Comercios que dejaron huella: El Café Suizo de Pamplona (1844-1952)
El 1 de septiembre de 1952 cerró sus puertas el Café Suizo de Pamplona. Habían pasado 108 años desde su fundación y cinco generaciones de Matossi al frente del negocio. De aquel local emblemático de la plaza del Castillo quedaron muchos recuerdos y algunos productos que se hicieron célebres en la ciudad: los bollos suizos y el ron del Suizo, entre otros.
Los fundadores procedían de Poschiavo, un pueblecito suizo-italiano del cantón de los Grisones. Llegaron a España en 1811 y recalaron primero en Bilbao. La segunda generación, liderada por Santiago Matossi, abriría más tarde establecimientos en Vitoria, Santander, Burgos y Madrid; en total, la familia llegó a tener 53 cafés repartidos por toda España. En 1844, procedente de Bilbao, donde había trabajado como pastelero, Santiago Matossi llegó a Pamplona dispuesto a fundar el café que llevaría su nombre durante más de un siglo. Habló con el Ayuntamiento y arrendó la conocida «casa de los toriles», llamada así por ser el lugar donde se albergaban los toros antes de la construcción, ese mismo año, de la plaza vieja. En 1852, dado el éxito cosechado, Matossi se hizo con la propiedad del local. La razón social era la de Matossi y Compañía, constituida algunos años antes, en 1830.
El Suizo constaba de tres plantas abiertas al público. Entrando por el número 37 de la plaza del Castillo se accedía al Gran Café Suizo. Por la izquierda, atravesando las cocinas, se bajaba a la Gran Pastelería Suiza, cuya puerta daba a la calle Pozoblanco —donde hoy se encuentra el número 15—. El local contaba además con dos plantas inferiores: una para el obrador y otra para la bodega. Disponía también de un pozo-nevera que prestó servicio hasta la llegada de las técnicas modernas de fabricación de hielo. Allí se producían y vendían bebidas, pan, pasteles, gaseosas, sifones, anisados, licores y helados, entre otros muchos artículos.
En 1902 el Suizo tributaba por la llamada «industria del servicio de café», en la que, además de los artículos propios de estos establecimientos, se servía toda clase de comidas. Contribuía asimismo por dos mesas dedicadas al juego de naipes, por la industria de pastelería y por la venta al por mayor de aguardientes, vinos generosos y espirituosos, licores y vinos extranjeros.
En el segundo trimestre de 1903, Matossi compró seis robadas de terreno a Josefa Iráizoz en el término municipal de Santa Engracia. Por aquel entonces, una amplia zona de la Rocha —la situada en las inmediaciones del puente de Santa Engracia, tanto al norte como al sur de la actual avenida Marcelo Celayeta— se consideraba término de Santa Engracia. Allí habilitaría la familia su pequeña fábrica de anisados y licores, por la que comenzaría a contribuir en los impuestos municipales a partir de 1904.
Cabe recordar que en esta misma fábrica de la Rocha, situada en el número 18 de la avenida de Marcelo Celayeta —entonces carretera a Villava—, surgiría a mediados de los años cincuenta el popular pacharán Baines, de la mano de Daniel Baines. Recuerdo nítidamente aquel edificio, encajado entre las casas del Salvador y de Oscoz, derribado a finales del pasado siglo como tantas otras construcciones de la avenida, dando paso a la nueva Rochapea que hoy conocemos.
En 1905 se sumó a los conceptos tributarios la venta de chocolate, y en 1908, la fabricación de gaseosas. En torno a 1920 se acometieron unas reformas completas y modernas ampliaciones, tanto en el café como en la pastelería, y comenzó la venta de licores al por mayor y al por menor. Eran especialistas en ron, coñac, anisados y café.
En 1922 ya se aludía al servicio de platos sueltos, aunque, al parecer, también se celebraban banquetes. En 1930 se constata la existencia de un segundo café público en el mismo edificio, perteneciente esta vez al casino del partido Acción Republicana: aquella planta se la había arrendado el Suizo a la formación, y allí permaneció hasta la guerra civil. Durante muchas décadas el Café Suizo fue un espacio emblemático de la ciudad, como lo fueron el Kutz o el Iruña. Su final fue también el final de una parte entrañable de nuestra pequeña historia.
Fuente: Comercios Centenarios de Pamplona. Autor: Carlos Albillo Torres. Ayuntamiento de Pamplona. Entrada actualizada respecto al correspondiente capítulo del libro. Fotos por orden de aparición: Nº 1: Trabajadores del Café Suizo a la entrada del establecimiento por la calle Pozoblanco, Ca.1905. Autor desconocido. Archivo Municipal de Pamplona. Colección Arazuri. Nº 2. Obrador y pasteleros del Café Suizo. 1920. Autor desconocido. Archivo Municipal de Pamplona. Colección Arazuri. Nº 3. Anuncio del Café Suizo en uno de los anuarios comerciales de principios del siglo XX.