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Participa en el blog: Calle Santo Domingo (1963)

Me hace llegar Mikel Aoiz Iriarte este par de fotografías de la calle Santo Domingo en 1963. Tanto en la primera como en la segunda aparece la tienda de su padre Angel Aoiz (Ultramarinos Aoiz) que estaba en el nº 17 de la calle junto a la peluquería de Andrés Arbea. En la primera foto, nos dice Mikel, aparece además, él junto a su hermana, delante de la tienda de su padre. Gracias, en primer lugar, a Mikel  por las fotos, que vienen a engrosar, espero se anime más gente,  la sección “Participa en el blog” y como lo prometido es deuda, amigo Mikel, voy a hacer un breve resumen de lo que sucedía aquel año en nuestra ciudad y en el mundo y por supuesto lo que podíamos ver en tu querida, nuestra querida calle Santo Domingo. En 1963, año en que casualmente vine  a este mundo, Pamplona era regida todavía por Miguel Javier Urmeneta que había accedido al cargo cinco años antes. Con él y con Félix Huarte Pamplona y Navarra iniciaron el camino del desarrollismo económico, industrial y urbano que algunos empezamos a conocer en nuestra más tierna infancia. Fruto del desarrollo económico y del aumento en el nivel de vida de los navarros se incrementó el número de comercios hasta el punto de que para 1968 había más de 8.000 comercios en nuestra comunidad, de los cuales el 30% se radicaban en Pamplona, el mismo porcentaje que  de población representaba la capital respecto al resto de la Navarra. Y dentro de los comercios el sector que más creció durante esta década fue el de la alimentación. Empezarían a desaparecer, sin embargo, a lo largo de los años 60,  multitud de oficios artesanales, como ya comenté en otra entrada del blog: yugueros (curiosamente en esta calle encontramos en este año de 1963 todavía uno), cesteros, alfareros, caleros, carreros, cordeleros, cereros, y un largo etcétera.

En febrero de 1963 se habían iniciado las obras de ensanchamiento de la antigua carretera a Estella, que se llamaría luego avenida de Pio XII. El 3 de marzo se cerraba el Coliseo Olimpia. En su  lugar se construiría el nuevo edificio que albergó hasta hace poco a los multicines Carlos III. El 16 de abril se inauguraba el Hotel de los Tres Reyes, en los terrenos del Bosquecillo, y, a finales de ese año,  se comenzaba a construir el Hotel Maisonnave, que se acabaría en 1965. Este año comenzaba también  a urbanizarse el primer tramo de la avenida de Bayona. El  21 de mayo se aprobaba el proyecto de ordenación de la primera zona de Tercer Ensanche, área que se extendía  entre la zona de Abejeras y el margen izquierdo del Arga. Más de un millar de chicos navarros iban, en el comienzo de la década, para seminaristas. En el medianil de la antigua Casa Seminario se pintaba un mural turístico con los edificios más significativos de la ciudad. El 14 de mayo, se celebraba,  en San Sebastián, el día de las Provincias Hermanas  al que asistieron las primeras autoridades de la Comunidad y,  en septiembre,  se celebraba una fiesta de hermandad entre la Navarra peninsular y la Baja Navarra. El 3 de septiembre el viejo puente  de la Magdalena se quedaba como simple puente  ornamental  al pasar todo el tráfico por el nuevo puente de la Chantrea. Los alumnos de la Universidad de Navarra se trasladaban en octubre desde el Museo de Navarra y la Cámara de Comptos al nuevo Edificio Central,  todavía en obras. Se hablaba de la pronta construcción del pantano de Eugui. La televisión hacía apenas dos  años que se había empezado a ver en Pamplona, con la colocación de una antena en el Monte San Cristobal. Comenzaban a circular los primeros Seat 1500 que fueron seña distintiva de los taxis durante una larga época. Eran los tiempos en que muchas cosas empezaron a cambiar, sobre todo  en  la cultura, la música y la moda, de la mano de los jóvenes. Pero el régimen político estaba lejos de cambiar  a pesar del desarrollismo económico y de cierta aparente política de apertura hacia el exterior.  Este año era ejecutado  Julián Grimau, dirigente del Partido Comunista, por delito continuado de rebelión, “sarcástica definición”, 24 años después de acabada la guerra, y cuando los que se rebelaron contra eel poder legalmente constituido fueron ellos  y también fueron  ejecutados en el garrote vil los anarquistas Granado y Delgado, tras un atentado en la dirección general de Seguridad. Pero este es el año también en que mueren algunos grandes personajes como el Papa Juan XXIII o John F. Kennedy, este último víctima de un atentado  en Dallas. En 1963 se calculaba que Pamplona recibía durante los Sanfermines a unos 100.000 visitantes extranjeros.

A comienzo de los años 60, según señala el Censo Comercial e Industrial de Pamplona, había,  donde se ubicaría durante muchos el Bar Orbela, en los años 60 una frutería, la de José Luis Ibarrola. Comenzando por el edificio que había tras la antigua Casa Seminario, en el lugar donde hoy se encuentra la Carnicería Jorge Fernández, estaba, en 1963,  la zapatería de María Teresa Carasa, que yo conocí por lo menos hasta finales del pasado siglo, bajo el nombre de Calzados Carasa. En el lugar donde durante décadas estuvo Bazar Jimenez estaba el negocio de loza y porcelana de María Velaz. La familia tuvo un negocio similar décadas atrás algunos números más abajo, como veremos más adelante. A continuación venía la mencionada tienda de alimentación de Angel Aoiz, que vemos en las dos fotografías de su hijo Mikel. Antes de Angel Aoiz  y, a tenor de lo que dice el Anuario Comercial de aquellos años  regentó  la tienda Blanca Murillo Lorente. Tras la tienda de Angel Aoiz venía la famosa peluquería de caballeros y señoras de Andrés Arbea, donde luego estarían la tienda del Portu y el actual negocio de arreglos Descosidos. Luego, en el nº 21  venía la alpargatería  de Sebastián García. Reproduzco, con afán completista,  lo que decía en la entrada anterior de la calle Santo Domingo,  respecto del período 1908-1953.

“En el nº 23-25 donde hasta hace poco estaba la inmobiliaria Casco Viejo, y la agencia de viajes Libre Destino, desde primeros de siglo encontrábamos al ebanista y tapicero Esteban Osacar al que siguió durante los años 40 y 50 el también tapicero Sebastián Osta. Algunos años atrás, a comienzos de siglo, por allí estaban, también, la alpargatería de Valentín Erice que en los años 20 cogió Sebastian García (sic) y tras él, la barbería de Claudio García que, en los años 20, regentaba Emilio Caballero que continuó con el negocio en los años 30 e incluso pasados los 50 si bien, desde los años 30, en el nº 25. Luego estaba, en el nº 27, Vda de Martín Jauregui con un negocio de lana en rama y pieles del país sin curtir que, en los años 20, aparecerá como Herederos de Jauregui, y que continua en los años 40 bajo la razón social de Juan Casanave y Cia, con el mismo objeto social y a la que sigue, en esos mismos años, un negocio de loza y porcelana, otro más de cacharrería, dirigido, esta vez, por Martin Velaz”. También en el nº 27 figura, en 1963 la hojalatería de Juan León Ulibarri. Donde hoy se encuentra la Librería Abarzuza estaba desde los años 40   la tienda alimentación de Miguel Huarte Aldaz. A continuación, donde hoy se encuentra la tienda de disfraces y petardos Halloween,  estaba la tienda de venta de periódicos y revistas de María Los Arcos.  En 1908 encontramos en los números 33-35 una taberna regentada por Vicente Ardanaz,  precisamente donde hoy está Alimentación Gloría, si bien en los años 20 aquí, en este local,  se radicó   Calzados Gembero que permaneció  en este lugar  hasta la guerra, como bastero, antes de abrir la zapatería de la calle Eslava. En  el nº 37, en 1963, donde hoy se encuentra Informática San Fermín estaba la zapatería de Martin Esain. Como en otras muchas calles la numeración actual no se corresponde con la de entonces. En el 37 había otro negocio, la frutería de Parra y las Heras; en el 39, uno de los últimos constructores de yugos hechos a mano, José Arcelus y en el nº 41, ya la citaba como existente, al menos desde los años 40 en el anterior post, la frutería de Cecilio González. Ilustran esta entrada, además de las dos fotos cedidas por Mikel Aoiz (de 1963), otro par de fotografías de la época, la última de Juan Gómez para la Agencia Cifra (1969).

Oficios y tipos de comercios desaparecidos en el Nuevo Pamplona (2000-2015)

Esta entrada es continuación de otra que escribí hace casi tres años. En aquella hablaba de infinidad de oficios y tipos de comercios desaparecidos a lo largo de los primeros 60 años de siglo. Algunos de aquellos oficios y tipos de comercios eran desconocidos incluso para mi generación. En esta entrada hablaré de oficios y tipologías de comercios desaparecidos o casi desaparecidos y algunos otros que, con enorme heroicidad,  resisten el embate de los nuevos tiempos, las nuevas tecnologías y la competencia de los nuevos formatos comerciales periféricos que son la némesis de la ciudad viva y dinámica que conocimos y que el autor de este blog lucha por preservar día a día y no solo en la memoria. Sin comercios, la vida  urbana  se centrará tan solo  en la actividad hostelera, actividad fundamental y necesaria, complemento perfecto de la comercial,  pero insuficiente en un equilibrado mix pues ya sabemos lo que sucede cuando se rompe el equilibrio y queda solo la actividad hostelera en los centros de las ciudades. Comienzo el repaso. En las últimas décadas ha sido notoria la desaparición de los videoclubs que surgieron, a decenas, en nuestras ciudades entre los años 80 y  90. La apertura de videocajeros, que flexibilizaba el horario de entrega y recogida de aquellas cintas VHS y luego DVDs, -recuerdo que Video Club Cinema llegó a abrir media docena de puntos en la Comarca-, no fue suficiente para hacer frente al todo gratis de la piratería digital y a la cada vez mayor extensión y abaratamiento de las plataformas digitales. El Policarpo de la Avenida de Bayona fue seguramente uno de aquellos videoclubs míticos de los que creo que queda poco más o menos de  media docena de establecimientos en nuestra comunidad.

Casi antes o al mismo tiempo que cerraban los videoclubs en Pamplona lo hacían las tiendas de música. En el Casco Antiguo la última lo hizo en el año 2015, se llamaba Digital y estaba en la calle Estafeta, si bien sobreviven aún algunas tiendas de discos de vinilo como Dientes Largos en la calle Jarauta y Barracuda en la calle Nueva, además de la correspondiente sección de Elkar en la calle Comedias. Antes habían cerrado las dos tiendas del Supermercado del Casette de la calle Estafeta, -hubo recuerdo otra de la misma empresa en el nº 15 de la calle Mayor, Liverpool en Mercaderes y Frudisk en la calle San Miguel.  En su momento llegó a haber más de 40 tiendas de  música en la ciudad. Como a los videoclubs, las descargas por Internet les afectaron terriblemente. En 2006 ya solo sobrevivían una docena de tiendas de música contando las de los centros comerciales. Por el camino se fueron quedando junto a las citadas nombres como Chaston, Fonos,  Radio Far y un largo etcétera. Las librerías resisten,  todavía, con  increíble heroicidad, entusiasmo y buen hacer  esta incontenible avalancha digital. Han desaparecido, en los últimos años, grandes nombres: El Parnasillo, Librería Gómez, Auzolan aunque afortunadamente gente joven con ilusión, como las chicas de la librería Menades,  se han atrevido a abrir hace escasas fechas en el mismo local de Auzolan un  nuevo espacio para la lectura.  Otro tipo de comercio que ha ido desapareciendo ha sido la tienda de fotografía basada única y exclusivamente en el revelado. La aparición de la tecnología digital dejó sin negocio a quien se dedicaba a hacer tan solo una labor mecánica de revelado químico. Solo las pequeñas  tiendas de fotografía profesionales especializadas en el retrato,  la fotografía artística, industrial, publicitaria, etc, con estudio, medios y conocimientos han podido ir sobreviviendo hasta el momento.

Las imprentas tradicionales también han ido desapareciendo superadas por la impresión digital y los cambios en los hábitos y prácticas personales y empresariales. Pareciera que ya no se hicieran ni sobres, ni cartas, ni tarjetas de visita… La última crisis económica provocó una enorme criba de  las agencias inmobiliarias que, en los últimos años, parece que han empezado  nuevamente a resurgir, señal de que la actividad edificatoria e inmobiliaria comienza a moverse de nuevo. En estos mismos años de crisis proliferaron como setas las tiendas de Compro Oro que tan pronto como aparecieron desaparecieron, y es que no siempre era oro todo lo que relucía. Lo mismo puede decirse de las tiendas de cigarrillos electrónicos. Conocieron un boom hace un par de años pero hoy no pasan por su mejor momento. La irrupción de internet, la facilidad para contratar viaje y estancia han afectado a muchas agencias de viajes que se esfuerzan hoy en día por darle un valor añadido a su negocio. Han desaparecido también muchas tiendas de informática  independientes a causa de la enorme competencia de los centros comerciales e internet. Solo se mantienen las que ofrecen un adecuado servicio técnico. En tiempos, nuestras calles principales y plazas estaban sembradas de kioskos de prensa y chucherías. Hoy realmente  y repasando mentalmente los que había en la zona centro no sí si queda ya alguno.

En los años 70 comenzaron a cerrar los cines de los barrios. Hace un par de años cerraba, en un rosario de clausuras sucesivas, desde principios de siglo,  el último cine del centro de Pamplona, el Cine Carlos III. Quien quiera ver una película en pantalla grande no tiene más remedio que acudir a los Golem o a los centros comerciales. Hace años surgieron los cibercafés, cuando las conexiones de internet eran lentas y caras. En pocos años desaparecieron. De dicho rastro comercial solo queda el ciberlocutorio con un marcado carácter étnico y de comunicación allende los mares.  Quedan pocas tiendas de electrodomésticos, ninguna de gama blanca, en el Casco Antiguo, tras el cierre de Milar Estafeta y Electrodomésticos Thomas. Quien quiera comprarse un frigorífico si no lo encuentra en su barrio tendrá que comprarlo en uno de los grandes establecimientos de las afueras. Quedan pocos talleres de reparación de televisión y sonido y es que a menudo cuestan tan baratos algunos de estos productos que no sale a cuenta su arreglo. En el baul de los recuerdos quedan las imagenes de los vendedores de enciclopedias, -hoy la mayor enciclopedia está en Internet y se llama Wikipedia (aunque no es lo mismo en ninguno de los sentidos)-, los afiladores, barberos,  limpiabotas, deshollinadores, carboneros, y otros muchos.

Tres de cada cuatro tiendas de alimentación han desaparecido en los últimos 30 años, ni que decir tiene de las que conocíamos como ultramarinos y a las que dediqué una entrada en el blog. Hoy nuestros barrios están literalmente colonizados por los supermercados  de las grandes cadenas de alimentación: Eroski, BM, Caprabo, Mercadona, etc que junto a los grandes o pequeños bazares regentados por ciudadanos chinos o paquistaníes constituyen el nuevo paisaje comercial urbano, en  aquellas calles y  locales donde antes estuviese el comercio local de barrio. Han desaparecido casi por completo los zapateros artesanales y lo que conocíamos como zapatero remendón, se impone el compre barato y cambielo pronto, nada de echarle una suelas a los zapatos como se hacía antiguamente para que fuese tirando. Desaparecieron casi por completo las sombrererías y las antiguas sastrerías. Quedan escasos talleres de relojería.  Menguan carpinterías, ferreterías y cristalerías. Se ven ya pocas academias de mecanografía y ninguna sala recreativa que yo recuerde. Se mantiene como he dicho la alimentación y la restauración, la hostelería que es el único sector en la ciudad, capaz de momento,  de hacer frente a la oferta de periferia. Al resto de actividades les cuesta salir adelante frente  a la competencia de internet,  las grandes marcas de distribución y los centros comerciales periféricos. Aunque como todo parece ser cíclico en esta vida, se augura un retorno residencial a la ciudad y del comercio, de todo tipo, al centro. Veremos.  Frente a este enfebrecido cambio que tantos oficios, actividades y tipos de comercios  han dejado por el camino parece que los oficios relacionados con la salud, el cuidado de las personas y la economía digital acapararán buena parte de los empleos y las actividades los próximos años. Y permítanme que acabe la entrada  con un  pequeño detalle de humor negro. Parece que lo único que no tiene visos de sufrir una súbita crisis en nuestro tiempo  son los servicios funerarios ya que  desgraciadamente la gente sigue teniendo  la mala costumbre de morirse cada día. 100.000 millones de personas que nos antecedieron en el mundo y que hoy están “criando malvas” lo certifican.

Fotos por orden de aparición: Nº 5 y Nº 6. Adoquines y Losetas. Javier Muru.