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Comercios del Viejo Pamplona: la calle Santo Domingo (1908-1953)

La calle Santo Domingo es conocida, sobre todo, por protagonizar uno de los tramos más emocionantes de nuestros encierros sanfermineros, aquel en el que los toros, espoleados por el estallido del cohete mañanero, salen del corral y enfilan como una exhalación la cuesta, atropellando y superando a los mozos, en desigual carrera. Pero la calle ha estado muy vinculada, además, a la presencia en sus inmediaciones del Mercado Viejo, el Mercado de Santo Domingo, con sus hortelanos de la Rocha y la Magdalena que traían sus frutas y verduras a vender, o los aldeanos de la Cuenca que hacían lo propio con sus animales de granja. Puerta de entrada de los rochapeanos a la ciudad, a su Casco Viejo, -“subíamos a Pamplona” decíamos y seguimos diciendo los de la Rocha-. Calle con tipismo y con sabor, donde se entremezclaban viejos oficios (basteros, alpargateros, boteros, etc), tiendas de cacharros, pucheros de barro, barberías, tiendas de alimentación. Acompañenme, como en otras ocasiones, esta vez por la calle Santo Domingo, a lo largo y ancho de la primera parte del siglo XX. 

Lo primero que nos llama la atención, al revisar las distintas actividades existentes en la calle, es que casi todas están en su lado izquierdo, según se baja, esto es, en el lado de los impares; por otra parte es lógico, dada la presencia en el lado derecho del edificio de la Casa Consistorial y de la plaza de Santiago, así es que en este lado apenas encontrábamos dos números,  pues el tercero corresponde al establecimiento que hace esquina con la calle del Mercado y aparece como Mercado, 1. A primeros de siglo tras esta esquina donde hasta no hace muchos años estaba la tienda de electrodomésticos Lafer, y tras la que se encontraba el café bar Orbela había una abacería, que recuerdo era una tienda que vendía aceite y vinagre, entre otros productos, regentada por un tal Urdaniz. El negocio, posteriormente lo cogería Esteban Borea y junto a él estaba la carbonería de Modesto Utray, que en los años 20 daría paso a la vasijería de Benito San Martín, negocio de larga trayectoria pues aun continuaba abierta pasados los años 50. A su lado, en los años 30, se instalaría la alpargatería de Juan Eseverri que, en los años 50, regentaría Marcela Elorz, con lo que entonces se llamaba calzado ordinario.

En el lado izquierdo de la calle, el primer número era y es el 15, donde hasta hace unos años estaba la tienda El Bolso, y el último número el 39, donde hoy está el Asador Zaldiko, aunque durante algún tiempo hubo comercios también en la cuesta del Museo. A principios de siglo, bajando la escalerillas de San Saturnino, a la vuelta se hallaba la tienda de loza entrefina de Bernabé Rivero, que posteriormente, en los años 20 regentó Eugenio Indurain, con cristal, loza, porcelana y cestería tal y como se observa en las fotos adjuntas de los años 40 y 50 que encabezan tanto la entrada como este párrafo y a continuación estaba la vasijería y hojalatería de Julio Salanueva. Yo he conocido allí, desde hace muchos años, Bazar Jimenez que, con el mismo negocio de cacharrería, venía de la calle Mañueta. En los años 30 también había en este primer tramo de la calle una mercería-paquetería, la de Nemesia Erviti y en los 50 una tienda de alimentación, la de Blanca Murillo Lorente. A continuación de Bernabé Rivero, en los primeros años de siglo estaba la barbería de Martín Ollo, negocio que desaparecería al poco tiempo para ampliar el negocio de los cacharros, aunque una década más tarde tras la tienda de cacharros, seguía habiendo una barbería, la de Pedro Biurrun que continua al menos hasta 1936.Tras la guerra en este lugar y durante bastante tiempo estuvo la peluquería de Andrés Arbea Echeverría, en el mismo lugar donde luego estaría la tienda de revistas del Portu. En los años 40, en el nº 21, donde hoy se encuentra la tienda de arreglos de ropa Descosidos se hallaba la zapatería de calzado ordinario de Sebastian García. 

Y en el nº 23-25 donde hasta hace poco estaba la inmobiliaria Casco Viejo, y la agencia de viajes Libre Destino, desde primeros de siglo encontrábamos al ebanista y tapicero Esteban Osacar al que siguió durante los años 40 y 50 el también tapicero Sebastián Osta. Algunos años atrás, a comienzos de siglo por allí estaban también la alpargatería de Valentín Erice que en los años 20 cogió Sebastian García y tras él, la barbería de Claudio García que en los años 20 regentaba Emilio Caballero que continuó con el negocio en los años 30 e incluso pasados los 50 si bien, desde los años 30, en el nº 25. Luego estaba en el nº 27 Vda de Martin Jauregui con un negocio de lana en rama y pieles del país sin curtir que en los años 20 aparecerá como Herederos de Jauregui, y que continua en los años 40-50 bajo la razón social de Juan Casanave y Cia, con el mismo objeto social y a la que sigue, en esos mismos años, un negocio de loza y porcelana, otro más de cacharrería dirigido esta vez por Martin Velaz. Cerca de aquí había una posada regentada por José Mauleón, hoy estos locales, de los números 27 y 27 bis, están cerrados, desde hace mucho tiempo.

Donde hoy se encuentra la Librería Abarzuza estuvieron la tienda de embutidos, tocinos y jamones de Antonio Oscoz al que siguió Florentino Velasco, en los años 30,  con el mismo  negocio  y la zapatería de Aniceto Yoldi. A partir de los años 40 allí estaba la tienda alimentación de Miguel Huarte Aldaz. A principios de siglo, donde hoy se encuentra la tienda de disfraces y petardos Halloween estaba el bastero  Juan Oderiz, que era fabricante o vendedor de bastos, género de aparejo o albarda que llevaban las caballerías de carga. El tal Oderiz regentaría unos años más tarde una posada en el mismo lugar, si bien en los años 30 en ese lugar descubrimos la botería de Valeriano San Martín. Esta zona tuvo más posadas y tabernas. Así, en 1908 encontramos una taberna regentada por Vicente Ardanaz, en el nº 35 de la calle, donde hoy está Alimentación Gloría, si bien en los años 20 aquí, en este local se radicó  Bernabé Gembero,  el de Calzados Gembero, y estuvo en este lugar al menos hasta la guerra, como bastero, antes de abrir la zapatería de la calle Eslava y en el nº 37, donde hoy se encuentra Informática San Fermín,  hubo una posada, la de Juan Leranoz que estuvo abierta al menos  en los años 30. Antes en ese local o en el de al lado, estuvo la abacería Herederos de Irurzun. La calle no acababa comercialmente como ahora, en el nº 39, pues desde los años 40 en ese último tramo de la subida al Museo hubo un par de fruterias, la de Cecilio González en el 41 y la de Juan Pérez en el 45, pero retrodezcamos a primeros de siglo: donde hoy se encuentra el Asador Zaldiko estaba Demetrio Cebrian, el  emprendedor bisabuelo de los actuales regidores de Bolsos Cebrian, de la calle San Lorenzo. También como otros tantos comerciantes de la calle era bastero, fabricaba y vendía aparejos para caballerías. Y en los años 40, en este lugar, encontramos al zapatero Serapio Vizcar Zubillaga. Termino esta entrada con sendas fotos de encierros de los años 60, donde podemos contemplar además de unas bellas estampas sanfermineras de esta parte del recorrido, sendas panorámicas generales de la calle, con algunos establecimientos como la barbería de Arbea, la alpargatería de Sebastián Garcia o la  zapatería de Esain.

Fotos, por orden de aparición: Santo Domingo (1950). J. Cia. AMP. Santo Domingo (1940). Zubieta y Retegui. Pamplona, calles y barrios. J. J. Arazuri.  Encierro de San Fermin en Santo Domingo (1967). Ediciones Galgo. Encierro de San Fermín en Santo Domingo (1969). Foto Gomez. Agencia Cifra.

Comercios del Viejo Pamplona: el Paseo de Valencia (1908-1953)

Y saliendo de la calle Comedias, entonces, a primeros de siglo, llamada Dos de Febrero, desembocábamos en 1903 en el llamado Bulevard de Sarasate, llamado popularmente por los pamploneses durante buena parte del pasado siglo, también, como Paseo de Valencia. Hoy un buen número de los viejos edificios de su parte más antigua, la lindante con el Casco, han sido derribados y sustituidos por otros y por lo tanto, de buena parte de aquellos viejos locales, nada queda. A la vuelta de Comedias, donde hoy se encuentran las tiendas de Kikos y Zucitola estaba la tienda de alimentación de Román Oteiza, que vemos en la fotografía que encabeza la entrada. Fabricaba y vendía pastas alimenticias,  pastas para sopa y también cafés tostados al por mayor y al por menor, velas de cera y un largo etcétera, convirtiéndose en los años siguientes ya como Oteiza e Iribas en una tienda de coloniales al por mayor y al por menor. Ocupaba los números 2 y 4 del Paseo; Contaba, además, con otra tienda en el nº 60 de la calle Jarauta. Después de la guerra Oteiza se trasladaría, como tantos otros comerciantes del Casco, al Nuevo Ensanche, aunque en esta época hubo de todo, comerciantes que mantuvieron la tienda en el Casco y abrieron un segundo punto de venta y comerciantes que trasladaron su actividad a las calles de esta expansión urbanística de la ciudad. En los años 40-50, en esa esquina de Sarasate con Comedias teníamos la zapatería de calzado fino de Justo Azcona y donde estaba Oteiza e Iribas encontrábamos la tienda de alimentación de Sandalio Urrutia. Junto a ellas podíamos hallar las pastelerías-confiterías de María Trasobares y la de Jose María Vilar así como la agencia de viajes Vincit. Zucitola permanece en este lugar, al menos, desde 1936. A continuación, también en el nº 4, en la segunda década del siglo XX hallábamos la centenaria armería Casa Puntos, fundada por Juan Martinez de Goñi, que también vemos en una de las fotografías que encabezan la entrada. Se especializaría en artículos de caza y pesca aunque también vendía artículos de viaje. En los años 50 la veríamos en el nº 10 del paseo y posteriormente en la calle Lindachiquia. También en esta zona había una tienda de venta de material de electricidad, la de Rafael Rodríguez y Compañía aunque posteriormente en los años 30  había allí una administración de lotería, la de Joaquín Solorzano. En 1939, Nicanor Mendiluce inauguraba la Heladería Nalia aunque desde el primer momento el negocio lo gestionaría el maestro heladero y turronero José Serrano, al que seguirían luego su hijo Vicente y actualmente, desde hace unos pocos años su nieto, la tercera generación, también llamado Vicente.

Posteriormente, en el nº 6,  tenía su local un marmolista, Ramón Carmona, donde posteriormente, en 1919  se instalaría la sede del Banco Hispano Americano, que desde los años 30 conoceríamos en el otro lado del Paseo, en el nº 3. Tras la guerra y hasta el año 2000 en ese lugar se ubicaría el conocido restaurante Las Pocholas de las hermanas Guerendiain, algunas de las cuales vemos en su cocina, en la fotografía adjunta.  A continuación, en el nº 8, estaba la papelería, que vendía, también objetos de escritorio, de Venancia Ciaurriz. Hoy en día, a Kikos y Zucitola habría que sumar en este largo tramo, donde hemos señalado los negocios indicados y por este orden  la yogurtería Baobab, la heladería Nalia, la tienda de ropa infantil Nanas y la chocolatería Valor. Posteriormente donde hoy hay un local vacío, desde tiempos inmemoriales y luego una tienda o almacén de antiguedades no tengo constancia de actividad alguna, en el período analizado lo cual no quiere decir que no la hubiera en algún momento a lo largo de la historia. En el nº 14 donde hoy existe una agencia de viajes The Travel Band y en tiempos  creo que estuvo Viajes Iberia, en los inicios del siglo XX había una tienda que vendía vino por decalitros, la de los hermanos Catalá, de corta duración ya que en los años 20, en su lugar encontramos la imprenta y papelería de Generoso Huarte. En los años 50 en el 1º piso había una peluquería, la de Miguel Gabari y Juana Lucia que atendía tanto a  señoras como a caballeros, imagino que  separados pues no habían llegado todavía a nuestra ciudad las peluquerías unisex; había otra peluquería al final del paseo, en el nº 34, regentada por Julio Martínez. Tras la guerra, en el nº 16, donde hoy está el establecimiento “Zapatos a lo bestia” estaba la droguería al por mayor Centro Farmacéutico Vizcaino, que también eran almacenistas de productos farmacéuticos. Donde hoy está el Bankinter, me dice mi hermano que había una heladería y en efecto, rebuscando en mis archivos descubro que en esta zona desde los años 40-50, al menos, estaba la heladería La Vital.

Tras la heladería y el kiosko de chucherías, situado a la entrada del llamado Rincón de San Nicolás venía la casa parroquial e iglesia de San Nicolás y pasada ésta, la llamada Casa Navasal derribada por desgracia a finales de los 60, -no hay más que ver el hermoso edificio que había y el engendro arquitectónico que lo sustituyó posteriormente, donde hoy esta la óptica de Javier Alforja-. La afamada casa, Sucesores de Navasal vendía tejidos al por mayor y al por menor además de ser una sastrería con venta de género. Junto a Navasal, en los años 30, estaba el estanco de Modesto Toledo y donde hoy se encuentra el restaurante Ñam, en el nº 24, estuvo la pastelería de Pedro Hernaiz  y en el nº 26, la tienda de máquinas de coser Singer, -yo la he llegado a conocer en esa ubicación hasta finales del pasado siglo-, si bien no en el nº 26 sino en el nº 28. Por aquí cerca, en el nº 26 estuvo también hace unos años una tienda de Beunza Luz. También en el 26 estaba la fábrica de vino de Agapito Peralta y  la tienda de Arizti Yaben. Como Guibert,  Arizti Yaben era una fumistería, osea vendía cocinas y estufas, chimeneas, balanzas, basculas, pero era además una ferretería y un almacén de hierros. Estuvo radicada en este lugar al menos, desde comienzos del siglo, sino antes, y hasta los años 30.   En esos años aparece también en este lugar, en el nº 26 la mercería, paquetería y quincallería de Pio Espluga, luego Sucesores de Pio Espluga,  que hemos conocido anteriormente, a principios de siglo, en la calle  Zapatería. Más tarde el negocio  se trasladaría cerca,  al nº 30. En este nº y lugar, tenía su sede y estación desde 1911,  la sociedad El Irati, tal y como vemos en la foto adjunta a este párrafo. De las principales sociedades industriales navarras de la primera mitad del siglo hablaré en otra ocasión. En estos locales donde hoy está la tienda Partyland o un nuevo edificio recién terminado hace escasas fechas estaba, no hace mucho, la cafetería Spada y anteriormente estuvo Radio Frías que, antes de recalar en el bulevard, estuvo en el nº 33 de la calle San Nicolás, además de, en el primer piso, la copistería Politécnica. ¡Cuantas copias habremos hecho tanto en esta copistería como en el de Copia de la plaza del castillo, eso sí,  hace ya un porrón de años! 


Ya casi en el ultimo tramo de este lado del Paseo, el comercial, el otro nunca lo fue teníamos, a primeros de siglo, la colandería de Angeles y Mercedes Tuero, en el nº 32. En ese mismo lugar, en los años 30, se instalaría la farmacia de Joaquín Arteaga, la delegación de la Unión y El Fénix Español  y tras la guerra, a estos locales,  donde ahora están Inmobiliaria San Fermín y una tienda de ropa de bebe se habían trasladado Arizti Yaben, con el nombre de Vda de Arizti Yaben e hijos, la droguería y perfumería de Ciriaco Ibañez y Javier Mena, el fotógrafo. A continuación, desde los años 40 y hasta finales del siglo, estuvo la famosa Heladería Italiana, sus propietarios eran italianos de verdad, su dueño se llamaba Eugenio Bez Dal Molin. Más adelante, en 1905, estaba la carnicería de Diego Mina, fundada por éste en 1864, luego Vda de Mina que fabricaba embutidos (chorizo, jamón, tocino, etc), la fabrica se trasladaría luego a Huarte; Aquí, en los años 40, se instalaría Victoriano Arburua aunque con un negocio de venta de periódicos y revistas, si bien en los años 70 creo haber visto una fotografía en la que aparecía como Papelería Blasco y vendía también productos de filatelia.  A continuación, en los años 20, se instaló, donde luego estaría Confecciones Chile, Joaquín Martínez, como sastrería con surtido de géneros que se mantuvo en el lugar al menos hasta los años 50 y junto a él, el almacén de muebles de Arrieta y compañía.

Ya en el último tramo del Paseo estaba, hasta 1971, la Casa Alzugaray, derribada para construir el actual edificio del Banco Atlántico (hoy Banco Sabadell). En los bajos de este edificio, que fue sede durante un tiempo del gobierno civil, encontrábamos, en los años 30, las oficinas de Múgica y Arellano y la sede social de la fábrica de harinas de Vda de Alzugaray, que daba nombre a la casa. En el otro lado del paseo, tal y como he comentado en otras entradas del blog teníamos y tenemos varias entidades bancarias y otros edificios oficiales o institucionales. En los últimos años las entidades bancarias también invadieron el lado más cercano al casco. Donde estuvo la antigua Alhóndiga Municipal se instalaría luego  el Banco de España, donde estuvo la Fonda de Otermin, el caserón de la Meca y luego los Escolapios, se construiría el nuevo edificio de Caja Municipal y del Banco Hispano Americano,  donde estuvo la panadería municipal del Vinculo, se erigiría el nuevo edificio de Correos, acabando ese tramo con la antigua Casa de Baños. De negocios en planta baja tan solo caben destacar en los años 30, un negocio de coches de alquiler a nombre de Sucesores de Maisonnave, en el nº 13, la imprenta de García Enciso y Cafés Maya, en el nº 15; y en los años 40-50, en el nº 7, la mercería de Gloria Burgos y las máquinas de coser Alfa y hasta hace algunas décadas en el nº 11 el negocio de venta y reparación de máquinas de escribir de Julián Echevarría.

Fotos por orden de aparición: Casa Puntos (Años 20). Luis Rouzaut del libro “Luis Rouzaut, óptico de profesión y cronista de la vida navarra a principios del siglo XX”. Ultramarinos de Ramón Oteiza (Años 10). Cocina del restaurante Las Pocholas. (Años 40-50). Archivo familiar familia Guerendiain. Casa Navasal.  (1967). AMP. Estación del Irati. (Años 20). A. de León. Casa Alzugaray (1965). Javier Gallo.

Comercios del Viejo Pamplona: las calles Pozoblanco y Comedias (1904-1954)




Y después de haber repasado la historia comercial de la calle Zapatería no me alejo demasiado. Continuo por la zona más próxima y más concretamente por las calles Pozoblanco y Comedias, llamadas hasta 1937 General Moriones y Dos de Febrero respectivamente, aunque me referiré siempre a las calles con sus denominaciones actuales. Comenzaré  por los impares, indicando siempre que pueda a algún comercio destacado que  sirva de referencia. En 1908, en el nº 1 de la calle Pozoblanco estaba la tienda de tejidos del comerciante catalán Agustín Trias Comabida, el conocido Comercio San Fermín, fundado en 1891 por este. En la trasera, en el nº 42 de la plaza del Castillo estaba su taller de sastrería con venta de género, al menos desde los años 20. De hecho yo recuerdo haber visto una tienda con el nombre de Trias hasta finales del siglo XX, en esa esquina de la plaza del Castillo, junto al Secretariado Navarro, donde hoy se encuentra la peluquería de Ainara Arbiol. En 1951, adquirió en traspaso el Comercio San Fermín el comerciante local Bernardo Eraso Soto, cuyos herederos lo mantendrían abierto hasta el año 2011. Dicen sus descendientes que tuvieron que pagar más por la marca, que estaba registrada por el señor Trias,  que por el traspaso. Hoy en su lugar esta Foto Ikatz. A continuación, donde hallamos hoy el único Taberna de la calle, encontrábamos entonces la pastelería y confitería Arrasate que también fabricaba, en su obrador, como todas las de su gremio, chocolate. Fundada en 1888 por Esteban Arrasate y Francisca Ciganda, pasó a llamarse Viuda de Arrasate al fallecer Esteban, en 1924 y quedar al frente del negocio su viuda. En los años 20, ocupaba los números 3 y 5 de la calle. Luego venía la droguería de Cayetano Pinzolas. Cayetano se trasladaría en los años 20 al nº 14 de la calle con el mismo negocio, vendía pinturas (de hecho también aparece como pintor), y aparatos fotográficos, algo bastante común entonces en  el ramo de las droguerías. En su lugar, en los años 20,  se instalaría Epifanio Artaiz, con una tienda de venta de alpargatas y jergas. En los años 50 encontramos al mismo Epifanio Artaiz pero con una tienda de droguería y perfumería en la calle Comedias, mientras que en su local encontramos en estos años ya, junto a Vda de Arrasate, la pastelería y confitería de Lázaro Taberna (hoy Inmobiliaria Fisterra) y junto a ella la heladería, pastelería y confitería de Mercedes Orquin, más tarde Relojería Moreno y hoy Equivalenza.



Posteriormente estaba en el nº 9 de la calle Pozoblanco Manuel Lafaja, vendiendo vino por decalitros, a continuación, en el nº 11 el afilador Bertrand Puntos, que vendía también además de cuchillos, armas y artículos de caza, bicicletas y motocicletas  y el guarnicionero Martin Ciganda, sustituido en los años 20 por la pastelería de Feliciano Goñi,  (luego Vda de Goñi  y más tarde Vda de Goñi e Hijos, conocida con el nombre de La Madrileña),  que se mantendría en el lugar al menos hasta los años 60. A continuación estaba en el nº 13 la óptica y relojería de Joaquín Roldan, que vendía también bisutería fina y que se mantuvo con este nombre hasta hace unos pocos años (hoy está en su lugar la cafetería Behiala) y en los números posteriores (13-15) el Café Suizo de Mattossi y Fanconi, con venta de licores, fábrica de gaseosa y sifón, pastelería y confitería, venta de chocolate y otros productos, abierto desde 1844 y hasta 1952, (hoy está en su lugar Código). Para ser más exactos, al Café Suizo se entraba por el nº 37 de la plaza del Castillo, mientras que la entrada a la pastelería estaba en la calle Pozoblanco. En este tramo se han producido algunos cambios en la numeración de los portales, no en vano, esta calle no fue ajena a la construcción de los nuevos edificios de la plaza del Castillo, la trasera del banco de la Vasconia y del Banco de Bilbao, luego Banco de Comercio. Hoy a diferencia de aquella época no hay locales comerciales en la trasera del Banco de la Vasconia, trasera que corresponde a los números 9 y 11.  A continuación de la Pastelería del Café Suizo teníamos en los años 20 la alpargatería de José María Zabaleta que continuó al menos hasta la guerra civil, la camisería y venta de ropa blanca 19.000 de Mariano Lamana,  de la que tengo constancia desde principios de siglo a los años 30 y que vendía además guantes y perfumes y la modista de sombreros Ramona Benedicto. En este tramo final Rafael Conte y Felisa Labairu disponían de máquinas para coger puntos a las medias. En ese tramo estuvieron Kata, hoy La chica de las lanas y el edificio de la antigua Armería Arana.
En la esquina de Pozoblanco y San Nicolás estaba al menos  desde  principios de siglo la citada armería de Saturnino Arana (luego Vda de Arana) y en la esquina de Comedias y San Nicolás, ya en los primeros 50 la tienda de confección de los Hermanos Palomeque, que vemos en la foto de Ingeth Morah de 1954. Siguiendo por los impares, pero esta vez de la calle Comedias, hallábamos, a continuación, a principios de siglo, la tienda de coloniales, fabrica de chocolate y velas de cera de Mariano Labairu, de la que tengo constancia desde 1903 hasta al menos  la guerra civil. Junto a ella estaba la fábrica de vino de Antonio Erice. Posteriormente, se ubicaría aquí la joyería-platería de Manuel Esparza, que llegó hasta finales del siglo XX, (hoy esta vacío el local), y donde estuvo Coloniales Labairu estuvo desde los años 40 la carnicería de Patricio Reparaz y  a finales del siglo la carnicería Julian. A continuación venía, desde los años 20, la tienda de venta de vinos al por mayor de Vda de Yarnoz e Hijos y desde los años 30 el bar Gau Txori (donde hoy está el Burgalés) que en los años 50 regentaba Gerardo Arce. Posteriormente estaba la botería de Vda de Iglesias y Perez que vemos en una foto de Vicente Galbete de los años 60. Fue fundada en 1873 por Gregorio Perez que llegó desde Almudevar (Huesca) hasta Pamplona y se asoció con D. Eusebio Iglesias, afamado botero local. En 1902 Pérez compró su parte a Iglesias  y con el nacimiento el 1 de febrero de 1916 de sus trillizas, decidió cambiar el nombre de la empresa por el de Las 3 ZZZ, en honor a sus tres zagalas, siendo regentada desde los años 30 por su hijo Gregorio Perez Daroca. A continuación, donde hoy está el Bar Noe, estaban las guarnicionerías de Paula Garriz, en el nº 9 y donde hoy está la Joyería de Oscar Gracia, antes joyería Perez Alfaro, en el nº 11 la guarnicionería de Juan Yarnoz (en los años 30, esta última guarnicionería era también alpargatería y figuraba como Vda de J. Yarnoz, no sé si corresponde a la misma titular a la que he aludido líneas atrás al hablar del nº 5 de la calle). Luego estaba,  a primeros de siglo,  la Taberna de G. Fuentes, un negocio de venta de cereales regentado primero por Vicenta Iragui y luego por Fermin Irurita y que desde los años 20 ocupará un negocio de textil fundado por Miguel Unzu que llegó casi hasta nuestros días con el nombre de Unzu Got; hoy ocupa su lugar el Bar La Comedia.

Posteriormente, en el nº 15, donde hasta hace poco estuvo Cilveti había una tienda de venta de vinos y licores al por menor que en los años 30 sería sustituida por un bazar-juguetería, el de Cipriano Puertolas, llamado El 0,95 de Comedias, hasta que, efectivamente, en los años 40 Sandalio Cilveti se haga cargo del negocio del Bazar, bajo el nombre de Bazar Cilveti, incorporando también bisutería o quincallería. Luego, en el nº 17, había un tratante de lana en rama que vendía también pieles del país sin curtir. Se llamaba Jacinto Puig. En su local, desde los años 40 Rufino Torradelles  instalaría una tienda de venta de camisería fina. Hoy en ese local está El Armario de Judith. Posteriormente, en el nº 19, y desde los años 20  estaba el negocio de venta de cereales y harinas de Latasa y Bastida, desde 1930, Luis Bastida, y que revisando la anterior entrada dedicada a esta calle veo que llegó hasta los años 80 del pasado siglo, si bien bajo el nombre de Tejidos Bastida, donde hoy está Ruhna y durante mucho tiempo Perejil. Por último, acabando este tramo de calle, teníamos otros dos guarnicioneros, Miguel Inza, en los años 20, Hijos de Inza y posteriormente Sucesor de Inza y en el nº 23, Saturnino Astiz, luego Hijos de Astiz. Tras la guerra, donde estaba Inza se instalaría la tienda de ultramarinos de Francisca Lizoain, hoy está en ese local la cafetería Saint Witch, donde estuvo largo tiempo Sol y Luna y donde desde hace más de 30 años está la papelería Comedias 23 estuvo, desde los años 40, la joyería de Camino Martinicorena.
Volvamos al comienzo de la calle Pozoblanco, pero recorriendo, en esta ocasión su lado derecho, osea los números pares. Junto a la sombrerería Aznarez, sorprendentemente había otra sombrerería, la de Dorotea Beunza que en los años 30 dejó paso a la Droguería de Jauregui y Cía, droguería que a partir de los años 40 se trasladó justo al lado, al nº 4, bajo la gestión de Esteban Jauregui Villar. En este lugar hasta hace unos días y desde hace 40 años estaba la tienda de lanas Lanfil.   Posteriormente, a primeros de siglo, en el nº 6 teníamos la carnicería de Braulio Berrio que continuaría su hijo José y posteriormente la sociedad Oloriz y Cilveti. A finales de los años 40, Liceras y Gomez abrían  en este lugar la tienda de ropa para la lluvia (impermeables, gabardinas y trincheras) El Búfalo que se mantendría hasta el 2007, luego vendrían DC Shoes y Pele y Melé, su actual inquilino. Tras ésta, donde ahora hay una nueva tienda de ropa infantil y en tiempos estuvo la perfumería Miss, a principios del siglo XX estaba la alpargatería y cordelería de Graciosa Sarasate, (como en otros casos entonces vendían también costales y jergas), que en los años 30 regentaban los Hijos de Ezcurdia y en los años 40-50 ocupaba la fábrica de embutidos (tocinos, conservas de carne, etc) de Narciso Erice. Luego, en el nº 10,  donde yo recuerdo haber visto pasar a la carnicería Itarte, la tienda de discos Tipo, One Man e Ideas, hoy una tienda de venta de quesos, estaba en 1908 la esterería de Josefa Gilabert, si bien esta actividad es de fecha bien temprana, ya que en los años 30  comenzó a albergar una tienda de embutidos (chorizos, jamones y tocinos), primero a nombre de Pedro Huarte y luego de su viuda, Dionisia Cuesta. Donde hasta hace poco unos meses estuvo Calzados Monaco hubo  a comienzos de siglo dos comercios: la barbería de Ildefonso Palacios que   ocupó Martín Oscoz, desde los años 20,  con aceites, primero y cafés tostados y quesos  después, (en los años 30), para convertirse en una tienda de comestibles a partir de los 40 y la droguería Herederos de Alvaro López. Este último comercio dejó paso en los años 20 a la sastrería de José Guerra.
Ya hemos señalado que Cayetano Pinzolas pasó en los años 20 del nº 7 de Pozoblanco al 14; A finales de los años 40 se ubicaba aquí la droguería y perfumería de Maximino Muñoz Andia. En muchas ocasiones, la actividad casi llega hasta nuestros días. Lo digo porque durante muchos años estuvo aquí radicada la Perfumería Lyana, luego estuvo Adabaki y hoy es una tienda de la actriz Nerea Garmendia. A continuación, en el nº 16 de la calle  estaba, en los años 20, la tienda de confección, (de ropas hechas o confeccionadas, decían entonces), de Dominica Egozcue. En este local, en 1946 el padre del exlehendakari Carlos Garaicoechea fundaría la Ferretera Navarra junto a su socio M. Goldaracena. En 1990 se reformó la ferretería, eliminando los artículos de ferretería general y menaje, sustituyendolo por una amplia exposición de artículos de manillería, tiradores, herrajes y accesorios de baño, bajo el nombre de Krisketa. Desgraciadamente hace unos cuantos años se cerró este comercio para dar paso a otro nuevo establecimiento hostelero, el Quixote 42 y digo desgraciadamente porque la hostelería ha crecido en el Casco, en buena medida, en locales que antes eran comerciales. Tras Krisketa estaba, y sigue estando Cafés Bruno. Aquí en la primera década del siglo había otra tienda de sombreros, la de Teresa Otcet, si bien fue de corto recorrido ya que en 1920 se ubicó aquí la barbería de Candido Goñi y luego, desde los años 40, la peluquería de Eusebio Roses.

A continuación, en los números 20-22 estaba, a principios de siglo, la tienda de ultramarinos finos de Modesto Igoa, Los Vascos y posteriormente, en los años 30, la taberna de Gervasio Guerendiain y en el primer piso la fonda y casa de huéspedes de Victorina Amostegui. En los números 24-26, donde hoy está el bar La Escalerica de San Nicolás, estuvo durante más de 70 años, desde 1948, la tienda de electrodomésticos de Antonio Zapatería Amorena, hoy trasladada al nº 42 de la calle Zapatería. Pero retrocedamos algunos años en el tiempo;  en los albores del nuevo siglo aquí estuvo la papelería y venta de objetos de escritorio de Casildo Iriarte (también vendía quincalla fina). Más tarde, en la segunda década, (la foto es de 1918) se ubicó  el Bazar de Martin Ostiz y Cía. Vendía todo tipo de productos: juguetes, perfumes, objetos eléctricos, articulos de viaje, quincalla, etc. En  1948, como he comentado,   se instalaría en su lugar   Antonio Zapatería Amorena, procedente de la vecina calle Comedias (1943) y anteriormente (1938), de la calle García Ximenez.   Vendía, instalaba y reparaba maquinaria y material de electricidad, así como  aparatos de radio y otros productos, gama de productos que ampliaría  su hijo Miguel Bretos Alemán. Sobre este local, en el 2º piso, estaba en los años 40 y 50 el restaurante Yaben, de José Yaben Insausti que vemos en la foto de la derecha del párrafo anterior.
En el nº 4 de la calle  Comedias, donde hoy está la Joyería Xuan, estaba  la barbería de Canuto Ezcurra y lo estuvo, por lo menos,  hasta el final de la contienda bélica. Y es que Joyería Xuan, está en ese local, por lo menos desde 1940, hoy regentada por la segunda generación. Junto a él, probablemente donde hoy está la heladería Larramendi estuvo, en los años 40-50, el bazar de Manuel Esparza, que tenía tienda enfrente, con especial dedicación a la bisutería y quincallería. Aqui en este tramo y lado de la calle Comedias ha habido varios traslados que señalaré a continuación. Luego de la joyería Xuan, sobre la cual estaba la peluquería de Jesús Zamarbide,  venía el centenario Café Roch, del que ya hablé extensamente en la anterior entrada dedicada a la calle Comedias y que vemos en una bonita foto de los años 40-50, junto a este párrafo. En los años 30 teníamos a continuación, en el nº 8-10,  la tienda de coloniales de Félix López, y la sastrería de Fermín Muru, donde hoy está la tienda de ropa Komedias Bidean. Entre los años 50 y 80 estuvieron, en este local,  tiendas de zapatos como Calzados Jucal o Tacones y luego la tienda de ropa deportiva Cuatro Estaciones de Pedro Lizarraga, padre del actual titular de la tienda Komedias Bidean. En el 12, donde hoy se encuentra  El Patio de las Comedias  pasaron muchos y diferentes negocios a lo largo de la reciente historia local. Aquí en 1903 había una tienda de aceites regentada por Jose Goicoechea que luego se trasladaría al nº 16 de la calle. En los años 20 aquí se instaló la afamada ferretería de Pablo de la Fuente, inicialmente localizada en el nº 16 de la calle que vendía, además de los productos típicos de una ferretería maquinaria para trabajar la madera, calefacciones, puertas, baterías de cocina, máquinas de afeitar, herrajes, herramientas, heladoras, extractoras de incendios,  arcas para caudales, rótulos esmaltados y hasta películas cinematográficas, imagino que se referiría al material para el rodaje o la fotografía y desde finales de los 40, aquí estuvo  la fabrica de dulces, pastelería y confitería de Francisco Meoqui. Por último, durante varias décadas en este lugar estuvo la conocida zapatería Calzados Biarritz de la familia Erviti y más tarde la zapatería de Ramón Durán, poco tiempo, antes de su actual desino hostelero.

A continuación hay un edificio de reciente construcción, el nº 14-16, seguramente erigido en los años 60, donde hoy esta la librería Elkar. Allí a primeros de siglo, en el edificio que ocupaba entonces esos números estaba la botería de Pedro Echarri con una larga trayectoria en el lugar, probablemente hasta el derribo del inmueble existente, que vemos en la foto de la derecha, de 1925, y donde se observan, si se mirá con atención, algunos negocios de la calle. Pedro Echarri Balda procedía de Lecumberri y entró a trabajar en casa de Ramon Frauca que tenía cuadras, graneros, una fonda y también hacía botas de vino. Echarri adquirió posteriormente todo el edificio y todo los  negocios: la tienda, la fonda, etc. La fonda se la traspasarían en los años 50 a las hermanas Rosario y Teofila Irure. Más tarde el negocio pasó a manos de su hijo Víctor y de un sobrino,  continuando con la misma marca,  Botería Echarri hasta que en 1945 cambiaron el nombre por Botería San Fermín mientras la razón social era  la de Echarri Hermanos S.L.  Y a continuación de la Botería Echarri estaba en los años 20, Calzados German Anaut, y  en los años 30 la zapatería de María Luisa Iribas, un local que mantendría su uso a lo largo del tiempo ya que en los años 40-50 en este sitio estaba la zapatería de calzado fino de Faustino Errea. En el último tramo de la calle estaban, en los años 30, un negocio de alquiler de automoviles, regentado por Pascual Martín y desde los años 40-50 la tienda de ropa de punto Tarpuy y el restaurante de Pablo Arce.Fotos por orden de aparición: Café Suizo (1924-1925). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Cruce de San Nicolás (1953-54). Inge Morath. San fermín. Años 50. Botería las 3 ZZZ (1965). Vicente Galbete. Bazar Martín Ostiz (1918). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Cafe Roch (años 50) del Café Roch. Calle Comedias (1925). J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. 

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Zapatería (1908-1953)


Regreso a la serie de entradas del blog en las que reconstruyo la historia de las calles del Viejo Pamplona y de los comercios que la habitaron a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En esta ocasión nos vamos a la calle Zapatería, calle principal de la Población de San Nicolás y uno de los ejes comerciales más importantes de lo Viejo. Calle de claras resonancias comerciales con establecimientos emblemáticos.  A comienzos del siglo XX, allá por 1908, si nos situábamos al comienzo de la calle, muy cerca de la plaza del Ayuntamiento, nos encontraríamos, comenzando por la derecha con un número muy similar de establecimientos, apenas cuatro más que en la actualidad, y una estructura parcelaria muy similar a la actual, muchos pequeños establecimientos en el tramo estrecho de la calle, el más cercano a la plaza consistorial, y bastante más grandes en el siguiente tramo, el que va del pozo de la Salinería a la plaza del Consejo. En ocasiones citaré, como referencia, algún establecimiento actual u otro que haya sido muy conocido, a lo largo del tiempo, para situar a los lectores respecto de lo que sería su ubicación actual. A lo largo de esta entrada reproduzco algunas fotografías de esta calle, de diferentes épocas (datadas entre 1900 y 1958), como las que la encabezan, de primeros de siglo, así como un buen número de anuncios publicitarios de establecimientos de ella. Comienzo el repaso de sus establecimientos, sin más dilación.


Junto a Joaquín Ciga, en el nº 2 estaba la mercería, (también vendía bisutería), de Pío Espluga, (imagino que antes de trasladarse al nº 30 del Paseo de Sarasate). En estos primeros números sí que hay algún pequeño cambio respecto a la numeración actual. Donde hoy está la relojería Ancín y en tiempos la tienda de calzado Jauja había uno de los muchos cordeleros que poblaban la calle, Andrés Miquelez; Andrés Miquelez era cordelero y vendía también alpargatas, costales y jergas. El negocio se mantendría, al menos,  durante las primera décadas del siglo. Junto a él estaba la pequeña fábrica de tejidos, al por mayor,  de los Hermanos Goñi, de donde saldría posteriormente la conocida factoría textil de Goñi Mayo, que estuvo ubicada, durante décadas, en el barrio de San Juan. Con el traslado del taller en el local quedaría la pañería que regentaría al menos hasta la guerra Francisco Goñi y posteriormente, desde los años 40 Casa Félix, (por su propietario Félix González Albericio). A continuación teníamos otra cordelería, la de María Iturriza, donde, desde finales de los 40,  estuvo la tienda textil El Barato Echegoyen, (por su propietario Francisco Echegoyen García). 

Tras ésta, donde estuvo Marlen Jeans y hoy vive sus últimos días Life & Syle,  se encontraba  la tienda de coloniales, fábrica y tienda de chocolate, pailas para velas de cera de Pedro Mayo. Me detendré un momento para hablar de su origen. Fue en los años sesenta del siglo XIX cuando Pedro Mayo Etulain, que había aprendido el oficio con su pariente y amigo Pedro Seminario, inicia la aventura de montar una fábrica de chocolate. En los pisos superiores de la casa se producían dulces y velas de cera, en la planta baja tenía una tienda de coloniales y en el sótano la maquinaría para preparar el chocolate. En 1888 dió entrada en el negocio  a su hijo Ponciano, que falleció 11 años más tarde. Junto a la chocolatería de Viuda de Seminario era una de las más importantes fábricas de chocolate de la ciudad. Más tarde volvería a formar sociedad con su hijo Pedro Mayo Biaurdeau, hijo de su segundo matrimonio. En 1913 muere Pedro Mayo y durante un tiempo la empresa continua en manos de la familia, hasta que en 1923 la regenta  la sociedad colectiva Ruiz de Galarreta y Vidal, Sucesores de Mayo, encabezada por Luis Ruiz de Galarreta, marido de Martina Mayo, nieta del fundador. Al poco tiempo la empresa, que no la tienda se trasladaría al nº 4-6 de la calle Nueva y tras la guerra civil al Redín, ubicación a la que hice mención en otra entrada del blog.

A continuación venía en los años 20 la droguería y perfumería de Zoilo Perez, que llegó a ocupar el nº 12 y 14, si bien, anteriormente, en la primera década de siglo estuvo casi enfrente, en el nº 7. Como Ardanaz, llegó a vender aparatos fotográficos. Posteriormente el negocio lo regentaría su hija. Y junto a su local, en el nº 12, Juan Lafuente arreglaba y vendía joyas.  En este lugar, en los años cincuenta, aparecía como platero.  En el nº 16 estaba el cordonero Julián Erroz que vendía, además, productos de mercería, quincalla, -así se llamaba entonces a la bisutería-, y paquetería, que desde 1945 ocuparía Manuel Viana Santesteban, fundando Casa Viana, (el local se ampliaría con alguno de los números anteriores, dando paso al gran local que hoy ocupa Zergatik y anteriormente Roxy). Si bien en los años 20 parece que Manuel Viana, ¿sería su padre?,  regentaba una tienda de tejidos en el nº 51 de la calle, donde después estaría la alpargatería de Juan García;  luego estaba la droguería y farmacia de Froilan Landa, (ya hemos visto en la entrada de la calle Mayor como algunas de las droguerías actuales comienzan como boticas y como alguna farmacia actual, tuvo su apartado de droguería), y junto a ella la carnicería de Cruz Urrizola, si bien este negocio tuvo escaso recorrido ya que en los años 20 la cogió en traspaso Ruperto Iragui, que instaló posteriormente un negocio de maquinaría para la industria, que sería sustituido por la tienda de tejidos de Fidel Ribero, allá por los años 30. En los años 50 estaba abierta, en este local, la tienda de tejidos de Félix Genaro Artieda, que conoceríamos hasta hace unos 15 años como Artieda. 

Hace apenas dos meses que cerró Casa Manterola en la calle Zapatería. Lo hizo silenciosamente, después de más de dos siglos en el lugar. Vamos a  hablar un poco de su historia. A principios del siglo XIX Polonia Albar recibió en herencia la casa nº 20 de la calle. Es entonces cuando se inicia la actividad confitera y cerera en el local. Polonia se casa con Candido López, cerero y confitero sanguesino. Entonces no se llamaba aun Casa Manterola. Candido y Polonia tuvieron dos hijas: Tomasa y Trinidad. Tomasa se casó con Gregorio Manterola que pasó a vivir con su esposa y sus suegros donde comenzó a aprender el oficio de cerero y confitero. A comienzos del siglo XX, en 1907, tras la muerte de Tomasa el establecimiento pasó a  sus hijas Carmen y Victoria, aunque era Carmen la que regentaba el negocio. Vendían ceras y velas, pastas de almendra, dulce de membrillo, almendras y su famoso chocolate. Posteriormente será uno de sus sobrinos, Antonio Manterola, el principal responsable de la expansión de la empresa: en 1945 trasladó la fábrica de chocolate a la calle Tudela. Pero la competencia hizo que el negocio se viera obligado a perder su carácter industrial y a orientarse hacia la artesanía pastelera (ya desde los años 30 aparecía la tienda de Zapatería como confitería pastelería). Hoy el negocio lo regentan sus nietos, constituyéndose en uno de los escasos casos  del ramo en que no ha sido absorbido por una industria mayor.

En 1908, en el nº 24  estaba la guarnicionería de José Armendariz (hace años estuvo ahí una tienda de Ives Rocher),  y a continuación la ferretería de Antonio Irure, que desde los años 30 a los 80 ocuparía la mítica tienda de comestibles Casa Azagra y en los años 80-90 Don Manuel, Zanne y hoy Brijitte Bijoux.  En este tramo hay cierto lio con los números pues en los años 20 la guarnicionería de Armendariz figuraba en el 22 y en los años 30 en este mismo número (actual Poker Jeans) se dice que estaba la tienda de venta de material de electricidad de los hermanos Guibert (antes parece que estaba en el 26),  regentada en los años 50 por Emilio Guibert. Probablemente esto se deba a algún cambio en la numeración  de los locales iniciales de la calle. Sigamos. Posteriormente, en el nº  28 estaba la tienda y fabrica de chocolate de Tomás García (que hoy alberga “Los Secretos de Coco”) más tarde tienda de alimentación de Eustaquio Ardanaz (ultramarinos); en 1951, en este local se inauguraría la Optica Joaquín Alforja (también aparecía en el epígrafe de joyería), luego estaba la alpargatería y cordelería de Gabino Aramburu (más tarde Viuda de Aramburu, donde hoy está la tienda de Sfactor), allí desde los años 20 y hasta final de siglo estuvo la tienda de tejidos y pañería Mestre, de los hermanos Mestre, a continuación venía la fábrica de cervezas de Luis Ros (luego Vda de Hijos de Ros), que también fabricaba gaseosas, aunque pronto se trasladarían al nº 3 de General Chinchilla, donde hoy está la comisaría de la policía nacional; aquí en los años 50 estaba la tienda de tejidos de Juana Fernández Mihura que luego ocuparía Don-Azar y hoy ocupa la perfumería Garbi,  luego venía  la cordelería y fábrica de calzado de José Lampreabe (también vendía costales y jergas), que  desde los años 40 y hasta primeros del  siglo XXI ocuparía la zapatería de Felipe Cruz y hoy Ana Jeans (al principio Felipe Cruz era solo alpargatería), la tienda de vino por decalitros de Apesteguía, que en los años 30 ocuparía la ferretería de Eceiza, Murillo y Macazaga, (en los años 50 solo Eceiza y Murillo) que vendía estufas, herramientas etc (hoy está en su lugar la zapatería Candido) y la tienda de tejidos de Juan Tellechea que en los años 30 ocuparían el taller de relojería de Gregorio Ezquer y la tienda de fotografía de José Calle. Aquí se instalaría desde los años 40 la camisería fina de Juan Almazor Castiella que conoceríamos con el nombre de La Creación hasta el albor del nuevo siglo y luego ISSA.

Entre los números 40 y 42, en los bajos del antiguo Palacio de los Mutiloa, estuvo desde primeros de siglo la sastrería, camisería (también vendía ropa blanca) de Herederos de Antonio Cabases, posteriormente Viuda de Cabases aunque también aparecía como titular Pedro R. Cabases como sastre con surtido de géneros, en los años 20,  en el nº 40. En los años 30 la razón social respondía al nombre de Hijos de Cabases. En los años 20  tras Cabases aparecía la tienda de ultramarinos al detalle de Cipriano Barace y en los años 30,  la camisería de Casimiro Altube, que tras la guerra y hasta  los años 70 regentaría su hija Camino Altube Belascoain, si bien un poco antes, en el nº 40,  como vemos en la foto de los años 40 de la derecha. Hoy, en esta ubicación no hay comercios pues  es un edificio de oficinas del Ayuntamiento. Junto  a la Camisería Camino, desde los años 50, había una tienda de calzado ordinario, de los Hermanos Maximino y Juan Aramburu. En los años 20,  en el nº 44 estaba la tienda de ropas hechas y ropa de niños Vda de Biurrun, que en los años 50 sería la mercería de las hermanas Mendia. Ahí estuvo Bernardo Eraso, tras su traslado desde la calle Eslava y hoy Zapatería Amorena, si bien con el nº 42. Más adelante, en el 46, donde hasta hace un par de años estaba la tienda de calzado Gett, estaba, en los años 50 la tienda de muebles de Mauricio Guibert, que en las primeras décadas del siglo estuvo en el nº 52; A continuación, en el nº 48 y retrocediendo nuevamente en el tiempo, en los años 20,  estaban la colandería de Pascual Asirón y la tienda de coloniales de Martín Galán. En el nº 50 estaba el veterano comercio, pues se fundó en 1830, de óptica de Ignacio Arillaga, que vemos en la fotografía de la derecha, y que en los años 20 cogería Cecilio Ajarnaute, que además de vender objetos de óptica vendía y arreglaba relojes. Con este nombre, Relojería Ajarnaute  lo conocí yo hasta los primeros años 80. Como ya indiqué en la anterior entrada del blog referida a la calle Zapatería, en el nº 50 tuvo su sede el Centro Vasco y el rotativo nacionalista “La Voz de Navarra” hasta que al estallar la guerra fue incautado por los falangistas. A principios de los 90 fue recuperado por el nacionalismo vasco siendo actualmente la sede del PNV en Navarra.

En los bajos del palacio Navarro Tafalla estaba junto a Optica Arillaga, aunque, este más tarde, desde 1905, el taller de pintura y papel pintado de Francisco Ibañez que como tienda de enmarcación de cuadros resistiría hasta el año 2013; a continuación venía la tienda de Francisco Azparren, que era  mercería y paquetería, bueno aparecía como pasamanería (luego la cogió la sociedad Irañeta y Usubiaga aunque  en los años 30 sería tan solo la mercería de Jose Usubiaga Izco, que en los años 50 vendía, además, género de punto). En esta ubicación (nº 52) está hoy Calzados Basoco. Después venía, donde durante mucho tiempo estuvo Perfumería Val y hasta hace poco Pampling la relojería de Carlos Diaz,  que aun continuaría hasta los años 60 como Casa Diaz. Y durante las dos primeras décadas del siglo, en el nº 56, donde hoy existe  una tienda de tatuajes y anteriormente estuvo Timbalada estaba la alpargatería y cordelería de Juan Garcia, antes de trasladarse a finales de los años 20 al nº 51, en la otra acera de la calle, cerca del Palacio de Guendulain. Tras Juan García había otra alpargatería y cordelería, (está claro pues porque a esta calle le llaman  calle Zapatería), la de Medardo Castillo que en los años 20 sería la tienda de frutas y verduras de Epifanio Royo. Acababa la calle, por este lado, a primeros del siglo,  con la churrería de Viuda de Aguilar y la abacería de Goñi Gaztelu. En los años 30, los últimos números de la calle, del 58 al 62 ya los ocupaba la tienda de Arilla y Cia, Casa Arilla que vendía instrumentos y material musical además de radio, discos, gramófonos, etc. Hoy, uno de los locales, el de la derecha lo sigue ocupando Arilla mientras que el otro, el de la izquierda, sirve de sede a un moderno establecimiento de de cadena de tiendas de  Perfumería Redín.

Comenzando por el lado izquierdo de la calle, teníamos en 1908, la abacería de Ramón Borea, la tienda de ropas hechas con géneros ordinarios de Felipe Balduz que, algunos años más tarde, pasaría justo al local de al lado, al nº 5, y en los años 30 aparecía como Confecciones Balduz e Hijo, donde durante mucho tiempo hasta finales de la primera década del siglo XXI estuvo Corsetería Sarita, antes, desde los años 40, en ese local estuvo Corsetería La Sirena. En los años 30, en estos primeros números de la calle estuvieron la perfumería de Andrés Gorricho (que perviviría como Casa Gorricho y mercería hasta bien entrados los años 50) y el taller de relojería de Julio Ezpeleta. Posteriormente en su lugar, comenzando la calle, tendríamos Calzados Ayestarán. El Hotel del Comercio estaba en el nº 7, ya hablé de él cuando revisé la hostelería de primeros de siglo. Aquí, en sus bajos está hoy Blai y en tiempos estuvo Usoz. En los años 50  a está altura estaba la camisería de Segundo Ruiz. A continuación estaba la cordelería de Francisco Gorriti, que en los años 20 ocuparía la tienda de tejidos de Manuel Batllori y luego la ferretería de José Armisen (el negocio estuvo en la familia Armisen  durante varias décadas, desde los años 30 hasta los 60, por lo menos,  primero con José y luego con Lorenzo,  al principio vendían estufas, luego comenzaron a vender todo tipo de herramientas para convertirse en una ferretería al uso). En este lugar estuvo durante años Moda Pantalón, luego Company y desde hace tiempo Futbolmanías.


 Batllori se trasladaría a la calle San Miguel, en el local donde en el último tercio del siglo conocimos Nuevas Galerías y en los últimos años la gran tienda de Adolfo Domiguez.  Luego de Armisen venía la fábrica de pastillas de café y leche “Las 2 cafeteras” (fue en el año 1912 cuando Claudio Lozano,  que había montado el negocio en 1886, le puso este nombre de “Las 2 cafeteras”). Desde los años 30 sería demás confitería y pastelería, negocio que permanecería hasta finales del pasado siglo (hoy está allí La Milla Store) y a continuación estaba  la cordelería de Juana Oricain, que en los años 30 ocupó Valeriano Zabalza Ilundain, con una camisería que continuaba abierta bien entrada los años 50, donde hoy está la zapatería Vas, y que antes de ésta albergó a “La exclusiva” que vendía género de punto (y también durante bastantes años a Confecciones Gonzalez). 
En 1908 y en el nº 15 teníamos el café público, además de horchatería, chufería y alogeria de Mariano Perez (donde hoy está Calzados Goñi); Aun en los años 30 este negocio aparecía como fábrica de hielo. Luego, en 1941 se abrió la zapatería de Hijo de Pablo Goñi Reparaz (con venta de calzado fino). Junto a ella estaba, en los años 50, el estanco de Teresa Marzo y la librería y tienda de plumas estilográficas y objetos de escritorio de Mariano Sagaseta de Ilurdoz que estuvo abierta hasta finales del siglo XX, vendía también radios y máquinas de escribir, además de la mercería de Carlos Zubasti que también conoció otra ubicación en la calle. Posteriormente nos encontrábamos, en el nº 17, con la tienda de tejidos al por menor de Rufino Saralegui, más conocida como La Perla Vascongada, todavía sorprendentemente en activo. A continuación, junto al pasadizo de la Jacoba, la tienda de tejidos, Viuda de Machiñena e Hijo, en los años 30, Hijos de Machiñena apareciendo como pañería y novedades para señora y tras la guerra la tienda textil Casa Arrizabalaga, de Felix Arrizabalaga Acha, donde en los últimos años del siglo XX hubo una tienda de zapatos (Eurocalzados). Eran tiempos aquellos en los que había muchas sastrerías, con venta de género en planta baja y sin venta en pisos. Por citar solo algunas en esta calle estaban además de las citadas la sastrería de los hermanos Gomez, Nicolás Alvaro, Celestino Ezponda, Calixto Martínez, Juan Cruz Roldan y Francisco del Valle.
Pero continuemos, pasando el pozo de la Salinería, en la esquina con Pozoblanco, estaba Casa Aznarez, conocida por confeccionar y vender sombreros para caballero, además de otro tipo de género a lo largo de su dilatada historia, (cuando falleció Manuel, paso a regentarlo su viuda, Juana Sarasa); luego la farmacia de Justo Aguinaga, fundada en 1888 y que hoy regenta su bisnieto Roberto, la tienda de confección de Antonio Garrigosa conocida como La Gran Ciudad de Londres, donde hoy está Lencería Silvia y que vemos en la fotografía de los años 20 que acompaña al párrafo anterior; antes de Garrigosa estuvo en ese local Aroza y Gortari con mercería, paquetería y quincalla (bisutería), la carpintería de Juan Ortigosa que se traslada en los años 20 al local de al lado  para montar una agencia funeraria, (no sería el primer ni el último carpintero que tomaría medidas para nuestro último viaje), de hecho en esta calle había dos funerarias, la de Ortigosa y la de Ciga. Esta última conoció varios emplazamientos, a primeros de siglo en el nº 51 y posteriormente en el 62 y en el 56), la imprenta de Nicolás Marcelino (también vendía papeles pintados), la hojalatería de Santos Ortigosa que vendía también quinques y lámparas. El local de  Ortigosa lo cogería luego Pascual Castiella, cuya familia regentó el negocio desde los años 20 y por lo menos hasta los años 60, ubicándose en este período entre el 31 (en los años 20) y el 35 (en los años 50). Junto a él estuvo un tiempo la carnicería de Tomas Egaña que se trasladaría posteriormente a otro local de la calle. Del local de Castiella podemos ver una fotografía datada en 1919, junto al párrafo siguiente.
Inicialmente Pascual Castiella era hojalatería y lampistería, vendía aparatos de calefacción, cocinas económicas, cristales, material de electricidad, taller de fontanería, sanitarios, vendía y reparaba radios, etc. En el local contiguo, en el que ocupaba Santos Ortigosa se instaló desde finales de los años 20 Manuel Huici, que cerró su nieto hace un par de años. En el nº 35 estaba también y estuvo hasta hace unos pocos años Sagarra o más apropiadamente Herederos de José Sagarra, fundada en 1878 que vendía artículos de cristal, loza y porcelana, luego la imprenta de Goyeneche, (que vendía también libros nuevos) y la tienda de ultramarinos de Félix Marrodán. Tras Castiella y Sagarra, en los años 20, ocupaba los números 37 al 41 Mauricio Guibert (donde hoy está el local cerrado desde hace ya casi una década de Euskal Piel). Vendía de casi todo: era almacenista de hierros y aceros, taller de lampistería, fabricaba cajas de caudales, cristales, objetos eléctricos, estufas, quincalla, trenzas para alpargatas, muebles, etc, la familia vivía en el mismo edificio. En los años 50 aparecía registrado como bazar, bisutería y quincallería. A continuación de Mauricio Guibert había en los años 20 una hojalatería y lampistería, Arteaga y Erroz. El edificio que  alojaba este negocio y que vemos en la fotografía de los años 30, junto a este mismo párrafo,  sería derruido y con él se perdiría cualquier vestigio de la casa, que se dice habitó San Francisco Javier, construyéndose, tras la guerra, un nuevo edificio, el actual nº 43 en el que tienen su sede Tejidos San Andrés y Confecciones Madrileñas.
He utilizado en bastantes ocasiones el término lampistería. Voy a aclararlo al igual que otros que estoy utilizando habitualmente: costales y jergas, quincalla, paquetería y abacería. Fue a finales del siglo XIX cuando aparece el oficio de fontanero que instalaba desagües, grifos y tuberías de plomo. Para moldearlos usaba una lamparilla de aceite, petróleo o gas (¿quien no se acuerda de esas pequeñas bombonas azules de gas de los fontaneros?). Por eso al nuevo oficio se le llamó lampista o lamparista y al negocio lampistería. La palabra fontanero ha sustituido al término lampista en casi todas las comunidades excepto en Cataluña. En esta región se usa como sinónimo de dos oficios distintos que son electricista y fontanero, mientras que la RAE lampista lo asimila a hojalatero. Costales eran unos sacos gruesos y jergas podía ser una tela gruesa y áspera para hacer colchones o un colchón de paja. La quincalla era el conjunto de baratijas y objetos metálicos de escaso valor que podía estar compuesto por bisutería y otros objetos de bajo precio, se diferenciaba claramente de las platerías y joyerías. La paquetería aparecía casi siempre unida a mercería aunque está en desuso con este significado y lo asociamos hoy a la empresa que realiza envío de paquetes. Abacería era la tienda donde se vendían al por menor productos como el aceite, la vinagre, legumbres secas, bacalao, etc.
En efecto, como ya he adelantado, en 1941 se instalaron en  el nuevo  nº 43 de la calle Tejidos San Andrés, fundada por Primitivo Esquiroz Oricain y Confecciones Madrileñas; junto a ellos,  algunos años más tarde,  estaban en el nº 45 la Ferretería Purroy y la tienda de venta de máquinas de escribir de Francisco Barrachina y posteriormente, en el nº 47, donde sigue estando actualmente  la fabrica de chocolate y cerería de Justo Donezar, fundada en 1853, que posteriormente regentaría su viuda, Vicenta Sarasibar y que hoy dirige su bisnieto Joaquín. A continuación, a principios de siglo  estaba, como he dicho,  la carpintería de Javier Ciga, que pasaría primero al 62, en los años 20 y luego al 56, en los años 30, y la fábrica de corte y calzado de German Anaut. En 1921, el Diario de Navarra  trasladaba su sede social desde el nº 40 de la calle hasta este lugar, al nº 49. Acabamos nuestro repaso en el nº 51 con la alpargatería de Juan Garcia, luego Viuda de Juan García, presente en ese lugar, como ya he señalado anteriormente, desde finales de los años 20 hasta el año 2000. La última de las fotografías recoge una panorámica de la calle en las navidades de 1958, con las luces en altura y algunos comercios perfectamente distinguibles: a la izquierda, Huici, Pascual Castiella y Sagarra, a la derecha la tienda de muebles de Mauricio Guibert.
Fotografías de la calle y sus establecimientos por orden de aparición: Calle Zapatería (sin datar, aunque probablemente de la primera década del siglo), Fotopostal de Vda. de Rubio. Calle Zapatería (sin datar, aunque probablemente de la primera década del siglo). Fotopostal de Vda. de Rubio. Calle Zapatería (sin datar aunque probablemente sea de los años 40). AMP. Comercio Casa Arillaga Optico (1919), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Comercio La gran ciudad de Londres (1920), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Nº 43 de la calle Zapatería (Años 30), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Navidades de 1958 en la calle Zapatería. Galle. J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios. Comercio de Pascual Castiella (1919), J. J. Arazuri. Pamplona, calles y barrios.

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Mayor (1905-1955). Segunda parte

Tras la buena  acogida del anterior artículo sobre el primer tramo de la calle Mayor, prosigo  con el segundo tramo y empezaré allí donde me quedé en la última entrada: en el cruce de las calles Mayor y Eslava. Les recuerdo que la numeración de este tramo de la calle en el primer tercio de siglo XX  no tiene nada que ver con la del actual. Entonces la calle acababa, por este lado, en el nº 115, mientras ahora lo hace en el 89. Comenzando por el lado izquierdo, a primeros de siglo, encontrábamos en primer lugar, igual que ahora, la farmacia de Manuel Negrillos, bueno mejor dicho la droguería y farmacia de Negrillos, actividades que mantendría, ambas dos, y de manera continuada, al menos, hasta los años 30. A finales del siglo XIX se confunden, en cierto modo, los negocios de  droguería y farmacia, conocidas entonces, sobre todo, con el nombre de boticas. En este siglo además de vender las medicinas en las boticas también se preparaban, en muchos casos, en éstas, los compuestos medicinales, y estos procesos se realizaban en la rebotica y el obrador. En esta entrada podemos ver un anuncio de esta farmacia anunciando determinados preparados. La materia prima era suministrado a las boticas por los mercados y las droguerías. Estas últimas se dedicaban casi en exclusiva a la venta de materias primas, productos químicos y drogas simples, siendo con el tiempo desplazados, estos últimos compuestos, a las boticas o farmacias, quedándose las droguerías para la venta de multitud de productos químicos y sobre todo de pinturas, que es, probablemente, por el producto que más las conocemos. En los años 50, la droguería que daba  a la calle Mayor, -la farmacia hacía esquina con Eslava y Mayor-, estaba a nombre de Mariano Diaz. A continuación de la farmacia y droguería de  Negrillos estaba la tienda de camisolines y mangas de Angela Aya que continuó en los años 20 con ropa de niños y en los años 30 con confecciones en general. En los años 50 estaba ahí la carnicería de Zacarías Arrastia. A continuación, en los años 20, teníamos la cestería de Cipriano Garcia y las mercerías de Petra Beunza,  -que vendía además bisutería, quincalla se llamaba entonces, y que permaneció en el lugar durante varias décadas-, y la de las Hijas de Gorriz que  en los años 50 aún permanecía en el mismo lugar, (donde hoy se encuentra Skaner Shop), y la frutería de Vicente Orzanco. Por estos números, en el nº 57 de los años 50, hubo  una carbonería y un poco más adelante una tienda de alimentación. En el nº 71 de primeros del siglo, donde está hoy Almacenes Bidasoa, estaba Manuel Labiano, ebanista y tapicero, que en los años 30 se convertiría en tienda de muebles, bajo la dirección de Fidela Larraz primero y Pablo Lezcano, después, y  que además de muebles  vendía artículos de porcelana y loza, género al que se dedicaba también, un poco más adelante,  a primeros de siglo, Antonio Puertolas, (en el local donde hoy está la antigua tienda de chucherías de Ludiloj). Más adelante estaba la fábrica de tejidos de Vertiz, Verdá y compañía (en lo que sería el actual local de Pavana). A partir de los años 20 las Teresianas se instalaron en el Palacio de Ezpeleta (en el nº 81 de la calle, hoy 65),   con su célebre colegio de enseñanza.

Tras el colegio de Teresianas había en 1905 varios negocios: una tienda de cereales al por menor y de abonos, fábrica de harina y panadería,  de Agustina Sarasibar primero y José Ilundain, después, así como otros negocios diferentes como la zapatería de Jacinto Erroz o la tienda de arreglos de relojes de Joaquín Erviti que más adelante en el tiempo, en los años 40-50 montaría una relojería en el nº 61 de la calle, donde estaba la mencionada tienda de chucherías Ludiloj. Posteriormente hallábamos la botería de Fructuoso Pérez y la juguetería, mercería y paquetería de Rogelio Lara, el pelotero Modesto Sainz, la cooperativa militar que era el típico ultramarinos pero orientado especifícamente a este sector profesional tan abundante entonces en la ciudad, la carpintería de José Lizarraga, la alpargatería de Pascual Ostiz, la zapatería de Ruperto Andueza, la carnicería de Vicente Redin, el broncista  Santos Garde, -que estuvo al menos desde los años 20 y hasta los años 50 en el lugar, si bien en el nº 85, en vez de en el 105, la cestería de Jose Nespereira (en los años 50 en el nº 77), la fontanería de José María Garde,  la tienda de frutas y verduras de Sebastian Subiza que permanecería en el lugar durante más de cuarenta años, etc. 

Es patente, todavía, la existencia, en este tramo final de la calle,  de un buen numero de  tiendas pequeñas y extremadamente estrechas tal y como debieron ser las tiendas instaladas en esta zona a lo largo de la primera mitad del siglo XX. En los años 50, en el nº 73, donde hoy esta Samoa Outlet y anteriormente Grabonorte, estuvo la mercería de las hermanas Fernández y Pescados Caridad y a continuación la carnicería de Félix Senosiain. Y donde estuvo la pajarería Arga y hoy Yoigo la carnicería Garralda y la zapatería de Saturnino Bañales. Sigamos: Posteriormente, ya casi finalizando la calle, estaba la taberna de Candido Francia, que en los años 30 se convierte en una casa de comidas de mano de sus herederos y la alpargatería de Julian Eguaras; en los años 50 donde hoy está la administración de lotería, José Luis Etayo tenía una tienda de género de punto con máquina para coger puntos a las medias y terminando la calle aparecía la tienda de tocinos y embutidos de Aniceto Beloso, que en los años 20 se convertiría en una tienda de ultramarinos, inicialmente a primeros de siglo también vendía cereales y aceite al por mayor. En los años 30 el negocio pasaría a su hijo Luis. En la foto que encabeza la entrada de Julio Cia, datada en 1933,   podemos contemplar una bonita estampa del cruce entre las calles Mayor y San Francisco, con el  comercio de Beloso en primera línea. Muchos años después y durante mucho tiempo en esa misma esquina estuvo la cafetería Delicias. La foto postal de la izquierda, algo más antigua, nos muestra esa misma zona, pero tomada a pie de calle, con unas “paisanas” mirando claramente hacia el objetivo  del profesional de la fotografía.

Regresamos al cruce con Eslava y recorremos, en esta ocasión, la calle pero por su lado derecho, por los pares. No lo he podido confirmar pero en los años 30 la confitería y pastelería de Ubaldo Ataun figuraba en algunas guías publicitarias en el nº 60 y la fábrica de chocolate en el 64 de la calle. Tengo serias dudas de que así sea porque en ese mismo número aparecía en esa mismas fechas, los años 30,  una taberna de un tal Hijo de Eraso que creo podría corresponder al actual Bar García.  En los años 50 en un piso de esta zona  tenía su estudio el fotógrafo Juan Gómez y la tienda de material sanitario de Jeronimo Echeverría, probablemente donde años más tarde estaría la fontanería Eraso y Ripa.  Más adelante, en el nº 68,  estaba la carnicería de Casimiro Esain que en 1921 regentaba Antonio Zubeldia; junto a ella estaba la tienda de confección de Félix Tapiz del Castillo que también estuvo ubicada al otro lado de la calle, en el 49; luego  venía la tienda de tejidos de Sebastian Larreta, que años más tarde aparecería bajo la razón social de Hermanos Larreta y posteriormente de F. Larreta, la carpintería mecánica de Angel Zabalo y a continuación el bazar de los Hermanos Arraiza, que también vendían productos de perfumería y quincalla (hoy  en el lugar donde estuvieron un día  esos locales tenemos grandes bajeras ocupadas por las tiendas de antiguedades de Echarri). 

Seguidamente entre los números 78 y 82 estaba la panadería de Lazaro Taberna, aproximadamente donde hoy está el almacén de Almacenes Bidasoa, situado justo enfrente de ésta. Fue en el año 1905 cuando adquirió esos tres locales y los acondicionó como obrador y despacho de atención al público. Por aquel entonces no sólo  se dedicaba a la fabricación y venta de pan sino también a la producción de dulces, chocolates e incluso embutidos. Se anunciaba como Ultramarinos y Panadería. Lazaro Taberna, cuya imagen corporativa (que vemos en el siguiente párrafo) es antigua y muy conocida (un panadero con sus barras de pan debajo del brazo) había comenzado unos años antes, en 1897 cuando adquirió en traspaso una panadería de la calle Nueva. En 1946 fallecía Lázaro pasando la dirección de la empresa a sus hijos y produciéndose su progresiva expansión a diferentes barrios de la capital. En el siguiente párrafo se puede ver igualmente la imagen de un motocarro de reparto de Taberna de los años 50-60.  A continuación de Taberna hallábamos la imprenta de Ramón Bengaray. Anteriormente Ramón la había bierto en el nº 82 de la calle Nueva pero en 1928 la trasladó al 86 de esta calle. Como la mayoría de las imprentas también  encuadernaba y vendía objetos de escritorio. Significado hombre de izquierdas y  vinculado a la causa republicana, fue asesinado al poco de comenzar la guerra, en agosto de 1936. Tras la guerra se instalaría, allí, Gráficas Iruña que en los últimos años del pasado siglo conocimos solo como tienda de papelería y material de oficina, Grafos. Junto a la citada imprenta José Unanua vendía en los años 50, como ya he señalado, objetos de escritorio y artículos de librería. 

Posteriormente estaba la carbonería de Genaro Iraizoz, que además era herrador, negocio que continuaría posteriormente con herrería y cerrajería, en los años 50, Juan Blanco, una de las dos alpargaterías de Pascual Ostiz, -la otra estaba en el nº 99 de la calle-,  la tienda de tejidos Perez y Ederra, regentada, en los años 50,  por Anastasio Zalba (allí  estuvo, hace unos años, la tienda de ropa Muskaria y hoy el centro de actividades infantiles Hegan and Dream); el ebanista y tapicero Gabino Lezaun que luego ocuparía la mercería de las Hermanas Erviti y en los años 50 Maria Vidaurreta (nosotros lo conocimos como tienda de ropa de niños Andia), el colegio de los Hermanos Huarte, la tienda de coloniales, jamones y embutidos, Hijos de Urriza, (Josefa Urriza lo llevaría durante bastantes años),(luego sería Muebles Lacunza y hoy la tienda de instrumentos musicales Haizea), la mercería de Cristina Hernando que en los años 50 regentaba Jose María Duran Mestre, conocida como Mercería Duran y que hoy ocupa un “chino”, la droguería de sucesores de Martinez, donde luego estaría durante muchos años la Farmacia Martinez y hoy la Farmacia Planas, la barbería de Fermín Esain, etc. En esta zona hubo un poco de todo: tienda de venta de costales y jergas, carbonería y en los años 30 una tienda de coloniales con especial atención a las frutas y verduras, regentada por la familia Erro, primero por Nicolás y luego por Vicente, una floristería de Vicente Huici que tenía los viveros en la Rochapea. En los años 50, donde luego estaría la tienda de belenes y venta de mascotas Erla había una tienda de alimentación regentada por los hermanos Asurmendi.  

La actual mercería La Fama no siempre  fue mercería. A primeros de siglo y regentada por José María Diaz  era una tienda de chocolate, confitería y pastelería luego, en los años 40,  con Fermín Diaz se convertiría en mercería.   A continuación en los años 50, donde después estuvo la tienda de ropa de niño Akara, Mana y hoy Mirage había otra tienda de comestibles y tocinería, la de Florentino Zabalza, para acabar con las barberías de Pedro Ruiz y Vicente Gambra, en el nº 120 de la calle. La peluquería-barbería aun estaría en funcionamiento hasta bien entrados los años 50. En los últimos tiempos conocimos allí una pequeña tienda de alimentación y revistas, bajo el nombre de Gambra. En esta última ubicación había en 1908 una tienda donde se vendía papel y sobres y que derivaría años después en estanco. Lo regentaba Mari Cruz Ibarrola. Bueno y así acabamos el repaso a los comercios, (probablemente no estén todos pero si los más destacados), que un día estuvieron en la calle Mayor, calle que aun sigue manteniendo una enorme actividad comercial, con más de 70 establecimientos en activo. En próximas entradas iré repasando los comercios de otras calles principales: Estafeta, Zapatería, incluso de algunas otras igualmente importantes pero menos transitadas, pero habrá que tener un poco de paciencia. No es una labor fácil la de reconstruir la fisonomía e historia comercial de las calles del Viejo Pamplona.


Foto: La segunda foto de la entrada es de J.Cia (1933)

Comercios del Viejo Pamplona: La calle Mayor (1905-1955). Primera parte

Regreso a la serie Comercios del Viejo Pamplona, adentrándonos, en esta ocasión, en una de las calles más importantes del Casco, la calle Mayor de Pamplona, principal eje del viejo burgo de san Cernin. A comienzos del siglo XX esta calle, la segunda más larga del Casco, tras la calle Nueva, con sus 345 metros, albergaba una miríada de pequeños establecimientos, algunos de los cuales adquirirían gran notoriedad en la vida de la ciudad, trasladándose décadas más tarde, por necesidades de expansión a otros puntos de Pamplona. Si actualmente existen en la calle entorno a 89 números a comienzos del siglo XX había nada menos que 120, lo que parece indicar que o bien había muchos portales y se han fusionado edificios en una sola comunidad de vecinos o los locales eran más pequeños que los actuales y se fusionaron para crear locales comercios más grandes o ambas cosas. Había incluso algún comercio dentro de los portales. El hecho es que difícilmente se pueden comparar las numeraciones antiguas, de la primera mitad del siglo y las actuales, porque no se corresponden. Sí se corresponden, en cambio, las de los establecimientos de los años 50 con las de ahora. Dado el elevadísimo número de establecimientos instalados, intentaré destacar aquellos que se mantuvieron durante más años. Si pudiésemos viajar en el tiempo a comienzos del siglo XX, nos encontraríamos con una calle Mayor bastante parecida a la fotografía de la derecha, de Jesús Martínez Gorriz, datada en los años 40, que encabeza la entrada y muy diferente a la actual, una calle en la que junto a la Estafeta y la Zapatería se concentraba buena parte del comercio de toda la ciudad. En esta calle bullían todo tipo de actividades comerciales y oficios, muchos  de los cuales ya cité en una entrada anterior sobre los oficios desaparecidos del viejo Pamplona: droguerías, tiendas de alimentación o coloniales, ferreterías, alpargaterías, cordelerías, guarnicionerías, barberías, bodegones y figones, tiendas de muebles, zapaterías, cesterías, carpinterías, tapicerías, carbonerías, carnicerías, pequeños talleres y fabricas:  de embutidos, chocolates, lejías, harinas, hierros, panaderías, pastelerías, vendedores y blanqueadores de cera, herrerías, hojalaterías, colegios, mercerías y paqueterías, molduras y marcos, papeles pintados, estancos, tiendas de tejidos y sastrerías, tintorerías, abacerías, boterías, broncistas, aparatos radioeléctricos,  pastas para sopa, garaje, antiguedades, imprentas, floristerías, fotógrafos, etc. Al recorrer esta calle surgen nombres y empresas como Sancena,  Lazaro Taberna, los hermanos  Bernardo y Venancio Villanueva que crearon las empresas de embutidos El Pamplonica y Kiliki respectivamente, Casa Azagra, Ciganda, Sagaseta, Droguería Varela, Almacenes Oyarzun, Larreta, Víctor Bregaña, Huici, Salanueva Hermanos, Graficas Iruña, La Industrial Ferretera, Foto Mena, Foto Gómez y otros muchos.
Dada la extensión de la entrada, la dividiré en dos partes, correspondiendo cada parte a cada una de las mitades de la calle. Si nos situásemos, de pronto, en el año 1908 cerca del pozo de San Cernin y mirásemos hacia San Lorenzo nos encontraríamos a la izquierda con los siguientes establecimientos. En primer lugar la tienda de tejidos de Bonifacio Ortega, -entonces Ortega y del Valle-, que aun continua abierta después de 116 años; la droguería y tienda de papeles pintados de Pedro Zabalegui,-hoy esta ahí la droguería de Pedro Pomares-; la mercería y paquetería de Miguel Aragues, que luego continuaría Manuel Lecumberri durante los años 20 y 30 al menos; la zapatería de Manuel García con calzado a la medida y la abacería de Mamerta Ibarrola que en los años 20 daría paso al establecimiento de Medina y Compañía, inicialmente con camisería y ropa blanca, si bien enseguida introduciría otros productos como guantes, perfumes y medias, como reza el anuncio adjunto, etc, y que hoy es la lencería Medina. Hasta no hace demasiado tiempo, -15 años o algo más-, ocupaba solo uno de los locales del portal nº 5, el último establecimiento que recuerdo abierto a su lado era la tienda de alimentación La Sevillana; en los años 50 estaba, junto a Medina, una zapatería de calzado fino, -así se les llamaba para diferenciarlo del calzado ordinario-, de María Luisa Urrutia, Viuda de Larreta.  A continuación venía la zapatería de José Llorente,  que vemos en la fotopostal de la derecha junto a este párrafo y que facilitó a este blog José Castells. El local fue reformado en 1924 por el célebre arquitecto Víctor Eusa y tras un corto período en que el negocio estuvo a nombre de Ramón Izco,  en los años 30, paso  de nuevo a la familia Llorente y más concretamente a manos de Paula. Luego venía la tienda de embutidos de Fermín Santesteban que luego cogería Tomás Villanueva, que posteriormente se trasladaría a otro local del segundo tramo de la calle, y que ocuparían en diversos momentos Bernardo y Venancio Villanueva que fundarían  la fabrica de Chorizos El Pamplonica y la de El Kiliki respectivamente, al final de la avenida de Zaragoza y en Burlada respectivamente; En los años 50 Venancio Villanueva aun mantenía esta tienda en la calle Mayor que en los 90 albergaría la tocinería Urdaniz.   Más adelante estaba la mercería y paquetería de Francisco Oyarzun que luego abriría tienda en el Ensanche, aunque que yo sepa, hasta bien entrados los años 50, al menos,  mantendría la tienda de la calle Mayor, bajo la razón social de Oyarzun y Compañía. En el nº 15 de la calle había, a comienzos de siglo una imprenta, una de las muchas que ha tenido sede en esta rua pamplonesa. Pertenecía a Patrocinio Ramírez de Esparza. Posteriormente el local sería ocupado por una tienda de tejidos, o como se decía entonces una sastrería con surtido de géneros, especializada además en vestimenta militar, Zoilo de la Torre, de la que también dejo una fotografía, junto a este párrafo. El negocio continuaría al menos que yo sepa hasta la guerra, bajo la dirección de sus hijos. Tras ésta José García Catalán abría  La Zapatillera, que  vendía alpargatas, si bien el negocio es, al parecer, bastante más antiguo superando en la actualidad  el siglo de antiguedad. En los años 50 su hermano Manuel tenía otra zapatería en el nº 7 de la calle. También en esa época en el nº 11 José Gil abría La Huerta Valenciana que vemos en una foto de los años 50 junto al siguiente párrafo, que me facilitó hace algún tiempo mi buena amiga Marcela Abarzuza.
Otra tienda de tejidos, la de Máximino Muñoz, había más adelante en los años 30, en el nº 17 (se inauguró el 11 de abril de 1924). A continuación una herrería, una tienda de muebles, de Sixto Fernández y una barbería (la de Eustasio Irujo), si bien en los años 20, en algunos de estos locales Elías Goñi montó una tienda de material eléctrico y Jose Armisén su celebre ferretería y en los años 30, Pedro Escudero abría también  en uno de estos locales un bazar en el que se vendían, entre otros productos, juguetes que hacían las delicias de los niños. Posteriormente y en los años 30, encontrábamos la tienda de confección de Pedro Monasterio y la de camisería fina de Antonio Mendizabal. En los años 20, aparecía en el nº 25 un garaje de Florentino Murillo. Pero volvamos a comienzos de siglo. En esa época y a continuación, en el nº 27  Mauricio Guibert  vendía artículos de electricidad, metales, vidrios, cocinas económicas, inodoros, etc. Posteriormente el local lo ocuparía la imprenta de Eduardo Albeniz que como la mayoría de las de aquella época era también papelería y librería, algunas incluso vendían objetos de escritorio y a partir de los años 30, Pascual Larumbe trasladaría su alpargatería desde el nº 44 a este lugar donde permaneció Casa Larumbe hasta su cierre hace unos algunos años. En realidad  Larumbe fabricaba y vendía alpargatas como hacía Ramón Unzu Got (Sucesor de Cia) en esta misma calle. Más adelante encontramos en los años 20 una mercería y paquetería que vendía también quincalla, osea bisutería, incluso más adelante vendió artículos de droguería, regentada por Daniel Zariquiegui,  padre del famoso arbitro de fútbol y directivo de Osasuna, abuelo del actual titular, antes de que la tienda se especializara, con Daniel, en material deportivo. A continuación hubo varios negocios  a lo largo del tiempo, una cestería en 1908 que posteriormente daría paso a la tienda de José Arrizabalaga (grabador, venta de armas, etc), la hojalatería de Gravalos, una tienda de velocípedos y accesorios y más tarde Confecciones Mendizabal. En los años 50 junto a Deportes Zariquiegui había una zapatería de género ordinario, de Joaquín Villanueva. Y cerca de la Zapatillera, en el 13, donde después estuvo las 3 BBB había una tienda de tejidos, de Justo Martinez y donde hoy esta Mei había otra tienda de tejidos, de Gregorio Olza.
En el 35 de la calle Mayor había en 1908 una tienda que construía baúles y vendía o alquilaba muebles usados, negocio que cogería en los años 20 Inocencio Prieto. A continuación, Modesto Elizondo vendía vino por decalitros y en los años 20 y 30 Inés Prieto y Antonio Vazquez regentaron consecutivamente sendos negocios de muebles y Federico Standfuss, “La Alemana”, una tienda de porcelana, loza y perfumería; José Sagues  que era carpintero ofrecía los servicios durante las primeras décadas del siglo, asimismo, de una agencia funeraria, está claro porque, aunque en los años 50 parece que montó allí una tienda de comestibles; una tienda de molduras y marcos y en los años 30 estuvo también   una tienda de productos eléctricos de los Hermanos Salanueva, y la ferretería de Enrique Sanz que con el cambio de numeración pasaría en los años 50 a ser del 45 al 35. Tras ella la hojalatería de Ramón Laforgue que estaba años atrás en el 53,  43, y pasó luego al 47. Pero volvamos un poquito  hacia atrás; en los años 50  en los bajos del antiguo Centro Mariano estaban Muebles Apesteguía  y una tienda de porcelana, loza y cristal de Pilar Carnicer. Tras la ferretería de Sanz, en los años 40 Petra Garcia Undiano abría donde antes estaba la tienda de saldos El 0,95 (el anuncio pertenece a otra ubicación anterior diferente en la misma calle) y anteriormente la hojalatería de Laforgue. A continuación venían la  tienda de alimentación que en los años 20 regentaba Nicasio Echauri y que en los 50 cogería Demetrio Arbeloa, donde hoy está Joyería Berna,  y que anteriormente a primeros de siglo albergó una tienda de alpargatas, costales y jergas, a continuación la mercería de Sucesores de Arocena yla tienda de antiguedades de Ignacio Eusa,   la abacería de Manuel Zabalza (que en 1954, -año de la primera foto de la entrada-,  regentaba Luis Ruiz y cuya apariencia permanece hoy  exactamente igual que hace 62 años) y por último y para acabar este lado de la calle la tienda de venta de vino por decalitros de Miguel Anocibar en 1908, que fue imprenta de Argaiz en los años 20 y una tienda de tejidos, Olaso y Pérez en los 30. En los 50 había, sin embargo una zapatería, la de Benito Ruiz.
Regresamos al pozo de San Cernin  y recorremos, esta vez, el lado derecho de la calle, los números pares. En el edificio del actual palacio del Condestable que en los últimos tiempos concentró grandes comercios (Almacenes Pamplona, Almacenes Aldapa, Muebles Elosegui) estaban asentados entonces, a primeros de siglo muchos más comercios. El primer local, en 1908, en este lado de la calle era la fabrica de chocolate y de pailas para velas de cera  de Viuda de Etulain, luego Lucas Zabalza, en el lugar que posteriormente en los años 20 ocuparía la tienda Tejidos Gorriz, de Pio Gorriz, pues antes estuvo en el nº 12; también en este lugar se asentaba la carnicería de Teofilo Leranoz y a continuación podíamos encontrar la tienda de calzado a la medida Campos y Elorz que algunos años después en 1920 ocuparía la carnicería de Juan Sagues y tras la guerra la tienda de comestibles de Ulpiano Aldaz. La tienda de Aldaz estuvo inicialmente en el nº 12 de la calle y posteriormente pasó a este emplazamiento. También en este primer edificio de la calle tras la guerra podía verse la mercería de Juan Antonio Cabasés que en los años 60 y 70 conoceríamos como Almacenes Aldapa.

Volvamos a 1908. En el nº 4 estaba la mercería de las hermanas Hernández  y tras la guerra la fabrica y tienda de Muebles Elosegui. Su propietaria era Esperanza de Miguel, Viuda de Elosegui. En las primeras décadas del siglo XX, en los números 6 y 8 estaban las ferreterías de Remigia Alzate y Joaquín Iturria así como el estanco de Ramón Gil, donde antes estuviese Manuel Lebrón; más adelante la carnicería de Corpus Arbizu, donde en en los años 30 estaba la zapatería Casa Briñol; la tienda de vinos de Patricio Taberna, y como he dicho la tienda de los hermanos Gorriz, luego de Pio Gorriz; el ebanista y tapicero Francisco Josué, luego Hijos de Josué que también vendían los muebles que fabricaba. A continuación la droguería Ardanaz, de Don Fructuoso Ardanaz que luego regentarían los hermanos Ardanaz y especialmente durante buena parte del siglo XX, Nicolás Ardanaz, el celebre fotógrafo. Como buena droguería, de las de antes, vendían de casi todo: todo tipo de productos químicos, abonos, pinturas, hasta cristales y como fotógrafo, incluso también aparatos fotográficos. No es el primer caso de droguero metido a fotógrafo o viceversa. Junto a la Droguería Ardanaz estaba la tienda de papeles pintados y pinturas, Hijos de Lipuzcoa que se mantuvo en el lugar, al menos hasta 1936. 

Luego venía la tienda de Ramón Unzu Got, Sucesores de Ramón Cia, bueno eso en los años 20, porque a principios de siglo los Herederos de Ramón Cia estaban en el nº 28 de la calle, no en el 20 (en el 6 con la nueva numeración en los años 50). Inicialmente la tienda era zapatería, alpargatería, cordelería, guarnicionería, vendía loza y vajilla ordinaria. Sus sucesores continuaron con los mismos productos aunque era más apropiadamente un bazar. En el 26 encontramos en los años 20 la ebanistería, sillería y tapicería de Mariano Gastón. A continuación la tienda de aparatos radioeléctricos de Víctor Bregaña (radiotelefonía, electrónica de automoviles, neveras industriales y objetos eléctricos en general)  que en los años 50 ocupaba el nº 8. Junto a él en los años 50 estaba la Industrial Ferretera. Desde los años 40 aquí estaba la librería de Antonio Leoz y a continuación la Tintorería Paris de Marcelo Deslandes. En esta zona estaba también la prestigiosa Casa Azagra, de Pedro Azagra que también tenía otro establecimiento en Zapatería, 26. (En el local que tenía en la calle Mayor hubo antes una tienda de guantes y pieles, la de Luis Leache). Aparecía como ultramarinos al detalle, aunque también vendía embutido fabricados por ellos. Conoció en la calle Mayor diferentes ubicaciones, primero en el 34, luego en el 30 y posteriormente en los años 50 en el nº 21, donde hoy en día está Clase Moda. Junto a Casa Azagra estaba la tienda de pastas para sopa de Isabel Legarrea, la zapatería de José María Aizcorbe y la tienda de frutas y verduras de Valentin Val. En los años 50 encontrabamos en este tramo la mercería Ferran que cogía también puntos a las medias. A continuación estaba la fundición de hierro y acero de Martín Sancena, (cuñado de Salvador Pinaquy), uno de los fundadores de la empresa) que fabricaba también material agrícola,  junto a su ferretería al por menor, ubicada en la calle Mayor desde 1890. En 1936 trasladaría parte de sus instalaciones a La Rochapea, concretamente los talleres de fundición, permaneciendo los talleres mecánicos y las oficinas en esta calle. Esta empresa era heredera de la sociedad Salvador Pinaquy y Compañía, fundada en 1850, que comenzó siendo un negocio de ferrería, fundición y construcción de máquinas, sobre todo agrícolas, afincada inicialmente en el Molino de Caparroso para irse dedicando,  a partir de 1924 a la fabricación de elementos de mobiliario urbano y saneamiento. En este tramo de calle hubo antes y después otras actividades: la hojalatería de Fermín Tellería, la tintorería de Ramon Coyné que luego regentaría Pedro Arques. Y sobre todo donde estaba Sancena hasta 1968, (fecha en la que se traslada por completo a la Rocha), se instaló poco después Muebles Apesteguía.

En el nº 46 estaba la fábrica y tienda de chocolate de Pedro Nagore, luego Hijos de Nagore confitería-pastelería, que como la mayoría de  las chocolaterías vendían además pailas para velas de cera y blanqueaban la cera. En los años 50 regentaba la chocolatería Fermina Sainz Aranguren.  A continuación primero Juan  y luego Agustín Sagaseta se dedicaban a  fabricar y vender muebles de lujo: Inicialmente eran ebanistas y tapiceros. El negocio se fundó en 1841. Hoy en ese local está Samoa Sport. Posteriormente, donde hoy está  el Taberna de la Calle Mayor estaba la Droguería de los hermanos Niceto y Juan Varela, fundada en 1898, que años más tarde abrirían tiendas en la avenida de San Ignacio y Franco (hoy de la Baja Navarra). Para hacernos una idea del cambio en la numeración de los locales y portales baste con señalar que el nº 50 de primeros de siglo era el nº 24 en los años 50. Tras esta estaba la carpintería Herederos de Roch que luego se convierte en la tornería de Benito Sanz y más tarde en una tienda de venta de bobinas, motores y dinamos (Andres Garijo) con tienda también en el nº 14 de Carlos III; En los años 50 tras la droguería Varela estaba la tienda de venta de aparatos de radio Jaime Thomas Naudin, el padre de Gonzalo, último propietario del negocio electrodomésticos Thomas hasta su reciente jubilación. En su último local, de más de 300 m2 estuvo desde primeros de siglo la tienda de muebles de Ramona Urzaiz de Ocon, (Muebles Ocon) primero empezó vendiendo camas de hierro  y luego todo tipo de muebles asi como la peluquería de Teodoro Esain, donde antes estuviese  la barbería de Trifón Arteaga y la zapatería de José Jorajuría. A continuación venía la tienda de tocinos y embutidos de  hijos de Estebán Arnedo que en los años 30 será Coloniales Giganda, de Andrés Ciganda, ( hoy Tejidos Anma) y  para acabar este primer tramo de la calle nos topábamos con una pequeña de tienda que vendía aceite, vinagre y jamón y años más tarde sería una pescadería y por último la tienda de chocolates de Ubaldo Ataun, todavía abierta y de la que nuestro alcalde, hace cuatro meses, escribía una larga reseña histórica, un negocio que hunde sus raíces en torno al año 1885, aunque los primeros datos documentales sobre su existencia son de 1898.

Fotos: J. Cia (1954). AMP. Jesús Martínez Gorriz (1945). AMP

Bares y tabernas de antaño (1844-1994). 2ª parte

Concluyo esta larga entrada centrada en la hostelería del Viejo Pamplona, con una mirada a algunos de los establecimientos que podíamos encontrar en la ciudad, entre los años 1933 y 1993. Como en la entrada anterior,  pretendo recopilar un buen número  de establecimientos hosteleros de entonces así como  de los nombres de las personas que estuvieron detrás de ellos. Así como los comercios han conocido,  en todo este período muchos más cambios en el Casco Antiguo,  la hostelería ha sido un sector, por lo general, mucho más estable;  Por supuesto que, en muchas ocasiones, han cambiado  los nombres de sus regidores pero en la mayoría de los casos los locales que albergaban una actividad hostelera la han seguido manteniendo. Probablemente la necesaria mayor inversión para la adecuación del local a esta actividad, la hostelera, explique esta mayor continuidad en el uso.

En 1933 podíamos encontrar, entre otros, los siguientes bares : en la calle Estafeta, El Moderno (en el nº 69, donde mucho más tarde se instalaría Casa Evaristo, con salón de billares incluido), en la calle Comedias, entonces 2 de febrero, el Gau-Txori (estaba en el nº 5, donde desde hace tiempo está el Burgalés); en Descalzos, el ya citado, en la entrada anterior, El Pamplonés de Ambrosio Goñi (que pasa del 11 al 7); en San Nicolás, el café-bar  y restaurante Irañeta, abierto entre 1931 y 1963, que dio paso, desde 1963, al Bar Restaurante Baserri; el café-bar y restaurante Niza que se abrió en 1936, a los que habría que añadir, además, el Dena Ona, el Torino y el Rodin de San Ignacio, donde antes estuviera el bar Olimpia,  y el bar de Autobuses, tras la inauguración de la estación en 1934. La calle Jarauta era probablemente una de las calles que más bares tenía, por supuesto también tenía muchos pequeños comercios, hoy prácticamente casi todos desaparecidos. Donde hoy esta la sociedad Gureleku había, en esos años, un bar que regentaba Vicente Gimeno y un poco más adelante, en las traseras del colegio de Dominicas, otro que regentaba Patricio Garjón. También había bares y tabernas, desde hace mucho tiempo desaparecidas, en San Agustín, Calderería, Compañía, San Lorenzo, etc. En la Rocha destacaban los establecimientos de Andrés Aldaz y Doroteo Arizcun. Donde hoy está el bar Ciudadela ya había en esos años un establecimiento hostelero que dirigía Felipe Ginés. ¿Sería el mismo Ginés de la calle Calceteros?.

Como decía en la entrada “Ilustres personajes que vivieron los sanfermines del Viejo Pamplona”, si hay un hombre al que Pamplona le debe su fama internacional es el escritor norteamericano Ernest Hemingway. Vino en ocho nueve ocasiones a Pamplona, la primera vez en 1923 y luego  de manera ininterrumpida, de 1924 a 1927; para regresar en 1929, 1931, 1953 y 1959. (Tuvo también una visita relámpago en 1956, de camino a Logroño). Pues bien el escritor tenía una serie de establecimientos, la mayoría ya citados en la entrada anterior, a los que no dejaba de acudir en sus escapadas sanfermineras. En esta pequeña ruta de Hemingway por Pamplona repasaremos todos los establecimientos hosteleros que visitó el escritor. En 1923, que fue el año de su primera visita a Pamplona acudió a hospedarse al Hotel La Perla pero era demasiado caro para su sueldo de corresponsal y se alojó en el 4º piso de una pensión en el nº 5 de la calle Eslava. Solamente en 1953 y 1959, con el premio nobel en su bolsillo, y mayor disponibilidad económica pudo permitirse el lujo de hospedarse en La Perla. Entre 1924 y 1931, Ernest se hospedó siempre en  el hotel de su buen amigo Juanito Quintana, el Hotel Quintana situado, como hemos visto, en el edificio donde hasta hace poco estaba la Cervecería Tropicana. Juanito era como Ernest, un buen aficionado a los toros y allí tuvo ocasión de conocer a Cayetano Ordoñez, El Niño de la Palma. Cerca de allí, muy a mano, tuvo desde 1930, la terraza del Choco, uno de los lugares donde en más ocasiones aparece fotografiado además del Café Iruña. Es sin embargo el Café Iruña el lugar en el que siempre recaló en todas sus visitas, su autentico cuartel general desde donde observaba y vivía la fiesta en todo su esplendor.

También se dejó caer por el Cafe Kutz y el Torino, algunos dicen que también por el Café Suizo, aunque era conocida su animadversión política contra este establecimiento. Hemingway no podía ocultar sus afinidades políticas republicanas. Otro de los establecimientos que con más asiduidad visitó en sus estancias en Pamplona fue Casa Marceliano, donde tenía costumbre de almorzar después del Encierro, así queda constancia al menos desde 1926. Nuestra guerra civil hizo que Ernesto no volviese a Pamplona hasta el año 1953. El 15 de abril de  1938 Gervasio Guerendiain había abierto un restaurante en el Paseo de Sarasate al que puso el rimbombante nombre de “Hostal del Rey Noble” pero que es mucho más conocido por  el nombre de Las Pocholas, restaurante que condujeron las hermanas Guerendiain hasta el año 2000. Pues bien a partir de su regreso a Pamplona en 1953, Las Pocholas se convertirá en otra de las citas obligadas del premio nobel, lugar que queda reflejado en la foto del 21 de septiembre de 1956, en una visita relámpago a Pamplona, acompañado de unos amigos de la capital. Fuera del Casco Antiguo el único establecimiento hostelero que visitó  Ernest en los años 50 fue el Hotel Yoldi,  para visitar a su buen amigo, el diestro Antonio Ordoñez, antes de las corridas.

La guerra había pillado a Juanito Quintana, dueño del Hotel Quintana, vinculado a la causa republicana, en la localidad francesa de Mont Marsan. No se atrevió a volver a Pamplona por miedo a las represalias. Así es que su hotel quedó cerrado hasta que en 1937 Pedro Erviti reabría el establecimiento con el nombre de Hotel España. Sin embargo el hotel no duraría demasiado, para el año 1946 había cerrado definitivamente sus puertas. En sus bajos se abriría, en los años 50, el bar Brasil.  En 1946 la familia Ramirez cogía el bar Sevilla que ya tenía ese nombre desde el término de la guerra. Lo cogió el abuelo Julián y lo ha estado llevando la familia durante tres generaciones, hasta hace muy poco tiempo. Antes estuvo un poco más a la derecha, donde el Bar Kiosko, pero se trasladó a su tradicional ubicación en el año 1959. Junto a él estaba, en los años 60, el Bar Pekín. En estos años 30, no solo las casas de huéspedes ofrecían comidas sino que cada vez, con más frecuencia, sucedía al revés, que las casas de comidas y restaurantes también ofrecían habitaciones, así sucedía con Casa Marceliano o La Marcela y también lo hacían los Bastarrica, Cebrian, Elizalde, Landivar, Pueyo, hijos de Tejedor, Viscarret y otros que ya hemos visto en la entrada anterior. Entre las nuevas casas de comidas estaban la de Baldomero Barón en Ansoleaga, 33, la de Elias Echechipia en Mercaderes, 7 (Restaurante Iruña), Hijos de Francia y Antonio Pérez en San Francisco, Isidoro Iturralde en Lindachiquia y Leocadio Urtasun en la Estafeta.

Tras la postguerra, en los primeros años 50,  un buen número de bares y cafeterías o café-bar se habían implantado en el Nuevo Ensanche y se habían renovado buena parte de los del Casco Antiguo. Continuaban algunos veteranos, por ejemplo, Eugenio Roch en su decimonónico café de Comedias; Matías Anoz con su
incombustible Casa Marceliano; Elvira Muñagori, viuda  de Kutz, con su Café Kutz (que cerraría en 1961 para dar paso al Banco de Vizcaya); Doroteo Cotelo  con el Torino mientras Pablo Diez de Ulzurrun  había abierto un bar en el nº 34 de la calle Mayor, donde hoy está El García: se llamaba Bar Ederra. Otros ilustres sin embargo desaparecerían como el Café Suizo  para dar paso a un banco,  el  Banco de Bilbao y el Dena Ona se convertía en el Bearin. Teodoro Aparicio  llevaba el Mirador de los Jardines de la Taconera y surgían nuevos nombres y apellidos en la hostelería pamplonesa. La hostelería se concentraba sobre todo en San Nicolás, San Gregorio, Plaza del Castillo y la Estafeta.  Rafael Erice regentaba El Caserío en el nº 11 de la calle San Gregorio, Victorino Ganuza hacía lo propio con el bar de su nombre, El Ganuza en el nº 21 de la misma calle, y la familia Barberena cogía El Orbaiceta en el nº 48, de manos de Lucio Arizcuren, para convertirlo más tarde,  por parte de uno de los hijos en  el Museo, mientras que otro hijo, Joaquín Barberena, abría en 1963  el Bar Río en la calle San Nicolás; ambos Museo y Río unidos por la misma receta familiar, la de sus célebres huevos. Por cierto donde actualmente está el Río, en los años 50,  parece que la familia propietaria del edificio, los Larrayoz ya tenían un establecimiento hostelero.

En la calle San Nicolás Juan Irañeta seguía adelante con el mítico café bar Irañeta que llegó a albergar numerosos conciertos de música y, como he comentado al principio de la entrada, ya existía actividad hostelera en lo que durante muchos años fue el Bar Arizona, o en los actuales  Redín,  Ciudadela, Ulzama (y el Aralar), La Viña (con el mismo nombre y la dirección de Julián Sanchez)  o  el Burgalés. Antes del Montón, en Jarauta, 29 estuvo el Bar García, el Falcesino. Donde hoy está el bar Infernu estaba la Taberna-Bar Moreno. En el nº 3 de Curia, Josefina Goñi llevaba el Bar Goñi antes de la llegada de la Hostería del Temple en los años 60; Jeronimo Ibarrola regentaba el restaurante Maitena en el nº 12 de la plaza del Castillo, (donde desde 1980 y hasta 2010 estaría la sociedad gastronómica Gazteluleku); los Iturralde  continuaban con el negocio familiar del Catachú en la calle Lindachiquia;  Isaac Juanco dejaba las riendas del negocio, el Otano (San Nicolás, 5), en manos de su hijo Andrés que, a finales de la década, se casaría con Tere Goñi; Federico Monasterio regentaba el Monasterio en Espoz y Mina, 11, Vicente Aguinaga  el Niza; Alcaine y Beaumont el Choko; Miguel Aldaz,  El Espejo (los actuales propietarios sólo llevan con el bar desde 1989) y Candido Ardanaz el Bar Prados en el nº 58 de la Estafeta, antes de que se convirtiese en el Fitero  en 1956.

En 1955 se abría un restaurante en la calle Jarauta con el nombre de Guretxea. Sus propietarios se trasladarían a la 2ª planta del nº 20 de Ansoleaga en 1960,  con el nombre de Restaurante Basaburua. En 1987 pasarían a su ubicación actual, en el nº 16 de la misma calle,  donde la tercera generación sigue actualmente  con el negocio. En 1956 se abría el restaurante Sarasate en la calle San Nicolás, especializándose en comida vegetariana desde 1979, mientras se mantenía la actividad de restauración en los locales que hoy albergan el Bar San Nicolás y el Iru, de la mano de Vicente Saralegui y Marcos Sanz respectivamente. En 1958, Alejando Elizari y Felisa Garcia fundaban el restaurante Josetxo, en el segundo piso del nº 73 de la calle Estafeta, que más tarde, en 1985, trasladarían sus hijas Raquel y Mari Carmen a la plaza de Príncipe de Viana, donde se mantuvo hasta hace cuatro años. En su lugar se pondría uno de los primeros restaurantes chinos de la ciudad, el Palacio Chino. En la calle Estafeta estaba desde 1959, en el nº 50, el Señorío de Sarria, hoy Bodegón Sarria;   y también en esos años 50, Carlos Pascualena tenía un restaurante en el nº 55 de Estafeta (donde hoy está Globe Trotter) y en tiempos estuvo el negocio de Basilio Fuentes y sus herederos; Macario Arguiñano en lo que ahora es Chez Evaristo (en el 69); Luis Desojo Sanz en el 71 donde ahora esta La Granja; Casa Sixto (en el 81);  Casa Juanito, en el nº 83, con José Urretabizkaia de camarero, tras la barra, desde 1963, y que hoy es su actual propietario; Casa Flores en el 85 y encima de ella el Hostal y Restaurante Ibarra. En los años 60, el Brasil dio paso a la Cervecería Tropicana. En otras partes de la ciudad estaban en  San Juan, el Toki Zarra y  en el Ensanche, el Bar Cinema o Casa Mauleón , fundada por Hilario Mauleón.

En otro orden de cosas se abrieron en estos años nuevas churrerías: en la calle Estafeta, San Gregorio, y Compañía y Elias Fernandez sumaba a la veterana churrería de la Mañueta otras dos, una en la misma calle y otra en la calle Amaya. Y entre las heladerías cabe destacar  El Buen Gusto en Chapitela, Alaska en en el nº 49 de la plaza del Castillo, La Vital en el nº 18 de Sarasate y como no, Eliseo en La Rochapea. Por otra parte, a medida que la ciudad iba creciendo se iban abriendo bares en los barrios periféricos de la capital. Eran bares modestos, como el que vemos en la foto adjunta de Herce de un bar de la Chantrea en los primeros años 60.

En el ámbito de los hoteles cabe señalar que en  los años 50 aun continuaban abiertos el Hotel El Cisne y el Hotel El Comercio. Desde 1945, el Maisonnave lo regentaba la familia Alemán y más concretamente Miguel,  que trasladaría el hotel a la calle Nueva en 1966. Eran nuevos el Hotel  Valerio, ubicado en el nº 5 de la avenida de Zaragoza, regentado por Margarita Aranguren; el Hostal Xavier en el nº 2 de la calle San Gregorio, dirigido  por Mercedes Ferreras, el Hotel  Yoldi y el Hotel Europa. Y entre los restaurantes de la época teníamos al veterano Casa Marceliano; el Blanca de Navarra conducido por Braulia Villanueva,  en el nº 24 de la calle Mercaderes; el Iruña en el nº 7 de la misma calle, regentado por la familia  Echechipia, entre los años 30 y 50, (en la última época estuvo  al cargo del citado restaurante Ana María Echechipia; el Yaben en la segunda planta del nº 24 de Pozoblanco, (había otro restaurante al principio de la calle, en el nº 20, donde estuvo la antigua casa de Cuevas), y la Fonda Hispanofrancesa de Wenceslao Cilveti en plaza del Castillo, 20. En el terreno de las fondas, posadas y casas de huéspedes destaca el hecho de que las Amostegui abrían en esos años sendos negocios: Rafaela en el nº 72 de la calle San Nicolás y Victorina en el nº 20-22 de Pozoblanco, donde actualmente tienen el restaurante sus herederas. Por su parte Francisca Barbería abría su posada en el nº 2 de San Lorenzo, donde estaba la Cepa y José Echeverria en San Nicolás 34-36, en lo que había sido antes La Salacenca.
En 1963 se inauguraba el Hotel Tres Reyes en terrenos del antiguo Bosquecillo y en 1969, como ya señalé en otra entrada, Ricardo Aparicio Delgado abría el Restaurante Iruñazarra en la calle Mercaderes. En los años 70 se renovaba la hostelería de la plaza del Castillo: en 1970 Patxi Muñoz y Margarita Muguiro fundaban el Baviera, mientras la familia Munarriz inauguraban el Gure Etxea en 1975. El Oreja se abría en el nº 19 de la calle Jarauta, en 1968, y dos años más tarde lo hacía  La Viña con sus actuales propietarios. En 1971, se abría La Mejillonera y en 1977 la familia Idoate se hacía cargo del restaurante Europa. En 1980 se nacían el Restaurante San Fermín, en el nº 44 de san Nicolás y el Dom Lluis en el nº 1. En 1985 Juan José Irisarri fundaba el  bar El Kiosko en el nº 14 de la plaza. En 1988 la familia Galarza-Lecea se hacía cargo del Señorio de Sarria de la calle Estafeta y lo convertía en el actual Bodegón Sarria. Un año antes, en 1987 se aprobaba definitivamente la normativa sobre zonas saturadas, tramitada en 1986 que impedía la instalación de nuevos establecimientos de hostelería en el Casco Antiguo; se admitían la transmisión de licencias pero no la apertura de nuevas. Esta situación se mantendría hasta el año 2006 en que se vuelve a permitir la instalación de actividades hosteleras y más concretramente de restaurantes y cafeterías, habiendo abierto cerca de 50 nuevos establecimientos desde entonces y hasta el día de hoy  en que se está planteando una nueva normativa restrictiva,  pero esto es ya objeto de otra historia que excede la de esta macroentrada y que contaremos en otra ocasión.

Fotos por orden de aparición. Cafe Kutz (1952). J. J. Arazuri; Concierto en el Café Irañeta. Años 50. Archivo Bar Baserri;  Foto de Hemingway en plaza del Castillo (1959) Julio Ubiña;  Foto postal del Hotel Quintana (1920-30). Foto Hendaya;  Foto Familia Guerendiain. (Años 40); Calle San Nicolás. Años 50. Archivo Bar Baserri;  Plaza del Castillo. Años 60. Galle. AMP; Bar Goñi. Postal Vaquero; Bar del barrio de la Chantrea. Años 60. Foto Herce;  Fotos restaurante Iruña y siguientes sin filiar.

Bares y tabernas de antaño (1844-1994). 1ª parte.

Esta entrada completa, -en cierto sentido-, la de “Los bares del Viejo Pamplona” (1960-1990), solapándose con ella, si bien aquella estaba redactada desde una perspectiva de recuerdo o vivencia personal y esta desde la más estricta investigación histórica.  Como ya he señalado en otras ocasiones, hasta el derribo de las murallas en 1915, Pamplona era su Casco Antiguo, en él estaban sus comercios y, por supuesto, y quitando algún establecimiento “fuera puertas” en él estaban todos sus establecimientos de hostelería. A finales del siglo XIX no existían en Pamplona ni bares, ni cafeterías, ni restaurantes, ni pubs, ni hoteles ni nada que se le pareciese. Había, como he dicho en la entrada anterior de los oficios desaparecidos, tabernas, colmados, cafés, fondas, posadas, bodegones y figones. En 1908, había en Pamplona 60 tabernas, 48 de ellas dentro del casco histórico, a las que habría que sumar 12 bodegones y figones, 5 cafés públicos, 7 fondas y 27 posadas (25 de ellas también en el Casco).

A primeros del siglo XX comenzaron a abrirse los primeros bares y restaurantes así como también los primeros hoteles. Las tabernas que había hasta  entonces, según dice José Javier Arazuri en “Historia, Fotos y Joyas de Pamplona”   eran “modestos establecimientos, escasamente amueblados, con unas mesas y bancos de madera y al fondo del local un mostrador, con una parte amarmolada,  aunque el mostrador también podía encontrarse en un lateral. Estos establecimientos estaban abiertos unas quince horas, desde las seis de la mañana a las nueve de la noche”. Tantas horas, sin embargo, daban escasos réditos a sus dueños pues estos establecimientos se caracterizaban por vender básicamente vino y aguardiente;  la gente incluso podía llevarse su comida, comérsela allí mismo y pedir solamente vino. Además del “morapio” se podía encontrar, -según Arazuri-, “queso de puchero, aceitunas verdes, pimientos, guindillas en vinagre, nueces y sardinas asadas”. Dada la extensión de la entrada y la prolijidad de nombres, lugares o ubicaciones que introduzco, comparándolas, además,  con  los lugares o ubicaciones actuales, he creído conveniente dividir esta entrada en dos partes, una que se extiende desde 1844 a 1932 y otra que va desde 1933 a 1994.

Entre las tabernas que sobrevivirían más años, -pues a menudo  tabernas y bodegones se confundían y un establecimiento podía aparecer en ambas tipologías o pasar de ser taberna a más adelante casa de comidas-, estaban las de Marceliano Anoz (fundador de Casa Marceliano en Carnicerías, 5), Evaristo Archanco, en Mañueta, que luego y hasta los años 30 se trasladaría, con su fonda  a San Gregorio, 58, (cerca de donde esta hoy el Anaita); Narciso Bearan en San Nicolás, 25 donde hoy se encuentran el Iru y el Hostal Bearan; Candido Francia, al final de la calle Mayor que luego se trasladaría  a la calle San Francisco; Basilio Fuentes en San Agustín, 4 (luego viuda de Basilio Fuentes e Hijos, con fonda y casa de comidas), o  Leocadio Urtasun en el nº 81 de la Estafeta, esquina con Tejería (donde luego se pondría Casa Sixto, El Adoquin y el actual Cocotte,). Resulta curioso observar como ya desde hace un siglo, las zonas hasta hace poco más hosteleras, en general ya lo eran: San Nicolás, San Gregorio, Plaza del Castillo, Estafeta, Jarauta, San Lorenzo o Calderería. La reconversión de zona comercial en hostelera de las calles Mercaderes o Comedias y alguna otra  es, sin embargo, un hecho bastante reciente.


En los bodegones, afirma Arazuri,  “se servía generalmente vino de escasa graduación, chacolí cultivado por los dueños del local en las laderas del monte Ezkaba o San Cristobal, uno de los más famosos era el  del “Culancho” en la calle  Ansoleaga, donde estaba el Palacio de Aguerre o Casa del Orfeón antes de ser derribado, para construir el Maisonnave, aunque había alguno otro en Jarauta al que llamaban “La Casa del Capitán” o donde hoy está El Marrano en San Nicolás estaba el “Bodegón de Sanz”, que durante muchos estuvo señalizado como Vinos El Cosechero”.  En Jarauta había, a principios de siglo, nada menos que cuatro bodegones y en Mañueta tres. Los figones eran tabernas de baja categoría.  Había, además,  en aquella época, en 1908, tres churrerías, la centenaria churrería de la Mañueta, otra en la calle Eslava y una tercera al final de la calle Zapatería así como otras tantas horchaterías-chuferías, la más conocida la Casa Puyada de Mariano Perez en Zapatería, 15, donde hoy está Calzados Goñi. Posteriormente en 1924 se instaló una nueva churrería en San Gregorio de corta vida y también hubo  otra en Jarauta, 10, (la Churrería San Fermín de Bernarda Abaurrea) pero de fugaz existencia. En 1928 teníamos las siguientes heladerías-horchaterías-chuferías: El Buen Gusto en la calle Chapitela, La Polar en el nº 29 de la Estafeta, la mencionada Casa Puyada y El Valenciano, en San Gregorio, 38 (cerca el actual Kaixo).

A mediados del S.XIX surgieron en Pamplona los primeros cafés públicos, la mayoría de ellos ubicados en la plaza del Castillo, eran cafés,  la mayoría,  de ambiente familiar y provinciano,  el primero fue el Gran Cafe Suizo, en 1844, ubicado en el nº 37 de la plaza  y que regentarían los suizos Matossi y Fanconi. A la Gran Pastelería Suiza se entraba por la entonces calle General Moriones, hoy Pozoblanco.  También estaba El Español ubicado en el nº 43, regido en 1875 por los señores Monegatti que lo convirtieron en La Marina y más tarde por Luis Kutz en 1912 que lo convirtió en el famoso Cafe Kutz. En el edificio del Crédito Navarro, esquina con Espoz y Mina, estaba el Café Lardeli, también de origen suizo,  que desapareció a finales de siglo y cuyo mobiliario se utilizó en el Cafe Roch (fundado por Eugenio Roch en 1898). En 1888 se inauguraba el café más emblemático de la ciudad, el Café Iruña.

Otros cafés más modestos algunos de finales del XIX y otros de principios del XX,   algunos de los cuales se convirtieron en bar o café-bar, incluso en restaurante fueron: en Espoz y Mina, El Larequi y La Amistad;   en la Estafeta, El Navarro (en el nº 32, gestionado por Nicomedes Paz, donde hoy esta Windsor Tabern y durante mucho tiempo estuvo la cristalería Adamas); El Macias (en el nº 45, cerca de Casa Lange); El Urrutia que luego fue El Lusarreta (1921) (en el nº 49, donde hoy está el Chez Belagua), El café del Circo (en el nº 65, donde hoy está una de las tiendas de Atanasio Echarri); en la plaza del Castillo estaban, El Ideal (en el nº 9, cerca de donde hoy está el Gure Etxea, regentado por los hermanos Peralta), El Cenizo (en el nº 3, donde luego, a primeros de siglo, se instalaría el famoso bar El Torino, (abierto por los señores Duhins y al que seguirían en la gerencia Meliton Ariz y Doroteo Cotelo, que en 1973 ocuparía el  Windsor, tras el cierre del anterior dos años antes); El Mazuelas (donde el Casino Eslava); El Nacional (en la esquina con Chapitela); en el Paseo de Valencia estaban El Europa (en el nº 18, donde está hoy el Bankinter), el Noain (en el nº 14, donde hay hoy una agencia de viajes) y El Siglo. Otros fueron El Incendio en la Mañueta, El Bochas en Carmen, El Almudí en el nº 64 de Nueva y El café de la Aduana en el nº 18 de Taconera, la mayoría de los citados estaban abiertos en 1888, aunque otros no llegarían al nuevo siglo.

Como he señalado en la  entrada anterior, los colmados fueron los precursores de los  bares que aparecieron a principios de siglo, en los bares (del inglés, bar: barra) se tomaban las consumiciones de pie ante una alta barra y se servían licores, refrescos, vermuts, etc; Había a comienzos del siglo un colmado donde luego se instalaron Las Pocholas; El Nuevo Colmado donde luego estuvo el Dena Ona (abierto por el señor Blasco y que luego cogerían los señores Mazo y Zabalardo, convirtiéndolo en cafe-bar y restaurante) y más tarde el Bearin; en el local donde se puso La Vasconia estuvo el colmado de Justo Ibañez, y en Sucursal de Aldaz, luego bar El Espejo, de la calle Ciudadela, estuvieron antes el colmado de Zabalo y más tarde el bar El Siglo XX.

Otros bares de aquella época, finales del XIX y principios del XX,  eran,  en la plaza del Castillo El Americano (donde estuvo la cafetería Delicias), El Ginés (en Calceteros, 12, donde foto Ruperez) o La Bella Easo,  en la esquina de Chapitela y Mercaderes (donde antes estuvo la sede de la Caja Municipal y hoy una sucursal de la Caja Rural). En Jarauta estaba el café-bar Toki-Alai (de los Hermanos Echarren, con casa de comidas) al principio de la calle. Fuera puertas Sixto San Roman abría en los primeros años del siglo un café en la Rochapea antes de inaugurar un local hostelero en el nº 66 de  la calle Estafeta, al lado de donde hoy está Bombones Torres).  En 1924 nacía el Bar España de la Estación del Norte. Aparecieron también ese año el bar del Bosquecillo (su caseta era la misma que la Sociedad Lechera Anaitasuna había colocado hasta 1918 en la plaza del Castillo) y el Izkiña de Jarauta, gestionados ambos por Raimundo Oderiz.  El Euskal Jai y el Gayarre también disponían de sus servicios de bar. Uno de los primeros bares que se abrió en el Nuevo Ensanche fue el  Olympia (en el nº 12 de la Avenida de San Ignacio, que vemos en una foto postal más adelante). En 1925 se abría otro bar en el barrio de la estación, La Eibarresa y en el casco antiguo, Urbano Goicoechea abría el bar y casa de huéspedes El Oriental en el nº 38 de San Gregorio (al lado del actual Bar Kaixo) y Patricio Taberna una tasca en el nº 45 de la calle Mayor (hoy es un almacén del ferretero Javier Sanz, cerca de la peluquería de Laura Delgado).

A finales de los años 20 (1927-1928) esta era una relación bastante completa, no exhaustiva, de bares, (algunos de ellos eran también casas de comidas y contaban con hostal o casa de huéspedes),  ordenados por calles con su numeración en la calle y su referente más conocido, si lo hubiese actualmente,  que había en Pamplona (algunos ya los hemos citado): En la calle San Lorenzo, el de la viuda de Jesús Anoz (en el 24) y La Maravilla de Echeverría y Apesteguía (en el 5, que fue luego la carnicería Bezunartea y hoy un locutorio); en Descalzos, el Iruña (en el 9, al lado del Lanbroa), Los Gabrieles (en el 26, cerca del edificio nuevo construido hace poco antes de llegar a la escuela infantil),  El Pamplonés de Ambrosio Goñi (en el 11, también cerca del Lanbroa), El Izkiña o Eskiña de Raimundo Oderiz (en el 82, al lado del Bar Txiki, hoy no es más que el solar que hay en la esquina con Santoandia), y El Sánchez de Cipriano Goñi (en el 76, hoy hay un negocio de restauración de muebles); en Jarauta, el Beti-Jai de Santiago Martich que luego llevaría Salvador Eleta (en el 88, hoy el Bar Giroa), El Esparza (en el 59, al lado del Bar Gallego) y La Palma (en el 37, hoy Bar Roncal); en la plaza del Castillo, el Dena Ona (en el 32), El España de San Roman y Zabalardo (en el nº 20) donde poco más tarde, a comienzos de los 30,  abriría el Choko (así aparecía escrito antes, tras ampliar su espacio con el bar Villarosa que tenía justo  al lado), (por cierto hubo un tercer Bar España aparte de éste y el de la Estación en la plaza del Consejo), El Ideal de los hermanos Peralta (en el 9), -una hermana,  Deogracias,  creo que había tenido  una casa de huéspedes en la calle Comedias-,  y El Torino de Doroteo Cotelo (en el 3); en Estafeta, El Lusarreta (primero en el 49-51 y luego pasó al 71, donde hoy está La Granja), El Navarro de Nicómedes Paz (en el 32) o el Pirineos en el nº 41 (abierto a comienzos de 1900, muy cerca de la fonda del mismo nombre); en San Nicolás, Feliciana Toni (en el 34-36, donde hoy está el Katuzarra) y Agapito Viscarret (en el 25, donde hoy está el Iru).

Otros bares que había eran El Espejo de Miguel Aldaz, el de Antonio Pérez en San Francisco, 14 (hoy Peña Anaitasuna y anteriormente el Montón de San Francisco), Casa Paco, abierto en 1908 por Tomas Pueyo (cerrado hace un par de meses, tras cuatro generaciones), el ya mencionado Olimpia de la avenida de San Ignacio, y el Sarasate de Martín Sotes en el Paseo de Sarasate. En el barrio de la Estación había nada menos que cuatro bares: junto al bar España estaban La Eibarresa (que luego subiría al 28 de Jarauta), el de José María Arizcuren y el Moderno Ona de Rosa Senosiain; en La Rochapea había cuatro bares: los de Juan Ayerra (El Abaurre), Carlos Eugui, García Vicente y Agapito Anso y en el Mochuelo  el de Policarpo Martinicorena. Alguno de aquellos bares extramuros tenían, en ocasiones, algún juego en sus proximidades como el de las bochas, que vemos en una fotopostal adjunta o el de la rana. Quien con algún año de más no se acuerda de la antigua Casa Emeterio y su famoso juego de la rana.

Las fondas se asemejaban a los actuales hoteles y se diferenciaban de los albergues y posadas. En 1863 había en Pamplona 39 posadas y 10 casas de huéspedes. Las fondas más famosas de finales del siglo eran, en el Paseo de Valencia, la Fonda El Infante y la Fonda Otermin, luego, desde 1880 y hasta 1892, convertida en la Fonda Europa; en la plaza del Castillo, las de Goicoechea y Ciganda (luego Sotil), La Fonda La Perla  de Miguel Erro y Teresa Graz (luego Viuda de Erro y más tarde Sucesores Vda de Erro) de 1881, y que es uno de los  establecimientos hoteleros más antiguos de España; en Estafeta, 47, la Fonda de Florentino; y más tarde, a finales de siglo El Cisne (en plaza del Castillo, a cargo Francisco Echepeteleku), El Maisonnave (en Espoz y Mina, 5 -donde el actual bar Gaucho- y Estafeta, 60), de Carlos Maisonnave que pasó luego a su viuda y luego a su hijo Eladio y la Fonda de Angela (luego La Fonda Hispanofrancesa, del artajonés Wenceslao Cilveti, en el nº 19 de la plaza del Castillo, cerca del actual Bar Txoko).

En 1908 estaba ya abierta la fonda-restaurante La Bilbaina, de Cecilio Jaso, en el nº 54 de la calle San Antón (entonces Mártires de Cirauqui, a la altura de donde estaba Baños Lecar) que daría paso a partir de 1926 a la Casa de Arnedo. Había otras otras fondas menos importantes como las de Javier Esparza y Candido Múgica en la Estafeta o la de Balbina Vera y Aramendía en la plaza del Castillo. Ya a primeros de siglo aunque mantengan el nombre de Fondas, las fondas  eran como hoteles, por lo que resulta difícil distinguir unas de otras: en 1913 se abre el Grand Hotel en la plaza de San Francisco que enseguida, en 1923, compra La Perla para cerrarlo en 1934; en 1921 estaban el Hotel San Julian  o Vasco Navarro (en la plaza del Castillo, 16 donde el Casino Eslava), luego el Hotel San Martín en Espoz y Mina, 1 (donde está hoy el Guría) y el Hotel Regional, en 1922, en Espoz y Mina, 11 (donde hoy está el Europa); la Fonda La Manuela da lugar también estos años al Hotel Quintana (Viuda e Hijos de Ignacio Quintana) en la plaza del Castillo, 18 y Estafeta, 58 (ocupadas luego por  la Tropicana y el Fitero);  Los Pirineos de Aniceto Echarte con domicilio en la calle Javier se trasladaría en 1926 a San Ignacio para convertirse de fonda en hotel; El Hotel del Comercio de Viuda de Salustiano López, en Zapatería, 7  (en el edificio donde está hoy la tienda de Blai y durante mucho tiempo Usoz) se trasladaría más adelante, a primeros de los 30,  a la avenida de Francia, entonces llamada de Galan y García Hernández.

Algunas de casas de huéspedes se convirtieron, con el tiempo, en fondas y las posadas, tabernas y bodegones en restaurantes o casas de comidas. Entre los apellidos conocidos en el ámbito de las casas de huéspedes   en 1908, estaban los Herederos de Diez de Ulzurrun (Campana 14 y Mayor, 2), Sucesores de Pedro Echarri (Dos de Febrero, 14, más tarde Comedias), Sucesores de Doroteo Izurdiaga, luego Olegario Recalde (con casa de comidas, en Lindachiquia, 4), Babil Landivar (en San Nicolás, 7 y luego 12, con fonda y casa de comidas, hoy en aquellos locales hay bien restaurantes u hostales), Cesareo Lezaun, más tarde La Roncalesa o Sucesores de Lezaun (Estafeta, 85, en el edificio en que estaba Casa Flores y ahora El Chupinazo) o la Fonda La Ramona de Juan Purriel (en Estafeta, 2). Lino Otano, creador de Casa Otano  empezó en el nº 17 de la Mañueta, con una casa de huéspedes para pasar luego a San Nicolás, 5, con una tasca o casa de comidas sin olvidar por supuesto el servicio de la fonda o casa de huéspedes. Tras su fallecimiento pasaría el negocio por varias manos, entre ellas las de Severino Larrayoz (Sucesor de Otano) y Santiago Echechiquia  (Fonda Santiago) hasta que en 1929 se hicieron cargo del negocio   Isaac Juanco y su esposa Felisa Galar que inician la actual saga familiar que lo regenta. Junto a los citados hosteleros, figuraban en un año antes, en 1928, los siguientes establecimientos catalogados como fondas o casas de huéspedes: La Salacenca de Feliciana Toni en San Nicolás  34-36 (donde estaba la Fonda Aragonesa y ahora el asador Katuzarra) y la Bidasotarra de Francisco Aguerralde en el  24-26 (ahora está ahí el Hostal Dom Lluis), La Barranquesa de Daniel Bacaicoa en Javier, 1 y la fonda de Guillermo Larequi (en Espoz y Mina, 11, donde estuvo primero El Larequi y luego el Monasterio), Hijos de Basilio Fuentes en Estafeta, 55, Sucesores de Juan Oderiz en Santo Domingo, 31, Vicente Azanza en Calderería, 23 y Felipe Irigoyen en la nueva Casa de Cuevas (Dos de Febrero, 20; actual Comedias, al principio de la calle) con restaurante incluido.

Las tabernas se convirtieron, como he dicho,  en restaurantes y casas de comidas: así encontramos en 1921 la de Matías Anoz (después sucesores de Matias Anoz), situado en el nº 5 de Carnicerías (luego en el 3, entonces era calle Carnicerías, no calle del Mercado), la de Narciso Bearan que cogió Agapito Viscarret (Sucesor de Bearan) en San Nicolás, 25 con su fonda o casa de huéspedes, la viuda de Candido Francia, en San Francisco, 32; la Casa de la Marcela (Marcela Elia, Viuda de Iriarte) en el nº 13 de San Nicolás, donde esta actualmente el Bar San Nicolás-La Cocina Vasca;  la Casa de la Mariana en Jarauta, 34 (de Pablo Lizarraga), Tomasa Aznarez (luego Aniceto Bastarrica y Vda de Oyaga, Sucesor de Bastarrica) en Carnicería, 1, La Moderna en Navarrería, 12, en 1926, el Catachú de la mano de Isidoro Iturralde, en Lindachiquia, 16 y en 1928, La Navarra en Mañueta, 20; La Bodega, en Martires, 48, Julián Indavere en Estafeta 41 y en Jarauta 34 y 80 respectivamente la Sucursal de La Mariana y la Sucursal de La Martina. La casa de comidas de la Estación la regentaba en  1908  Maria Sanchez y luego en 1921 Hijos de Tejedor. Todos los hoteles importantes contaban también con restaurante: El Cisne, La Perla, El Maisonnave, El Comercio, El Grand Hotel, El Pirineos, El Quintana, El San Martín. Resulta curioso comprobar que en la calle San Lorenzo el bisabuelo de los actuales propietarios del comercio centenario Cebrian, Demetrio Cebrian tuvo en los años 20 una fonda y casa de comidas.

Fotos por orden de aparición: Cafe Kutz.1952. Postal Viuda de Rubio; Sucursal Aldaz Hermanos, 1912. Archivo Arazuri; Casa Marceliano. 1925; Ante el Café Kutz. 1932. Galle; Edificio del Grand Hotel. 1914; Cafe Bar Torino. 1971. Zubieta y Retegui; el resto sin filiar.

Comercios del Viejo Pamplona: Calceteros y Plaza Consistorial: 1908-1958

Siguiendo mi periplo por las calles del Casco Antiguo, recorriendo los comercios del Viejo Pamplona, me acerco, en esta ocasión, a la vecina calle Calceteros y a su extensión natural, la plaza Consistorial. Como en otras ocasiones, ponemos nuestro calendario temporal en el 1 de enero de 1908. ¿Qué pasaba en aquella primera década de 1908 a 1918?. El rey Alfonso XIII se acababa de casar con Victoria Eugenia dos años antes, en 1906. Pamplona seguía apretujada entre sus murallas. Comenzaban las revueltas marroquíes en el norte de Africa contra España (en 1909, la guerra del Rif). En el mundo estallaba la revolución mexicana (1910) y más tarde en el año 1917, la rusa, se hundía el Titanic en 1912 y en 1914 estallaba la Primera Guerra Mundial. La plaza del Ayuntamiento ofrecía la apariencia que vemos en la fotografía  de  la derecha de José Ayala datada en esos primeros años del siglo. A la izquierda, otra foto de la plaza consistorial de esos años, pero mirando hacia Calceteros y a la izquierda del párrafo siguiente sendas fotos, una foto anterior al período analizado, concretamente de finales del siglo XIX de Julio Altadill y bajo ésta, una foto-postal de primeros de siglo de Viuda de Rubio.
En la vecina calle Calceteros encontrábamos de derecha a izquierda, empezando por el nº 2 de la calle, la tienda de tejidos de los Señores de Aldave que a mediados de los años 20 daría paso a Sucesores de Aldave, Juan Ripa y Cia (luego Hijos de Juan Ripa), la platería de Vicondoa que vemos en la fotografía de la izquierda que encabeza la entrada y que enseguida, a finales de la primera década del siglo, ocuparía Vicente Nagore con artículos de viaje y guarnicionería, la tienda de Narciso Inda, todo un clásico en el comercio de Pamplona que vendía ropa blanca, tejidos al por menor, camisas, saldos y todo tipo de confecciones. Tras la tienda de Inda estaba Casa Casla, tienda de ultramarinos o coloniales famosa ya entonces por vender fiambres y chorizos. ¿Quien no se acuerda de los chorizos de cartón de Casa Casla?. La regentaba entonces José Casla y posteriormente María Casla Gilaranz. Posteriormente venía la mercería de los Hermanos Urniza, (también vendía ropa y tejidos), si bien pronto, en los años 20, dejaría paso a la sastrería de Nicolás Cejuela que permanecería en el lugar unos cuantos años. A finales de los 40 ese local sería ocupado por Vicente Irigoyen que instalaría allí su primera juguetería y tienda de productos de regalo. 

A continuación estaba la tintorería La Fabril Lanera a donde se trasladaría, en 1953, desde la Bajada de Carnicerías, Hijas de Felipe Layana, la conocida Pastas Layana. En el mismo número pero primero en la planta baja y luego en el primer piso estaba desde los años 30, por lo menos, Fotografía Ruperez (yo lo he visto por los menos hasta los años 80 en el mismo lugar). En los últimos números de la calle, donde hoy esta Txirrinta estaba en los años 20 el bazar y tienda de juguetes de Fernando Ulecia donde luego, a partir de los años 50 estaría la tienda de ropa de Ernesto Merino, “Honirem”. Desconozco a que altura podían estar pero en los años 50 tengo constancia de la existencia de una librería que vendía objetos de escritorio en el nº 18, propiedad de Isidro Garde Adagorri asi como una tienda de tejidos, regentada por un tal Belascoain. Y también en esos años, en el nº 20, he supuesto que podía ser el conocido kiosko de madera situado junto al Banesto, a Gonzalo Sola vendiendo periódicos y revistas. A primeros de siglo, en el nº 20 estaba la mercería de Domingo Saez, derribada la la casa de Calceteros pasaría a ser Blanca de Navarra, 20.

Y enfrente de estos comercios, donde hoy esta una de las fachadas de Joaquín Alforja y la tienda de Moda Tihista estaba, a primeros de siglo,   la mercería de Hijos de Udobro, en el 7. En los números 3 y 5, estaba en los años 20 el establecimiento La Moda Elegante que  vendía camisas, ropa blanca, sombreros para caballero, perfumes, trajes (era también sastrería) y que luego bajo la dirección de Jesús Olaz vendería  también, en los años 30 y siguientes,  otros productos como guantes e impermeables. Entonces se llamaba “La Inglesa”. Es el mismo local que conoceríamos luego durante muchos años como Confecciones Gallego y hoy Moda Tihista. 
Es un poco complicado seguir la numeración de los locales a lo largo del tiempo en estas dos zonas porque en el año 1921 en el nº 1 de Calceteros estaba Casa Udobro, donde desde 1981 está Optica Joaquín Alforja que es hoy, plaza consistorial, 1. Casa Udobro estuvo regentada, primero por Antonio Udobro y luego por su hijo Andrés. Vendía lo que en aquellos años se llamaba productos de quincalla (bisutería) y de mercería, guantes etc. Luego más adelante también perfumes y género de punto. Compartía la vecindad con otro establecimiento similar, el de Pedro Miguez. 
En la plaza consistorial, empezando por su lado izquierdo desde Calceteros estaban Joaquin Ciga con tejidos al por mayor y también al por menor y pañería y un poco más abajo herederos de Mariano Zufiaurre, con un género muy diverso: era una especie de bazar, con quincalla fina, objetos artísticos, loza de porcelana y cristal, etc. Tras Zufiaurre, en la esquina donde hoy esta el Cookie Shop pasaron a lo largo del tiempo el bazar de Enrique Cosyaga (que vemos en una foto postal líneas atrás),  más tarde la juguetería de las hermanas Santamaría y la mercería de las hermanas Eguiguren, hasta llegar a la mercería de las hermanas Oronoz. La Plaza sufrió nuevos cambios en marzo de 1941 y abril de 1946 cuando se derribaron dos edificios, que vemos en las fotos del párrafo anterior del año 1933 para ampliar la entrada desde la calle Nueva. En el primero de ellos estaba Casa Iraizoz  (la mercería de Iraizoz, primero de Vda de Iraizoz, luego de Ceferino Iraizoz que posteriormente se trasladaría al final de la calle Mercaderes, concretamente al nº 33) y junto a ella, un estanco, que vemos en la foto de 1933, de Hija de Elizagaray. Y más adelante la llamada Casa Seminario donde estaba la tienda de Hijos de Seminario (de Viuda de Seminario y Sucesores de hijos de Vda. de Seminario, entrada por San Saturnino) que vendía chocolate, azucares y cera, al igual que como hemos visto hacían otros establecimientos similares de la época.
En la plaza, probablemente entre lo que es hoy la Optica Joaquín Alforja y Gutierrez estaban la tienda de tejidos de herederos de Juan Eigorri y  la camisería de las hermanas Elizalde y lo digo con cierta cautela porque hay tales cambios, de denominación y de numeración en la plaza a lo largo del último siglo que es verdaderamente complicado acertar en este caso salvo que exista una fotografía nítida que lo corrobore y no he encontrado demasiadas de este lado de la plaza. Y más adelante, Herederos de Ramón Goñi (o Confecciones Goñi), el actual Gutierrez), en la esquina con Mercaderes, Viuda (luego Hijo de) de Pascasio Labiano que aparece en esas primeras décadas del siglo como calle Carnicerías al igual que  Hijos de José Olaso Aranguren (Confecciones Olaso, donde hoy está Sagrario Navarro), la tienda de Rufino Labiano Archanco y la de Candido Urrizola Mezquiriz (una tienda de alimentación que yo ví en el lugar hasta los años 80, por lo menos).
Fotos por orden de aparición: Foto nº1: sin filiar, (primera década del siglo XX), Foto nº 2: 1900-1905, de José Ayala, Foto nº 3: finales del XIX, Julio Altadill, Foto nº 4: fotopostal publicitaria, principios siglo XX, Foto nº 5: principios de siglo, foto-postal Vda. de Rubio, Foto nº6: sin filiar (años 20), Fotos nº7 y nº8: 1933, de Pamplona, calles y barrios, J.J.Arazuri, Fotos nº 9 y 12: Galle (1958), Fotos nº 10 y 11: AMP (1966 y 1949).

Comercios del Viejo Pamplona: la calle Mercaderes: 1908-1958

Sigo repasando como eran nuestras calles en la primera mitad del pasado siglo XX, y como quiera que nuestras calles estaban llenas de tiendas revisaré los establecimientos comerciales que había en esta calle, que se llamó Blanca de Navarra durante un largo período, entre los años 1916 y 1972, pues antes, al menos desde el siglo XVIII, y después, y hasta ahora, se llama Mercaderes. Esta calle sufrió un importante cambio en el año 1914 pues, delante de la manzana donde estaba hasta hace poco el Banesto había otra construcción que se extendía hasta el principio de la calle Estafeta, como podéis comprobar en sendas fotografías de los años 1913 (con la construcción en pie) y de 1916 (ya derribada), más adelante en la entrada. Antes había mas tiendas por portales que en las décadas siguientes y desde luego que en la actualidad. Eran locales más chiquitos constituyendo la calle un abigarrado mosaico de tiendas. La calle, como veréis, estaba surtidísima de ellas. Esta calle es una de las más fotografiadas a causa  del encierro, de hecho buena parte de las imagenes de esta entrada reflejan este acto sanferminero, pero es que además nos sirven para retratar y ubicar algunas de las tiendas a que hago alusión. Encabeza la entrada una foto de la calle, de J.Cía de 1933. Comencemos nuestro itinerario comercial, en ese imaginario viaje por el tiempo, en la primera mitad del pasado siglo XX, por los números impares de la calle.
En la esquina de la plaza Consistorial con Mercaderes estaba en 1908 la tienda de tejidos de Pascasio Labiano, tienda que aparecería en los años 20 como Carnicerías, 2 y la tienda y fábrica de chocolate de Prudencia Unciti. Así se puede comprobar en la foto de Baltasar Soteras de los años 50. A continuación, y siguiendo el lado izquierdo de la calle, nos encontrábamos con la firma Mestre y Unzu, posteriormente Unzu Hermanos  y cuyo titular final sería José María Unzu Got que aparecía en los epígrafes económicos de aquellos años como fabricante de géneros de punto, camisería y ropa blanca y confecciones en general. Unzu amplió sus bajos, a costa de las pequeñas tiendas de la calle, en el inicio de los 60 pues inicialmente ocupaba solo el nº 3, extendiéndose a partir de esa fecha desde el nº3 hasta el nº 9 de la calle.  Luego venía la tienda de tejidos al por mayor Sanciñena y Labiano, conocida como Casa Labiano, tal y como vemos en la postal del siguiente párrafo (de los años veinte), y que continuó en las décadas siguientes si bien, posteriormente, en los años 40 bajo la dirección de Rufino Labiano, compartiendo número con Tejidos Mercaderes de Fernando Artal. En este mismo número 5 estaba  Sucesores de Juan Perez (luego Hijos de J. Pérez y Sucesores de Juan Perez) que era una sastrería.
Esta calle, ciertamente estaba muy surtida de tiendas de tejidos y ropa, pues a continuación había otra tienda de tejidos, Cilveti que luego ocupó la droguería y tienda de aparatos fotográficos de Pedro Goñi e Hijo, (más tarde Hijos de Goñi), y desde los años 40 el conocido fotógrafo  Jose Galle Gallego con la misma  ocupación que el anterior: droguería y perfumería además de que situó allí su estudio de fotografía y vendía igualmente material fotográfico. Yo he llegado a conocer esa tienda, al menos la recuerdo en los años 60. Tras la tienda de B. Cilveti, (luego Viuda de Cilveti, que se trasladó  en los años 30 al nº 9) estaban las tiendas  de Francisco Larraza (mercería), y Robustiano Asurmendi (tejidos), que tenía por aquel entonces otra tienda en la calle Eslava y más tarde abriría alguna en el Nuevo Ensanche. A continuación, en los años 20, encontraríamos la tienda de tejidos de Miguel Azcarate (luego Almacenes Azcarate) que permaneció abierta durante algunas décadas, al menos hasta los años 50 y que vemos en la foto del encierro de la década de los 30 adjunta. Más tarde y antes de instalarse la oficina de Caja Municipal hubo, en su lugar, otra tienda de tejidos, la de Pedro San José Chicharro.
Posteriormente, donde hoy se encuentra El Mentidero estaba la pastelería de Jesusa Udobro, negocio que sería traspasado a Eusebio Garicano con la misma actividad (confitería, pastelería y fabricación de chocolate) al que sucedería hasta bien entrados los años 50 su hijo Roman Garicano. Fue la famosa Casa Garicano. De una y otra pastelería tenemos muestra gráfica en el párrafo anterior y en éste, a través de sendas fotos del encierro, la de este párrafo de los años 40. Luego aquí estuvo la cafetería Bardi, antes de El Mentidero. En el nº 15 de la calle, donde hoy está el Iruñazarra, en 1908 estaba la tienda  de José María Iturralde (en los años 20, Hijos de Iturralde) que vendía productos de mercería, quincalla y paquetería, En los años 40, me cuenta Nacho Armendariz, que su abuelo Manuel  junto con su hermano abrieron un economato que convertirían luego, en 1944, en una tienda de ultramarinos conocida como La Cívico (aunque se llamaba la Civico-militar), donde llegaron a trabajar nueve personas. En Enero de 1969 falleció su abuelo Manuel y poco tiempo después se traspasó el local para abrir en junio de 1969, el restaurante Iruñazarra. Tras el actual Iruñazarra, y donde hoy está el Burger (y antes estuvo Cuadrado Urban y Almacenes Tudela) en 1908 estaba la tienda de tejidos de Juan San Julián que yo he recuerdo haber visto abierta hasta finales de los 80 y que vemos en la foto del encierro que acompaña este párrafo, del año 1958). Una curiosidad, en esta dirección tenía su sede social en los años 30 una fábrica de azulejos y baldosas dirigida por la firma San Julian y Cenzano, luego Hijos de San Julián por lo que cabe deducir que la familia San Julian se dedicaba  además de a la tienda de ropa a otros negocios diversos.
Dos imprentas tenían su sede en este lado de la calle, la de los Hermanos Lizaso, que además de ser imprenta vendía productos de papelería y objetos de escritorio y la de T. Bescansa que vemos en el ángulo inferior derecho de la foto de la izquierda, de 1913, de Aquilino García Dean. La de los hermanos Lizaso sería durante muchas décadas, desde finales de los años 10 hasta final de siglo, la papelería de Castiella, de Hilario Castiella Banegas. Tras Castiella venían, y he aquí una curiosidad, la farmacia de los hermanos Ondarra que en los años 30 ya regentaba Joaquín Blasco y la tienda de Cleto Iriarte que vendía muebles y camas de hierro. En el local de Cleto Iriarte estuvieron más tarde, en los años 30,  el bazar de Sucesores de J. Gortari (vendían un montón de productos diferentes: juguetes, mercería, etc) y en los años 50 la joyería de Pio Bajo Ortiz, que tenía otra tienda en la avenida de San Ignacio. En su lugar estuvo luego Tejidos Condearena y la tienda de discos Liverpool. Tras el local de Cleto Iriarte estaba la citada imprenta de T. Bescansa (luego Vda de Bescansa, Hijos de Bescansa y Regino Bescansa Santacruz) que vendía libros y productos de papelería. El negocio estuvo abierto hasta finales del pasado siglo. A continuación donde durante muchos años estuvo la tienda de calzado de Pedro Garamendi y luego de su hijo, Carlos y hoy la tienda Xaboiak hubo a primeros de siglo una tienda de ultramarinos cuyo titular se apellidaba Carracedo y a continuación una tienda de chorizos, tocinos, jamones y embutidos cuyo propietario se llamaba Eustaquio Martinez. Esta tienda pasaría a ser una tienda de comestibles después de la guerra (Martinez de Morentin)  y posteriormente hasta finales de siglo una de las carnicerías Itarte.
Donde hoy está el Gastrobar La Juana, estuvo durante muchos años La Dulce Venecia, pues bien, rebobinemos un poco esa imaginaria máquina del tiempo y transportémonos a 1908. En ese año y en ese lugar estaba la tienda y fabrica de chocolate, otra más en esta misma calle, de Julian Arbizu (¿sería el mismo Arbizu que fundó las cafeterías Delicias en Pamplona?) que luego pasaría en los años 30 al local contiguo mientras el suyo lo ocupaba Constancio Jarauta con la misma actividad y en los años 40 Carmen Torrente Azparren, igualmente manteniendo la actividad de confitería y pastelería, ya bajo el nombre de La Dulce Venecia. En los años 20, donde durante muchos años estuvo Chile, el último local de la calle, antes de doblar hacia Mañueta estaba la sastrería de Luciano Muru.
Volvamos al principio de la calle y repasemos los números pares. Al principio de la calle encontrábamos, a principios de siglo, la tienda de Hijos de R.Goñi (antecedente familiar del actual Gutierrez) y a continuación la famosa confitería, chocolatería y cerería de Ulpiano Iraizoz (vendían chocolates, azucares, ceras y velas) que luego continuaría Joaquina Iraizoz hasta los años 60, (la foto de la izquierda de este párrafo, del Archivo Municipal muestra la fachada de la Cerería-Chocolatería Iraizoz en el año 1966), la tienda de ultramarinos de Trinidad Nieva que cogería en traspaso, en los años 20, Santiago López, la tienda de tejidos Hijos de Javier Olaso (luego Sucesores de Olaso) que vivían en el piso de arriba (algo muy común en aquellos años)y que  traspasarían su local a María Luisa Espelosin y Valeriano Zabalza (que vemos en la foto de la derecha, a la entrada de su tienda)  en el año 1941 para abrir Casa Vale con productos de mercería y géneros de punto. Enfrente, por cierto estaba el estanco de Genoveva Espelosin. Llamo la atención sobre el hecho de que este lado de la calle sufrió a lo largo del siglo cambios en la numeración de los portales de forma que por ejemplo, Vale estaba en 1953 en el nº 6, cuando ahora su local ocupado hasta poco por Viandas de Salamanca está en el nº 4 y el 6 lo ocupa la sucursal de la Caja Rural. En la época analizada pasábamos del nº 6 al 14. Imagino que el edificio derribado en 1914 tuvo algo que ver en este cambio. No es posible comparar pues  la numeración antigua con la actual ya que luego se renumeraron los locales que en un inicio debieron ser parte de la calle Calceteros.
En el nº 14  estaba la relojería de Santiago Marfagón que en los años 30 se trasladó al local que años más tarde ocuparía Pio Bajo, en el nº 23 de la calle y que podemos ver en la postal que encabeza la entrada. En el 16, en los años 50, estaba la mercería Gortari. En el nº 18 (que ahora es el 12), la fábrica de corte y calzado, de curtidos de Vicenta Senosiain (Vda. de Huarte), sustituida en los años 20 por Casa Hevia (regentada por Enrique Hevia, que se definía como “sastrería con surtido de géneros” que también vemos en la citada foto del principio de la entrada) y más tarde por las hermanas Fernández, con productos de mercería (luego Manuel Fernández), si bien yo lo recuerdo durante muchos años por ser una tienda de calzado barato, la de Calzados Fernández. También en el nº 18 estaba Cia y compañía con productos de mercería. A continuación estaba el hojalatero y vendedor de estufas y chimeneas Elias Mutiloa, tras el que en décadas posteriores estarían el estanco de Gonzalez de Regueiro y, durante un breve periodo de tiempo, una de las tiendas de La Madrileña a la que siguió una de quincalla y mercería: Herederos de Domingo Saez. Acompañan esta entrada sendas fotos del encierro, de los años 30 y de navidad de 1958, esta última de Galle.
Donde durante mucho tiempo estuvo la carnicería Blanca de Navarra en tiempos estuvo la tienda de tocinos, jamones y embutidos de Goñi, luego ocupada por Juan Mari Argal, a partir de los años 30, Vda de Argal y una fábrica de paraguas (de Alfonso Jimenez). A continuación estaban (en 1908) la ebanistería y tapicería de Eustaquio Urra y en los años 50 las tiendas de Fermín San Martín (comestibles) y la Droguería Ardanaz. En los números 26 y 28 estaban el taller de curtidos de Jose Ayestarán y la Droguería de Santiago Maquirriain que pervivió hasta los años 30. En los años 50, en el lugar de taller había una tienda de confección propiedad de Concepción Falcón. Desde los años 40 al menos había en la calle dos restaurantes en primer piso, uno regentado por Ana Maria Echechipia Goñí, en el nº 7, el Restaurante Iruña, y otro en el nº 24, dirigido por Baulia Villanueva Sainz, el Restaurante Blanca de Navarra, en el que mi hermano Luis Angel celebró su primera comunión. Sendas fotos, la de la derecha, de Galle, del inicio de la calle Mercaderes, en una procesión de junio de 1947 y una foto de los años 30 del encierro, en la curva de la Estafeta, con los almacenes de Tiburcio Guerendiain (de materiales de construcción), a la izquierda y de Rufino Ayestarán (de curtidos de calzado) a la derecha de la foto cierran esta entrada.Fotos, por orden de aparición: Nº 1: Mercaderes (1933) de J. Cía, Nº 2: Mercaderes (años 30), postal de Eusebio Rubio, Nº3: Mercaderes tomada desde la calle Nueva (años 50) de Baltasar Soteras Elia, Nº 4: encierro de los años 30 (sin filiar), Nº 5: Postal de Casa Labiano (años 20), sin filiar, Nº6: Encierro de 1958 (sin filiar), Nº7: Encierro de los años 40 (sin filiar), Nº 8: Mercaderes (1913) de Aquilino García Dean, Nº 9: Mercaderes (1916), de Pamplona, calles y barrios de J.J Arazuri, Nº 10: Casa Iraizoz (AMP), Nº 11: Valeriano Zabalza Moral (foto familia Zabalza-Espelosin), Nº 12: foto del encierro de los años 30 (sin filiar), Nº 13. Mercaderes (diciembre 1958) de Galle, Nº 14: Plaza Consistorial en el inicio de Mercaderes (1947) de Galle (AMP), Nº 15: foto del encierro de los años 30 (sin filiar).