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Participa en el blog: Imagenes familiares en el Viejo Pamplona (1910-1970)

Hace unos días que un seguidor de este blog, Santi Urra, me hizo llegar esta bonita colección de fotos de su archivo familiar que me complace compartir con ustedes, pues  recordarán que he dicho en más de una ocasión que este blog tiene vocación de ser un espacio de recuerdos compartidos y la historia de cada uno de nosotros, de cada uno de ustedes, es importante, no solo de grandes acontecimientos se nutre la historia de nuestra ciudad. La historia gráfica de estas familias pamplonesas, de esos, en muchos casos, anónimos pamploneses  nos ayuda a conocer mejor la historia de nuestra ciudad, como vivían, como vivíamos, como vestíamos, el entorno social, político y religioso, etc. Esta historia gráfica nos ayuda a conocer nuestra propia intrahistoria, esa historia que para mi y para este blog tiene tanta importancia como la de los grandes hechos pues constituye la razón de ser de este cuaderno de bitácora que es el blog “Memorias del Viejo Pamplona”.  Esta colección de seis fotos de Santi Urra recorre buena parte  del siglo XX, desde su primera década hasta finales de los años 60. La primera foto es la típica foto de estudio de  boda o matrimonio, obra del reputado fotógrafo local Roldán,  y está datada en  1910-1915. Llamo la atención, como ya  señalé en la entrada dedicada al vestido,  que las mujeres utilizaban con frecuencia en  estas ocasiones  y en aquella época vestidos de  color  negro. La segunda fotografía familiar está ambientada en la calle en pleno sanfermines y está datada, un poco más tarde que la primera, en los años 20. Desconocemos en que calle del Casco Antiguo está tomada la foto.

La tercera foto pertenece a la procesión de Santa Teresita del Niño Jesús o Santa Teresa de Lisieux a su paso por la calle Nueva,  a la altura de la plaza de San Francisco. La foto donada al Archivo Municipal de Pamplona es de los años 20, probablemente del período comprendido entre 1923 y 1925, fechas en las que  Teresa de Lisieux fue respectivamente beatificada y canonizada por las autoridades eclesiásticas. Llama poderosamente la atención la foto por lo insólito de la estampa, pues aparecen en primer plano  niñas muy pequeñas ataviadas como religiosas junto a otros  niños y niñas, protagonistas de esta singular procesión o marcha religiosa.

La cuarta fotografía, de estudio, como la primera,  es la típica foto escolar que hemos conocido muchos en nuestras infancias, si bien con una presencia religiosa mucho más evidente, no en vano, está datada en los años 40 y junto al joven aparecen una  religiosa  y una imagen de la virgen detrás. La quinta fotografía es de los sanfermines de  1957, con nuestro querido Santi, con apenas cuatro años, ataviado de pamplonica, en la plaza del Castillo. Tras de él puede verse la caseta para la venta de las entradas a las corridas de la plaza de toros que estuvo en ese lugar, más o menos enfrente del Café Iruña, a lo largo de los años 50. Por último, en la sexta fotografía, podemos ver a Santi  con apenas 14 años, tocando el txistu bajo la sombra de la reina asiática en plenos Sanfermines del año 1969 o 70, acompañado, a su derecha, por Pilar Ibañez y Perico Diez de Ulzurrun. Gracias, Santi, por esta magnífica aportación al blog.

Biografías: Bernardino Tirapu (1884-1964) y la sociedad Euskeraren Adiskideak

Regreso a la sección de Biografías con un nuevo personaje local que da nombre a una de las principales calles de la Rochapea que se asienta, en buen parte de su recorrido sobre la antigua caja del tren Plazaola, que en el final de sus días compartiría con el Irati. Me estoy refiriendo a D. Bernardino Tirapu Muñagorri. Bernardino, hijo de médico,  nació en Leiza el 20 de mayo de 1884. Cursó la carrera de medicina en Valladolid. Al término de su carrera, en 1908 ejerció como médico en Ezkurra, de donde era su esposa Maria Santos Retegui,  residiendo en la vecina localidad de Eratsun, ambas de la zona de Alto Bidasoa o Malerreka. En 1917 se afincó en la capital pero al año siguiente regresó de nuevo a su comarca de Malerreka hasta donde se había extendido la famosa gripe española, la gripe del 18. Se destacó por su gran humanidad y su desinteresada entrega a su profesión, sin retribución económica en numerosas ocasiones. Fue  uno de esos médicos especialmente queridos por miles de pamploneses.

Fue reconocido con diversas distinciones a lo largo de su vida: la primera, la Cruz de Primera Clase de la Orden de Beneficencia, con distintivo morado y negro  en 1922.  Al final de su trayectoria profesional, la Diputación Foral de Navarra le otorgó un donativo (50.000 pesetas) y pidió al Colegio de Médicos que solicitase la medalla al Mérito del Trabajo, que le fue concedida en 1962.  Por último fue nombrado  Miembro de Honor de la Sección Provincial de Médicos del Seguro Obligatorio de Enfermedad  Poco antes de morir el 2 de noviembre de  1964 se le  puso su nombre a la mencionada calle de la Rochapea. Desgraciadamente, por más que he buscado, no he logrado encontrar una foto de este insigne personaje, por lo que reproduzco nuevamente dos fotografías de la citada calle, la primera en color y aérea de Paisajes Españoles de 1976, la segunda del cruce de Bernardino Tirapu con Marcelo Celayeta, a la altura del antiguo Bar Porrón y de la plaza del Salvador a finales de los 70 o primeros 80.

Además de por su labor profesional Bernardino Tirapu fue reconocido en su tiempo por la labor que realizó en favor del euskera su lengua materna. Fue miembro de la sociedad Euskeraren Adiskideak (Los amigos del euskera), fundada en 1925 y vicepresidente de la misma a partir de 1931. La sociedad Euskeraren Adiskideak (Los amigos del euskera) fue heredera, en cierto sentido, del trabajo iniciado por Arturo Campión y la Sociedad Euskara de Navarra, de finales del siglo XIX (1877-1897), nacida para “conservar y propagar la lengua, literatura e historia vasco-navarras“. La sociedad Euskeraren Adiskideak agrupó a navarros de distinta extracción política pero amantes de las tradiciones y la cultura navarra. Su objeto, según su  Reglamento fundacional, habría  de ser el de “enseñar, sostener, fomentar y extender el euskara” procurando además el resurgimiento de las costumbres, diversiones y deportes tradicionales, especialmente la música, canto, bailes y juego de pelota. Debería estar exenta de todo matiz político. Dirigía la sociedad una junta de siete miembros que era además la encargada de elegir de entre sus socios al presidente, secretario y tesorero. Podían formar parte de la sociedad todos los navarros o residentes en Navarra que lo desearan, debiendo pagar una cuota anual mínima de seis pesetas. Quedaban exentos de pagar esta cuota los socios colaboradores que se comprometían a trabajar en las labores que la junta les asignara, como la organización de las fiestas anuales que la sociedad realizaba en diferentes localidades. Había además socios honorarios y socios protectores, como los ayuntamientos de Urdazubi o de Tudela.

El  Reglamento  o Estatutos fundacionales lo firmaron el industrial Genaro Larrache que había sido concejal (1923-1927) y alcalde de Pamplona (Diciembre 1927-Septiembre 1928) además de presidente del consejo de Administración del “Diario de Navarra”, el padre capuchino y escritor  Dámaso de Inza, Gerardo Valcarlos, el sacerdote y profesor de euskara del seminario de Pamplona  Miguel Inchaurrondo, el director del periódico  “El Pensamiento Navarro”, Miguel Esparza, el director del Archivo de Navarra, José M.ª de Huarte y Domingo Beunza. Entre sus miembros podrían citarse a Arturo Campión, al pintor luzaidarra Enrique Zubiri, al obispo de Pamplona Mateo Múgica, al canónigo Luis Goñi, a los médicos Fermin y Aingeru Irigaray, al periodista que sería luego director del periódico “La voz de Navarra” José Agerre, al profesor de la escuela agrícola Pablo Archanco, al abogado tudelano José Joaquín Montoro, a los industriales Carlos Eugui y Pedro Ezcurdia, al prior de Roncesvalles Fermín Goicoechea, al archivero Jesús Etayo, al director del Orfeón Pamplonés Remigio Mugica, al ex presidente de la Diputación Lorenzo Oroz, al párroco de San Lorenzo Marcelo Celayeta, entre otros.

En 1931 la nueva Junta Directiva estaba integrada por las siguientes personas: como presidente, Genaro Larache; como vicepresidente, Bernardino Tirapu; vocales: Joaquín Ezquieta, el padre  Buenaventura Recalde, Remigio Múgica,  el padre Dámaso de Inza, Ignacio Baleztena, Wenceslao Goizueta y Leandro Olivier, archivero del Ayuntamiento de Pamplona; como secretario, Pablo Archanco, todos era hombres salvo  alguna mujer, como Paz de Ciganda, quienes consiguieron que sus iniciativas fueran muy influyentes en la sociedad de aquellos años. Su actividad cesó bruscamente con el inicio de la guerra civil en 1936. Antes, en el año 1931 la sociedad había puesto en marcha, en un piso de la calle Carlos III, la primera escuela dedicada a la enseñanza del idioma euskaro en adultos.  La Sociedad convocaba  certámenes literarios en los que había  estudios o disertaciones sobre  temas vascos y  concursos para los niños de los pueblos. Así, en el segundo  Certamen, en el de 1926, participaron  56 niños de 12 pueblos de Navarra y 40 enviaron trabajos al concurso. El Certamen de 1928 convocaba a los autores de obras dramáticas en euskara. Las fiestas vascas o euskéricas en los pueblos fueron otras de las promociones de la entidad como las de Burguete (1926), Ochagavía (1926), Berroeta (1927), Leiza (1927),  Oroz Betelu, Eugui y Yabar (1930); los Días del Euskara, como el celebrado en Pamplona, en 1930; o los concursos de poesías  populares en vasco (1932).  Francisco Tirapu Retegui, hijo de D. Bernardino Tirapu fue uno de los primeros profesores  que ayudaron a  impulsar el conocimiento de la lengua vasca, a finales de los años 40, por mandato de la Diputación Foral de la época que alumbraría al final de la década la denominada Sección de Vascuence de la Institución Príncipe de Viana.