Los concejales sociales del Ayuntamiento de Pamplona en los últimos años del franquismo

Faltan dos meses para que se celebren las décimas elecciones municipales democráticas, desde la muerte de Franco. Es un buen momento para echar la vista atrás y descubrir como en aquellos duros y grises años, un grupo de personas, con un alto grado de altruismo y de amor a su ciudad intentó, en unas muy difíciles condiciones, crear unos  espacios de libertad, transpariencia y participación muy diferentes  y superiores a los de la época, incluso si me apuran y en algunos casos a algunos de los momentos actuales. Tras la guerra civil y con el triunfo de Franco, el Ayuntamiento de Pamplona, como el de todos los ayuntamientos del país se pobló de personas adictas al régimen: en los primeros años sobre todo y fundamentalmente de falangistas, carlistas y afines al Movimiento Nacional, posteriormente y con el paso del tiempo, mucho tiempo después, en los años 60 llegarían los llamados concejales sociales y los concejales  independientes. 

Como hemos visto en la entrada “Orígenes católicos del movimiento obrero en la Pamplona de los años 60 y 70”, desde los años 50 surgieron en nuestra ciudad movimientos sociales críticos con el régimen, amparados por organizaciones católicas como la HOAC. La ley de bases del régimen local franquista databa del año 1945 y establecía que los concejales de los ayuntamientos debían ser designados por terceras partes del siguiente modo: por elección entre los vecinos, varones y cabezas de familia, era el llamado tercio familiar, por los organismos sindicales el tercio sindical y por diferentes entidades de entre una lista propuesta por el Gobernador Civil el tercio corporativo o de entidades. El familiar era pues el único en el que se podía votar por lo menos una pequeña parte de la población. A partir de los años 60 se empezaron a infiltrar en las estructuras del régimen, tanto en los ayuntamientos como en el sindicato vertical, personas procedentes de los movimientos obreros católicos. La HOAC impulsó una primera candidatura de concejales sociales al tercio familiar en el año 1963 con Echaniz, Eguiluz y Lebrón pero no tuvo éxito. Cayó derrotada frente a la candidatura de Huarte, Urmeneta y Sarasa. Tres años más tarde, en 1966, lo volverían a intentar con Muez, López Cristobal y Zufia que lograron salir elegidos. En 1967 era Alcalde de la ciudad, Angel Goicoechea, antes de el, entre 1964 y 1967 lo había sido Juan Miguel Arrieta y precediendo a Arrieta, Urmeneta (1958-1964). Los Alcaldes no eran elegidos entonces por los concejales sino nombrados, a dedo, por el Gobernador Civil. Urmeneta, una persona de poliédrica y, según como se vea, contradictoria trayectoria personal (militar, estuvo en la División Azul, de familia nacionalista, con una clara vocación social y de apoyo a todo tipo de causas… ) fue principal protagonista e impulsor de la Pamplona moderna, esa Pamplona que con algunas ampliaciones posteriores, fruto de un desarrollismo no siempre justificado, hemos heredado hoy en día. En la foto de familia que vemos a continuación, aparecen de izquierda a derecha y de arriba abajo, arriba, Urmeneta, Martínez Alegria, Muez, Etayo, Ibañez, Frommknecht, Morán, arruiz, San Martín, abajo, Echaniz, Saez, Velasco, Caballero, Erice, Rouzaut, Valimaña y Perez Balda.
En 1970, nueve de los 18 concejales procedían de los grupos sociales, a saber Muez, López Cristobal, Zufía, Auxilio Goñi, Echaniz, Saez, Eguiluz, Velasco y Caballero. Caballero había sido elegido por el tercio sindical, como presidente del Consejo de Trabajadores que era, cargos que mantendría hasta 1974. En 1973, la no asistencia a los funerales del Almirante Carrero Blanco, el día 22 de diciembre, en la Catedral de Pamplona les supuso a seis concejales sociales una suspensión de dos meses de su cargo por inductores de un delito  de alteración del público. Lo curioso, lo paradójico del caso es que esa alteración del orden del público no fue protagonizada en ningún caso por dichos concejales sino por un grupo de ultraderechistas que brazo en alto, cantando el Cara el Sol y con banderas españolas al viento acudieron a la plaza del Ayuntamiento, desde la Catedral, gritando “Concejales rojos, no”. Estos hechos provocarían algunos meses más tarde el cese del alcalde José Javier Viñes (1972-1974) por el entonces gobernador civil, Ruiz de Gordoa, por haberles dado una cariñosa bienvenida a los concejales represaliados. Viñes fue sustituido por José Arregi que permaneció como alcalde hasta febrero de 1976. En febrero de 1976 era elegido alcalde por sus compañeros, Francisco Javier Erice Cano. Erice fue el primer alcalde que no era elegido a dedo por el gobernador civil de turno, lo que originó una corriente de simpatía entre amplias capas de la población. Sin embargo y como se suele decir “poco duraría la alegría en casa del pobre”. En septiembre de ese año era destituido por el gobernador civil acusado de prevaricación y de coacción en la denegación de una licencia de obras, la de las Casas de Nuin, un bloque de viviendas de notable altura en la avenida de Villava, al otro lado de la Iglesia de los Capuchinos. “Erice, amigo, el pueblo está contigo” se oía en aquellos años en las espontáneas concentraciones que se formaban delante del Ayuntamiento. Eran años en los que de forma bastante frecuente se producían encierros por diferentes motivos en el ayuntamiento (laborales, políticos, etc). Eran años en los que la gente entraba con bastante libertad a los plenos y debatía en ellos. 

Tras Erice vendrían Velasco, Caballero, Frommknecht y Echániz. Nos centraremos en Tomás Caballero. Caballero fue alcalde accidental desde finales de 1976 hasta abril de 1977 en que se incorporó a la política presentándose a las elecciones generales dentro del Frente Navarro Independiente (ver entrada “Las primeras elecciones democráticas”). En su corto mandato sin embargo se produjeron simbólicas intervenciones. Siendo Caballero alcalde, Erice izó la ikurriña en el Ayuntamiento de Pamplona de manera oficial, en enero de 1977, bandera que se mantendría hasta diciembre de 1981. Delegó en él como una manera de honrarle y desagraviarle por el injusto tratamiento recibido meses atrás. En aquellos años, la ikurriña era más un símbolo o icono de lucha contra el franquismo y en favor de las libertades que la identificación con una opción nacionalista. Tras este hecho renunciaron al cargo varios concejales afectos al régimen. En la foto que acompaña este párrafo vemos a algunos concejales de la Corporación de aquellos años en un acto festivo, probablemente un acto religioso. Aquellos concejales sociales tomarían diferentes derroteros políticos: Caballero que había permitido con su gesto la colocación de la ikurriña en 1977, a pesar de no comulgar para nada con las ideas nacionalistas, sería paradójicamente asesinado por ETA, veinte años más tarde, en mayo de 1998. Erice se presentó, sin éxito, dentro de UNAI (Unión Navarra de Izquierdas) aunque finalmente recalaría en el PSOE (en su corriente más crítica), luego en Izquierda Unida (donde fue concejal del citado grupo en 1991) para volver nuevamente al PSOE. López Cristobal sería durante un tiempo concejal de HB. A Muez, infatigable critico, le veríamos años más tarde (2001) en primera línea contra las obras de la plaza del Castillo que el mismo junto a otros habían desechado construir 30 años antes. En aquellos años la ciudad seguía creciendo por su lado oeste (San Juan, Iturrama, etc), se creó una inmobiliaria municipal (1976), un loable intento de intervenir en el mercado inmobiliario pero que no acabó de despegar, por las mismas se pretendió impulsar el Plan Sur sin poder obtener resultados, se creó Mercairuña así como otras muchas cuestiones que deberían ser objeto de un estudio específico más pormenorizado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *