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Maestros, escuelas, cantinas y colonias en el Viejo Pamplona (1904-1977)

Prosigo la radiografía de la ciudad de Pamplona del pasado siglo y en esta ocasión y aprovechando la reciente publicación de la biografía de María Ana Sanz me detengo en la enseñanza para dar unas pinceladas de aquellas escuelas del Viejo Pamplona.  Empezaré, partiendo, como hiciera con el capítulo de la sanidad, de mis recuerdos personales para posteriormente realizar un breve repaso histórico de algunas escuelas y otras instituciones asistenciales-educativas entre los años 1904 y 1977. Comencé a ir a  las escuelas del Ave María a los cuatro años,  en septiembre de 1968. Recuerdo que el primer día de colegio solía ser bastante traumático para muchos pequeños, pues era el primer día que se abandonaba el cálido y confortable refugio del hogar pero yo no tengo un recuerdo especialmente duro de aquel día, no recuerdo lloros, eso sí,  siempre me recordaron mis padres, a lo largo de los años, mientras vivieron, una graciosa anécdota: en la primera hora de aquel primer día y en un descuido de la señorita, así las llamábamos entonces a las maestras, aprovechando una inesperada visita en el aula, me levanté del pupitre y me escapé de clase sin que nadie se percatase, presentándome  en casa, que estaba apenas a cincuenta metros de la escuela. Tan pronto como abrió la puerta mi madre   y después de una tremenda regañina me cogió de la mano y me volvió a llevar a la clase de la señorita Ramonita que a la sazón era aquel año la encargada de la clase de párvulos. En aquella clase que lindaba con la de D. Emilio Loitegui nos enseñaron las primeras letras, a leer y escribir. En 1º curso de Primaria, con Conchita Zaldo, comenzamos con los dictados, -la maestra, a veces, escribía el dictado en aquellas largas pizarras negras que cubrían todo el ancho de la clase-, las primeras lecturas, empezaban también a familiarizarnos con las primeras nociones de geografía y  las nociones más básicas de las matemáticas, las tablas de sumar y restar, más adelante vendrían las de multiplicar y dividir.

De aquellos primeros años recuerdo a D. Emilio Loitegui, en 2º de Primaria, amante de los métodos de la vieja escuela. Por aquel entonces abundaban los castigos físicos  como las tortas en la cara, el palmetazo con la regla de madera en la punta de los dedos, o colocar de rodillas o contra la pared durante largo rato al infractor y es que se decía entonces que “la letra con sangre entra”. Quien, en aquellos años no fue obligado en alguna ocasión a escribir durante el recreo decenas de veces, “no volveré a hablar en clase”, por ejemplo. De aquellos primeros años, recuerdo que al menos en 3º de primaria, en la escuela de las chicas, con la entonces ya anciana, Isabel Ancil, la clase era mixta, si bien las chicas ocupaban una tercera parte del espacio y estaban todas juntas y separadas de los chicos. Esta separación se mantendría que yo recuerde hasta BUP. Muchos son los recuerdos que guardo de aquella primera época de mi infancia en las escuelas del Ave María, por las cuales pasaron, como yo,  muchas generaciones de pamploneses. Me acuerdo de aquel edificio alargado de planta baja que estaba pegado  a las dependencias de la iglesia, con el salón de actos, al fondo,  y cuya apariencia era en septiembre de 1968 muy similar a la que tenía 18 años atrás, como se ve  en la foto de 1950, de J. Cia y un poco menos parecido que el de  52 años atrás,  de 1916, pues entonces tenía algunas aulas menos, justamente la mitad; Me acuerdo de sus largas y brillantes rampas de entrada, como la que se ve en la primera foto por la que nos deslizábamos, desgastando alguno de aquellos pantalones cortos que vestíamos entonces; del sonido del timbre de entrada y salida a clase o al recreo; de los grandes ventanales de unas enormes clases en los que estábamos unos 40 chavales  y que eran calentadas por una estufa de carbón y leña situada en una esquina de la estancia. El último año que permanecí en estas escuelas, antes de pasar a la Carbonilla fue  4º de primaria en  1972-73 con Don Germán Tabar, de profesor, que sería director de la escuela tras D. Daniel Pascual.

Tras estas notas personales daré algunas pinceladas históricas de estas célebres escuelas. Inauguradas en abril de 1916, fueron dirigidas hasta su fallecimiento por el párroco de San Lorenzo D. Marcelo Celayeta, según el método empleado por Andres Manjón en el Albaicin de Granada para las clases más desfavorecidas (1898). Celayeta tuvo conocimiento de  estas escuelas del Ave Maria y del método de Manjón a través de un amigo de Aoiz, Vicente Diaz. Celayeta  visitó a Manjón y entusiasmado envió luego a Granada a los maestros Gervasio Villanueva y María Marillarena. La Rochapea carecía de escuela entonces, solo había una privada a cargo de una maestra en Errotazar, que precisamente era Maria, y el barrio estaba habitado por hortelanos, ferroviarios y otros oficios surgidos a orillas del Arga. Construida por el arquitecto Angel Goicoechea, la primera piedra de las escuelas se colocó el 21 de marzo de 1915 y se inauguraron el 2 de abril de 1916, junto a la iglesia. Estuvo financiada por aportaciones de particulares. Aparte de su función social, lo más destacable de estas escuelas era el método educativo que empleaba: un método centrado en el alumno en el que se aprendía a través del juego y el canto, una escuela al aire libre, en el que solo el mal tiempo hacía que las clases se dieran en las aulas; (en mis tiempos, en 3º de primaria, con Isabel Ancil (1971-72),  aun se daba  alguna que otra clase al aire libre). Era aquella una escuela activa en la que se escenificaban no solo los contenidos sino también las ideas abstractas. Hasta poco antes de su desaparición (del derribo del edificio de la vieja escuela), se podían observar en el suelo del patio, mapas hechos con ladrillos de colores, círculos, triángulos y pirámides para las clases de geometría y en las paredes exteriores, una larga pizarra negra, mapas y arboles genealógicos para el aprendizaje de la historia y carteles y silabarios para la lectura. En las fotos que encabezan la entrada y estos primeros párrafos, todas ellas de Roldán pueden contemplarse algunas imagenes de la escuela de aquellos primeros años, con las pizarras,  mapas, silabarios y arboles genealógicos mencionados. En las fotos posteriores de J. Cia se ven los edificios de las escuelas de los chicos y de las chicas en los años 50.

La música ocupaba también un papel importante en la actividad educativa del Ave María, contando desde sus inicios con un profesor de música, D. Gregorio Alegría. Pronto se  crearía la Banda de las Escuelas del Ave María. Se dice que Celayeta compró los instrumentos a una banda militar de Milán que se había disuelto en 1920. Pero no solo la música era importante en la actividad educativa. Junto a la música cabría recordar las funciones de teatro y las proyecciones de cine que se alternaban los domingos en la programación del salón de actos. Daban clase esos años en estas escuelas Fortunato Pérez, Luis Arbizu, Asunción Cano, Gabriel Larequi, Dolores Zuasti, Rosario Echague, María Yoldi, Soledad Garaicoechea y el conocido Gurmensindo Bravo (quien no se acuerda de aquellas veladas matinales suyas antes del encierro en los Sanfermines). Fallecido Celayeta, a partir de 1932 le sustituyó en la dirección Marcelo Larrainzar, sobrino de aquel. En 1935 la escuelas contaban ya con 11 aulas, 5 de niños y 5 de niñas y una mixta, la del párvulos, al frente de las cuales había 11 maestros más el maestro de música y la de corte y confección para las niñas. Las escuelas estaban dirigidas por un patronato del que formaba parte también el Ayuntamiento, junto a la administración educativa, el arzobispado y la parroquia. En 1957 se transformó en dos escuelas graduadas, una de niños y otra de niñas, con cuatro grados, de 1º a 4º de primaria más párvulos con tres secciones. En 1966 se convirtieron las escuelas en un centro público al crear la Escuela Graduada del Ave María con dirección y 11 unidades, cuatro de chicos y cuatro de chicas (las chicas estaban, como he comentado,  en un edificio aparte) cerca de la actual calle Carriquiri. Posteriormente, en 1977, se derribó el viejo e histórico edificio de las escuelas de los chicos, la de las chicas aun resistiría una década larga más, desapareciendo como tal el colegio en el año 2010, tras el traslado de su alumnado al Colegio Publico Rochapea en el Paseo de los Enamorados.

En aquel tiempo junto a las escuelas del Ave-María recuerdo en mi barrio otras escuelas como las de la Carbonilla, construida en los años 30, en plena República, en los terrenos que ocupara anteriormente la carpintería Artola, cerca del cruce de Bernardino Tirapu y Marcelo Celayeta y que vemos en la fotografía de los años 50 de J. Cia. Pretendían ser unas escuelas laicas frente a las religiosas del Ave María. Ahí estuve durante  el curso 1973-74, haciendo  5º de primaria con Don Gabino, que a su vez era hermano de Don Joaquín, maestro del Ave María. Recuerdo que ese  fue el primer año en que tuvimos las primeras  maestras en prácticas, jóvenes inexpertas que se
tenían que enfrentar a un alborotado y alborotador publico infantil; también recuerdo la escuela de Lavaderos, junto al Camino de los Enamorados (creo que era de primaria), el colegio de las Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión junto al cruce de Bernardino Tirapu y el camino de los Enamorados (femenino, regentado por religiosas y con un amplio ciclo educativo, de primaria hasta bachillerato), las Mercedarias de la Caridad de Joaquín Beunza (de párvulos y primaria), los Capuchinos de la Avenida de Villava (de primaria y secundaria, entonces llamada EGB), el Redin en el Vergel y el colegio Cardenal Ilundain, donde cursé entre 1974 y 1977, 6º, 7º y 8º de EGB. De aquel colegio recuerdo nombres de profesores como Jose María Gracia (en 6º),  Javier Donezar (en 7º), Navallas (en 8º), Doña Socorro, etc. Sería prolijo recordar  colegios de otros barrios aunque sin ánimo de exhaustividad podría citar, sin temor a equivocarme, os siguientes: en la Chantrea Federico Mayo, Mariana Sanz o los privados, algunos de ellos religiosos,  Esclavas del Sagrado Corazón en la Avenida de Villava, Colegio de María Auxiliadora, junto a la parroquia de San José o las Jesuitinas en un extremo del barrio, y junto a estas el Irabia, sin olvidar las escuelas municipales de la Magdalena, en la calle del mismo nombre;  en San Jorge recuerdo que había unas escuelas donde está actualmente un centro de Tasubinsa, cerca del río. En la Milagrosa recuerdo que estaban el colegio de Santa Catalina, Victor Pradera (inaugurado en 1952  que vemos en sendas fotos de Cía junto a este párrafo) y José Vila. De San Juan, he visto fotos de escuelas antiguas de los años 20 o 30, que reproduzco más adelante, aunque no logro ubicarlas, y  recuerdo también el colegio religioso de Nuestra Señora del Huerto (fundado en diciembre de 1951 por las religiosas argentinas Hijas de María Santísima del Huerto), el José María Huarte, casi enfrente del Instituto Ermitagaña o el Cardenal Larraona (1970) de la avenida Pio XII. De los colegios del centro de Pamplona (Casco y Ensanche) hablaré más adelante.

Cuando estaba en la escuelas del Ave María todavía se oía hablar de las cantinas escolares, aunque como tal, con la filosofía que nacieron en su momento, hacía años que habían desaparecido, siendo sustituidas  por los comedores escolares, aunque igualmente las llamásemos cantinas.  Las cantinas escolares fueron un tipo de institución benéfica financiada por el Ayuntamiento,  Diputación y particulares  que nació  a principios del siglo XX, concretamente  en las escuelas de San Francisco el 14 de marzo de 1908 extendiéndose luego  a otras escuelas y que tenía como objetivo paliar el hambre en los niños, proporcionando alimentos gratuitos a los niños necesitados a lo largo del curso escolar. Fue pionera en España siendo solo precedida por las de Madrid, León y San Sebastián. La principal promotora de esta iniciativa fue María Ana Sanz, directora de la Escuela Normal de Maestras, de la que he hablado en la anterior entrada. La comida de las cantinas consistía en un primer plato en el que se alternaban a lo largo de la semana legumbres, arroz y sopa y, de segundo, tocino, bacalao o patatas guisadas con carne. El número de niños asistidos que fue de 124 el primer año pasó  a 240 el segundo, llegando un momento en que no se podían cubrir todas las necesidades. Por ello,  la Junta Provincial de Instrucción impulsó, posteriormente,  la creación de una segunda cantina en las escuelas de la calle Compañía, teniendo que regular, además, las condiciones de admisión de los niños ya que había más demanda que oferta. Tenían preferencia para asistir a las cantinas los huérfanos,  hijos de viud@s sin recursos, o de matrimonios obreros de escaso jornal aunque también se tenía en cuenta la disposición del alumno: puntualidad, aplicación y buen comportamiento. En 1925 el coste de sostenimiento de ambas cantinas: la de San Francisco y Compañía ascendía a 10.000 pesetas y los ingresos no alcanzaban a cubrir los gastos, siendo necesaria la movilización de personas, colectivos e instituciones: becerradas por parte de las peñas, fiestas literarias por parte de antiguas alumnas de la Normal, rifas por parte de los niños, etc, actividades que se mantendrían durante largo tiempo. En las fotos que acompañan a este párrafo, vemos en la la 1ª,  la cantina del Asilo de la Sagrada Familia en la calle Dormitalería (durante los primeros años 50) y en la 2ª, de Galle, y publicada en los libros de Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”, se anuncia la rifa del cuto, en las inmediaciones del Mercado de Santo Domingo,   rifa que vemos también en otra foto de las escuelas de San Francisco de 1958.

En 1954 se establecía el Servicio Escolar de Alimentación con el fin principal de establecer el complemento alimenticio en los centros escolares, además de impulsar los comedores escolares. Dicho complemento consistía en leche, mantequilla y queso, estos últimos de forma alterna. La cantidad diaria de leche por niño era de 250 cl. Se instauró experimentalmente en las escuelas de Víctor Pradera extendiéndose en marzo de 1955 al resto. En 1956 casi 40.000 niños se beneficiaban de este complemento. La mejora de las condiciones de vida de España hizo que estos complementos alimenticios desaparecieran pero imagino, no obstante, que aquella práctica de darnos un botellín de leche después de comer en las escuelas del Ave María fue un residuo de aquella  política asistencial del régimen. Como he comentado las cantinas que nacieron con una finalidad asistencial fueron evolucionando a lo largo del tiempo y respondiendo más a necesidades educativas o familiares que a otra cosa. Un servicio escolar que no llegué a conocer pero que existió desde los años 20 a los años 60 fue el ropero escolar, institución benéfica creada en las escuelas de primaria para facilitar ropa y calzado a los niños necesitados, especialmente en invierno. El primero se creo en 1925 por iniciativa también de María Ana Sanz. En la década de los años 50 había 72 roperos en centros públicos, de los cuales veremos en una fotografía posterior el de San Francisco y 25 privados. En 1960 descendieron a 56 los roperos escolares desapareciendo prácticamente a lo largo de esa década. Estos servicios se nutrieron en las primeras décadas del siglo por las llamadas mutualidades escolares, desapareciendo también casi por completo en los años 60.

También en aquellos años del Ave María oía hablar de las colonias, las colonias escolares de verano, aunque yo nunca estuve en ninguna, pues pasaba todos los veranos con los abuelos en su casa del pueblo. Las colonias escolares formaban parte de la obra social de Caja de Ahorros de Navarra. La colonia San Miguel Excelsis de Zudaire, abierta durante 4 meses al año,  empezó a funcionar en 1934 y estaba enclavada en la vertiente sur de la sierra de Urbasa. La colonia Blanca de Navarra de Fuenterrabía, estaba situada junto al mar, comenzó a funcionar en 1935 y permanecía abierta durante 5 meses al año. Entre  1934 y 1989 habían pasado por las colonias escolares de verano más de 60.000 niños navarros, de entre 8 y 13 años, a razón de entre 1.500 y 2.200 niños por año, 250 cada 25 días en sucesivas tandas, de junio a septiembre. Los niños debían tener residencia en Navarra y ser de “humilde condición”, es decir que careciesen de medios económicos para sufragarse unas reparadoras vacaciones veraniegas. Hacían excursiones, ejercicios gimnásticos, tomaban baños de mar en la playa o de agua dulce en la piscina, juegos, actividades infantiles, unido todo ello a una alimentación sana y abundante que les hacía ganar peso. Las colonias contaban con asistencia médica, maestras nacionales, capellán, etc. De ambas colonias dejo algunas fotografías, la de blanco y negro de los años 40 y las de color de los años 60. Hubo una tercera colonia asumida por la Caja entre 1961 y 1971 que tenía su sede en Biurrun-Olcoz, era la colonia escolar “Fundación Ondarra”, ubicado sobre el antiguo sanatorio tuberculoso infantil construido en 1944.

Había  a primeros de siglo en el Casco Antiguo de Pamplona varios establecimientos municipales de  primaria repartidos por diferentes casas y calles, establecimientos que desaparecerían, en su mayor parte, cuando se terminó de construir  en 1905, el magnífico edificio de tres plantas de las Escuelas de San Francisco, con 17 aulas graduadas donde se agrupaban a los niños por edades y conocimientos similares. En estas escuelas, como hemos visto, se instituyó la primera cantina así como también el primer ropero escolar. También tenía su sede aquí el Servicio Medico Escolar como recordaba en la entrada de los galenos y boticas. Las escuelas tuvieron otros muchos usos además de los educativos a lo largo de su historia: sede de los danzaris, escuela de cantores, de artes y oficios,  exhibición de películas, sede del gabinete de censura de películas, talla de quintos, belenistas, censo electoral, asociación fotográfica, boy scouts, La Pamplonesa, examenes de conducir, euskera para adultos. A finales de los 70 tenía más de 800 alumnos reduciéndose a poco más de un centenar en los años siguientes. Hoy agrupa a más de 400 alumnos. En San Francisco también estaban, además, las Escuelas Anejas de las Escuelas de magisterio para la formación práctica y orientación de los nuevos maestros y maestras.

Estaban también en el centro de Pamplona los colegios privados, religiosos, de las Madres Dominicas (internado de primera enseñanza de la calle Jarauta) y  Ursulinas (1889) de la calle Sandoval, ambas para la instrucción de las niñas; de los Padres Escolapios (1892) situado en la casa del Paseo de Valencia que albergó anteriormente la Fonda Europa, con chicos de primera y segunda enseñanza, preparación para el Comercio y escuela gratuita de niños que en 1932 se trasladarían a la calle Olite, junto a la plaza de toros; los Hermanos Maristas, también en Sarasate, aunque antes estuvieron en Navarrería y Eslava que pasaran luego a Yanguas y Miranda (1908) y Navas de Tolosa (1916) (con internado de primera y segunda enseñanza y preparación para el Comercio) antes de pasar en 1952 a la avenida de Galicia;  o el colegio privado de los Hermanos Huarte fundado en 1847 en el nº 96 de la calle Mayor, con gran prestigio (el más antiguo y acreditado de la ciudad) e importante asistencia de alumnos de primera y segunda enseñanza. En los años 20, tenemos además las Teresianas de la calle Mayor (primera enseñanza e internado), las concepcionistas de Navas de Tolosa (párvulos), las Hijas de la Caridad de Dormitalería (párvulos de la Sagrada Familia en La Casita) y de Recoletas (párvulos del Asilo del Niño Jesús), Las Hijas de María Inmaculada del Servicio Domestico (en Tejería hasta pasar en 1927 a su edificio situado entre Amaya y Roncesvalles) o las Escuelas del Ave María (gratuitas de párvulos y primera enseñanza), a las que me he referido anteriormente.

En 1925 había dos grandes grupos escolares públicos en el centro de Pamplona: el de la plaza de San Francisco y el de Compañía, con escuelas de párvulos y de niños y de niñas. Había escuelas nocturnas de adultos en estos dos grupos escolares y en el del Ave María. Asistían a las escuelas públicas de Pamplona en estos años unos 2.077 alumnos de los cuales 797 eran niños y 1.280 niñas y párvulos. Aparecían dados de alta como colegios de enseñanza privados en estos años, aunque imagino que tenía más de academia que de colegio , los de Ezequiel Armendariz en Zapatería, Hermanas Ezquerro  y Romualdo Pejenaute en Estafeta y Concepción Oquendo en Rochapea. A partir de 1927 se inauguran las Escuelas Profesionales Salesianas de María Auxiliadora en la calle Aralar, gracias al apoyo de la familia Arostegui, con alumnos internos, externos y mediopensionistas. Enseñaban cerrajería artística, mecánica, carpintería, ebanistería, sastrería y zapatería. El 8 de enero de 1928 se inauguró en el barrio de la Magdalena el grupo escolar municipal a cargo de Maria del Camino Ijurra, que vemos en la fotografía adjunta previendose otra escuela municipal en el barrio del Mochuelo y posteriormente otra en San Juan (foto del párrafo anterior). En estos años se habilita una escuela especial para sirvientes y obreros en el convento de las Adoratrices y otra escuela nocturna en el colegio de la Ursulinas. La Asociación cultural “Los amigos del euskera” solicitaban al Ayuntamiento un local para establecer una escuela de lengua vasca. A lo largo de las siguientes décadas se instalaron otros centros religiosos como el del Santo Angel, en la calle  Media Luna, los Jesuitas (1946) primero en la calle Mayor, luego Arrieta, Media Luna hasta su actual sede en Bergamin desde 1951, Carmelitas de la Enseñanza en la calle San Fermín,  Carmelitas de la Caridad en Padre Calatayud, Padres Paules y Misioneras del Sagrado Corazón en La Milagrosa, etc.

Fotos referenciadas en el texto de la entrada y pies de foto.

Estampas de antaño: Recuerdo de mi Colegio (1967)

En la segunda entrada de este blog hablaba de las escuelas del Ave-María, apenas unas pinceladas sobre aquella temprana  etapa de mi vida. Vuelvo la vista atrás para recordar otros muchos detalles de aquellos años escolares. Y recuerdo como en el primer año que acudía  a la escuela, sería en el curso 1967-68, una lluviosa tarde de otoño o invierno, estando en la clase de la Ramonita me llamaron pues tenían que hacerme una fotografía. Nos llamaron a mi hermano y a mí, pues mi hermano estaba entonces en cuarto de primaria, con Don Germán Tabar. ¡Vete con tu hermano, que te van a hacer una foto!, me dijeron. Aquello era todo un acontecimiento. Aquella era una especie de foto-recuerdo del colegio, tradicional por otra parte en aquellos años de la escuela en el franquismo. Mi hermano tenía 9 o 10 años y yo cuatro cumplidos. Nos pusieron detrás una especie de lona impresa como escenario de fondo, arcaico photocall que diría uno ahora, donde aparecía una foto del papa Pablo VI, el mapa de España y otros motivos escolares alusivos, nuestras manos sobre un libro. Yo llevaba una bata de rayas, como era tradicional en aquellos años, el pelo cortado y peinado a lo romano, como se llevaba entonces y una mirada, la verdad, un poco asustadiza. ¿Quien iba  decir, entonces, lo que te depararía la vida, cuando apenas estabas descubriendo este mundo?. 
Nuestro equipamiento escolar se componía, aparte de la bata, (debajo llevaba un jersey de lana tejido por mi madre y unos pantalones cortos), la cartera, la mía creo haberla vista hasta hace unos pocos años en casa, era de color verde y asas blancas con una ilustración escolar alusiva y colorista, los cuadernos de Rubio, con las tablas de sumar, restar, multiplicar y dividir en la contracubierta, los cuadernos de caligrafía donde modelar la letra, aquella letra redondeada que nos obligaban  a perfilar decenas de veces (¿donde quedaría aquella redondeada letra tras los apuntes de mi época en la  universidad?), el plumier con sus rotuladores Carioca, la goma de borrar Milan (algunas olían a nata) y el eterno sacapuntas para afilar el lápiz con rayas amarillas y negras de Cedro o las pinturas Alpino. Más tarde llegaría el boli Bic, “bic naranja, bic cristal, dos escrituras a elegir…bic naranja escribe fino, bic cristal escribe normal, bic, bic…” decía el anuncio que a partir de 1970 veríamos en casa, en aquella primera televisión en blanco y negro. Había otros momentos en la escuela en los que surgía, de pronto,  la ilusión en nuestros pequeños mundos infantiles. Era aquellas veces en los que un señor muy serio venía a la clase para regalar unos albumes de cromos que el maestro  sorteaba entre los alumnos. Por desgracia nunca me tocó uno de aquellos. A mi hermano sí, y aun lo recuerdo: era uno sobre el Antiguo Testamento. La verdad es que, como son las cosas, recuerdo más y aprendí más de la Historia Sagrada a través de aquellas coloristas ilustraciones del álbum de mi hermano que de la clase de Religión que nos daba el cura de turno.
De entre los libros de texto recuerdo especialmente la enciclopedia Alvarez, obra de Antonio Alvarez Pérez, un texto clásico, con abundantes ilustraciones y explicaciones sencillas, un compendio de temas y asignaturas: religión, historia, geografía, literatura, matemáticas, lengua. Era una especie de libro todo en uno, con dictados y problemas. De aquel libro y aquellos años recuerdo el típico dictado-lectura de Platero, la canción del Pirata de Espronceda o la del sabio que recogía lo que otros tiraban de Calderón pero sobre todo un poema muy gracioso que decía asi: “Un andaluz muy guasón hablando de ortografía, quiso dar una lección y dijo que se escribía con h melocotón. Dispense usted que le tache replicó un hombre de seso, para que pueda ser eso, ¿Donde se pone la h?. Que donde?. En er mismo hueso”. Dictados, lecturas (cuanto se reían algunos de los más torpes leyendo), problemas de matemáticas y algunas lecciones de Geografía, con el mapa de España colgado junto al encerado negro, aun recuerdo los nombres de los ríos,  (la enseñanza era entonces toda memorística), constituían el grueso de nuestra enseñanza en aquellos lejanos cursos de Primaria en las escuelas del Ave María.

Más tarde llegaría la Carbonilla y los tres últimos cursos de la EGB en el Cardenal Ilundain. En el último curso en el Ave María y siguientes, a las asignaturas tradicionales: Lengua, Historia, Matemáticas etc se le sumaban entonces aquellas clases de Pretecnología también llamada en otros tiempos de Trabajos Manuales: plastilina, dibujos geométricos (utilizando compases, reglas y cartabones),  dibujos figurativos al carboncillo o paisajes con acuarelas temperas, trabajos de marquetería con aquella sierra de hilo (aun recuerdo aquel belen que estuvo un tiempo encima del armario de la cocina y que  hice cerca de unas navidades, no se si  de 1973 o 1974, con la ayuda de mi padre, siempre dispuesto a echarme una mano y que bien quedó). Recuerdo, una tarde como a un compañero, creo que estábamos en clase de Don Germán Tabar se le soltó bruscamente la sierra de hilo con tan mala fortuna que le atravesó la mano con gran susto para todos.

Las escuelas del Ave Maria (1977-1985)

En la foto que ilustra esta entrada y que está tomada desde la torre de la iglesia del Salvador pueden observarse las nuevas escuelas del Ave María que sustituyeron a las viejas escuelas de planta baja que conocí  y a las que aludí en una de las primeras entradas de este blog. La fotografía tiene más de 20 años, pues calculo que esta está datada en torno a 1983. Esta imagen de la zona se mantuvo así hasta 1986. Después cambiaría bastante. Podemos observar en un primer plano el edificio de nueva planta y su amplio patio totalmente libre de las construcciones que se añadirían años más tarde en sucesivas fases, la travesía del Ave María, con todos sus edificios íntegros antes del derribo de parte de ellos una década más tarde, a la izquierda de la foto y pegada a las escuelas la fabrica de piensos Caceco y la calle Carriquiri sin urbanizar  y sobre ella en el ángulo superior izquierdo asoma la fábrica de Perfil en Frio. Frente a estas industrias se pueden observar campos hoy sustituidos por bloques de viviendas, el primero de ellos rodeado por una tapia corresponde a lo que llamábamos campo de la Diputación (de los camineros de Diputación). 

Al fondo de la foto y junto  a este campo se divisan un par de aulas prefabricadas (las escuelas del Ave María no daban abasto, tenían más de 600 alumnos, y durante algunos años, desde 1981, los niños de párvulos tuvieron que ir y venir de las aulas al patio de la escuela para hacer Gimnasia). También al fondo se divisa el almacén de la Compañía General de Carbones que vimos en la entrada dedicada al viejo camino del Plazaola y en el extremo derecho de la foto las casas de la Segunda Fase del Salvador. Como he dicho anteriormente tendrían que pasar al menos dos o  tres años para que esta imagen empezase a cambiar: la canalización de las aguas por los campos que cuando llovía se inundaban, la construcción del polideportivo y los frontones durante bastantes años descubiertos y de las primeras viviendas en torno a lo que hoy es el campo de fútbol del Irati, etc.

En la segunda foto que ilustra esta entrada  podemos ver el antiguo patio de las chicas, tomada antes de 1989 (probablemente desde las escaleras exteriores de emergencia del nuevo edifico). Ocupando la mayor parte de la foto y tras una tapia se observan  las viejas casas de la Calle de las Provincias (o la Calleja de los Cutos la llamábamos nosotros) y un viejo transformador que recuerdo allí desde siempre y a la derecha de la foto, el viejo edificio de las aulas de las chicas. En primer plano, una valla delimitaba el patio de las nuevas escuelas y del patio de las chicas.

Foto: 2ª foto: Foto Imagenes Rochapea publicada en la Revista Ezkaba.

Las antiguas escuelas del Ave Maria (1916-1977)

Las antiguas escuelas del Ave-Maria son una parte importante de la memoria personal de varias generaciones de pamploneses del barrio de la Rochapea. Se empezaron a construir el 21 de marzo de 1915, terminándose, junto a la cercana iglesia del Salvador el 2 de abril de 1916. Su fundador fue D. Marcelo Celayeta, párroco de San Lorenzo, que se inspiró en las escuelas del mismo nombre que impulsó en Granada el pedagogo Andres Manjón. Fue dirigida por D. Marcelo Celayeta hasta su muerte el primero de mayo de 1931. Fueron sus primeros maestros, formados en el metodo manjoniano, Don Gervasio Villanueva y Doña Maria Marillarena. Los niños aprendían jugando con piedras, cintas de colores, piezas metálicas, etc. También se cuidaba la formación musical llegando a formarse una banda de 28 músicos.

La escuela de planta baja y con grandes ventanales que se ve en la fotografía anexa a la iglesia del Salvador (popularmente conocida como la iglesia del Ave-Maria) y que inicialmente apenas contaba con unas 2-3  aulas se fue ampliando en sucesivas fases,  hasta contar con 3 más siguiendo la línea de las escuela de la foto superior y otras 4 aulas más, (las que se ven en la fotografía inferior)  y que popularmente conoceríamos (no se porque) como las escuelas de las chicas, pues en los años en que yo conocí la escuela las clases eran ya mixtas, eso, si, los chicos separadas de las chicas. En la foto superior se puede observar a la izquierda de la foto, la entrada a la sacristía de la iglesia del Salvador, enfrente una de las entradas a la escuela. Al fondo de esta entrada se vislumbra (por el tejadizo superior) otra construcción que era lo que conocíamos como el salón de actos. La escuela contaba con un campo de fútbol de tierra, bastante amplio, separado por una tapia de las calle Carriquiri (es un decir lo de calle porque como hemos visto hasta bien entrados los años 80 era un camino de tierra) y de la Travesía del Ave María. En este campo que era utilizado no solo por los alumnos de la escuela sino por muchos jóvenes del barrio para jugar al fútbol se instalaba en las fiestas de la Rochapea que tenían lugar a mediados de agosto, coincidiendo con la festividad de San Lorenzo, una animada verbena y otras atracciones que concitaban el interés de muchos vecinos no solo del barrio sino de otros barrios de la ciudad.De aquellos años, (1968-1973), recuerdo a maestros y maestras  como la Ramonita, Doña Conchita Zaldo, Don Emilio Loitegui, Doña  Isabel Ancil y Don Germán Tabar. También al portero, al señor Francisco. Era director de las escuelas en aquellos años Don Daniel Pascual. En aquellos años ya se habían abandonado casi por completo los métodos manjonianos pero era perfectamente visibles las huellas, los restos de aquellos métodos que sacaban la escuela del aula para dar la formación al aire libre: el mapa de España a gran escala en el suelo, la genealogía de los reyes hispánicos en la pared de la sacristía de la iglesia, las pizarras negras  a lo largo de las fachadas de la escuela. Y de vez en cuando nos sacaban al patio con las mesas para darnos alguna lección de matemáticas o de ciencias de la naturaleza.

Recuerdo de aquellos años en las escuelas, la botellita de leche que nos daban en los primeros cursos, después de comer, antes del tiempo de la siesta, algunos expeditivos métodos de la “vieja escuela”, la bata grisácea o negra del maestro, las clases grandes, muy grandes, como para 40 alumnos, los grandes ventanales, el negro encerado que cubría todas las paredes, el crucifijo entre los retratos de Franco y José Antonio, las mesas de pizarra verdinegras, con un agujero para los tinteros de otras épocas, una antigua estufa de carbón y leña, situada en una de las esquinas de la clase que sin embargo lograba atenuar el frío de ciertas mañanas y tardes invernales, el recreo de las 11.00, las clases de gimnasia en el campo de futbol, el serrín en el suelo cuando nevaba o llovía (aún me acuerdo del olor del serrín mojado), las vacunaciones en el Instituto de Higiene de la calle Leyre o las revisiones médicas anuales que nos hacían en las escuelas de San Francisco. Alguna vez me traía mi madre el almuerzo al recreo a la entrada de las escuelas, junto a las puertas rojas. Las clases eran de 9 a 12 y de 3 a 5. Luego en casa, la tarea, la merienda y a la calle a jugar. Tras sus grandes ventanales vimos pasar las estaciones y los primeros años de nuestras vidas.

 Las viejas escuelas del Ave María comenzarían a derribarse en el verano de 1977, siendo sustituidas por un moderno edificio sin personalidad pero acorde a las necesidades de la época y que aun pervive. Posteriormente se fue  ampliando la escuela con barracones, anexos y nuevos edificios, compartiendo años después patio e infraestructuras con una escuela en euskera, el Patxi Larrainzar. Hace poco más de 2 años, después de 94 años de servicio al barrio y a la ciudad desaparecían definitivamente las Escuelas del Ave María, tras el traslado de su alumnado a otro edificio en el mismo barrio, en el nº 32 del Paseo de los Enamorados.
Fotos: Nº 1. J. Cia (1950). AMP. Nº 2. AMP (Archivo Municipal de Pamplona)