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Rincones desaparecidos del Viejo Pamplona (1850-2000). 1ª parte.

La ciudad histórica, el Casco Antiguo que hasta finales del siglo XIX, con la construcción del primer ensanche, fue toda la ciudad ha sufrido, como es lógico, bastantes cambios a lo largo de su reciente historia, si bien buena parte de sus calles, belenas y callejuelas conserva, no obstante, su trama y estructura de origen medieval. Sin embargo, las reformas o renovación del parcelario, -excepto algunos palacios y edificios aislados-, data del siglo XIX, de mediados y sobre todo de finales del siglo XIX.

En esta entrada repasaré algunos de esos rincones que hemos visto cambiar en el Viejo Pamplona a lo largo de los últimos 150 o 170 años. Como siempre, esta entrada no tiene carácter exhaustivo, apenas repaso en esta entrada una docena de sitios, y por supuesto habrá  una segunda y tal vez una tercera entrega sobre este mismo asunto, pues los rincones desaparecidos en esos 150 años son  muchísimos  más de los que aquí se citan, en otras plazas y calles como Compañía,  Calderería, Dormitalería, Merced, Tejería, etc, incluso en la propia plaza del Castillo.

Partiré, para hacer este primer  itinerario, de la plaza Consistorial. Si nos situamos frente al Ayuntamiento, algunos de los más viejos de la ciudad recordarán que hubo, a la derecha del Consistorio, una calle que era la Bajada de Carnicerías, cuyo origen se remonta al siglo XVI. No he logrado encontrar ninguna fotografía tomada desde el interior de esta estrecha callejuela que hoy es la Bajada al Mercado junto a la actual plaza de los Burgos. Y no será por la insistencia en que siga buscando  de mi buena amiga Marcela Abarzuza,  que me recuerda que el origen de la popular saga de libreros pamploneses tuvo su origen en esta calle. Allí tuvieron su sede otros célebres negocios como el de Felipe Layana,  varias alpargaterías y otros comercios un tanto variopintos.

De momento les dejo con una instantánea de un fotógrafo alemán que data probablemente de los años 20 del pasado siglo y en el que aparecen, todavía en pie, los dos edificios del lado derecho de la calle. Para la década siguiente, entre 1934 y 1936 se había derribado el primer bloque, el más cercano al Mercado. Como ya he señalado en otras entradas, en 1954 se derribaba el segundo edificio, el que quedaba y en cuyo espacio se ubicaría luego la plaza de los Burgos. Durante la primera mitad del pasado siglo esta calle sin circulación ofrecía dos imagenes muy diferentes según fuese la hora del día, la mañana o la tarde, pues estaba  totalmente condicionada a la actividad del Mercado, de forma que las mañanas era un trasiego continuo y bullanguero de vendedor@s y clientas, mientras que las tardes eran, por lo general,  solitarias y tranquilas.

Muy cerca hemos conocido como los dos edificios que hacía más estrecha la salida de la plaza consistorial hacia la calle Nueva, los números 2 y 4 de San Saturnino  fueron derribados en 1941 y 1946 o como la vieja Casa Seminario que estrechaba la calle Santo Domingo se derribó en 1976, siendo sustituidos por un moderno edificio de oficinas municipales en el año 1979. Anteriormente y muy cerca de ahí,  21 de agosto de  1890 el Ayuntamiento había concedido permiso para derribar las casas números 1, 3, 5 y 7 de la calle Tecenderías y 1, 3, y 5 de la calle Bolserías. Sobre el solar resultante, propiedad de D. Francisco Seminario,  se erigieron dos elegantes edificios, obra de Julián Arteaga, que son los actuales números 2 de la calle Nueva y 1 de san Saturnino. Bajo la casa nº 2 se abrió el pasaje que lleva, en su honor,  el nombre del promotor de este profundo cambio urbanístico.

Las escalerillas de San Saturnino no han tenido siempre su configuración actual Hasta los años 40 las escaleras eran mucho más angostas, como se puede comprobar en la fotografía, tenían dos tramos separados por una barandilla. El Ayuntamiento adquirió los viejos inmuebles de la izquierda para derribarlos y al poco tiempo construyó unos baños públicos con una pequeña terraza en la cubierta. El tramo de las escalerillas se estrechó aun más. Estos baños se clausuraron a mediados de los 80 utilizando sus instalaciones a partir de entonces como almacén municipal. En el año 1999, el Ayuntamiento derribó los baños y triplicó la anchura de la escaleras. Hoy existe una entrada para el mantenimiento de los servicios de la galería subterránea en el extremo izquierdo de la escalinata.

También hemos visto en la entrada correspondiente como hasta 1914, la calle Mercaderes tenía otra apariencia,  con una manzana más en el tramo ancho hasta el cruce con Estafeta, de forma que tanto las calles Calceteros como Mercaderes tenía otra numeración. Y es que en 1913 el Ayuntamiento compró los números 12 y 14 de Mercaderes para derribarlas en los primeros meses de 1914. Se estuvo a punto de llamar al espacio liberado Plaza del Comercio pero dicha iniciativa no prosperó. También he señalado en una entrada del blog como en 1966 se colocó una isleta en la calle Mercaderes para dividir las vías de circulación, de cuyo  hecho se hicieron eco, ese año, alguna pancarta de las peñas.

Al construirse en el siglo XIX la casa del Hotel La Perla, desaparecía el llamado Callejón de la Sal que hoy se conserva parcialmente en forma de patio, en la parte alta de la calle Chapitela, correspondiendo  al patio del edificio del nº 21 de la calle Chapitela y de los números 16, 18, 20 y 22 de  la calle Estafeta. Yo estuve trabajando en una oficina, junto a ella, entre junio de 1999 y enero de 2001, hasta mi traslado a la calle Mayor y hasta mi ventana, llegaban los aromas del obrador de Pastas Beatriz, situado en el nº 22 de Estafeta, haciendo sus célebres garroticos.

Al hablar de la Pamplona de la segunda mitad del Siglo XIX mostré una foto muy poco conocida de como era entonces lo que hoy conocemos como plaza de San Francisco, con la antigua cárcel y Audiencia, anteriormente Consejo Real ocupando buena parte de lo hoy es este espacio público y al otro lado, donde desde 1905 están las Escuelas de san Francisco,  el antiguo Convento de San Francisco. Aquí hubo una belena o calleja que enlazaba con la de San Miguel, que aun se conserva y con las que pasaban por la actual calle Eslava. En 1849 se derribó la iglesia del convento y se ensanchó la belena hasta los muros del recinto conventual que coincidirían con los de la fachada de las actuales escuelas.

Y ya que las he citado,  hablemos de las  belenas precedentes de la actual calle de D. Hilarión Eslava. En 1877 se trasladaba a Descalzos la fuente que había en la plaza de Santo Domingo, hoy de Santiago. En 1879 se procedía a ensanchar las  belenas de la calle Carnicerías (desde el siglo XVIII calle de Descalzos), la de Pellejerías (hoy Jarauta), calle Mayor y San Francisco, derribando las casas del lado izquierdo según vamos a la calle Descalzos. De ahí que la fuente de Descalzos se halle descentrada respecto al eje de Eslava. La única belena de la zona que se conserva como entonces es la Belena de San Miguel, entre Nueva y San Antón, la propia calle San Miguel en toda su extensión tiene todas las características de una belena (era la Belena de la Población). Y del resto del Casco, que yo recuerde, siguen estando actualmente las de Pintamonas (Plaza del Castillo) y Santo Domingo (Portalapea). Quisieron los vecinos de la calle Eslava darle el nombre de la calle al año del ensanchamiento (1879), pero finalmente el consistorio le dió en 1883 el nombre del músico Hilarión Eslava, quitando los nombres de las antiguas belenas.

A finales de 1909 se comenzaron a derribar los edificios de la antigua cárcel y de la Audiencia Territorial. Pero antes de su derribo, de lo que da testimonio la fotografía adjunta, bajo la Audiencia había un largo pasadizo que llegaba hasta la calle  Tecenderías (actual Ansoleaga), de ahí que el nombre se conociese como Pasadizo del Consejo o de la Audiencia o Pasaje de Tecenderías. En su interior había algún comercio como la platería de Juan Florenzano o algún zapatero remendón y, en el otro extremo, en la calle Tecenderías el cuerpo de guardia de la prisión. Otro pasadizo famoso fue el Pasadizo del Hospital entre las calles Descalzos y Santo Domingo y que más concretamente conectaba con el Hospital Provincial. Este pasadizo se derribó en 1928. Era un largo túnel sucio y maloliente, dicen,  que se cerraba por la noche.

En otro punto del Casco, en la calle del Carmen, fueron dos los espacios en este período  desaparecidos, el Convento de Carmen Calzado que ocupaba un enorme espacio entre las calles del Carmen y Redín y la antigua Maternidad en donde hoy se abre la calle Aldapa. El primero de ellos fue objeto de la desamortización eclesiástica en 1837 y destinado a cuartel y hospital hasta su abandono y posterior ruina. En 1898 pasó a ser propiedad municipal instalándose, durante un breve período,  la perrera municipal. Posteriormente el Ayuntamiento vendió el solar por lotes a diferentes empresarios, una parte a Lorenzo Martinicorena que construyó unas naves para almacén de madera, otra a Andrés Miqueleiz para fábrica de alpargatas que luego sería garage y en los 70 se construyó un edificio en cuyos bajos estaba la discoteca Xuberoa y por último en la parte más cercana al Laboratorio Agrícola se instaló la fabrica de Tejidos Goñi hasta su traslado a San Juan, dejando su espacio industrial a la fábrica de chocolates de Pedro Mayo. La calle Aldapa nació en 1944 tras el derribo del caserón de la antigua maternidad, tras casi un siglo de servicio a la ciudad. El edificio que tenía su entrada principal por la Cuesta del Palacio había entrado en funcionamiento en 1846  y estuvo en funcionamiento hasta 1934 en que se trasladó a las instalaciones hospitalarias de Barañain.

Fotos por orden de aparición: Nº 1, Bajada de Carnicerías, vista desde la zona del Mercado. J. Cía. 1933. Nº 2: Bajada de Carnicerías vista desde la plaza consistorial. 1920-25. Sin Filiar, Nº 3: calle de las Bolserías. 1892. Antes del derribo de las casas de D. Francisco Seminario. Al fondo el inicio de la calle Nueva.  Nº 4: Número 2 y 4 de la calle San Saturnino antes de su derribo. J. Cía. 1933, Nº 5: Las mismas casas de antes pero vistas desde la plaza consistorial, Colección Arazuri. Nº 6: Escalerillas de San Saturnino. 1940. Zubieta y Retegui, Nº 7: manzana desaparecida de las calles Calceteros y Mercaderes. 1912. Aquilino García Dean, Nº 8. Belena o calleja de la plaza de San Francisco antes del derribo de la cárcel y Audiencia Provincial. Colección Arazuri. Finales del siglo XIX o principios del XX. Pamplona Belle epoque , Nº 9: Plaza del Consejo y pasaje del Consejo, la Audiencia o Tecenderías. 1890-1895. AMP, Nº 10: Pasadizo del Hospital, Primeros de siglo XX. Miguel Goicoechea, Nº 11: Pasadizo del Hospital. Rafael Bozano. 1925, Nº12: Convento de Carmen Calzado. Roldán y Mena. 1880, Nº 13: calle del Carmen, tras el derribo del convento de Carmen Calzado, Almacenes de Lorenzo  Mariezcurrena, 1933. Julio Cía. Nº 14: Antigua Maternidad en la calle del Carmen. 1936, Julio Cía. Las fotos 1, 3, 4, 5, 6, 7, 10, 11, 12, 13 y 14 pertenecen a la Colección Arazuri, publicadas en los libros de Pamplona, calles y barrios, Archivo Municipal de Pamplona. Las fotos 2, 8 y 9 pertenecen al Archivo Municipal.

Comercios del Viejo: Pamplona: Plaza del Castillo (1908-1963)

Termino la serie, dividida en tres entregas,  que nos ha permitido recorrer el itinerario comercial de las calles Ciudadela, San Gregorio, San Nicolás y Plaza del Castillo entre los años 1908 y 1963. Nos situamos, como en el resto de calles,  en la plaza del Castillo, llamada plaza de la Constitución a  comienzos del siglo, concretamente en 1908. La plaza, calificada tradicionalmente como cuarto estar de los pamploneses, albergaba a principios de siglo, una heterogénea mezcla de negocios. Su nombre, como he dicho,  ha variado a lo largo del tiempo: plaza de la Constitución a lo largo de buena parte del siglo XIX y principios del XX alternando con el tradicional plaza del Castillo y  plaza de la República, durante el período de la 2ª República. Nos situaremos a la altura del Hotel La Perla, que tradicionalmente ha ostentado el nº 1 de la plaza. En 1908, había tres fondas en la plaza, la de Teresa Graz, viuda de Miguel Erro, (dueña de La Perla), la de Aramendía en el nº 16 y El Cisne de Balbina Vera, en el nº 24. Aquí tenían también su sede reputados fotógrafos, Agustín Zaragüeta,  un poco antes del actual bar el Kiosko, con un próspero negocio de fotografía  que seguiría su hijo Gerardo  aunque ya en el nº 31, al menos hasta los años 50 en que se traslada al nº 6 de la calle Amaya; Emilio  Pliego, primero en el nº 35 de la plaza y luego en el nº 21,  en el edificio del Crédito Navarro hasta 1934 en que  cerró el local y   José Roldán  Bidaburu,  inicialmente  en el edificio del Iruña (nº 48, actual 44 y 44 bis), primero asociado con Mena y luego con su hijo, José Roldán Zalba. Fallecido su padre será solo Hijo de Roldán,   pero ya en el nº 40 de la plaza, a donde se traslada en 1910. Posteriormente el negocio seguirá apareciendo como Fotografía Roldán. En los años 50 aparecía  Nicanor Roldán y en los 60  Ana María Roldán; A tan destacado plantel de fotógrafos  se le sumaría  en los años 30 un tal Iglesias  y en los 60 un tal Arturo Mene (en el nº 6). Dentro de poco publicaré una entrada dedicada por completo a este gremio.

Siguiendo el orden de los portales, y en la parte este y en dirección sur encontrábamos, desde la segunda década del siglo a Adolfo Navarlaz y Juana Echavarri, en el nº 1, una perfumería, con guantes y pieles, y una década más tarde una administración de lotería que continuaría durante largo tiempo, compartiendo este mismo número en los años 20  con la sastrería de Pedro Lozano que vemos en la fotografía adjunta de 1915, tenía también entrada por Chapitela, 23, entonces Héroes de Estella; en el nº 3  el bar Torino, abierto como bar, restaurante y casa de comidas por los señores Duhins y al que seguirían en la gerencia Melitón Ariz y Doroteo Cotelo, -ya después de la guerra-, que en 1973 daría paso al  actual Windsor, tras el cierre del Torino  en 1971;  en el nº 4, desde 1908,  hallábamos la tienda de licores de Jenaro Pascual y la platería de Lafuente.

En el nº 5, en los años 30,  estaba el estanco de Eulalia Perugorría; en el nº 6 el salón de peluquería y barbería de los hermanos Soravilla, uno de ellos se llamaba Arturo. Había nada menos que cinco peluquerías-barberías en la plaza en 1908.  Además de la citada de los hermanos Soravilla estaban  las de Severiano Martín (nº 14), Martín Goñi (nº 40), Ignacio del Valle (nº 24) y García (nº 35) sustituido, este último,  en los años 20,  por Antonio Razquin y más tarde por Juan García y Rafaela Zalba. Algunos de ellos como Soravilla, Razquin y Martín seguirían hasta avanzados los años 30 y aún mucho después,  aunque por los años es de prever que continuasen  sus herederos, supongo. Hasta los años 50 llegaron las peluquerías de Juan García y Severiano Martín que también eran de señoras a las que se sumaron las de José Muñoz y Pedro Suescun (en los números 6 y 29 respectivamente). Entre las peluquerías de señoras estaba la de José María Villafranca,  en el primer piso del nº 28  de la plaza, la de Martin Ayerbe, luego Josefa Ayerbe (nº 36) y la de Rosario Domeño (números 1-3, 1º) y también en los 60 Pilar Ilarregui (nº 18) y Josefina Zubeldia (nº 30). También disponía de peluquería  el Casino Principal.  En los años 20, en el nº 6 bajo estaba la mercería-quincallería de las Hermanas Eguiguren a quienes también veremos en la plaza consistorial años más tarde.

En el nº 8, cerca del actual Gure Etxea, y desde comienzos del siglo aparecía el zapatero Bruno Avalos, en el nº 9 (Bar Gure Etxea) y ya en la segunda década de siglo el bar Ideal, café  regentado por los hermanos Peralta,  Deogracias Peralta aparecía como titular en los años 30. Donde el Bar El  Kiosko, desde 1907,  García Arilla y Compañía con quincalla fina, aunque posteriormente, ya sólo como Arilla, se traslada al nº 11 con venta de pianos y otros instrumentos musicales, además de abrir una segunda tienda en el nº 55 de Mayor, esquina con Eslava, y más tarde incluso una sucursal en San Sebastián,  y Rufino Olaz, sastre con venta de género. Un poco antes, en el nº 12 y en los años 20 estaba la librería-papelería de Higinio Coronas, con imprenta y un poco más adelante,  donde hubo una barquillería,  había  otro negocio similar de papeles, postales y otros artículos  a nombre de Viuda de Roldán.

También en esta zona,  hoy llena de bares,  estuvieron José Les, (posteriormente Alfonso Les), en el nº 11, inicialmente con objetos de escritorio, aparatos de radiotelefonía, bazar y bisutería y más tarde, -en los años 50 y 60-, aparatos de radio y televisión y en el nº 13  una tienda de confección de señoras regentada por Mercedes Jimenez. En los años 20, donde el Casino Eslava, estaba el Hotel Vasco Navarro de los hermanos Larrayoz y muy cerca, en el nº 19, y en los años 30, la fonda de Wenceslao Cilveti. A la altura del antiguo Tropicana había sendas posadas a comienzos del siglo, las de José Serrano y Saturnina Urra pero al poco tiempo descubriremos en este rincón, donde anteriormente  estuviese la fonda La Manuela,  el Hotel Quintana que regentarían su viuda e Hijos. De Juanito Quintana he hablado en otras entradas del blog y seguiré hablando seguramente. Cerrando la plaza por la zona donde se abriría Carlos III, encontramos el Teatro Gayarre con su «foyer» o «ambigú». Y en el otro lado de la plaza, en la parte oeste, en el nº 32 estaba el Dena Ona abierto por el señor Blasco, que luego cogerían los señores Mazo y Zabalardo, convirtiéndolo en café-bar y restaurante.  En el nº 33, cerca de la actual Turroneria  había  otro sastre con género de apellido Horcada cuyo negocio, luego, en los años 20, continuarán sus hijos.

Donde el estanco de las Viñes,  estaba el tintorero Martínez,  que en los años 30 da paso a la tienda de calzado de Fermín Atozqui que perduró desde entonces y al menos durante los años 50,  a continuación venía  la joyería-relojería Astrain,  fundada en 1850 que continuará durante  largo tiempo hasta principios del siglo XXI (primero fue Lorenzo Astrain, luego Viuda de Lorenzo Astrain y hermano y luego sus descendientes). Un poco más adelante, donde estuvo la peletería Rome, estaba el platero de origen italiano Florenzano así como  el zapatero Gutierrez. Por cierto,  en los años 30,  había una tal Francisca Florenzano en el nº 58 con confección de señoras.  Donde el Banco de la Vasconia, en nº 39,  estaba el negocio de papel, postales y objetos de escritorio de Eusebio Rubio, y un poco más adelante, en el nº 42, cerca del pasadizo de la Jacoba,  y desde los años 20,  la librería papelería  Sucesores de Casildo Iriarte que más tarde cogería Aniceto Urmiza Gómez y sus herederos que continuarán con el negocio hasta finales de siglo, bajo el conocido nombre de El Secretariado Navarro.

En la misma ubicación estaba Agustín Trías  con tienda de guantes y mercería, mientras que Federico Trias regentaba una camisería en el nº 39. En el nº 43 estaba, desde 1912, el Café Kutz donde antes estuviesen El Español, regido en 1875 por los señores Monegatti que lo convirtieron en el Café La Marina.  El Kutz  duró hasta 1961.  En el nº 44 bis, un poco después del Café Iruña, estaba la pastelería de Ariz   y en la esquina de la Plaza del Castillo con Chapitela, Luis Leache, (Sucesores de Mosso y Francisca Osiniri), que entonces correspondía al nº 49 de la plaza de la  Constitución y al 26 de Héroes de Estella. Leache se trasladaría luego al nº 34 de la calle Mayor. En este lugar, 49 de la plaza y 26 de Chapitela,  encontramos años más tarde a Antonio Archanco con artículos de viaje, guantes, mercería,  quincallería, con tienda abierta, como he dicho,  también hacia Chapitela. En cercana posición se debía encontrar la heladería Alaska. También en estos años estaba en la plaza la conocida Casa López, joyería, platería y relojería, junto a las escalerillas.

¿Qué quedaba de todos estos negocios después de la guerra?. Continuaban el Iruña, el Suizo de Matossi, el Dena Ona que era ahora el Bearin, el Kutz (con Elvira Muñagorri a la cabeza), el Torino de Doroteo Cotelo, El Cisne (de Lucia Agorreta Orio) y  La Perla (con Rafael Moreno Erro, desde el año 1936). En la vecina Espoz y Mina, los Alemán había comprado el Maisonnave  en el año 1945 y desde los años 30 estaba en funcionamiento el Hotel Europa de Espoz y Mina, si bien bajo la dirección de Isidora Valencia Alcoz primero y de Francisca Ibarrola después. Fuera del Casco estaban ante otros, los siguientes hoteles: el Valerio de la avenida de Zaragoza, el Yoldi  en la avenida de San Ignacio o  el Comercio de la avenida de Franco. En la década de los 30 había nacido el popular Choko de la mano de la sociedad Alcaine y Beaumont, donde antes estuviera el Bar España. Beaumont  también tenía en estos años un taller de confitería o fábrica de caramelos en el nº 10 de la plaza. Pero pronto comenzarían a proliferar los bancos, desalojando a los antiguos cafés: al Crédito Navarro y La Vasconia se sumarían  el Banco de Bilbao, emigrando del nº 19 de  Chapitela, donde antes estuviese el Banco Vasco y en los 70 el Banco Exterior,  hoy General Optica,  a la plaza y ocupando lo que fuera el histórico y centenario Café Suizo (cerrado en 1952),   mientras  el Banco de Vizcaya  ocuparía el lugar del antiguo Café Kutz  en 1961. ¡Qué pena!

En 1942 se había instalado en el nº 28 Felipe Gómez Alonso con su popular y hoy desaparecida,  desde hace unos pocos años Librería Gómez. Tenía, además su propia empresa editorial, su imprenta y su academia de enseñanza de la que ya hablé extensamente  en la entrada que dediqué al sector. En los años 40, las obras de remodelación de la plaza del Castillo obligaron a Antonio Leoz a  cerrar su quiosco de prensa de madera para trasladarse a un bajo de un edificio cercano, concretamente al nº 38 de la plaza, donde  mantiene actualmente el negocio su nieto. En los años 60 Antonio Leoz Goñi se hará cargo también del kiosko de prensa de la plaza,  cercano al edificio del Crédito Navarro. Después de la guerra, en el nº 12  encontramos la tienda de Pablo Esparza, el popular fabricante de licores, y sobre todo de Anis Las Cadenas. También vendía bebidas el establecimiento Solera, en el nº 35 de la plaza. En el nº 4 estaba la librería con objetos de escritura de Aramendía que continúa en la siguiente década. Revisando el tramo existente entre la bajada hacia Estafeta y el Choko encontrábamos en aquellos años 50 y 60, el bar Rhin de Julia Alcayaga, en el nº 8, el bar Guría de Ricardo Zalba Martínez en el nº 10, en el nº 12 el bar-restaurante Maitena, de Jerónimo Ibarrola, en el nº 13 y 14 el Bar Sevilla de Julián Ramírez Alvarez y en el nº 18,  Miguel Yoldi y Jesús Rada con el bar Brasil que en los 60 asumiría Juan Gazpio que después sería el Tropicana. Había por último, una administración de Lotería en el nº 35 a nombre de María José Beunza y Aquilino García de la Peña vendía y reparaba máquinas de escribir, las populares Underwood,  en el nº 31 de la plaza.

En los años 60,  comenzando por el lado más cercano al Paseo de  Sarasate teníamos, entre otros negocios, en el nº 27  la tienda  de antigüedades de José Garisoain , en el nº 33 la confitería de Pilar Onsalo, (donde la actual Turronería),  un poco antes la tienda de venta de material de escritorio y estilográficas de Jesús Antón, que yo conocí abierta hasta finales de siglo XX. En el primer piso del nº 35, estaba la agencia de viajes de Eusebio Cafranga y en el bajo María Patrocinio Viñes ya llevaba un negocio de venta de libros rayados, asi tal cual suena,  antes de convertirse en un estanco o establecimiento dirigido al fumador.  Aun estaba el Muthiko Alaiak en el nº 38 de la plaza del Castillo antes de su paso a Comedias. Abajo, en el local comercial, había una tienda de confección a nombre de José Rosano, donde luego encontraríamos Peletería Rome. El Club Taurino tenía sus sede en el 1º piso del nº 40, aunque antes estuvo en el otro extremo de la plaza, donde el hotel Quintana, de hecho Juanito Quintana fue presidente del primer Club Taurino en los años 30. Muy cerca, del Taurino, tan cerca como en el local de abajo Juan Arbizu abría una de sus primeras cafeterías Delicias que marcaron toda una época en Pamplona,  mientras que en  el otro lado de la plaza, en el nº 5 María Pilar Legaz vendía artículos de marfil.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: fotopostal Viuda de Rubio. Plaza de la Constitución y Hotel La Perla. 1910-1925 ,Nº 2: Plaza de la Constitución, delante de los soportales del Hotel La Perla. 1915.Sin filiar , Nº 3: Foto postal de la plaza de la República o plaza del Castillo. 1935. Luis Roisin. Nº 4: Plaza de la Constitución. 1910-1925. Foto postal de Viuda de Rubio, Nº 5: fotopostal de la plaza de la Constitución 1915-1920, Nº 6: Plaza del Castillo. 1953. Fondo Galle. Archivo General de Navarra , Nº 7:. Bar Choko. Plaza del Castillo, 1962. Colección Arazuri. Nº 8: fotopostal del Cafe Kutz, Nº 9: Club Taurino en el nº 18  de la plaza del Castillo. Clubtaurino.es, Nº 10: Foto postal de la plaza de la República o plaza del Castillo. Años 30, Nº 11: Plaza de la Constitución en las primeras décadas del siglo XX. Sin filiar, Nº 12: De izquierda a derecha, Paco Cano, «Canito», Ernest Hemingway y Juanito Quintana. Años 50. En los años cincuenta, tras una larga ausencia de España, Hemingway regresó y reanudó su relación con Juanito Quintana.  Quintana se ocupó de buscarle alojamiento en sus visitas a Pamplona en 1953 y 1959, y le acompañó en sus viajes por diversas ciudades unidos por su afición a los toros. 

 

Comercios del Viejo Pamplona: San Nicolás (1908-1963)

Me desplazo, esta vez, al comienzo de las escalerillas de la plaza del Castillo con la calle San Nicolás, una de las calles con más vitalidad comercial y hostelera, casi a partes iguales, de todo el Casco Antiguo, a principios de siglo. Comienzo por su lado derecho.  Bajando las escalerillas, en el nº 4, en lo que es ahora El Tinglado estaba, en 1908, los guarnicioneros Nagore y Arteta y, en los años 20, Galo Osacar con el mismo negocio de guarnicionería, junto a la librería-papelería de Viuda e Hijos de Alonso. En el nº 4, que  luego será el nº 2, aparecía también  la  armería de Salustiano  Arana, Sucesor de Gorostiza.  En el nº 10 estaba la carpintería de Javier Laquidain que, luego, en los años 30, será una tienda de coloniales a nombre de Emilio Martinez, que en los 50 la regentará  Angel Celador Ruano. En el nº 12 donde hoy está el bar Ulzama en los años 20 estaba el botero Babil Landivar que a la postre montaría allí una fonda y casa de comidas, si bien, a principios de siglo, estuvo  en el nº 7, osea al otro lado de la calle. Luego lo explotaría la familia  Miqueleiz Ballent (León, Sebastián, etc) y, posteriormente, sus herederos hasta un reciente cambio de titularidad. También, en esa época, Eusebio Gazpio instalaba una zapatería en el nº 14 y Elías Hernaez una pescadería que pasaría luego  a manos de Camino Elio  Senosiain. En los años 60 Francisco Mendivil tuvo una relojería en ese lugar. Creo que en esa ubicación estuvo a finales de siglo  el local de  Lanas Begoña, que más tarde fue incorporado, como almacén,  al bar Ulzama.

Donde hoy está  El Marrano había, en 1908, una corsetería con obrador,  a nombre de Estefanía Amenábar. Sin embargo, al final de los años 20, en este mismo lugar  aparecen Vicente Echechipia y y Javier Sanz como titulares de la actividad económica. Este último  era cosechero y fabricante de chacolí. De ahí que también se conociese el local, durante mucho tiempo, como el Bodegón de Sanz y que, a la entrada del establecimiento,  luciese un rótulo que decía  “Vinos El Cosechero”.  Ese rótulo y el local, -con su castizo sabor de tasca antigua, su olor a fritanga de sardinas, y sus porrones de vino tinto-, se mantuvo así,  hasta las últimas décadas del pasado siglo. En 1935 la titular del despacho de vinos y  de la  fábrica de gaseosas ubicada en el nº 16 pasó  a   ser  Josefa Goñi Belzunce. Posteriormente los dos locales, el del 16 y el del 18,  se fusionaron en uno solo apareciendo como titular de ambos  la misma titular, al menos hasta comienzos de los años 80. Un poco más adelante, donde ahora hay un Kikos, a principios de siglo, estaba la taberna de José María Munarriz que en los años 20 dió paso a la librería  y papelería de Eusebio Osteriz  que se mantuvo a  lo largo de los años 30 y posteriormente fue llevada por Serrano, Sucesores de Osteriz. A continuación desde los años 20,  en el nº 24, donde hoy se encuentra Merinos y en tiempos Garralda, estuvo el hojalatero Juan de Diego. Antes, en 1908, lo encontramos en el nº 26 que luego ocupará el carpintero Cruz Biurrun.  Hoy ambos números aparecen fusionados como 24-26.  En los años 20 consta   fabricando e instalando  sanitarios, así como  vendiendo porcelana y loza y artículos de regalo. En los años 50 y 60 continuaba con  el negocio familiar Tomas de Diego con el mismo objeto comercial y también venta de objetos de regalo. En la foto en color que encabeza la entrada, probablemente de los años 70, aparece un rótulo en banderola que dice «Almacenes de Diego». Junto a él había una tienda de venta de tejidos a nombre de Félix Larraz y Jesús Juangarica.

En los números 28 y nº 30, donde estuvieron no hace mucho la tienda de regalos Kardhu y  la Botica de los Perfumes había en 1908 una barbería, la de Nagore, que luego pasó a Mariano Torres en los años 30 y a su lado estaba la farmacia de José Martialay.  Antes de ella, en los años 20,  encontramos la alpargatería de Santiago Cruz Jimenez  que, en los años 50, sigue apareciendo  como taller de alpargatas y venta de calzado ordinario, junto con Marcelino Ilarregui, aunque en los años 60 aparece a nombre de Alfredo Pardos,  y Marcelino Ilarregui lleva su propia zapatería en el nº 38 . Donde hoy está el Baserri Berri, en 1908,  hallamos la carnicería de Felipe Ardanaz y otra barbería en los años 20 y, a principios de los años 30, se instala en el local  el bar Irañeta, de Juan Irañeta, el único bar que, según me cuenta su hijo, fue el primer establecimiento,  en aquellos años,  que no era, ni fonda, ni casa, ni café,  ni restaurante, ni vendía vinos o licores al por menor como otros… era sencillamente el Bar Irañeta, bueno era bar pero además restaurante y daban espectáculos musicales como he contado en alguna otra ocasión. Fue toda una institución en la época.

Tras éste, donde hoy está La Vieja Iruña y antes La Chistera,  estuvo Martin Baquedano con su fábrica y tienda  de chocolate y demás negocios anexos:  cera, pailas para velas de cera, fabrica de bujias de esperma, pupilage para caballerías. Era, además, almacenista y vendía cereales, abonos minerales, aceites al por mayor, coloniales, cafés al por menor etc. Ocupaba, como muestra el anuncio varios números. Del 40 al 46. En los años 30 parte del local, el nº 40,  lo arrendaría Maximino Arrasate para montar su confitería y pastelería con obrador. Se mantuvo, algunos años en este lugar,  al menos hasta la guerra, luego se trasladaría al nº 34-36,  aunque en los años 60 aquí encontramos el taller y tienda de confitería y pastelería de Luis Ros Piñeiro que junto con su hermano Manuel  fabricaban  galletas y dulces. Manuel tenía además una agencia de publicidad. En el nº 42 hallamos en los años 50 y 60 a Tomás Baquedano Sarasate, hijo de Martín  Baquedano con coloniales. Su hermano Pedro Baquedano había trasladado la fábrica de chocolate al nº 20 de la calle San Antón. Un poco más adelante, en el nº 46 había un taller y tienda de confitería,  con panadería,  regida por Cira García.

En 1908, en el nº 44,  Luis Iribarren tenía una alpargatería-cordelería  que posteriormente, en los años 30 trasladará al nº 60-62 y que  cerró hace unos pocos años (2015 o 16) tras la jubilación de su tercera generación (Ana Iribarren) y detrás del 44, donde hoy hay una tienda de bebidas y revistas,   había un negocio de venta y alquiler de muebles usados,  a nombre de Tomasa Gorricho y Camino Urriza (que tuvieron una segunda sucursal, durante algún tiempo,  en el nº 74 donde posteriormente se instaló la farmacia Castiella y hoy se encuentra la  farmacia Iragui). En los años 20 el negocio de Gorricho y Urriza dió paso a la pescadería de Carmela Riezu. En los años 50 y 60   en el nº 48,  estaba la guarnicionería de Miguel Larrea Vizcay con venta de artículos de viaje. Donde está el hotel Castillo de Javier y en tiempos el bar San Miguel y antes el  bar restaurante Valero, (que por cierto empezó de la mano de Valero Iribarren Labiano como ultramarinos),  en las primeras décadas del siglo hubo diferentes negocios pero el más destacable fue la tienda de ropa de niños que regentó María Seminario, desde el inicio de los años 20. Casi enfrente se instalaría su hermana Victoria,  con la mercería La Victoria, hoy mercería Beatriz. Por ahí, a principios de siglo y aun más tarde  hubo alguna herrería, carbonería, etc.

En los años 50, en el nº 54 estaba la droguería perfumería de Isidoro Elcano Urrutia y en los 60 de su sobrina Juana Urrutia, que posteriormente llevaría la familia Flor,  bajo el nombre de Larvier. Donde encontramos en la actualidad a Natural Dippner, hallamos en los años 20 la mercería y paquetería además de una zapatería a nombre de Adolfo Mauré y un negocio de venta de máquinas de coser de Cipriano Nagore   que continuará en la siguiente década, incorporando juguetes, perviviendo hasta los años 60 bajo la denominación de herederos de Cipriano Nagore, ya sin juguetes pero con mercería. En esta zona también hubo  una carnicería, la de Epifanio Itoiz. A continuación de donde estuvo hasta hace poco Calzados Iribarren, estaba la fábrica y tienda de chocolate, azucares y ceras, pastillas de café con leche  de Marcelino Andueza que vimos en la entrada de las pastelerías. Este local lo seguiría explotando en los años 50 Trinidad Arizala,  con el mismo tipo de negocio. En los años 50, en el nº 66, donde hoy tenemos la cafetería-heladería Elizalde  ya estaba instalado Mariano Rubio Arbizu, con artículos de bazar, bisutería, relojería y quincallería. Durante un tiempo tuvo una sucursal en el nº 9 de la misma calle.

El local que actualmente alberga la tienda «La objetería de los días felices», en el nº 70 de la calle,   fue  inaugurado en el año 1903 por Baldomero Zulategui,  como una tienda de venta de periódicos. Allí se vendían los periódicos de la época, «El Eco de Navarra», «El Pensamiento Navarro», el «Diario de Navarra», entre otros,  y vendía también sobres y papelería. En 1932 Baldomero se hizo con una administración de lotería y un estanco que ubicó en el citado local. Tras la guerra le quitaron la concesión del estanco ya que este tipo de negocios se solía adjudicar a las viudas de guerra y, por ello, en el año 1952 les puso  a sus hijas en el local una lencería-mercería que ha estado abierta desde entonces y   hasta principios del año  2018. En el nº 74,  en la hoy farmacia Iragui estaba la farmacia Castiella. El origen de esta farmacia se remonta a 1903 cuando Felipe Irurita traspasaba su farmacia, que regentaba desde 1888, y situada entonces  en el nº 28 de la misma calle  a  José Martialay. Este dirigió la farmacia hasta 1915 en que la titularidad pasó a   Gabriel Castiella que permanecería,  al frente del establecimiento,  hasta  los años 60, en que pasó el testigo a su hijo Valerio Castiella Zalba. Acabando la calle, en el nº 76,  encontrábamos en 1908  a Diego Miquelez, luego,  desde los años 20,  viuda de Miquelez  con fabrica y venta de chocolate, azucares y ceras. En los años 50,  en esta ubicación,  encontramos a Maria Camino Sarasa Muzquiz, con una mercería que recogía, además,  puntos a las medias. Este local estuvo en manos de la familia Sarasa, comercialmente hablando,  hasta la jubilación de Bakartxo con su tienda boutique Sagardia hace unos pocos años. En los años 30, en el edificio que diseñase, en 1899, Manuel  Martínez de Ubago, en el nº 72, había otra fabrica de chocolate, bujias de esperma, velas y blanqueo de cera a nombre de los hermanos Yarnoz. En los años 50 y 60 aparece como pastelería, confitería y fabricante de velas bajo la razón social  de Herederos de Ramón Yarnoz. Por último,  para acabar el repaso de este lado de la calle no dejaré de mencionar  las fondas u hostales de María Maisterrena en el nº 24, la Bidasotarra (que también explotó Francisco Aguerralde), de  José Echeverría en el nº 34-36, la popular Fonda Aragonesa, y de Rafaela Amostegui en el nº 72.

Nos pasamos al otro lado de la calle, al lado de los impares,  y empezamos,  igualmente, por el comienzo, muy cerca de la plaza del Castillo, plaza que dejaré para la última de las tres entregas de esta serie de Comercios del Viejo Pamplona. Me permitirán una aclaración previa. En el plano de Manuel Ronchel de 1927 el nº 1 de San Nicolás comienza con la calle propiamente dicha y no con las escalerillas, sin embargo en lo años 50 el nº 1 empieza antes, en la esquina de Comedias. Pues bien, en 1908 los dos primeros negocios de los que tenemos referencia son la tienda de chocolate de Manuela Senosiain (con pupilage de caballerías)  y la fonda del botero Babil Landivar en el 5 y en el 7 respectivamente, donde el Otano y el Covirán actual. También en el 7 había un establecimiento de jamones y embutidos. En los años 20, sin embargo en el nº donde hoy está la Heladería Larramendi (ahora es el 3,  antes era el 1) se encontraban la mercería y corsetería con obrador, paquetería y quincalla de Estefanía Amenabar,  (luego Hermanas Amenabar) que hemos conocido en 1908 en el nº 16, al otro lado de la calle, donde El Marrano, además de la zapatería de Carlos Artundo Chavarri que en los 50 se trasladará al nº 9 siendo su titular Josefa Viana, viuda de Artundo.

En los años 30 la mercería de Estefanía Amenábar, ubicada en el nº 1,  vendía confección de señora y tras el matrimonio de una de las hermanas con Guillermo Rothe,  en los años 30,  -que introduce además de confecciones, corbatería y  perfumería-, continuarán,  tras la guerra,  con la corsetería ampliando el negocio al nº 3, de la mano de Estefanía Amenábar y de  Maria del Carmen Rothe Amenábar que continúa, al menos hasta los años 60. Así  aparecen en las guías comerciales de los primeros años 50. En esos años, 50 y 60, en el nº 1 y 3 de la calle aparecía la colchonería de Gabriel Larreta, también vendía tejidos. También en esta época pero en el nº 1 de la escalerillas, donde hoy está el bar Dom Lluis, estaba la sastrería de los Hermanos Palomeque que luego derivó en venta de confecciones. Más adelante abrirían una segunda tienda en Comedias bajo el nombre Marpa (por Martín Palomeque). La familia Martín se introduciría luego en el mundo de la hostelería con la apertura del Dom Lluis, a comienzos de los años 80.

Pero volvamos a los años 30. En estos años  en el nº 3 estaba la barbería de Jesús Gabasi y en los números 7, 13,   27 y 29 (en los años 90 creo que estuvo en el 27 Piccola Moda y en el 29 está desde hace varias décadas Zintos) diversos negocios de cafés tostados al por mayor y menor, a nombre de Zapata y Puy (que se mantiene en los 50), Cafés Iceta y José Alcorta respectivamente, además de otra tienda de frutas y verduras a nombre de Victoria Sagaseta. En los años 50, en el 27 había una tienda de venta de tejidos a nombre de Aurelia García Jimenez. En los años 50, donde hoy está Zintos estaba el ultramarinos  de Severino Azcarate Ansorena y un poco más adelante, en el 31, al lado de la antigua joyería Mateo, -hoy un curioso guardarropía-,  estaba la librería con objetos de escritorio de Antonia Egozcue Urbeltz y en el espacio de la joyería, en el nº 33,  Radio Frías, con Miguel Frías, vendiendo aparatos de radio y luego de televisión al menos en los 50 y 60, y que más tarde encontraremos en Paseo de Sarasate.

Para los años 20 en el nº 5 ya estaba Casa Otano. Este popular establecimiento  fue fundado, en el año 1912 por un vendedor de vinos de Larraga, llamado  Tomás Lino Otano. Lino Otano, empezó en el nº 17 de la Mañueta, con una casa de huéspedes para pasar luego a San Nicolás, con una tasca o casa de comidas complementada con el servicio de fonda, posada o casa de huéspedes. Tras su fallecimiento,  el negocio pasaría  por varias manos, entre ellas las de Severino Larrayoz,  (Sucesor de Otano) y Santiago Echechipia  (Fonda Santiago) su hermano Elías llevaba la casa de comidas,  hasta que en 1929 comenzaron a trabajar en el negocio  Isaac Juanco y su esposa Felisa Galar. Durante un breve intervalo de tiempo, entre 1931 y 1934,   Isaac Juanco debió coger también  un ultramarinos en el nº 3 de la misma calle San Nicolás, quedándose, finalmente, desde 1935, con el servicio de bar (vinos y licores al por menor) y el servicio de restaurante y posada. A Isaac Juanco y su esposa  les seguirían,  en la gestión del negocio,  sus hijos, entre los que destacaría Andrés Juanco, quien,  en los años 50,  conoció a Tere Goñi con la que contrajo matrimonio. Tere será la protagonista del verdadero impulso del negocio. Quedó viuda muy joven, en 1975, a los 38 años, logrando sacar a sus seis hijos adelante, parte de los cuales, Amadeo, Ana y Cristina siguen trabajando en la empresa familiar. En los años 60, en el nº 7 hay constancia en las guías comerciales  de un bar a nombre de Manuel Ochandorena, con futbolines, el Otano no podía ser y el Rio  quedaba muy lejos. ¿Cual podría ser?. Y también en el 7, a la altura del actual Coviran había otra zapatería, ésta de  Tomás Marín.

Volvemos a  comienzos de siglo, en el nº 13 donde hoy está el bar San Nicolás había una tienda de loza entrefina que llevaba Blasa Marqueta,  y al lado estaba  la taberna de Aramendia  que enseguida, pues ya estaba a comienzos de los años 20,   dió lugar a Casa Marcela, por Marcela Elía, Viuda de Iriarte,  con restaurante o casa de comidas y de huéspedes. El negocio con dicha titularidad se mantiene hasta los años 50 en que se hace cargo del negocio  Vicente Saralegui Goicoechea y en los años 60 Anso Eguinoa.  En los años 20, en vez de la tienda de Marqueta había un ultramarinos al detalle, en los 60 una zapatería de Florentina García y en  el nº 15, en donde está el actual bar Río, en los años 20 había una zapatería de Anaut y Compañía (creo que Anaut también tuvo tienda en las calles Comedias y Zapatería) y junto a ella, en el nº 17, había  otra zapatería, a nombre de Antonio Maltrás que continuará en los años 30 bajo la dirección  de Fermín Echarri y que pervivirá hasta los años 50 y 60, por lo menos. Junto a este negocio los propietarios del edificio, los Larrayoz  y más concretamente Fermín Larrayoz Munárriz  regentaba un bar, «El 84» que al menos en los  años 50 y 60 todavía estaba abierto, información  que  Miguel Angel Larrayoz me confirmó hace algún tiempo en un encuentro con él en la calle. En los años 50 ya encontramos en el nº 19 aunque el negocio es muy anterior, por lo menos desde finales de los  30,  a Pescadería  Cipriano de la mano de Cipriano López y luego de su viuda,  y en el primer piso ya estaba en los años 50 el restaurante Vegetariano, de la mano de Julio Jaca Lacunza y que desde hace muchos años regentan con su buen hacer Roberto Monreal y Coro Ciaurriz. En la foto que adjunto al párrafo,  cedida por José Castells Archanco, y que es de 1944 sale el alcalde de Pamplona, entonces, D. Antonio Archanco delante de la pescadería Cipriano, redescubriendo una placa que se colocó en la casa donde nació Sarasate,  con motivo del centenario de su nacimiento. Donde estuvo inicialmente el Rio, en el nº 11 y actualmente se encuentra el Basoko Taberna, estaba la tienda de calzado de Leandro Osta,  que se mantiene en los años 50. El bar Rio se fundó en 1963. Recordamos su origen: hemos visto en al anterior entrada que en  la calle San Gregorio estaba el Bar Orbaiceta, propiedad de la familia Barberena. Había dos hermanos que trabajaban para el padre, uno de ellos se quedó allí en San Gregorio y abrió el Museo y el otro hermano, Joaquín, se vino a la calle San Nicolás y fundó el Río. Joaquín fue el primero en hacer el frito de huevo, luego se lo pasó a su hermano y los dos trabajan el frito del huevo. Así es que el huevo del Rio y del Museo tienen un origen en común. A continuación, a comienzos de siglo, había un par de tabernas, la de Wenceslao Valencia en el nº 23, donde la Casa del Bacalao y la de Narciso Bearan en el 25, negocio hostelero que  continua en la actualidad y que regenta desde hace años la familia Azanza. En el nº 21 estaba la cuchillería de Marcelino Tellería, curiosamente, entonces, con venta de productos al por menor de perfumería.

El origen de Casa Bearan se remonta a 1902, empezando, como otros muchos hosteleros de la época vendiendo vino y aguardiente, osea la típica taberna que derivó en figón con servicio de comidas e incorporó más tarde la fonda para el servicio de huéspedes. En 1921,  Bearan traspasó el  negocio a Agapito Viscarret que mantuvo los usos tradicionales del local: la venta de licores al por menor y el de restaurante para el servicio de comidas. En 1934, cambiaba la titularidad del local, cogiendo las riendas del negocio  Pablo Vallano y en 1935 lo hacía Marcelino Huarte que continuará hasta finales de los años 40. Durante los años 50 y   60 regenta el Bearan Marcos Sanz Zubiría. En el 37 donde después, desde 1922 y hasta 1927, Victoria Seminario abriría la mercería «La Victoria», a primeros de siglo había una tienda de frutas y verduras, la regentaba Isaac Sánchez que luego se trasladó al nº 10 de la calle y justo antes, en el nº 35,  en los años 30, estaba  la carnicería de Borda y Cía y más tarde de Pascual Iriarte Ezcurra que en los años 50  regentará Julio Yoldi Huarte. Tras Victoria Seminario la mercería del nº  37 fue arrendada por Juan Guiu y posteriormente por su viuda hasta 1970 en que se hizo cargo de la tienda  Beatriz Sarasibar Mendive, conociéndose, desde entonces como Mercería Beatriz. En la plaza de San Nicolás había en los años 20, como hoy y en el mismo lugar, una barbería que entonces se llamaba «Barbería Moderna» tal y como aparece en una fotografía de la época. La llevaron en épocas consecutivas Lucio San Martín y Cándido Pemán. En los años 50 y 60 no había menos de media docena de peluquerías en esta calle (Lanas, Arriazu, Echarri, Torres, fueron algunos de sus apellidos). A  lado de la barbería de Pemán, estaba la zapatería de Eusebio Aragón (luego Herederos de Eusebio Aragón) que permaneció hasta bien avanzados los años 60.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: calle San Nicolás. Años 70. Sin filiar, Nº 2 y Nº 8: Bar Irañeta y calle San Nicolás. Años 50. Archivo del antiguo bar restaurante Baserri. Nº 3: Fotopostal de A.de León (1900-1920),   Nº 4: Cruce de San Nicolás con Comedias y Pozoblanco. Foto Inge Morath. 1955; Nº 5: Calle San Nicolás. Jesús Martínez Gorraiz. Mediados de los años 40. AMP, Nº 6: Escalerillas de San Nicolás. 1957-60. Ramón Massats, Nº 7: El alcalde de Pamplona, Antonio Archanco,  descubriendo una placa en el centenario de su nacimiento, en la casa que le vió nacer, en el nº 19 de la calle San Nicolás. 1944. Archivo de José Castells Archanco. Nº 9: Fotopostal de Luis García Garrabella (Años 50)

Comercios del Viejo Pamplona: Ciudadela-San Gregorio (1908-1963)

Continuo con esta serie que tantos recuerdos provoca en muchos de los seguidores de este blog. Incluso es frecuente que descendientes de aquellos antiguos comerciantes de entonces reconozcan a su abuelo o bisabuelo en una de las menciones que realizo, al repasar sucintamente el paisaje comercial de las calles del Viejo Pamplona de aquellos años. En esta ocasión, y continuando con el itinerario que hice hace años, repaso los establecimientos que podíamos encontrar en las calles San Gregorio-San Nicolás y Plaza del Castillo entre 1908 y 1963, sin olvidar, como también hiciera en la anterior entrada, mencionar los establecimientos de alguna calle próxima como la calle Ciudadela. No obstante para hacer este itinerario mucho  más digerible, pues es muy extenso, lo dividiré en tres entregas: Ciudadela-San Gregorio, San Nicolás y plaza del Castillo. Aquí va la primera entrega. Una pequeña observación antes de entrar en harina. Al margen de algunos anuncios publicitarios no he podido encontrar  ninguna fotografía antigua de las calle  aquellos años, por lo que les  agradecería cualquier aportación gráfica, en este sentido. Gracias.

Me situaré en la esquina de la calle San Gregorio con San Miguel, un día de diciembre como el día de hoy de 1908,  seguiré por el lado derecho de la calle, los números pares  y luego recorreré  los impares. En aquel tiempo no era una calle nutrida de muchas actividades comerciales como si lo era su vecina San Nicolás. Tras la ferretería de Martín Irigaray, fundada en 1877,  donde estuvo, durante muchos años La Montañesa, venía la guarnicionería de Isaac Escribano que aparecía entonces como Herederos o Sucesores de  Antonio Piqué.  Angel Garatea cogería este negocio, en traspaso, en el año 1910 y vendió,  a partir de 1922,  también alpargatas, trasladándose  más tarde,   al  actual nº 10, donde antaño guardaban las caballerías de los clientes. Todavía  en los años 50 y 60 seguían vendiendo alpargatas y similares lo que en la jerga comercial técnica de entonces llamaban calzado ordinario.  Había varias carbonerías en la calle, en el 22,  a la altura del bar Ona y en el 44, un poco antes del Museo,  a nombre de Bonifacio Aznar y de Arizabala respectivamente. Arizabala tenía, además, una taberna en esa misma ubicación y entre medias estaba el latonero Fernández, en el nº 38, cerca del actual Kaixo. Casi al final de la calle, en este mismo lado, en el nº 48, donde está el Museo  había entonces una  taberna a nombre de un tal Echalecu que posteriormente se ampliaría  con una posada dirigida por Francisco Alzueta. En los años 50 el negocio lo regentaba Lucio Arizcuren, y posteriormente  Francisco Barberena, aunque entonces no se llamaba Museo sino bar Orbaiceta. Luego venía,  en los años 60,  la carnicería de Joaquina Redín, donde luego estuviese años más tarde, hasta finales de siglo por lo menos,  la carnicería Abinzano. A principios de siglo, en el nº 58 estaba la posada de Evaristo Archanco y en el nº 60, había otra taberna que, sin embargo, en los años 30, trocará en tienda de coloniales con abacería de la mano de Casimiro Armendáriz hasta su relevo en los 50 por  Inés Iriarte. Como en todas las calles del Casco la numeración variaría con los años. En los años 20, tras la guarnicionería de Garatea estaba la churrería de Angela Arribas y en el nº 26, donde hoy está Gloria Bendita,  se encontraba Isaac Fuentes, representante de Casa Zubiaur, representante en Pamplona de Bilbao Calefacciones. De Garatea e Isaac Fuentes les dejo un par de anuncios.

En los números 30 y  32, un poco antes del bar Kaixo, estaban el bar o taberna de Silvestra Ramirez y a continuación la tienda de vinos y licores propiamente dicha. Esto era muy frecuente, la venta al detalle y la venta para el consumo en el local. En los años 50, en esa ubicación, estaba la lechería de Javier Elso Tartas que luego cogerían  José Luis y Jesús Martínez, y en el actual Kaixo, estaba el bar La Concha que llevaba entonces  Antonio Gil Igea y en los años 60 José Betelu. Ya desde  aquellos años el bar  contaba con futbolines. Otro Betelu, Dionisio,  regentaba en los años 60 la fonda La Montañesa, al principio de la calle, en el nº 2, antes de él,  el bar, creo que se llamaba Kaiku y  lo dirigía  José Santesteban y la fonda,  Mercedes Ferreras. En el nº 42, estaba el fontanero, hojalatero y vidriero José Cestau Lizasoain con negocio de venta e instalación de sanitarios,  y junto a él, había  un negocio de alquiler de bicicletas. En los años 30, donde hoy estaba y está,  desde los años 50 o 60,  la peluquería Garciandía ya había una barbería, la de Galo García. En los años 50, en el nº 12 encontramos ya a Casa García de García e  Ibañez con taberna o figón y fonda o posada. A José  Ibañez le encontramos, años más tarde, al  cargo del bar donde está el actual Ona. En los años 30, en el nº 4, encontramos la funeraria de Joaquín Ortigosa, una de las familias fundadoras del Tanatorio Irache, empresa a la que ya me referí en la entrada anterior de San Antón,  que estuvo en este lugar durante más de 40 años. Algún negocio de venta de carbón y leña (el de Gregorio Arruiz Otermin), en el nº 26,  y algún ultramarinos (el de Clemente Ibero), en el nº 50,  completan este rápido repaso de este lado derecho de la calle San Gregorio.

Pasamos de este lado de la calle San Gregorio a la calle Ciudadela, pero comenzamos casi en su cruce con San Antón, pues la numeración empieza allí. Allá donde hasta hace unos años estaba la farmacia Roitegui había en 1908 una herrería, la de José Monje,  donde el bar Ciudadela estaba la  abacería de Agustín Torres que en los años 20, pasa a manos de Dionisio García y posteriormente a su hija Petra. A continuación, en los bajos de lo que después sería sede la Caja Rural, el negocio de papeles pintados de Isaac y Macías y la  barbería de Julio Martínez y al final de la calle, donde el antiguo bar Anaitasuna, un negocio  de sobres y papelería (el de Miguel Apesteguía) y la guarnicionería de Antonio Salavera. En la segunda década del siglo,  se asentaría en el nº 5 la Federación Católico Social, germen del actual grupo Caja Rural, con entrada-salida también por San Antón como vimos en la anterior entrada. Allí también estaba la imprenta La Acción Social. En los años 30, en el nº 7 de Ciudadela,  ya estaba,  como ahora, el  estanco, entonces de Encarnación Arostegui que pasaría luego a Jesusa Arostegui.  En el nº 9-11 estaba, desde comienzos del siglo, Miguel Aldaz Orquín con su negocio de venta de vinos y licores, luego desde los años 30 sería también bar o  taberna. En los años 30 en esta calle se encontraban la Industrial Sanguesina, en el nº 11, la Hidráulica Moncayo, en el nº 13, y  también en el 13, pero en el bajo,  el bar Ginés donde posteriormente se instalaría el Bar Anaitasuna (en los años 50 regentaba  este negocio  José Ancizu Eguaras)  y en el nº 15 tenía sus oficinas la conocida empresa Múgica y  Arellano, las tuvo allí, al menos,  hasta los años 60. En los años 50, en el nº 1  aparece la farmacia de Juan Azqueta y a continuación la droguería-perfumería de Emiliano Blasco. En una de las fotos, de Gerardo Zaragüeta (IPV) que encabeza la entrada aparece esta calle, en los años 40, con una cola de personas,  era la época del racionamiento, antes las puertas de la Industrial Sanguesina. En la foto se observa también tanto el estanco citado como la primitiva sede de Caja Rural.

Volvemos al cruce de la calle San Gregorio y San Miguel y recorremos el lado izquierdo. Tras el negocio de venta de vinos y licores regentado por Miguel y luego Aniceto Muniain estaban, en 1908, en el nº 3 las abacerías de Francisco Nuin, que tenía también una posada,  y la de Herederos o Hijos de Larrayoz,  que también fabricaba velas de sebo. A Nuin le sustituirá en los años 30 Indalecio Goñi, con ultramarinos y coloniales que se mantuvo hasta los años 60. En  ese local  se instalaría, a finales de los años 70,  la librería Auzolan.   En el nº 21 de la calle, donde estuvo el bar Ganuza ya había, en los años 30, una taberna que regentaba Domingo Ugalde. En este lado de la calle tenemos serios problemas para recordar y ubicar los antiguos negocios y lo haré muy parcialmente ya que se han derribado a lo largo de las últimas décadas,  bastantes edificios que tenían  su fachada principal en el Paseo de Sarasate. En los años 50, en el nº 7 había una taberna  a nombre de Andrés Izal Tanco, que luego llevaría Manuel Ochandorena ¿sería el Bar Norte?. Tenía también  futbolines.  En el nº 9, cerca del desaparecido bar El Caserío que regentaba por aquel entonces Modesto Arrasate y luego Rafael Erice Zabalza, por cierto que  tenía otro bar en el nº 47 de la calle Nueva, estaba la armería de Felipe Leoz y antes de llegar al Bar Sangüesa de Luis Goñi y al bar  Ganuza de Victorino Ganuza Azanza (que también explotaba una churrería)  estaban la tienda de coloniales y encurtidos de Pedro Uruñuela, en el nº 13, la droguería-perfumería de Julio Aliaga, en el nº 15  y  el ultramarinos de Felisa Cía Lacunza. Parece que antes de hacerse cargo del Baserri, José Luis Flor, padre de Chelo Flor,  dueña de las perfumerías Larvier, de San Nicolás,  y Aladinos, de Chapitela,  llevó durante algún tiempo el bar El Caserío.  Entre el bar Ganuza  y el Euskalduna de Juan Pedro Urbeltz, luego Arizona y hoy San Gregorio, estaba la lechería de Luis Ancizu y Juliana Iraizoz y la pescadería de Angel Sarasa. A Juan Pedro Urbeltz le sustituyó en la dirección de lo que había sido el Euskalduna, Brigida Erro. Corrían los años 60. Poco tiempo después se derribaría el último edificio de la calle, la casa Alzugaray, que vemos en una foto de de esta entrada de José Gallo de 1965.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Plaza de San Nicolás. Julio Cia. 1948. AMP; Nº 2: Calle Ciudadela, antigua sede de la Caja Rural de Navarra. Nº 3: Calle Navas de Tolosa y Casa Alzugaray, Javier Gallo. 1965. Nº 4: Sucursal de Aldaz Hermanos, antiguo Bar El Espejo. Colección Arazuri. AMP. 

Comercios del Viejo Pamplona: De Mártires de Cirauqui a San Antón (1908-1963)

Recupero una serie en la que hace mucho tiempo no había trabajado y es la de «Comercios del Viejo de Pamplona» pero en vez de gremios, como he hecho últimamente, volveré a  revisar los comercios por calles y siguiendo un criterio cronológico, esto desde principios de siglo hasta 1963. En esta ocasión le toca el turno a la calle San Antón. Aprovecharé también para hablar de los comercios de la plaza del Consejo. La calle San Antón fue llamada Mártires de Cirauqui entre 1873 y 1900 y de 1903 a 1936. No fue la primera ni la única calle que tuvo nombres relacionadas con la última guerra carlista, ahí están los casos de Héroes de Estella por Chapitela, General Moriones por Pozoblanco o Dos de Febrero por Comedias por citar unos ejemplos. Desde 1937 y por acuerdo de pleno municipal volvió   a recuperar el nombre de San Antón que había tenido antes de 1873. Como en otras ocasiones, nos situaremos en un imaginario día de diciembre 1908, en la esquina de la calle con la plaza del Consejo, empezando por los números pares. Como en otras entradas de la serie recordaré que los números más antiguos no tienen porque coincidir con los de años posteriores y mucho menos con los actuales pero intentaré, en la medida de lo posible dar siempre una referencia.

Me colocaré, en el lado derecho de la calle, empezando por los pares,  donde ahora hay una tienda de ropa llamada «Boutique Bukle» a punto de cerrar, en la esquina de San Antón con la plaza del Consejo. En los años 30 en el nº 2 de esta plaza  estaba Arizmendi y Compañía con  la pañería «La Innovación» (pañería, confección y novedades para señoras), años después, en los años 50  Sebastián Ferraz y Hnos abrirían Almacenes Ferraz en el nº 1 y 2 de la plaza con venta al por mayor y menor de tejidos, que también incluyo, por cercanía, dentro de este itinerario comercial de la calle San Antón. Ferraz tenía también un almacén-tienda en el nº 38 de la calle Mayor y otra segunda sucursal en el nº 6 de la calle Estella. Pues bien,  en 1908, en esa esquina de la plaza con la calle Mártires de Cirauqui había una tienda de sombreros  que arreglaba también máquinas de coser a nombre de Manuel Comes, actividad que continuará  a comienzos de los años 20, luego venía la carbonería primero de José Ansa y luego de Julián Itúrbide que seguirá  hasta los años 30.  Donde hoy se encuentra «Calza Perfect», aqui, en los años 50,  había un negocio de calefacciones a nombre de Aquilino Arteaga aunque por el anuncio de la entrada vemos que también tocaba otros ámbitos (campanas criadoras, comederos y bebederos) y en los 60 la agencia de viajes Ultramar Express. Dejando a un lado  la Casa Museo de Fermín Echauri en las siguientes bajeras había un par de tiendas de coloniales, -la de Armendáriz que en los años 20 ocupa la Viuda de Irujo y la de Fermín Subiza. El negocio de coloniales de Subiza lo cogería en los años 20 la Viuda de Galán, de la que hablaré después. La tienda de Irujo tuvo su importancia ya que ocupaba los números 8 y 10, donde estaban antiguamente los talleres de Cáritas  y en los años 30 además de coloniales se dedicaba también a los cafés tostados al por mayor y la fabricación de pastas alimenticias,  -como se ve en los dos anuncios publicitarios adjuntos a este párrafo-,   el blanqueo de cera, la venta de cerillas al por mayor, y las semillas. La fabrica de pastas para sopa se trasladaría años más tarde a una instalación en la avenida de Guipúzcoa.  En los años 50  el negocio estaba a nombre de Maravillas González Tablas. Este apellido y el de Irujo han aparecido en otras ocasiones vinculados a otros negocios comerciales de la ciudad. Junto a ella en los años 30 se ubicaba Ignacio Soria, instalador y vendedor de componentes de electricidad que continuaba en el lugar a mediados de los años 60.

A continuación del local de  la viuda de Irujo, al final de  los años 20, como he dicho,  se encontraba la tienda de Viuda de Galán con venta de aceite, coloniales, fábrica de chorizos y cafés tostados al por menor,  que continuará bajo la dirección de  Luis Galán en los años 50 y que en los 60 dará paso a la tienda de tejidos de Arsenio Fernández. A partir de ese momento creo que  hasta ahora que lo ocupa la franquicia de productos ecológicos y naturales «La ventana natural» el destino comercial fue el del equipamiento personal, ropa o calzado. Allí he conocido, desde los años 70 y 80,  las tiendas de Sayoa, de Miguel Ángel García Falces con su «impresionante» humanidad, «Machin» y «Paso Cómodo». Más adelante, en el nº 14, en esta misma década de los 20 estaba la carnicería de Anacleto Goñi, donde hoy está la perfumería y negocio de pelucas Pascual (este negocio de Feliciano Pascual surge, como droguería y perfumería,  después de la guerra). En el lugar donde hasta hace poco estuvo la joyería Mendihur estaba, en los años 50, el zapatero Cesareo Esparza, poco tiempo después Félix Mendivil ponía allí su negocio de bisutería. Al final de este primer tramo, antes de la belena de San Miguel, en 1908, estaba la barbería de Manuel Flor. En este número,  en los años 20 se instalaba Joaquín Arrastia con su carnicería que mantendría hasta los años 60, si bien en esta época tardía no la encontramos aquí sino en el nº 38. También tuvo otros despachos de carne en el nº 4 de Estafeta y el 51 de la calle Mayor. En los años 50, pasada la belena,  en el nº 20, donde luego estuvo la tienda de fotografía de Bozano estaba la tienda de comestibles y fabrica de chocolate, velas y bujías de Pedro Baquedano y junto a ella, en una tienda más chiquita, donde hoy está Guapas estaba la tienda de comestibles de Justo Maganto hasta los años 60. En estos años 60 la tienda de Baquedano aparecía no en el 20 sino  en el  30.

En el segundo tramo de la calle, en los años 20 y en el nº 24 Justo Jaso regentaba una tienda de frutas y verduras y en los años 30 Silvestre Larumbe una tienda de coloniales;  en 1908 en el nº 30 estaba la carnicería de Rosa Erro y en los 30  Bruno Arbilla hasta los años 50, luego la quesería de Victoriano Saralegui (con su Mantequería Baserri de la que hablaré más tarde),  y en los años 20-30, en el nº 32 la zapatería de Antón y Egaña, que continuaba en los 50 bajo el nombre de Vda de Miguel Antón;  en los años 60 su lugar lo ocuparía la pescadería de Miguel Gil;  luego en los años 30 en el nº 34 se instaló Juan Erroz con un taller de fontanería, sanitarios, hojalatería y lampistería que yo he visto abierto hasta hace cerca de 10 años y  un bar a nombre de Sofronio Borda que tenía también un taller de carpintería en el nº 4 de padre Calatayud (de ambos, erroz y Borda,  dejo un par de anuncios aquí al lado). Este negocio en los años 50 dio paso tras la guerra a Casa Torrubia, de Jovito Torrubia Pueyo, con platería, bisutería, relojería, quincallería y bazar; en 1908, en el nº 36 había un colegio, sin internos, de Genoveva Martínez, en el 38 la mercería de Macua y Górriz (en los años 30, que posteriormente será sólo de Emeteria Gorriz)) y en el nº 40, un poco antes de La Golosina, la posada o casa de viajeros de Lorenzo Tiberio. Tras la Golosina, en los años 30 y en el nº 44, había otra tienda de coloniales, ésta de Félix Corral y en los años 50 de Valerio Leache. En los años 60, su lugar es ocupado por Electricidad Osinaga, de José Mª Osinaga,  con venta e instalaciones de material eléctrico. Esta también le he conocido abierta hasta finales de siglo, al menos. Donde estaba «La Taberna de San Antón» a comienzos de los años 60, el bar era regentado por José María Areta. Posteriormente, en el nº 46,  venía la taberna, -vendía vinos por decalitros-, de Francisco Navarlaz,   que posteriormente veremos también en la calle San Nicolás, esto en 1908 porque, posteriormente,  en los años 30 y siguientes estuvo el latonero y reparador de todo tipos de instrumentos musicales, Eustaquio Fernández, del cual les también un anuncio.

En el nº 48, donde hoy se encuentra el restaurante «Anttonenea» se encontraba,  en los años 30, la casa de comida y taberna de Pedro Irurita y junto a él había un latonero y, en los años 50, ahí estaba el bar taberna o  figón de Juan Ayerra que, en los 60, regenta Fermín Viniegras, con mesa de futbolines incluída. A continuación estaba la posada de Silvestre Latiegui que, años más tarde, albergará en sus bajos, la guarnicionería de Feliciano Barasoain que continuaba en los años 30 y de la que adjunto un anuncio publicitario. En el edificio donde hoy está Baños Lecar, con pensión y restaurante,  estaba la fonda «La Bilbaína» de Cecilio Jaso, que continuará a lo largo de las siguientes décadas, bajo la dirección de Flor Jaso, y a continuación, donde estuvo Mendi Kirolak, la zapatería de Francisco Moya. Más adelante había otras carbonerías, la de Fermín Juango al que sustituye luego Bonifacio Aguado, Enrique Saraldi, y otros, y, en los últimos números de la calle, diversos negocios  relacionados con los abonos, la construcción y la agricultura. En los años 20, en el nº 66, encontrábamos la abacería de Nicolás Charroalde y al final de la calle, en el nº 72 había otra posada, la de Mariano Aznar. En los años 30, en los últimos números, entre el 64 y el 72  estaban  la carpintería mecánica de Santiago Navaz, la posada de Antonio Ciriza y el taller de tapicería  y ebanistería de Francisco Larumbe. En los años 50, entre los números 56, poco después de donde está Lecar y el nº 66 estaban la zapatería de Pilar Colas, con venta de calzado ordinario, la lechería de Amador Errasti, la peluquería y barbería de Manuel Amilo Carasusan, el carbonero Vicente Churrío, sustituido luego por Alfonso Echeverría,  y la tienda de comestibles de Antonio Ibero que continuaba en los 60. Muebles Andueza y Zozaya aparece en el nº 70 de San Antón, al menos desde los inicios de los años 60. En los primeros pisos abundaban, en aquellos años, las fondas o posadas, sastrerías y peluquerías de señora.

Pasamos al otro lado de la calle,  a su lado izquierdo, y revisamos quien fue ocupando los números impares, igualmente desde el año 1908 hasta 1963. En 1908, los primeros números de los que tenemos referencia empiezan en el nº 5 de la calle, -es mejor no comparar con la numeración actual ya que seguro que muchos  no casarían-. En el nº 5,  que luego uno de ellos será el nº 3, estaban la fabrica de vinos de Cleofé Sarasa y la fábrica de tocinos, jamones y chorizos de Artazcoz que continuará durante los años 20 y 30.  La fábrica de vinos pasará, en 1921, a manos de los hermanos Taberna (Patricio y Victoriano) que continuarían en el lugar hasta finales del siglo;   en la de tocinos y jamones Artazcoz yo me acuerdo, desde niño, que ahí estaba una de las tiendas de Charcutería Itarte y es que en los años 50 ya se encontraba en este local Juana Lacunza, Viuda de Itarte,  y luego su hijo Félix. En el nº 7, donde ahora hay un aparcamiento de bicicletas municipal,  estaba la hojalatería de Sabas Tornero, luego Sucesores de Tornero, desde principios de siglo hasta  bien avanzados los años 60. En los años 20, en el nº 1,  estaban la zapatería de Valeriana Garriz y hermanas, que vemos en la segunda  fotografía de esta entrada y la librería papelería de Emilio García Enciso que, posteriormente, se trasladaría al nº 14 de la avenida de San Ignacio. Más tarde en el tiempo,  en su lugar se ubicaría,  durante varias décadas, Casa Erviti que vendía máquinas de coser y cogía puntos  a las medias. Lo estuvo hasta diciembre de 1960 en que Marcial Martinez y su tio abrieron Almacenes Numancia, que permanece abierto en la actualidad. Cerca de Droguería López se encontraba la fábrica y tienda de chocolate de Ramón Yarnoz que trasladó luego a San Miguel, 2. En la esquina de San Antón y San Miguel había, en los años 30,   un zapatero de apellido Alvira. En los 50, en este lugar estaba Mercedes Astiz Oroquieta, con venta de calzado fino y, en los 60, Ricardo Galbete, con el mismo tipo de género.

En el nº 19 de la calle, donde hoy está panadería Arrasate, estaba a comienzos de siglo Veramendi y Vda de Echarri, herreros, almacenistas de hierros, fabricantes de camas, almacenistas de carbón que continúan en el lugar hasta 1937 que es cuando Ambrosio Arrasate Beunza funda la panadería- pastelería Arrasate, entonces era el nº 23. Hablaré un poquito de esta empresa. Fue en 1850 fue cuando Antonio Echarri, natural de Arruiz, se decidió a abrir un pequeño almacén de hierros en la calle San Antón.  En 1871, tras unos años  en solitario, formó sociedad con Juan Veramendi. Tras la muerte de su fundador se creó una nueva sociedad entre su viuda Antonia Erviti y Juan Veramendi, siendo designado como Gerente Pedro Echarri Erviti, hijo del fundador y Antonia Erviti. Posteriormente, agotado el tiempo de duración de la sociedad, fue Pedro Echarri quien adquirió completamente la propiedad del negocio y continuó con su gestión, tal  y como venía haciendo desde tiempo atrás. Tras su época de gestión fue su yerno Tomás Aldaz Mina quien se hizo  cargo de la empresa hasta el año 1971. Fue entonces cuando adoptaron su actual forma jurídica de Sociedad Anónima, con la razón de Aldaz Echarri S. A., tomando control la cuarta generación de una empresa netamente familiar. En 1997 la compañía abandonó el casco urbano, -yo recuerdo una nave de Aldaz Echarri en Marcelo Celayeta, antes de llegar a Matesa-,  y se trasladaron a tres naves industriales en el polígono Areta de Huarte.

Antes de Arrasate, en los años 30, se encontraba la alpargatería de Anastasio Velaz que continuó hasta los años 50. Donde hoy está la carnicería Javier (nº 27) estaba,  a principios de siglo,  la taberna de Martín Ucarré y en el supermercado actual (nº 29) otra tienda de tocinos, embutidos y jamones primero a nombre de José Agesta, luego de Leandro Fernández y en los años 30 una alpargatería de Sebastián Erviti,  junto a la tienda de coloniales de Facundo Setuain. En el primer piso,  la posada de Viuda de Sesma. Después de la guerra,  en el nº 29 se instaló la agencia de pompas fúnebres de Eugenio Azcona Rayo, quien junto a Joaquín Ortigosa (San Gregorio, 4), Angel Ardaiz (Jarauta, 62) y Regino Unzué (Zapatería, 58) fundaron,  a mediados de los años 70,    el Tanatorio Irache, -hubo un tiempo en que en la publicidad, recuerdo yo,  se citaban los nombres de las familias fundadoras: tanatorio de Ardáiz, Azcona, Ortigosa y Unzué-. El primer servicio que Tanatorios Irache realizó tuvo lugar el 2 de noviembre de 1976, tres días después de su inauguración. Se trataba del primer tanatorio de nuestra comunidad y el décimo que se construía en España. Fueron, por lo tanto, pioneros en su sector. Antes de la agencia funeraria en el nº 27 estaba la tienda de muebles de  Federico Azcona. En los años 60, en el mencionado  27 se hallaba la colchonería de Carlos Latasa

En los años 30, en el nº 31,  donde a finales de siglo o principios de este estuvo una tienda de zapatos para jóvenes: Good, estaba el cestero Francisco Iriarte y luego la tienda de  ultramarinos de Sabina Villanueva.  En los años 20, donde hoy  está la joyería-relojería Larrayoz,  teníamos la pescadería de Eulalia Jaunsaras y posteriormente una tienda de comestibles dirigida por Fructuoso Royo que permaneció hasta los años 60,  luego la carpintería de Florentino Daroca y un poco más adelante, en el nº  39, antes de Olleros, la posada de José Sesma. Por cierto antes de trasladarse al 33-35 Larrayoz estuvo en el otro lado de la calle, en el nº 34 desde el año 1952 o 53. En los primeros años 50 en el 37 estaba la lechería de Victoriano Saralegui, el mismo que, como he citado tenía una quesería en el otro lado de la calle. De estos pequeños negocios conocidos bajo el nombre de Baserri saldría lo que hoy conocemos como Goshua. Procedentes de Lizaso, en el valle de la Ulzama,  Victoriano y su esposa Lourdes Satustegui, que vemos en la fotografía adjunta, sacaron adelante la mantequería en el nº 28 y la lechería en el nº 37 de la calle San Antón, vendiendo todo tipo de productos lácteos: leche, mantequilla, quesos, etc. Empezaron a trabajar con los mejores establecimientos de  hostelería sobre todo a través de sus famosas y míticas cuajadas,  con su inconfundible recipiente de barro.  En los años 60 Baserri concentró su actividad en los números 28-30 de la calle y el local del nº 37 lo ocupó un negocio de encurtidos a nombre de Felicísimo Rey.

En los años 50 y 60  entre lo que hoy es Olleros y era la Cristalería For, hoy una tienda más del 365, se encontraban la panadería de Iribarren y Aznar, (Aznar, el de piensos Sanders tenía su molino de piensos en Echavacoiz, como vemos en el anuncio de la página), la mercería de Eustaquio Luna, luego de Ismael Sierra,  donde antes estuvo la carpintería mecánica de Azcona y la carbonería Viuda de Igoa. A continuación  venían el ebanista y vendedor de muebles Isidro Astiz y luego la pescadería de Félix Sarasibar Vidaurre. He citado a Cristalería For. Cristaleria For se fundó el 25 de febrero de 1955 e inició su actividad como fabricante de espejos en esta calle, trasladando su actividad productiva  a Landaben en el año 1970. En el año 2002  trasladaban también sus oficinas y su espacio de exposición a Landaben. Junto a For estaba el fontanero Rafael Erice.  A primeros de siglo, en el nº 55 trabajaba el ebanista y tapicero Félix Pérez, -más tarde una hojalatería-, la de Venancio Erice que sigue en los años 30 y a continuación, donde Kotonalia,  la abacería de Justa Eraña. Posteriormente donde la pescadería Lourdes estaba la guarnicionería de Lázaro Álvarez que permaneció en el lugar desde los años 30 hasta los 50 y 60. En el nº 65,  donde hoy hay un almacén logístico de Oraintxe,  estaba Balbina Martínez,  con su negocio de frutas y verduras. Al final de la calle, en los números 67 y 69, donde estuvo el bar Zuhaitza y, desde la segunda década de siglo, la Federación Católica Social de Navarra, germen de las cajas rurales, estuvieron la posada de la Viuda de Peralta, -que más tarde llevaría Ana Mina-, un negocio de pupilage de caballerías a cargo de Sotero Iribarren y la taberna de Domingo Ojer. En los años 50 , en este último tramo, donde ha habido siempre una galería de arte, la última creo que de Michel Menéndez, estaba la fábrica de calzado de goma de Benigno Turrillas y Jiménez, a continuación la fábrica de embutidos y tocinos de Isidoro Imizcoz, (luego Micaela Huarte) y la tienda de comestibles de Felisa Oses. Muy al final, antes de llegar a la farmacia de Ciudadela estaba la carpintería de Manuel Clemente. Hoy en día, muchos de esos locales siguen cerrados después de muchos años. Una pena.

Fotos por orden de aparición: Nº2: Calle de San Antón. Mayo de 1953. Foto J.J Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Colección Arazuri. AMP. Nº 7: zapatería de Valeriana Gárriz y Hermanas. 1919. Pamplona, calles y barrios; Nº 13: pedregada en la calle de San Antón. 12 de julio de 1932. Foto Galle. Pamplona, calles y barrios. , Nº 14. Foto de la calle San Antón. 1997. Archivo Asociación Casco Antiguo, Nº 17: Foto de la calle San Antón. 1997. Archivo Asociación Casco Antiguo, Nº 18: Foto de Goshua. https://goshua.com/es/magazine/el-origen-de-goshua y Nº 21: foto de Cristalería For. http://www.cristalfor.com/empresa/

Plazas y calles de ayer y hoy: la plaza de Recoletas (1900-2015)

Retorno a una serie clásica de este blog, la de las «plazas y calles», deteniéndome esta vez  en la plaza de Recoletas, la primera plaza que encontramos en la ciudad histórica, subiendo desde la Rochapea por el Portal Nuevo. Su origen se remonta al siglo XVII, cuando se terminaron de derribar las viejas murallas medievales, y se ultimaba el nuevo recinto fortificado, unido a la imponente Ciudadela.  El rey Felipe IV donó el 16 de julio de 1624 los terrenos donde se encuentra la plaza y el convento de Recoletas a D. Juan de Ciriza, marqués de Montejaso, a la sazón, secretario de estado del rey, quien  junto a su mujer Doña Catalina Alvarado decidieron levantar un monasterio de clausura de  monjas de la orden de las Agustinas Recoletas. El Monasterio fue inaugurado el 4 de junio de 1634. El propio Juan de Ciriza ordenó posteriormente construir alguna de las casas de la plaza como la Casa de los Capellanes, donde se asentaría posteriormente el Asilo del Niño Jesús, que vemos en la penúltima foto de esta entrada, obra de José Luis Zuñiga, de enero de 1977. En el siglo XIX  el convento se utilizó como cárcel, incluso llegó a estar aquí encerrada, en la primera guerra carlista, la familia de Zumalacarregui.
A finales del siglo XVIII, se encargaron a Luis Paret varias fuentes monumentales con motivo de la traída de aguas de Subiza. La fuente existente hoy en la plaza de Recoletas estaba proyectada inicialmente para la Plaza Consistorial, conocida entonces como Plaza de la Fruta. Inicialmente estuvo localizada en el extremo sudoeste de la plaza hasta octubre de 1884 en que se coloca en el centro. También a finales del XIX se plantaron diversos arboles, cuyos ejemplares jóvenes vemos en la foto adjunta de primeros del siglo XX. Durante más de 30 años, los que van del 12 de septiembre de 1940 al 29 de febrero de 1972 la plaza fue oficialmente la plaza del Cardenal Ilundain, si bien ese nombre nunca cuajó entre los pamploneses que siguieron llamando a la plaza, plaza de las Recoletas. En 1974 el Ayuntamiento compró la plaza a las monjas  por la cantidad de dos millones de pesetas. La plaza también fue conocida popularmente,  a lo largo del siglo XX,  como plaza de los ajos,  por realizarse  aquí la mayor concentración de vendedores de ajos, principalmente en las fechas sanfermineras y  cuya actividad  ha decaído  tanto hasta el punto de casi desaparecer. Adjunto una foto típica con la plazuela llena de casetas de ajos. Un siglo antes, en  el siglo XIX se encontraba en este lugar, no una concentración de vendedores de ajos sino  el mayor mercado de carbón vegetal de la ciudad.

La plaza ha sufrido diversos cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Como dije en la entrada «La avenida de Guipúzcoa: de Recoletas a Cuatro Vientos:1950-2012» hasta el inicio de los 80 había un par de kioskos en el lado de la plaza más cercano a la calle Mayor, tal y como podemos ver en la fotopostal en color de Ediciones Complex, de unos años antes, (principios de los 70),  que encabeza la entrada, asi como en la foto de Galle que cierra la entrada. Además y en el ángulo noroeste, cercano a la pared del convento y a la llamada cuesta de la Estación hubo, hasta primeros de los 80,   un tramo de escalones de piedra que comunicaban esa zona de la plaza con la acera de la avenida de Guipúzcoa. Se puede comprobar, hoy en día,  si  observamos con atención el nuevo lienzo de piedra que se diferencia claramente del resto del murete. En la foto aérea  de Gomez,  de 1964-65,  que encabeza la entrada,  puede percibirse en la bajada al Portal Nuevo como  la balaustrada, que separa la plaza de la Cuesta de la Estación,  finaliza abruptamente antes de llegar al muro del convento. A lo largo de buena parte del siglo XX la plaza estuvo  llena de coches y se podía aparcar y circular por ella, como atestiguan las fotos. Posteriormente se limitaría el acceso a la circulación a la calle  Recoletas así como el aparcamiento siendo reurbanizada como lo ha sido la mayor parte de las calles y plaza del Casco Antiguo a lo largo de la última década.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Iglesia de San Lorenzo y plaza de Recoletas, en primer término. Años 70. Ediciones Complex. Nº 2. Panorámica de la iglesia de San Lorenzo y la plaza de Recoletas. 1964-65. Gómez. Nº 3. Plaza de Recoletas. Principios del siglo XX. Archivo Municipal de Pamplona. Nº 4. Plaza de Recoletas. Sin filiar. Nº 5: Asilo del Niño Jesús. José Luis Zuñiga. Enero 1977. AMP. Nº 6. Plaza de Recoletas. Años 70. Jose Galle. AMP

Comercios del Viejo Pamplona: San Miguel (1908-1963)

Vuelvo con la serie «Comercios del viejo Pamplona». En esta ocasión con una calle cortita, la calle San Miguel. Cualquier intento de casar la numeración antigua con la moderna parece imposible, como veremos, pues no hay apenas coincidencias, hay saltos de números en la actualidad, por ejemplo en el lado izquierdo pasamos del nº 7 al 13, probablemente imagino que por fusión o anexión de edificios de viviendas y en el lado derecho hay desajustes entre la numeración antigua y la moderna. Empezaremos por la belena de San Miguel donde aun permanece la Mercería Carmen que aun conserva el nº 2 de la calle como recuerdo de la antigua numeración, la tuvo hasta los años 20 y  donde está su única puerta de entrada aunque el comercio también ostenta el 75 de la calle Nueva, por lo que cabe pensar que pudo tener también entrada por esa otra calle. Antes de la mercería, a principios del siglo,  estuvo en su lugar la alpargatería de Esteban Erro que en los años 30 se trasladó al nº 13 de la calle. Posteriormente encontramos a Droguería López si bien,  a primeros de siglo, estaba enfrente, en el nº 3 de la calle bajo la dirección  de Alvaro López Gómez. La droguería se fundó en 1904 como botica y luego se convirtió en droguería, vendía, además,  aparatos fotográficos. Fue a mediados de los años 20 cuando pasó a su actual ubicación en el lado derecho de la calle, en el nº 2, numeración que compartía con la tienda de Ramón Yarnoz que vendía chocolates, azucares y ceras. En esos años 20  a Alvaro le sustituyó su hermano Emilio que estuvo al frente del negocio hasta su fallecimiento, y al que luego le seguiría su hijo Joaquín hasta 1985. En el nº 4 en donde después se puso López estuvo, a principios de siglo, la carnicería de Antonio Orus vendiendo tocinos, jamones y embutidos, a este le seguiría en los años 20 Pascasio Yoldi, con el mismo género, y en los años 50 Miguel Yoldi y más tarde en los 60 y 70 Regino Setas. A continuación  en el nº 6, donde hoy hay una agencia de viajes, estaba la abacería de Doroteo Barcelo que luego se trasladaría al nº 12.

Como he dicho en los años 20 se recupera la numeración actual, de tal forma que donde hoy está Cool en tiempos estuvo la mercería de las Hermanas Agurruza, negocio que permanecerá dentro de la familia Agurruza hasta al menos los años 60, primero bajo la titularidad de María (Años 30) y luego de Emiliana (Años 50), casi siempre con el mismo género: quincalla (lo que hoy se llamaría bisutería), mercería y paquetería, introduciendo perfumería desde los tiempos de María. En los años 30, en el nº 8, estaba la casa de la familia Arrieta, uno de sus miembros, Juan Manuel fue alcalde Pamplona; aquí,  en este edificio, tenía su sede social la fundición de Apolinar Arrieta. Aparece en las guías comerciales y licencias municipales como fabricante de bombas, fundiciones de hierro y otros metales, construcción de maquinaria industrial y venta de  maquinaria agrícola e industrial. En 1905, en el nº 10, encontrábamos la carnicería de Julio Rodríguez que mantiene el negocio hasta los años 50.  A continuación venía el negocio de venta de cereales al por mayor y por menor de Juana Gallego  que luego  sería ocupada por  la abacería de los Sucesores de Barceló y más tarde por la carnicería de Manuela Erdozain, que hoy es Carnicería Vizcay, con más de 60 años de historia pasando de padres a hijos, posteriormente  la ferretería de Marcelina Irigaray y, atravesando el cruce con San Gregorio,  la taberna y tienda de venta de vinos de Miguel Muniain, al que sustituye Aniceto Muniain ocupando los números 16 y 18, la tienda de venta de aceites al por mayor de Agapito Peralta  (luego Comercial Belo) en el nº 22,  donde hoy está  la pizzería Pulcinella,   y durante mucho tiempo, al menos desde los años 60 estuvo la tienda de bolsos de Manuel  Nagore.

Antes, donde yo recuerdo estuvo la tintorería La Elegante estuvo la zapatería de calzado fino de  Genadia Pascual Hermoso. La tienda de comestibles de Jesús Torrens que permanece todavía abierta en el nº 12 permanece en este lugar al menos desde los años 40, según los anuarios comerciales. El último tramo de la calle San Miguel acababa en la bonita Casa Navasal, aunque no he detectado ningún número mas allá del 22, bueno, no es así, sorprendentemente en los años 60, solo en los años 60 descubro los números 36, 40 y 46, en los dos primeros había una churrería (de Margarita Eguillor) y  sendos bares de Damian Elizalde y José Guerra y una droguería de José Luis Casimiro y una tienda de ultramarinos de Juan María Zabalza. Me choca el salto e ignoro si esta numeración correspondía a la mencionada Casa Navasal derribada a finales de la década de los 60 o correspondían a algún número de la plazuela. ¿Alguien puede arrojar un poco de luz sobre esos establecimientos?.

Si empezamos la calle San Miguel por el lado izquierdo, del mismo modo y sorprendentemente,  a primeros de siglo,  encontramos la zapatería de Eusebio Aragón en el nº 1 de la calle San Miguel, sin embargo, por fotografías, que incluso han aparecido en este blog, sabemos que la zapatería de Eusebio Aragón estaba en la plazuela de San Nicolás, donde desde hace más de tres décadas se encuentra Ortopedia Aquiles.  En el nº 3 estaba como he dicho la droguería López así como la hojalatería de los hermanos Soria que vendían también material de electricidad. En el nº 1 desde la postguerra se encuentra el conocido comercio Colchonería Purroy que inicialmente fue una tienda de tejidos ampliando más tarde su negocio al de los colchones que es en el que finalmente se especializó. A continuación estaba el  ultramarinos de Manuel Lecumberri que en los años 20 se trocaría en venta de vinos y licores a cargo de Elías Goñi, y en los años 30 en la camisería y tienda de confecciones de Manuel Batllori, luego Viuda de Batllori (anteriormente había estado en la calle Zapatería) que a finales de los 40 pasa al otro lado, al nº 8, como Herederos de Manuel Batllori y en los 60 se transforma en Galerías Navarra S.A (bajo el epígrafe de bazar y tienda de venta de confección), en su anterior localización, en el nº 5,   se ubicó desde finales de los 40 la conocida Casa del Maestro (anteriormente ubicada en la calle Nueva), fundada por Nolasco Pérez Ilzarbe  al que sucedió en la titularidad su viuda y luego el matrimonio formado por su hijo Francisco Pérez  Ilzarbe y su esposa Julia Ruiz,  y en los números 7 y 9  estaba, a primeros de siglo, la fábrica de pastas para sopa de Antonio Gayarre, junto a su tienda de coloniales, que en los años 30 regenta Maravillas González y que en los años 50 se dedica  a la droguería al por mayor.

En los años 50 se ubica en el nº 11 con bazar, relojería, bisutería y quincallería José Mendivil Fernández, ahí he llegado a conocer en los años 80, Joyería Lyon, regentada por su hija Maria José, y es que José Mendivil fue el padre de una conocida familia de joyeros y relojeros pamploneses, como Francisco Mendivil (Berna) y Mari Jose Mendivil (Alexander y Mendihur). En los años 30, en el nº 13 hallamos la alpargatería de Esteban Erro y posteriormente la fábrica de chorizos de Mariano Goñi. En la calle han tenido su sede otros conocidos negocios como el de los Gallo (con peluquería, barbería), y sobre todo en las últimas décadas conocidos por el negocio de los callistas, peluquerías como las de Josefa Flor, Mari Carmen Luri, mercerías como la de Carmen Labiano, en el nº 13, sastrerías, perfumerías como la de Angel Santesteban (en los años 30) o tienda de calzado como la de Francisco Elvira, incluso la firma de perfumería Colomer tuvo representación aquí en los años 60.

Fotos por orden de aparición: C/San Miguel. Colección fotográfica de la Fundación Telefónica (1924-1934). C/San Miguel (1968). J.J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Calzados Aragón. (1934). Galle.

    

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Segunda parte.

Retomo la serie de los «comercios del Viejo Pamplona» con  la segunda parte de la calle Estafeta, recordando todos  los establecimientos que podíamos encontrar, en la primera mitad del siglo XX, en este segundo tramo de la calle, que comienza en el cruce con  la bajada de Javier y termina  en su cruce con las calles Juan de Labrit, a su izquierda, y Duque de Ahumada, a su derecha. Empezando por su lado izquierdo, donde sigue estando Casa Lange, había en torno a 1905 una tienda de chocolate que también  fabricaba, como era habitual en este tipo de establecimientos, pailas para velas de cera, y que figuraba a nombre de Herederos de Estanislao Larrosa. Más tarde en el nº 45 aparecía la firma Hidalgo y Ayestarán, con exposición y venta de automoviles, aunque ya pronto aparece por ahí Casa Lange. Tengo datada la ubicación de Casa Lange en este lugar al menos desde 1925.

Casa Lange fue fundada por Federico o Fritz Lange e inicialmente formó sociedad con Federico Standfuss al que ya nos hemos referido cuando hemos repasado los comercios de la calle Mayor (Y es que Standfuss, tras su separación de Lange, pondría un negocio  similar (de loza, porcelana y cristal y otros productos similares) en el nº 37 de la calle Mayor bajo el nombre de La Alemana. Casa Lange que ha vendido siempre un poco de todo (objetos de regalo, juguetería, bisutería, quincallería, etc), como si fuese una especie de bazar,  mantiene actualmente  buena parte de su fisonomía inicial de comercio de principios del pasado siglo, siendo regentado a partir de los años 40 por Margarita Zabala Uribe. Tanto Lange como Standfuss pertenecían al grupo de alemanes (de mas de 200) que llegó a Pamplona, procedente del Camerún en mayo de 1916. En los años 30, no obstante, en ese mismo número 45, aparece, también, una tienda de confección de señora,  la de Encarnación Alonso.

En el nº 47, donde  ha estado siempre  el centro de jubilados de la CAN estaba la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal. Esta fue su primera sede antes de que se trasladara a la esquina de Mercaderes con Chapitela en los años 20. En los años 50, en ese primer tramo, junto a Casa Lange, estaban la tienda de máquinas de coser de Ruperto Andueza, también era zapatero y la mercería de María Urriza que   vendía también géneros de punto. En los números 49 y 51 donde hoy está  el bar-restaurante-sidrería Chez Belagua estaba en los años 20, el bar y la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Fernando Lusarreta, socio en aquellos años de Serafín Oderiz, si bien en los años 30 se traslada al nº 61 de la calle donde hoy está la tienda de ropa Motufashion, ya bajo la dirección de su viuda y luego de sus hijos. El negocio perviviría hasta bien entrados los años 60. En ese lugar encontraremos a partir de esos años (años 30)  la casa de comida de Julián Indabere y desde los 40-50 la panadería-pastelería-confitería de D. Francisco Irujo Gonzalez Tablas, luego Irujo y Gascon, vamos, la Cafetería Belagua de toda la vida, aunque la propiedad de esa cafetería pastelería cambió en el año 1984, convirtiéndose en un establecimiento de hostelería. En el nº 51 estaba, en  los años 30, el pintor Sinforiano Goñi  y en los años 40 más adelante, donde está el asador Erretegia, nº 53,  estaba la churrería de Miguel Fernández Jimenez y la lechería de Pedro Ancizu Eguaras,  donde hoy está la tienda Globe Trotter (nº 55)  estaba en los años 20 la carpintería de madera para construcción de Remigio Zalba y en los 30,  en este mismo número se encontraba la cubería de  Hijos de Pezonaga y  la casa de huéspedes de Francisco Marquínez, mientras que  en los años 50 hacía lo propio el restaurante de Carlos Pascualena Gembero, regentado luego por los hermanos Elizalde.

En el nº 59 donde hoy esta la sala de juegos Estafeta teníamos en 1905 al vendedor de cal, yeso y ladrillo, Pedro Fernández, que sería relevado en los años 30 por el tonelero Isidro Pezonaga. En el nº 61, pero en un primer piso, hallábamos el celebre colegio de Gabina Ezquerro, luego de las hermanas Ezquerro, que permanecería en el lugar durante cerca de 50 años. Posteriormente, en el nº 63, donde se encuentra la carnicería Arbi  había en los años 30 una carpintería mecánica, posteriormente donde hoy hay una de las tiendas de Atanasio Echarri, estaba el tonelero Pedro Garbayo y décadas después la fontanería, hojalatería  y cristalería de Maria Cruz Archanco Udobro que vendía e instalaba además material sanitario y de calefacción.

En el nº 67, donde durante muchas décadas, al menos desde los años 60 y hasta bien entrado el siglo XXI, estuvo la tienda de Orbaiceta luego Millar Estafeta, estuvo en la primera década de siglo, la fábrica de electricidad Hidroeléctrica Franco-Española, sustituida en los años 30 por la fábrica de cupriol o sulfato básico de cobre, Sociedad Anonima de Cupriol. Desaparecida ésta, en este número encontramos, después de la guerra, la sede de Fuerzas Electricas de Navarra que producía electricidad, alquilaba los contadores de luz e instalaba, vendía y reparaba maquinaria y material eléctrico. En el nº 69, donde hoy está Chez Evaristo hallábamos, a primeros de siglo,  el bar El Moderno, regentado por Venancio Sánchez. Posteriormente aquí encontraríamos un café público con mesas de billar regentado por Macario Arguiñano Echeverría, «Los billares» hasta que el bueno de Evaristo Salinas abrió su bar Casa Evaristo a primeros de los años 60, que hace ya unos cuantos años compró José Luis Biurrun Olave cambiándole el nombre por Chez Evaristo.

En los años 20, donde se encuentra hoy el bar La Granja estaba la tienda de José Les, «La Oficina Americana» que vendía máquinas de escribir, aparatos multicopistas y accesorios; en el primer piso tenía una agencia o gestoría que se dedicaba a diversos negocios. También en este número, en los años 20,  tenía la razón social Alfredo Urra, industrial local, herrero, cerrajero, dueño de garajes, taller mecánico,  autobuses y taxis conocido porque uno de sus coches, un Clement  Bayard, es considerado como el primer coche que ejerció de taxi, como tal, en Pamplona. Fundó junto a Manuel Ros, en los años 50,  la fábrica de frenos Urra en la Rochapea. Posteriormente desde los años 30 lo podíamos encontrar en el nº 73. En los años 50 en este local del nº 71 encontrábamos ya un negocio hostelero, un café público, con mesas de billar, su dueño, Luis Desojo Sanz que lo regentó hasta finales de siglo.

En el nº 73 donde se encuentra la tienda de camisetas «Eh toro, eh» y en tiempos estuvo una de las dos tiendas del Supermercado del Cassette había en 1905 una herrería,  la de Joaquín Urricelqui, en los años 40, sin embargo encontramos aquí una tienda de alimentación, también vendía café al por mayor regentada por Joaquín Goicoechea Ichaso que permanece al menos hasta los años 60. En 1958, en el primer piso Alejando Elizari y Felisa Garcia fundaban el restaurante Josetxo que en 1985 se trasladaría a la plaza Principe de Viana. A continuación, donde hoy esta un Totos, en 1908 estaba la posada de Matilde Lazaro que en los años 20 regentó Librada Lopez. En los años 30 había una tienda de coloniales, con especialidad en jamones y chorizos dirigida por Julian Muniain que en los años 50 estaba a nombre de Eloy Ciganda Goñi, negocio familiar que continuaría años más tarde con Esteban Ciganda. En este mismo nº tuvo su razón social también en los años 30 el negocio de venta y alquiler de bicicletas de Vicente Gracia que vemos en la foto que acompaña al siguiente párrafo.

En el nº 77 donde estuvo durante los últimos años Moda Hogar Casal hubo, a primeros de siglo, una tienda que vendía aceite, vinagre y jabón al por menor, además de cereales y pupilages para caballerías, a nombre de Josefa Uriz. Posteriormente en este local ha habido un negocio de blanqueamiento de cera, en el primer piso, el taller de sastrería de Demetrio Baztán, y antes de Casal creo recordar que hubo una tienda de moda que se llamaba London. Luego venía la carbonería de Abdon Maestu Alustiza y la carnicería de Gregorio López. Yo en ese lugar he conocido la Pastelería Salcedo, en la última fase Pastelería Andueza. Para acabar este lado, antes de llegar al cruce con Tejería,  encontramos donde estuvo Casa Sixto, en el nº 81,  a lo largo de la historia, diferentes usos: a comienzos del siglo había lo que se llamaba un  bodegón, también era fábrica de gaseosa y vino, se vendía vino por decalitros, lo dirigía Miguel Goñi, luego en los años 30, Leocadio Urtasun montó un bar y casa de comidas. Recordemos que este hombre también tenía una tienda de alimentación al final del primer tramo de la calle. En los años 40-50 será Juan Artazcoz quien regente el negocio hostelero así  como  Apolonio Aquerreta lo hará en los 60.

A continuación, en el nº 83, encontramos  el reformado Casa Juanito, que en tiempos dirigía Juan Barberena y luego otro local que tanto la planta baja como la primera casi siempre tuvieron uso hostelero: y es que en el nº 85 hallamos en 1908, la posada de Cesareo Lezaun, que luego en los años 20 aparecía como La Roncalesa (Sucesor de Lezaun) con fonda y casa de huespedes. Felix Tirapu dirigíría posteriormente la fonda restaurante San Fermin en los años 40 y en los 50 lo haría Pablo Berastegui. En la primera planta en los años 60 y 70  estaba aquí el restaurante Ibarra regentado por Antonio Ibarra. Será en esos años cuando se hagan cargo del bar de la planta baja Miguel Flores y Joaquín Corral  que lo convertirán en el conocido Casa Flores, hoy El chupinazo. Posteriormente, a primeros de siglo, en el nº 87, estaban los constructores de carros y coches: Hijos de Bonifacio Labarta y Jose Bon, algunas décadas más tarde aquí aparecía Juan Sagües con venta de abonos minerales, harinas y cereales, para acabar este lado de la calle con la farmacia (también era óptica, droguería y perfumería) de Javier Navascués, en el lugar al menos desde los años 30 y posteriormente la peluquería y barbería de David Zoco.

Regresamos al cruce con la bajada de Javier, esta vez recorriendo la calle por su lado derecho. Hasta bien avanzado este lado del segundo tramo, no encontramos locales comerciales. En primer lugar se hallaba y se halla el Palacio de Goyeneche y más tarde una serie de locales desocupados, muchos de ellos almacenes de locales que daban a la plaza del Castillo y que se encontraban bajo la cota de la calle. En el nº 42, donde hoy se encuentra Regalos Olentzero, tenía su razón social, en 1905 Francisco Lorente, almacenista de carbón vegetal, en los años 50 y 60 en ese lugar estaba la carbonería de Abdón Echauri;  a continuación en un local hoy sin uso comercial encontrábamos a Rafael Zugarrondo, constructor de baules, si bien a partir de los años 20 se traslada al nº 38, donde durante mucho tiempo estuvo el Bar Las Vegas, hoy un kebab. En los  años 30, en el nº 46 estaba la sede del Pensamiento Navarro. En esos mismos años, en el nº 48, donde hoy está el Zanpa estaba la tienda de coloniales, tocinos y jamones de Jacinto Chocarro. Había que llegar hasta el nº 52, en los años 30, donde hoy está el Bodegón Sarria para encontrar otra carbonería, la de Manuel Eraso al que sucedió Eusebio Echarri. En el año 1959 se instalaría allí el bar Señorio de Sarria. En la actual Cervecería La Estafeta había en los años 50 y 60  otra carbonería, la de Vicente Goldaraz;  Donde hoy está el Hilarión  encontramos a  comienzos del siglo otro almacen de carbón, este de  Vda de Astrain si bien en los años 30 hallamos en este lugar la carpintería de Aurelio Biurrun, constructor de baúles. El actual Fitero, sito en el nº 58, ha tenido un uso hostelero desde por lo menos comienzos del siglo sino antes. En la primera década del siglo XX se encontraba allí la taberna de Felipe Oderiz, regentada posteriormente por Jacinto Chocarro, citado anteriormente, la misma taberna que años más tarde, al menos desde los años 40, regentaría Candido Ardanaz Imizcoz, bajo el nombre de Bar Prados hasta que en el año 1956 lo coge el matrimonio formado por Cesareo de Luis Diaz y Elvira Beorlegui Lacunza y lo convierten en el Bar Fitero

Acabamos este tramo y nos encontramos con la travesía Espoz y Mina. Donde hoy hay una tienda de Deportes Atanasio, en un edificio renovado de los años 60, estaba a primeros de siglo, la fonda de Carlos Maisonnave, ya Vda de Maisonnave que, posteriormente, desde los años 20 se convertiría en hotel, el Hotel Maisonnave, con entrada también por Espoz y Mina 1. Más adelante en los números 62 y 64, donde hoy está el hotel Europa hallábamos las fondas de Candido Múgica y Javier Esparza, respectivamente, si bien en los años 30 en el 64 había una tienda de alimentación, la de Francisco Alvarez que en los años 50 y 60 aparece a nombre de Carmen Saenz y más tarde la tienda de maquinas de escribir de A. Torio;  en el 66, donde hoy hay una pizzería, estaba la abacería de Silveria Larman, sustituida en los años 30 por la fábrica de gaseosas y agua de Seltz de Sixto San Román, que también vemos en una foto del encierro de aquellos primeros años del siglo, junto al siguiente párrafo.  De Sixto San Román  ya hablé en la entrada dedicada a los bares y tabernas de antaño. En el nº 68, donde hoy está Tecnogalery, desde finales de los 40 estaba Victor Irisarri con su tienda de confección que yo llegué a conocer hasta al menos los años 80. En el nº 70, donde hoy está LG complementos estaba desde los años 50 al menos la pescadería de Fermina Villanueva, también un establecimiento bastante longevo.

En el nº 72, donde hoy esta Friking y durante muchos años la tienda de venta de  máquinas de coser de Casimiro Santiago, estaba, desde los años 20,  la tienda de alpargatas de Juan Pérez, luego desde mediados o finales de los años 60 aparece en este lugar la tocinería de Carmelo Moreno. En el nº 74, donde  desde hace décadas se encuentra un Taberna había un barbero, Avelino se llamaba, para acabar con el último local de la calle, que hace esquina con Duque de Ahumada, el nº 76, donde desde hace ya bastantes años se encuentra la primera tienda que abrió Kukuxumusu. A primeros de siglo aquí estaba la ferretería de Angel Artola, luego Artola y Cía, con almacén de lana en los años 20, aros para cedazos y venta de herramientas, almacenista de madera y materiales para la construcción, desde los años 30. Y desde los años 40 se instaló aquí la Mercería Feli, de Felicisimo Echeverría Gomez que también recuerdo hasta finales de siglo. Un poco antes, también en el 76 aparecía la droguería-perfumería de Maura Sola.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Segundo tramo de la calle Estafeta (1927). Luis Rouzaut; Foto nº 2. Encierro del 12 de julio de 1941. Diario de Navarra;  Foto nº 3: Encierro en el segundo tramo de Estafeta. (años 30). Foto Ruperez; Foto nº 4:  Fotopostal del encierro por el 2º tramo de la Estafeta (1965). Ediciones Vaquero;  Foto nº 5:  Foto último tramo de la calle Estafeta (sin filiar);  Foto nº 6: Alpargatería de Juan Pérez, en el nº 72 de la calle Estafeta. (1954). J. Cia. AMP;  Foto nº 7: Foto postal del encierro del 8 de julio de 1914;   Foto nº 8: Foto de la peluquería Garralda. (Años 30). L. Roisin

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Estafeta (1905-1965). Primera Parte.

Retomo una serie muy bien acogida por los lectores de este blog que es la de los «Comercios del Viejo Pamplona». En esta ocasión me acerco a nuestra calle más internacional, la calle de la Estafeta que, dada su extensión, dividiré en dos partes, la primera parte llegará hasta el cruce con la bajada de Javier, una zona que siempre tuvo mayor  peso comercial que la segunda. En la segunda entrada, partiré de este cruce para llegar hasta su confluencia con Duque de Ahumada, donde encontramos un significativo número de establecimientos hosteleros, salpicados entre algunas pequeñas tiendas, aunque quizás no había entonces tantos bares  como  ahora.  La Estafeta es la tercera calle más larga del Casco, después de Nueva y Mayor, con  algo más de 300 metros de longitud, en los que encontraremos en torno a 89 establecimientos de diferente tipo. Como en entradas anteriores haremos retroceder la imaginaria moviola del tiempo y nos situaremos en las postrimerías del siglo XX, al principio de la calle. Si mirásemos a la izquierda de la calle, veríamos la fábrica y tienda de chocolate de Tiburcio Guerendiáin, que como el resto de este tipo de tiendas también hacían pailas  y blanqueaban la cera (de hecho  ahí tenía su sede la Sociedad de Cereros), si, ahí donde lo oyen, para mí ha sido una sorpresa, pues he identificado siempre el apellido Guerendiáin con otro tipo de actividades, si bien es cierto que ya para entonces también se dedicaba a la venta de materiales de construcción (cal, yeso, ladrillo, asfaltos, baldosas, azulejos, etc). El negocio de los chocolates no se prolongaría demasiado en el tiempo ya que para los años 20 Guerendiáin ya se había centrado única y exclusivamente en el negocio de los materiales para la construcción incorporando a su catálogo de productos aparatos sanitarios, venta de piedra artificial, tubería de gres, etc.

Es, al menos desde los primeros años 50, cuando aparece como titular Pio Guerendiáin Vitoria que se especializa, sobre todo, en la venta e instalación de material sanitario, aunque sin dejar la venta e instalación de materiales para la construcción, a continuación de Tiburcio  Guerendiáin había en los años 20 una tienda de frutas y verduras y, luego, desde finales de los 40, la tienda de Alimentación de Elía Hermanos, -yo la recuerdo por lo menos hasta los años 8-0, hasta que se hizo cargo de la tienda, -la cogió en traspaso-, Sulpicia Delgado que la convertiría en Alimentación Sulpi, hasta hace unos cuantos años, en que se jubiló. Hoy este y el anterior negocio se han convertido en un supermercado  Carrefour. A continuación estaba, a primeros de siglo, la barbería Mendivil que se mantendría en el lugar hasta  los años 40. Posteriormente se ubicaría aquí una tienda de frutas y verduras de Eustaquio Elizalde y tras la guerra la relojería de Jesús Redín Ladrón de Guevara y posteriormente de su hijo José Javier, bueno, sobre todo era un taller de relojería.  En 1965 coge el negocio Ignacio Ancín que lo convierte en Relojería Ancín, negocio que se mantendría en el lugar, regentada durante la última década y media por la segunda generación, encarnada por Sara Ancín que estaría en este lugar hasta diciembre de 2014 en que se traslada al nº 4 de la calle Zapatería. Es probable que la  numeración de entonces no coincida exactamente con la actual porque según mis fuentes en estos primeros números impares de la calle debió estar la mercería de Angeles Salcedo  durante los años 50 y 60 y la carnicería Arrastia.

Pero prosigamos, a continuación, en el nº 5, donde hoy está el Churrero de Lerín estaría, en los años 20, una tienda de frutas y verduras regentada por Josefa Ladrón de Guevara, ¿sería familia de Redín, el relojero antes citado, dada la coincidencia de apellidos?, que tras la guerra regenta  Evaristo Osteriz como tienda de alimentación. En los años 60 en este local estaba la zapatería (venta de calzado fino) de Jenara Companius,   yo ahí he conocido  Calzados Galdeano. Luego había, a primeros de siglo, una taberna regentada por Josefa Zabalza que, en los años 20, se convertiría, de la mano de Agustín Idoate,  en una tienda de venta de vinos y licores al por menor.   Más tarde en los  años 50  la carnicería de Narciso Iriguibel, donde hoy esta  Zaika y a su lado, a partir de 1938, Juan Zarranz Bermejo instalaría una mercería, más tarde  tienda de ropa mujer, que regentaría luego su hijo Miguel y hoy la tercera generación encarnada por Irene Zarranz, la foto de su local que acompaño, (la mayoría de las fotos son de encierros sanfermineros) es de finales de los 50 o primeros 60;  posteriormente a comienzos del siglo estaba la platería de Gregorio Carrasquilla, que también tenía taller de joyería, -en los años 50 todavía estaba en activo, con Jesús Carrasquilla de titular- y que también aparece en la foto. Posteriormente, en el nº 13 había a primeros de siglo un herrero y cerrajero de apellido Juango. Desde al menos los años 20, en los  nº 15-17, donde hoy esta Cuchillería Gomez y un chino estaba la tintorería de José Ferrer que permanece en el lugar hasta finales de los años 50 que la coge Gomez para poner ahí su tienda de souvenirs y regalos. Luego en los años 60 en el 17 estuvo la tienda textil de José Orte. En el nº 19, donde hoy está Foto Leache,  estaba en 1908 la abacería de Manuel Añezcar, al que seguiría en el negocio Segunda Landa, hasta que, a finales de los 20, se instaló  el establecimiento de cámaras frigoríficas «La Polar», que dió paso a finales de los 40 a la lechería de Atanasio Ezcurra Oscoz.

A continuación, en el nº 21,  donde hoy se encuentra  Gurgur y en tiempos La casa del Bacalao estaba la tienda de coloniales de los Garayoa, primero de Luciano y luego de Esteban. Esta tienda sería una tienda de alimentación desde los años 30 a los 60, por lo menos. Posteriormente, donde hoy está Sabai y anteriormente Lanas Kuska, en 1908 había un vendedor de vinos por decalitros (Silvestre Sánchez), un par de décadas después la carpintería mecánica de Valentín Goicoechea y más tarde Leoncio y Cía que pintaba muebles y automoviles (antes estuvo en el nº 9). Donde hoy está Tejidos Rodrigo que ocupa los números 25, 27 y 29, a principios de siglo estaban el hojalatero Goicoechea, luego Sucesores de Goicoechea, -representante de Isaac Urzay-, que se dedicaba a la instalación de calefacciones  aunque también lo he visto como lampistería en el nº 11, antes de que llegase Juan Zarranz a la zona; en el 27 aparecía una platería a nombre de Aquilino Garcia Dean. Resulta sorprendente este hecho porque este personaje, del que hemos recogido alguna fotografía en este blog, era un fotógrafo no profesional, un autodidacta, que trabajaba en el Ayuntamiento, llegó a ser concejal y buena parte de su producción, (que va de 1885 a 1940), sobre las calles, rincones y barrios de la ciudad,  permanece extraviada o no documentada. Y en el nº 29, en lo años 20, estaba la barbería de Saturnino Aventino. Ya desde los años 30 está documentada la presencia en este lugar de la fabrica de hielo de Pilar Apart. Posteriormente aparece como titular Julio Soto Perez con la misma actividad, fabrica de hielo y también de cerveza, creo que era «Cervezas El León», la actividad se mantendría con el y/o sus herederos hasta finales de los años 60. Junto a ella estaba la droguería Huarte. En 1971, se instala en estos números, como ya he señalado,  Tejidos Rodrigo.

En el lugar donde hasta hace un par de años estuvo Colecciones Iruña estuvo al comenzar el siglo XX, la imprenta de Erice y García. Como otras imprentas también era papelería, vendía libros y objetos de escritorio. Posteriormente la imprenta se quedaría en manos de Jesús García, mientras los Erice se centraban en una academia de enseñanza, en el 1º piso del nº 33 de la calle. Me acuerdo que mi hermano estudió tras el bachillerato en el Ximenez contabilidad en esta academia fundada por Candido Erice.  En los años 50 la imprenta García estaba a nombre de Pedro García Anoz. La actividad se mantendría, al menos, hasta finales de los 60 y primeros 70, también con la actividad de librería y venta de objetos de escritorio. En sus locales se imprimió   hasta su cierre, en 1932, el periódico,  La Tradición Navarra. En el primer piso y justo al lado,  en esos años estaba el Circulo Integrista, tal y como vemos en la foto adjunta, con unas dependencias similares a las del resto de sociedades y casinos de la época. En los años 50 estaba en el lugar la platería  de Esteban García que anteriormente, en los años 20, estuvo en el nº 27 de la calle. En el nº 35, también desde temprana fecha, final de la segunda década, encontrábamos la tintorería de Rafael Ferrer Galdeano, que permanece en el lugar hasta los años 60. A continuación venía un establecimiento muy conocido, todo un clásico, como es hoy el de las Pastas Beatriz en la calle, la pastelería y confitería de Sinforiano Salcedo, posteriormente Hijos de Salcedo, fueron muy famosas sus coronillas, cuya fachada vemos en una foto junto a este párrafo y que permaneció en el lugar hasta por lo menos finales de los 60 y primeros 70. Como quiera que a lo largo del tiempo ha habido baile de números, por segregación o anexión de locales, creo que no siempre fue el 37, yo he visto el local por dentro, cuando el propietario era el dueño de Windsor (lo utilizaba como almacén)  y se correspondía con el nº 35, al menos el obrador, donde hoy está la casa de apuestas deportivas Reta. A continuación, en el 39,   en 1908 estaba la barbería de los Moratel, por lo menos estuvo hasta los primeros años 50, primero con Benito, luego con Norberto y posteriormente desde los años 50 la bisutería y taller de joyería de José Luis Goñi, todavía en el lugar. En el 41 estaba y está, creo que data de primeros de siglo,- el Mesón Pirineo,  regentado a mediados de siglo por Antonio Zabaleta Monreal. Tras este bar y terminando este tramo de calle hubo durante buena parte del siglo diferentes tiendas de alimentación. En 1908 estaba Elias Gamazo, luego, desde los años 20, Matea Cenoz; en los años 50 aparecía como titular Leocadio Urtasun que a la sazón regentaba un establecimiento hostelero en el nº 81 de la calle donde luego estuvo  Casa Sixto,  actual Cocotte. La foto del encierro nos muestra el insólito montón formado junto a la tienda de Urtasun el 7 de julio de 1960, afortunadamente solo hubo heridos en este encierro protagonizado por los Pablo Romero.

Regresamos al principio de la calle, en su confluencia con Mercaderes. En el nº 2, donde hoy está el Come, Come estaba, a principio de siglo, la fabrica de corte y calzados, curtidos al por mayor y al por menor de Rufino Ayestarán. Al principio de los años 50 aparece como razón social Almacén de Curtidos de Alejandro Ayestarán si bien enseguida, en fotos de 1956, (vease la anterior entrada del blog), en su lugar puedo observar que estaban  Los Zamoranos y tras ellos, también en el nº 2,  estaba la relojería de José Antonio Olangua.  A continuación, en 1908,  estaba la tienda de cristal, loza y porcelana de Domingo Llorente, regentado luego por Blanca Llorente Aiciondo. También instalaban vendían y reparaban maquinaria y material eléctrico. Su  nombre comercial era, como vemos en el anuncio anexo, «El Buen Gusto» y vendía también objetos de regalo. En este primer tramo compruebo que hay una droguería, regentada por Saturnino Goñi, aparentemente en el nº 4, pero no logro ubicarla porque también aquí hay un baile de números. En 1908, en el nº 6  se ubicaba el tapicero Anastasio Martinez que, tras la guerra, reconvierte el negocio y empieza a dedicarse a la construcción y enmarcación de  cuadros, negocio que en 1960 traspasará  a Amado Mendoza, cuyos  herederos lo dirigen  en la actualidad. En el nº 8, que hoy ocupa también Amado Mendoza, había  en 1908  también un ebanista y tapicero, bajo el nombre de Herederos de Oñate, si bien, en los años 20, encontramos en ese lugar lugar a un tal Francisco Vicente que al oficio anterior de tapicero  sumaba  también  la construcción de cuadros. En los años 30  este hombre aparece en el nº 10 ya solo como constructor de cuadros, mientras que en el nº 8 hay una tienda de alimentación, siendo relevado en los años 50 por Eugenia Marco Zabaleta que continua su actividad en los años 60. Imagino que se corresponde con el negocio que conocemos como Cuadros Huici. Y seguimos con cuadros, por lo que se ve, estaban casi todos seguidos. En el nº 12 donde está actualmente Honestus y donde, desde 1979 estuvo la tienda de discos Digital figuraba el carpintero y ebanistero, más tarde constructor de cuadros,  Mauricio Arbizu Galdeano que mantuvo  la actividad desde principios de siglo hasta finales de los años 50. Lo sustituyó, en los años 60, la tienda de venta de aparatos eléctricos Ordex S.A. En los años 20, donde durante muchos años ha estado Cachito y luego una tienda de Desigual, estuvo la sillería de Manuel Ortiz que tendría una prolongada existencia,  hasta los años 60, luego venía la carnicería de Demetrio Aranguren (años 30) que en los años 60 sería la droguería de Maura Sola (Perfumería Remon). A continuación en el nº 18, donde desde 1943 y hasta 2000 estuvo la Gran Cuchillería Gomez que pasó ese año al nº 15 de la calle y que regenta actualmente la tercera generación, en el local donde hoy se encuentra una de las Heladerías Larramendi estuvo desde primeros de siglo el carpintero Angel Zabalo y posteriormente una hojalatería.

A continuación, donde hoy está Aromas y más. en 1908 estuvo la horchatería, chufería y alogeria de Victoriano Moreno. Posteriormente, después de la guerra  hubo allí una tienda de venta de loza, porcelana y cristal, Vda de L. Capitán, abierta hasta, al menos, finales de los años 60. Veamos ahora la historia del local donde está Pastas Beatriz. Desde comienzos del siglo hasta 1922 fue la carpintería de Esteban Osacar, luego desde esa fecha estuvo la fabrica y tienda de chocolate de José Larrea, también vendían velas de cera, después fue simplemente una tienda de ultramarinos, cuya propietaria se llamaba Regina González Vicente, hasta 1969,  en que  cogen el negocio Pablo Sarandi y su mujer Beatriz, convirtiéndola en una tienda de pastas. Al comenzar la década de los 90, dejan la tienda en manos de las hermanas Gómez Tellechea que son las que la regentan, y  con un enorme éxito, la tienda en la actualidad. Tras este establecimiento nos encontrábamos entonces con la pared trasera del hotel La Perla, -hoy está la entrada al restaurante La Cocina de Alex Múgica-, saltando, pues, la numeración desde el nº 22 hasta el nº 28 de la calle donde durante varias décadas, al menos desde los años 40, estuvo Bodegas Ibañez,  de Ibañez Hermanos, con venta de todo tipo de licores, almacenistas de vinos, etc. En el nº 32 donde hoy aparece Windsor Tavern estuvo el Navarro, un conocido bar de comienzos de siglo, regentado por  Nicomedes Paz. En este número también aparece, en los años 20, la dirección de Serafín Oderiz, el de Gaseosas Oderiz  que abrió su fábrica aquí antes de su traslado al Ensanche y más tarde a la avenida de Guipúzcoa, y  en los años 50 se encuentra en ese número el establecimiento Electri-Cinema de Julio Soto, el de Cervezas El León, con una tienda de aparatos de radio. A continuación en 1908, donde hoy está Elektra estaba la carnicería de Canuto Ochoa y, desde finales de los 40, la tienda de Carmelo Gortari, vendía aparatos de radio, y luego de televisión y otros electrodomésticos. Posteriormente, desde los años cincuenta, en el nº 36 encontrábamos  la relojería de José Antonio de Cia, seguida, desde 1943 por la librería de Benito Echarte, con compra y venta de libros usados y tras de ella, la zapatería de Alejandro Cavero Velasco.

Fotos por orden de aparición: Foto nº 1. Primer tramo de la calle Estafeta (1922). Luis Rouzaut, Foto nº 2: Encierro en la curva de la Estafeta. (años 40). Paco Mari. Fondo Marin. Kutxateka. Foto nº 3, Encierro sanferminero por la Estafeta. (1962). Sin filiar. Foto nº 4: encierro por la Estafeta. Paco Mari. 1961. Fondo Marin. Kutxateka, Foto nº 5: Pastelería Salcedo (1919). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 6: Paseo por la calle Estafeta (1917), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios, Foto nº 7: Montón el 7 de julio de 1960 cerca del cruce con la bajada de Javier. Sin filiar , Foto nº 8: encierro sanferminero años 50 , Foto nº 9: Edificio que corresponde al nº 12 de la calle Estafeta. (1932). Galle. AMP, Foto nº 10: encierro sanferminero años 50.

Comercios del Viejo Pamplona: el Paseo de Valencia (1908-1953)

Y saliendo de la calle Comedias, entonces, a primeros de siglo, llamada Dos de Febrero, desembocábamos en 1903 en el llamado Bulevard de Sarasate, llamado popularmente por los pamploneses durante buena parte del pasado siglo, también, como Paseo de Valencia. Hoy un buen número de los viejos edificios de su parte más antigua, la lindante con el Casco, han sido derribados y sustituidos por otros y por lo tanto, de buena parte de aquellos viejos locales, nada queda. A la vuelta de Comedias, donde hoy se encuentran las tiendas de Kikos y Zucitola estaba la tienda de alimentación de Román Oteiza, que vemos en la fotografía que encabeza la entrada. Fabricaba y vendía pastas alimenticias,  pastas para sopa y también cafés tostados al por mayor y al por menor, velas de cera y un largo etcétera, convirtiéndose en los años siguientes ya como Oteiza e Iribas en una tienda de coloniales al por mayor y al por menor. Ocupaba los números 2 y 4 del Paseo; Contaba, además, con otra tienda en el nº 60 de la calle Jarauta. Después de la guerra Oteiza se trasladaría, como tantos otros comerciantes del Casco, al Nuevo Ensanche, aunque en esta época hubo de todo, comerciantes que mantuvieron la tienda en el Casco y abrieron un segundo punto de venta y comerciantes que trasladaron su actividad a las calles de esta expansión urbanística de la ciudad. En los años 40-50, en esa esquina de Sarasate con Comedias teníamos la zapatería de calzado fino de Justo Azcona y donde estaba Oteiza e Iribas encontrábamos la tienda de alimentación de Sandalio Urrutia. Junto a ellas podíamos hallar las pastelerías-confiterías de María Trasobares y la de Jose María Vilar así como la agencia de viajes Vincit. Zucitola permanece en este lugar, al menos, desde 1936. A continuación, también en el nº 4, en la segunda década del siglo XX hallábamos la centenaria armería Casa Puntos, fundada por Juan Martinez de Goñi, que también vemos en una de las fotografías que encabezan la entrada. Se especializaría en artículos de caza y pesca aunque también vendía artículos de viaje. En los años 50 la veríamos en el nº 10 del paseo y posteriormente en la calle Lindachiquia. También en esta zona había una tienda de venta de material de electricidad, la de Rafael Rodríguez y Compañía aunque posteriormente en los años 30  había allí una administración de lotería, la de Joaquín Solorzano. En 1939, Nicanor Mendiluce inauguraba la Heladería Nalia aunque desde el primer momento el negocio lo gestionaría el maestro heladero y turronero José Serrano, al que seguirían luego su hijo Vicente y actualmente, desde hace unos pocos años su nieto, la tercera generación, también llamado Vicente.

Posteriormente, en el nº 6,  tenía su local un marmolista, Ramón Carmona, donde posteriormente, en 1919  se instalaría la sede del Banco Hispano Americano, que desde los años 30 conoceríamos en el otro lado del Paseo, en el nº 3. Tras la guerra y hasta el año 2000 en ese lugar se ubicaría el conocido restaurante Las Pocholas de las hermanas Guerendiain, algunas de las cuales vemos en su cocina, en la fotografía adjunta.  A continuación, en el nº 8, estaba la papelería, que vendía, también objetos de escritorio, de Venancia Ciaurriz. Hoy en día, a Kikos y Zucitola habría que sumar en este largo tramo, donde hemos señalado los negocios indicados y por este orden  la yogurtería Baobab, la heladería Nalia, la tienda de ropa infantil Nanas y la chocolatería Valor. Posteriormente donde hoy hay un local vacío, desde tiempos inmemoriales y luego una tienda o almacén de antiguedades no tengo constancia de actividad alguna, en el período analizado lo cual no quiere decir que no la hubiera en algún momento a lo largo de la historia. En el nº 14 donde hoy existe una agencia de viajes The Travel Band y en tiempos  creo que estuvo Viajes Iberia, en los inicios del siglo XX había una tienda que vendía vino por decalitros, la de los hermanos Catalá, de corta duración ya que en los años 20, en su lugar encontramos la imprenta y papelería de Generoso Huarte. En los años 50 en el 1º piso había una peluquería, la de Miguel Gabari y Juana Lucia que atendía tanto a  señoras como a caballeros, imagino que  separados pues no habían llegado todavía a nuestra ciudad las peluquerías unisex; había otra peluquería al final del paseo, en el nº 34, regentada por Julio Martínez. Tras la guerra, en el nº 16, donde hoy está el establecimiento «Zapatos a lo bestia» estaba la droguería al por mayor Centro Farmacéutico Vizcaino, que también eran almacenistas de productos farmacéuticos. Donde hoy está el Bankinter, me dice mi hermano que había una heladería y en efecto, rebuscando en mis archivos descubro que en esta zona desde los años 40-50, al menos, estaba la heladería La Vital.

Tras la heladería y el kiosko de chucherías, situado a la entrada del llamado Rincón de San Nicolás venía la casa parroquial e iglesia de San Nicolás y pasada ésta, la llamada Casa Navasal derribada por desgracia a finales de los 60, -no hay más que ver el hermoso edificio que había y el engendro arquitectónico que lo sustituyó posteriormente, donde hoy esta la óptica de Javier Alforja-. La afamada casa, Sucesores de Navasal vendía tejidos al por mayor y al por menor además de ser una sastrería con venta de género. Junto a Navasal, en los años 30, estaba el estanco de Modesto Toledo y donde hoy se encuentra el restaurante Ñam, en el nº 24, estuvo la pastelería de Pedro Hernaiz  y en el nº 26, la tienda de máquinas de coser Singer, -yo la he llegado a conocer en esa ubicación hasta finales del pasado siglo-, si bien no en el nº 26 sino en el nº 28. Por aquí cerca, en el nº 26 estuvo también hace unos años una tienda de Beunza Luz. También en el 26 estaba la fábrica de vino de Agapito Peralta y  la tienda de Arizti Yaben. Como Guibert,  Arizti Yaben era una fumistería, osea vendía cocinas y estufas, chimeneas, balanzas, basculas, pero era además una ferretería y un almacén de hierros. Estuvo radicada en este lugar al menos, desde comienzos del siglo, sino antes, y hasta los años 30.   En esos años aparece también en este lugar, en el nº 26 la mercería, paquetería y quincallería de Pio Espluga, luego Sucesores de Pio Espluga,  que hemos conocido anteriormente, a principios de siglo, en la calle  Zapatería. Más tarde el negocio  se trasladaría cerca,  al nº 30. En este nº y lugar, tenía su sede y estación desde 1911,  la sociedad El Irati, tal y como vemos en la foto adjunta a este párrafo. De las principales sociedades industriales navarras de la primera mitad del siglo hablaré en otra ocasión. En estos locales donde hoy está la tienda Partyland o un nuevo edificio recién terminado hace escasas fechas estaba, no hace mucho, la cafetería Spada y anteriormente estuvo Radio Frías que, antes de recalar en el bulevard, estuvo en el nº 33 de la calle San Nicolás, además de, en el primer piso, la copistería Politécnica. ¡Cuantas copias habremos hecho tanto en esta copistería como en el de Copia de la plaza del castillo, eso sí,  hace ya un porrón de años! 


Ya casi en el ultimo tramo de este lado del Paseo, el comercial, el otro nunca lo fue teníamos, a primeros de siglo, la colandería de Angeles y Mercedes Tuero, en el nº 32. En ese mismo lugar, en los años 30, se instalaría la farmacia de Joaquín Arteaga, la delegación de la Unión y El Fénix Español  y tras la guerra, a estos locales,  donde ahora están Inmobiliaria San Fermín y una tienda de ropa de bebe se habían trasladado Arizti Yaben, con el nombre de Vda de Arizti Yaben e hijos, la droguería y perfumería de Ciriaco Ibañez y Javier Mena, el fotógrafo. A continuación, desde los años 40 y hasta finales del siglo, estuvo la famosa Heladería Italiana, sus propietarios eran italianos de verdad, su dueño se llamaba Eugenio Bez Dal Molin. Más adelante, en 1905, estaba la carnicería de Diego Mina, fundada por éste en 1864, luego Vda de Mina que fabricaba embutidos (chorizo, jamón, tocino, etc), la fabrica se trasladaría luego a Huarte; Aquí, en los años 40, se instalaría Victoriano Arburua aunque con un negocio de venta de periódicos y revistas, si bien en los años 70 creo haber visto una fotografía en la que aparecía como Papelería Blasco y vendía también productos de filatelia.  A continuación, en los años 20, se instaló, donde luego estaría Confecciones Chile, Joaquín Martínez, como sastrería con surtido de géneros que se mantuvo en el lugar al menos hasta los años 50 y junto a él, el almacén de muebles de Arrieta y compañía.

Ya en el último tramo del Paseo estaba, hasta 1971, la Casa Alzugaray, derribada para construir el actual edificio del Banco Atlántico (hoy Banco Sabadell). En los bajos de este edificio, que fue sede durante un tiempo del gobierno civil, encontrábamos, en los años 30, las oficinas de Múgica y Arellano y la sede social de la fábrica de harinas de Vda de Alzugaray, que daba nombre a la casa. En el otro lado del paseo, tal y como he comentado en otras entradas del blog teníamos y tenemos varias entidades bancarias y otros edificios oficiales o institucionales. En los últimos años las entidades bancarias también invadieron el lado más cercano al casco. Donde estuvo la antigua Alhóndiga Municipal se instalaría luego  el Banco de España, donde estuvo la Fonda de Otermin, el caserón de la Meca y luego los Escolapios, se construiría el nuevo edificio de Caja Municipal y del Banco Hispano Americano,  donde estuvo la panadería municipal del Vinculo, se erigiría el nuevo edificio de Correos, acabando ese tramo con la antigua Casa de Baños. De negocios en planta baja tan solo caben destacar en los años 30, un negocio de coches de alquiler a nombre de Sucesores de Maisonnave, en el nº 13, la imprenta de García Enciso y Cafés Maya, en el nº 15; y en los años 40-50, en el nº 7, la mercería de Gloria Burgos y las máquinas de coser Alfa y hasta hace algunas décadas en el nº 11 el negocio de venta y reparación de máquinas de escribir de Julián Echevarría.

Fotos por orden de aparición: Casa Puntos (Años 20). Luis Rouzaut del libro «Luis Rouzaut, óptico de profesión y cronista de la vida navarra a principios del siglo XX». Ultramarinos de Ramón Oteiza (Años 10). Cocina del restaurante Las Pocholas. (Años 40-50). Archivo familiar familia Guerendiain. Casa Navasal.  (1967). AMP. Estación del Irati. (Años 20). A. de León. Casa Alzugaray (1965). Javier Gallo.