuestión de confianza. La Universidad de Navarra no podría hacer su plan de centros de investigación en Donapea, ante la oposición de buena parte de los grupos políticos municipales. El Riau Riau que quería recuperar este año Enrique Maya acabaría nuevamente reventado, no pudiendo salir del zaguán. El anterior intento lo protagonizó Javier Chourraut en 1996.

Mercadona recibía licencia para abrir en la cuenca de Pamplona el primero de sus locales. Seguía  creciendo el número de parados: en verano llegaban a los 51.000. Los funcionarios se quedaban sin la extra de Navidad que suponía cerca de 60 millones de euros. Cierres parciales en VW. Barcina reducía el nº de altos cargos de la administración y algunos organismos autónomos. En Agosto se planteó por el Gobierno Central la subida del IVA de la mayor parte de los productos, del 18 al 21%.  Solo el verano de la gran ola de calor de 2003 y el de 2009 fueron más calurosos que este año en Pamplona desde 1975. Hubo tres olas de calor este año, la primera entre el 24 y el 29 de junio, con temperaturas de 36-39º y las dos siguientes en agosto, entre el 9 y el 11 con temperaturas de 41,4-42º, 41,4º en Pamplona, el 10 de agosto el día con más calor en Navarra desde 1975. En la segunda ola la sensación de calor fue mayor porque las altas temperaturas duraron más días. Comenzaban a bajar los alquileres de las viviendas. Se recortaban los presupuestos de las fiestas de los pueblos. El 18 de agosto arrancaba en Pamplona la Vuelta Ciclista a España, con una contrarreloj que pasó por el Recorrido del Encierro.

El 4 de septiembre comenzaban las tareas de derribo de la antigua cárcel de Pamplona que continuó a lo largo de los siguientes 35 días. La cárcel se había inaugurado en junio de 1907. Multitudinaria celebración en Pamplona del Privilegio de la Unión con salida de los gigantes y más actividades que nunca. Los concejales de Aralar abandonaban el grupo municipal de Nafarroa Bai en el Ayuntamiento de Pamplona. El día 26 de septiembre se producían nuevos  altercados en la huelga general convocada por ELA y LAB. Bajaba el precio de la vivienda, casi un 14% el último año. Comenzaban a marcharse los inmigrantes, de enero a septiembre, más de 3.000, al final del año se perdieron 2.000 respecto al año anterior, 69.623 frente a 71.600 del 2011. Las ventas del comercio cayeron un 10,5% tras la entrada en vigor de la subida del IVA el 1 de septiembre. Aumentaron las faltas y los delitos, el robo de materiales, incluso de alcantarillas y se incrementaban las bajas temporales de coches, los ERES y despidos en las empresas así como el uso de los comedores sociales. La telefonía móvil perdía 25.000 líneas en Navarra. Se producía, por contra,  un descenso notable en las bajas laborales. Comenzaron a proliferar, desde finales de este año, las inspecciones por aforo en los locales de hostelería. En Noviembre se había producido la tragedia del Madrid Arena. Crecía exponencialmente la educación en inglés en los colegios. El vandalismo costaba  a Pamplona un millón de euros al año solo para eliminar pintadas y reponer el mobiliario destruido. Se producían nuevas protestas sindicales el 14 de noviembre:  la huelga general, la tercera este año no logró, sin embargo  paralizar el tejido productivo como las anteriores. Estalla el caso ASFI en Pamplona, con numerosas comunidades de vecinos afectadas. En diciembre se anunciaba que VW invertiría 785 millones  de euros en Landaben para el nuevo Polo. El día 9 de diciembre el presidente de la CAN, José Antonio Asiain denunciaba a la guardia civil un intento de chantaje económico en el que resultaba implicado el diputado del PP, Santiago Cervera, quien abandonaba todos  sus cargos y decía que todo había sido una trampa. Fue a recoger un sobre en las murallas del Baluarte de san Bartolomé, sin saber que estaba siendo espiado por agentes de la guardia civil. El año se cerraba con casi 52.000 parados. Tras la crisis política Navarra contó con presupuestos prorrogados, al igual que el Alcalde Enrique Maya en el Ayuntamiento de Pamplona.

Echavacoiz: el primer barrio que absorbió Pamplona (1876-2016)

Hace tiempo que no escribía  sobre los barrios de Pamplona y aún no había hablado de dos de ellos que fueron anexionados por Pamplona en diferentes momentos de nuestra reciente historia: Echavacoiz a la cendea de Cizur  y Mendillorri a Egues. Echavacoiz fue durante mucho tiempo un lugar muy poco poblado. Parece que la zona comenzó a poblarse en el S.XIX. Adjunto una foto de Mauro Ibañez de 1876 donde se vé una sola  casa y al fondo Cizur y la sierra del Perdón. El término parece proceder claramente del euskera (etxe: casa y bakotz, único o solo) derivado de bat (uno) (bak(h)oitz); En los siglos XII y XIII  aparecen en documentos ya  términos como Essabacoiz, Etsevacoiz y Echavacoyz. Al margen de las ventas, campos y huertas existentes las primeras edificaciones e industrias se construyeron en torno a la carretera a Estella a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Otra de las zonas más antiguas fueron la casas cercanas a la vía del tren. De hecho la instalación de las primeras ventas en la zona, -la venta de Benito o la venta de los Adobes- y de las primeras casas, tienen que ver con la cercanía tanto a la carretera a Estella como al paso del tren. En 1861, un año después de la inauguración de la Estación del Norte, en Pamplona, se había construido  un apeadero en terrenos de Echavacoiz.

En 1910 se inauguró el convento de las Carmelitas Descalzas, aproximadamente por esas fechas se  había instalado también el sanatorio antituberculoso, detrás de los primeros pabellones del Hospital de Navarra. En torno a la carretera se instalaron posteriormente la Venta de Andrés,  la fábrica de harinas Urdanoz, en 1914, en el término de Cizur, que se llamaba entonces Harinera «San Andrés»,  la harinera «La Trinidad», Argal, instalada en 1939), la fábrica de piensos de Edmundo Aznar que luego conoceríamos como Piensos Sanders, la Vinícola de Montejurra, Dulces Jarauta, la serrería de Puig y otras industrias. El 10 de octubre 1941 se instalaba la mayor de todas ellas y también la más polémica: Inquinasa (Industrias Químicas de Navarra S.A). Nicolás Ruiz de Alda fue su primer presidente y su primer director gerente, Manuel Zarranz. Inquinasa fabrica actualmente productos químicos para el sector agrícola y farmacéutico que vende  a su grupo propietario, Huntsman Advanced Materials. Tiene 60 trabajadores  y ocupa 16 hectáreas. El principal producto que fabrica ahora  es el «sequestrene», una sustancia que se aplica a las tierras con deficiencia de hierro y combate enfermedades de los árboles frutales. Otro producto que produce  es la «higrotona», una sustancia  diurética que  vende a compañías farmacéuticas.

El 8 de septiembre de 1953, día del Privilegio de la Unión, se produjo la anexión a Pamplona del Concejo de Echavacoiz que hasta entonces había pertenecido a la cendea de Cizur. La diputación foral había aprobado el convenio de anexión el 28 de octubre de 1950 y en 1951 se había pasado el expediente al Ministerio de Gobernación. En la fecha en que fue anexionado Echavacoiz contaba con 500 habitantes y 120 casas. A favor de la anexión estaban el Ayuntamiento de Pamplona, regido entonces por Miguel Gortari, que prometía nuevas dotaciones (agua corriente, colegio, etc) y el alcalde del concejo de Echavacoiz, Angel Urdanoz; en contra la cendea de Cizur, por razones fundamentalmente económicas,  y también en contra se posicionaron  algunas de las más importantes industrias de la zona. Sería Javier Pueyo, alcalde de Pamplona en esa fecha, el que asistiría al acto de anexión. Jesús Garatea, por su parte, fue el último alcalde de Echavacoiz.

El barrio o rincón de Larrascuntzea, situado tras la fábrica de Inquinasa, que se había  convertido en una colonia de casitas para obreros de Inquinasa  perteneció al Concejo de Cizur Menor hasta el 4 de diciembre de 1958 en que también fue  anexionada por Pamplona, siendo Miguel Javier Urmeneta alcalde de la ciudad. Miguel Zamora Diaz me hizo llegar, hace un año, estas históricas fotografías sobre este desaparecido  barrio donde nació y vivió. Hoy es una zona deshabitada,  una especie de perímetro de seguridad en torno a la fabrica. También por estas fechas se construyeron las llamadas casas de Mañeru, un poco antes en 1953-54, las primeras casas de Chocarro (según me puntualiza Rosario Tibarrola), y también las casas de Puig, -estas últimas en la avenida de Aróstegui-,  que sirvieron para dar alojamiento a los trabajadores de la serrería y otras viviendas a lo largo de la carretera de Estella, entre las industrias existentes  y sin ningún tipo de planificación, como sucedería también en San Jorge y Rochapea, pero muchísimo peor. El barrio acabaría diseminado entre varias áreas o zonas dispersas  sin una buena comunicación entre ellas, aislada del resto de la ciudad, sin equipamientos, sin ningún tipo de  ordenación y planificación urbanística  y con unas construcciones de muy baja calidad. Los 20 bloques en forma de H del Grupo Urdánoz quedaron  terminados para 1959, como atestigua la ortofoto histórica de 1956-57, donde aun no existe en ese lugar ningún tipo de construcción. Eran pisos pequeños, de apenas 50 m2, construidos junto al río Elorz en una zona considerada como inundable, con problemas de humedad.

Posteriormente, a lo largo de los años 60, se construyeron las viviendas de la Cooperativa, entre la N-111 y el Grupo Urdánoz, las casas de Barcos, cerca de la Venta de Andrés y las promociones de Vistabella, integrada por más de 300 viviendas ubicadas en la zona más cercana a Barañáin. Eran viviendas de mayor calidad que las que he citado en el párrafo anterior. Las  primeras construcciones del barrio habían acogido  a una población mayoritariamente inmigrante de Andalucía y Extremadura y de otras zonas de Navarra.  En estos años se construyeron también la parroquia de Nuestra Señora del Pilar y el Colegio Nicasio Landa (1961), este último junto al colegio religioso San José de Mongay. El puente de Echavacoiz,  fue reformado y ampliado en 1972 dada la gran circulaciòn que empezó a sufrir en la segundad mitad del siglo XX. En los años 70, al igual que en San Jorge fueron muchas las movilizaciones de los vecinos  por mejorar las condiciones del barrio: urbanización del grupo Urdánoz, centro de salud, residuos de Inquinasa, adecuación de la carretera a Estella, etc. Argal cerraría en esta década. Las piscinas del barrio se construyeron en 1976. No obstante pese al esfuerzo por mejorar las condiciones urbanísticas y sociales el barrio comenzaba a arrastrar ya desde los años 60-70 un cierto estigma social. Especialmente dura para el barrio fue la muerte en 1984 de un niño del barrio, de 8 años, Miguel Ángel Díaz,  en un colector de aguas que no tenía ninguna protección junto al grupo Urdánoz. En 1984 ya se proyectaba en el PGOU instalar en el término de Echavacoiz, la nueva estación del tren eliminando así el bucle ferroviario actual. Al filo del nuevo siglo cerraba el colegio del Sagrado Corazón y se trasladaba la ikastola Jaso, quedando también abandonado el convento de las Carmelitas.

El barrio que había ido creciendo desde su anexión, de los 500 habitantes a los 2.385 en 1960 y a 4.482 en 1970  fue perdiendo población, ya que los vecinos abandonaban la zona en cuanto podían, pasando a 3.800 habitantes en 1986 y  a 3.600 en 1996. En 1989 se aprobaba el plan de Echavacoiz Norte, con unos estándares de calidad muy  diferentes a los de la zona Sur. Sin embargo se perdió la oportunidad de unificar e integrar social y urbanísticamente el barrio creando con la nueva urbanización una mayor desigualdad y profundizando en la estigmatización de la zona sur. La tendencia al despoblamiento del barrio se invirtió cuando se construyó a finales del siglo XX la mencionada zona de Echavacoiz Norte, subiendo la población hasta 4.700 habitantes en 1999 y hasta 5.600 en 2.008.  Echavacoiz posee actualmente casi un 20% de población extranjera y a pesar de algunos  avances como la   mejora de las fachadas del grupo Urdánoz, la puesta en marcha del ascensor urbano (2013) o el adecentamiento de la ribera del río Elorz y otros logros conseguidos por la movilización vecinal sigue siendo junto a La Milagrosa actualmente uno de los barrios más olvidados por la ciudad, estando a la espera de su bien merecida revitalización.

Ya he comentado que en 1984 se hablaba de instalar en el barrio  la nueva estación del tren. En 2002 el Plan Municipal volvía a plantearlo desembocando dicho proyecto y otros equipamientos y dotaciones en el PSIS de 2006. El PSIS de la nueva estación del TAV así como el convenio firmado para el traslado de Inquinasa que permitirían mejorar el desarrollo y la planificación de este barrio de la ciudad está, de momento, paralizado y no parece  tener muchas posibilidades de salir adelante al menos en el  corto o medio plazo, debido fundamentalmente al proceso de desaceleración económica que hemos sufrido  los últimos años. Dicho plan urbanístico preveía la construcción de viviendas, más de 8.000, la mitad de protección oficial, con varias torres, una de 100 metros, oficinas, industrias y la futura estación del TAV, un área tecnológica, un área dotacional y deportiva, una zona comercial y un centro de interés regional, además de mejorar el acceso a Pamplona, con seis carriles,  en la avenida de Aróstegui. El coste de la urbanización se estimaba en torno a los 347 millones de euros, incluyendo el coste de las obras y las indemnizaciones y duraría entre 6 y 8 años.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Vista general de Echavacoiz, Mauro Ibañez. 1876 Nº 2: Anexión de Echavacoiz a Pamplona. 8 de septiembre de 1953. Foto Galle, la foto nº 1 y nº 2 extraidas del libro Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri, Las fotos Nº 3, Nº 4, Nº 7, Nº 8, Nº 11 y Nº 12: corresponden a las ortofotos de los años 1929, 1945-46, 1956-57, 1966-71, 1982 y 1999.200, Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra. Las fotos Nº 5, 6, 9 y 10 son fotos del barrio de Larrascuntzea cedidas por Miguel Zamora Diaz. Nº 13: obrasespeciales.com, Nº 14:Pamplonaactual.com

Aquellos vendedores ambulantes: barquilleros, heladeros, castañeros y churreros

Hace unos días ví una hermosa foto del archivo fotográfico de José Castells Archanco, cuyo autor es Galle que adjunto junto a este párrafo, -me atrevo a creer por la vestimenta de los hombres situados a la izquierda de la foto- que puede ser de los años 50 o primeros 60, tomada en la plaza del Castillo, frente al Iruña, que tiene a la figura del barquillero como protagonista y que ha removido en mí antiguos recuerdos infantiles que voy a intentar plasmar, amen de hablar de estos y otros vendedores ambulantes, muchos de ellos, sobre todo heladeros y churreros,  también tenían sus tiendas fijas o solo tiendas fijas, y fueron, como pocos, reflejo de nuestras viejas costumbres, de la Pamplona de antaño, esa Pamplona que con cariño y a veces, porque no,  con nostalgia, este blog intenta captar y recuperar. Vinculada al oficio de lo barquilleros nos queda la calle del mismo nombre, denominada así por acuerdo del pleno del 13 de noviembre de 1936, ratificado en el pleno del 24 de marzo de 1937 y que dió nombre a la vía comprendida entre la calle Dos de Mayo y el Portal de Francia, entre la traseras del lado derecho de la calle del Carmen, según sube del Portal, y el antiguo convento de las Adoratrices, hoy el hotel Pamplona Catedral y que vemos en la siguiente foto del fondo fotográfico de Leoncio Urabayen datada en los años 30.

Al terminar la tercera guerra carlista, en 1876 llegó a Pamplona, procedente de San Pedro del Romeral, en el valle del Pas, provincia de Santander, José Gómez López  al que se le unió más tarde su esposa Josefa Martínez. Según dice J.J. Arazuri en su libro «Pamplona, calles y barrios», el matrimonio se asentó en el nº 17 de la calle del Carmen, en cuya trasera inició la elaboración de barquillos y helados para su venta por las calles y plazas de la ciudad,  además de en posadas y hoteles. Ambos fallecerían con un intervalo de apenas dos días en enero de 1933. En 1952 figuraba como titular de la fábrica de barquillos, Amalia Gómez, hija del matrimonio. Amalia fallecería en 1960. La vieja casa del número 17 de la calle del Carmen, la casa de los primitivos barquilleros, fue derribada y sustituida por un moderno edificio  en 1972, desapareciendo  su acceso a la calle Barquilleros. Sin embargo aun quedarían otros barquilleros como Feliciano Martínez, con domicilio en el nº 6 de la Bajada del Portal Nuevo o Salvador Sainz Revuelta primero en Tejería y luego también en la Bajada del Portal Nuevo. De hecho la citada casa, ubicada en el nº 6 de la calle, la conocimos durante mucho tiempo como Casa de los Barquilleros, una casa construida en el siglo XIX con tejado a cuatro aguas y cuatro miradores, que contaba con tres plantas de 300 m2 cada una. Desde el año 2006 ha sufrido cinco incendios estando actualmente muy deteriorada. José Revuelta, el tercer fabricante de barquillos de la ciudad estuvo primero en el nº 10 de Lindachiquia y luego en el nº 11 de San Gregorio.

Los barquillos eran unos dulces de masa de trigo horneados sin levadura y endulzados con azúcar y miel, con origen probablemente en alguna dependencia religiosa que habría pasado a la cultura popular. Su forma era plana y fina y por la forma del molde tenían un perfil acanalado similar a un barco, de donde le viene por analogía el nombre. Actualmente se presentan también en forma de canuto. Tradicionalmente los barquilleros llevaban sus cestas cilíndricas con barquillos y una ruleta en la que los compradores podían probar suerte. El juego consistía en dar vueltas a una rueda que apuntaba a diferentes números y si acertabas podías recibir algún barquillo de regalo. Desde mi infancia en que asocio su presencia a ferias, fiestas y verbenas recuerdo que pasaron décadas sin que volviese a ver un barquillero, sin embargo creo que a principios de este siglo volvió a recuperarse la tradición del barquillero, situándose en sitios céntricos, como antaño,  mayormente en el Paseo de Sarasate, en su confluencia con la  calle San Miguel. Por otra parte, recuerdo una barquillería chiquita en la esquina sureste de la plaza del Castillo justo entre el Casino Eslava y la Tropicana.

Los barquillos y los helados han estado siempre emparentados. La base del cucurucho era y es de barquillo, quien que no tenga algunos años no se ha comido un cortado de vainilla o de limón emparedado entre dos barquillos planos. De hecho aquellos pioneros barquilleros como José María Martínez que vemos en la foto que abre la entrada, también eran heladeros. A principios de siglo Mariano Pérez, de «Sucesores de Puyada», vendía hielo y helados además de chufas y horchatas en su establecimiento de la calle Zapatería, nº 15. En los años 20, junto  a este establecimiento  encontramos ya, en el ramo,  todo un clásico, «El Buen Gusto» en el nº 14 de Chapitela. Era además de heladería, horchatería, chufería y turronería. También encontramos  «La Polar» en el nº 29 de Estafeta y a José María Vilar, «El Valenciano» en el nº 38 de San Gregorio, cerca del actual Kaixo. La heladería Nalia, situada en el nº 4 del Paseo de Sarasate se inauguró en el año 1939, y era propiedad del comerciante y empresario local Nicanor Mendiluce Martínez. Desde el primer momento, sin embargo, la heladería la gestionó  José Serrano Molina, maestro heladero y turronero con el que comenzó una saga de heladeros alicantinos de la misma familia que nos lleva hasta la Nalia de hoy en día pasando antes por su sobrino,  Vicente Serrano Más, maestro heladero que dedicó toda su vida laboral desde su juventud hasta su jubilación en el año 2010. Actualmente  al frente de la heladería está su hijo  Vicente Serrano González que continua el negocio  familiar. De aquellos primeros años ofrezco unas fotos que he encontrado en el Instagram de Nalia. Más adelante, en el nº 32 de Sarasate y desde los años 40 estaba la Heladería Italiana,  sus propietarios eran italianos de verdad, su dueño se llamaba Eugenio Bez Dal Molin, así como lo oyen. En los años 50 podíamos encontrar la «Heladería Alaska» de la plaza del castillo, «La Vital »  en Sarasate a las que cabría añadir los ya históricos «Nalia», «El Buen Gusto» y la familia Vilar, ahora de la mano de Modesto, en la calle Jarauta, sin olvidar a Mercedes Orquin en el nº 7 de Pozoblanco y a Andrés Martínez en Navas de Tolosa. En el nº 20 de Calceteros, hoy sería el 10 de Mercaderes,  donde desde hace más de 35 años tiene su tienda Ana García, había una heladería a nombre de Gonzalo Sola. También habría que citar a Victorino Crespo con fábrica y tienda de helados en el Ensanche.

De todos aquellos heladeros  todos o la mayoría, creo recordar,  tenían un local y muchos vendían por las calles y plazas con sus carros, el más popular, el que dejó un mayor recuerdo en la ciudad fue Eliseo Sanchiz Sanz, haciendo las delicias de varias generaciones de pamploneses. Yo aun recuerdo de niño, algunos veranos, en los que algún  flamante heladero, como Eliseo,  acarreaba aquellos curiosos carricoches por las calles de los que extraían aquellas bolas de helado que, montadas  en un  crujiente cucurucho, se derretían en nuestras bocas.   Eliseo nació en la localidad alicantina de Bañeres, en la comarca de la Hoya de Alcoy, en una familia de once hermanos en el año 1904. A los veintipico años Eliseo se trasladó a Pamplona. La falta de trabajo en su tierra  le obligó a ello. Vino a nuestra ciudad como vendedor de helado trabajando para «El Buen Gusto» de la calle Chapitela  a  finales de los los años 20, antes de la guerra civil,  y lo haría después para «La Vital» de Sarasate. Su primera tienda estuvo ubicada en la calle Lindachiquía, donde también vivía.

Cuando su amigo Juan Arbizu, de las Cafeterías Delicias, al que me he referido en otra entrada, dejó el puesto de golosinas de la estación, a principios de los años 40, se lo ofreció a él. Como no podía compartir ambas ocupaciones, -la heladería en el centro y el trabajo en la estación-,  se trasladó a la Rochapea, a la Avenida de Guipúzcoa, donde trasladó su domicilio y puso la tienda que conocimos hasta finales de los 90 (1999). Allí durante muchos años se vendía  de todo, como en un colmado, pero sobre todo helados, golosinas, pan, leche, etc. O al menos es lo que recuerdo yo pues no en vano «Dulces Eliseo» formó parte de mi pequeño universo y vivencia personal. En la estación vendía pastillas de café y leche «Las dos cafeteras», peladillas, garrapiñadas y caramelos.  Me acuerdo también de aquel carro aunque en esos años (finales de los 60) el ya no estaba, había fallecido. De carácter afable y bonachón le agradaba contar historias a los más pequeños. Cuantas veces le habrían hecho rabiar con sus trastadas y regateos. Con su original vehículo mitad moto, mitad carro visitaba el exterior de los colegios buscando a su natural clientela: los institutos de la plaza de la Cruz, Jesuitas, Escolapios, Salesianos, etc. Eliseo fallecía el 20 de febrero de 1966 a las ocho y media de la mañana en la estación del Norte bajo las ruedas del convoy ferroviario que salía para Alsasua, con apenas 62 años. Su triste final conmocionó a muchos pamploneses. Tras su muerte la familia seguiría con el negocio y dejaron de hacer helados y se dedicaron sobre todo  a hacer  palomitas que repartían por todos los cines de Pamplona. Derribada la casa de la avenida de Guipúzcoa en 1999 se trasladaron a la vuelta, junto al antiguo bar La Cabaña, hoy un kebab, donde permanecieron desde 2001 a 2014 que la tuvieron que cerrar por motivos familiares y de salud.

También debería recordar a Juan Más Valdes, más conocido como «El Alicantino» pues así rotulaba sus carros de venta. Juan Más Valdes  vivía en el nº 2 de la Bajada de Javier. Como Eliseo, trabajó para el establecimiento «El buen gusto» de la calle Chapitela, como atestigua la fotografía de la izquierda tomada en los años 20 en el bosquecillo de la Taconera. Llegó a tener una fábrica y tienda de helados en el nº 10 de la calle San Miguel. El helado fabricado lo vendía en la tienda y lo repartía a restaurantes y hoteles, como hacían los barquilleros y heladeros de la época. Pero también y a pesar de la distancia llevaba helados a los soldados del campamento de El Carrascal y fabricaba turrones para la venta como actualmente hacen Larramendi o La Turronería de la plaza del Castillo.

A  caballo entre la tienda fija y el vendedor ambulante, situo en mi mente a los quioscos, concesión administrativa de la institución municipal. Había, antes de la proliferación de quioscos, algunas personas que vendían juguetes y golosinas a los niños de entonces por las calles, como cuentan J.J. Arazuri y Antonio José Ruiz en su documental «Rincones y nostalgias de Pamplona». En aquellos quioscos de los años 40 y 50 se vendían pequeños juguetes y chucherías y posteriormente, en los años 60-70, en algunos de ellos también revistas y prensa. De entre aquellos quioscos de madera pintados de verde que yo recuerdo de mi niñez y primera juventud puedo citar los siguientes: el de la  plaza de San Nicolás, junto a la iglesia; el Rincón de San Nicolás, casi saliendo hacia  Sarasate; el de Calceteros, muy cerca de Mercaderes y Chapitela;  el de San Saturnino, junto a la iglesia del mismo nombre cuya fotografía adjunto;  el situado entre Mañueta, Curia y Navarrería, y los de Recoletas, no se si me dejo alguno, al menos de mi zona, pues seguro que en el Ensanche había muchos más que yo no frecuentaba. Posteriormente   en los años siguientes (años  70)  proliferaron muchos más, construidos ya en metal, con una base más estrecha que se iba ampliando hacia su zona acristalada. De estos recuerdo los de Plaza del Castillo, Plaza de Toros, Paseo de Sarasate, San Ignacio (había dos), San Francisco, Merindades, Antoniutti, ¿Príncipe de Viana?, etc).  También se instalaron en los barrios (Avenida de Zaragoza, etc) y como he dicho  junto a los productos mencionados (chucherías…) empezaron a introducir con profusión  revistas y prensa. Hoy apenas queda alguno abierto, tal vez el de San Ignacio de José Antonio Berdonces.

Mantienen, sin embargo su poder de atracción los viejos puestos de castañas asadas, tan asociados a los fríos días de invierno. Yo recuerdo desde hace muchos años sobre todo los de Comedias, Plaza de San Nicolás y Estafeta si bien el número de puestos concedidos por el consistorio ha superado, en ocasiones, la decena  (San Francisco, Merindades, Plaza de la Cruz, Antoniutti, San Saturnino, San Ignacio, etc). Los citaré por orden cronológico, de mayor a menor antigüedad los más conocidos. El puesto más antiguo lo ostenta Andoni Martínez, situado al final de la calle Comedias. Su locomotora humea en el lugar desde 1925. La puso en marcha su abuelo y en 1962 cogió el relevo su padre, Miguel Martínez, que estuvo con el puesto en Comedias durante 50 años hasta el año 2012. Andoni lleva solo cinco años en este lugar si bien atesora 20 años de experiencia con otra locomotora en la Taconera. Trabaja solo el fin de semana. Josemi López García lleva desde 1980 en el final de la Estafeta y durante un tiempo compaginó este trabajo otoñal con la venta de barquillos el resto del año  en el paseo de Sarasate. Hace mucho tiempo, en los años 50-60 en el lugar estuvo el Sr. Amado y su señora Paca, me comenta Antonio Ibañez Basterrica, la fotografía que se adjunta a la derecha es del año 1962. Miguel Martínez Chocarro ocupa desde 1991 su esquina de Merindades y parece claro que este oficio, como los anteriores, tiene cierta tradición familiar: su abuelo, su hermano y  su padre, trabajaron o trabajan en  este  sector. Joseba Echarri lleva desde 1992 en la esquina de San Ignacio con Cortes de Navarra, junto a la iglesia de San Ignacio. Joseba cuenta, además, cuentos  a los niños relacionados con el medio ambiente.  Mikel, el castañero, estuvo en la plaza de San Nicolás. En el siguiente párrafo hay una foto extraída de un calendario promocional suyo de 1999.  Desde 2003 Txumari Borda coloca su puesto en Conde Oliveto el último en llegar, pues lleva solo cinco años es Harold Nuin Gurbindo en la esquina de Mercaderes con Chapitela aunque atesora 33 años de oficio.

Termino este recorrido por esos viejos oficios que tenían mucho de ambulantes con las «olorosas» churrerías. De hecho aunque no sean los casos que nos ocupan en esta revisión, pues todas eran churrerías fijas, ¿quien no se acuerda de esas churrerías barraqueras de Sanfermines o de las fiestas de los barrios con ese entrañable olor a fritanga?. Y es que como decía el industrial local y procurador Lucio Arrieta el churro fue en Pamplona durante muchos años  «el pastel del pobre». A comienzos del siglo había en Pamplona tres churrerías fijas:  la centenaria churrería de la Mañueta de los Fernández, de la que hablaré con amplitud en el siguiente párrafo, otra en la calle Eslava, a nombre de Inés García,  y una tercera, al final de la calle Zapatería, en el nº 60, cuyo titular era la Vda. de Aguilar. Posteriormente en 1924 se instaló una nueva churrería en San Gregorio, de corta vida, y también hubo otra en Jarauta, 10, la Churrería «San Fermín» de Bernarda Abaurrea,  que tuvo una fugaz existencia. En los años 30 se instaló otra churrería en el nº 80 de la calle  Eslava, «La Estrella» dirigida por  José Roa. A finales de los 40  se abrieron nuevas churrerías: en San Gregorio, por Victorino Ganuza, el del Bar Ganuza, y en la calle Compañía   por Angel Velloso y Julio Suescun, mientras Elías  Fernández Olague sumaba a la veterana churrería de la Mañueta otras dos, la del puesto del Mercado que regentaba su esposa y otra en el nº 7 de la calle Amaya. Los Fernández Jimenez tenían, por su parte, sendas churrerías en el nº 3 de Mañueta y 53 de la Estafeta. Jose Roa continuaba con su churrería de Eslava, que regentaría luego su hija Aurora. En Paulino Caballero encontrábamos la churrería de Julio Esparza.

El 13 de diciembre de 1872, Juan Fernández Calero, natural de Cientruénigo abría la churrería en el nº 13 de la calle Curia. En 1890 la churrería se trasladaba al nº 8 de la calle Mañueta. Célebres fueron sus gigantes, que hizo en colaboración con Pedro Trinidad y que desfilaron por las calles de la vieja ciudad de la Navarrería en contadas y celebradas ocasiones, en 1905,  en las fiestas de San Fermín Chiquito y en otras extraordinarias circunstancias y de las que hablé extensamente en el nº de septiembre de 2018 de la revista «Conocer Navarra». El habilidoso Elías hizo otras curiosas construcciones para fiestas y carnavales como  un barco en tierra firmen o un paraguas gigante que apenas podía pasar por la calle San Miguel. A Juan le siguió en el oficio, desde joven, su hijo Elías Fernández junto a su mujer Faustina Martínez. Inicialmente la churrería funcionaba condicionada por el horario del Mercado. Abrían también domingos y festivos. Y participaban en el Real de La Feria, instalada en aquel entonces, cerca de Padre Moret, en la parte trasera del actual Gobierno Militar, donde estuvo el Estadio General Mola. Allí  trasladaban sus bártulos y demás parafernalia churrera,   con 40 empleados, utilizando más de 10.000 kilos de harina y 5.000 de litros de aceite para hacer unos 180 kilómetros  de churros cada sanfermin. La posguerra afectó duramente a la churrería, por la escasez de materias primas y el racionamiento. Durante 6 o 7 años sólo se podían hacer churros los días que había encierros. Poco después les dieron permiso para trabajar los domingos y, más tarde, los sábados. Doña Faustina llevaba también el puesto de churros del Mercado. En 1953 se retira Elías Fernández, después de casi 60 años en el oficio continuando su mujer  Faustina con el negocio. Elías   fallece  en agosto de 1960. En los año 40  abrieron una churrería en el nº 7 de la calle Amaya, en las casas baratas de Andrés Gorricho,  que cerraron  en 1963. En 1972 conmemoraron el centenario con multitud de actos festivos y la salida de sus gigantes  que no lo habían hecho desde 1948. En 1936 la docena de churros costaba 40 céntimos, en 1972, 12 pesetas. En 1969-70 dejaron de trabajar los días laborables pues ya no era rentable, abriendo a finales de los 80  tan solo 15 o 16 días : en San Fermín y  unos pocos días al año, antes de las fiestas de julio y los domingos de octubre. En 1986 moría doña Faustina, quedando al mando del negocio su hija Paulina Fernández y su marido Josetxo Elizalde, la tercera generación que colabora actualmente con la cuarta generación en esos escasos días  en que abren para su  público. La docena de churros costaba en 1986, 180 pesetas, once años más tarde, en 1997, costaban 550.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Foto del barquillero José María Martínez, sin filiar y sin datar. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 2: Plaza del Castillo. Años 50¿?. Foto Galle. Archivo José Castells Archanco, Nº 3: Calle Barquilleros. Años 30,  Leoncio Urabayen (1952). Biografía de Pamplona, fig. 86. http://fotografiasurabayen.unavarra.es/ Universidad Pública de Navarra. Biblioteca. Fondo Leoncio Urabayen. Licencia CC BY-NC-ND 4.0.  Nº 4: Casa de los barquilleros. 2006. http://ketari.nirudia.com (licencia CC BY-SA) , Nº 5:  Barquillero. Sin datar, Foto José Castells Archanco, Nº 7 y Nº 8: Archivo Heladería Nalia, Nº 9: Calle Chapitela. Años 20. Archivo Municipal de Pamplona, Nº 10. Dulces Eliseo enla Avenida Guipúzcoa. Años 90. Foto Alberto Crespo. Revista Ezkaba, Nº 11. Motocarro de Eliseo. Foto Calleja y Lafuente, Sin datar. Nº 12: Eliseo en el centro de Pamplona con su bicicarro de helado. Sin datar ni filiar, Nº 13: Juan Mas con su carro de «El Buen gusto». Años 20, en el Bosquecillo. Nº 14: Kiosko de San Saturnino. Archivo José Castells Archanco, Nº 15: castañera de la Estafeta. 1962. Archivo Antonio Ibañez Basterika, Nº 16: Foto del castañero Miguel Martínez  https://turismonavarra.wordpress.com/2014/11/01/castanas-asadas-y-los-castaneros/, Nº 18: Miguel Martínez Chocarro  con su locomotora en la plaza de Merindades. https://cuatrogatosfcom.wordpress.com/tag/castanero/ Nº 19: Churrería de la Mañueta. Sin datar ni filiar. Probablemente años 50 y de José Galle, Nº 20: Josetxo Elizalde, marido de Paulina en la churrera con sus nietos Elas y Ohiana en 1983. Foto Mena. Archivo Diario de Navarra

La Iglesia de Santiago de la Chantrea (1969)

En este blog me había referido únicamente de forma monográfica a una iglesia extramuros, la iglesia de El Salvador, en mi barrio. En esta ocasión me referiré a una iglesia de la que, de niño, yendo a casa de mis tíos paternos siempre me sorprendía su extraña geometría tan vanguardista (como una gran tienda de campaña trapezoidal), años más tarde la vería a menudo todos los días cuando estudiaba el bachillerato en el cercano instituto Irubide, construido un tiempo después de la iglesia. Me estoy refiriendo a la Iglesia de Santiago de la Chantrea. La iglesia había sido proyectada en 1966 por Javier Guibert, -tras su separación profesional de Fernando Redón con quien había compartido años atrás la firma de muchas obras destacables en la ciudad-, y fue inaugurada en 1969. Colaboró en el cálculo de estructuras del edificio el ingeniero Javier Manterola. Con un coste de 11 millones de las antiguas pesetas la obra sufrió algunos parones, contribuyendo muchos parroquianos con sus aportaciones que iban desde las 25 a las 400 pesetas. Cuando se inauguró el templo, a finales de los años 60, la zona contaba con 4.000 feligreses de los que el 22 por ciento eran niños menores de siete años. Inicialmente junto al centro se iba a levantar un monumento al Sagrado Corazón promovido por los Jesuitas, aunque finalmente esta obra  no se llegó a realizar. En dicha parroquia  nació la Coral de Santiago que actuó por primera vez en 1977 durante la procesión de San Fermín. Rescato algunos datos sobre esta iglesia de la revista «Informes de la Construcción» de la que he tomado prestadas algunas fotografías, las que aparecen junto a siguiente párrafo y trás el  final del artículo, las tres primeras son de la construcción.

La impresionante cubierta de la iglesia se apoya en cuatro pórticos metálicos, (uno es plano y los otros tres no), y sobre cuatro muros de hormigón armado, (dos son verticales y los otros dos inclinados). La luz que atraviesan los amplios ventanales se dirige o concentra en el altar donde hay un sagrario de bloques de madera poligonales, sencillos, presididos por una única imagen del Cristo Crucificado. Se buscaba que la liturgia se celebrase ante una asamblea de fieles próximos al  altar sin obstáculos de por medio, por lo que se dio mucha importancia al altar y al presbiterio. La estructura es mixta, de hormigón armado en muros y contrafuertes y metálica en pórticos atirantados y en techos; cubierta a base de aluminio anodizado; techo de placas de hormigón blanco aligerado; cerramientos modulados con tubos metálicos, hormigón y doble vidrio; madera de Elondo en carpinterías y confesionarios y pavimento de terrazo blanco. Y concluye el informe: «Toda una serie de aciertos constructivos, formales y técnicos —iluminación artificial y natural, disposición del coro, configuración y situación del baptisterio y de los confesionarios, condiciones acústicas, etc.,— hacen de esta iglesia un edificio notable y un verdadero logro arquitectónico, en el que se aúnan la sencillez, el funcionalismo, el  simbolismo, el alarde estructural y el respeto a las normas litúrgicas vigentes.

     

Fuente y fotografías: Informes de la Construcción Vol. 23, nº 229. Abril de 1971. CSIC.  Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc)

Pamplona en la 2ª mitad del siglo XIX (1863-1893)

En vísperas de abrir una nueva sección con todo tipo de artículos  en el blog (comercios, prensa, política, etc) en los que se disertará sobre la Pamplona de la segunda mitad del siglo XIX, inauguró con esta entrada un tanto general la citada sección dando unas pinceladas de la ciudad que podíamos encontrar nada menos que un siglo y medio atrás. Me baso para ello en la prensa local de la época, la guía de la ciudad de 1863 de Pedro de Alejandría, algunas notas escritas por Modesto Utray en 1936 que recogió J.J Arazuri en su publicación de 1962, «Pamplona hace 90 años» y las guías comerciales que he encontrado en la Biblioteca Nacional de 1879 a 1888. Abro la entrada con una foto panorámica general de la parte sur de la Plaza del Castillo, realizada a partir de tres placas expuestas el mismo día y con la misma máquina fotográfica, probablemente del año 1862 o 63, fecha en que doy comienzo a este breve repaso de la Pamplona de la segunda mitad del siglo XIX, una Pamplona que comenzó este período todavía sin luz eléctrica (llegaría a la ciudad en 1888), con coches de caballos por las calles, con una población hacinada dentro de las murallas, con graves problemas de higiene y  de pobreza.

Una Pamplona, que había vivido de cerca, a lo largo del siglo, dos guerras y que viviría, en este período, una tercera  entre los ejércitos carlistas y liberales. Una guerra que, bajo la disputa del trono, representaba, en realidad, el choque de unas  ideologías  absolutamente opuestas  en la época: el liberalismo reinante y el carlismo, un carlismo  que bajo el lema «Dios, Patria, Rey» defendía una monarquía con un marcado carácter absolutista, un catolicismo conservador  y un pretendido foralismo. Y digo pretendido porque sería simplista identificar el carlismo y la defensa de los fueros a pesar de que evidentemente el carlismo instrumentalizó la defensa de los fueros en nuestra tierra. De ello, del carlismo, de las corrientes foralistas y del surgimiento del nacionalismo vasco en Navarra, precisamente en estas fechas, hablaré, con amplitud,  en otra entrada del blog.

En 1863 era gobernador civil de la provincia el Vizconde del Cerro. Tenía su sede el Gobierno Civil en el nº 12 de la calle Taconera, donde encontramos ahora el Rincón de la Aduana, con una segunda  puerta accesible desde el nº 15 de la calle San Francisco, frente a la que después sería la Estación del Irati en Taconera. Presidía el Gobernador el llamado Consejo Provincial y los Comités de Estadística, Fomento, Instrucción Pública y Comisaría y Celaduría de Vigilancia Pública, también la Junta de Gobierno de la Beneficiencia Provincial que incluía el Hospital y la Casa Inclusa y Maternidad, el primero situado en el edificio del actual Museo de Navarra y las segundas en la calle del Carmen. En el Gobierno Civil se encontraba la Aduana y la Administración y Tesorería de la Hacienda Pública así como la administración de propiedades y derechos del Estado. En el Gobierno Civil se encargaban, pues, del cobro de algunas tasas e impuestos, aduanas, contribuciones, pasaportes y un largo etcétera entre las que cabe recordar los sellos de franqueo y recibo y los pagos para la redención del servicio militar.  Y es que en aquel entonces las clases más pudientes pagaban a personas de extracción más humilde para que sus hijos no fueran al servicio militar. Acompañan a este párrafo una foto  del final de la calle de Merced, con la muralla de Tejería al fondo, algunos años antes de su derribo (la foto es de la primera década del siglo XX) y otra foto de la calle de la Taconera, al fondo el hoy llamado Rincón de la Aduana, donde estaba la Aduana, las traseras del Palacio de Armendariz y el Palacio de Vesolla antes de su restauración. Esta foto es de 1894-96.

La Audiencia Territorial de Pamplona estaba situada en la plaza del Consejo y junto a ella, en el nº 41 de la calle Tecenderías se encontraba  la cárcel provincial, antes de su traslado a San Juan. En una de las dependencias de la cárcel estaba instalada la Prevención, depósito municipal o perrera. Cuando se trasladó la cárcel a San Juan en el año 1907, la prevención o perrera se trasladó a la plaza de Santa Ana y en 1923 a la calle Aralar. La Audiencia se trasladó en 1898 al extremo noroeste del Paseo de Valencia. Y la Casa de Correos la encontrábamos en la plaza de la Constitución. El Almudí o mercado de granos estaba situado en la plaza San Francisco, la Alhóndiga o Descargue,  donde se descargaban todos los  líquidos que llegaban a Pamplona, en la calle San Ignacio nº 4, donde en 1885 se instalaría el Banco de España, el pósito de granos y los hornos del Vinculo en el Paseo de Valencia, el peso municipal en la Casa Consistorial, el Mercado de cerdos en el nº 39 de Pellejerías, las carnes, pescados, verduras, leche, volatería y huevos en la plaza de Carnicerías y los frutos secos y del tiempo en la plaza de la Fruta, donde también estaba el Consistorio, actual plaza del Ayuntamiento, (en 1866 el Ayuntamiento acordó cambiar el nombre de plaza de la Fruta por el de plaza Consistorial), el matadero de cerdos en el nº 44 de Santo Andía. Las ferias de ganado caballar y vacuno se celebraban extramuros de la puerta de san Nicolás y la Casa de Baños se encontraba en el nº 28 del Paseo de  Valencia.  La foto de la derecha de la  plaza de la Fruta es anterior a 1864. La de la izquierda, bastante desconocida, está tomada desde el comienzo de la calle San Francisco y en ella vemos el viejo caserón de la cárcel, y lo que entonces era la plaza de San Francisco. Al fondo se divisa una casa de la calle Nueva.

La Diputación Foral estaba, como ahora, en la entonces calle de San Ignacio, siendo secretario de ella, D. José Yanguas y Miranda,   la capitanía y comandancia general de la Plaza en la calle, -hoy Cuesta-,  del Palacio, siendo capitán general en 1863 D. Antonio Mª Blanco y comandante general D. Francisco Ortigosa. La primera foto que acompaña a este párrafo es una foto de un cuadro de Petit de Meurville, cortesía de José Luis Los Arcos,  que representa la calle de San Ignacio en las tempranas fechas de 1847-1855. En la Ciudadela se encontraban los cuerpos de Ingenieros y Artillería, con su correspondiente dotación de Infantería, y las oficinas de Intendencia Militar las hallábamos en el nº 61 de la calle de Estafeta. Había además de las dotaciones de la Ciudadela dos cuarteles militares más en la ciudad: el de Caballería en la calle San Ignacio, junto a la puerta de San Nicolás, y el de Infantería en la calle de la Merced. Los carabineros tenían su sede en la calle Salsipuedes, junto a la plazuela de San José, y el de la Guardia Civil en el nº 88 de la calle Mayor. Había por último un cuartel provincial o reserva en el antiguo convento de Carmen junto al portal de Francia, donde se acumulaba la paja y cebada para la caballería del ejército. La foto de Roldán y Mena de la derecha,  que muestra el enorme edificio del convento de Carmen Calzado a la derecha de la silueta de la Catedral,  data de 1880.  Y el Hospital Militar, por último, algunos todavía recordamos sus últimos días,  estaba en la calle de Santo Domingo. Ocupaba por aquel entonces  el Obispado el ilustrísimo señor D. Pedro Cirilo Uriz y Labairu y las oficinas de clero se localizaban en las calles Navarrería, (nº 37) y Dormitalería (5 y 46). Cuatro eran las parroquias en las que se dividía la ciudad: San Saturnino, San Nicolás, San Juan Bautista y San Lorenzo. Había otras iglesias como las de San Agustín, Santo Domingo, la del Hospital Provincial, las Beatas de la enseñanza pública de niñas, las Recoletas, Descalzas, Maternidad y capillas como las de San Fermín de Aldapa, Monasterio de San Pedro, y las más pequeñas de San Martín, Santa Ana, Virgen de la O, San Ignacio y Misericordia.

Seis eran las puertas de salida de la ciudad: la de San Nicolás a la cual se llegaba desde la calle San Ignacio y desde la cual partían dos carreteras: una conducía a Francia y la otra a Zaragoza, pasando antes por Tafalla, Olite y Tudela; la de Taconera, cuya carretera llevaba a Logroño, pasando antes por Estella y Viana y a la cual se llegaba desde la calle Mayor atravesando el Bosquecillo de la Taconera; la Puerta o Portal Nuevo que conducía a la carretera a Vitoria y San Sebastián, a un kilómetro de su salida así como a la estación del tren inaugurada tres años antes y al barrio extramural de la Rochapea; la de Rochapea conducía al barrio o arrabal del mismo nombre, donde se encontraba el rastro de Carnicerías, la fábrica de harinas del señor Alzugaray, la fábrica de Gas, que producía gas y que era conducido por un sistema de tuberías a la ciudad y era utilizado para el alumbrado e imaginamos que para uso culinario, la fábrica vendía además alquitrán, carbón de cok y agua amoniacal obtenidos como residuos de la destilación del carbón de hulla.  Adjunto a este párrafo dos fotografías, una de 1895, de la parte interior del Portal de San Nicolás, obra de Mauro Ibañez y la otra del Portal de la Rochapea de José Ayala, de comienzos del siglo XX.

En la Rochapea había fábricas para el blanqueo de la cera, lavado de lanas, fábricas de curtidos, velas, cerveza, almidón y fideos, fundición de hierro, huertas, posadas, estancos y tabernas; la puerta o Portal de Francia conducía al barrio de la Magdalena, y la zona de Aranzadi, -alrededor del meandro se encontraba el convento de monjas de San Pedro, un tejar, una fábrica de fósforos, tejidos de lino y depósito de leña-,  y por último la Puerta de de Tejería, cerca de la cual se encontraban la fábrica de fundición y maquinaria  de Pinaqui y Sarvy así como fábricas de curtidos y azulejos. Las puertas eran cerradas al anochecer, previo aviso de tres toques de corneta y se levantaban los puentes levadizos. En 1876 los portales de San Nicolás y de Taconera quedaban abiertas una hora más durante los días de faena de la trilla y durante las fiestas de Villava y Huarte. De noche solo quedaba abierto el de Rochapea pero el 15 de diciembre de ese año se ordenó dejar abierto el Portal Nuevo en vez del de Rochapea. En cada puerta había un cuerpo de guardia y de noche, en cada hora, el jefe de guardia gritaba desde el retén «centinela, alerta…» que era respondido  por los demás centinelas hasta llegar al último que gritaba, «alerta está…». Las fotos que adjunto a este párrafo son la 1ª de Julio Altadill de 1895 y muestra la Rochapea más cercana al puente de Curtidores, además de muchísimos detalles interesantes:  de izquierda a derecha, el baluarte de Gonzaga, la Cuesta de la Reina, el puente de Curtidores, la plaza del Arriasko, las lavanderas y al fondo la chimenea de la antigua fábrica de gas y la 2ª de 1890 del puente de Cuatro Vientos con la casa de Domingo Chiqui y la Estación del Norte al fondo.

Entre las calles que había entonces y que hoy no existen, al menos en su actual configuración y/o nombre, estaban las de Bolserías, (actual San Saturnino), Bajada de Carnicerías, hoy correspondería a la bajada junto a la plaza de los Burgos, la de Pellejerías,  (hoy Jarauta) y Tecenderías,  (actual Ansoleaga). La plaza del Castillo era la plaza de la Constitución y como he dicho antes,  la Consistorial, plaza de la Fruta y el Paseo de Sarasate, el Paseo de Valencia. Había cuatro belenas: en San Antón, Mayor, Pellejería y Descalzos; seis fuentes públicas: la de la Abundancia con la estatua de la Mariblanca en la plaza de la Constitución, la de Neptuno Niño en la plaza del Consejo, la de Santo Domingo en la calle del mismo nombre, la de Santa Cecilia en la confluencia de de Mercaderes, con Curia, Navarrería y Mañueta, la de San Lorenzo junto a la parroquia del mismo nombre y la del León junto a los jardines de la Taconera. Dichas fuentes se surtían del depósito existente cerca del Portal de San Nicolás y junto a la basílica de San Ignacio, procedentes de Subiza que llegaban a Pamplona a través del Acueducto de Noain. Abrevaderos públicos los había en la calle Santo Domingo, junto al portal de Tejería, en Santo Andía y Taconera junto a la mencionada fuente del León. En las calles, adoquinadas las principales,  durante la noche,  los serenos las recorrían una y otra vez  anunciando a viva voz la hora y el estado del tiempo: Las cuatro y lloviendo!. Por debajo de ellas había un alcantarillado del siglo anterior, la famosa mineta, en el que se recibían las aguas sucias de los vertederos de las casas y urinarios con los sumideros que tenían de trecho en trecho para recibir las pluviales y el sobrante de las fuentes y bocas de riego.

Entre las zonas de esparcimiento podríamos señalar el Teatro Principal, teatro municipal situado en la plaza de la Constitución, inaugurado en 1841 sobre uno de los solares del antiguo convento de las Carmelitas Descalzas, convertido en Teatro Gayarre en 1903. Sobre el telón aparecían los retratos de Tirso, Lope y Calderón y  del techo colgaba una enorme y elegante araña de luz de gas, hasta que que llegó el alumbrado eléctrico, disponía de butacas de color rojo, unos soberbios palcos principales, con palcos segundos y gradas o anfiteatros sin olvidarnos  del económico gallinero. Detrás de él,  en la calle Espoz y Mina, y también de propiedad municipal estaba la vieja  plaza de Toros, el Juego Nuevo de Pelota lo encontrábamos en el nº 12 de la calle San Ignacio, el trinquete de la calle San Agustín,  y otros frontones en la calle de la Pellejería. La Taconera y el Paseo de Sarasate se constituían en agradables zonas de paseo especialmente cuando el tiempo meteorológico era benevolente, que dado el clima de Pamplona no era muy frecuente. A finales de siglo podemos destacar la aparición de un circo-teatro en el nº 67 de la calle Estafeta donde más tarde se instalaría la central de la Sociedad Electra de Pamplona. Después el circo-teatro se hizo temporal y un tanto ambulante, instalándose durante los sanfermines, primero en una carpa en los glacis de la Ciudadela, cerca de donde hoy está el Parlamento de Navarra,  luego, en 1891, se trasladó  frente a la antigua plaza de toros,  en un barracón de madera. El teatro Circo Labarta, que vemos en la fotografía de la derecha,  fue arrendado más tarde por el empresario Belloch que organizó los primeros espectáculos de cine. En 1915 se quemó por completo desapareciendo.

La Junta de Beneficiencia Provincial que presidía el Gobernador tenía en la vicepresidencia al Obispo de la diócesis y a canónigos, diputados y consejeros provinciales, doctores y propietarios como integrantes. Al margen de los médicos, curas, nodrizas  servían en los centros dependientes de la Junta, -el Hospital y la Maternidad-,  las Hijas de la Caridad. Dependía de la Beneficiencia Municipal la Casa de Misericordia. Otras sociedades benéficas eran la Sociedad de San Vicente de Paul que celebraban sus juntas en San Fermín de Aldapa, capilla de Nuestra Señora del Camino y Basílica de San Ignacio y la de la Santa Familia formada por señoras caritativas y piadosas que acogían provisionalmente a las sirvientas que no tenían casa donde servir. La población, en general, vivía miserablemente y lo hacía, en muchos casos,  en pisos en alforja, con estancias a ambos lados del descansillo de la escalera, el retrete en el patio exterior y muchas habitaciones ciegas, poco iluminadas, con bombillas de filamento de carbón, frías habitaciones que se calentaban con braseros. El nivel de vida no mejoró un poco hasta pasada la primera guerra mundial, momento en que se produjo un ligero aumento de salarios. La construcción del Segundo Ensanche contribuiría de forma notable a reducir el hacinamiento de la población que vivía entre murallas, generando además un  aumento del empleo en la ciudad y en consecuencia  contribuyendo a elevar algo el nivel de vida de sus habitantes. En 1887 se había presentado el proyecto de ampliación del primer Ensanche  iniciándose el derribo de dos baluartes (el de la Victoria y el de San Antón)  y  la urbanización entre 1888 y 1889.

Había cocinas gratuitas en las parroquias de San Lorenzo en la que se daba de comer diariamente a más de 600 personas. Estaban en la última casa de la calle Mayor, esquina con Recoletas,  y en la parroquia de San Juan Bautista (esta última desde comienzo del siglo). La Meca daba también de comer por un real y  las parroquias de San Nicolás, San Saturnino y San Agustín repartían bonos de carbón, leña, alubias y pan. No había, en aquel momento, ningún tipo de protección social. Si te quedabas sin trabajo o padecías una larga enfermedad el recurso más socorrido al que se veía abocada la gente era la mendicidad. Ante las condiciones de higiene y hacinamiento   abundaban los parásitos en las casas y entre la población. La primera foto, de 1873, de Mauro Ibañez, muestra el lado oeste de la plaza con detalle de los establecimientos que allí estaban asentados. La segunda foto, de 1883-84, perteneciente al Archivo Municipal, muestra a una joven con una herrada en la fuente de la Beneficiencia de la plaza del Castillo

Entre las farmacias existentes en aquellos años en la ciudad tenemos la de Javier Blasco en el nº 22 de la calle Zapatería, la de Teodoro Inda en el nº 18 de Estafeta, la de Fernando Borra, en el nº 2 de Nueva,  (actual farmacia Maeztu), Manuel Esparza (Zapatería, 35), Viuda de Jadraque (Bolserías, 18) y Viuda de Landa, en Chapitela, 15. Cuatro eran las sociedades de recreo existentes, las cuatro en la plaza de la Constitución, el «Casino» encima del café de Matossi (Constitución, 37), el «Nuevo Casino» encima del Lardeli (Constitución, 37 y Espoz y Mina, situado este en la esquina de frente al Bar Txoko actual), «La Constancia» encima del Español (Constitución, 43), donde se abrió después «La Marina» y el «Kutz», y «Los Amigos» en el nº 11 de la plaza. No existía en aquel entonces el Pasadizo de la Jacoba. Los porches del «Café Español»  eran parecidos a los  que existen ahora  cerca de la antigua paraguería de Archanco (hoy cafetería «Delcastillo»), entonces no se había construido la Casa Garbalena y la del Iruña. Aunque se consignaban las sociedades en los cafés mencionados, sus salones eran independientes con sus porterías y dotación de sirvientes. Los cafés públicos de la plaza que existían, al margen de los mencionados Matossi, Lardeli (fundado en 1843) y «El Español» eran «El Larequi» en el nº 16 de Espoz y Mina, «El Amistad» en el nº 5 de la misma calle, «El Macías» en Estafeta, 45, «El Urrutia» en Estafeta, 49, «El Almudí» en Nueva, 69 y «La Aduana» en Taconera, 18. De estos cafés y casinos dimos cumplida  cuenta tanto Arazuri en «Historia, fotos y joyas de Pamplona» como yo en las entradas de este blog que dediqué a «los bares y tabernas de antaño». En la foto de la derecha de José Ayala, de la primera década del siglo XX,  vemos a unos chicos de clase acomodada jugando al diávolo en la plaza del Castillo.

Entre los periódicos de Madrid que se vendían en Pamplona estaban «La Igualdad», «La Correspondencia de España» y el carlista «La Reconquista». Entre los periódicos de Pamplona estaban «El Arga» de vida efímera, «El Eco de Pamplona» (llamado luego «El Eco de Navarra»), «El Lauburu y  «El Liberal Navarro», entre otros. El Juzgado de Paz estaba situado en el nº 6 de la calle (sic) de Valencia. En la instrucción pública podíamos encontrar  tres  seminarios:  el conciliar situado en las calles Dormitalería y Merced donde se enseñaba Latín, Humanidades, Filosofía y Teología; el Episcopal situado en la calle Tejería y el Colegio de San Juan de la calle Santo Domingo. Las escuelas municipales  se encontraban en el antiguo convento de la calle San Francisco donde además también estaban las academias de música, dibujo y escuelas de párvulos. Había otra escuela de niños en la calle Calderería. Las niñas tenían su enseñanza en la calle Pellejerías a cargo del Beaterio. Todas ellas dependían del municipio.

Entre los oficios y tiendas  existentes en la ciudad, empezaré por los oficios y aquí si haré gala de cierta exhaustividad, estaban: los albañiles, alpargateros, cordeleros, armeros,  alfareros, albeitares-herradores,  basteros, bauleros, boteros de odres, caldereros y fundidores de metales, canteros, picapedreros, carpinteros, carreteros, cerrajeros, cedaceros, constructores de tamices y cribas para limpia de granos, comporteros-toneleros, cordoneros y pasamaneros, curtidores, diamantistas joyeros y plateros, estuquistas, constructores de cielos rasos a todo lujo, ebanistas tapiceros, empedradores, estereros, esquiladores, fuelleros, gaiteros, guarnicioneros que hacían y componían atalages o arreos o guarniciones para coches y caballos, grabadores, hormeros, charolistas y constructores de coches, chocolateros-cereros, impresores, litografos, fábricas de naipes, hojalateros, organeros, pasteleros-confiteros, peluqueros-barberos, pintores-doradores y de edificios, plateros, peloteros, rosquilleros y buñoleros, relojeros de bolsillo y salón, relojeros de torres, fotógrafo retratista, sastres, silleros-torneros, sombrereros, tintoreros-quitamanchas, tejedores de lienzos, vaciadores de instrumentos cortantes, zapateros, zapatilleros de orillos de paños. Las tiendas abrían de sol a sol, no se cerraba al mediodía.

Había alogerias que eran tiendas donde se vendían aloja (bebida de agua, miel y especias), almacenes de quincalla fina, porcelana y cristalería, bazares de ropas hechas a la medida,  fábricas de guantes, almacenes y tiendas de moda, camiserías, cordonerías, sederías y quincallas, perfumerías e instrumentos ópticos, droguerías, almacenes de curtidos y al pelo, tiendas de ropas hechas, tiendas de ropas  baratas, prenderías de ropas y muebles, almacenes de frutos coloniales, comercios de lanas en rama, comercios de hierro, jabón, aceite y bacalao, aceite y jamón al por mayor y menor, almacenes de géneros de tejidos por mayor, depósitos de lienzos e hilazas, comercios de paños, telas de seda, merinos y tapices,  comercios de telas de lienzo, algodón y lana, tienda de lienzos y mantelería, ferreterías, dentro de las cuales se incluían almacenes de herramientas de las artes y oficios,  almacenes de papeles blancos y pintados (de la fábrica de Villava), vasija de media porcelana de la fábrica de Yanci, fábrica de espejos y cuadros dorados, fábrica de cuadros para retratos en fotografía, cuadros y estampería, fábricas y tejidos de lino, fábricas y depósitos de harinas, fideos, almidón y otras pastas, depósito de cristales de la Louisiana, fábricas y almacenes de velas esteáricas y de sebo, depósito de aceite de linaza, depósito de sanguijuelas, compra de trapos y hierro viejo; panderos, pelotas, cucharas y vajilla ordinaria; fábrica de cajas de cartón, comercios de libros, encuadernaciones, etc; vasija ordinaria, linos en rama, cestas escobas y útiles de madera para la recolección de granos. En la foto de la derecha, un anuncio de las primitivas maquinillas de afeitar, la Safety-Razor que se vendía en la Ferretería de los hermanos Campión.

También había fábricas de rosarios y engarces de cadenillas de plata; efectos para la limpieza de equipos y armamentos militares; claveterías; armeros y constructores de cajas de escopeta y fusil; composturas de paraguas y abanicos; almacenes de camas de hierro, muebles de ebanistería, depósito de marmoles, cocinas económicas y azulejos; cal hidráulica, almacen de yeso, carbón de piedra, despachos de vino generosos, despachos de nieve, fabricantes de cervezas, casas de vacas de leche, panaderías, fondas y posadas públicas, casas de huéspedes, abacerías, especuladores y comerciantes en granos, casas de préstamo, tiendas de vinos, aguardientes y aceite al por menor, almacenes de cubas, toneles y comportas, fondas económicas de alimentos guisados, escuelas privadas, colegios o enseñanzas de niñas y señoritas, escuelas de dibujo, maestros de lengua francesa, costureras en blanco y colores, lavado de encajes, comadres, comisionistas, alquileres de coches y caballos (con paradas en la casa fonda de Pascual Marcelino, en la plaza de la Constitución y de la de Otermin en la calle de Valencia) donde se encontraban además los ómnibus a la estación. En la foto de la derecha, de José Ayala,  dos chicos pasean con sus bicicletas por entre los ómnibus del Despacho Central de la Plaza del Castillo.

Pero ¿qué pasaba entonces en la ciudad?. En 1873 había abdicado Amadeo de Saboya y se había proclamado la I República en España. Por acuerdo municipal la Plaza del Castillo pasaba a llamarse plaza de la República y comenzó a imponerse cierto laicismo, suprimiéndose la educación de las niñas en  algunos colegios religiosos como el de las Dominicas. Los carlistas hicieron un nuevo pronunciamiento militar el 21 de abril de 1872 que dió comienzo a la tercera carlista (1872-1876). Los carlistas tratarían de conquistar Bilbao y Pamplona iniciando sendos bloqueos a estas ciudades. El bloqueo a Pamplona se inició el 27 de agosto de 1874, el 14 de septiembre cortaban el suministro de agua de la ciudad procedente de Subiza y el bloqueo se mantuvo hasta el 3 de febrero de 1875. La ciudad se vió afectada por la necesidad, el hambre y la falta de salubridad, por las calles no se veía ni un gato ni ningún  otro animal doméstico, el asedio llegó  a afectar hasta los entierros. El industrial local Salvador Pinaqui ideó un sistema de subida de aguas a través de un sistema  instalado en su fábrica.  Este logro que contrarrestó el corte de las canalizaciones por parte de los carlistas  fue celebrado en la plaza del Castillo como se muestra en  la foto adjunta del 6 de noviembre de 1874, con los gigantes de Tadeo Amorena, con apenas 14 años de vida,  junto a la Fuente de la Beneficiencia. Pinaqui fue reconocida con la medalla de oro municipal.  La cima del San Cristobal fue tomada durante los primeros días del bloqueo. Cesó el bloqueo en febrero pero sin embargo  los carlistas bombardearon la ciudad  en mayo y noviembre de 1875 a cuyos bombardeos   respondían las baterías de los cañones instalados en el Redín, de la que vemos una pequeña muestra en la foto de Mauro Ibañez de 1873, con un cañón de gran alcance rodeado por soldados.  Al día siguiente de la salida de Carlos VII por Valcarlos, entraba por el portal de Taconera el Rey Alfonso XII, «el Pacificador de España» como reza el arco de triunfo  erigido en su honor en la calle Chapitela, en febrero de 1876,   que vemos en una foto del siguiente párrafo de Mauro Ibañez. Desde 1876 a 1893 las negociaciones entre la Diputación y el Estado a propósito de la autonomía tributaria de la comunidad serán muy duras, culminando en la famosa Gamazada (1893-94).

Al calor del fuerismo de la época, algunos vascófilos notables crearon en enero de 1878  la «Asociación Euskara de Navarra». Inicialmente se definía como una asociación cultural y  apolítica,  centrada, sobre todo, en la preservación del euskera pero pronto desarrollará una marcada actuación política aunque   a través de algunos de sus más insignes representantes.  y de los periódicos «El Arga» y «Lauburu». La primera Junta Directiva de la Asociación estuvo formada por el sacerdote don Esteban Obanos como presidente; Fermín Iñarra como secretario, (lo fueron también Arturo  Campión e Iturralde y Suit que fue a la sazón uno de sus principales impulsores), Florencio de Ansoleaga, Estanislao de Aranzadi que también fue presidente, el abogado Salvador Echaide y Ramón Irurozqui. Estuvieron convocados a la reunión de creación de la Asociación  otras  personas como Nicasio Landa,  Aniceto Lagarde, Juan José y Joaquín Herrán, el marqués de Guirior, Nicanor Espoz, Antero Irazoqui,  Hermilio de Olóriz, Serafín Olave, etc que mantuvieron  diferente grado de vinculación con la entidad a lo largo de sus existencia. Se reunían en el nº 19 de la calle Pozoblanco. En el plano social la ciudad presentaba grandes desigualdades y las condiciones en que vivían una buena parte de la población eran miserables. Las primeras reivindicaciones obreras en Pamplona datan de 1855. En 1858 se creó una Sociedad de Socorros Mutuos de Artesanos. Sin embargo, es, paradójicamente, la burguesía de la ciudad la que se adelantó a crear sociedades obreras confesionales, con el fin de que los trabajadores no se afiliasen a sindicatos revolucionarios. El caso más llamativo fue el del Centro Escolar Dominical Obrero, creado en 1881, y cuya alma mater fue don Eustaquio Olaso. Otro caso parecido de sindicato confesional fue «La Conciliación» de la que hablaré en otra entrada del blog. Las fotos que acompañan al párrafo son una bellísima estampa de la plaza del Castillo, con la Estatua de la Mariblanca presidiendo la plaza, la embocadura del Paseo Valencia al fondo, con el edicio del Descargue, donde hasta hace unos años se encontraba la sede del Banco de España.

En 1875 un incendio destruía la antigua plaza de Abastos o Mercado, abierta 11 años antes en el edificio del antiguo Pósito o Almudí, así como los locales del Orfeón que estaban en la segunda planta del edificio, el Monte de Piedad, la Caja de Ahorros Municipal (fundada en 1872) y unos antiguos graneros que se utilizaban como salones de baile. Entonces no existía la plaza de Santiago. Entre la fachada posterior del Ayuntamiento y la iglesia de Santo Domingo había una casas viejas, (por ahí estaba la taberna de la Cancha),  y frente a la iglesia existía una  fuente con abrevadero. Esta fuente, obra del maestro de obras municipal José Mª Villanueva, del año 1856,  puede verse  hoy en la calle Descalzos, adonde se trasladó en 1877. En su lugar  se colocó una fuente de hierro que posteriormente se llevaría  a la plaza de San José, donde permanece actualmente. Al parecer había también un tunel que atravesaba la Casa Consistorial, desde Santo Domingo al Mercado y que aun podemos ver, parcialmente, en la fotografía de la derecha y que es bastante posterior al período estudiado, probablemente  de los años 40. En este año, los vecinos de Bolserías y Santo Domingo solicitaron al Ayuntamiento construyese una escalera en el antiguo túnel de la Casa Consistorial para facilitar el acceso al Mercado. Frente a las escalerillas de Jadraque había un pasaje con diversas tiendas. La plazuela de Recoletas era el punto del mercado de carbón y leña, si bien depósitos de ambos productos había en Taconera, 16 y  de carbón y de leña en la Magdalena. También en 1875 hubo un incendio en el Café Suizo de la plaza del Castillo. Por cierto, la primera de las fotos que acompañan a este párrafo, de Julio Altadill, anterior a 1894 nos muestra la antigua fachada pétrea y amurallada de la iglesia de San Lorenzo. Además de en los sitios mencionados vendían al por menor carbón en varias casas del barrio de la Pellejería. El centro de comunicaciones telegráficas estaban situadas en el nº 18 de la calle Taconera. Las oficinas para sacar los billetes de la estación del tren en el nº 50 de la calle Zapatería. En 1878  comenzaron las obras de construcción del fuerte de San Cristobal que se prolongaron hasta 1910.

En 1879, Pamplona tenía 22.856 habitantes, si bien en su partido judicial, que englobaba otros 82 ayuntamientos, vivían más de 100.000 personas y Navarra contaba con casi 300.000 almas. Treinta años antes, en 1848, la ciudad tenía apenas 14.000 almas, apenas un pueblo grande, donde transitaban con frecuencia rebaños de cabras y ovejas. En este año, 1879,  el presidente de la Diputación Provincial era D. Luis Iñarra y el alcalde D. Francisco Asparren. Entre los casinos, además de «La Constancia», estaban «El Casino de la Nueva Unión», «El casino de Artesanos», «El Casino Extranjero» y «El Liceo de Pamplona». Entre los comerciantes más conocidos de la época ya figuraban como cereros chocolateros los siguientes: Pio y Tiburcio Guerendiain, Pedro Mayo, Pio Iraizoz, Pedro Nagore, José Ochoa, Ramón Pomares, Ramón Yarnoz,  Julian Ros; como comerciantes aparecían Julián Arbizu, Pedro Batllori, Antonio y José Ayestarán (curtidos y guarnicionería respectivamente), Agustín Azcarate,  los hermanos Jacinto y Rodrigo Campión Olave, los hermanos Olaso Salinas, Joaquín Ciga Sarasa (1859), Mariano Zufiaurre, Joaquín Got, Domingo Saez Mur, Gervasio Udobro Sanz, Ignacio Navasal, Blas Lipúzcoa, Hijos de Seminario, Eduardo Ferreira (primer titular de la Joyería Idoate), los impresores  y libreros Regino Bescansa, Joaquín Lorda y José Montorio, Román Velandia, Fortunato Istúriz, Conrado García,  José Labastida,   Martín Irigaray (ferretero), los pasteleros  Tomas Udobro y Sanz y de Estanislao de la Rosa, el tintorero Ramón Coyne, los relojeros José Arrillaga y los hermanos Onsalo, el sastre Antonio Cabases, Antonio Aznárez, Casa Unzu (1830), Casa Manterola (1810), el bodeguero Mateo Muniain, el cervecero Gaspar Merkel,  Carlos Maisonave, Fermín Elizburu  ya grababa metales en 1888 en el nº 18 de la calle Mayor, la fábrica de fideos y pastas de Marcelino Gayarre, el ultramarinos de  Aniceto Beloso, entre otros muchos, de los que daré cumplida cuenta en una entrada específica. Acompañan a este párrafo dos fotos del establecimiento de Castor Archanco de la plaza Consistorial, de primeros del siglo, la primera del exterior de la tienda con los géneros expuestos en el exterior, la segunda con los dueños del local, Don Castor Archanco y su esposa Doña Paz, el maca subido a la escalera, a la derecha de la foto los dependientes Francisco Pérez y Tomás Larramendi y  delante dos clientas posando sentadas.

En 1881, la ciudad contaba con 6.000 habitantes más, unos 28.000 habitantes. El presidente de la Diputación seguía siendo el mismo, D. Luis Iñarra pero el alcalde se llamaba  D. Esteban Galdeano que había sido director del Banco de Pamplona, fusionado con el de España en 1874. A este le seguiría D. José Javier Colmenares (1882), Joaquín García Echarri (1884), Miguel García Tuñón (1886), Joaquin García Echarri (1887) y José Obanos Isturiz (1888). En 1881 la familia de Pio Baroja vino a vivir a Pamplona.  Entre los cafés encontrábamos el «Centro Navarro» de  E. de San Román, «El Español» que regentó primero Justo Ibañez,  era además restaurante y luego Enrique Castilla,  y que posteriormente se convertiría en el «Café de La Marina» de Munigatti, Lardeli y compañía (y más tarde en el «Café Kutz»). Ibañez regentaría, además,  «El Colmado» también en la plaza del Castillo.  Otros cafés eran  «El Suizo» (de Matossi y compañía). Encima de éste  estuvo, durante un tiempo, como ya he dicho, el «Casino Principal» que luego se denominó «Nuevo Casino», «El Café Nuevo» de Esteban San Román y  «El Siglo» de Juan José Azparren en Sarasate, entre otros. Entre los nuevos casinos, «El Circulo pamplonés», el «Nuevo Casino», el «Casino Eslava», el «Veloz Club Pamplonés»  y el «Casino Militar». Entre las fondas y también con cafe-restaurante, además de «El Colmado», estaban «El Europa» en Paseo de Sarasate de Niceto Lafuente y Astrain, «La Perla» de la plaza del Castillo, fundada por Miguel Erro y Teresa Graz o «El Cisne» de Silvestre Ripalda (1884),  además de los establecimientos de Fermín Goicoechea  y de  Casildo Sotil (la antigua «Fonda Ciganda»). La primera de las fotos del párrafo es de 1873-74 y en ella , en la esquina de la plaza con Espoz y Mina,  se puede divisar el cartel del «Café Lardeli». Tras él,  en ese lugar estuvieron algunos de los nombres citados: el «Nuevo Casino», el «Circulo Militar», el «Circulo Carlista», «Correos y Telegrafos», la tienda de fotografía de Emilio Pliego y de 1909 a 1972 el «Crédito Navarro». La 2ª foto nos muestra la iglesia de San Nicolás en 1883, antes de comenzar las obras de remodelación que dieron lugar a los porches que conocemos. Las obras terminarían en 1902, si bien la puerta a Sarasate se inauguraría en 1891.

En este lado de la plaza (donde hoy está el «Café Iruña» y tras «El español»  estaban el  comercio textil del Sr. Verdaguer y las sastrerías de Saraldi y de Dimas Fernández (donde luego se puso la paraguería de Archanco). En las fotos que acompañan a este párrafo, de 1872 y 1875 respectivamente,  vemos el lado norte de la plaza del Castillo con ese antiguo sabor de entonces. De aquellos viejos edificios del siglo XIX  tan solo queda en pie hoy en día el más cercano a la calle Chapitela. La Casa Garbalena se construyó en 1882 y la del Iruña en 1884. El Iruña se inauguró en 1888. Las fotos ilustrativas de este párrafo, como muchas de esta entrada, son de Mauro Ibañez. Entre las farmacias figuraban las de Ramón Aramburu, Agustín Blasco, Justo Aguinaga, Fernando Borra, Colmenares, Juan Manuel Cordoba, Rodrigo Erice, Manuel Esparza, Manuel Lizarraga, Manuel Mercader, Manuel Negrillos y Urrutia.  Entre los comerciantes que empezaban a descollar estaban Julián Pomares, Gabino Udobro y sus famosas coronillas de «Casa Gabino», Esteban Rouzaut y su óptica (1864), o Odon Rouzaut y su camisería, Cecilio Oyarzun, Garicano y su conocida pastelería «La Perla». Los fotógrafos más conocidos eran José Roldan y Emilio Pliego. entre las compañías de seguros «El Sol», «La Catalana», la compañía francesa «El Fénix»  o «La Unión y el Fénix Español». En una próxima entrada les mostraré, siguiendo el mismo esquema que en esta  como era la Pamplona al filo del nuevo siglo,  o sea el Viejo Pamplona entre 1894 y 1905.

Fotos por orden de aparición: La descripción de las fotografías en el interior del texto. Nº 1. Autor desconocido. 1862-63. J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 2: 1911. Sin filiar. J. J. Arazuri. Pamplona, Belle epoque, Nº 3: 1893-94. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 4. J.J. Arazuri. Pamplona. belle epoque. Sin filiar y sin datar, Nº 5: anterior a 1864. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 6: 1847-1855. J.J Arazuri. Pamplona Antaño, Nº 7: Roldán y Mena. 1880. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 8: 1895-1898. Mauro Ibañez, J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 9: sin datar, probablemente 1900-1910. José Ayala.  Nº 10: 1895. Julio Altadill. J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 11. 1890. J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 12, Nº 13: 1933. Julio Cía. J.J Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 14, Nº 15: 1905. Sin filiar. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo,  Nº 16: 1873. Mauro Ibañez. J.J Arazuri. Pamplona Antaño, Nº 17: 1883-84. AMP. J.J Arazuri. Pamplona Antaño, Nº 18: 1895. Julio Altadill. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 19: 1908. José Ayala. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo, Nº 20: 1912. Sin filiar. J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 21: Estación del Norte de Pamplona. 1867. José Martínez Sánchez. Fondo Ruiz Vernacci. Biblioteca Nacional de España (BNE). Nº 22: Sin filiar. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo, nº 23: Sin datar. José Ayala. J. J. Arazuri. Pamplona estrena siglo, Nº 24: 1873. Mauro Ibañez, J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 25: 1874.J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 26: 1895-1900. Mauro Ibañez , J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Nº 27: 1876. Mauro Ibañez  J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 28: Ant. a 1895. Julio Altadill, J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 29, Sin filiar y sin datar. Ant. 1950. Nº 30. Sin filiar y sin datar.  J.J. Arazuri. Pamplona. belle epoque , Nº 31: 1914. Sin filiar. J.J. Arazuri. Pamplona. belle epoque, Nº 32: 1873-74, sin filiar. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 33: 1883, J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona, Nº 34: 1872. Mauro Ibañez, J.J Arazuri. Pamplona Antaño. Nº 35: 1875. J. J. Arazuri. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona

Comercios del Viejo Pamplona: Udobro, en plena plaza Consistorial (1860-1980)

Inicio hoy una nueva serie sobre comercios individuales del Viejo Pamplona, serie con nombres e historias  de comercios rescatados de la memoria  de nuestras calles, de la memoria de nuestra ciudad y que será más o menos larga y  fructífera en función de la mayor o menor colaboración que vaya recibiendo de las personas vinculadas a dichos comercios.  Hoy empiezo por un establecimiento que estuvo situado en plena plaza consistorial. Se trata de Udobro. Hoy, para mi satisfacción, he podido conseguir dos  fotografías de Casa Udobro, gracias a la generosidad de las Hermanas Alforja,  dueñas de la popular óptica  Joaquín Alforja, ubicado en el mismo local donde anteriormente estuvo Udobro. ¡Gracias, amigas!. Antes de la instalación de  Joaquín Alforja en el nº 1 de la plaza del Ayuntamiento estuvo en ese lugar la mítica Mercería o Casa Udobro. Según José Castells Archanco la mercería Udobro fue fundada en 1860 por Gervasio Udobro Sanz y su mujer Angela Saez Mur. A raíz de la publicación inicial de esta entrada José Castells, nieto, a la sazón, de Angelita Udobro y Antonio Archanco, me ha ampliado algunos aspectos del artículo, matizando o corrigiendo algún dato y me ha facilitado nuevas informaciones y nuevas fotos, pertenecientes, estas,  a su archivo familiar. ¡Muchas gracias igualmente, José!.  En la foto de la izquierda del siguiente párrafo del año 1895 podemos ver a Gervasio Udobro con sus hijos y nietos en su finca de Aranzadi, una de sus nietas era precisamente la abuela de José Castells,  Angelita. En la foto, aparecen, además,  arriba, a la derecha, con bombín su hijo  Antonio y al lado su hijo Claudio. En  la segunda foto, en sepia, de la misma época aparece Gervasio en el centro y tras él Claudio.

Revisando las diversas guías comerciales que obran en mi poder desde más o menos esa fecha podemos reconstruir  con bastante exactitud el desarrollo del negocio hasta su cierre a finales de los años 70 del pasado siglo. La numeración del local ha ido variando a lo largo de los años, sin que cambiase el local pasando de plaza consistorial, 9 a plaza consistorial, 1 y  a Calceteros, 1, o incluso utilizando ambas direcciones como en la publicidad adjunta para volver finalmente a plaza consistorial, 1, que es la dirección que  mantiene actualmente el local. Tras el fundador, Gervasio Udobro, en torno a 1882 aparece durante algunos años como titular del negocio Domingo Saez Mur, que imagino, por el apellido, sería el hermano de su esposa,  si bien a partir de 1894 la razón social es la de Udobro e Hijo, con sedería y quincalla. No hay que olvidar que inicialmente el negocio, a pesar de ser el titular Gervasio,  lo llevaba  sobre todo su esposa  ya que él  se dedicó sobre todo  a las finanzas, según me comenta José Castells, fue consejero del Crédito Navarro y propietario de pisos y tierras, también tenía una fábrica de harinas en Cáseda y un salto eléctrico en Aibar, era uno de los prósperos hombres de negocios de finales de siglo, aunque en lo personal tuvo la desgracia de enviudar pronto. Posteriormente su hijo Claudio se hizo cargo de la harinera y la central eléctrica.  La razón social de la mercería en los principios del siglo era la de Hijos de Gervasio Udobro para en los años 10-20  estar regentada por Antonio Udobro, -casado con  Amalia Lusarreta, a quienes vemos en un retrato familiar en la última de las fotografías de la entrada-, y posteriormente a partir  de los años años 30-40 por Andrés Udobro Lusarreta que murió joven y a quien le siguió, en la tienda, hasta su cierre su viuda Margarita Sarobe.

Como he dicho, a lo largo de sus primeras décadas de vida la tienda vendía lo que, en aquellos años, se llamaba productos de quincalla (bisutería) y de mercería,  etc. Luego más adelante introdujo  también perfumes y género de punto. En la foto de la izquierda que abre esta entrada y que puede datarse en torno a los años 30, teniendo como titular a Andrés Udobro, que por las observaciones de José Castells podría ser el hombre que aparece en la fotografía,  vemos que el negocio se anuncia en los rótulos como mercería-perfumería paquetería y bajo la primera planta que, como hoy, estaba vinculada al local comercial se anunciaba la venta de «hules ingleses para camas, mesas y suelos». Era un establecimiento bastante  más surtido que la típica mercería de la época pues si además de atender a los rótulos del local donde se hace alusión a los perfumes, atendemos  a esta curiosa  publicidad que he encontrado y digo curiosa porque llama poderosamente la atención de estar escrita además de en castellano en francés e inglés,  se informa  que vendía corbatas, medias, bolsos, guantes, paño para labores así como lanas del país y extranjeras. La segunda foto, es de los años 40, (seguramente de la segunda mitad de los años 40),  con la típica fachada amarmolada que proliferó en muchos locales comerciales en la época de la postguerra,  (a lo largo de los años 40 y 50),  y que se mantuvo hasta su cierre al filo de los años 80. En sus rótulos y escaparates anunciaba «Novedades» además de «Guantería», «Mercería» y «Lanas». Recordemos que Optica Joaquín Alforja se trasladó a este local en 1981, tras cerca de 30 años en la calle Zapatería.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 y 2º: fotografías de la fachada de la mercería Udobro cedidas por las Hermanas Alforja, la primera de ellas puede ser de los primeros años 30, la segunda de la primera mitad de los años 40, las fotografías nº 3, 5, y 6 pertenecen al archivo personal de José Castells Archanco.

 

Imagenes del ayer: Pamplona a vista de pájaro (1919-1932)

Traigo a esta sección de Imagenes del Ayer una serie de cuatro fotografías, la mayoría, salvo la primera, áereas, y extraídas de la exposición virtual «Postales y fotos de Pamplona» que ha presentado hace pocos días  la Universidad Pública de Navarra y que pueden consultarse en la web que aparece al final de la entrada. Las fotografías, pertenecientes al Fondo Documental de Leoncio Urabayen Guindo, donado a la UPNA está compuesto por 190  postales y originales  que  fueron utilizados, en una una buena parte, en su obra «Biografía de Pamplona» publicada en 1952. Las fotos de este fondo, proceden, a su vez, de diferentes fuentes originales y en  algunos casos, por lo que he podido comprobar necesitan de una  datación más ajustada, que, en la medida de lo posible, he procurado precisar a lo largo de esta entrada. La mayoría de las fotos que traigo a esta sección son, salvo la última, no demasiado conocidas.

La primera de las fotos que encabeza la entrada, está tomada desde el monte San Cristobal y está datada en torno a los años 1925-1930. En esta foto podemos observar, de izquierda derecha, la carretera a Ansoáin, la carretera a Artica, situada en mitad de la imagen,  con algunas de las vueltas y revueltas que ésta daba y sigue dando hasta la cima; a la derecha de la mencionada carretera el pueblo de Artica, situado en la parte inferior de la foto y  por último,  en el lado derecho de la instantánea, las dos cajas de vías de los ferrocarriles del Plazaola, cortada, ésta última,  por un paso a nivel de un camino que  llevaba también a Artica (y que hoy se encuentra bajo un puente de la variante norte) y el del Ferrocarril del Norte dando su familiar, al menos para mi, vuelta sobre uno de los Mogotes, donde hoy se asienta una parte de Buztintxuri y de Nuevo Artica. En la foto se hace bastante evidente, -les sugiero que cojan una lupa-,  la existencia de diferentes núcleos poblacionales dispersos en una Pamplona con poco más de 30.000 habitantes: en torno a Joaquín Beunza, en la zona de Cuatro Vientos, desde este cruce y  hasta el cruce de la carretera a Villava con la vía del Plazaola, y por otro desde Cuatro Vientos  hasta  la zona de la Estación del Norte y  a lo largo del primer tramo de la avenida de Guipúzcoa,  hasta el asilo de las Hermanitas de los Pobres. No había nada construido a lo largo de la carretera a Villava (actual Marcelo Celayeta) desde la zona de la Carbonilla y la vaquería de Larrayoz hasta la carretera a Ansoain. Desde este punto se podían divisar otras cuantas construcciones hasta la zona del Manicomio Provincial, más allá de las actuales Orvinas. Tras la Rochapea, la ciudad histórica  sobre el cerro o meseta y al fondo, tras de ella se adivinan algunas de las nuevas construcciones del Segundo Ensanche, que para 1929 ya había llegado hasta la actual avenida de la Baja Navarra. En la zona de Trinitarios se divisa una nave ubicada cerca del posterior, en el tiempo,  convento de las Oblatas, que yo recuerdo haber visto en pie hasta entrado este siglo.

La segunda de las fotos, esta aérea y obra de José Galle Gallego, capta la zona norte de la capital, la Rochapea Vieja y buena parte del Casco Antiguo, incluyendo la zona del Portal Nuevo, la Taconera y más allá de ellos el primer y parte del 2º Ensanche. Aparece datada entre 1920 y 1950, cierto, pero a tenor de los detalles que nos da la fotografía podríamos afinar mucho más. Creo que la foto debe ser de los años 1931 o 1932 y lo digo porque en la fotografía se observa muy claramente la ampliación del parque de la Taconera tras el relleno de los fosos del Baluarte de Gonzaga adelantándose  el Mirador de los Jardines  una veintena de metros hasta el borde de la muralla de la Cuesta La Reina, dando lugar a su configuración actual. Al nuevo mirador se le llamaba entonces Mirador de Vistabella. Por otro lado es visible el feo portal o pasarela de hierro que sustituyó al antiguo Portal Nuevo o de Santa Engracia en 1907 y que desaparecería con el actual portal de carácter historicista proyectado por Víctor Eusa  en 1950. Si observamos con atención se divisa igualmente la nueva torre de San Lorenzo, con su pináculo,   que sustituyó a la torre de apariencia pétrea existente hasta 1901 e inaugurada en 1903 y que desaparecería en la década de los 40. En la Rochapea podemos ver al pie de al muralla del Casco, el puente de Curtidores, el barrio del mismo nombre, (nuestra pequeña Venecia), la plaza del Arriasko o  Errotazar  con la Casa de los Pastores y los restos del antiguo matadero de carnes, y al principio de la calle Joaquín Beunza, la Casa Gamarra y Casa Placido, entre otras. También se divisan los Corrales del Gas, habilitados para tal fín sobre la antigua fábrica del Gas en 1918; en esta foto aún quedan restos de la antigua factoría que desaparecerían en 1943.

La tercera de las fotos, está centrada sobre todo en la zona de la Navarrería aunque nos da abundante información sobre la ciudad en su conjunto. En el extremo superior derecho de la foto se observa el ala de la avioneta que debió ayudar  a José Galle Gallego a tomar esta instantánea, al igual que hizo con la anterior de la Rochapea y zona norte del Casco Antiguo. En primer plano tenemos la zona del Baluarte del Redín, donde se encuentra actualmente el Mesón del Caballo Blanco, en aquella época tan solo había unas modestas construcciones,  como vimos en la entrada dedicada a este Rincón. A continuación,  y en dirección a la calle del Carmen  vemos los imponentes muros del convento de las Siervas de María,  el antiguo Laboratorio Provincial con su famosa secuoya y las traseras del convento de las Carmelitas Descalzas. En la parte superior de la foto  se divisa una plaza del Castillo aun cerrada por el Teatro Principal, lo que nos hace pensar que la imagen es de antes de 1932 pero de ningún modo de 1922 como aparece en la página web de la exposición virtual de la UPNA sobre los fondos gráficos de Leoncio Urabayen. Dos hechos lo corroboran, la avanzada construcción del 2º Ensanche (se divisa la Casa Doria y otras muchas del período 1922-1930) y la aparición de la torre de la iglesia de San Ignacio, inaugurada en 1927. Por lo tanto la fotografía debiera ser posterior a ese año, probablemente entre 1928 y 1931.

La cuarta de las fotos es una foto aeronáutica militar datada genéricamente entre 1920 y 1930, pero que yo dato algunos años antes, en torno a  1919 o 1920. Dos son los elementos que me ayudan a situar temporalmente la fotografía, el jardincillo que rodeaba a la Mariblanca en la plaza de San Francisco. Hasta 1920  la estatua de la Mariblanca estuvo sobre un jardincillo que se suprimió y se lució con cemento la base de su pedestal, por lo que no puede ser posterior a esa fecha. Por otro lado, junto a la Casa de Baños del Paseo de Sarasate podemos divisar el solar donde a partir de octubre de 1923 se construiría la nueva Casa de Correos y Telégrafos. En esta imagen se puede observar la presencia de la Estación de mercancías del  Irati en el Rincón de la Aduana. La de pasajeros se encontraba en Paseo de Sarasate.

Fotos por orden de aparición (entre paréntesis y en negrita la fecha real de la foto según el análisis histórico urbanístico) : Todas las fotos proceden de http://fotografiasurabayen.unavarra.es/. Universidad Pública de Navarra. Biblioteca. Fondo Leoncio Urabayen. CC BY-NC-ND 4.0. Nº 1. Pamplona desde el monte San Cristobal (1925-1930). Biografía de Pamplona. Fig. 31. Leoncio Urabayen. 1952. Nº 2. Pamplona. Vista aérea del lado norte (1920-1950) (1931-1932). José Galle Gallego. Biografía de Pamplona. Fig. 37. Leoncio Urabayen. 1952. Nº 3: Pamplona. vista aérea de la Navarrería (1922) (1928-1931) . José Galle Gallego. Biografía de Pamplona. Fig. 42. Leoncio Urabayen. 1952. Nº 4. Pamplona, vista aérea. (1920-30) (1919-1920).Biografía de Pamplona. Fig. 40. Leoncio Urabayen. 1952.

Nota del Autor del blog: Y como de bien nacidos es ser agradecidos, quiero agradecer la alusión frecuente que se hace en esta exposición virtual  de la UPNA, en las referencias de alguna de las instantáneas, a este modesto blog.

¡Al rico chocolate! Aquellas pastelerías, confiterías y chocolaterías (1900-2000)

Tras «el comercio del bebercio», paso a rememorar, en esta ocasión, el amplio universo de tiendas que se dedicaban a los placeres azucarados: chocolates, pastas y pasteles, dulces, caramelos y turrones en la Pamplona del siglo XX. De los churros y helados ya hablé cuando me refería a la hostelería y otras actividades aledañas. Como ocurría con la anterior entrada, se entremezcla la fabricación con  el comercio al por menor del producto y, en ocasiones,  con actividades tipo cafetería. Advierto nuevamente que es una entrada abierta a ampliaciones y correcciones, como lo son casi todas las entradas del blog, pues seguro que los lectores recordaran otros negocios similares que no he citado u otros muchos detalles más allá de los aquí inicialmente referidos. Antes de entrar en materia he de comentar que, a la hora de indagar sobre aquellos comerciantes que se dedicaron a estos menesteres,   a un profano del sector como lo soy yo, le sorprendió la vinculación existente entre dos oficios aparentemente tan diferentes como el de cerero y el de confitero o chocolatero. Sin embargo investigando averigüé como cuando en el siglo XVI llegó el cacao de América  a España, el cerero,  -que trabajaba la cera para hacer cirios, velas, antorchas para el culto y para el alumbrado de los hogares,  ya hacía confitería con la miel de los panales, de los panales se extraían la miel y la cera-, y con la llegada del cacao, el cerero se hizo chocolatero y las cererías se convirtieron también en chocolaterías.

A primeros del siglo XX encontrábamos las siguientes tiendas de chocolate que fabricaban su propio producto, el chocolate, en ocasiones vendían también dulces y pastas o pasteles (osea eran confiterías y pastelerías), y muchas, además, se dedicaban al negocio de la cerería: Marcelino Andueza en el nº 64 de la calle San Nicolás, que también fabricaba y vendía pastillas de café con leche, (en los años 50 la regentaba Trinidad Arizala con pastelería también en Navarro Villoslada); Julián Arbizu,  en el nº 31 de la calle Mercaderes.  Por el apellido presumo que debe tratarse del fundador de las famosas, en otro tiempo,  «cafeterías-pastelerías Delicias» al que le siguieron al menos dos generaciones en el negocio. Tuvo el obrador de pastelería en los años 50-60  en el nº 2 de Fernández Arenas y fabricaba pastillas de café con leche como otras muchas firmas del sector. En la calle Mercaderes  sustituiría a Arbizu, en los años 30, Constancio Jarauta  y tras la guerra,  Carmen Torrente Azparren.  Allí he conocido yo «La Dulce Venecia», donde hoy se encuentra «La Juana Gastrobar». Carmen Torrente fabricaba también dulces en el obrador que tenía en el nº 15 del Paseo de Sarasate; Martín Baquedano tenía tienda en San Nicolás, 24 y obrador en el nº 40 o 42 de la citada calle. Le sustituiría Maximino Arrasate en los años 30 que continuó en las décadas posteriores, si bien en el nº 34-36.  Mediado el siglo hay un Pedro Baquedano, ¿sería su hijo?.  Viuda de Seminario, (luego Hijos de Seminario o Hijos de Vda de Seminario), en el nº 6 de la calle San Saturnino que aun continuaba su actividad de venta en los años 50 y 60 con el nombre de Sucesores de Hijos de Vda de Seminario. Este  negocio se remonta al año 1820 si bien será Francisco Seminario Izu (1840-1895) uno de sus principales impulsores, un hombre poseedor de varios inmuebles en la zona que posibilitó con su derribo la reconstrucción urbanística de lo que hoy conocemos como último tramo de la calle Nueva e inicio de San Saturnino. La zona correspondería hoy al nº 2 de Nueva y 1 de San Saturnino, a la zona de la antigua calle Bolserías y su conexión con la calle Ansoleaga (entonces,  Tecenderías). Continuo con la enumeración, la tienda de Mariano Labairu en el nº 1 de la calle Dos de Febrero o Comedias, Herederos de Tomasa López (1810), posteriormente conocida como Hijos de Manterola o simplemente Casa Manterola, en el nº 20 de Zapatería.

Hace casi tres años que cerró Casa Manterola en la calle Zapatería, si bien se mantiene en la calle Tudela. Lo hizo silenciosamente, después de más de dos siglos en el lugar. Vamos a hablar un poco de su historia. A principios del siglo XIX (1810), Polonia Albar recibió en herencia la casa nº 20 de la citada calle. Es entonces cuando se inicia la actividad confitera y cerera en el local. Polonia se casa con Candido López (1782-1862), cerero y confitero sangüesino. Entonces no se llamaba aún Casa Manterola. Candido y Polonia tuvieron dos hijas: Tomasa y Trinidad. Tomasa se casó con Gregorio Manterola, natural de Aoiz, que pasó a vivir con su esposa y sus suegros donde comenzó a aprender el oficio de cerero y confitero, asumiendo la gestión en el año 1845. A comienzos del siglo XX, en 1907, tras la muerte de Tomasa,  el establecimiento pasó a  sus hijas Carmen y Victoria, aunque era Carmen (1875-1958), que estaba soltera, la que regentaba verdaderamente el negocio. Vendían ceras y velas, pastas de almendra, dulce de membrillo, almendras y su famoso chocolate. Posteriormente sería uno de sus sobrinos, Antonio Manterola, al que había criado como un hijo, el principal responsable de la expansión de la empresa. Antonio  asumió la dirección en 1938 y en 1945 trasladaba la fábrica de chocolate de la calle Zapatería  a la calle Tudela. Pero la competencia hizo que el negocio se viera obligado a perder su carácter industrial y a orientarse hacia la artesanía pastelera. Ya desde los años 30 aparecía la tienda de Zapatería como confitería pastelería. Tras Antonio recogió el testigo y la dirección su hijo mayor José Antonio hasta su fallecimiento en 1985, tras el cual lo asumió  su viuda Rosa Aldaz con quien tuvo siete hijos, dos de los cuales, Mikel y Eduardo, que constituyen la sexta generación, asumieron en 2010 la gestión: Eduardo el obrador artesanal y Mikel la Gerencia, al cumplirse 200 años desde su fundación.

En el nº 10 de la misma calle Zapatería teníamos a Pedro Mayo. Como en el caso anterior daré alguna pincelada histórica. En 1860,  1847, según otras fuentes, el joven de Ochagavía, Pedro Mayo Etulain que había aprendido el oficio con su pariente y amigo Pedro Seminario, inicia la aventura de montar una fábrica de chocolate. En los pisos superiores del nº 10 de Zapatería se producían dulces y velas de cera, en la planta baja tenía una tienda de coloniales y en el sótano la maquinaría para preparar el chocolate. En 1888 dió entrada en el negocio  a su hijo Ponciano, hijo de su matrimonio con Valentina Izu, con la sociedad Pedro Mayo e Hijo, sin embargo su hijo falleció 11 años más tarde, en 1899. Junto a la chocolatería de Viuda de Seminario Pedro Mayo era una de las más importantes y prósperas fábricas de chocolate de la ciudad y había ampliado su plantilla, de 3 a 9 personas. Más tarde volvería a formar sociedad con su hijo Pedro Mayo Biardeau, hijo de su segundo matrimonio con Elisa Biardeau Cortés.

En 1913 moría Pedro Mayo que había sido, a la sazón, entre finales del XIX y principios del XX, uno de los principales contribuyentes de la ciudad, y durante un tiempo la empresa continuó en manos de la familia, hasta que en 1923 la empresa pasó a ser regentada por   la sociedad colectiva Ruiz de Galarreta y Vidal, Sucesores de Mayo, encabezada por Luis Ruiz de Galarreta Maeztu, marido de Martina Mayo Zubizarreta, nieta del fundador con el 50%, el otro 50% lo tenía el industrial Mariano Vidal.  Sus herederos tomaron el relevo y mantuvieron el prestigio de la marca trasladándose, a finales de los años 20,  al nº 4-6 de la calle Nueva y, tras la guerra civil,  a la calle del Redín, ampliando su producción a las pastas variadas y   turrones. No fue fácil sobrevivir a los difíciles años de la autarquía y del racionamiento del franquismo, debiendo parar algunas veces la producción por la falta de materia prima. Será en 1974, cuando se trasladen a Artica y se centren exclusivamente en la fabricación de chocolate. La empresa comenzó  a atravesar dificultades, debido a la crisis económica y al incremento en los precios del cacao y los Sucesores de Pedro Mayo firmaron un acuerdo de fusión con la sociedad propietaria de Chocolates Orbea, la  Compañía Navarra de Alimentación, S.A. en  el año 1977. A través de dicho acuerdo se le cedía el uso  en exclusiva de la marca Chocolates Pedro Mayo a la Compañía Navarra de Alimentación a cambio de una comisión en las ventas y la absorción de la plantilla. El acuerdo  se mantuvo hasta 1990 año en que Orbea fue adquirida por Chocolates Asturianos. La empresa  quedó descapitalizada por una mala gestión,  desmantelándose poco tiempo después, en 1992 y derribándose más tarde sus instalaciones  de la Avenida Guipúzcoa. En julio de 1994, antiguos trabajadores de la empresa impulsaron el proyecto Chocolates de Navarra S.A. L que agrupa las marcas Pedro Mayo (Sucesores de Pedro Mayo firmaron un nuevo acuerdo similar al anterior con la Compañía Navarra de Alimentación), Orbea y Leyre, con sede de Aizoain. Chocolates Orbea, al que me he referido líneas atrás,  había nacido en el barrio de la Rochapea en el año 1952. Pertenecía al empresario guipuzcoano Santiago Otegui Campos. Otegui había montado en Pamplona una fabrica moderna para lo que era habitual entonces, con un amplia producción de distribución nacional. Se fabricaban 7.000 kilos diarios de chocolate que se distribuían por toda España y del que muestro algunas promociones de albumes y cuentos de los años 60, junto a estas líneas.

Continuemos con las tiendas-fábricas de chocolate y cererías que en la mayoría de los casos  eran además pastelerías-confiterías: Pedro Nagore, luego Hijos de Nagore, en el nº 46 de la calle Mayor, Ubaldo Ataun Legarreta, en el nº 58 de la misma calle y 14 de Eslava.  Me detendré unos momentos para hablar de esta singular casa pamplonesa, Casa Ataun, conocida sobre todo por sus pastas y tortas de txantxigorri, regalices y chocolates. Su origen se remonta al menos a 1898, aunque hay opiniones de que su antigüedad pueda ser mayor, de ocho o diez años más. Ubaldo fallecería en 1931. Heredaron el negocio sus cuatro hij@s vivos si bien serán los varones, Fortunato y Jesús, los que lleven el negocio a  partir de ese momento. Fortunato muere en 1974, quedándose a cargo de Casa Ataun,  Jesús. En 1983, el Ayuntamiento compraba el edificio de Casa Ataun por tres millones de pesetas. Jesús se jubilaba y cobraría una renta del consistorio a cambio de asesorar al nuevo arrendatario, Félix Inda. Jesús fallecería en la Casa de Misericordia en 1991. Actualmente el negocio está dirigido por Nekane Inda.

A principios de siglo tenemos a Juan Iraizoz en el nº 4 de la calle Navarrería, luego  a Ulpiano Iraizoz, con su confitería-cerería-chocolatería, en el nº 2 de la calle Mercaderes,  que luego llevaría  Joaquina; a Justo Donezar en el nº 47 de la calle Zapatería, haremos otro alto en el camino. Confitería y Cerería Donezar está regida actualmente por su cuarta generación. Es una de las pocas cererías que aún se conserva en el Casco Antiguo. Fue fundada en 1853 por José Ochoa que se la dejó en herencia a su hijo. Posteriormente el negocio (cerería, confitería, chocolatería, pastelería, etc)  pasó a manos de Justo Joaquín Donezar y de él a los posteriores «joaquines donezar», curioso pero que yo sepa toda la línea, de padre a hijo, ha tenido por nombre Joaquín. Entre medias creo recordar que durante algún tiempo fue titular Vicenta Sarasibar, viuda de Donezar. Se cuenta que en este  establecimiento trabajó el célebre tenor Julián Gayarre y que un día, de joven,  abandonó el trabajo para seguir a una banda de música que iba tocando por la calle Zapatería.

Otro nombre clásico en el mundo del chocolate es el de Subiza, si bien no tiene un origen pamplonés. Su origen se remonta a 1841 cuando  Manuel Subiza Azcárate comienza a elaborar el chocolate en Erro, en la actual «casa del alpargatero», según las técnicas aprendidas unas décadas antes,  en 1820, en  Arnegui, en la popular «Casa Polit». Tras Manuel se hizo cargo del negocio su hijo y abuelo del actual responsable de la empresa, Fermín Subiza, y, posteriormente, su hijo Manuel. Con su padre Manuel, y con tan sólo 13 años, Jesús Subiza Errea, el actual propietario de la empresa, hoy a punto de cumplir 100 años de edad, empezó a introducirse en el negocio familiar. Los años de la guerra y postguerra fueron, como para otras fábricas de chocolate, complicados debido a las restricciones y racionamientos, teniendo que discontinuar la producción durante algún tiempo.  En 1958 Jesús Subiza, junto a su hermano Gerardo,  trasladaban Chocolates Subiza a Pamplona, a su actual ubicación en el nº 30 de la  calle Amaya.  En total y desde 1841, cinco generaciones se han sucedido al frente de la firma, manteniendo  su espíritu familiar y su carácter artesanal. Hoy de aquellos catorce chocolateros artesanos que conoció Jesús cuando llegó a Pamplona en los años 50, que se redujeron a la mitad en los años 70, apenas queda hoy  ninguno. ¿Cuántas tabletas de chocolate a la taza de Pedro Mayo y Subiza habremos comido en nuestras casas a lo largo de nuestras vidas?. Desde luego en la mía muchísimas.

Otros nombres de fábricas-tiendas de chocolate y cererías eran las de Herederos de Estanislao Larrosa en el nº 45 de Estafeta, de Diego Miquelez, en el nº 76 de San Nicolás, luego Viuda de Miquelez, Herederos de José Jimenez en el nº 1 de Navarrería, Basilio Oteiza en el nº 1 de Jarauta, H. Arribas en el nº 16 de Eslava, Prudencia Unciti en el nº 1 de Mercaderes, Ramón Yarnoz en el nº 13 de Martires de Cirauqui (actual San Antón), Vda de Etulain, en el nº 2 de la calle Mayor, (su lugar lo ocupará en las décadas siguientes Lucas Zabalza en el nº 16 de San Saturnino). Tiburcio Guerendain y Luis Ros, antes de dedicarse a los materiales de construcción y cervezas respectivamente también tuvieron algún contacto con este ámbito de la fabricación y venta de chocolate. No me consta que se dedicasen a la cerería pero si fabricaban y vendían chocolate, Lorenzo Erice, (posteriormente Herederos de Lorenzo Erice y Juan Erice), en Carmen, 7 y luego 12, Tomas García, en Zapatería, 28 e  Inocencio Tapia, en Navarrería, 3, (luego Vda de Tapia y en los años 50-60, Ignacio Tapia en el nº 11 de Navarrería).

Sólo vendían José María Diaz en el nº 114 de la calle Mayor, donde durante muchos años estuvo la «Mercería La Fama», pues como ya he señalado en otra entrada inicialmente y hasta los años 40 el negocio familiar fue una tienda de chocolate, pastelería y confitería; Miguel Echarri en Zapatería, 47, Gabino Ilarregui en Calderería, 44;  Petra Zozaya en Navarrería, 2;  M.Senosiain en San Nicolás, 5 y en los años 20,  además,  Herederos de Jauregui,  en el nº 27 de Santo Domingo y Carlos Pérez en el nº 64 de Jarauta. En los años 30,  a buena parte de los anteriores habría que sumar Pedro Hernaiz en el nº 24 del Paseo Sarasate, y fabricando y vendiendo chocolate y la cera Silvano Martínez en Dormitalería, 14, los Hermanos Yarnoz, (luego Hijos de Yarnoz), en el nº 72-74 de San Nicolás, que continuarían en las décadas posteriores, como Herederos de Ramón Yarnoz, por lo menos hasta los años 60 y José Larrea en el nº 22 de Estafeta, donde hoy se encuentra Pastas Beatriz. Antes el local de Larrea había sido una carpintería,  (concretamente de Esteban Osacar) y posteriormente fue una tienda de ultramarinos cuya propietaria se llamaba Regina González Vicente, hasta que en 1969 cogieron  el negocio Pablo Sarandi y su mujer Beatriz, convirtiéndola en una tienda de pastas. En 1991, Pablo y su mujer  dejaron la tienda en manos de las hermanas Gómez Tellechea que son las que la regentan actualmente, y  con un enorme éxito,  hasta convertirla en una de las tiendas más  típicas y míticas de la ciudad. ¿quien no conoce sus famosos garroticos de chocolate, además de otras muchísimas delicias?.

En el campo de la confiterías destacan, especialmente,  varios nombres algunos de ellos que se entrelazaran, como veremos,  con el tiempo. En 1886, Claudio Lozano comenzó a elaborar, en   su propia casa, su famosos caramelos de café con leche  que más tarde decidió comercializar. Fue en 1912 cuando le puso el nombre de   pastillas de café con  leche «Las Dos Cafeteras» y decidió abrir el local comercial que conocimos en el nº 11 de la calle Zapatería. Desde los años 30 este local sería,  además,  confitería y pastelería y la razón social la de Lozano Hermanas. Por su parte  y siguiendo la tradición de Lozano, cuya receta de caramelo de café con leche es la más antigua del mundo,  otros maestros confiteros siguieron su estela. Así lo hizo Ruperto Unzué, en 1893, bajo el nombre de «La Cafetera», al que en los sucesivos anuarios comerciales localizamos en las calles San Agustín, (nº 36), Merced y Tejería, (nº25), en este último caso bajo la razón social de Unzué y Cía  e Hijos de Unzué, (luego Vda de Unzué) y fabricando también chocolate. El caramelo de Unzué tenía menos leche que el de Lozano y algunos aromas añadidos. Ruperto tenía un obrador en el nº 16 de Recoletas, aunque anteriormente en los años 20 el obrador estaba radicado en Santo Andia. En invierno fabricaba en este obrador turrón y en verano servía helado. En los años 40-50 abrieron una pastelería en el nº 2 de  la plaza del Vínculo que muchos recordarán.

Mientras el caramelo de las Dos Cafeteras solo se vendía en la tienda de la calle Zapatería, la segunda generación de los Unzué vendía sus caramelos por toda la ciudad. En 1930 «La Cafetera» tenía cinco tiendas en Pamplona y distribuían su dulce por toda España. En los años 50 se constituyó la sociedad anónima Dulces Unzue que conoció su máxima expansión de mano del hijo de Ruperto,  Pedro Unzué. Se introdujeron nuevos caramelos y el formato de grageas (HIT). En 1981, Nutrexpa compraba la mitad de las acciones de Dulces Unzué, siendo mayoritaria su participación en la empresa en 1985  y en 1993, la tercera generación de los Lozano,  vendía «Las dos Cafeteras» al mismo grupo Nutrexpa integrando ésta ambas firmas, bajo el nombre de Dulsa. Desde el año 2008, Dulsa, sita en el polígono de Landaben,  opera de nuevo como una empresa independiente recuperando su origen local, con más de 20 trabajadores y una amplia capacidad exportadora. Los caramelos de «Las Dos Cafeteras» se conservan,  desde 1996, en bodega, durante tres meses, a una temperatura y humedad controlada para conseguir el  sabor y textura deseados. También fabricaban caramelos, bombones, grageas y turrones, Labairu e Indave, desde los años 20,  en la calle Padre Moret, no hace mucho alguien me preguntaba por los caramelos Ley, pues lo hacía Labairu e Indave;  En los años 50 regentaba el negocio José María del Valle, luego lo hizo  su Viuda y la empresa era conocida popularmente como Casa Indave.  Deogracias Garicano, -alguién me preguntó hace poco por esta empresa-,  tenía, al menos desde los años 30,  una fabrica de caramelos  en el nº 34 de la calle del Carmen, si bien posteriormente, después de la guerra,  se trasladaría al nº 17-19 de la calle Curia. En los años 60 la citada empresa todavía estaba en activo.

En 1871 Felipe Layana abría su fábrica-tienda de chocolates, ceras y otros artículos en el nº 4 de  la Bajada de Carnicerías, (en la zona donde hoy está la plaza de los Burgos), si bien en tiempos de la segunda generación, de sus hijas Mª Camino y María Eugenia,  (de ahí la posterior razón social de Hijas de Felipe Layana),  se abandonó la fabricación y venta de chocolates evolucionando el negocio hacia  las pastas y la confitería,  trasladándose en 1953 el negocio  a su actual ubicación en el nº 12 de  la calle Calceteros. Actualmente es la tercera generación la que dirige el negocio encabezada  por Jesús Barbería Layana. Su producto estrella, por el que se les conoce, es otra de las tiendas míticas de Pamplona,  es el de las pastas de té, con toda su enorme variedad: de chocolate, mermelada, coco, frutas, etc, bizcocho, hojaldre, ummm ¡que ricas…!

En el nº 3 de la calle General Moriones, (actual Pozoblanco),  estaba la pastelería y confitería de los Hermanos Arrasate que también fabricaba, en su obrador, como todas las de su gremio, chocolate. Fundada en 1888 por Esteban Arrasate y Francisca Ciganda, pasó a llamarse Viuda de Arrasate al fallecer Esteban, en 1924,  y quedar al frente del negocio su viuda. En los años 20 ocupaba los números 3 y 5 de la calle. La tienda cerró en los primeros años del 2000, creo que fue en torno al año 2003 o 2004.   No muy lejos de allí se encuentra la panadería- pastelería Arrasate de la calle San Antón, creo que eran primos de los anteriores. Conchita Ruiz de Galarreta e Irene Arrasate, constituyen hoy la tercera y cuarta generación de un  negocio que se abrió en el año 1920.  Fabrican palmeras, tejas, mantecados y hojaldres y otras delicias que venden en la tienda. Inicialmente en el nº 75 de la calle Nueva, trasladándose luego, en los años 20, al nº 11 de Pozoblanco estaba la pastelería de Feliciano Goñi,  luego Vda de Feliciano Goñi  y más tarde Vda de Goñi e Hijos, conocida con el nombre de «La Madrileña» (no confundir con al tienda de tejidos de Pedro Turullols),  que se mantendría en Pozoblanco,  al menos hasta los años 60. Entre Vda de Arrasate y «La Madrileña» estaba la pastelería, confitería y heladería de Mercedes Orquín, aproximadamente donde está actualmente la tienda Equivalenza.

Otras pastelerías y confiterías eran, en estos años, la del Café Suizo, en Pozoblanco, 15 ¿quien no se acuerda del famoso bollo suizo típico de estos cafés y que introducirían otras muchas pastelerías, como las de Taberna?, lástima que cerrase a comienzos de los años 50; la de Julián Pomares en Héroes de Estella, (actual Chapitela), 16-18;  allí mismo se instalaría, luego, Pastelería Alfaro, donde hoy está Kikos, (Javier Alfaro también tenía otra tienda en el nº 8 de la avenida de San Ignacio);    la pastelería y confitería de Sinforiano Salcedo, posteriormente Hijos de Salcedo, en Estafeta, 37,  y su famosas coronillas,  que permaneció en el lugar hasta, por lo menos, finales de los 60 y primeros 70. Donde hoy se encuentra la cafetería El Mentidero (Mercaderes, 13) estaba la pastelería de Jesusa Udobro, negocio que sería traspasado a Eusebio Garicano con la misma actividad, (confitería, pastelería y fabricación de chocolate), al que sucedería hasta bien entrados los años 50, su hijo Román Garicano. Fue la famosa Casa Garicano, especializada en coronillas, tartas, mil hojas y toda clase de encargos para bodas y bautizos, que en mi juventud ocupó la cafetería-pastelería de Juan Bardi. El  hermano de Román Garicano, Julián,  tenía otra pastelería y el obrador en el nº 7 de Carlos III.

Mención aparte habría que hacer de la figura de Lázaro Taberna San Martín. Su primer local  lo abrió en 1897, en  la calle Nueva, cuando cogió  en traspaso una panadería y el segundo en el nº 40 de la calle Mayor. Fue en 1905 cuando se hizo con dos locales más seguidos en esta calle y los acondicionó como obrador y despacho de atención al público. Por aquel entonces no sólo  se dedicaba a la fabricación y venta de pan sino también a la producción de dulces, chocolates e incluso embutidos. Se anunciaba como Ultramarinos y Panadería. En 1946 fallecía Lázaro pasando la dirección de la empresa a su viuda, Trinidad Arregui y sus hijos y produciéndose su progresiva expansión a diferentes barrios de la capital, primero al Ensanche con un nuevo establecimiento en la Avenida de Franco, hoy de la Baja Navarra,  y un nuevo obrador y posteriormente,  en las décadas posteriores al resto de barrios, aunque a principios de los 60 aún mantenía su tienda (panadería-pastelería)  en la calle Mayor. En 1966 se crea una sociedad anónima, Lázaro Taberna S.A y posteriormente a partir de los años 90 inicia sus acuerdos con grupos internacionales convirtiéndose en empresa lider en el sector. En 1948 Del panadero Félix Arrasate de la calle Mayor de  Villava surge la actual Arrasate S.L y sus más de 12 tiendas por la ciudad.

En 1937 abría sus puertas en Pamplona un obrador con el fin de elaborar turrones y dulces tradicionales de la mano de varios confiteros alicantinos, si bien será algunos años más tarde, cuando cuatro familias de Pamplona apuestan por el obrador y fundan Zucitola, bajo la razón social de José María Vilar y Compañía S.L., luego Comercial e Industrial Zucitola con tiendas en Paseo Sarasate 2 y 4 y Estella, 3. Fabricaban y vendían dulces, pasteles y turrón. Hoy continua Zucitola, como Hijas de Javier Arrasate, con varias tiendas en la ciudad. En 1954 abría sus puertas Dulces Torrano, en el nº 36 de Mártires de la Patria, actual Castillo de Maya, con una oferta de pasteles y caramelos de café con leche. Posteriormente, con la segunda generación creció el interés por sus coronillas que llegaron a igualar e incluso superar en fama a las de Salcedo. Otras pastelerías en los años 60 eran las Benigno Ibarrola, en la calle Tafalla, Equiza en Paulino Caballero,17 o Andueza en San Saturnino. En los años 50 había no menos de media docena de fabricantes de dulces en el Ensanche: Francisco Amoros con pastelería, confitería y fabrica de turrón, García Yoldi, Liarte, Vázquez Prieto  (pastillas de café con leche «San Fermin»),  y algunos otros en el Casco como Beaumont en la plaza del Castillo, Belloso en la calle del Carmen, Egües en Calderería o Meoqui en Comedias, también con pastelería aparte de los clásicos de toda la vida.  En total no había menos de 60 pastelerías y confiterías, entre el Casco y el Ensanche. Entre las nuevas pastelerías de los años 50 cabe citar la de Irujo Gonzalez Tablas, luego Irujo y Gascón S.L (Cafetería Belagua) o la de Francisco Irujo en el nº 65-67 de la calle San Fermín, la Pastelería Florida. Tiendas que vendían dulces, confitería, aparte de los cada vez más numerosos kioskos urbanos eran las de Gambra o Ilundain en la calle Mayor o de Josefa Zuñiga en diversos puntos de la ciudad.

Fotos por orden de aparición: Nº 1 y 34: Fotos de Laura Blazquez (Blumun) para www.cascoantiguopamplona.com; Nº 2: Foto de la sección de historia de www.zucitola.com. Nº 6: Foto de la sección de historia de www.casamanterola.com; Nº 12: Casa Iraizoz. Archivo Municipal de Pamplona. Nº 15: Jesús Subiza y sus hermanos en una foto de 1925, sección de historia de www.chocolatesubiza.com; Nº 16 y 17: Fotos de www.cascoantiguopamplona.com; Nº 25 y 27: Fotos Archivo Asociación Casco Antiguo. 

Recuerdos personales: Aquellos hogares de entonces (1960-1992)

Tercera entrada del blog  en el que hablo de los recuerdos que conservo de aquellos antiguos hogares en los que vivimos en los años 60 y 70 y digo vivimos porque con las lógicas diferencias seguro que habrá más de un recuerdo compartido. Cuando mis padres vinieron a vivir a Pamplona, en junio de 1961, trajeron consigo, como imagino que harían otros muchas personas que vinieron del campo a la ciudad, sus  muebles del pueblo, un dormitorio de matrimonio, con una recia cama; el dormitorio tenía un interruptor de pera junto a la cama, y un pesado armario  con un espejo en la puerta; la mesa, sillas y  armario de la cocina (todas ellas  de madera, el armario pintado de blanco y verde) y poquito más. Al poco tiempo comprarían un dormitorio para mi hermano, con cama, armario, comodín y mesita,  que posteriormente compartiría conmigo, y los muebles del cuarto de estar: Recuerdo que componían los muebles del cuarto de estar lo que se llamaba entonces un trinchante o trinchero  de tres cuerpos, cubriendo toda la pared, -años más tarde le añadirían un enorme espejo, de pared a pared, una mesa enorme, extensible por ambos lados, con patas ligeramente curvadas o alambeadas,  y media docena de sillas de madera, tapizadas en granate,  con el asiento abombado, pues tenían unos muelles por debajo, que las hacían bastante mulliditas.

Ese primer equipamiento de muebles sería sustituido algunos años más tarde, el dormitorio de matrimonio por una cama de 1,15 con armario, comodín con  espejo y dos mesitas, como los que podemos ver en las fotografías,-creo que lo compraron en el año 1966, en Muebles Rubio que estaba al principio de la calle Jarauta-,  el sencillo dormitorio de los chicos de cama de 1.15 armario y comodín, lo sustituirían en 1974 por dos camas de 0.90, armario y mesita de acabado mucho más moderno comprado en Muebles Amat, también en el Casco Antiguo. Un poco antes le había llegado  la hora a los muebles de la cocina, que serían sustituidos por unos muebles de formica (armario de cuatro puertas y dos cajoneras como el de la fotografía, mesa extensible y sillas), no teníamos entonces  ni vitro, ni microondas, ni lavavajillas, tan solo el frigorífico (1974) y  la cocina alimentada por una bombona de gas butano y más adelante el calentador con su eterna llama azulada con el tubo para sacar los gases al patio. También llegué a ver, de muy pequeño,  alguna vez, un hornillo eléctrico  con una resistencia  que debía consumir lo suyo. En la cocina no podían faltar el/los calendarios de la Caja de Ahorros, de los que ya he hablado en otra entrada del blog.

En 1976 le llegó el turno de la renovación al cuarto de estar, comprado en Muebles Jakar, que tenía tiendas en San Gregorio y Marcelo Celayeta,  con su inevitable mueble-bar librería, como el de la fotografía, su mesa hidráulica en el centro y su tresillo de eskay, formado por un sofá y dos butacas, donde te hundías, -que calientes y pegajosas se ponían en verano, no había manera de despegarte, y que frías y resbaladizas resultaban en invierno-. En la pared del cuarto de estar tuvimos primero un tapiz con una escena de ciervos, como el de la foto y posteriormente un cuadro con una escena de caza, como el que apareció en otra entrada del blog que hablaba, como ésta,  de aquellos antiguos hogares. En el mueble librería las inevitables enciclopedias, -entonces el conocimiento no estaba en internet sino en los diccionarios y enciclopedias-,  y los libros del Círculo de Lectores al que estuvimos adheridos entre 1977 y 1980, las fotos de la primera comunión y unas figuras de porcelana, podría haber sido un perro pero en esta ocasión eran un gato y un cisne sobre una de las baldas del mueble y un caballo también de porcelana sobre la mesa hidraúlica. Dentro del mueble, bebidas caras, vajillas y cristalerías para  ocasiones señaladas que casi nunca llegarían. Ah y se me olvidaba, en aquellos años no podía faltar un cenicero de botón de pie o de mesa que casi nunca se utilizaba, salvo por las visitas.

En aquellos años 60 y 70 una casa se parecía a otra como una gota de agua. Entrabas por la puerta de la calle y lo primero que te encontrabas junto a ella era un paragüero de latón o metal,  ilustrado, como en casi todos lo lugares, con los mismos motivos pictóricos de inspiración dieciochesca, en una de las paredes el perchero de pared, que pintamos a juego con el color del taquillón y un termómetro con forma de guitarra, que tenía todas las pintas del típico souvenir, entre dos cuadros de bucólica apariencia. Estos a su vez sustituirían en el pasillo a otros cuadros mas antiguos. Enseguida y enfrente, en esta primera parte del pasillo que podríamos  llamar  vestíbulo o recibidor, había un taquillón y sobre él un espejo de forma más o menos ovalada, el  taquillón era de color hueso, con una placa de mármol en la parte superior,  con adornos pictóricos de escenas bucólico pastoriles en las puertas y en los tiradores de las puertas y cajones e inicialmente en las zonas talladas de la madera había algunas líneas pintadas con purpurina dorada. Inicialmente sobre el mármol había un tapete de encaje de color granate sobre el que reposaban,  en el medio un pequeño florero donde se apretujaban un manojo de vistosas  flores artificiales y a ambos lados un cenicero y una campanilla, todos ellos de color dorado,  y que  con el tiempo desaparecerían siendo sustituidos por el caballo del cuarto de estar.

Y es que en aquella época,  los adornos y tapetes de encaje, blancos o de color lo ocupaban  todo: mesas, reposacabezas, televisores y, como hemos visto,  taquillones. El espejo del taquillón también estaba adornado, en su marco de madera,  por finas líneas de purpurina dorada. Antes del mencionado taquillón recuerdo haber visto un sencillo mueble de escasa anchura, junto a otro espejo más pequeño. En la parte superior del mueble creo recordar que había algún florero, y en la superficie inferior un toro negro de plástico, que en otras casas habría estado seguramente sobre el televisor del salón. En 1977 habilitarían en la habitación del patio un cuarto para el estudio con un mueble de pared a pared, de melanina, en blanco, con listones y tiradores asemejando  madera. La pintura en las paredes de los años 60 dejó paso al papel pintado de los  70, y al gotelé en los años posteriores. En la monótona repetición de aquellos papeles pintados, todos eran muy parecidos,  creíamos ver a veces extrañas cabezas o figuras. Con el tiempo los papeles se fueron diversificando con colores y tonos,  planos, jaspeados, simulando el gotelé u otras técnicas de pintura.

En los baños de entonces había un inodoro o taza del water con cisterna, su rollo de papel el Elefante (se compraban por unidades); entonces la expresión «tirar de la cadena» no era figurada como podría serlo hoy en día sino absolutamente literal y cotidiana, contaban mayoritariamente con bañera más que con ducha,  un sencillo  lavabo con pie o sin él,  su reposa jabones junto a los grifos y sobre él lavabo un  mueble con espejos donde se guardaban los muchos elementos de higiene y cuidado personal de uso diario: Citaré, con cierto detalle, algunos de los nuestros, pues los de mi madre en su caja de aseo era para nosotros, en general,    bastante desconocidos, aunque  imagino que lo componían cremas, barras de labios, lapiz de ojos, rulos, peines, pintauñas y ese sinfín de artículos de cosmética y belleza femenina. En nuestro territorio podían encontrarse la maquinilla de afeitar con las  cuchillas acanaladas Palmera o MSA, como las de la fotografía, sustituidas luego por las Gillete, la brocha y el jabón de la Toja para el afeitado, entre las colonias: Vetiver de Puig, Brummel, o el Floid para el cuidado de la cara después del afeitado, el pulverizador de plástico rosa recargado con agua de ducha S-3, aparte del  jabón de pastilla Lux, Heno de Pravia o la Toja, estos de uso  general por todos los miembros de la  familia.

Muchas casas contaban en aquellos años  con la corriente eléctrica a 125 voltios.  Progresiva y mayoritariamente  se fueron pasando a  220, los electrodomésticos que se comercializaban funcionaban casi  todos a 220 voltios, de forma que las casas que aun manteníamos la vieja tensión de 125 nos veíamos obligados a poblar la casa de pesados transformadores,  cada vez que  un nuevo aparato entraba  en casa. Cambio de tercio, para hablar ahora  de la evolución en la tecnología. Al pequeño transistor japones con que mi madre escuchaba los seriales radiofónicos le sustituiría en junio de 1976 una radio multibanda de color crema, marca Sanyo, que nos prestó servicio hasta noviembre de 1988. Ahí es nada. Con ella, más que con la televisión  vivimos los convulsos años de la transición política. En esa época me compraron mi calculadora electrónica, una Casio, como Casio sería mi primer reloj digital de muñeca. Era la moda de aquellos años. En 1976 también me habían comprado mi primera máquina de escribir, no, no era una Olivetti, sino una máquina búlgara, la Maritsa 22, como la de la fotografía, con la que hice mis primeros pinitos como estudiante, escritor y periodista, hasta que a finales de los 80 arrinconé la vieja máquina de escribir y empecé a manejar aquellos primeros ordenadores Macintosh con pantalla monocromo de 9 pulgadas. Mi primer ordenador fue, concretamente,  un Macintosh SE  como el que vemos en el siguiente párrafo. Tenía  40 megas de disco duro, poco que ver, como se ve, con los actuales discos de 1 0 2 terabytes (1 terabyte equivale a 1 millón de megas o Megabytes). En otras casas, probablemente antes que en la mía,  entrarían aquellos primeros ordenadores personales Spectrum, Amstrad o Commodore.

Ya he comentado en otra entrada que el teléfono, entonces de ruleta, entró en mi casa en el año 1980. Anteriormente y para la escasas ocasiones en que debíamos utilizar el teléfono bajabamos a la cabina  de la calle. Antes no teníamos teléfono en casa y podíamos vivir. Hoy se imagina alguien vivir sin teléfono. Nos hemos convertido en esclavos de la tecnología.   Por aquel entonces o tal vez un poco antes  tuve mi primer radio casette, lo trajo mi hermano de Algeciras, al terminar la mili, era un Sanyo de color grisáceo y negro con varias bandas en un dial de forma un tanto insólita, circular, como el de la foto.  ¿Quien se acuerda ahora de aquellos radiocasettes  en el que había que darle la vuelta a la cara a la cinta  para seguir escuchando la música?. Había cintas de 45 minutos, de 60 y de 90, normal, de cromo o de metal. Más adelante saldrían los radio casettes de doble pletina. Cuantas veces se habrá enganchado una cinta y teníamos que rebobinarla trabajosamente con un boli bic cristal,   pasándolo por entre el agujero del carrete. Hacíamos nuestra propia discoteca musical, diseñando de forma artesanal nuestras caratulas,  rompíamos las pestañas inferiores para evitar un borrado accidental o las tapabamos para volver a grabar la música, aquella música de la transición, increiblemente variada, tan pronto escuchabas a  Victor Manuel, Urko o  Victor Jara como los éxitos de Los superventas o Los 40 Principales de aquellos años, música disco o romántica que de todo había y había un momento para cada música. Podemos recordar la música que oíamos en otra entrada del blog. Los casettes comenzarían a declinar a principios de los 90 con la irrupción del compact disc y más adelante con la aparición de los formatos de compresión musicales, el mp3 y los artilugios tecnológicos que, como el Ipod,  iban apareciendo con el nuevo siglo. Tras aquella primera radio y radio casette llegarían otros «loros» de fugaz recuerdo porque no es una leyenda urbana, las cosas ya no duraban como antes,  la obsolescencia programada está, desde hace ya unos cuantos años a la orden del día.

En cuanto a la imagen, el video grabador se introdujo en el mercado a principios de los 80, si bien en mi casa entró, creo que una década más tarde, «Ghost» fue la  primera película que compré en noviembre del 92. En aquellos años había tres formatos de video y por lo tanto de cintas de video el VHS de JVC, el Betamax de Sony y el 2000 de Philips. Tras unos titubeantes comienzos, sería el VHS el  que se llevaría el gato al agua, convirtiéndose en estandar del sector. El video sería desplazado por el DVD a comienzos del presente siglo y por otros sistemas de mayor capacidad, como el Bluray, si bien, la irrupción y popularización de los nuevos soportes y formatos digitales de video, como ocurrió con el sonido (aparición de tabletas, smartphones, etc) y sobre todo la expansión de las  plataformas de streaming con acceso inmediato a miles de títulos han afectado al soporte videográfico, con un consumo ascendente del canal online y un descenso del soporte físico. A comienzos del siglo pasé toda mi videoteca  de VHS a DVD, gracias  a una videograbadora Sony de dvd.  Fue una tarea larga y  titánica, teniendo en cuenta la cantidad de videos que atesoraba en casa, comprados y grabados de la televisión.  Ahora que se habla de 3D, Realidad Virtual o Realidad Aumentada quien se acuerda de aquellas gafas de celofán azul y rojo que nos vendían como  de 3D o aquellas postales que variaban su contenido, pueden imaginarse a menudo de que tipo,  dependiendo del angulo con que se enseñaban al interesado público.

Mi primera cámara de video, una Panasonic,  la compré en 1998, pero me la robaron tres años más tarde, siendo sustituida por una Sony mucho más pequeña. Mi primera cámara de fotos, dicen que se puede hacer fotografías casi con una caja de zapatos, fue una modesta Werlisa, de cuando se revelaban los carretes en las tiendas de fotografía. Posteriormente, iniciado el  nuevo siglo, la fotografía química declinaba de forma acelerada  por la irrupción avasalladora de la fotografía digital. En 1996 compraba mi primer teléfono móvil: era un Motorola,  que se parecía más a un inalámbrico actual que a un móvil y que  pesaba como un ladrillo; desde entonces por mis manos han pasado muchos modelos de  nokias y de  samsungs hasta los actuales y sofisticados terminales, los smartphones, mezcla de teléfono, cámara (de fotos y video) y ordenador con muchas más posibilidades de comunicación que las viejas computadoras,  además de poseer muchas más utilidades,  tan poco explotadas como desconocidas.