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La hora del serial (1960-1975)

Conocieron su edad dorada en los años 50, 60 y primeros 70. Formaron parte de la banda sonora de nuestras vidas. Hablaban de  amores imposibles, hijos ilegítimos, venganzas, odios y traiciones, vamos, el mismo material del folletín decimonónico que apareció, por entregas, en los periódicos de finales del siglo XIX y que conocería con el nuevo medio radiofónico un reverdecimiento. El género del folletín radiofónico iría declinando poco a poco hasta desaparecer,  al tiempo que emergía otro medio como era la televisión, donde el folletín televisivo conocería su edad de oro tanto en los años 80, con los seriales de amor y lujo yanquis (“Dallas”, “Dinastía”, “Falcon Crest”, etc) como en los años 90 con los seriales latinoamericanos, conocidos popularmente como culebrones (“Cristal”, “La Dama de Rosa”, etc). Al fin y al cabo estamos hablando del “teatro de las emociones”. Habían pasado los años, habían cambiado las formas y las fórmulas pero por mucho que se les  criticase en un momento o en otro de la historia de nuestro país, seguían ahí. Tras los culebrones latinoamericanos vendrían, este siglo,  otros seriales larguísimos  de factura nacional, como “Amar en tiempos revueltos” o “El secreto de puente viejo” y todo ellos  congregaban  a millones de seguidores y seguidoras, durante semanas, meses, incluso años. Durante una larga época, los seriales, fueron la estrella de la programación de la radio. Cuando hablamos de seriales, nos referimos fundamentalmente a los seriales de la SER pues fueron los más conocidos y los que hicieron historia en el género. En los años 60 se emitían hasta media docena de ellos al día en Radio Requeté de Pamplona. La lista de seriales emitidos sería interminable. Por ello iré recordando, a modo de muestra, y siguiendo un orden cronológico, algunos de los más famosos, o al menos los que yo recuerdo, pues este blog no deja de ser eso,  un diario de recuerdos de todo cuanto he vivido a lo largo de este último medio siglo de vida.

Durante los años 50 se emitieron seriales o radionovelas con un fuerte contenido propagandístico del régimen franquista, cuyos títulos pueden sonarnos más por alusiones o referencias indirectas que por haberlas escuchado directamente en nuestras radios o transistores, entre esas novelas fuertemente ideologizadas había nombres tan celebres como los de   “Lo que no muere” y “La sangre es roja” (1953) o “Un arrabal junto al cielo” (1954) curiosa mezcla de folletín y novela social y  “La segunda esposa” (1956). Debemos recordar, tal y como adelanté cuando escribí la entrada de la publicidad que no es hasta 1958 cuando Radio Requeté se asocia a la SER. Hasta entonces, la emisora local emitía radionovelas o radioteatros, de producción local, de forma esporádica, y no emitía programación en cadena.  Las primeras radionovelas que emitió Radio Requete tras su asociación con la SER fueron “El derecho de hijos” (1958) repicada y actualizada, ocho años más tarde (en 1966) y  “Ama Rosa”  (1959) con la madre sufriente, sacrificada que se veía obligada a renunciar a su hijo pero que lograba emplearse como criada en la casa de los padres adoptivos, para cuidar de su retoño. Emoción y lágrimas a raudales en la más pura tradición del folletín melodramático. La hora del serial solía ser la de la tarde, a eso de las 4.30 o las 5.00. En 1964 solían emitirse en la SER una novela por la mañana y tres por la tarde. En 1966, el número de novelas ascendía ya a media docena, de ellas cinco por la tarde. Empezaron durando tan solo un cuarto de hora o a lo sumo veinte minutos para, en esta década de los 60, quedarse en la media hora de duración interrumpida por varias pausas publicitarias. Persil, Cola Cao, Monky, Palmolive, La Lechera, etc eran algunos de las marcas publicitarias que patrocinaban estos espacios. Posteriormente y con el declinar del serial fue disminuyendo el número de novelas hasta prácticamente desaparecer en la época de la transición democrática. Señalaré alguno de los seriales de los  que recuerdo oía mi madre, cuando yo era niño, en casa.

En 1961, emitieron “Las dos hermanas”, original de Guillermo Sautier Casaseca; en 1963, “María Celeste”; en 1964-65 “La dama vestida de blanco”, “El rencor”  y “La casa de la discordia”, y sobre todo “La Intrusa”, de Rafael Barón y Guillermo Sautier, hijo,  que también escribió algunos seriales, además del señalado, como “La impostora”, “El otro amor”, “La orquídea” y “La promesa rota”, intentando emular a su fecundo padre. “La intrusa” fue el serial más largo difundido hasta entonces con 175 capítulos que la SER comenzó a emitir el 5 de octubre de 1964 y que terminó el 11 de junio de 1965. En 1966, se volvió a emitir, como ya he dicho  “El derecho de los hijos”, y además “Natacha”, “Dueño y Señor”, “La última traición” y “Riada en la Tornaguera”; en 1967 “Playa de Gaviotas”, “La Mirada”, “María Magnolia” y  “Donde el viento Muere”; en 1968, “Mama” y “Siempre mama”  (de Antonio Losada), “La promesa rota”, “La revancha”,  “La canción de las brujas”,  “Un lejano esplendor”, “Santa Isabela”, “Los que morimos” y “El profesor particular”; en 1969 “El pecado de la mujer”, “Las abandonadas”,  “La hija del diablo” y “La paloma negra” (de Miguel Arazuri, seudónimo de la escritora Carmela Gutierrez). Recuerdo haber oido esta novela como todas en la cocina de casa, en aquel pequeño pero potente transistor que trajo un día mi padre a casa antes de la radio de tres bandas que nos trajo en el año 1976. Y recuerdo de este serial la frase repetida de una mujer que gritaba “la paloma negra no morirá, no morirá, no morirá”. Creo recordar que la novela tenía un ambiente un tanto gótico-romántico. Sigamos, en 1970, se emitían “La infame” y “Manuela”, en 1971-72, “La calle del amor prohibido”, “Yo soy aquel” (la música  de la novela era lógicamente la famosa canción del mismo nombre de Raphael), “La fugitiva”  y, por último, “La rival” (a caballo entre 1972 y 1973), con 223 capítulos. Todos o casi todos estos seriales se editaron al mismo tiempo, como novelas impresas en la colección Seriales Radiofónicos de Ediciones Cid, los de los años 50 incluso en varias entregas o cuadernillos. A lo largo de esta entrada podemos ver las portadas de algunas de esas novelas radiofónicas que se podrían encontrar entonces en los quioscos, prácticamente de manera simultanea a la emisión del serial.








En los años 70, los seriales más famosos no estarían ya en la SER  sino en la cadena REMCAR, a la que pertenecía La Voz de Navarra. En la década anterior, en la década de los 60 sus seriales ni fueron muchos, ni demasiado conocidos ni duraban más allá de los veinte minutos antes citados. Pero en los 70, el protagonismo de los seriales radiofónicos, ya en franco declive tendría un nombre y una emisora: “Simplemente María” y La voz de Navarra. Este serial marcó toda una época. Se mantuvo en antena desde el 3 de diciembre de 1971 hasta octubre de 1973. Dirigida por Teofilo Martínez y protagonizada por Marisol Martínez (o María Salerno) mantuvo en vilo a más de dos millones de oyentes, durante más de 400 capítulos de casi una hora de duración cada uno, el serial más largo de la historia de la radio y uno de los de mayor éxito.  Los primeros capítulos los adaptó Sautier antes de morir. Como “Ama Rosa” tuvo novela y película y además fotonovela. “Simplemente María” daría lugar a dos canciones, una de Eduardo Rodrigo y otra de Jairo. Tras este vendrían otros seriales como “Soledad”, con canción de Emilio Jose, en 1974, también en la REMCAR o “Lucecita”,  obra original de Delia Fiallo, autora de decenas de culebrones televisivos como “Cristal” que veríamos en España años más tarde, en 1989 y que fue interpretada por Mari Carmen Hernández y Manolo Otero y que fue emitida por la Cadena SER en el año 1975 (también se editó su correspondiente fotonovela por entregas o fascículos).  Otros seriales de la REMCAR, emitidos por La voz de Navarra fueron en esos años “Le llamaban Caridad” con Ricardo Merino y Beatriz Escudero también en 1975, “Patty Corazón” en 1976 y ya en plena transición, en 1977 y siguientes, “Eva nada más”, con Maria Kosty y Lorena de Corin Tellado que elevaban aun más el tono rosa de las tramas.
¿De que trataban estos seriales?. “El derecho de los hijos” hablaba de las vicisitudes de una familia, la familia García, con sus dos hijos, representantes de  una juventud inconformista, que empezaba  a despuntar en la época y  que la novela presentaba con un cariz de buen fondo, nobles de corazón, pero  equivocados en sus propósitos.  La novela,  como muchas de las escritas o adaptadas por  Sautier, tenían un mensaje  o moraleja  profundamente reaccionarios. “La última traición” profundizaba en los problemas y vicisitudes de una afamada actriz de Hollywood. “Riada en la Tornaguera” nos introducía  en el terrible drama de un hombre solo en la Andalucia rural, un hombre marcado por la muerte, por la tragedia. “Playa de gaviotas” transcurría en una isla imaginaria del litoral gallego, donde aparecía el cadáver de una mujer en la playa. La novela tenía mucho de intriga policíaca. “La mirada” tenía una trama claramente policíaca y comenzaba con el robo de unas joyas. “Mama” y “Siempre Mama”, de Antonio Losada, seguían el modelo del folletín americano “Peyton place” pero trasladándolo  a la sociedad española. Narraba las vicisitudes  de una familia española, la familia Aguilar, con los elementos típicos de los seriales españoles de estos años:  decisiones equivocadas, pasiones desenfrenadas, sufridas esposas, hijos rebeldes, etc. “María Magnolia” contaba el enfrentamiento entre la protagonista, María, y su suegra, una fría, rica y astuta mujer que no se detendrá ante  nada, en su propósito de acabar con quien considera un ser inferior, su nuera, un ser que no considera  digno de su clase social, llegando  incluso a ser  responsable del secuestro o desaparición del hijo de María, su propio  nieto. 
“Donde el viento muere” planteaba la lucha entre dos mujeres de distinto nivel social y se ambientaba en Extremadura. En “La Canción de las Brujas”, de Rafael Barón, asistimos a odios y venganzas, abandonos ante el altar,  muertes violentas y repentinas,  extrañas desapariciones y por supuesto un final feliz. “Un lejano esplendor” narraba la historia de Soledad que regresaba a su pueblo natal, dispuesta a llevar a cabo una venganza, osea otra nueva historia de amor y odio. En “Santa Isabela”, de la escritora cubana, Mercedes Antón, se trataba el tema de la lucha por la abolición de la esclavitud. “Los que morimos” acometía el tema de la postguerra española, con un Sautier menos radical en sus postulados ideológicos, más abierto a la reconciliación y el diálogo entre las dos Españas.  “El pecado de la mujer”,  serial nº 2.000 de Sautier, se centraba en el tema de la desunión o disolución familiar y en la independencia de la mujer. En “La hija del diablo”, la protagonista era Sabela de Leiras, más conocida como “la hija del diablo”, que enamorada de un hombre casado, el comandante Jesús Borja, sufrirá mil y una penalidades hasta lograr llegar al final feliz. En aquellos años, se consideraba un amor  prohibido  el amar a un hombre casado. El adulterio en la mujer estaba castigado con penas de cárcel.  La mujer quedaba relegada, en la mayoría de los casos, a su rol de madre, supeditada en cualquier caso, al varón, anclada al hogar y donde no se planteaba, ni de lejos,  su independencia económica, criticándose el trabajo femenino fuera del hogar.  “Las abandonadas” estaba plagada de mentiras, remordimientos, venganzas y soledad. “La rival” contaba la historia de una madre y su hija que se enamoraban del mismo hombre. Moría la hija y la madre era acusada de asesinato, con el juicio correspondiente. “Simplemente María” narraba la desventuras de una chica, María, que dejaba su pueblo de Santander para irse a servir a la capital, donde conocería al señorito, Alberto, todo un crápula. En “Lucecita” asistimos al romance entre Lucecita y  Gustavo, casado con una muchacha que se finge paralítica para reternerle.
Daban la voz a los personajes de los seriales hombres y mujeres de la radio como Pedro Pablo Ayuso, Maribel Alonso, Matilde Conesa, seguramente los más populares,  sin olvidar otros,  como Teofilo Martínez (con esa voz grave, lenta, monorrítmica, que tantas veces escuchamos también en el doblaje de las películas, doblando a Joseph Cotten, John Wayne o Gary Cooper) o Julio Varela, con frecuencia ambos dos en la voz de narrador, Matilde Vilariño, interpretando a menudo personajes infantiles, Luis Varela, Maribel Sánchez, Juana Ginzo, Rafael Fuster, Luis Durán, Manuel Dicenta, Alfonso Gallardo, Pablo Sanz, Maria Romero, Cristina Victoria, Carmen Martinez, Mari Carmen Aranda, Maribel Ramos, Eduardo La Cueva, Miguel Peñaranda, Julio Montijano. Nos los conocíamos de memoria, algunos, como Ayuso, Conesa y Vilariño llevaban 20 o 30 años en la radio. Formaban parte de la memoria de nuestras vidas. Tras la careta de entrada o sintonía venía la presentación del cuadro de actores y equipo técnico. Nos conocíamos no solo el nombre de los actores sino  hasta los cargos más técnicos de las novelas  como los de Montaje Musical:  Enrique Aroca, Pilar de la Peña o Angel Aymat; Efectos especiales: Esteban Cabadas; Control: Enrique Ortega o Eduardo Calderón; Autor y Director Guillermo Sautier Casaseca. Fueron prolíficos autores de seriales autores como Rafael Barón, Luisa Alberca y sobre todo el gran patriarca del serial, Sautier Casaseca. Para 1966, ya había escrito o adaptado más de 1.000 seriales para la radio. La mayoría de los actores pertenecía al llamado cuadro de actores de Radio Madrid, la emisora central de la SER. El 8 de  octubre de 1971, moría repentinamente Pedro Pablo Ayuso, el más grande actor radiofónico de todos los tiempos,  perdiendo la radio  una de su voces más emblemáticas. En esta entrada incluyo las fotos, por orden de aparición de Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Vilariño, Teofilo Martínez, Juana Ginzo y Guillermo Sautier Casaseca de los años 50, Vilariño y Ayuso en los años 70 y Sautier en los años 70.

En aquellos años aprendimos a estimular la imaginación. Era un arte sugerir, a través de la voz de los actores, de su tono e inflexiones,  un determinado estado de ánimo o un cambio en éste, describir a través de la voz del narrador un determinado paisaje o el interior de una casa. ¡Se transmitían tantas cosas con la voz y los sonidos, sin contar con el apoyo o ayuda de la imagen visual!. Los efectos especiales de las novelas nos permitían imaginarnos una tormenta, el ruido del viento, los pasos por un corredor, el cierre de una puerta o una ventana, el ruido de unos cascos de caballo  y otras muchas situaciones. Podemos criticar los seriales radiofónicos por sus rancios contenidos ideológicos y sus esquemas reduccionistas de folletín melodramático, rosa o lacrimógeno, pero formaron parte de nuestros recuerdos infantiles, al igual que la música,  la publicidad o la tele de aquellos años.   Quede esta entrada como pequeña muestra del paso por nuestras vidas.