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Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Segunda parte.

Retomo la serie de los “comercios del Viejo Pamplona” con  la segunda parte de la calle Estafeta, recordando todos  los establecimientos que podíamos encontrar, en la primera mitad del siglo XX, en este segundo tramo de la calle, que comienza en el cruce con  la bajada de Javier y termina  en su cruce con las calles Juan de Labrit, a su izquierda, y Duque de Ahumada, a su derecha. Empezando por su lado izquierdo, donde sigue estando Casa Lange, había en torno a 1905 una tienda de chocolate que también  fabricaba, como era habitual en este tipo de establecimientos, pailas para velas de cera, y que figuraba a nombre de Herederos de Estanislao Larrosa. Más tarde en el nº 45 aparecía la firma Hidalgo y Ayestarán, con exposición y venta de automoviles, aunque ya pronto aparece por ahí Casa Lange. Tengo datada la ubicación de Casa Lange en este lugar al menos desde 1925.

Casa Lange fue fundada por Federico o Fritz Lange e inicialmente formó sociedad con Federico Standfuss al que ya nos hemos referido cuando hemos repasado los comercios de la calle Mayor (Y es que Standfuss, tras su separación de Lange, pondría un negocio  similar (de loza, porcelana y cristal y otros productos similares) en el nº 37 de la calle Mayor bajo el nombre de La Alemana. Casa Lange que ha vendido siempre un poco de todo (objetos de regalo, juguetería, bisutería, quincallería, etc), como si fuese una especie de bazar,  mantiene actualmente  buena parte de su fisonomía inicial de comercio de principios del pasado siglo, siendo regentado a partir de los años 40 por Margarita Zabala Uribe. Tanto Lange como Standfuss pertenecían al grupo de alemanes (de mas de 200) que llegó a Pamplona, procedente del Camerún en mayo de 1916. En los años 30, no obstante, en ese mismo número 45, aparece, también, una tienda de confección de señora,  la de Encarnación Alonso.

En el nº 47, donde  ha estado siempre  el centro de jubilados de la CAN estaba la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal. Esta fue su primera sede antes de que se trasladara a la esquina de Mercaderes con Chapitela en los años 20. En los años 50, en ese primer tramo, junto a Casa Lange, estaban la tienda de máquinas de coser de Ruperto Andueza, también era zapatero y la mercería de María Urriza que   vendía también géneros de punto. En los números 49 y 51 donde hoy está  el bar-restaurante-sidrería Chez Belagua estaba en los años 20, el bar y la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Fernando Lusarreta, socio en aquellos años de Serafín Oderiz, si bien en los años 30 se traslada al nº 61 de la calle donde hoy está la tienda de ropa Motufashion, ya bajo la dirección de su viuda y luego de sus hijos. El negocio perviviría hasta bien entrados los años 60. En ese lugar encontraremos a partir de esos años (años 30)  la casa de comida de Julián Indabere y desde los 40-50 la panadería-pastelería-confitería de D. Francisco Irujo Gonzalez Tablas, luego Irujo y Gascon, vamos, la Cafetería Belagua de toda la vida, aunque la propiedad de esa cafetería pastelería cambió en el año 1984, convirtiéndose en un establecimiento de hostelería. En el nº 51 estaba, en  los años 30, el pintor Sinforiano Goñi  y en los años 40 más adelante, donde está el asador Erretegia, nº 53,  estaba la churrería de Miguel Fernández Jimenez y la lechería de Pedro Ancizu Eguaras,  donde hoy está la tienda Globe Trotter (nº 55)  estaba en los años 20 la carpintería de madera para construcción de Remigio Zalba y en los 30,  en este mismo número se encontraba la cubería de  Hijos de Pezonaga y  la casa de huéspedes de Francisco Marquínez, mientras que  en los años 50 hacía lo propio el restaurante de Carlos Pascualena Gembero, regentado luego por los hermanos Elizalde.

En el nº 59 donde hoy esta la sala de juegos Estafeta teníamos en 1905 al vendedor de cal, yeso y ladrillo, Pedro Fernández, que sería relevado en los años 30 por el tonelero Isidro Pezonaga. En el nº 61, pero en un primer piso, hallábamos el celebre colegio de Gabina Ezquerro, luego de las hermanas Ezquerro, que permanecería en el lugar durante cerca de 50 años. Posteriormente, en el nº 63, donde se encuentra la carnicería Arbi  había en los años 30 una carpintería mecánica, posteriormente donde hoy hay una de las tiendas de Atanasio Echarri, estaba el tonelero Pedro Garbayo y décadas después la fontanería, hojalatería  y cristalería de Maria Cruz Archanco Udobro que vendía e instalaba además material sanitario y de calefacción.

En el nº 67, donde durante muchas décadas, al menos desde los años 60 y hasta bien entrado el siglo XXI, estuvo la tienda de Orbaiceta luego Millar Estafeta, estuvo en la primera década de siglo, la fábrica de electricidad Hidroeléctrica Franco-Española, sustituida en los años 30 por la fábrica de cupriol o sulfato básico de cobre, Sociedad Anonima de Cupriol. Desaparecida ésta, en este número encontramos, después de la guerra, la sede de Fuerzas Electricas de Navarra que producía electricidad, alquilaba los contadores de luz e instalaba, vendía y reparaba maquinaria y material eléctrico. En el nº 69, donde hoy está Chez Evaristo hallábamos, a primeros de siglo,  el bar El Moderno, regentado por Venancio Sánchez. Posteriormente aquí encontraríamos un café público con mesas de billar regentado por Macario Arguiñano Echeverría, “Los billares” hasta que el bueno de Evaristo Salinas abrió su bar Casa Evaristo a primeros de los años 60, que hace ya unos cuantos años compró José Luis Biurrun Olave cambiándole el nombre por Chez Evaristo.

En los años 20, donde se encuentra hoy el bar La Granja estaba la tienda de José Les, “La Oficina Americana” que vendía máquinas de escribir, aparatos multicopistas y accesorios; en el primer piso tenía una agencia o gestoría que se dedicaba a diversos negocios. También en este número, en los años 20,  tenía la razón social Alfredo Urra, industrial local, herrero, cerrajero, dueño de garajes, taller mecánico,  autobuses y taxis conocido porque uno de sus coches, un Clement  Bayard, es considerado como el primer coche que ejerció de taxi, como tal, en Pamplona. Fundó junto a Manuel Ros, en los años 50,  la fábrica de frenos Urra en la Rochapea. Posteriormente desde los años 30 lo podíamos encontrar en el nº 73. En los años 50 en este local del nº 71 encontrábamos ya un negocio hostelero, un café público, con mesas de billar, su dueño, Luis Desojo Sanz que lo regentó hasta finales de siglo.

En el nº 73 donde se encuentra la tienda de camisetas “Eh toro, eh” y en tiempos estuvo una de las dos tiendas del Supermercado del Cassette había en 1905 una herrería,  la de Joaquín Urricelqui, en los años 40, sin embargo encontramos aquí una tienda de alimentación, también vendía café al por mayor regentada por Joaquín Goicoechea Ichaso que permanece al menos hasta los años 60. En 1958, en el primer piso Alejando Elizari y Felisa Garcia fundaban el restaurante Josetxo que en 1985 se trasladaría a la plaza Principe de Viana. A continuación, donde hoy esta un Totos, en 1908 estaba la posada de Matilde Lazaro que en los años 20 regentó Librada Lopez. En los años 30 había una tienda de coloniales, con especialidad en jamones y chorizos dirigida por Julian Muniain que en los años 50 estaba a nombre de Eloy Ciganda Goñi, negocio familiar que continuaría años más tarde con Esteban Ciganda. En este mismo nº tuvo su razón social también en los años 30 el negocio de venta y alquiler de bicicletas de Vicente Gracia que vemos en la foto que acompaña al siguiente párrafo.

En el nº 77 donde estuvo durante los últimos años Moda Hogar Casal hubo, a primeros de siglo, una tienda que vendía aceite, vinagre y jabón al por menor, además de cereales y pupilages para caballerías, a nombre de Josefa Uriz. Posteriormente en este local ha habido un negocio de blanqueamiento de cera, en el primer piso, el taller de sastrería de Demetrio Baztán, y antes de Casal creo recordar que hubo una tienda de moda que se llamaba London. Luego venía la carbonería de Abdon Maestu Alustiza y la carnicería de Gregorio López. Yo en ese lugar he conocido la Pastelería Salcedo, en la última fase Pastelería Andueza. Para acabar este lado, antes de llegar al cruce con Tejería,  encontramos donde estuvo Casa Sixto, en el nº 81,  a lo largo de la historia, diferentes usos: a comienzos del siglo había lo que se llamaba un  bodegón, también era fábrica de gaseosa y vino, se vendía vino por decalitros, lo dirigía Miguel Goñi, luego en los años 30, Leocadio Urtasun montó un bar y casa de comidas. Recordemos que este hombre también tenía una tienda de alimentación al final del primer tramo de la calle. En los años 40-50 será Juan Artazcoz quien regente el negocio hostelero así  como  Apolonio Aquerreta lo hará en los 60.

A continuación, en el nº 83, encontramos  el reformado Casa Juanito, que en tiempos dirigía Juan Barberena y luego otro local que tanto la planta baja como la primera casi siempre tuvieron uso hostelero: y es que en el nº 85 hallamos en 1908, la posada de Cesareo Lezaun, que luego en los años 20 aparecía como La Roncalesa (Sucesor de Lezaun) con fonda y casa de huespedes. Felix Tirapu dirigíría posteriormente la fonda restaurante San Fermin en los años 40 y en los 50 lo haría Pablo Berastegui. En la primera planta en los años 60 y 70  estaba aquí el restaurante Ibarra regentado por Antonio Ibarra. Será en esos años cuando se hagan cargo del bar de la planta baja Miguel Flores y Joaquín Corral  que lo convertirán en el conocido Casa Flores, hoy El chupinazo. Posteriormente, a primeros de siglo, en el nº 87, estaban los constructores de carros y coches: Hijos de Bonifacio Labarta y Jose Bon, algunas décadas más tarde aquí aparecía Juan Sagües con venta de abonos minerales, harinas y cereales, para acabar este lado de la calle con la farmacia (también era óptica, droguería y perfumería) de Javier Navascués, en el lugar al menos desde los años 30 y posteriormente la peluquería y barbería de David Zoco.

Regresamos al cruce con la bajada de Javier, esta vez recorriendo la calle por su lado derecho. Hasta bien avanzado este lado del segundo tramo, no encontramos locales comerciales. En primer lugar se hallaba y se halla el Palacio de Goyeneche y más tarde una serie de locales desocupados, muchos de ellos almacenes de locales que daban a la plaza del Castillo y que se encontraban bajo la cota de la calle. En el nº 42, donde hoy se encuentra Regalos Olentzero, tenía su razón social, en 1905 Francisco Lorente, almacenista de carbón vegetal, en los años 50 y 60 en ese lugar estaba la carbonería de Abdón Echauri;  a continuación en un local hoy sin uso comercial encontrábamos a Rafael Zugarrondo, constructor de baules, si bien a partir de los años 20 se traslada al nº 38, donde durante mucho tiempo estuvo el Bar Las Vegas, hoy un kebab. En los  años 30, en el nº 46 estaba la sede del Pensamiento Navarro. En esos mismos años, en el nº 48, donde hoy está el Zanpa estaba la tienda de coloniales, tocinos y jamones de Jacinto Chocarro. Había que llegar hasta el nº 52, en los años 30, donde hoy está el Bodegón Sarria para encontrar otra carbonería, la de Manuel Eraso al que sucedió Eusebio Echarri. En el año 1959 se instalaría allí el bar Señorio de Sarria. En la actual Cervecería La Estafeta había en los años 50 y 60  otra carbonería, la de Vicente Goldaraz;  Donde hoy está el Hilarión  encontramos a  comienzos del siglo otro almacen de carbón, este de  Vda de Astrain si bien en los años 30 hallamos en este lugar la carpintería de Aurelio Biurrun, constructor de baúles. El actual Fitero, sito en el nº 58, ha tenido un uso hostelero desde por lo menos comienzos del siglo sino antes. En la primera década del siglo XX se encontraba allí la taberna de Felipe Oderiz, regentada posteriormente por Jacinto Chocarro, citado anteriormente, la misma taberna que años más tarde, al menos desde los años 40, regentaría Candido Ardanaz Imizcoz, bajo el nombre de Bar Prados hasta que en el año 1956 lo coge el matrimonio formado por Cesareo de Luis Diaz y Elvira Beorlegui Lacunza y lo convierten en el Bar Fitero

Acabamos este tramo y nos encontramos con la travesía Espoz y Mina. Donde hoy hay una tienda de Deportes Atanasio, en un edificio renovado de los años 60, estaba a primeros de siglo, la fonda de Carlos Maisonnave, ya Vda de Maisonnave que, posteriormente, desde los años 20 se convertiría en hotel, el Hotel Maisonnave, con entrada también por Espoz y Mina 1. Más adelante en los números 62 y 64, donde hoy está el hotel Europa hallábamos las fondas de Candido Múgica y Javier Esparza, respectivamente, si bien en los años 30 en el 64 había una tienda de alimentación, la de Francisco Alvarez que en los años 50 y 60 aparece a nombre de Carmen Saenz y más tarde la tienda de maquinas de escribir de A. Torio;  en el 66, donde hoy hay una pizzería, estaba la abacería de Silveria Larman, sustituida en los años 30 por la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Sixto San Román, que también vemos en una foto del encierro de aquellos primeros años del siglo, junto al siguiente párrafo.  De Sixto San Román  ya hablé en la entrada dedicada a los bares y tabernas de antaño. En el nº 68, donde hoy está Tecnogalery, desde finales de los 40 estaba Victor Irisarri con su tienda de confección que yo llegué a conocer hasta al menos los años 80. En el nº 70, donde hoy está LG complementos estaba desde los años 50 al menos la pescadería de Fermina Villanueva, también un establecimiento bastante longevo.

En el nº 72, donde hoy esta Friking y durante muchos años la tienda de venta de  máquinas de coser de Casimiro Santiago, estaba, desde los años 20,  la tienda de alpargatas de Juan Pérez, luego desde mediados o finales de los años 60 aparece en este lugar la tocinería de Carmelo Moreno. En el nº 74, donde  desde hace décadas se encuentra un Taberna había un barbero, Avelino se llamaba, para acabar con el último local de la calle, que hace esquina con Duque de Ahumada, el nº 76, donde desde hace ya bastantes años se encuentra la primera tienda que abrió Kukuxumusu. A primeros de siglo aquí estaba la ferretería de Angel Artola, luego Artola y Cía, con almacén de lana en los años 20, aros para cedazos y venta de herramientas, almacenista de madera y materiales para la construcción, desde los años 30. Y desde los años 40 se instaló aquí la Mercería Feli, de Felicisimo Echeverría Gomez que también recuerdo hasta finales de siglo. Un poco antes, también en el 76 aparecía la droguería-perfumería de Maura Sola.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Segundo tramo de la calle Estafeta (1927). Luis Rouzaut; Foto nº 2. Encierro del 12 de julio de 1941. Diario de Navarra;  Foto nº 3: Encierro en el segundo tramo de Estafeta. (años 30). Foto Ruperez; Foto nº 4:  Fotopostal del encierro por el 2º tramo de la Estafeta (1965). Ediciones Vaquero;  Foto nº 5:  Foto último tramo de la calle Estafeta (sin filiar);  Foto nº 6: Alpargatería de Juan Pérez, en el nº 72 de la calle Estafeta. (1954). J. Cia. AMP;  Foto nº 7: Foto postal del encierro del 8 de julio de 1914;   Foto nº 8: Foto de la peluquería Garralda. (Años 30). L. Roisin

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Primera Parte.

Retomo una serie muy bien acogida por los lectores de este blog que es la de los “Comercios del Viejo Pamplona”. En esta ocasión me acerco a nuestra calle más internacional, la calle de la Estafeta que, dada su extensión, dividiré en dos partes, la primera parte llegará hasta el cruce con la bajada de Javier, una zona que siempre tuvo mayor  peso comercial que la segunda. En la segunda entrada, partiré de este cruce para llegar hasta su confluencia con Duque de Ahumada, donde encontramos un significativo número de establecimientos hosteleros, salpicados entre algunas pequeñas tiendas, aunque quizás no había entonces tantos bares  como  ahora.  La Estafeta es la tercera calle más larga del Casco, después de Nueva y Mayor, con  algo más de 300 metros de longitud, en los que encontraremos en torno a 89 establecimientos de diferente tipo. Como en entradas anteriores haremos retroceder la imaginaria moviola del tiempo y nos situaremos en las postrimerías del siglo XX, al principio de la calle. Si mirásemos a la izquierda de la calle, veríamos la fábrica y tienda de chocolate de Tiburcio Guerendiáin, que como el resto de este tipo de tiendas también hacían pailas  y blanqueaban la cera (de hecho  ahí tenía su sede la Sociedad de Cereros), si, ahí donde lo oyen, para mí ha sido una sorpresa, pues he identificado siempre el apellido Guerendiáin con otro tipo de actividades, si bien es cierto que ya para entonces también se dedicaba a la venta de materiales de construcción (cal, yeso, ladrillo, asfaltos, baldosas, azulejos, etc). El negocio de los chocolates no se prolongaría demasiado en el tiempo ya que para los años 20 Guerendiáin ya se había centrado única y exclusivamente en el negocio de los materiales para la construcción incorporando a su catálogo de productos aparatos sanitarios, venta de piedra artificial, tubería de gres, etc.

Es, al menos desde los primeros años 50, cuando aparece como titular Pio Guerendiáin Vitoria que se especializa, sobre todo, en la venta e instalación de material sanitario, aunque sin dejar la venta e instalación de materiales para la construcción, a continuación de Tiburcio  Guerendiáin había en los años 20 una tienda de frutas y verduras y, luego, desde finales de los 40, la tienda de Alimentación de Elía Hermanos, -yo la recuerdo por lo menos hasta los años 8-0, hasta que se hizo cargo de la tienda, -la cogió en traspaso-, Sulpicia Delgado que la convertiría en Alimentación Sulpi, hasta hace unos cuantos años, en que se jubiló. Hoy este y el anterior negocio se han convertido en un supermercado  Carrefour. A continuación estaba, a primeros de siglo, la barbería Mendivil que se mantendría en el lugar hasta  los años 40. Posteriormente se ubicaría aquí una tienda de frutas y verduras de Eustaquio Elizalde y tras la guerra la relojería de Jesús Redín Ladrón de Guevara y posteriormente de su hijo José Javier, bueno, sobre todo era un taller de relojería.  En 1965 coge el negocio Ignacio Ancín que lo convierte en Relojería Ancín, negocio que se mantendría en el lugar, regentada durante la última década y media por la segunda generación, encarnada por Sara Ancín que estaría en este lugar hasta diciembre de 2014 en que se traslada al nº 4 de la calle Zapatería. Es probable que la  numeración de entonces no coincida exactamente con la actual porque según mis fuentes en estos primeros números impares de la calle debió estar la mercería de Angeles Salcedo  durante los años 50 y 60 y la carnicería Arrastia.

Pero prosigamos, a continuación, en el nº 5, donde hoy está el Churrero de Lerín estaría, en los años 20, una tienda de frutas y verduras regentada por Josefa Ladrón de Guevara, ¿sería familia de Redín, el relojero antes citado, dada la coincidencia de apellidos?, que tras la guerra regenta  Evaristo Osteriz como tienda de alimentación. En los años 60 en este local estaba la zapatería (venta de calzado fino) de Jenara Companius,   yo ahí he conocido  Calzados Galdeano. Luego había, a primeros de siglo, una taberna regentada por Josefa Zabalza que, en los años 20, se convertiría, de la mano de Agustín Idoate,  en una tienda de venta de vinos y licores al por menor.   Más tarde en los  años 50  la carnicería de Narciso Iriguibel, donde hoy esta  Zaika y a su lado, a partir de 1938, Juan Zarranz Bermejo instalaría una mercería, más tarde  tienda de ropa mujer, que regentaría luego su hijo Miguel y hoy la tercera generación encarnada por Irene Zarranz, la foto de su local que acompaño, (la mayoría de las fotos son de encierros sanfermineros) es de finales de los 50 o primeros 60;  posteriormente a comienzos del siglo estaba la platería de Gregorio Carrasquilla, que también tenía taller de joyería, -en los años 50 todavía estaba en activo, con Jesús Carrasquilla de titular- y que también aparece en la foto. Posteriormente, en el nº 13 había a primeros de siglo un herrero y cerrajero de apellido Juango. Desde al menos los años 20, en los  nº 15-17, donde hoy esta Cuchillería Gomez y un chino estaba la tintorería de José Ferrer que permanece en el lugar hasta finales de los años 50 que la coge Gomez para poner ahí su tienda de souvenirs y regalos. Luego en los años 60 en el 17 estuvo la tienda textil de José Orte. En el nº 19, donde hoy está Foto Leache,  estaba en 1908 la abacería de Manuel Añezcar, al que seguiría en el negocio Segunda Landa, hasta que, a finales de los 20, se instaló  el establecimiento de cámaras frigoríficas “La Polar”, que dió paso a finales de los 40 a la lechería de Atanasio Ezcurra Oscoz.

A continuación, en el nº 21,  donde hoy se encuentra  Gurgur y en tiempos La casa del Bacalao estaba la tienda de coloniales de los Garayoa, primero de Luciano y luego de Esteban. Esta tienda sería una tienda de alimentación desde los años 30 a los 60, por lo menos. Posteriormente, donde hoy está Sabai y anteriormente Lanas Kuska, en 1908 había un vendedor de vinos por decalitros (Silvestre Sánchez), un par de décadas después la carpintería mecánica de Valentín Goicoechea y más tarde Leoncio y Cía que pintaba muebles y automoviles (antes estuvo en el nº 9). Donde hoy está Tejidos Rodrigo que ocupa los números 25, 27 y 29, a principios de siglo estaban el hojalatero Goicoechea, luego Sucesores de Goicoechea, -representante de Isaac Urzay-, que se dedicaba a la instalación de calefacciones  aunque también lo he visto como lampistería en el nº 11, antes de que llegase Juan Zarranz a la zona; en el 27 aparecía una platería a nombre de Aquilino Garcia Dean. Resulta sorprendente este hecho porque este personaje, del que hemos recogido alguna fotografía en este blog, era un fotógrafo no profesional, un autodidacta, que trabajaba en el Ayuntamiento, llegó a ser concejal y buena parte de su producción, (que va de 1885 a 1940), sobre las calles, rincones y barrios de la ciudad,  permanece extraviada o no documentada. Y en el nº 29, en lo años 20, estaba la barbería de Saturnino Aventino. Ya desde los años 30 está documentada la presencia en este lugar de la fabrica de hielo de Pilar Apart. Posteriormente aparece como titular Julio Soto Perez con la misma actividad, fabrica de hielo y también de cerveza, creo que era “Cervezas El León”, la actividad se mantendría con el y/o sus herederos hasta finales de los años 60. Junto a ella estaba la droguería Huarte. En 1971, se instala en estos números, como ya he señalado,  Tejidos Rodrigo.

En el lugar donde hasta hace un par de años estuvo Colecciones Iruña estuvo al comenzar el siglo XX, la imprenta de Erice y García. Como otras imprentas también era papelería, vendía libros y objetos de escritorio. Posteriormente la imprenta se quedaría en manos de Jesús García, mientras los Erice se centraban en una academia de enseñanza, en el 1º piso del nº 33 de la calle. Me acuerdo que mi hermano estudió tras el bachillerato en el Ximenez contabilidad en esta academia fundada por Candido Erice.  En los años 50 la imprenta García estaba a nombre de Pedro García Anoz. La actividad se mantendría, al menos, hasta finales de los 60 y primeros 70, también con la actividad de librería y venta de objetos de escritorio. En sus locales se imprimió   hasta su cierre, en 1932, el periódico,  La Tradición Navarra. En el primer piso y justo al lado,  en esos años estaba el Circulo Integrista, tal y como vemos en la foto adjunta, con unas dependencias similares a las del resto de sociedades y casinos de la época. En los años 50 estaba en el lugar la platería  de Esteban García que anteriormente, en los años 20, estuvo en el nº 27 de la calle. En el nº 35, también desde temprana fecha, final de la segunda década, encontrábamos la tintorería de Rafael Ferrer Galdeano, que permanece en el lugar hasta los años 60. A continuación venía un establecimiento muy conocido, todo un clásico, como es hoy el de las Pastas Beatriz en la calle, la pastelería y confitería de Sinforiano Salcedo, posteriormente Hijos de Salcedo, fueron muy famosas sus coronillas, cuya fachada vemos en una foto junto a este párrafo y que permaneció en el lugar hasta por lo menos finales de los 60 y primeros 70. Como quiera que a lo largo del tiempo ha habido baile de números, por segregación o anexión de locales, creo que no siempre fue el 37, yo he visto el local por dentro, cuando el propietario era el dueño de Windsor (lo utilizaba como almacén)  y se correspondía con el nº 35, al menos el obrador, donde hoy está la casa de apuestas deportivas Reta. A continuación, en el 39,   en 1908 estaba la barbería de los Moratel, por lo menos estuvo hasta los primeros años 50, primero con Benito, luego con Norberto y posteriormente desde los años 50 la bisutería y taller de joyería de José Luis Goñi, todavía en el lugar. En el 41 estaba y está, creo que data de primeros de siglo,- el Mesón Pirineo,  regentado a mediados de siglo por Antonio Zabaleta Monreal. Tras este bar y terminando este tramo de calle hubo durante buena parte del siglo diferentes tiendas de alimentación. En 1908 estaba Elias Gamazo, luego, desde los años 20, Matea Cenoz; en los años 50 aparecía como titular Leocadio Urtasun que a la sazón regentaba un establecimiento hostelero en el nº 81 de la calle donde luego estuvo  Casa Sixto,  actual Cocotte. La foto del encierro nos muestra el insólito montón formado junto a la tienda de Urtasun el 7 de julio de 1960, afortunadamente solo hubo heridos en este encierro protagonizado por los Pablo Romero.

Regresamos al principio de la calle, en su confluencia con Mercaderes. En el nº 2, donde hoy está el Come, Come estaba, a principio de siglo, la fabrica de corte y calzados, curtidos al por mayor y al por menor de Rufino Ayestarán. Al principio de los años 50 aparece como razón social Almacén de Curtidos de Alejandro Ayestarán si bien enseguida, en fotos de 1956, (vease la anterior entrada del blog), en su lugar puedo observar que estaban  Los Zamoranos y tras ellos, también en el nº 2,  estaba la relojería de José Antonio Olangua.  A continuación, en 1908,  estaba la tienda de cristal, loza y porcelana de Domingo Llorente, regentado luego por Blanca Llorente Aiciondo. También instalaban vendían y reparaban maquinaria y material eléctrico. Su  nombre comercial era, como vemos en el anuncio anexo, “El Buen Gusto” y vendía también objetos de regalo. En este primer tramo compruebo que hay una droguería, regentada por Saturnino Goñi, aparentemente en el nº 4, pero no logro ubicarla porque también aquí hay un baile de números. En 1908, en el nº 6  se ubicaba el tapicero Anastasio Martinez que, tras la guerra, reconvierte el negocio y empieza a dedicarse a la construcción y enmarcación de  cuadros, negocio que en 1960 traspasará  a Amado Mendoza, cuyos  herederos lo dirigen  en la actualidad. En el nº 8, que hoy ocupa también Amado Mendoza, había  en 1908  también un ebanista y tapicero, bajo el nombre de Herederos de Oñate, si bien, en los años 20, encontramos en ese lugar lugar a un tal Francisco Vicente que al oficio anterior de tapicero  sumaba  también  la construcción de cuadros. En los años 30  este hombre aparece en el nº 10 ya solo como constructor de cuadros, mientras que en el nº 8 hay una tienda de alimentación, siendo relevado en los años 50 por Eugenia Marco Zabaleta que continua su actividad en los años 60. Imagino que se corresponde con el negocio que conocemos como Cuadros Huici. Y seguimos con cuadros, por lo que se ve, estaban casi todos seguidos. En el nº 12 donde está actualmente Honestus y donde, desde 1979 estuvo la tienda de discos Digital figuraba el carpintero y ebanistero, más tarde constructor de cuadros,  Mauricio Arbizu Galdeano que mantuvo  la actividad desde principios de siglo hasta finales de los años 50. Lo sustituyó, en los años 60, la tienda de venta de aparatos eléctricos Ordex S.A. En los años 20, donde durante muchos años ha estado Cachito y luego una tienda de Desigual, estuvo la sillería de Manuel Ortiz que tendría una prolongada existencia,  hasta los años 60, luego venía la carnicería de Demetrio Aranguren (años 30) que en los años 60 sería la droguería de Maura Sola (Perfumería Remon). A continuación en el nº 18, donde desde 1943 y hasta 2000 estuvo la Gran Cuchillería Gomez que pasó ese año al nº 15 de la calle y que regenta actualmente la tercera generación, en el local donde hoy se encuentra una de las Heladerías Larramendi estuvo desde primeros de siglo el carpintero Angel Zabalo y posteriormente una hojalatería.

A continuación, donde hoy está Aromas y más. en 1908 estuvo la horchatería, chufería y alogeria de Victoriano Moreno. Posteriormente, después de la guerra  hubo allí una tienda de venta de loza, porcelana y cristal, Vda de L. Capitán, abierta hasta, al menos, finales de los años 60. Veamos ahora la historia del local donde está Pastas Beatriz. Desde comienzos del siglo hasta 1922 fue la carpintería de Esteban Osacar, luego desde esa fecha estuvo la fabrica y tienda de chocolate de José Larrea, también vendían velas de cera, después fue simplemente una tienda de ultramarinos, cuya propietaria se llamaba Regina González Vicente, hasta 1969,  en que  cogen el negocio Pablo Sarandi y su mujer Beatriz, convirtiéndola en una tienda de pastas. Al comenzar la década de los 90, dejan la tienda en manos de las hermanas Gómez Tellechea que son las que la regentan, y  con un enorme éxito, la tienda en la actualidad. Tras este establecimiento nos encontrábamos entonces con la pared trasera del hotel La Perla, -hoy está la entrada al restaurante La Cocina de Alex Múgica-, saltando, pues, la numeración desde el nº 22 hasta el nº 28 de la calle donde durante varias décadas, al menos desde los años 40, estuvo Bodegas Ibañez,  de Ibañez Hermanos, con venta de todo tipo de licores, almacenistas de vinos, etc. En el nº 32 donde hoy aparece Windsor Tavern estuvo el Navarro, un conocido bar de comienzos de siglo, regentado por  Nicomedes Paz. En este número también aparece, en los años 20, la dirección de Serafín Oderiz, el de Gaseosas Oderiz  que abrió su fábrica aquí antes de su traslado al Ensanche y más tarde a la avenida de Guipúzcoa, y  en los años 50 se encuentra en ese número el establecimiento Electri-Cinema de Julio Soto, el de Cervezas El León, con una tienda de aparatos de radio. A continuación en 1908, donde hoy está Elektra estaba la carnicería de Canuto Ochoa y, desde finales de los 40, la tienda de Carmelo Gortari, vendía aparatos de radio, y luego de televisión y otros electrodomésticos. Posteriormente, desde los años cincuenta, en el nº 36 encontrábamos  la relojería de José Antonio de Cia, seguida, desde 1943 por la librería de Benito Echarte, con compra y venta de libros usados y tras de ella, la zapatería de Alejandro Cavero Velasco.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Primer tramo de la calle Estafeta (1922). Luis Rouzaut, Foto nº 2: Encierro en la curva de la Estafeta. (años 40). Paco Mari. Fondo Marin. Kutxateka. Foto nº 3, Encierro sanferminero por la Estafeta. (1962). Sin filiar. Foto nº 4: encierro por la Estafeta. Paco Mari. 1961. Fondo Marin. Kutxateka, Foto nº 5: Pastelería Salcedo (1919). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 6: Paseo por la calle Estafeta (1917), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 7: Montón el 7 de julio de 1960 cerca del cruce con la bajada de Javier. Sin filiar , Foto nº 8: encierro sanferminero años 50 , Foto nº 9: Edificio que corresponde al nº 12 de la calle Estafeta. (1932). Galle. AMP, Foto nº 10: encierro sanferminero años 50.

Comercios del Viejo Pamplona: el Paseo de Valencia (1908-1953)

Y saliendo de la calle Comedias, entonces, a primeros de siglo, llamada Dos de Febrero, desembocábamos en 1903 en el llamado Bulevard de Sarasate, llamado popularmente por los pamploneses durante buena parte del pasado siglo, también, como Paseo de Valencia. Hoy un buen número de los viejos edificios de su parte más antigua, la lindante con el Casco, han sido derribados y sustituidos por otros y por lo tanto, de buena parte de aquellos viejos locales, nada queda. A la vuelta de Comedias, donde hoy se encuentran las tiendas de Kikos y Zucitola estaba la tienda de alimentación de Román Oteiza, que vemos en la fotografía que encabeza la entrada. Fabricaba y vendía pastas alimenticias,  pastas para sopa y también cafés tostados al por mayor y al por menor, velas de cera y un largo etcétera, convirtiéndose en los años siguientes ya como Oteiza e Iribas en una tienda de coloniales al por mayor y al por menor. Ocupaba los números 2 y 4 del Paseo; Contaba, además, con otra tienda en el nº 60 de la calle Jarauta. Después de la guerra Oteiza se trasladaría, como tantos otros comerciantes del Casco, al Nuevo Ensanche, aunque en esta época hubo de todo, comerciantes que mantuvieron la tienda en el Casco y abrieron un segundo punto de venta y comerciantes que trasladaron su actividad a las calles de esta expansión urbanística de la ciudad. En los años 40-50, en esa esquina de Sarasate con Comedias teníamos la zapatería de calzado fino de Justo Azcona y donde estaba Oteiza e Iribas encontrábamos la tienda de alimentación de Sandalio Urrutia. Junto a ellas podíamos hallar las pastelerías-confiterías de María Trasobares y la de Jose María Vilar así como la agencia de viajes Vincit. Zucitola permanece en este lugar, al menos, desde 1936. A continuación, también en el nº 4, en la segunda década del siglo XX hallábamos la centenaria armería Casa Puntos, fundada por Juan Martinez de Goñi, que también vemos en una de las fotografías que encabezan la entrada. Se especializaría en artículos de caza y pesca aunque también vendía artículos de viaje. En los años 50 la veríamos en el nº 10 del paseo y posteriormente en la calle Lindachiquia. También en esta zona había una tienda de venta de material de electricidad, la de Rafael Rodríguez y Compañía aunque posteriormente en los años 30  había allí una administración de lotería, la de Joaquín Solorzano. En 1939, Nicanor Mendiluce inauguraba la Heladería Nalia aunque desde el primer momento el negocio lo gestionaría el maestro heladero y turronero José Serrano, al que seguirían luego su hijo Vicente y actualmente, desde hace unos pocos años su nieto, la tercera generación, también llamado Vicente.

Posteriormente, en el nº 6,  tenía su local un marmolista, Ramón Carmona, donde posteriormente, en 1919  se instalaría la sede del Banco Hispano Americano, que desde los años 30 conoceríamos en el otro lado del Paseo, en el nº 3. Tras la guerra y hasta el año 2000 en ese lugar se ubicaría el conocido restaurante Las Pocholas de las hermanas Guerendiain, algunas de las cuales vemos en su cocina, en la fotografía adjunta.  A continuación, en el nº 8, estaba la papelería, que vendía, también objetos de escritorio, de Venancia Ciaurriz. Hoy en día, a Kikos y Zucitola habría que sumar en este largo tramo, donde hemos señalado los negocios indicados y por este orden  la yogurtería Baobab, la heladería Nalia, la tienda de ropa infantil Nanas y la chocolatería Valor. Posteriormente donde hoy hay un local vacío, desde tiempos inmemoriales y luego una tienda o almacén de antiguedades no tengo constancia de actividad alguna, en el período analizado lo cual no quiere decir que no la hubiera en algún momento a lo largo de la historia. En el nº 14 donde hoy existe una agencia de viajes The Travel Band y en tiempos  creo que estuvo Viajes Iberia, en los inicios del siglo XX había una tienda que vendía vino por decalitros, la de los hermanos Catalá, de corta duración ya que en los años 20, en su lugar encontramos la imprenta y papelería de Generoso Huarte. En los años 50 en el 1º piso había una peluquería, la de Miguel Gabari y Juana Lucia que atendía tanto a  señoras como a caballeros, imagino que  separados pues no habían llegado todavía a nuestra ciudad las peluquerías unisex; había otra peluquería al final del paseo, en el nº 34, regentada por Julio Martínez. Tras la guerra, en el nº 16, donde hoy está el establecimiento “Zapatos a lo bestia” estaba la droguería al por mayor Centro Farmacéutico Vizcaino, que también eran almacenistas de productos farmacéuticos. Donde hoy está el Bankinter, me dice mi hermano que había una heladería y en efecto, rebuscando en mis archivos descubro que en esta zona desde los años 40-50, al menos, estaba la heladería La Vital.

Tras la heladería y el kiosko de chucherías, situado a la entrada del llamado Rincón de San Nicolás venía la casa parroquial e iglesia de San Nicolás y pasada ésta, la llamada Casa Navasal derribada por desgracia a finales de los 60, -no hay más que ver el hermoso edificio que había y el engendro arquitectónico que lo sustituyó posteriormente, donde hoy esta la óptica de Javier Alforja-. La afamada casa, Sucesores de Navasal vendía tejidos al por mayor y al por menor además de ser una sastrería con venta de género. Junto a Navasal, en los años 30, estaba el estanco de Modesto Toledo y donde hoy se encuentra el restaurante Ñam, en el nº 24, estuvo la pastelería de Pedro Hernaiz  y en el nº 26, la tienda de máquinas de coser Singer, -yo la he llegado a conocer en esa ubicación hasta finales del pasado siglo-, si bien no en el nº 26 sino en el nº 28. Por aquí cerca, en el nº 26 estuvo también hace unos años una tienda de Beunza Luz. También en el 26 estaba la fábrica de vino de Agapito Peralta y  la tienda de Arizti Yaben. Como Guibert,  Arizti Yaben era una fumistería, osea vendía cocinas y estufas, chimeneas, balanzas, basculas, pero era además una ferretería y un almacén de hierros. Estuvo radicada en este lugar al menos, desde comienzos del siglo, sino antes, y hasta los años 30.   En esos años aparece también en este lugar, en el nº 26 la mercería, paquetería y quincallería de Pio Espluga, luego Sucesores de Pio Espluga,  que hemos conocido anteriormente, a principios de siglo, en la calle  Zapatería. Más tarde el negocio  se trasladaría cerca,  al nº 30. En este nº y lugar, tenía su sede y estación desde 1911,  la sociedad El Irati, tal y como vemos en la foto adjunta a este párrafo. De las principales sociedades industriales navarras de la primera mitad del siglo hablaré en otra ocasión. En estos locales donde hoy está la tienda Partyland o un nuevo edificio recién terminado hace escasas fechas estaba, no hace mucho, la cafetería Spada y anteriormente estuvo Radio Frías que, antes de recalar en el bulevard, estuvo en el nº 33 de la calle San Nicolás, además de, en el primer piso, la copistería Politécnica. ¡Cuantas copias habremos hecho tanto en esta copistería como en el de Copia de la plaza del castillo, eso sí,  hace ya un porrón de años! 


Ya casi en el ultimo tramo de este lado del Paseo, el comercial, el otro nunca lo fue teníamos, a primeros de siglo, la colandería de Angeles y Mercedes Tuero, en el nº 32. En ese mismo lugar, en los años 30, se instalaría la farmacia de Joaquín Arteaga, la delegación de la Unión y El Fénix Español  y tras la guerra, a estos locales,  donde ahora están Inmobiliaria San Fermín y una tienda de ropa de bebe se habían trasladado Arizti Yaben, con el nombre de Vda de Arizti Yaben e hijos, la droguería y perfumería de Ciriaco Ibañez y Javier Mena, el fotógrafo. A continuación, desde los años 40 y hasta finales del siglo, estuvo la famosa Heladería Italiana, sus propietarios eran italianos de verdad, su dueño se llamaba Eugenio Bez Dal Molin. Más adelante, en 1905, estaba la carnicería de Diego Mina, fundada por éste en 1864, luego Vda de Mina que fabricaba embutidos (chorizo, jamón, tocino, etc), la fabrica se trasladaría luego a Huarte; Aquí, en los años 40, se instalaría Victoriano Arburua aunque con un negocio de venta de periódicos y revistas, si bien en los años 70 creo haber visto una fotografía en la que aparecía como Papelería Blasco y vendía también productos de filatelia.  A continuación, en los años 20, se instaló, donde luego estaría Confecciones Chile, Joaquín Martínez, como sastrería con surtido de géneros que se mantuvo en el lugar al menos hasta los años 50 y junto a él, el almacén de muebles de Arrieta y compañía.

Ya en el último tramo del Paseo estaba, hasta 1971, la Casa Alzugaray, derribada para construir el actual edificio del Banco Atlántico (hoy Banco Sabadell). En los bajos de este edificio, que fue sede durante un tiempo del gobierno civil, encontrábamos, en los años 30, las oficinas de Múgica y Arellano y la sede social de la fábrica de harinas de Vda de Alzugaray, que daba nombre a la casa. En el otro lado del paseo, tal y como he comentado en otras entradas del blog teníamos y tenemos varias entidades bancarias y otros edificios oficiales o institucionales. En los últimos años las entidades bancarias también invadieron el lado más cercano al casco. Donde estuvo la antigua Alhóndiga Municipal se instalaría luego  el Banco de España, donde estuvo la Fonda de Otermin, el caserón de la Meca y luego los Escolapios, se construiría el nuevo edificio de Caja Municipal y del Banco Hispano Americano,  donde estuvo la panadería municipal del Vinculo, se erigiría el nuevo edificio de Correos, acabando ese tramo con la antigua Casa de Baños. De negocios en planta baja tan solo caben destacar en los años 30, un negocio de coches de alquiler a nombre de Sucesores de Maisonnave, en el nº 13, la imprenta de García Enciso y Cafés Maya, en el nº 15; y en los años 40-50, en el nº 7, la mercería de Gloria Burgos y las máquinas de coser Alfa y hasta hace algunas décadas en el nº 11 el negocio de venta y reparación de máquinas de escribir de Julián Echevarría.

Fotos por orden de aparición: Casa Puntos (Años 20). Luis Rouzaut del libro “Luis Rouzaut, óptico de profesión y cronista de la vida navarra a principios del siglo XX”. Ultramarinos de Ramón Oteiza (Años 10). Cocina del restaurante Las Pocholas. (Años 40-50). Archivo familiar familia Guerendiain. Casa Navasal.  (1967). AMP. Estación del Irati. (Años 20). A. de León. Casa Alzugaray (1965). Javier Gallo.

Comercios del Viejo Pamplona: las calles Pozoblanco y Comedias (1904-1954)




Y después de haber repasado la historia comercial de la calle Zapatería no me alejo demasiado. Continuo por la zona más próxima y más concretamente por las calles Pozoblanco y Comedias, llamadas hasta 1937 General Moriones y Dos de Febrero respectivamente, aunque me referiré siempre a las calles con sus denominaciones actuales. Comenzaré  por los impares, indicando siempre que pueda a algún comercio destacado que  sirva de referencia. En 1908, en el nº 1 de la calle Pozoblanco estaba la tienda de tejidos del comerciante catalán Agustín Trias Comabida, el conocido Comercio San Fermín, fundado en 1891 por este. En la trasera, en el nº 42 de la plaza del Castillo estaba su taller de sastrería con venta de género, al menos desde los años 20. De hecho yo recuerdo haber visto una tienda con el nombre de Trias hasta finales del siglo XX, en esa esquina de la plaza del Castillo, junto al Secretariado Navarro, donde hoy se encuentra la peluquería de Ainara Arbiol. En 1951, adquirió en traspaso el Comercio San Fermín el comerciante local Bernardo Eraso Soto, cuyos herederos lo mantendrían abierto hasta el año 2011. Dicen sus descendientes que tuvieron que pagar más por la marca, que estaba registrada por el señor Trias,  que por el traspaso. Hoy en su lugar esta Foto Ikatz. A continuación, donde hallamos hoy el único Taberna de la calle, encontrábamos entonces la pastelería y confitería Arrasate que también fabricaba, en su obrador, como todas las de su gremio, chocolate. Fundada en 1888 por Esteban Arrasate y Francisca Ciganda, pasó a llamarse Viuda de Arrasate al fallecer Esteban, en 1924 y quedar al frente del negocio su viuda. En los años 20, ocupaba los números 3 y 5 de la calle. Luego venía la droguería de Cayetano Pinzolas. Cayetano se trasladaría en los años 20 al nº 14 de la calle con el mismo negocio, vendía pinturas (de hecho también aparece como pintor), y aparatos fotográficos, algo bastante común entonces en  el ramo de las droguerías. En su lugar, en los años 20,  se instalaría Epifanio Artaiz, con una tienda de venta de alpargatas y jergas. En los años 50 encontramos al mismo Epifanio Artaiz pero con una tienda de droguería y perfumería en la calle Comedias, mientras que en su local encontramos en estos años ya, junto a Vda de Arrasate, la pastelería y confitería de Lázaro Taberna (hoy Inmobiliaria Fisterra) y junto a ella la heladería, pastelería y confitería de Mercedes Orquin, más tarde Relojería Moreno y hoy Equivalenza.



Posteriormente estaba en el nº 9 de la calle Pozoblanco Manuel Lafaja, vendiendo vino por decalitros, a continuación, en el nº 11 el afilador Bertrand Puntos, que vendía también además de cuchillos, armas y artículos de caza, bicicletas y motocicletas  y el guarnicionero Martin Ciganda, sustituido en los años 20 por la pastelería de Feliciano Goñi,  (luego Vda de Goñi  y más tarde Vda de Goñi e Hijos, conocida con el nombre de La Madrileña),  que se mantendría en el lugar al menos hasta los años 60. A continuación estaba en el nº 13 la óptica y relojería de Joaquín Roldan, que vendía también bisutería fina y que se mantuvo con este nombre hasta hace unos pocos años (hoy está en su lugar la cafetería Behiala) y en los números posteriores (13-15) el Café Suizo de Mattossi y Fanconi, con venta de licores, fábrica de gaseosa y sifón, pastelería y confitería, venta de chocolate y otros productos, abierto desde 1844 y hasta 1952, (hoy está en su lugar Código). Para ser más exactos, al Café Suizo se entraba por el nº 37 de la plaza del Castillo, mientras que la entrada a la pastelería estaba en la calle Pozoblanco. En este tramo se han producido algunos cambios en la numeración de los portales, no en vano, esta calle no fue ajena a la construcción de los nuevos edificios de la plaza del Castillo, la trasera del banco de la Vasconia y del Banco de Bilbao, luego Banco de Comercio. Hoy a diferencia de aquella época no hay locales comerciales en la trasera del Banco de la Vasconia, trasera que corresponde a los números 9 y 11.  A continuación de la Pastelería del Café Suizo teníamos en los años 20 la alpargatería de José María Zabaleta que continuó al menos hasta la guerra civil, la camisería y venta de ropa blanca 19.000 de Mariano Lamana,  de la que tengo constancia desde principios de siglo a los años 30 y que vendía además guantes y perfumes y la modista de sombreros Ramona Benedicto. En este tramo final Rafael Conte y Felisa Labairu disponían de máquinas para coger puntos a las medias. En ese tramo estuvieron Kata, hoy La chica de las lanas y el edificio de la antigua Armería Arana.
En la esquina de Pozoblanco y San Nicolás estaba al menos  desde  principios de siglo la citada armería de Saturnino Arana (luego Vda de Arana) y en la esquina de Comedias y San Nicolás, ya en los primeros 50 la tienda de confección de los Hermanos Palomeque, que vemos en la foto de Ingeth Morah de 1954. Siguiendo por los impares, pero esta vez de la calle Comedias, hallábamos, a continuación, a principios de siglo, la tienda de coloniales, fabrica de chocolate y velas de cera de Mariano Labairu, de la que tengo constancia desde 1903 hasta al menos  la guerra civil. Junto a ella estaba la fábrica de vino de Antonio Erice. Posteriormente, se ubicaría aquí la joyería-platería de Manuel Esparza, que llegó hasta finales del siglo XX, (hoy esta vacío el local), y donde estuvo Coloniales Labairu estuvo desde los años 40 la carnicería de Patricio Reparaz y  a finales del siglo la carnicería Julian. A continuación venía, desde los años 20, la tienda de venta de vinos al por mayor de Vda de Yarnoz e Hijos y desde los años 30 el bar Gau Txori (donde hoy está el Burgalés) que en los años 50 regentaba Gerardo Arce. Posteriormente estaba la botería de Vda de Iglesias y Perez que vemos en una foto de Vicente Galbete de los años 60. Fue fundada en 1873 por Gregorio Perez que llegó desde Almudevar (Huesca) hasta Pamplona y se asoció con D. Eusebio Iglesias, afamado botero local. En 1902 Pérez compró su parte a Iglesias  y con el nacimiento el 1 de febrero de 1916 de sus trillizas, decidió cambiar el nombre de la empresa por el de Las 3 ZZZ, en honor a sus tres zagalas, siendo regentada desde los años 30 por su hijo Gregorio Perez Daroca. A continuación, donde hoy está el Bar Noe, estaban las guarnicionerías de Paula Garriz, en el nº 9 y donde hoy está la Joyería de Oscar Gracia, antes joyería Perez Alfaro, en el nº 11 la guarnicionería de Juan Yarnoz (en los años 30, esta última guarnicionería era también alpargatería y figuraba como Vda de J. Yarnoz, no sé si corresponde a la misma titular a la que he aludido líneas atrás al hablar del nº 5 de la calle). Luego estaba,  a primeros de siglo,  la Taberna de G. Fuentes, un negocio de venta de cereales regentado primero por Vicenta Iragui y luego por Fermin Irurita y que desde los años 20 ocupará un negocio de textil fundado por Miguel Unzu que llegó casi hasta nuestros días con el nombre de Unzu Got; hoy ocupa su lugar el Bar La Comedia.

Posteriormente, en el nº 15, donde hasta hace poco estuvo Cilveti había una tienda de venta de vinos y licores al por menor que en los años 30 sería sustituida por un bazar-juguetería, el de Cipriano Puertolas, llamado El 0,95 de Comedias, hasta que, efectivamente, en los años 40 Sandalio Cilveti se haga cargo del negocio del Bazar, bajo el nombre de Bazar Cilveti, incorporando también bisutería o quincallería. Luego, en el nº 17, había un tratante de lana en rama que vendía también pieles del país sin curtir. Se llamaba Jacinto Puig. En su local, desde los años 40 Rufino Torradelles  instalaría una tienda de venta de camisería fina. Hoy en ese local está El Armario de Judith. Posteriormente, en el nº 19, y desde los años 20  estaba el negocio de venta de cereales y harinas de Latasa y Bastida, desde 1930, Luis Bastida, y que revisando la anterior entrada dedicada a esta calle veo que llegó hasta los años 80 del pasado siglo, si bien bajo el nombre de Tejidos Bastida, donde hoy está Ruhna y durante mucho tiempo Perejil. Por último, acabando este tramo de calle, teníamos otros dos guarnicioneros, Miguel Inza, en los años 20, Hijos de Inza y posteriormente Sucesor de Inza y en el nº 23, Saturnino Astiz, luego Hijos de Astiz. Tras la guerra, donde estaba Inza se instalaría la tienda de ultramarinos de Francisca Lizoain, hoy está en ese local la cafetería Saint Witch, donde estuvo largo tiempo Sol y Luna y donde desde hace más de 30 años está la papelería Comedias 23 estuvo, desde los años 40, la joyería de Camino Martinicorena.
Volvamos al comienzo de la calle Pozoblanco, pero recorriendo, en esta ocasión su lado derecho, osea los números pares. Junto a la sombrerería Aznarez, sorprendentemente había otra sombrerería, la de Dorotea Beunza que en los años 30 dejó paso a la Droguería de Jauregui y Cía, droguería que a partir de los años 40 se trasladó justo al lado, al nº 4, bajo la gestión de Esteban Jauregui Villar. En este lugar hasta hace unos días y desde hace 40 años estaba la tienda de lanas Lanfil.   Posteriormente, a primeros de siglo, en el nº 6 teníamos la carnicería de Braulio Berrio que continuaría su hijo José y posteriormente la sociedad Oloriz y Cilveti. A finales de los años 40, Liceras y Gomez abrían  en este lugar la tienda de ropa para la lluvia (impermeables, gabardinas y trincheras) El Búfalo que se mantendría hasta el 2007, luego vendrían DC Shoes y Pele y Melé, su actual inquilino. Tras ésta, donde ahora hay una nueva tienda de ropa infantil y en tiempos estuvo la perfumería Miss, a principios del siglo XX estaba la alpargatería y cordelería de Graciosa Sarasate, (como en otros casos entonces vendían también costales y jergas), que en los años 30 regentaban los Hijos de Ezcurdia y en los años 40-50 ocupaba la fábrica de embutidos (tocinos, conservas de carne, etc) de Narciso Erice. Luego, en el nº 10,  donde yo recuerdo haber visto pasar a la carnicería Itarte, la tienda de discos Tipo, One Man e Ideas, hoy una tienda de venta de quesos, estaba en 1908 la esterería de Josefa Gilabert, si bien esta actividad es de fecha bien temprana, ya que en los años 30  comenzó a albergar una tienda de embutidos (chorizos, jamones y tocinos), primero a nombre de Pedro Huarte y luego de su viuda, Dionisia Cuesta. Donde hasta hace poco unos meses estuvo Calzados Monaco hubo  a comienzos de siglo dos comercios: la barbería de Ildefonso Palacios que   ocupó Martín Oscoz, desde los años 20,  con aceites, primero y cafés tostados y quesos  después, (en los años 30), para convertirse en una tienda de comestibles a partir de los 40 y la droguería Herederos de Alvaro López. Este último comercio dejó paso en los años 20 a la sastrería de José Guerra.
Ya hemos señalado que Cayetano Pinzolas pasó en los años 20 del nº 7 de Pozoblanco al 14; A finales de los años 40 se ubicaba aquí la droguería y perfumería de Maximino Muñoz Andia. En muchas ocasiones, la actividad casi llega hasta nuestros días. Lo digo porque durante muchos años estuvo aquí radicada la Perfumería Lyana, luego estuvo Adabaki y hoy es una tienda de la actriz Nerea Garmendia. A continuación, en el nº 16 de la calle  estaba, en los años 20, la tienda de confección, (de ropas hechas o confeccionadas, decían entonces), de Dominica Egozcue. En este local, en 1946 el padre del exlehendakari Carlos Garaicoechea fundaría la Ferretera Navarra junto a su socio M. Goldaracena. En 1990 se reformó la ferretería, eliminando los artículos de ferretería general y menaje, sustituyendolo por una amplia exposición de artículos de manillería, tiradores, herrajes y accesorios de baño, bajo el nombre de Krisketa. Desgraciadamente hace unos cuantos años se cerró este comercio para dar paso a otro nuevo establecimiento hostelero, el Quixote 42 y digo desgraciadamente porque la hostelería ha crecido en el Casco, en buena medida, en locales que antes eran comerciales. Tras Krisketa estaba, y sigue estando Cafés Bruno. Aquí en la primera década del siglo había otra tienda de sombreros, la de Teresa Otcet, si bien fue de corto recorrido ya que en 1920 se ubicó aquí la barbería de Candido Goñi y luego, desde los años 40, la peluquería de Eusebio Roses.

A continuación, en los números 20-22 estaba, a principios de siglo, la tienda de ultramarinos finos de Modesto Igoa, Los Vascos y posteriormente, en los años 30, la taberna de Gervasio Guerendiain y en el primer piso la fonda y casa de huéspedes de Victorina Amostegui. En los números 24-26, donde hoy está el bar La Escalerica de San Nicolás, estuvo durante más de 70 años, desde 1948, la tienda de electrodomésticos de Antonio Zapatería Amorena, hoy trasladada al nº 42 de la calle Zapatería. Pero retrocedamos algunos años en el tiempo;  en los albores del nuevo siglo aquí estuvo la papelería y venta de objetos de escritorio de Casildo Iriarte (también vendía quincalla fina). Más tarde, en la segunda década, (la foto es de 1918) se ubicó  el Bazar de Martin Ostiz y Cía. Vendía todo tipo de productos: juguetes, perfumes, objetos eléctricos, articulos de viaje, quincalla, etc. En  1948, como he comentado,   se instalaría en su lugar   Antonio Zapatería Amorena, procedente de la vecina calle Comedias (1943) y anteriormente (1938), de la calle García Ximenez.   Vendía, instalaba y reparaba maquinaria y material de electricidad, así como  aparatos de radio y otros productos, gama de productos que ampliaría  su hijo Miguel Bretos Alemán. Sobre este local, en el 2º piso, estaba en los años 40 y 50 el restaurante Yaben, de José Yaben Insausti que vemos en la foto de la derecha del párrafo anterior.
En el nº 4 de la calle  Comedias, donde hoy está la Joyería Xuan, estaba  la barbería de Canuto Ezcurra y lo estuvo, por lo menos,  hasta el final de la contienda bélica. Y es que Joyería Xuan, está en ese local, por lo menos desde 1940, hoy regentada por la segunda generación. Junto a él, probablemente donde hoy está la heladería Larramendi estuvo, en los años 40-50, el bazar de Manuel Esparza, que tenía tienda enfrente, con especial dedicación a la bisutería y quincallería. Aqui en este tramo y lado de la calle Comedias ha habido varios traslados que señalaré a continuación. Luego de la joyería Xuan, sobre la cual estaba la peluquería de Jesús Zamarbide,  venía el centenario Café Roch, del que ya hablé extensamente en la anterior entrada dedicada a la calle Comedias y que vemos en una bonita foto de los años 40-50, junto a este párrafo. En los años 30 teníamos a continuación, en el nº 8-10,  la tienda de coloniales de Félix López, y la sastrería de Fermín Muru, donde hoy está la tienda de ropa Komedias Bidean. Entre los años 50 y 80 estuvieron, en este local,  tiendas de zapatos como Calzados Jucal o Tacones y luego la tienda de ropa deportiva Cuatro Estaciones de Pedro Lizarraga, padre del actual titular de la tienda Komedias Bidean. En el 12, donde hoy se encuentra  El Patio de las Comedias  pasaron muchos y diferentes negocios a lo largo de la reciente historia local. Aquí en 1903 había una tienda de aceites regentada por Jose Goicoechea que luego se trasladaría al nº 16 de la calle. En los años 20 aquí se instaló la afamada ferretería de Pablo de la Fuente, inicialmente localizada en el nº 16 de la calle que vendía, además de los productos típicos de una ferretería maquinaria para trabajar la madera, calefacciones, puertas, baterías de cocina, máquinas de afeitar, herrajes, herramientas, heladoras, extractoras de incendios,  arcas para caudales, rótulos esmaltados y hasta películas cinematográficas, imagino que se referiría al material para el rodaje o la fotografía y desde finales de los 40, aquí estuvo  la fabrica de dulces, pastelería y confitería de Francisco Meoqui. Por último, durante varias décadas en este lugar estuvo la conocida zapatería Calzados Biarritz de la familia Erviti y más tarde la zapatería de Ramón Durán, poco tiempo, antes de su actual desino hostelero.

A continuación hay un edificio de reciente construcción, el nº 14-16, seguramente erigido en los años 60, donde hoy esta la librería Elkar. Allí a primeros de siglo, en el edificio que ocupaba entonces esos números estaba la botería de Pedro Echarri con una larga trayectoria en el lugar, probablemente hasta el derribo del inmueble existente, que vemos en la foto de la derecha, de 1925, y donde se observan, si se mirá con atención, algunos negocios de la calle. Pedro Echarri Balda procedía de Lecumberri y entró a trabajar en casa de Ramon Frauca que tenía cuadras, graneros, una fonda y también hacía botas de vino. Echarri adquirió posteriormente todo el edificio y todo los  negocios: la tienda, la fonda, etc. La fonda se la traspasarían en los años 50 a las hermanas Rosario y Teofila Irure. Más tarde el negocio pasó a manos de su hijo Víctor y de un sobrino,  continuando con la misma marca,  Botería Echarri hasta que en 1945 cambiaron el nombre por Botería San Fermín mientras la razón social era  la de Echarri Hermanos S.L.  Y a continuación de la Botería Echarri estaba en los años 20, Calzados German Anaut, y  en los años 30 la zapatería de María Luisa Iribas, un local que mantendría su uso a lo largo del tiempo ya que en los años 40-50 en este sitio estaba la zapatería de calzado fino de Faustino Errea. En el último tramo de la calle estaban, en los años 30, un negocio de alquiler de automoviles, regentado por Pascual Martín y desde los años 40-50 la tienda de ropa de punto Tarpuy y el restaurante de Pablo Arce.Fotos por orden de aparición: Café Suizo (1924-1925). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Cruce de San Nicolás (1953-54). Inge Morath. San fermín. Años 50. Botería las 3 ZZZ (1965). Vicente Galbete. Bazar Martín Ostiz (1918). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Cafe Roch (años 50) del Café Roch. Calle Comedias (1925). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. 

Imagenes del ayer: Las murallas. De la Media Luna a la Taconera (1911-1971)


Para los que nacimos y vivimos fuerapuertas de las murallas, allá abajo, en el barrio extramural de La Rochapea, las murallas tenían un encanto especial cuando eramos niños, soñábamos imaginarias aventuras al asalto de una fortaleza que podía esconder inimaginables secretos. Y es que  la ciudad amurallada aparecía rodeada, ante nuestros ojos infantiles,  de un increíble y maravilloso halo de misterio.  A ellas tengo asociados hermosos recuerdos, algunos de los cuales he dejado reflejados en las páginas de este blog; como aquellos, de mi infancia, narrados en la entrada dedicada al Baluarte del Redin y el Mesón del Caballo Blanco. Otros asociados a mi adolescencia y juventud, en entornos llenos de romanticismo como los parques de la Taconera y la Medialuna. Más tarde serían la curiosidad y el interés por la historia de mi ciudad los motivos por los que me ha seguido atrayendo   este tesoro de nuestra ciudad mantenido, con mayor o menor fortuna,  desde hace varias centurias como testigo mudo de nuestra historia. Si hay algo que creo,  que afortunadamente, ha concitado el apoyo de todos los grupos políticos municipales a lo largo de los últimos decenios ha sido la recuperación y restauración de nuestro recinto amurallado. Gracias a esa labor los pamploneses podemos disfrutar actualmente, y en su integridad, de un magnífico paseo desde la Taconera a la Medialuna, o desde la Medialuna a la Taconera, como se quiera, paseo que no siempre, como les contaré, estuvo abierto.

En mi niñez había zonas abiertas al público desde hacía muchísimo tiempo como los parques de la Taconera, -con su mirador, jardines, andenes y fosos- y la Medialuna, -con su mirador, fuentes y jardines así como el fortín de San Bartolome dominando, -con su recinto cerrado y oculto a los ojos curiosos-, el terreno, tal y como cuento en la entrada del blog dedicada a estos parques. Otras zonas acababan de ser restauradas unos pocos años antes de que yo naciera, como la ronda del Obispo Barbazán y la zona del Redín. La Ronda del Obispo Barbazán estuvo cerrada entre el Redín y la fachada lateral del Palacio Episcopal hasta 1959, abriéndose el paseo en 1961. Fue en esos años cuando se colocó, -en el rincón que hay junto al edificio capitular-, un altar de piedra con una imagen mariana. Sin embargo otras zonas permanecerían ocultas hasta fechas relativamente recientes como los tramos más cercanos al Palacio de Capitanía o el Paseo de Ronda, en la zona situada entre el Museo de Navarra y la plaza de la Virgen de la O. A lo largo de esta entrada, de contenido fundamentalmente fotográfico, podemos ver a través de  postales de Eusebio Rubio (luego Vda. de Rubio), L. Roisin, García Garrabella, A. de León, Arribas, Dominguez, Vaquero y Escudo de Oro y de fotos de Galle, Cía y Zubieta y Retegui, diferentes estampas de nuestro recinto amurallado, centradas sobre todo en el frente este y norte (Media Luna, Tejería, Redin y Portal de Francia), ya que del Portal Nuevo y Taconera ya ofrecí un extenso reportaje fotográfico en sus respectivas entradas. Al final de artículo, se repasan todas las fotos, la fecha aproximada en la que se tomaron y su autoría.

Ya hablé con cierta extensión del parque de la Media Luna en su entrada. En ésta recordaré tan solo las principales fechas de su reciente historia. Entre 1923 y 1933 se realizaron las obras de adecentamiento de la Media Luna, sobre una zona tradicionalmente de paseo, situado entre cultivos de secano. En 1935 se construyó el muro de contención que serviría de base para el largo paseo que comunicaría  la ripa de Beloso y la zona del fortín de San Bartolome. El  fortín se rehabilitó en 1943, año en que también se ejecutaron el grueso de las obras del parque, bajo idea y dirección de Víctor Eusa. Alguna construcción de este parque sería posterior como la del conocido bar (1949) o el monumento a Sarasate (1959). En 1962 se instalarían en los fosos contiguos al Baluarte de San Bartolome  un tobogán y unos columpios, que yo recuerdo perfectamente de  mi infancia, momento, el de la instalación,  que recoge la foto de Galle.



En 1952 se había construido junto al Jito Alai, el Frontón Labrit, que vemos en la foto del párrafo anterior, de Zubieta y Retegui, (1950) perteneciente al año de comienzo de las obras.  Algunos  años antes, en 1946,  se había demolido muy cerca de allí una joya monumental cuyo derribo hoy sería impensable que sucediese, el Convento de la Merced del siglo XVI. En El Redin se mantenía un ruinoso cuerpo de guardia como los que existieron  junto a otros portales del recinto amurallado:  el de Santa Engracia, el de de Santo Domingo (que es el único que se conserva) o el de San Nicolás. Entre 1960 y 1961 se construyó el Mesón del Caballo Blanco, con los restos del Palacio de Aguerre o Casa del Orfeón de la calle Ansoleaga, donde poco tiempo después se erigiría el Hotel Maisonnave. De él se aprovecharon la bóveda gótica, las ventanas de arco lobulado y algunos otros elementos. En el exterior se instalarían  bancos y mesas de piedra y farolas de forja artesanal como las que vemos en las postales turísticas de aquellos años. Se elevarían muretes y parapetos, se pavimentaría el Paseo y en general todo el entorno próximo al Mesón, se instalaron tres piezas de artillería,  incluso se llevaron algunos ciervos y algunos otros animales a los fosos, como se había hecho anteriormente en la Taconera, y que yo he llegado a conocer. Allí se dejarían ver los últimos cordeleros de la ciudad, concretamente a Juan Angel Elizari que realizaría sus tareas hasta 1968. Junto a este párrafo podemos ver, en la primera foto de la izquierda, el desarrollo de las obras de mejora en el Redin (J. Cia, 1959) y en diferentes postales de los años 60 y 70, pertenecientes a Ediciones Vaquero y Dominguez como quedó la zona tras las obras.

En 1915, el Portal del Francia, o Portal del Abrevador, que data del año 1753, dejaría de cerrarse por la noche y su puente levadizo cesó su diaria actividad. En 1939, tras la guerra,  cambiaría su nombre pasando a llamarse Portal de Zumalacarregui. En 1951 se realizaron obras de restauración del citado Portal y de su entorno, como podemos ver en la foto de la derecha de J.Cia. Como he comentado líneas atrás, la zona de la muralla cercana al Palacio de Capitanía seguiría cerrada durante varias décadas, hasta hace muy pocos años. Ya he hablado de este Palacio en la entrada dedicada a la presencia militar en la Pamplona, hace unas pocas semanas, por lo que no voy a incidir nuevamente en ello. Será después de su total restauración para convertirlo en el Archivo de Navarra, algunos años después, cuando se abra  el Paseo en esta zona de la muralla, recuperando el pasadizo y el nevero que había en el lugar desde hace siglos. 

También en torno a 1914-15 se derribó el Portal de la Rochapea, cuyo escudo estuvo, durante décadas,  junto al machón de piedra cercano al corralillo de los toros hasta que se trasladó, probablemente a principios de los 60, a la columna izquierda del Portal Nuevo. A la derecha, podemos ver el portal antes de su derribo, en una fotopostal de Eusebio Rubio (1910). Durante mucho tiempo, entre el espacio existente entre el viejo Palacio de Capitanía y la cuesta de Santo Domingo, hubo algunas huertas y casitas bastante modestas. Luego,  desde el tramo bajo de la Ronda de Descalzos, cerca de un cuerpo de guardia y hasta las inmediaciones del Portal Nuevo, la zona estuvo vallada, bueno más que vallada tapiada durante mucho tiempo, o al menos de manera recurrente e intermitente. 

Como ya comenté en la entrada dedicada al parque de la Taconera, en 1906 se derribó el viejo portal de Santa Engracia, siendo sustituida su modesta apertura del siglo XVII, por una anodina pasarela con barandilla de hierro sobre unas columnas de fundiciónm  a la que seguiría, en 1950, el actual Portal Nuevo, de Víctor Eusa, con su gran arco y sus torres almenadas. En la postal adjunta de Edición Escudo de Oro podemos contemplar a unos dantzaris del Muthiko Alaiak bailar junto a las torres almenadas del Portal. Entre 1925 y 1930 se rellenaron los fosos del antiguo baluarte de Gonzaga, tomando ese lado de la Muralla su aspecto actual. Cerca del Mirador había un bar que yo no llegué a conocer, pero que se derribó en 1960 para levantar poco después, en 1963, la cafetería Vista Bella, lugar en el que se realizarían, a lo largo de su dilatada historia de casi 40 años, no pocos banquetes y bodas. Cerca, en el año 1934, se había instalado la arquería gótica que podemos contemplar todavía hoy junto a los fosos, arquería que procedía del Monasterio Viejo de Marcilla y que contaba inicialmente con la estatua sedente de Teobaldo I de Champaña, obra de Victoriano Juaristi. Como quiera que la estatua fue objeto de diversos ataques vandálicos en aquel tiempo, se decidió retirarla y ya no se repuso luego. En 1949 hubo un proyecto para convertir los fosos en un lago, sin que afortunadamente el proyecto prosperase. Algunos más años tarde, en 1954, se acometería la ampliación del Portal de la Taconera, cerca de la actual calle Navas de Tolosa. Del parque de la Taconera me quedan muchos recuerdos pero recuerdo sobre todo la caseta de bicicletas y el minizoo, con aquel mono tan gracioso al que llamaban Charly. Tras la Taconera venía la vuelta del Castillo en la que, por aquellos años, en 1960, aun podía verse algún rebaño de ovejas pastando. Así pues, el Paseo, que va desde la Media Luna a la Taconera, constituye seguramente unos de los más hermosos paseos de la ciudad, que recomiendo vivamente a cualquier pamplonés que quiera a su ciudad o a cualquiera que nos visite.

Fotos por orden de aparición, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Baluarte de San Bartolomé (1911). Foto Moya. Retal Revista. Portal de Francia (Años 20-30). L.Roisin. Baluarte de San Bartolomé (1919). Ediciones Arribas, Murallas de Redin (Años 30). Ediciones García Garrabella. Detalles del Portal de Francia (años 20-30). L. Roisin. Inicio de las obras del Frontón Labrit. (1950) Zubieta y Retegui. Pamplona, calles y barrios de J.J. Arazuri. Instalación del parque infantil en los fosos de la Medialuna. (1962). Galle. Archivo Municipal de Pamplona (AMP). Obras en la zona del Redín (1959). Galle. AMP. Ronda del Obispo Barbazán. (1969). Ediciones Vaquero. Zona del Redin (años 60). Ediciones Dominguez. Inmediaciones del Portal de Francia. (Años 20-30). Ediciones Arribas. Restauración del Portal de Francia (1951). J. Cía. AMP. Cañones del Redin (Años 60-70). Ediciones Dominguez. Portal de la Rochapea (1910). Postal de Eusebio Rubio. Portal Nuevo (Años 60). Ediciones Escudo de Oro. Portal de Francia (1971). Escudo de Oro. Ronda del Obispo Barbazán. Finales de los años 50. Ediciones García Garrabella. Parque de la Media Luna. Finales de los años 50. Ediciones García Garrabella. Portal de Francia. Años 30. L. Roisin. Inmediaciones del Portal de Francia (años 20). A. de León.

Imagenes del ayer. Selección: La plaza del Castillo, de día y de noche (1928-1931)

Buscando nuevas fotografías con que poder obsequiarles, he encontrado este par de originales de los archivos digitales históricos (Fondo Ruiz Vernacci) que tienen una excelente calidad, especialmente la diurna, y que nos ofrecen una poco conocida panorámica de la Plaza del Castillo, tomada desde el Hotel La Perla, donde podemos ver el Teatro Gayarre, (anteriormente conocido como Teatro Principal), cerrando lo que desde 1932 sería el comienzo de la Avenida de Carlos III, flanqueado por el Credito Navarro a la izquierda y el Palacio de Diputación a la derecha, el kiosko de la música, de madera, en mitad de la plaza, rodeada por un parterre, mucho antes de que fuera sustituido por el actual kiosko de cemento (que data de 1943), y sin rastros de los bancos, mosaicos o plataneros que constituirían la imagen tradicional de la plaza durante más de medio siglo.
Como curiosidad, si se fijan en las farolas, se darán cuenta de que al menos se ha recuperado el estilo de las luminarias, pues dichas farolas tipo báculo son las que actualmente lucen en la plaza. Para datar la fecha de realización de las fotos, me he basado en dos hechos que nos pueden acotar algo la cronología. Vemos que ya está construido el nuevo edificio del Banco de España en el Paseo de Sarasate (se terminó en agosto de 1927) y aun no se ha derribado el edificio del Teatro para trasladarlo a su actual ubicación en la avenida de Carlos III (se derribó en 1932), por lo tanto la fotografía tiene que ser forzosamente de ese período.  

En esos años, Pamplona vivía el desarrollo de la primera fase de su nuevo ensanche, -que se había iniciado al comienzo de la década-; la dictadura de Primo de Rivera caminaba hacia su recta final y se aproximaba la II República que terminaría trágica y abruptamente con la guerra civil, si bien en nuestra ciudad, en nuestra comunidad, no hubo frente de guerra. Estos años, finales de los 20 y comienzos de los 30,  fueron años convulsos en nuestra ciudad, en los que ya se comenzaba a gestar, tanto en los periódicos como en las calles, el abierto enfrentamiento entre el bloque conservador, con mucho poder y raigambre en nuestra tierra, sobre todo el componente carlista, el nacionalismo y el emergente bloque de izquierdas (fundamentalmente republicano-socialistas), como veremos en los capítulos que dedicaré a la política en nuestra ciudad durante el primer tercio del siglo XX. La plaza del Castillo, verdadera sala de estar de los pamploneses sería mudo testigo de dichos enfrentamientos y de los principales acontecimientos históricos y sociales que viviría nuestra ciudad y nuestra comunidad a lo largo del siglo XX. 

Imagenes del ayer. Selección: El Casco Antiguo (1954-1960)

Recupero una sección fotográfica con unos originales de altura. Nada menos que una cuidada selección de fotos de la fotógrafa de origen austriaco Inge Morath y del artista de la imagen fotográfica, Ramon Massats que nos acercan a las fiestas y las calles del Casco Antiguo en un período que podríamos acotar entre  1954 y 1960. Las primeras son de Inge Morath,  de los sanfermines del año 1954; las segundas, -el corte lo marca la preciosa fotografía en color de Morath-, son del fotógrafo Ramón Massats, datadas en los  sanfermines de 1957 a 1960. Las fotografías hablan por sí solas. Retratan una época, una Pamplona que los que tenemos cincuenta y pico años no conocimos, una ciudad dispuesta a sacudirse aquel carácter provinciano  que le había caracterizado durante buena parte de la primera mitad del siglo, una ciudad que empezaría estos años a ver crecer sus barrios y su población, que se industrializaría a marchas forzadas, con el Plan de Promoción Industrial, a fines de los 50 y principios de los 60 y que entraba, poco a poco, en los inicios de la modernidad y de una relativa mejora económica y un muy incipiente consumismo.
 

Aun quedaban en 1954 muchísimos retazos de aquella vieja ciudad en la que te cruzabas cada dos por tres con una monja o un militar, como en la primera foto de esta entrada y como ya hemos visto en este blog, con el paisano trasladando un ternero al hombro, en la esquina de Ortega, al principio de la calle Mayor, pero donde también te encontrabas con otro paisanaje lleno de autenticidad y sabor,  pues por ejemplo no era inusual ver a algún “aldeano” acarreando  su carrico, con su fresco producto cárnico, parado en mitad de la calle, como vemos en la segunda fotografía, concretamente en las escalerillas que bajan de la plaza del Castillo a San Nicolás, enfrente de la sastrería y camisería Palomeque (sí donde hoy está el Dom Lluis),  o  vendedores ambulantes como el que vemos en la tercera fotografía, -creo que es la calle San Saturnino-, con la Casa Hualde al fondo, que suscita la atención de un nutrido grupo de estudiantes de algún colegio religioso. En la última fotografía podemos disfrutar de una animada calle Mañueta, gente subiendo y bajando imaginamos que al Mercado de Santo Domingo con los comercios Droguería Ardanaz y El Triunfo, de la calle Mercaderes, al fondo.


Las dos primeras fotografías de esta segunda fila de fotos son, también,  de Inge Morath, la primera retrata el ambiente callejero nocturno sanferminero en el cruce de San Nicolás con Pozoblanco y Comedias. Volvemos a ver la sastrería Palomeque, de Martin Palomeque. De hecho la familia que abrió el Dom Lluis, fueron comerciantes antes que hosteleros y llegaron a tener también otra tienda textil en la calle Comedias, Marpa (abreviatura de Martin Palomeque). La segunda fotografía nos sitúa, en una luminosa mañana sanferminera, en la trasera del ayuntamiento, junto al Mercado, mirando hacia la antigua Bajada de Carnicerías, donde podemos ver como ya se han derribado algunos edificios, con el fin de construir poco tiempo después la nueva plaza de los Burgos. De nuevo el carrico, esta vez cargado de gallinas prestas a ser vendidas en la “Plaza”, como decía mi madre, plaza o mercado viejo, cuyo interior y ambiente, -así era el Mercado hasta 1986, sus columnas de hierro, aquellas luces colgando-, podemos ver en la foto de Ramón Massats. Acabamos esta pequeña selección fotográfica con dos fotos de ambiente sanferminero de este mismo autor catalán, la primera de la calle Chapitela, con la farmacia Boza y la ferretería Campion al fondo, la segunda de la chiquillería corriendo ante los cabezudos en plena calle Mayor, se divisa a la izquierda el letrero de la tintorería Coyné que descubrimos al hablar de los comercios de la calle Mayor. En los próximos meses abriré nuevas secciones en el blog e introduciré algunas mejoras. Espero que les guste.


Fotos: las cinco primeras fotografías son de Inge Morath y pertenecen a su libro  “Guerra a la tristeza” de 1955, nunca editado en nuestro país. En 1997, Lola Garrido editó con aquellas mismas fotografías de Inge, el libro “San Fermin. Años 50”, hoy agotado. El Ayuntamiento compró en esos años, entre 1997 y 1999, los 88 originales fotográficos de la fotógrafa estadounidense de aquellos sanfermines de 1954, un tesoro gráfico de incalculable valor que ha sido objeto de alguna exposición hace algunos años en el Palacio del Condestable. Las tres últimas fotos son de Ramon Massats y pertenecen a su libro Sanfermines. Pamplona 1957-1960.

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Zapatería (1908-1953)


Regreso a la serie de entradas del blog en las que reconstruyo la historia de las calles del Viejo Pamplona y de los comercios que la habitaron a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En esta ocasión nos vamos a la calle Zapatería, calle principal de la Población de San Nicolás y uno de los ejes comerciales más importantes de lo Viejo. Calle de claras resonancias comerciales con establecimientos emblemáticos.  A comienzos del siglo XX, allá por 1908, si nos situábamos al comienzo de la calle, muy cerca de la plaza del Ayuntamiento, nos encontraríamos, comenzando por la derecha con un número muy similar de establecimientos, apenas cuatro más que en la actualidad, y una estructura parcelaria muy similar a la actual, muchos pequeños establecimientos en el tramo estrecho de la calle, el más cercano a la plaza consistorial, y bastante más grandes en el siguiente tramo, el que va del pozo de la Salinería a la plaza del Consejo. En ocasiones citaré, como referencia, algún establecimiento actual u otro que haya sido muy conocido, a lo largo del tiempo, para situar a los lectores respecto de lo que sería su ubicación actual. A lo largo de esta entrada reproduzco algunas fotografías de esta calle, de diferentes épocas (datadas entre 1900 y 1958), como las que la encabezan, de primeros de siglo, así como un buen número de anuncios publicitarios de establecimientos de ella. Comienzo el repaso de sus establecimientos, sin más dilación.


Junto a Joaquín Ciga, en el nº 2 estaba la mercería, (también vendía bisutería), de Pío Espluga, (imagino que antes de trasladarse al nº 30 del Paseo de Sarasate). En estos primeros números sí que hay algún pequeño cambio respecto a la numeración actual. Donde hoy está la relojería Ancín y en tiempos la tienda de calzado Jauja había uno de los muchos cordeleros que poblaban la calle, Andrés Miquelez; Andrés Miquelez era cordelero y vendía también alpargatas, costales y jergas. El negocio se mantendría, al menos,  durante las primera décadas del siglo. Junto a él estaba la pequeña fábrica de tejidos, al por mayor,  de los Hermanos Goñi, de donde saldría posteriormente la conocida factoría textil de Goñi Mayo, que estuvo ubicada, durante décadas, en el barrio de San Juan. Con el traslado del taller en el local quedaría la pañería que regentaría al menos hasta la guerra Francisco Goñi y posteriormente, desde los años 40 Casa Félix, (por su propietario Félix González Albericio). A continuación teníamos otra cordelería, la de María Iturriza, donde, desde finales de los 40,  estuvo la tienda textil El Barato Echegoyen, (por su propietario Francisco Echegoyen García). 

Tras ésta, donde estuvo Marlen Jeans y hoy vive sus últimos días Life & Syle,  se encontraba  la tienda de coloniales, fábrica y tienda de chocolate, pailas para velas de cera de Pedro Mayo. Me detendré un momento para hablar de su origen. Fue en los años sesenta del siglo XIX cuando Pedro Mayo Etulain, que había aprendido el oficio con su pariente y amigo Pedro Seminario, inicia la aventura de montar una fábrica de chocolate. En los pisos superiores de la casa se producían dulces y velas de cera, en la planta baja tenía una tienda de coloniales y en el sótano la maquinaría para preparar el chocolate. En 1888 dió entrada en el negocio  a su hijo Ponciano, que falleció 11 años más tarde. Junto a la chocolatería de Viuda de Seminario era una de las más importantes fábricas de chocolate de la ciudad. Más tarde volvería a formar sociedad con su hijo Pedro Mayo Biaurdeau, hijo de su segundo matrimonio. En 1913 muere Pedro Mayo y durante un tiempo la empresa continua en manos de la familia, hasta que en 1923 la regenta  la sociedad colectiva Ruiz de Galarreta y Vidal, Sucesores de Mayo, encabezada por Luis Ruiz de Galarreta, marido de Martina Mayo, nieta del fundador. Al poco tiempo la empresa, que no la tienda se trasladaría al nº 4-6 de la calle Nueva y tras la guerra civil al Redín, ubicación a la que hice mención en otra entrada del blog.

A continuación venía en los años 20 la droguería y perfumería de Zoilo Perez, que llegó a ocupar el nº 12 y 14, si bien, anteriormente, en la primera década de siglo estuvo casi enfrente, en el nº 7. Como Ardanaz, llegó a vender aparatos fotográficos. Posteriormente el negocio lo regentaría su hija. Y junto a su local, en el nº 12, Juan Lafuente arreglaba y vendía joyas.  En este lugar, en los años cincuenta, aparecía como platero.  En el nº 16 estaba el cordonero Julián Erroz que vendía, además, productos de mercería, quincalla, -así se llamaba entonces a la bisutería-, y paquetería, que desde 1945 ocuparía Manuel Viana Santesteban, fundando Casa Viana, (el local se ampliaría con alguno de los números anteriores, dando paso al gran local que hoy ocupa Zergatik y anteriormente Roxy). Si bien en los años 20 parece que Manuel Viana, ¿sería su padre?,  regentaba una tienda de tejidos en el nº 51 de la calle, donde después estaría la alpargatería de Juan García;  luego estaba la droguería y farmacia de Froilan Landa, (ya hemos visto en la entrada de la calle Mayor como algunas de las droguerías actuales comienzan como boticas y como alguna farmacia actual, tuvo su apartado de droguería), y junto a ella la carnicería de Cruz Urrizola, si bien este negocio tuvo escaso recorrido ya que en los años 20 la cogió en traspaso Ruperto Iragui, que instaló posteriormente un negocio de maquinaría para la industria, que sería sustituido por la tienda de tejidos de Fidel Ribero, allá por los años 30. En los años 50 estaba abierta, en este local, la tienda de tejidos de Félix Genaro Artieda, que conoceríamos hasta hace unos 15 años como Artieda. 

Hace apenas dos meses que cerró Casa Manterola en la calle Zapatería. Lo hizo silenciosamente, después de más de dos siglos en el lugar. Vamos a  hablar un poco de su historia. A principios del siglo XIX Polonia Albar recibió en herencia la casa nº 20 de la calle. Es entonces cuando se inicia la actividad confitera y cerera en el local. Polonia se casa con Candido López, cerero y confitero sanguesino. Entonces no se llamaba aun Casa Manterola. Candido y Polonia tuvieron dos hijas: Tomasa y Trinidad. Tomasa se casó con Gregorio Manterola que pasó a vivir con su esposa y sus suegros donde comenzó a aprender el oficio de cerero y confitero. A comienzos del siglo XX, en 1907, tras la muerte de Tomasa el establecimiento pasó a  sus hijas Carmen y Victoria, aunque era Carmen la que regentaba el negocio. Vendían ceras y velas, pastas de almendra, dulce de membrillo, almendras y su famoso chocolate. Posteriormente será uno de sus sobrinos, Antonio Manterola, el principal responsable de la expansión de la empresa: en 1945 trasladó la fábrica de chocolate a la calle Tudela. Pero la competencia hizo que el negocio se viera obligado a perder su carácter industrial y a orientarse hacia la artesanía pastelera (ya desde los años 30 aparecía la tienda de Zapatería como confitería pastelería). Hoy el negocio lo regentan sus nietos, constituyéndose en uno de los escasos casos  del ramo en que no ha sido absorbido por una industria mayor.

En 1908, en el nº 24  estaba la guarnicionería de José Armendariz (hace años estuvo ahí una tienda de Ives Rocher),  y a continuación la ferretería de Antonio Irure, que desde los años 30 a los 80 ocuparía la mítica tienda de comestibles Casa Azagra y en los años 80-90 Don Manuel, Zanne y hoy Brijitte Bijoux.  En este tramo hay cierto lio con los números pues en los años 20 la guarnicionería de Armendariz figuraba en el 22 y en los años 30 en este mismo número (actual Poker Jeans) se dice que estaba la tienda de venta de material de electricidad de los hermanos Guibert (antes parece que estaba en el 26),  regentada en los años 50 por Emilio Guibert. Probablemente esto se deba a algún cambio en la numeración  de los locales iniciales de la calle. Sigamos. Posteriormente, en el nº  28 estaba la tienda y fabrica de chocolate de Tomás García (que hoy alberga “Los Secretos de Coco”) más tarde tienda de alimentación de Eustaquio Ardanaz (ultramarinos); en 1951, en este local se inauguraría la Optica Joaquín Alforja (también aparecía en el epígrafe de joyería), luego estaba la alpargatería y cordelería de Gabino Aramburu (más tarde Viuda de Aramburu, donde hoy está la tienda de Sfactor), allí desde los años 20 y hasta final de siglo estuvo la tienda de tejidos y pañería Mestre, de los hermanos Mestre, a continuación venía la fábrica de cervezas de Luis Ros (luego Vda de Hijos de Ros), que también fabricaba gaseosas, aunque pronto se trasladarían al nº 3 de General Chinchilla, donde hoy está la comisaría de la policía nacional; aquí en los años 50 estaba la tienda de tejidos de Juana Fernández Mihura que luego ocuparía Don-Azar y hoy ocupa la perfumería Garbi,  luego venía  la cordelería y fábrica de calzado de José Lampreabe (también vendía costales y jergas), que  desde los años 40 y hasta primeros del  siglo XXI ocuparía la zapatería de Felipe Cruz y hoy Ana Jeans (al principio Felipe Cruz era solo alpargatería), la tienda de vino por decalitros de Apesteguía, que en los años 30 ocuparía la ferretería de Eceiza, Murillo y Macazaga, (en los años 50 solo Eceiza y Murillo) que vendía estufas, herramientas etc (hoy está en su lugar la zapatería Candido) y la tienda de tejidos de Juan Tellechea que en los años 30 ocuparían el taller de relojería de Gregorio Ezquer y la tienda de fotografía de José Calle. Aquí se instalaría desde los años 40 la camisería fina de Juan Almazor Castiella que conoceríamos con el nombre de La Creación hasta el albor del nuevo siglo y luego ISSA.

Entre los números 40 y 42, en los bajos del antiguo Palacio de los Mutiloa, estuvo desde primeros de siglo la sastrería, camisería (también vendía ropa blanca) de Herederos de Antonio Cabases, posteriormente Viuda de Cabases aunque también aparecía como titular Pedro R. Cabases como sastre con surtido de géneros, en los años 20,  en el nº 40. En los años 30 la razón social respondía al nombre de Hijos de Cabases. En los años 20  tras Cabases aparecía la tienda de ultramarinos al detalle de Cipriano Barace y en los años 30,  la camisería de Casimiro Altube, que tras la guerra y hasta  los años 70 regentaría su hija Camino Altube Belascoain, si bien un poco antes, en el nº 40,  como vemos en la foto de los años 40 de la derecha. Hoy, en esta ubicación no hay comercios pues  es un edificio de oficinas del Ayuntamiento. Junto  a la Camisería Camino, desde los años 50, había una tienda de calzado ordinario, de los Hermanos Maximino y Juan Aramburu. En los años 20,  en el nº 44 estaba la tienda de ropas hechas y ropa de niños Vda de Biurrun, que en los años 50 sería la mercería de las hermanas Mendia. Ahí estuvo Bernardo Eraso, tras su traslado desde la calle Eslava y hoy Zapatería Amorena, si bien con el nº 42. Más adelante, en el 46, donde hasta hace un par de años estaba la tienda de calzado Gett, estaba, en los años 50 la tienda de muebles de Mauricio Guibert, que en las primeras décadas del siglo estuvo en el nº 52; A continuación, en el nº 48 y retrocediendo nuevamente en el tiempo, en los años 20,  estaban la colandería de Pascual Asirón y la tienda de coloniales de Martín Galán. En el nº 50 estaba el veterano comercio, pues se fundó en 1830, de óptica de Ignacio Arillaga, que vemos en la fotografía de la derecha, y que en los años 20 cogería Cecilio Ajarnaute, que además de vender objetos de óptica vendía y arreglaba relojes. Con este nombre, Relojería Ajarnaute  lo conocí yo hasta los primeros años 80. Como ya indiqué en la anterior entrada del blog referida a la calle Zapatería, en el nº 50 tuvo su sede el Centro Vasco y el rotativo nacionalista “La Voz de Navarra” hasta que al estallar la guerra fue incautado por los falangistas. A principios de los 90 fue recuperado por el nacionalismo vasco siendo actualmente la sede del PNV en Navarra.

En los bajos del palacio Navarro Tafalla estaba junto a Optica Arillaga, aunque, este más tarde, desde 1905, el taller de pintura y papel pintado de Francisco Ibañez que como tienda de enmarcación de cuadros resistiría hasta el año 2013; a continuación venía la tienda de Francisco Azparren, que era  mercería y paquetería, bueno aparecía como pasamanería (luego la cogió la sociedad Irañeta y Usubiaga aunque  en los años 30 sería tan solo la mercería de Jose Usubiaga Izco, que en los años 50 vendía, además, género de punto). En esta ubicación (nº 52) está hoy Calzados Basoco. Después venía, donde durante mucho tiempo estuvo Perfumería Val y hasta hace poco Pampling la relojería de Carlos Diaz,  que aun continuaría hasta los años 60 como Casa Diaz. Y durante las dos primeras décadas del siglo, en el nº 56, donde hoy existe  una tienda de tatuajes y anteriormente estuvo Timbalada estaba la alpargatería y cordelería de Juan Garcia, antes de trasladarse a finales de los años 20 al nº 51, en la otra acera de la calle, cerca del Palacio de Guendulain. Tras Juan García había otra alpargatería y cordelería, (está claro pues porque a esta calle le llaman  calle Zapatería), la de Medardo Castillo que en los años 20 sería la tienda de frutas y verduras de Epifanio Royo. Acababa la calle, por este lado, a primeros del siglo,  con la churrería de Viuda de Aguilar y la abacería de Goñi Gaztelu. En los años 30, los últimos números de la calle, del 58 al 62 ya los ocupaba la tienda de Arilla y Cia, Casa Arilla que vendía instrumentos y material musical además de radio, discos, gramófonos, etc. Hoy, uno de los locales, el de la derecha lo sigue ocupando Arilla mientras que el otro, el de la izquierda, sirve de sede a un moderno establecimiento de de cadena de tiendas de  Perfumería Redín.

Comenzando por el lado izquierdo de la calle, teníamos en 1908, la abacería de Ramón Borea, la tienda de ropas hechas con géneros ordinarios de Felipe Balduz que, algunos años más tarde, pasaría justo al local de al lado, al nº 5, y en los años 30 aparecía como Confecciones Balduz e Hijo, donde durante mucho tiempo hasta finales de la primera década del siglo XXI estuvo Corsetería Sarita, antes, desde los años 40, en ese local estuvo Corsetería La Sirena. En los años 30, en estos primeros números de la calle estuvieron la perfumería de Andrés Gorricho (que perviviría como Casa Gorricho y mercería hasta bien entrados los años 50) y el taller de relojería de Julio Ezpeleta. Posteriormente en su lugar, comenzando la calle, tendríamos Calzados Ayestarán. El Hotel del Comercio estaba en el nº 7, ya hablé de él cuando revisé la hostelería de primeros de siglo. Aquí, en sus bajos está hoy Blai y en tiempos estuvo Usoz. En los años 50  a está altura estaba la camisería de Segundo Ruiz. A continuación estaba la cordelería de Francisco Gorriti, que en los años 20 ocuparía la tienda de tejidos de Manuel Batllori y luego la ferretería de José Armisen (el negocio estuvo en la familia Armisen  durante varias décadas, desde los años 30 hasta los 60, por lo menos,  primero con José y luego con Lorenzo,  al principio vendían estufas, luego comenzaron a vender todo tipo de herramientas para convertirse en una ferretería al uso). En este lugar estuvo durante años Moda Pantalón, luego Company y desde hace tiempo Futbolmanías.


 Batllori se trasladaría a la calle San Miguel, en el local donde en el último tercio del siglo conocimos Nuevas Galerías y en los últimos años la gran tienda de Adolfo Domiguez.  Luego de Armisen venía la fábrica de pastillas de café y leche “Las 2 cafeteras” (fue en el año 1912 cuando Claudio Lozano,  que había montado el negocio en 1886, le puso este nombre de “Las 2 cafeteras”). Desde los años 30 sería demás confitería y pastelería, negocio que permanecería hasta finales del pasado siglo (hoy está allí La Milla Store) y a continuación estaba  la cordelería de Juana Oricain, que en los años 30 ocupó Valeriano Zabalza Ilundain, con una camisería que continuaba abierta bien entrada los años 50, donde hoy está la zapatería Vas, y que antes de ésta albergó a “La exclusiva” que vendía género de punto (y también durante bastantes años a Confecciones Gonzalez). 
En 1908 y en el nº 15 teníamos el café público, además de horchatería, chufería y alogeria de Mariano Perez (donde hoy está Calzados Goñi); Aun en los años 30 este negocio aparecía como fábrica de hielo. Luego, en 1941 se abrió la zapatería de Hijo de Pablo Goñi Reparaz (con venta de calzado fino). Junto a ella estaba, en los años 50, el estanco de Teresa Marzo y la librería y tienda de plumas estilográficas y objetos de escritorio de Mariano Sagaseta de Ilurdoz que estuvo abierta hasta finales del siglo XX, vendía también radios y máquinas de escribir, además de la mercería de Carlos Zubasti que también conoció otra ubicación en la calle. Posteriormente nos encontrábamos, en el nº 17, con la tienda de tejidos al por menor de Rufino Saralegui, más conocida como La Perla Vascongada, todavía sorprendentemente en activo. A continuación, junto al pasadizo de la Jacoba, la tienda de tejidos, Viuda de Machiñena e Hijo, en los años 30, Hijos de Machiñena apareciendo como pañería y novedades para señora y tras la guerra la tienda textil Casa Arrizabalaga, de Felix Arrizabalaga Acha, donde en los últimos años del siglo XX hubo una tienda de zapatos (Eurocalzados). Eran tiempos aquellos en los que había muchas sastrerías, con venta de género en planta baja y sin venta en pisos. Por citar solo algunas en esta calle estaban además de las citadas la sastrería de los hermanos Gomez, Nicolás Alvaro, Celestino Ezponda, Calixto Martínez, Juan Cruz Roldan y Francisco del Valle.
Pero continuemos, pasando el pozo de la Salinería, en la esquina con Pozoblanco, estaba Casa Aznarez, conocida por confeccionar y vender sombreros para caballero, además de otro tipo de género a lo largo de su dilatada historia, (cuando falleció Manuel, paso a regentarlo su viuda, Juana Sarasa); luego la farmacia de Justo Aguinaga, fundada en 1888 y que hoy regenta su bisnieto Roberto, la tienda de confección de Antonio Garrigosa conocida como La Gran Ciudad de Londres, donde hoy está Lencería Silvia y que vemos en la fotografía de los años 20 que acompaña al párrafo anterior; antes de Garrigosa estuvo en ese local Aroza y Gortari con mercería, paquetería y quincalla (bisutería), la carpintería de Juan Ortigosa que se traslada en los años 20 al local de al lado  para montar una agencia funeraria, (no sería el primer ni el último carpintero que tomaría medidas para nuestro último viaje), de hecho en esta calle había dos funerarias, la de Ortigosa y la de Ciga. Esta última conoció varios emplazamientos, a primeros de siglo en el nº 51 y posteriormente en el 62 y en el 56), la imprenta de Nicolás Marcelino (también vendía papeles pintados), la hojalatería de Santos Ortigosa que vendía también quinques y lámparas. El local de  Ortigosa lo cogería luego Pascual Castiella, cuya familia regentó el negocio desde los años 20 y por lo menos hasta los años 60, ubicándose en este período entre el 31 (en los años 20) y el 35 (en los años 50). Junto a él estuvo un tiempo la carnicería de Tomas Egaña que se trasladaría posteriormente a otro local de la calle. Del local de Castiella podemos ver una fotografía datada en 1919, junto al párrafo siguiente.
Inicialmente Pascual Castiella era hojalatería y lampistería, vendía aparatos de calefacción, cocinas económicas, cristales, material de electricidad, taller de fontanería, sanitarios, vendía y reparaba radios, etc. En el local contiguo, en el que ocupaba Santos Ortigosa se instaló desde finales de los años 20 Manuel Huici, que cerró su nieto hace un par de años. En el nº 35 estaba también y estuvo hasta hace unos pocos años Sagarra o más apropiadamente Herederos de José Sagarra, fundada en 1878 que vendía artículos de cristal, loza y porcelana, luego la imprenta de Goyeneche, (que vendía también libros nuevos) y la tienda de ultramarinos de Félix Marrodán. Tras Castiella y Sagarra, en los años 20, ocupaba los números 37 al 41 Mauricio Guibert (donde hoy está el local cerrado desde hace ya casi una década de Euskal Piel). Vendía de casi todo: era almacenista de hierros y aceros, taller de lampistería, fabricaba cajas de caudales, cristales, objetos eléctricos, estufas, quincalla, trenzas para alpargatas, muebles, etc, la familia vivía en el mismo edificio. En los años 50 aparecía registrado como bazar, bisutería y quincallería. A continuación de Mauricio Guibert había en los años 20 una hojalatería y lampistería, Arteaga y Erroz. El edificio que  alojaba este negocio y que vemos en la fotografía de los años 30, junto a este mismo párrafo,  sería derruido y con él se perdiría cualquier vestigio de la casa, que se dice habitó San Francisco Javier, construyéndose, tras la guerra, un nuevo edificio, el actual nº 43 en el que tienen su sede Tejidos San Andrés y Confecciones Madrileñas.
He utilizado en bastantes ocasiones el término lampistería. Voy a aclararlo al igual que otros que estoy utilizando habitualmente: costales y jergas, quincalla, paquetería y abacería. Fue a finales del siglo XIX cuando aparece el oficio de fontanero que instalaba desagües, grifos y tuberías de plomo. Para moldearlos usaba una lamparilla de aceite, petróleo o gas (¿quien no se acuerda de esas pequeñas bombonas azules de gas de los fontaneros?). Por eso al nuevo oficio se le llamó lampista o lamparista y al negocio lampistería. La palabra fontanero ha sustituido al término lampista en casi todas las comunidades excepto en Cataluña. En esta región se usa como sinónimo de dos oficios distintos que son electricista y fontanero, mientras que la RAE lampista lo asimila a hojalatero. Costales eran unos sacos gruesos y jergas podía ser una tela gruesa y áspera para hacer colchones o un colchón de paja. La quincalla era el conjunto de baratijas y objetos metálicos de escaso valor que podía estar compuesto por bisutería y otros objetos de bajo precio, se diferenciaba claramente de las platerías y joyerías. La paquetería aparecía casi siempre unida a mercería aunque está en desuso con este significado y lo asociamos hoy a la empresa que realiza envío de paquetes. Abacería era la tienda donde se vendían al por menor productos como el aceite, la vinagre, legumbres secas, bacalao, etc.
En efecto, como ya he adelantado, en 1941 se instalaron en  el nuevo  nº 43 de la calle Tejidos San Andrés, fundada por Primitivo Esquiroz Oricain y Confecciones Madrileñas; junto a ellos,  algunos años más tarde,  estaban en el nº 45 la Ferretería Purroy y la tienda de venta de máquinas de escribir de Francisco Barrachina y posteriormente, en el nº 47, donde sigue estando actualmente  la fabrica de chocolate y cerería de Justo Donezar, fundada en 1853, que posteriormente regentaría su viuda, Vicenta Sarasibar y que hoy dirige su bisnieto Joaquín. A continuación, a principios de siglo  estaba, como he dicho,  la carpintería de Javier Ciga, que pasaría primero al 62, en los años 20 y luego al 56, en los años 30, y la fábrica de corte y calzado de German Anaut. En 1921, el Diario de Navarra  trasladaba su sede social desde el nº 40 de la calle hasta este lugar, al nº 49. Acabamos nuestro repaso en el nº 51 con la alpargatería de Juan Garcia, luego Viuda de Juan García, presente en ese lugar, como ya he señalado anteriormente, desde finales de los años 20 hasta el año 2000. La última de las fotografías recoge una panorámica de la calle en las navidades de 1958, con las luces en altura y algunos comercios perfectamente distinguibles: a la izquierda, Huici, Pascual Castiella y Sagarra, a la derecha la tienda de muebles de Mauricio Guibert.
Fotografías de la calle y sus establecimientos por orden de aparición: Calle Zapatería (sin datar, aunque probablemente de la primera década del siglo), Fotopostal de Vda. de Rubio. Calle Zapatería (sin datar, aunque probablemente de la primera década del siglo). Fotopostal de Vda. de Rubio. Calle Zapatería (sin datar aunque probablemente sea de los años 40). AMP. Comercio Casa Arillaga Optico (1919), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Comercio La gran ciudad de Londres (1920), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Nº 43 de la calle Zapatería (Años 30), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Navidades de 1958 en la calle Zapatería. Galle. J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Comercio de Pascual Castiella (1919), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios.

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Mayor (1905-1955). Segunda parte

Tras la buena  acogida del anterior artículo sobre el primer tramo de la calle Mayor, prosigo  con el segundo tramo y empezaré allí donde me quedé en la última entrada: en el cruce de las calles Mayor y Eslava. Les recuerdo que la numeración de este tramo de la calle en el primer tercio de siglo XX  no tiene nada que ver con la del actual. Entonces la calle acababa, por este lado, en el nº 115, mientras ahora lo hace en el 89. Comenzando por el lado izquierdo, a primeros de siglo, encontrábamos en primer lugar, igual que ahora, la farmacia de Manuel Negrillos, bueno mejor dicho la droguería y farmacia de Negrillos, actividades que mantendría, ambas dos, y de manera continuada, al menos, hasta los años 30. A finales del siglo XIX se confunden, en cierto modo, los negocios de  droguería y farmacia, conocidas entonces, sobre todo, con el nombre de boticas. En este siglo además de vender las medicinas en las boticas también se preparaban, en muchos casos, en éstas, los compuestos medicinales, y estos procesos se realizaban en la rebotica y el obrador. En esta entrada podemos ver un anuncio de esta farmacia anunciando determinados preparados. La materia prima era suministrado a las boticas por los mercados y las droguerías. Estas últimas se dedicaban casi en exclusiva a la venta de materias primas, productos químicos y drogas simples, siendo con el tiempo desplazados, estos últimos compuestos, a las boticas o farmacias, quedándose las droguerías para la venta de multitud de productos químicos y sobre todo de pinturas, que es, probablemente, por el producto que más las conocemos. En los años 50, la droguería que daba  a la calle Mayor, -la farmacia hacía esquina con Eslava y Mayor-, estaba a nombre de Mariano Diaz. A continuación de la farmacia y droguería de  Negrillos estaba la tienda de camisolines y mangas de Angela Aya que continuó en los años 20 con ropa de niños y en los años 30 con confecciones en general. En los años 50 estaba ahí la carnicería de Zacarías Arrastia. A continuación, en los años 20, teníamos la cestería de Cipriano Garcia y las mercerías de Petra Beunza,  -que vendía además bisutería, quincalla se llamaba entonces, y que permaneció en el lugar durante varias décadas-, y la de las Hijas de Gorriz que  en los años 50 aún permanecía en el mismo lugar, (donde hoy se encuentra Skaner Shop), y la frutería de Vicente Orzanco. Por estos números, en el nº 57 de los años 50, hubo  una carbonería y un poco más adelante una tienda de alimentación. En el nº 71 de primeros del siglo, donde está hoy Almacenes Bidasoa, estaba Manuel Labiano, ebanista y tapicero, que en los años 30 se convertiría en tienda de muebles, bajo la dirección de Fidela Larraz primero y Pablo Lezcano, después, y  que además de muebles  vendía artículos de porcelana y loza, género al que se dedicaba también, un poco más adelante,  a primeros de siglo, Antonio Puertolas, (en el local donde hoy está la antigua tienda de chucherías de Ludiloj). Más adelante estaba la fábrica de tejidos de Vertiz, Verdá y compañía (en lo que sería el actual local de Pavana). A partir de los años 20 las Teresianas se instalaron en el Palacio de Ezpeleta (en el nº 81 de la calle, hoy 65),   con su célebre colegio de enseñanza.

Tras el colegio de Teresianas había en 1905 varios negocios: una tienda de cereales al por menor y de abonos, fábrica de harina y panadería,  de Agustina Sarasibar primero y José Ilundain, después, así como otros negocios diferentes como la zapatería de Jacinto Erroz o la tienda de arreglos de relojes de Joaquín Erviti que más adelante en el tiempo, en los años 40-50 montaría una relojería en el nº 61 de la calle, donde estaba la mencionada tienda de chucherías Ludiloj. Posteriormente hallábamos la botería de Fructuoso Pérez y la juguetería, mercería y paquetería de Rogelio Lara, el pelotero Modesto Sainz, la cooperativa militar que era el típico ultramarinos pero orientado especifícamente a este sector profesional tan abundante entonces en la ciudad, la carpintería de José Lizarraga, la alpargatería de Pascual Ostiz, la zapatería de Ruperto Andueza, la carnicería de Vicente Redin, el broncista  Santos Garde, -que estuvo al menos desde los años 20 y hasta los años 50 en el lugar, si bien en el nº 85, en vez de en el 105, la cestería de Jose Nespereira (en los años 50 en el nº 77), la fontanería de José María Garde,  la tienda de frutas y verduras de Sebastian Subiza que permanecería en el lugar durante más de cuarenta años, etc. 

Es patente, todavía, la existencia, en este tramo final de la calle,  de un buen numero de  tiendas pequeñas y extremadamente estrechas tal y como debieron ser las tiendas instaladas en esta zona a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En los años 50, en el nº 73, donde hoy esta Samoa Outlet y anteriormente Grabonorte, estuvo la mercería de las hermanas Fernández y Pescados Caridad y a continuación la carnicería de Félix Senosiain. Y donde estuvo la pajarería Arga y hoy Yoigo la carnicería Garralda y la zapatería de Saturnino Bañales. Sigamos: Posteriormente, ya casi finalizando la calle, estaba la taberna de Candido Francia, que en los años 30 se convierte en una casa de comidas de mano de sus herederos y la alpargatería de Julian Eguaras; en los años 50 donde hoy está la administración de lotería, José Luis Etayo tenía una tienda de género de punto con máquina para coger puntos a las medias y terminando la calle aparecía la tienda de tocinos y embutidos de Aniceto Beloso, que en los años 20 se convertiría en una tienda de ultramarinos, inicialmente a primeros de siglo también vendía cereales y aceite al por mayor. En los años 30 el negocio pasaría a su hijo Luis. En la foto que encabeza la entrada de Julio Cia, datada en 1933,   podemos contemplar una bonita estampa del cruce entre las calles Mayor y San Francisco, con el  comercio de Beloso en primera línea. Muchos años después y durante mucho tiempo en esa misma esquina estuvo la cafetería Delicias. La foto postal de la izquierda, algo más antigua, nos muestra esa misma zona, pero tomada a pie de calle, con unas “paisanas” mirando claramente hacia el objetivo  del profesional de la fotografía.

Regresamos al cruce con Eslava y recorremos, en esta ocasión, la calle pero por su lado derecho, por los pares. No lo he podido confirmar pero en los años 30 la confitería y pastelería de Ubaldo Ataun figuraba en algunas guías publicitarias en el nº 60 y la fábrica de chocolate en el 64 de la calle. Tengo serias dudas de que así sea porque en ese mismo número aparecía en esa mismas fechas, los años 30,  una taberna de un tal Hijo de Eraso que creo podría corresponder al actual Bar García.  En los años 50 en un piso de esta zona  tenía su estudio el fotógrafo Juan Gómez y la tienda de material sanitario de Jeronimo Echeverría, probablemente donde años más tarde estaría la fontanería Eraso y Ripa.  Más adelante, en el nº 68,  estaba la carnicería de Casimiro Esain que en 1921 regentaba Antonio Zubeldia; junto a ella estaba la tienda de confección de Félix Tapiz del Castillo que también estuvo ubicada al otro lado de la calle, en el 49; luego  venía la tienda de tejidos de Sebastian Larreta, que años más tarde aparecería bajo la razón social de Hermanos Larreta y posteriormente de F. Larreta, la carpintería mecánica de Angel Zabalo y a continuación el bazar de los Hermanos Arraiza, que también vendían productos de perfumería y quincalla (hoy  en el lugar donde estuvieron un día  esos locales tenemos grandes bajeras ocupadas por las tiendas de antiguedades de Echarri). 

Seguidamente entre los números 78 y 82 estaba la panadería de Lazaro Taberna, aproximadamente donde hoy está el almacén de Almacenes Bidasoa, situado justo enfrente de ésta. Fue en el año 1905 cuando adquirió esos tres locales y los acondicionó como obrador y despacho de atención al público. Por aquel entonces no sólo  se dedicaba a la fabricación y venta de pan sino también a la producción de dulces, chocolates e incluso embutidos. Se anunciaba como Ultramarinos y Panadería. Lazaro Taberna, cuya imagen corporativa (que vemos en el siguiente párrafo) es antigua y muy conocida (un panadero con sus barras de pan debajo del brazo) había comenzado unos años antes, en 1897 cuando adquirió en traspaso una panadería de la calle Nueva. En 1946 fallecía Lázaro pasando la dirección de la empresa a sus hijos y produciéndose su progresiva expansión a diferentes barrios de la capital. En el siguiente párrafo se puede ver igualmente la imagen de un motocarro de reparto de Taberna de los años 50-60.  A continuación de Taberna hallábamos la imprenta de Ramón Bengaray. Anteriormente Ramón la había bierto en el nº 82 de la calle Nueva pero en 1928 la trasladó al 86 de esta calle. Como la mayoría de las imprentas también  encuadernaba y vendía objetos de escritorio. Significado hombre de izquierdas y  vinculado a la causa republicana, fue asesinado al poco de comenzar la guerra, en agosto de 1936. Tras la guerra se instalaría, allí, Gráficas Iruña que en los últimos años del pasado siglo conocimos solo como tienda de papelería y material de oficina, Grafos. Junto a la citada imprenta José Unanua vendía en los años 50, como ya he señalado, objetos de escritorio y artículos de librería. 

Posteriormente estaba la carbonería de Genaro Iraizoz, que además era herrador, negocio que continuaría posteriormente con herrería y cerrajería, en los años 50, Juan Blanco, una de las dos alpargaterías de Pascual Ostiz, -la otra estaba en el nº 99 de la calle-,  la tienda de tejidos Perez y Ederra, regentada, en los años 50,  por Anastasio Zalba (allí  estuvo, hace unos años, la tienda de ropa Muskaria y hoy el centro de actividades infantiles Hegan and Dream); el ebanista y tapicero Gabino Lezaun que luego ocuparía la mercería de las Hermanas Erviti y en los años 50 Maria Vidaurreta (nosotros lo conocimos como tienda de ropa de niños Andia), el colegio de los Hermanos Huarte, la tienda de coloniales, jamones y embutidos, Hijos de Urriza, (Josefa Urriza lo llevaría durante bastantes años),(luego sería Muebles Lacunza y hoy la tienda de instrumentos musicales Haizea), la mercería de Cristina Hernando que en los años 50 regentaba Jose María Duran Mestre, conocida como Mercería Duran y que hoy ocupa un “chino”, la droguería de sucesores de Martinez, donde luego estaría durante muchos años la Farmacia Martinez y hoy la Farmacia Planas, la barbería de Fermín Esain, etc. En esta zona hubo un poco de todo: tienda de venta de costales y jergas, carbonería y en los años 30 una tienda de coloniales con especial atención a las frutas y verduras, regentada por la familia Erro, primero por Nicolás y luego por Vicente, una floristería de Vicente Huici que tenía los viveros en la Rochapea. En los años 50, donde luego estaría la tienda de belenes y venta de mascotas Erla había una tienda de alimentación regentada por los hermanos Asurmendi.  

La actual mercería La Fama no siempre  fue mercería. A primeros de siglo y regentada por José María Diaz  era una tienda de chocolate, confitería y pastelería luego, en los años 40,  con Fermín Diaz se convertiría en mercería.   A continuación en los años 50, donde después estuvo la tienda de ropa de niño Akara, Mana y hoy Mirage había otra tienda de comestibles y tocinería, la de Florentino Zabalza, para acabar con las barberías de Pedro Ruiz y Vicente Gambra, en el nº 120 de la calle. La peluquería-barbería aun estaría en funcionamiento hasta bien entrados los años 50. En los últimos tiempos conocimos allí una pequeña tienda de alimentación y revistas, bajo el nombre de Gambra. En esta última ubicación había en 1908 una tienda donde se vendía papel y sobres y que derivaría años después en estanco. Lo regentaba Mari Cruz Ibarrola. Bueno y así acabamos el repaso a los comercios, (probablemente no estén todos pero si los más destacados), que un día estuvieron en la calle Mayor, calle que aun sigue manteniendo una enorme actividad comercial, con más de 70 establecimientos en activo. En próximas entradas iré repasando los comercios de otras calles principales: Estafeta, Zapatería, incluso de algunas otras igualmente importantes pero menos transitadas, pero habrá que tener un poco de paciencia. No es una labor fácil la de reconstruir la fisonomía e historia comercial de las calles del Viejo Pamplona.


Foto: La segunda foto de la entrada es de J.Cia (1933)

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Mayor (1905-1955). Primera parte

Regreso a la serie Comercios del Viejo Pamplona, adentrándonos, en esta ocasión, en una de las calles más importantes del Casco, la calle Mayor de Pamplona, principal eje del viejo burgo de san Cernin. A comienzos del siglo XX esta calle, la segunda más larga del Casco, tras la calle Nueva, con sus 345 metros, albergaba una miríada de pequeños establecimientos, algunos de los cuales adquirirían gran notoriedad en la vida de la ciudad, trasladándose décadas más tarde, por necesidades de expansión a otros puntos de Pamplona. Si actualmente existen en la calle entorno a 89 números a comienzos del siglo XX había nada menos que 120, lo que parece indicar que o bien había muchos portales y se han fusionado edificios en una sola comunidad de vecinos o los locales eran más pequeños que los actuales y se fusionaron para crear locales comercios más grandes o ambas cosas. Había incluso algún comercio dentro de los portales. El hecho es que difícilmente se pueden comparar las numeraciones antiguas, de la primera mitad del siglo y las actuales, porque no se corresponden. Sí se corresponden, en cambio, las de los establecimientos de los años 50 con las de ahora. Dado el elevadísimo número de establecimientos instalados, intentaré destacar aquellos que se mantuvieron durante más años. Si pudiésemos viajar en el tiempo a comienzos del siglo XX, nos encontraríamos con una calle Mayor bastante parecida a la fotografía de la derecha, de Jesús Martínez Gorriz, datada en los años 40, que encabeza la entrada y muy diferente a la actual, una calle en la que junto a la Estafeta y la Zapatería se concentraba buena parte del comercio de toda la ciudad. En esta calle bullían todo tipo de actividades comerciales y oficios, muchos  de los cuales ya cité en una entrada anterior sobre los oficios desaparecidos del viejo Pamplona: droguerías, tiendas de alimentación o coloniales, ferreterías, alpargaterías, cordelerías, guarnicionerías, barberías, bodegones y figones, tiendas de muebles, zapaterías, cesterías, carpinterías, tapicerías, carbonerías, carnicerías, pequeños talleres y fabricas:  de embutidos, chocolates, lejías, harinas, hierros, panaderías, pastelerías, vendedores y blanqueadores de cera, herrerías, hojalaterías, colegios, mercerías y paqueterías, molduras y marcos, papeles pintados, estancos, tiendas de tejidos y sastrerías, tintorerías, abacerías, boterías, broncistas, aparatos radioeléctricos,  pastas para sopa, garaje, antiguedades, imprentas, floristerías, fotógrafos, etc. Al recorrer esta calle surgen nombres y empresas como Sancena,  Lazaro Taberna, los hermanos  Bernardo y Venancio Villanueva que crearon las empresas de embutidos El Pamplonica y Kiliki respectivamente, Casa Azagra, Ciganda, Sagaseta, Droguería Varela, Almacenes Oyarzun, Larreta, Víctor Bregaña, Huici, Salanueva Hermanos, Graficas Iruña, La Industrial Ferretera, Foto Mena, Foto Gómez y otros muchos.
Dada la extensión de la entrada, la dividiré en dos partes, correspondiendo cada parte a cada una de las mitades de la calle. Si nos situásemos, de pronto, en el año 1908 cerca del pozo de San Cernin y mirásemos hacia San Lorenzo nos encontraríamos a la izquierda con los siguientes establecimientos. En primer lugar la tienda de tejidos de Bonifacio Ortega, -entonces Ortega y del Valle-, que aun continua abierta después de 116 años; la droguería y tienda de papeles pintados de Pedro Zabalegui,-hoy esta ahí la droguería de Pedro Pomares-; la mercería y paquetería de Miguel Aragues, que luego continuaría Manuel Lecumberri durante los años 20 y 30 al menos; la zapatería de Manuel García con calzado a la medida y la abacería de Mamerta Ibarrola que en los años 20 daría paso al establecimiento de Medina y Compañía, inicialmente con camisería y ropa blanca, si bien enseguida introduciría otros productos como guantes, perfumes y medias, como reza el anuncio adjunto, etc, y que hoy es la lencería Medina. Hasta no hace demasiado tiempo, -15 años o algo más-, ocupaba solo uno de los locales del portal nº 5, el último establecimiento que recuerdo abierto a su lado era la tienda de alimentación La Sevillana; en los años 50 estaba, junto a Medina, una zapatería de calzado fino, -así se les llamaba para diferenciarlo del calzado ordinario-, de María Luisa Urrutia, Viuda de Larreta.  A continuación venía la zapatería de José Llorente,  que vemos en la fotopostal de la derecha junto a este párrafo y que facilitó a este blog José Castells. El local fue reformado en 1924 por el célebre arquitecto Víctor Eusa y tras un corto período en que el negocio estuvo a nombre de Ramón Izco,  en los años 30, paso  de nuevo a la familia Llorente y más concretamente a manos de Paula. Luego venía la tienda de embutidos de Fermín Santesteban que luego cogería Tomás Villanueva, que posteriormente se trasladaría a otro local del segundo tramo de la calle, y que ocuparían en diversos momentos Bernardo y Venancio Villanueva que fundarían  la fabrica de Chorizos El Pamplonica y la de El Kiliki respectivamente, al final de la avenida de Zaragoza y en Burlada respectivamente; En los años 50 Venancio Villanueva aun mantenía esta tienda en la calle Mayor que en los 90 albergaría la tocinería Urdaniz.   Más adelante estaba la mercería y paquetería de Francisco Oyarzun que luego abriría tienda en el Ensanche, aunque que yo sepa, hasta bien entrados los años 50, al menos,  mantendría la tienda de la calle Mayor, bajo la razón social de Oyarzun y Compañía. En el nº 15 de la calle había, a comienzos de siglo una imprenta, una de las muchas que ha tenido sede en esta rua pamplonesa. Pertenecía a Patrocinio Ramírez de Esparza. Posteriormente el local sería ocupado por una tienda de tejidos, o como se decía entonces una sastrería con surtido de géneros, especializada además en vestimenta militar, Zoilo de la Torre, de la que también dejo una fotografía, junto a este párrafo. El negocio continuaría al menos que yo sepa hasta la guerra, bajo la dirección de sus hijos. Tras ésta José García Catalán abría  La Zapatillera, que  vendía alpargatas, si bien el negocio es, al parecer, bastante más antiguo superando en la actualidad  el siglo de antiguedad. En los años 50 su hermano Manuel tenía otra zapatería en el nº 7 de la calle. También en esa época en el nº 11 José Gil abría La Huerta Valenciana que vemos en una foto de los años 50 junto al siguiente párrafo, que me facilitó hace algún tiempo mi buena amiga Marcela Abarzuza.
Otra tienda de tejidos, la de Máximino Muñoz, había más adelante en los años 30, en el nº 17 (se inauguró el 11 de abril de 1924). A continuación una herrería, una tienda de muebles, de Sixto Fernández y una barbería (la de Eustasio Irujo), si bien en los años 20, en algunos de estos locales Elías Goñi montó una tienda de material eléctrico y Jose Armisén su celebre ferretería y en los años 30, Pedro Escudero abría también  en uno de estos locales un bazar en el que se vendían, entre otros productos, juguetes que hacían las delicias de los niños. Posteriormente y en los años 30, encontrábamos la tienda de confección de Pedro Monasterio y la de camisería fina de Antonio Mendizabal. En los años 20, aparecía en el nº 25 un garaje de Florentino Murillo. Pero volvamos a comienzos de siglo. En esa época y a continuación, en el nº 27  Mauricio Guibert  vendía artículos de electricidad, metales, vidrios, cocinas económicas, inodoros, etc. Posteriormente el local lo ocuparía la imprenta de Eduardo Albeniz que como la mayoría de las de aquella época era también papelería y librería, algunas incluso vendían objetos de escritorio y a partir de los años 30, Pascual Larumbe trasladaría su alpargatería desde el nº 44 a este lugar donde permaneció Casa Larumbe hasta su cierre hace unos algunos años. En realidad  Larumbe fabricaba y vendía alpargatas como hacía Ramón Unzu Got (Sucesor de Cia) en esta misma calle. Más adelante encontramos en los años 20 una mercería y paquetería que vendía también quincalla, osea bisutería, incluso más adelante vendió artículos de droguería, regentada por Daniel Zariquiegui,  padre del famoso arbitro de fútbol y directivo de Osasuna, abuelo del actual titular, antes de que la tienda se especializara, con Daniel, en material deportivo. A continuación hubo varios negocios  a lo largo del tiempo, una cestería en 1908 que posteriormente daría paso a la tienda de José Arrizabalaga (grabador, venta de armas, etc), la hojalatería de Gravalos, una tienda de velocípedos y accesorios y más tarde Confecciones Mendizabal. En los años 50 junto a Deportes Zariquiegui había una zapatería de género ordinario, de Joaquín Villanueva. Y cerca de la Zapatillera, en el 13, donde después estuvo las 3 BBB había una tienda de tejidos, de Justo Martinez y donde hoy esta Mei había otra tienda de tejidos, de Gregorio Olza.
En el 35 de la calle Mayor había en 1908 una tienda que construía baúles y vendía o alquilaba muebles usados, negocio que cogería en los años 20 Inocencio Prieto. A continuación, Modesto Elizondo vendía vino por decalitros y en los años 20 y 30 Inés Prieto y Antonio Vazquez regentaron consecutivamente sendos negocios de muebles y Federico Standfuss, “La Alemana”, una tienda de porcelana, loza y perfumería; José Sagues  que era carpintero ofrecía los servicios durante las primeras décadas del siglo, asimismo, de una agencia funeraria, está claro porque, aunque en los años 50 parece que montó allí una tienda de comestibles; una tienda de molduras y marcos y en los años 30 estuvo también   una tienda de productos eléctricos de los Hermanos Salanueva, y la ferretería de Enrique Sanz que con el cambio de numeración pasaría en los años 50 a ser del 45 al 35. Tras ella la hojalatería de Ramón Laforgue que estaba años atrás en el 53,  43, y pasó luego al 47. Pero volvamos un poquito  hacia atrás; en los años 50  en los bajos del antiguo Centro Mariano estaban Muebles Apesteguía  y una tienda de porcelana, loza y cristal de Pilar Carnicer. Tras la ferretería de Sanz, en los años 40 Petra Garcia Undiano abría donde antes estaba la tienda de saldos El 0,95 (el anuncio pertenece a otra ubicación anterior diferente en la misma calle) y anteriormente la hojalatería de Laforgue. A continuación venían la  tienda de alimentación que en los años 20 regentaba Nicasio Echauri y que en los 50 cogería Demetrio Arbeloa, donde hoy está Joyería Berna,  y que anteriormente a primeros de siglo albergó una tienda de alpargatas, costales y jergas, a continuación la mercería de Sucesores de Arocena yla tienda de antiguedades de Ignacio Eusa,   la abacería de Manuel Zabalza (que en 1954, -año de la primera foto de la entrada-,  regentaba Luis Ruiz y cuya apariencia permanece hoy  exactamente igual que hace 62 años) y por último y para acabar este lado de la calle la tienda de venta de vino por decalitros de Miguel Anocibar en 1908, que fue imprenta de Argaiz en los años 20 y una tienda de tejidos, Olaso y Pérez en los 30. En los 50 había, sin embargo una zapatería, la de Benito Ruiz.
Regresamos al pozo de San Cernin  y recorremos, esta vez, el lado derecho de la calle, los números pares. En el edificio del actual palacio del Condestable que en los últimos tiempos concentró grandes comercios (Almacenes Pamplona, Almacenes Aldapa, Muebles Elosegui) estaban asentados entonces, a primeros de siglo muchos más comercios. El primer local, en 1908, en este lado de la calle era la fabrica de chocolate y de pailas para velas de cera  de Viuda de Etulain, luego Lucas Zabalza, en el lugar que posteriormente en los años 20 ocuparía la tienda Tejidos Gorriz, de Pio Gorriz, pues antes estuvo en el nº 12; también en este lugar se asentaba la carnicería de Teofilo Leranoz y a continuación podíamos encontrar la tienda de calzado a la medida Campos y Elorz que algunos años después en 1920 ocuparía la carnicería de Juan Sagues y tras la guerra la tienda de comestibles de Ulpiano Aldaz. La tienda de Aldaz estuvo inicialmente en el nº 12 de la calle y posteriormente pasó a este emplazamiento. También en este primer edificio de la calle tras la guerra podía verse la mercería de Juan Antonio Cabasés que en los años 60 y 70 conoceríamos como Almacenes Aldapa.

Volvamos a 1908. En el nº 4 estaba la mercería de las hermanas Hernández  y tras la guerra la fabrica y tienda de Muebles Elosegui. Su propietaria era Esperanza de Miguel, Viuda de Elosegui. En las primeras décadas del siglo XX, en los números 6 y 8 estaban las ferreterías de Remigia Alzate y Joaquín Iturria así como el estanco de Ramón Gil, donde antes estuviese Manuel Lebrón; más adelante la carnicería de Corpus Arbizu, donde en en los años 30 estaba la zapatería Casa Briñol; la tienda de vinos de Patricio Taberna, y como he dicho la tienda de los hermanos Gorriz, luego de Pio Gorriz; el ebanista y tapicero Francisco Josué, luego Hijos de Josué que también vendían los muebles que fabricaba. A continuación la droguería Ardanaz, de Don Fructuoso Ardanaz que luego regentarían los hermanos Ardanaz y especialmente durante buena parte del siglo XX, Nicolás Ardanaz, el celebre fotógrafo. Como buena droguería, de las de antes, vendían de casi todo: todo tipo de productos químicos, abonos, pinturas, hasta cristales y como fotógrafo, incluso también aparatos fotográficos. No es el primer caso de droguero metido a fotógrafo o viceversa. Junto a la Droguería Ardanaz estaba la tienda de papeles pintados y pinturas, Hijos de Lipuzcoa que se mantuvo en el lugar, al menos hasta 1936. 

Luego venía la tienda de Ramón Unzu Got, Sucesores de Ramón Cia, bueno eso en los años 20, porque a principios de siglo los Herederos de Ramón Cia estaban en el nº 28 de la calle, no en el 20 (en el 6 con la nueva numeración en los años 50). Inicialmente la tienda era zapatería, alpargatería, cordelería, guarnicionería, vendía loza y vajilla ordinaria. Sus sucesores continuaron con los mismos productos aunque era más apropiadamente un bazar. En el 26 encontramos en los años 20 la ebanistería, sillería y tapicería de Mariano Gastón. A continuación la tienda de aparatos radioeléctricos de Víctor Bregaña (radiotelefonía, electrónica de automoviles, neveras industriales y objetos eléctricos en general)  que en los años 50 ocupaba el nº 8. Junto a él en los años 50 estaba la Industrial Ferretera. Desde los años 40 aquí estaba la librería de Antonio Leoz y a continuación la Tintorería Paris de Marcelo Deslandes. En esta zona estaba también la prestigiosa Casa Azagra, de Pedro Azagra que también tenía otro establecimiento en Zapatería, 26. (En el local que tenía en la calle Mayor hubo antes una tienda de guantes y pieles, la de Luis Leache). Aparecía como ultramarinos al detalle, aunque también vendía embutido fabricados por ellos. Conoció en la calle Mayor diferentes ubicaciones, primero en el 34, luego en el 30 y posteriormente en los años 50 en el nº 21, donde hoy en día está Clase Moda. Junto a Casa Azagra estaba la tienda de pastas para sopa de Isabel Legarrea, la zapatería de José María Aizcorbe y la tienda de frutas y verduras de Valentin Val. En los años 50 encontrabamos en este tramo la mercería Ferran que cogía también puntos a las medias. A continuación estaba la fundición de hierro y acero de Martín Sancena, (cuñado de Salvador Pinaquy), uno de los fundadores de la empresa) que fabricaba también material agrícola,  junto a su ferretería al por menor, ubicada en la calle Mayor desde 1890. En 1936 trasladaría parte de sus instalaciones a La Rochapea, concretamente los talleres de fundición, permaneciendo los talleres mecánicos y las oficinas en esta calle. Esta empresa era heredera de la sociedad Salvador Pinaquy y Compañía, fundada en 1850, que comenzó siendo un negocio de ferrería, fundición y construcción de máquinas, sobre todo agrícolas, afincada inicialmente en el Molino de Caparroso para irse dedicando,  a partir de 1924 a la fabricación de elementos de mobiliario urbano y saneamiento. En este tramo de calle hubo antes y después otras actividades: la hojalatería de Fermín Tellería, la tintorería de Ramon Coyné que luego regentaría Pedro Arques. Y sobre todo donde estaba Sancena hasta 1968, (fecha en la que se traslada por completo a la Rocha), se instaló poco después Muebles Apesteguía.

En el nº 46 estaba la fábrica y tienda de chocolate de Pedro Nagore, luego Hijos de Nagore confitería-pastelería, que como la mayoría de  las chocolaterías vendían además pailas para velas de cera y blanqueaban la cera. En los años 50 regentaba la chocolatería Fermina Sainz Aranguren.  A continuación primero Juan  y luego Agustín Sagaseta se dedicaban a  fabricar y vender muebles de lujo: Inicialmente eran ebanistas y tapiceros. El negocio se fundó en 1841. Hoy en ese local está Samoa Sport. Posteriormente, donde hoy está  el Taberna de la Calle Mayor estaba la Droguería de los hermanos Niceto y Juan Varela, fundada en 1898, que años más tarde abrirían tiendas en la avenida de San Ignacio y Franco (hoy de la Baja Navarra). Para hacernos una idea del cambio en la numeración de los locales y portales baste con señalar que el nº 50 de primeros de siglo era el nº 24 en los años 50. Tras esta estaba la carpintería Herederos de Roch que luego se convierte en la tornería de Benito Sanz y más tarde en una tienda de venta de bobinas, motores y dinamos (Andres Garijo) con tienda también en el nº 14 de Carlos III; En los años 50 tras la droguería Varela estaba la tienda de venta de aparatos de radio Jaime Thomas Naudin, el padre de Gonzalo, último propietario del negocio electrodomésticos Thomas hasta su reciente jubilación. En su último local, de más de 300 m2 estuvo desde primeros de siglo la tienda de muebles de Ramona Urzaiz de Ocon, (Muebles Ocon) primero empezó vendiendo camas de hierro  y luego todo tipo de muebles asi como la peluquería de Teodoro Esain, donde antes estuviese  la barbería de Trifón Arteaga y la zapatería de José Jorajuría. A continuación venía la tienda de tocinos y embutidos de  hijos de Estebán Arnedo que en los años 30 será Coloniales Giganda, de Andrés Ciganda, ( hoy Tejidos Anma) y  para acabar este primer tramo de la calle nos topábamos con una pequeña de tienda que vendía aceite, vinagre y jamón y años más tarde sería una pescadería y por último la tienda de chocolates de Ubaldo Ataun, todavía abierta y de la que nuestro alcalde, hace cuatro meses, escribía una larga reseña histórica, un negocio que hunde sus raíces en torno al año 1885, aunque los primeros datos documentales sobre su existencia son de 1898.

Fotos: J. Cia (1954). AMP. Jesús Martínez Gorriz (1945). AMP