Comercios que dejaron huella: Droguería López (1904-2025)
El 10 de septiembre de 2025 cerró Droguería López tras 121 años de actividad. Aunque hubo alguna negociación para continuar con la actividad, esta no llegó a buen puerto. El último de los socios que había asumido la titularidad en 1985, Antonio Iricibar, se había jubilado en agosto; el penúltimo, José Ignacio Esteban, lo había hecho el año anterior. En el momento del cierre, junto a Antonio trabajaban cuatro empleados: su hermana Mari Carmen, Manuel Sánchez, Patxi Robles y Loli García. En sus mejores años, la droguería llegó a contar con quince trabajadores.
Droguería López había sido fundada en 1904 como botica bajo la dirección de Álvaro López Gómez, en el número 3 de la calle San Miguel, frente a su ubicación actual. Desde sus primeros años, el establecimiento se caracterizó por una oferta diversificada que, además de los productos propios de botica y droguería, incluía la venta de aparatos fotográficos. A finales de la década de 1920, Álvaro fue sustituido al frente del negocio por su hermano Emilio López, que continuó con la actividad hasta su fallecimiento. En ese mismo periodo, concretamente a finales de 1929, el establecimiento se trasladó a su emplazamiento definitivo, en el número 2 de la calle San Miguel, en el lado derecho de la vía, compartiendo numeración con la tienda de Ramón Yárnoz, dedicada a chocolates, azúcares y ceras. Esta mudanza consolidó la imagen de Droguería López en la esquina de San Miguel, donde permanecería hasta su cierre. El proyecto de fachada que ha llegado hasta nuestros días data de diciembre de 1928.
Tras la etapa de Emilio López, tomaron el relevo sus hijos Joaquín y Margarita López Baquedano, quienes mantuvieron el negocio familiar hasta 1985 y aseguraron la continuidad de la marca y del modelo de droguería tradicional. Ese mismo año, cinco trabajadores de la tienda asumieron la titularidad de la empresa y garantizaron así la pervivencia del establecimiento y de su saber hacer. Quince años más tarde, en el año 2000, acometieron una reforma integral del local que, si bien modificó de forma radical la organización interna del trabajo y amplió notablemente la superficie de venta, mantuvo intacta su imagen histórica, tanto interior como exterior. Se conservaron la fachada de tabla tradicional y el característico rótulo curvo en la esquina, elementos que habían definido la identidad visual de Droguería López en el paisaje comercial de la calle San Miguel.
Antes de la reforma, la tienda disponía de algo más de 20 m² de superficie de venta, mientras que el resto del inmueble se destinaba a almacén, de acuerdo con un modelo de comercio orientado principalmente a suministrar a talleres y cooperativas agrícolas, habituales clientes de productos químicos y de droguería industrial. Tras la reforma del año 2000, el espacio de atención al público y exposición se amplió por encima de los 200 m², y el almacén se trasladó a otro local cercano de la misma calle. Paralelamente, la evolución de los distintos sectores, junto con las nuevas normativas y exigencias regulatorias, fue limitando la venta a los segmentos agrícola e industrial, de modo que el negocio se reorientó progresivamente hacia el cliente doméstico e individual, sin abandonar por ello su base técnica y especializada.
En 1999, Droguería López inició una nueva línea de negocio con la sección de Bellas Artes, un área que se fue ampliando gracias al éxito obtenido. En 2001 se formalizó y reforzó este ámbito con la apertura de la zona de Bellas Artes y Restauración, que incorporó productos específicos para la restauración de muebles y metales y consolidó al comercio como suministrador especializado para artistas, restauradores y aficionados. A lo largo de toda su trayectoria, Droguería López fue conocida por su asesoramiento técnico, sus productos propios y sus fórmulas magistrales, así como por una amplísima variedad de referencias: detergentes, insecticidas, raticidas, pinturas, productos químicos y disolventes, artículos para Bellas Artes y restauración, y productos de perfumería y cosmética. Todo ello la situó como uno de los establecimientos más emblemáticos del Casco Antiguo, tanto por su especialización como por su dimensión social y de servicio al vecindario.
El Catálogo del Plan Municipal (2002) se refiere a su «fachada de tabla tradicional que se desarrolla con gran amplitud en la esquina de las calles San Miguel y San Antón, integrando en su conjunto el acceso al portal. Un bastidor sencillo constituye la estructura general que, rematada con ménsulas, soporta un entablamiento con rotulación comercial. Los empanelados presentan molduras y recercados decorativos. La esquina se significa ornamentalmente mediante un potente apilastrado a dos caras; los fustes son estriados y los capiteles, de orden compuesto, aparecen invertidos. Resulta interesante el rótulo curvo de la esquina, en letras doradas sobre cristal negro».
Fotos por orden de aparición: Nº 1: Exterior de la Droguería López. 2004. Javier Muru. Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona. Nº 2: Proyecto de fachada de Droguería López. Diciembre 1928. Archivo Municipal de Pamplona. Nº 3: Interior de la Droguería López. 2004. Javier Muru. Archivo Asociación Casco Antiguo de Pamplona.