El monte San Cristobal (1965-2005)

El monte San Cristobal o Ezkaba, que por ambos nombres se le conoce ocupa un lugar especial en mi memoria. Durante más de 30 años podía contemplarlo sin obstáculos desde mi ventana, recortado en el cercano, muy cercano horizonte, pues en minutos me podía situar en la antigua vía del Plazaola, camino del monte. Lo veía desde mi ventana, oculto parcialmente en su extremo izquierdo, (la zona más cercana a Berriozar y Aizoain), por la antigua fábrica de Perfil en Frío. Ha sido testigo mudo, escenario de muchos años y estaciones de mi vida. Recuerdo muchos días neblinosos de otoño o de primavera, con las nubes agarradas al monte, o esos fríos días invernales de la infancia con su cima (el Fuerte) y laderas nevadas. Mi más lejano recuerdo lo tengo asociado, sin embargo, a alguna excursión familiar dominguera, con la comida preparada desde casa, (que ricas aquellas tortillas de patatas o aquellas ensaladillas rusas de la madre), subiendo por el camino más empinado, aquel que seguía los postes de la luz, desde el lado derecho del pinar cercano a Berriozar, directamente hasta el Fuerte, para luego bajar a trompicones, urgidos por una repentina tormenta veraniega hasta la fuente y lavadero de Berriozar.

 

Para muchos rochapeanos, San Cristobal era nuestro monte, al que tenemos asociados infinidad de paseos a lo largo de nuestras vidas, como, en mi caso,  el de ese recuerdo infantil citado, y otros en diferentes momentos de la vida. El paseo por el monte, en solitario o en compañía, te permitía a la vez que oxigenarte y hacer ejercicio, relajarte, ensimismarte en tus pensamientos, desconectar como si por un momento pudieses alejarte de tus preocupaciones cotidianas, cada vez más grandes y pesadas a medida que ibas atravesando las diferentes edades de la vida. En aquellos años, finales de los 60 y primeros 70, los pueblos que yacían en las laderas del monte, Berriozar, Artica y Ansoain eran mucho más pequeños que en la actualidad, sobre todo Artica que conocería un desmesurado desarrollado, con multitud de adosados y unifamiliares, ya desde los años 80. No existía todavía la variante norte. Esta se construiría mucho más tarde, bien entrados  los años 90, época a la que pertenece la foto que abre la entrada.

 

El Monte San Cristobal no es solo mudo testigo del devenir de nuestras vidas, lo es también de la ciudad, del Viejo Pamplona que es el objeto de este blog. Del San Cristobal de hace muchas décadas he ofrecido un par de fotografías, en el párrafo anterior. En la primera de ellas, de Julio Altadill y que data de 1895 se puede observar en toda su plenitud y desnudez el monte; en la parte inferior de la foto se pueden vislumbrar los caminos de los Enamorados y de Villava flanqueados por una larga hilera de arboles. La segunda foto es de 1932 y está tomada desde la Cuesta de la Estación, en el momento en que se derriba parte del antiguo Convento de Recoletas para ampliar la Cuesta. En ambas fotos se observan   las  canteras del monte,  canteras que se explotaron desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX. De ellas se extrajeron materiales de construcción para edificios como el Palacio de la Diputación de Navarra y el antiguo Archivo General de Navarra.

Había varios itinerarios o paseos que frecuentábamos, uno de los más recorridos eran el que partiendo del cruce del viejo camino del Plazaola con el camino a Artica, por debajo y un poco más adelante de la actual variante norte,  desde una fuente hoy abandonada, cogíamos un pedregoso camino que nos llevaba hasta un pinar, cercano al viejo pueblo de Berriozar. En tiempos había otro camino inferior entre grandes piedras, hoy desaparecido, bordeando un viñedo antes del citado pinar. Tras este pinar que vemos en la fotografía de la derecha, había un camino que conducía a Berriozar pueblo, que  vemos en una foto posterior de esta entrada y otra senda que conducía al cementerio del citado pueblo, que vemos también en una instantánea del siguiente párrafo. Los cementerios y sobre todo los cementerios de los pueblos, con aquellos oscuros y silenciosos cipreses nos provocaban en nuestra infancia una contradictoria sensación de interés y de reverencial temor.La fuente y lavadero de Berriozar que vemos en la foto izquierda del siguiente párrafo   era otro de esos lugares que nos atraía, seguramente por su imponente apariencia, su enorme vasija de piedra cubierta, donde se lavaba la ropa, cubierta por un gran tejado rojo  y aquellas viejas  inscripciones o grafías sobre el muro de  piedra del que salía el caño.  En la cima el Fuerte estuvo  controlado por los militares hasta 1985, siendo abandonado totalmente en 1991. El Fuerte aparece vinculado a uno e los episodios más tristes de la guerra española: la huida de más de 800 presos políticos en el año 1938 que fueron abatidos  o capturados en su mayor parte en el monte y valles próximos.

Otro itinerario que utilizábamos empezaba en la carretera de Artica, pasado el polígono industrial y ascendiendo por un promontorio y dejando a un lado la estatua del Corazón de Jesús subía junto a otro pinar de repoblación hasta un amplio camino interior  en el bosque. Siguiendo este camino en dirección este y atravesando el bosque en dirección norte llegábamos “al otro lado”, así tal y como lo escribo. Cruzar al otro lado suponía casi siempre recibir una profunda bocanada de aire fresco. Abajo podíamos descubrir de izquierda a derecha los pueblos de Cildoz, Orrio,  Eusa, Maquirriain, Garrués, Arre, Oricáin y Sorauren, los cuales componen junto a otros lugares y señoríos el valle de Ezcabarte. Enfrente se encontraban unos cuantos montes: Desde la Peña de Añezcar o monte del Toro que es como lo llamábamos de pequeños, por el toro de Osborne que había en su cima, pasando por Eltxumendi, Mendurro, Landakoa, Illarraga, Makirriamendi, Ortxikasko o Ostiasko, Txaraka, Iruntzu y más alla de Sorauren las Peñas de Antxoriz para acabar en la parte más al oeste con el Ezkaba Txiki y el Miravalles. Desde el lado norte del monte cogíamos un camino que nos conducía  a la cima, al Fuerte, y en su lado norte, cerca del Fuerte había una fuente con agua muy fresquita que nos reconfortaba de la caminata. En la foto de la izquierda del siguiente párrafo vemos el Monte San Cristobal, visto desde el Valle de Ezcabarte.

Había otros itinerarios menos frecuentados, como el que seguía la carretera del camino al Fuerte, excesivamente larga para mi gusto y otros muchos caminos y atajos que no describo por no cansar. Desde lo alto del monte  contemplaba la ciudad de Pamplona en toda su extensión y  su progresivo e irrefrenable crecimiento con el paso de los años. He citado una estatua del Corazón de Jesús. En efecto, esta enorme estatua, similar a la que hay que en otras ciudades de España y del mundo se colocó en el monte en 1982, por iniciativa del sacerdote Ambrosio Eransus. La estatua es  obra del escultor navarro Aureo Rebolé, autor de muchas obras de imaginería religiosa en diferentes parroquias de la ciudad y de Navarra, entre ellas la estatua del Salvador de la iglesia del mismo nombre, en la Rochapea barrio en el que vivió durante una parte de su vida.

Algunas de aquellas excursiones al monte San Cristobal se prolongaron en ocasiones mucho más de lo esperado, como una vez que después de subir al Fuerte bajamos por la vertiente noroeste hasta los pueblos de Unzu y Ollacarizqueta, atravesando el rio Juslapeña, en una improvisada aventura con amenazantes perros que nos flanqueaban a cada paso puentes y caminos y que nos hizo llegar a eso de las cuatro de la tarde  ante la preocupación de nuestros padres. Otra vez nos acercamos a las Peñas de Antxoriz pero equivocamos el camino e igualmente llegamos bastante tarde después de hacer una buena caminata de regreso por la carretera de Sorauren-Arre, camino a Pamplona. Cerca estaba la famosa playa de Oricain. Desde el valle de Ezcabarte, el monte San Cristobal se observaba como una imponente y tupida masa de arboles, arbolado que desgraciadamente quedaría bastante maltrecho en los periódicos incendios producidos entre 1985 y el año 2010 y de los que doy cumplida cuenta en la siguiente entrada del blog. Las  fotos de la iglesia de Artica y del pueblo viejo de Ansoain cierran esta entrada.

Fotos: Julio Altadill (1895), en el libro de José Javier Arazuri, “Pamplona, calles y barrios” y del Archivo Municipal de Pamplona en el libro “Pamplona antaño”  del mismo autor, José Javier Arazuri.

4 opiniones en “El monte San Cristobal (1965-2005)”

  1. Muy intetesante todo lo que se ha comentado sobre el monte san cristobal. Solamente queria hacer una pequeña aportacion sobre el via crucis que sube desde artika: fue realizado por manuel villamarin, maestro de canteria y su cuadrilla de canteros y fue coautor junto con el mencionado rebole en la imagen que lo culmina. De hecho colaboraron varia veces en otras obras

  2. Muy interesante la pegina pero siento comunicarte que llamrle al monte San Cristobal es denominarlo mal ya que el monte se llama Ezkaba, San Cristobal es el fuerte con gran importancia historica en Iruña. Es un fallo bastante comun como, por ejemplo, denomidar al monte Beriain como San Donato.
    Un saludo

    1. Lo siento, estas equivocado, pues las dos denominaciones son correctas, como te explicaré a continuación. La más antigua es la de Ezcaba que se remonta a la Edad Media (Siglos XII y XIII) que aparece registrada con diferentes grafías en un montón de documentos históricos: Esquaba, Escava, Ecquava, etc hasta el siglo XIX en que se queda como Ezcaba (en castellano) o Ezkaba (en euskera), esta última acepción sobre todo en el siglo XX. Ezkaba da nombre, además, a un pueblo cercano con el mismo nombre, situado al otro lado y está en el origen etimológico del nombre del valle situado al norte, Ezcabarte (en castellano) o Ezkabarte (en euskera). No obstante durante mucho tiempo el término más popular ha sido el de San Cristobal que tiene su origen en una ermita situada en su cima desde aproximadamente el siglo XIII, y que relegó durante siglos el nombre original de Ezkaba al extremo sureste de la montaña, mientras que la cima se seguía llamando de San Cristobal. La construcción del fuerte es bastante tardía, de finales del XIX y principios del XX y tomó el nombre del topónimo tradicional de San Cristobal. El nombre del monte no lo dió el Fuerte sino que es muy anterior como te he explicado. Si que es verdad que en las últimas tres o cuatro décadas se ha recuperado con fuerza el topónimo original euskerizado: Ezkaba para denominar a todo el monte

    2. El fuerte no se llamó San Cristóbal, sino Alfonso XII.
      El nombre de San Cristóbal tiene su origen en la advocación de una ermita que estuvo situada en su cima y de la que hay memoria desde el siglo XIII.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*