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Peñas y sociedades gastronómicas en el Viejo Pamplona (1913-2003)

Y lo prometido es deuda, tras las sociedades deportivas y de recreo voy a hablar del origen de  las actuales peñas, -algunas de ellas nacieron en el seno de las mencionadas sociedades deportivo recreativas- y de las sociedades gastronómicas. De estas últimas seguro que me dejo alguna, pero intentaré reseñar al menos las más importantes. Seguiré, en el caso de las peñas, un estricto orden cronológico. De las actuales peñas existentes la peña más antigua es La Unica.  Los primeros datos documentados sitúan su origen en  1913, aunque hay quien dice que los primeros intentos de ponerla en marcha se remontan a 1903. El origen de su nombre debió estar en su propia génesis, una única cuadrilla que se dedicaba a marchar de juerga por las calles de la vieja Iruña. Fueron entonces los primeros que incorporaron instrumentos de viento más ruidosos  que las guitarras y bandurrias de otras agrupaciones, vamos que fueron los primeros que sacaron lo que hoy llamaríamos  charangas o fanfarres.  Solían organizar  bailes para sufragar los gastos de  San Fermín. Posteriormente esta iniciativa seria imitada por otras peñas como el Bullicio o La Jarana. Visten pañuelo, faja y cintas de alpargatas verdes y blusón con cuadros pequeños blancos y azules. La segunda peña en antigüedad es El Bullicio Pamplonés que  se fundó en 1933 por iniciativa de una cuadrilla de amigos. La foto que encabeza la entrada es precisamente del año de su fundación. La siguiente pertenece a los años 50. Aparte de la fiesta iban al monte, jugaban al fútbol y también al mus y al dominó. En 1943 se trasladaron a un local en el nº 28 de la calle del Carmen. En 1953 dejaron el local por falta de recursos económicos, reuniéndose desde entonces en el Bar Cordovilla de la calle Navarrería. A mediados de los 70 adquirieron el local de la cafetería-bolera Simons en el nº 22 de Carmen que se convertirá en su sede definitiva. Visten de blanco con el escudo bordado en el pañuelo.
En 1934 se creaba la tercera peña de Pamplona,  el  Muthiko Alaiak si bien su origen se remonta a 1931 pues surgió sobre la base de un grupo de danzas y teatro llamado Zaldiko Maldiko fundado por Ignacio Baleztena  que pretendía recuperar algunas danzas de la tierra antes de su previsible extinción. Su versión de la kalejira del ingurutxo de Leiza con la letra de “Uno de enero, dos de febrero” se hizo  mundialmente conocida así como su “Levantate, pamplonica”. Con la creación de la peña se pretendía ampliar las actividades de Zaldiko, añadiendo además las de San Fermín. El grupo  de danzas y teatro  se reunía  inicialmente en los locales del Circulo Integrista en el nº 33 de la calle Estafeta. Luego utilizaron los locales de Turismo del Paseo de Sarasate y finalmente se instalaron en el último piso del Circulo Carlista en el nº 29 de la plaza del Castillo. Así que para 1934 el Muthiko Alaiak  tenía su sede en este lugar.  A nadie se le oculta el origen carlista de su principal impulsor, Baleztena, Premin de Iruña, y de muchos de sus integrantes en aquel entonces. Junto al Muthiko estaban entonces las citadas La Unica, La Veleta,   San Fermín, (estas dos últimas desaparecerían con la guerra) y el Bullicio. En los años 40 tuvo un gran impulso organizando la primera novillada de las peñas e inaugurando el aeropuerto de Barajas. En la foto que acompaña este párrafo vemos una foto de aquellos primeros danzaris del “Muthiko”.
Por cierto, el pasado año la nieta de uno de los integrantes de la Veleta tiró el chupinazo, ya que a la peña La Veleta, fundada en 1930, se le atribuye el impulso de la indumentaria blanca y roja como atuendo tipico de los sanfermines. Junto a este párrafo una foto de aquellos sanfermines de los años 30 de la peña. Compuesta mayoritariamente por obreros (fontaneros, albañiles, pintores, etc)  fue especialmente castigada por el golpe franquista. Varios miembros de la peña, seis o siete fueron fusilados, y otros igualmente perseguidos o represaliados por su compromiso político. Al termino de la guerra, en 1941 y 1942, quisieron seguir con el nombre pero el régimen no se lo permitió, obligó a dimitir a su junta que habían solicitado al legalización de La veleta al amparo de la nueva ley de asociaciones y tuvieron que cambiar el nombre por La Saeta en febrero de 1942. Su local ha seguido siendo el mismo en los dos casos: Jarauta, 33, aunque parece que en los inicios de la peña estuvo en el nº 79 de San Lorenzo y en el 65 de Descalzos.


En 1945, siendo presidente del Muthiko Jaime Mondragón,  se produjeron unos incidentes con unos falangistas en la plaza del Castillo y el gobernador les cerró el local.  Comenzaron a utilizar varios bares como sede, primero La Fructuosa y luego el Bar García de la calle Mayor hasta que en 1950 arrendaron un local en el nº 89 de esta misma calle. El grupo de danzas que consiguió multitud de éxitos internacionales ensayaba, por aquel entonces en las escuelas de San Francisco. En 1954 tras una nuevas protestas carlistas el gobernador volvió  a clausurar el Muthiko. Posteriormente el Muthiko recaló en el nº 18 de la calle San Francisco donde permanecería durante 8 años hasta 1962, año en  que volvieron a la plaza del Castillo, concretamente al nº 38. En este nuevo emplazamiento permanecerían durante 12 años hasta 1974, fecha en  que se trasladan al tercer piso del nº 14   de la calle Comedias, donde permanecen nada menos que 25 años. Sí, en esta calle estuvieron hasta 1999, año en que se trasladaron a un nuevo local  (compuesto de bajo y primero) de la calle Estafeta, donde antes estuviese  el Self Service Estafeta. El Muthiko organiza desde 1962 conferencias culturales, clases de euskera, viajes,  creó una sección de montaña y otras de fútbol, balonmano y hasta de baloncesto femenino así como la fanfarre. En pelota jugaron por la peña, Retegi, Lajos y los hermanos Aldaz. De ellos es el mérito de recuperar los coros de Santa Agueda o de organizar el Rey de la Faba que vemos en la fotografía adjunta. Visten blusón de cuadros azules pequeños.

La Jarana fue fundada oficialmente en 1940 por varias cuadrillas de pamplonicas de la calle del Carmen. Ya desde estos años salían a la calle por Sanfermin con música y pancarta ocupando su espacio en el tendido del coso pamplonés. En la foto de la izquierda vemos una foto de la peña de 1942. La otra foto, la de la derecha, de Inge Morah recoge una salida de la peña, probablemente de los años cincuenta, tal vez 1954. Otras fuentes sitúan como antecesora de La Jarana  a la Peña El Huevo aunque existen documentos gráficos de 1931 donde aparece una pancarta que dice “La Jarana saluda a Torón”, un diestro navarro de la época. Su primera sede estuvo en la calle San Fermín en el Ensanche, para pasar más tarde a la calle Estafeta, trasladándose en 1982 al nº 16 de la calle Jarauta. Contaban con una sección de fútbol. Llevan pañuelo y faja azul con blusón a cuadros pequeños azules y blancos.Como ya comenté en la anterior entrada dedicado a las sociedades deportivo recreativas, en 1940 nacía el Club Deportivo Oberena. El 20 de enero de 1941 se creaba la peña sanferminera, saliendo por primera vez  a las calles el 7 de julio de ese año. Las fotos que acompañan este párrafo son de 1948, la de la derecha, al final de la calle Estafeta y de los años 50, la de la izquierda. Desde 1954 a 1987 el Labrit fue el lugar de encuentro o sede social de sus socios.  Luego pasarían a su local social de Sebastian Albero, en la Milagrosa si bien hace unos años, en febrero de 2010, se hicieron con un local social en el nº 82 de la calle Jarauta y hace poco tiempo se trasladaron al nº  31 de la calle San Lorenzo, en lo que fue el antiguo restaurante Lanzale. Tras la creación de la peña se crearían también los grupos de danzas, txistu, gaita, rondalla y coros. La peña ha tenido siempre una especial vinculación con el mundo taurino. Visten indumentaria blanca y negra con la insignia verde que procedía del verde de Acción Católica. La peña Aldapa nació en 1947 como club deportivo, constituyéndose la peña en 1958. Tomaron el nombre del bar Aldapa en el que se reunieron al principio. En los años 80 se asentaron en el nº 48 de la calle Jarauta. Tampoco llevan blusón, solo el escudo bordado en el pañuelo.

En 1948 los componentes de los equipos de futbol que formaron el Club Anaitasuna junto con los nuevos socios y otros simpatizantes decidieron formar la Peña Anaitasuna para celebrar juntos los sanfermines. La peña nació como una sección autónoma dentro de la sociedad y se reunió  durante los San Fermines de 1948 en la tasca “La Perrera” de la calle Jarauta. Eran 40 socios. Tras casi un año de preparativos, en junio de 1949, las otras siete peñas que existían en Pamplona le dieron la bienvenida y el visto bueno. La foto que acompaño es de los sanfermines de 1951. En 1953 la peña ubicaba su sede en el 1º piso del nº 35 de la calle Mayor, aunque seguían saliendo desde La Perrera. Tenían unos singulares vecinos de los que hablaré más tarde, pues en la planta baja, con salida al portal de vecinos estaba  la Sociedad Gastronómica  Napardi. El único acto donde las mujeres tenían cierto protagonismo era la presentación de las madrinas de las peñas. Si, parece mentira ahora, que se habla de sanfermines en igualdad, pero hubo un tiempo en que las peñas elegían a sus madrinas. En 1971 la peña recibió un premio del Ministerio por su promoción de los sanfermines. En 1984 se llevó a cabo la reforma del local de la calle Jarauta y hace unos años se trasladaron al nº 14 de  la calle San Francisco, donde compraron el Bar Montón. Llevan el escudo de la peña en el bolsillo de la camisa y un San Fermín sobre el pañuelo rojo.La peña Los del Bronce podía haber sido la peña más antigua, pero nació realmente a mediados del siglo pasado. Al parecer hubo un intento de formar esta peña en 1900 por trabajadores del sector del metal (herreros, chatarreros, broncistas) sin embargo ese intento se difuminó en 1904. Tras los sanfermines de 1949 un grupo de varias cuadrillas decidió rescatar el nombre y crear la peña. Eligieron el blusón de cuadros blancos y azules por ser fácilmente reconocible y ser  la tela  más barata. Como la blusa tapaba la faja decidieron dejar de llevarla. Los blusones inicialmente los llevaban las cuadrillas a los toros pero los de esta peña decidieron llevarla durante todos los actos festivos. Las primeras sedes de la peña estuvieron en el bar Ginés y en el bar Olimpia (actual Nevada). A partir de 1953 la sede se trasladó al bar García de la calle Mayor y luego, entre 1960 y 1962, al Bar Tropical, en el nº 54 de la calle Jarauta. En estos años se constituyó como tal la sociedad deportivo recreativa y se arrendó por 3.500 pts el Bar Telefónicas como sede de la peña. Entre 1967 y 1968 volvieron a cambiar de locales, esta vez al nº 69 de la calle Jarauta. En las fotos vemos la pancarta de 1967 y una foto de dos “broncistas” bailando junto a la pancarta de la peña. En 1971 se creó un grupo de montaña y más tarde un equipo de balonmano que duró solo dos años, también un equipo de fútbol pista y una fanfarre, de la que saldría Jarauta 69, tomando el nombre de la dirección de la peña. En 1979 la peña se asentó definitivamente en el nº 54 de la calle Jarauta, donde ya estuvieran antes, al comienzo de los 60.  En los 80 nacía la sección de rugby y en los 90 acometieron las primeras grandes reformas.

La peña Irrintzi de Iruña se fundó en 1950  de la fusión de dos clubes de fútbol, el Irrintzi y el Iruña. Desde el principio vistieron de negro. En 1953 se separaron el equipo de fútbol Iruña y la peña Irrintzi y se ubicaron en la calle San Agustín. En 1964 por falta de espacio, (y eso que tenían una bajera y dos pisos), se trasladaron al nº 23  de la calle Estafeta. Por problemas con  los vecinos se tuvieron que trasladar  al nº 8 de la calle del Carmen. El local incluía un bar que alquilaron para financiar la peña. Corría el año 1971. Pasaron de ser peña de club deportivo a sociedad cultural y deportiva. Además del fútbol la montaña era posiblemente una de sus actividades más destacables. En los años 90  reformaron el local que vemos en la fotografía. Visten blusón negro.La Peña Alegría de Iruña se fundó en 1952 en el Bar Moto Club por fusión de dos iniciativas juveniles, la peña Imoztarra, con sede en la calle Nueva, fundada en 1947,   y el equipo de fútbol Alegría que se reunía en el Bar Arrizabalaga de la calle San Agustín, si bien sus primeros sanfermines como peña  fueron los del 53. Hasta los años 60 la sede estaba en el bar Or Konpon que se trasladó a la calle Calderería para rebautizarse como Bar Alegría. En 1969 tomaron el nombre definitivo de Peña Alegría de Iruña. En 1973 se inauguró un nuevo local en el nº 8 de la calle Jarauta y tras un atentado con bomba, el 19 de julio de 1978  se trasladaron al nº 61 de la misma calle, donde permanecen actualmente. Su actividad aparte de la sanferminera  era fundamentalmente deportiva: salidas al monte, baloncesto, citas gastronómicas, cursos de cocina, danzas. Desde 1960 impulsan la Operación Patata destinada al asilo de las Hermanitas de los Pobres. Visten blusón verde con cuello, puños y bolsillos rojos. El pañuelo rojo con el escudo bordado y rematado a  lo largo del borde con una cinta verde.

La primera peña de barrio, la más antigua de todas ellas es la Armonía Txantreana. Nació en 1956 e inicialmente se llamaban Alegría Chantreana. Tras cambiar el nombre se integraron en la Unión Deportivo Chantrea. En 1981 la peña se separó de la sociedad y adquirió el Bar Félix que les vió nacer. Además de las actividades sanfermineras, entre 1961 y 1993, tuvo una importante sección de montaña que formó su propio grupo autónomo. La foto que acompaña es de la peña en 1960. Visten totalmente de blanco, salvo el pañuelo bordado con el escudo de la peña. En 1977 nacía la Peña San Juan, por iniciativa de un grupo de jóvenes del barrio. En 1985 se convertían en Peña Donibane. Su primer local estaba en la calle Virgen de Codes (1979). Al crecer en el nº de socios, es una de las que más tiene, compran un local más grande en el nº 6 de la avenida de Barañain, en lo que fue el Burguer y el restaurante Los Kilikis. En el Casco Viejo tenían un local en la plaza Virgen de la O. Posteriormente se trasladaron al Bar 35 de la calle Jarauta (Galtzerdi) y este año han abierto un local en el nº 24 de la calle San Francisco. Desarrollan diversas actividades al margen de las típicamente sanfermineras. Visten de pamplonica con blusón azul claro y pañuelo con el escudo.

 

Durante los años 60 un grupo de personas del barrio de La Milagrosa fundó la peña San Fermín, ubicándose en la travesía de Guelbenzu, pero en el año 1974 se disolvió. En los sanfermines txikitos de 1978 se refundó de la mano de un grupo de jóvenes del barrio, algunos de ellos vinculados al colectivo juvenil Elkar-Artua, reuniéndose en el Bar Atalaya de la calle Tajonar. Posteriormente la peña creció en socios y actividades y se trasladaron al actual local de Manuel de Falla. Tienen otro local en el casco viejo, en el nº 50 de la calle Jarauta. Visten blusón de cuadros negros y blancos.  En los años 30 hubo otra Peña San Fermín, radicada en el Ensanche, con local en la calle Estella. En marzo de 1979 nace, por su parte, la Peña Rotxapea. Nació fruto de la necesidad de los jóvenes del barrio de contar con una peña propia, ya que hasta entonces  se tenían que afiliar a otras peñas del centro. La Unión Cultural y Deportiva Rotxapea  había empezado a preparar su constitución un año antes, en 1978, como una sección propia, sin embargo la peña quiso volar por libre y así lo hizo unos meses después. Su primera sede fue la de la antigua sociedad Gure Txokoa en la Travesía del Ave María, nº 10. La foto recoge una de sus primeras salidas, en los sanfermines de 1979. Desde 1982 están en el nº 1 de la calle Abaurrea Alta. Mantienen un local en el nº 73 de la calle Descalzos que utilizan en las fiestas. También en 1979 nacía la Peña San Jorge, si bien sus primeros sanfermines fueron los del 80. Cambió su nombre a Sanduzelai en 1996. Inicialmente la asociación de vecinos del barrio les cedió un local. Luego pasaron al local donde permanecen  actualmente en la calle Nicasio Landa. Disponen de otro local para sanfermines en la calle Jarauta. Visten blusón de cuadros blancos y negros.

Estas 15 peñas junto a la única peña sanferminera que no es de Pamplona, El Charco constituyen la Federación de Peñas de Pamplona, que hunde sus raíces en la llamada Comisión de Peñas, cuya primera referencia aparece datada en un escrito del 26 de mayo de 1959. El Charco nació en 1974 en el bar Marín de la citada localidad. El 28 de noviembre de 1975 se aprobaron los primeros estatutos y se alquiló una bajera en el nº 8 de la calle Mendikale. Salieron por primera vez en las fiestas en 1977, año al que pertenece también la fotografía adjunta. Desarrollan un montón de actividades a lo largo del año. Visten de blanco con pañuelo y faja azul y blusón a rayas azules y blancas. Cuentan con un local en el nº 75 de la calle Jarauta. Fuera de la Federación de Peñas está la Peña Multizarra creada en 1992 por una cuadrilla de amigos a instancia de Joaquín Baleztena. Dicen que la crearon en el bar  El Marrano de San Nicolás. Tras unos inicios sin sede fija, en 1995 se trasladaron al nº 40 de la calle San Agustín. En el año 2005 inauguraron la sede de la calle Olite manteniendo el local de San Agustín para las fiestas. Actualmente su local se encuentra en el nº 3 de la calle Ciudadela, en lo que fue el bar Ciudadela, inaugurado en el año 2010, si bien este año han abierto otro local en el nº 36 de la calle San Gregorio. Han impulsado desde 1997 un riau riau alternativo en colaboración con las asociaciones de jubilados de Pamplona. Visten blusón de color rojo y pañuelo rojo bordado con el escudo de la peña.

 


Tras repasar las diferentes peñas existentes, haré lo propio con las sociedades gastronómicas. Y si por alguna tengo que empezar  ineludiblemente ineludiblemente lo tengo que hacer por  la decana de las sociedades gastronómicas: el Napardi. Entre los promotores de esta sociedad estuvieron personas como Jose Maria Zamarbide, Nicolás Velasco, Germán Salas a los que habría que añadir otros nombres  como el de los arquitectos Francisco Garraus o Enrique Altarriba. El nombre de la sociedad se le ocurrió a Pepito Aramburu que trabajaba en Casa Baquedano, en la calle San Antón, el logo fue obra de Zamarbide, a la sazón decorador y buen dibujante.   Se inspiraron para su constitución y redacción de los estatutos en la sociedad Istingorrak de San Sebastian. Alquilaron el local, un local de unos 150 m2 en el nº 35 de la calle Mayor,  a D. Enrique Sanz por el que pagaban 550 pesetas al mes. La sociedad se constituyó el 11 de febrero de 1953, en los locales del Club Deportivo Navarra. Entre los miembros de aquella primera junta directiva estaba Miguel Erice como presidente, Luis Irurre como secretario y Alberto Munarriz como contador. A Erice le seguirían luego Germán Salas y Manuel Senosiain. La inauguración de la sede tuvo lugar el 18 de marzo de 1953 y a las 10 de la noche tuvieron la primera cena de confraternización. Las mujeres no podían acceder más que un día, aquel primer año el 25 de julio. Napardi aparte de sus actividades gastronómicas también desarrollaba otras actividades de esparcimiento para sus socios, hacía obras de caridad, especialmente para el asilo del Niño Jesús de la plaza de Recoletas pero también para la institución Cunas, la Casa de Misericordia, etc. Las fotos en blanco y negro recogen algunos de aquellos primeros años de la sociedad, sus actividades gastronómicas, benéficas y la primera vez que entraron las mujeres en la sociedad. Las fotos en color muestran el interior de la sociedad en los años 80 del pasado siglo.

 

Para el aniversario de 1958 contrataron al juvenil del F.C. Barcelona pero el día del partido salió lluvioso y frio y en lugar de beneficios la jornada dió perdidas. En 1958 era presidente  el conocido comerciante de la plaza (concesionario de coches), Babil Oneca. En diciembre de 1960 se iniciaban las gestiones para la compra de los locales donde estaban arrendados, compra que harían realidad algunos años más tarde con un crédito personal de la Caja Municipal, y que quedó inscrita en el Registro en el año 1967. Napardi organizaba en aquellos años carreras, concursos, excursiones, exhibiciones de lucha libre, festivales folklóricos, partidos de fútbol (hubo uno de gordos contra flacos), campeonatos de mus, hizo una cena homenaje al equipo y directiva de Osasuna por su subida a  1ª división  en 1961.  En 1964, las mujeres podían acceder a la sociedad dos días al año, el 6 de enero y el 19 de marzo, aunque en ningún caso podían permanecer entre las 21 horas y las 9 de la mañana. En 1967 se les admitía los domingos y festivos por la tarde, de 7 de la tarde a  12 de la noche. En 1972, siendo presidente, Javier Garaicoechea Urriza compraron el primer piso a la Peña Anaitasuna por 425.000 pesetas que comunicaron con la planta de abajo por una escalera interior, pasando la cocina al fondo del local. Se aumentó el nº de socios a 150.


En 1973, en sanfermines, Napardi recibía un homenaje por parte del Ayuntamiento y las peñas. En 1976 se produjeron varios actos de confraternización entre el Napardi y la Coral de Cámara. En 1978 se creaba la fundación benéfica Napardi. Contrariamente a lo que había sido habitual, presidencias cortas, entre los años 1985 y 2005, con un pequeño paréntesis, fue presidente Jesus Maria Astrain Fabo. En 1986 se instituyó el galardón Gallico de San Cernin, siendo el primer premiado Alfredo Landa y el segundo José Joaquín Arazuri, que aparece en una de las fotografías. Se volvía a plantear la adquisición de un nuevo local más grande barajándose la adquisición de otro en la calle Ansoleaga aunque la normativa municipal no lo permitía en aquel entonces (se había decretado una normativa de saturación hostelera). Las mujeres podían entrar a la sociedad viernes, sábados, domingos y días de fiesta a comer y cenar así como los vísperas de fiesta a cenar. Entre 1987 y 1989 se acometieron obras de mejora no solo en el local sino en todo el edificio dado su deterioro. Se plantearon cuestiones como el traspaso de los derechos de socio a los hijos. Se colaboró con otras entidades como el Ateneo Navarro y los Amigos del Camino de Santiago aunque se suscitó cierta polémica por el uso de los locales por personas o asociaciones ajenas a la entidad, sin que el tema fuese a más, dada realmente la excepcionalidad de aquellos casos. En 1992 se propuso formar un coro de voces. En 1999 se planteó de nuevo la cuestión del local, ya que no se cumplían las normativas MINP exigidas por el Ayuntamiento. En principio se pensó en un local en la misma calle Mayor, pero en marzo de 2000 se desechó su compra aunque la fortuna hizo que estuviera disponible un local de 400 m2 en dos plantas en el nº 2 de Jarauta con interés histórico y arquitectónico. La sociedad vendía en noviembre sus locales de la calle Mayor a la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo y en 2001 se trasladaban a Jarauta inaugurándolos el 19 de mayo, locales que también vemos en alguna de las fotografías de esta entrada. En 2003 cumplieron medio siglo de vida.

 





Otra de las sociedades con más prestigio en la ciudad, tras el Napardi,  es la Sociedad Gastronómica Gazteluleku. Nació en  1980 de la mano de Enrique Salvador, Enrique Altarriba y Kino Sanchez al que se sumaron otros 37 amigos pamploneses. Inicialmente se instalaron en el 2 piso del nº 12 de la plaza del Castillo y que antiguamente fue el Restaurante Maitena y después un asador argentino, posteriormente se pasaron al primer piso. De ese época podemos ver tres fotografías, dos en blanco y negro y una en color,  junto al párrafo anterior. Tras finalizar el contrato de arrendamiento y ante la imposibilidad de renovarlo  tuvieron que cambiar de sede y se trasladaron   en el año 2010 al nº 1 de la calle San Francisco a un local de unos 300 m2. Es famoso su sorbete de limón con cava sanferminero y su participación en la semana del Pincho además de otras actividades gastronómicas y sociales: el concurso del toro más jugoso, la cena de nochebuena para el teléfono de la esperanza, charlas, cursos, visitas o exposiciones, etc. Otra sociedad con solera es la sociedad El Chanclazo, hoy Chanclazo 03. Nació el 16 de abril de 1971 en el frontón Labrit donde se reunieron tres cuadrillas y crearon la sociedad Chanclazo 03. La primera Junta Directiva la presidió don Ignacio Arregui  y fueron Vocales con él, los señores José Luis Oyarzun, Ramón Aguinaga, Luis Alfonso Garciarena, Valentín Gómez, Joaquín Lizarraga, Jesús Echalecu y Miguel Flamarique. La sociedad tuvo su primer domicilio en el nº 52 de la calle Jarauta hasta el año 2003 en que se trasladan al nº 38 de la calle Estafeta, inaugurando los nuevos locales el 28 de noviembre que vemos en la foto de la izquierda.

 

La sociedad Gure Leku ubicada en la calle Jarauta, 12 nació un 29 de noviembre de 1975. Sus socios fundadores provenían del Anaitasuna y el Club Deportivo Navarra. En el momento de la compra el local era un almacén de plátanos. El acceso de las mujeres está permitido pero no en el ámbito de la cocina. Celebran la escalera de San Fermín. Destaca su bóveda de piedra con arcos de medio punto. También en Jarauta está la sociedad Zahategi, fundada en 1981 sobre el antiguo Bar Oyaga, en el nº 92 de la calle. Tiene un patio típico de las calles del casco viejo. En sus paredes cuelgan carteles sobre tauromaquia y motivos pelotazales, reflejando las aficiones de sus miembros. Reformaron el local en el año 2009. Otras sociedades ubicadas en la Jarauta son Jarauta, 79 en el sitio del mismo nombre, fundada en septiembre de 2010 y la sociedad de los Irunshemes, en el nº 74 de Jarauta, fundada en 1917, -su reglamento data de 1931-, y admiten mujeres hasta en la cocina. Esta peña  surgió de una cuadrilla de amigos que  se reunía en el bar Antonio, en la calle San Lorenzo, y antes, como dije al hablar de las sociedades, en la calle San Antón. Junto al párrafo anterior vemos una simpática salida festiva de este alegre grupo con el barril a cuestas y todo.  Poco a poco se les fue uniendo más gente y llegaron a ser 300 socios a finales de los 70. En Descalzos, 63 podemos encontrar la sociedad Biltoki, nacida en agosto de 1979, en lo que fue un redil de ovejas. En su origen primaba la afición por el fútbol, especialmente el seguimiento de los encuentros del Club Deportivo Pamplona.  Otras sociedades que tenemos en lo viejo son El pocico de San Cernin en la calle Nueva, fundada en 1987, todos viejos socios del Club Natación con una planta baja y una bóveda de piedra y ladrillo, donde está el comedor, siete metros bajo el nivel de la calle que vemos junto a este párrafo, en la de la izquierda a Ricardo Aicoa, comerciante de la plaza, Aranai cocinando y con el detalle de la bóveda en la foto de la derecha; El Troncho en la calle Campana; el Txoko Pelotazale fundada en 1978 por un grupo de amigos de la peña el Javi, casi todos pelotaris, de todas las modalidades, en la calle Merced, entre el frontón Labrit y el entonces Euskal Jai, que vemos en el siguiente párrafo; Sutondoa fundada en 2003 por un grupo de amigos que compró el restaurante Orio, en la esquina de Bajada de Javier y Dormitalería que vemos  junto al último párrafo de la entrada, Iruñarri fundada en 1996 en el nº 37 de la calle Tejería, en lo que fue anteriormente una tienda de comestibles.
En el Ensanche tenemos la sociedad Don Saturnino, elegante, muy elegante y acogedora, fundada en 1982, con el impulso de los hermanos Andia en el nº 15 de la calle Navarro Villoslada, muy cerca de la plaza de la Cruz. Destaca su fachada de mármol y su llamador dorado en la puerta. Disponen de barra con camarero y cocinero propio, con menú a elegir pero cualquier socio puede cocinar sus platos. Cuenta con un comedor como el de cualquier restaurante de lujo, que vemos en la fotografía de la izquierda, salón de billar en la planta sótano y mesas para jugar a cartas y saloncito cultural. Parte de la decoración es obra del ex-socio Faustino Aizkorbe. En esta zona, el Ensanche también está la sociedad Aralar Berri, fundada en junio de 1985. Al principio se reunían en el bar Aralar para luego alquilar su propio local en el nº 47 de la calle Aralar, en el local de una antigua pescadería. Llegaron a tener un equipo de fútbol. El Angel de Aralar visita una vez al año la Sociedad.
Otros barrios también tenían sus sociedades gastronómicas: la sociedad Erletoki en Iturrama (1995), en la calle Padre Barace, cuyo  primer presidente fue el joyero Javier Pelegrin; El Mojón en Azpilagaña (2001) en la calle Luis Morondo formado por una quincena de matrimonios; Gau Txori en San Juan (1977) en Mº de Irache; en la Chantrea  tenemos la sociedad Sarasate (1977), en la avenida de Villava en lo que fue sede de la peña Armonía Chantreana y luego el bar La Góndola, llegaron  a tener un equipo de futbito; la Sarteneko (1979) en la calle Santesteban,   y Kaskallueta  (1997), esta última de neto carácter euskaltzale. En Orvina estaba  Mendik Aldean (1983)   una sociedad muy familiar, en Mendillorri, la Sociedad Palacio de Mendillorri (2001) y en La Rochapea Lagun Onak (1978). La Milagrosa es uno de los barrios que junto al Casco Antiguo más sociedades gastronómicas  tiene. Así hace unos años podíamos encontrar, y por orden de aparición, en este barrio las sociedades Larregla (1976) Lagun Zaharrak (1977) impulsada por Pedro Arizaleta, Zabaldi (2001)  Reserva 1940 (1992), La Cabra (1994) y el Txoko del Carnicero (2000)  (en las calles Joaquín Larregla, Rio Urrobi, Manuel de Falla,  Rio Salado, Guelbenzu y Julián Gayarre respectivamente). Del Txoko del Carnicero vemos una instantánea junto  a este párrafo. Zabaldi ofrecía un montón de actividades y contaba con unas instalaciones deportivas muy completas; los de Reserva 1940 eran quintos del 40 y tenían su origen en una cuadrilla de Escolapios; En La cabra impulsada por José Zubillaga pasaron antes por dos bajeras de Berriozar antes de hacerse con el antiguo restaurante Merindad de Sanguesa.   El Txoko del carnicero está amparado por el gremio de carniceros.

Fotos: Archivos de las Peñas Bullicio, Muthiko Alaiak, La Jarana, Ingeth Morah, Oberena,  Anaitasuna, Los de Bronce, Armonia Chantreana, Rochapea, El Charco, Sociedad Gastronómica Napardi, Gazteluleku, Chanclazo, Irunshemes, El pocico de San Cernin, Txoko Pelotazale, Don Saturnino, Sutondoa y El Txoko del carnicero. Las fechas están referenciadas en el texto de la entrada.

Los pubs del Viejo Pamplona (1970-1990)

Aparecieron a finales de los sesenta, junto a las llamadas boites y discotheques, como un establecimiento hostelero,  en los que se servían bebidas ( locales de copas), y se escuchaba música, música que ponía el camarero-pinchadiscos. A medio camino entre el bar con su sinfonola y la discoteca, el pub, al igual que los bares tenía tantos estilos como sus diferentes tipos de público. Había pubs tranquilos para parejas, disco-pubs para bailar y ligotear, pubs para charlar tranquilamente, para escuchar música en vivo, pubs para diferentes colectivos y con diferentes músicas. Todo un mundo. Comencé a visitar alguno de ellos alla por 1982. La mayoría de ellos estaban en San Juan. Creo que muchos  de ellos han desaparecido. Una de las zonas de moda en aquel entonces (años 80), especialmente entre el público universitario, entre el que me contaba,  era la zona conocida por la Trave (por la Travesía de Bayona). Allí estaban en aquel entonces el Papi, (Papillón), el Locos o el Glorys (este último todavía abierto), los dos primeros para bailar de madrugada, el Papi fue uno de los primeros en poner una pantalla gigante de video y en Monasterio de Cilveti, el Lio, el Wally y sobre todo  el Negro Zumbón, pequeño local pero que se llenaba hasta la bandera a última hora. 

En San Juan estaban clásicos como el Charlot regentado por Toñi (en pleno funcionamiento), tranquilos para la charleta sin estridencias, en el comienzo  de  la avenida Sancho el Fuerte o el Luces de la Ciudad, en la calle Monasterio de Urdax. Por ahí cerca andaban el elegante Golden en la Travesía Monasterio de la Oliva, con sus enormes butacones negros, el Katiuska, también en Monasterio de la Oliva, el Tio Enrique y el Valentinos en Monasterio de Velate y el Cole en la Avenida de Bayona. El Melibean en Virgen del Puy, era ideal, por su tranquilidad, público y ambientación  para parejas, como lo era también el Duques de Wellington, actual Welling, cerca de la Avenida de Barañain. Me acuerdo también del Aguacate en Obispo Irurita, especializado en zumos. También recuerdo el Rey Sancho en Sancho El Fuerte. En Monasterio de Aberín estaba el Villaconcepción, selecto local con decoración colonial que tenía fama de acoger lo más vip y “pijo” de la ciudad. Y para  públicos gays  estaban, en aquel entonces, el Conocerte es amarte o Lo que el viento…

En Iturrama estaban y están el Ensayo (en la calle Iñigo Arista) y el Boulevard Jazz (en la plaza Felix Huarte) donde se podía escuchar música en vivo, por cortesía  de su dueño, el músico Jokin Idoate y por aquella zona estaban también  el Sammy, la Champañería, el Claqué y tantos otros. También se podía escuchar música en vivo en aquellos años en el Cotton Club (en Monasterio de Cilveti) (luego Woodstock) con conciertos de jazz a cargo de Javier Garayalde, en el Carpanta de Barañain (luego Passos) y en  el Gardens,  cerca de la Medialuna, que contaba con un pianista y que le daba un toque muy selecto  al local, ya de por si muy elegante y que era uno de mis preferidos. En los primeros 80 recuerdo que había también una especie de pequeña discoteca o disco-pub, en los bajos de una de las tres torres existentes situadas entre la avenida Pio XII, la Avenida  Barañain y las Torres de Urbasa, aunque creo que tuvo una corta existencia, asi como creo que hubo algún otro disco-pub,  en las inmediaciones de las traseras de San Alberto Magno.

En el Casco, aparte de los bares señalados en una entrada reciente, de pubs, propiamente dichos, en los primeros años 80 tan solo me acuerdo del Pompelo, en la calle San Francisco, antes de que se convirtiera en una barra americana. Era un lugar amplio, espacioso,  decorado con un toque historicista, la piedra al descubierto en las paredes, algunas armaduras medievales, y una luz ambiental tenue. Por cierto en los finales de los 60 y primeros setenta, en las postrimerías del franquismo, en los barrios del cinturón industrial de Pamplona, comenzaron a proliferar  las llamadas barras americanas  con nombres tan exóticos como El Dragón Rojo, La Laguna Negra, Suzi Wong, Todosí, etc. En el Casco había también en aquellos años  algunos establecimientos que  fueron también pubs o al menos que funcionaban como tales, alejados de la tipica tasca o bar de lo Viejo: fueron el Corners en la calle del Carmen, el Disco Club 29 en la Curia, el Bearin en la plaza del Castillo, o el Viana de la calle Jarauta, etc. Algunos establecimientos de la Bajada de Labrit como el Cavash, Kabiya o el Katos tenían, además,  desde finales de los 70 la calificación de disco-pubs, con un espacio de baile y un horario equiparable al de las discotecas, alguno de ellos, como el Cavash,  incluso tuvo, en los finales de los años 60,  actuaciones en vivo de forma periódica.

El Tercer Ensanche de Pamplona (1960-2000)

Tras el derribo de las murallas del flanco sur que constreñían a la ciudad en su Casco Histórico (1915) vendría la construcción del Segundo Ensanche de Pamplona. El Primer Ensanche, lindante con el Casco se había construido a finales del XIX. El Segundo Ensanche se construiría en dos fases, la segunda de las cuales se terminaría en los últimos años de la década de los 50. En esa época y terminada la expansión de la ciudad hacia el sur, se planteó el desarrollo urbano hacia el Oeste en toda su amplitud. El instrumento urbanístico fue el Plan General de 1957 que planificaría la expansión urbana de Pamplona en los siguientes 15 años (1960-1975). Es lo que se dio en llamar entonces el Tercer Ensanche de Pamplona. Así nacerían los barrios de San Juan e Iturrama. También en esta época se comenzarían a construir los barrios de San Jorge y un poco más adelante, Ermitagaña, para proseguir bien avanzados los 80 y primeros 90 con la creación de nuevos barrios como Mendebaldea, Arrosadia y Azpilagaña. Me centraré en esta entrada en el Tercer Ensanche de Pamplona. Aunque el mayor número de vivencias y recuerdos los tengo asociados lógicamente a mi barrio, la Rochapea, como queda patente en este blog, y en segundo lugar a ese barrio que es de todos los pamploneses: el Casco Viejo, también tengo lejanos recuerdos de la construcción de estos dos grandes barrios de la ciudad: San Juan e Iturrama, asociados a mi niñez y adolescencia. Con ellos, la ciudad conoció su mayor periodo de expansión hasta entonces conocido.

En alguna otra entrada he comentado como la vía del Plazaola, que atravesaba la Rocha, seguía el camino de la Biurdana y llegando hasta lo que es hoy el puente sobre la avenida de Navarra, cerca de la Agrupación Deportiva San Juan, bajo el antiguo Puente de los Suicidas, giraba hacia el Sur y enfilaba por lo que popularmente  llamaban la Vaguada, una enorme hondonada que separaba San Juan de Ermitagaña, tal y  como vemos en la fotografía de 1965, de Zubieta y Retegui y que después se nivelaría cubriéndose de tierra frente al Instituto Navarro Villoslada y el colegio Jose María Huarte,  para proseguir por lo que es hoy la Avenida Sancho El Fuerte hasta la Avenida de Zaragoza. Hasta octubre de 1981 hubo algún hortelano, con sus huertas y casetas en la citada Vaguada. 

En 1972 se empezó a construir el llamado Puente de San Jorge que comunica hoy los barrios de San Juan y San Jorge. Las obras finalizaron en mayo de 1973 y tuvieron un presupuesto de 40 millones de las antiguas pesetas. Hasta entonces no había otro paso para cruzar el Arga desde Cuatro Vientos al Puente de Miluce, osea en un tramo de más de dos kilómetros. La Avenida de Navarra era conocida entonces como Variante Oeste, hoy una vía plenamente urbana pero entonces muy periférica. Las obras de la Variante comenzaron en 1974 y acabaron en su integridad en septiembre de 1978. Por su parte el viejo puente de los Suicidas que vemos en la fotografía, se derribó en 1975, siendo sustituido por otro que comunicaría la Agrupación Deportiva y el barrio de San Juan.

En aquellos años 60 en que se comenzó a construir el barrio de San Juan recuerdo haber oído hablar de las Casas de Eguaras o  las casas de San Alberto (por la cooperativa San Alberto Magno) en Martín Azpilicueta. Probablemente estas fuesen, junto a las primeras casas de Larraina algunas de las más antiguas del barrio, concretamente las de Larraina creo que son de 1958, y las de Eguaras y San Alberto de 1960  y 1961, respectivamente. En las fotografías adjuntas vemos alguna de esas primeras casas, a la derecha las de Larraina en 1963, y a la derecha las de Eguaras en el año 1972, diez años después de su construcción. El resto, tanto de San Juan como de Iturrama, tanto la zona de Iturrama Nuevo  como la de Iturrama Viejo estaba salpicado de decenas de chalets y pequeñas construcciones, nada que ver con el paisaje urbano que iríamos viendo  los años siguientes: a finales de los años 60 y de la  década de los 70, con el desarrollo de los nuevos San Juan e Iturrama. 

Al margen de esas viviendas unifamiliares en San Juan había dos grandes industrias en la zona: la de Imenasa, en la zona situada entre Pio XII, Sancho El Fuerte y la Avenida de Barañain, donde esta ahora la plaza y el parque de Yamaguchi y la fabrica  de hilados Goñi y Mayo, que contaba, creo recordar que con dos instalaciones, la fabrica principal,  entre la carretera de Barañain y la de la Longaniza y otras instalaciones en la parte trasera de la Residencia Virgen del Camino que recuerdo haber visto hasta su demolición a finales de los 80. La fábrica, de origen y trayectoria familiar fue dirigida   hasta su cierre en 1984 por el que fuera secretario general de la Confederación de Empresarios, José Luis Goñi. En las fotografías  adjuntas vemos, dos tomas  de junio de 1975, de la misma zona   aunque captadas desde diferentes ángulos, a la derecha,  las naves de Goñi y Mayo, y sobre ella la calle Monasterio de Urdax y en la foto de la izquierda la fábrica de Goñi y al fondo se divisa la fábrica de Imenasa.

Imenasa que vemos en la fotografía adjunta, antes de su derribo en marzo de 1989, pertenecía al Grupo Huarte, fundado por el que fuera conocido constructor y expresidente de la Diputación Foral, D. Felix Huarte y que luego dirigiría su hijo  Felipe Huarte. La fabrica, inicialmente un taller que hacia maquinaria para construcción (hormigoneras, tornos, etc)  se abrió en 1944 y contaba con poco más de un centenar de trabajadores. En 1953 Huarte la transformó en una sociedad anónima: Imenasa  (Industrias Metálicas de Navarra S.A), y empezaron a fabricar de todo: motos, metralletas, etc. Para la fabricación de motos se asoció con Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey. Así se fabricaron las motos Husor (por Huarte-Soriano) y luego las motos Iruña, motos potentes,  también se produjo un scooter y algún otro modelo  que serían con el tiempo desplazadas por la italiana Vespa.  

Imenasa  llegó a contar, en sus años de esplendor, con 1.500 trabajadores y protagonizo el desarrollo industrial más importante de la Cuenca de Pamplona. De Imenasa surgieron luego otras empresas pues fueron transplantado cada línea de producción a una nueva fábrica que al final acabarían compradas, todas salvo una (Miasa), por multinacionales: la de direcciones daría lugar a Torfinasa que luego compraría  la multinacional americana TRW, la de horquillas para cajas de cambio a Miasa, la de llantas a Mapsa, la de grúas, Imenasa Grúas,  sería comprada luego por los alemanes de  Liebherr y la de frenos por la multinacional británica  Lucas Girling. Huarte además participó en la creación de la Papelera de Sanguesa, Perfil en Frio, en la Rochapea o Inasa de Irurzun. La fábrica tenía su escuela de aprendices en las dependencias de la fábrica así como otras dotaciones para los empleados: campo de deportes, piscina, frontón, bar-comedor, etc. Tras el derribo de las naves de Imenasa, en su lugar se erigiría un bloque de viviendas en forma de U, diseñado por el arquitecto catalán Oriol Bohigas y junto a él, en 1997 el parque de inspiración japonesa de Yamaguchi.  Unos años antes, en junio de 1993, se había inaugurado en esta misma zona el Planetario y cerca del bloque U, en la campa anexa a los Golem, uno de los hoteles más importantes de la ciudad: el Iruña Park (1990).

En San Juan estuvo desde el año 1922 (dos años después de  la fundación del Club)   y hasta el final de la temporada 1966-1967 el viejo campo de Osasuna que como en los tiempos actuales tantas alegrías como sobre todo tristezas, por los resultados, dio a varias generaciones de pamploneses. El estadio que conoció una importante obra de ampliación allá por el año 1956, se encontraba entre la actual avenida de Barañain, hasta 1976, conocido como camino o carretera de Barañain y la avenida de Bayona o antiguo camino del cementerio.  El campo se comenzó a derribar a finales de 1968 tal y como atestigua la fotografía adjunta de 1969 para dejar paso a la construcción de la calle Monasterio de Urdax, y estaba situado unos metros más atrás de la parroquia de Nuestra Señora del Huerto en la citada avenida.

Partiendo del primer Ensanche y de la vuelta del Castillo y enfilando hacia los barrios de San Juan e Iturrama nos encontrábamos a finales de los años 60 de Noroeste a Suroeste con los siguientes caminos: la antigua carretera del Cementerio que sería luego la Avenida de Bayona y que giraría luego hacia la izquierda dejando la vía de la derecha como Calle Monasterio de la Oliva, la carretera o camino  de Barañain, la carretera a Estella que daría luego paso a la Avenida de Pio XII, la calle Fuente del Hierro, la carretera a Esquiroz y la avenida de Zaragoza. La Carretera de Circunvalación comenzaba en la Cuesta de la Reina y bordeando el lado derecho de la Prisión Provincial, atravesaba la carretera a Estella  y la vuelta del Castillo hasta la Avenida de Zaragoza. 
También y desde finales del XIX era popular la llamada carretera o vuelta de la Longaniza. Debía su nombre a la forma del camino o itinerario. Comenzaba en el cruce cercano al viejo campo de San Juan y de ahí iba por el antiguo Camino de Acella hasta la llamada Casa de los Pastores (hoy cruce de la Avenida Pio XII frente a la Clínica Universitaria), de ahí giraba a la derecha por Irunlarrea, pasando por delante de la casa del Conde  hasta el cruce del Camino de Barañain, en la trasera de la Residencia Virgen del Camino y por el camino de Barañain volvía al punto de partida. (La cuerda de la longaniza se iniciaba en la carretera de circunvalación y primer tramo del camino de Barañain). En la foto vemos el inicio de la carretera cerca del campo de fútbol de San Juan en el año 1967. Por cierto la residencia Virgen del Camino se construyó en 1963 y la citada casa del Conde se demolería en el año 1964.
En 1966 ya podía verse el alto edificio de viviendas coronado por el rotulo de la Caja Municipal, franqueando la segunda mitad de la que sería luego Avenida de Bayona. En 1972 aun existían unas construcciones cerrando la avenida, a la altura de la plaza Obispo Irurita e inmediaciones de la plaza monasterio de Azuelo, tal y como atestigua la fotografía de Zubieta y Retegui. La avenida se inauguraría oficialmente, un año más tarde, en julio de 1973 con la presencia del alcalde de  nuestra ciudad hermana, Jean Genet. Sirva como referencia visual a la izquierda de la foto el edificio de la Telefónica de San Juan. También en 1966 se avanzaba en la construcción de los bloques de viviendas del Monasterio de Velate y de la Oliva. En aquellos primeros años sesenta (1965-66) eran muy pocas las viviendas construidas en la cercana calle del Monasterio de Irache, tal y como lo certifican las fotografías adjuntas de la derecha (la superior derecha es de Eusebio Mina). Esta calle además aparecía cortada, como se ve en la foto inferior derecha de Prince, por la antigua carretera a la Granja Provincial en la Biurdana. Todavía no se había construido la parroquia de la Asunción. La mayoría de las calles y nuevas viviendas de San Juan, de los Monasterios, se irían construyendo entre finales de los 60 y la primera mitad de los 70 y las de Iturrama, donde abundan los pintores, sobre todo a lo largo de la década de los 70. 

En la primera mitad de los años 70 aun podían verse entre grandes bloques de viviendas las casas de dos plantas y unifamiliares con huertas de Iturrama Nuevo, situadas entre Pio XII, Circunvalación y Fuente del Hierro. Hasta no hace demasiado tiempo se mantenían en pie algunas de aquellas construcciones en lo que es ya hoy un aparcamiento de vehículos, en superficie, tal y como vemos en la fotografía de la derecha de 1974. Hasta los años 90 en Iturrama también recuerdo que sobrevivía rodeado de grandes edificios de viviendas, un rincón singular, Casa Emeterio. Aun recuerdo, a mediados de los años 80, como volviendo de la Universidad algún compañero jugaba a la rana mientras echaba un “vinillo” con los dueños del local. En aquellos años, primera mitad de los 80, la bajada  a la Universidad, la calle de la Fuente del Hierro no estaba urbanizada, tal y como muestra la fotografía de la izquierda. Tampoco lo estaba en la primera mitad de los años 70 la carretera a Esquiroz que conocería su urbanización y desarrollo algunos años más tarde, al igual que buena parte de Iturrama. 

En 1967 era patente el origen ferroviario de la hoy importante avenida de Sancho El Fuerte; en la foto de la derecha   se puede observar la caja de la antigua vía del Plazaola, que había pasado por el lugar tan solo 13 años antes y cuyos restos se dejan ver también  en la  foto de la izquierda,  de 1975, de Eusebio Mina,  que corresponde al cruce de Sancho El Fuerte y Pio XII con la casa del guardabarrera en primer término y al fondo el convento de las Carmelitas Misioneras. El convento se derribó en el año 1977, apenas 21 años después de su construcción en el año 1956. Aun en 1984, la zona inicial de Pio XII, entre esta vía y la avenida de Barañain  estaba sin urbanizar. Posteriormente y tras algunos litigios se construyeron grandes bloques de viviendas y un hogar para el jubilado en 1989 que nunca se inauguraría. En el 2001 se demolería y dos años más tarde se erigiría en esa zona el Civican.


Fotos: Fotos de Jose Joaquin Arazuri, Zubieta y Retegui, Prince y Eusebio Mina, datadas en el texto de la entrada y publicadas en el libro de Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”.

Los Sanfermines del viejo Pamplona: las barracas (1965-1985)

Buceo en mis recuerdos más tempranos para intentar recuperar algunas imagenes de mi ciudad y de sus fiestas a través de los ojos asombrados de un niño. Un niño que iba con sus padres a las barracas, a los fuegos artificiales, a la comparsa, a las peñas, al toro de fuego. En diferentes entradas iré rememorando diversos ambientes o escenarios de la fiesta vistos desde diferentes edades de nuestras vidas. Comenzaré por uno de los escenarios preferidos de nuestros años infantiles, que sería también visitado con frecuencia en edades más tardías: el ferial de atracciones o como popularmente conocíamos ese recinto, las barracas. 

Las barracas eran el lugar privilegiado de las fantasías y lo deseos de un niño en las fiestas. Un pequeño mundo lleno de color, olor, sabor y algarabía. Toda una sinfonía de sensaciones y experiencias. Ese microcosmos festivo ha conocido diferentes ubicaciones a lo largo de la reciente historia de nuestra ciudad. No hablaré de las más antiguas pues no las conocí, pero antes de su larga ubicación en Yanguas y Miranda hubo otras ubicaciones más recientes, alguna de las cuales si conocí. Así entre 1951 y 1964 las barracas se instalaron en la zona de la actual Cuesta La Reina y Antoniutti, de 1965 a 1971 se instalaron en la vuelta del Castillo, junto al inicio de la avenida de Pio XII, de 1972 a 1976 al final de la Calle Yanguas y Miranda y junto a la Casa de Misericordia y entre 1977 y el año 2005, el período más largo,  en la explanada situada entre la calle Yanguas y Miranda y la Ciudadela. Luego estuvo un par de años en terrenos anexos a la Casa de Misericordia y desde 2008 hasta el momento actual en el parque de la Runa, junto al rio, en el barrio de la Rochapea. Recuerdo la ubicación de las barracas en la vuelta del Castillo, sobre la tierra,  aun estaba lejos aquella zona de ser el gran parque urbano que sería muchos años después, y sobre todo recuerdo, pues ha sido la más longeva, asocio las barracas a su ubicación tradicional en Yanguas y Miranda, instaladas primero sobre un terreno de gravilla y más tarde sobre un terreno totalmente urbanizado en cemento y con todos los accesos y suministros de agua y luz preparados para la feria. El resto del año albergaban algunas pistas deportivas al aire libre.
De niños, a finales de los 60 y primeros años 70, disfrutábamos  las  barracas por la tarde. En aquel tiempo de nuestras vidas era imposible sustraerse a la vigilancia paterna: te dejaban subir a los caballitos, pasear, muchos paseos por el recinto festivo (el presupuesto era muy limitado), algún dulce (el típico algodón, las manzanas de caramelo…unos churritos, que pequeños que eran, nada que ver con los de la Mañueta o los de la Rocha), alguna trompetilla festiva (que matraca que dabamos con aquellas trompetas) y la esporádica tentativa a la suerte en la tombola de las barracas, aun resuena en mis oídos la voz grave y profunda del locutor de la tombola, con su micrófono en ristre y su referencia a la muñeca chochona. También nos acercábamos a ver las vueltas y los escobazos de la bruja en el tren chu-chu. 

Algunos años después, creo  recordar allá por el año 1976 la continua llamada a una de las atracciones de la feria resonando por todo el recinto, “el monstruooo de guatemaaala”, no llegué a verla pero por lo que me dijeron debía dar bastante grima,  por lo rudimentario del truco. No obstante aquella llamada por la megafonía se me ha quedado grabada de forma indeleble en mi memoria hasta nuestros días. En aquellos años hubo muchas atracciones parecidas, que si el hombre araña o  la mujer serpiente, etc. Si aquella megafonía del “monstruo de guatemala” machacó mis oídos en aquellos sanfermines del 76, recuerdo también en aquellos, ¿sería 1977? la fachada de una de aquellas casas del terror en la que un monstruo babeante de película de serie B, como el de la fotografía, sostenía entre sus garras, bamboleándose, el cuerpo inerte de una  chica. Esas casas del terror eran variantes para personas más adultas del tren de la bruja, con espectaculares sustos, juego de espejos, telarañas, y a medida que pasaron los años efectos cada vez más gores o truculentos. Sin ese toque terrorífico había otras atracciones destacables como las del laberinto de los espejos.

A medida que crecíamos íbamos liberándonos de los padres y probando libremente otras atracciones, especialmente los autos de choque, embistiendo en aquellos primeros años de adolescentes  los coches de las chicas, ¿cuantas fichas y duros habremos dejado en los autos?, todo un clásico de la feria, con sus grandes pistas y su multitud de coches chocando unos contra otros. Una peculiar sirena avisaba que había finalizado nuestro turno. Con los años nos atrevíamos a subirnos en las cada vez más sofisticadas atracciones articuladas o de movimiento, que desafiaban cada año un poco más la gravedad y  altura, como el Siroco, el Pulpo, la barca Vikinga y tantos y tantos  nombres y variantes de atracciones que había en aquellos años en la Feria.  La noria gigante se quedaría para tiempos más tranquilos y en compañía femenina. En 1983, el precio medio de las atracciones era de unas 50 pesetas. Las barracas tenían  otro color y sabor y se disfrutaban en aquellas edades de adolescencia tardía y primera juventud, sobre todo, por la noche. La noche se llenaba de luces multicolores, sirenas y mensajes entrecruzados de las diferentes atracciones, en un abigarrado espectáculo, siendo uno de los escenarios de obligada visita durante las fiestas.

Recuerdo otras atracciones (de tiro al pichón) en las que probábamos nuestra puntería con unas carabinas de perdigones con las que teníamos que acertar a unos palillos: un paquete de galletas o alguna botellita de vino moscatel eran algunos de los magros premios que te tocaban en suerte, tras muchos intentos fallidos. En otra caseta tenías que tirar con fuerza  unas bolas como de trapo contra  unos muñecos para llevarte el premio de rigor. En otras, como en la de la foto, tenías que acertar a unos globos con unos dardos. En la famosa caseta de Foto Retamosa tu puntería con la carabina se veía recompensada por una foto. En otra atracción había unas maquinas, las grúas creo que las llamábamos en las que teníamos que dirigir la grúa hacia uno de los muchos y atractivos premios que había en el fondo  de unas urnas de cristal. No recuerdo haberme llevado nunca ni uno de aquellos premios y ya lo creo que lo intentamos. 

Otras atracciones permitían probar la fuerza física: había una especie de “puching ball” en la que los más “macarrillas” solían probar su  testosterona o fuerza bruta. Estaban también  las casetas y/o mesones de comida, de salchichas frankfurt, de pollos asados (uno costaba allí en 1983, 600 pesetas), el olor y humo de las churrerías (la docena costaba entonces unas 75 pesetas), las maquinas de algodón, la tradicional barraca en la que aparecían dos baturros pisando uvas, menudo vino más fuerte aquel, y había otros espectáculos que se situaban en el recinto ferial pero algo más apartados del resto como los circos y los teatros de varietés. Entre los primeros recuerdo el Price, el de los Hermanos Tonetti, el circo Atlas, el circo Mundial, entre los teatros de feria de varietes  estaban el  Lido o  el teatro de Manolita Cheng con espectáculos picantes de varietés.

Los cines del viejo Pamplona (1912-2005)

Los cines de nuestra ciudad, muchos de ellos desaparecidos, constituyen una parte de nuestros recuerdos y nuestras vidas. Allá por los años 70 y 80, constituía una de nuestras principales ocupaciones el fin de semana, la única junto a las salas de juego hasta los 14 o 15 años y compartida con las salas de fiesta y discotecas, a partir de los 16. De aquellos años en los que íbamos al cine vimos desaparecer a lo largo de los años 80 y 90 uno a uno el Arrieta, el Avenida, el Guelbenzu, Chantrea, Rex, Aitor, e Iturrama hasta llegar al último cierre, el de los Príncipe de Viana en el año 2005.

 

El inicio del cine fue más bien un espectáculo de feria que otra cosa. Será a partir de 1912 cuando se empiecen a exhibir de forma regular películas en el Teatro Gayarre. Aun tendrán que pasar unos cuantos años hasta que en 1930, un año antes de la promulgación de la 2ª República, se emita la primera pelicula sonora en el Gayarre, “Escandalos de Broadway”. ¡Cuanto ha llovido desde entonces!: del cine mudo al sonoro, del blanco y negro al color, la aparición del cinemascope que obligó a ampliar las dimensiones de las pantalla de los cines, las pruebas de otros formatos panorámicos, la mayoría con escaso éxito,  el cine en 3D y otros experimentos como aquellas peliculas con efecto “sensorround”, el cinerama, etc.

 

Hablar de cine en Pamplona es hasta 1982 hablar de la SAIDE (Sociedad Anónima Inmobiliaria de Espectáculos). La Sociedad, como tal se constituye en 1942 pero sus orígenes se remontan a través de las personas que la hicieron posible a algunas décadas antes. En 1922 se crea la empresa Euskalduna que inaugura al año siguiente y en la avenida de San Ignacio el Coliseo Olimpia (en la foto adjunta), un local emblemático que además de ofrecer cine, tenía una amplia sala (con gallinero) donde ofrecería otro tipo de espectáculos: teatro, espectáculos musicales, etc. El principal impulsor de esta sociedad fue el empresario textil Alvaro Galbete que tenía un telar en la calle San Agustín. En ese local de su propiedad se inauguraría en 1931 el primer cine construido específicamente para tal fin: el Proyecciones, de corta vida, pues se cerró en 1933.

Eran socios de la sociedad Euskalduna otros prohombres de la sociedad pamplonesa de aquella época como Ramón Bajo Ulibarri, Bonifacio Gurpegui, Eugenio Jimeno, Sagaseta de Ilurnoz, Pedro María Galbete y Serapio Zozaya que sería cofundador de la SAIDE. Por cierto esta sociedad también explotaba otros espectáculos como el frontón Euskal Jai de la calle San Agustín. En 1928, la sociedad Euskalduna vendió el Coliseo Olimpia a la Sociedad Anónima General de Espectáculos (SAGE) que contaba con salas por todo el estado. La SAGE explotó el Olimpia hasta 1936 en que lo subarrienda primero y lo vende luego, en 1940, a la empresa Erroz y San Martín empresa que tenía la concesión del Teatro Gayarre desde 1932, con derecho a explotar el Teatro, como cine, al menos durante los siguientes 50 años. El Gerente de Erroz y San Martín era, a la sazón, Serapio Zozaya que fundaría la SAIDE en 1942.

 

En 1935 Erroz y San Martin había comprado el Proyecciones, después de dos años de permanecer cerrado y lo había reabierto con el nombre de Novedades. En 1938 la empresa compraba un solar en la calle García Castañón y construía un nuevo cine que inauguraría en junio de 1940: el Cinema Príncipe de Viana, obra del arquitecto José Yarnoz. Así pues la SAIDE nacía en 1942 con dos cines propiamente dichos: el Novedades y el Príncipe, además del Gayarre y el Olimpia. El Príncipe de Viana era un cine elegante, la pantalla más grande de todas las existentes hasta entonces, un aforo amplio, de unas 700 personas en butaca de sala, 1.200 en total, contando las butacas de palco y el gallinero o anfiteatro que vemos en la fotografía. En las paredes junto a la pantalla, había dos pinturas murales, obra del pintor Eduardo Santonja Rosales, una de las cuales representa al Príncipe de Viana de cacería y otra un palacio con músicos y sus instrumentos, tal y como vemos en la siguiente foto.

 

 

En la década de los 40 se inaugurarían el Cine Alcazar (1942) en la plaza de la Argentina que lo explotaría la SAIDE desde 1950 y el Cine Avenida (1943), en la calle Estella, este último un cine pequeño, con poco más de 200 butacas pero muy bonito, diseñado, al parecer por Victor Eusa. En los años 50 la SAIDE comenzaría a abrir salas de cine en los barrios, el Amaya, en Marcelo Celayeta, en la Rochapea en 1951, el Chantrea, en la calle San Cristobal, en la Chantrea, en 1957 y en el comienzo de los 60, concretamente en 1963 el Guelbenzu, en la calle del mismo nombre, en la Milagrosa. Paralelamente no descuidaría el centro de la ciudad abriendo el Rex en 1957, en la calle Paulino Caballero, el Olite en 1961 y derribando el Olimpia a mediados de 1963 para abrir al año siguiente en su lugar el Cine Carlos III en un gran edificio de oficinas, donde tendría además su sede social la SAIDE. La SAIDE sería dirigida después de Serapio Zozaya por su hijo Félix y más tarde por su nieto Alberto. Este cine inaugurado a finales de 1964 sería a partir de este momento la joya de la corona, con la pantalla más grande, el mayor aforo, 1.500 butacas, y las mejores instalaciones de todos los cines de la ciudad. En la foto siguiente vemos la fachada del edificio tras su conversión en multicines y su nueva imagen corporativa.

 

 

A finales de los 60 comenzaría la primera gran crisis de los cines tras la aparición y extensión de la televisión y de otras formas de ocio. La SAIDE reformaría el Novedades mejorando su acústica y ampliando la pantalla, reabriendolo como Cine Arrieta en 1968, pero comenzaría a cerrar cines, el Amaya en 1970, del que ya he hablado en otra entrada del blog. Tal y como he comentado en la anterior entrada sobre los cines empecé a acudir al cine de manera regular allá por los años 74 o 75. Así algunas de mis primeras películas en la enorme pantalla de la Sala Carlos III fueron Karthum en 1975 y una entretenida versión de King Kong ( en 1976) con una jovencísima Jessica Lange, en los inicios de su carrera. También vi en esta enorme sala otras películas como “Suspiria”, “Abismo”, “Terremoto”, “El coloso en llamas”, “Tiburon”, “ET” o “Encuentros en la tercera fase”, entre otras.

 

En el Cine Avenida, situado frente al monumento de San Ignacio de Loyola, no ví demasiadas películas pero sí recuerdo alguna, como “La Tierra olvidada por el tiempo”, en abril de 1977, un serie B con sabor añejo, basada en las novelas del mundo prehistórico de Borroughs o la española “La guerra de papa”, un típico film de la transición que pretendía alejarnos de los oscuros fantasmas de nuestro pasado histórico. El cine se cerraría en mayo de 1985 para albergar un centro comercial, con formato de multicentro y forma hexagonal y que tendría una errática trayectoria, con espacio para unos 20 pequeños comercios y que ha tenido una gran rotación de aperturas y cierres a lo largo de los años.

 

En el Gayarre, tampoco vi muchas películas, recuerdo alguna como “El expreso de Chicago” o “Nueva York, año 2012”. A este espacio tengo también vinculadas otras imagenes como la ceremonia de entrega de juguetes en Reyes que organizaba la fabrica donde trabajaba mi padre para los hijos de sus empleados. Recuerdo que un año, creo que fue a finales de 1968, se quemó el Teatro Gayarre y  que los Reyes de 1969, tuvimos que celebrarlos en el Salón de los Jesuitas. A mediados de 1969 se reinauguraba, de nuevo y tras ese incendio el Teatro Gayarre.

 

 

En el Olite vi un buen número de películas, tanto cuando era una sola y espaciosa sala con unas butacas de color tostado, como cuando se convirtió en multicines: así ví en esta sala películas de terror como “Kung fu contra los siete vampiros de oro” de la fenecida Hammer, películas bélicas como “Alerta roja, neptuno hundido” o “Apocalipsis Now” o películas de ciencia ficción como “La guerra de las galaxias” o “Alien, el octavo pasajero.

 

En el Príncipe, todo un clásico, vi películas tanto cuando era una única sala como cuando se convirtió en multicines: allí ví “La piel dura” de Truffaut, “La naranja mecánica”, “Flash Gordon”, “El imperio contraataca”, “La mosca”, “El cartero siempre llama dos veces” o “En busca del fuego”, por citar algunas. Alguna vez acudíamos al gallinero o anfiteatro, algo más cómodo y de mejor vista que el del Gayarre. En el cine Arrieta de la calle San Agustín tan solo recuerdo haber visto en 1980 “El resplandor” de Stanley Kubrick. La sala se cerraría al año siguiente, en 1981. Hoy alberga la sede de la Escuela Navarra de Teatro. También en 1981 se cerraría el cine Guelbenzu, en la Milagrosa al que creo recordar haber acudido unas pocas veces, allá por los años 77 o 78, para ver alguna peli de Luis de Funes o algun serie B de aventuras.

 

 

De los cines que me quedan por comentar, al cine Rex, apenas acudí un par de veces. Se cerró en 1987. Era un cine amplio y me consta que en los años 60 y 70 se daban proyecciones matinales por parte del cine club universitario. Tras su cierre albergó las oficinas de una empresa inmobiliaria. Al Chantrea creo que acudí una sola vez. Era el típico cine de barrio, bastante austero en su decoración. Se cerró en 1988.

 

A pesar del cuasi monopolio en la distribución cinematográfica de la SAIDE hubo alguna otra iniciativa de menor éxito pero igualmente destacable que debo mencionar: Se trata de Carmelo Echavarren que gestionaría el cine parroquial de la iglesia de San Miguel, el Salón Mikael entre 1969 y 1986, en la calle Bergamín, a la altura de la plaza de la Cruz. De aquella sala tengo además de recuerdos vinculados al cine,  otro tipo de recuerdos muy antiguos, vinculados a las actividades extra-excolares de las escuelas del Ave María y de la Carbonilla. Recuerdo que en 1970 nos llevaron a ver un documental relacionado con las Olimpiadas Invernales de Sapporo, tras el cual sufrí un pequeño extravío al coger la villavesa en la plaza de la Argentina, -y es que tenía apenas 6 años y había subido muy pocas veces a Pamplona-,  y en 1973 o 74 nos llevaron a ver el documental de Caro Baroja, “Navarra, cuatro estaciones” que me causó una grata impresión.

 

 

En aquella sala, en el Salón Mikael recuerdo que vi, y las cito por orden cronológico, películas de aventuras como la versión de 1974 de “Los 3 mosqueteros”, clásicas como “¿Arde París?” o “Doce del patíbulo”, musicales como “Grease”, ciencia ficción como “Galáctica, estrella de combate”, polémicas películas, por la dureza de alguna de sus imagenes como “Soldado azul”, etc. Echavarren también impulsaría el cine Aitor en la calle Sangüesa, en la Milagrosa que se inauguró en mayo de 1964 y se cerraría en el año 1985. Echavarren también gestionaba en aquellos años el Juventud y el cine Eslava de Burlada. Resulta curioso, porque después no he encontrado más información al respecto, pero a mediados de 1975 apareció una noticia en la prensa: en 1976 se iba a construir un cine en una zona cercana a donde estaban las Madres Reparadoras, entre la Avenida del Ejercito-Hermanos Imaz y Sandoval, con unas 1.300 localidades de aforo. Lo promovía Carmelo Echavarren y su nombre iba a ser “Sandoval” o “Ciudadela”. De aquel proyecto nunca más se supo. Algunos años antes, en 1971, se instalaba durante algunas semanas un espectáculo cinematográfico, con el  espectacular sistema del “cinerama” en los terrenos anexos a los antiguos cuarteles que se derribarían por completo este mismo año. El cine volvía por unos días a su origen de atracción de barraca de feria. En 1972 triunfaba una película que se había convertida en aquel año en todo un fenómeno sociológico: “No desearas al vecino del 5º”, la película española más vista hasta entonces en las salas de cine y que no sería superada hasta 30 años más tarde con el estreno de “Torrente, Misión en Marbella”.

 

 

En 1974 todavía había una clasificación moral de las películas de cine que iba del 1 al 4 en el que el 1 significaba que la película era para todos los públicos, incluso niños hasta los 14 años, el 2, para jóvenes de 14 años cumplidos hasta los 21, el 3 para mayores de 21 años cumplidos en adelante, el 3-R: para mayores de 21 años aunque con reparos., pues se exigía una solida formación moral y la 4, por último,  estaba reservada para las películas que se consideraban gravemente peligrosas. Esta clasificación desaparecería en 1978. A partir de entonces aparecería aquello de “Mayores de 18 o menores acompañados”. Con la transición democrática llegaría un aluvión de cine erótico a las pantallas pamplonesas, al igual que sucedería en otras ciudades españolas. En 1978, de un total de 11 o 12 películas, más de una tercera parte eran, el fin de semana eróticas o incluso clasificadas S, concentradas en unas cuantas salas y en las que aparecía  aquella coletilla de “Se advierte al público que esta película puede herir la sensibilidad del espectador”, clasificación que también se aplicaba a aquellas películas de extrema violencia, como “Holocausto caníbal”.

 

Ir al cine tenía su ritual: comprabas la entrada en la taquilla, -había sesiones numeradas, generalmente cuando eran estrenos y sin numerar-, comprabas palomitas o chucherías, -en otros tiempos se estilaban las chufas,- en la tienda del cine, sonaban las llamadas para entrar, las luces se medio apagaban, soportabas el aburrido NODO en blanco y negro, que duraba unos 10 minutos, con su sintonía  tan reconocible que marco toda una época, -afortunadamente los de mi generación lo sufrimos durante pocos años-, y luego venían los comerciales, inconfundibles, realizados con un estilo especial y también los anuncios de Movierecord…hasta que se apagaban las luces por completo y comenzaba la película.

 

Por mucho que haya avanzado la tecnología del “home cinema”, ver algunas películas en pantalla grande sigue siendo una experiencia incomparable. La entrada al cine costaba en 1976 unas 24 pesetas, muy lejos de las 2 o 3 pesetas que costaba la entrada en el cine de mi barrio, el cine Amaya, en sus primeros años de existencia. Además de las taquilleras otro personal indispensable de las salas eran los acomodadores. Ellos te guiaban con su linterna hasta el sitio indicado cuando entrabas, apagadas las luces y empezada la película, o te llamaban la atención cuando metías demasiada bulla. Las sesiones de cine eran a las 17.00, 19.00 y 22.30. En tiempos pretéritos los cines de sesión continua, -como el Arrieta o el Alcazar, por poner tan solo dos casos,- contaban con otra sesión, las de las 15.30.

 

 

Tras la primera gran crisis de finales de los 60 y sobre todo de los 70 llegaría otro gran bajón en los años 80, con la aparición del vídeo doméstico. Las salas únicas dieron paso a los multicines. A finales de 1982, el histórico cine Príncipe de Viana daba paso a tres salas, una grande en el piso de arriba, de 500 butacas, que vemos en la foto adjunta,  y dos abajo, con casi 200, cada una. Con esta obra de reforma se suprimía el gallinero o anfiteatro, al que accedía, en otros tiempos, la gente con menos recursos. En tiempos contaban con gallinero casi todos los cines: el Gayarre, el Olimpia, el Príncipe, el Alcazar. ¡Que incómodos eran aquellos gallineros, sin apenas espacio para estirar las piernas y con aquellos ángulos de visión imposibles!. En aquellos dorados tiempos de la exhibición cinematográfica era también moneda común la entrega del llamado programa de mano, con información sobre la película, que yo, la verdad, no los conocí. En los años 40 y 50 había salas que estrenaban películas y otras que no, que se nutrían de reposiciones, entre las primeras se encontraban el Príncipe, el Gayarre, el Rex y el Olimpia que luego se convertiría en el Carlos III, entre las segundas el Avenida y el Alcazar, además de las de los barrios.

También en esos años 80, al que aludo en el anterior párrafo, se reconvertiría en multicines el cine Olite con la inauguración de 4 nuevas pantallas. Aparecía en el panorama de las salas rompiendo el cuasi monopolio de la SAIDE el complejo de cines Golem Baiona, con 5 nuevas pantallas en la ciudad. Años más tarde este mismo grupo abriría las salas Golem Yamaguchi orientadas a un cine más de autor, frente a las más comerciales del Baiona. Tuvieron, de inicio, un éxito arrollador. En aquel complejo de salas vi un montón de peliculas a lo largo de los 80, estrenos y reposiciones como  “Amarcord”, “Cuerno de cabra”, “El tambor de hojalata”, “Sacco y Vancetti”, “Perros de paja”, “El jovencito Frankenstein”, “La vida de Brian”, “Bajo el fuego”, “Las bicicletas son para el verano”, “Hellraiser”, “La selva esmeralda”, “Excalibur” o “Desafio total”. Y también en esos mismos años, 1981-82, y de la mano del empresario Cayo Escudero, se abrieron los cines Iturrama, situados en la calle Iñigo Arista, de corta existencia pues cerrarían en 1997. En estos cines recuerdo haber visto allá por el año 1987,  “Blade Runner”.

La tercera y más profunda crisis llegaría en los 90, con la aparición de las plataformas digitales de televisión que te llevaban directamente el cine a la pequeña pantalla de casa. Las salas pasaron de recibir más de 3 millones de visitantes al año en los 60 a 600.000 en los 90. En la primera década del nuevo siglo y a pesar de las mejoras introducidas, las reformas y modernizaciones (se volvió a reformar el Príncipe en el año 2000, abriendo una cuarta sala y renovando la decoración con un estilo de vanguardia (como si fuese una caja negra, tal y como vemos en la fotografía) y también se reformaron, de nuevo, los Olite, en 1999, así como el Carlos III que se convirtió en multicines, con cinco nuevas salas) y sobre todo y a pesar del notable incremento de pantallas disponibles, fundamentalmente por la implantación de centros comerciales, el nº de visitantes a las salas de cine no llegó a los 2 millones. En julio de 2005 llegaría uno de los cierres más sentidos, el del Príncipe de Viana que, cerrado en julio de 2005, daría lugar pocos meses después a un bloque de apartamentos.

Actualización 30-3-2014: Hace casi dos meses, en febrero de 2014 se cerraban silenciosamente, sin anuncio previo los multicines Olite. Asi acababa la trayectoria de un cine, reconvertido en multisalas, más de medio siglo después de su  apertura. Otra triste pérdida para el cine, los cinefilos y la ciudad.

Actualización 24-2-2016: Los cines Carlos III se cerrarán el próximo 3 de marzo, más de medio siglo después de su apertura. Con este cierre desaparece el último cine del centro de Pamplona y la SAIDE cesa como empresa exhibidora. Otra gran pérdida para el cine, los cinéfilos y la ciudad. Ahora, y dejando  a un lado a los cines Golem, quien desee ver cine en pantalla grande se tenga que trasladar a los centros comerciales. Qué pena.