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La Pamplona actual: Jardin de Eugui-Puente de Miluce (2015)

Recupero una serie que inicié hace dos años, de la que no había publicado más que cuatro entregas y que se centra en algunos paseos o itinerarios urbanos que cualquiera puede realizar cualquier día del año, preferiblemente y para disfrutar del paseo y el contraste en la paleta de colores con buen tiempo. En esta ocasión, vuelvo a un tramo del parque fluvial, el que se inicia cerca del puente de Cuatro Vientos y que recorre la antigua finca de recreo de Carlos Eugui y la finalizo unos metros más allá del puente de Miluce. Inicio mi paseo dejando  atrás el cruce de  Cuatro Vientos y descendiendo por unas largas escaleras hasta el antiguo jardín de Eugui ( una amplia finca de recreo que tenía en torno a 10.000 m2, hoy totalmente recuperados para uso y disfrute de la ciudadanía). Esta zona sufrió importantes modificaciones desde finales del pasado siglo cuando se ensanchó algo la avenida de san Jorge, al igual que el primer tramo de Marcelo Celayeta, con la incorporación de un imponente muro de contención sobre la orilla del río.

Antiguamente las escaleras de acceso al jardín de Eugui se encontraban más cerca del frontón y eran bastante más sinuosas que las actuales, hoy en una nueva ubicación y con la habilitación de las correspondientes rampas de acceso. Recuerdo haber jugado no pocas veces a la pelota en este frontón en los años 1977 o 78. En aquel tiempo esta zona estaba abandonada y tenía ese aspecto  asilvestrado que tiene los parajes por los que deja de pasar durante tiempo la gente. Hoy en día podemos disfrutar de una paseo adoquinado sin riesgo de resbalar y caer al río como en aquel entonces. Y es que el  cauce del río se estrecha en este tramo, es más profundo y el agua adquiere mayor velocidad. El jardín se ha rehabilitado y a los caminos adoquinados se suma la recuperación del estanque existente y la consolidación del frontón que va cumpliendo nuevas décadas para solaz de las nuevas generaciones. Junto a él muy cerca permanece de aquellos lejanos años una vieja escuela reconvertida que alberga hoy creo una instalación educativa de la empresa  Tasubinsa.

Continuamos circulando junto al río, en un paisaje tranquilo y silencioso, bajo una tupida arboleda. Seguimos avanzando y encontramos la nueva y accesible  pasarela peatonal de los tubos. Esta pasarela-tubo fue construida en los años 40 y estaba atravesada por un conducto de gran capacidad, que canalizaba aguas de abastecimiento.  Más adelante hallamos, en mi opinión, un paisaje de gran belleza:  la presa y molino de la Biurdana. La presa tiene una longitud de 42 metros de anchura y 2´5 de altura. Su construcción se remonta a la época medieval. Durante muchos años sirvió al molino harinero cercano y hoy creo que genera energía hidroeléctrica. En el momento de tomar estas fotografías, el lecho del río aparecía lleno de aves acuáticas. Al otro lado del río, desde hace casi una década, podemos disfrutar del nuevo parque de Trinitarios, donde antes había una miríada de huertas y los invernaderos de Villamiranda y más al fondo podemos divisar  el barrio de San Juan.

El siguiente hito que encontramos en el paseo  es la nueva pasarela peatonal de San Jorge, muy cerca del antiguo patinódromo. Al otro lado encontramos el parque de la Biurdana, uno de los primeros parques exteriores que se construyeron en la ciudad,  en los primeros años 80 (1984),  donde antes había tan solo campos de cultivo. Tiene una amplia diversidad forestal: arces, fresnos, castaño de indias, almez, etc. La nueva pasarela viene a suplir la que se construyó hace ya mucho tiempo y que no cumplía con las debidas condiciones de accesibilidad y eliminación de barreras arquitectónicas. Junto a ambas pasarelas peatonales se erige el puente de San Jorge, construido en torno al año 1973 y que permitió comunicar los emergentes barrios de San Juan y San Jorge, a través de  la llamada entonces Variante Oeste, actual Avenida de Navarra. Posteriormente la variante oeste sería otra mucho más periférica.

Pasado el puente de San Jorge y siguiendo el curso del río nos encontramos con una nueva pasarela peatonal y enfrente,  en la margen izquierda, el cementerio de San José. Más allá encontramos el puente más occidental y alejado del casco urbano, el puente de Miluce, de origen medieval, aunque algunos dicen que podría remontarse  a la época romana. Fue objeto de una profunda reconstrucción en el siglo XIX. El origen de su denominación que con más insistencia ha llegado a nuestros días   se refiere al ahorcamiento, en abril de 1351,  de unos caballeros por el rey Carlos II el Malo, por haberle hecho frente, y que fueron colgados en los ojos del puente, dando, de este modo,  sus lenguas largas de ahorcados (mihi luze en euskera) nombre al puente. Otras explicaciones aluden, sin embargo, al topónimo vasco “amil luze” ( precipicio largo). En 2006 se sustituyó el asfalto de la calzada del puente  por adoquín, restringiéndose su uso al meramente  peatonal.

La Pamplona actual: Parque del Arga. Del puente de Santa Engracia al Puente de San Pedro

Continuo con la sección de “Imagenes, Paseos y Rincones de la Pamplona actual”, iniciando mi periplo en el puente de Santa Engracia y finalizando mi paseo cerca de la vieja presa de San Pedro, junto a la calle Errotazar. Un magnífico itinerario que animo a recorrer, pues  tiene hermosas vistas y no es demasiado largo. Está lleno, sin embargo, de pequeñas historias y anotaciones que comentar. Es una zona que, para los que guste de comparar con el pasado ha cambiado muchísimo, y afortunadamente para mejor, en estos últimos 25 años. Allá donde había entonces decenas de huertas, inaccesibles para la mayoría, hay ahora un cómodo camino en medio de una larga pradera, bajo la sombra de decenas de árboles relativamente recientes, de apenas una quincena de años. Hoy, con el parque fluvial, los ciudadanos de Pamplona tenemos la inmensa suerte de  poder  disfrutar  de nuestro río, como no lo pudimos hacer nunca, sintiendolo tan cerca que lo podríamos tocar con la mano. El puente de Santa Engracia, desde el que inicio este paseo,   es uno de los puentes más antiguos de la ciudad, data del siglo XIII; inicialmente se llamó de Mazón aunque cambió, enseguida, su nombre cuando se instaló, muy cerca, a finales de ese mismo siglo, el  convento de las Clarisas de Santa Engracia, convento que se encontraba en la parte derecha de la zona de Cuatro Vientos, y se extendía desde las orillas del Arga hasta la calle Carriquiri, donde hoy está la calle Provincias, la iglesia del Salvador, etc. Aquí permanecieron las monjas  hasta el siglo XVIII, fecha en que tanto ellas como los Trinitarios tuvieron que abandonar esta parte de la ciudad. Las Clarisas se trasladarían posteriormente a Olite.

Yo he conocido hasta no hace demasiados años este puente que desembocaba en la antigua calle Joaquín Beunza, (hoy lo hace en la calle Rio Arga), con tráfico, si bien es cierto que era un tráfico muy reducido. Les recomiendo, como referencias temporales para comparar el antes y el ahora de esta zona que lean fundamentalmente las entradas “La antigua calle Joaquín Beunza (1950-1995)”, “Subiendo a Pamplona por Santo Domingo (1966-1996)” y “La antigua calle Errotazar (1950-2003)”. Aquí, en este primer tramo, nos encontrábamos, entonces, en aquellos años, algunas viejas casas junto al río, como la Casa Ipiña y otras, las antiguas naves de Frenos Urra, los invernaderos de Huici y sobre todo muchas huertas que se extendían prácticamente hasta la orilla del río. Junto al puente, y en este mismo lado del río, estuvo hasta el siglo XVI el primer matadero de carnes en lo que llamaban la Casa de Cuatro Vientos, matadero que en ese siglo se trasladaría mucho más cerca de la ciudad, junto al puente de Curtidores, y donde permanecería  hasta 1908, fecha  en que se inauguró el nuevo Matadero Municipal de la calle San Roque, junto a la Cárcel.  Observo la presa de Santa Engracia, desde un pequeño mirador habilitado al principio de mi recorrido. Esta presa  fue construida, en piedra, en el siglo XIII, con el fin de servir al molino municipal de Mazón o Santa Engracia, situado junto al puente del mismo nombre y cuya harina serviría para hornear el pan de los pamploneses, en los hornos del Vinculo. 
Sigo por el parque fluvial y me encuentro con el nuevo puente de las Oblatas, inspirado en el puente sevillano de la Barqueta, y que  se terminó de construir en la primavera de 1994; Junto a él hay un pequeño embarcadero y, bajo el puente, como se puede observar en la fotografía, se han concentrado un buen grupo de aves acuáticas. Enfrente se alza, ante mí, majestuoso, el edificio de las Oblatas, una construcción de estilo neo clasicista  o “nacional herreriano”, muy propio de la época franquista. Continuo más adelante, hasta el puente del Plazaola. Por este puente pasó el antiguo tren que cubrió la línea Pamplona San Sebastian, desde el año 1911 hasta 1954. El primer puente databa de 1910 y era de metal. Fue arrastrado por una crecida en 1930, siendo sustituido, en 1931,  por el puente de cemento que existe actualmente. Desde este puente se pueden contemplar unas vistas preciosas. Hacia el norte, el rio, en todo su apacible esplendor, con el de las Oblatas recortándose al fondo. Hacia el sur, el río curvándose entre una gran espesura arbórea, al fondo dibujándose el Portal Nuevo y, junto a él, la Muralla del Mirador de Vistabella y hacia el Oeste el viejo puente ferroviario, bajo la Avenida Guipúzcoa, que sufrió algunos cambios, tras las obras acometidas en el año 2010. Antes de finales de los 90 del pasado siglo, repito, toda la orilla derecha del río Arga, en este tramo, estaba ocupada por huertas.
Desde aquí, hace años  hubiera dejado a mi izquierda el viejo callejón de los toros y algunos viejos edificios, que fueron derribados a principios de la pasada década, y en donde ahora se encuentran en su lugar los nuevos corralillos. También en este lado se encuentra el polideportivo del colegio de las Dominicas. Por el camino, junto al río, llego hasta el edificio del Club de Remo. En esta zona estaba, en tiempos, la llamada plaza del Arriasko o de Errotazar, y en diferentes momentos históricos, estuvieron allí el antiguo Matadero Municipal de carnes, la Casa de los Pastores, el viejo cuartel de la guardia civil de la Rochapea, etc. Desde el embarcadero que hay en la trasera del Club de Remo tomo una foto de la vieja casa de los Barquilleros, que se quemó, desgraciadamente, hace unos años y que  hoy se encuentra en estado ruinoso. El actual Club de Remo es una herencia del primitivo Cub Náutico de Navarra. Surgió por iniciativa de un grupo de profesores y alumnos de la Universidad de Navarra que intentaban  emular las universidades de otros países con sus deportes de piraguismo y vela. El testigo lo cogió la Federación Navarra de Remo en los años 70. El tramo en el que se práctica este deporte se limita al existente entre el Puente de Curtidores y la presa de Santa Engracia.
Atravieso el Puente de Curtidores, por el que suben los toros todas las noches de los sanfermines para hacer el tradicional encierrillo, y me encuentro con el antiguo soto de las lavanderas, aquellas sufridas mujeres que lavaban junto al río, desde el puente y junto al viejo canal, aquellas mujeres que hemos visto en fotos de Julio Altadill de finales del siglo XIX y con las que el Ayuntamiento de aquel entonces tuvo un pequeño detalle, para aliviar los rigores estivales, al plantar  en el año 1899 los arboles que hoy siguen dando sombra en este lado del río. En esta zona se han hecho recientemente algunas intervenciones,  como la construcción de una pasarela sobre el canal del viejo molino de Alzugaray, (antiguamente molino de la Polvora, luego fábrica de papel y en siglo XIX una fábrica de loza de Talavera), que partía de la zona del antiguo puentecillo de Errotazar y desembocaba junto al puente de Curtidores, una pasarela que comunica, además, esta parte del parque con la otra, en un nivel superior, donde, en los sanfermines, desde el año 2008, se instalan las barracas. Desde este lado del río se puede disfrutar de una vista maravillosa:  el Archivo General, allá arriba, como un infranqueable castillo de piedra tal y como vemos en la fotografía, a su derecha el Museo de Navarra y siguiendo el Paseo de Ronda, hasta el Portal Nuevo una larga hilera de casas con diferentes tonos, predominado los tonos pastel, toda una delicia para la vista y para el pincel de los artistas.
Sigo adelante y acabo desembocando bajo el puente del Vergel. Este puente se empezó a construir en febrero de 1992, y se concluyó en 1993, bajo proyecto del ingeniero Javier Manterola. Tanto este como el de Oblatas no se abrieron al tráfico hasta julio de 1997. Destaca su enorme faro luminoso de 60 metros de altura, un pequeño gran faro sobre el parque de la Runa iluminando, de una forma singular,  esta zona de la ciudad. En esta zona del parque, construido sobre las antiguas piscinas de San Pedro, descubro un elemento que, en mi anterior paseo había echado en falta: se trata de los viejos asientos de piedra que hubo siempre en el puentecillo de Errotazar y que se han trasladado a una zona intermedia de este primer tramo del parque. Asimismo el viejo canal que discurría junto a las viviendas se ha desviado e integrado en el parque, junto a otros elementos y mobiliario. Dentro del parque se integra también en el mismo lugar en el que estuvo siempre el viejo crucero que vemos en la fotografía, (cruceros como este hemos visto en otros lugares como el Puente de Santa Engracia o al final del parque de la Taconera). Por último, y cerrando el parque en su confluencia con Errotazar, se eleva una reciente construcción que se asemeja a un faro.

La Pamplona actual: Paseo de los Enamorados y la calle del Vergel (2015)

Prosigo con esta entrada la sección “Imagenes, paseos y rincones de la Pamplona actual”. Hace unos días, tras estos pasados sanfermines, y aprovechando unas minivacaciones, cogí mi cámara de fotos, salí de casa temprano y, durante varios días, me dediqué a pasear por algunos rincones del Viejo Pamplona, para ver y documentar gráficamente que queda de aquellas imagenes del pasado  y como ha cambiado nuestra ciudad en estos últimos años. En este blog aunque me centre, de forma preeminente, en el pasado, también quiero hablar del Pamplona de hoy, porque el presente de nuestra ciudad es heredero del pasado y,  como en nuestras propias vidas, conviene saber quienes somos,  de donde venimos y adonde vamos. Pues bien hoy voy a recorrer con ustedes el Paseo de los Enamorados y la Calle Vergel, lugares que ya visité en las entradas del blog El Paseo de los Enamorados (1971-1999) y La antigua calle El Vergel (1968-78). En próximas entradas recorreré otros paseos e itinerarios de los barrios, parques y murallas de Pamplona.
Comienzo mi paseo en el cruce del antiguo Camino de los Enamorados con la actual calle  Río Arga. Desde aquí y hasta la nueva calle Joaquin Beunza, compruebo como se ha mantenido practicamente intacto el tramo de calle que existía antiguamente. Tan solo las nuevas construcciones de mi derecha, entre las que sobrevive un bloque de finales de los 50 debidamente rehabilitado, me advierten del cambio.  A la izquierda, y tras el semicirculo de viviendas de la antigua calle Abaurrea descubro las antiguas  y nuevas ampliaciones de la Clínica Padre Menni, regentada por las Hermanas Hospitalarias. A partir de  Joaquín Beunza, el Paseo de los Enamorados deja de ser una calle con tráfico y se adentra a través de un camino peatonal en el Parque del mismo nombre, cruzándolo en diagonal, por su parte norte (durante un tiempo fue llamado Parque del Conde de Gages, pero ante las protestas vecinales, al Ayuntamiento no le quedó otro remedió que dar su brazo a torcer y recuperar  el viejo y entrañable topónimo de la zona y llamarle Parque de los Enamorados). A mi izquierda un enorme bloque de viviendas cierra el parque por el norte,  detrás del cual atraviesa, ahora, la entonces inconclusa calle Abaurrea.  El parque de los Enamorados se terminó de construir por completo, a finales de 1999, si bien desde el 1996 ya se apuntaba su diseño, con la construcción de todos los bloques de viviendas que le irían delimitando después. El parque se construyó sobre lo que llamábamos la campa de la Compasión, de la que ya hablé, con detalle, en El Paseo de los Enamorados (1971-1999)

Atravieso la calle Bernardino Tirapu, hoy avenida central de la nueva Rochapea que, en aquellos años 70 y 80, era  un camino pedregoso y estrecho, de una gravilla blanca, sin urbanizar durante buena parte de su recorrido,  que empezaba  en  la Estación del Empalme y haciendo un arco desembocaba en las casas de la Rochapea Vieja, más cercanas al  rio y al puente del Plazaola. Durante 40 años surcó el Plazaola la vieja Rochapea campestre y ese arco, entre campos y huertas, bufando como solo aquellas viejas locomotoras de vapor podían hacer. Hoy el punto de encuentro  más reconocible entre  ese ayer y este hoy está en el cruce del Paseo de los Enamorados y la calle Bernardino Tirapu:  es el colegio de la Compasión, fundado en 1959, que hoy aparece ampliado con un polideportivo cubierto, donde antes estuviese el taller garaje de Doria, y con unas pistas polideportivas de fútbol y baloncesto, en la antigua campa anexa existente. Su desnivel  respecto del Camino de los Enamorados se ha sorteado mediante una especie de gradas de cemento tal y como se puede ver en la fotografía. Posteriormente,  diviso la calle Juslarocha,  que tras la construcción de las nuevas urbanizaciones se prolonga hasta la calle Río Arga; las casas de San Antonio, con sus inconfundibles escaleras de sube y baja, la calle Santa Alodia, el centro cívico Juslarrocha, un grupo de viviendas de los años 60-70, la calle Santa Nunila y el edificio de las antiguas escuelas de Lavaderos, ocupadas actualmente por el área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Pamplona. Ya he comentado que el Paseo de los Enamorados alterna tramos de calle con tráfico con otros peatonales. A la altura de la calle Santa Alodia  el Paseo vuelve a convertirse en una calle con tráfico y justo en este punto arranca  otro de los viales más importantes,  actualmente, del barrio, la calle Ochagavía. 


Miro hacia la   derecha del Paseo, hoy ocupado por altos y modernos bloques de pisos -aunque existe todavía alguna parcela sin construir-, que llegan, practicamente, hasta la nueva calle Rio Arga, junto al parque de la Runa, y que antiguamente estaba ocupado por diversas fincas con huertos y arboles frutales, la serrería de Villegas, algún viejo bloque de casas de los años 40 y 50, grandes descampados  y las antiguas fábricas de Calzados López e Ingranasa.  En este lado descubro, por este orden, y desde Bernardino Tirapu, el Paseo Anelier, la prolongación de la calle Juslarrocha y  las calles Carmen Baroja Nessi,  Isaba, Errotazar y Parque de la Runa. En terrenos donde antes había una campa y parte de la fábrica de Ingranasa se erige hoy el nuevo Colegio Público Rochapea, a donde se trasladaron los alumnos de las antiguas escuelas del Ave María en el año 2010, momento en que el viejo centro y su nombre dejaron de existir, tras 94 años de historia.  (No tenía demasiado sentido trasladar un colegio con su nombre que estaba irremisiblemente vinculado a un origen, una historia y una localización muy concretas, junto a la iglesia del Salvador o del Ave María, como la llamaban muchos rochapeanos). Junto a estas nuevas escuelas hay un paseo, que sorprendentemente le han denominado, también, de los Enamorados aunque el itinerario tradicional del Paseo prosiga su curso hasta el inicio del parque de la Runa.

Llego hasta el inicio de este parque. Ya no existe el viejo camino entre los arboles hasta el puente de San Pedro, ni el viejo puentecillo de Errotazar, ni el viejo canal junto a las viviendas (el antiguo “cauce molinar” que diera lugar siglos atrás a molinos históricos en la antigua Rochapea como  el molino del papel o de la pólvora). No hay rastro de las viejas piscinas de San Pedro, tan solo unos bancos de piedra y unos juegos infantiles ocupan su lugar. En su parte más cercana al vial del parque de la Runa unos feos, pero probablemente necesarios muros de contención, construidos después de las catastróficas inundaciones de junio de 2013,  intentarán frenar al río en sus próximas crecidas. Sólo dos hitos me recuerdan vagamente el lugar que conociera décadas atrás, la presa  y el viejo puente románico de San Pedro. El río, en este lugar, aparece casi oculto por abundante vegetación; en su lecho, sobre unas isletas,  crecen numerosos arbustos de gran porte. A partir de este punto, y durante unos metros y momentos, el camino se me hace irreconocible. Allá donde estaba la finca y la casa Lore Etxea está ahora la entrada al complejo deportivo municipal Aranzadi, el viejo camino que bajaba desde el puente de San Pedro se pierde bajo el nuevo puente del Vergel para desde allí ascender por una pequeña senda escalonada al antiguo camino del Portal de Francia. También, si se quiere,   puede uno subir una pequeña cuesta y girar hacia la calle del Vergel, que es lo que hago yo en este paseo.

Esta calle, pese al tiempo transcurrido, y a excepción del  carácter de vía rápida que adquirió, con la apertura del puente del Vergel, es probablemente una de las zonas que menos transformaciones ha experimentado. Continua sigue siendo una vía, relativamente estrecha, de dos carriles, encajonada entre las murallas del Redin y Aranzadi. Tal y como viéramos en otro tiempo, en esta calle descubrimos el antiguo Instituto Pedagógico para Discapacitados Psíquicos, hoy un edificio cerrado y abandonado, el colegio del Redin con algunas modificaciones estéticas y pequeñas ampliaciones, las casas, las mismas casas que había hace más de 30 años, la Residencia El Vergel, el “aska” que ya veíamos en una foto de Arazuri de 1955, las instalaciones cerradas por una larga valla del Colegio de Educación Especial El Molino y en el lado derecho los lienzos de la Muralla de los frentes de la Magdalena y Francia, restaurados a comienzos del siglo actual. No soy una persona que no sepa aceptar o asumir los cambios. No soy de los que piensan que  cualquier tiempo pasado  fue mejor. La ciudad evoluciona y cambia y casi siempre a mejor. Sin embargo a veces los cambios son tan profundos y radicales,  como los que sufrió mi barrio en las últimas décadas,  que te dejan sin referencias visuales a los que asirte, a los que enganchar tus recuerdos. Por eso, de vez en cuando, se agradece que exista algún rincón en tu ciudad que permanezca casi inmutable, como éste, como recuerdo de lo que fuimos y vivimos. Al fin y al cabo es el escenario de nuestra propia vida.

Salgo de la calle del Vergel y me encamino hacia el puente de la Chantrea. Si algo me llama poderosamente la atención es lo afortunados que somos en esta ciudad por las increíbles zonas verdes y arbolados que tenemos. Es un orgullo y una gozada de la que no todas las ciudades pueden presumir. Desde el puente de la Chantrea observo, a mano izquierda,  el viejo puente románico de la Magdalena y a mi derecha el antiguo molino de Ciganda, que hoy forma parte del Colegio de Educación Especial el Molino. A mi izquierda la antigua campa de Irubide aparece llena de arboles. El instituto en el que pase cuatro años de mi vida permanece igual que entonces, sin apenas cambios más allá de las dotaciones anexas que fue incorporando en las últimas décadas. Allí donde estaba el Bar Irubide parte el nuevo camino de Alemanes. Atravieso el Arga por la pasarela de Alemanes, cruzo el meandro de Aranzadi, sin apenas detenerme (otro día le dedicaré un capítulo completo) y finalizo mi paseo enfrente del Monasterio Viejo de San Pedro, estrenando la recientemente colocada pasarela de Errotazar, de todo lo que descrito da buena muestra este amplio reportaje fotográfico.

 

La Pamplona actual: el nuevo camino del Plazaola (2014)

Aun teniéndolo muy cerca de casa, hacía mucho tiempo, muchos años, que no había vuelto a pasear por el viejo camino del Plazaola. Entre el cuidado de mis ancianos  padres y el trabajo, la verdad, no había tenido demasiado tiempo para recorrer, de nuevo, esta vieja senda tan familiar y llena de recuerdos y de la que hablé en la entrada “Siguiendo la vía del tren y el viejo camino del Plazaola (1966-1996). Asi es que, aprovechando un día de estas pasadas vacaciones, cogí la cámara de fotos y me dispuse a plasmar la nueva cara del viejo camino del Pazaola que en esta entrada título “el nuevo camino del Plazaola.
Pasada la actual plaza y/o rotonda  del Virrey Armendariz (que vemos en la foto de la derecha) se iniciaba entonces el camino en otro tiempo lleno de piedras, recuerdo del viejo lecho de la vía del histórico ferrocarril del Plazaola. En la  parte derecha de la citada plaza, (ver foto izquierda de este párrafo), aun queda un viejo edificio que yo recuerdo estaba ahí desde mi niñez y que ha sido casi siempre habitado por familias de etnia gitana. Pero volvamos al camino.  Lo primero que recuerdo de este camino es que antiguamente uno de los dos cerros o mogotes estaba cortado por el lecho de la antigua vía y  hoy ese flanco izquierdo ya no existe. En su lugar tenemos los dos grandes cerros a ambos lados del actual trazado ferroviario, comunicados por un puente peatonal. Desde esta atalaya la panorámica es completa, tal y como vemos en las dos fotos que acompañan al primer párrafo de esta entrada. Mirando hacia atrás, dejamos la vieja y nueva Rochapea (la del Salvador, los pisos de Oscoz, el Ave María, etc asi como la nueva Rochapea, la de las construcciones iniciadas de  1986 en adelante). Mirando hacia adelante y hasta el limite del horizonte podemos ver el tramo de la antigua vía, hoy un  camino cementado, con unos bonitos faroles en sus bordes. Al lado izquierdo, allí donde estaba la fábrica de Perfil en Frío se encuentra, desde la avenida de Guipuzcoa hasta el limite con la actual vía ferroviaria,  las nuevas construcciones de Buztintxuri I lindantes con el viejo enclave de Santa Engracia. Hay una zona cercana a la vía en la que no se ha construido nada, se dice que porque, probablemente,  los terrenos puedan tener algún tipo de contaminación industrial.
Un poco más adelante, en el cerro de la izquierda, mirando hacia San Cristobal nos encontramos actualmente con el Parque de los Aromas. En otro tiempo estos cerros eran terrenos agrícolas al igual que los suelos colindantes. Pasados estos cerros y en dirección a Berriozar, nos encontramos hoy en día, en ese lado, el enclave conocido como Nuevo Artica, un nuevo núcleo de población situado en aquellas  explanadas vacías al final de las cuales, muy cerca de la Avenida Guipúzcoa, se encontraban hace años fábricas como la de La Casera, Bendibérica, el antiguo edificio de las Hermanitas de los Pobres, etc.

En el lado derecho del camino  cementado descubrimos la nueva Ciudad Deportiva Artica en la zona que antes conociéramos como Soto o Prado de Artica. A medio camino del camino, valga la redundancia,  nos encontramos con otro puente peatonal que comunica Nuevo Artica y la Ciudad Deportiva. Justo en el límite con la Variante Norte hallamos un pequeño hito o monumento en homenaje a la antigua vía del Plazaola, se trata de un pequeño tramo de vía con la imagen de un túnel sobre una placa de cemento al fondo, tal y como vemos en la foto adjunta. Tras la Variante Norte, que atravesamos por debajo,  nos encaminamos al antiguo cruce de caminos donde continua el viejo camino del Plazaola, esta vez sin urbanizar,  como lo conocimos durante décadas  hasta el límite con Berriozar, tal y como lo vemos en la segunda fotografía de este párrafo. Completan el reportaje fotográfico de esta entrada cuatro fotografías más: en primer lugar una foto del cerro que se encuentra frente al Parque de los Aromas, en segundo lugar una panorámica del puente que comunica Nuevo Artica y la Ciudad Deportiva y en tercer lugar  un detalle de la citada Ciudad Deportiva, tomada de regreso al barrio, de regreso a casa.

La Pamplona actual: La antigua Travesia del Ave Maria, hoy en día (2013)


Dentro de una semana, hará un año que paseaba por última vez, por esta zona, con mi padre, (hace cinco meses que murió), una zona, un escenario que ha sido y es todavía el escenario de mi propia vida. Al poco de iniciar el blog, este cuaderno de apuntes y recuerdos personales que es este blog, incluí entre las primeras entradas  una que se refería a la Travesía del Ave María, eso sí, la Travesía de 1996, en la que aun existía (faltaban, apenas unas semanas para que desapareciera) aquella vieja callejuela estrecha, con viejos edificios del primer tercio del siglo XX. La entrada se llamaba “La Travesía Ave María hasta los derribos de fines de los 90”. Aun quedaban en pie también los números 14 y 15, y el espacio que llamábamos la huerta del Platero, uno de los dos chalets, -el de estanco hacía no demasiado tiempo que se había derribado-. De aquellos derribos quedaron, después de 1996,  tan solo en pie los números 7,8,9,10 y 13 (que luego pasaría a ser 11, al prolongarse la Travesia hasta Bernardino Tirapu), la mayoría construidos a finales de los años 50, probablemente entre 1958 y 1959. 

En tres de los cinco portales (el 7, el 9 y el 10) hace muchos años que se instalaron ascensores y otras mejoras y se han ido sucediendo las obras de rehabilitación de sus fachadas. Ha pasado el tiempo, ya más de medio siglo, y la gente más mayor, esa gente que vivió y crió a sus hijos en este lugar, como fue el caso de mis padres, van poco a poco falleciendo, desapareciendo de este mundo. Es, tristemente,  la ley de la vida. En unos tiempos de intensa movilidad laboral y residencial a mí me resulta entrañable ver y conocer  a esos viejitos que en algunas zonas de la ciudad, especialmente en el Casco Antiguo, la Rochapea o los Ensanches han nacido, vivido y muerto en el mismo lugar, en su calle, en su casa, formando  casi parte del paisaje, que conocían a todo el mundo, convirtiéndose en privilegiados testigos de los cambios urbanísticos y sociales de su ciudad y de su historia. Ellos han hecho la intrahistoria de esta ciudad, esa historia hecha de pequeñas, anónimas pero valiosas historias personales, con tantos vivencias, recuerdos y anécdotas que habría como para escribir un libro, pero la mayoría de las cuales se perderán, si nadie las recoge, en la nada de la inexistencia.

En el reportaje fotográfico adjunto sobre la Travesía e inmediaciones, vemos por orden de aparición, en primer lugar y abriendo la entrada, a la izquierda, una toma de la antigua Travesía, desde la nueva prolongación de la nueva Joaquín Beunza, prolongación inexistente antes de 1996, asi como otras instantáneas de la Travesía tomadas desde la zona de las antiguas escuelas del Ave María (hoy Patxi Larrainzar), desde la zona más cercana a la avenida, junto a la cafetería Artea,  y del nº 8 de la calle, un edificio mucho más antiguo que el resto de la calle y que se salvó de la piqueta en los años 90, para finalizar con imagenes del entorno más próximo a la calle y que forman parte de este microuniverso de mi vida: la torre de la iglesia del Salvador tomada desde el parque Patxi Larrainzar, en la zona más cercana a la avenida, el pórtico de entrada a la iglesia, una foto de la prolongación de Joaquín Beunza hasta la calle Juan de Ursua, con los frontones del Polideportivo de Karriquiri a la derecha de la imagen, una foto del actual cruce de Cuatrovientos y una imagen tomada desde el boulevard cercano a la Travesía creado tras los cambios urbanísticos de los años 90.