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Comercios del Viejo Pamplona: La calle Zapatería (1908-1953)


Regreso a la serie de entradas del blog en las que reconstruyo la historia de las calles del Viejo Pamplona y de los comercios que la habitaron a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En esta ocasión nos vamos a la calle Zapatería, calle principal de la Población de San Nicolás y uno de los ejes comerciales más importantes de lo Viejo. Calle de claras resonancias comerciales con establecimientos emblemáticos.  A comienzos del siglo XX, allá por 1908, si nos situábamos al comienzo de la calle, muy cerca de la plaza del Ayuntamiento, nos encontraríamos, comenzando por la derecha con un número muy similar de establecimientos, apenas cuatro más que en la actualidad, y una estructura parcelaria muy similar a la actual, muchos pequeños establecimientos en el tramo estrecho de la calle, el más cercano a la plaza consistorial, y bastante más grandes en el siguiente tramo, el que va del pozo de la Salinería a la plaza del Consejo. En ocasiones citaré, como referencia, algún establecimiento actual u otro que haya sido muy conocido, a lo largo del tiempo, para situar a los lectores respecto de lo que sería su ubicación actual. A lo largo de esta entrada reproduzco algunas fotografías de esta calle, de diferentes épocas (datadas entre 1900 y 1958), como las que la encabezan, de primeros de siglo, así como un buen número de anuncios publicitarios de establecimientos de ella. Comienzo el repaso de sus establecimientos, sin más dilación.


Junto a Joaquín Ciga, en el nº 2 estaba la mercería, (también vendía bisutería), de Pío Espluga, (imagino que antes de trasladarse al nº 30 del Paseo de Sarasate). En estos primeros números sí que hay algún pequeño cambio respecto a la numeración actual. Donde hoy está la relojería Ancín y en tiempos la tienda de calzado Jauja había uno de los muchos cordeleros que poblaban la calle, Andrés Miquelez; Andrés Miquelez era cordelero y vendía también alpargatas, costales y jergas. El negocio se mantendría, al menos,  durante las primera décadas del siglo. Junto a él estaba la pequeña fábrica de tejidos, al por mayor,  de los Hermanos Goñi, de donde saldría posteriormente la conocida factoría textil de Goñi Mayo, que estuvo ubicada, durante décadas, en el barrio de San Juan. Con el traslado del taller en el local quedaría la pañería que regentaría al menos hasta la guerra Francisco Goñi y posteriormente, desde los años 40 Casa Félix, (por su propietario Félix González Albericio). A continuación teníamos otra cordelería, la de María Iturriza, donde, desde finales de los 40,  estuvo la tienda textil El Barato Echegoyen, (por su propietario Francisco Echegoyen García). 

Tras ésta, donde estuvo Marlen Jeans y hoy vive sus últimos días Life & Syle,  se encontraba  la tienda de coloniales, fábrica y tienda de chocolate, pailas para velas de cera de Pedro Mayo. Me detendré un momento para hablar de su origen. Fue en los años sesenta del siglo XIX cuando Pedro Mayo Etulain, que había aprendido el oficio con su pariente y amigo Pedro Seminario, inicia la aventura de montar una fábrica de chocolate. En los pisos superiores de la casa se producían dulces y velas de cera, en la planta baja tenía una tienda de coloniales y en el sótano la maquinaría para preparar el chocolate. En 1888 dió entrada en el negocio  a su hijo Ponciano, que falleció 11 años más tarde. Junto a la chocolatería de Viuda de Seminario era una de las más importantes fábricas de chocolate de la ciudad. Más tarde volvería a formar sociedad con su hijo Pedro Mayo Biaurdeau, hijo de su segundo matrimonio. En 1913 muere Pedro Mayo y durante un tiempo la empresa continua en manos de la familia, hasta que en 1923 la regenta  la sociedad colectiva Ruiz de Galarreta y Vidal, Sucesores de Mayo, encabezada por Luis Ruiz de Galarreta, marido de Martina Mayo, nieta del fundador. Al poco tiempo la empresa, que no la tienda se trasladaría al nº 4-6 de la calle Nueva y tras la guerra civil al Redín, ubicación a la que hice mención en otra entrada del blog.

A continuación venía en los años 20 la droguería y perfumería de Zoilo Perez, que llegó a ocupar el nº 12 y 14, si bien, anteriormente, en la primera década de siglo estuvo casi enfrente, en el nº 7. Como Ardanaz, llegó a vender aparatos fotográficos. Posteriormente el negocio lo regentaría su hija. Y junto a su local, en el nº 12, Juan Lafuente arreglaba y vendía joyas.  En este lugar, en los años cincuenta, aparecía como platero.  En el nº 16 estaba el cordonero Julián Erroz que vendía, además, productos de mercería, quincalla, -así se llamaba entonces a la bisutería-, y paquetería, que desde 1945 ocuparía Manuel Viana Santesteban, fundando Casa Viana, (el local se ampliaría con alguno de los números anteriores, dando paso al gran local que hoy ocupa Zergatik y anteriormente Roxy). Si bien en los años 20 parece que Manuel Viana, ¿sería su padre?,  regentaba una tienda de tejidos en el nº 51 de la calle, donde después estaría la alpargatería de Juan García;  luego estaba la droguería y farmacia de Froilan Landa, (ya hemos visto en la entrada de la calle Mayor como algunas de las droguerías actuales comienzan como boticas y como alguna farmacia actual, tuvo su apartado de droguería), y junto a ella la carnicería de Cruz Urrizola, si bien este negocio tuvo escaso recorrido ya que en los años 20 la cogió en traspaso Ruperto Iragui, que instaló posteriormente un negocio de maquinaría para la industria, que sería sustituido por la tienda de tejidos de Fidel Ribero, allá por los años 30. En los años 50 estaba abierta, en este local, la tienda de tejidos de Félix Genaro Artieda, que conoceríamos hasta hace unos 15 años como Artieda. 

Hace apenas dos meses que cerró Casa Manterola en la calle Zapatería. Lo hizo silenciosamente, después de más de dos siglos en el lugar. Vamos a  hablar un poco de su historia. A principios del siglo XIX Polonia Albar recibió en herencia la casa nº 20 de la calle. Es entonces cuando se inicia la actividad confitera y cerera en el local. Polonia se casa con Candido López, cerero y confitero sanguesino. Entonces no se llamaba aun Casa Manterola. Candido y Polonia tuvieron dos hijas: Tomasa y Trinidad. Tomasa se casó con Gregorio Manterola que pasó a vivir con su esposa y sus suegros donde comenzó a aprender el oficio de cerero y confitero. A comienzos del siglo XX, en 1907, tras la muerte de Tomasa el establecimiento pasó a  sus hijas Carmen y Victoria, aunque era Carmen la que regentaba el negocio. Vendían ceras y velas, pastas de almendra, dulce de membrillo, almendras y su famoso chocolate. Posteriormente será uno de sus sobrinos, Antonio Manterola, el principal responsable de la expansión de la empresa: en 1945 trasladó la fábrica de chocolate a la calle Tudela. Pero la competencia hizo que el negocio se viera obligado a perder su carácter industrial y a orientarse hacia la artesanía pastelera (ya desde los años 30 aparecía la tienda de Zapatería como confitería pastelería). Hoy el negocio lo regentan sus nietos, constituyéndose en uno de los escasos casos  del ramo en que no ha sido absorbido por una industria mayor.

En 1908, en el nº 24  estaba la guarnicionería de José Armendariz (hace años estuvo ahí una tienda de Ives Rocher),  y a continuación la ferretería de Antonio Irure, que desde los años 30 a los 80 ocuparía la mítica tienda de comestibles Casa Azagra y en los años 80-90 Don Manuel, Zanne y hoy Brijitte Bijoux.  En este tramo hay cierto lio con los números pues en los años 20 la guarnicionería de Armendariz figuraba en el 22 y en los años 30 en este mismo número (actual Poker Jeans) se dice que estaba la tienda de venta de material de electricidad de los hermanos Guibert (antes parece que estaba en el 26),  regentada en los años 50 por Emilio Guibert. Probablemente esto se deba a algún cambio en la numeración  de los locales iniciales de la calle. Sigamos. Posteriormente, en el nº  28 estaba la tienda y fabrica de chocolate de Tomás García (que hoy alberga “Los Secretos de Coco”) más tarde tienda de alimentación de Eustaquio Ardanaz (ultramarinos); en 1951, en este local se inauguraría la Optica Joaquín Alforja (también aparecía en el epígrafe de joyería), luego estaba la alpargatería y cordelería de Gabino Aramburu (más tarde Viuda de Aramburu, donde hoy está la tienda de Sfactor), allí desde los años 20 y hasta final de siglo estuvo la tienda de tejidos y pañería Mestre, de los hermanos Mestre, a continuación venía la fábrica de cervezas de Luis Ros (luego Vda de Hijos de Ros), que también fabricaba gaseosas, aunque pronto se trasladarían al nº 3 de General Chinchilla, donde hoy está la comisaría de la policía nacional; aquí en los años 50 estaba la tienda de tejidos de Juana Fernández Mihura que luego ocuparía Don-Azar y hoy ocupa la perfumería Garbi,  luego venía  la cordelería y fábrica de calzado de José Lampreabe (también vendía costales y jergas), que  desde los años 40 y hasta primeros del  siglo XXI ocuparía la zapatería de Felipe Cruz y hoy Ana Jeans (al principio Felipe Cruz era solo alpargatería), la tienda de vino por decalitros de Apesteguía, que en los años 30 ocuparía la ferretería de Eceiza, Murillo y Macazaga, (en los años 50 solo Eceiza y Murillo) que vendía estufas, herramientas etc (hoy está en su lugar la zapatería Candido) y la tienda de tejidos de Juan Tellechea que en los años 30 ocuparían el taller de relojería de Gregorio Ezquer y la tienda de fotografía de José Calle. Aquí se instalaría desde los años 40 la camisería fina de Juan Almazor Castiella que conoceríamos con el nombre de La Creación hasta el albor del nuevo siglo y luego ISSA.

Entre los números 40 y 42, en los bajos del antiguo Palacio de los Mutiloa, estuvo desde primeros de siglo la sastrería, camisería (también vendía ropa blanca) de Herederos de Antonio Cabases, posteriormente Viuda de Cabases aunque también aparecía como titular Pedro R. Cabases como sastre con surtido de géneros, en los años 20,  en el nº 40. En los años 30 la razón social respondía al nombre de Hijos de Cabases. En los años 20  tras Cabases aparecía la tienda de ultramarinos al detalle de Cipriano Barace y en los años 30,  la camisería de Casimiro Altube, que tras la guerra y hasta  los años 70 regentaría su hija Camino Altube Belascoain, si bien un poco antes, en el nº 40,  como vemos en la foto de los años 40 de la derecha. Hoy, en esta ubicación no hay comercios pues  es un edificio de oficinas del Ayuntamiento. Junto  a la Camisería Camino, desde los años 50, había una tienda de calzado ordinario, de los Hermanos Maximino y Juan Aramburu. En los años 20,  en el nº 44 estaba la tienda de ropas hechas y ropa de niños Vda de Biurrun, que en los años 50 sería la mercería de las hermanas Mendia. Ahí estuvo Bernardo Eraso, tras su traslado desde la calle Eslava y hoy Zapatería Amorena, si bien con el nº 42. Más adelante, en el 46, donde hasta hace un par de años estaba la tienda de calzado Gett, estaba, en los años 50 la tienda de muebles de Mauricio Guibert, que en las primeras décadas del siglo estuvo en el nº 52; A continuación, en el nº 48 y retrocediendo nuevamente en el tiempo, en los años 20,  estaban la colandería de Pascual Asirón y la tienda de coloniales de Martín Galán. En el nº 50 estaba el veterano comercio, pues se fundó en 1830, de óptica de Ignacio Arillaga, que vemos en la fotografía de la derecha, y que en los años 20 cogería Cecilio Ajarnaute, que además de vender objetos de óptica vendía y arreglaba relojes. Con este nombre, Relojería Ajarnaute  lo conocí yo hasta los primeros años 80. Como ya indiqué en la anterior entrada del blog referida a la calle Zapatería, en el nº 50 tuvo su sede el Centro Vasco y el rotativo nacionalista “La Voz de Navarra” hasta que al estallar la guerra fue incautado por los falangistas. A principios de los 90 fue recuperado por el nacionalismo vasco siendo actualmente la sede del PNV en Navarra.

En los bajos del palacio Navarro Tafalla estaba junto a Optica Arillaga, aunque, este más tarde, desde 1905, el taller de pintura y papel pintado de Francisco Ibañez que como tienda de enmarcación de cuadros resistiría hasta el año 2013; a continuación venía la tienda de Francisco Azparren, que era  mercería y paquetería, bueno aparecía como pasamanería (luego la cogió la sociedad Irañeta y Usubiaga aunque  en los años 30 sería tan solo la mercería de Jose Usubiaga Izco, que en los años 50 vendía, además, género de punto). En esta ubicación (nº 52) está hoy Calzados Basoco. Después venía, donde durante mucho tiempo estuvo Perfumería Val y hasta hace poco Pampling la relojería de Carlos Diaz,  que aun continuaría hasta los años 60 como Casa Diaz. Y durante las dos primeras décadas del siglo, en el nº 56, donde hoy existe  una tienda de tatuajes y anteriormente estuvo Timbalada estaba la alpargatería y cordelería de Juan Garcia, antes de trasladarse a finales de los años 20 al nº 51, en la otra acera de la calle, cerca del Palacio de Guendulain. Tras Juan García había otra alpargatería y cordelería, (está claro pues porque a esta calle le llaman  calle Zapatería), la de Medardo Castillo que en los años 20 sería la tienda de frutas y verduras de Epifanio Royo. Acababa la calle, por este lado, a primeros del siglo,  con la churrería de Viuda de Aguilar y la abacería de Goñi Gaztelu. En los años 30, los últimos números de la calle, del 58 al 62 ya los ocupaba la tienda de Arilla y Cia, Casa Arilla que vendía instrumentos y material musical además de radio, discos, gramófonos, etc. Hoy, uno de los locales, el de la derecha lo sigue ocupando Arilla mientras que el otro, el de la izquierda, sirve de sede a un moderno establecimiento de de cadena de tiendas de  Perfumería Redín.

Comenzando por el lado izquierdo de la calle, teníamos en 1908, la abacería de Ramón Borea, la tienda de ropas hechas con géneros ordinarios de Felipe Balduz que, algunos años más tarde, pasaría justo al local de al lado, al nº 5, y en los años 30 aparecía como Confecciones Balduz e Hijo, donde durante mucho tiempo hasta finales de la primera década del siglo XXI estuvo Corsetería Sarita, antes, desde los años 40, en ese local estuvo Corsetería La Sirena. En los años 30, en estos primeros números de la calle estuvieron la perfumería de Andrés Gorricho (que perviviría como Casa Gorricho y mercería hasta bien entrados los años 50) y el taller de relojería de Julio Ezpeleta. Posteriormente en su lugar, comenzando la calle, tendríamos Calzados Ayestarán. El Hotel del Comercio estaba en el nº 7, ya hablé de él cuando revisé la hostelería de primeros de siglo. Aquí, en sus bajos está hoy Blai y en tiempos estuvo Usoz. En los años 50  a está altura estaba la camisería de Segundo Ruiz. A continuación estaba la cordelería de Francisco Gorriti, que en los años 20 ocuparía la tienda de tejidos de Manuel Batllori y luego la ferretería de José Armisen (el negocio estuvo en la familia Armisen  durante varias décadas, desde los años 30 hasta los 60, por lo menos,  primero con José y luego con Lorenzo,  al principio vendían estufas, luego comenzaron a vender todo tipo de herramientas para convertirse en una ferretería al uso). En este lugar estuvo durante años Moda Pantalón, luego Company y desde hace tiempo Futbolmanías.


 Batllori se trasladaría a la calle San Miguel, en el local donde en el último tercio del siglo conocimos Nuevas Galerías y en los últimos años la gran tienda de Adolfo Domiguez.  Luego de Armisen venía la fábrica de pastillas de café y leche “Las 2 cafeteras” (fue en el año 1912 cuando Claudio Lozano,  que había montado el negocio en 1886, le puso este nombre de “Las 2 cafeteras”). Desde los años 30 sería demás confitería y pastelería, negocio que permanecería hasta finales del pasado siglo (hoy está allí La Milla Store) y a continuación estaba  la cordelería de Juana Oricain, que en los años 30 ocupó Valeriano Zabalza Ilundain, con una camisería que continuaba abierta bien entrada los años 50, donde hoy está la zapatería Vas, y que antes de ésta albergó a “La exclusiva” que vendía género de punto (y también durante bastantes años a Confecciones Gonzalez). 
En 1908 y en el nº 15 teníamos el café público, además de horchatería, chufería y alogeria de Mariano Perez (donde hoy está Calzados Goñi); Aun en los años 30 este negocio aparecía como fábrica de hielo. Luego, en 1941 se abrió la zapatería de Hijo de Pablo Goñi Reparaz (con venta de calzado fino). Junto a ella estaba, en los años 50, el estanco de Teresa Marzo y la librería y tienda de plumas estilográficas y objetos de escritorio de Mariano Sagaseta de Ilurdoz que estuvo abierta hasta finales del siglo XX, vendía también radios y máquinas de escribir, además de la mercería de Carlos Zubasti que también conoció otra ubicación en la calle. Posteriormente nos encontrábamos, en el nº 17, con la tienda de tejidos al por menor de Rufino Saralegui, más conocida como La Perla Vascongada, todavía sorprendentemente en activo. A continuación, junto al pasadizo de la Jacoba, la tienda de tejidos, Viuda de Machiñena e Hijo, en los años 30, Hijos de Machiñena apareciendo como pañería y novedades para señora y tras la guerra la tienda textil Casa Arrizabalaga, de Felix Arrizabalaga Acha, donde en los últimos años del siglo XX hubo una tienda de zapatos (Eurocalzados). Eran tiempos aquellos en los que había muchas sastrerías, con venta de género en planta baja y sin venta en pisos. Por citar solo algunas en esta calle estaban además de las citadas la sastrería de los hermanos Gomez, Nicolás Alvaro, Celestino Ezponda, Calixto Martínez, Juan Cruz Roldan y Francisco del Valle.
Pero continuemos, pasando el pozo de la Salinería, en la esquina con Pozoblanco, estaba Casa Aznarez, conocida por confeccionar y vender sombreros para caballero, además de otro tipo de género a lo largo de su dilatada historia, (cuando falleció Manuel, paso a regentarlo su viuda, Juana Sarasa); luego la farmacia de Justo Aguinaga, fundada en 1888 y que hoy regenta su bisnieto Roberto, la tienda de confección de Antonio Garrigosa conocida como La Gran Ciudad de Londres, donde hoy está Lencería Silvia y que vemos en la fotografía de los años 20 que acompaña al párrafo anterior; antes de Garrigosa estuvo en ese local Aroza y Gortari con mercería, paquetería y quincalla (bisutería), la carpintería de Juan Ortigosa que se traslada en los años 20 al local de al lado  para montar una agencia funeraria, (no sería el primer ni el último carpintero que tomaría medidas para nuestro último viaje), de hecho en esta calle había dos funerarias, la de Ortigosa y la de Ciga. Esta última conoció varios emplazamientos, a primeros de siglo en el nº 51 y posteriormente en el 62 y en el 56), la imprenta de Nicolás Marcelino (también vendía papeles pintados), la hojalatería de Santos Ortigosa que vendía también quinques y lámparas. El local de  Ortigosa lo cogería luego Pascual Castiella, cuya familia regentó el negocio desde los años 20 y por lo menos hasta los años 60, ubicándose en este período entre el 31 (en los años 20) y el 35 (en los años 50). Junto a él estuvo un tiempo la carnicería de Tomas Egaña que se trasladaría posteriormente a otro local de la calle. Del local de Castiella podemos ver una fotografía datada en 1919, junto al párrafo siguiente.
Inicialmente Pascual Castiella era hojalatería y lampistería, vendía aparatos de calefacción, cocinas económicas, cristales, material de electricidad, taller de fontanería, sanitarios, vendía y reparaba radios, etc. En el local contiguo, en el que ocupaba Santos Ortigosa se instaló desde finales de los años 20 Manuel Huici, que cerró su nieto hace un par de años. En el nº 35 estaba también y estuvo hasta hace unos pocos años Sagarra o más apropiadamente Herederos de José Sagarra, fundada en 1878 que vendía artículos de cristal, loza y porcelana, luego la imprenta de Goyeneche, (que vendía también libros nuevos) y la tienda de ultramarinos de Félix Marrodán. Tras Castiella y Sagarra, en los años 20, ocupaba los números 37 al 41 Mauricio Guibert (donde hoy está el local cerrado desde hace ya casi una década de Euskal Piel). Vendía de casi todo: era almacenista de hierros y aceros, taller de lampistería, fabricaba cajas de caudales, cristales, objetos eléctricos, estufas, quincalla, trenzas para alpargatas, muebles, etc, la familia vivía en el mismo edificio. En los años 50 aparecía registrado como bazar, bisutería y quincallería. A continuación de Mauricio Guibert había en los años 20 una hojalatería y lampistería, Arteaga y Erroz. El edificio que  alojaba este negocio y que vemos en la fotografía de los años 30, junto a este mismo párrafo,  sería derruido y con él se perdiría cualquier vestigio de la casa, que se dice habitó San Francisco Javier, construyéndose, tras la guerra, un nuevo edificio, el actual nº 43 en el que tienen su sede Tejidos San Andrés y Confecciones Madrileñas.
He utilizado en bastantes ocasiones el término lampistería. Voy a aclararlo al igual que otros que estoy utilizando habitualmente: costales y jergas, quincalla, paquetería y abacería. Fue a finales del siglo XIX cuando aparece el oficio de fontanero que instalaba desagües, grifos y tuberías de plomo. Para moldearlos usaba una lamparilla de aceite, petróleo o gas (¿quien no se acuerda de esas pequeñas bombonas azules de gas de los fontaneros?). Por eso al nuevo oficio se le llamó lampista o lamparista y al negocio lampistería. La palabra fontanero ha sustituido al término lampista en casi todas las comunidades excepto en Cataluña. En esta región se usa como sinónimo de dos oficios distintos que son electricista y fontanero, mientras que la RAE lampista lo asimila a hojalatero. Costales eran unos sacos gruesos y jergas podía ser una tela gruesa y áspera para hacer colchones o un colchón de paja. La quincalla era el conjunto de baratijas y objetos metálicos de escaso valor que podía estar compuesto por bisutería y otros objetos de bajo precio, se diferenciaba claramente de las platerías y joyerías. La paquetería aparecía casi siempre unida a mercería aunque está en desuso con este significado y lo asociamos hoy a la empresa que realiza envío de paquetes. Abacería era la tienda donde se vendían al por menor productos como el aceite, la vinagre, legumbres secas, bacalao, etc.
En efecto, como ya he adelantado, en 1941 se instalaron en  el nuevo  nº 43 de la calle Tejidos San Andrés, fundada por Primitivo Esquiroz Oricain y Confecciones Madrileñas; junto a ellos,  algunos años más tarde,  estaban en el nº 45 la Ferretería Purroy y la tienda de venta de máquinas de escribir de Francisco Barrachina y posteriormente, en el nº 47, donde sigue estando actualmente  la fabrica de chocolate y cerería de Justo Donezar, fundada en 1853, que posteriormente regentaría su viuda, Vicenta Sarasibar y que hoy dirige su bisnieto Joaquín. A continuación, a principios de siglo  estaba, como he dicho,  la carpintería de Javier Ciga, que pasaría primero al 62, en los años 20 y luego al 56, en los años 30, y la fábrica de corte y calzado de German Anaut. En 1921, el Diario de Navarra  trasladaba su sede social desde el nº 40 de la calle hasta este lugar, al nº 49. Acabamos nuestro repaso en el nº 51 con la alpargatería de Juan Garcia, luego Viuda de Juan García, presente en ese lugar, como ya he señalado anteriormente, desde finales de los años 20 hasta el año 2000. La última de las fotografías recoge una panorámica de la calle en las navidades de 1958, con las luces en altura y algunos comercios perfectamente distinguibles: a la izquierda, Huici, Pascual Castiella y Sagarra, a la derecha la tienda de muebles de Mauricio Guibert.
Fotografías de la calle y sus establecimientos por orden de aparición: Calle Zapatería (sin datar, aunque probablemente de la primera década del siglo), Fotopostal de Vda. de Rubio. Calle Zapatería (sin datar, aunque probablemente de la primera década del siglo). Fotopostal de Vda. de Rubio. Calle Zapatería (sin datar aunque probablemente sea de los años 40). AMP. Comercio Casa Arillaga Optico (1919), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Comercio La gran ciudad de Londres (1920), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Nº 43 de la calle Zapatería (Años 30), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Navidades de 1958 en la calle Zapatería. Galle. J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Comercio de Pascual Castiella (1919), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios.

Por las calles de lo Viejo: calle Zapatería (1975-2010)

La calle Zapatería comienza en la parte alta derecha de la plaza Consistorial y continua hasta la plaza del Consejo, a partir de aquí se inicia la calle San Antón. Terminado su tramo más estrecho que se inicia en la plaza consistorial se comunica con el Pasadizo de la Jacoba y un poco más adelante, desde su lado izquierdo arranca la calle Pozoblanco. Durante la edad Media, Martinena la tiene documentada al menos desde 1223,  fue conocida como Calle Mayor de la Población, como ya hemos señalado en alguna entrada anterior. Dicha denominación se conservó hasta el siglo XVI en que la calle cambió su titulo por el de Zapatería, si bien cabe señalar que el tramo estrecho de la calle se llamó calle de la Salinería, desde el derribo de las murallas de los burgos hasta mediados del siglo XIX en que la Salinería y la Zapatería formaron una sola calle. En esta calle, como en la calle Mayor, tenemos algunos palacios que conviene destacar y que veremos a medida que vayamos recorriendo  la calle.

Comenzamos por la esquina de la calle con la plaza Consistorial. Por el lado izquierdo encontrábamos hace apenas tres años el centenario establecimiento de textil hogar  Joaquín Ciga. Fundado por Nicolasa Mayo en 1859, Nicolasa,  era hermana del chocolatero Pedro Mayo y se casó   con Joaquín Ciga, pasando luego el negocio familiar al hijo de ambos Marino Ciga Mayo. Este a su vez pasó el relevo a su sobrino, Joaquín Ciga Irurzun. El hijo de este y de Maritxu Unzu (de la saga familiar de los Almacenes Unzu), Joaquín Ciga Unzu, fue el  último Ciga que hace más de 3 años  puso fin    a este  centenario negocio al jubilarse  y no tener relevo generacional. Tras este establecimiento estaba Calzados Jauja, del que hablaremos cuando  lleguemos a Ayestarán, situado enfrente pero al otro lado de la calle, y que cerró a principios de este siglo, Casa Félix, cerrado hace más de 20 años sustituido luego por una bonita bisutería Blue Spirit, luego una platería y luego una franquicia Bottega Verde para acabar siendo hoy la tienda de abalorios de El Veneciano,  El Barato Echegoyen que dio paso a la cuentería Laku, Kitto (más tarde Marlen Jeans, Koima Outlet,  Loops and Coffee y hoy Life & Style), Casa Viana fundada en el año 1945 (luego Roxy y hoy Zergatik), Artieda y  Casa Manterola. 

El origen de Manterola se remonta al año 1810, cuando Cándido López inició su actividad confitera y cerera en este local. A mediados del siglo XX, Manterola fue adquiriendo la naturaleza de industria, aunque sin perder su vocación de atención personal al cliente ni sus locales de venta. Posteriomente perdió su carácter de producción industrial y diversificó su oferta, convirtiéndose en una pastelería. Tras Manterola venían otras tiendas en los años 90 como una tienda surfera, Tutua (que luego fue  tienda Pavana y hoy Kabala), Yves Rocher (hoy vacio), Don Manuel (luego Zanne y hoy Brigittte Bijoux), Casa Azagra, luego Oem, zapatería T&L y hoy Xocoa, Mestre (luego Arana y hoy Quicksilver), Tejidos Martin (luego Don-Azar y hoy perfumería Garbi), Calzados Felipe Cruz (hoy Ana Jeans), Zapatería Candido, (de Serbulo Basoco), La Creación (luego Juan Garcia y hoy ISSA), Fornax (luego Bernardo Eraso, de los mismos propietarios que el Comercio San Fermín que trasladaron el comercio desde la calle Eslava, y que tras su cierre alberga actualmente  la marca DcShoes), Maybe (luego Zapatodos y hoy Gett, en tiempos estuvo en este local Mauricio Guibert). En los bajos del Palacio de los Navarro Tafalla teníamos a su izquierda Cuadros Ibañez (abierta desde 1905 y que cerró  a principios de este año 2013, tras la jubilación de su titular,  albergando hoy a  la  tetería Artea), y en el otro local de la finca, el de lado derecho estuvo durante muchas décadas la celebre relojería Arrillaga y posteriormente la relojería Ajarnaute. Más adelante encontrábamos Calzados Basoco, Perfumería Val (hoy vacio), Venta Berri (más tarde Timbalada), Casa Arilla (fundada en 1907 y que durante muchos años ocupaba los dos locales de la finca, luego el local izquierdo  fue ocupado por un negocio textil,  Sayoa y actualmente  por  Perfumería Redin) y por último  ya en la esquina con la plaza del Consejo estaban los Almacenes Ferraz (hoy Billabong), frente a la otra tienda Ferraz que algunos trabajadores de la firma ocuparían luego con la tienda de ropa de caballero Devoré Moda Hombre.

Nos detendremos un momento en los dos palacios restaurados de este lado de la calle. En el nº 40 hallamos el antiguo palacio de los Mutiloa, un edificio barroco del siglo XVIII, ocupado en los años 80 por colectivos antisistema como Katakrak o Kokorock y que alberga hoy una sala de exposiciones y diversas dependencias municipales. En el numero 50 ya citado se encuentra  el antiguo palacio de los Navarro Tafalla, igualmente del siglo XVIII, mandado construir por Juan Francisco Navarro como símbolo de su riqueza amasada en América. Fue sede del periódico nacionalista “La Voz de Navarra”. Incautado tras la guerra civil se convirtió en sede del periódico falangista “Arriba España”, y entre 1985 y 1990 fue sede provisional del Ateneo Navarro hasta que  a principios de los 90 se rehabilitó para convertirse desde 1993 en sede del Partido Nacionalista Vasco.
Por el lado derecho de la calle y tras el establecimiento de Tejidos Ripa de la calle Calceteros encontrábamos, Calzados Ayestaran, sobre el que nos detendremos un momento. La historia de Calzados Ayestarán tal y como relatan ellos en su web site “se remonta a principios del siglo XIX, cuando Francisco Ayestaran trabajaba la piel confeccionando guantes para jugar a pelota en su taller de Beasain. Luego se trasladó a Pamplona donde sus hijos, Rufino y José abrieron una tienda especializada en artículos para zapateros quienes en aquel entonces confeccionaban todo su calzado artesanalmente. En 1902, los dos hermanos disolvieron la sociedad y Rufino instaló un comercio similar mientras que José levantó una fábrica de curtido y manipulación de pieles. Se incorporaron al negocio los hijos mayores de Jose, Antonio y Jose María Ayestaran y luego el hermano pequeño Manuel quienes en 1940 abrieron su primera zapatería, primero de caballero y luego de señora. Abrieron zapaterías en Pamplona, San Sebastian y Bilbao. Los tres hermanos Ayestarán volaron, con el tiempo,  cada uno por su cuenta. La rama del hermano mayor, Antonio se quedó con las tiendas de Bilbao y San Sebastián, Jose María mantuvo el almacen de curtido de pieles hasta que el negocio fue menguando, al desaparecer los zapateros de los pueblos, y adecuó el local de la calle para la venta de zapato barato bajo la marca de Jauja y el pequeño de los tres hermanos, Manuel y las generaciones posteriores se dedicaron a los comercios Ayestaran de Pamplona y Vitoria abierto en los años 80”.
A continuación de Ayestaran venía Corsetería Sarita (luego ocupado por El Rincón de Gretel y hoy por Impossible), Usoz (más tarde Slide y hoy Blai), Company (antes Moda Pantalón y hoy Futbolmanías), Hijas de Claudio Lozano (luego Tishana y hoy una tienda de manicura de uñas),  Este establecimiento fue fundado hacia 1886 por Claudio Lozano. En su casa elaboraba artesanalmente los caramelos de café con leche que más tarde decidió comercializar. Fue en 1912 cuando le puso el nombre de   pastillas de café con  leche Las Dos Cafeteras. En los años 90, la marca fue adquirida por Dulsa, situada en el polígono industrial de Landaben. Dulsa hunde sus raíces   en torno al año 1893 año en que la familia Unzue inicia su negocio en un obrador de pastelería y fabricación de caramelos, siendo los más conocidos los de café con leche La Cafetera. Años más tarde uno de los hijos amplió el negocio añadiendo la fabricación y venta de turrones y helados.  En 1985, Dulsa fue  adquirida por la multinacional Nutrexpa. Tras las Dos Cafeteras estaba La Exclusiva (luego Confecciones Gonzalez y hoy calzados Vas), una tienda de estilográficas Stylus y un estanco sustituidos luego por la tienda Nectar y la ampliación de Calzados Goñi. Calzados Pablo Goñi nació en 1883 cuando Pablo Goñi Repáraz montó un negocio de fabricación y venta de calzado en la calle Eslava, donde actualmente se encuentra la zapatería Reparaz. Durante la postguerra, la venta se convirtió en una actividad más rentable que la fabricación y en 1939 decidieron traspasar la fábrica de calzado. Posteriormente fueron abriendo nuevos establecimientos, la de Zapatería, concretamente, se abrió tras la guerra civil y, en la actualidad, la tercera y la cuarta generación de la familia comparten la gestión de las tres tiendas, una en el Ensanche y dos en el Casco Antiguo.  Por último y antes de llegar al cruce con Pozoblanco encontramos  La Perla Vascongada y  junto al Pasadizo de la Jacoba Eurocalzado (vacío desde hace tiempo). 

En la esquina de Zapatería con Pozoblanco descubrimos la Sombrerería Aznarez (hoy Mirate), El fundador de este establecimiento, que superó hace años el siglo  de antigüedad, fue Manuel Aznárez. Le sucedió su hijo Francisco, que lo siguió atendiendo hasta 1990. Luego fue regentado por su esposa, Margarita Saldías, y por su sobrina, Marta López de la Peña. En un principio era, además de sombrerería, camisería, y elaboraba ropa de caballero a medida, pijamas, zapato inglés… Tras Aznarez llegamos a la Farmacia Aguinaga,  fundada por Joaquin Aguinaga en torno al año  1888. En la actualidad regenta la farmacia su bisnieto Roberto Aguinaga Roustan. Tras la farmacia están  la lencería Silvia (anteriormente estuvo en su lugar la tienda de tejidos y novedades “La gran Ciudad de Londres “o simplemente “La Ciudad de Londres”, abierta desde al menos la segunda década del siglo XX y hasta bien entrados los años 70, la foto es de 1977) Calzados Reyes (luego Samoa), Flores Huici, fundado por Manuel Huici con muchas décadas de historia, y del  que hablamos sucintamente  en una entrada anterior,  la de la antigua calle Joaquín Beunza, Sagarra (fundada en 1878 y cerrada este mismo año en su último intento por salvar el negocio), Euskal Piel, Tejidos San Andrés, abierto desde 1941, Confecciones Madrileñas igualmente abierto desde 1941, Azul y Rosa (luego Lencería Olga y hoy MBT), Donezar, las oficinas comerciales del Diario de Navarra y la alpargatería Viuda de Juan García. Donezar fue fundado en 1853 por José Ochoa. A principios de siglo fue comprada por Justo Donézar, abuelo del actual propietario, Joaquín Donezar Desojo.  Inicialmente cerería, en la actualidad Donezar produce pastas, bombones y velas para procesiones.  

Tras el comercio Viuda de Juan García, en el numero 53 de la calle frente a la plaza de Consejo destaca la fachada del palacio de los Condes de Guendulain, como el resto de palacios de la calle, del siglo XVIII, con el blasón de su titulo coronando su puerta principal. En su interior se conservaba una preciosa carroza del siglo XVIII, que yo recuerdo haber visto realmente asombrado de pequeño (si, me parecía tan espectacular como esas carrozas de los cuentos de hadas). En 1845 el palacio fue residencia real, durante al menos quince días, de Isabel II que se alojó en el palacio con su séquito. Frente al palacio se encuentra otra de las fuentes de Luis Paret construida, como las otras,  con motivo de la traída de aguas de Subiza a Pamplona. Es la única de las cuatro que permanece en su ubicación original.

Fotos: Foto de Zapatería (junto al pozo y al Pasadizo de la Jacoba) de Mikel Goñi (1994) y foto del comercio “La ciudad de Londres” de José Luis Zuñiga (1977)