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Barrios de Pamplona: La Rochapea a lo largo del siglo XX. 2ª parte. (1950-2000)

Como  señalaba al final de la entrada anterior  sobre la historia de la Rochapea, el barrio que conocí desde mi infancia era un barrio compuesto por muchos barrios: El Salvador, formado por las casas de las dos fases de la cooperativa, en ambos lados de la avenida de Marcelo Celayeta, la Rochapea Vieja que era como llamábamos a la zona del barrio más cercana al río, las casas de San Pedro, -terminadas de construir en 1949-, las Casas de Oscoz, las Casas de Lainez, Cuatro Vientos-Santa Engracia y el Ave María, entre otros. Los ejes principales alrededor de los que se agrupaban la población y las industrias seguían siendo, Joaquín Beunza, Cuatro Vientos y el barrio de la Estación, el Camino de los Enamorados, la calle Errotazar perdía en su primer tramo la pujanza de otros tiempos y, en cambio, la cogía con mucha más fuerza, hasta eclipsar prácticamente a todas las demás zonas, la avenida de Marcelo Celayeta, en 1950 todavía avenida de Villava. El barrio crecía extraordinariamente y cambiaba su configuración hasta hacerse poco reconocible si mirábamos 50 años atrás. A lo largo de la segunda parte de los años 50 se construyeron  las diferentes fases de  la cooperativa de viviendas El Salvador. Se construyeron entre 1957 y 1960. La cooperativa se creó en 1957 y la 1ª fase se inauguró el 27 de septiembre de 1960. Antes de esta fecha, en torno a 1956, se habían construido las casas del Porrón y a comienzos de la  década de los 60 el edificio cercano a la calle Provincias que albergó durante décadas  en sus bajos una sucursal del Banco Popular. El barracón de los camineros de Diputación se construyó también en esa década de los 50. También a lo largo de los años 50 y especialmente a finales de esta década se construyeron buena parte de las casas situadas, a partir del cruce de la antigua vía del Plazaola con Joaquín Beunza, en su  lado izquierdo, según se viene del Casco Viejo.

También de los años 50, concretamente de 1955, son las Casas de Ozcoz, tal y como adelanté en la 1ª parte de esta entrada; de finales de los 50 (1957-59) las nuevas casas del Ave María (los números 7, 9, 10 y 13, en el paraje conocido como playa de Santa Engracia, alineados con el viejo ramal del Irati que venía de la Estación del Empalme; el nº 8 de dicha calle era de 1940, el 14 y el 15 de entre 1930 y 1940 y el resto de principios de siglo, 1910-1920), también de esa década eran diversos bloques situados a lo largo de Marcelo Celayeta, sobre todo en su lado derecho yendo hacia Capuchinos (frente a la Carbonilla, Aldaz Echarri, Matesa, etc), algunos bloques dispersos situados, por ejemplo,  de finales de la década como el nº 3 de la calle Errotazar (derribado en 2003 para erigir la nueva calle Rio Arga), o  en el nº 6 del  Camino de los Enamorados, y de comienzos de los 60 el bloque semicircular del inicio de la calle Abaurrea, muy cerca de este bloque quedaba todavía en pie el viejo edificio que albergaba la conocida  farmacia de Javier  Azqueta.

En 1951 se inauguraba en la avenida de Villava, que ese año pasaría a llamarse de Marcelo Celayeta, el cine Amaya; un año antes, en 1950 se había terminado de construir la clínica del Padre Menni. En 1959 se fundaba el colegio de la Compasión. Inicialmente comenzaron en un chalet situado en el nº 21 del Paseo de los Enamorados hasta que años más tarde pudieron erigir el primero de sus edificios. En 2003 fue adquirido por los Escolapios. Para 1957 ya se habían ampliado las escuelas del Ave María, con  nuevas aulas a continuación de las iniciales.   En 1964 se construía el nuevo colegio Cardenal Ilundain frente a las casas municipales de San Pedro, fruto del desarrollo urbanístico y poblacional del barrio, colegio que se ampliaría en los años 1974-75 y se derribaría por completo en el año 2002 para erigir uno de nueva planta. En 1970, se inauguraba la biblioteca de San Pedro.

Muy cerca de allí encontramos también el colegio de Capuchinos, (o más apropiadamente el Colegio de San Antonio que empezaría dando EGB y luego se ampliaría a grados superiores), abierto en el año 1964 y cerrado en el verano de 1992, en cuyo interior a finales de los 70 se abrió el cine Ekhiñe que junto al Donibane de San Juan y sus programaciones alternativas serían el germen de los cines Golem. Sería, pues,  a finales de los 50 y principios de los años 60 cuando el barrio empezó a dejar de ser un núcleo eminentemente rural, con una población y edificación dispersa a convertirse en el abigarrado barrio obrero-industrial que conocimos los que nacimos en el lugar. Pese al enorme crecimiento urbanístico de los años 50, serían los años 60 y 70  los de mayor boom. De mediados y  finales de los 60 serían buena parte de los pisos situados al final de la calle Errotazar y  del Camino de los Enamorados, las Casas de San Antonio, las de Gurbindo y las de Ibañez, y de finales de los 60 y primeros 70  el margen derecho de la Rochapea Vieja, esto es el más cercano al arco que formaba la vía del Plazaola y que agrupa hoy a un puñado de calles con nombres de pueblos de Roncal-Salazar y algunas construcciones de Marcelo Celayeta, desde la carretera Artica en adelante,  completando la nueva  trama urbana iniciada en los años 50 y continuada en los 60.

La construcción de viviendas se aceleraba a medida que se iban instalando nuevas industrias en el barrio  en una caótica, todo hay que decirlo planificación, de forma que se mezclaban usos industriales y residenciales que hoy serían incomprensibles. Quien haya tenido que soportar la presencia de industrias como Caceco o Ingranasa, cerca de sus viviendas,  lo entenderá. Pero es que además en un mismo bloque convivían usos industriales y residenciales. En mi bloque tenía debajo una fábrica de recauchutados y una de colamina. Pero repasemos al igual que he hecho con los grupos de viviendas las principales industrias que recuerdo. En Joaquín Beunza, además de Sancena encontrábamos la fábrica de frenos Urra, donde trabajó mi padre durante más de 30 años,  fundada en la década de los 50 por Manuel Ros y Alfredo Urra que se trasladaría en los años 60 a la Avenida de Guipúzcoa y se convertiría en 1966 en Bendibérica (cerró en 2009 bajo el nombre de Robert Bosch)  o  la de Icer, (materiales de fricción) ubicada cerca de la anterior en  1961. Cerca de Bendibérica en la avenida de Guipúzcoa estaba La Casera, de la que hablaré más extensamente cuando me refiera “a la industria y al comercio del bebercio”. En Santa Engracia se instaló, en 1953, la fábrica de Perfil en Frío, como podemos ver en la ortofoto de 1956, que contaba, en su accionariado, con Félix Huarte. Inicialmente y de la mano de Javier Vidal y José María Goyena había comenzado su actividad dentro de Imenasa hasta que se trasladó con apenas medio centenar de trabajadores a la Rochapea. La fábrica se derribó en el año  2003. Cerca de ella, estaba Talleres Iruña y a este lado de la vía, en los terrenos del antiguo campo del Gure Txokoa,  se instalaba en 1966 la fábrica de Piensos Caceco, que permaneció en el lugar hasta 1996. En el Camino de los Enamorados encontrábamos la serrería de Villegas, que  cerró en 1976 y volvió a abrir a primeros de los 80, no sin grandes problemas con el vecindario.

A continuación de la serrería se hallaba la  fábrica de curtidos de Calzados López, que se construyó en 1947, para suministrar de material a la fábrica de la calle Amaya (1926-1962). Cuando cesó la actividad de la factoría del Ensanche, la actividad se trasladó a las instalaciones del  Camino de los Enamorados hasta el año 1972 en que cerró definitivamente por suspensión de pagos. A partir de 1974, sus instalaciones fueron ocupadas por Frenelsa.

 Y tras Calzados López estaba la fábrica de Ingranasa, fundada, en 1956 por José Luis Sarasa Musquíz  quien logró implicar en su proyecto empresarial a almacenistas de aceite de las provincias limítrofes y aun grupo de empresarios de la ciudad entre los que estaban Felix Huarte, Alberto Munarriz o Toribio López (el de Calzados López). En 1976, se fusionaba con Koipe. Ahí se fabricaban margarinas como Natacha, Artua, etc. Posteriormente diversas multinacionales se hicieron con el control del grupo. En junio de 1999, después de 43 años se derribaba la factoría. Enfrente estaba Industrias Gomariz que en los años 90 se fusionó con otra empresa del sector, Onena. Cerca de las casas de San Pedro, entre las calles Garde y Ansoain,  encontrábamos entre 1958 y 1993 la fábrica de Copeleche. De 1959 a 1989 entre la calle Cruz de Barcacio y la carretera Artica, la fábrica de pretensados Aedium en cuyos terrenos se inauguraría en 1991 el nuevo centro de salud.

Muy cerca de aquí, pero a caballo entre la avenida de Marcelo Celayeta y la carretera Artica estaba Matesa (Maquinaria Textil del Norte S.A). Fundada en 1957 por el industrial catalán Juan Vila Reyes. Algunos años antes, la familia Vila había abierto en nuestra ciudad un taller escuela que en 1946 se convertiría en Manufacturas Arga-Sedas.  Matesa fue conocida por el monumental fraude contra el estado en 1969, más de 10.000 millones de las antiguas pesetas. Fueron construidas sus instalaciones entre 1945 y 1956 y cesó sus actividades en el año 1981,  tras un espectacular incendio. En Marcelo Celayeta e inmediaciones estaban Chalmeta, Aldaz Echarri y otros negocios similares relacionados con la metalurgia: Aranguren, Asan, etc.  En 1959, Daniel Baines,  José Ibañez y Severino García habían comprado la nave de los Matossi en Marcelo Celayeta  y comenzaron a fabricar allí su famoso pacharán Baines. En el año 1998, al quedar la nave fuera de ordenación, Pacharan Baines se trasladó de su sede de Marcelo Celayeta  al polígono de Agustinos. En la Avenida de San Jorge se había abierto en 1956, la fábrica de penicilina, Penibérica. En la avenida de Guipúzcoa, pero cerca de la gasolinera de Discosa se hallaba la fábrica de chocolates Orbea fundada en 1952 por el empresario guipuzcoano Santiago Otegui, que cerró  en 1992.

En los años 50 se acomete una gran reforma en la Estación del Norte que le dió un nuevo aspecto mucho más moderno al que nos tenía acostumbrados. Aun se mantendría en pie hasta la década de los 80 aquella singular construcción semicircular que servia de almacén de las locomotoras. En esta década de los 50 desaparecen de nuestro barrio los viejos ferrocarriles del Irati y el Plazaola (Diciembre 1953 y 1955). Pese  a su desaparición en 1956 todavía era perfectamente visible el ramal del Irati que viniendo del Manicomio atravesaba el camino que iba junto al polígono industrial de Ansoain e iba a conectar con la vía del Plazaola a la altura de lo que después sería el depósito de la Compañía General de Carbones. De hecho las vías no se levantaron hasta 1959.  Aun quedaban buena parte de sus instalaciones: parachoques, andenes, almacenes, etc. La ciudad decía adiós a sus trenes de vía estrecha y abrazaba la creciente circulación de vehículos por sus calles escasamente urbanizadas. En las ortofotos de los años 60 se hace patente esa creciente presencia automovilística frente a décadas anteriores. Hubo riadas importantes en estos años que marcaron la historia del barrio, fundamentalmente  en los años 1952 y finales del 59 y principios de 1960 mayores en intensidad a las sufridas a  finales de 1980 y principios del 1981 y similar a una de las más importante, la  sufrida hace 5 años, el 9 de junio de 2013.

Pero ¿y que pasó con las fiestas de la Rochapea en estos años de industrialización y crecimiento demográfico de finales de los 50 y 60?. Pronto, con las nuevas construcciones, los actos festivos, especialmente los musicales, los bailables  se trasladaron, a finales de los 50,  a la plaza del Salvador, junto al antiguo Bar Rodríguez (luego Rápido y hoy Basajaun), y cerca del Bar Porrón. Se retomaron las pruebas ciclistas, como antaño, de manos del Rochapeano que tenía su sede ahora en las escuelas de la Carbonilla, así como otras pruebas deportivas: boxeo y pelota, en el frontón de Aldaz, como después de la guerra, actividades que seguirían programándose al año siguiente con algunas novedades: juegos infantiles, txistu en el frontón Aldaz y bailables en la plaza del Salvador y en la de la Estación, a  diferentes horas, aunque pronto se dejarían de programar actividades en esta ubicación. Pero lo que valía para un año no valía para el siguiente. Todo dependía del voluntarismo vecinal y de la implicación de bares y sociedades, dispar de un año a otro. Así es que pronto desaparecían la mayor parte de las pruebas deportivas pero,  eso sí,  se mantenía la verbena de tarde  y noche costeada por los bares de la zona del Salvador que se prolongaba hasta la una y media de la madrugada. Y así, con cierta escasez de actividades (cohetes, misa, dianas  y verbena) se prolongaría durante buena parte de los años 60. A veces alguna prueba deportiva enriquecía el programa, estas se harían más presentes con la implicación de las principales sociedades deportivas del barrio. Y es que años atrás había desaparecido el C.D Rochapeano si bien habían surgido otras sociedades deportivas como el Gure Txokoa o el Gaztedi que con el tiempo acabarían fusionándose creando la UDC Rochapea en 1971. Apenas un par de años antes,  1969, el barrio contaba nada menos que con 14.500 vecinos.

El antiguo campo del Gure Txokoa que aparece  en la fotografía  de la izquierda, ocupó hasta el año 1966 parte de los terrenos que después ocuparía la desaparecida fábrica de piensos compuestos Caceco y se extendía desde la vía del ferrocarril por el norte hasta la actual calle Carriquiri por el sur con el límite por su lado derecho en la tapia del campo o recinto de los camineros de Diputación. De hecho, en más de una ocasión, algún balón quedó incalado en nuestra terraza. El Gure Txokoa fue un destacado equipo de fútbol del barrio que cosechó grandes éxitos dentro del Trofeo Boscos. En él jugaron jóvenes promesas como Sanchez, Zabalza, Santamaría, algunas de las cuales recalarían posteriormente  en Osasuna. En 1971 el Gure se fusionó con otro equipo de fútbol del barrio, el Gaztedi, dando lugar a la UDC Rochapea. Como adelanté en la entrada de la travesía del Ave María, en esta calle, en un bajo del nº 10,  tuvo su sede la sociedad deportiva Gure Txokoa. Cabe señalar que tras la desaparición de su campo en 1966 y durante cerca de 30 años, hasta 1996, para la gente del barrio, tanto jóvenes como mayores  el pequeño campo que quedó entre la fábrica de Caceco y la tapia del campo de la Diputación y que se ve en una ortofoto de estos años  siguió siendo para nosotros el campo del Gure, así abreviado como lo cito. ¿Cuantos juegos infantiles, partidos de fútbol, paseos, y labores al sol habrá conocido ese pequeño trozo de campo a lo largo de aquellas décadas?. Por ser un barrio cercano a los campos, los chicos del barrio solíamos correr y jugar entre fincas y regachos, ir hasta el río o al prado  de Artica, -algunos cazaban cardelinas con liga y otros pájaros-, se bañaban en el río o en las cercanas piscinas de San Pedro, abiertas en 1944 y ampliadas en 1972, hasta la apertura de las de Aranzadi en el año 1978. A la pelota se jugaba en un pequeño frontón situado junto a las escuelas del Ave María, que pese a mis esfuerzos por recordar no acabo de localizar en esos años, en el frontón Aldaz de la calle Ferrocarril o en el de los Capuchinos de San Pedro. Había más frontones pero de ellos me ocuparé en otra entrada. Al fútbol se jugaba en el Gure Txokoa, en el pequeño Gure, en el campo del Ave María y luego en el de la UDC Rochapea, detrás del 2º grupo del Salvador.

Los años 70 son años de conflictividad social y política como he narrado en alguna de mis entradas, con huelgas obreras sonadas como la general de junio de 1973, encierros en la iglesia del Salvador (Torfinasa, Motor Ibérica, etc) y cargas policiales. El cruce de Cuatro Vientos, Marcelo Celayeta y la zona del Bar Porrón se convirtieron en lugares de referencia en la lucha antifranquista ya fuese por motivos laborales (Chalmeta, Industrias Esteban, Motor Ibérica), o  políticos, así como en nuestra convulsa transición como vimos en la entrada correspondiente del blog (Semana Pro-Amnistia de mayo de 1977, muerte de Gladys del Estal, en Junio 1979 o de Joseba Arregui en febrero de 1981). No todo fueron aperturas de industrias, en esos años que van de los 50 a los 70. En los primeros 70  desaparecieron algunas históricas factorías. Cerca de la Estación se cerraba en 1974 la fabrica  de material agricola de Múgica y Arellano. Apenas tres años antes, en 1971, había cerrado la azucarera de Eugui, que se desmantelaría en los años siguientes. Un año antes, en 1970,  había cerrado el cine Amaya, inaugurado apenas 19 años antes.

Antes de 1975 cambiaría la fisonomía del popular Cruce de Cuatro Vientos, como  pocos años antes (finales de los 60 y primeros 70) lo había hecho la parte inicial de Marcelo Celayeta, allá donde estuviesen una especie de construcciones de planta baja que vemos en la última  foto  de J.J Arazuri, del año 1967. Enfrente de la casa de Domingo Chiqui había y ya lo recordé en la entrada correspondiente,  una pequeña oficina del Banco Hispano Americano, la tienda de electrodomésticos de Ricardo Sora que se trasladaría en 1973 al nº 4 de Marcelo Celayeta, posteriormente la tienda de dulces, palomitas y chucherías de Eliseo,  y más adelante, desde junio de 1953, en el nº 6, la churrería de Clara Elizalde y Valentín San Juan. La tienda de Eliseo se había abierto   en el lugar después de la guerra y desaparecería de su tradicional emplazamiento con los derribos de   finales de los años 90. En efecto, algunos de estos negocios se trasladarían con los derribos de fin de siglo a  lugares cercanos en Marcelo Celayeta. En la zona de Cuatro Vientos había otros dos negocios más: una carnicería y una peluquería, de los que no recuerdo los nombres. En los años 70 se construyó un moderno edificio a la entrada de Santa Engracia pasado el puente del ferrocarril.

Volvamos con las fiestas, esta vez con los años 70. En 1971, la UDC Rochapea se erigía en uno de los principales agentes dinamizadores de las fiestas y organizaba el 1º Concurso de paellas que  se celebró en la arboleda existente en la trasera de al iglesia de El Salvador o como nosotros lo llamábamos entonces el patio de las chicas. Pero este año hubo muchas más novedades: se celebraron un buen número de actividades infantiles en el salón de actos de las Escuelas del Ave María (festivales, juegos, etc) y por supuesto no podían faltar los bailables que a partir de este año se celebraron  en el campo de fútbol del Ave María.  En 1972 el concurso de paellas se celebraría igualmente en la arboleda. También se organizó un concurso de poesía, pintura y fotografía, con exposición posterior en la Academia Cuatro Vientos y al igual que el año anterior diversas actividades infantiles. Guardo el programa de actos de aquel año. Me detendré en las fiestas de este año a las que ya he aludido en otra entrada del blog. Tendía yo, entonces, 9 años. Buena parte de los festejos y actividades se celebraban muy cerca de mi casa, en el Ave María. Ese año, tocaban en el campo de fútbol los Jaguars. Lo hicieron de 19.30 a 22 horas y de 23 a 1 de la madrugada. Las orquestas, que no orquestinas,  ya no actuaban encima de un carro, como una década atrás, lo hacían en un pequeño  escenario montado para la ocasión. El escenario recuerdo estaba situado en la trasera de las viejas escuelas, cerca de donde poco tiempo atrás, a finales de los 60, se había construido una larga columna de baños para la escuela que sustituiría al infecto servicio o excusado que compartía edificio con la leñera. Yo iba a empezar ese año  4º de primaria,  con D. Germán Tabar. Recuerdo la enorme polvareda que se levantaba en la verbena especialmente con las últimas jotas vascas de rigor. Y no se si entonces o algún año más tarde recuerdo que en el mismo campo se instalaban un par de atracciones de feria, tipo carrusel, caballitos o similar para la plebe infantil. Después de la cena tengo el recuerdo de mis padres bajando de casa en la cercana Travesía a oir la musica y bailar. El campo estaba a reventar de gente y no solo acudían vecinos de toda la Rochapea sino que bajaban incluso desde Pamplona.

En 1973 nacía la Asociación de Vecinos de la Rochapea Auzolan  que tomaba la iniciativa de organizar las fiestas del barrio. Una de sus primeras  sedes creo recordar estuvo en una parte de las que llamábamos las escuelas de las chicas, mientras que el grupo juvenil Auzoko ocupaba el antiguo Centro Parroquial.   Las paellas se trasladaron a las  terrenos  colindantes con las instalaciones de la UDC Rochapea que había terminado de construir sus instalaciones en julio de ese año. Por lo demás y al margen de las paellas se seguían celebrando una gran cantidad de actividades infantiles y las tradicionales verbenas, en los lugares de costumbre, osea en el campo de fútbol del Ave María, además de dianas, danzas, teatro, títeres. También recuerdo con nitidez las fiestas de este año: en el campo de fútbol del Ave María tocaba la orquesta Bahía, y dentro del festival musical de aquel 2 de agosto de 1974 escuché por primera vez al cantautor Fermín Valencia. Estábamos en los tiempos del agonizante tardofranquismo. Creo que las verbenas en el campo de fútbol del Ave María se prolongaron hasta 1975 o 1976. Se derribaron las viejas escuelas en 1977 y se construyó un nuevo edificio. En 1977 el grupo juvenil se trasladó al Barracón (un edificio alargado, junto a la antigua vía del Plazaola,  donde se almacenaba el material de los “camineros” de la Diputación).  La mayor parte de las actividades festivas se trasladaron ese año a la zona del Barracón y  la verbena se celebró en la campa anexa (la campa de la Diputación decíamos) con la Iruña Band. Ese año volvió a cantar Fermin Valencia en un festival musical celebrado en el nuevo recinto festivo. El programa se completaba con otras muchas actividades: dianas, pasacalles, danzas, pruebas deportivas, etc.

Esta tónica es la que tienen las fiestas de 1978, con actividades tanto en las proximidades del Barracón como de las escuelas del Ave María. Este año se celebró en el patio de las escuelas un festival musical de pago, había que apoquinar 20 duros, para escuchar a Urko, con su inolvidable “Maite, Maite, Maitia”. Es otro de esos recuerdos que como el de Fermin Valencia y sus canciones protesta y algunas de las  verbenas citadas se quedaron impresas en mi retina. La verbena se siguió celebrando este año  junto al Barracón. El chupinazo de las fiestas se lanzaba en la plazuela del Salvador aunque posteriormente se haría en el patio de las escuelas del Ave María. En 1979, las verbenas vuelven al patio de las escuelas del Ave María, donde también se celebran en 1980, fiestas de las que guardo  algún anecdotario en lo personal que no ha lugar a comentar en este momento. Se multiplicaron los días y  actividades festivas. La misma tónica continuó en 1981 y 1982 con un gran cantidad de actos tanto culturales, infantiles (incluyendo un toro de fuego) como deportivos y musicales, la inmensa mayoría de ellos en el patio de las Escuelas del Ave María, la verbena corrió a cargo de la orquesta Noche y Día en 1981 y de Elurra en 1982. Los bailables se prolongaron estos dos años, una hora más hasta las 3 de la madrugada. También seguía habiendo algunas  atracciones de feria. Algunos vecinos se quejaban de que la fiestas se concentraban siempre en Marcelo Celayeta y la Travesía del Ave María. Así es que en 1983  buena parte de los actos se trasladaron al Barracón como seis años atrás, pero en 1984 volvieron de nuevo al Ave María, donde se concentraron prácticamente todas las actividades festivas. En 1985 la Asociación de Vecinos dejaba de organizar la fiestas ante el poco apoyo o colaboración vecinal.

En 1981, se habían instalado cuatro barracones prefabricados junto al antiguo barracón de los Camineros porque el edificio de las escuelas del Ave María se había quedado pequeño para absorber la demanda, especialmente de los más txikis. En 1986, después de algunos años de parón inmobiliario y escasas obras, algo se empezó a mover en la Rochapea. Se urbanizaron algunas calles como Carriquiri, introduciendo canalizaciones y saneamientos que recogerían las aguas que antiguamente circulaban libremente por campos y calles del barrio. Se construía el primer polideportivo del barrio junto a la citada calle Carriquiri en los terrenos del antiguo campo de la Diputación asi como un nuevo   campo de fútbol (el del Irati) y algunas viviendas de precio económico.  Parte de las instalaciones de los antiguos Corrales del Gas fueron derribados en los años 80 para ser sustituidos por un edificio multiusos primero y hostelero después, de escaso uso, quedando arrinconadas el resto de las instalaciones en la zona cercana al llamado Callejón de los Toros,  sufriendo la calle  durante década y media en este punto  una muy pronunciada  curva frente  a su histórico diseño más o menos rectilíneo. Toda esa histórica zona sería derribada entre finales del pasado siglo y los inicios del presente.

En 1989, se derribaban buena parte de las casas del lado derecho de la calle Provincias, popularmente conocida como “calleja de los cutos”, y se construían unas nuevas. Con su derribo desaparecerían algunas viejas corralizas y las antiguas cochiqueras que le daba al barrio un toque un tanto rural, como se lo daban los caballos de Goñi o las vacas de Larrayoz. En 1991, el barrio inauguraba su propio centro de salud en la calle Cruz de Barcacio, tras peregrinar sus vecinos primero a San Jorge y luego  a un bajo en la Travesía de San Blas. En 1992 se derribaba el antiguo Cine Amaya para dar paso a los nuevos viales de la Rochapea. Había estado cerrado desde 1971, pese a que hubo algún intento municipal por hacerse con él (junto al Chantrea y al Gayarre) al comenzar los años 80 para su uso público. En el año 1993 y 1994 se construirían los nuevos puentes de Vergel y Oblatas, dejando el viejo puente de San Pedro como peatonal, y en torno a 1996 y  siguientes años se derribaría buena parte del lado izquierdo de la Avenida Marcelo Celayeta, desde Cuatro Vientos hasta Capuchinos. Posteriormente, al final del siglo,  le llegaría la hora al cruce de Cuatro Vientos, con más derribos y un nuevo diseño del peligroso cruce. A lo largo de los 90 se irían construyendo buena parte de los bloques que cerrarían el futuro parque de los Enamorados. Aun quedaba lejos la crisis del ladrillo que estallaría con crudeza en torno a 2007-2008.

En 1986 la fiestas del barrio se trasladaban por primera vez de agosto a Septiembre y los actos se diseminaban por todo el barrio, más allá de los tradicionales puntos en los que se había concentrado los últimos años, de forma que los principales actos, como la verbena, se concentraron, esta vez,  en la zona de la Virgen del Rio,  (Monasterio Viejo de San Pedro), con actividades  en La Compasión, San Pedro o Gomariz (futuro centro socio cultural del barrio “Juslarrocha”) que adquiriría cada vez mayor importancia en las fiestas, siendo durante varios años el lugar desde donde se tiraba el chupinazo de fiestas. Las paellas  se trasladaron por su parte al mes de julio, en plenos sanfermines. Se rompía una tradición que había vinculado las fiestas a cierto patronazgo, ya fuese de San Lorenzo (en torno al 10 de agosto) o a El Salvador (en torno al 6). En 1987, hubo verbenas y/o actividades musicales en dos sitios, en la  Virgen del Rio y en la plaza del Porrón. En 1988 la verbena se ubicó en el cruce entre las calles Cruz de Barcacio y Jus La Rotxa, al igual que en el año siguiente. De 1990 a 1996 la verbena se celebraría en la calle Urzainqui.

En 1992, las fiestas cambiaron nuevamente de fecha, esta vez a Junio, aunque los escenarios festivos seguían siendo casi los mismos, aunque pivotando sobre todo en la zona de la Virgen del Río. En 1994 se derribaba el Barracón.  En 1995 se ocupaba la nave de IFA junto a las tiendas de las Amezqueta en Marcelo Celayeta, en cuyos locales se organizaron  algunas actividades festivas. En 1997, el chupinazo se tiró en la Carbonilla, al igual que  en los años siguientes, la verbena se celebró en Bernardino Tirapu, frente a la Compasión y los actos se distribuían  por los antiguos y nuevos espacios urbanos del barrio: San Blas, Virgen del Río, San Pedro, Corralillos, Santa Engracia, plaza de José Miguel de Barandiaran, parque de los Enamorados, etc.  Las relaciones con el Ayuntamiento eran cada vez más tensas, con recortes progresivos de las subvenciones y suspensión oficial de las fiestas en el año 2000, clima que se mantendría a lo largo de los años siguientes. El programa de actos era cada vez más nutrido, casi medio centenar de actos en casi una veintena de ubicaciones diferentes.  Las verbenas que yo recuerde estaban en la zona cercana a la Compasión y en  el parque de los Enamorados. Y solían tocar  grupos como  Trikidantz  o  Tximeleta.

Fotografías por orden de aparición: Nº 1. Ortofoto 1956 de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta Nº 2: Ortofoto 1966 de Joaquín Beunza. Nº 3: Ortofoto 1966 de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 4: Ortofoto 1966 de Marcelo Celayeta y San Pedro. Nº 5. Cine Amaya. (1965). Nº 6. Postal de la Rochapea (1966). Nº 7: Ortofoto 1966 del  último tramo del Camino de los Enamorados y fábricas existentes: Ingranasa y Calzados López. Nº 8: Ortofoto 1966 de Joaquín Beunza y Avenida de Guipúzcoa. Nº 9: Casa Sancena. Foto de José Castells. Sin datar. Nº 10: Fábrica de Icer en Joaquín Beunza (principio de los años 70). Nº 11: Calendario promocional de Frenos Urra. Sin datar pero probablemente de los años 60. Nº 12: Fábrica de Calzados López en el Camino de los Enamorados. 1970. Nº 13: Fábrica de Copeleche en el barrio de San Pedro. Mikel Goñi. Años 80. Nº 14. Fábrica de Pretensados Aedium, situada entre Cruz de Barcacio y la carretera de Artica. 1984. Revista Ezkaba 2004. Nº 15. Fábrica de Ingranasa. 1990. Nº 16. Postal de Rochapea. Años 50. Nº 17. Inundaciones en la Rochapea. Diciembre 1959-Enero 1960. Nº 18. Estación del Norte. 1970. AMP Autor. Nº 19: Cruce de Bernardino de Tirapu con Marcelo Celayeta, con la plaza del Salvador a la derecha de la foto. Años 80. Nº 20. Campo del Gure Txokoa. 1958-1963. Nº 21: Piscinas de San Pedro. Años 80. Nº 22: Edificio de Múgica y Arellano. Años 80. Nº 23: Avenida de Marcelo Celayeta. 1967. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 24: Barrios de Santa Engracia, Rochapea y San Jorge. 1972. Paisajes Españoles. Nº 25: Vista general de la Rochapea con la calle Bernardino Tirapu y el  Camino de los Enamorados.1976. Paisajes Españoles. Nº 26. Ortofoto 1982. Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 27. Calle Joaquin Beunza. Años 80-90. Nº 28. Avenida de Marcelo Celayeta. 1976. Nº 29: Avenida de Guipúzcoa. Manolo Hernández. Años 90. Nº 30: Vista de las casas de la calle Provincias desde las Escuelas del Ave María. Años 80. Imagenes Rochapea. Revista Ezkaba. Nº 31. Perfil en Frio. Obras de canalización en la zona. 1985-86. Archivo propio. Nº 32. CACECO en pleno desmantelamiento. 1996. Archivo propio. Nº 33: Ortofoto 1982. Vista general de la Rochapea. Nº 34. Carriquiri. 1984. Imagenes Rochapea. Revista Ezkaba. Nº 35. Casas en las inmediaciones del Bar Porrón. Años 90. Manolo Hernández. Nº 36: Vista aérea de la Calle Joaquín Beunza. Años 80. Archivo de Oscar Beorlegui. Nº 37: Casa Parroquial en Marcelo Celayeta. Años 1992-94. Nº 38. Cuatro Vientos. Años 90. Manolo Hernández.. Nº 39: Derribos en Marcelo Celayeta. 1996. Archivo propio. Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra.

Barrios de Pamplona: La Rochapea a lo largo del siglo XX. 1ª parte. (1900-1950)

Vuelvo al barrio que me vió nacer y aunque he hablado de mi barrio en infinidad de entradas, no he hecho una que haga una breve pero completa síntesis de su reciente historia, de sus cambios urbanísticos y de sus fiestas.  Sobre estas últimas hice alusión   en alguna de las primeras entradas de este blog, en aquellas de contenido más personal o autobiográfico, pero aquí las retomo con un criterio y orientación más historicista. Creo recordar que también hice alusión a estas fiestas, de pasada, cuando hablando de las fiestas de San Fermin Txikito me referí a las fiestas de algunos de los barrios extramuros. En esta entrada me centraré, además de citar algunos hitos urbanísticos destacados, en enumerar industrias, fechas y lugares destacables y por lo que se refiere a las fiestas, sobre todo en qué lugares del barrio se concentraban sus actos y cuales eran las principales actividades de estas a lo largo de la historia. Para ello he hecho un seguimiento de sus actividades a través de la prensa local. Este tema de las fiestas me es especialmente querido, no en vano, durante muchos años,  el corazón de las fiestas del barrio se ubicaba a escasos metros de mi casa, junto a las escuelas, en la Travesía del Ave María. Intentaré incorporar material gráfico nuevo aunque no es fácil, y   reconstruiré el paisaje urbano del barrio desde los años 20 hasta finales de siglo, como si de una máquina del tiempo se tratase. Me serviré especialmente  para ello de las ortofotos existentes de los años 1929, 1945-46, 1956-57, 1966-71 y 1982. Dada la extensión de la entrada la dividiré en dos partes. Intentaré seguir este mismo procedimiento de investigación y análisis con el resto de barrios de Pamplona, aunque no les puedo asegurar cuando.

Empecemos con unas notas historiográficas sobre el barrio. Entre los siglos XIII al XV se llamó al barrio Ius o Jus La Rocha que en occitano, hablado por los francos del burgo de San Cernin venía a significar “debajo de la rocha”. La Rocha era una de las  torres de defensa de este burgo que  debía estar  en la esquina de las murallas situadas cerca del actual Museo de Navarra y que probablemente tomaría su nombre por estar situada esta torre de defensa sobre alguna roca o promontorio. Posteriormente  el nombre se vasconizó y la zona de abajo pasó a conocerse como Rochapea (en euskera, bajo la Roca o Rocha). Hasta mediados del siglo XX, la Rochapea se extendía desde el Puente de Miluce a la zona del Convento de Capuchinos, incluyendo al barrio de San Jorge. Como ya he señalado en otras entradas hasta primeros de este siglo había una taxativa prohibición de construir más allá de las murallas y, de hacerse,  tenía que hacerse con determinados elementos y sin sobrepasar determinada altura. El Camino Viejo de la Rochapea, luego Joaquín Beunza, y la calle Errotazar eran sus principales vías. Como veremos más adelante en una fotografía, con indicaciones de lugares, de Julio Altadill, de 1895, al fondo de la foto podíamos descubrir dos caminos sembrados de arboles, el Camino, luego Carretera a Villava y el Camino de los Enamorados. Entre la ciudad  amurallada y estos caminos había  una vasta extensión de campos y huertas. La estructura y vertebración del  barrio ha estado condicionada por el paso del río y las diferentes vías de comunicación, tanto de carreteras como ferroviarias. De ambas vías y calles y de algunas otras hablé extensamente a lo largo de las más de 20 entradas que dediqué al barrio de la Rochapea por lo que me referiré más sucintamente a ellas en ésta.

Si entrasemos al barrio por la Avenida de Guipúzcoa, pasada la mitad del siglo XIX, allá por finales de la década de los 60, y al lado derecho de un puente de madera que permaneció hasta 1970 descubriríamos la solitaria y recién inaugurada Estación del Norte (14-9-1860); La instalación de la estación del Norte provocó que junto a la tradicional actividad fabril de la histórica calle Errotazar surgiera posteriormente un núcleo de actividad potente en torno a la Estación, sobre todo, al norte con la Gran Tejería Mecánica e Inabonos y al sur con la azucarera de  Eugui (1926-1971) que fabricaba azucar y licores y la fábrica de Calzados López (1910-1926) que luego ocuparía el taller de fabricación de material agrícola Mugica y Arellano (1926-1974). Pasado el puente sobre el ferrocarril y también a la derecha, justo antes de llegar al cruce de Cuatro Vientos descubrimos, en torno a 1865, la casa de Domingo Chiqui, o sea la casa de D. Domingo Eugui, padre del  industrial  Carlos Eugui y Barriola.  Al otro lado de las vías del tren, en lo que sería la actual zona de Euntzetxiki (calle Ferrocarril),  se ubicaba, como he dicho, a finales de siglo Abonos Químicos de Navarra (1893),   la mencionada Tejería Mecánica, la serrería de Isturiz y la de sacos y telas de textiles Maser, entre otras empresas. Detrás de la calle Ferrocarril, tras la postguerra, se construyeron las escuelas de Unzutxiki que yo recuerdo haber visto hasta finales del pasado siglo.

En el lado izquierdo de la avenida de Guipúzcoa  no hacía mucho tiempo,  -al filo del siglo XIX-,   que había desaparecido el Viejo Monasterio de Santa Engracia. Ocupaba el principio  de la actual calle Carriquiri, la Calle Provincias, la zona de Marcelo Celayeta más cercana a Cuatro Vientos  y el principio de Joaquín Beunza; Había permanecido en el lugar durante más de 500 años, hasta que las monjas clarisas se tuvieron que trasladar  a Olite, tras  la guerra de la convención de 1794. Y es que el monasterio que había sobrevivido a tantos siglos no pudo con la orden de derribo de todas aquellas construcciones fuerapuertas que estuviesen situadas a determinada distancia de la ciudad  y con determinadas condiciones constructivas, distancias y condiciones que evidentemente el Monasterio no cumplía.  En la esquina de Cuatro Vientos había una casa con bajo más dos alturas que permaneció, apenas sin cambios, prácticamente durante todo el siglo XX. En esa casa cuentan que estaba la famosa taberna, “La Gloria Navarra” regentada por Doña Eulogia, conocida por sus famosos callos. Pasando el puente de Cuatro Vientos  llamado entonces Nuevo de Santa Engracia, para diferenciarlo del Viejo, y que era bastante más estrecho que el actual, -se ensanchó en 1932-, al lado izquierdo hallábamos el molino municipal  que surtía de harina a los hornos del Vinculo. En 1888, el molino se transformó en una central eléctrica también municipal, -la Electra Municipal- que funcionó hasta 1939 en que fue subastada y comprada por Bernardo Echamendi que la transformaría posteriormente  en Industrias del Caucho. La primitiva fábrica de cueros y charoles de Echamendi estaba en el camino de los Enamorados y sufrió un pavoroso incendio en el año 1930. Casi enfrente, en la parte derecha de la avenida, estaba Villamiranda.

Si entrasemos al barrio por el puente de la Rochapea, dejaríamos a la izquierda las Casas de Curtidores. Allí estaban las fábricas de curtidos de Yoldi y Zarranz.  A principios del siglo hubo también en este lugar una sociedad llamada “La Veneciana” que alquilaba barcas para pasear;  Enseguida llegaríamos a la plaza del Arriasko, que en euskera significa “muchas piedras”, dejando a la izquierda al Matadero de Carnes, (en el lugar desde el siglo XVI hasta finales del XIX), el nuevo se construiría en San Juan, junto a la cárcel, al despuntar el siglo; a la derecha y junto al río se encontraba el mayor lavadero de la ciudad, donde las lavanderas bajaban a lavar la ropa a la orilla del Arga y colgaban las prendas en largos tendederos;  En ese lugar,  el Ayuntamiento, en 1899,  plantaría un montón de arboles plataneros para dar sombra a las sufridas lavanderas. El antiguo matadero de la ciudad, el más antiguo, estuvo situado hasta el siglo XVI pasado el puente Viejo de Santa Engracia, a mano derecha, en una casa que se derribó parcialmente poco después. En los años 80 del pasado siglo, no obstante, una parte de la vieja construcción original todavía estaba en pié.  En la plaza del Arriasko destacaba el edificio de la Casa de los Pastores. Hasta 1813 la mayoría de las casas de la plaza eran propiedad de las Agustinas Recoletas, luego fueron compradas por el Ramo de las Carnicerías  que construyó en el lugar unas corralizas para encerrar el ganado destinado al Matadero. En 1920 se instaló en la plaza la Guardia Civil, ubicación que no abandonaría hasta 1975. En esa parte del edificio del viejo matadero que se mantuvo en pie yo recuerdo de niño que estaba habitado por familias  gitanas, y creo que aun queda hoy en día algún resto edificatorio que sirve de sede al Club de Remo.

Saliendo de la plaza  hacia Errotazar,  pasada  la  fundición  de Gamarra, podríamos meternos por el Camino Viejo de la Rochapea hasta desembocar en  los caminos de Enamorados y Villava.  Los núcleos más densos de población de la Rochapea se instalaron a principios del siglo XX, al igual que las industrias,  junto al puente de la Rochapea, Errotazar, Joaquín Beunza (llamada así desde 1937 pues antes se llamó  de García Castañón (1931), Ramón y Cajal (1935) y Camino de la Rochapea de nuevo (en 1936)); Camino de los Enamorados, Avenida de Guipúzcoa y Marcelo Celayeta, avenida que,  a la postre y desde mediados del siglo XX se convertiría en la arteria principal del barrio. Al lado izquierdo del Camino de la Rochapea, luego calle de Joaquín Beunza,  nos toparíamos, desde 1936, con la fundición de Sancena, el vivero municipal  y  los restos de la fábrica de gas  inaugurada en 1861, con su alta chimenea, que había producido  gas para el alumbrado de la ciudad y en donde se ubicarían durante más de un siglo, desde finales del XIX hasta principios del XXI,  los corralillos de los toros.

La fábrica subía el gas por tuberías a la ciudad y  vendía también alquitrán, carbón de cok y agua amoniacal. La fábrica dejó de funcionar durante algunos años por el encarecimiento del carbón de hulla, debido al bloqueo de la ciudad por los carlistas (1872-76) y pocos años después (1888), con la instalación de la luz eléctrica en la ciudad, dejó de tener sentido su existencia. En 1898 la compró el Ayuntamiento dedicándola primero en albergue para pobres y más tarde, desde 1899,  para desencajonar los toros para San Fermín. En 1918 se adecentaron definitivamente para este fin. En 1943 se derribaron las viejas construcciones, habilitando los corrales tal y como los conocimos hasta el año 2004, año en que se derribaron por completo y se ubicaron en un lugar cercano. Yo creo recordar que por esta zona también había una perrera municipal. En esta calle encontrábamos, además, un  lugar de referencia como Casa Placido, con su taberna y su patio, tan frecuentados durante los sanfermines, al comienzo de la calle y Casa Típula en su tramo final. Otras industrias que estuvieron asentadas en esta calle, a lo largo del siglo XX,  fueron la fábrica de botones de Castells (donde  se ubicó luego el colegio de las Mercedarias, la fábrica de hielo y espumosos Arancha, la de palillos de Antuñano, la de cohetes “El Cohetero”, la de palos de escoba de Seminario, herramientas de corte de Isturiz, frenos de Alfredo Urra y Manuel Ros (en los años 50), la trapería de Estremera ya al final de la calle cerca de la confluencia con el Camino de los Enamorados. Aquí, en el camino de los Enamorados estuvo además de la fábrica de Bernardo Echamendi y también  la de órganos Roques que funcionó durante 10 años y se quemó en 1923, tal y como recoge la prensa de la época y en el término de Santa Engracia, enfrente de la Iglesia del Salvador,  la fundición de Apolinar Arrieta.

En la calle Errotazar se agrupaban, también a finales del siglo XIX y principios del XX, muchas casas e hitos urbanísticos  e industrias  del barrio, y las cito por orden de aparición, la lavandería o colandería de Tabar (donde se cocía la ropa con ceniza), la casa y fábrica de curtidos de Baldomero Navascués, que daría lugar al nombre del lugar, conocido como patio de Navascués, y que, además, era primo carnal de Pablo Sarasate);  En esta zona había también fábricas de cerveza, curtidos, de velas y sebo y una herrería, más adelante estaba la fábrica de fideos del señor Armendariz que se llamaba “La Navarra” y que poseía una tienda en la calle Mayor, enfrente una serrería y la casa de la Cenona, más adelante la Casa de la Parra (luego de la familia Lorda), la Casa de Vergara, la casa del Obispo y las casas de Mina y trás estas el Prado de la Lana (1736), donde se lavaba la lana, y el Molino de Alzugaray y muy cerca de allí, aprovechando el agua de la presa de San Pedro, el huertano Redin  organizó los primeros baños públicos de la ciudad,  a principios del siglo XX, por 0,10 pts el servicio, a Redin le llamaban “el mochorro”, de ahí que se conociese el paraje como “la huerta del Mochorro”.

Y al otro lado de la calle y hasta la esquina de Errotazar con el camino de Enamorados estaba  el Prado de la Cera donde se blanqueaba la cera y se extendía al sol cuya existencia parece que data del siglo XIV. Entre las huertas más conocidas que suministraban sus frescos productos al Mercado de Santo Domingo estaban las de Udobro, Beunza (el diputado), (luego Turrillas), Huici, Caparroso, Chancharrana, Zabalza, Elizalde, Berasain, el mencionado Vergara, Gervasio, etc. La zona de huertas llegaba desde Errotazar al puente de Santa Engracia y fueron eliminadas al filo del siglo XXI, por la construcción del nuevo parque fluvial.

En tiempos llegó a haber en la Rochapea viñedos al igual que los hubo en la falda del San Cristobal, para hacer txakolí y también cinco fuentes, tres de las cuales las tengo localizadas,   una de ellas pasado el viejo puente de Santa Engracia, a mano izquierda, que fue tapada en los años 60,  la otra estaba al final del camino de los Enamorados junto a las Escuelas de Lavaderos y la tercera en el margen izquierdo de la calle Errotazar, después de pasar el puente y la presa de San Pedro.  Siguiendo la calle Errotazar,  más allá de este primer y  denso tramo, nos topábamos con el viejo puentecillo de Errotazar, la presa de San Pedro y bordeando el rio, a mano izquierda dejábamos el Monasterio Viejo de San Pedro antiguamente Convento de San Pedro, el primer y más antiguo convento medieval de la ciudad, construido en el siglo XIII, habitado primero por los padres franciscanos y luego por  las Petras, religiosas que estuvieron en él hasta 1969, año  en que el edificio quedó abandonado. El edificio en rápido proceso de deterioro  sirvió de albergue durante algunos años a  algunas familias gitanas, hasta que fue recuperado y rehabilitado por el Ayuntamiento. Luego llegábamos hasta la iglesia de San Pedro, junto al convento de los Capuchinos. El convento data del siglo XVII y la iglesia del convento rehabilitada,  se abrió al culto de los feligreses en el año 1952.

Pero cambiemos de tercio y recordemos como vivían los rochapeanos sus fiestas a mediados del XIX, incluso antes. Se tienen noticias de que las fiestas de la Rochapea se celebraban en la plaza del Arriasko o de los Pastores, junto al Matadero Nuevo, al menos desde el siglo  XVI. En aquellos lejanos siglos y posteriores preocupaba a los poderes políticos y religiosos sobre todo  la llamada moral pública, siempre ha habido la natural tendencia de los poderes públicos por controlar a la población en sus comportamientos; los bailes  posibilitaban el contacto siquiera fugaz entre hombres y mujeres y  el alcohol desinhibía al personal. Lo demás se lo pueden imaginar. Según dichos poderes públicos este tipo de acontecimientos festivos  incitaba a las peleas o riñas  y al desenfreno carnal. Así que era relativamente frecuente la publicación de edictos decretando la contención o incluso la prohibición de determinados actos festivos. En cualquier caso era preceptiva la previa autorización para su celebración. Y esto sucede al menos en los siglos XVI, XVII y XVIII, incluso en el siglo XIX. Las primeras fiestas debieron estar bajo la advocación de Santa Engracia. A partir del XIX las fiestas estarían bajo el patronazgo de San Lorenzo, de cuya parroquia dependía el barrio, celebrándose los días 10 y 11 de agosto. En aquellas fiestas las actividades se reducían a comer, beber y danzar, al son de los  juglares y sus antiguos instrumentos. Entre las danzas de las que se tiene conocimiento se encuentra la llamada  karrikadantza o correcalles y más tarde el baile de la Era y entre los instrumentos musicales más frecuentes la txirula o la gaita, flauta y el tamboril; más adelante llegarían las charangas. La figura de los mayordomos se hace presente sobre todo desde el siglo XIX. También había cohetes, hogueras y se degustaba el tradicional relleno y los piperropiles.

Es desde mediados del siglo XIX hasta la época de la guerra civil cuando experimentaron mayor auge las fiestas para ir posteriormente decayendo y resurgir más tarde, siendo muy habitual que los habitantes de intramuros acudiesen también a las fiestas extrabarriales como las de la Rochapea. Además de en la plaza del Arriasko,  a finales de siglo,  comienzan también a celebrarse algunos actos festivos en la explanada existente frente a la recientemente construida estación del ferrocarril del Norte, al hilo de la pujanza industrial y poblacional de este segundo enclave, si bien el grueso de los actos se seguiría celebrando en la plaza del Arriasko o en el Gas hasta décadas más tarde. El baile solía durar,  al filo del nuevo siglo,  hasta las 12 de la noche. Durante los primeros años del siglo XX y hasta 1918, las fiestas de San Lorenzo se celebraron por duplicado, o mejor dicho en dos escenarios diferentes, abajo, en la Rocha, en la plaza del Arriasko y arriba, en la ciudad, en la plaza de Recoletas, si bien el baile se solía celebrar en los jardines de la Taconera o en el Rincón de la Aduana.

En los primeros años de la segunda década del siglo XX el  baile se celebró en el patio y salas de la antigua fabrica del Gas. Al final de la segunda década del siglo se empiezan  a producir grandes cambios, los actos religiosos se celebran en la vecina parroquia del Salvador, inaugurada el 2 de abril de 1916, la 1ª piedra de la iglesia se había puesto  el 12 de abril de 1914.  En esta segunda década del siglo  comienzan a coger más auge las actividades festivas en el barrio de la Estación, perdiendo fuerza las del barrio hortelano, sin embargo durante un par de años hubo  dos bailes, uno frente a la Estación y otros en la zona del Gas, desapareciendo  durante una década  las actividades festivas de San Lorenzo en el Casco que se retomaron con fuerza mediados los años 20, con verbena en la Taconera y becerrada incluida. El motivo de la suspensión estuvo, al parecer, originada en las tasas que el ayuntamiento quería cobrarles por organizar las fiestas, Aunque dicha recuperación duraría poco tiempo ya que no hay actividades festivas en el Casco a  partir de 1927.

A finales de los años 20 se pensó en enlazar Madrid con Paris por Alduides y hubo un proyecto de  tirar una vía por Marcelo Celayeta. Se trajeron  materiales y vinieron ferroviarios de otras comunidades pero la idea se desechó y nuestra vieja estación se quedó en lo que es actualmente, en una estación de segunda categoría con escasas comunicaciones y servicios. En 1911 se había inaugurado el Irati, un ramal bajaba por el Portal Nuevo y la Cuesta de la Estación hasta la Estación del Norte, otro ramal iría desde 1914 por la actual calle Carriquiri, justo donde sigo viviendo desde mi infancia, para conectar con la Estación del Empalme del Plazaola. Y es que a partir de 1914 por el barrio comenzó a atravesar  otro ferrocarril de vía estrecha, el Plazaola, que tenía la estación del Empalme en la confluencia de las actuales calles  Carriquiri y de Bernardino Tirapu. Pero la relación del barrio con el tren no acaba aquí. Con la carbonilla del tren del Norte se hicieron en 1920 las casas 55 y 55 bis de Marcelo Celayeta, junto a las escuelas del mismo nombre, que fueron derruidas a partir del año 1996.  Las escuelas de la Carbonilla fueron impulsadas por el régimen republicano en los años 30  para hacer frente a la oferta educativa confesional de las escuelas del Ave María.

Las antiguas escuelas del Ave-Maria son una parte importante de la memoria personal de varias generaciones de pamploneses del barrio de la Rochapea. Se empezaron a construir el 21 de marzo de 1915, terminándose, junto a la  iglesia del Salvador,  el 2 de abril de 1916. Su fundador fue D. Marcelo Celayeta, párroco de San Lorenzo, que se inspiró en las escuelas del mismo nombre que impulsó en Granada el pedagogo Andrés Manjón. Fue dirigida por D. Marcelo Celayeta hasta su muerte el primero de mayo de 1931. Fueron sus primeros maestros, formados en el método manjoniano, Don Gervasio Villanueva y Doña Maria Marillarena. Los niños aprendían jugando con piedras, cintas de colores, piezas metálicas, etc. También se cuidaba la formación musical llegando a formarse una banda de 28 músicos. De dicha escuela y sus métodos hablé con más detenimiento en la entrada dedicada a las “escuelas, cantinas y colonias”, por lo que no me extenderé más aquí.

En las fiestas del barrio de la Estación se incorporaron dianas al programa, además de los clásicos bailables, con banda de música incluida y conciertos en la arboleda junto al río, también enfrente de la Estación, cerca de las antiguas escuelas, junto a la finca de Eugui. La banda del Ave María y Gurmensindo Bravo se convertirían en protagonistas fijos de algunas de las actividades durante algunos años. Las fiestas se celebraban inicialmente por cuestación popular entre los jóvenes del barrio, implicándose más tarde al tejido económico y comercial. Las actividades festivas en la zona del Gas desaparecerían  a finales de los años 20 al tiempo que cogían auge las de la zona de la estación. Atrás quedaba el chunchunero con la gaita y el tamboril, los piperropiles, los mayordomos y los bailes en el Gas. Bandas de música, charangas, guitarras, violines y bandurrias amenizaban las veladas musicales. En los años 30 se comenzó a organizar alguna prueba deportiva, como el Circuito de la Estación (1934), una carrera ciclista de aficionados. La guerra civil provocó la suspensión de las fiestas entre 1936 y 1938.  No fueron pocos los vecinos de este barrio represaliados por el movimiento golpista que acabó con el régimen republicano.

Pero ¿cómo era la Avenida de Marcelo Celayeta, entonces carretera de Villava en estas primeras décadas del siglo XX y en general el barrio?. Intentaré trazar una descripción lo más completa posible como si hubiera estado alli. La carretera a Villava estaba semiescondida entre arboles  y postes de luz que irían desapareciendo a medida que el camino se convertía en avenida y se fue urbanizando con nuevas construcciones y equipamientos.  Hasta 1916 no veremos la referencial silueta de la torre de la iglesia del Salvador.  En los años 29-30, además de la iglesia del Salvador y de las cercanas escuelas del Ave María, todavía sin la ampliación que conocí de niño, podemos contemplar en las fotos aéreas de la que se dispone un abigarrado núcleo de casas e industrias en torno al cruce de Cuatro Vientos que se haría más denso cuanto más avanzase el siglo; junto a él, la vieja calle de las Provincias, todavía no se había construido nada en su lado derecho, al margen de alguna construcción  a su izquierda. Como dice Ricardo Ollaquindía,  al fondo de la Calleja, en el centro, había una casa colorada, y dos salidas a los lados,- por las que se iba a la vía del Irati,  y al puente sobre la vía del tren, al que sería luego el campo de fútbol del Rochapeano (a la derecha) y al campo con hierba de Úriz (a la izquierda). Lo pueden observar en la ortofoto correspondiente.

En cuanto a las escuelas que estaban tal y como se inauguraron 14 años antes, una tapia cerraba la trasera dejando un campo de fútbol más reducido en su interior que el conociese 40 años más tarde y lo que parecía un frontón. La iglesia era más pequeña, no llegaba como luego hasta el  camino o carretera a Villava. Había, como he dicho arboles flanqueando ambos lados del camino y junto a la iglesia y escuelas había otras construcciones, situadas igualmente cerca de la carretera, me refiero a las casas que luego serían el nº 1, 2, 3, 4 y 5 del Ave María, estas casas construidas con piedra y  sin demasiado artificio, probablemente fueran de la primera o segunda década del siglo;   Enfrente, al otro lado había algunas viejas construcciones bajas de una o a lo sumo dos plantas, en muchas ocasiones con corraliza, un viejo bloque de viviendas de 1917 que aun se conserva, (es actualmente el edificio de viviendas más antiguo del barrio,  aunque está fuera de ordenación y se prevé su inminente derribo, encajonado entre las casas de Oscoz que se construirían por Severino Oscoz Barbería en 1955), y algunos caserones sueltos tanto a un lado como a otro de la carretera (probablemente de aquella época fuese la que llamábamos casa de la Marichu o  las Bodegas de los Matossi, que  fabricaba los licores del Café Suizo,  los Matossi, unos emprendedores suizo-italianos se habían instalado en la Rochapea en 1844 y eran   dueños del conocido “Café Suizo” de la plaza del Castillo dedicándose inicialmente a la fabricación de aguardientes y licores. Era famoso su “Licor de Chardon” a base de frambuesa.

Por cercanía a mi hogar recordaré que por la actual calle Carriquiri discurría el ramal que conectaba la Estación del Norte, el Irati y el Plazaola. Este ramal marcaba un pequeño arco en la zona más cercana a la actual calle Bernardino Tirapu, cerca de las Casas del Salvador, y conectaba con el Plazaola a través de ese arco. Atrás se podían ver la Estación del empalme y otras construcciones y muelles de descarga. La Rochapea era un inmenso paraje lleno de campos de labranza allí donde posteriormente 25 o 30 años se erigirían cientos de pisos y pisos. Pasado el cruce del Plazaola con la carretera a Villava encontrábamos el mencionado barrio de la Carbonilla. En esta época ya eran perceptibles los diferentes senderos y caminos del barrio que se convertirían años más tarde en carreteras y ejes principales: Cruz de Barcacio, camino  a Artica, camino a  Ansoain. Hasta los años 50, las calles Joaquín Beunza y Errotazar se componían de las casas y lugares mencionados anteriormente y algunos pocos más. Si revisáramos la entrada dedicada a la calle Joaquín Beunza veríamos que la mayor parte de los edificios señalados en ella, salvo  los bloques construidos en los años 50 a 70  ya aparecían a primeros de siglo, más cuanto más avanzase la centuria. Casas aisladas, campos y huertas que pueden verse en multitud de postales de la época. Resulta chocante ver, en cambio en la ortofoto, algunas construcciones en el tramo final de la calle Errotazar muy cerca de Capuchinos, que desaparecieron hace muchos años, Alli había un lavadero, una fuente y un abrevadero. El camino de los Enamorados estaba repleto de árboles a ambos lados. En la zona de Trinitarios no estaba construido el convento de las Oblatas pero si había una nave que yo recuerdo sobrevivió hasta hace pocos años, creo que fue en el 2009 si mal no recuerdo.

Finalizada la guerra, la Rochapea contaba con 4.300 vecinos. La Iglesia del Salvador se había independizado  de la de San Lorenzo.  Y comenzaron  a instalarse de forma progresiva más talleres e industrias.  En cuanto  a las fiestas se recuperarían las fiestas, adelantándolas algunos días, del 10 de agosto pasaron al 6 y de depender de la parroquia de San Lorenzo pasaron a hacerlo de la Iglesia del Salvador y a celebrarlas bajo su patronazgo. Se organizaron nuevamente competiciones deportivas; ciclistas y de partidos de pelota fundamentalmente, en el frontón de Ayerra, además que va teniendo un creciente peso  en el barrio el C.D Rochapeano fundado en tiempos de la República, si bien pasa por enormes dificultades hasta que se hace con un campo propio en 1955, en lo que yo conocí como el campo del Gure. Pero la recuperación sería fugaz. Las estrecheces económicas y la axfisiante rigidez moral harían que las fiestas, a excepción de los actos religiosos desapareciesen durante la mayor parte de la década de los 40. En cuanto al barrio, las escuelas del Ave María habían duplicado desde 1935 su oferta con 11 aulas,  5 de niños y 5 de niñas y una mixta, la del párvulos. En la ortofoto de 1945 se puede observar la existencia en la parte más cercana a Carriquiri de las que llamábamos escuelas de las chicas, aunque aun no se había ampliado la parte de los chicos que yo conocí de niño, las aulas que luego se dedicarían a párvulos, 1º y 2º.

En la ortofoto de 1946 aparecen nuevos edificios en el lado izquierdo de la carretera a Villava, en el tramo existente entre Cuatro Vientos y la Carbonilla, así como en la parte derecha de la calle de las Provincias. En el Ave María se habían construido los números 8 (1940), 14 y 15 y el chalet de las higueras que quedaría luego encajonado entre los números 9 y 13 de la calle. En 1945 se ampliaría la iglesia en un tercio de su volumen tal y como señalé en la entrada correspondiente del blog. En Joaquín Beunza a los tradicionales enclaves se había sumado alguna construcción más. Por lo demás y pese al incremento en el nº de construcciones, estas seguían estando un tanto dispersas y el parcelario mantenía unas características similares a las de décadas anteriores, casas de 2 o a lo sumo 3 alturas, fincas de ocio, como la de Elizari en el cruce de Enamorados y el Plazaola o casas de labranza con sus huertas, jardines o corralizas.  Ya no se blanqueaban las ceras en el Prado del mismo nombre, aunque seguían existiendo el lavadero, la fuente y el abrevadero de Errotazar y cerca del cruce de Enamorados y Errotazar se habían construido las escuelas de Lavaderos.

Será en 1949, año en que se acaban de terminar las casas municipales de Pedro cuando las fiestas conozcan un resurgimiento con multitud de pruebas deportivas: ciclismo, pelota, boxeo, baseball, aunque será  flor de un día, más bien de un año. Ese año hubo música, orquestina de baile,  en la llamada Rochapea Vieja (Errotazar) y música de orquestina y txistu en el barrio de la Estación. A mediados de los 50, la Rochapea contaba con 7.500 vecinos,  las actividades festivas vuelven a resurgir de mano fundamentalmente del C.D Rochapeano que promueve un pequeño campeonato de fútbol con los diferentes equipos de las diferentes zonas del barrio: Arsenal, Beunza, Celayeta, San Jorge, Salvador, etc. No olvidemos que la Rocha era y lo fue durante mucho tiempo un barrio de barrios, pero las fiestas vuelven a decaer, aparte de los actos religiosos, alguna diana, cohetes y una orquestina en el horario de tarde-noche.

Fotografías por orden de aparición: Nº1: Postal de la Rochapea. Años 20. Nº 2: Puente de Santa Engracia y molino municipal antes de convertirse en central eléctrica. Anterior a 1888. Roldán. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº3: Postal Vista General Pamplona desde la Rochapea. Posterior a 1914. Nº 4. Gran Tejería Mecánica. 1909. Aquilino García Dean.  Nº 5. Etiqueta de anisado de la fábrica de Carlos Eugui. Nº 6: Foto de Carlos Eugui Barriola. Nº 7: Puente de la estación. Anterior a 1950. AMP. Nº 8: Foto cruce de Cuatro Vientos. Principios de siglo. José Ayala. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 9: Anuncio de la fábrica de Bernardo Echamendi. Nº 10: Molino de Santa Engracia. 1903. José Ayala. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 11: Puente y Camino  de la Rochapea. 1895. Julio Altadill. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 12. Ortofoto 1929 de las calles Joaquin Beunza y Errotazar. Nº 13. Anuncio Casa Sancena. Nº 14: Casa Placido.  Nº 15: Factura Espumosos Arancha. Nº 16. Foto de la calle Errotazar anterior a 1870. Mauro Ibañez. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 17: Panorámica completa de la Rochapea. 1895. Julio Altadill. Pamplona, calles y barrios. J.J Arazuri. Nº 18: Ortofoto 1929 de la calle Errotazar. Nº 19. Prado de la Cera. 1935. Bozano. Nº 20. Fiestas de la Rochapea a principios del siglo XX. Plaza del Arriasko. Miguel Goicoechea. Historia, Fotos y Joyas de Pamplona. J.J. Arazuri. Nº 21. Fábrica de Gas. Año 1870. AMP. Nº 21: Ortofoto 1929 del barrio de la Estación. Nº 23: Factura de Calzados López. Nº 24: El Irati bajando por la Cuesta de la Estación. Años 20. Nº 25. Escuela de la Carbonilla. J. Cia. 1950. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri. Nº 26. Iglesia del Salvador. 1917. Aquilino Garcia Dean. Nº 27. Ortofoto 1929 de la zona de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 28: Postal de la Rochapea. Zona de Joaquin Beunza. Años 20-30. Nº 29: Foto del Camino Viejo de la Rochapea. Años 20. Luis Rouzaut. Nº 30. Postal del Plazaola a punto de introducirse bajo el túnel. Años 20. Nº 31: Postal de la Rochapea. Años 20-30. Nº 32: Ortofoto 1945 de la zona de Cuatro Vientos y Marcelo Celayeta. Nº 33. Ortofoto 1945 de Joaquín Beunza.  Nº 34: Ortofoto 1945 de la calle Errotazar. Nº 35. Casas de San Pedro recién construidas. 1950. J. Cía. Las ortofotos recopiladas pertenecen a la serie histórica del SITNA y están siendo utilizadas bajo los términos de la licencia Creative Commons – (CC-by 3.0). Fuente de los datos en el caso de las ortofotos: Gobierno de Navarra.

Peñas y sociedades gastronómicas en el Viejo Pamplona (1913-2003)

Y lo prometido es deuda, tras las sociedades deportivas y de recreo voy a hablar del origen de  las actuales peñas, -algunas de ellas nacieron en el seno de las mencionadas sociedades deportivo recreativas- y de las sociedades gastronómicas. De estas últimas seguro que me dejo alguna, pero intentaré reseñar al menos las más importantes. Seguiré, en el caso de las peñas, un estricto orden cronológico. De las actuales peñas existentes la peña más antigua es La Unica.  Los primeros datos documentados sitúan su origen en  1913, aunque hay quien dice que los primeros intentos de ponerla en marcha se remontan a 1903. El origen de su nombre debió estar en su propia génesis, una única cuadrilla que se dedicaba a marchar de juerga por las calles de la vieja Iruña. Fueron entonces los primeros que incorporaron instrumentos de viento más ruidosos  que las guitarras y bandurrias de otras agrupaciones, vamos que fueron los primeros que sacaron lo que hoy llamaríamos  charangas o fanfarres.  Solían organizar  bailes para sufragar los gastos de  San Fermín. Posteriormente esta iniciativa seria imitada por otras peñas como el Bullicio o La Jarana. Visten pañuelo, faja y cintas de alpargatas verdes y blusón con cuadros pequeños blancos y azules. La segunda peña en antigüedad es El Bullicio Pamplonés que  se fundó en 1933 por iniciativa de una cuadrilla de amigos. La foto que encabeza la entrada es precisamente del año de su fundación. La siguiente pertenece a los años 50. Aparte de la fiesta iban al monte, jugaban al fútbol y también al mus y al dominó. En 1943 se trasladaron a un local en el nº 28 de la calle del Carmen. En 1953 dejaron el local por falta de recursos económicos, reuniéndose desde entonces en el Bar Cordovilla de la calle Navarrería. A mediados de los 70 adquirieron el local de la cafetería-bolera Simons en el nº 22 de Carmen que se convertirá en su sede definitiva. Visten de blanco con el escudo bordado en el pañuelo.
En 1934 se creaba la tercera peña de Pamplona,  el  Muthiko Alaiak si bien su origen se remonta a 1931 pues surgió sobre la base de un grupo de danzas y teatro llamado Zaldiko Maldiko fundado por Ignacio Baleztena  que pretendía recuperar algunas danzas de la tierra antes de su previsible extinción. Su versión de la kalejira del ingurutxo de Leiza con la letra de “Uno de enero, dos de febrero” se hizo  mundialmente conocida así como su “Levantate, pamplonica”. Con la creación de la peña se pretendía ampliar las actividades de Zaldiko, añadiendo además las de San Fermín. El grupo  de danzas y teatro  se reunía  inicialmente en los locales del Circulo Integrista en el nº 33 de la calle Estafeta. Luego utilizaron los locales de Turismo del Paseo de Sarasate y finalmente se instalaron en el último piso del Circulo Carlista en el nº 29 de la plaza del Castillo. Así que para 1934 el Muthiko Alaiak  tenía su sede en este lugar.  A nadie se le oculta el origen carlista de su principal impulsor, Baleztena, Premin de Iruña, y de muchos de sus integrantes en aquel entonces. Junto al Muthiko estaban entonces las citadas La Unica, La Veleta,   San Fermín, (estas dos últimas desaparecerían con la guerra) y el Bullicio. En los años 40 tuvo un gran impulso organizando la primera novillada de las peñas e inaugurando el aeropuerto de Barajas. En la foto que acompaña este párrafo vemos una foto de aquellos primeros danzaris del “Muthiko”.
Por cierto, el pasado año la nieta de uno de los integrantes de la Veleta tiró el chupinazo, ya que a la peña La Veleta, fundada en 1930, se le atribuye el impulso de la indumentaria blanca y roja como atuendo tipico de los sanfermines. Junto a este párrafo una foto de aquellos sanfermines de los años 30 de la peña. Compuesta mayoritariamente por obreros (fontaneros, albañiles, pintores, etc)  fue especialmente castigada por el golpe franquista. Varios miembros de la peña, seis o siete fueron fusilados, y otros igualmente perseguidos o represaliados por su compromiso político. Al termino de la guerra, en 1941 y 1942, quisieron seguir con el nombre pero el régimen no se lo permitió, obligó a dimitir a su junta que habían solicitado al legalización de La veleta al amparo de la nueva ley de asociaciones y tuvieron que cambiar el nombre por La Saeta en febrero de 1942. Su local ha seguido siendo el mismo en los dos casos: Jarauta, 33, aunque parece que en los inicios de la peña estuvo en el nº 79 de San Lorenzo y en el 65 de Descalzos.


En 1945, siendo presidente del Muthiko Jaime Mondragón,  se produjeron unos incidentes con unos falangistas en la plaza del Castillo y el gobernador les cerró el local.  Comenzaron a utilizar varios bares como sede, primero La Fructuosa y luego el Bar García de la calle Mayor hasta que en 1950 arrendaron un local en el nº 89 de esta misma calle. El grupo de danzas que consiguió multitud de éxitos internacionales ensayaba, por aquel entonces en las escuelas de San Francisco. En 1954 tras una nuevas protestas carlistas el gobernador volvió  a clausurar el Muthiko. Posteriormente el Muthiko recaló en el nº 18 de la calle San Francisco donde permanecería durante 8 años hasta 1962, año en  que volvieron a la plaza del Castillo, concretamente al nº 38. En este nuevo emplazamiento permanecerían durante 12 años hasta 1974, fecha en  que se trasladan al tercer piso del nº 14   de la calle Comedias, donde permanecen nada menos que 25 años. Sí, en esta calle estuvieron hasta 1999, año en que se trasladaron a un nuevo local  (compuesto de bajo y primero) de la calle Estafeta, donde antes estuviese  el Self Service Estafeta. El Muthiko organiza desde 1962 conferencias culturales, clases de euskera, viajes,  creó una sección de montaña y otras de fútbol, balonmano y hasta de baloncesto femenino así como la fanfarre. En pelota jugaron por la peña, Retegi, Lajos y los hermanos Aldaz. De ellos es el mérito de recuperar los coros de Santa Agueda o de organizar el Rey de la Faba que vemos en la fotografía adjunta. Visten blusón de cuadros azules pequeños.

La Jarana fue fundada oficialmente en 1940 por varias cuadrillas de pamplonicas de la calle del Carmen. Ya desde estos años salían a la calle por Sanfermin con música y pancarta ocupando su espacio en el tendido del coso pamplonés. En la foto de la izquierda vemos una foto de la peña de 1942. La otra foto, la de la derecha, de Inge Morah recoge una salida de la peña, probablemente de los años cincuenta, tal vez 1954. Otras fuentes sitúan como antecesora de La Jarana  a la Peña El Huevo aunque existen documentos gráficos de 1931 donde aparece una pancarta que dice “La Jarana saluda a Torón”, un diestro navarro de la época. Su primera sede estuvo en la calle San Fermín en el Ensanche, para pasar más tarde a la calle Estafeta, trasladándose en 1982 al nº 16 de la calle Jarauta. Contaban con una sección de fútbol. Llevan pañuelo y faja azul con blusón a cuadros pequeños azules y blancos.Como ya comenté en la anterior entrada dedicado a las sociedades deportivo recreativas, en 1940 nacía el Club Deportivo Oberena. El 20 de enero de 1941 se creaba la peña sanferminera, saliendo por primera vez  a las calles el 7 de julio de ese año. Las fotos que acompañan este párrafo son de 1948, la de la derecha, al final de la calle Estafeta y de los años 50, la de la izquierda. Desde 1954 a 1987 el Labrit fue el lugar de encuentro o sede social de sus socios.  Luego pasarían a su local social de Sebastian Albero, en la Milagrosa si bien hace unos años, en febrero de 2010, se hicieron con un local social en el nº 82 de la calle Jarauta y hace poco tiempo se trasladaron al nº  31 de la calle San Lorenzo, en lo que fue el antiguo restaurante Lanzale. Tras la creación de la peña se crearían también los grupos de danzas, txistu, gaita, rondalla y coros. La peña ha tenido siempre una especial vinculación con el mundo taurino. Visten indumentaria blanca y negra con la insignia verde que procedía del verde de Acción Católica. La peña Aldapa nació en 1947 como club deportivo, constituyéndose la peña en 1958. Tomaron el nombre del bar Aldapa en el que se reunieron al principio. En los años 80 se asentaron en el nº 48 de la calle Jarauta. Tampoco llevan blusón, solo el escudo bordado en el pañuelo.

En 1948 los componentes de los equipos de futbol que formaron el Club Anaitasuna junto con los nuevos socios y otros simpatizantes decidieron formar la Peña Anaitasuna para celebrar juntos los sanfermines. La peña nació como una sección autónoma dentro de la sociedad y se reunió  durante los San Fermines de 1948 en la tasca “La Perrera” de la calle Jarauta. Eran 40 socios. Tras casi un año de preparativos, en junio de 1949, las otras siete peñas que existían en Pamplona le dieron la bienvenida y el visto bueno. La foto que acompaño es de los sanfermines de 1951. En 1953 la peña ubicaba su sede en el 1º piso del nº 35 de la calle Mayor, aunque seguían saliendo desde La Perrera. Tenían unos singulares vecinos de los que hablaré más tarde, pues en la planta baja, con salida al portal de vecinos estaba  la Sociedad Gastronómica  Napardi. El único acto donde las mujeres tenían cierto protagonismo era la presentación de las madrinas de las peñas. Si, parece mentira ahora, que se habla de sanfermines en igualdad, pero hubo un tiempo en que las peñas elegían a sus madrinas. En 1971 la peña recibió un premio del Ministerio por su promoción de los sanfermines. En 1984 se llevó a cabo la reforma del local de la calle Jarauta y hace unos años se trasladaron al nº 14 de  la calle San Francisco, donde compraron el Bar Montón. Llevan el escudo de la peña en el bolsillo de la camisa y un San Fermín sobre el pañuelo rojo.La peña Los del Bronce podía haber sido la peña más antigua, pero nació realmente a mediados del siglo pasado. Al parecer hubo un intento de formar esta peña en 1900 por trabajadores del sector del metal (herreros, chatarreros, broncistas) sin embargo ese intento se difuminó en 1904. Tras los sanfermines de 1949 un grupo de varias cuadrillas decidió rescatar el nombre y crear la peña. Eligieron el blusón de cuadros blancos y azules por ser fácilmente reconocible y ser  la tela  más barata. Como la blusa tapaba la faja decidieron dejar de llevarla. Los blusones inicialmente los llevaban las cuadrillas a los toros pero los de esta peña decidieron llevarla durante todos los actos festivos. Las primeras sedes de la peña estuvieron en el bar Ginés y en el bar Olimpia (actual Nevada). A partir de 1953 la sede se trasladó al bar García de la calle Mayor y luego, entre 1960 y 1962, al Bar Tropical, en el nº 54 de la calle Jarauta. En estos años se constituyó como tal la sociedad deportivo recreativa y se arrendó por 3.500 pts el Bar Telefónicas como sede de la peña. Entre 1967 y 1968 volvieron a cambiar de locales, esta vez al nº 69 de la calle Jarauta. En las fotos vemos la pancarta de 1967 y una foto de dos “broncistas” bailando junto a la pancarta de la peña. En 1971 se creó un grupo de montaña y más tarde un equipo de balonmano que duró solo dos años, también un equipo de fútbol pista y una fanfarre, de la que saldría Jarauta 69, tomando el nombre de la dirección de la peña. En 1979 la peña se asentó definitivamente en el nº 54 de la calle Jarauta, donde ya estuvieran antes, al comienzo de los 60.  En los 80 nacía la sección de rugby y en los 90 acometieron las primeras grandes reformas.

La peña Irrintzi de Iruña se fundó en 1950  de la fusión de dos clubes de fútbol, el Irrintzi y el Iruña. Desde el principio vistieron de negro. En 1953 se separaron el equipo de fútbol Iruña y la peña Irrintzi y se ubicaron en la calle San Agustín. En 1964 por falta de espacio, (y eso que tenían una bajera y dos pisos), se trasladaron al nº 23  de la calle Estafeta. Por problemas con  los vecinos se tuvieron que trasladar  al nº 8 de la calle del Carmen. El local incluía un bar que alquilaron para financiar la peña. Corría el año 1971. Pasaron de ser peña de club deportivo a sociedad cultural y deportiva. Además del fútbol la montaña era posiblemente una de sus actividades más destacables. En los años 90  reformaron el local que vemos en la fotografía. Visten blusón negro.La Peña Alegría de Iruña se fundó en 1952 en el Bar Moto Club por fusión de dos iniciativas juveniles, la peña Imoztarra, con sede en la calle Nueva, fundada en 1947,   y el equipo de fútbol Alegría que se reunía en el Bar Arrizabalaga de la calle San Agustín, si bien sus primeros sanfermines como peña  fueron los del 53. Hasta los años 60 la sede estaba en el bar Or Konpon que se trasladó a la calle Calderería para rebautizarse como Bar Alegría. En 1969 tomaron el nombre definitivo de Peña Alegría de Iruña. En 1973 se inauguró un nuevo local en el nº 8 de la calle Jarauta y tras un atentado con bomba, el 19 de julio de 1978  se trasladaron al nº 61 de la misma calle, donde permanecen actualmente. Su actividad aparte de la sanferminera  era fundamentalmente deportiva: salidas al monte, baloncesto, citas gastronómicas, cursos de cocina, danzas. Desde 1960 impulsan la Operación Patata destinada al asilo de las Hermanitas de los Pobres. Visten blusón verde con cuello, puños y bolsillos rojos. El pañuelo rojo con el escudo bordado y rematado a  lo largo del borde con una cinta verde.

La primera peña de barrio, la más antigua de todas ellas es la Armonía Txantreana. Nació en 1956 e inicialmente se llamaban Alegría Chantreana. Tras cambiar el nombre se integraron en la Unión Deportivo Chantrea. En 1981 la peña se separó de la sociedad y adquirió el Bar Félix que les vió nacer. Además de las actividades sanfermineras, entre 1961 y 1993, tuvo una importante sección de montaña que formó su propio grupo autónomo. La foto que acompaña es de la peña en 1960. Visten totalmente de blanco, salvo el pañuelo bordado con el escudo de la peña. En 1977 nacía la Peña San Juan, por iniciativa de un grupo de jóvenes del barrio. En 1985 se convertían en Peña Donibane. Su primer local estaba en la calle Virgen de Codes (1979). Al crecer en el nº de socios, es una de las que más tiene, compran un local más grande en el nº 6 de la avenida de Barañain, en lo que fue el Burguer y el restaurante Los Kilikis. En el Casco Viejo tenían un local en la plaza Virgen de la O. Posteriormente se trasladaron al Bar 35 de la calle Jarauta (Galtzerdi) y este año han abierto un local en el nº 24 de la calle San Francisco. Desarrollan diversas actividades al margen de las típicamente sanfermineras. Visten de pamplonica con blusón azul claro y pañuelo con el escudo.

 

Durante los años 60 un grupo de personas del barrio de La Milagrosa fundó la peña San Fermín, ubicándose en la travesía de Guelbenzu, pero en el año 1974 se disolvió. En los sanfermines txikitos de 1978 se refundó de la mano de un grupo de jóvenes del barrio, algunos de ellos vinculados al colectivo juvenil Elkar-Artua, reuniéndose en el Bar Atalaya de la calle Tajonar. Posteriormente la peña creció en socios y actividades y se trasladaron al actual local de Manuel de Falla. Tienen otro local en el casco viejo, en el nº 50 de la calle Jarauta. Visten blusón de cuadros negros y blancos.  En los años 30 hubo otra Peña San Fermín, radicada en el Ensanche, con local en la calle Estella. En marzo de 1979 nace, por su parte, la Peña Rotxapea. Nació fruto de la necesidad de los jóvenes del barrio de contar con una peña propia, ya que hasta entonces  se tenían que afiliar a otras peñas del centro. La Unión Cultural y Deportiva Rotxapea  había empezado a preparar su constitución un año antes, en 1978, como una sección propia, sin embargo la peña quiso volar por libre y así lo hizo unos meses después. Su primera sede fue la de la antigua sociedad Gure Txokoa en la Travesía del Ave María, nº 10. La foto recoge una de sus primeras salidas, en los sanfermines de 1979. Desde 1982 están en el nº 1 de la calle Abaurrea Alta. Mantienen un local en el nº 73 de la calle Descalzos que utilizan en las fiestas. También en 1979 nacía la Peña San Jorge, si bien sus primeros sanfermines fueron los del 80. Cambió su nombre a Sanduzelai en 1996. Inicialmente la asociación de vecinos del barrio les cedió un local. Luego pasaron al local donde permanecen  actualmente en la calle Nicasio Landa. Disponen de otro local para sanfermines en la calle Jarauta. Visten blusón de cuadros blancos y negros.

Estas 15 peñas junto a la única peña sanferminera que no es de Pamplona, El Charco constituyen la Federación de Peñas de Pamplona, que hunde sus raíces en la llamada Comisión de Peñas, cuya primera referencia aparece datada en un escrito del 26 de mayo de 1959. El Charco nació en 1974 en el bar Marín de la citada localidad. El 28 de noviembre de 1975 se aprobaron los primeros estatutos y se alquiló una bajera en el nº 8 de la calle Mendikale. Salieron por primera vez en las fiestas en 1977, año al que pertenece también la fotografía adjunta. Desarrollan un montón de actividades a lo largo del año. Visten de blanco con pañuelo y faja azul y blusón a rayas azules y blancas. Cuentan con un local en el nº 75 de la calle Jarauta. Fuera de la Federación de Peñas está la Peña Multizarra creada en 1992 por una cuadrilla de amigos a instancia de Joaquín Baleztena. Dicen que la crearon en el bar  El Marrano de San Nicolás. Tras unos inicios sin sede fija, en 1995 se trasladaron al nº 40 de la calle San Agustín. En el año 2005 inauguraron la sede de la calle Olite manteniendo el local de San Agustín para las fiestas. Actualmente su local se encuentra en el nº 3 de la calle Ciudadela, en lo que fue el bar Ciudadela, inaugurado en el año 2010, si bien este año han abierto otro local en el nº 36 de la calle San Gregorio. Han impulsado desde 1997 un riau riau alternativo en colaboración con las asociaciones de jubilados de Pamplona. Visten blusón de color rojo y pañuelo rojo bordado con el escudo de la peña.

 


Tras repasar las diferentes peñas existentes, haré lo propio con las sociedades gastronómicas. Y si por alguna tengo que empezar  ineludiblemente ineludiblemente lo tengo que hacer por  la decana de las sociedades gastronómicas: el Napardi. Entre los promotores de esta sociedad estuvieron personas como Jose Maria Zamarbide, Nicolás Velasco, Germán Salas a los que habría que añadir otros nombres  como el de los arquitectos Francisco Garraus o Enrique Altarriba. El nombre de la sociedad se le ocurrió a Pepito Aramburu que trabajaba en Casa Baquedano, en la calle San Antón, el logo fue obra de Zamarbide, a la sazón decorador y buen dibujante.   Se inspiraron para su constitución y redacción de los estatutos en la sociedad Istingorrak de San Sebastian. Alquilaron el local, un local de unos 150 m2 en el nº 35 de la calle Mayor,  a D. Enrique Sanz por el que pagaban 550 pesetas al mes. La sociedad se constituyó el 11 de febrero de 1953, en los locales del Club Deportivo Navarra. Entre los miembros de aquella primera junta directiva estaba Miguel Erice como presidente, Luis Irurre como secretario y Alberto Munarriz como contador. A Erice le seguirían luego Germán Salas y Manuel Senosiain. La inauguración de la sede tuvo lugar el 18 de marzo de 1953 y a las 10 de la noche tuvieron la primera cena de confraternización. Las mujeres no podían acceder más que un día, aquel primer año el 25 de julio. Napardi aparte de sus actividades gastronómicas también desarrollaba otras actividades de esparcimiento para sus socios, hacía obras de caridad, especialmente para el asilo del Niño Jesús de la plaza de Recoletas pero también para la institución Cunas, la Casa de Misericordia, etc. Las fotos en blanco y negro recogen algunos de aquellos primeros años de la sociedad, sus actividades gastronómicas, benéficas y la primera vez que entraron las mujeres en la sociedad. Las fotos en color muestran el interior de la sociedad en los años 80 del pasado siglo.

 

Para el aniversario de 1958 contrataron al juvenil del F.C. Barcelona pero el día del partido salió lluvioso y frio y en lugar de beneficios la jornada dió perdidas. En 1958 era presidente  el conocido comerciante de la plaza (concesionario de coches), Babil Oneca. En diciembre de 1960 se iniciaban las gestiones para la compra de los locales donde estaban arrendados, compra que harían realidad algunos años más tarde con un crédito personal de la Caja Municipal, y que quedó inscrita en el Registro en el año 1967. Napardi organizaba en aquellos años carreras, concursos, excursiones, exhibiciones de lucha libre, festivales folklóricos, partidos de fútbol (hubo uno de gordos contra flacos), campeonatos de mus, hizo una cena homenaje al equipo y directiva de Osasuna por su subida a  1ª división  en 1961.  En 1964, las mujeres podían acceder a la sociedad dos días al año, el 6 de enero y el 19 de marzo, aunque en ningún caso podían permanecer entre las 21 horas y las 9 de la mañana. En 1967 se les admitía los domingos y festivos por la tarde, de 7 de la tarde a  12 de la noche. En 1972, siendo presidente, Javier Garaicoechea Urriza compraron el primer piso a la Peña Anaitasuna por 425.000 pesetas que comunicaron con la planta de abajo por una escalera interior, pasando la cocina al fondo del local. Se aumentó el nº de socios a 150.


En 1973, en sanfermines, Napardi recibía un homenaje por parte del Ayuntamiento y las peñas. En 1976 se produjeron varios actos de confraternización entre el Napardi y la Coral de Cámara. En 1978 se creaba la fundación benéfica Napardi. Contrariamente a lo que había sido habitual, presidencias cortas, entre los años 1985 y 2005, con un pequeño paréntesis, fue presidente Jesus Maria Astrain Fabo. En 1986 se instituyó el galardón Gallico de San Cernin, siendo el primer premiado Alfredo Landa y el segundo José Joaquín Arazuri, que aparece en una de las fotografías. Se volvía a plantear la adquisición de un nuevo local más grande barajándose la adquisición de otro en la calle Ansoleaga aunque la normativa municipal no lo permitía en aquel entonces (se había decretado una normativa de saturación hostelera). Las mujeres podían entrar a la sociedad viernes, sábados, domingos y días de fiesta a comer y cenar así como los vísperas de fiesta a cenar. Entre 1987 y 1989 se acometieron obras de mejora no solo en el local sino en todo el edificio dado su deterioro. Se plantearon cuestiones como el traspaso de los derechos de socio a los hijos. Se colaboró con otras entidades como el Ateneo Navarro y los Amigos del Camino de Santiago aunque se suscitó cierta polémica por el uso de los locales por personas o asociaciones ajenas a la entidad, sin que el tema fuese a más, dada realmente la excepcionalidad de aquellos casos. En 1992 se propuso formar un coro de voces. En 1999 se planteó de nuevo la cuestión del local, ya que no se cumplían las normativas MINP exigidas por el Ayuntamiento. En principio se pensó en un local en la misma calle Mayor, pero en marzo de 2000 se desechó su compra aunque la fortuna hizo que estuviera disponible un local de 400 m2 en dos plantas en el nº 2 de Jarauta con interés histórico y arquitectónico. La sociedad vendía en noviembre sus locales de la calle Mayor a la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo y en 2001 se trasladaban a Jarauta inaugurándolos el 19 de mayo, locales que también vemos en alguna de las fotografías de esta entrada. En 2003 cumplieron medio siglo de vida.

 





Otra de las sociedades con más prestigio en la ciudad, tras el Napardi,  es la Sociedad Gastronómica Gazteluleku. Nació en  1980 de la mano de Enrique Salvador, Enrique Altarriba y Kino Sanchez al que se sumaron otros 37 amigos pamploneses. Inicialmente se instalaron en el 2 piso del nº 12 de la plaza del Castillo y que antiguamente fue el Restaurante Maitena y después un asador argentino, posteriormente se pasaron al primer piso. De ese época podemos ver tres fotografías, dos en blanco y negro y una en color,  junto al párrafo anterior. Tras finalizar el contrato de arrendamiento y ante la imposibilidad de renovarlo  tuvieron que cambiar de sede y se trasladaron   en el año 2010 al nº 1 de la calle San Francisco a un local de unos 300 m2. Es famoso su sorbete de limón con cava sanferminero y su participación en la semana del Pincho además de otras actividades gastronómicas y sociales: el concurso del toro más jugoso, la cena de nochebuena para el teléfono de la esperanza, charlas, cursos, visitas o exposiciones, etc. Otra sociedad con solera es la sociedad El Chanclazo, hoy Chanclazo 03. Nació el 16 de abril de 1971 en el frontón Labrit donde se reunieron tres cuadrillas y crearon la sociedad Chanclazo 03. La primera Junta Directiva la presidió don Ignacio Arregui  y fueron Vocales con él, los señores José Luis Oyarzun, Ramón Aguinaga, Luis Alfonso Garciarena, Valentín Gómez, Joaquín Lizarraga, Jesús Echalecu y Miguel Flamarique. La sociedad tuvo su primer domicilio en el nº 52 de la calle Jarauta hasta el año 2003 en que se trasladan al nº 38 de la calle Estafeta, inaugurando los nuevos locales el 28 de noviembre que vemos en la foto de la izquierda.

 

La sociedad Gure Leku ubicada en la calle Jarauta, 12 nació un 29 de noviembre de 1975. Sus socios fundadores provenían del Anaitasuna y el Club Deportivo Navarra. En el momento de la compra el local era un almacén de plátanos. El acceso de las mujeres está permitido pero no en el ámbito de la cocina. Celebran la escalera de San Fermín. Destaca su bóveda de piedra con arcos de medio punto. También en Jarauta está la sociedad Zahategi, fundada en 1981 sobre el antiguo Bar Oyaga, en el nº 92 de la calle. Tiene un patio típico de las calles del casco viejo. En sus paredes cuelgan carteles sobre tauromaquia y motivos pelotazales, reflejando las aficiones de sus miembros. Reformaron el local en el año 2009. Otras sociedades ubicadas en la Jarauta son Jarauta, 79 en el sitio del mismo nombre, fundada en septiembre de 2010 y la sociedad de los Irunshemes, en el nº 74 de Jarauta, fundada en 1917, -su reglamento data de 1931-, y admiten mujeres hasta en la cocina. Esta peña  surgió de una cuadrilla de amigos que  se reunía en el bar Antonio, en la calle San Lorenzo, y antes, como dije al hablar de las sociedades, en la calle San Antón. Junto al párrafo anterior vemos una simpática salida festiva de este alegre grupo con el barril a cuestas y todo.  Poco a poco se les fue uniendo más gente y llegaron a ser 300 socios a finales de los 70. En Descalzos, 63 podemos encontrar la sociedad Biltoki, nacida en agosto de 1979, en lo que fue un redil de ovejas. En su origen primaba la afición por el fútbol, especialmente el seguimiento de los encuentros del Club Deportivo Pamplona.  Otras sociedades que tenemos en lo viejo son El pocico de San Cernin en la calle Nueva, fundada en 1987, todos viejos socios del Club Natación con una planta baja y una bóveda de piedra y ladrillo, donde está el comedor, siete metros bajo el nivel de la calle que vemos junto a este párrafo, en la de la izquierda a Ricardo Aicoa, comerciante de la plaza, Aranai cocinando y con el detalle de la bóveda en la foto de la derecha; El Troncho en la calle Campana; el Txoko Pelotazale fundada en 1978 por un grupo de amigos de la peña el Javi, casi todos pelotaris, de todas las modalidades, en la calle Merced, entre el frontón Labrit y el entonces Euskal Jai, que vemos en el siguiente párrafo; Sutondoa fundada en 2003 por un grupo de amigos que compró el restaurante Orio, en la esquina de Bajada de Javier y Dormitalería que vemos  junto al último párrafo de la entrada, Iruñarri fundada en 1996 en el nº 37 de la calle Tejería, en lo que fue anteriormente una tienda de comestibles.
En el Ensanche tenemos la sociedad Don Saturnino, elegante, muy elegante y acogedora, fundada en 1982, con el impulso de los hermanos Andia en el nº 15 de la calle Navarro Villoslada, muy cerca de la plaza de la Cruz. Destaca su fachada de mármol y su llamador dorado en la puerta. Disponen de barra con camarero y cocinero propio, con menú a elegir pero cualquier socio puede cocinar sus platos. Cuenta con un comedor como el de cualquier restaurante de lujo, que vemos en la fotografía de la izquierda, salón de billar en la planta sótano y mesas para jugar a cartas y saloncito cultural. Parte de la decoración es obra del ex-socio Faustino Aizkorbe. En esta zona, el Ensanche también está la sociedad Aralar Berri, fundada en junio de 1985. Al principio se reunían en el bar Aralar para luego alquilar su propio local en el nº 47 de la calle Aralar, en el local de una antigua pescadería. Llegaron a tener un equipo de fútbol. El Angel de Aralar visita una vez al año la Sociedad.
Otros barrios también tenían sus sociedades gastronómicas: la sociedad Erletoki en Iturrama (1995), en la calle Padre Barace, cuyo  primer presidente fue el joyero Javier Pelegrin; El Mojón en Azpilagaña (2001) en la calle Luis Morondo formado por una quincena de matrimonios; Gau Txori en San Juan (1977) en Mº de Irache; en la Chantrea  tenemos la sociedad Sarasate (1977), en la avenida de Villava en lo que fue sede de la peña Armonía Chantreana y luego el bar La Góndola, llegaron  a tener un equipo de futbito; la Sarteneko (1979) en la calle Santesteban,   y Kaskallueta  (1997), esta última de neto carácter euskaltzale. En Orvina estaba  Mendik Aldean (1983)   una sociedad muy familiar, en Mendillorri, la Sociedad Palacio de Mendillorri (2001) y en La Rochapea Lagun Onak (1978). La Milagrosa es uno de los barrios que junto al Casco Antiguo más sociedades gastronómicas  tiene. Así hace unos años podíamos encontrar, y por orden de aparición, en este barrio las sociedades Larregla (1976) Lagun Zaharrak (1977) impulsada por Pedro Arizaleta, Zabaldi (2001)  Reserva 1940 (1992), La Cabra (1994) y el Txoko del Carnicero (2000)  (en las calles Joaquín Larregla, Rio Urrobi, Manuel de Falla,  Rio Salado, Guelbenzu y Julián Gayarre respectivamente). Del Txoko del Carnicero vemos una instantánea junto  a este párrafo. Zabaldi ofrecía un montón de actividades y contaba con unas instalaciones deportivas muy completas; los de Reserva 1940 eran quintos del 40 y tenían su origen en una cuadrilla de Escolapios; En La cabra impulsada por José Zubillaga pasaron antes por dos bajeras de Berriozar antes de hacerse con el antiguo restaurante Merindad de Sanguesa.   El Txoko del carnicero está amparado por el gremio de carniceros.

Fotos: Archivos de las Peñas Bullicio, Muthiko Alaiak, La Jarana, Ingeth Morah, Oberena,  Anaitasuna, Los de Bronce, Armonia Chantreana, Rochapea, El Charco, Sociedad Gastronómica Napardi, Gazteluleku, Chanclazo, Irunshemes, El pocico de San Cernin, Txoko Pelotazale, Don Saturnino, Sutondoa y El Txoko del carnicero. Las fechas están referenciadas en el texto de la entrada.

Sociedades de recreo y deportivas del Viejo Pamplona (1856-2015)

A principios del siglo XX, las sociedades de recreo más destacadas en la pequeña y provinciana Pamplona eran los Casinos:  el Nuevo Casino de Pamplona o Casino Principal y el Nuevo Casino Eslava.  Me detendré un poco en la historia de estas entidades. El Nuevo Casino de Pamplona nació en 1856 por iniciativa de un grupo de personas que pertenecían a otra sociedad anterior llamada “Los doce Pares”. Conoció varios emplazamientos, antes de su ubicación actual: empezaron en un piso alquilado a D. Leonardo López junto al Teatro Principal para pasar a partir de 1876 a la llamada Casa del Toril, la casa del Café Suizo, y después de varios intentos de conseguir una sede se le alquiló en 1886 al banco Crédito Navarro  un edificio que la citada entidad construía en el nº 44 de la Plaza del Castillo, el edificio que vemos en la fotopostal adjunta de primeros de siglo y que conocemos también por estar ubicado en sus bajos, desde 1888, el emblemático Café Iruña. Al comenzar el siglo XX aparecía como Presidente del Nuevo Casino Manuel Jimeno, Pedro Uranga como vicepresidente,  Francisco Usechi como  secretario y Francisco Seminario como vicesecretario; Más tarde entrarían en la junta del Nuevo Casino Principal  Javier Sagaseta de Ilurdoz o Rafael Aizpun. En 1922 tenía casi medio millar de socios. 

El Casino Eslava se fundó, por su parte,  en el año 1884, estableciéndose inicialmente  en el primer piso del nº 18 del paseo de Sarasate, en cuyo planta baja se hallaba el Café Europa. En 1895, tras atravesar graves dificultades económicas, se disolvió  resurgiendo como Nuevo Casino Eslava en el año 1898. Hasta la construcción de su sede social definitiva en el ángulo sureste de la plaza del Castillo, bajo proyecto Víctor Eusa, (en 1932), el Nuevo Casino Eslava estuvo en otro lugar de la plaza del Castillo con entrada también  por la calle General Moriones, actual Pozoblanco. Junto al anterior párrafo vemos una foto de los años 30 del Casino Eslava.  Fue presidente del Casino Eslava en aquellos primeros años Miguel Cía en la Presidencia  y más tarde Serapio Zozaya  y Martín Aldaz en la vicepresidencia.  También en la plaza del Castillo estaba el Circulo Mercantil, con gente como Pedro Echarri, Pio Gorriz, Cleto Iriarte, Odon Rouzaut en su junta directiva, esto es con algunos conocidos comerciantes de la ciudad, con tiendas en las calles Mayor, Mercaderes y Chapitela.

En aquellos años se celebraban espectáculos públicos en el Teatro Gayarre, la plaza de Toros, el Circo Labarta, situado al final de la Estafeta, hasta su incendio en 1915 (del que vemos un anuncio de una actividad circense del Labarta), el Circo del Ensanche, o los juegos de pelota en la calle San Agustín (propiedad de Vicente Galbete), en la avenida de San Ignacio (en la empresa del Juego Nuevo) o el frontón de Juan Erroz en la Rochapea. Algunos años más tarde a los tradicionales casinos se unirían otras sociedades de recreo como la Peña Dena Ona y la Peña Navarra, ambas en la plaza del Castillo o el Centro Aragonés, con sede en el nº 37 de la calle Mayor, que organizaba fiestas en su salón teatro,  contratando compañías y artistas, realizando conciertos musicales así como bailes y tómbolas en las fechas sanfermineras. Tenía más de 400 socios al comenzar 1920. Más adelante surgirían la Peña Los Irunshemes con domicilio en el nº 24 de Mártires de Cirauqui, (la actual San Antón) y la Sociedad La Sirena, con sede primero en el nº 69 de la calle Jarauta, y luego en el nº 4 de San Agustín, que celebraban animados bailes y amenas veladas y conciertos  los días festivos, en el bar España, cercano a la Estación del Norte y que había sido fundada por un numeroso grupo de jóvenes artesanos pamploneses. 

En 1925 podíamos encontrar además el Club Super Tango en el barrio de la Rochapea con igual propósito que  la anterior, La Marea en el barrio de San Juan, dedicada a la danza juvenil, (estaba cerca del campo de deportes de Osasuna) que en 1925 se traslada a Mártires de Cirauqui, La Cuatrena en el mismo barrio extramural, camino de la Fuente del Hierro, el Club Náutico, en el nº 24 de la calle Descalzos, recreativa y gastronómica a la vez. Había peñas que eran sociedades recreativas como La Artística, Submarino, La Olada (del barrio de san Juan), La Cuatrena, La Ochena, La Sequía, La Cometa, Los del Bronce, Los de siempre, la Peña San Fermín y otras, aunque la historia de las peñas y otras sociedades (gastronómicas p.ej),  de las que hubo y de las que hay, las dejamos para otra ocasión. En esta entrada me centraré en las principales sociedades deportivo recreativas de la ciudad, que repasaré por riguroso orden cronológico.

El 3 de enero de 1915 se fundaba en Pamplona la Asociación de Cazadores y Pescadores de Navarra,  que tenía su sede en el nº 38 de la plaza del Castillo. Contaba con un magnífico campo de tiro en las proximidades de las cocheras del Irati y organizaba anualmente concursos cinegéticos nacionales. Desde los años 50, al menos, tengo constancia de que  su sede estaba en el 1º piso del nº 33 de la calle Estafeta. Eran presidente y vicepresidente de la entidad, en sus inicios, D Pedro Mayo y D. Javier Sagaseta de Ilurdoz. En 1926 tenía 1.300 socios. Una de las primeras sociedades recreativo-deportivas de nuestra ciudad fue el Pamplona Lawn Tennis Club, actual club de Tenis, fundado en 1918 y cuyo primer presidente fue Jesús Jaurrieta Muzquiz.  Tenía su sede y cuatro pistas  en el campo de tiro de pichón y contaba estos años con cerca de 200 socios. La plaza de toros fue el escenario de los primeros encuentros de tenis. Tras un pequeño período en Carlos III, en 1934 se inauguraron sus instalaciones del Soto de Lezkairu, cuyos terrenos adquirió de forma definitiva en 1939. Cuenta actualmente con unos 17.000 socios. 

Otras sociedades deportivas, mayoritariamente futbolísticas,  a lo largo de los años 20, fueron  la Deportiva F.C con sede en el nº 51 de la calle Mayor, el Denak Bat Football Club con domicilio en el Café Kutz, el Club Atlético Lagun Artea de la Magdalena, El Club Atlético La Navarra y las sociedades futbolísticas Club Deportivo Vasconia, con reservado en la pastelería del Café Suizo, La Lucha, El Indarra de San Pedro (y sede en la calle Mayor 12-14), La Navarra FBC, el Club Deportivo Amaya ( no confundir con la Sociedad Deportiva que veremos más adelante) con sede en el nº 76 de la calle Mayor que tenía por objetivo cultivar el deporte sobre todo el fútbol y las excursiones, la Unión Velo Sport Navarro, dedicada al fomento del ciclismo, constituida en marzo de 1922 con sede en La Rochapea, el Club Atlético Aurora, cuyo campo estaba en el Nuevo Ensanche y con sede en el nº 24 de Mártires de Cirauqui, El Club Deportivo Español, el Pamplona F.C que participó en una Copa del Rey allá por 1910, y otras  como El Club Deportivo Iruña (con grupos de espatadantzaris y chistularis y sede en la Bajada de Javier),  La Unión Recreativa, La Estrella, el Deportivo Pamplonés, El Iberia y El Arga de la Magdalena, El Rapid de la Estación, El Europa, El Avión, Ostikoka, La Veloz, El Racing Club, El Avance, La Pirenaica, Miravalles, Recreación, La Flecha, El Deportivo Navarro, El Sporting Club Navarro (con sede en Sarasate, 11), el Infantil Lagun Artea, La Chispa, el Club Deportivo Euzkotarra (en Zapatería, 50), La Polar, Luchana, La Unión Sportiva, Unión Navarra F.C (Ciudadela, 13), entre otros.

Pero evidentemente la más importante sociedad futbolística de la Pamplona de aquellos años (y también de estos) fue el Club Atlético Osasuna.  Osasuna  se fundó el 17 de noviembre de 1920, como consecuencia de la fusión de la Sociedad Sportiva y el New Club. La reunión definitiva se celebró en el Café Kutz. Allí se constituyó el nuevo club que recibió el nombre de Osasuna. En la primera junta estuvieron Joaquín Rasero, primer presidente, primer portero y primer entrenador del Club; Agustín Vizcarra, Felipe Esparza, Eduardo Aizpún, Francisco Altadill y Gerardo Arteaga. Osasuna jugó su primera temporada en el Campo del Ensanche y en el del Hipódromo. Tuvo  su sede social primero en el nº 2 de la calle Pascual Madoz y más tarde en el nº 89 de la calle Mayor, Heroes de Estella (Chapitela), 12 y plaza del Castillo, 3.  Con más de 800 socios en 1922 construyó  su campo de fútbol con 25.000 pesetas de capital en acciones de 100, 25 y 12,50 pesetas. El 21 de mayo de 1922 se inauguraba el campo de San Juan, que vemos a la izquierda,  con un partido ante el Arenas de Getxo, tal y como vemos en el anuncio adjunto. Jugaba entonces Osasuna en la Primera Categoría Regional. Resulta curioso recordar en que en la temporada 1924-25  se contrató como entrenador al alemán Walter Gerbart y que el 19 de abril de 1924 jugó contra el Boca Juniors perdiendo 1-0. En 1928-29 se creó la liga con las tres categorías que conocemos, debutando Osasuna en Tercera División. Osasuna tiene actualmente cerca de 14.000 socios.




El 27 de agosto de 1931 se fundaba la sociedad deportiva Club Natación Pamplona que  cuenta en la actualidad con unos 8.000 socios. Fue su primer presidente Francisco Javier Frutos y se instaló a la altura del Molino de Caparroso,  en terrenos que pertenecían a la Sociedad Irati, y que adquirió de forma definitiva en 1950, a razón de 50 pesetas el m2. El Club evolucionó lentamente, al principio solo había una caseta, un columpio y un trampolín para saltar al agua. En 1932 se aprobaba crear una pista para el juego de las botxas. En 1934 se redactaron las normas de uso y disfrute de las instalaciones. En 1935 se aprobaba el ingreso, como socia, de la primera mujer en el club. En 1937 se declaraba reglamentario,  en el club,  el uso del bañador completo con tirantes,  a ser posible de color azul o negro. Hasta 1939 solo se celebraban pruebas de natación en el río. Tras la guerra se ampliaron sus instalaciones. En 1950 se aprobó la construcción de un embarcadero de cemento y una pista de tenis y se acordó ampliar el número de socios hasta 500 para sufragar la compra de los terrenos. Son celebres sus bailes sociales durante las fiestas de San Fermín que empezaron a organizar en 1951, precisamente como consecuencia de la mala situación económica que tenía el club por aquel entonces. En 1953 se construyó el frontón cubierto y el salón social por poco más de 800.000 pesetas. En 1959 se compraron los primeros terrenos a la familia Goñi al otro lado del río, (y en 1980 tras sucesivas ampliaciones se le comprarían 13.000 m2 más) construyéndose en 1962 el primer puente que comunica las dos orillas del río. En 2006 se renovaban parte de las viejas instalaciones y en 2011 se derribaba la escalera que unía el edificio principal con el parque de la Media Luna. Acompañan  a este párrafo fotos de “Club” (así le llamábamos habitualmente, los que lo frecuentamos en algún momento de nuestra vida) los años 30, 60 y 70. 

La historia del Larraina, sociedad deportivo recreativa,  comienza en 1931 con las primeras conversaciones de un grupo de pamploneses (Iturbe, Lizasoain, Sancena, Ilundain, Berraondo, Lampreave, Andia y San Julian) capitaneados por Nicanor Mendiluce verdadero  alma mater del proyecto que se reunen en el Café Iruña para crear un club deportivo y de ocio. Mendiluce, que fue además su primer presidente, quería crear un club exclusivo de hombres, a semejanza de algunos clubes ingleses de finales del XIX y principios el XX.  Entre los objetivos de sus primeros impulsores estaba el construir un campo de deportes y una piscina. Tan importante fue ésta y la natación en el club que muchos asocian al  Larraina con la piscina y muchos pamploneses se referían al club hablando de “la piscina” Larraina. 

Inicialmente barajaron unos terrenos cercanos al Seminario pero el coste del suelo y la cercanía del vertedero o chirrión municipal les hizo decantarse por un terreno situado en el sitio de Larraina o Trinitarios, cerca de una ermita  que rendía culto a San Roque. Tras la compra de la parcela siguieron reuniéndose, esta vez en el Katiuska, en los bajos del antiguo Olimpia para debatir diferentes aspectos de la obra. El proyecto arquitectónico fue de Joaquín Zarranz y contemplaba la constricción de una piscina, dos frontones, una pista de tenis y un pequeño edificio social en forma de barco, que ha sido su seña de identidad durante muchos años, ampliada posteriormente con gimnasio, vestuarios, pista para bicicletas y otras dotaciones. Construyó el club Rufino Martinicorena, con un presupuesto de 337.000 pesetas, quien había puesto como condición para ejecutar el proyecto que hubiese 300 socios que aportasen 10 pesetas cada uno al mes. El campo de deportes Larraina se constituyó en sociedad deportivo recreativa en 1932 y el 14 de junio de 1933 el proyecto de campo,  se hacía realidad, siendo la pelota, la natación y los saltos de trampolín lo deportes más practicados en el Club. En 1966  se obtuvo la cesión de un terreno colindante para ampliar las instalaciones y en los años 70 se modernizaron las instalaciones. Cuenta con poco más de un millar de socios y hasta el año pasado no se admitían mujeres como socias.

    En 1940 nacía dentro de Acción Católica, con el apoyo del obispo Marcelino Olaechea la Sociedad Deportiva Oberena.  ¿Cómo empezó aquella sociedad?. En el inicio de Oberena tuvo bastante que ver, al parecer, el sacerdote Santo Beguiristiain quien tuvo la feliz idea de unir a los jóvenes de Acción Católica, de las diferentes parroquias pamplonesas, para promover entre la juventud el cultivo del deporte y el folclore. Así, el 12 de diciembre de 1940 se reunían en la sede de Acción Católica de la calle Zapatería, 40 representantes parroquiales de las iglesias de San Saturnino, San Nicolás, San Agustín, San Lorenzo y San Francisco Javier quienes acordaron crear un equipo de fútbol cuyo nombre sería Club Deportivo Oberena. También se acordó crear una peña para salir en las fiestas de San Fermín de ese año. En 1946 se compraron más de 3.650 m2 en la zona del Plan Sur para construir las dos  piscinas que entrarían en funcionamiento entre 1954 y 1955 (y cuya foto de inauguración vemos en la fotografía adjunta). La sede social de la Peña Oberena estuvo, sin embargo,  entre 1954 y 1987 en el Frontón Labrit. En el año 1966 el plan sur detenía la expansión del club. No obstante,  se construyó una pista polideportiva y se dotó a las instalaciones de un bar. En 1984 se decidió ampliar las instalaciones, consiguiendo la cesión de 2.500 m2 por parte del Ayuntamiento pero en 1991 sus instalaciones se vieron afectadas por la construcción  de la calle Blas de la Serna en más de 3.000 m2. La compensación municipal fue para el Arzobispado, propietario de los terrenos, quien a su vez se los vendió al club en 1996. La sociedad cuenta, actualmente, con unos 6.000 socios.
    En agosto de 1946 nacía el Club Deportivo Anaitasuna, de la fusión de dos equipos de fútbol, el Hércules y el Club Academia Mosquera, siendo su primer presidente Antonio Mosquera, que ocupó el cargo desde 1949 a 1956, al que siguió Santiago Hermida, Antonio Aramendia, Jose María Flores, etc. Las primeras reuniones se celebraron en la calle Paulino Caballero aunque enseguida se pasaron al actual bar Anaitasuna de la calle San Gregorio. En 1949 se creaba la peña sanferminera que salía por primera vez a las fiestas. En 1952 el club deportivo y la peña crearon la actual Sociedad Deportivo Recreativa. En 1965 un grupo de socios adquirió el terreno para construir las instalaciones deportivas, poniéndose la primera piedra el 29 de noviembre de 1968, momento que recoge la fotografía de la izquierda, inaugurándose la piscina en 1970 y el actual pabellón el 20 de junio de 1970, momento que recoge también la fotografía, en este caso de la derecha. Las sociedades deportivas de Pamplona se fueron convirtiendo, con el paso del tiempo y sobre todo desde los años 70, en clubes de servicios y fueron ampliando sus instalaciones. Así lo hizo también  la Sociedad Anaitasuna que modernizó sus instalaciones a lo largo de las siguientes décadas. A primeros del siglo XXI compró el bar Montón de la calle San Francisco para alojar la Peña. Cuenta  actualmente con algo más de 8.000 socios.

    El 7 de agosto de 1952 ciento cincuenta vecinos del barrio de la Chantrea fundaban la Unión Deportivo Cultural Chantrea. Se instaló en terrenos cedidos por el Patronato Francisco Franco y contaba, inicialmente, con un frontón, un campo de fútbol y una piscina. La sociedad nacía dos años después del nacimiento del barrio, con un objetivo de promoción de la educación física, dentro de la política e ideario falangista propia del régimen franquista,  tal y como se decía en su momento en algún periódico de la época: “Estas instalaciones, además de servir de solaz para los beneficiarios de estas viviendas, serán el mejor medio para que sus hijos adquieran una perfecta educación física y se fortalezcan con una vida sana y deportiva”. En el año 2009 la sociedad pasó a denominarse UDC Txantrea KKE. Cuenta actualmente con cerca de 5.000 socios. La foto de la izquierda muestra la entrada al club en su 50ª aniversario, en el año 2002. Por otra parte, el 1 de agosto de 1962 se fundaba la Agrupación Deportiva San Juan, sin embargo su origen se remonta un año antes, con la creación de un centro social de vecinos. Fue impulsada por un grupo de vecinos de las llamadas Casas de Eguaras y se instaló al principio en el antiguo centro social San Vicente de Paul para adquirir luego los terrenos donde se ubicaría definitivamente en el extremo noroeste del barrio. La primera piedra se puso el 12 de octubre de 1965. El primer acto de la Agrupación fue un partido de fútbol entre el Eguaras y veteranos de Osasuna. La Agrupación pasó por momentos difíciles durante la década de los 70,  con obras como la de la Variante, y siguió un proceso similar al resto de clubes:  ampliación, modernización y expansión de los servicios. Cuenta con más de 10.000 socios.

    La Ciudad Deportiva Amaya nació en 1965, impulsada, un año antes, por Fernando Millor, socio de la peña Beti Gazte y por Joaquín Reta de la Peña Irrintzi, que fue su primer presidente. En el proyecto inicial contemplaban dos piscinas, una de ellas olímpica, un campo de fútbol, cña asa social, una pista de tenis, una de baile, una pista polideportiva y un parque infantil para unos 1.500-2.000 socios. Para los terrenos se pensó en un finca de 41.000 m2 propiedad del Colegio La Salle en el término de Beloso Bajo que compraron el 3 de junio de 1965. Las primeras gestiones las llevaron a cabo representantes de Beti Gazte e Irrintzi pero pretendían que se integrasen las 15 sociedades recreativas de Pamplona: a saber, Irrintzi, Iruña, Bullicio Pamplonés, Aldapa, Beti Onak, Muthiko Alaiak, La Jarana, Lagun Billera, Alegría de Iruña, Pamplona Club Deportivo, La Única, Los de Bronce, San Antonio, la Asociación de Cazadores y Pescadores y Anaitasuna. Se pretendía que cada sociedad estuviese al frente de una especialidad deportiva. El 11 de septiembre se colocaba la primera piedra de la Ciudad. En Noviembre se le daba el nombre de Amaya aunque previamente  se barajaron otros nombres: Ibaiondo, Denak bat, Iruñabe, Beti Gora, Ibai Eder, Ibar Jai, Josta toki, Toki Eder, Gure leku, Aixkolegi y Carlos III. En 1966 se inauguraba la piscina olímpica y en 1968, fecha en que esta datada la foto postal de la derecha, el estadio de fútbol que sería campo del Iruña y del Pamplona. Las instalaciones sufrirían a lo largo de su historia diferentes inundaciones que provocaron en algunas ocasiones importantes daños. En 1969 se inauguraba el salón social, que vemos en la foto de la izquierda de los años 70. En este salón tendría un gran protagonismo una orquesta, formada tras la inauguración de la Ciudad Deportiva y que sería su orquesta titular, tal y  como del Natación lo fue la Nueva Etapa. Me estoy refiriendo a Los Clan. Durante los años 70 el salón social fue una enorme pista de baile que acogía verbenas todos los fines de semana y festivos del año. Especial relevancia tuvieron las verbenas sanfermineras con estrellas nacionales e internacionales: Albano, Micky, los Bravos, etc. En los años siguientes el Amaya inauguraría nuevas dotaciones y experimentaría sucesivas ampliaciones, hasta prácticamente el día de hoy. Cuenta  actualmente con cerca de 9.000 socios.

    En 1967 se inauguraba el centro deportivo militar General Mola. Un decreto del 21 de mayo de 1964 ponía punto y final a la plaza fuerte militar que era el centro de Pamplona, y de la que hablaré con amplitud en una próxima entrada. Los terrenos militares pasaban a ser propiedad del Ayuntamiento. En la entrada dedicada al primer ensanche ya hablaba del Estadio General Mola, donde están ahora  las casas de los militares, el centro deportivo militar estaba ubicado hasta 1964 en los fosos de la Ciudadela, de hecho  hace cinco años se derribó el frontón de los fosos, vestigio  de aquellas instalaciones. Pues bien, desaparecidos los militares del centro urbano, se construía, en esos años, este club exclusivo para militares y sus familias que es conocido popularmente como las piscinas de los militares, de las cuales vemos dos fotografías. En mayo de 2010 cambiaba su nombre por la actual denominación de Sociedad Deportiva Ciudadela o más propiamente dicho Centro Deportivo Socio Cultural Militar La Ciudadela. No se conoce el número de socios.

    Aunque ya me he referido brevemente a ella al hablar de mi barrio, en algunas entradas del blog, vuelvo a hacerlo en esta. Voy a hablar de la Unión Deportivo Cultural Rochapea. La sociedad se fundó gracias a la iniciativa de la Caja Municipal de Pamplona que junto a los equipos de fútbol Gaztedi y Gure Txokoa hicieron posible el proyecto. En un principio se construyeron dos piscinas, el edificio social y un campo de fútbol, inaugurándola D. Jesús Moreno, su primer presidente,  en 1971. Junto a este párrafo adjunto dos fotos de las primitivas instalaciones, la primera piscina inaugurada junto al edificio social que yo recuerdo haber visto como se construía y la entrada al antiguo edificio social. En 1995 creció incorporando una piscina cubierta y unas pistas de tenis. En el año 2008 se hizo una ampliación de terrenos incorporando un polideportivo cubierto, un spa, unas pistas de squash y de padel, un gimnasio, asadores y un nuevo bar social. Una de las iniciativas más famosas y longevas de la Sociedad es el concurso de paellas que ha superado su 45 edición, pues comenzó igualmente al filo de la década de los 70. La Unión Deportivo Cultural Rochapea es una sociedad pequeña, de barrio y tiene actualmente algo más de 3.000 socios. 

    La Sociedad Deportiva Cultural Echavacoiz surgió, por su parte,  como iniciativa de un grupo de jóvenes del barrio, impulsada por Elina Sacristán y Pablo Cristobal, en el Club Udaberri, en 1973. Desaparecido éste, en 1975 se iniciaron las gestiones para crear la nueva sociedad que en 1976 inauguraba sus instalaciones, que también vemos en fotografía adjunta. Tiene casi 4.000 socios. A pesar de ser verdaderas ciudades deportivas con magnificas instalaciones no he incluido en esta entrada las instalaciones deportivas municipales o dependientes del Gobierno de Navarra como son el Complejo Deportivo Aranzadi, la Ciudad Deportiva San Jorge, el Centro Recreativo Guelbenzu, Larrabide, Aquavox, Aquabide, etc.

    Fotos: Archivos Club Natación, Oberena, Anaitasuna, UDC Txantrea

    Maestros, escuelas, cantinas y colonias en el Viejo Pamplona (1904-1977)

    Prosigo la radiografía de la ciudad de Pamplona del pasado siglo y en esta ocasión y aprovechando la reciente publicación de la biografía de María Ana Sanz me detengo en la enseñanza para dar unas pinceladas de aquellas escuelas del Viejo Pamplona.  Empezaré, partiendo, como hiciera con el capítulo de la sanidad, de mis recuerdos personales para posteriormente realizar un breve repaso histórico de algunas escuelas y otras instituciones asistenciales-educativas entre los años 1904 y 1977. Comencé a ir a  las escuelas del Ave María a los cuatro años,  en septiembre de 1968. Recuerdo que el primer día de colegio solía ser bastante traumático para muchos pequeños, pues era el primer día que se abandonaba el cálido y confortable refugio del hogar pero yo no tengo un recuerdo especialmente duro de aquel día, no recuerdo lloros, eso sí,  siempre me recordaron mis padres, a lo largo de los años, mientras vivieron, una graciosa anécdota: en la primera hora de aquel primer día y en un descuido de la señorita, así las llamábamos entonces a las maestras, aprovechando una inesperada visita en el aula, me levanté del pupitre y me escapé de clase sin que nadie se percatase, presentándome  en casa, que estaba apenas a cincuenta metros de la escuela. Tan pronto como abrió la puerta mi madre   y después de una tremenda regañina me cogió de la mano y me volvió a llevar a la clase de la señorita Ramonita que a la sazón era aquel año la encargada de la clase de párvulos. En aquella clase que lindaba con la de D. Emilio Loitegui nos enseñaron las primeras letras, a leer y escribir. En 1º curso de Primaria, con Conchita Zaldo, comenzamos con los dictados, -la maestra, a veces, escribía el dictado en aquellas largas pizarras negras que cubrían todo el ancho de la clase-, las primeras lecturas, empezaban también a familiarizarnos con las primeras nociones de geografía y  las nociones más básicas de las matemáticas, las tablas de sumar y restar, más adelante vendrían las de multiplicar y dividir.

    De aquellos primeros años recuerdo a D. Emilio Loitegui, en 2º de Primaria, amante de los métodos de la vieja escuela. Por aquel entonces abundaban los castigos físicos  como las tortas en la cara, el palmetazo con la regla de madera en la punta de los dedos, o colocar de rodillas o contra la pared durante largo rato al infractor y es que se decía entonces que “la letra con sangre entra”. Quien, en aquellos años no fue obligado en alguna ocasión a escribir durante el recreo decenas de veces, “no volveré a hablar en clase”, por ejemplo. De aquellos primeros años, recuerdo que al menos en 3º de primaria, en la escuela de las chicas, con la entonces ya anciana, Isabel Ancil, la clase era mixta, si bien las chicas ocupaban una tercera parte del espacio y estaban todas juntas y separadas de los chicos. Esta separación se mantendría que yo recuerde hasta BUP. Muchos son los recuerdos que guardo de aquella primera época de mi infancia en las escuelas del Ave María, por las cuales pasaron, como yo,  muchas generaciones de pamploneses. Me acuerdo de aquel edificio alargado de planta baja que estaba pegado  a las dependencias de la iglesia, con el salón de actos, al fondo,  y cuya apariencia era en septiembre de 1968 muy similar a la que tenía 18 años atrás, como se ve  en la foto de 1950, de J. Cia y un poco menos parecido que el de  52 años atrás,  de 1916, pues entonces tenía algunas aulas menos, justamente la mitad; Me acuerdo de sus largas y brillantes rampas de entrada, como la que se ve en la primera foto por la que nos deslizábamos, desgastando alguno de aquellos pantalones cortos que vestíamos entonces; del sonido del timbre de entrada y salida a clase o al recreo; de los grandes ventanales de unas enormes clases en los que estábamos unos 40 chavales  y que eran calentadas por una estufa de carbón y leña situada en una esquina de la estancia. El último año que permanecí en estas escuelas, antes de pasar a la Carbonilla fue  4º de primaria en  1972-73 con Don Germán Tabar, de profesor, que sería director de la escuela tras D. Daniel Pascual.

    Tras estas notas personales daré algunas pinceladas históricas de estas célebres escuelas. Inauguradas en abril de 1916, fueron dirigidas hasta su fallecimiento por el párroco de San Lorenzo D. Marcelo Celayeta, según el método empleado por Andres Manjón en el Albaicin de Granada para las clases más desfavorecidas (1898). Celayeta tuvo conocimiento de  estas escuelas del Ave Maria y del método de Manjón a través de un amigo de Aoiz, Vicente Diaz. Celayeta  visitó a Manjón y entusiasmado envió luego a Granada a los maestros Gervasio Villanueva y María Marillarena. La Rochapea carecía de escuela entonces, solo había una privada a cargo de una maestra en Errotazar, que precisamente era Maria, y el barrio estaba habitado por hortelanos, ferroviarios y otros oficios surgidos a orillas del Arga. Construida por el arquitecto Angel Goicoechea, la primera piedra de las escuelas se colocó el 21 de marzo de 1915 y se inauguraron el 2 de abril de 1916, junto a la iglesia. Estuvo financiada por aportaciones de particulares. Aparte de su función social, lo más destacable de estas escuelas era el método educativo que empleaba: un método centrado en el alumno en el que se aprendía a través del juego y el canto, una escuela al aire libre, en el que solo el mal tiempo hacía que las clases se dieran en las aulas; (en mis tiempos, en 3º de primaria, con Isabel Ancil (1971-72),  aun se daba  alguna que otra clase al aire libre). Era aquella una escuela activa en la que se escenificaban no solo los contenidos sino también las ideas abstractas. Hasta poco antes de su desaparición (del derribo del edificio de la vieja escuela), se podían observar en el suelo del patio, mapas hechos con ladrillos de colores, círculos, triángulos y pirámides para las clases de geometría y en las paredes exteriores, una larga pizarra negra, mapas y arboles genealógicos para el aprendizaje de la historia y carteles y silabarios para la lectura. En las fotos que encabezan la entrada y estos primeros párrafos, todas ellas de Roldán pueden contemplarse algunas imagenes de la escuela de aquellos primeros años, con las pizarras,  mapas, silabarios y arboles genealógicos mencionados. En las fotos posteriores de J. Cia se ven los edificios de las escuelas de los chicos y de las chicas en los años 50.

    La música ocupaba también un papel importante en la actividad educativa del Ave María, contando desde sus inicios con un profesor de música, D. Gregorio Alegría. Pronto se  crearía la Banda de las Escuelas del Ave María. Se dice que Celayeta compró los instrumentos a una banda militar de Milán que se había disuelto en 1920. Pero no solo la música era importante en la actividad educativa. Junto a la música cabría recordar las funciones de teatro y las proyecciones de cine que se alternaban los domingos en la programación del salón de actos. Daban clase esos años en estas escuelas Fortunato Pérez, Luis Arbizu, Asunción Cano, Gabriel Larequi, Dolores Zuasti, Rosario Echague, María Yoldi, Soledad Garaicoechea y el conocido Gurmensindo Bravo (quien no se acuerda de aquellas veladas matinales suyas antes del encierro en los Sanfermines). Fallecido Celayeta, a partir de 1932 le sustituyó en la dirección Marcelo Larrainzar, sobrino de aquel. En 1935 la escuelas contaban ya con 11 aulas, 5 de niños y 5 de niñas y una mixta, la del párvulos, al frente de las cuales había 11 maestros más el maestro de música y la de corte y confección para las niñas. Las escuelas estaban dirigidas por un patronato del que formaba parte también el Ayuntamiento, junto a la administración educativa, el arzobispado y la parroquia. En 1957 se transformó en dos escuelas graduadas, una de niños y otra de niñas, con cuatro grados, de 1º a 4º de primaria más párvulos con tres secciones. En 1966 se convirtieron las escuelas en un centro público al crear la Escuela Graduada del Ave María con dirección y 11 unidades, cuatro de chicos y cuatro de chicas (las chicas estaban, como he comentado,  en un edificio aparte) cerca de la actual calle Carriquiri. Posteriormente, en 1977, se derribó el viejo e histórico edificio de las escuelas de los chicos, la de las chicas aun resistiría una década larga más, desapareciendo como tal el colegio en el año 2010, tras el traslado de su alumnado al Colegio Publico Rochapea en el Paseo de los Enamorados.

    En aquel tiempo junto a las escuelas del Ave-María recuerdo en mi barrio otras escuelas como las de la Carbonilla, construida en los años 30, en plena República, en los terrenos que ocupara anteriormente la carpintería Artola, cerca del cruce de Bernardino Tirapu y Marcelo Celayeta y que vemos en la fotografía de los años 50 de J. Cia. Pretendían ser unas escuelas laicas frente a las religiosas del Ave María. Ahí estuve durante  el curso 1973-74, haciendo  5º de primaria con Don Gabino, que a su vez era hermano de Don Joaquín, maestro del Ave María. Recuerdo que ese  fue el primer año en que tuvimos las primeras  maestras en prácticas, jóvenes inexpertas que se tenían que enfrentar a un alborotado y alborotador publico infantil; también recuerdo la escuela de Lavaderos, junto al Camino de los Enamorados (creo que era de primaria), el colegio de las Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión junto al cruce de Bernardino Tirapu y el camino de los Enamorados (femenino, regentado por religiosas y con un amplio ciclo educativo, de primaria hasta bachillerato), las Mercedarias de la Caridad de Joaquín Beunza (de párvulos y primaria), los Capuchinos de la Avenida de Villava (de primaria y secundaria, entonces llamada EGB), el Redin en el Vergel y el colegio Cardenal Ilundain, donde cursé entre 1974 y 1977, 6º, 7º y 8º de EGB. De aquel colegio recuerdo nombres de profesores como Jose María Gracia (en 6º),  Javier Donezar (en 7º), Navallas (en 8º), Doña Socorro, etc. Sería prolijo recordar  colegios de otros barrios aunque sin ánimo de exhaustividad podría citar, sin temor a equivocarme, os siguientes: en la Chantrea Federico Mayo, Mariana Sanz o los privados, algunos de ellos religiosos,  Esclavas del Sagrado Corazón en la Avenida de Villava, Colegio de María Auxiliadora, junto a la parroquia de San José o las Jesuitinas en un extremo del barrio, y junto a estas el Irabia, sin olvidar las escuelas municipales de la Magdalena, en la calle del mismo nombre;  en San Jorge recuerdo que había unas escuelas donde está actualmente un centro de Tasubinsa, cerca del río. En la Milagrosa recuerdo que estaban el colegio de Santa Catalina, Victor Pradera (inaugurado en 1952  que vemos en sendas fotos de Cía junto a este párrafo) y José Vila. De San Juan, he visto fotos de escuelas antiguas de los años 20 o 30, que reproduzco más adelante, aunque no logro ubicarlas, y  recuerdo también el colegio religioso de Nuestra Señora del Huerto (fundado en diciembre de 1951 por las religiosas argentinas Hijas de María Santísima del Huerto), el José María Huarte, casi enfrente del Instituto Ermitagaña o el Cardenal Larraona (1970) de la avenida Pio XII. De los colegios del centro de Pamplona (Casco y Ensanche) hablaré más adelante.

    Cuando estaba en la escuelas del Ave María todavía se oía hablar de las cantinas escolares, aunque como tal, con la filosofía que nacieron en su momento, hacía años que habían desaparecido, siendo sustituidas  por los comedores escolares, aunque igualmente las llamásemos cantinas.  Las cantinas escolares fueron un tipo de institución benéfica financiada por el Ayuntamiento,  Diputación y particulares  que nació  a principios del siglo XX, concretamente  en las escuelas de San Francisco el 14 de marzo de 1908 extendiéndose luego  a otras escuelas y que tenía como objetivo paliar el hambre en los niños, proporcionando alimentos gratuitos a los niños necesitados a lo largo del curso escolar. Fue pionera en España siendo solo precedida por las de Madrid, León y San Sebastián. La principal promotora de esta iniciativa fue María Ana Sanz, directora de la Escuela Normal de Maestras, de la que he hablado en la anterior entrada. La comida de las cantinas consistía en un primer plato en el que se alternaban a lo largo de la semana legumbres, arroz y sopa y, de segundo, tocino, bacalao o patatas guisadas con carne. El número de niños asistidos que fue de 124 el primer año pasó  a 240 el segundo, llegando un momento en que no se podían cubrir todas las necesidades. Por ello,  la Junta Provincial de Instrucción impulsó, posteriormente,  la creación de una segunda cantina en las escuelas de la calle Compañía, teniendo que regular, además, las condiciones de admisión de los niños ya que había más demanda que oferta. Tenían preferencia para asistir a las cantinas los huérfanos,  hijos de viud@s sin recursos, o de matrimonios obreros de escaso jornal aunque también se tenía en cuenta la disposición del alumno: puntualidad, aplicación y buen comportamiento. En 1925 el coste de sostenimiento de ambas cantinas: la de San Francisco y Compañía ascendía a 10.000 pesetas y los ingresos no alcanzaban a cubrir los gastos, siendo necesaria la movilización de personas, colectivos e instituciones: becerradas por parte de las peñas, fiestas literarias por parte de antiguas alumnas de la Normal, rifas por parte de los niños, etc, actividades que se mantendrían durante largo tiempo. En las fotos que acompañan a este párrafo, vemos en la la 1ª,  la cantina del Asilo de la Sagrada Familia en la calle Dormitalería (durante los primeros años 50) y en la 2ª, de Galle, y publicada en los libros de Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”, se anuncia la rifa del cuto, en las inmediaciones del Mercado de Santo Domingo,   rifa que vemos también en otra foto de las escuelas de San Francisco de 1958.

    En 1954 se establecía el Servicio Escolar de Alimentación con el fin principal de establecer el complemento alimenticio en los centros escolares, además de impulsar los comedores escolares. Dicho complemento consistía en leche, mantequilla y queso, estos últimos de forma alterna. La cantidad diaria de leche por niño era de 250 cl. Se instauró experimentalmente en las escuelas de Víctor Pradera extendiéndose en marzo de 1955 al resto. En 1956 casi 40.000 niños se beneficiaban de este complemento. La mejora de las condiciones de vida de España hizo que estos complementos alimenticios desaparecieran pero imagino, no obstante, que aquella práctica de darnos un botellín de leche después de comer en las escuelas del Ave María fue un residuo de aquella  política asistencial del régimen. Como he comentado las cantinas que nacieron con una finalidad asistencial fueron evolucionando a lo largo del tiempo y respondiendo más a necesidades educativas o familiares que a otra cosa. Un servicio escolar que no llegué a conocer pero que existió desde los años 20 a los años 60 fue el ropero escolar, institución benéfica creada en las escuelas de primaria para facilitar ropa y calzado a los niños necesitados, especialmente en invierno. El primero se creo en 1925 por iniciativa también de María Ana Sanz. En la década de los años 50 había 72 roperos en centros públicos, de los cuales veremos en una fotografía posterior el de San Francisco y 25 privados. En 1960 descendieron a 56 los roperos escolares desapareciendo prácticamente a lo largo de esa década. Estos servicios se nutrieron en las primeras décadas del siglo por las llamadas mutualidades escolares, desapareciendo también casi por completo en los años 60.

    También en aquellos años del Ave María oía hablar de las colonias, las colonias escolares de verano, aunque yo nunca estuve en ninguna, pues pasaba todos los veranos con los abuelos en su casa del pueblo. Las colonias escolares formaban parte de la obra social de Caja de Ahorros de Navarra. La colonia San Miguel Excelsis de Zudaire, abierta durante 4 meses al año,  empezó a funcionar en 1934 y estaba enclavada en la vertiente sur de la sierra de Urbasa. La colonia Blanca de Navarra de Fuenterrabía, estaba situada junto al mar, comenzó a funcionar en 1935 y permanecía abierta durante 5 meses al año. Entre  1934 y 1989 habían pasado por las colonias escolares de verano más de 60.000 niños navarros, de entre 8 y 13 años, a razón de entre 1.500 y 2.200 niños por año, 250 cada 25 días en sucesivas tandas, de junio a septiembre. Los niños debían tener residencia en Navarra y ser de “humilde condición”, es decir que careciesen de medios económicos para sufragarse unas reparadoras vacaciones veraniegas. Hacían excursiones, ejercicios gimnásticos, tomaban baños de mar en la playa o de agua dulce en la piscina, juegos, actividades infantiles, unido todo ello a una alimentación sana y abundante que les hacía ganar peso. Las colonias contaban con asistencia médica, maestras nacionales, capellán, etc. De ambas colonias dejo algunas fotografías, la de blanco y negro de los años 40 y las de color de los años 60. Hubo una tercera colonia asumida por la Caja entre 1961 y 1971 que tenía su sede en Biurrun-Olcoz, era la colonia escolar “Fundación Ondarra”, ubicado sobre el antiguo sanatorio tuberculoso infantil construido en 1944.

    Había  a primeros de siglo en el Casco Antiguo de Pamplona varios establecimientos municipales de  primaria repartidos por diferentes casas y calles, establecimientos que desaparecerían, en su mayor parte, cuando se terminó de construir  en 1905, el magnífico edificio de tres plantas de las Escuelas de San Francisco, con 17 aulas graduadas donde se agrupaban a los niños por edades y conocimientos similares. En estas escuelas, como hemos visto, se instituyó la primera cantina así como también el primer ropero escolar. También tenía su sede aquí el Servicio Medico Escolar como recordaba en la entrada de los galenos y boticas. Las escuelas tuvieron otros muchos usos además de los educativos a lo largo de su historia: sede de los danzaris, escuela de cantores, de artes y oficios,  exhibición de películas, sede del gabinete de censura de películas, talla de quintos, belenistas, censo electoral, asociación fotográfica, boy scouts, La Pamplonesa, examenes de conducir, euskera para adultos. A finales de los 70 tenía más de 800 alumnos reduciéndose a poco más de un centenar en los años siguientes. Hoy agrupa a más de 400 alumnos. En San Francisco también estaban, además, las Escuelas Anejas de las Escuelas de magisterio para la formación práctica y orientación de los nuevos maestros y maestras.

    Estaban también en el centro de Pamplona los colegios privados, religiosos, de las Madres Dominicas (internado de primera enseñanza de la calle Jarauta) y  Ursulinas (1889) de la calle Sandoval, ambas para la instrucción de las niñas; de los Padres Escolapios (1892) situado en la casa del Paseo de Valencia que albergó anteriormente la Fonda Europa, con chicos de primera y segunda enseñanza, preparación para el Comercio y escuela gratuita de niños que en 1932 se trasladarían a la calle Olite, junto a la plaza de toros; los Hermanos Maristas, también en Sarasate, aunque antes estuvieron en Navarrería y Eslava que pasaran luego a Yanguas y Miranda (1908) y Navas de Tolosa (1916) (con internado de primera y segunda enseñanza y preparación para el Comercio) antes de pasar en 1952 a la avenida de Galicia;  o el colegio privado de los Hermanos Huarte fundado en 1847 en el nº 96 de la calle Mayor, con gran prestigio (el más antiguo y acreditado de la ciudad) e importante asistencia de alumnos de primera y segunda enseñanza. En los años 20, tenemos además las Teresianas de la calle Mayor (primera enseñanza e internado), las concepcionistas de Navas de Tolosa (párvulos), las Hijas de la Caridad de Dormitalería (párvulos de la Sagrada Familia en La Casita) y de Recoletas (párvulos del Asilo del Niño Jesús), Las Hijas de María Inmaculada del Servicio Domestico (en Tejería hasta pasar en 1927 a su edificio situado entre Amaya y Roncesvalles) o las Escuelas del Ave María (gratuitas de párvulos y primera enseñanza), a las que me he referido anteriormente.

    En 1925 había dos grandes grupos escolares públicos en el centro de Pamplona: el de la plaza de San Francisco y el de Compañía, con escuelas de párvulos y de niños y de niñas. Había escuelas nocturnas de adultos en estos dos grupos escolares y en el del Ave María. Asistían a las escuelas públicas de Pamplona en estos años unos 2.077 alumnos de los cuales 797 eran niños y 1.280 niñas y párvulos. Aparecían dados de alta como colegios de enseñanza privados en estos años, aunque imagino que tenía más de academia que de colegio , los de Ezequiel Armendariz en Zapatería, Hermanas Ezquerro  y Romualdo Pejenaute en Estafeta y Concepción Oquendo en Rochapea. A partir de 1927 se inauguran las Escuelas Profesionales Salesianas de María Auxiliadora en la calle Aralar, gracias al apoyo de la familia Arostegui, con alumnos internos, externos y mediopensionistas. Enseñaban cerrajería artística, mecánica, carpintería, ebanistería, sastrería y zapatería. El 8 de enero de 1928 se inauguró en el barrio de la Magdalena el grupo escolar municipal a cargo de Maria del Camino Ijurra, que vemos en la fotografía adjunta previendose otra escuela municipal en el barrio del Mochuelo y posteriormente otra en San Juan (foto del párrafo anterior). En estos años se habilita una escuela especial para sirvientes y obreros en el convento de las Adoratrices y otra escuela nocturna en el colegio de la Ursulinas. La Asociación cultural “Los amigos del euskera” solicitaban al Ayuntamiento un local para establecer una escuela de lengua vasca. A lo largo de las siguientes décadas se instalaron otros centros religiosos como el del Santo Angel, en la calle  Media Luna, los Jesuitas (1946) primero en la calle Mayor, luego Arrieta, Media Luna hasta su actual sede en Bergamin desde 1951, Carmelitas de la Enseñanza en la calle San Fermín,  Carmelitas de la Caridad en Padre Calatayud, Padres Paules y Misioneras del Sagrado Corazón en La Milagrosa, etc.

    Fotos referenciadas en el texto de la entrada y pies de foto.

    Plazas y calles de ayer y hoy: La Plaza de la Cruz (1944-2014)

    La plaza de la Cruz no fue designada oficialmente por el Ayuntamiento, como tal. Este espacio situado entre las calles Bergamín, Sanguesa, Navarro Villoslada y San Fermín, fue bautizada por el pueblo en el año 1941, al instalarse en dicho lugar un conjunto escultórico  con una cruz forjada en hierro acompañada  por una farolas de época, medio inclinadas y retorcidas, con claras influencias de Gaudí. El conjunto se realizó en 1932, por el maestro de forja, Constantino Manzana Llena, y estuvo ubicado, en primer lugar, en el jardín del Claustro de la Catedral hasta su traslado a este lugar. Con el paso de los años el conjunto sufrió algunos cambios, eliminándose las farolas y quedando tan solo la cruz de hierro sobre un estanque. En la foto que encabeza esta entrada, de J.Cia, vemos la plaza de la Cruz con los Institutos de Navarra recién inaugurados. La foto es de 1944. En las fotos del siguiente párrafo vemos una foto de unos años más tarde, probablemente de finales de los 40, sin datar ni filiar, y una postal en color del centro de la plaza en  los años 60.
    La plaza es también conocida por la presencia, en este lugar, del primer Instituto de Segunda Enseñanza de Pamplona. El Instituto conoció otras ubicaciones hasta llegar aquí. Se fundó en noviembre de 1845, como consecuencia de la ley Moyano que obligaba a crear, al menos,  un instituto de segunda enseñanza en cada capital de provincia. El Instituto estuvo, en primer lugar, en Casa del Arcediano y luego en la actual sede del INAP, antiguas escuelas de Magisterio y Empresariales. En 1939, tras la guerra civil, la separación de sexos conllevó la división del instituto en dos centros: el masculino “Ximenez de Rada” y el femenino “Príncipe de Viana” que ocuparon, desde 1944, su actual emplazamiento en la plaza de la Cruz, bajo el rótulo de “Institutos de Navarra”. A partir de 1984 los dos institutos volvieron  a ser mixtos y desde 1995 se fusionaron bajo el nombre de IES Plaza de la Cruz. El edificio que ocupa una manzana completa entre las calles Bergamin, Sanguesa, San Fermín y Tafalla se construyó bajo proyecto de José Yarnoz y tiene una entrada principal con un porche lleno de arcadas y un pórtico hexastilo (seis columnas) de doble altura y dos entradas secundarias, la del antiguo Príncipe de Viana en la calle Bergamín y la del Ximenez de Rada en la calle Sanguesa. Las fachadas combinan la piedra y el ladrillo entre grandes ventanales. El patio del centro, que vemos en una foto más adelante, estaba dividido por una tapia que separaba  el alumnado masculino del femenino y que fue derribada a los pocos años de la muerte de Franco.
    Así como yo en el año 1977 y tras mi paso consecutivo por el Ave Maria y Cardenal Ilundain recalé en Irubide, mi hermano al término de su estancia en las escuelas del Ave Maria, comenzó lo que entonces se llamaba el bachiller en el Ximenez de Rada. Estuvo en el Ximenez entre 1969 y 1976. De aquellos años recuerda algunos nombres como Salanueva (Matematicas), Uriarte (Geografía), Lampreave (Literatura), Montes (Latín), Ortiz (Química), Garcia Gainza (Filosofía), Asensio (Dibujo), Arrarás (Matemáticas), Mendiola (Ciencias Naturales), La Torre (Literatura), Jaurrieta (Francés), Ferrer (Dibujo), Olaso (Francés), Socorro López (Biología), Dallo (Religión), “El Domin” (Religión). El Director era entonces Alonso del Real. Y el bedel se llamaba Manolo. Eran tiempos del tardofranquismo en los que incluso había una asignatura que se llamaba “Formación del Espíritu Nacional”, tiempos en los que comenzaban los también primeros movimientos estudiantiles antifranquistas como los “Comités de Estudiantes de Navarra”. Cerca de los institutos se encontraba “la Servi”, la Servicial Vinicola donde acudían los estudiantes algo más mayores y que tenían algo de dinero para comprar un bocadillo, los demás se traían el bocadillo de casa. En sus inmediaciones estaba una de las cafeterías Delicias, una sala de juegos y otros establecimientos de los que tengo un lejano recuerdo. Junto  a este párrafo vemos el patio del instituto y un pasillo del centro hace apenas una década.
    En la misma plaza, muy cerca de los institutos,  en el nº 19 de la calle Bergamín se encuentra la iglesia de San Miguel, iglesia de tres naves, con una fachada principal de corte clásico y un pórtico con un gran arco y dos torres cubiertas con chapiteles herrerianos. La iglesia fue obra también de José Yarnoz, en esta ocasión acompañado en la dirección del proyecto por Victor Eusa. La iglesia se construyó en el año 1950.  En la segunda foto que encabeza la entrada vemos la calle San Fermín  a finales de los 50 con la iglesia de San Miguel, en primer término. Junto a ella nos encontramos con el salón Mikael, del que ya hablé en la entrada de “Los cines del Viejo Pamplona” y que está a la izquierda de la parroquia, en los bajos del edificio del color ladrillo que vemos en la fotografía adjunta a este párrafo.  La plaza no ha sufrido, por otra parte, demasiados cambios desde su construcción, tan solo el mobiliario urbano (los bancos, las farolas), la pavimentación de la plaza y la instalación de un parque infantil en la zona más cercana a Navarro Villoslada. En la penúltima fotografía de esta entrada vemos la plaza de la Cruz hace unos años antes de los cambios en su mobiliario, concretamente con los bancos y las farolas antiguas.

    Plazas y calles de ayer y hoy: La Avenida de Carlos III (1923-2003)

    Continuo con esta serie, que intenta ofrecer algunas pinceladas de nuestras principales calles y plazas, al tiempo que vemos su evolución histórico-fotográfica. El Ayuntamiento dió este nombre en junio de 1923 a la vía principal del nuevo ensanche, para conmemorar el V centenario del Privilegio de la Unión, y lo hizo en honor al Rey que había logrado unificar los tres burgos medievales en una sola ciudad, Carlos III el Noble. Con kilómetro largo de distancia esta avenida se convierte en una de las vías más importantes de la ciudad. A lo largo de su trayectoria, desde la plaza del Castillo hasta la plaza de Conde de Rodezno,  podemos descubrir, en sus inicios, el antiguo edificio del Crédito Navarro, hoy Banco de Santander, el Teatro Gayarre, el Palacio de la Diputación, el antiguo edificio de la Caja de Ahorros de Navarra, hoy Hacienda Foral, y en el segundo tramo la Iglesia de San Antonio y el Monumento a los Caídos, polémica construcción reconvertida en sala de exposiciones. Entre 1931 y 1932 se había derribado el Teatro Gayarre que cerraba la plaza del Castillo por ese lado, permitiendo abrir la plaza central de la ciudad a la naciente avenida. Vayamos por partes.  Empecemos a repasar que es lo que nos encontramos en el lado derecho de la avenida de Carlos III.
    El primer edificio con el que nos encontramos en el comienzo en la avenida es nada menos que el Palacio de la Diputación Foral. El edificio se empezó a construir el 23 de diciembre de 1840, en el solar que ocupaba la huerta del convento de las Carmelitas Descalzas, y se hizo bajo proyecto del arquitecto José de Nagusia. Como curiosidad, cabe señalar que se utilizaron, en su construcción, piedras de las canteras de Ansoain y Ezkaba. Las obras estuvieron paralizadas entre 1843 y 1846 por falta de recursos. La primera sesión en el nuevo palacio se produjo en el año 1851. Hasta entonces la Diputación había desarrollado sus actividades en el palacio del Barón de Armendariz de la calle San Francisco y luego en la Casa de Antillón en la calle Estafeta. En 1965 se construyó un edificio de siete plantas de oficinas junto a los Jardines del Palacio, en la avenida San Ignacio, obra de Candido Ayestarán. A continuación de la fachada este del Palacio de Diputación,  nos encontrábamos con la sede central de la Caja de Ahorros de Navarra, inaugurada el 1 de enero de 1933 y que al igual que la fachada este del Palacio de Diputación (1932-1935) se realizó bajo la dirección de los hermanos Yarnoz Larrosa, si bien con una cierta inspiración “deco” sobre una base clasicista. Vemos con bastante claridad este edificio en la foto-postal en blanco y negro que encabeza esta entrada, datada en la segunda mitad de los años 50 y vemos junto a este párrafo dos bellas foto-postales, de los años 50, del Palacio de Diputación. 
    Pasada la calle Cortes de Navarra, a mano derecha, encontrábamos la llamada Casa Doria (que aparece en la foto izquierda  inferior adjunta de 1930)  de la que ya hablé en la correspondiente entrada del blog dedicada al Segundo Ensanche. Dicha casa fue una de las primeras en construirse en el ensanche nuevo, allá por el año 1923, con planta baja y una sola altura aunque el Ayuntamiento le obligo a hacer más viviendas y gano con el tiempo entre 2 y 3 alturas  en la confluencia con Paulino Caballero. En el resto se fue derribando la amazacotada construcción que vemos en la foto a lo largo de los años 40 y 50 para erigir el actual edificio, donde hasta hace poco estaba Cuadrado (que vemos en segundo término, tras el edificio de la Caja, en la foto-postal derecha que encabeza la entrada). Tras esta manzana y pasada la avenida de Roncesvalles nos encontrábamos con el chalet de Muniain, construido en 1929 junto a otros chalets (tal y como vemos en la foto inferior derecha adjunta,   de principios de los años 70,  de Galle), allí donde en 1978 se inauguraría la nueva sede central de la Caja de Ahorros de Navarra. Tras el chalet de Muniain, la manzana acababa rematada, en su esquina con Arrieta, por la antigua sede de la Mutua de Seguros de Pamplona, obra de Victor Eusa, construida en los años 40 (y que vemos en la foto superior derecha adjunta, de los años 70, también de Galle). Pasada la calle Leyre nos encontraríamos con la Casa de las Hiedras construida en 1927 y  demolida, con dinamita, en la tarde del 6 de septiembre de 1974. Como podemos comprobar en la foto  superior izquierda adjunta, de este primer tramo de la avenida,  (perteneciente a una postal de L. Roisin),  los edificios no solían tener más de tres  o cuatro alturas, a menudo sin locales comerciales en los bajos, salpicado, de vez en cuando, como hemos podido ver, por bellos palacetes o chalets donde vivía la alta burguesía de la ciudad. Posteriormente, en los años 50, 60 y 70 alguno de estos edificios y un buen número de chalets serían sustituidos por edificios  de mayor altura, con sus correspondientes bajos comerciales.

    Pasada la plaza de Merindades, antiguamente de Mola, nos encontramos enseguida con la iglesia de San Antonio, regentada por los Padres  Capuchinos y que vemos en una de las fotos de la izquierda, junto a este párrafo. Se construyó entre 1939 y 1940 y fue inaugurada el 29 de junio de 1940: consta de una amplia iglesia con ábside y presbiterio y una bella capilla penitencial presidida por el Cristo de Alonso Cano. El convento anexo consta de sótano y cinco plantas que dan a la calle San Fermín. Como ya dije en la entrada del Segundo Ensanche, desde 1940 a 1958, y especialmente entre 1940 a 1950 (incluso un poco antes) se construye toda la retícula de edificios existente más allá de la antigua avenida de Franco, hoy de la Baja Navarra. En este tramo de Carlos III, los edificios construidos contaban con seis alturas de media más bajo comercial, tal y como se puede comprobar en las fotos adjuntas de los años 50 y 60 que acompañan a este párrafo. En este tramo la Avenida es atravesada por este orden, por las calles San Fermín, Tafalla, Gorriti y Castillo de Maya (antigua Mártires de la Patria), para acabar en la plaza de Conde de Rodezno, culminada con la construcción del Monumento a los Caídos, obra conjunta de Yarnoz y Eusa, comenzada en 1948 e inaugurado por Franco en 1952.

    Volvamos al principio de la avenida. El primer edificio con el que nos encontramos al inicio del lado izquierdo de la avenida es el edificio del Crédito Navarro, una de las primeras entidades bancarias navarras junto al Banco de la Vasconia. En 1934 se acometieron las reformas de su viejo edificio que dieron lugar al edificio actual (y que vemos en la foto izquierda adjunta que aparece en el libro “Pamplona, calles y barrios”, de J.J. Arazuri). Algún día hablaré del origen de los primeros bancos y cajas navarras, que a buen seguro sorprenderá a más de uno.  El Teatro Gayarre que cerraba la plaza del Castillo, precisamente por Carlos III, y respondía en los primeros años, hasta 1903, al nombre de Teatro Principal, comenzó  a ser desmontado, como he dicho al principio de la entrada, en 1931, terminándose las obras en febrero de 1932. La  foto en color sepia que encabeza esta entrada es de esa época, con el Gayarre en su nueva ubicación y  sin haberse construido, aún, el nuevo edificio del Crédito Navarro.   

    El Teatro Principal, de propiedad municipal, se había erigido en 1840 sobre uno de los solares del convento de las Carmelitas Descalzas, inaugurándose en 1841 con la comedia “Un vaso de agua”. En ese lugar, como he dicho se mantuvo hasta 1931, para abrir la avenida, conservando en parte la vieja fachada. Tanto la función de cierre del viejo edificio como la de apertura del nuevo corrieron a cargo del Orfeón Pamplonés. El nuevo teatro tenía, en sus orígenes, en el escenario una decoración cubista y una excelente acústica.  La empresa constructora Erroz y San Martín solicitó la explotación del local durante 20 años, solicitud que le fue concedida. En 1942 se renovó la concesión, ya con la SAIDE como concesionaria, por un período de 10 años. En 1949 el Teatro cerró un tiempo, para realizar reformas, volviendose a abrir en 1950, con una función a cargo de la compañía del bailarín Antonio. De los años 50 data la segunda foto del  párrafo anterior, donde vemos los edificios del Crédito Navarro y del Teatro Gayarre. En 1953 se firmó un nuevo contrato con la SAIDE  para una concesión de 50 años, en compensación por las importantes obras de mejora realizadas por la empresa. No obstante el pleno municipal decidió su reversión cinco años antes del límite del período establecido, en 1998. En noviembre de 1968 se produjo un pavoroso incendio en el Teatro obligando a cerrar sus puertas hasta julio de 1969, perdiendo desgraciadamente  parte de su excelente acústica. 

    En este lado de la avenida que yo recuerde no ha habido tantos cambios en los edificios, tal vez los más destacados estén en el tramo Cortes de Navarra-Plaza de Merindades, Tras la Casa Barasoain, situada en la esquina de Carlos III con Roncesvalles, una de las primeras casas del Ensanche, había un edificio algo más bajo, (tal y como se apunta en la foto izquierda adjunta), que fue sustituido por otro mucho más moderno, no hace tanto tiempo, probablemente  en las últimas décadas del pasado siglo,  y que alberga actualmente el Multicentro Carlos III. Más adelante, en la confluencia de la avenida Carlos III con Leyre, estuvo hasta 1964 la antigua Casa del Colegio Notarial (que vemos en la foto adjunta también de J.J. Arazuri de enero de ese mismo año), siendo sustituido ese año por un moderno edificio de siete plantas, donde ha mantenido su sede el mismo colegio notarial.  En la plaza de Merindades, antigua plaza de Mola, como no recordar la antigua gasolinera de Jesus Unsain, cerrada en 1980, cuyo espacio ocuparía posteriormente la sede provincial del Banco de Bilbao. Del resto de este lado de la avenida hasta Conde de Rodezno no hay ninguna renovación de edificios que yo recuerde. Quizás los cambios urbanísticos más importantes en la zona  hayan sido, en los últimos años, la construcción de los aparcamientos de Roncesvalles y Carlos III a lo largo del primer y segundo tramo de la avenida, así como su peatonalización, que ha contribuido a situarla como el primer eje comercial de la ciudad, eso si, lleno de grandes marcas y franquicias, sin apenas ningún atisbo del comercio local, (a excepción del segundo tramo), que hubo en otros tiempos, precisamente  aquellos tiempos que este blog pretende reflejar.


    Fotos referenciadas en el texto de la entrada. 

    Plazas y calles de ayer y de hoy: la Avenida Marcelo Celayeta (1895-2005)

    Repasamos en esta ocasión la evolución histórica de esta famosa avenida, principal eje del barrio de la Rochapea durante buena parte del siglo XX, a través de sus fotografías más representativas, al tiempo que vemos la evolución del barrio. En una de las fotos más antiguas que tenemos sobre el lugar, una foto de Julio Altadill de 1895, y que aparece junto al siguiente párrafo,  podemos ver lo que debió ser la avenida a finales de siglo XIX, tan solo un camino, el llamado Camino y luego Carretera a Villava, flanqueado por una larga hilera de arboles, al igual que vemos casi en paralelo el camino de los Enamorados. Por cierto acabo de ver hace unos días una de las fotos más antiguas que se conservan, del año 1860, tomada desde los corrales de Santo Domingo y en el que se puede ver parte de la vieja Rochapea. Tal y como nos recuerdan algunos historiadores locales la instalación de la estación del Norte en Pamplona, allá por el año 1860, provocó que junto a la tradicional actividad fábril de la histórica calle Errotazar surgiera un nucleo de actividad en torno a la Estación, sobre todo, al norte con la Tejería Mecánica y al sur con la azucarera de Carlos Eugui y otras industrias, de forma que esa Rochapea naciente de primeros del siglo XX empezó a crecer en torno al nucleo de Cuatro Vientos y de la Estación en convivencia con la vieja Rochapea más cercana al Arga. Ambas zonas, la de Errotazar y la de Cuatro vientos estaban comunicadas por otro eje fabril y poblacional importante como era la calle Joaquín Beunza. 
    Las ortofotos de 1929 que he consultado y unas pocas fotografías de 1916 y  los años 20 nos permiten reconstruir como era la avenida de Marcelo Celayeta entonces. En los años 20, además de la iglesia del Salvador y de las cercanas escuelas del Ave María podíamos contemplar un nucleo de casas en el cruce de Cuatro Vientos, junto a él, la vieja calle de las Provincias, la calleja de casas junto a las escuelas del Ave María, enfrente, al otro lado de la avenida, algunas viejas construcciones de una sola planta, y algunos caserones sueltos tanto a un lado como a otro de la avenida ( casa de la Marichu, las Bodegas de Pacharan Baines, etc), luego las casas de la carbonilla, la vaquería de Larrayoz. En tiempos, la carretera estaba flanqueada por grandes arboles que irían desapareciendo a medida que el camino se convertía en avenida y se fue urbanizando con nuevas construcciones. Las fotos que encabezan la entrada muestran la iglesia del Salvador recien contruida (la foto de la izquierda, es de Aquilino Garcia Dean, data de 1916 y se conserva en el Archivo Municipal de Pamplona), con una calle, la carretera  a Villava, semiescondida entre arboles y postes de luz. Esa casa de piedra, que se observa un poco más adelante de la iglesia, se derribó a finales del siglo XX, tal vez un poco antes de la ola de derribos de 1996. La siguiente foto, de los años 20, que reproduje en la página de Facebook está tomada desde la torre de la iglesia y permite atisbar una inusual perspectiva de la carretera a Villava, el Paseo de los Enamorados y la calle Joaquín Beunza.

    Entre las primeras construcciones, poco tiempo después  de la guerra, debieron estar algunos bloques de  las casas de Oscoz (hay un bloque interno bastante antiguo, que data de 1915 y  está hoy fuera de ordenación); en 1951 se inauguró junto a ellas el cine Amaya; un año antes, en 1950 se abría un poco más hacia atrás, hacia Cuatro Vientos, la clínica del Padre Menni; en 1959 se terminaban de construir los nuevos nuevos bloques del Ave Maria alineados con el viejo ramal del Irati que salía de la Estación del Empalme hacia la avenida Guipuzcoa y la Estación del Norte; en esos años también se construyeron las casas de la primera y segunda fase de la Cooperativa de Viviendas El Salvador (hubo una tercera fase más tardía de construcción de viviendas, en aquella zona, ya en los años 70, creo que no eran de la Cooperativa, cerca de las piscinas de la UDC Rochapea). La Avenida recibe el actual nombre de Marcelo Celayeta, por acuerdo de pleno,  desde el año 1951. Las fotos que acompañan este párrafo son del cruce de Bernardino Tirapu y Celayeta (el famoso cruce del Porrón) mirando hacia Pamplona, con las casas de la 1ª fase del Salvador a la derecha y el Colegio de la Compasión al fondo, a la izquierda de la foto. La segunda del mismo lugar (y de Manolo Hernández, está tomada desde Bernardino Tirapu pero en dirección opuesta hacia las casas de la Carbonilla y el viejo camino del Plazaola, en un frio día de invierno).

    En la zona del Porrón estaban, desde los años 30, las escuelas y el barrio de la Carbonilla, y un poco más adelante la vaquería de Larrayoz. Luego algunas casas unifamiliares dispersas, algún viejo bloque de viviendas y naves con talleres, aproximadamente desde los años 50. Sería a finales de esta década y principios de los años 60 cuando el barrio empezó a dejar de ser un nucleo eminentemente rural, con una población y edificación dispersa a convertirse en el abigarrado barrio obrero-industrial que conocimos los que nacimos en el lugar. Matesa se construyó a finales de los 50, el nuevo colegio del Cardenal Ilundain lo hizo en 1964, fruto del desarrollo del barrio aquellos años, La mayor parte de los edificios de la Avenida Marcelo Celayeta se construyeron, insisto, a finales de los 50 y primeros años 60. A finales de los 60 y primeros 70 se derribarían algunas de aquellas viejas construcciones más cercanas al tramo de Cuatro Vientos (que vemos en la fotografía adjunta de Arazuri, de 1967, cómparese con la foto moderna adjunta en donde solo se mantiene, como única referencia, la nave de la iglesia de la clínica de las Hermanas Hospitalarias) y algunas, en otras, en diferentes tramos de la avenida (sobre todo en los años 70 y  cerca del Cardenal Ilundain y de las casas del Bar Karpy) y en 1996 se produce la gran transformación de la avenida, desapareciendo buena parte de las construcciones más antiguas de aquellos primeros núcleos de la avenida de primeros de siglo, víctimas del progreso y la renovación urbanística y que vemos en las siguientes fotos (alguna foto de antes de los derribos, de los años 80 y primeros 90 (Casa Parroquial, cruce de Cuatro Vientos (foto de Manolo Hernández)) y otras de después, ya en pleno proceso de derribo y que ya han sido publicadas en diferentes entradas de este blog).

    Plazas y calles de ayer y de hoy: La Plaza de las Merindades (1928-2008)

    Esta plaza del Segundo Ensanche está situada en el cruce de la Avenida de Carlos III y la de la Baja Navarra. Se empezó a construir en torno a 1928. Inicialmente fue llamada Plaza del General Primo de Rivera, militar que gobernó el país entre 1923 y 1930, bajo el reinado de Alfonso XIII. En 1931, con el advenimiento de la II República se acordó cambiar el nombre por el de Pablo Iglesias, denominación que se mantuvo hasta el 23 de octubre de 1936, fecha en la que el Ayuntamiento acordó darle el nombre del General Mola. La primera de las fotos de esta entrada, de 1927, de Galle, nos muestra el cruce de la entonces avenida de Alfonso XIII, hoy de la Baja Navarra, en su confluencia con la de Carlos III, donde en breve se perfilaría la futura plaza de Primo de Rivera. La siguiente foto, de la colección Arazuri, está datada entre los años 1932 y 1936 y se percibe mejor el lado noreste de la plaza, llamada entonces de Pablo Iglesias. En ambas fotos se puede ver, en un primer plano, la conocida como Casa de las Hiedras (aunque las hiedras estaban en la parte posterior del edificio, como pudimos ver en la entrada dedicada al Segundo Ensanche).
    En algunas de las siguientes fotos veremos ya el inconfundible edificio del Gobierno Civil. El edificio del Gobierno Civil, de estilo neoclasicista (estilo “nacional herreriano”) se inauguró oficialmente en marzo de 1945. Tuvo un proceso de construcción muy accidentado. Las obras se habían iniciado una década antes, en enero de 1935, sobre un proyecto de edificio sobrio del arquitecto del ministerio de Gobernación, Fernández Golfin pero no se culminaron, por dificultades presupuestarias, hasta una década más tarde, con otro proyecto arquitectónico diferente  que firmó el proyecto  José Alzugaray. Las obras estuvieron paradas prácticamente desde el estallido de la guerra hasta 1941. Alzugaray alargó las ventanas,  le añadió un pórtico de tres arcos y una planta más y  recubrió todo el edificio de piedra. Alzugaray no vió terminar su obra al fallecer un poco antes. Colaboraron en el proyecto del edificio los arquitectos  Luis Felipe Gaztelu, Victor Eusa y Serapio Esparza. El Gobierno Civil estuvo, como hemos visto anteriormente, en el Rincón de la Aduana (a finales del siglo XIX), en el nº 38 del Paseo de Sarasate, hasta el año 1914 y en la Plaza de San Francisco (entre 1914 y 1924). Luego ocupó la llamada Casa de Doria, en el nº1 de la calle Paulino Caballero. En las fotos que acompañan y siguen a este párrafo, podemos ver el edificio rodeado de andamios todavía, en su última fase de construcción (a principios de 1945) y diferentes panorámicas de la plaza observadas en diferentes postales de aquel entonces,  pertenecientes a la década comprendida entre los años 1945 y 1955. En la mayoría de ellas se puede observar el centro de la plaza, aun sin la fuente iluminada que se instalaría más tarde. (En la última se ve la plaza ya remodelada con la fuente actual).
             En efecto, en 1955, se colocaría en el centro de la plaza la fuente luminosa que vimos en una fotografía de la entrada referida al Rincón de la Aduana. La plaza no había sufrido, desde los años 40, grandes transformaciones. Aquellos  edificios construidos en los años 30 y 40 por los arquitectos de la época apenas sufrieron variaciones. Fue en los años 70 cuando algunos edificios de la zona más cercana a la avenida, fueron sustituidos por modernas y anodinas construcciones. Ese fue el caso del edificio de las Hiedras, situado en la esquina derecha de Carlos III con la entonces Avenida de Franco y cuya voladura controlada en 1974 ya vimos en la entrada anteriormente citada sobre el Segundo Ensanche. En las siguientes fotografías, todas ellas de los años 60 y 70 vemos la plaza de General Mola, ya sea en blanco y negro o en color con algunos vehículos circulando por ella (compárense con las del párrafo anterior en que plaza y avenida aparecen prácticamente desiertas, pues la ciudad está muchísimo menos motorizada): algunos Seat 600, algún Gordini, algún Peugeot, coches de otra época que también vimos en otra de las entradas del blog.

     


    Será a partir de los 80 y 90 cuando la plaza cambié un poco su fisonomía. En 1980, desaparece de una de las esquinas de la plaza, en su lado sureste, la gasolinera y concesionario Renault de Jesús Unsain, abierta en el lugar desde el año 1934. En su lugar se instalaría la oficina principal del Banco de Bilbao en Pamplona. El 12 de octubre de 1980 el Ayuntamiento acordaba darle el nombre de Plaza de las Merindades a la hasta entonces plaza del General Mola. A finales de los 80 y primeros años 90, el Ayuntamiento comenzó a restringir el aparcamiento de vehículos en la mediana de la avenida de Carlos III, como vimos en la sección “Pamplona año a año”. En 1998 se construía un gran parking subterráneo bajo  la plaza de las Merindades y el segundo tramo de Carlos III, el que iba desde la plaza  a Conde de Rodezno e inmediatamente después se peatonalizaba ese tramo de la avenida. En aquel entonces se rumoreaba entre los ciudadanos que la prisa por peatonalizar estaba en que el parking no soportaría el intenso tráfico rodado que circulaba por arriba. El caso es que aquellas actuaciones: parking y peatonalización, convirtieron la zona en el principal eje comercial de la ciudad. Hoy en día de los  comercios locales instalados antes, o en aquel entonces, incluso después, tanto en la plaza como en la avenida, sobre todo  en su primer tramo, ya nada o casi nada queda. La mayoría de los locales están ocupados por las grandes marcas y franquicias que colonizan cualquier ciudad española o europea, y que convierten a nuestras ciudades en clones unas de otras. Parece ser el signo de los tiempos.

     

    Plazas y calles de ayer y hoy: la plaza Príncipe de Viana (1923-2003)

    Esta plaza situada al final de la avenida de San Ignacio ostenta ese nombre desde 1926, aunque legal u oficialmente lo hace desde 1930. En efecto, a  mediados de los años 20 es cuando se comienza a urbanizar la que los pamploneses llamaban la Plaza Circular, tal y como podemos comprobar en la primera de las fotografías,  de Galle. En dicha foto se puede ver la avenida de San Ignacio que discurre entre la casa de Galarreta, a la izquierda, construida según proyecto de Mariano Arteaga y la casa de los Hermanos López (los de los calzados), levantada a partir de 1924 según proyecto de José Yarnoz. Seguimos describiendo por orden de aparición el resto de fotos que muestran la evolución de la plaza a lo largo de ocho décadas.

    La siguiente fotografía de Roisin, de 1931, nos muestra la plaza ya urbanizada, con otros edificios de la plaza, situados enfrente de los anteriormente citados, el de la izquierda se construyó según proyecto de José Alzugaray a partir del año 1929, el de la derecha también es de 1929 y se hizo según proyecto de Victor Eusa que en su proyecto lo denominó con el sugerente nombre de “La jaula dorada”. Entre medias y al fondo la que sería años más tarde futura calle Sangüesa. En ese momento no había nada construido por esa zona, solo el campo de fútbol de “La Aurora”. En la foto de 1940 de Gerardo Zaragueta vemos la Casa de López, situada entre la avenida de San Ignacio y la de Arrieta y en el solar de la futura casa de los Periodistas una vieja caseta de arbitrios. En la foto de 1957, de Martín Sarobe, vemos la casa de los Periodistas, realizada bajo proyecto de Domingo Ariz, en plena construcción. La promoción de estas viviendas corrió a cargo de la Asociación de la Prensa de Pamplona. Algunas voces malintencionadas, dice Arazuri, que  calificaron esta promoción inmobiliaria llamándole “el tapabocas” porque probablemente pensasen que con esta cesión municipal de terrenos iban a comprar “voluntades” periodísticas y/o evitarse criticas de estos a las actuaciones municipales, nada más lejos de la realidad.

    Entre 1961 y 1964 se recreció el edificio de José Alzugaray que hemos citado anteriormente con tres plantas más, como podemos comprobar en las siguientes fotografías en color. Puede observarse la diferencia entre las postales de 1961 y 1966. Desde 1964 y hasta  1984, tuvo su sede en este edificio el periódico decano de la prensa vasca “La Gaceta del Norte”, tal y como se puede comprobar, al ver el rótulo que lo anuncia en lo alto del edificio. La siguiente foto, que aparece a la izquierda del siguiente párrafo, es  de Galle y   muestra  las inmediaciones de la plaza Príncipe de Viana, concretamente el inicio de Conde Oliveto en el año 1971, con las casas del Plazaola todavía en pie.

    En 1974 el alcalde, Viñes, propuso volver a denominar la plaza como plaza Circular aunque meses más tarde el pleno acordó volver a la denominación de Plaza de Príncipe de Viana. Quizás y a pesar de estos pequeños cambios, sea una de las plazas que menos modificaciones ha sufrido en los últimos cincuenta años, al menos por lo que respecta a sus emblemáticos edificios. Tan sólo los comercios han ido y viniendo, a lo largo del tiempo, tal y como sucede en el resto de la ciudad. Recuerdo comercios de otros tiempos no tan lejanos como el de Noain Electrodomésticos o la Pastelería Unzue. En los bajos de la Casa de los Periodistas aún continua la cafetería Jamaica. En el otro punto de la plaza se puede encontrar, actualmente, una moderna farmacia, una tienda de Movistar, la Joyería Muñoz, una tienda de colchones, alguna tienda de muebles, así como nuevas franquicias que aparecen y desaparecen, poblando el abigarrado paisaje comercial de la plaza. Y desde hace ya bastantes años, la plaza da cabida también a las paradas de fin de trayecto de un buen número de líneas de autobús urbano, nuestras queridas villavesas.

    Fotos referenciadas en el texto de la entrada.