Bares y tabernas de antaño (1844-1994). 2ª parte

Concluyo esta larga entrada centrada en la hostelería del Viejo Pamplona, con una mirada a algunos de los establecimientos que podíamos encontrar en la ciudad, entre los años 1933 y 1993. Como en la entrada anterior,  pretendo recopilar un buen número  de establecimientos hosteleros de entonces así como  de los nombres de las personas que estuvieron detrás de ellos. Así como los comercios han conocido,  en todo este período muchos más cambios en el Casco Antiguo,  la hostelería ha sido un sector, por lo general, mucho más estable;  Por supuesto que, en muchas ocasiones, han cambiado  los nombres de sus regidores pero en la mayoría de los casos los locales que albergaban una actividad hostelera la han seguido manteniendo. Probablemente la necesaria mayor inversión para la adecuación del local a esta actividad, la hostelera, explique esta mayor continuidad en el uso.

En 1933 podíamos encontrar, entre otros, los siguientes bares : en la calle Estafeta, El Moderno (en el nº 69, donde mucho más tarde se instalaría Casa Evaristo, con salón de billares incluido), en la calle Comedias, entonces 2 de febrero, el Gau-Txori (estaba en el nº 5, donde desde hace tiempo está el Burgalés); en Descalzos, el ya citado, en la entrada anterior, El Pamplonés de Ambrosio Goñi (que pasa del 11 al 7); en San Nicolás, el café-bar  y restaurante Irañeta, abierto entre 1931 y 1963, que dio paso, desde 1963, al Bar Restaurante Baserri; el café-bar y restaurante Niza que se abrió en 1936, a los que habría que añadir, además, el Dena Ona, el Torino y el Rodin de San Ignacio, donde antes estuviera el bar Olimpia,  y el bar de Autobuses, tras la inauguración de la estación en 1934. La calle Jarauta era probablemente una de las calles que más bares tenía, por supuesto también tenía muchos pequeños comercios, hoy prácticamente casi todos desaparecidos. Donde hoy esta la sociedad Gureleku había, en esos años, un bar que regentaba Vicente Gimeno y un poco más adelante, en las traseras del colegio de Dominicas, otro que regentaba Patricio Garjón. También había bares y tabernas, desde hace mucho tiempo desaparecidas, en San Agustín, Calderería, Compañía, San Lorenzo, etc. En la Rocha destacaban los establecimientos de Andrés Aldaz y Doroteo Arizcun. Donde hoy está el bar Ciudadela ya había en esos años un establecimiento hostelero que dirigía Felipe Ginés. ¿Sería el mismo Ginés de la calle Calceteros?.

Como decía en la entrada “Ilustres personajes que vivieron los sanfermines del Viejo Pamplona”, si hay un hombre al que Pamplona le debe su fama internacional es el escritor norteamericano Ernest Hemingway. Vino en ocho nueve ocasiones a Pamplona, la primera vez en 1923 y luego  de manera ininterrumpida, de 1924 a 1927; para regresar en 1929, 1931, 1953 y 1959. (Tuvo también una visita relámpago en 1956, de camino a Logroño). Pues bien el escritor tenía una serie de establecimientos, la mayoría ya citados en la entrada anterior, a los que no dejaba de acudir en sus escapadas sanfermineras. En esta pequeña ruta de Hemingway por Pamplona repasaremos todos los establecimientos hosteleros que visitó el escritor. En 1923, que fue el año de su primera visita a Pamplona acudió a hospedarse al Hotel La Perla pero era demasiado caro para su sueldo de corresponsal y se alojó en el 4º piso de una pensión en el nº 5 de la calle Eslava. Solamente en 1953 y 1959, con el premio nobel en su bolsillo, y mayor disponibilidad económica pudo permitirse el lujo de hospedarse en La Perla. Entre 1924 y 1931, Ernest se hospedó siempre en  el hotel de su buen amigo Juanito Quintana, el Hotel Quintana situado, como hemos visto, en el edificio donde hasta hace poco estaba la Cervecería Tropicana. Juanito era como Ernest, un buen aficionado a los toros y allí tuvo ocasión de conocer a Cayetano Ordoñez, El Niño de la Palma. Cerca de allí, muy a mano, tuvo desde 1930, la terraza del Choco, uno de los lugares donde en más ocasiones aparece fotografiado además del Café Iruña. Es sin embargo el Café Iruña el lugar en el que siempre recaló en todas sus visitas, su autentico cuartel general desde donde observaba y vivía la fiesta en todo su esplendor.

También se dejó caer por el Cafe Kutz y el Torino, algunos dicen que también por el Café Suizo, aunque era conocida su animadversión política contra este establecimiento. Hemingway no podía ocultar sus afinidades políticas republicanas. Otro de los establecimientos que con más asiduidad visitó en sus estancias en Pamplona fue Casa Marceliano, donde tenía costumbre de almorzar después del Encierro, así queda constancia al menos desde 1926. Nuestra guerra civil hizo que Ernesto no volviese a Pamplona hasta el año 1953. El 15 de abril de  1938 Gervasio Guerendiain había abierto un restaurante en el Paseo de Sarasate al que puso el rimbombante nombre de “Hostal del Rey Noble” pero que es mucho más conocido por  el nombre de Las Pocholas, restaurante que condujeron las hermanas Guerendiain hasta el año 2000. Pues bien a partir de su regreso a Pamplona en 1953, Las Pocholas se convertirá en otra de las citas obligadas del premio nobel, lugar que queda reflejado en la foto del 21 de septiembre de 1956, en una visita relámpago a Pamplona, acompañado de unos amigos de la capital. Fuera del Casco Antiguo el único establecimiento hostelero que visitó  Ernest en los años 50 fue el Hotel Yoldi,  para visitar a su buen amigo, el diestro Antonio Ordoñez, antes de las corridas.

La guerra había pillado a Juanito Quintana, dueño del Hotel Quintana, vinculado a la causa republicana, en la localidad francesa de Mont Marsan. No se atrevió a volver a Pamplona por miedo a las represalias. Así es que su hotel quedó cerrado hasta que en 1937 Pedro Erviti reabría el establecimiento con el nombre de Hotel España. Sin embargo el hotel no duraría demasiado, para el año 1946 había cerrado definitivamente sus puertas. En sus bajos se abriría, en los años 50, el bar Brasil.  En 1946 la familia Ramirez cogía el bar Sevilla que ya tenía ese nombre desde el término de la guerra. Lo cogió el abuelo Julián y lo ha estado llevando la familia durante tres generaciones, hasta hace muy poco tiempo. Antes estuvo un poco más a la derecha, donde el Bar Kiosko, pero se trasladó a su tradicional ubicación en el año 1959. Junto a él estaba, en los años 60, el Bar Pekín. En estos años 30, no solo las casas de huéspedes ofrecían comidas sino que cada vez, con más frecuencia, sucedía al revés, que las casas de comidas y restaurantes también ofrecían habitaciones, así sucedía con Casa Marceliano o La Marcela y también lo hacían los Bastarrica, Cebrian, Elizalde, Landivar, Pueyo, hijos de Tejedor, Viscarret y otros que ya hemos visto en la entrada anterior. Entre las nuevas casas de comidas estaban la de Baldomero Barón en Ansoleaga, 33, la de Elias Echechipia en Mercaderes, 7 (Restaurante Iruña), Hijos de Francia y Antonio Pérez en San Francisco, Isidoro Iturralde en Lindachiquia y Leocadio Urtasun en la Estafeta.

Tras la postguerra, en los primeros años 50,  un buen número de bares y cafeterías o café-bar se habían implantado en el Nuevo Ensanche y se habían renovado buena parte de los del Casco Antiguo. Continuaban algunos veteranos, por ejemplo, Eugenio Roch en su decimonónico café de Comedias; Matías Anoz con su
incombustible Casa Marceliano; Elvira Muñagori, viuda  de Kutz, con su Café Kutz (que cerraría en 1961 para dar paso al Banco de Vizcaya); Doroteo Cotelo  con el Torino mientras Pablo Diez de Ulzurrun  había abierto un bar en el nº 34 de la calle Mayor, donde hoy está El García: se llamaba Bar Ederra. Otros ilustres sin embargo desaparecerían como el Café Suizo  para dar paso a un banco,  el  Banco de Bilbao y el Dena Ona se convertía en el Bearin. Teodoro Aparicio  llevaba el Mirador de los Jardines de la Taconera y surgían nuevos nombres y apellidos en la hostelería pamplonesa. La hostelería se concentraba sobre todo en San Nicolás, San Gregorio, Plaza del Castillo y la Estafeta.  Rafael Erice regentaba El Caserío en el nº 11 de la calle San Gregorio, Victorino Ganuza hacía lo propio con el bar de su nombre, El Ganuza en el nº 21 de la misma calle, y la familia Barberena cogía El Orbaiceta en el nº 48, de manos de Lucio Arizcuren, para convertirlo más tarde,  por parte de uno de los hijos en  el Museo, mientras que otro hijo, Joaquín Barberena, abría en 1963  el Bar Río en la calle San Nicolás; ambos Museo y Río unidos por la misma receta familiar, la de sus célebres huevos. Por cierto donde actualmente está el Río, en los años 50,  parece que la familia propietaria del edificio, los Larrayoz ya tenían un establecimiento hostelero.

En la calle San Nicolás Juan Irañeta seguía adelante con el mítico café bar Irañeta que llegó a albergar numerosos conciertos de música y, como he comentado al principio de la entrada, ya existía actividad hostelera en lo que durante muchos años fue el Bar Arizona, o en los actuales  Redín,  Ciudadela, Ulzama (y el Aralar), La Viña (con el mismo nombre y la dirección de Julián Sanchez)  o  el Burgalés. Antes del Montón, en Jarauta, 29 estuvo el Bar García, el Falcesino. Donde hoy está el bar Infernu estaba la Taberna-Bar Moreno. En el nº 3 de Curia, Josefina Goñi llevaba el Bar Goñi antes de la llegada de la Hostería del Temple en los años 60; Jeronimo Ibarrola regentaba el restaurante Maitena en el nº 12 de la plaza del Castillo, (donde desde 1980 y hasta 2010 estaría la sociedad gastronómica Gazteluleku); los Iturralde  continuaban con el negocio familiar del Catachú en la calle Lindachiquia;  Isaac Juanco dejaba las riendas del negocio, el Otano (San Nicolás, 5), en manos de su hijo Andrés que, a finales de la década, se casaría con Tere Goñi; Federico Monasterio regentaba el Monasterio en Espoz y Mina, 11, Vicente Aguinaga  el Niza; Alcaine y Beaumont el Choko; Miguel Aldaz,  El Espejo (los actuales propietarios sólo llevan con el bar desde 1989) y Candido Ardanaz el Bar Prados en el nº 58 de la Estafeta, antes de que se convirtiese en el Fitero  en 1956.

En 1955 se abría un restaurante en la calle Jarauta con el nombre de Guretxea. Sus propietarios se trasladarían a la 2ª planta del nº 20 de Ansoleaga en 1960,  con el nombre de Restaurante Basaburua. En 1987 pasarían a su ubicación actual, en el nº 16 de la misma calle,  donde la tercera generación sigue actualmente  con el negocio. En 1956 se abría el restaurante Sarasate en la calle San Nicolás, especializándose en comida vegetariana desde 1979, mientras se mantenía la actividad de restauración en los locales que hoy albergan el Bar San Nicolás y el Iru, de la mano de Vicente Saralegui y Marcos Sanz respectivamente. En 1958, Alejando Elizari y Felisa Garcia fundaban el restaurante Josetxo, en el segundo piso del nº 73 de la calle Estafeta, que más tarde, en 1985, trasladarían sus hijas Raquel y Mari Carmen a la plaza de Príncipe de Viana, donde se mantuvo hasta hace cuatro años. En su lugar se pondría uno de los primeros restaurantes chinos de la ciudad, el Palacio Chino. En la calle Estafeta estaba desde 1959, en el nº 50, el Señorío de Sarria, hoy Bodegón Sarria;   y también en esos años 50, Carlos Pascualena tenía un restaurante en el nº 55 de Estafeta (donde hoy está Globe Trotter) y en tiempos estuvo el negocio de Basilio Fuentes y sus herederos; Macario Arguiñano en lo que ahora es Chez Evaristo (en el 69); Luis Desojo Sanz en el 71 donde ahora esta La Granja; Casa Sixto (en el 81);  Casa Juanito, en el nº 83, con José Urretabizkaia de camarero, tras la barra, desde 1963, y que hoy es su actual propietario; Casa Flores en el 85 y encima de ella el Hostal y Restaurante Ibarra. En los años 60, el Brasil dio paso a la Cervecería Tropicana. En otras partes de la ciudad estaban en  San Juan, el Toki Zarra y  en el Ensanche, el Bar Cinema o Casa Mauleón , fundada por Hilario Mauleón.

En otro orden de cosas se abrieron en estos años nuevas churrerías: en la calle Estafeta, San Gregorio, y Compañía y Elias Fernandez sumaba a la veterana churrería de la Mañueta otras dos, una en la misma calle y otra en la calle Amaya. Y entre las heladerías cabe destacar  El Buen Gusto en Chapitela, Alaska en en el nº 49 de la plaza del Castillo, La Vital en el nº 18 de Sarasate y como no, Eliseo en La Rochapea. Por otra parte, a medida que la ciudad iba creciendo se iban abriendo bares en los barrios periféricos de la capital. Eran bares modestos, como el que vemos en la foto adjunta de Herce de un bar de la Chantrea en los primeros años 60.

En el ámbito de los hoteles cabe señalar que en  los años 50 aun continuaban abiertos el Hotel El Cisne y el Hotel El Comercio. Desde 1945, el Maisonnave lo regentaba la familia Alemán y más concretamente Miguel,  que trasladaría el hotel a la calle Nueva en 1966. Eran nuevos el Hotel  Valerio, ubicado en el nº 5 de la avenida de Zaragoza, regentado por Margarita Aranguren; el Hostal Xavier en el nº 2 de la calle San Gregorio, dirigido  por Mercedes Ferreras, el Hotel  Yoldi y el Hotel Europa. Y entre los restaurantes de la época teníamos al veterano Casa Marceliano; el Blanca de Navarra conducido por Braulia Villanueva,  en el nº 24 de la calle Mercaderes; el Iruña en el nº 7 de la misma calle, regentado por la familia  Echechipia, entre los años 30 y 50, (en la última época estuvo  al cargo del citado restaurante Ana María Echechipia; el Yaben en la segunda planta del nº 24 de Pozoblanco, (había otro restaurante al principio de la calle, en el nº 20, donde estuvo la antigua casa de Cuevas), y la Fonda Hispanofrancesa de Wenceslao Cilveti en plaza del Castillo, 20. En el terreno de las fondas, posadas y casas de huéspedes destaca el hecho de que las Amostegui abrían en esos años sendos negocios: Rafaela en el nº 72 de la calle San Nicolás y Victorina en el nº 20-22 de Pozoblanco, donde actualmente tienen el restaurante sus herederas. Por su parte Francisca Barbería abría su posada en el nº 2 de San Lorenzo, donde estaba la Cepa y José Echeverria en San Nicolás 34-36, en lo que había sido antes La Salacenca.
En 1963 se inauguraba el Hotel Tres Reyes en terrenos del antiguo Bosquecillo y en 1969, como ya señalé en otra entrada, Ricardo Aparicio Delgado abría el Restaurante Iruñazarra en la calle Mercaderes. En los años 70 se renovaba la hostelería de la plaza del Castillo: en 1970 Patxi Muñoz y Margarita Muguiro fundaban el Baviera, mientras la familia Munarriz inauguraban el Gure Etxea en 1975. El Oreja se abría en el nº 19 de la calle Jarauta, en 1968, y dos años más tarde lo hacía  La Viña con sus actuales propietarios. En 1971, se abría La Mejillonera y en 1977 la familia Idoate se hacía cargo del restaurante Europa. En 1980 se nacían el Restaurante San Fermín, en el nº 44 de san Nicolás y el Dom Lluis en el nº 1. En 1985 Juan José Irisarri fundaba el  bar El Kiosko en el nº 14 de la plaza. En 1988 la familia Galarza-Lecea se hacía cargo del Señorio de Sarria de la calle Estafeta y lo convertía en el actual Bodegón Sarria. Un año antes, en 1987 se aprobaba definitivamente la normativa sobre zonas saturadas, tramitada en 1986 que impedía la instalación de nuevos establecimientos de hostelería en el Casco Antiguo; se admitían la transmisión de licencias pero no la apertura de nuevas. Esta situación se mantendría hasta el año 2006 en que se vuelve a permitir la instalación de actividades hosteleras y más concretramente de restaurantes y cafeterías, habiendo abierto cerca de 50 nuevos establecimientos desde entonces y hasta el día de hoy  en que se está planteando una nueva normativa restrictiva,  pero esto es ya objeto de otra historia que excede la de esta macroentrada y que contaremos en otra ocasión.

Fotos por orden de aparición. Cafe Kutz (1952). J. J. Arazuri; Concierto en el Café Irañeta. Años 50. Archivo Bar Baserri;  Foto de Hemingway en plaza del Castillo (1959) Julio Ubiña;  Foto postal del Hotel Quintana (1920-30). Foto Hendaya;  Foto Familia Guerendiain. (Años 40); Calle San Nicolás. Años 50. Archivo Bar Baserri;  Plaza del Castillo. Años 60. Galle. AMP; Bar Goñi. Postal Vaquero; Bar del barrio de la Chantrea. Años 60. Foto Herce;  Fotos restaurante Iruña y siguientes sin filiar.

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