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Crónica gráfica del Viejo Pamplona a través de las pancartas de las peñas (1970-1978)

Tercera y última entrega, de momento,   de la crónica gráfica del viejo Pamplona a través de las pancartas de las peñas, recopilados en estos primeros días de unos atípicos «no sanfermines» de 2020, un año marcado por la pandemia que asola el mundo.  Nos habíamos quedado  hace dos años, por estas fechas,  en 1969. En esta ocasión la entrada irá desde 1970 hasta los malogrados sanfermines de 1978. En 1970, la Peña Irrintzi aludía, en su pancarta, a las compras a plazos y a los riesgos que esta modalidad de compra entrañaba, vamos casi como ahora con  el uso desmedido o incontrolado de la tarjeta. Las cocinas, lavadoras automáticas, televisores empezaban a entrar en nuestros hogares y con ellas las letras. Sobrevolaba el peligro del embargo, «por no pagar los 100 plazos no nos dejan ni los cazos», decía un texto de la pancarta.  En la de la Armonía Chantreana se aludía con humor a las demandas del barrio, se comenzaban a colocar en los edificios de vecinos la calefacción central, todavía no había llegado las canalizaciones de gas ciudad y el frío se dejaba sentir no solo en las casas sino hasta en las instalaciones deportivas del barrio. Dos mozos alimentan la calefacción central, uno con un pellejo de vino y otro con un fuelle,  mientras otros se refrescan con el inevitable «morapio» sanferminero. La peña Alegría de Iruña hacía alusión al futuro pantano de Eugui que aliviaría  los problemas de suministro hídrico de Pamplona, se decía. Los concejales se bañaban en las aguas del pantano mientras un mozo daba de beber, con la bota al astado. Un gracioso pareado, como era bastante común en las pancartas de aquel entonces, decía «Como no nos llega el agua..apretaremos la bota, mientras unos bien se bañan, otros sufriremos de gota». Oberena criticaba el exceso de obras municipales en la calle con su consiguiente exceso de ruido y otras incomodidades, «Obras y pavimento divierten al Ayuntamiento».

La creciente motorización de la ciudad y la falta de aparcamientos se dejaba sentir en la  pancarta de El Bullicio. Se satirizaba en este lienzo el excesivo celo punitivo municipal, las multas por aparcamiento indebido se acumulaban, con la amenaza de recargo si no se pagaban en su momento, la imagen de los concejales intentado atrapar un par de coches es suficientemente ilustrativa. El mensaje de la pancarta lo dice todo. «No pagaremos las multas mientras no hagan aparcamientos. Nadie tenemos la culpa. Solución: Ayuntamiento». La peña Aldapa ponía en solfa la cantidad de planes municipales para la construcción de viviendas en marcha, algunos de ellos no llegarían a buen puerto: Plan Sur, Plan Arrosadia, Plan Ermitagaña, y lo hacía con mucho humor acompañado de otros «no planes»: plan chao, plan tao, plan frustrao, así se estaba quedando el ciudadano de Pamplona. El toro o la vaca apuesta por el plan indú, mientras un mozo corre acompañado de un par de mozas de buen ver bajo el título de «plan sueko».

La peña Anaitasuna se refería en su pancarta a la carrera espacial, el toro les va a mandar a la luna. Un mozo alucinaba viendo una concentración de gemelos. La Unica se lamentaba del devenir de Osasuna, entre 2ª y 3ª y censuraba a sus dirigentes. Mientras que la Peña San Fermín denunciaba la creciente carga de multas e impuestos municipales, de un ayuntamiento con muy escasos económicos por lo que se veía. El texto lo decía todo: «Pantano de Eugui y plan Sur, proyectos de gran altura, como Ermitagaña y Cizur (y de perras arrascaus). Esto no va  a tener cura».

En 1971, la peña Oberena criticaba la negativa de los concejales a acudir  a la procesión de Semana Santa en cuerpo de ciudad. Un centurión romano bien plantao les increpbaa «Orden del centurión, otro año a la procesión». Esa misma crítica se reproducía en otros carteles de las peñas, como la de la Armonía Chantreana. «A la procesión no y a los banquetes sí» le dice un mozorro armado con un cirio quemándoles  el trasero a los ediles, mientras otro concejal degusta una langosta sentado sobre un astado. En la pancarta de Alegría de Iruña un romano aguijonea con su lanza a una cuadrilla de concejales vestidos de judíos  mientras un mozo ríe la embestida con un «Hosanna, Hosanna, Hosan amolao». Y lo mismo en La Unica. «Los tiempos pasan y cambian y la comisión no aparece. La Soledad marcha sola y al pueblo no le convence» Los concejales se pelean por la presidencia de las corridas mientras hacen mutis por el foro en la procesión de La Dolorosa. También El Bullicio aludía al tema con el pareado «Los del gremio concejil pintan solo en San Fermín», en un doble mensaje, por el lucimiento de los ediles y las obras de embellecimiento para esos días.

Irrintzi volvía con el tema de las multas: «Las multas con disimulo sirven para limpiarse el…», mientras un agente municipal sancionaba a un ciudadano por «levantar el gato demasiado», literalmente como se ve en la lona. Lo mismo Los del Bronce que afirman que «los chicos del municipio con sueldos, multas y rayas sacan más perras hoy día que en el «cache» con las layas». Un entregado agente ponía multas hasta al coche del alcalde. La pancarta de Aldapa tenía un contenido eminentemente taurino, aludiendo a los picadores, siempre tan criticados, la del Anaita hacía una sibilina crítica de las modas, la moda del «minishort» decía que hacía bajar el precio del jamón, jugando con el doble sentido. Lo mismo que La Jarana que dice que «las faldas no podían subir más» mientras unas chicas despampanantes lucían unos «minishort». Mientras un mozo pretendía ordeñar a un toro que le recordaba que no era una vaca. También se denunciaba la labor de los intermediarios que se llevaban una pasta. La peña San Fermín dirigía sus diatribas a la especulación urbanística de algunas inmobiliarias: pisos caros, pequeños y de escasa calidad, con facilidades de pago.

En 1972 se planteaba la construcción de unos nuevos corrales para los toros que, finalmente,  no se llevó a cabo. 19 millones para  corrales señalaba la pancarta de Aldapa mientras que las vacas protestaban ante el Alcalde-Presidente de la Corporación, «Y si para nosotras no hacen corrales no nos dejaremos ordeñar». El alcalde responde con un tajante «A mi con leches, no» y sobre su mesa un clarificador lema «Ordeño y mando». En las pancartas había casi siempre una sátira o crítica más o menos clara hacia el poder, a pesar de que todavía nos encontrábamos en plena dictadura. Alegría de Iruña reflejaba como la Comisión de Higiene municipal pretendía atacar el tema de la contaminación. Unos concejales ponían a remojo sus pinreles mientras un mozo provisto de una mascara antigás cabalgaba a lomos de un astado igualmente en mascarado. Por último un «munipa» recriminaba  a un escocés que enarbolaba el espinar de un pescado, «A Eskocia que goléis a bacalao». Armonía Chantreana hacía alusión en su pancarta a las multas y al mal estado de las arcas municipales. «La caja sigue vacía y las multas en aumento. Qué trabajo noche y día…¡Qué pobre el Ayuntamiento! Un concejal rebuscaba en la caja fuerte municipal a la búsqueda de fondos mientras una cuadrilla de agentes se afanaban en multar a un vehículo, «Yo lo he visto primero». Otra peña que se refería al mismo tema de las multas  era el Irrintzi. En ella un accidentado recriminaba al agente que estaba  multando a un toro con un «Déjese de multar y defienda nuestras vidas porque valen mucho más». Las multas también eran objeto de crítica en la pancarta de La  Unica. Toda la lona está plagada multas. Un afanado agente municipal multa a un coche, junto al que se encuentra un mozo llevando a la espalda a un toro. Otro mozo hace aguas menores junto a  un árbol y pregunta por los nuevos aseos públicos.

La polémica sobre llevar o no frac y chistera iniciada por los concejales «sociales» en esos años tuvo reflejo también en las pancartas, «unos frac y chistera, otros sin querer llevar. Así es el ayuntamiento que tenemos que aguantar». Mientras los concejales se increpan, un mozo les anima a darse fraternalmente la paz. Así lo reflejaba la pancarta de El Bullicio. Oberena sacaba a colación la polémica surgida a raíz del nombramiento de un químico para el Servicio Municipal de Aguas. Los de Bronce criticaban las malas prácticas en algunos espectáculos taurinos, mientras que la Jarana se hacía eco de la polémica de ese año de Luis Aguilé con Pamplona. En mayo de ese año, tras presiones del Ayuntamiento se prohibió la emisión en radio y televisión de la canción Vamos a Pamplona, porque el consistorio consideró que era un desprestigio para los sanfermines y para la propia ciudad. En la pancarta se citaban algunas estrofas algo cambiadas  de aquel bodrio de canción «Si yo me subo en la barra, y no me subo a la parra pa´entonces uno se agarra por si te mandan a la porra». Colón se dirige a Aguilé diciéndole: «Yo salí de Palos a América y tu saldrás de Pamplona a…». Muchas de las pancartas las firmaba Balda con su estilo característico y otras tantas Labayen con su no menos estilo peculiar y reconocible. El Muthiko se quedaba en una leve crítica sobre los precios de la ternera, mientras un mozo pasa la boina para recoger unas perras. Por último la pancarta de la peña San Fermín tenía un contenido eminentemente deportivo, saludando aparentemente el triunfo en la liga del Atlético de Madrid (lo digo por lo de las deudas y las ayudas), con una referencia al Osasuna de nuestros amores: «empuja la furia navarra y en segunda los veremos, si nos ayudan subiremos a primera o a la parra (porra)».

En 1973, la colocación masiva de semáforos contribuyó a que los agentes municipales no tuvieran que hacer esta labor de forma manual. «Hoy la labor de los guardias es fácil de desarrollar. Con semáforos y rayas se echan la siesta y en paz». Un par de guardias municipales de tráfico se echan la siesta entre un bosque de semáforos. El Bullicio hizo un pequeño homenaje a las antiguas atracciones de las fiestas, recordando en su pancarta a las cucañas, a las que suben los ediles huyendo del peligro, de los astados o de la cama de pinchos. «se ve que los concejales poseen sus artimañas. Fracasan con los corrales y se plantan sus cucañas».

Oberena se hacía eco de la incorporación de las mujeres al cuerpo de la policía municipal para dirigir el  tráfico lo que ocasionó no poco revuelo. La pancarta caía en el chiste fácil. «Si nos toca el pito nos ponemos fritos» dice una pareja de mozo-astado, mientras que un concejal toma medidas a la aspirante a guardia de tráfico ante el regocijo de sus compañeros de corporación.  Esta misma novedad de las guardias de tráfico aparece reflejada igualmente en las pancartas de Aldapa, Irrintzi y Alegria de Iruña. Tanto Irrintzi como Alegría de Iruña seguían el tono jocoso de Oberena, aunque la palma se la llevaba esta última con su doble sentido al referirse a las multas: «Respete, por favor, sino se la pongo más gorda» le responde la agente femenina a un «navarrico» venido del pueblo asombrado por la presencia de la guardia. Hoy estas pancartas serían objeto de polémica, por su tono y tratamiento de la figura de la mujer, no por el hecho de que una mujer se incorporase al cuerpo de guardias municipales, algo desde luego hoy totalmente normalizado.  Aldapa, además,  recogía en su pancarta el problema de encontrar cama durante los sanfermines, mientras que Anaitasuna se quejaba del excesivo número de rayas pintadas en el suelo lo que hacía mucho más lenta la circulación en la ciudad  a tenor de las imagenes que veíamos en su pancarta: un mozo cabalgaba a lomos de una tortuga por el «laberinto municipal».

En 1974 Irrintzi tocaba el tema de los impuestos, denunciando el doble rasero para los pobres y los ricos ejemplificados en un jugador de futbol (Cruyff) y un indigente. En la pancarta de la Armonía Chantreana se reflejaba la escalada de los precios del petroleo, con la consiguiente repercusión en la economía. «El poner el crudo caro a alguien bien le ha venido. No ha subido solo el crudo, también nos sube el cocido». Un mozo le dice a su parienta que viene con la sartén preparada que con un verde (1000 pesetas) un conejo y  nada más. De este mismo tema se hacía eco la pancarta de Alegría de Iruña. Por su parte la peña Aldapa hablaba de la llamada «guerra de la leche» que acabaría en subida de precios. La pancarta ilustraba una concentración de vacas de diferentes países. Osasuna bajaba a tercera. El Bullicio reflejaba en su pancarta el tema del trasvase del Ebro, mientras que en la de Oberena tenía acomodo la serie Kung fu tan famosa en aquellos años. En ésta un guiri en cueros haciendo «strikin», una moda de aquellos años, es empitonado por un toro mientras que el «pequeño saltamontes» pregunta al maestro porque el hombre está en cueros. El maestro alude a la subida del precio de la ropa.

La moda del strikin también quedó reflejada en la pancarta del Anaitasuna, Los del Bronce y La Jarana. En la primera un par de toros parecen dispuestos a empitonar al joven «nudista». «Mientras el manso está pidiendo de las vacas la atención pa que se cebe con ese que no lleva pantalón». En la segunda, en la de Los de Bronce, ademas del striking salían otros temas como el fútbol (Cruyff) y la subida del petroleo. El inevitable toro pedalea en bicicleta mientras el texto dice: «Mira que tiene bemoles, nos sacan de la cambreta y por ahorrar gasolina nos largan en bicicleta». En La Jarana una policía municipal se apresura a tapar al nudista, mientras un mozopeña le grita: ¡Con qué streaking, eh, sodrogau!. Toda una crítica contra la falta de moralidad, en aquellos años, según algunos. En la pancarta del Muthiko se sacaba a colación el cambio del horario del encierro a las ocho de la mañana. La Unica apuntaba en su pancarta a la devaluación de la fiesta taurina: los toros preparados, el dinero de los apoderados, etc.

En 1975, -todavía no había muerto Franco-, las criticas de las peñas se hacían más ácidas y atrevidas, sacando a colación todos los temas polémicos del momento. En la de Aldapa se hablaba de los escándalos de Matesa, Reace y Sofico, sometidos a juicio. El mozo, beodo, que lleva tres globos representando cada escándalo tararea la musiquilla de «Un globo, dos globos, tres globos», mientras en la mesa del juez una leyenda dice «se suspende la vista por falta de gafas». 1975 fue además el año del inicio del destape en el cine, las revistas, etc, cuestión que refleja la pancarta de Oberena, con una señorita en bikini que pasea junto a una vaca mientras que los concejales con los ojos salidos de sus órbitas dicen que «ellos solo se destapan en los plenos». El precio del crudo también seguía  vigente este año. Armonía Chantreana  denunciaba los baches existentes en el barrio, donde naufragaban astados, municipales y concejales. Los problemas de los barrios y sus soluciones de compromiso eran objeto de atención en el cartel del Irrintzi. Unos concejales plantan unos arbolitos y afirman, «Con esto dejamos  a todos bien plantaos», mientras en los barrios de extramuros se  asaban de calor o chapoteaban entre los miles de charcos existentes. Había una absoluta falta de urbanización en estas zonas. Anaitasuna volvía a sacar el recurrente tema de la Fiesta Nacional, con  falta de fuerza en los toros y los «arreglos» a los que eran sometidos. La pancarta lo decía todo en imagenes: el picador hundía su vara a un descuanjerigado morlaco desde la barrera, mientras el banderillero le hincaba sus banderillas. El morlaco cerca del trasero del torero que prepara su espada ante una cabra dice que «esto me guele muuu…mal», mientras llueven las almohadillas. La leyenda o pareado típico de muchas pancartas decía en esta ocasión «Mientras el toro se caiga y el diestro tenga canguelo de la fiesta nacional solo nos quedará el ruedo».

El Bullicio criticaba el excesivo celo de la grúa municipal que parecía regirse por criterios recaudatorios más que de mejora del tráfico, las arcas municipales estaban no solo vacías sino que se adeudaba mucho dinero, la pancarta hablaba de 417 millones de pesetas. La pancarta de Alegría de Iruña se hacía eco de la limpieza ese año de la fachada del Ayuntamiento pero apuntaba hacia la necesidad de otro tipo de limpieza: «Con sosa y jabón se limpia por fuera el Ayuntamiento, ¿qué detergente hará falta para limpiarlo por dentro?». En la pancarta de Los de Bronce aparecía reflejado el cierre de Authi y el pretendido interés de General Motors a quien llamaba la pancarta «General Morros». Un par de astados sin un asta cada uno, refllexionan en voz alta: «Que no somos de derechas porque nos falta algún cuerno, Subversivas?. Mucho menos. Que mala leche tenemos». Tanto en esta como en la siguiente se hacían eco del «cruzado mágico» de Playtex que reafirmaba los senos. En La Jarana  un ricachón cargado de dinero recuerda al mozopeña que tendría que apretarse mucho más el cinturón. Muthiko Alaiak hacía alusión al encierro de Potasas, mientras que La Unica reflejaba la geoestrategia político-económica de aquellos años: los arabes y sus petrodolares, el tío Sam. Las consecuencias las pagaban nuestras sociedades de entonces, la inflación por las nubes y una profunda crisis económica.

En 1976, en la pancarta de Oberena se reflejaba con cierto humor negro el tema de la Variante Oeste que atravesaba o pasaba cerca de importantes dotaciones vinculadas a la salud o la muerte: hospitales, cementerio, tanatorio. Un edil preguntaba a unos amordazados vecinos a ver que opinaban. Anaitasuna denunciaba la evasión de capitales y hacía referencia a una famosa fuga que tuvo lugar ese año, la fuga de Segovia. Estos mismos temas la evasión de capitales y la fuga de Segovia tuvieron también acomodo en la pancarta de Los de Bronce. Un toro se llevaba todo el dinero a Suiza mientras le perseguía un mozo en pelotas, «Si la pasta os lleváis, en canicas nos dejáis, ¡Chorizos!». La evasión también la trata, con igual desparpajo,  la pancarta de La Unica y en menor media el Irrintzi que además criticaba el déficit democrático, «1976, el año del apaño». Mientras unos se llevan nuestros dineros, otros nos hurtan las urnas. El Muthiko ponía el dedo en la llaga tocando el tema de los fueros («una estatua tan alta para unos fueros tan canijos»), mientras que un matrimonio del régimen se asustaba ante un par de mozos con pañuelo rojo «como cuando la república», dicen, mientras el hombre hace referencia a la «reserva espiritual de occidente», claro.  La Unica mencionaba, entre notas de humor  la represión política y  la mención equívoca de los curas, pues han detenido a un pastor con un palo, y el juez pone en duda que se trate de una acción pacífica.

En El Bullicio se suscitaban asuntos como el de las plusvalías y el impuesto de circulación. El chiste fácil de una moza ligera de ropa que provocaba diferentes comentarios en el astado «no confundas la democracia con la lactancia» y el concejal que murmura que «a esa le pondría la plusvalía». A partir de ese año disminuyen el nº de pancartas de artistas consagrados como Balda y Labayen y aparecen otros dibujantes, algunos buenos y otros menos, aunque sobre gustos no hay nada escrito. La pancarta de Aldapa, obra de Salaverri, más pictórica que figurativa  toca muchos temas:  la variante de San Jorge, el derribo de casa Seminario, la evasión de capitales y el debate sobre donde colocar las barracas. Con el mismo estilo y el mismo autor, Salaverri, Alegría de Iruña se centraba en un imaginado encierro en el que introducían,  de soslayo,  otros temas como el derecho de reunión o el problema del aparcamiento. En la de Armonía Chantreana se suscitaban ya sin tapujos temas políticos conflictivos: amnistía, derecho de manifestación, legalización de las asociaciones, la reforma política,  sin olvidar algún tema urbanístico que los ediles lo retrasaban «ad aeternum».

Las pancartas de 1977 reflejaban toda la efervescencia política que vivía en ese año nuestra ciudad. Aldapa hacía alusión a la amnistía, el problema de la casa Nuin que provocaría el cese del alcalde  Erice, y que aparece en la pancarta, la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento, Amadeo Marco y la Diputación, con mención a la serie Marco y a su mono Amedio. Salaberri en la Alegría de Iruña reflejaba también la situación política, entre la reforma y la ruptura  donde una manifestante hacia referencia a la «democracia simulada», la Estatua de los Fueros decía llevar tanto tiempo como algún miembro de la Diputación y unos concejales vestidos de maceros se preguntan si llevando la ikurriña sacarían más votos. El Bullicio recogía cierta polémica a propósito del derribo de la antigua Casa Seminario, donde en tiempos hubo una fábrica de chocolate. En la pancarta varios concejales hacían equilibrios sobre un cable que iba de la casa consistorial a Casa Seminario, mientras una vaca empitonaba a un edil caído. En la vaca se lee » «leche del pueblo de Muez». La peña San Juan hacía una dura crítica a la variante Oeste y a su puente. En la pancarta de la Peña Anaitasuna aparecía reflejada una conocida cancioncilla popular en la que se mencionaba al mentado Amadeo. También se hacía referencia al cese de Erice. Armonía Chantreana se ocupaba de temas eminentemente urbanísticos del barrio: planes, servicios, centro comunitario, movimiento vecinal, etc. En la de los Bronce volvía  a salir a colación el caso Erice y la actuación de los cuerpos policiales, un antidisturbios vestido de pamplonica lanzaba pelotas en un frontón inaugurando «una nueva modalidad de pelota» en el País Vasco.

La pancarta de La Jarana estaba llena de referencias a la situación del momento, a la necesidad de estabilizar los precios y  a los deseos populares  de democracia y libertad. Irrintzi arremetía contra la UCD y el deseo de este sector de que la peñas fuesen apolíticas, mientras el toro personificaba a la galopante inflación y nuevamente se recordaba la continua conflictividad en las calles con el «En Pamplona si que hay pelotas», y es que rara era la semana que no había manifestaciones y cargas de la policía. En La Unica, una grúa «popular» se lleva a una furgoneta de los antidisturbios, mientras había un debate sobre  el destino de las basuras de la ciudad. La pancarta de Oberena hablaba de la libertad de expresión: un mozo pintaba sobre un toro «Carrillo que te pillo» aunque uno de los  temas principales este año era el affaire amoroso de Barbara Rey  y el jugador de Barcelona, Carlos Resach. Por último la de Muthiko Alaiak tocaba muchos personajes y temas. Salían reflejados Manuel Fraga, vestido de antidisturbio con su conocida frase de «la calle es mía», Amadeo Marco, Adolfo Suarez y Felipe González. El toro se preguntaba si a él también le iba  a  alcanzar la amnistía mientras que un trabajador y un pamplonica se quejaban amargamente de la crisis económica y de las continuas actuaciones policiales en las calles de nuestra ciudad.

1978 fue el año en que se suspendieron los sanfermines, tras dos días de fiesta, por la brutal intervención policial del día 8 de julio. Varias pancartas reflejaban, con cierto espíritu premonitorio,  unos sanfermines llenos de pelotas y antidisturbios. También había otros muchos temas y personajes que se repetían, como veremos. En la del Bullicio unos antidisturbios asaltaban la sede de la peña al grito de «Dale fuerte Morales». En la de San Juan botes de humo y pelotas servían de imagen para el enunciado «las cargas y descargas para el pueblo soberano», mientras se tocaban otros muchos temas: el retorno de Tarradellas, los impuestos de todo tipo y los seguros que ahogaban al ciudadano. La Unica recogía los encierros en el Ayuntamiento y las actuaciones policiales continuas en el Casco Viejo, mientras se hacía referencia a otros temas como Lemoniz o la amnistía. En la del Muthiko salían dibujados Amadeo, Suarez, Del Burgo y Urralburu y también se mostraba alguna de las actuaciones de grupos como los Guerrilleros de Cristo Rey contra jovenes nacionalistas. Oberena volvía a sacar a Amadeo y su perro y el tema de la amnistía. En la pancarta de la Jarana se mencionaba la necesidad de estabilizar los precios y los pactos de la Moncloa, sin olvidar al mencionado Amadeo, el bunker y la situación política del Ayuntamiento.

El Irrintzi plasmaba el debate sobre el devenir político de nuestra comunidad y su posible integración en el proyecto político de Euskadi. Lo mismo que Los de Bronce que criticaban por antidemocrática la diputación foral de entonces y la de Aldapa también se hacía eco del debate social sobre la naturaleza vasca de navarra y el político de  «Nafarroa Euskadi da». En la pancarta de la Armonía Chantreana las pelotas saltaban a los calderetes populares, lanzadas por antidisturbios ocultos en los cientos de socavones del barrio y en el popular Rastro del barrio se vendían todo tipo de objetos: jarras, jarrones, jarritas, pegatinas, concejales, balas de goma usadas, botes de humo y un largo etcétera.

La peña Anaitasuna hablaba de la necesidad de recaudar fondos para las  ikastolas y escuelas públicas así  como sobre la comisión gestora municipal dada la progresiva dimisión de buena parte de los miembros de la Corporación que carecían de la suficiente legitimidad democrática. Aun tendría que pasar cerca de un año hasta que se celebrasen las primeras elecciones municipales, el 3 de abril de 1979. Alegría de Iruña volcaba, sobre la imagen del encierro,   todos los temas del momento:  el salario mínimo, el paro, la naturaleza de aquella incipiente democracia, Euskadi y Navarra, las manifestaciones que inevitablemente acababan con cargas policiales. Un lema reflejaba con humor el ambiente de aquellos años en nuestra ciudad: «Pamplona, clima sano, carreras en inviernos, encierros en verano».

Fotos: pancartas de las peñas, aparecidas en el libro «Las pancartas de las Peñas» editado por la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona en 1981 y de los que fueron autores José Luis Larrión Arguiñano y José María Rodrigo Jimenez. Para las fotos 5, 6, 10, 11, 14, 21, 22, 29, 30, 31, 33, 34, 35, 36, 37 y 38 , «Peñas de Pamplona, una historia viva». Federación de Peñas de Pamplona. 2014.