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Plazas y calles de ayer y hoy: la plaza de Recoletas (1900-2015)

Retorno a una serie clásica de este blog, la de las “plazas y calles”, deteniéndome esta vez  en la plaza de Recoletas, la primera plaza que encontramos en la ciudad histórica, subiendo desde la Rochapea por el Portal Nuevo. Su origen se remonta al siglo XVII, cuando se terminaron de derribar las viejas murallas medievales, y se ultimaba el nuevo recinto fortificado, unido a la imponente Ciudadela.  El rey Felipe IV donó el 16 de julio de 1624 los terrenos donde se encuentra la plaza y el convento de Recoletas a D. Juan de Ciriza, marqués de Montejaso, a la sazón, secretario de estado del rey, quien  junto a su mujer Doña Catalina Alvarado decidieron levantar un monasterio de clausura de  monjas de la orden de las Agustinas Recoletas. El Monasterio fue inaugurado el 4 de junio de 1634. El propio Juan de Ciriza ordenó posteriormente construir alguna de las casas de la plaza como la Casa de los Capellanes, donde se asentaría posteriormente el Asilo del Niño Jesús, que vemos en la penúltima foto de esta entrada, obra de José Luis Zuñiga, de enero de 1977. En el siglo XIX  el convento se utilizó como cárcel, incluso llegó a estar aquí encerrada, en la primera guerra carlista, la familia de Zumalacarregui.
A finales del siglo XVIII, se encargaron a Luis Paret varias fuentes monumentales con motivo de la traída de aguas de Subiza. La fuente existente hoy en la plaza de Recoletas estaba proyectada inicialmente para la Plaza Consistorial, conocida entonces como Plaza de la Fruta. Inicialmente estuvo localizada en el extremo sudoeste de la plaza hasta octubre de 1884 en que se coloca en el centro. También a finales del XIX se plantaron diversos arboles, cuyos ejemplares jóvenes vemos en la foto adjunta de primeros del siglo XX. Durante más de 30 años, los que van del 12 de septiembre de 1940 al 29 de febrero de 1972 la plaza fue oficialmente la plaza del Cardenal Ilundain, si bien ese nombre nunca cuajó entre los pamploneses que siguieron llamando a la plaza, plaza de las Recoletas. En 1974 el Ayuntamiento compró la plaza a las monjas  por la cantidad de dos millones de pesetas. La plaza también fue conocida popularmente,  a lo largo del siglo XX,  como plaza de los ajos,  por realizarse  aquí la mayor concentración de vendedores de ajos, principalmente en las fechas sanfermineras y  cuya actividad  ha decaído  tanto hasta el punto de casi desaparecer. Adjunto una foto típica con la plazuela llena de casetas de ajos. Un siglo antes, en  el siglo XIX se encontraba en este lugar, no una concentración de vendedores de ajos sino  el mayor mercado de carbón vegetal de la ciudad.

La plaza ha sufrido diversos cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Como dije en la entrada “La avenida de Guipúzcoa: de Recoletas a Cuatro Vientos:1950-2012” hasta el inicio de los 80 había un par de kioskos en el lado de la plaza más cercano a la calle Mayor, tal y como podemos ver en la fotopostal en color de Ediciones Complex, de unos años antes, (principios de los 70),  que encabeza la entrada, asi como en la foto de Galle que cierra la entrada. Además y en el ángulo noroeste, cercano a la pared del convento y a la llamada cuesta de la Estación hubo, hasta primeros de los 80,   un tramo de escalones de piedra que comunicaban esa zona de la plaza con la acera de la avenida de Guipúzcoa. Se puede comprobar, hoy en día,  si  observamos con atención el nuevo lienzo de piedra que se diferencia claramente del resto del murete. En la foto aérea  de Gomez,  de 1964-65,  que encabeza la entrada,  puede percibirse en la bajada al Portal Nuevo como  la balaustrada, que separa la plaza de la Cuesta de la Estación,  finaliza abruptamente antes de llegar al muro del convento. A lo largo de buena parte del siglo XX la plaza estuvo  llena de coches y se podía aparcar y circular por ella, como atestiguan las fotos. Posteriormente se limitaría el acceso a la circulación a la calle  Recoletas así como el aparcamiento siendo reurbanizada como lo ha sido la mayor parte de las calles y plaza del Casco Antiguo a lo largo de la última década.

Fotos por orden de aparición: Nº 1: Iglesia de San Lorenzo y plaza de Recoletas, en primer término. Años 70. Ediciones Complex. Nº 2. Panorámica de la iglesia de San Lorenzo y la plaza de Recoletas. 1964-65. Gómez. Nº 3. Plaza de Recoletas. Principios del siglo XX. Archivo Municipal de Pamplona. Nº 4. Plaza de Recoletas. Sin filiar. Nº 5: Asilo del Niño Jesús. José Luis Zuñiga. Enero 1977. AMP. Nº 6. Plaza de Recoletas. Años 70. Jose Galle. AMP

Plazas y calles de ayer y hoy: la plazuela de San Nicolás (1900-1962)

La conocida hoy como Plazuela de San Nicolás es el espacio urbano situado entre las calles San Nicolás y San Gregorio, junto a la iglesia de San Nicolás. La plaza carece de numeración propia, correspondiendo los números de sus casas a las vecinas calles de San Nicolás y San Miguel. Hasta 1808, año en que se inaugura el cementerio de San José en Berichitos, los pamploneses se enterraban en dos cementerios, el situado en el atrio de la Catedral y final de la calle Navarrería y el situado en el subsuelo de esta plaza. De la existencia de estos dos camposantos tuvimos muchos pamploneses plena constancia, ya no solo documental sino también visual, cuando se descubrieron decenas de restos, al excavarse  ambos espacios dentro del proceso de peatonalización del Casco Antiguo (1996-2011). En Junio de 1912 se instaló, en mitad de la plaza, una farola de arco voltaico, que se había trasladado desde la vecina plaza de San Francisco  para colocar la estatua de la Mari Blanca. La iglesia fortaleza de San Nicolás  data, nada menos, que del siglo XII. Ya existía en el año 1177. La creación de la Población de San Nicolás tiene su origen en una reacción episcopal para poner coto  a la creación y expansión del nuevo Burgo de San Cernin, fundado en 1129 por el rey Alfonso el Batallador, con población de origen franco. La Población de San Nicolás se construyó, probablemente, entre los años 1130 y 1170. Las  guerras entre  los diferentes  burgos escondían la secular lucha entre el poder real y el episcopal existente, en aquella época, en nuestra ciudad. La iglesia de San Nicolás  fue, en aquel tiempo, una autentica fortaleza que serviría de  bastión de defensa y ataque al enemigo burgo de San Cernin.

En el año 1222 la Población de San Nicolás fue arrasada y su iglesia-fortaleza incendiada. Las guerras entre los diferentes burgos  terminarían, finalmente,  cuando el rey Carlos III el Noble decretó el 8 de septiembre de 1423 el Privilegio de la Unión que dió lugar a la Pamplona unificada que conocemos. A finales del siglo XIX se realizaron diversas reformas en la iglesia que continuaron a lo largo de las primeras décadas del siglo XX. El nuevo atrio y la casa parroquial se comenzaron a construir en enero de 1884, terminándose en el año 1888. La nueva puerta al Paseo de Sarasate se inauguró en 1891. En los años 20 del pasado siglo se realizaron reformas en la base de de la antigua torre, adornándose ésta con dos almenas con matacanes. Hoy en día, la plazuela, que se halla a camino de dos calles con gran presencia hostelera, sigue teniendo el atractivo que le da fundamentalmente la orgullosa silueta de su imponente torre-fortaleza, la presencia de algunos comercios centenarios como la Vinoteca Murillo o la Ferretería Irigaray y de algún edificio y detalle como el del nº 72, de  estilo modernista, construido en 1899 por el arquitecto Manuel Martínez de Ubago, o el reloj  de sol, de 1779, que aparece en la fachada del nº 76. La plazuela, carece, sin embargo, de algún elemento o mobiliario, -que pena la retirada de aquella vieja farola decimonónica, que le hubiera seguido dando ese sabor, que podemos percibir en alguna de las fotopostales del lugar datadas entre los años 1900 y 1960. La plazuela es actualmente conocida, sobre todo, por ser la sede del popular mercadillo anual de pastas y roscos de San Blas, el día 3 de Febrero.

Fotopostales, por orden de aparición: Nº 1: A.de León (1900-1920), Nº2: Luis García Garrabella (Años 50), Nº 3: A. de León (1900-1920), Nº 4: Luis Roisin: 1914. Nº 5: Ediciones Sicilia (Años 40), Nº 6: Eusebio Rubio (1900-1910), Nº 7: Ediciones Arribas (Años 50), Nº 8: Ediciones Vaquero (Años 60).

      

Plazas y calles de ayer y hoy: La Cuesta de La Estación (1879-2016)

Ahora que la llamada Cuesta de la Estación está sufriendo importantes cambios, con la ampliación de la acera y la habilitación de un carril bici que comunicará la zona de San Lorenzo con el parque de Trinitarios, parece un buen momento para recordar como ha ido evolucionando esta emblemática entrada de Pamplona a lo largo de la historia. Y es que a veces, por diferentes razones, la historia de los lugares va y viene, cambia y evoluciona para volver a parecerse, sorprendentemente, a tiempos pasados. Así, a finales del siglo XIX, concretamente en 1879-80, podíamos ver el  inicio de esta Cuesta, en su confluencia con la iglesia de San Lorenzo, mucho más estrecha que la que hemos conocido durante el mayor tiempo de nuestras vidas, con la plaza de Recoletas invadiendo la actual calzada y su famosa fuente ubicada en el extremo surooccidental de la plaza, tal y como se observa en la fotografía de la derecha, de Roldán (padre), que encabeza la entrada. Ahora esta estampa se nos antoja bastante extraña, sobre todo porque la Iglesia de San Lorenzo presentaba una enorme fachada pétrea de aspecto medieval con una bonita portada obra de Juan Miguel de Goyeneta. La fuente se trasladaría al centro de la plaza en 1884 y la fachada medieval de San Lorenzo se derribaría en Febrero de 1901. La nueva fachada, obra de Florencio de Ansoleaga, que  vemos en la foto de la izquierda, de Bozano, que encabeza también la entrada, se inauguraría, como no podía ser de otro modo,  el 6 de julio de 1903. Sin embargo, esta torre no ha llegado completa a nuestros días ya que en la primera mitad del pasado siglo perdió el pináculo, de forma piramidal, con la que culminaba la torre.


En 1932, imagino que por las necesidades derivadas de la creciente automoción, todavía muy incipiente, sumadas, además, a la ocupación de parte del vial  por el ferrocarril del Irati se decidió  ampliar  la anchura de la Cuesta de la Estación. Esta ampliación se hizo  a costa de la plaza y del Convento de Recoletas. Junto a estas líneas podemos ver, en varias fotografías de Bozano, de 1932, la estrechez de la calzada, sobre todo a partir de su mitad, antes del derribo del imponente muro conventual y de una buena franja de su huerta. El de la Cuesta de la Estación no es, de todos modos,  el título oficial de la vía. La empezaron a llamar así los pamploneses con motivo de la inauguración de la estación del tren, la estación del Norte, en 1860. Hasta entonces, y desde el siglo XVI,  se llamaba Cuesta del Portal Nuevo. En el pasado siglo se llamaba Avenida de Guipúzcoa al tramo de vía comprendido entre el cruce con la Cuesta de la Reina y el límite municipal, donde estaba la caseta de arbitrios, muy cerca de Berriozar. Hoy la Cuesta de la Estación, en su tramo urbano, aparece como Calle Taconera. Por aquí, cerca del Portal Nuevo, en el lado izquierdo de la Cuesta, en el muro de contención de los jardines de la Taconera, estaba la llamada Fuente del León, que fue tapiada en 1911 por presión de la Sociedad del Irati. La fuente se nutría, como la de la Taconera, de aguas de Iturrama.

Tras el Portal Nuevo, la Cuesta de la Estación también ha sufrido modificaciones, si atendemos a las fotografías de que dispongo. A principios de siglo, antes de  1905, había un alto muro de piedra bordeando la cuesta con troneras o aspilleras, como se puede comprobar en la fotografía de la izquierda, de Fidel Veramendi, publicada en el libro de J.J Arazuri, Pamplona, calles y barrios. Posteriormente el muro fue rebajado, como vemos en la pequeña foto de la derecha, de Luis Roisin, de 1913. Tras la inauguración del nuevo portal, obra de Victor Eusa, en los años 50, se modificó también  la apariencia de la bajada, sustituyendo el viejo murete de piedra por una barandilla de hierro engarzada mediante machones o pilares de piedra que son los que podemos ver todavía y que se observan en la foto postal de la derecha de Ruperez. Resulta curioso comprobar como,  a lo largo de los últimos decenios, el nivel de la acera en este tramo ha ido quedando muy por debajo del nivel de la calzada, cuando durante buena parte del siglo XX no fue así. Cuantas veces habré subido o bajado por esta Cuesta, desde que tengo uso de razón, bien andando o bien en villavesa. Para los que vivimos en la Rochapea ésta era junto a la de Joaquín Beunza una de las dos vías más importantes de conexión con el centro. En noviembre de 2014, el Ayuntamiento decidió ampliar la acera y habilitar un carril de bici con doble sentido, de subida y bajada, reduciendo los carriles para los vehículos a la mitad, de cuatro (dos de subida y dos de bajada) a dos (uno de subida y uno de bajada), si bien lo hizo con carácter provisional, sin obra, hasta que hace unas semanas se iniciaron las obras de acondicionamiento de las aceras y carriles, tal y como se observa en el reportaje fotográfico adjunto de hoy mismo.

Fotos referenciadas en la entrada, por orden de aparición: Iglesia de San Lorenzo (1903), Bozano. Iglesia de San Lorenzo (1879-80), Roldán padre. Cuesta de la estación antes de las obras de ampliación (1932), Bozano. Cuesta de la Estación (1900-1904),  Fidel Veramendi. Cuesta de la Estación (1913), Luis Roisin. Cuesta de la Estación. (Años 50),  Ruperez para Ediciones Vaquero. 

Plazas y calles de ayer y hoy: la plaza de Santa Ana (1953-2013)

Este rincón, arranca  de la calle Jarauta, aproximadamente en la mitad de su recorrido y,  tras una zona estrecha,  se ensancha en un espacio abierto que, más que una plaza al uso, es un espacio interior situado entre las traseras de la calle Mayor y de la Jarauta. Hasta 1908 la plaza se llamaba Plazuela del Mercado de Cerdos porque en ella, todos los sábados de la época de matanza, se celebraba el mercado porcino. Desde 1909 hasta 1923, antes de su traslado a la zona de la Media Luna, la Perrera o Prevención municipal estuvo ubicada en la esquina de la plazuela con Jarauta. Por eso en esa época se le llamó Plazuela o Rincón de la Corrección. La foto que encabeza la entrada, de J.J Arazuri, nos ofrece una bella y melancolica instantánea invernal de este rincón allá por enero del año 1953. En 1957 el padre Carmelo proponía en la prensa local  llamar a este rincón, plaza de Santa Ana. En 1959, el pleno municipal acordaba darle el nombre de Plaza de Santa Ana, en memoria de la patrona del antiguo barrio de las Pellejerías. Y es que uno de los elementos más destacados de la plaza lo constituye la basílica o capilla de Santa Ana. La capilla de Santa Ana estuvo durante mucho tiempo, al menos desde 1682, en el nº 42 de las Pellejerías, hasta su derrumbe en 1879. Se comenta que, posteriormente, la imagen de la santa estuvo durante muchos años en una casa del barrio. En 1963 se instaló una hornacina en una de las construcciones de la plaza con la imagen de la santa, una figura de madera policromada en la que aparece Santa Ana, la Virgen María y el Niño Jesús, protegida por un cristal, tal y como vemos en la segunda foto, ésta en color, que encabeza la entrada.

 La imagen fue retirada tras una serie de actos vandálicos en el año 1997 quedando almacenada en un edificio municipal hasta su restauración y regreso a su hornacina, una hornacina de gran tamaño,  en julio de 2013, tras la obras de repavimentación de  Jarauta y el acondicionamiento de la plaza. Junto a este párrafo vemos una foto de la plaza, con su aspecto actual. Hay noticias de fiestas en honor a Santa Ana desde el siglo pasado, si bien luego decayeron y desaparecieron, siendo recuperadas, de nuevo, en el año 1971. Este rincón tiene vocación de ser una gran  plaza pública, abierta durante el día y cerrada por la noche, así lo ha sido durante buena parte de su historia reciente, pero además se pretende que sea una gran plaza con acceso desde Eslava y el Rincón de la Pellejería, con un parking subterráneo y una zona de esparcimiento en su superficie. Desde hace muchos años, más de tres décadas (desde los tiempos del alcalde Julián Balduz), existen proyectos, (la famosa manzana piloto Mayor-Jarauta-Eslava), que pretenden eliminar las naves comerciales e industriales existentes que dividen este gran espacio interior. De hecho, en 1989 se derribaba la nave de la antigua fábrica de lejías El Tigre
Fotos referenciadas en el texto

Plazas y calles de ayer y hoy: La Plaza de la Virgen de la O (1899-2010)

Plazuela situada en las inmediaciones del antiguo portal de Santa Engracia, hoy Portal Nuevo, al final de las calles Santo Andia, por un lado, y Recoletas, por otro, entre los muros de los conventos de los Carmelitas Descalzos y de las Madres Recoletas. En los siglos XVI y XVII la plaza estaba ocupada por once casas y sus correspondientes huertas. A mediados del siglo XIX había en este lugar un Matadero de Cerdos, antes de que se construyese el Matadero Municipal de la calle San Roque en el año 1908. Con la construcción del Matadero Municipal, los diferentes mataderos dispersos por la ciudad se trasladaron a dicho matadero, junto a la cárcel. Con el derribo del antiguo matadero en este paraje es cuando podemos decir que se configura la plazuela tal y como la hemos conocido durante largos años. En el lugar hubo un abrevadero hasta enero de 1955, en la esquina de la plaza con la calle Recoletas. Pero quizás por lo que es más conocida esta plaza es por la ermita de la Virgen de la O o más apropiadamente de la Virgen María, Nuestra Señora de la Esperanza. La talla había dejado su huella también en el nombre de la calle contigua: Santo Andia (de “sanduandia” o santo grande). No olvidemos que la talla de estilo gótico mide nada menos que 1,78 metros de altura. Junto a este párrafo, encabezando la entrada, podemos contemplar dos fotografías, la primera del año 1934, con unos moceticos-as delante de la ermita, la segunda de Zubieta y Retegui, con una panorámica de la plaza de la O hacia 1940, también con unos chavales jugando en el lugar, ambas del libro de J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”.
La devoción a esta virgen hunde sus raíces en el siglo XII o XIII,   de la mano de la llamada Cofradía de Labradores del Mercado de Pamplona, luego Cofradía de Languinobrari que fueron los que erigieron la ermita en honor a la Virgen. El lugar albergó también durante siglos un hospital para alivio de los pobres. No obstante, la ermita o basílica de la Virgen de la O, que hemos conocido muchos durante el siglo XX, fue construida en el siglo XVIII en terrenos que cedió el Ayuntamiento a los vecinos de Santo Andia y  a la cofradía de Languinobrari. Junto a este párrafo vemos, a la izquierda, arriba, la plaza y ermita de la Virgen de la O en 1962, y abajo la ermita en 1899, ambas fotografías aparecen en el libro de J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios” y a la derecha la capilla antes de su demolición. 

Y es que en 1987, el Ayuntamiento cambió de un modo bastante drástico y, en mi opinión absolutamente desafortunado, la apariencia de la plaza y la basílica. Para empezar derribó la vieja y modesta ermita que habíamos visto durante la mayor parte del siglo XX y construyó una fea torre, para albergar la imagen, sin ningún tipo de gusto ni personalidad. Además dotó a la plaza de una pérgola de pilares de hormigón y unos bancos de piedra. En el 2006 y dentro del proyecto de reurbanización de la zona se planteó reconstruir la antigua portada de la ermita, eliminando la torre y parte de la pérgola y los bancos de piedra, si bien en las obras del año 2010 no se acometieron por completo estas obras, ya que tan solo se eliminó la pérgola y una construcción de dudoso gusto pero no la torre, se pavimentó la plaza con losa y adoquín, se mejoró el saneamiento, el alumbrado y el arbolado y se eliminó el muro que escalonaba la plaza frente a la calle Recoletas, tal y como vemos en las siguientes fotografías en color de la página web del Ayuntamiento, con la plaza en obras y las obras terminadas.

Fotos referenciadas en el texto

Plazas y calles de ayer y hoy: La Plaza de la Cruz (1944-2014)

La plaza de la Cruz no fue designada oficialmente por el Ayuntamiento, como tal. Este espacio situado entre las calles Bergamín, Sanguesa, Navarro Villoslada y San Fermín, fue bautizada por el pueblo en el año 1941, al instalarse en dicho lugar un conjunto escultórico  con una cruz forjada en hierro acompañada  por una farolas de época, medio inclinadas y retorcidas, con claras influencias de Gaudí. El conjunto se realizó en 1932, por el maestro de forja, Constantino Manzana Llena, y estuvo ubicado, en primer lugar, en el jardín del Claustro de la Catedral hasta su traslado a este lugar. Con el paso de los años el conjunto sufrió algunos cambios, eliminándose las farolas y quedando tan solo la cruz de hierro sobre un estanque. En la foto que encabeza esta entrada, de J.Cia, vemos la plaza de la Cruz con los Institutos de Navarra recién inaugurados. La foto es de 1944. En las fotos del siguiente párrafo vemos una foto de unos años más tarde, probablemente de finales de los 40, sin datar ni filiar, y una postal en color del centro de la plaza en  los años 60.
La plaza es también conocida por la presencia, en este lugar, del primer Instituto de Segunda Enseñanza de Pamplona. El Instituto conoció otras ubicaciones hasta llegar aquí. Se fundó en noviembre de 1845, como consecuencia de la ley Moyano que obligaba a crear, al menos,  un instituto de segunda enseñanza en cada capital de provincia. El Instituto estuvo, en primer lugar, en Casa del Arcediano y luego en la actual sede del INAP, antiguas escuelas de Magisterio y Empresariales. En 1939, tras la guerra civil, la separación de sexos conllevó la división del instituto en dos centros: el masculino “Ximenez de Rada” y el femenino “Príncipe de Viana” que ocuparon, desde 1944, su actual emplazamiento en la plaza de la Cruz, bajo el rótulo de “Institutos de Navarra”. A partir de 1984 los dos institutos volvieron  a ser mixtos y desde 1995 se fusionaron bajo el nombre de IES Plaza de la Cruz. El edificio que ocupa una manzana completa entre las calles Bergamin, Sanguesa, San Fermín y Tafalla se construyó bajo proyecto de José Yarnoz y tiene una entrada principal con un porche lleno de arcadas y un pórtico hexastilo (seis columnas) de doble altura y dos entradas secundarias, la del antiguo Príncipe de Viana en la calle Bergamín y la del Ximenez de Rada en la calle Sanguesa. Las fachadas combinan la piedra y el ladrillo entre grandes ventanales. El patio del centro, que vemos en una foto más adelante, estaba dividido por una tapia que separaba  el alumnado masculino del femenino y que fue derribada a los pocos años de la muerte de Franco.
Así como yo en el año 1977 y tras mi paso consecutivo por el Ave Maria y Cardenal Ilundain recalé en Irubide, mi hermano al término de su estancia en las escuelas del Ave Maria, comenzó lo que entonces se llamaba el bachiller en el Ximenez de Rada. Estuvo en el Ximenez entre 1969 y 1976. De aquellos años recuerda algunos nombres como Salanueva (Matematicas), Uriarte (Geografía), Lampreave (Literatura), Montes (Latín), Ortiz (Química), Garcia Gainza (Filosofía), Asensio (Dibujo), Arrarás (Matemáticas), Mendiola (Ciencias Naturales), La Torre (Literatura), Jaurrieta (Francés), Ferrer (Dibujo), Olaso (Francés), Socorro López (Biología), Dallo (Religión), “El Domin” (Religión). El Director era entonces Alonso del Real. Y el bedel se llamaba Manolo. Eran tiempos del tardofranquismo en los que incluso había una asignatura que se llamaba “Formación del Espíritu Nacional”, tiempos en los que comenzaban los también primeros movimientos estudiantiles antifranquistas como los “Comités de Estudiantes de Navarra”. Cerca de los institutos se encontraba “la Servi”, la Servicial Vinicola donde acudían los estudiantes algo más mayores y que tenían algo de dinero para comprar un bocadillo, los demás se traían el bocadillo de casa. En sus inmediaciones estaba una de las cafeterías Delicias, una sala de juegos y otros establecimientos de los que tengo un lejano recuerdo. Junto  a este párrafo vemos el patio del instituto y un pasillo del centro hace apenas una década.
En la misma plaza, muy cerca de los institutos,  en el nº 19 de la calle Bergamín se encuentra la iglesia de San Miguel, iglesia de tres naves, con una fachada principal de corte clásico y un pórtico con un gran arco y dos torres cubiertas con chapiteles herrerianos. La iglesia fue obra también de José Yarnoz, en esta ocasión acompañado en la dirección del proyecto por Victor Eusa. La iglesia se construyó en el año 1950.  En la segunda foto que encabeza la entrada vemos la calle San Fermín  a finales de los 50 con la iglesia de San Miguel, en primer término. Junto a ella nos encontramos con el salón Mikael, del que ya hablé en la entrada de “Los cines del Viejo Pamplona” y que está a la izquierda de la parroquia, en los bajos del edificio del color ladrillo que vemos en la fotografía adjunta a este párrafo.  La plaza no ha sufrido, por otra parte, demasiados cambios desde su construcción, tan solo el mobiliario urbano (los bancos, las farolas), la pavimentación de la plaza y la instalación de un parque infantil en la zona más cercana a Navarro Villoslada. En la penúltima fotografía de esta entrada vemos la plaza de la Cruz hace unos años antes de los cambios en su mobiliario, concretamente con los bancos y las farolas antiguas.

Plazas y calles de ayer y hoy: La Avenida de Carlos III (1923-2003)

Continuo con esta serie, que intenta ofrecer algunas pinceladas de nuestras principales calles y plazas, al tiempo que vemos su evolución histórico-fotográfica. El Ayuntamiento dió este nombre en junio de 1923 a la vía principal del nuevo ensanche, para conmemorar el V centenario del Privilegio de la Unión, y lo hizo en honor al Rey que había logrado unificar los tres burgos medievales en una sola ciudad, Carlos III el Noble. Con kilómetro largo de distancia esta avenida se convierte en una de las vías más importantes de la ciudad. A lo largo de su trayectoria, desde la plaza del Castillo hasta la plaza de Conde de Rodezno,  podemos descubrir, en sus inicios, el antiguo edificio del Crédito Navarro, hoy Banco de Santander, el Teatro Gayarre, el Palacio de la Diputación, el antiguo edificio de la Caja de Ahorros de Navarra, hoy Hacienda Foral, y en el segundo tramo la Iglesia de San Antonio y el Monumento a los Caídos, polémica construcción reconvertida en sala de exposiciones. Entre 1931 y 1932 se había derribado el Teatro Gayarre que cerraba la plaza del Castillo por ese lado, permitiendo abrir la plaza central de la ciudad a la naciente avenida. Vayamos por partes.  Empecemos a repasar que es lo que nos encontramos en el lado derecho de la avenida de Carlos III.
El primer edificio con el que nos encontramos en el comienzo en la avenida es nada menos que el Palacio de la Diputación Foral. El edificio se empezó a construir el 23 de diciembre de 1840, en el solar que ocupaba la huerta del convento de las Carmelitas Descalzas, y se hizo bajo proyecto del arquitecto José de Nagusia. Como curiosidad, cabe señalar que se utilizaron, en su construcción, piedras de las canteras de Ansoain y Ezkaba. Las obras estuvieron paralizadas entre 1843 y 1846 por falta de recursos. La primera sesión en el nuevo palacio se produjo en el año 1851. Hasta entonces la Diputación había desarrollado sus actividades en el palacio del Barón de Armendariz de la calle San Francisco y luego en la Casa de Antillón en la calle Estafeta. En 1965 se construyó un edificio de siete plantas de oficinas junto a los Jardines del Palacio, en la avenida San Ignacio, obra de Candido Ayestarán. A continuación de la fachada este del Palacio de Diputación,  nos encontrábamos con la sede central de la Caja de Ahorros de Navarra, inaugurada el 1 de enero de 1933 y que al igual que la fachada este del Palacio de Diputación (1932-1935) se realizó bajo la dirección de los hermanos Yarnoz Larrosa, si bien con una cierta inspiración “deco” sobre una base clasicista. Vemos con bastante claridad este edificio en la foto-postal en blanco y negro que encabeza esta entrada, datada en la segunda mitad de los años 50 y vemos junto a este párrafo dos bellas foto-postales, de los años 50, del Palacio de Diputación. 
Pasada la calle Cortes de Navarra, a mano derecha, encontrábamos la llamada Casa Doria (que aparece en la foto izquierda  inferior adjunta de 1930)  de la que ya hablé en la correspondiente entrada del blog dedicada al Segundo Ensanche. Dicha casa fue una de las primeras en construirse en el ensanche nuevo, allá por el año 1923, con planta baja y una sola altura aunque el Ayuntamiento le obligo a hacer más viviendas y gano con el tiempo entre 2 y 3 alturas  en la confluencia con Paulino Caballero. En el resto se fue derribando la amazacotada construcción que vemos en la foto a lo largo de los años 40 y 50 para erigir el actual edificio, donde hasta hace poco estaba Cuadrado (que vemos en segundo término, tras el edificio de la Caja, en la foto-postal derecha que encabeza la entrada). Tras esta manzana y pasada la avenida de Roncesvalles nos encontrábamos con el chalet de Muniain, construido en 1929 junto a otros chalets (tal y como vemos en la foto inferior derecha adjunta,   de principios de los años 70,  de Galle), allí donde en 1978 se inauguraría la nueva sede central de la Caja de Ahorros de Navarra. Tras el chalet de Muniain, la manzana acababa rematada, en su esquina con Arrieta, por la antigua sede de la Mutua de Seguros de Pamplona, obra de Victor Eusa, construida en los años 40 (y que vemos en la foto superior derecha adjunta, de los años 70, también de Galle). Pasada la calle Leyre nos encontraríamos con la Casa de las Hiedras construida en 1927 y  demolida, con dinamita, en la tarde del 6 de septiembre de 1974. Como podemos comprobar en la foto  superior izquierda adjunta, de este primer tramo de la avenida,  (perteneciente a una postal de L. Roisin),  los edificios no solían tener más de tres  o cuatro alturas, a menudo sin locales comerciales en los bajos, salpicado, de vez en cuando, como hemos podido ver, por bellos palacetes o chalets donde vivía la alta burguesía de la ciudad. Posteriormente, en los años 50, 60 y 70 alguno de estos edificios y un buen número de chalets serían sustituidos por edificios  de mayor altura, con sus correspondientes bajos comerciales.

Pasada la plaza de Merindades, antiguamente de Mola, nos encontramos enseguida con la iglesia de San Antonio, regentada por los Padres  Capuchinos y que vemos en una de las fotos de la izquierda, junto a este párrafo. Se construyó entre 1939 y 1940 y fue inaugurada el 29 de junio de 1940: consta de una amplia iglesia con ábside y presbiterio y una bella capilla penitencial presidida por el Cristo de Alonso Cano. El convento anexo consta de sótano y cinco plantas que dan a la calle San Fermín. Como ya dije en la entrada del Segundo Ensanche, desde 1940 a 1958, y especialmente entre 1940 a 1950 (incluso un poco antes) se construye toda la retícula de edificios existente más allá de la antigua avenida de Franco, hoy de la Baja Navarra. En este tramo de Carlos III, los edificios construidos contaban con seis alturas de media más bajo comercial, tal y como se puede comprobar en las fotos adjuntas de los años 50 y 60 que acompañan a este párrafo. En este tramo la Avenida es atravesada por este orden, por las calles San Fermín, Tafalla, Gorriti y Castillo de Maya (antigua Mártires de la Patria), para acabar en la plaza de Conde de Rodezno, culminada con la construcción del Monumento a los Caídos, obra conjunta de Yarnoz y Eusa, comenzada en 1948 e inaugurado por Franco en 1952.

Volvamos al principio de la avenida. El primer edificio con el que nos encontramos al inicio del lado izquierdo de la avenida es el edificio del Crédito Navarro, una de las primeras entidades bancarias navarras junto al Banco de la Vasconia. En 1934 se acometieron las reformas de su viejo edificio que dieron lugar al edificio actual (y que vemos en la foto izquierda adjunta que aparece en el libro “Pamplona, calles y barrios”, de J.J. Arazuri). Algún día hablaré del origen de los primeros bancos y cajas navarras, que a buen seguro sorprenderá a más de uno.  El Teatro Gayarre que cerraba la plaza del Castillo, precisamente por Carlos III, y respondía en los primeros años, hasta 1903, al nombre de Teatro Principal, comenzó  a ser desmontado, como he dicho al principio de la entrada, en 1931, terminándose las obras en febrero de 1932. La  foto en color sepia que encabeza esta entrada es de esa época, con el Gayarre en su nueva ubicación y  sin haberse construido, aún, el nuevo edificio del Crédito Navarro.   

El Teatro Principal, de propiedad municipal, se había erigido en 1840 sobre uno de los solares del convento de las Carmelitas Descalzas, inaugurándose en 1841 con la comedia “Un vaso de agua”. En ese lugar, como he dicho se mantuvo hasta 1931, para abrir la avenida, conservando en parte la vieja fachada. Tanto la función de cierre del viejo edificio como la de apertura del nuevo corrieron a cargo del Orfeón Pamplonés. El nuevo teatro tenía, en sus orígenes, en el escenario una decoración cubista y una excelente acústica.  La empresa constructora Erroz y San Martín solicitó la explotación del local durante 20 años, solicitud que le fue concedida. En 1942 se renovó la concesión, ya con la SAIDE como concesionaria, por un período de 10 años. En 1949 el Teatro cerró un tiempo, para realizar reformas, volviendose a abrir en 1950, con una función a cargo de la compañía del bailarín Antonio. De los años 50 data la segunda foto del  párrafo anterior, donde vemos los edificios del Crédito Navarro y del Teatro Gayarre. En 1953 se firmó un nuevo contrato con la SAIDE  para una concesión de 50 años, en compensación por las importantes obras de mejora realizadas por la empresa. No obstante el pleno municipal decidió su reversión cinco años antes del límite del período establecido, en 1998. En noviembre de 1968 se produjo un pavoroso incendio en el Teatro obligando a cerrar sus puertas hasta julio de 1969, perdiendo desgraciadamente  parte de su excelente acústica. 

En este lado de la avenida que yo recuerde no ha habido tantos cambios en los edificios, tal vez los más destacados estén en el tramo Cortes de Navarra-Plaza de Merindades, Tras la Casa Barasoain, situada en la esquina de Carlos III con Roncesvalles, una de las primeras casas del Ensanche, había un edificio algo más bajo, (tal y como se apunta en la foto izquierda adjunta), que fue sustituido por otro mucho más moderno, no hace tanto tiempo, probablemente  en las últimas décadas del pasado siglo,  y que alberga actualmente el Multicentro Carlos III. Más adelante, en la confluencia de la avenida Carlos III con Leyre, estuvo hasta 1964 la antigua Casa del Colegio Notarial (que vemos en la foto adjunta también de J.J. Arazuri de enero de ese mismo año), siendo sustituido ese año por un moderno edificio de siete plantas, donde ha mantenido su sede el mismo colegio notarial.  En la plaza de Merindades, antigua plaza de Mola, como no recordar la antigua gasolinera de Jesus Unsain, cerrada en 1980, cuyo espacio ocuparía posteriormente la sede provincial del Banco de Bilbao. Del resto de este lado de la avenida hasta Conde de Rodezno no hay ninguna renovación de edificios que yo recuerde. Quizás los cambios urbanísticos más importantes en la zona  hayan sido, en los últimos años, la construcción de los aparcamientos de Roncesvalles y Carlos III a lo largo del primer y segundo tramo de la avenida, así como su peatonalización, que ha contribuido a situarla como el primer eje comercial de la ciudad, eso si, lleno de grandes marcas y franquicias, sin apenas ningún atisbo del comercio local, (a excepción del segundo tramo), que hubo en otros tiempos, precisamente  aquellos tiempos que este blog pretende reflejar.


Fotos referenciadas en el texto de la entrada. 

Plazas y calles de ayer y hoy: El Portal Nuevo (1900-1970)

Siguiendo la estela de la evolución de las calles, plazas y parques de nuestra ciudad y con una clara intención  de ver la evolución fotográfica de algunos de esos rincones entrañables, me centro, en esta ocasión, en un lugar de especial significado para mi. Tras el derribo de los antiguos portales del recinto amurallado, de los cuales sólo queda, desgraciadamente, el Portal de Francia (¡que bello lugar y que resonancias me trae) el gran portal por antonomasia, de entrada a la ciudad ha sido para mi, desde niño el Portal Nuevo. Era la gran puerta de entrada a la ciudad de arriba, a Pamplona, para los de abajo, los de la Rocha. Por ahí subía siempre nuestra villavesa, la 3. En mi casa, seguramente, por cercanía con los vecinos jardines, le llamábamos, familiarmente,  el Portal de la Taconera, ya sé que equivocadamente porque el portal de la Taconera es otro, es el que estaba al final de la calle Navas de Tolosa, junto a Antoniutti. Este Portal conocido como Portal Nuevo, fue antiguamente la Puerta o Puerta Nueva de Santa Engracia, que por reducción de su nombre se quedó en Puerta o Portal Nuevo. Fue construido en la segunda mitad del siglo XVI, probablemente en torno a 1583 u 84. Fue casi destruido en el sitio de Pamplona de 1823 y cerrado al tránsito durante más de tres años reabriéndose en 1826.

En la foto de la izquierda vemos el Portal Nuevo en el año 1900, antes de su ensanchamiento, donde, como podéis comprobar, apenas podía pasar por él un carruaje. La foto aparece en el libro de J.J. Arazuri, “Pamplona, antaño”. En junio de 1905, siendo alcalde Daniel Irujo, se permitió a Pamplona ensanchar los Portales de sus murallas. Las obras se iniciaron en mayo de 1906 y acabaron casi un año más tarde. Vemos en la foto de la derecha que aparece, igualmente, en el citado libro,   como quedó tras la reforma, en el año 1908. Muy pocos años después del ensanchamiento del Portal, a partir de 1911, bajo este puente o pasarela del Portal Nuevo pasaría el Irati,  aquel romántico tren, tranvía a su paso por la ciudad, que enlazaba desde su estación en el Rincón de la Aduana con la Estación del Norte, tal y como podemos ver en una postal, de 1913, de Viuda de Eusebio Rubio encabezando la entrada. Podemos ver, asimismo y a continuación, el Portal Nuevo desde tres perspectivas diferentes, todas ellas datadas en los años 30, dos tomadas desde el lado derecho del portal según se sube desde La Rocha, (una desde el mirador de Vistabella (del año 1933) y otra desde los Jardines (del año 1931) y la tercera de Rafael Bozano, datada en 1930, tomada desde la plaza de la Virgen de la O, antes de que se rellenase el baluarte de Gonzaga para crear el citado mirador de Vistabella. Compruebese, al mirar estas fotos y las que siguen a continuación, después de  la gran reforma de 1950, como con el actual portal construido en 1950, según diseño de Victor Eusa y ejecución de los Hermanos Salanueva, se niveló el desnivel  que existía entre la muralla de Ronda, junto a la plaza de la Virgen de la O y el antiguo portal,  tal y como se observa, claramente en la última foto de la siguiente relación de instantáneas, foto que data de 1958. El Portal se hizo con un marcado estilo historicista, con sus dos torres almenadas. Un escudo imperial del Portal de la Rochapea derribado en 1915 luce en el Portal Nuevo.

En las fotos que adjunto a continuación, podemos ver el nuevo Portal, tras la reforma de 1950, más o menos  con la misma apariencia que tiene hoy en día, pero el valor de este reportaje fotográfico no lo dan ya los grandes cambios, que no los hay,  sino los pequeños cambios que observaremos, si miramos con atención cada una de esas fotos. Son fotos que corresponden al período de años que van de 1957 a 1969. Nos damos cuenta del paso del tiempo por los cambios en los modelos de los vehículos, en los autobuses, en la vestimenta de la gente, en el mobiliario urbano cercano (un tipo de farola más antiguo es sustituido  por otro), en el crecimiento urbanístico de los barrios extramuros. La primera postal de García Garrabella, está tomada desde el paseo de los jardines de la Taconera, al poco tiempo de la inauguración del nuevo Portal y nos muestra un solitario autobús (probablemente  alguna de aquellas primitivas villavesas) y algunos peatones bajando a la Rocha en un día bastante luminoso. La segunda postal, más frontal y cercana al Portal, de mediados de los 50, nos muestra las primitivas farolas, colocadas a ambos lados del gran arco. La tercera postal, de Ediciones Arribas, de 1957 nos muestra unos camiones un tanto antediluvianos, unas farolas tipo Munich que habían sustituido a las instaladas en la inauguración del portal, un seat 600, y algunas casas más en el barrio de la Rochapea, antes de su gran despegue urbanístico de comienzos de los 60 y la cuarta postal, en color es de 1960, nuevamente con la villavesa, circulando, pintada en blanco y verde. En una de las torres almenadas ondeban, entonces, las banderas de Pamplona y España

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El portal no sufrión modificaciones hasta final de siglo. A finales de los 90 se habilitó uno de los dos portones, el más cercano a la acera, como pasadizo para los peatones que, hasta entonces, se jugaban, nos jugábamos el físico, para pasar por la acera estrechísima que había bajo el gran arco. En el año 2009, el Ayuntamiento  restauraba el Portal Nuevo y los restos del baluarte de Gonzaga, recuperando varios metros, (en algunos tramos hasta cuatro), de la muralla original, semienterrada, junto a la Cuesta de La Reina. Para finalizar les dejo otra relación de fotografías de los años 60 y primeros 70: la primera de Ediciones Vaquero de 1962, la segunda de los primeros años 70 y la tercera también de los años 60, concretamente de su primera mitad. Por último, la foto de la derecha que encabeza la entrada, en color corresponde al año 1969.

Fotos referenciadas, siempre que ha sido posible, en el texto.

Parques de Pamplona: El parque de la Media Luna (1935-2015)

Tras haber visitado y repasado la evolución del parque de la Taconera, nos vamos, en esta entrada, hasta el parque de la Media Luna, un parque, como veremos, bastante más reciente que el anterior pero igualmente hermoso y lleno de recuerdos, de resonancias de todo tipo para muchos pamploneses. Su nombre probablemente se deba a que en las fortificaciones se llamaba “media luna” o luneta  a un revellín semicircular, a diferencia de los revellines triangulares, como los de la Ciudadela y es que en esta zona se construyó,  en la primera mitad del siglo XVIII, la media luna o luneta de San Bartolomé. Una parte de este parque se llamaba, en el siglo XII, La Millera, por ser éste el lugar destinado a la trilla, convirtiéndose en el siglo XVII este paraje en un lugar de esparcimiento, una “zona de paseo de recreo para las gentes”  tal y como figura literalmente en algunos documentos de aquella época. Así pues nos encontramos a principios del siglo XX con una zona de paseo, sobre la ripa o talud del Arga, en una zona de eras y cultivos de secano. Veamos que cambios o hitos se producen en esta zona y sus inmediaciones. Así, en 1921 se derribaba la media luna de Tejería para poder construir una nueva plaza de Toros, previo derribo de la antigua, que estaba ubicada detrás de la plaza del Castillo, aproximadamente en la zona de confluencia de Carlos III y el primer tramo de Cortes de Navarra, nueva plaza que se inauguraría en 1922. Esta luneta de Tejería y la de San Bartolome protegían el llamado baluarte de la Reina, que fue el primero en ser derribado el 25 de julio de 1915, con el inicio del derribo de las Murallas. En 1923 se contruía, en la trasera de la nueva plaza de Toros, donde luego estaría el Parque de Bomberos, la nueva perrera que anteriormente estaba  en la plaza Santa Ana así como el garaje de coches mortuorios.
Las obras de adecentamiento de la Media Luna se realizaron en torno a 1923-33 (junto a este párrafo vemos una foto anterior de la Media Luna, concretamente del año 1918) y finalizaron en 1935 con la construcción, sobre la ripa de Beloso, de un muro de contención, sobre el que se alinearía el actual paseo protegido por la barandilla, que va desde Beloso hasta el baluarte de San Bartolome, (vemos, junto a este párrafo, una foto de 1935 de esas obras publicada en el libro de J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”). En 1937 se aprobaron las obras para la formación del parque de la Media Luna, comenzándose a construirse, en primer lugar, en sus inmediaciones, viviendas unifamiliares y algunos hotelitos, y más tarde, en 1943, el parque como tal. Diseñado por Victor Eusa, con un cierto toque de inspiración árabe, por sus albercas, fuentes y setos recortados, el parque de la Media Luna tiene una extensión de 67.000 m2 y cuenta además con pérgolas, pequeñas esculturas, bancos, un bonito estanque con peces (1946), una pista de patinaje y como en la Taconera arboles de muy diferentes especies (incluida una de las tres secuoyas que hay en la ciudad). El parque de la Media Luna estaba delimitado por las calles Arrieta, Media Luna, Avenida de Francia, Ripa de Beloso y la media luna de San Bartolomé. En 1943 se reconstruyó el Fuerte de San Bartolome que se encontraba en un estado importante de deterioro, tal y como vemos en la foto de Galle, habilitando, posteriormente parte de su perímetro como parque infantil. 
En 1958 se construía el nuevo Parque Municipal de Bomberos, que sería renovado y completado en sus instalaciones en los años 1978 y 1979. En 1959 se construía el Monumento a Sarasate, restaurado no hace demasiado tiempo, cerca del llamado refugio y posteriormente bar con terraza que todos conocemos y que data de 1949. Durante muchos años, al menos hasta los años 70-, hubo en el Parque un pequeño kiosko para la música, hoy desaparecido. En 1985 se produjo una profunda restauración de este Parque y también en 2001 el Ayuntamiento invirtió un millón de euros en diversos arreglos. Al final del parque de la Media Luna  se encuentran:  un crucero gótico, con el escudo de las Cinco Llagas, un monumento a Sancho El Mayor; a su lado un bajorrelieve que recuerda la figura de Huarte de San Juan, el Chalet de  Izu, construido en 1955 bajo proyecto de Ramón Urmeneta (y que hoy es centro de encuentros profesionales y sede de varios colegios profesionales) y el Seminario Diocesano, también obra de Eusa, construido en el año 1936, que en la guerra se utilizó como hospital de campaña, el llamado “Hospital Alfonso Carlos”, para volver a ser seminario terminada la contienda. Junto a la plaza de toros se encuentra el Monumento a Hemingway, inaugurado el 6 de julio de 1968, con la presencia de su viuda. Como ya he dicho en una entrada sobre los sanfermines, en el año 1967, los fuegos artificiales, se lanzaron desde el baluarte de San Bartolome.

En el 2011 se inauguraba, en el baluarte de San Bartolome, el Centro de Interpretación de las Murallas de Pamplona, que ofrece explicaciones, en las diferentes salas, ubicadas en cada una de las bóvedas o casernas-, sobre la construcción y evolución de las Murallas y la vida en Pamplona en aquellos siglos de recinto fortificado. También en 2011 se inauguraba el ascensor de la Media Luna, que permite salvar el desnivel existente entre el parque y la zona de la bajada del Club Natación, además del puente o pasarela de Labrit que conecta el Parque de la Media Luna con la Muralla de Labrit y la Ronda del Obispo Barbazan, completando, de este modo, un maravilloso paseo que permite recorrer las Murallas de Pamplona, desde el Mirador de Vistabella hasta la Cuesta de Beloso. Al igual que pasa con la Taconera y su mirador de Vistabella, desde el mirador del parque de la Media Luna, se puede disfrutar de unas excelentes vistas del rio Arga y las Huertas de la Magdalena,   con el perfil de la Catedral, a nuestra izquierda, inmortalizado en infinidad de pinturas y fotografías.

Fotografías referenciadas en el texto de la entrada y diversas postales publicadas en los años 50 y 60

Parques de Pamplona: El parque de la Taconera (1830-2015)

Inicio una nueva sección en el blog bajo el nombre de Parques de Pamplona, recorriendo los parques más importantes de la ciudad. Inicio este recorrido, como no, por el parque más antiguo, bonito y emblemático de la ciudad: el parque de la Taconera.  Recorrerlo es un placer. Nos retrotrae a muchos pamploneses a nuestra más tierna infancia cuando correteamos por entre sus bancos rojos, senderos y jardines, bordeados por grandes olmos (desaparecidos en los años 80 con la grafiosis que dejo prácticamente desnudo el parque), nos escondíamos entre sus recoletos rincones, o veíamos asombrados los animales que vivían en régimen de semilibertad en los fosos. Hasta el siglo XVI, siglo en que se derriban las viejas murallas junto a la Taconera esta zona era un simple campo. Pero ya en el siglo XVII hay indicios de que se estaba formando un parque, bien por el cuidado o conservación de los arboles por parte del portalero o la colocación de algunos bancos en la zona, circunstancia que observamos se mantiene en el siglo XVIII en el que aparece en los planos de la ciudad la Taconera como una zona verde. El parque se convirtió en jardín a partir de 1829, en su zona más cercana a la iglesia de San Lorenzo, y el resto de los jardines se fueron instalando durante 1830, ocupando una superficie de 90.000 m2 en torno a las murallas y muy cerca del Casco Antiguo, con un estilo de clara inspiración versallesca.
Seguiré un orden cronológico para enumerar los numerosos cambios, novedades, hitos  e incorporaciones que ha tenido este parque a lo largo de su ya dilatada historia de 185 años. Entre algunos de los hitos más antiguos del parque estaba el llamado “árbol del cuco” un ejemplar arbóreo situado en la zona más cercana a San Lorenzo, en el Bosquecillo de la Taconera, que fue derribado en 1888 y cuyo origen databa al menos del siglo XVI. En 1906 se desmontaba el Portal de la Taconera situado en la actual calle Navas de Tolosa, a la altura de donde, desde 2002, se ha reconstruido el mismo portal. En su lugar se instaló otro más ancho, con unas torres metálicas de adorno a cada lado,  que en 1954 desaparecieron para ampliar la anchura de la calzada, suprimiéndose al mismo tiempo un trozo de muralla y el revellín. El escudo y una leyenda del antiguo portal se conservaron desde 1961, hasta la reconstrucción del Portal en 2002, en un monolito situado en los jardines de Antoniutti. Vemos junto a este párrafo y al siguiente una secuencia de fotografías que documentan estos cambios. La primera fotografía, con el antiguo portal, puede ser de entre 1902 y 1906 y aparece en los libros de J.J. Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”, la segunda foto, de José Ayala, es de 1907, con el portal y las torres metálicas. La tercera es de marzo de 1954 antes del inicio de las obras de ensanchamiento de la zona y la cuarta de J. Cía, es de  julio de 1954, de la zona en plenas obras. También, y casi de forma paralela al Portal de la Taconera, el Portal de Santa Engracia o Portal Nuevo, sufrió  cambios parecidos: en 1906 se derribaba y se sustituía por una pasarela metálica y en 1950 se reedificaba con un estilo neoclasicista, bajo el proyecto y dirección de Victor Eusa.

En 1918 se instalaron en los Jardines, sobre sendos pedestales, dos bustos de dos grandes personalidades  navarras: uno, en uno de los extremos sur  del parque, casi en la entrada del bosquecillo de la Taconera, el busto del escritor vianés Francisco Navarro Villoslada, descolgado del parque tras la construcción del Hotel Tres Reyes, y mucho más descolgado tras la obra de la rotonda de Navas de Tolosa en 1999 y otro busto  a Sarasate en uno de los jardines interiores. Este busto, de Sarasate, se trasladó en 1965 a la fachada del Conservatorio Superior de la calle Aoiz. En su lugar  se colocó el busto de otro músico navarro, Hilarión Eslava. En 1927 se instalaba junto a la caseta de alquiler de bicicletas (hoy el Café Vienés, cerrado) la estatua de la Mariblanca (representación de la diosa de la beneficiencia y la abundancia), después de haber recorrido la plaza del Castillo (1790-1910) y la plaza de San Francisco (1911-1926). ¿Cuando recuperará esta estatua el lugar que se merece en la ciudad, en vez de estar semiescondida como lo está ahora?
En 1929 se colocaba en la actual calle del Bosquecillo, y enfrente del anden central del parque, el antiguo Portal de San Nicolás, construido en 1666, y desmontado de su ubicación original, cerca de la actual iglesia de San Ignacio, en 1915. Es una bonita recreación barroca de un arco de triunfo que vemos, en una postal en color, de los años 60, encabezando esta entrada. En 1931 se ampliaba el parque de la Taconera por su lado norte al rellenarse los fosos del baluarte de Gonzaga, que vemos en la foto adjunta de 1920 de Fidel Veramendi y adelantarse el Mirador de los Jardines (que también vemos en una foto de 1912) una veintena de metros hasta el borde de la muralla de la Cuesta La Reina. Al nuevo mirador se le llamó Mirador de Vistabella. En 1934 se inauguraba el busto del médico y filosofo Huarte de San Juan, con motivo de las actividades del Ateneo organizadas, ese año, en su recuerdo. También en este año se instalaba la arquería gótica existente junto a los fosos en la zona norte del parque, con el escudo de armas de los Teobaldos. Creo haber visto incluso la estatua de uno de los Teobaldos, Teobaldo II (hace tiempo desaparecida) en alguna antigua fotografía presidiendo esa arquería gótica. Entre 1939 y 1943, se desarrollaron algunos de los proyectos del arquitecto Victo Eusa, para las zonas no acondicionadas, quedando el parque más o menos como está ahora. En 1949 intentaron convertir el foso en lago aunque el proyecto no se llevó a la práctica. En 1950 se inauguraba el monumento a Gayarre, con su enorme basamento cilíndrico, esculpido con bajorrelieves, rematando el anden central (tal y como vemos en la postal a color de los años 60, al final de la entrada). En su lugar había antes una gran fuente de surtidor, como la que vemos en la foto de Galle de los años 30 encabezando esta entrada.
En 1961 comenzó a construirse el Hotel Tres Reyes, que se inauguraría dos años más tarde (en 1963), en terrenos del Bosquecillo de la Taconera, una muy desafortunada actuación urbanística que rompió la unidad del parque y condenó a la zona del bosquecillo restante a una situación de marginalidad y abandono. Donde se construyó el hotel había antes un bonito palomar (que vemos en una postal de entonces) y un estanque con patos y cisnes. Junto a este párrafo y el siguiente vemos también sendas fotografías de J.J Arazuri, del Bosquecillo de los años 1959 y 1960, antes del comienzo de las obras del hotel. En estas fechas se construye también el parque Antoniutti, entonces avenida de Bayona. Se construyó sobre los antiguos fosos del Portal de la Taconera. A partir de 1971, al abrirse la avenida del Ejército, el tramo comprendido entre Navas de Tolosa y Circunvalación se cerró al tráfico y se convirtió en una pista de patinaje. A finales de los 60, los militares abandonarían el antiguo Club Mola, junto a la avenida del Ejército, y se instalaron en uno nuevo club junto a los fosos de la Taconera (entre Antoniutti y Larraina). A finales de los años 60 se creaba el pequeño zoo de los fosos, con ciervos, patos, faisanes, cisnes, pavos reales (recuerdo incluso algún jabalí) que incluso, en aquel tiempo, se extendió a otras zonas, fosos, de las  murallas de la ciudad, como el Redín y posteriormente se instaló en la Taconera un parque infantil. También recuerdo otro zoo (era una zona acotada, como una gran jaula) en la zona del Paseo con un monito que nos hacía mucha gracia, conejos y otras especies, que desapareció a finales de los 80 o primeros 90.
Otros elementos que recuerdo de este parque son el antiguo kiosko  del Bosquecillo existente en el lugar desde el año 1918 hasta 1992 y que reproduzco al final de la entrada. Este kiosko de madera (recuerdo que era de color verde y blanco)   era el  mismo kiosko que se había  instalado en la plaza del Castillo por la Sociedad Lechera Anaitasuna en los primeros años del siglo XX. El Ayuntamiento decidió desmontarlo en el año 1992 y erigir una nueva instalación hostelera en su lugar que recientemente han vuelto  a sacar a concurso. También hay que señalar el nuevo Palomar de la Taconera, que vemos en la foto de Galle de 1960, situado cerca del minizoo de Antoniutti, cuya caseta oculta un transformador de electricidad, la Cruz de la Taconera, situada frente al Bosquecillo (que data de 1521) y el edificio de los baños del Bosquecillo, obra también de Victor Eusa, conocido popularmente como “el paraguas” (1938). Esta zona es escenario, además, de la llegada del Angel de Aralar y en Sanfermines, ubicación para diferentes escenarios festivos: verbena en Antoniutti, actividades infantiles, conciertos y música regional en el Bosquecillo, puestos de venta ambulante, Euskal Música en Taconera. La Taconera es y seguirá siendo, en mi opinión, uno de los rincones más entrañables de la ciudad. 

Fotos referenciadas en el texto de la entrada