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Comercios del Viejo Pamplona: La calle Mayor (1905-1955). Segunda parte

Tras la buena  acogida del anterior artículo sobre el primer tramo de la calle Mayor, prosigo  con el segundo tramo y empezaré allí donde me quedé en la última entrada: en el cruce de las calles Mayor y Eslava. Les recuerdo que la numeración de este tramo de la calle en el primer tercio de siglo XX  no tiene nada que ver con la del actual. Entonces la calle acababa, por este lado, en el nº 115, mientras ahora lo hace en el 89. Comenzando por el lado izquierdo, a primeros de siglo, encontrábamos en primer lugar, igual que ahora, la farmacia de Manuel Negrillos, bueno mejor dicho la droguería y farmacia de Negrillos, actividades que mantendría, ambas dos, y de manera continuada, al menos, hasta los años 30. A finales del siglo XIX se confunden, en cierto modo, los negocios de  droguería y farmacia, conocidas entonces, sobre todo, con el nombre de boticas. En este siglo además de vender las medicinas en las boticas también se preparaban, en muchos casos, en éstas, los compuestos medicinales, y estos procesos se realizaban en la rebotica y el obrador. En esta entrada podemos ver un anuncio de esta farmacia anunciando determinados preparados. La materia prima era suministrado a las boticas por los mercados y las droguerías. Estas últimas se dedicaban casi en exclusiva a la venta de materias primas, productos químicos y drogas simples, siendo con el tiempo desplazados, estos últimos compuestos, a las boticas o farmacias, quedándose las droguerías para la venta de multitud de productos químicos y sobre todo de pinturas, que es, probablemente, por el producto que más las conocemos. En los años 50, la droguería que daba  a la calle Mayor, -la farmacia hacía esquina con Eslava y Mayor-, estaba a nombre de Mariano Diaz. A continuación de la farmacia y droguería de  Negrillos estaba la tienda de camisolines y mangas de Angela Aya que continuó en los años 20 con ropa de niños y en los años 30 con confecciones en general. En los años 50 estaba ahí la carnicería de Zacarías Arrastia. A continuación, en los años 20, teníamos la cestería de Cipriano Garcia y las mercerías de Petra Beunza,  -que vendía además bisutería, quincalla se llamaba entonces, y que permaneció en el lugar durante varias décadas-, y la de las Hijas de Gorriz que  en los años 50 aún permanecía en el mismo lugar, (donde hoy se encuentra Skaner Shop), y la frutería de Vicente Orzanco. Por estos números, en el nº 57 de los años 50, hubo  una carbonería y un poco más adelante una tienda de alimentación. En el nº 71 de primeros del siglo, donde está hoy Almacenes Bidasoa, estaba Manuel Labiano, ebanista y tapicero, que en los años 30 se convertiría en tienda de muebles, bajo la dirección de Fidela Larraz primero y Pablo Lezcano, después, y  que además de muebles  vendía artículos de porcelana y loza, género al que se dedicaba también, un poco más adelante,  a primeros de siglo, Antonio Puertolas, (en el local donde hoy está la antigua tienda de chucherías de Ludiloj). Más adelante estaba la fábrica de tejidos de Vertiz, Verdá y compañía (en lo que sería el actual local de Pavana). A partir de los años 20 las Teresianas se instalaron en el Palacio de Ezpeleta (en el nº 81 de la calle, hoy 65),   con su célebre colegio de enseñanza.

Tras el colegio de Teresianas había en 1905 varios negocios: una tienda de cereales al por menor y de abonos, fábrica de harina y panadería,  de Agustina Sarasibar primero y José Ilundain, después, así como otros negocios diferentes como la zapatería de Jacinto Erroz o la tienda de arreglos de relojes de Joaquín Erviti que más adelante en el tiempo, en los años 40-50 montaría una relojería en el nº 61 de la calle, donde estaba la mencionada tienda de chucherías Ludiloj. Posteriormente hallábamos la botería de Fructuoso Pérez y la juguetería, mercería y paquetería de Rogelio Lara, el pelotero Modesto Sainz, la cooperativa militar que era el típico ultramarinos pero orientado especifícamente a este sector profesional tan abundante entonces en la ciudad, la carpintería de José Lizarraga, la alpargatería de Pascual Ostiz, la zapatería de Ruperto Andueza, la carnicería de Vicente Redin, el broncista  Santos Garde, -que estuvo al menos desde los años 20 y hasta los años 50 en el lugar, si bien en el nº 85, en vez de en el 105, la cestería de Jose Nespereira (en los años 50 en el nº 77), la fontanería de José María Garde,  la tienda de frutas y verduras de Sebastian Subiza que permanecería en el lugar durante más de cuarenta años, etc. 

Es patente, todavía, la existencia, en este tramo final de la calle,  de un buen numero de  tiendas pequeñas y extremadamente estrechas tal y como debieron ser las tiendas instaladas en esta zona a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En los años 50, en el nº 73, donde hoy esta Samoa Outlet y anteriormente Grabonorte, estuvo la mercería de las hermanas Fernández y Pescados Caridad y a continuación la carnicería de Félix Senosiain. Y donde estuvo la pajarería Arga y hoy Yoigo la carnicería Garralda y la zapatería de Saturnino Bañales. Sigamos: Posteriormente, ya casi finalizando la calle, estaba la taberna de Candido Francia, que en los años 30 se convierte en una casa de comidas de mano de sus herederos y la alpargatería de Julian Eguaras; en los años 50 donde hoy está la administración de lotería, José Luis Etayo tenía una tienda de género de punto con máquina para coger puntos a las medias y terminando la calle aparecía la tienda de tocinos y embutidos de Aniceto Beloso, que en los años 20 se convertiría en una tienda de ultramarinos, inicialmente a primeros de siglo también vendía cereales y aceite al por mayor. En los años 30 el negocio pasaría a su hijo Luis. En la foto que encabeza la entrada de Julio Cia, datada en 1933,   podemos contemplar una bonita estampa del cruce entre las calles Mayor y San Francisco, con el  comercio de Beloso en primera línea. Muchos años después y durante mucho tiempo en esa misma esquina estuvo la cafetería Delicias. La foto postal de la izquierda, algo más antigua, nos muestra esa misma zona, pero tomada a pie de calle, con unas “paisanas” mirando claramente hacia el objetivo  del profesional de la fotografía.

Regresamos al cruce con Eslava y recorremos, en esta ocasión, la calle pero por su lado derecho, por los pares. No lo he podido confirmar pero en los años 30 la confitería y pastelería de Ubaldo Ataun figuraba en algunas guías publicitarias en el nº 60 y la fábrica de chocolate en el 64 de la calle. Tengo serias dudas de que así sea porque en ese mismo número aparecía en esa mismas fechas, los años 30,  una taberna de un tal Hijo de Eraso que creo podría corresponder al actual Bar García.  En los años 50 en un piso de esta zona  tenía su estudio el fotógrafo Juan Gómez y la tienda de material sanitario de Jeronimo Echeverría, probablemente donde años más tarde estaría la fontanería Eraso y Ripa.  Más adelante, en el nº 68,  estaba la carnicería de Casimiro Esain que en 1921 regentaba Antonio Zubeldia; junto a ella estaba la tienda de confección de Félix Tapiz del Castillo que también estuvo ubicada al otro lado de la calle, en el 49; luego  venía la tienda de tejidos de Sebastian Larreta, que años más tarde aparecería bajo la razón social de Hermanos Larreta y posteriormente de F. Larreta, la carpintería mecánica de Angel Zabalo y a continuación el bazar de los Hermanos Arraiza, que también vendían productos de perfumería y quincalla (hoy  en el lugar donde estuvieron un día  esos locales tenemos grandes bajeras ocupadas por las tiendas de antiguedades de Echarri). 

Seguidamente entre los números 78 y 82 estaba la panadería de Lazaro Taberna, aproximadamente donde hoy está el almacén de Almacenes Bidasoa, situado justo enfrente de ésta. Fue en el año 1905 cuando adquirió esos tres locales y los acondicionó como obrador y despacho de atención al público. Por aquel entonces no sólo  se dedicaba a la fabricación y venta de pan sino también a la producción de dulces, chocolates e incluso embutidos. Se anunciaba como Ultramarinos y Panadería. Lazaro Taberna, cuya imagen corporativa (que vemos en el siguiente párrafo) es antigua y muy conocida (un panadero con sus barras de pan debajo del brazo) había comenzado unos años antes, en 1897 cuando adquirió en traspaso una panadería de la calle Nueva. En 1946 fallecía Lázaro pasando la dirección de la empresa a sus hijos y produciéndose su progresiva expansión a diferentes barrios de la capital. En el siguiente párrafo se puede ver igualmente la imagen de un motocarro de reparto de Taberna de los años 50-60.  A continuación de Taberna hallábamos la imprenta de Ramón Bengaray. Anteriormente Ramón la había bierto en el nº 82 de la calle Nueva pero en 1928 la trasladó al 86 de esta calle. Como la mayoría de las imprentas también  encuadernaba y vendía objetos de escritorio. Significado hombre de izquierdas y  vinculado a la causa republicana, fue asesinado al poco de comenzar la guerra, en agosto de 1936. Tras la guerra se instalaría, allí, Gráficas Iruña que en los últimos años del pasado siglo conocimos solo como tienda de papelería y material de oficina, Grafos. Junto a la citada imprenta José Unanua vendía en los años 50, como ya he señalado, objetos de escritorio y artículos de librería. 

Posteriormente estaba la carbonería de Genaro Iraizoz, que además era herrador, negocio que continuaría posteriormente con herrería y cerrajería, en los años 50, Juan Blanco, una de las dos alpargaterías de Pascual Ostiz, -la otra estaba en el nº 99 de la calle-,  la tienda de tejidos Perez y Ederra, regentada, en los años 50,  por Anastasio Zalba (allí  estuvo, hace unos años, la tienda de ropa Muskaria y hoy el centro de actividades infantiles Hegan and Dream); el ebanista y tapicero Gabino Lezaun que luego ocuparía la mercería de las Hermanas Erviti y en los años 50 Maria Vidaurreta (nosotros lo conocimos como tienda de ropa de niños Andia), el colegio de los Hermanos Huarte, la tienda de coloniales, jamones y embutidos, Hijos de Urriza, (Josefa Urriza lo llevaría durante bastantes años),(luego sería Muebles Lacunza y hoy la tienda de instrumentos musicales Haizea), la mercería de Cristina Hernando que en los años 50 regentaba Jose María Duran Mestre, conocida como Mercería Duran y que hoy ocupa un “chino”, la droguería de sucesores de Martinez, donde luego estaría durante muchos años la Farmacia Martinez y hoy la Farmacia Planas, la barbería de Fermín Esain, etc. En esta zona hubo un poco de todo: tienda de venta de costales y jergas, carbonería y en los años 30 una tienda de coloniales con especial atención a las frutas y verduras, regentada por la familia Erro, primero por Nicolás y luego por Vicente, una floristería de Vicente Huici que tenía los viveros en la Rochapea. En los años 50, donde luego estaría la tienda de belenes y venta de mascotas Erla había una tienda de alimentación regentada por los hermanos Asurmendi.  

La actual mercería La Fama no siempre  fue mercería. A primeros de siglo y regentada por José María Diaz  era una tienda de chocolate, confitería y pastelería luego, en los años 40,  con Fermín Diaz se convertiría en mercería.   A continuación en los años 50, donde después estuvo la tienda de ropa de niño Akara, Mana y hoy Mirage había otra tienda de comestibles y tocinería, la de Florentino Zabalza, para acabar con las barberías de Pedro Ruiz y Vicente Gambra, en el nº 120 de la calle. La peluquería-barbería aun estaría en funcionamiento hasta bien entrados los años 50. En los últimos tiempos conocimos allí una pequeña tienda de alimentación y revistas, bajo el nombre de Gambra. En esta última ubicación había en 1908 una tienda donde se vendía papel y sobres y que derivaría años después en estanco. Lo regentaba Mari Cruz Ibarrola. Bueno y así acabamos el repaso a los comercios, (probablemente no estén todos pero si los más destacados), que un día estuvieron en la calle Mayor, calle que aun sigue manteniendo una enorme actividad comercial, con más de 70 establecimientos en activo. En próximas entradas iré repasando los comercios de otras calles principales: Estafeta, Zapatería, incluso de algunas otras igualmente importantes pero menos transitadas, pero habrá que tener un poco de paciencia. No es una labor fácil la de reconstruir la fisonomía e historia comercial de las calles del Viejo Pamplona.


Foto: La segunda foto de la entrada es de J.Cia (1933)

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Mayor (1905-1955). Primera parte

Regreso a la serie Comercios del Viejo Pamplona, adentrándonos, en esta ocasión, en una de las calles más importantes del Casco, la calle Mayor de Pamplona, principal eje del viejo burgo de san Cernin. A comienzos del siglo XX esta calle, la segunda más larga del Casco, tras la calle Nueva, con sus 345 metros, albergaba una miríada de pequeños establecimientos, algunos de los cuales adquirirían gran notoriedad en la vida de la ciudad, trasladándose décadas más tarde, por necesidades de expansión a otros puntos de Pamplona. Si actualmente existen en la calle entorno a 89 números a comienzos del siglo XX había nada menos que 120, lo que parece indicar que o bien había muchos portales y se han fusionado edificios en una sola comunidad de vecinos o los locales eran más pequeños que los actuales y se fusionaron para crear locales comercios más grandes o ambas cosas. Había incluso algún comercio dentro de los portales. El hecho es que difícilmente se pueden comparar las numeraciones antiguas, de la primera mitad del siglo y las actuales, porque no se corresponden. Sí se corresponden, en cambio, las de los establecimientos de los años 50 con las de ahora. Dado el elevadísimo número de establecimientos instalados, intentaré destacar aquellos que se mantuvieron durante más años. Si pudiésemos viajar en el tiempo a comienzos del siglo XX, nos encontraríamos con una calle Mayor bastante parecida a la fotografía de la derecha, de Jesús Martínez Gorriz, datada en los años 40, que encabeza la entrada y muy diferente a la actual, una calle en la que junto a la Estafeta y la Zapatería se concentraba buena parte del comercio de toda la ciudad. En esta calle bullían todo tipo de actividades comerciales y oficios, muchos  de los cuales ya cité en una entrada anterior sobre los oficios desaparecidos del viejo Pamplona: droguerías, tiendas de alimentación o coloniales, ferreterías, alpargaterías, cordelerías, guarnicionerías, barberías, bodegones y figones, tiendas de muebles, zapaterías, cesterías, carpinterías, tapicerías, carbonerías, carnicerías, pequeños talleres y fabricas:  de embutidos, chocolates, lejías, harinas, hierros, panaderías, pastelerías, vendedores y blanqueadores de cera, herrerías, hojalaterías, colegios, mercerías y paqueterías, molduras y marcos, papeles pintados, estancos, tiendas de tejidos y sastrerías, tintorerías, abacerías, boterías, broncistas, aparatos radioeléctricos,  pastas para sopa, garaje, antiguedades, imprentas, floristerías, fotógrafos, etc. Al recorrer esta calle surgen nombres y empresas como Sancena,  Lazaro Taberna, los hermanos  Bernardo y Venancio Villanueva que crearon las empresas de embutidos El Pamplonica y Kiliki respectivamente, Casa Azagra, Ciganda, Sagaseta, Droguería Varela, Almacenes Oyarzun, Larreta, Víctor Bregaña, Huici, Salanueva Hermanos, Graficas Iruña, La Industrial Ferretera, Foto Mena, Foto Gómez y otros muchos.
Dada la extensión de la entrada, la dividiré en dos partes, correspondiendo cada parte a cada una de las mitades de la calle. Si nos situásemos, de pronto, en el año 1908 cerca del pozo de San Cernin y mirásemos hacia San Lorenzo nos encontraríamos a la izquierda con los siguientes establecimientos. En primer lugar la tienda de tejidos de Bonifacio Ortega, -entonces Ortega y del Valle-, que aun continua abierta después de 116 años; la droguería y tienda de papeles pintados de Pedro Zabalegui,-hoy esta ahí la droguería de Pedro Pomares-; la mercería y paquetería de Miguel Aragues, que luego continuaría Manuel Lecumberri durante los años 20 y 30 al menos; la zapatería de Manuel García con calzado a la medida y la abacería de Mamerta Ibarrola que en los años 20 daría paso al establecimiento de Medina y Compañía, inicialmente con camisería y ropa blanca, si bien enseguida introduciría otros productos como guantes, perfumes y medias, como reza el anuncio adjunto, etc, y que hoy es la lencería Medina. Hasta no hace demasiado tiempo, -15 años o algo más-, ocupaba solo uno de los locales del portal nº 5, el último establecimiento que recuerdo abierto a su lado era la tienda de alimentación La Sevillana; en los años 50 estaba, junto a Medina, una zapatería de calzado fino, -así se les llamaba para diferenciarlo del calzado ordinario-, de María Luisa Urrutia, Viuda de Larreta.  A continuación venía la zapatería de José Llorente,  que vemos en la fotopostal de la derecha junto a este párrafo y que facilitó a este blog José Castells. El local fue reformado en 1924 por el célebre arquitecto Víctor Eusa y tras un corto período en que el negocio estuvo a nombre de Ramón Izco,  en los años 30, paso  de nuevo a la familia Llorente y más concretamente a manos de Paula. Luego venía la tienda de embutidos de Fermín Santesteban que luego cogería Tomás Villanueva, que posteriormente se trasladaría a otro local del segundo tramo de la calle, y que ocuparían en diversos momentos Bernardo y Venancio Villanueva que fundarían  la fabrica de Chorizos El Pamplonica y la de El Kiliki respectivamente, al final de la avenida de Zaragoza y en Burlada respectivamente; En los años 50 Venancio Villanueva aun mantenía esta tienda en la calle Mayor que en los 90 albergaría la tocinería Urdaniz.   Más adelante estaba la mercería y paquetería de Francisco Oyarzun que luego abriría tienda en el Ensanche, aunque que yo sepa, hasta bien entrados los años 50, al menos,  mantendría la tienda de la calle Mayor, bajo la razón social de Oyarzun y Compañía. En el nº 15 de la calle había, a comienzos de siglo una imprenta, una de las muchas que ha tenido sede en esta rua pamplonesa. Pertenecía a Patrocinio Ramírez de Esparza. Posteriormente el local sería ocupado por una tienda de tejidos, o como se decía entonces una sastrería con surtido de géneros, especializada además en vestimenta militar, Zoilo de la Torre, de la que también dejo una fotografía, junto a este párrafo. El negocio continuaría al menos que yo sepa hasta la guerra, bajo la dirección de sus hijos. Tras ésta José García Catalán abría  La Zapatillera, que  vendía alpargatas, si bien el negocio es, al parecer, bastante más antiguo superando en la actualidad  el siglo de antiguedad. En los años 50 su hermano Manuel tenía otra zapatería en el nº 7 de la calle. También en esa época en el nº 11 José Gil abría La Huerta Valenciana que vemos en una foto de los años 50 junto al siguiente párrafo, que me facilitó hace algún tiempo mi buena amiga Marcela Abarzuza.
Otra tienda de tejidos, la de Máximino Muñoz, había más adelante en los años 30, en el nº 17 (se inauguró el 11 de abril de 1924). A continuación una herrería, una tienda de muebles, de Sixto Fernández y una barbería (la de Eustasio Irujo), si bien en los años 20, en algunos de estos locales Elías Goñi montó una tienda de material eléctrico y Jose Armisén su celebre ferretería y en los años 30, Pedro Escudero abría también  en uno de estos locales un bazar en el que se vendían, entre otros productos, juguetes que hacían las delicias de los niños. Posteriormente y en los años 30, encontrábamos la tienda de confección de Pedro Monasterio y la de camisería fina de Antonio Mendizabal. En los años 20, aparecía en el nº 25 un garaje de Florentino Murillo. Pero volvamos a comienzos de siglo. En esa época y a continuación, en el nº 27  Mauricio Guibert  vendía artículos de electricidad, metales, vidrios, cocinas económicas, inodoros, etc. Posteriormente el local lo ocuparía la imprenta de Eduardo Albeniz que como la mayoría de las de aquella época era también papelería y librería, algunas incluso vendían objetos de escritorio y a partir de los años 30, Pascual Larumbe trasladaría su alpargatería desde el nº 44 a este lugar donde permaneció Casa Larumbe hasta su cierre hace unos algunos años. En realidad  Larumbe fabricaba y vendía alpargatas como hacía Ramón Unzu Got (Sucesor de Cia) en esta misma calle. Más adelante encontramos en los años 20 una mercería y paquetería que vendía también quincalla, osea bisutería, incluso más adelante vendió artículos de droguería, regentada por Daniel Zariquiegui,  padre del famoso arbitro de fútbol y directivo de Osasuna, abuelo del actual titular, antes de que la tienda se especializara, con Daniel, en material deportivo. A continuación hubo varios negocios  a lo largo del tiempo, una cestería en 1908 que posteriormente daría paso a la tienda de José Arrizabalaga (grabador, venta de armas, etc), la hojalatería de Gravalos, una tienda de velocípedos y accesorios y más tarde Confecciones Mendizabal. En los años 50 junto a Deportes Zariquiegui había una zapatería de género ordinario, de Joaquín Villanueva. Y cerca de la Zapatillera, en el 13, donde después estuvo las 3 BBB había una tienda de tejidos, de Justo Martinez y donde hoy esta Mei había otra tienda de tejidos, de Gregorio Olza.
En el 35 de la calle Mayor había en 1908 una tienda que construía baúles y vendía o alquilaba muebles usados, negocio que cogería en los años 20 Inocencio Prieto. A continuación, Modesto Elizondo vendía vino por decalitros y en los años 20 y 30 Inés Prieto y Antonio Vazquez regentaron consecutivamente sendos negocios de muebles y Federico Standfuss, “La Alemana”, una tienda de porcelana, loza y perfumería; José Sagues  que era carpintero ofrecía los servicios durante las primeras décadas del siglo, asimismo, de una agencia funeraria, está claro porque, aunque en los años 50 parece que montó allí una tienda de comestibles; una tienda de molduras y marcos y en los años 30 estuvo también   una tienda de productos eléctricos de los Hermanos Salanueva, y la ferretería de Enrique Sanz que con el cambio de numeración pasaría en los años 50 a ser del 45 al 35. Tras ella la hojalatería de Ramón Laforgue que estaba años atrás en el 53,  43, y pasó luego al 47. Pero volvamos un poquito  hacia atrás; en los años 50  en los bajos del antiguo Centro Mariano estaban Muebles Apesteguía  y una tienda de porcelana, loza y cristal de Pilar Carnicer. Tras la ferretería de Sanz, en los años 40 Petra Garcia Undiano abría donde antes estaba la tienda de saldos El 0,95 (el anuncio pertenece a otra ubicación anterior diferente en la misma calle) y anteriormente la hojalatería de Laforgue. A continuación venían la  tienda de alimentación que en los años 20 regentaba Nicasio Echauri y que en los 50 cogería Demetrio Arbeloa, donde hoy está Joyería Berna,  y que anteriormente a primeros de siglo albergó una tienda de alpargatas, costales y jergas, a continuación la mercería de Sucesores de Arocena yla tienda de antiguedades de Ignacio Eusa,   la abacería de Manuel Zabalza (que en 1954, -año de la primera foto de la entrada-,  regentaba Luis Ruiz y cuya apariencia permanece hoy  exactamente igual que hace 62 años) y por último y para acabar este lado de la calle la tienda de venta de vino por decalitros de Miguel Anocibar en 1908, que fue imprenta de Argaiz en los años 20 y una tienda de tejidos, Olaso y Pérez en los 30. En los 50 había, sin embargo una zapatería, la de Benito Ruiz.
Regresamos al pozo de San Cernin  y recorremos, esta vez, el lado derecho de la calle, los números pares. En el edificio del actual palacio del Condestable que en los últimos tiempos concentró grandes comercios (Almacenes Pamplona, Almacenes Aldapa, Muebles Elosegui) estaban asentados entonces, a primeros de siglo muchos más comercios. El primer local, en 1908, en este lado de la calle era la fabrica de chocolate y de pailas para velas de cera  de Viuda de Etulain, luego Lucas Zabalza, en el lugar que posteriormente en los años 20 ocuparía la tienda Tejidos Gorriz, de Pio Gorriz, pues antes estuvo en el nº 12; también en este lugar se asentaba la carnicería de Teofilo Leranoz y a continuación podíamos encontrar la tienda de calzado a la medida Campos y Elorz que algunos años después en 1920 ocuparía la carnicería de Juan Sagues y tras la guerra la tienda de comestibles de Ulpiano Aldaz. La tienda de Aldaz estuvo inicialmente en el nº 12 de la calle y posteriormente pasó a este emplazamiento. También en este primer edificio de la calle tras la guerra podía verse la mercería de Juan Antonio Cabasés que en los años 60 y 70 conoceríamos como Almacenes Aldapa.

Volvamos a 1908. En el nº 4 estaba la mercería de las hermanas Hernández  y tras la guerra la fabrica y tienda de Muebles Elosegui. Su propietaria era Esperanza de Miguel, Viuda de Elosegui. En las primeras décadas del siglo XX, en los números 6 y 8 estaban las ferreterías de Remigia Alzate y Joaquín Iturria así como el estanco de Ramón Gil, donde antes estuviese Manuel Lebrón; más adelante la carnicería de Corpus Arbizu, donde en en los años 30 estaba la zapatería Casa Briñol; la tienda de vinos de Patricio Taberna, y como he dicho la tienda de los hermanos Gorriz, luego de Pio Gorriz; el ebanista y tapicero Francisco Josué, luego Hijos de Josué que también vendían los muebles que fabricaba. A continuación la droguería Ardanaz, de Don Fructuoso Ardanaz que luego regentarían los hermanos Ardanaz y especialmente durante buena parte del siglo XX, Nicolás Ardanaz, el celebre fotógrafo. Como buena droguería, de las de antes, vendían de casi todo: todo tipo de productos químicos, abonos, pinturas, hasta cristales y como fotógrafo, incluso también aparatos fotográficos. No es el primer caso de droguero metido a fotógrafo o viceversa. Junto a la Droguería Ardanaz estaba la tienda de papeles pintados y pinturas, Hijos de Lipuzcoa que se mantuvo en el lugar, al menos hasta 1936. 

Luego venía la tienda de Ramón Unzu Got, Sucesores de Ramón Cia, bueno eso en los años 20, porque a principios de siglo los Herederos de Ramón Cia estaban en el nº 28 de la calle, no en el 20 (en el 6 con la nueva numeración en los años 50). Inicialmente la tienda era zapatería, alpargatería, cordelería, guarnicionería, vendía loza y vajilla ordinaria. Sus sucesores continuaron con los mismos productos aunque era más apropiadamente un bazar. En el 26 encontramos en los años 20 la ebanistería, sillería y tapicería de Mariano Gastón. A continuación la tienda de aparatos radioeléctricos de Víctor Bregaña (radiotelefonía, electrónica de automoviles, neveras industriales y objetos eléctricos en general)  que en los años 50 ocupaba el nº 8. Junto a él en los años 50 estaba la Industrial Ferretera. Desde los años 40 aquí estaba la librería de Antonio Leoz y a continuación la Tintorería Paris de Marcelo Deslandes. En esta zona estaba también la prestigiosa Casa Azagra, de Pedro Azagra que también tenía otro establecimiento en Zapatería, 26. (En el local que tenía en la calle Mayor hubo antes una tienda de guantes y pieles, la de Luis Leache). Aparecía como ultramarinos al detalle, aunque también vendía embutido fabricados por ellos. Conoció en la calle Mayor diferentes ubicaciones, primero en el 34, luego en el 30 y posteriormente en los años 50 en el nº 21, donde hoy en día está Clase Moda. Junto a Casa Azagra estaba la tienda de pastas para sopa de Isabel Legarrea, la zapatería de José María Aizcorbe y la tienda de frutas y verduras de Valentin Val. En los años 50 encontrabamos en este tramo la mercería Ferran que cogía también puntos a las medias. A continuación estaba la fundición de hierro y acero de Martín Sancena, (cuñado de Salvador Pinaquy), uno de los fundadores de la empresa) que fabricaba también material agrícola,  junto a su ferretería al por menor, ubicada en la calle Mayor desde 1890. En 1936 trasladaría parte de sus instalaciones a La Rochapea, concretamente los talleres de fundición, permaneciendo los talleres mecánicos y las oficinas en esta calle. Esta empresa era heredera de la sociedad Salvador Pinaquy y Compañía, fundada en 1850, que comenzó siendo un negocio de ferrería, fundición y construcción de máquinas, sobre todo agrícolas, afincada inicialmente en el Molino de Caparroso para irse dedicando,  a partir de 1924 a la fabricación de elementos de mobiliario urbano y saneamiento. En este tramo de calle hubo antes y después otras actividades: la hojalatería de Fermín Tellería, la tintorería de Ramon Coyné que luego regentaría Pedro Arques. Y sobre todo donde estaba Sancena hasta 1968, (fecha en la que se traslada por completo a la Rocha), se instaló poco después Muebles Apesteguía.

En el nº 46 estaba la fábrica y tienda de chocolate de Pedro Nagore, luego Hijos de Nagore confitería-pastelería, que como la mayoría de  las chocolaterías vendían además pailas para velas de cera y blanqueaban la cera. En los años 50 regentaba la chocolatería Fermina Sainz Aranguren.  A continuación primero Juan  y luego Agustín Sagaseta se dedicaban a  fabricar y vender muebles de lujo: Inicialmente eran ebanistas y tapiceros. El negocio se fundó en 1841. Hoy en ese local está Samoa Sport. Posteriormente, donde hoy está  el Taberna de la Calle Mayor estaba la Droguería de los hermanos Niceto y Juan Varela, fundada en 1898, que años más tarde abrirían tiendas en la avenida de San Ignacio y Franco (hoy de la Baja Navarra). Para hacernos una idea del cambio en la numeración de los locales y portales baste con señalar que el nº 50 de primeros de siglo era el nº 24 en los años 50. Tras esta estaba la carpintería Herederos de Roch que luego se convierte en la tornería de Benito Sanz y más tarde en una tienda de venta de bobinas, motores y dinamos (Andres Garijo) con tienda también en el nº 14 de Carlos III; En los años 50 tras la droguería Varela estaba la tienda de venta de aparatos de radio Jaime Thomas Naudin, el padre de Gonzalo, último propietario del negocio electrodomésticos Thomas hasta su reciente jubilación. En su último local, de más de 300 m2 estuvo desde primeros de siglo la tienda de muebles de Ramona Urzaiz de Ocon, (Muebles Ocon) primero empezó vendiendo camas de hierro  y luego todo tipo de muebles asi como la peluquería de Teodoro Esain, donde antes estuviese  la barbería de Trifón Arteaga y la zapatería de José Jorajuría. A continuación venía la tienda de tocinos y embutidos de  hijos de Estebán Arnedo que en los años 30 será Coloniales Giganda, de Andrés Ciganda, ( hoy Tejidos Anma) y  para acabar este primer tramo de la calle nos topábamos con una pequeña de tienda que vendía aceite, vinagre y jamón y años más tarde sería una pescadería y por último la tienda de chocolates de Ubaldo Ataun, todavía abierta y de la que nuestro alcalde, hace cuatro meses, escribía una larga reseña histórica, un negocio que hunde sus raíces en torno al año 1885, aunque los primeros datos documentales sobre su existencia son de 1898.

Fotos: J. Cia (1954). AMP. Jesús Martínez Gorriz (1945). AMP

Periódicos y publicaciones del Viejo Pamplona (1875-1950)

Hace año y medio hablaba de las publicaciones que podían encontrarse en Pamplona en las últimas décadas del franquismo y durante la transición, esto es desde los años 60 hasta los años 80 del siglo XX. En esta entrada haré un repaso, no exhaustivo,  de las publicaciones que podían leer los pamploneses de la primera mitad del siglo XX, con referencia, incluso, a algunas del XIX, entrada que completaré, con una  posterior sobre la política en Pamplona en el primer tercio del siglo XX y es que inevitablemente prensa y política estaban intimamente relacionadas en una ciudad en el que tenían voz y en ocasiones representación todo tipo de tendencias: liberal conservadores, liberal demócratas, republicanos, socialistas, nacionalistas, carlistas e integristas. Si, así eran las cosas en el viejo Pamplona. En aquellos tiempos de primeros del siglo, los periódicos costaban unos cinco céntimos y no tenían demasiadas páginas, no mucho más de 4, de media. En 1908, había en Pamplona nada menos que cinco periódicos, que citaré por orden cronológico:  El Eco de Navarra, publicación de inspiración liberal conservadora,  aunque no estaba vinculado a ningún grupo político concreto, que se autocalificaba como independiente, (inicialmente se definía en la mancheta como periódico liberal y defensor de los intereses de Navarra) y era moderadamente fuerista y anticarlista. Nació en noviembre de 1875 de la mano de Nicanor Espoz, que fue también su director,  y hasta el 5 de enero de 1876 se llamó El Eco de Pamplona. En abril de 1877 se convirtió  en diario, siendo el periódico más importante de la capital de finales del siglo XIX, con una tirada cercana a los 3.000 ejemplares. En 1895 Espoz cedía la propiedad  a Julián Felipe hombre de tendencia más liberal. Al periódico se le atacó por una supuesta falta de beligerancia ante la aparición de algunos movimientos obreros y sociales emergentes, lo que propició la aparición de otro periódico conservador (maurista),  el Diario de Navarra, con más medios económicos y técnicos. Ambos periódicos se disputaban el mismo espacio social y político y ganó el más fuerte. El Eco de Navarra desaparecería en 1913, ante el empuje del Diario de Navarra. En sus últimos años y tras José Lambert y Emiliano Los Arcos estuvo  dirigido por Julián Elizondo y entre sus redactores estaba  Raimundo García, el conocido Garcilaso, director del Diario durante 50 años, entre 1912 y 1962. Tenía sus oficinas (redacción, administración e imprenta en el nº 36 de Paseo de Sarasate, con entrada también por el 25 de San Gregorio. 
En segundo lugar, cronológicamente aparece La Tradición Navarra, periódico carlista nacido en 1893, pero de tendencia integrista, (se autocalificaba como “diario católico político”) dirigido entonces  por Aquilino Garcia Dean, (del que hemos tomado prestada  alguna foto antigua suya en este blog), y luego por Hilario Olazarán  con oficinas en el nº 33 de la calle Estafeta, en los años 20. No tuvo gran difusión, no mucho más de los 1.000 ejemplares. Responsable de la publicación fue durante toda su existencia la Junta Regional del partido integrista de Navarra. Fue abierto defensor de la dictadura de Primo de Rivera. Sobrevivió hasta 1932 cuando fue cerrado tras el intento de golpe de estado del general Sanjurjo y se reunificaron los grupos tradicionalistas. En tercer lugar, nos encontramos con El Pensamiento Navarro fundado en octubre de 1897, también carlista, entonces se llamaban jaimistas,  que desapareció a finales del siglo XX (1981), dirigido en sus primeros 20 años de vida por Eustaquio Echave Sustaeta (1897-1917), más tarde por Jesús Etayo,  Miguel Esparza, Francisco Marquinez y Francisco  López Sanz (1933-1966); se imprimió en la imprenta Viuda de Idoate y luego en La Acción Social y Lizaso Hermanos (Jose Alonso, 2), en 1922 se trasladaría al nº 2-4 de Jarauta, luego en Casa Foronda (plaza de la Constitución 2 y Estafeta, 30), para terminar su andadura en los números 18-20 de calle Leyre (desde 1938); Tiene sus antecedentes en las publicaciones La Lealtad Navarra (1888-97) y El Tradicionalista (1886-1893), este fue más bien precedente de La Tradición Navarra. Como ya señalé en la entrada dedicada a la prensa durante el franquismo, la fundación del Pensamiento se hizo por medio de acciones de 25 pesetas y con un capital inicial de 13.000 pesetas, pasando a ser propiedad de la Junta Regional Carlista en 1910, hasta que en 1933 se trasvasó la propiedad a una sociedad mercantil la Editorial Tradicionalista S.L, que se convirtió en 1938 en Editorial Navarra S.A, consiguiendo eludir el decreto de unificación (de los medios de comunicación) promulgado por Franco. Entre los accionistas y consejeros de la empresa estaban el Conde de Rodezno que poseía un tercio de las acciones, Joaquín e Ignacio Baleztena, Blas Morte y otros como Induráin, Martinicorena, Barbarin, Martínez Berasáin, Mata, Beunza, Errea, Pérez Tafalla y Laborra. En 1936 tiraba 2.000 ejemplares. Entre las plumas del periódico figuraban Santhi de Andia, Barber, Pedro Martín, Larrambebere, Miguel Angel Astiz y los fotógrafos Zubieta y Mena. 
En cuarto lugar estaba el mencionado Diario de Navarra, con dos ediciones diarias, que ya casi desde sus inicios tenía conferencias telefónicas diarias a 5 ciudades para recabar información y que se convirtió enseguida en el de mayor circulación de la provincia. En su redacción estaban Candido Testaut, Mario Ozcoidi o Galo Maria Mangado, entre otros). Recupero lo que decía en la entrada de la prensa durante el franquismo: El “Diario de Navarra” salió a la calle el 25 de febrero de 1903 impulsado por un grupo de 56 personas, muchos de ellos relevantes empresarios y personas destacadas como Silvestre Goicoechea Atáun, Mauro Ibáñez Arlegui, Fermín Iñarra Echenique, Cecilio Azcárate Lana, Pedro Irurzun Arregui, Pedro Arraiza Baleztena, Serapio Huici Lazcano, Daniel Ciga Mayo, Francisco Galbete, Fidel y Zacarías Astiz, Jose Glaria, Francisco Iraizoz, Félix Amorena, Manuel Ubillos, Daniel Irujo Armendariz, Fermin Goñi Eseverri, (algunos de ellos tenían que ver con la sociedad obrera mixta catolica La conciliación y otros formarían parte de candidaturas politicas conservadoras) y familias notables de la comunidad como los Arraiza Baleztena, Garjon Marco, Irurzun Arregui, Maldonado Sagues, Jaurrieta Jimenez, Uranga Esnaola, Sagues Muguiro y un largo etcetera, siendo los siete primeros los que inscribieron, el 3 de enero, en el registro, la sociedad La Información S.A. De ellos surgió también el primer consejo de administración (lo componían Goicoechea, Iñarra, Jose Irurzun, Virgilio Sagues y Serapio Huici).

La primera sede del periódico estuvo en el nº 40 de la calle Zapatería, (donde hoy se encuentran unas oficinas municipales) y los talleres en el nº 41 de la calle Nueva. Fue su primer director Vicente Berazaluce. El primer ejemplar tuvo cuatro páginas y se tiraron 2.000 ejemplares, incrementando progreivamente su tirada. Su orientación política era  liberal conservadora, por diferenciarla de la ultraconservadora de “El Pensamiento” y ya desde sus orígenes queda clara en su línea editorial que le ha caracterizado a lo largo de su historia. En sus inicios tuvo algunos roces con el obispo que provocaron el cese de su primer director, Berezaluce, incluso del segundo. En efecto, tras Berazaluce dirigió el periódico Eustaquio Echauri, Fradue, antiguo sacerdote, que tuvo que abandonar la dirección tras ser condenado a destierro, asumiendo la dirección Mariano Ozcoidi que también se vió envuelto en otro proceso judicial. A Ozcoidi le sustituyó Raimundo Garcia, más conocido como Garcilaso, que dirigió el periódico durante 50 años, hasta 1962. Con Garcilaso el periódico mantendrá una postura de oposición frontal al nacionalismo vasco, especialmente patente en la oposición al estatuto de Estella de 1932.  Garcilaso tuvo, además,  una intervención importante en la preparación del golpe militar de 1936 pues en mayo de ese año intervino, como mediador, entre los carlistas navarros y Mola en la trama navarra del golpe, manteniendo, asimismo, reuniones conspiratorias con el general Sanjurjo. En 1921, el periódico unificó sus instalaciones en Zapatería, 49, donde permanece actualmente su razón social, si bien trasladó sus talleres a Cordovilla en 1966. 

Y en quinto lugar El Demócrata Navarro, “diario de la mañana”, liberal demócrata, fundado en diciembre 1904,  por el recién constituido Partido Liberal Democrático, en el que se agrupaban los seguidores de Montero Ríos y Canalejas dirigido por Esteban Frauca y con Francisco Javier Arvizu en la redacción. Fue un periódico de partido. Tuvo una tirada corta: no llegaba ni a los 1000 ejemplares. Desaparecería en 1913. 


Junto con estos diarios estaban el semanario ilustrado católico La Avalancha (1895), dirigido también por Aquilino Garcia Dean, el semanario carlista “El cozcor” (semanario de rompe y rasga, asi se subtitulaba), el semanario jaimista “Radica” (de las juventudes carlistas, con sede en Jose Alonso, 2) y el semanario republicano  El Porvenir Navarro (1898) cuyo director era el ínclito republicano Basilio Lacort que acabo siendo excomulgado por las autoridades eclesiásticas, concretamente el 28 de noviembre de 1900 fue excomulgado por el obispo López Mendoza, Lacort y todos los que cooperasen con el medio: suscriptores, compradores y lectores; posteriormente el caso se fue amplificando y hubo una interpelación parlamentaria al gobierno en el Congreso por la actuación del gobernador civil de la provincia que decretó sus suspensión temporal. Tenía su sede en el nº 72 de la calle Mártires de Cirauqui (actual San Antón), domicilio de D. Basilio. (En una entrada del blog aparece una foto de los años 20 de una procesión haciendo el recorrido del tramo donde vía Lacort en coche). En 1908 tiraba 3.000 ejemplares. Lacort editó otro semanario “La nueva Navarra” que también fue condenada por el obispo.  
En 1916 se fundó otro diario de tendencia liberal monárquico y demócrata El Pueblo Navarro, dirigido por el mencionado Francisco Javier Arvizu y Aguado, antiguo director del Demócrata Navarro. Fue el más importante diario de esa tendencia del siglo XX y un abierto opositor de la dictadura de Primo de Rivera. Mantuvo una actitud menos cerrada ante el nacionalismo vasco que su predecesor, de hecho en 1919 hubo un intento de los nacionalistas por utilizarlo como plataforma de sus ideas. Nació gracias al impulso económico de un grupo liberal de Pamplona formado por el Conde del Vado, Joaquín María Gastón y Joaquín Iñarra, entre otros. Cuando nació tenía su sede en el nº 4 de la  calle Héroes de Estella (actual Chapitela). A partir de mayo de 1917 se hizo con talleres propios, teniendo que cambiar de domicilio, que fue hasta su desaparición el de Curia 17 y 19. Entre los periodistas de la redacción estaban Luis y Marcos Aizpun y Mariano Saez, antes de que este último se pasase a La Voz de Navarra y su administrador Guillermos Frías. Hasta la aparición de La Voz fue el 2º periódico más importante con unos 4.000 ejemplares de difusión. Desapareció con el advenimiento de la 2ª República el 15 de abril de 1931. 

Respecto a las publicaciones de orientación obrera estaban El Obrero Navarro (1901,  La Unión Productora (1903), órgano de la recién creada por entonces Federación Obrera de Pamplona que enseguida tuvo un contrincante en La Conciliación, de orientación católica (también de 1903). En 1912 salió La Verdad, en 1916 El Obrero Sindicalista, semanario del centro de sindicatos obreros católicos libres (mayor, 88), y Vida Ferroviaria ya en la república Trabajadores (1931) que desapareció con la guerra. El nacionalismo vasco, por su parte editó desde 1911, el semanario Napartarra  y desde marzo de  1923 el diario La Voz de Navarra. Este periódico que se definía como independiente tenía orientación nacionalista (ocupó un espacio político cercano al PNV) y estaba radicado en el nº 50 de la calle Zapatería. Nació como iniciativa de la Comunión Nacionalista Vasca entre los que se encontraban Manuel y Estanislao de Aranzadi, Javier y Joaquín San Julián,  Manuel Zarranz, Manuel de Irujo y Ollo o Serapio Esparza. Fue su primer director Eladio Esparza que poco tiempo después pasaría al Diario y entre sus redactores estaba Ángel Saiz Calderón o Joaquín Reta; posteriormente a Esparza le seguirían en la dirección José Lecaroz, Jesús Etayo, Jesús Aranzadi Alberto Lorenzo, Miguel Esparza y José Aguerre. Estaba respaldado por tres sociedades anónimas diferentes, la propietaria del edificio, Jaurquizar S.A, creada en 1912 para ubicar en Zapatería 50 el Centro Vasco; pero sobre todo Tipográfica Navarra S.A propietaria de los talleres y La Publicidad S.A editora del periódico. Contaba con delegaciones en Madrid y Barcelona y corresponsales en el extranjero además de corresponsales en pueblos. Dedicó especial atención al euskera. Fue objeto de diferentes multas y suspensiones durante la dictadura de Primo de Rivera. Se convirtió en los años 20 y hasta la guerra civil en el segundo periódico de la ciudad con una tirada de 5.500 ejemplares, en abierta confrontación con Diario de Navarra. Fue clausurado con el golpe militar del 18 de julio de 1936 e incautado por los falangistas. Durante la república se edito un semanario nacionalista más combativo llamado Amayur (1931). 


No podemos, no obstante hablar de este periódico nacionalista sin haber repasado antes tres publicaciones fueristas que pueden considerarse, en cierto sentido precursoras del napartarrismo y el nacionalismo vasco en Navarra:  reclamaban la reintegración foral plena y una especie de confederación  política de Navarra y las Vascongadas. El Arga fue la primera publicación fuerista. Nació en 1879 vinculada a la Asociación Euskara y a finales de 1880 se convirtió en diario pero en 1881 desaparecía. Su espíritu lo recogió Lauburu, nacida en 1882, dirigida por Arturo Campión, con fuerte contenido religioso que buscaba la creación de un partido catolico fuerista vasco navarro. La reorganización del bando carlista aceleró su desaparición en septiembre de 1886. Sin embargo en 1894 nace El Aralar, fundado por Campión, antiliberal y anticarlista, fuerista en lo político e integrista en lo religioso. Colaboraron en él personajes como Iturralde y Suit, Herminio de Oloriz, Florencio Ansoleaga o Julio Altadill. Se tiraba en la imprenta de Erice y Garcia, en el nº 31  de la calle Estafeta. Cerró en agosto de 1897.

Los republicanos editaron el periódico diario La Democracia (1932) que no llegó ni al año de vida (duró del 6 de marzo al 1 de octubre de 1932) y que tiene su precedente en el semanario republicano “La Democracia” (1887). Estaba promovido por el Partido Republicano Autónomo Navarro que en 1934 se integraría en Izquierda Republicana (azañista). El diario alcanzo los 1.000 ejemplares en su segundo mes pero no fue suficiente. Su director fue Alberto Lorenzo, asesinado en Obanos durante la guerra. Se publicaba en el nº 86 de la calle Mayor (imprenta de Ramón Bengaray, luego Gráficas Iruña). En 1935 editarían el semanario Abril.

Completaban en aquellos primeros años, hasta 1924, el panorama editorial del Viejo Pamplona otras publicaciones sectoriales o especializadas como el semanario jurídico y de administración, El Secretariado Navarro (1899), con sede en la plaza del Castillo, junto al Pasadizo de la Jacoba (yo recuerdo haber visto una tienda con ese mismo nombre en ese lugar, tal y como puede comprobarse en la publicidad adjunta), la revista semanal católico-agrícola-social La Acción Social Navarra, órgano de la Federación de Cajas Rurales Católicas (que como el Pensamiento tenía su sede en José Alonso, 2) (1910), entre las deportivas el semanario  “Los Deportes”, dirigido por D. Joaquín Ilundain y posteriormente “Navarra Deportiva” (1923);  entre las educativas,  El Magisterio Navarro, revista pedagógico-administrativa de la Asociación Provincial de Maestros (fundado en 1898 según unas fuentes, 1879 según otras) con sede en las escuelas de San Francisco, salía cada 10 días, y duró hasta bien avanzado el siglo XX;  “La Parroquia y la escuela”, publicación quincenal, órgano de la parroquia de San Lorenzo y de las Escuelas del Ave María (1921), dirigido por Marcelo Celayeta,  o  el boletín de las antiguas alumnas de la Normal de Navarra (1922); entre las agrícolas,  El Viticultor Navarro, órgano mensual de la asociación de viticultores navarros (1912), entre las profesionales, la Revista Navarra de Medicina, Cirugía y Farmacia (1912), publicación mensual, órgano del Colegio de Médicos  que contaba con 60 páginas por número, El auxiliar de Farmacia (1904) y la Revista Navarra de medicina y cirugía, El Practicante Navarro (1919), órgano mensual  del colegio del ramo y su continuador El auxiliar médico del norte (1931), (también editaban boletines u otras publicaciones otros colectivos profesionals como  los notarios, los veterinarios,  y los abogados, etc).  

Entre las culturales, estaban el Boletín de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra que dirigía D. Julio Altadill (1895-1935), que era trimestral o la revista Cultura Navarra (1932-1936), órgano del Consejo de Cultura de Navarra  y que fue ofrecido como vehículo de comunicación y difusión al primer ateneo navarro; entre las económicas estaban el boletín de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana, la Revista Mercantil del Crédito Navarro (1864)  y el Boletín de la Cámara Oficial del Comercio y de la Industria de Navarra (1899);  entre las oficiales, el Boletín Oficial de la Provincia de Navarra y entre las religiosas,  el boletín eclesiástico del Obispado (1861), las revistas de los capuchinos “Zeruko Argia” y “Verdad y Caridad” (1924), así como  “La Unión Apostólica”  y “El Mensajero Eucarístico” (1920) editados inicialmente por el presbítero Cipriano Olaso y ambos mensuales, si bien después el segundo lo editó la Adoración Nocturna,  “La obra máxima de las misiones carmelitanas” y “El Carmen” (1931) de los padres carmelitas, “El terciario franciscano”, “Los anales de la franciscanas misioneras de María” (bimestral) (1902) y su suplemento infantil “El correo misionero de los niños” (1920), la mensual “La institución salesiana de Navarra” (1929), el mensual “Javier” editado por el secretariado diocesano de Misiones (1928) etc. Hubo otras publicaciones de diversa naturaleza como Transportes (1933) o la revista Micrófono (1934). 

Al comenzar la guerra civil, la Falange incautó la rotativa de La Voz de Navarra y el 1 de agosto publicaba en sus talleres el periódico Arriba España. Aprovechando el carácter de retaguardia de Navarra para los alzados, el diario se publicó durante la guerra desde Pamplona para todo el territorio nacional. Con la guerra civil los diarios de Pamplona se vieron reducidos  a tres: Diario de Navarra, El Pensamiento Navarro y Arriba España, a los que habría que sumar la Hoja Oficial del Lunes editada por la Asociación de la Prensa desde el 7 de diciembre de 1936, panorama que se mantendría sin cambios hasta los años 60, época en que la Gaceta del Norte comienza a publicar unas paginas especiales de Navarra.

Por otra parte y respecto a otro tipo de publicaciones, en los años 40 nacen dos publicaciones gráficas: la revista trimestral Pregón (1943-1979) que trataba temas de arte, literatura y costumbres de Navarra y la revista mensual  Arga (1944-48) con contenidos similares a la anterior. Desde la Diputación Foral se impulsó la revista Principe de Viana dependiente de la institución que lleva su nombre (1940), y que puede considerarse, en cierto modo, continuadora del mencionado, anteriormente, Boletín de la Comisión de Monumentos.  

Por no repetir publicaciones ya mencionadas solo citaré las que aparecieron tras la guerra.  la revista mensual “Hogar” editada por la Confederación Nacional de Padres de familia (1944), la revista quincenal “El eco filatélico (1944), de difusión nacional, las publicaciones jurídicas mensuales y cuatrimestrales editadas por Estanislao de Aranzadi “Repertorio Cronológico de Jurisprudencia” e “Índice Progresivo de Jurisprudencia”, la “Revista vasco-navarra de seguros” (1945), órgano de la sociedad de Seguros Vasco Navarra, El Boletín   de Educación, boletín mensual  editado por la Junta Superior de Educación de Navarra (1950); Entre las publicaciones religiosas citaré las siguientes: el mensual de los dominicos, “Cruzada Misionera”  (1944), la publicación de los hermanos capuchinos “San Antonio y los pobres” (1945),  “Oye” (1946) y “Vida”, órganos de de las juventudes masculina y femenina, respectivamente, de Acción Católica de Navarra, etc.