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Peñas y sociedades gastronómicas en el Viejo Pamplona (1913-2003)

Y lo prometido es deuda, tras las sociedades deportivas y de recreo voy a hablar del origen de  las actuales peñas, -algunas de ellas nacieron en el seno de las mencionadas sociedades deportivo recreativas- y de las sociedades gastronómicas. De estas últimas seguro que me dejo alguna, pero intentaré reseñar al menos las más importantes. Seguiré, en el caso de las peñas, un estricto orden cronológico. De las actuales peñas existentes la peña más antigua es La Unica.  Los primeros datos documentados sitúan su origen en  1913, aunque hay quien dice que los primeros intentos de ponerla en marcha se remontan a 1903. El origen de su nombre debió estar en su propia génesis, una única cuadrilla que se dedicaba a marchar de juerga por las calles de la vieja Iruña. Fueron entonces los primeros que incorporaron instrumentos de viento más ruidosos  que las guitarras y bandurrias de otras agrupaciones, vamos que fueron los primeros que sacaron lo que hoy llamaríamos  charangas o fanfarres.  Solían organizar  bailes para sufragar los gastos de  San Fermín. Posteriormente esta iniciativa seria imitada por otras peñas como el Bullicio o La Jarana. Visten pañuelo, faja y cintas de alpargatas verdes y blusón con cuadros pequeños blancos y azules. La segunda peña en antigüedad es El Bullicio Pamplonés que  se fundó en 1933 por iniciativa de una cuadrilla de amigos. La foto que encabeza la entrada es precisamente del año de su fundación. La siguiente pertenece a los años 50. Aparte de la fiesta iban al monte, jugaban al fútbol y también al mus y al dominó. En 1943 se trasladaron a un local en el nº 28 de la calle del Carmen. En 1953 dejaron el local por falta de recursos económicos, reuniéndose desde entonces en el Bar Cordovilla de la calle Navarrería. A mediados de los 70 adquirieron el local de la cafetería-bolera Simons en el nº 22 de Carmen que se convertirá en su sede definitiva. Visten de blanco con el escudo bordado en el pañuelo.
En 1934 se creaba la tercera peña de Pamplona,  el  Muthiko Alaiak si bien su origen se remonta a 1931 pues surgió sobre la base de un grupo de danzas y teatro llamado Zaldiko Maldiko fundado por Ignacio Baleztena  que pretendía recuperar algunas danzas de la tierra antes de su previsible extinción. Su versión de la kalejira del ingurutxo de Leiza con la letra de “Uno de enero, dos de febrero” se hizo  mundialmente conocida así como su “Levantate, pamplonica”. Con la creación de la peña se pretendía ampliar las actividades de Zaldiko, añadiendo además las de San Fermín. El grupo  de danzas y teatro  se reunía  inicialmente en los locales del Circulo Integrista en el nº 33 de la calle Estafeta. Luego utilizaron los locales de Turismo del Paseo de Sarasate y finalmente se instalaron en el último piso del Circulo Carlista en el nº 29 de la plaza del Castillo. Así que para 1934 el Muthiko Alaiak  tenía su sede en este lugar.  A nadie se le oculta el origen carlista de su principal impulsor, Baleztena, Premin de Iruña, y de muchos de sus integrantes en aquel entonces. Junto al Muthiko estaban entonces las citadas La Unica, La Veleta,   San Fermín, (estas dos últimas desaparecerían con la guerra) y el Bullicio. En los años 40 tuvo un gran impulso organizando la primera novillada de las peñas e inaugurando el aeropuerto de Barajas. En la foto que acompaña este párrafo vemos una foto de aquellos primeros danzaris del “Muthiko”.
Por cierto, el pasado año la nieta de uno de los integrantes de la Veleta tiró el chupinazo, ya que a la peña La Veleta, fundada en 1930, se le atribuye el impulso de la indumentaria blanca y roja como atuendo tipico de los sanfermines. Junto a este párrafo una foto de aquellos sanfermines de los años 30 de la peña. Compuesta mayoritariamente por obreros (fontaneros, albañiles, pintores, etc)  fue especialmente castigada por el golpe franquista. Varios miembros de la peña, seis o siete fueron fusilados, y otros igualmente perseguidos o represaliados por su compromiso político. Al termino de la guerra, en 1941 y 1942, quisieron seguir con el nombre pero el régimen no se lo permitió, obligó a dimitir a su junta que habían solicitado al legalización de La veleta al amparo de la nueva ley de asociaciones y tuvieron que cambiar el nombre por La Saeta en febrero de 1942. Su local ha seguido siendo el mismo en los dos casos: Jarauta, 33, aunque parece que en los inicios de la peña estuvo en el nº 79 de San Lorenzo y en el 65 de Descalzos.


En 1945, siendo presidente del Muthiko Jaime Mondragón,  se produjeron unos incidentes con unos falangistas en la plaza del Castillo y el gobernador les cerró el local.  Comenzaron a utilizar varios bares como sede, primero La Fructuosa y luego el Bar García de la calle Mayor hasta que en 1950 arrendaron un local en el nº 89 de esta misma calle. El grupo de danzas que consiguió multitud de éxitos internacionales ensayaba, por aquel entonces en las escuelas de San Francisco. En 1954 tras una nuevas protestas carlistas el gobernador volvió  a clausurar el Muthiko. Posteriormente el Muthiko recaló en el nº 18 de la calle San Francisco donde permanecería durante 8 años hasta 1962, año en  que volvieron a la plaza del Castillo, concretamente al nº 38. En este nuevo emplazamiento permanecerían durante 12 años hasta 1974, fecha en  que se trasladan al tercer piso del nº 14   de la calle Comedias, donde permanecen nada menos que 25 años. Sí, en esta calle estuvieron hasta 1999, año en que se trasladaron a un nuevo local  (compuesto de bajo y primero) de la calle Estafeta, donde antes estuviese  el Self Service Estafeta. El Muthiko organiza desde 1962 conferencias culturales, clases de euskera, viajes,  creó una sección de montaña y otras de fútbol, balonmano y hasta de baloncesto femenino así como la fanfarre. En pelota jugaron por la peña, Retegi, Lajos y los hermanos Aldaz. De ellos es el mérito de recuperar los coros de Santa Agueda o de organizar el Rey de la Faba que vemos en la fotografía adjunta. Visten blusón de cuadros azules pequeños.

La Jarana fue fundada oficialmente en 1940 por varias cuadrillas de pamplonicas de la calle del Carmen. Ya desde estos años salían a la calle por Sanfermin con música y pancarta ocupando su espacio en el tendido del coso pamplonés. En la foto de la izquierda vemos una foto de la peña de 1942. La otra foto, la de la derecha, de Inge Morah recoge una salida de la peña, probablemente de los años cincuenta, tal vez 1954. Otras fuentes sitúan como antecesora de La Jarana  a la Peña El Huevo aunque existen documentos gráficos de 1931 donde aparece una pancarta que dice “La Jarana saluda a Torón”, un diestro navarro de la época. Su primera sede estuvo en la calle San Fermín en el Ensanche, para pasar más tarde a la calle Estafeta, trasladándose en 1982 al nº 16 de la calle Jarauta. Contaban con una sección de fútbol. Llevan pañuelo y faja azul con blusón a cuadros pequeños azules y blancos.Como ya comenté en la anterior entrada dedicado a las sociedades deportivo recreativas, en 1940 nacía el Club Deportivo Oberena. El 20 de enero de 1941 se creaba la peña sanferminera, saliendo por primera vez  a las calles el 7 de julio de ese año. Las fotos que acompañan este párrafo son de 1948, la de la derecha, al final de la calle Estafeta y de los años 50, la de la izquierda. Desde 1954 a 1987 el Labrit fue el lugar de encuentro o sede social de sus socios.  Luego pasarían a su local social de Sebastian Albero, en la Milagrosa si bien hace unos años, en febrero de 2010, se hicieron con un local social en el nº 82 de la calle Jarauta y hace poco tiempo se trasladaron al nº  31 de la calle San Lorenzo, en lo que fue el antiguo restaurante Lanzale. Tras la creación de la peña se crearían también los grupos de danzas, txistu, gaita, rondalla y coros. La peña ha tenido siempre una especial vinculación con el mundo taurino. Visten indumentaria blanca y negra con la insignia verde que procedía del verde de Acción Católica. La peña Aldapa nació en 1947 como club deportivo, constituyéndose la peña en 1958. Tomaron el nombre del bar Aldapa en el que se reunieron al principio. En los años 80 se asentaron en el nº 48 de la calle Jarauta. Tampoco llevan blusón, solo el escudo bordado en el pañuelo.

En 1948 los componentes de los equipos de futbol que formaron el Club Anaitasuna junto con los nuevos socios y otros simpatizantes decidieron formar la Peña Anaitasuna para celebrar juntos los sanfermines. La peña nació como una sección autónoma dentro de la sociedad y se reunió  durante los San Fermines de 1948 en la tasca “La Perrera” de la calle Jarauta. Eran 40 socios. Tras casi un año de preparativos, en junio de 1949, las otras siete peñas que existían en Pamplona le dieron la bienvenida y el visto bueno. La foto que acompaño es de los sanfermines de 1951. En 1953 la peña ubicaba su sede en el 1º piso del nº 35 de la calle Mayor, aunque seguían saliendo desde La Perrera. Tenían unos singulares vecinos de los que hablaré más tarde, pues en la planta baja, con salida al portal de vecinos estaba  la Sociedad Gastronómica  Napardi. El único acto donde las mujeres tenían cierto protagonismo era la presentación de las madrinas de las peñas. Si, parece mentira ahora, que se habla de sanfermines en igualdad, pero hubo un tiempo en que las peñas elegían a sus madrinas. En 1971 la peña recibió un premio del Ministerio por su promoción de los sanfermines. En 1984 se llevó a cabo la reforma del local de la calle Jarauta y hace unos años se trasladaron al nº 14 de  la calle San Francisco, donde compraron el Bar Montón. Llevan el escudo de la peña en el bolsillo de la camisa y un San Fermín sobre el pañuelo rojo.La peña Los del Bronce podía haber sido la peña más antigua, pero nació realmente a mediados del siglo pasado. Al parecer hubo un intento de formar esta peña en 1900 por trabajadores del sector del metal (herreros, chatarreros, broncistas) sin embargo ese intento se difuminó en 1904. Tras los sanfermines de 1949 un grupo de varias cuadrillas decidió rescatar el nombre y crear la peña. Eligieron el blusón de cuadros blancos y azules por ser fácilmente reconocible y ser  la tela  más barata. Como la blusa tapaba la faja decidieron dejar de llevarla. Los blusones inicialmente los llevaban las cuadrillas a los toros pero los de esta peña decidieron llevarla durante todos los actos festivos. Las primeras sedes de la peña estuvieron en el bar Ginés y en el bar Olimpia (actual Nevada). A partir de 1953 la sede se trasladó al bar García de la calle Mayor y luego, entre 1960 y 1962, al Bar Tropical, en el nº 54 de la calle Jarauta. En estos años se constituyó como tal la sociedad deportivo recreativa y se arrendó por 3.500 pts el Bar Telefónicas como sede de la peña. Entre 1967 y 1968 volvieron a cambiar de locales, esta vez al nº 69 de la calle Jarauta. En las fotos vemos la pancarta de 1967 y una foto de dos “broncistas” bailando junto a la pancarta de la peña. En 1971 se creó un grupo de montaña y más tarde un equipo de balonmano que duró solo dos años, también un equipo de fútbol pista y una fanfarre, de la que saldría Jarauta 69, tomando el nombre de la dirección de la peña. En 1979 la peña se asentó definitivamente en el nº 54 de la calle Jarauta, donde ya estuvieran antes, al comienzo de los 60.  En los 80 nacía la sección de rugby y en los 90 acometieron las primeras grandes reformas.

La peña Irrintzi de Iruña se fundó en 1950  de la fusión de dos clubes de fútbol, el Irrintzi y el Iruña. Desde el principio vistieron de negro. En 1953 se separaron el equipo de fútbol Iruña y la peña Irrintzi y se ubicaron en la calle San Agustín. En 1964 por falta de espacio, (y eso que tenían una bajera y dos pisos), se trasladaron al nº 23  de la calle Estafeta. Por problemas con  los vecinos se tuvieron que trasladar  al nº 8 de la calle del Carmen. El local incluía un bar que alquilaron para financiar la peña. Corría el año 1971. Pasaron de ser peña de club deportivo a sociedad cultural y deportiva. Además del fútbol la montaña era posiblemente una de sus actividades más destacables. En los años 90  reformaron el local que vemos en la fotografía. Visten blusón negro.La Peña Alegría de Iruña se fundó en 1952 en el Bar Moto Club por fusión de dos iniciativas juveniles, la peña Imoztarra, con sede en la calle Nueva, fundada en 1947,   y el equipo de fútbol Alegría que se reunía en el Bar Arrizabalaga de la calle San Agustín, si bien sus primeros sanfermines como peña  fueron los del 53. Hasta los años 60 la sede estaba en el bar Or Konpon que se trasladó a la calle Calderería para rebautizarse como Bar Alegría. En 1969 tomaron el nombre definitivo de Peña Alegría de Iruña. En 1973 se inauguró un nuevo local en el nº 8 de la calle Jarauta y tras un atentado con bomba, el 19 de julio de 1978  se trasladaron al nº 61 de la misma calle, donde permanecen actualmente. Su actividad aparte de la sanferminera  era fundamentalmente deportiva: salidas al monte, baloncesto, citas gastronómicas, cursos de cocina, danzas. Desde 1960 impulsan la Operación Patata destinada al asilo de las Hermanitas de los Pobres. Visten blusón verde con cuello, puños y bolsillos rojos. El pañuelo rojo con el escudo bordado y rematado a  lo largo del borde con una cinta verde.

La primera peña de barrio, la más antigua de todas ellas es la Armonía Txantreana. Nació en 1956 e inicialmente se llamaban Alegría Chantreana. Tras cambiar el nombre se integraron en la Unión Deportivo Chantrea. En 1981 la peña se separó de la sociedad y adquirió el Bar Félix que les vió nacer. Además de las actividades sanfermineras, entre 1961 y 1993, tuvo una importante sección de montaña que formó su propio grupo autónomo. La foto que acompaña es de la peña en 1960. Visten totalmente de blanco, salvo el pañuelo bordado con el escudo de la peña. En 1977 nacía la Peña San Juan, por iniciativa de un grupo de jóvenes del barrio. En 1985 se convertían en Peña Donibane. Su primer local estaba en la calle Virgen de Codes (1979). Al crecer en el nº de socios, es una de las que más tiene, compran un local más grande en el nº 6 de la avenida de Barañain, en lo que fue el Burguer y el restaurante Los Kilikis. En el Casco Viejo tenían un local en la plaza Virgen de la O. Posteriormente se trasladaron al Bar 35 de la calle Jarauta (Galtzerdi) y este año han abierto un local en el nº 24 de la calle San Francisco. Desarrollan diversas actividades al margen de las típicamente sanfermineras. Visten de pamplonica con blusón azul claro y pañuelo con el escudo.

 

Durante los años 60 un grupo de personas del barrio de La Milagrosa fundó la peña San Fermín, ubicándose en la travesía de Guelbenzu, pero en el año 1974 se disolvió. En los sanfermines txikitos de 1978 se refundó de la mano de un grupo de jóvenes del barrio, algunos de ellos vinculados al colectivo juvenil Elkar-Artua, reuniéndose en el Bar Atalaya de la calle Tajonar. Posteriormente la peña creció en socios y actividades y se trasladaron al actual local de Manuel de Falla. Tienen otro local en el casco viejo, en el nº 50 de la calle Jarauta. Visten blusón de cuadros negros y blancos.  En los años 30 hubo otra Peña San Fermín, radicada en el Ensanche, con local en la calle Estella. En marzo de 1979 nace, por su parte, la Peña Rotxapea. Nació fruto de la necesidad de los jóvenes del barrio de contar con una peña propia, ya que hasta entonces  se tenían que afiliar a otras peñas del centro. La Unión Cultural y Deportiva Rotxapea  había empezado a preparar su constitución un año antes, en 1978, como una sección propia, sin embargo la peña quiso volar por libre y así lo hizo unos meses después. Su primera sede fue la de la antigua sociedad Gure Txokoa en la Travesía del Ave María, nº 10. La foto recoge una de sus primeras salidas, en los sanfermines de 1979. Desde 1982 están en el nº 1 de la calle Abaurrea Alta. Mantienen un local en el nº 73 de la calle Descalzos que utilizan en las fiestas. También en 1979 nacía la Peña San Jorge, si bien sus primeros sanfermines fueron los del 80. Cambió su nombre a Sanduzelai en 1996. Inicialmente la asociación de vecinos del barrio les cedió un local. Luego pasaron al local donde permanecen  actualmente en la calle Nicasio Landa. Disponen de otro local para sanfermines en la calle Jarauta. Visten blusón de cuadros blancos y negros.

Estas 15 peñas junto a la única peña sanferminera que no es de Pamplona, El Charco constituyen la Federación de Peñas de Pamplona, que hunde sus raíces en la llamada Comisión de Peñas, cuya primera referencia aparece datada en un escrito del 26 de mayo de 1959. El Charco nació en 1974 en el bar Marín de la citada localidad. El 28 de noviembre de 1975 se aprobaron los primeros estatutos y se alquiló una bajera en el nº 8 de la calle Mendikale. Salieron por primera vez en las fiestas en 1977, año al que pertenece también la fotografía adjunta. Desarrollan un montón de actividades a lo largo del año. Visten de blanco con pañuelo y faja azul y blusón a rayas azules y blancas. Cuentan con un local en el nº 75 de la calle Jarauta. Fuera de la Federación de Peñas está la Peña Multizarra creada en 1992 por una cuadrilla de amigos a instancia de Joaquín Baleztena. Dicen que la crearon en el bar  El Marrano de San Nicolás. Tras unos inicios sin sede fija, en 1995 se trasladaron al nº 40 de la calle San Agustín. En el año 2005 inauguraron la sede de la calle Olite manteniendo el local de San Agustín para las fiestas. Actualmente su local se encuentra en el nº 3 de la calle Ciudadela, en lo que fue el bar Ciudadela, inaugurado en el año 2010, si bien este año han abierto otro local en el nº 36 de la calle San Gregorio. Han impulsado desde 1997 un riau riau alternativo en colaboración con las asociaciones de jubilados de Pamplona. Visten blusón de color rojo y pañuelo rojo bordado con el escudo de la peña.

 


Tras repasar las diferentes peñas existentes, haré lo propio con las sociedades gastronómicas. Y si por alguna tengo que empezar  ineludiblemente ineludiblemente lo tengo que hacer por  la decana de las sociedades gastronómicas: el Napardi. Entre los promotores de esta sociedad estuvieron personas como Jose Maria Zamarbide, Nicolás Velasco, Germán Salas a los que habría que añadir otros nombres  como el de los arquitectos Francisco Garraus o Enrique Altarriba. El nombre de la sociedad se le ocurrió a Pepito Aramburu que trabajaba en Casa Baquedano, en la calle San Antón, el logo fue obra de Zamarbide, a la sazón decorador y buen dibujante.   Se inspiraron para su constitución y redacción de los estatutos en la sociedad Istingorrak de San Sebastian. Alquilaron el local, un local de unos 150 m2 en el nº 35 de la calle Mayor,  a D. Enrique Sanz por el que pagaban 550 pesetas al mes. La sociedad se constituyó el 11 de febrero de 1953, en los locales del Club Deportivo Navarra. Entre los miembros de aquella primera junta directiva estaba Miguel Erice como presidente, Luis Irurre como secretario y Alberto Munarriz como contador. A Erice le seguirían luego Germán Salas y Manuel Senosiain. La inauguración de la sede tuvo lugar el 18 de marzo de 1953 y a las 10 de la noche tuvieron la primera cena de confraternización. Las mujeres no podían acceder más que un día, aquel primer año el 25 de julio. Napardi aparte de sus actividades gastronómicas también desarrollaba otras actividades de esparcimiento para sus socios, hacía obras de caridad, especialmente para el asilo del Niño Jesús de la plaza de Recoletas pero también para la institución Cunas, la Casa de Misericordia, etc. Las fotos en blanco y negro recogen algunos de aquellos primeros años de la sociedad, sus actividades gastronómicas, benéficas y la primera vez que entraron las mujeres en la sociedad. Las fotos en color muestran el interior de la sociedad en los años 80 del pasado siglo.

 

Para el aniversario de 1958 contrataron al juvenil del F.C. Barcelona pero el día del partido salió lluvioso y frio y en lugar de beneficios la jornada dió perdidas. En 1958 era presidente  el conocido comerciante de la plaza (concesionario de coches), Babil Oneca. En diciembre de 1960 se iniciaban las gestiones para la compra de los locales donde estaban arrendados, compra que harían realidad algunos años más tarde con un crédito personal de la Caja Municipal, y que quedó inscrita en el Registro en el año 1967. Napardi organizaba en aquellos años carreras, concursos, excursiones, exhibiciones de lucha libre, festivales folklóricos, partidos de fútbol (hubo uno de gordos contra flacos), campeonatos de mus, hizo una cena homenaje al equipo y directiva de Osasuna por su subida a  1ª división  en 1961.  En 1964, las mujeres podían acceder a la sociedad dos días al año, el 6 de enero y el 19 de marzo, aunque en ningún caso podían permanecer entre las 21 horas y las 9 de la mañana. En 1967 se les admitía los domingos y festivos por la tarde, de 7 de la tarde a  12 de la noche. En 1972, siendo presidente, Javier Garaicoechea Urriza compraron el primer piso a la Peña Anaitasuna por 425.000 pesetas que comunicaron con la planta de abajo por una escalera interior, pasando la cocina al fondo del local. Se aumentó el nº de socios a 150.


En 1973, en sanfermines, Napardi recibía un homenaje por parte del Ayuntamiento y las peñas. En 1976 se produjeron varios actos de confraternización entre el Napardi y la Coral de Cámara. En 1978 se creaba la fundación benéfica Napardi. Contrariamente a lo que había sido habitual, presidencias cortas, entre los años 1985 y 2005, con un pequeño paréntesis, fue presidente Jesus Maria Astrain Fabo. En 1986 se instituyó el galardón Gallico de San Cernin, siendo el primer premiado Alfredo Landa y el segundo José Joaquín Arazuri, que aparece en una de las fotografías. Se volvía a plantear la adquisición de un nuevo local más grande barajándose la adquisición de otro en la calle Ansoleaga aunque la normativa municipal no lo permitía en aquel entonces (se había decretado una normativa de saturación hostelera). Las mujeres podían entrar a la sociedad viernes, sábados, domingos y días de fiesta a comer y cenar así como los vísperas de fiesta a cenar. Entre 1987 y 1989 se acometieron obras de mejora no solo en el local sino en todo el edificio dado su deterioro. Se plantearon cuestiones como el traspaso de los derechos de socio a los hijos. Se colaboró con otras entidades como el Ateneo Navarro y los Amigos del Camino de Santiago aunque se suscitó cierta polémica por el uso de los locales por personas o asociaciones ajenas a la entidad, sin que el tema fuese a más, dada realmente la excepcionalidad de aquellos casos. En 1992 se propuso formar un coro de voces. En 1999 se planteó de nuevo la cuestión del local, ya que no se cumplían las normativas MINP exigidas por el Ayuntamiento. En principio se pensó en un local en la misma calle Mayor, pero en marzo de 2000 se desechó su compra aunque la fortuna hizo que estuviera disponible un local de 400 m2 en dos plantas en el nº 2 de Jarauta con interés histórico y arquitectónico. La sociedad vendía en noviembre sus locales de la calle Mayor a la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo y en 2001 se trasladaban a Jarauta inaugurándolos el 19 de mayo, locales que también vemos en alguna de las fotografías de esta entrada. En 2003 cumplieron medio siglo de vida.

 





Otra de las sociedades con más prestigio en la ciudad, tras el Napardi,  es la Sociedad Gastronómica Gazteluleku. Nació en  1980 de la mano de Enrique Salvador, Enrique Altarriba y Kino Sanchez al que se sumaron otros 37 amigos pamploneses. Inicialmente se instalaron en el 2 piso del nº 12 de la plaza del Castillo y que antiguamente fue el Restaurante Maitena y después un asador argentino, posteriormente se pasaron al primer piso. De ese época podemos ver tres fotografías, dos en blanco y negro y una en color,  junto al párrafo anterior. Tras finalizar el contrato de arrendamiento y ante la imposibilidad de renovarlo  tuvieron que cambiar de sede y se trasladaron   en el año 2010 al nº 1 de la calle San Francisco a un local de unos 300 m2. Es famoso su sorbete de limón con cava sanferminero y su participación en la semana del Pincho además de otras actividades gastronómicas y sociales: el concurso del toro más jugoso, la cena de nochebuena para el teléfono de la esperanza, charlas, cursos, visitas o exposiciones, etc. Otra sociedad con solera es la sociedad El Chanclazo, hoy Chanclazo 03. Nació el 16 de abril de 1971 en el frontón Labrit donde se reunieron tres cuadrillas y crearon la sociedad Chanclazo 03. La primera Junta Directiva la presidió don Ignacio Arregui  y fueron Vocales con él, los señores José Luis Oyarzun, Ramón Aguinaga, Luis Alfonso Garciarena, Valentín Gómez, Joaquín Lizarraga, Jesús Echalecu y Miguel Flamarique. La sociedad tuvo su primer domicilio en el nº 52 de la calle Jarauta hasta el año 2003 en que se trasladan al nº 38 de la calle Estafeta, inaugurando los nuevos locales el 28 de noviembre que vemos en la foto de la izquierda.

 

La sociedad Gure Leku ubicada en la calle Jarauta, 12 nació un 29 de noviembre de 1975. Sus socios fundadores provenían del Anaitasuna y el Club Deportivo Navarra. En el momento de la compra el local era un almacén de plátanos. El acceso de las mujeres está permitido pero no en el ámbito de la cocina. Celebran la escalera de San Fermín. Destaca su bóveda de piedra con arcos de medio punto. También en Jarauta está la sociedad Zahategi, fundada en 1981 sobre el antiguo Bar Oyaga, en el nº 92 de la calle. Tiene un patio típico de las calles del casco viejo. En sus paredes cuelgan carteles sobre tauromaquia y motivos pelotazales, reflejando las aficiones de sus miembros. Reformaron el local en el año 2009. Otras sociedades ubicadas en la Jarauta son Jarauta, 79 en el sitio del mismo nombre, fundada en septiembre de 2010 y la sociedad de los Irunshemes, en el nº 74 de Jarauta, fundada en 1917, -su reglamento data de 1931-, y admiten mujeres hasta en la cocina. Esta peña  surgió de una cuadrilla de amigos que  se reunía en el bar Antonio, en la calle San Lorenzo, y antes, como dije al hablar de las sociedades, en la calle San Antón. Junto al párrafo anterior vemos una simpática salida festiva de este alegre grupo con el barril a cuestas y todo.  Poco a poco se les fue uniendo más gente y llegaron a ser 300 socios a finales de los 70. En Descalzos, 63 podemos encontrar la sociedad Biltoki, nacida en agosto de 1979, en lo que fue un redil de ovejas. En su origen primaba la afición por el fútbol, especialmente el seguimiento de los encuentros del Club Deportivo Pamplona.  Otras sociedades que tenemos en lo viejo son El pocico de San Cernin en la calle Nueva, fundada en 1987, todos viejos socios del Club Natación con una planta baja y una bóveda de piedra y ladrillo, donde está el comedor, siete metros bajo el nivel de la calle que vemos junto a este párrafo, en la de la izquierda a Ricardo Aicoa, comerciante de la plaza, Aranai cocinando y con el detalle de la bóveda en la foto de la derecha; El Troncho en la calle Campana; el Txoko Pelotazale fundada en 1978 por un grupo de amigos de la peña el Javi, casi todos pelotaris, de todas las modalidades, en la calle Merced, entre el frontón Labrit y el entonces Euskal Jai, que vemos en el siguiente párrafo; Sutondoa fundada en 2003 por un grupo de amigos que compró el restaurante Orio, en la esquina de Bajada de Javier y Dormitalería que vemos  junto al último párrafo de la entrada, Iruñarri fundada en 1996 en el nº 37 de la calle Tejería, en lo que fue anteriormente una tienda de comestibles.
En el Ensanche tenemos la sociedad Don Saturnino, elegante, muy elegante y acogedora, fundada en 1982, con el impulso de los hermanos Andia en el nº 15 de la calle Navarro Villoslada, muy cerca de la plaza de la Cruz. Destaca su fachada de mármol y su llamador dorado en la puerta. Disponen de barra con camarero y cocinero propio, con menú a elegir pero cualquier socio puede cocinar sus platos. Cuenta con un comedor como el de cualquier restaurante de lujo, que vemos en la fotografía de la izquierda, salón de billar en la planta sótano y mesas para jugar a cartas y saloncito cultural. Parte de la decoración es obra del ex-socio Faustino Aizkorbe. En esta zona, el Ensanche también está la sociedad Aralar Berri, fundada en junio de 1985. Al principio se reunían en el bar Aralar para luego alquilar su propio local en el nº 47 de la calle Aralar, en el local de una antigua pescadería. Llegaron a tener un equipo de fútbol. El Angel de Aralar visita una vez al año la Sociedad.
Otros barrios también tenían sus sociedades gastronómicas: la sociedad Erletoki en Iturrama (1995), en la calle Padre Barace, cuyo  primer presidente fue el joyero Javier Pelegrin; El Mojón en Azpilagaña (2001) en la calle Luis Morondo formado por una quincena de matrimonios; Gau Txori en San Juan (1977) en Mº de Irache; en la Chantrea  tenemos la sociedad Sarasate (1977), en la avenida de Villava en lo que fue sede de la peña Armonía Chantreana y luego el bar La Góndola, llegaron  a tener un equipo de futbito; la Sarteneko (1979) en la calle Santesteban,   y Kaskallueta  (1997), esta última de neto carácter euskaltzale. En Orvina estaba  Mendik Aldean (1983)   una sociedad muy familiar, en Mendillorri, la Sociedad Palacio de Mendillorri (2001) y en La Rochapea Lagun Onak (1978). La Milagrosa es uno de los barrios que junto al Casco Antiguo más sociedades gastronómicas  tiene. Así hace unos años podíamos encontrar, y por orden de aparición, en este barrio las sociedades Larregla (1976) Lagun Zaharrak (1977) impulsada por Pedro Arizaleta, Zabaldi (2001)  Reserva 1940 (1992), La Cabra (1994) y el Txoko del Carnicero (2000)  (en las calles Joaquín Larregla, Rio Urrobi, Manuel de Falla,  Rio Salado, Guelbenzu y Julián Gayarre respectivamente). Del Txoko del Carnicero vemos una instantánea junto  a este párrafo. Zabaldi ofrecía un montón de actividades y contaba con unas instalaciones deportivas muy completas; los de Reserva 1940 eran quintos del 40 y tenían su origen en una cuadrilla de Escolapios; En La cabra impulsada por José Zubillaga pasaron antes por dos bajeras de Berriozar antes de hacerse con el antiguo restaurante Merindad de Sanguesa.   El Txoko del carnicero está amparado por el gremio de carniceros.

Fotos: Archivos de las Peñas Bullicio, Muthiko Alaiak, La Jarana, Ingeth Morah, Oberena,  Anaitasuna, Los de Bronce, Armonia Chantreana, Rochapea, El Charco, Sociedad Gastronómica Napardi, Gazteluleku, Chanclazo, Irunshemes, El pocico de San Cernin, Txoko Pelotazale, Don Saturnino, Sutondoa y El Txoko del carnicero. Las fechas están referenciadas en el texto de la entrada.

Sociedades de recreo y deportivas del Viejo Pamplona (1856-2015)

A principios del siglo XX, las sociedades de recreo más destacadas en la pequeña y provinciana Pamplona eran los Casinos:  el Nuevo Casino de Pamplona o Casino Principal y el Nuevo Casino Eslava.  Me detendré un poco en la historia de estas entidades. El Nuevo Casino de Pamplona nació en 1856 por iniciativa de un grupo de personas que pertenecían a otra sociedad anterior llamada “Los doce Pares”. Conoció varios emplazamientos, antes de su ubicación actual: empezaron en un piso alquilado a D. Leonardo López junto al Teatro Principal para pasar a partir de 1876 a la llamada Casa del Toril, la casa del Café Suizo, y después de varios intentos de conseguir una sede se le alquiló en 1886 al banco Crédito Navarro  un edificio que la citada entidad construía en el nº 44 de la Plaza del Castillo, el edificio que vemos en la fotopostal adjunta de primeros de siglo y que conocemos también por estar ubicado en sus bajos, desde 1888, el emblemático Café Iruña. Al comenzar el siglo XX aparecía como Presidente del Nuevo Casino Manuel Jimeno, Pedro Uranga como vicepresidente,  Francisco Usechi como  secretario y Francisco Seminario como vicesecretario; Más tarde entrarían en la junta del Nuevo Casino Principal  Javier Sagaseta de Ilurdoz o Rafael Aizpun. En 1922 tenía casi medio millar de socios. 

El Casino Eslava se fundó, por su parte,  en el año 1884, estableciéndose inicialmente  en el primer piso del nº 18 del paseo de Sarasate, en cuyo planta baja se hallaba el Café Europa. En 1895, tras atravesar graves dificultades económicas, se disolvió  resurgiendo como Nuevo Casino Eslava en el año 1898. Hasta la construcción de su sede social definitiva en el ángulo sureste de la plaza del Castillo, bajo proyecto Víctor Eusa, (en 1932), el Nuevo Casino Eslava estuvo en otro lugar de la plaza del Castillo con entrada también  por la calle General Moriones, actual Pozoblanco. Junto al anterior párrafo vemos una foto de los años 30 del Casino Eslava.  Fue presidente del Casino Eslava en aquellos primeros años Miguel Cía en la Presidencia  y más tarde Serapio Zozaya  y Martín Aldaz en la vicepresidencia.  También en la plaza del Castillo estaba el Circulo Mercantil, con gente como Pedro Echarri, Pio Gorriz, Cleto Iriarte, Odon Rouzaut en su junta directiva, esto es con algunos conocidos comerciantes de la ciudad, con tiendas en las calles Mayor, Mercaderes y Chapitela.

En aquellos años se celebraban espectáculos públicos en el Teatro Gayarre, la plaza de Toros, el Circo Labarta, situado al final de la Estafeta, hasta su incendio en 1915 (del que vemos un anuncio de una actividad circense del Labarta), el Circo del Ensanche, o los juegos de pelota en la calle San Agustín (propiedad de Vicente Galbete), en la avenida de San Ignacio (en la empresa del Juego Nuevo) o el frontón de Juan Erroz en la Rochapea. Algunos años más tarde a los tradicionales casinos se unirían otras sociedades de recreo como la Peña Dena Ona y la Peña Navarra, ambas en la plaza del Castillo o el Centro Aragonés, con sede en el nº 37 de la calle Mayor, que organizaba fiestas en su salón teatro,  contratando compañías y artistas, realizando conciertos musicales así como bailes y tómbolas en las fechas sanfermineras. Tenía más de 400 socios al comenzar 1920. Más adelante surgirían la Peña Los Irunshemes con domicilio en el nº 24 de Mártires de Cirauqui, (la actual San Antón) y la Sociedad La Sirena, con sede primero en el nº 69 de la calle Jarauta, y luego en el nº 4 de San Agustín, que celebraban animados bailes y amenas veladas y conciertos  los días festivos, en el bar España, cercano a la Estación del Norte y que había sido fundada por un numeroso grupo de jóvenes artesanos pamploneses. 

En 1925 podíamos encontrar además el Club Super Tango en el barrio de la Rochapea con igual propósito que  la anterior, La Marea en el barrio de San Juan, dedicada a la danza juvenil, (estaba cerca del campo de deportes de Osasuna) que en 1925 se traslada a Mártires de Cirauqui, La Cuatrena en el mismo barrio extramural, camino de la Fuente del Hierro, el Club Náutico, en el nº 24 de la calle Descalzos, recreativa y gastronómica a la vez. Había peñas que eran sociedades recreativas como La Artística, Submarino, La Olada (del barrio de san Juan), La Cuatrena, La Ochena, La Sequía, La Cometa, Los del Bronce, Los de siempre, la Peña San Fermín y otras, aunque la historia de las peñas y otras sociedades (gastronómicas p.ej),  de las que hubo y de las que hay, las dejamos para otra ocasión. En esta entrada me centraré en las principales sociedades deportivo recreativas de la ciudad, que repasaré por riguroso orden cronológico.

El 3 de enero de 1915 se fundaba en Pamplona la Asociación de Cazadores y Pescadores de Navarra,  que tenía su sede en el nº 38 de la plaza del Castillo. Contaba con un magnífico campo de tiro en las proximidades de las cocheras del Irati y organizaba anualmente concursos cinegéticos nacionales. Desde los años 50, al menos, tengo constancia de que  su sede estaba en el 1º piso del nº 33 de la calle Estafeta. Eran presidente y vicepresidente de la entidad, en sus inicios, D Pedro Mayo y D. Javier Sagaseta de Ilurdoz. En 1926 tenía 1.300 socios. Una de las primeras sociedades recreativo-deportivas de nuestra ciudad fue el Pamplona Lawn Tennis Club, actual club de Tenis, fundado en 1918 y cuyo primer presidente fue Jesús Jaurrieta Muzquiz.  Tenía su sede y cuatro pistas  en el campo de tiro de pichón y contaba estos años con cerca de 200 socios. La plaza de toros fue el escenario de los primeros encuentros de tenis. Tras un pequeño período en Carlos III, en 1934 se inauguraron sus instalaciones del Soto de Lezkairu, cuyos terrenos adquirió de forma definitiva en 1939. Cuenta actualmente con unos 17.000 socios. 

Otras sociedades deportivas, mayoritariamente futbolísticas,  a lo largo de los años 20, fueron  la Deportiva F.C con sede en el nº 51 de la calle Mayor, el Denak Bat Football Club con domicilio en el Café Kutz, el Club Atlético Lagun Artea de la Magdalena, El Club Atlético La Navarra y las sociedades futbolísticas Club Deportivo Vasconia, con reservado en la pastelería del Café Suizo, La Lucha, El Indarra de San Pedro (y sede en la calle Mayor 12-14), La Navarra FBC, el Club Deportivo Amaya ( no confundir con la Sociedad Deportiva que veremos más adelante) con sede en el nº 76 de la calle Mayor que tenía por objetivo cultivar el deporte sobre todo el fútbol y las excursiones, la Unión Velo Sport Navarro, dedicada al fomento del ciclismo, constituida en marzo de 1922 con sede en La Rochapea, el Club Atlético Aurora, cuyo campo estaba en el Nuevo Ensanche y con sede en el nº 24 de Mártires de Cirauqui, El Club Deportivo Español, el Pamplona F.C que participó en una Copa del Rey allá por 1910, y otras  como El Club Deportivo Iruña (con grupos de espatadantzaris y chistularis y sede en la Bajada de Javier),  La Unión Recreativa, La Estrella, el Deportivo Pamplonés, El Iberia y El Arga de la Magdalena, El Rapid de la Estación, El Europa, El Avión, Ostikoka, La Veloz, El Racing Club, El Avance, La Pirenaica, Miravalles, Recreación, La Flecha, El Deportivo Navarro, El Sporting Club Navarro (con sede en Sarasate, 11), el Infantil Lagun Artea, La Chispa, el Club Deportivo Euzkotarra (en Zapatería, 50), La Polar, Luchana, La Unión Sportiva, Unión Navarra F.C (Ciudadela, 13), entre otros.

Pero evidentemente la más importante sociedad futbolística de la Pamplona de aquellos años (y también de estos) fue el Club Atlético Osasuna.  Osasuna  se fundó el 17 de noviembre de 1920, como consecuencia de la fusión de la Sociedad Sportiva y el New Club. La reunión definitiva se celebró en el Café Kutz. Allí se constituyó el nuevo club que recibió el nombre de Osasuna. En la primera junta estuvieron Joaquín Rasero, primer presidente, primer portero y primer entrenador del Club; Agustín Vizcarra, Felipe Esparza, Eduardo Aizpún, Francisco Altadill y Gerardo Arteaga. Osasuna jugó su primera temporada en el Campo del Ensanche y en el del Hipódromo. Tuvo  su sede social primero en el nº 2 de la calle Pascual Madoz y más tarde en el nº 89 de la calle Mayor, Heroes de Estella (Chapitela), 12 y plaza del Castillo, 3.  Con más de 800 socios en 1922 construyó  su campo de fútbol con 25.000 pesetas de capital en acciones de 100, 25 y 12,50 pesetas. El 21 de mayo de 1922 se inauguraba el campo de San Juan, que vemos a la izquierda,  con un partido ante el Arenas de Getxo, tal y como vemos en el anuncio adjunto. Jugaba entonces Osasuna en la Primera Categoría Regional. Resulta curioso recordar en que en la temporada 1924-25  se contrató como entrenador al alemán Walter Gerbart y que el 19 de abril de 1924 jugó contra el Boca Juniors perdiendo 1-0. En 1928-29 se creó la liga con las tres categorías que conocemos, debutando Osasuna en Tercera División. Osasuna tiene actualmente cerca de 14.000 socios.




El 27 de agosto de 1931 se fundaba la sociedad deportiva Club Natación Pamplona que  cuenta en la actualidad con unos 8.000 socios. Fue su primer presidente Francisco Javier Frutos y se instaló a la altura del Molino de Caparroso,  en terrenos que pertenecían a la Sociedad Irati, y que adquirió de forma definitiva en 1950, a razón de 50 pesetas el m2. El Club evolucionó lentamente, al principio solo había una caseta, un columpio y un trampolín para saltar al agua. En 1932 se aprobaba crear una pista para el juego de las botxas. En 1934 se redactaron las normas de uso y disfrute de las instalaciones. En 1935 se aprobaba el ingreso, como socia, de la primera mujer en el club. En 1937 se declaraba reglamentario,  en el club,  el uso del bañador completo con tirantes,  a ser posible de color azul o negro. Hasta 1939 solo se celebraban pruebas de natación en el río. Tras la guerra se ampliaron sus instalaciones. En 1950 se aprobó la construcción de un embarcadero de cemento y una pista de tenis y se acordó ampliar el número de socios hasta 500 para sufragar la compra de los terrenos. Son celebres sus bailes sociales durante las fiestas de San Fermín que empezaron a organizar en 1951, precisamente como consecuencia de la mala situación económica que tenía el club por aquel entonces. En 1953 se construyó el frontón cubierto y el salón social por poco más de 800.000 pesetas. En 1959 se compraron los primeros terrenos a la familia Goñi al otro lado del río, (y en 1980 tras sucesivas ampliaciones se le comprarían 13.000 m2 más) construyéndose en 1962 el primer puente que comunica las dos orillas del río. En 2006 se renovaban parte de las viejas instalaciones y en 2011 se derribaba la escalera que unía el edificio principal con el parque de la Media Luna. Acompañan  a este párrafo fotos de “Club” (así le llamábamos habitualmente, los que lo frecuentamos en algún momento de nuestra vida) los años 30, 60 y 70. 

La historia del Larraina, sociedad deportivo recreativa,  comienza en 1931 con las primeras conversaciones de un grupo de pamploneses (Iturbe, Lizasoain, Sancena, Ilundain, Berraondo, Lampreave, Andia y San Julian) capitaneados por Nicanor Mendiluce verdadero  alma mater del proyecto que se reunen en el Café Iruña para crear un club deportivo y de ocio. Mendiluce, que fue además su primer presidente, quería crear un club exclusivo de hombres, a semejanza de algunos clubes ingleses de finales del XIX y principios el XX.  Entre los objetivos de sus primeros impulsores estaba el construir un campo de deportes y una piscina. Tan importante fue ésta y la natación en el club que muchos asocian al  Larraina con la piscina y muchos pamploneses se referían al club hablando de “la piscina” Larraina. 

Inicialmente barajaron unos terrenos cercanos al Seminario pero el coste del suelo y la cercanía del vertedero o chirrión municipal les hizo decantarse por un terreno situado en el sitio de Larraina o Trinitarios, cerca de una ermita  que rendía culto a San Roque. Tras la compra de la parcela siguieron reuniéndose, esta vez en el Katiuska, en los bajos del antiguo Olimpia para debatir diferentes aspectos de la obra. El proyecto arquitectónico fue de Joaquín Zarranz y contemplaba la constricción de una piscina, dos frontones, una pista de tenis y un pequeño edificio social en forma de barco, que ha sido su seña de identidad durante muchos años, ampliada posteriormente con gimnasio, vestuarios, pista para bicicletas y otras dotaciones. Construyó el club Rufino Martinicorena, con un presupuesto de 337.000 pesetas, quien había puesto como condición para ejecutar el proyecto que hubiese 300 socios que aportasen 10 pesetas cada uno al mes. El campo de deportes Larraina se constituyó en sociedad deportivo recreativa en 1932 y el 14 de junio de 1933 el proyecto de campo,  se hacía realidad, siendo la pelota, la natación y los saltos de trampolín lo deportes más practicados en el Club. En 1966  se obtuvo la cesión de un terreno colindante para ampliar las instalaciones y en los años 70 se modernizaron las instalaciones. Cuenta con poco más de un millar de socios y hasta el año pasado no se admitían mujeres como socias.

    En 1940 nacía dentro de Acción Católica, con el apoyo del obispo Marcelino Olaechea la Sociedad Deportiva Oberena.  ¿Cómo empezó aquella sociedad?. En el inicio de Oberena tuvo bastante que ver, al parecer, el sacerdote Santo Beguiristiain quien tuvo la feliz idea de unir a los jóvenes de Acción Católica, de las diferentes parroquias pamplonesas, para promover entre la juventud el cultivo del deporte y el folclore. Así, el 12 de diciembre de 1940 se reunían en la sede de Acción Católica de la calle Zapatería, 40 representantes parroquiales de las iglesias de San Saturnino, San Nicolás, San Agustín, San Lorenzo y San Francisco Javier quienes acordaron crear un equipo de fútbol cuyo nombre sería Club Deportivo Oberena. También se acordó crear una peña para salir en las fiestas de San Fermín de ese año. En 1946 se compraron más de 3.650 m2 en la zona del Plan Sur para construir las dos  piscinas que entrarían en funcionamiento entre 1954 y 1955 (y cuya foto de inauguración vemos en la fotografía adjunta). La sede social de la Peña Oberena estuvo, sin embargo,  entre 1954 y 1987 en el Frontón Labrit. En el año 1966 el plan sur detenía la expansión del club. No obstante,  se construyó una pista polideportiva y se dotó a las instalaciones de un bar. En 1984 se decidió ampliar las instalaciones, consiguiendo la cesión de 2.500 m2 por parte del Ayuntamiento pero en 1991 sus instalaciones se vieron afectadas por la construcción  de la calle Blas de la Serna en más de 3.000 m2. La compensación municipal fue para el Arzobispado, propietario de los terrenos, quien a su vez se los vendió al club en 1996. La sociedad cuenta, actualmente, con unos 6.000 socios.
    En agosto de 1946 nacía el Club Deportivo Anaitasuna, de la fusión de dos equipos de fútbol, el Hércules y el Club Academia Mosquera, siendo su primer presidente Antonio Mosquera, que ocupó el cargo desde 1949 a 1956, al que siguió Santiago Hermida, Antonio Aramendia, Jose María Flores, etc. Las primeras reuniones se celebraron en la calle Paulino Caballero aunque enseguida se pasaron al actual bar Anaitasuna de la calle San Gregorio. En 1949 se creaba la peña sanferminera que salía por primera vez a las fiestas. En 1952 el club deportivo y la peña crearon la actual Sociedad Deportivo Recreativa. En 1965 un grupo de socios adquirió el terreno para construir las instalaciones deportivas, poniéndose la primera piedra el 29 de noviembre de 1968, momento que recoge la fotografía de la izquierda, inaugurándose la piscina en 1970 y el actual pabellón el 20 de junio de 1970, momento que recoge también la fotografía, en este caso de la derecha. Las sociedades deportivas de Pamplona se fueron convirtiendo, con el paso del tiempo y sobre todo desde los años 70, en clubes de servicios y fueron ampliando sus instalaciones. Así lo hizo también  la Sociedad Anaitasuna que modernizó sus instalaciones a lo largo de las siguientes décadas. A primeros del siglo XXI compró el bar Montón de la calle San Francisco para alojar la Peña. Cuenta  actualmente con algo más de 8.000 socios.

    El 7 de agosto de 1952 ciento cincuenta vecinos del barrio de la Chantrea fundaban la Unión Deportivo Cultural Chantrea. Se instaló en terrenos cedidos por el Patronato Francisco Franco y contaba, inicialmente, con un frontón, un campo de fútbol y una piscina. La sociedad nacía dos años después del nacimiento del barrio, con un objetivo de promoción de la educación física, dentro de la política e ideario falangista propia del régimen franquista,  tal y como se decía en su momento en algún periódico de la época: “Estas instalaciones, además de servir de solaz para los beneficiarios de estas viviendas, serán el mejor medio para que sus hijos adquieran una perfecta educación física y se fortalezcan con una vida sana y deportiva”. En el año 2009 la sociedad pasó a denominarse UDC Txantrea KKE. Cuenta actualmente con cerca de 5.000 socios. La foto de la izquierda muestra la entrada al club en su 50ª aniversario, en el año 2002. Por otra parte, el 1 de agosto de 1962 se fundaba la Agrupación Deportiva San Juan, sin embargo su origen se remonta un año antes, con la creación de un centro social de vecinos. Fue impulsada por un grupo de vecinos de las llamadas Casas de Eguaras y se instaló al principio en el antiguo centro social San Vicente de Paul para adquirir luego los terrenos donde se ubicaría definitivamente en el extremo noroeste del barrio. La primera piedra se puso el 12 de octubre de 1965. El primer acto de la Agrupación fue un partido de fútbol entre el Eguaras y veteranos de Osasuna. La Agrupación pasó por momentos difíciles durante la década de los 70,  con obras como la de la Variante, y siguió un proceso similar al resto de clubes:  ampliación, modernización y expansión de los servicios. Cuenta con más de 10.000 socios.

    La Ciudad Deportiva Amaya nació en 1965, impulsada, un año antes, por Fernando Millor, socio de la peña Beti Gazte y por Joaquín Reta de la Peña Irrintzi, que fue su primer presidente. En el proyecto inicial contemplaban dos piscinas, una de ellas olímpica, un campo de fútbol, cña asa social, una pista de tenis, una de baile, una pista polideportiva y un parque infantil para unos 1.500-2.000 socios. Para los terrenos se pensó en un finca de 41.000 m2 propiedad del Colegio La Salle en el término de Beloso Bajo que compraron el 3 de junio de 1965. Las primeras gestiones las llevaron a cabo representantes de Beti Gazte e Irrintzi pero pretendían que se integrasen las 15 sociedades recreativas de Pamplona: a saber, Irrintzi, Iruña, Bullicio Pamplonés, Aldapa, Beti Onak, Muthiko Alaiak, La Jarana, Lagun Billera, Alegría de Iruña, Pamplona Club Deportivo, La Única, Los de Bronce, San Antonio, la Asociación de Cazadores y Pescadores y Anaitasuna. Se pretendía que cada sociedad estuviese al frente de una especialidad deportiva. El 11 de septiembre se colocaba la primera piedra de la Ciudad. En Noviembre se le daba el nombre de Amaya aunque previamente  se barajaron otros nombres: Ibaiondo, Denak bat, Iruñabe, Beti Gora, Ibai Eder, Ibar Jai, Josta toki, Toki Eder, Gure leku, Aixkolegi y Carlos III. En 1966 se inauguraba la piscina olímpica y en 1968, fecha en que esta datada la foto postal de la derecha, el estadio de fútbol que sería campo del Iruña y del Pamplona. Las instalaciones sufrirían a lo largo de su historia diferentes inundaciones que provocaron en algunas ocasiones importantes daños. En 1969 se inauguraba el salón social, que vemos en la foto de la izquierda de los años 70. En este salón tendría un gran protagonismo una orquesta, formada tras la inauguración de la Ciudad Deportiva y que sería su orquesta titular, tal y  como del Natación lo fue la Nueva Etapa. Me estoy refiriendo a Los Clan. Durante los años 70 el salón social fue una enorme pista de baile que acogía verbenas todos los fines de semana y festivos del año. Especial relevancia tuvieron las verbenas sanfermineras con estrellas nacionales e internacionales: Albano, Micky, los Bravos, etc. En los años siguientes el Amaya inauguraría nuevas dotaciones y experimentaría sucesivas ampliaciones, hasta prácticamente el día de hoy. Cuenta  actualmente con cerca de 9.000 socios.

    En 1967 se inauguraba el centro deportivo militar General Mola. Un decreto del 21 de mayo de 1964 ponía punto y final a la plaza fuerte militar que era el centro de Pamplona, y de la que hablaré con amplitud en una próxima entrada. Los terrenos militares pasaban a ser propiedad del Ayuntamiento. En la entrada dedicada al primer ensanche ya hablaba del Estadio General Mola, donde están ahora  las casas de los militares, el centro deportivo militar estaba ubicado hasta 1964 en los fosos de la Ciudadela, de hecho  hace cinco años se derribó el frontón de los fosos, vestigio  de aquellas instalaciones. Pues bien, desaparecidos los militares del centro urbano, se construía, en esos años, este club exclusivo para militares y sus familias que es conocido popularmente como las piscinas de los militares, de las cuales vemos dos fotografías. En mayo de 2010 cambiaba su nombre por la actual denominación de Sociedad Deportiva Ciudadela o más propiamente dicho Centro Deportivo Socio Cultural Militar La Ciudadela. No se conoce el número de socios.

    Aunque ya me he referido brevemente a ella al hablar de mi barrio, en algunas entradas del blog, vuelvo a hacerlo en esta. Voy a hablar de la Unión Deportivo Cultural Rochapea. La sociedad se fundó gracias a la iniciativa de la Caja Municipal de Pamplona que junto a los equipos de fútbol Gaztedi y Gure Txokoa hicieron posible el proyecto. En un principio se construyeron dos piscinas, el edificio social y un campo de fútbol, inaugurándola D. Jesús Moreno, su primer presidente,  en 1971. Junto a este párrafo adjunto dos fotos de las primitivas instalaciones, la primera piscina inaugurada junto al edificio social que yo recuerdo haber visto como se construía y la entrada al antiguo edificio social. En 1995 creció incorporando una piscina cubierta y unas pistas de tenis. En el año 2008 se hizo una ampliación de terrenos incorporando un polideportivo cubierto, un spa, unas pistas de squash y de padel, un gimnasio, asadores y un nuevo bar social. Una de las iniciativas más famosas y longevas de la Sociedad es el concurso de paellas que ha superado su 45 edición, pues comenzó igualmente al filo de la década de los 70. La Unión Deportivo Cultural Rochapea es una sociedad pequeña, de barrio y tiene actualmente algo más de 3.000 socios. 

    La Sociedad Deportiva Cultural Echavacoiz surgió, por su parte,  como iniciativa de un grupo de jóvenes del barrio, impulsada por Elina Sacristán y Pablo Cristobal, en el Club Udaberri, en 1973. Desaparecido éste, en 1975 se iniciaron las gestiones para crear la nueva sociedad que en 1976 inauguraba sus instalaciones, que también vemos en fotografía adjunta. Tiene casi 4.000 socios. A pesar de ser verdaderas ciudades deportivas con magnificas instalaciones no he incluido en esta entrada las instalaciones deportivas municipales o dependientes del Gobierno de Navarra como son el Complejo Deportivo Aranzadi, la Ciudad Deportiva San Jorge, el Centro Recreativo Guelbenzu, Larrabide, Aquavox, Aquabide, etc.

    Fotos: Archivos Club Natación, Oberena, Anaitasuna, UDC Txantrea

    Maestros, escuelas, cantinas y colonias en el Viejo Pamplona (1904-1977)

    Prosigo la radiografía de la ciudad de Pamplona del pasado siglo y en esta ocasión y aprovechando la reciente publicación de la biografía de María Ana Sanz me detengo en la enseñanza para dar unas pinceladas de aquellas escuelas del Viejo Pamplona.  Empezaré, partiendo, como hiciera con el capítulo de la sanidad, de mis recuerdos personales para posteriormente realizar un breve repaso histórico de algunas escuelas y otras instituciones asistenciales-educativas entre los años 1904 y 1977. Comencé a ir a  las escuelas del Ave María a los cuatro años,  en septiembre de 1968. Recuerdo que el primer día de colegio solía ser bastante traumático para muchos pequeños, pues era el primer día que se abandonaba el cálido y confortable refugio del hogar pero yo no tengo un recuerdo especialmente duro de aquel día, no recuerdo lloros, eso sí,  siempre me recordaron mis padres, a lo largo de los años, mientras vivieron, una graciosa anécdota: en la primera hora de aquel primer día y en un descuido de la señorita, así las llamábamos entonces a las maestras, aprovechando una inesperada visita en el aula, me levanté del pupitre y me escapé de clase sin que nadie se percatase, presentándome  en casa, que estaba apenas a cincuenta metros de la escuela. Tan pronto como abrió la puerta mi madre   y después de una tremenda regañina me cogió de la mano y me volvió a llevar a la clase de la señorita Ramonita que a la sazón era aquel año la encargada de la clase de párvulos. En aquella clase que lindaba con la de D. Emilio Loitegui nos enseñaron las primeras letras, a leer y escribir. En 1º curso de Primaria, con Conchita Zaldo, comenzamos con los dictados, -la maestra, a veces, escribía el dictado en aquellas largas pizarras negras que cubrían todo el ancho de la clase-, las primeras lecturas, empezaban también a familiarizarnos con las primeras nociones de geografía y  las nociones más básicas de las matemáticas, las tablas de sumar y restar, más adelante vendrían las de multiplicar y dividir.

    De aquellos primeros años recuerdo a D. Emilio Loitegui, en 2º de Primaria, amante de los métodos de la vieja escuela. Por aquel entonces abundaban los castigos físicos  como las tortas en la cara, el palmetazo con la regla de madera en la punta de los dedos, o colocar de rodillas o contra la pared durante largo rato al infractor y es que se decía entonces que “la letra con sangre entra”. Quien, en aquellos años no fue obligado en alguna ocasión a escribir durante el recreo decenas de veces, “no volveré a hablar en clase”, por ejemplo. De aquellos primeros años, recuerdo que al menos en 3º de primaria, en la escuela de las chicas, con la entonces ya anciana, Isabel Ancil, la clase era mixta, si bien las chicas ocupaban una tercera parte del espacio y estaban todas juntas y separadas de los chicos. Esta separación se mantendría que yo recuerde hasta BUP. Muchos son los recuerdos que guardo de aquella primera época de mi infancia en las escuelas del Ave María, por las cuales pasaron, como yo,  muchas generaciones de pamploneses. Me acuerdo de aquel edificio alargado de planta baja que estaba pegado  a las dependencias de la iglesia, con el salón de actos, al fondo,  y cuya apariencia era en septiembre de 1968 muy similar a la que tenía 18 años atrás, como se ve  en la foto de 1950, de J. Cia y un poco menos parecido que el de  52 años atrás,  de 1916, pues entonces tenía algunas aulas menos, justamente la mitad; Me acuerdo de sus largas y brillantes rampas de entrada, como la que se ve en la primera foto por la que nos deslizábamos, desgastando alguno de aquellos pantalones cortos que vestíamos entonces; del sonido del timbre de entrada y salida a clase o al recreo; de los grandes ventanales de unas enormes clases en los que estábamos unos 40 chavales  y que eran calentadas por una estufa de carbón y leña situada en una esquina de la estancia. El último año que permanecí en estas escuelas, antes de pasar a la Carbonilla fue  4º de primaria en  1972-73 con Don Germán Tabar, de profesor, que sería director de la escuela tras D. Daniel Pascual.

    Tras estas notas personales daré algunas pinceladas históricas de estas célebres escuelas. Inauguradas en abril de 1916, fueron dirigidas hasta su fallecimiento por el párroco de San Lorenzo D. Marcelo Celayeta, según el método empleado por Andres Manjón en el Albaicin de Granada para las clases más desfavorecidas (1898). Celayeta tuvo conocimiento de  estas escuelas del Ave Maria y del método de Manjón a través de un amigo de Aoiz, Vicente Diaz. Celayeta  visitó a Manjón y entusiasmado envió luego a Granada a los maestros Gervasio Villanueva y María Marillarena. La Rochapea carecía de escuela entonces, solo había una privada a cargo de una maestra en Errotazar, que precisamente era Maria, y el barrio estaba habitado por hortelanos, ferroviarios y otros oficios surgidos a orillas del Arga. Construida por el arquitecto Angel Goicoechea, la primera piedra de las escuelas se colocó el 21 de marzo de 1915 y se inauguraron el 2 de abril de 1916, junto a la iglesia. Estuvo financiada por aportaciones de particulares. Aparte de su función social, lo más destacable de estas escuelas era el método educativo que empleaba: un método centrado en el alumno en el que se aprendía a través del juego y el canto, una escuela al aire libre, en el que solo el mal tiempo hacía que las clases se dieran en las aulas; (en mis tiempos, en 3º de primaria, con Isabel Ancil (1971-72),  aun se daba  alguna que otra clase al aire libre). Era aquella una escuela activa en la que se escenificaban no solo los contenidos sino también las ideas abstractas. Hasta poco antes de su desaparición (del derribo del edificio de la vieja escuela), se podían observar en el suelo del patio, mapas hechos con ladrillos de colores, círculos, triángulos y pirámides para las clases de geometría y en las paredes exteriores, una larga pizarra negra, mapas y arboles genealógicos para el aprendizaje de la historia y carteles y silabarios para la lectura. En las fotos que encabezan la entrada y estos primeros párrafos, todas ellas de Roldán pueden contemplarse algunas imagenes de la escuela de aquellos primeros años, con las pizarras,  mapas, silabarios y arboles genealógicos mencionados. En las fotos posteriores de J. Cia se ven los edificios de las escuelas de los chicos y de las chicas en los años 50.

    La música ocupaba también un papel importante en la actividad educativa del Ave María, contando desde sus inicios con un profesor de música, D. Gregorio Alegría. Pronto se  crearía la Banda de las Escuelas del Ave María. Se dice que Celayeta compró los instrumentos a una banda militar de Milán que se había disuelto en 1920. Pero no solo la música era importante en la actividad educativa. Junto a la música cabría recordar las funciones de teatro y las proyecciones de cine que se alternaban los domingos en la programación del salón de actos. Daban clase esos años en estas escuelas Fortunato Pérez, Luis Arbizu, Asunción Cano, Gabriel Larequi, Dolores Zuasti, Rosario Echague, María Yoldi, Soledad Garaicoechea y el conocido Gurmensindo Bravo (quien no se acuerda de aquellas veladas matinales suyas antes del encierro en los Sanfermines). Fallecido Celayeta, a partir de 1932 le sustituyó en la dirección Marcelo Larrainzar, sobrino de aquel. En 1935 la escuelas contaban ya con 11 aulas, 5 de niños y 5 de niñas y una mixta, la del párvulos, al frente de las cuales había 11 maestros más el maestro de música y la de corte y confección para las niñas. Las escuelas estaban dirigidas por un patronato del que formaba parte también el Ayuntamiento, junto a la administración educativa, el arzobispado y la parroquia. En 1957 se transformó en dos escuelas graduadas, una de niños y otra de niñas, con cuatro grados, de 1º a 4º de primaria más párvulos con tres secciones. En 1966 se convirtieron las escuelas en un centro público al crear la Escuela Graduada del Ave María con dirección y 11 unidades, cuatro de chicos y cuatro de chicas (las chicas estaban, como he comentado,  en un edificio aparte) cerca de la actual calle Carriquiri. Posteriormente, en 1977, se derribó el viejo e histórico edificio de las escuelas de los chicos, la de las chicas aun resistiría una década larga más, desapareciendo como tal el colegio en el año 2010, tras el traslado de su alumnado al Colegio Publico Rochapea en el Paseo de los Enamorados.

    En aquel tiempo junto a las escuelas del Ave-María recuerdo en mi barrio otras escuelas como las de la Carbonilla, construida en los años 30, en plena República, en los terrenos que ocupara anteriormente la carpintería Artola, cerca del cruce de Bernardino Tirapu y Marcelo Celayeta y que vemos en la fotografía de los años 50 de J. Cia. Pretendían ser unas escuelas laicas frente a las religiosas del Ave María. Ahí estuve durante  el curso 1973-74, haciendo  5º de primaria con Don Gabino, que a su vez era hermano de Don Joaquín, maestro del Ave María. Recuerdo que ese  fue el primer año en que tuvimos las primeras  maestras en prácticas, jóvenes inexpertas que se tenían que enfrentar a un alborotado y alborotador publico infantil; también recuerdo la escuela de Lavaderos, junto al Camino de los Enamorados (creo que era de primaria), el colegio de las Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión junto al cruce de Bernardino Tirapu y el camino de los Enamorados (femenino, regentado por religiosas y con un amplio ciclo educativo, de primaria hasta bachillerato), las Mercedarias de la Caridad de Joaquín Beunza (de párvulos y primaria), los Capuchinos de la Avenida de Villava (de primaria y secundaria, entonces llamada EGB), el Redin en el Vergel y el colegio Cardenal Ilundain, donde cursé entre 1974 y 1977, 6º, 7º y 8º de EGB. De aquel colegio recuerdo nombres de profesores como Jose María Gracia (en 6º),  Javier Donezar (en 7º), Navallas (en 8º), Doña Socorro, etc. Sería prolijo recordar  colegios de otros barrios aunque sin ánimo de exhaustividad podría citar, sin temor a equivocarme, os siguientes: en la Chantrea Federico Mayo, Mariana Sanz o los privados, algunos de ellos religiosos,  Esclavas del Sagrado Corazón en la Avenida de Villava, Colegio de María Auxiliadora, junto a la parroquia de San José o las Jesuitinas en un extremo del barrio, y junto a estas el Irabia, sin olvidar las escuelas municipales de la Magdalena, en la calle del mismo nombre;  en San Jorge recuerdo que había unas escuelas donde está actualmente un centro de Tasubinsa, cerca del río. En la Milagrosa recuerdo que estaban el colegio de Santa Catalina, Victor Pradera (inaugurado en 1952  que vemos en sendas fotos de Cía junto a este párrafo) y José Vila. De San Juan, he visto fotos de escuelas antiguas de los años 20 o 30, que reproduzco más adelante, aunque no logro ubicarlas, y  recuerdo también el colegio religioso de Nuestra Señora del Huerto (fundado en diciembre de 1951 por las religiosas argentinas Hijas de María Santísima del Huerto), el José María Huarte, casi enfrente del Instituto Ermitagaña o el Cardenal Larraona (1970) de la avenida Pio XII. De los colegios del centro de Pamplona (Casco y Ensanche) hablaré más adelante.

    Cuando estaba en la escuelas del Ave María todavía se oía hablar de las cantinas escolares, aunque como tal, con la filosofía que nacieron en su momento, hacía años que habían desaparecido, siendo sustituidas  por los comedores escolares, aunque igualmente las llamásemos cantinas.  Las cantinas escolares fueron un tipo de institución benéfica financiada por el Ayuntamiento,  Diputación y particulares  que nació  a principios del siglo XX, concretamente  en las escuelas de San Francisco el 14 de marzo de 1908 extendiéndose luego  a otras escuelas y que tenía como objetivo paliar el hambre en los niños, proporcionando alimentos gratuitos a los niños necesitados a lo largo del curso escolar. Fue pionera en España siendo solo precedida por las de Madrid, León y San Sebastián. La principal promotora de esta iniciativa fue María Ana Sanz, directora de la Escuela Normal de Maestras, de la que he hablado en la anterior entrada. La comida de las cantinas consistía en un primer plato en el que se alternaban a lo largo de la semana legumbres, arroz y sopa y, de segundo, tocino, bacalao o patatas guisadas con carne. El número de niños asistidos que fue de 124 el primer año pasó  a 240 el segundo, llegando un momento en que no se podían cubrir todas las necesidades. Por ello,  la Junta Provincial de Instrucción impulsó, posteriormente,  la creación de una segunda cantina en las escuelas de la calle Compañía, teniendo que regular, además, las condiciones de admisión de los niños ya que había más demanda que oferta. Tenían preferencia para asistir a las cantinas los huérfanos,  hijos de viud@s sin recursos, o de matrimonios obreros de escaso jornal aunque también se tenía en cuenta la disposición del alumno: puntualidad, aplicación y buen comportamiento. En 1925 el coste de sostenimiento de ambas cantinas: la de San Francisco y Compañía ascendía a 10.000 pesetas y los ingresos no alcanzaban a cubrir los gastos, siendo necesaria la movilización de personas, colectivos e instituciones: becerradas por parte de las peñas, fiestas literarias por parte de antiguas alumnas de la Normal, rifas por parte de los niños, etc, actividades que se mantendrían durante largo tiempo. En las fotos que acompañan a este párrafo, vemos en la la 1ª,  la cantina del Asilo de la Sagrada Familia en la calle Dormitalería (durante los primeros años 50) y en la 2ª, de Galle, y publicada en los libros de Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”, se anuncia la rifa del cuto, en las inmediaciones del Mercado de Santo Domingo,   rifa que vemos también en otra foto de las escuelas de San Francisco de 1958.

    En 1954 se establecía el Servicio Escolar de Alimentación con el fin principal de establecer el complemento alimenticio en los centros escolares, además de impulsar los comedores escolares. Dicho complemento consistía en leche, mantequilla y queso, estos últimos de forma alterna. La cantidad diaria de leche por niño era de 250 cl. Se instauró experimentalmente en las escuelas de Víctor Pradera extendiéndose en marzo de 1955 al resto. En 1956 casi 40.000 niños se beneficiaban de este complemento. La mejora de las condiciones de vida de España hizo que estos complementos alimenticios desaparecieran pero imagino, no obstante, que aquella práctica de darnos un botellín de leche después de comer en las escuelas del Ave María fue un residuo de aquella  política asistencial del régimen. Como he comentado las cantinas que nacieron con una finalidad asistencial fueron evolucionando a lo largo del tiempo y respondiendo más a necesidades educativas o familiares que a otra cosa. Un servicio escolar que no llegué a conocer pero que existió desde los años 20 a los años 60 fue el ropero escolar, institución benéfica creada en las escuelas de primaria para facilitar ropa y calzado a los niños necesitados, especialmente en invierno. El primero se creo en 1925 por iniciativa también de María Ana Sanz. En la década de los años 50 había 72 roperos en centros públicos, de los cuales veremos en una fotografía posterior el de San Francisco y 25 privados. En 1960 descendieron a 56 los roperos escolares desapareciendo prácticamente a lo largo de esa década. Estos servicios se nutrieron en las primeras décadas del siglo por las llamadas mutualidades escolares, desapareciendo también casi por completo en los años 60.

    También en aquellos años del Ave María oía hablar de las colonias, las colonias escolares de verano, aunque yo nunca estuve en ninguna, pues pasaba todos los veranos con los abuelos en su casa del pueblo. Las colonias escolares formaban parte de la obra social de Caja de Ahorros de Navarra. La colonia San Miguel Excelsis de Zudaire, abierta durante 4 meses al año,  empezó a funcionar en 1934 y estaba enclavada en la vertiente sur de la sierra de Urbasa. La colonia Blanca de Navarra de Fuenterrabía, estaba situada junto al mar, comenzó a funcionar en 1935 y permanecía abierta durante 5 meses al año. Entre  1934 y 1989 habían pasado por las colonias escolares de verano más de 60.000 niños navarros, de entre 8 y 13 años, a razón de entre 1.500 y 2.200 niños por año, 250 cada 25 días en sucesivas tandas, de junio a septiembre. Los niños debían tener residencia en Navarra y ser de “humilde condición”, es decir que careciesen de medios económicos para sufragarse unas reparadoras vacaciones veraniegas. Hacían excursiones, ejercicios gimnásticos, tomaban baños de mar en la playa o de agua dulce en la piscina, juegos, actividades infantiles, unido todo ello a una alimentación sana y abundante que les hacía ganar peso. Las colonias contaban con asistencia médica, maestras nacionales, capellán, etc. De ambas colonias dejo algunas fotografías, la de blanco y negro de los años 40 y las de color de los años 60. Hubo una tercera colonia asumida por la Caja entre 1961 y 1971 que tenía su sede en Biurrun-Olcoz, era la colonia escolar “Fundación Ondarra”, ubicado sobre el antiguo sanatorio tuberculoso infantil construido en 1944.

    Había  a primeros de siglo en el Casco Antiguo de Pamplona varios establecimientos municipales de  primaria repartidos por diferentes casas y calles, establecimientos que desaparecerían, en su mayor parte, cuando se terminó de construir  en 1905, el magnífico edificio de tres plantas de las Escuelas de San Francisco, con 17 aulas graduadas donde se agrupaban a los niños por edades y conocimientos similares. En estas escuelas, como hemos visto, se instituyó la primera cantina así como también el primer ropero escolar. También tenía su sede aquí el Servicio Medico Escolar como recordaba en la entrada de los galenos y boticas. Las escuelas tuvieron otros muchos usos además de los educativos a lo largo de su historia: sede de los danzaris, escuela de cantores, de artes y oficios,  exhibición de películas, sede del gabinete de censura de películas, talla de quintos, belenistas, censo electoral, asociación fotográfica, boy scouts, La Pamplonesa, examenes de conducir, euskera para adultos. A finales de los 70 tenía más de 800 alumnos reduciéndose a poco más de un centenar en los años siguientes. Hoy agrupa a más de 400 alumnos. En San Francisco también estaban, además, las Escuelas Anejas de las Escuelas de magisterio para la formación práctica y orientación de los nuevos maestros y maestras.

    Estaban también en el centro de Pamplona los colegios privados, religiosos, de las Madres Dominicas (internado de primera enseñanza de la calle Jarauta) y  Ursulinas (1889) de la calle Sandoval, ambas para la instrucción de las niñas; de los Padres Escolapios (1892) situado en la casa del Paseo de Valencia que albergó anteriormente la Fonda Europa, con chicos de primera y segunda enseñanza, preparación para el Comercio y escuela gratuita de niños que en 1932 se trasladarían a la calle Olite, junto a la plaza de toros; los Hermanos Maristas, también en Sarasate, aunque antes estuvieron en Navarrería y Eslava que pasaran luego a Yanguas y Miranda (1908) y Navas de Tolosa (1916) (con internado de primera y segunda enseñanza y preparación para el Comercio) antes de pasar en 1952 a la avenida de Galicia;  o el colegio privado de los Hermanos Huarte fundado en 1847 en el nº 96 de la calle Mayor, con gran prestigio (el más antiguo y acreditado de la ciudad) e importante asistencia de alumnos de primera y segunda enseñanza. En los años 20, tenemos además las Teresianas de la calle Mayor (primera enseñanza e internado), las concepcionistas de Navas de Tolosa (párvulos), las Hijas de la Caridad de Dormitalería (párvulos de la Sagrada Familia en La Casita) y de Recoletas (párvulos del Asilo del Niño Jesús), Las Hijas de María Inmaculada del Servicio Domestico (en Tejería hasta pasar en 1927 a su edificio situado entre Amaya y Roncesvalles) o las Escuelas del Ave María (gratuitas de párvulos y primera enseñanza), a las que me he referido anteriormente.

    En 1925 había dos grandes grupos escolares públicos en el centro de Pamplona: el de la plaza de San Francisco y el de Compañía, con escuelas de párvulos y de niños y de niñas. Había escuelas nocturnas de adultos en estos dos grupos escolares y en el del Ave María. Asistían a las escuelas públicas de Pamplona en estos años unos 2.077 alumnos de los cuales 797 eran niños y 1.280 niñas y párvulos. Aparecían dados de alta como colegios de enseñanza privados en estos años, aunque imagino que tenía más de academia que de colegio , los de Ezequiel Armendariz en Zapatería, Hermanas Ezquerro  y Romualdo Pejenaute en Estafeta y Concepción Oquendo en Rochapea. A partir de 1927 se inauguran las Escuelas Profesionales Salesianas de María Auxiliadora en la calle Aralar, gracias al apoyo de la familia Arostegui, con alumnos internos, externos y mediopensionistas. Enseñaban cerrajería artística, mecánica, carpintería, ebanistería, sastrería y zapatería. El 8 de enero de 1928 se inauguró en el barrio de la Magdalena el grupo escolar municipal a cargo de Maria del Camino Ijurra, que vemos en la fotografía adjunta previendose otra escuela municipal en el barrio del Mochuelo y posteriormente otra en San Juan (foto del párrafo anterior). En estos años se habilita una escuela especial para sirvientes y obreros en el convento de las Adoratrices y otra escuela nocturna en el colegio de la Ursulinas. La Asociación cultural “Los amigos del euskera” solicitaban al Ayuntamiento un local para establecer una escuela de lengua vasca. A lo largo de las siguientes décadas se instalaron otros centros religiosos como el del Santo Angel, en la calle  Media Luna, los Jesuitas (1946) primero en la calle Mayor, luego Arrieta, Media Luna hasta su actual sede en Bergamin desde 1951, Carmelitas de la Enseñanza en la calle San Fermín,  Carmelitas de la Caridad en Padre Calatayud, Padres Paules y Misioneras del Sagrado Corazón en La Milagrosa, etc.

    Fotos referenciadas en el texto de la entrada y pies de foto.

    Los pubs del Viejo Pamplona (1970-1990)

    Aparecieron a finales de los sesenta, junto a las llamadas boites y discotheques, como un establecimiento hostelero,  en los que se servían bebidas ( locales de copas), y se escuchaba música, música que ponía el camarero-pinchadiscos. A medio camino entre el bar con su sinfonola y la discoteca, el pub, al igual que los bares tenía tantos estilos como sus diferentes tipos de público. Había pubs tranquilos para parejas, disco-pubs para bailar y ligotear, pubs para charlar tranquilamente, para escuchar música en vivo, pubs para diferentes colectivos y con diferentes músicas. Todo un mundo. Comencé a visitar alguno de ellos alla por 1982. La mayoría de ellos estaban en San Juan. Creo que muchos  de ellos han desaparecido. Una de las zonas de moda en aquel entonces (años 80), especialmente entre el público universitario, entre el que me contaba,  era la zona conocida por la Trave (por la Travesía de Bayona). Allí estaban en aquel entonces el Papi, (Papillón), el Locos o el Glorys (este último todavía abierto), los dos primeros para bailar de madrugada, el Papi fue uno de los primeros en poner una pantalla gigante de video y en Monasterio de Cilveti, el Lio, el Wally y sobre todo  el Negro Zumbón, pequeño local pero que se llenaba hasta la bandera a última hora. 

    En San Juan estaban clásicos como el Charlot regentado por Toñi (en pleno funcionamiento), tranquilos para la charleta sin estridencias, en el comienzo  de  la avenida Sancho el Fuerte o el Luces de la Ciudad, en la calle Monasterio de Urdax. Por ahí cerca andaban el elegante Golden en la Travesía Monasterio de la Oliva, con sus enormes butacones negros, el Katiuska, también en Monasterio de la Oliva, el Tio Enrique y el Valentinos en Monasterio de Velate y el Cole en la Avenida de Bayona. El Melibean en Virgen del Puy, era ideal, por su tranquilidad, público y ambientación  para parejas, como lo era también el Duques de Wellington, actual Welling, cerca de la Avenida de Barañain. Me acuerdo también del Aguacate en Obispo Irurita, especializado en zumos. También recuerdo el Rey Sancho en Sancho El Fuerte. En Monasterio de Aberín estaba el Villaconcepción, selecto local con decoración colonial que tenía fama de acoger lo más vip y “pijo” de la ciudad. Y para  públicos gays  estaban, en aquel entonces, el Conocerte es amarte o Lo que el viento…

    En Iturrama estaban y están el Ensayo (en la calle Iñigo Arista) y el Boulevard Jazz (en la plaza Felix Huarte) donde se podía escuchar música en vivo, por cortesía  de su dueño, el músico Jokin Idoate y por aquella zona estaban también  el Sammy, la Champañería, el Claqué y tantos otros. También se podía escuchar música en vivo en aquellos años en el Cotton Club (en Monasterio de Cilveti) (luego Woodstock) con conciertos de jazz a cargo de Javier Garayalde, en el Carpanta de Barañain (luego Passos) y en  el Gardens,  cerca de la Medialuna, que contaba con un pianista y que le daba un toque muy selecto  al local, ya de por si muy elegante y que era uno de mis preferidos. En los primeros 80 recuerdo que había también una especie de pequeña discoteca o disco-pub, en los bajos de una de las tres torres existentes situadas entre la avenida Pio XII, la Avenida  Barañain y las Torres de Urbasa, aunque creo que tuvo una corta existencia, asi como creo que hubo algún otro disco-pub,  en las inmediaciones de las traseras de San Alberto Magno.

    En el Casco, aparte de los bares señalados en una entrada reciente, de pubs, propiamente dichos, en los primeros años 80 tan solo me acuerdo del Pompelo, en la calle San Francisco, antes de que se convirtiera en una barra americana. Era un lugar amplio, espacioso,  decorado con un toque historicista, la piedra al descubierto en las paredes, algunas armaduras medievales, y una luz ambiental tenue. Por cierto en los finales de los 60 y primeros setenta, en las postrimerías del franquismo, en los barrios del cinturón industrial de Pamplona, comenzaron a proliferar  las llamadas barras americanas  con nombres tan exóticos como El Dragón Rojo, La Laguna Negra, Suzi Wong, Todosí, etc. En el Casco había también en aquellos años  algunos establecimientos que  fueron también pubs o al menos que funcionaban como tales, alejados de la tipica tasca o bar de lo Viejo: fueron el Corners en la calle del Carmen, el Disco Club 29 en la Curia, el Bearin en la plaza del Castillo, o el Viana de la calle Jarauta, etc. Algunos establecimientos de la Bajada de Labrit como el Cavash, Kabiya o el Katos tenían, además,  desde finales de los 70 la calificación de disco-pubs, con un espacio de baile y un horario equiparable al de las discotecas, alguno de ellos, como el Cavash,  incluso tuvo, en los finales de los años 60,  actuaciones en vivo de forma periódica.

    Los bares del Viejo Pamplona (1960-1990)

    En nuestra tierra los bares se constituyen en los más importantes centros de encuentro y relación social. Imagino que todos tenemos asociados estos lugares a nuestra memoria, tan diferentes ellos a lo largo del tiempo como diferentes han sido las etapas de nuestras vidas. Mis recuerdos más tempranos, de la infancia, asociada a los bares, están vinculados a algunos establecimientos de lo Viejo (de la plaza del Castillo o de la calle Ciudadela) o de mi barrio, la Rochapea. Del Casco, tengo fugaces recuerdos, acompañando a mis padres allá por el año 1966 o 1967 y siguientes, de algunos establecimientos de la plaza del Castillo, como el Txoko, el Tropicana, el Casino o el Cafe Iruña, seguramente en algún encuentro con amigos y familiares, alguna bulliciosa y soleada tarde de domingo. En aquellos finales 60, recuerdo la presencia de abundantes rótulos luminosos sobre los tejados de los edificios como los que aparecen en la fotografía que encabeza esta entrada. También tengo un claro recuerdo del Anaitasuna, en la esquina de San Gregorio con Ciudadela y del Espejo, ya en esta última calle. En aquel tiempo,  y por lo que recuerdo también mucho más tarde,  el Anaita tenía un aspecto más de cafetín que de simple bar, con sus juegos y partidas de cartas en las mesas de marmol blanco sobre pies de hierro colado de color negro. En este lugar tuvo la Sociedad del mismo nombre algunas de sus primeras reuniones tras una fugaz etapa en Paulino Caballero. En cuanto a El Espejo nació como Sucursal de Aldaz Hermanos en las primeras décadas del pasado siglo.
    Aunque citados en otras entradas vuelvo a referirme a ellos en esta su entrada natural. Me refiero a los bares de mi barrio: el bar Cuatro Vientos, La Cabaña,   Casa Feliciano, La Senda, El Rodriguez y sobre todo El Bar Porrón, de los cuales el único que sobrevive actualmente es Casa Feliciano, que vemos en la fotografía, viejo testigo de los muchos cambios que ha sufrido el barrio y la avenida de Marcelo Celayeta. Fueron muchos de aquellos bares de nuestra infancia, bares de flipper, futbolín y sinfonola, sinfonola como la que aparece en una de las fotografías siguientes. Más tarde aparecerían  también en algunos bares algunas recreativas que llamábamos de “matamarcianos”. Las sinfonolas comenzaron a proliferar desde finales de los 60 en muchos establecimientos hosteleros. Metías una o varias monedas y seleccionabas la canción o canciones de tu gusto. Así escuchábamos los éxitos de aquellos años y, según los bares podías encontrar un tipo de música más convencional o no. En aquellos bares, convivíamos pequeños, jóvenes y mayores, estos últimos generalmente jugando a la típica partida de cartas o de dominó. Y en aquellos bares de barrio  no podía faltar tampoco  la omnipresente televisión, primero en blanco y negro y desde finales de los 70, en color. Cada uno de aquellos bares del barrio tenía su propio ambiente y su personalidad: El Porrón y Feliciano eran más de mayores,  chiquiteo y comidas. Probablemente los que más frecuentábamos eran La Cabaña y el Cuatro Vientos, además del “Centro” (por el bar del centro parroquial de la iglesia El Salvador), sobre todo los domingos. 
    Entrados en la adolescencia comenzábamos a subir a Pamplona, una Pamplona  de una época, la de los años 70 y primeros 80, de una desbordante agitación política y social. El Casco Viejo era y sigue siendo la zona de bares más importante de la ciudad. En lo Viejo (y en el resto de Pamplona), tanto antes como ahora,  había zonas y bares para diferentes y heterogéneos públicos, a menudo segmentados por edad, gustos musicales, ideología, u otro tipo de caracterización. Hasta una edad más avanzada no consumíamos alcohol. A lo sumo algún refresco para acompañar los juegos. Como dije en alguna otra entrada el cine ocupaba, entonces, la mayor parte de  nuestro tiempo de ocio. Más adelante, en el tiempo, vendrían los bares, las discotecas y “ennovietados” los pubs de los que hablaré en la siguiente entrada. En esta intentaré repasar algunos de los bares que frecuentábamos en aquellos años, muchos de ellos ya desaparecidos. 

    Si entrabamos al Casco por el portal de Francia y seguíamos por la calle del Carmen encontrábamos en los finales de los 60, 70 y primeros 80 a la izquierda algunos bares como el Simon´s y su inolvidable bolera de competición, el Club Alpino Navarro, el Hauzokoa, y entre medias varias peñas (El Bullicio, el Irrintzi) para acabar en la esquina de la plaza de la Navarrería con el Barbacoa; por la otra acera nos topábamos con  el Corners (uno de los primeros pubs),que  luego sería el Pazo Monterrey, un bar estrecho, largo y profundo donde degustábamos a mediados y finales de los 80 buenas raciones de pulpo bien regadas de albariño y ribeiro.  A la vuelta, en la calle Aldapa estaba la Bodega San Martín, hoy La Bodeguita, con sus cazuelicas caseras, y enfrente pero en la esquina con la plaza, el Bar Aldapa, donde hicimos la cena de fin de curso de bachillerato y ya en la plaza de la Navarrería un buen puñado de bares, clásicos algunos de ellos, desaparecidos otros como el Mesón de La Ribera, cerrado desde hace mucho  tiempo, siguiendo la acera  el siempre bullicioso Mesón de la Navarrería, y enfrente, en la cuesta hacia la Catedral, en la acera derecha, y de arriba hacia abajo, El Aleman, con sus salchichas de Frankfurt, hoy Los Burgos de Iruña,  el Mesón de la Tortilla, La Mejillonera (ah, sus cachis de cerveza y sus  famosas patatas a la brava), el Tilo, el Cordovilla (con sus tigres y sus fritos de pimientos) o el Bar Vicente. A esos viejos nombres les sucedieron en el tiempo otros como el Oiat o el Ezkia. Subiendo por Curia nos encontrábamos y lo seguimos haciendo, a la izquierda con un clásico entre los clásicos, el Temple y sus famosos moscovitas (sin olvidar una de las mejores tortillas de patatas que se pueden degustar en un bar), y más arriba el Lancelot, el Tut y el 69. 

    No cito, por no repetirme, algunas calles revisadas ya en el blog como Mercaderes, Estafeta o Comedias y dando un salto me situo en la calle San Gregorio, calle en tiempos de poteo, muy frecuentada. En la calle San Gregorio teníamos además del mencionado Anaita, el Museo con su famosos fritos de huevo (primos hermanos de los del Rio, no en vano lo regentaba el padre de Joaquin Barberena, fundador del Rio, y luego su hermano Cefereino, si bien el local se llamaba anteriormente Orbaiceta), La Kontxa, (desde el 2001, Kaixo), con su futbolín al fondo, el Arizona, siempre lleno hasta la bandera (con Josefina al frente y su inconfundible blusón negro) el Ganuza con sus patatas a la brava (hoy Entretantos), y los desaparecidos  Sanguesa (hace pocos días derribaron el edificio que compartía con la trasera del Spada), El Caserio (también sustituido por una nueva construcción), La Montañesa o el Garcia (luego reconvertido en un irlandés, El Harp),  también cerrado. Aun sobreviven, en esta calle,  El Norte, Ona y Gorriti. Dicen que a finales de los 60 había al final de la calle San Gregorio un café cantante, el  Euskalduna, como hasta el año 1963 lo hubo también en la calle San Nicolás en el lugar donde está hoy el Baserri, concretamente el Café Irañeta, con música en directo en el salón que estaba situado en el fondo del bar donde hoy esta el restaurante, del cual vemos una fotografía. 
    La calle San Nicolás ha mantenido mejor su tejido hostelero que su calle hermana, a lo largo del tiempo. Salvo La Mandarra, de reciente creación, el resto, casi todos llevan muchas décadas de servicio a la ciudad y sus habitantes. Donde hoy esta el Iru estaba el Bearan, y cerca de él, el 84, como no acordarse de los huevos del Rio, (fundado por Joaquin Barberena en 1963 y que desde 1997 regentan los “Robertos”), del vino en porrón bien acompañado de una fritada de sardinas en el antiguo   Marrano que respondía entonces al nombre de Vinos El Cosechero. Otros históricos eran el Ulzama y sobre todo Casa Otano. Casa Otano fue fundado en 1912 por un vendedor de vinos de Larraga, un tal Lino Otano. El local cambió de dueños varias veces hasta que fue adquirido en 1929 por Felisa Galar e Isaac Juanco a quienes seguirían en la gestión del negocio sus hijos,  entre los que destacaría Andrés Juanco, quien en los años 50 conoce a Tere Goñi con la que se casa. En 1975 fallece Andrés y se hace cargo del negocio Tere, que es quien le da el gran impulso al negocio que incluye además del bar, el restaurante en el primer piso y la pensión. En los años 80 recuerdo que había un bar que se llamaba el san Miguel, más o menos donde hoy está el Hostal y cafetería Castillo de javier. Y desde la calle San Nicolás nos adentramos en la plaza del Castillo.

    La plaza del Castillo, escenario de los principales acontecimientos de la vida de la ciudad a lo largo del pasado siglo, conoció hasta los años 60 y aun después algunos celebres cafés ya desaparecidos cuyos nombres nada dirán a las nuevas generaciones pero que estarán cargados de imagenes, recuerdos y resonancias para los más viejos del lugar. Entrando por el Pasadizo de la Jacoba, donde hoy está una sucursal del BBVA, estaba el Cafe Kutz que vemos en la fotografía (de la izquierda) de 1952,  de José Joaquín Arazuri. El Café fue fundado por el donostiarra Luis Kutz en el año 1912 donde antes estuviese el Café La Marina. Kutz  regentaba en San Sebastián  otro café Bar y una fabrica de cerveza, además de un cine. Tras el fallecimiento de Luis, en 1942, el Café pasó a manos de su esposa,  Elvira Muñagorri quien con la ayuda de sus hijos José Luis y María Luisa mantendría el Café abierto hasta el año 1961. Por cierto José Luis fundaría en 1947 la Cooperativa de Hosteleros de Navarra siendo su primer presidente y la única que funciona aun en el norte de España. 

    El Cafe Torino, fundado en la primera década del siglo XX, estaba situado junto al Hotel La Perla, tal y como vemos en la fotografía superior derecha que precede este párrafo, obra   de Zubieta y Retegui de 1971, tomada en los días de su cierre Sus primeros propietarios fueron los señores Dihins, luego D. Melitón Ariz y más tarde D. Doroteo Cotelo, cuyos herederos fueron los últimos propietarios del bar. Hemingway lo definía en su libro Fiesta como “un local medio bar, medio cervecería, donde se podía comer algo y bailar en una habitación trasera”. El Torino ocupaba la sucursal de Caja Navarra de la plaza del Castillo y el actual Windsor Pub. El Café, como he dicho, cerró sus puertas en 1971, siendo sustituido por el Windsor Pub dos años más tarde,  en 1973. Del Cafe Suizo, fundado por los suizos Mattosi  en 1844 ya hablé en la entrada dedicada a la calle Pozoblanco. El mítico Cafe Iruña, cuyo interior reformado vemos en la fotografía de la izquierda, toda un institución en la ciudad, fue fundado el 6 de julio de 1888. Dicen que su apertura sirvió para inaugurar oficialmente la llegada de la luz eléctrica a la ciudad. En marzo de ese año se había creado, por iniciativa de Serafín Mata, la sociedad Iruña, impulsora del citado Café, con una amplia base de accionistas. Hoy en día sigue manteniendo, tras su desacertada etapa como bingo, de 1977 a 1998,  su aire y decoración estilo “belle epoque”, con sus mesas de mármol, sus abigarradas columnas, sus artesonados y sus grandes espejos. Lugar de obligada visita para los turistas, por él han desfilado las más importantes celebridades que nos han visitado y ha servido de escenario de todo tipo de reuniones. En este mismo edificio, en el primer piso, se instalaba en aquellos años  el actual Nuevo Casino Principal llamado anteriormente Casino Principal, Nuevo Casino (1856) e inicialmente Sociedad de los Doce Pares (1851). La decisión de fundarla nace de personas como Juan Jose Egozcue, Tadeo Gandiaga, Florencio Sagaseta, Patricio Sarasa y Mariano Martinez. De él recuerdo su trasnochada elegancia, sus grandes lamparas y sus artesonados decimonónicos, tal y como aparecen en la fotografía de la derecha.

    En la otra esquina de la plaza te encontrabas con el Casino Eslava. Fundado por un centenar de pamploneses en julio de 1884, con sede en el nº 18 del Paseo de Sarasate, tuvo una fugaz existencia hasta que en 1898 se volvió a fundar, bajo el nombre de Nuevo Casino Eslava. El actual edificio del Casino Eslava, obra del arquitecto Victor Eusa,   se inauguró en 1932. Junto a él estuvo hasta 1936 el Hotel Quintana y en sus bajos,  durante los años 50 el Bar Brasil,  hasta que a finales de los 60 daría paso a la entonces moderna cervecería Tropicana y junto a  esta otro referente de la ciudad, el Txoko. Cuantas veces habremos escuchado aquello de “quedamos donde el Txoko”. De aquellos lejanos tiempos aun sobrevive en uno de los laterales de la plaza, el más cercano al Paseo de Sarasate, un viejo rótulo de un hotel desaparecido, quien sabe cuando, el Hotel El Cisne. Parece ser que este hotel se abrió a finales del siglo XIX. 
    Y no podemos irnos de la plaza sin referirnos al hotel más antiguo de la ciudad, el tercero más antiguo de España: el Hotel La Perla que fue fundado por Miguel Erro y Teresa Graz en 1881, como Fonda La Perla y que fue objeto de una renovación total en el año  2007, convirtiéndose en el único hotel de cinco estrellas de la ciudad. En el se ha alojado reyes, artistas y todo tipo de celebridades. La Fonda contaba con su propio servicio de carruajes para recoger los viajeros desde la Estación. Tras la muerte de Miguel Erro dirigió el negocio su esposa Teresa que falleció en 1921. Tras ella se encargaría de dirigir el hotel su  hija Ignacia  junto a su marido Jose Moreno.  Actualmente lo hace Rafael Moreno, de la cuarta generación.  Hablando de hoteles, no podemos olvidarnos tampoco de otro de los hoteles históricos de la ciudad: el Hotel  Maisonnave  situado a principios de los años 20 en la calle Espoz y Mina, junto a la plaza del Castillo. Sus fundadores fueron Carlos Maisonnave y su esposa Francisca Echeverría que comenzaron con una fonda y coches de caballos en el año 1883. Para 1900 la fonda tenía calificación de 1ª categoría y hasta fines de los 20 vivió su epoca de mayor esplendor. En 1945 el hotel pasó a manos de su actuales propietarios, la familia Alemán,  que construyen, en 1966, el actual edificio del hotel en la calle Nueva que experimenta en los últimos años diferentes reformas y ampliaciones. Con la última remodelación del pasado año  se ha convertido en un hotel de cuatro estrellas. Y en cuanto a la faceta gastronómica no podemos olvidarnos tampoco de dos referencias culinarias del máximo nivel: la del restaurante Hostal del Rey Noble más conocido por Las Pocholas, fundado el 15 de abril de 1938 y que cerró en el año 2000, regentado por las hermanas Guerendiain y el   Hotel Restaurante Europa, cuyo origen  se remonta a la década de los 30 si bien es a partir de 1973, cuando se hacen cargo del negocio los hermanos Idoate y lo convierten en una de las principales referencias gastronómicas de la ciudad.
      
    Otro salto y nos colocamos en la calle San Francisco. De esta calle recuerdo el bar Montón, antes de que se convirtiese en la sede de la Peña Anaitasuna, el Centro Riojano y a continuación el Monterrojo, y tras esta calle nos adentramos en la vecina calle de San Lorenzo, en otros tiempos, otra de las rutas típicas, con la Cepa, todo un referente, refugio de trasnochadores y amantes del Dios Baco, abriendo la calle y los restaurantes Erburu, Lanzale y Askartza, además de algún bar como el Piskolabis, alguno de ellos cerrado, como el Erburu (en la foto vemos el interior de su comedor, donde por cierto se comía bastante bien) y otros reconvertidos en sedes de peña o en otro tipo de bar o negocio, como el Lanzale y el Piskolabis, una lastima. En más de una ocasión cenamos en alguno de estos lugares. Enfilando la Jarauta, plagada de sedes de peñas, que visitábamos sobre todo en sanfermines destacaban, en aquellos años 70 y 80 el Urricelqui con su higados y riñones a la plancha, el Oreja con sus raciones de pulpo y otras exquisitices gallegas, el Montón y la Viña. 
    Del resto de bares del Casco habría que que señalar alguno de Calderería como el Garazi o  del final de la Tejería como las Bodegas Riojanas, el Primi o el Malkoa, muy en boga a finales de los 80 y primeros 90, o los de la bajada del Labrit, algunos de ellos en otros tiempos disco-bares, y como establecimientos singulares fuera de rutas, Casa Paco, en el Rincón de San Nicolás y sus famosas albondigas, el bar Bilbao (en franco declive cuando lo conoci) o Casa Marceliano. Casa Marceliano era la típica tasca o bar de antaño, que popularizó Hemingway en sus escritos, hasta el punto de convertirla en un lugar de visita obligada para los muchos turistas que siguieron sus pasos (En la foto  vemos a Hemingway en una de sus visitas a Casa Marceliano). Una tasca donde se podía degustar acompañado de un vino recio de la tierra tan pronto una fritada de sardinas,  como en sanfermines  un estofado de toro, un buen ajoarriero o un cordero al chilindrón, con los dichos siempre singulares y a menudo cortantes, de fondo, del amigo Juantxo. Casa Marceliano cerró sus puertas hace 20 años, en 1993, cuando los hermanos Arraztoa vendieron el edificio, que reabrió el Ayuntamiento en el año 2001 como oficinas municipales. Una pena.
    Fuera del Casco cabría recordar el bar de la Servicial Vinicola en la calle Navarro Villoslada. Cuantos estudiantes del cercano Instituto Ximenez de Rada  habrán recalado de forma habitual en este bar. Hay muchos otros bares y restaurantes en el Ensanche pero destacaría un clásico, el Niza, fundado en torno al año 1936, poco después de la construcción del Teatro, lugar de reuniones de escritores, artistas y demás gente de la farándula, El California (más conocido como El Cali), el Reta, el Candilejas, y en la zona más cercana  al Casco el Cinema, con un decorado que homenajeaba el séptimo arte,  no en vano, tenía cerca cuatro o cinco salas de cine,  el Palace, propiedad del empresario hostelero Javier Miranda. Y en San Juan el Agoizko, el Hip-Hop, el Trebol  o el Zapata, aunque en mi memoria personal este barrio sea para mi más de pubs que de bares. Para recenar había algún abierto allá por las cinco de la mañana como el Alesves de San Jorge.

    Fotos: Foto Plaza del Castillo de Galle (sin datar, aprox. años 60), Archivo Bar Restaurante Baserri, Foto Cafe Kutz de J.J. Arazuri (1952), Cafe Torino de Zubieta y Retegui (1971) y Casa Marceliano, de Julio Ubiña (sin datar).

    El Tercer Ensanche de Pamplona (1960-2000)

    Tras el derribo de las murallas del flanco sur que constreñían a la ciudad en su Casco Histórico (1915) vendría la construcción del Segundo Ensanche de Pamplona. El Primer Ensanche, lindante con el Casco se había construido a finales del XIX. El Segundo Ensanche se construiría en dos fases, la segunda de las cuales se terminaría en los últimos años de la década de los 50. En esa época y terminada la expansión de la ciudad hacia el sur, se planteó el desarrollo urbano hacia el Oeste en toda su amplitud. El instrumento urbanístico fue el Plan General de 1957 que planificaría la expansión urbana de Pamplona en los siguientes 15 años (1960-1975). Es lo que se dio en llamar entonces el Tercer Ensanche de Pamplona. Así nacerían los barrios de San Juan e Iturrama. También en esta época se comenzarían a construir los barrios de San Jorge y un poco más adelante, Ermitagaña, para proseguir bien avanzados los 80 y primeros 90 con la creación de nuevos barrios como Mendebaldea, Arrosadia y Azpilagaña. Me centraré en esta entrada en el Tercer Ensanche de Pamplona. Aunque el mayor número de vivencias y recuerdos los tengo asociados lógicamente a mi barrio, la Rochapea, como queda patente en este blog, y en segundo lugar a ese barrio que es de todos los pamploneses: el Casco Viejo, también tengo lejanos recuerdos de la construcción de estos dos grandes barrios de la ciudad: San Juan e Iturrama, asociados a mi niñez y adolescencia. Con ellos, la ciudad conoció su mayor periodo de expansión hasta entonces conocido.

    En alguna otra entrada he comentado como la vía del Plazaola, que atravesaba la Rocha, seguía el camino de la Biurdana y llegando hasta lo que es hoy el puente sobre la avenida de Navarra, cerca de la Agrupación Deportiva San Juan, bajo el antiguo Puente de los Suicidas, giraba hacia el Sur y enfilaba por lo que popularmente  llamaban la Vaguada, una enorme hondonada que separaba San Juan de Ermitagaña, tal y  como vemos en la fotografía de 1965, de Zubieta y Retegui y que después se nivelaría cubriéndose de tierra frente al Instituto Navarro Villoslada y el colegio Jose María Huarte,  para proseguir por lo que es hoy la Avenida Sancho El Fuerte hasta la Avenida de Zaragoza. Hasta octubre de 1981 hubo algún hortelano, con sus huertas y casetas en la citada Vaguada. 

    En 1972 se empezó a construir el llamado Puente de San Jorge que comunica hoy los barrios de San Juan y San Jorge. Las obras finalizaron en mayo de 1973 y tuvieron un presupuesto de 40 millones de las antiguas pesetas. Hasta entonces no había otro paso para cruzar el Arga desde Cuatro Vientos al Puente de Miluce, osea en un tramo de más de dos kilómetros. La Avenida de Navarra era conocida entonces como Variante Oeste, hoy una vía plenamente urbana pero entonces muy periférica. Las obras de la Variante comenzaron en 1974 y acabaron en su integridad en septiembre de 1978. Por su parte el viejo puente de los Suicidas que vemos en la fotografía, se derribó en 1975, siendo sustituido por otro que comunicaría la Agrupación Deportiva y el barrio de San Juan.

    En aquellos años 60 en que se comenzó a construir el barrio de San Juan recuerdo haber oído hablar de las Casas de Eguaras o  las casas de San Alberto (por la cooperativa San Alberto Magno) en Martín Azpilicueta. Probablemente estas fuesen, junto a las primeras casas de Larraina algunas de las más antiguas del barrio, concretamente las de Larraina creo que son de 1958, y las de Eguaras y San Alberto de 1960  y 1961, respectivamente. En las fotografías adjuntas vemos alguna de esas primeras casas, a la derecha las de Larraina en 1963, y a la derecha las de Eguaras en el año 1972, diez años después de su construcción. El resto, tanto de San Juan como de Iturrama, tanto la zona de Iturrama Nuevo  como la de Iturrama Viejo estaba salpicado de decenas de chalets y pequeñas construcciones, nada que ver con el paisaje urbano que iríamos viendo  los años siguientes: a finales de los años 60 y de la  década de los 70, con el desarrollo de los nuevos San Juan e Iturrama. 

    Al margen de esas viviendas unifamiliares en San Juan había dos grandes industrias en la zona: la de Imenasa, en la zona situada entre Pio XII, Sancho El Fuerte y la Avenida de Barañain, donde esta ahora la plaza y el parque de Yamaguchi y la fabrica  de hilados Goñi y Mayo, que contaba, creo recordar que con dos instalaciones, la fabrica principal,  entre la carretera de Barañain y la de la Longaniza y otras instalaciones en la parte trasera de la Residencia Virgen del Camino que recuerdo haber visto hasta su demolición a finales de los 80. La fábrica, de origen y trayectoria familiar fue dirigida   hasta su cierre en 1984 por el que fuera secretario general de la Confederación de Empresarios, José Luis Goñi. En las fotografías  adjuntas vemos, dos tomas  de junio de 1975, de la misma zona   aunque captadas desde diferentes ángulos, a la derecha,  las naves de Goñi y Mayo, y sobre ella la calle Monasterio de Urdax y en la foto de la izquierda la fábrica de Goñi y al fondo se divisa la fábrica de Imenasa.

    Imenasa que vemos en la fotografía adjunta, antes de su derribo en marzo de 1989, pertenecía al Grupo Huarte, fundado por el que fuera conocido constructor y expresidente de la Diputación Foral, D. Felix Huarte y que luego dirigiría su hijo  Felipe Huarte. La fabrica, inicialmente un taller que hacia maquinaria para construcción (hormigoneras, tornos, etc)  se abrió en 1944 y contaba con poco más de un centenar de trabajadores. En 1953 Huarte la transformó en una sociedad anónima: Imenasa  (Industrias Metálicas de Navarra S.A), y empezaron a fabricar de todo: motos, metralletas, etc. Para la fabricación de motos se asoció con Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey. Así se fabricaron las motos Husor (por Huarte-Soriano) y luego las motos Iruña, motos potentes,  también se produjo un scooter y algún otro modelo  que serían con el tiempo desplazadas por la italiana Vespa.  

    Imenasa  llegó a contar, en sus años de esplendor, con 1.500 trabajadores y protagonizo el desarrollo industrial más importante de la Cuenca de Pamplona. De Imenasa surgieron luego otras empresas pues fueron transplantado cada línea de producción a una nueva fábrica que al final acabarían compradas, todas salvo una (Miasa), por multinacionales: la de direcciones daría lugar a Torfinasa que luego compraría  la multinacional americana TRW, la de horquillas para cajas de cambio a Miasa, la de llantas a Mapsa, la de grúas, Imenasa Grúas,  sería comprada luego por los alemanes de  Liebherr y la de frenos por la multinacional británica  Lucas Girling. Huarte además participó en la creación de la Papelera de Sanguesa, Perfil en Frio, en la Rochapea o Inasa de Irurzun. La fábrica tenía su escuela de aprendices en las dependencias de la fábrica así como otras dotaciones para los empleados: campo de deportes, piscina, frontón, bar-comedor, etc. Tras el derribo de las naves de Imenasa, en su lugar se erigiría un bloque de viviendas en forma de U, diseñado por el arquitecto catalán Oriol Bohigas y junto a él, en 1997 el parque de inspiración japonesa de Yamaguchi.  Unos años antes, en junio de 1993, se había inaugurado en esta misma zona el Planetario y cerca del bloque U, en la campa anexa a los Golem, uno de los hoteles más importantes de la ciudad: el Iruña Park (1990).

    En San Juan estuvo desde el año 1922 (dos años después de  la fundación del Club)   y hasta el final de la temporada 1966-1967 el viejo campo de Osasuna que como en los tiempos actuales tantas alegrías como sobre todo tristezas, por los resultados, dio a varias generaciones de pamploneses. El estadio que conoció una importante obra de ampliación allá por el año 1956, se encontraba entre la actual avenida de Barañain, hasta 1976, conocido como camino o carretera de Barañain y la avenida de Bayona o antiguo camino del cementerio.  El campo se comenzó a derribar a finales de 1968 tal y como atestigua la fotografía adjunta de 1969 para dejar paso a la construcción de la calle Monasterio de Urdax, y estaba situado unos metros más atrás de la parroquia de Nuestra Señora del Huerto en la citada avenida.

    Partiendo del primer Ensanche y de la vuelta del Castillo y enfilando hacia los barrios de San Juan e Iturrama nos encontrábamos a finales de los años 60 de Noroeste a Suroeste con los siguientes caminos: la antigua carretera del Cementerio que sería luego la Avenida de Bayona y que giraría luego hacia la izquierda dejando la vía de la derecha como Calle Monasterio de la Oliva, la carretera o camino  de Barañain, la carretera a Estella que daría luego paso a la Avenida de Pio XII, la calle Fuente del Hierro, la carretera a Esquiroz y la avenida de Zaragoza. La Carretera de Circunvalación comenzaba en la Cuesta de la Reina y bordeando el lado derecho de la Prisión Provincial, atravesaba la carretera a Estella  y la vuelta del Castillo hasta la Avenida de Zaragoza. 
    También y desde finales del XIX era popular la llamada carretera o vuelta de la Longaniza. Debía su nombre a la forma del camino o itinerario. Comenzaba en el cruce cercano al viejo campo de San Juan y de ahí iba por el antiguo Camino de Acella hasta la llamada Casa de los Pastores (hoy cruce de la Avenida Pio XII frente a la Clínica Universitaria), de ahí giraba a la derecha por Irunlarrea, pasando por delante de la casa del Conde  hasta el cruce del Camino de Barañain, en la trasera de la Residencia Virgen del Camino y por el camino de Barañain volvía al punto de partida. (La cuerda de la longaniza se iniciaba en la carretera de circunvalación y primer tramo del camino de Barañain). En la foto vemos el inicio de la carretera cerca del campo de fútbol de San Juan en el año 1967. Por cierto la residencia Virgen del Camino se construyó en 1963 y la citada casa del Conde se demolería en el año 1964.
    En 1966 ya podía verse el alto edificio de viviendas coronado por el rotulo de la Caja Municipal, franqueando la segunda mitad de la que sería luego Avenida de Bayona. En 1972 aun existían unas construcciones cerrando la avenida, a la altura de la plaza Obispo Irurita e inmediaciones de la plaza monasterio de Azuelo, tal y como atestigua la fotografía de Zubieta y Retegui. La avenida se inauguraría oficialmente, un año más tarde, en julio de 1973 con la presencia del alcalde de  nuestra ciudad hermana, Jean Genet. Sirva como referencia visual a la izquierda de la foto el edificio de la Telefónica de San Juan. También en 1966 se avanzaba en la construcción de los bloques de viviendas del Monasterio de Velate y de la Oliva. En aquellos primeros años sesenta (1965-66) eran muy pocas las viviendas construidas en la cercana calle del Monasterio de Irache, tal y como lo certifican las fotografías adjuntas de la derecha (la superior derecha es de Eusebio Mina). Esta calle además aparecía cortada, como se ve en la foto inferior derecha de Prince, por la antigua carretera a la Granja Provincial en la Biurdana. Todavía no se había construido la parroquia de la Asunción. La mayoría de las calles y nuevas viviendas de San Juan, de los Monasterios, se irían construyendo entre finales de los 60 y la primera mitad de los 70 y las de Iturrama, donde abundan los pintores, sobre todo a lo largo de la década de los 70. 

    En la primera mitad de los años 70 aun podían verse entre grandes bloques de viviendas las casas de dos plantas y unifamiliares con huertas de Iturrama Nuevo, situadas entre Pio XII, Circunvalación y Fuente del Hierro. Hasta no hace demasiado tiempo se mantenían en pie algunas de aquellas construcciones en lo que es ya hoy un aparcamiento de vehículos, en superficie, tal y como vemos en la fotografía de la derecha de 1974. Hasta los años 90 en Iturrama también recuerdo que sobrevivía rodeado de grandes edificios de viviendas, un rincón singular, Casa Emeterio. Aun recuerdo, a mediados de los años 80, como volviendo de la Universidad algún compañero jugaba a la rana mientras echaba un “vinillo” con los dueños del local. En aquellos años, primera mitad de los 80, la bajada  a la Universidad, la calle de la Fuente del Hierro no estaba urbanizada, tal y como muestra la fotografía de la izquierda. Tampoco lo estaba en la primera mitad de los años 70 la carretera a Esquiroz que conocería su urbanización y desarrollo algunos años más tarde, al igual que buena parte de Iturrama. 

    En 1967 era patente el origen ferroviario de la hoy importante avenida de Sancho El Fuerte; en la foto de la derecha   se puede observar la caja de la antigua vía del Plazaola, que había pasado por el lugar tan solo 13 años antes y cuyos restos se dejan ver también  en la  foto de la izquierda,  de 1975, de Eusebio Mina,  que corresponde al cruce de Sancho El Fuerte y Pio XII con la casa del guardabarrera en primer término y al fondo el convento de las Carmelitas Misioneras. El convento se derribó en el año 1977, apenas 21 años después de su construcción en el año 1956. Aun en 1984, la zona inicial de Pio XII, entre esta vía y la avenida de Barañain  estaba sin urbanizar. Posteriormente y tras algunos litigios se construyeron grandes bloques de viviendas y un hogar para el jubilado en 1989 que nunca se inauguraría. En el 2001 se demolería y dos años más tarde se erigiría en esa zona el Civican.


    Fotos: Fotos de Jose Joaquin Arazuri, Zubieta y Retegui, Prince y Eusebio Mina, datadas en el texto de la entrada y publicadas en el libro de Arazuri, “Pamplona, calles y barrios”.

    Los Sanfermines del viejo Pamplona: las barracas (1965-1985)

    Buceo en mis recuerdos más tempranos para intentar recuperar algunas imagenes de mi ciudad y de sus fiestas a través de los ojos asombrados de un niño. Un niño que iba con sus padres a las barracas, a los fuegos artificiales, a la comparsa, a las peñas, al toro de fuego. En diferentes entradas iré rememorando diversos ambientes o escenarios de la fiesta vistos desde diferentes edades de nuestras vidas. Comenzaré por uno de los escenarios preferidos de nuestros años infantiles, que sería también visitado con frecuencia en edades más tardías: el ferial de atracciones o como popularmente conocíamos ese recinto, las barracas. 

    Las barracas eran el lugar privilegiado de las fantasías y lo deseos de un niño en las fiestas. Un pequeño mundo lleno de color, olor, sabor y algarabía. Toda una sinfonía de sensaciones y experiencias. Ese microcosmos festivo ha conocido diferentes ubicaciones a lo largo de la reciente historia de nuestra ciudad. No hablaré de las más antiguas pues no las conocí, pero antes de su larga ubicación en Yanguas y Miranda hubo otras ubicaciones más recientes, alguna de las cuales si conocí. Así entre 1951 y 1964 las barracas se instalaron en la zona de la actual Cuesta La Reina y Antoniutti, de 1965 a 1971 se instalaron en la vuelta del Castillo, junto al inicio de la avenida de Pio XII, de 1972 a 1976 al final de la Calle Yanguas y Miranda y junto a la Casa de Misericordia y entre 1977 y el año 2005, el período más largo,  en la explanada situada entre la calle Yanguas y Miranda y la Ciudadela. Luego estuvo un par de años en terrenos anexos a la Casa de Misericordia y desde 2008 hasta el momento actual en el parque de la Runa, junto al rio, en el barrio de la Rochapea. Recuerdo la ubicación de las barracas en la vuelta del Castillo, sobre la tierra,  aun estaba lejos aquella zona de ser el gran parque urbano que sería muchos años después, y sobre todo recuerdo, pues ha sido la más longeva, asocio las barracas a su ubicación tradicional en Yanguas y Miranda, instaladas primero sobre un terreno de gravilla y más tarde sobre un terreno totalmente urbanizado en cemento y con todos los accesos y suministros de agua y luz preparados para la feria. El resto del año albergaban algunas pistas deportivas al aire libre.
    De niños, a finales de los 60 y primeros años 70, disfrutábamos  las  barracas por la tarde. En aquel tiempo de nuestras vidas era imposible sustraerse a la vigilancia paterna: te dejaban subir a los caballitos, pasear, muchos paseos por el recinto festivo (el presupuesto era muy limitado), algún dulce (el típico algodón, las manzanas de caramelo…unos churritos, que pequeños que eran, nada que ver con los de la Mañueta o los de la Rocha), alguna trompetilla festiva (que matraca que dabamos con aquellas trompetas) y la esporádica tentativa a la suerte en la tombola de las barracas, aun resuena en mis oídos la voz grave y profunda del locutor de la tombola, con su micrófono en ristre y su referencia a la muñeca chochona. También nos acercábamos a ver las vueltas y los escobazos de la bruja en el tren chu-chu. 

    Algunos años después, creo  recordar allá por el año 1976 la continua llamada a una de las atracciones de la feria resonando por todo el recinto, “el monstruooo de guatemaaala”, no llegué a verla pero por lo que me dijeron debía dar bastante grima,  por lo rudimentario del truco. No obstante aquella llamada por la megafonía se me ha quedado grabada de forma indeleble en mi memoria hasta nuestros días. En aquellos años hubo muchas atracciones parecidas, que si el hombre araña o  la mujer serpiente, etc. Si aquella megafonía del “monstruo de guatemala” machacó mis oídos en aquellos sanfermines del 76, recuerdo también en aquellos, ¿sería 1977? la fachada de una de aquellas casas del terror en la que un monstruo babeante de película de serie B, como el de la fotografía, sostenía entre sus garras, bamboleándose, el cuerpo inerte de una  chica. Esas casas del terror eran variantes para personas más adultas del tren de la bruja, con espectaculares sustos, juego de espejos, telarañas, y a medida que pasaron los años efectos cada vez más gores o truculentos. Sin ese toque terrorífico había otras atracciones destacables como las del laberinto de los espejos.

    A medida que crecíamos íbamos liberándonos de los padres y probando libremente otras atracciones, especialmente los autos de choque, embistiendo en aquellos primeros años de adolescentes  los coches de las chicas, ¿cuantas fichas y duros habremos dejado en los autos?, todo un clásico de la feria, con sus grandes pistas y su multitud de coches chocando unos contra otros. Una peculiar sirena avisaba que había finalizado nuestro turno. Con los años nos atrevíamos a subirnos en las cada vez más sofisticadas atracciones articuladas o de movimiento, que desafiaban cada año un poco más la gravedad y  altura, como el Siroco, el Pulpo, la barca Vikinga y tantos y tantos  nombres y variantes de atracciones que había en aquellos años en la Feria.  La noria gigante se quedaría para tiempos más tranquilos y en compañía femenina. En 1983, el precio medio de las atracciones era de unas 50 pesetas. Las barracas tenían  otro color y sabor y se disfrutaban en aquellas edades de adolescencia tardía y primera juventud, sobre todo, por la noche. La noche se llenaba de luces multicolores, sirenas y mensajes entrecruzados de las diferentes atracciones, en un abigarrado espectáculo, siendo uno de los escenarios de obligada visita durante las fiestas.

    Recuerdo otras atracciones (de tiro al pichón) en las que probábamos nuestra puntería con unas carabinas de perdigones con las que teníamos que acertar a unos palillos: un paquete de galletas o alguna botellita de vino moscatel eran algunos de los magros premios que te tocaban en suerte, tras muchos intentos fallidos. En otra caseta tenías que tirar con fuerza  unas bolas como de trapo contra  unos muñecos para llevarte el premio de rigor. En otras, como en la de la foto, tenías que acertar a unos globos con unos dardos. En la famosa caseta de Foto Retamosa tu puntería con la carabina se veía recompensada por una foto. En otra atracción había unas maquinas, las grúas creo que las llamábamos en las que teníamos que dirigir la grúa hacia uno de los muchos y atractivos premios que había en el fondo  de unas urnas de cristal. No recuerdo haberme llevado nunca ni uno de aquellos premios y ya lo creo que lo intentamos. 

    Otras atracciones permitían probar la fuerza física: había una especie de “puching ball” en la que los más “macarrillas” solían probar su  testosterona o fuerza bruta. Estaban también  las casetas y/o mesones de comida, de salchichas frankfurt, de pollos asados (uno costaba allí en 1983, 600 pesetas), el olor y humo de las churrerías (la docena costaba entonces unas 75 pesetas), las maquinas de algodón, la tradicional barraca en la que aparecían dos baturros pisando uvas, menudo vino más fuerte aquel, y había otros espectáculos que se situaban en el recinto ferial pero algo más apartados del resto como los circos y los teatros de varietés. Entre los primeros recuerdo el Price, el de los Hermanos Tonetti, el circo Atlas, el circo Mundial, entre los teatros de feria de varietes  estaban el  Lido o  el teatro de Manolita Cheng con espectáculos picantes de varietés.

    Las salas de fiesta y discotecas del viejo Pamplona (1960-1985)

    Fue en los fines de los 60 y primeros setenta cuando comenzaron a proliferar las llamadas “boites” y “discotheques” en nuestra, hasta entonces, provinciana ciudad. Hasta el final de la década de los 60 se celebraban festivales de música para jóvenes en lugares como el Aitor, o el Gayarre, y en algunos otros espacios de la ciudad, como el Labrit. Locales  más pequeños que las discotecas donde se iba escuchar música y a bailar fueron, en tiempos, el Bearin que ya funcionaba como “boite” allá por 1970, la minidiscoteca “Disco Club 29” en la calle Navarrería con lo último en música, los Portales, el Viana, Lindachiquia, etc. De aquella época poco puedo hablar si no es por referencia de otras personas que la conocieron.Y es que fue a partir de los 16 años, cuando comenzamos a frecuentar con cierta regularidad las salas de fiestas y discotecas de nuestra ciudad. Algún año antes, allá por el año 1978 o 79, creo recordar, que hicimos alguna incursión en lo que se llamaba el Guacatxiki, una sala anexa al Guacamayo pero para público bastante más joven. Las sesiones eran de tarde en vez de noche. El Guacamayo, situado en la calle Abejeras, se inauguró en torno al año 1969. Fue una de las primeras discotecas de la ciudad. Además de la música comercial típica de las discotecas se destacaba por albergar de vez en cuando actuaciones en directo de grupos locales y nacionales. Fue la primera discoteca que puso go-gos y sus djs  tenían muchas horas de vuelo. Posteriormente el antiguo Guacamayo y locales anexos se conocerían con el nombre de Sector, ONB y By Bye.

    Posteriormente, en torno al año 1980,  acudimos al Gure Kayola, en la cercana localidad de Sarasa. Creo que se había abierto dos o tres años antes. Ponían autobuses a partir de media tarde, a las seis o seis y media tarde; se cogían, creo, que en las paradas de autobuses de los Tres Reyes y te llevaban directamente a la discoteca. Volvías, igualmente, en autobús a Pamplona, y llegabas a casa no más tarde de las las diez. El limite razonable en aquellos años y para nuestras edades estaba en la última villavesa. Por supuesto había excepciones como las fiestas del barrio o los sanfermines en los que el horario se alargaba hasta las 2 o 3 de la mañana. En el Gure Kayola había un ambiente más rockero que en otras discotecas, mucha chupa de cuero, con música muy cañera, que era la que sonaba por aquel entonces en las radios. Te cobraban la entrada a la salida. Curioso procedimiento este el de cobrar a la salida, antes de regresar en el autobús.
    Alguna vez fuimos a la Casa de la Juventud pero aquel ambiente no nos satisfizo en absoluto. Cansados un tanto de los viajes al Gure y tal vez de su ambiente, pues íbamos dejando atrás la  adolescencia y nos íbamos haciendo jóvenes “más maduros”  empezamos a frecuentar alguna sala de fiesta con un ambiente más relajado y tranquilo como era la del Club Natación. Por lo general íbamos al cine los sábados y a la sala de fiesta o discoteca, los domingos. Íbamos sobre las 7 de la tarde. Recuerdo que en el “Club” había tres espacios de baile, dos espacios flanqueando la zona de actuación de la orquesta y una sala amplia de forma rectangular al final de la cual se encontraba una de las barras. Se iniciaba la sesión con música disco del momento para dar paso luego a la orquesta titular de la sala, la Orquesta Nueva Etapa y su cantante Adelaida y posteriormente acabar nuevamente con música disco. Otros componentes de la orquesta en aquel tiempo eran Jesús Ustariz, al teclado, Jose Miguel Marín “Chivino”, batería, Pedro Tres, voz y guitarra, Jesús Mari Navarro “Pulmones” a la trompeta, Angel Urdaniz “Basiano”, etc. En 1981 costaba la entrada al Club unas 225 pesetas (lejos de las 35 pts de 1965 o de las 80 de 1968). Creo que la paga en mi caso era entonces de unas 1.000 pesetas. Similar ambiente aunque menos acogedor tenía el Club Deportivo Amaya, que yo no frecuenté. Tenía una sala cubierta enorme al final de la cual estaba el escenario y en el lado opuesto la zona de la barra. Creo que estuve una sola vez cuando celebramos la fiesta del instituto en marzo de 1981. La orquesta titular de la Ciudad Deportiva Amaya eran Los Clan. Algunos años antes los Clan (José Miguel Huarte “Pacha”,al teclado, Miguel Angel Echeverría “Bolo” al trombón, Ramón García, a la trompeta, etc) tocaban jazz  en el Cavas de la Bajada de Labrit.
    También acudíamos en aquellos primeros años 80 al Young Play, en la calle Monasterio de Velate, una de las discotecas más famosas de la ciudad y que vemos en la fotografía adjunta. Recuerdo su fachada verde brillante y su interior también de tonos verdes, la pista circular en el centro, las sillas de madera, el suelo enmoquetado, sus columnas y sus espejos, tal y como vemos en la fotografía inferior. Se había inaugurado en febrero de 1970 y se cerraría con ese nombre en 1985 para dejar paso al Reverendos. Actualmente la discoteca se la conoce con el nombre de Ozone. Esporádicamente visitamos el Amazonas de la avenida de Bayona, luego conocida como Mas y Mas y actualmente como Vaiven. Otra discoteca de la ciudad era el Xuberoa en el calle del Redín, una discoteca de dos plantas que se cerró en 1980, tras un pavoroso incendio y que yo no llegué a frecuentar.
    En aquellos finales 60 y años 70 y primeros 80, también eran famosas las discotecas y salas de fiestas de algunos pueblos de Navarra como la Amanecer de Zubiri, el Bordatxo de Santesteban, el Oasis y el Trovador de Estella, Geminis de Sanguesa, La Guesera de Tafalla, Malloak en los altos de Azpiroz, el Sonhar de Irurzun (antiguo Lennos), etc. Muchas de ellas ofrecían música disco con actuaciones en directo. De todas las citadas, situadas fuera de Pamplon,  acudí alguna vez al Sonhar de Irurzun, una discoteca sobre un pequeño alto o promontorio, con dos plantas, diferentes espacios y estilos de baile en cada planta o espacio: lento, disco. Las discotecas en general ponían mayoritariamente música disco y las salas de fiesta combinaban la música disco, las actuaciones en directo y la música romántica o lenta para bailar en pareja.
    ¿Qué música sonaba en aquellos años?: pues sin ánimo de ser exhaustivo Status Quo, David Bowie, Boney M, Tequila, Abba, Gloria Gaynor, Donna Summer, Bee Gees, los acordes inconfundibles de la guitarra de Carlos Alberto Santana y su Europa, Roberto Carlos, Jeanette, Mari Trini, Bonny Tyler, Baccara, Village Peope, Police, La Olivia y la ELO, Pink Floyd, OMD, The Comunnards, Alan Parsons, Mecano, Ricchi e Povere y tantos y tantos otros artistas y grupos que nos ayudaron a ser un poco más felices en aquellos días.

    En Sanfermines eran famosas las galas en los Clubs Deportivos. A los citados Natación y Amaya, habría que sumar, en estas fechas, las verbenas y galas de la Agrupación Deportiva San Juan, el Larraina, el Tenis, etc. Al Natación acudían las estrellas nacionales del momento y contaba con pista y barra al aire libre. También tenía actuaciones estelares en las fiestas el Larraina. Fueron famosos el lanzamiento a la piscina del Larraina de los Pop Tops en los Sanfermines del año 1968 o el acoso o más bien “caza” a  los Pecos por más de 300 jovenes en 1980 que provocó la suspensión de su actuación. En los barrios, celebraban bailes y verbenas el fin de semana, durante todo el año,  la Unión Deportiva Chantrea. En aquella época, de los 60 a los 80, había muchas y buenas orquestas y grupos musicales en Pamplona y Navarra. De aquellos grupos y al margen de las dos orquestas míticas referenciadas, La Nueva Etapa y Los Clan recuerdo haber escuchado en los años 70,  allá por agosto, en las fiestas de mi barrio, en el antiguo campo de futbol del Ave María, a grupos locales como Los Jaguars. Eran tiempos en los que sonaban en la radio y durante aquellos calidos veranos los últimos éxitos de los Diablos: Oh, Oh, July o Roxana.Fotos: Young Play, extraidos de la web www.tocataeventos.com

    Los cines del viejo Pamplona (1912-2005)

    Los cines de nuestra ciudad, muchos de ellos desaparecidos, constituyen una parte de nuestros recuerdos y nuestras vidas. Allá por los años 70 y 80, constituía una de nuestras principales ocupaciones el fin de semana, la única junto a las salas de juego hasta los 14 o 15 años y compartida con las salas de fiesta y discotecas, a partir de los 16. De aquellos años en los que íbamos al cine vimos desaparecer a lo largo de los años 80 y 90 uno a uno el Arrieta, el Avenida, el Guelbenzu, Chantrea, Rex, Aitor, e Iturrama hasta llegar al último cierre, el de los Príncipe de Viana en el año 2005.

     

    El inicio del cine fue más bien un espectáculo de feria que otra cosa. Será a partir de 1912 cuando se empiecen a exhibir de forma regular películas en el Teatro Gayarre. Aun tendrán que pasar unos cuantos años hasta que en 1930, un año antes de la promulgación de la 2ª República, se emita la primera pelicula sonora en el Gayarre, “Escandalos de Broadway”. ¡Cuanto ha llovido desde entonces!: del cine mudo al sonoro, del blanco y negro al color, la aparición del cinemascope que obligó a ampliar las dimensiones de las pantalla de los cines, las pruebas de otros formatos panorámicos, la mayoría con escaso éxito,  el cine en 3D y otros experimentos como aquellas peliculas con efecto “sensorround”, el cinerama, etc.

     

    Hablar de cine en Pamplona es hasta 1982 hablar de la SAIDE (Sociedad Anónima Inmobiliaria de Espectáculos). La Sociedad, como tal se constituye en 1942 pero sus orígenes se remontan a través de las personas que la hicieron posible a algunas décadas antes. En 1922 se crea la empresa Euskalduna que inaugura al año siguiente y en la avenida de San Ignacio el Coliseo Olimpia (en la foto adjunta), un local emblemático que además de ofrecer cine, tenía una amplia sala (con gallinero) donde ofrecería otro tipo de espectáculos: teatro, espectáculos musicales, etc. El principal impulsor de esta sociedad fue el empresario textil Alvaro Galbete que tenía un telar en la calle San Agustín. En ese local de su propiedad se inauguraría en 1931 el primer cine construido específicamente para tal fin: el Proyecciones, de corta vida, pues se cerró en 1933.

    Eran socios de la sociedad Euskalduna otros prohombres de la sociedad pamplonesa de aquella época como Ramón Bajo Ulibarri, Bonifacio Gurpegui, Eugenio Jimeno, Sagaseta de Ilurnoz, Pedro María Galbete y Serapio Zozaya que sería cofundador de la SAIDE. Por cierto esta sociedad también explotaba otros espectáculos como el frontón Euskal Jai de la calle San Agustín. En 1928, la sociedad Euskalduna vendió el Coliseo Olimpia a la Sociedad Anónima General de Espectáculos (SAGE) que contaba con salas por todo el estado. La SAGE explotó el Olimpia hasta 1936 en que lo subarrienda primero y lo vende luego, en 1940, a la empresa Erroz y San Martín empresa que tenía la concesión del Teatro Gayarre desde 1932, con derecho a explotar el Teatro, como cine, al menos durante los siguientes 50 años. El Gerente de Erroz y San Martín era, a la sazón, Serapio Zozaya que fundaría la SAIDE en 1942.

     

    En 1935 Erroz y San Martin había comprado el Proyecciones, después de dos años de permanecer cerrado y lo había reabierto con el nombre de Novedades. En 1938 la empresa compraba un solar en la calle García Castañón y construía un nuevo cine que inauguraría en junio de 1940: el Cinema Príncipe de Viana, obra del arquitecto José Yarnoz. Así pues la SAIDE nacía en 1942 con dos cines propiamente dichos: el Novedades y el Príncipe, además del Gayarre y el Olimpia. El Príncipe de Viana era un cine elegante, la pantalla más grande de todas las existentes hasta entonces, un aforo amplio, de unas 700 personas en butaca de sala, 1.200 en total, contando las butacas de palco y el gallinero o anfiteatro que vemos en la fotografía. En las paredes junto a la pantalla, había dos pinturas murales, obra del pintor Eduardo Santonja Rosales, una de las cuales representa al Príncipe de Viana de cacería y otra un palacio con músicos y sus instrumentos, tal y como vemos en la siguiente foto.

     

     

    En la década de los 40 se inaugurarían el Cine Alcazar (1942) en la plaza de la Argentina que lo explotaría la SAIDE desde 1950 y el Cine Avenida (1943), en la calle Estella, este último un cine pequeño, con poco más de 200 butacas pero muy bonito, diseñado, al parecer por Victor Eusa. En los años 50 la SAIDE comenzaría a abrir salas de cine en los barrios, el Amaya, en Marcelo Celayeta, en la Rochapea en 1951, el Chantrea, en la calle San Cristobal, en la Chantrea, en 1957 y en el comienzo de los 60, concretamente en 1963 el Guelbenzu, en la calle del mismo nombre, en la Milagrosa. Paralelamente no descuidaría el centro de la ciudad abriendo el Rex en 1957, en la calle Paulino Caballero, el Olite en 1961 y derribando el Olimpia a mediados de 1963 para abrir al año siguiente en su lugar el Cine Carlos III en un gran edificio de oficinas, donde tendría además su sede social la SAIDE. La SAIDE sería dirigida después de Serapio Zozaya por su hijo Félix y más tarde por su nieto Alberto. Este cine inaugurado a finales de 1964 sería a partir de este momento la joya de la corona, con la pantalla más grande, el mayor aforo, 1.500 butacas, y las mejores instalaciones de todos los cines de la ciudad. En la foto siguiente vemos la fachada del edificio tras su conversión en multicines y su nueva imagen corporativa.

     

     

    A finales de los 60 comenzaría la primera gran crisis de los cines tras la aparición y extensión de la televisión y de otras formas de ocio. La SAIDE reformaría el Novedades mejorando su acústica y ampliando la pantalla, reabriendolo como Cine Arrieta en 1968, pero comenzaría a cerrar cines, el Amaya en 1970, del que ya he hablado en otra entrada del blog. Tal y como he comentado en la anterior entrada sobre los cines empecé a acudir al cine de manera regular allá por los años 74 o 75. Así algunas de mis primeras películas en la enorme pantalla de la Sala Carlos III fueron Karthum en 1975 y una entretenida versión de King Kong ( en 1976) con una jovencísima Jessica Lange, en los inicios de su carrera. También vi en esta enorme sala otras películas como “Suspiria”, “Abismo”, “Terremoto”, “El coloso en llamas”, “Tiburon”, “ET” o “Encuentros en la tercera fase”, entre otras.

     

    En el Cine Avenida, situado frente al monumento de San Ignacio de Loyola, no ví demasiadas películas pero sí recuerdo alguna, como “La Tierra olvidada por el tiempo”, en abril de 1977, un serie B con sabor añejo, basada en las novelas del mundo prehistórico de Borroughs o la española “La guerra de papa”, un típico film de la transición que pretendía alejarnos de los oscuros fantasmas de nuestro pasado histórico. El cine se cerraría en mayo de 1985 para albergar un centro comercial, con formato de multicentro y forma hexagonal y que tendría una errática trayectoria, con espacio para unos 20 pequeños comercios y que ha tenido una gran rotación de aperturas y cierres a lo largo de los años.

     

    En el Gayarre, tampoco vi muchas películas, recuerdo alguna como “El expreso de Chicago” o “Nueva York, año 2012”. A este espacio tengo también vinculadas otras imagenes como la ceremonia de entrega de juguetes en Reyes que organizaba la fabrica donde trabajaba mi padre para los hijos de sus empleados. Recuerdo que un año, creo que fue a finales de 1968, se quemó el Teatro Gayarre y  que los Reyes de 1969, tuvimos que celebrarlos en el Salón de los Jesuitas. A mediados de 1969 se reinauguraba, de nuevo y tras ese incendio el Teatro Gayarre.

     

     

    En el Olite vi un buen número de películas, tanto cuando era una sola y espaciosa sala con unas butacas de color tostado, como cuando se convirtió en multicines: así ví en esta sala películas de terror como “Kung fu contra los siete vampiros de oro” de la fenecida Hammer, películas bélicas como “Alerta roja, neptuno hundido” o “Apocalipsis Now” o películas de ciencia ficción como “La guerra de las galaxias” o “Alien, el octavo pasajero.

     

    En el Príncipe, todo un clásico, vi películas tanto cuando era una única sala como cuando se convirtió en multicines: allí ví “La piel dura” de Truffaut, “La naranja mecánica”, “Flash Gordon”, “El imperio contraataca”, “La mosca”, “El cartero siempre llama dos veces” o “En busca del fuego”, por citar algunas. Alguna vez acudíamos al gallinero o anfiteatro, algo más cómodo y de mejor vista que el del Gayarre. En el cine Arrieta de la calle San Agustín tan solo recuerdo haber visto en 1980 “El resplandor” de Stanley Kubrick. La sala se cerraría al año siguiente, en 1981. Hoy alberga la sede de la Escuela Navarra de Teatro. También en 1981 se cerraría el cine Guelbenzu, en la Milagrosa al que creo recordar haber acudido unas pocas veces, allá por los años 77 o 78, para ver alguna peli de Luis de Funes o algun serie B de aventuras.

     

     

    De los cines que me quedan por comentar, al cine Rex, apenas acudí un par de veces. Se cerró en 1987. Era un cine amplio y me consta que en los años 60 y 70 se daban proyecciones matinales por parte del cine club universitario. Tras su cierre albergó las oficinas de una empresa inmobiliaria. Al Chantrea creo que acudí una sola vez. Era el típico cine de barrio, bastante austero en su decoración. Se cerró en 1988.

     

    A pesar del cuasi monopolio en la distribución cinematográfica de la SAIDE hubo alguna otra iniciativa de menor éxito pero igualmente destacable que debo mencionar: Se trata de Carmelo Echavarren que gestionaría el cine parroquial de la iglesia de San Miguel, el Salón Mikael entre 1969 y 1986, en la calle Bergamín, a la altura de la plaza de la Cruz. De aquella sala tengo además de recuerdos vinculados al cine,  otro tipo de recuerdos muy antiguos, vinculados a las actividades extra-excolares de las escuelas del Ave María y de la Carbonilla. Recuerdo que en 1970 nos llevaron a ver un documental relacionado con las Olimpiadas Invernales de Sapporo, tras el cual sufrí un pequeño extravío al coger la villavesa en la plaza de la Argentina, -y es que tenía apenas 6 años y había subido muy pocas veces a Pamplona-,  y en 1973 o 74 nos llevaron a ver el documental de Caro Baroja, “Navarra, cuatro estaciones” que me causó una grata impresión.

     

     

    En aquella sala, en el Salón Mikael recuerdo que vi, y las cito por orden cronológico, películas de aventuras como la versión de 1974 de “Los 3 mosqueteros”, clásicas como “¿Arde París?” o “Doce del patíbulo”, musicales como “Grease”, ciencia ficción como “Galáctica, estrella de combate”, polémicas películas, por la dureza de alguna de sus imagenes como “Soldado azul”, etc. Echavarren también impulsaría el cine Aitor en la calle Sangüesa, en la Milagrosa que se inauguró en mayo de 1964 y se cerraría en el año 1985. Echavarren también gestionaba en aquellos años el Juventud y el cine Eslava de Burlada. Resulta curioso, porque después no he encontrado más información al respecto, pero a mediados de 1975 apareció una noticia en la prensa: en 1976 se iba a construir un cine en una zona cercana a donde estaban las Madres Reparadoras, entre la Avenida del Ejercito-Hermanos Imaz y Sandoval, con unas 1.300 localidades de aforo. Lo promovía Carmelo Echavarren y su nombre iba a ser “Sandoval” o “Ciudadela”. De aquel proyecto nunca más se supo. Algunos años antes, en 1971, se instalaba durante algunas semanas un espectáculo cinematográfico, con el  espectacular sistema del “cinerama” en los terrenos anexos a los antiguos cuarteles que se derribarían por completo este mismo año. El cine volvía por unos días a su origen de atracción de barraca de feria. En 1972 triunfaba una película que se había convertida en aquel año en todo un fenómeno sociológico: “No desearas al vecino del 5º”, la película española más vista hasta entonces en las salas de cine y que no sería superada hasta 30 años más tarde con el estreno de “Torrente, Misión en Marbella”.

     

     

    En 1974 todavía había una clasificación moral de las películas de cine que iba del 1 al 4 en el que el 1 significaba que la película era para todos los públicos, incluso niños hasta los 14 años, el 2, para jóvenes de 14 años cumplidos hasta los 21, el 3 para mayores de 21 años cumplidos en adelante, el 3-R: para mayores de 21 años aunque con reparos., pues se exigía una solida formación moral y la 4, por último,  estaba reservada para las películas que se consideraban gravemente peligrosas. Esta clasificación desaparecería en 1978. A partir de entonces aparecería aquello de “Mayores de 18 o menores acompañados”. Con la transición democrática llegaría un aluvión de cine erótico a las pantallas pamplonesas, al igual que sucedería en otras ciudades españolas. En 1978, de un total de 11 o 12 películas, más de una tercera parte eran, el fin de semana eróticas o incluso clasificadas S, concentradas en unas cuantas salas y en las que aparecía  aquella coletilla de “Se advierte al público que esta película puede herir la sensibilidad del espectador”, clasificación que también se aplicaba a aquellas películas de extrema violencia, como “Holocausto caníbal”.

     

    Ir al cine tenía su ritual: comprabas la entrada en la taquilla, -había sesiones numeradas, generalmente cuando eran estrenos y sin numerar-, comprabas palomitas o chucherías, -en otros tiempos se estilaban las chufas,- en la tienda del cine, sonaban las llamadas para entrar, las luces se medio apagaban, soportabas el aburrido NODO en blanco y negro, que duraba unos 10 minutos, con su sintonía  tan reconocible que marco toda una época, -afortunadamente los de mi generación lo sufrimos durante pocos años-, y luego venían los comerciales, inconfundibles, realizados con un estilo especial y también los anuncios de Movierecord…hasta que se apagaban las luces por completo y comenzaba la película.

     

    Por mucho que haya avanzado la tecnología del “home cinema”, ver algunas películas en pantalla grande sigue siendo una experiencia incomparable. La entrada al cine costaba en 1976 unas 24 pesetas, muy lejos de las 2 o 3 pesetas que costaba la entrada en el cine de mi barrio, el cine Amaya, en sus primeros años de existencia. Además de las taquilleras otro personal indispensable de las salas eran los acomodadores. Ellos te guiaban con su linterna hasta el sitio indicado cuando entrabas, apagadas las luces y empezada la película, o te llamaban la atención cuando metías demasiada bulla. Las sesiones de cine eran a las 17.00, 19.00 y 22.30. En tiempos pretéritos los cines de sesión continua, -como el Arrieta o el Alcazar, por poner tan solo dos casos,- contaban con otra sesión, las de las 15.30.

     

     

    Tras la primera gran crisis de finales de los 60 y sobre todo de los 70 llegaría otro gran bajón en los años 80, con la aparición del vídeo doméstico. Las salas únicas dieron paso a los multicines. A finales de 1982, el histórico cine Príncipe de Viana daba paso a tres salas, una grande en el piso de arriba, de 500 butacas, que vemos en la foto adjunta,  y dos abajo, con casi 200, cada una. Con esta obra de reforma se suprimía el gallinero o anfiteatro, al que accedía, en otros tiempos, la gente con menos recursos. En tiempos contaban con gallinero casi todos los cines: el Gayarre, el Olimpia, el Príncipe, el Alcazar. ¡Que incómodos eran aquellos gallineros, sin apenas espacio para estirar las piernas y con aquellos ángulos de visión imposibles!. En aquellos dorados tiempos de la exhibición cinematográfica era también moneda común la entrega del llamado programa de mano, con información sobre la película, que yo, la verdad, no los conocí. En los años 40 y 50 había salas que estrenaban películas y otras que no, que se nutrían de reposiciones, entre las primeras se encontraban el Príncipe, el Gayarre, el Rex y el Olimpia que luego se convertiría en el Carlos III, entre las segundas el Avenida y el Alcazar, además de las de los barrios.

    También en esos años 80, al que aludo en el anterior párrafo, se reconvertiría en multicines el cine Olite con la inauguración de 4 nuevas pantallas. Aparecía en el panorama de las salas rompiendo el cuasi monopolio de la SAIDE el complejo de cines Golem Baiona, con 5 nuevas pantallas en la ciudad. Años más tarde este mismo grupo abriría las salas Golem Yamaguchi orientadas a un cine más de autor, frente a las más comerciales del Baiona. Tuvieron, de inicio, un éxito arrollador. En aquel complejo de salas vi un montón de peliculas a lo largo de los 80, estrenos y reposiciones como  “Amarcord”, “Cuerno de cabra”, “El tambor de hojalata”, “Sacco y Vancetti”, “Perros de paja”, “El jovencito Frankenstein”, “La vida de Brian”, “Bajo el fuego”, “Las bicicletas son para el verano”, “Hellraiser”, “La selva esmeralda”, “Excalibur” o “Desafio total”. Y también en esos mismos años, 1981-82, y de la mano del empresario Cayo Escudero, se abrieron los cines Iturrama, situados en la calle Iñigo Arista, de corta existencia pues cerrarían en 1997. En estos cines recuerdo haber visto allá por el año 1987,  “Blade Runner”.

    La tercera y más profunda crisis llegaría en los 90, con la aparición de las plataformas digitales de televisión que te llevaban directamente el cine a la pequeña pantalla de casa. Las salas pasaron de recibir más de 3 millones de visitantes al año en los 60 a 600.000 en los 90. En la primera década del nuevo siglo y a pesar de las mejoras introducidas, las reformas y modernizaciones (se volvió a reformar el Príncipe en el año 2000, abriendo una cuarta sala y renovando la decoración con un estilo de vanguardia (como si fuese una caja negra, tal y como vemos en la fotografía) y también se reformaron, de nuevo, los Olite, en 1999, así como el Carlos III que se convirtió en multicines, con cinco nuevas salas) y sobre todo y a pesar del notable incremento de pantallas disponibles, fundamentalmente por la implantación de centros comerciales, el nº de visitantes a las salas de cine no llegó a los 2 millones. En julio de 2005 llegaría uno de los cierres más sentidos, el del Príncipe de Viana que, cerrado en julio de 2005, daría lugar pocos meses después a un bloque de apartamentos.

    Actualización 30-3-2014: Hace casi dos meses, en febrero de 2014 se cerraban silenciosamente, sin anuncio previo los multicines Olite. Asi acababa la trayectoria de un cine, reconvertido en multisalas, más de medio siglo después de su  apertura. Otra triste pérdida para el cine, los cinefilos y la ciudad.

    Actualización 24-2-2016: Los cines Carlos III se cerrarán el próximo 3 de marzo, más de medio siglo después de su apertura. Con este cierre desaparece el último cine del centro de Pamplona y la SAIDE cesa como empresa exhibidora. Otra gran pérdida para el cine, los cinéfilos y la ciudad. Ahora, y dejando  a un lado a los cines Golem, quien desee ver cine en pantalla grande se tenga que trasladar a los centros comerciales. Qué pena.

    Los cines parroquiales y de colegios del viejo Pamplona (1956-1982)

    ¡Cuantos recuerdos y secretos se acumulan en aquellas oscuras salas!. Como quiera que son muchas las salas de las que quiero hablar, dividiré este asunto en dos entradas: los cines parroquiales y de colegios, y los cines del centro de la ciudad y de  los barrios. No pretendo hablar de la historia del cinematógrafo en Navarra, que para eso ya hay sesudos   estudios y publicaciones sobre el particular   sino recordar con  cariño  aquellos viejos cines, la mayoría de ellos ya desaparecidos  así como dar unas pinceladas de aquellas salas que conocimos, en las que empezamos  a ver cine y de algunas de las  películas que contemplamos a lo largo de aquellos  años.
    No recuerdo con precisión cual fue la primera película que vi en el cine. Probablemente sería alguna en el cine Amaya, pero no lo puedo asegurar. Las primeras películas que vi, ya a edad más adulta, con 11 o 12 años, allá por los años 1974 o 75, lo fueron en algunos de esos cines vinculados a la iglesia: el Salón Champagnat de los Hermanos Maristas, el Salón Loyola de los Jesuitas o el Oscus de la Navarrería. Del Salón Champagnat, situado, en la calle Sanguesa e inaugurado en los primeros años 60 (1962) recuerdo sus butacas chapeadas, de madera y una dependencia anexa donde te servían las típicas chucherías y palomitas de cualquier cine al uso. La taquilla estaba a la entrada del colegio  y las entradas de este tipo de cines solían ser más baratas que la de las típicas salas comerciales. En aquella sala, en el Salón Champagnat vimos películas como “Látigo”, “Maya y los lobos blancos”, y creo que también “El clan de los doberman”, “Marathon Man” o  “Domingo negro”. Como muchos cines el Salón cesaría en su actividad exhibidora en los primeros 80 y el colegio se cerraría hace cuatro años, en el año 2009, trasladándose a la ecociudad de Sarriguren.

    Del Salón Loyola recuerdo que era una sala bastante grande con unas cómodas butacas tapizadas en color granate. Para llegar hasta la sala,  -la taquilla también estaba a la entrada-, había que atravesar un largo pasillo decorado por las orlas de los antiguos alumnos que habían pasado por el centro.   Allí vimos películas como “El corsario negro”, “El hombre que pudo reinar” o “El puente sobre el río Kwai”. El Salón Loyola era la sede también de uno de los cine clubs de más solera de la ciudad, cuna de cinéfilos, como el Cine Club Lux. Comenzaron sus  exhibiciones en fecha tan temprana como el año 1957, aunque dirigidas al público en general, un poco más tarde, allá por 1966.  Del Oscus (Obra social y Cultural Sopeña) sólo recuerdo haber visto algún  peplum como  “Hercules y la reina de Lidia” o “Maciste”. En la última década del siglo XX serviría de sede del centro socio cultural del Casco Antiguo, hasta su traslado al Palacio del Condestable  y actualmente es sede de un comedor social municipal. 

    No vi ninguna película en ellos pero me consta que también se proyectaban películas de cine en el Centro Mariano de la calle Mayor, en el edificio que hasta hace unos pocos años ocupaba la escuela municipal de música Joaquín Maya. Sería en los años 60. También estaba el cine Xavier, (al menos desde finales de los 60) cine de la parroquia San Francisco Javier, ubicada en la esquina de Baja Navarra y Olite, y en 1979 el cine Donibane en la parroquia de la Asunción en San Juan y el cine Ekhine en el colegio San Antonio (Capuchinos), estos dos últimos y sobre todo el Ekhine  exhibían cine de todo tipo pero especialmente cine político, independiente, comprometido o de otro tipo que las otras distribuidoras locales no se atrevían a exhibir.  Estos cines serían el germen o inicio para uno de los  grupos cinematográficos locales más  importantes como lo ha sido después el de los cines Golem. Anteriormente los padres Capuchinos también exhibían peliculas pero funcionaban más bien como un cine de colegio. También funcionaron como cines de colegio, los salones de del Ximenez de Rada y de los Salesianos. 

    También estaba el Cine Juventud, en la sala de la Juventud, que durante la década de los 70 (se abrió en  1973) exhibía el típico cine de arte y ensayo, bastante minoritario incluso en aquellos años. Todos estos cines parroquiales y de colegios asi como cine clubs, desaparecieron hace bastantes años. Fueron hijos de una época en la que todavía no había penetrado el video domestico en los hogares y respecto a la vertiente más cultural de algunas salas parte de esa labor, concretamente de los cine clubs sería recogida posteriormente por las diferentes salas y centros socioculturales municipales.